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Una Boda Vikinga Una Boda Vikinga Una Boda Vikinga Una Boda Vikinga.

In document mitologia nordica (página 83-87)

El matrimonio, que es con mucho el acto más importante de la vida en la sociedad nórdica, no es un asunto que se deje jamás al azar. Tampoco es una cuestión de sentimientos únicamente, aunque no se excluyan y tengan su importancia. Realmente es un tema que no puede tomarse como estrictamente económico, pese a su relación directa, ya que en principio, la palabra "Brudkaup", la compra de la novia, ya lo indica en su traducción literal. La importancia más relevante de una boda es, sin duda, de carácter social. No se trata de que se casen dos fortunas dadas, sino de la asociación de dos familias o dos clanes, por medio de un vínculo sagrado y en principio indisoluble, aunque se da de forma implícita, por supuesto, el hecho de que ni una ni otra parte es pobre, no aplicando esta palabra ni necesaria ni exclusivamente a la ausencia de riquezas materiales. Así pues, podríamos decir, que la novia no "se casa", sino que "la casan".

En la sociedad nórdica, el concepto central y más importante, en torno al cual gira todo, es la familia. Es ella quien gobierna y controla hasta los menores detalles de la existencia. Desde el sentido militar al religioso, la familia rige un lugar vital en la escala de valores.

En el proceso normal que conlleva una boda, se hace necesario el casamentero que, por lo general, es un personaje amigo o pariente muy cercano del futuro esposo. Es quien se encargará de proponer la unión y de arreglarla posteriormente con la familia de la novia. La primera misión del casamentero es consultar a los responsables legales de la novia para que le concedan el consentimiento de la unión y una vez recibido el "sí" por parte de la familia de la futura esposa, se acuerda y fija la fecha de la ceremonia de los esponsales (festarmál), la cual solía contar un plazo de alrededor de un año o año y algo. Después se convienen las condiciones materiales. Lo ideal era que ambas familias fueran de rango y fortunas similares. Todos los tratos que a ello se refieran, se harán frente a testigos, pues se trata de un acto determinante, una operación a la vez económica, social y, muchas veces, incluso diplomática o política. Conforme a la ley, se acuerda que la novia aportará como dote (heimanfylgia) un conjunto de bienes de todo tipo de un valor global determinado, equivalente a la aportación del novio, al que este añadirá una pensión de un montante fijado por la ley en acuerdo a sus bienes y pertenencias, llamado Mundr.

Aunque después del matrimonio corresponda al marido administrar el conjunto compuesto por la aportación de la novia, la suya propia el Mundr, y mirar por su rentabilidad, la casada sigue siendo propietaria de su Heimanflygia y del Mundr, en caso de divorcio o separación, y es importante por tanto que se tomen todas las garantías para que el asunto se resuelva a satisfacción de todos.

La mejor época para celebrar un matrimonio es a final de octubre, según nuestro calendario, durante las tres noches que inauguran el invierno o Vetrnaetr. Las cosechas están recogidas, el heno, el más preciado de todos los productos del suelo, ha sido colocado en almiares y, una vez secado, almacenado; el ganado, o bien está recogido para el invierno, o bien se ha sacrificado y se ha preparado para su conservación, igual que el pescado seco (skreid) y la buena cerveza ya ha sido fabricada; los trabajos en el

exterior permiten por fin un tiempo de descanso que, por otra parte, hará obligado el invierno, quien se aproxima con rapidez.

Llegada la fecha indicada, los mensajeros del novio irán a la casa de la prometida para conducirla hasta la casa de él. Esta costumbre, aunque no era obligatoria, ya que la novia y el novio podían habitar al menos un tiempo en casa de los padres de ella, se hace referencia en numerosas Eddas.

Debe llegar a casa de su prometido al menos la víspera del matrimonio propiamente dicho, porque ese día tendrá lugar el "baño de la novia". Parece ser un rito de lustración como el que conocieron todas nuestras culturas, con el objetivo evidente de asegurar la "pureza" de la novia, es decir, liberarla de todos los malos espíritus o influencias negativas que pudieran estar ligados a ella. Este baño que, en realidad solía ser una sauna, es colectivo y se extendía a la novia y a todas las damas de honor, y podía durar un buen rato, no impidiendo a las participantes el consumo de dulces de distinto tipo. La preparación de la novia concluye con la confección de coronas de flores y hojas que engalanarán la cabeza de la prometida que, además, para su matrimonio propiamente dicho, cambiará de peinado. Por una parte llevará un velo de lino, costumbre que debe remontarse a antiguas creencias sobre la protección de energías negativas o bien como signo de que el novio debe ser el primero en desvelar el rostro purificado de su prometida. Por otra parte, ella se recogerá, en forma de un moño o lo sujetará en la nuca con una cinta o una joya, los cabellos que hasta entonces había llevado sueltos. Este será normalmente un indicativo en lo sucesivo de su nuevo estado, junto con el conjunto de llaves que como buena ama de casa (husfreyja) llevará a la cintura. Estas llaves solían ser pertenecientes a los cofres que contiene ropas de valor y objetos preciosos, a la despensa donde se guardaban los alimentos y víveres del hogar y a los armarios que constituyen el mobiliario de la casa vikinga que ella gobierna y administra.

Finalmente llega el día de la celebración o los días, ya que el término medio de su duración solía ser al menos tres. A ella asisten todos aquellos que fueron invitados en su momento. En principio, su número deberá ser semejante por ambas familias o clanes. Muchas veces, en la sala común (skáli) donde se ofrecerá el banquete (brúdveizla), cada bando esté colocado en uno de los dos bancos longitudinales, con un asiento más alto para el marido y otro para su mujer, en el centro de cada banco, uno enfrente del otro, a no ser que sean para el dueño de la casa y su compadre.

Por supuesto, los invitados no llegan con las manos vacías. Habrá que tener mucho cuidado de acordarse de los regalos que traen, por razones de reciprocidad, una regla que en esta sociedad no tenía apenas excepciones y era una cuestión de suma importancia entre los nórdicos. Por otra parte, se prestará una gran atención a la colocación de los invitados, pues para ellos este tipo de jerarquías y precedencias era un asunto muy delicado.

El primer día de la boda tiene lugar la ceremonia del matrimonio propiamente dicha. De esto hay pocos datos y menos aún fiables, aunque es evidente que existió un culto venerable del hogar (o del fuego del hogar, verdadera alma de la casa), unos gestos significativos del paso de un clan a otro y toda una serie de actos votivos, propiciatorios y de consagración. Según Adam de Bremen, se hacía una ofrenda a Frigg, la representación más expresiva de la antigua Diosa Madre, para atraer sobre los esposos

el bienestar, la fertilidad o fecundidad y una convivencia pacífica. Según Saxo Gramático, esa ofrenda se hacía a Frey o a la diosa Freya. La Thrymskvida de la Edda Poética menciona por su parte a una diosa menor, poco conocida, Var, que escucha y promueve las promesas. La misma Thrymskvida hace alusión a lo que parecen ser ritos más venerables, tales como ofrenda de sacrificios de animales (el poema habla de vacas de cuernos dorados y bueyes negros) y, sobre todo, de la consagración por el martillo de Thor, práctica muy antigua y que ha sobrevivido en Suecia hasta el siglo pasado, bajo la forma del hammarsäng, el hecho de ocultar un martillo en el lecho nupcial para asegurar la fecundidad de la pareja.

Sin embargo, pese a todo, no se puede afirmar que existiera una casta de sacerdotes dedicados exclusivamente a los ritos y actos religiosos. Parece ser que el cabeza de familia o del clan era el encargado de dirigir los oficios. En cualquier caso, se ignoran qué fórmulas podían pronunciarse en este caso y bajo qué auspicios se situaba expresamente el rito. Cada uno de los grandes dioses podía muy bien presidir la fertilidad y queda por saber, por otra parte, si el matrimonio se colocaba realmente bajo el signo de una figura divina determinada, o más bien bajo la tutela de deidades colectivas como dises o alfes.

Es al jefe de familia o del clan a quien le corresponde la responsabilidad de abrir el banquete nupcial, en el curso del cual, como en todo banquete solemne, los brindis se dirigen en primer lugar a los dioses, donde los textos nombran a Odín, Thor, Njörd, Frey y "todos los dioses" y luego a los grandes antepasados, de uno y otro clan o familia. Este momento era un tema capital, pues consagraba la perpetuación del linaje en una cultura en la que los antepasados no han muerto realmente nunca según sus creencias y en la que el primer deber de un ser humano es no atentar contra lo establecido.

Una vez iniciado el banquete, se comienza a beber y comer sin límites, siendo la borrachera el final normal de un festín y más de esta índole, hasta el punto de que antes de comenzar se juran todos mutuamente que no tendrán en cuenta las palabras que se digan o den cuando estén embriagados por la bebida.

El festín estaba entrecortado por diversos tipos de entretenimientos y desde luego, duraban mucho tiempo. Se recitaban poemas o relatos, había cantos y danzas, estas últimas probablemente de carácter ritual, etc.

En la primera noche de bodas, los recién casados serán acompañados a su lecho nupcial. No se cita en ningún lado que la consumación de su matrimonio debiera ser constatada por expertos, aunque tampoco se excluye la posibilidad de que así fuera, como en otras culturas. A la mañana siguiente de esa primera noche en común, el esposo debe hacer un bonito regalo a su esposa: una joya delicadamente trabajada, ropa de magnífico lino, un cofre de madera esculpida, etc. Es lo que se conoce con el nombre de Morgingjölf, el regalo de la mañana, que se convertirá en una tradición durante mucho tiempo.

Después de la celebración, la esposa tomará las llaves de la casa y tendrá muchos hijos, pese a la elevada mortalidad infantil. Ella hará de sus hijos hombres y mujeres dignos del nombre de su linaje, los educará en el respeto a las tradiciones tanto de su clan como del de su esposo y velará por inculcarles el sentido del honor familiar que jamás debe perecer. Será el alma de su nuevo hogar.

·La Vestimenta.La Vestimenta.La Vestimenta.La Vestimenta.

El vikingo, en su casa, lleva un pantalón que es bien largo y con cierto vuelo, como el nuestro de hoy día, bien ceñido como un pantalón de esquí, o bien ahuecado como los calzones de zuavo de no hace mucho (depende de las zonas), por encima de unos calzones largos de lana. Se cubre el torso con una camisa amplia que llega hasta medio muslo y que se entalla con un cinturón de cuero, a veces realzado con placas de bronce decoradas. Puede llevar igualmente una especie de camisa de cuello cuadrado y mangas largas. En la cabeza, un gorro de fieltro o lana, o un sombrero de fieltro que podía ser de diversos tipos. En los pies, zapatos hechos de una única pieza de cuero ingeniosamente doblada, reforzada a veces con una suela y atada alrededor del tobillo con un cordón enrollado. En las manos, gruesas manoplas de lana o fieltro.

En ocasiones el pantalón es amplio y un poco plegado, un poco al estilo de los pantalones de golf. Por encima de la camisa, una especie de capa de tejido de una sola pieza, sin mangas, fijada por encima del hombro derecho o justamente delante de éste, mediante uno de esos broches ovalados que los arqueólogos han encontrado en grandes cantidades. Esa capa deja libre el brazo derecho, que debe poder coger fácilmente la espada colgada en el lado izquierdo de la cintura. De este modo, el faldón libre puede engancharse en el broche cuando quien lo lleva quiere montar a caballo.

En general conserva toda la barba, aunque esto no es obligatorio. No desdeña trenzarse la barba, y le gusta cuidar con esmero su larga cabellera, al contrario de lo que muchos piensan, debido a las imágenes estereotipadas que nos han llegado a lo largo de la historia de estas gentes. Se ha observado, que su vestimenta, en lo referente a sus elementos principales, tiene mucha afinidad con la de los lapones de nuestros días. La mujer se viste también de modo bastante práctico. La ropa interior, en su acepción moderna, es desconocida. El vestido principal es uno largo, de manga de diversa longitud, de lana plisada, que puede abrirse sobre cada uno de los senos, al estar casi siempre en cinta durante su período de fecundidad, para permitir la lactancia del bebé. Ese gesto es posible gracias a dos broches ovalados o redondos, idénticos y muy a menudo hermosos y artísticos, eventualmente de metal precioso y trabajado.

Por encima de este vestido, lleva una especie de delantal hecho de una pieza de valioso tejido, rectangular y bordado, o bien de una pieza, o bien de dos faldones simétricos, o también susceptible de dar toda la vuelta al cuerpo. A este delantal están enganchados, a la altura del pecho izquierdo, los accesorios indispensables para la costura. Los brazos están adornados con pulseras, muy a menudo joyas de gran calidad. Los cabellos, trenzados o en cola de caballo, o recogidos en un moño, están protegidos de ordinario con una pieza de tela, una especie de fular anudado en la nuca. Es la manera distintiva de una mujer casada.

Existe también un gran chal sostenido en la parte alta del pecho por un broche o fíbula, moda que podría ser de origen bizantino, como otros muchos otros rasgos de una cultura que estuvo constantemente en relación con la ciudad imperial por el itinerario comercial llamado "la ruta del Este", y que puede ser amplio, terminado, en ese caso, en punta en la espalda, o ajustado. Ya se trate de la mujer o del hombre, no se puede dejar de

apreciar el valor funcional del vestido y también su adaptabilidad para hacer cualquier cosa. Ya pesque, are, trabaje en la forja, etc., no impide la libertad de movimientos. En invierno, ni qué decir tiene, los vestidos de lana gruesa, especialmente de ese paño particularmente consistente llamado vadmál y las pieles, son de uso corriente y generalizado.

Si tenemos en cuenta lo que nos relatan las sagas de los contemporáneos, llegamos a la conclusión de que los nórdicos se preocupaban mucho por su aspecto, tanto en lo referente a su vestimenta, como a sus peinados y cuidado del cabello.

Toda vestimenta era de confección casera. En todo hogar se contaba con un skáli, el mueble más importante, un bastidor vertical de tejer. Era de una utilidad capital, no solamente para el vestido, sino también porque el vadmál que se fabricaba a partir de la lana de corderos de largo vellón, servía corrientemente de moneda de cambio. De hecho, incluso buen número de veredictos se ponían en valores de vadmál, ya que en esta moneda era en la que había que pagar las multas establecidas en los juicios. También se sabe que muchos se proveían de fardos de vadmál con los que comerciaría en el extranjero o bien en expediciones vikingas.

Por otra parte, el telar era vertical, y se alzaba oblicuo contra la pared. Los hilos de la urdimbre se tensaban mediante pesos que eran simples piedras horadadas, deslizándose el hilo de la trama por medio de una "lanzadera" primitiva accionada a mano y apretada por un batán igualmente muy simple. Por lo que se sabe, tanto hombres como mujeres, indistintamente, trabajaban tejiendo de esta manera, tal vez acompañándose de cantos específicos, de los que justamente el Darradarljod, sería una muestra.

El hilo de lana se obtenía por el hilado en la rueca, enroscándose a mano el hilo del ovillo con ayuda de una pesa, en realidad una especie de cilindro afilado en los dos extremos y hecho de madera, de tierra cocida o de piedra, y al que se imprimía un rápido movimiento de rotación. El lino se hilaba de la misma forma. El vadmál o paño buriel, caliente, impermeable y de una resistencia poco común, ha atravesado los siglos. La actual ulpa islandesa, una especie de chaquetón con capucha, se confecciona con ese tejido.

Por otro lado, conviene precisar, que aunque los tintes naturales tales como el beige, el marrón y sobre todo el negro, eran los dominantes, el Norte no desconocía ni ignoraba la existencia de tinturas obtenidas, allí como en otras partes, a partir de conchas machacadas o plantas diversas.

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