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U N NUEVO TRABAJO

In document Como Tú - Susan Glenroy.pdf (página 64-84)

Al día siguiente se iniciaban muchas cosas. Teia tenía que empezar a buscar trabajo y casa. Desde París, mediante correo electrónico, ya había comunicado su regreso a sus amigas y conocidos. Les había informado de su vuelta y había aprovechado para pedir que la avisaran si alguien sabía de algún piso en que hubiera alguna habitación libre. En relación al trabajo, había hablado con Pilar, una antigua compañera de piso de la época universitaria que se había convertido en una de sus grandes amigas de la época adulta. Pilar llevaba muchos años al cargo de una agencia de viajes y, en muchas ocasiones, había dicho a Teia que si volvía la avisara de inmediato, que no dudaría en ofrecerle una plaza en la empresa. Siempre le recordaba lo bien que le iría su vuelta porque no siempre era fácil encontrar guías que

hablaran francés, ahora que a todo el mundo le había dado por el inglés. El momento de regresar a Barcelona había llegado para Teia y el empleo en la agencia de viajes era una buena posibilidad para empezar de nuevo.

Eran las nueve de la mañana. La última vez que había hablado con Pilar, estando aún en París, ya habían quedado en verse. Teia recordó, entonces, la retahíla de argumentos que Pilar le había propinado al saber la noticia de su vuelta: “¡Por fin, niña, ya era hora que volvieras, que es una faena tener una amiga tan lejos! ¡Venga a comer bechameles y cruasanes todo el día, vuelve antes de que se te acabe poniendo un culo como una perola! ¡Si es que dónde vas a estar mejor que aquí! ¡Claro que sí, ole, ole, tú para casa!”. Mientras reproducía aquellos comentarios tan típicos de Pilar, Teia se miraba en el espejo del ascensor y, sin darse cuenta, se fijó en la sonrisa que se le había dibujado en la cara.

recoger a Pilar para ir a desayunar. Al verla entrar en la agencia de viajes, poco antes de las diez, Pilar se quitó el auricular con el que respondía al teléfono, se levantó y fue rápidamente a buscar a su amiga.

- ¡¡¡Niña!!! ¡¡¡Ay, que alegría!!!- exclamó mientras abría los brazos para capturar a Teia con todas sus energías. Se abrazaron y besaron, se miraron y se volvieron a abrazar. A Teia le hacía mucha gracia su amiga. Era grande y voluminosa, y estar entre sus brazos era como volver de alguna manera a la sensación de ser pequeña y estar entre los brazos de tu tía preferida. Todo lo que Pilar tenía de grande, y medía casi metro ochenta, lo tenía de ternura.

- ¿Y así es verdad? ¿Esta vez vuelves para quedarte? - se aseguraba Pilar mirándola, sin soltarla todavía.

- Sí. Vuelvo a casa. Ya estaba bien de tardes nubladas - respondía satisfecha Teia.

aquí con nuestro solecito y nuestras terracitas! ¡Si ellos van locos por escaparse y venirse a que les de el sol! Uy, pero ven, no te quedes ahí. Ven, ven que cojo el bolso y salimos a desayunar y me cuentas que planes tienes y todas esas cosas - dijo Pilar acercándola hasta su mesa cogida de la mano. Allí la soltó, pasó por detrás de la mesa, se dirigió al perchero y cogió el bolso y su gabardina. Teia no había tenido tiempo de decir nada todavía y ya salían de la oficina dejando de guardia un sacrificado cartel de “vuelvo en 10 minutos”.

Fueron a una cafetería cercana, en la que Pilar pidió “lo de siempre” al chico que se cruzó con ellas nada más entrar en el establecimiento.

- ¿Y tú, Teia? - le preguntó Pilar.

- Un café con leche, gracias - le dijo directamente al camarero.

- Y ponnos un par de magdalenas de esas vuestras, una de chocolate y la otra de nueces - y añadió mirando a Teia - ya verás que son

buenísimas, niña.

Se sentaron en la única mesa libre que quedaba.

- Bueno así que, cuenta, cuenta - la animó Pilar.

- Pues nada, que he vuelto. Llegué ayer y, como ya te conté, por ahora me quedaré en casa de Cintia y Marta.

- Ay, sí, y como les va, no las he vuelto a ver desde que vinieron a contratar el viaje de bodas, ¿siguen igual de adorables que siempre?

- Sí. La verdad es que son un encanto y se las ve tan monas juntas.

- ¿Y en París lo has dejado todo arreglado, ya? ––preguntó Pilar.

- Sí. De cualquier cosa que quede pendiente del piso ya quedé de acuerdo con Michelle que se haría cargo ella. Y el resto, poca cosa. Así que, en principio, París ya ha quedado atrás.

- Así me gusta y ahora para adelante. ¿Te ha contestado alguien que tuviera alguna habitación

libre?

- No ––contestó Teia––. Parece que por ahora no ha habido suerte. Una amiga, Irene, me dijo que ella había dejado libre su habitación en el piso que compartía con dos chicas más, pero que las habían llamado y ya la tenían ocupada. Ayer me pasé el día buscando por internet y estuve mirando, pero un piso para mí sola sale muy caro, y para compartir sólo encontré estudiantes, y la verdad es que me da un poco de pereza ponerme a los treinta y cinco años a compartir el baño con jovencitas de dieciocho.

- Sí, la verdad es que sí ––reconoció Pilar––. A mi tampoco me haría ninguna gracia. Lástima… Bueno, pero por ahora puedes estarte con Cintia ¿no?

- Sí, si por ellas no hay problema ––dijo Teia––, pero también me sabe mal. Ya sabes, las parejas necesitan intimidad y esas cosas, así que intentaré encontrar algo lo antes posible. Pero para eso necesito encontrar también trabajo, que los

ahorros, ya sabes, cuestan de acumular pero luego se gastan sin que una se entere.

- Y que lo digas ––asintió su amiga––. Pero por el trabajo creo que sí puedo hacer algo por ti. Que no está la cosa como para dejarse escapar a una mujer guapa que habla inglés y francés... Además, en la facultad tú diste clases de alemán, ¿verdad?

- Sí.

- Y con lo difíciles que son las dichosas declinaciones esas ––siguió Pilar––, que dicen que una misma palabra la cambian según la función que tenga. Yo lo he intentado un par de veces, pero me parece que ya no lo pruebo más. Mira que son complicados, hija, si un microondas tiene la misma función lo pongas como lo pongas, ¡siempre te va a servir para calentar la leche o para descongelar la lasaña! Para qué se complicarán tanto. Y luego, total, si todos hablan inglés. ¡Yo no sé porqué no se pasan directamente y nos ahorramos problemas todos!

- ¡Qué bruta eres, Pilar!- se rió Teia, que se alegraba de recordar como era su amiga de la facultad.

- Bueno, un poco sí. Pero no me negarás que algo de razón tengo.

- Si tú lo dices…

- Oye, no me des la razón como a los tontos - se quejaba divertida Pilar.

Mientras, llegó el camarero, que sonrió al oír el último comentario y dejó las dos tazas y una bandejita con dos magdalenas y un par de cubiertos.

- Gracias - dijeron sonriendo también las dos amigas.

- De nada, que aproveche. - Gracias.

Pilar cogió el azucarillo, lo abrió y lo vertió en su café, mientras Teia hacía lo propio con su café con leche.

- En fin, a ver, lo que nos interesa ––dijo Pilar retomando la conversación––. Ya sabes que

si te interesa a mí siempre me hacen falta guías y, si tú quieres, un sitio es tuyo. Lo único es que las excursiones y salidas suelen ser, principalmente, de jueves a domingo, ya lo sabes. No te digo que no tengas alguna visita por la ciudad entre semana, pero las más de las veces serán en fin de semana. Este trabajo es lo que tiene.

- Sí, ya lo sé, pero en estos momentos no tengo grandes planes y este trabajo me irá genial. Necesito conocer gente y que me toque el aire –– respondió Teia.

- Pues si es por eso te podrás dar más que por satisfecha ––siguió Pilar––. Ahora, no te voy a engañar, el sueldo no es gran cosa. Como se considera que el puesto ya implica trabajar en fines de semana, se cobran como si fueran días normales, y los festivos igual.

- ¿De cuánto estamos hablando? ––preguntó Teia.

- No te lo puedo decir seguro porque el trabajo varía de una semana a otra y siempre se

cobra por días trabajados, y depende de si es todo el día o si sólo vas unas horas con un grupo a algún sitio concreto... Lo que puedes ganar al mes no te lo puedo asegurar, pero bueno, a grosso modo te puedo decir que de media te pueden salir entre 1000 y 1500 euros. En verano, si realmente te interesa trabajar, bastante más.

- Por mí de acuerdo ––aceptó Teia––. Además, parece que en eso voy a tener suerte, se acerca la buena época, ¿no?

- Sí, en eso llevas razón. Es un buen momento para empezar a trabajar en el sector turístico.

- Entonces, ¿de acuerdo? - preguntó Teia alargando la mano a su amiga, al más puro estilo profesional.

- De acuerdo - se la encajó Pilar tras soltar el trozo de magdalena que iba a meterse en la boca - . Bienvenida a la empresa.

- Muy bien ––sonrió Teia satisfecha––. Entonces, ¿ahora qué tengo que hacer?

- Te pediré los papeles para contratarte y eso, pero ya lo arreglaremos. Lo primero que necesitas es volver a estudiar durante unos días.

- ¿Estudiar?

- Sí, bonita. Estudiar ––recalcó Pilar–– ¿O acaso ya te sabes cómo murió nuestro queridísimo Gaudí?

- No ––admitió Teia––, pero ¿lo que interesa a la gente no es lo que hizo mientras estaba vivo? - añadió medio en broma.

- Ay ––suspiró Pilar––, a veces eres más inocente... A la gente le interesa todo, y cuanto más chismoso o más escabroso mejor.

Teia no supo qué decir.

- No te preocupes - retomó la conversación Pilar - , ahora vamos a la oficina y te paso diferentes catálogos y libros de diferentes sitios de interés turístico. Los más representativos para empezar y, luego, si hace falta, ya irás cogiendo tú lo que necesites en cada momento. Pero, por ahora, te pasaré las guías de los edificios más

emblemáticos de la ciudad y de los museos, y tú te los miras. No te creas. Tampoco necesitas grandes cosas, en realidad, al final todos nos quedamos siempre con cuatro detalles y alguna anécdota.

Teia asintió con la cabeza.

Después de desayunar, las dos amigas volvieron a la oficina. Pilar abrió y quitó el cartel que la había estado cubriendo. Una vez dentro, fue cogiendo, de aquí y de allá, libros y revistas, catálogos y panfletos para convertir a una filóloga en guía turística. Cuando lo tuvo todo apilado sobre su mesa, dio un rodeo y abrió el armario que había junto a la pared. Sacó una bolsa de publicidad de la empresa y metió allí todo lo que había recolectado momentos antes.

- Anda. ¡Toma! ¡Ya está! Con esto tendrás más que suficiente ––dijo Pilar alargándole la bolsa ceremoniosamente.

Teia se lo agradeció y estiró las manos para alcanzar el paquete que a simple vista ya se presumía pesado.

- ¿Y cuánto tiempo tengo para saberme todo esto? - le preguntó al notar que los brazos se doblaban bajo el peso de la bolsa.

- Pues lo que tú tardes. Cuánto antes te lo sepas antes podrás empezar. Pero no sé pongamos ¿quince días? ––calculó Pilar–– ¿Te ves capaz de tener cuatro cosas claras de cada uno de los sitios imprescindibles en la visita de un guiri a la ciudad?

- Quince días. Me parece bien. En quince días me lo sabré todo. O casi - sonrió Teia.

- Muy bien. Pues en quince días empiezo a contar contigo. Ya te llamaré y te diré cuando empiezas ¿vale, guapa?

- Vale, y gracias por todo, en serio.

- No tienes que agradecerme nada, tú necesitas trabajo y yo necesito gente con idiomas. El favor es mutuo. De veras ––la tranquilizó Pilar.

- Sí, pero…

- Nada, mujer. Tú ahora estudia mucho y ya verás que todo irá bien. Y si me entero de algún

piso, yo te lo digo.

- Aish, si es que eres un encanto - dijo Teia soltando un momento la bolsa y abrazando a su amiga.

Pilar rió al notarse apresada por Teia, la cabeza de la cual le llegaba al pecho.

- Si necesitas algo más aprovecha ––le recordó–– que ahora mismo me siento generosa. Va. Un pisito en Alicante, un mulato descomunal... Ay, no, que se me olvidaba que a ti eso no te interesa, bueno pues una mulata…

- Qué payasa eres, Pilar ––repuso Teia–– ¡Aish! ¡Si no fuera porque tú no me quieres me quedaba contigo entera!

- Uy, quita, quita ––dijo Pilar––, que mira que yo soy muy grande, y no sé si iba a caber en tu cama…

Teia sonrió mientras se separaba de su amiga y la dejaba por imposible. Sabía que cuando Pilar se ponía guasona no la paraba nadie.

deberes, señorita.

- Eso, tú a estudiar ¡y que no me entere yo que te los copias de alguien!

Teia se había ido acercando a la salida y Pilar, tras ella, le aguantó la puerta mientras se incorporaba a la circulación de los transeuntes.

- ¡Adiós, Listilla!- se despidió Teia. - ¡Adiós, guapa! Cuídate.

- Sí ¡Nos vemos en quince días!

- Oh, si quieres pásate algún día y comemos en casa ––la invitó Pilar.

- Mira empiezo a mirarme los libros y si tengo preguntas ya te llamo y quedamos ––sugirió Teia.

- Muy bien ––asintió Pilar mientras dejaba cerrar nuevamente la puerta–– Adiós.

CORREO NÚM. 3

From:

[email protected] sábado, 7 de junio

To: Pauluna@yajú.esp

Paula… Buenos días,

hoy es sábado por la mañana, y aprovecho que he tenido que venir un ratito al despacho para escribirte, mientras sigo esperando el próximo párrafo que me llegue de ti, y en las horas que a lo tonto a lo tonto me paso pensando…

No creas que por no ser una magnate del mundo del arte, no me vas a resultar interesante. De hecho, toda tú para mí ya lo eres. Además, quién sabe, igual algún día me paso por el museo, así aprovecho también y me culturizo, que ya lo decía mi abuelo: “El saber no ocupa lugar”, lástima que tiempo el sí, y hoy en día nos falta tanto uno como el otro.

En cuanto a las famosas mariposas, la verdad es que es una de las sensaciones más auténticas que podemos vivir; y sí, supongo que la reacción que se tiene ante ella, es miedo, pero un miedo similar al que puedas tener cuando estás a punto de subir a una montaña rusa, de esas que tienen miles de tirabuzones, a cual más retorcido. Quiero decir que a veces tendemos a confundir miedo con alteración y, si tengo que escoger, te diré que me tienes alterada, ya ves.

Otra cosilla, ya debes haber supuesto que soy Sagitario, símbolo, según los entendidos, de la amistad, de la lealtad y, bueno, unas cuantas cosas

más, todas ellas buenísimas. Así que te pido encarecidamente que no dudes de mí. Sería incapaz de tomarle el pelo a nadie en una cuestión como la que nos traemos entre manos. Debes saber que, de todos los contactos, tan sólo me escribo contigo. Ya sé que suena un poco raro, pero es así, no he conectado con nadie igual que contigo, por lo tanto, mi tiempo para esto es totalmente tuyo.

En tu mensaje dices que te da miedo dejarte llevar y lo comprendo, lo que no acabo de entender es que pienses que no puede ser verdad ¿Qué es lo que no puede ser verdad? ¿Que sea tan bueno? ¿La decepción? Sea lo que sea, sólo puedo decirte que no te preocupes, que todo va bien, que vivas esto con todo el ímpetu y energía de que seas capaz, que la decepción casi siempre viene de pensar si habremos hecho lo suficiente. Puedes pensar que vaya rollo te he metido, pero estoy segura de que me entiendes.

descansar el teclado, no sin despedirme diciendo que ahora que sé que no te leeré, te voy a echar de menos. Espero que te lo pases en grande y disfrutes mucho en tu tierra, con los tuyos. Yo, desde aquí, prometo tener muchos pensamientos llenos de energía positiva para ti.

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