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Trazar una ruta Estructura de la composición

In document Universidad de Sevilla (página 98-102)

PARTE II: MEMORIA JUSTIFICATIVA

2. Trazar una ruta Estructura de la composición

Pájaros migratorios se proyectó desde un inicio como libro de relatos organizado en torno

a la idea del calendario, asociando cada mes del año a una historia que se identificaría conceptualmente con él. Por descontado, dicha identificación se establece mayormente de un modo completamente subjetivo y muy personal, sobre percepciones de carácter emotivo. Con el desarrollo paulatino del libro apareció un nuevo concepto, el de la migración, que se vinculó rápidamente a la evolución de los meses y la fugacidad de las historias y que terminó constituyéndose en título de la obra.

La obra está formada por doce relatos, cada uno con un título asociado a su trama acompañado por una fotografía tomada por la autora y un breve texto simbólico que consignan la relación identitaria de la historia con el mes bajo el que se desarrollan. Dicha relación se materializa en un sentimiento, como la nostalgia, el odio o la compasión, que, sin quedar dicho en ningún momento en la presentación del relato, da lugar al enfoque con que se trata en la historia el problema social que en esta se aborde.

❖ Enero representa en este esquema la esperanza, el comienzo de las cosas: “Aquel año no comenzó con un presagio de primavera. Verano y otoño se turnaron para crear una danza bella y absurda de incertidumbre, dolor y felicidad, que se prolongó hasta el final de aquel principio” (p. 11). Su relato, Mi nombre no es

desde el punto de vista y la experiencia vital del narrador, identificado con el autor de la obra, mientras que, en cuanto a niveles narrativos, y de acuerdo con la definición que desarrolla García Landa sobre planteamientos de Gerard Genette, se constituye en extradiegético, marco de sucesivas narraciones intradiegéticas o relatos dentro del relato (García Landa, 1998: p. 301-302), como se advierte al inicio. Pese a que todos excepto el último pueden leerse y ser comprendidos independientemente del resto, el relato correspondiente a enero dota de sentidos extra al resto, explicando su origen y reconociendo la narradora su autoría; características que le confieren frente a los demás el carácter extradiegético. “Y es que esta es la historia que da inicio a todas las historias, porque es la historia del contador de historias” (p. 11).

❖ Febrero, percibido como momento de predominio del hogar en cuanto a fuente de calor y sentimiento de familia, pretende representar, por su parte, como historia, un acercamiento a la idea de felicidad: “Hablando con ella me siento un poco más cerca del secreto de la felicidad” (p. 22). Aunque parezca mentira trata el tema de la discapacidad y la superación, concretamente en el caso del síndrome de Down. En cuanto a su nivel narrativo, puede considerarse ya uno de los textos intradiegéticos de la obra, puesto que no se identifica quién lo relata. Se trata también de toda una declaración de intenciones, una historia contada por un testigo u oyente que no está involucrado en la misma, pero que la analiza e interpreta sin ocultar que, efectivamente, analiza e interpreta. Mientras el estereotipo periodístico acostumbra a requerir una desaparición del “yo” narrador, este relato lo reivindica, dejando a la luz su subjetividad.

❖ Marzo queda relacionado con un amago engañoso de primavera y, por ende, con la nostalgia, una nostalgia vinculada en este caso a la pérdida de las raíces culturales y los lazos familiares y a los problemas asociados socialmente al islam en Occidente: “Un nudo amargo en la garganta me recuerda lo mucho que lo había echado de menos. A él, a su voz cálida pronunciando mi nombre, a mi propio nombre…” (p. 30). Bajo el título Identidad, se trata de un relato intradiegético, lo que se observa en el cambio radical de experiencia vital de la narradora en primera persona respecto de la narradora de Enero, una chica homeschooler: “Había tenido suerte en mi instituto. Ahora sé que otras chicas musulmanas han sido, incluso recientemente, expulsadas por vestir el hiyab en clase” (p. 25).

❖ Abril, con su en ocasiones abrumadora fecundidad vegetal, se asocia aquí al bienestar y la paz, que se mantienen como clima un tanto impostado a lo largo de casi todo el relato, Culpa del cesped: “La cena transcurre sin sobresaltos. Juan José y Roser discuten sobre la necesidad de contratar a otro jardinero. Ella es partidaria de una renovación completa: cambiar el césped y replantar el seto de la entrada” (p. 36). A la par, se trata el tema de las exportaciones de la industria armamentística española, buscándose la contraposición de la (casi) tranquila rutina familiar de los protagonistas con la gravedad del problema de la venta de armas a bandos cuestionables en guerras asimismo cuestionables. Relato intradiegético, ya con cambio de narrador a tercera persona: “Juan José se levanta todas las mañanas a las 06:25 de la mañana” (p. 32).

❖ Mayo, que enmarca el relato Cosas de niños, queda vinculado con el odio y la crueldad: “Camina mientras trata de sostener las tres enormes mochilas que carga: una a la espalda, otra en el brazo derecho y otra más en el izquierdo. Detrás de él, varios muchachos ríen y se dan codazos cómplices” (p. 41). La relación con el mes, consignada como siempre en el texto introductorio del relato, se establece mediante el planteamiento de un escenario primaveral en pleno apogeo deslucido por un matiz de sordidez. Se narran dos casos de acoso escolar, cada uno enfocado en una forma diferente de violencia y sus efectos. Mientras que uno se centra en la física y muestra a una persona que ha superado emocionalmente pero no académica y profesionalmente dicho acoso, el otro se centra en la psicológica, mostrando a su vez a una protagonista que se ha sobrepuesto académica y profesionalmente a la situación vivida, pero no emocionalmente. En cuanto a narratividad, vuelve a ser un relato intradiegético.

❖ Junio, bajo el prisma que dibuja el inicio de las vacaciones de verano, se asocia aquí a la capacidad de crear mundos, a la imaginación, a utopías y distopías; lo hace mediante el estilo fantástico y burlesco que caracteriza la mayor parte del relato, Singularidades de la flora: “Los crímenes de los árboles eran ahora asesinatos en serie, y nada mejor que un poco de terror para amenizar las tardes de un junio realmente aburrido: todos los canales de televisión, incluso el de dibujos animados, enviaron corresponsales” (p. 49). Es un relato intradiegético, mencionado además específicamente en el relato marco, el de enero: “Soñó tramas e ideas que un día prometió convertir en palabras, (…) alguna clase de fábula fantástica en la que los árboles se levantarían contra los leñadores y

pararían por fin la destrucción de los bosques” (p. 14). La temática se enfoca en el medioambiente, buscando llevar a cabo diversas denuncias sociales de actualidad (deforestación, burocracia, consumismo…) por medio de la ficción. Constituye también, así, la única excepción a una característica de esta obra que podríamos denominar pacto de ausencia de pactos, ya que desde el inicio de

Singularidades… se determina que se trata de una fábula fantástica y, por tanto,

de ficción, lo que permite reestablecer momentáneamente uno de los citados pactos, la “retórica de la ficción” (Pozuelo Yvancos, 1978: pp. 147). Este rasgo es apreciable ya en la primera frase: “El año en el que los árboles bajaron a talar a los leñadores comenzó como cualquier otro” (p. 46).

❖ Julio queda a su vez asociado al amor, aunque desde la óptica de la sequía propia de los peores momentos de la estación veraniega: “Es momento de volver dentro. Trato de sentir la casa nueva como un nuevo hogar, pero me falta él. En su lugar hay un hombre al que recuerdo haber dicho que amaba” (p. 60). En pedazos habla sobre relaciones tóxicas, maltrato y violencia filio-parental y, de nuevo, se trata de un relato intradiegético.

❖ Agosto se perfila aquí bajo una perspectiva de calor asfixiante que se relaciona en Vacío con el sentimiento de pérdida; en este caso la de uno mismo: “He pasado tanto tiempo conviviendo con la ausencia que echar de menos se ha convertido en parte de mi vida” (p. 61). Se desarrolla la sensación de vacío vital y lo que en psicología se llama neurosis existencial, como desarrolla Zaldivar Pérez, en su artículo Perdida de sentido y neurosis existencial (1997). Relato intradiegético que, a su vez, tiene dentro una serie de pequeños relatos que se corresponden con sueños de la protagonista. No hay cambio, sin embargo, de narrador, sino que la historia se fragmenta de esa forma en días y noches.

❖ Septiembre es percibido en la obra como momento de vuelta a las trincheras y frío anticipado, vinculado con el valor: “Era demasiado joven para ceder, para rendirse, aunque todos le dijeran que lo hiciese. Aunque tuviese que luchar él solo contra el mundo, contra ellos; contra sí mismo” (p. 67). Ser humanos, el relato que se encuadra en este mes, aborda el tema de la conciencia y la desobediencia civil. Relato intradiegético.

❖ Octubre se viste aquí de derrota, soledad e invierno, quedando asociada esta visión con el concepto de compasión, que su protagonista no tiene de sí misma: “Cuando se miraba al espejo solo veía grasa y promesas incumplidas. Dieta tras

dieta, su inexistente autoestima se había ido transformando en odio.” (p. 73).

Cuenta atrás trata los TCA, Trastornos de la Conducta Alimentaria. Es un relato

intradiegético.

❖ Noviembre se funde con las primeras lluvias de un invierno suave y el ajetreo que alguien rompe para observar la belleza de la vida. El concepto asociado esta vez es el miedo, más concretamente el miedo a vivir: “Se nos olvida que lo mejor siempre deja marca, que es cuando aceptamos las cicatrices que descubrimos la lección que nos enseñan y recordamos que hemos vivido.” (p. 85). Cicatrices habla de sobreprotección y zona de confort y es el último relato intradiegético del libro.

❖ Diciembre está asociado, de cara a la estructura conceptual de esta obra, con la solidaridad. En cuanto a las connotaciones subjetivas que dan forma al mes y lo enlazan con ese sentimiento o actitud, tienen que ver finalmente con el título del libro, ya que se representa un invierno frío e inhóspito en el que cualquier ave perdida que quede a la intemperie deberá morir sin remedio. Bajo este panorama se introduce por primera vez el título del libro, Pájaros migratorios; en una llamada a la acción para que el lector otorgue importancia a las historias de los anteriores relatos: “Los datos siempre serán importantes, pero al final todo trata sobre las historias. Verídicas o figuradas, son como pájaros migratorios atrapados por un invierno temprano” (p. 73). La historia vuelve a ser extradiegética en este último relato, convirtiéndose tanto en un cierre global del libro como en una continuación de lo expresado al principio del mismo: la narradora original retoma la palabra antes de hacer un repaso a las historias que previamente ha ido desgranando, haciendo más tarde mención al primer relato: “Mi voz, la de aquella chica algo extraña que leía a Shakespeare con 11 años y jugaba a los espías con pistolas imaginarias a los 16, tiene su propio calendario” (p. 91). Con la excusa literaria de una cena de Nochevieja, este relato, Lo que no cuenta el telediario, ejerce también de epílogo para algunas historias, juntando en torno a la mesa a todos los protagonistas de los anteriores relatos y haciéndolos interactuar antes de dar por concluida definitivamente esta particular historia de historias, con un llamado a darles cobijo.

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