3.2 ¿Se puede hablar del aborto sin cuestionar los mitos sobre la maternidad?
3.4 Entre la utopía y el contexto…
La tensión entre lo posible y la utopía está presente en el origen mismo del feminismo, definiendo los alcances de las agendas que construyen los diversos colectivos del movimiento. Algunas feministas nicaragüenses consideran que no es posible reclamar la legalización del aborto en una sociedad profundamente influenciada por ideas misóginas que centran el valor de las mujeres en su capacidad reproductiva y de cuidado. Según otras, limitar nuestra demanda pública al aborto en situaciones extremas -como el riesgo de muerte- es renunciar a una acción política feminista que promueva la autodeterminación de las mujeres sobre sus cuerpos.
En cualquier caso, el contexto nicaragüense de los últimos años ha contribuido a ponderar la importancia de los distintos enfoques y estrategias desarrolladas por
reconoce que “una puede decir ‘yo me aferro al contexto, a lo posible y a lo que puedo transformar ahora’, y la otra puede decir ‘yo me aferro al objetivo final que hemos tenido toda la vida las feministas’… y puede ser que las dos tengan razón”. Todas las feministas entrevistadas coinciden en la importancia de tener en cuenta, para la defensa del aborto, cada contexto sociocultural pero también reconocen que hay miedo de abordar estos temas, en parte debido a que las propias feministas no han profundizado en la importancia de vincular las experiencias de los cuerpos procreadores de las mujeres con el ejercicio de la ciudadanía.Y persiste el interrogante acerca de la eficacia de los discursos feministas sobre la democracia y la ciudadanía de las mujeres, mientras la visión sobre el cuerpo de las mujeres se mantenga anclada a los mandatos patriarcales.
Conscientes de que los contextos en los que formulan sus ideas sobre la maternidad y el aborto son frecuentemente desalentadores, las feministas nicaragüenses se enfrentan al reto de conocer y comprender mejor cómo viven estas experiencias las mujeres cuyas identidades y condiciones materiales de vida difieren de las habituales entre las mujeres mestizas o blancas de clase media que habitan en las ciudades del Pacífico. Analizando el contexto de una de las regiones autónomas de la Costa Caribe, y específicamente de las comunidades afrodescendientes y miskitas, una joven feminista negra lo describe de la siguiente manera: “La influencia que tiene la religión sobre las mujeres, la dificultad de los servicios de salud y el acceso a la justicia en las comunidades e incluso en Bluefields, la poca organización de las mujeres, los miedos de las organizaciones a hablar sobre el aborto y el aborto terapéutico porque las mujeres que ya se habían ganado para el grupo se van a alejar, la normalización del embarazo en mujeres jóvenes, la violencia que viven las mujeres o cómo nos ven a las feministas dentro de la comunidad…todo ello forma parte de ese contexto”.
A pesar de reconocer que el aborto está presente en la vida de las mujeres, las feministas de la Costa Caribe sabedoras del peso de las ideas cristianas sobre la procreación, la maternidad y el aborto, han optado por excluir estos temas de sus agendas. Como señala una de las feministas entrevistadas: “No nos estamos metiendo en cosas polémicas, ya sabemos que el aborto es un tema que en la Costa es difícil de abordar, puede ser que haya sectores donde lo podés abordar pero en las comunidades es difícil… no se aborda como una causa por la que las mujeres están muriendo, no hemos profundizado”.
En el mismo sentido una activista indígena plantea que “el aborto es un tema en el que sí ha habido mucha influencia de las iglesias… Las mujeres conocen las medicinas con las que se pueden practicar los abortos porque las niñas comienzan a tener sexo
a los trece o catorce años, pero es un tema del que no quieren hablar… Ahorita con lo de la ley es más difícil allá porque hasta los médicos tienen miedo de abordar el tema…”.
Una activista feminista joven sintetiza las dificultades que enfrentan en las comunidades rurales donde trabajan diciendo que “demasiadas chavalas están saliendo embarazadas y dejando sus estudios… Ellas no pueden usar nada ya sea porque las va a ver la familia o porque en los centros de salud les preguntan si están casadas, les piden la cédula... La respuesta de padres y madres es correrlas de las casas o casarlas, aunque no lo quieran y aunque sea una relación violenta… Muchas tienen que emigrar de la comunidad para evitar que hablen de ellas y otras para mantener al hijo”.
La falta de recursos materiales y financieros es otro de los problemas estructurales que limita la labor de las activistas en apoyo a las mujeres que requieren de atención médica, en caso de complicaciones derivadas de abortos realizados en condiciones de riesgo. Así lo señala una feminista joven de la Costa Caribe: “Ellas no tienen acceso a las recursos para apoyar a las mujeres que están viviendo violencia, porque tienen que bajar a los juzgados y tienen que estar pidiendo raid en las pangas… Igual con una mujer que necesita atención médica o una mujer que se ha practicado un aborto con hierbas y que ha salido mal”.
Pero, por encima de todos estos obstáculos, las feministas del Pacifico y del Caribe reconocen que, aunque en algunas organizaciones se habla del aborto, “el silencio es uno de los nudos gordianos”.