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Visión general del saneamiento Miquel Salgot

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a gestión del agua residual comenzó en paralelo con las primeras ciudades: podían encontrarse alcantarillas en las urbes griegas y romanas (Angelakis y Spyridakis, 1995). El objetivo inicial de estas primeras infraestructuras era alejar de las zonas habita- das un residuo de la civilización, poco atractivo y ofensivo para los sentidos. Más tarde, se pudo constatar empíricamente que esta acción también llevaba consigo una mejora higiénica ya que las ciudades que disponían de alcantarillado eran más saludables que las que no lo tenían.

No obstante, este conocimiento no se transmitió en el tiempo y durante muchos siglos, las excretas circularon al aire libre por las calles de muchas ciudades. Este hecho, con- juntamente con las técnicas militares defensivas que circundaban las ciudades con mura- llas, aglomerando a los habitantes y al ganado, favoreció las grandes epidemias de la Edad Media.

El concepto de saneamiento deriva del término sanidad, para hacer referencia a la ausencia de enfermedades, en este caso enfermedades transmitidas por el agua. Las pri- meras noticias sobre este tema en los tiempos modernos aparecieron en Londres, en 1853, mediante las deducciones de John Snow, quien relacionó los vertidos de agua residual en el Támesis con las enfermedades, fiebres tifoideas por ejemplo, que afectaban a los ciu- dadanos que se abastecían de agua río abajo de los vertidos. De esta forma se estableció científicamente la primera relación agua residual / agua de bebida / enfermedades: las enfermedades de transmisión hídrica (Isaac, 1996).

Hacia finales del siglo XIX se implantaron en algunas ciudades de Francia y Alemania campos en los que se empleaban aguas residuales para el riego, con lo que estas no se ver- tían directamente a los ríos. A menudo, en estos campos se cultivaban las hortalizas que se consumían en las ciudades, ya que las aguas residuales abonan perfectamente los cam- pos. Actualmente, cerca de la ciudad de México hay una práctica similar en el valle del Mezquital (Jiménez Cisneros et al., 2001); de todas formas, se trata de una práctica muy común en muchos lugares del mundo. Se pueden encontrar incluso lagunas fertilizadas con agua residual para poder mejorar la producción de proteínas en forma de peces de agua dulce (OMS, 2006).

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8.1. Introducción

El saneamiento comenzó a cobrar carta de naturaleza a comienzos del siglo XX, cuan- do se construyeron las primeras plantas de tratamiento, las depuradoras, más o menos como se conocen hoy, con un gran consumo de energía “artificial”, eléctrica. El sanea- miento implicaba la construcción de alcantarillas y de depuradoras para ser completado y poder enviar las aguas residuales a donde debían ser tratadas.

Este concepto de saneamiento se ha aplicado casi exclusivamente y durante mucho tiempo a las aguas residuales de origen urbano o doméstico, olvidando mayoritariamen- te las de origen industrial y ganadero. Esto no implica que estas aguas no se depuren, especialmente las de las industrias, que tradicionalmente son más controlables que las explotaciones ganaderas; sino que se ha hecho difícil obligar a los industriales y ganade- ros a depurar las aguas si las ciudades no lo hacen.

La agricultura per se no suele generar aguas residuales aunque sí crea contaminación difusa a causa de los abonos naturales o químicos.

No hay que olvidar la gestión de las aguas de lluvia, que en las ciudades se lleva a cabo a menudo conjuntamente con la de las aguas residuales urbanas. El agua de escorrentía de las ciudades puede contener tantos contaminantes o más que la residual, especialmen- te después de periodos de sequía o poca lluvia (Alther, 2001).

Se puede afirmar que el gran impulso de la depuración en España se produjo como consecuencia de la aplicación de la Directiva 91/271/CEE, que obliga a la depuración del agua residual de los núcleos urbanos a partir de cierto número de habitantes. Con anterioridad se podían enumerar algunas excepciones, como las depuradoras de la Costa Brava, algunas de Madrid o Barcelona y pocas más, dispersas por España.

En la actualidad, prácticamente todas las grandes ciudades españolas disponen de depuradoras, aunque en algunos casos deberían mejorar sus rendimientos o ampliarse. Siguiendo la directiva mencionada, todas las poblaciones mayores de 2.000 habitantes equivalentes (h.e.) que vierten a aguas continentales y estuarios, y mayores de 10.000 h.e. y que lo hacen en aguas costeras quedaban emplazadas a garantizar la correcta recogida y tratamiento de sus aguas residuales urbanas antes de su vertido y antes de 2005.

Las depuradoras de pequeñas poblaciones relativamente aisladas deben plantearse en un marco distinto (Balaguer et al., 2008), intentando minimizar el empleo de recursos energéticos para reducir los gastos de gestión. En la mayor parte de casos, el número de pequeñas comunidades es claramente superior al de grandes conurbaciones, requiriéndo- se también un número elevado de pequeñas depuradoras.

Para cumplir con el calendario establecido por la Directiva, se aprobó en España el Plan Nacional de Saneamiento y Depuración de Aguas Residuales (1995-2005), en ade- lante Plan de Saneamiento, incorporándose también al derecho nacional (haciendo la transposición pertinente) la disposición comunitaria mediante el Real Decreto Ley 11/1995. En 1996 se aprobó el Real Decreto 509/1996, que desarrollaba el R.D. 11/1995. Con posterioridad, el Real Decreto 2116/1998 modificó el Real Decreto 509/1996 para recoger la Directiva 98/15/CEE por la que se modifica la Directiva

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91/271/CEE en relación con determinados requisitos establecidos en su Anexo I (MIMAM, 2007).

En función de los objetivos previstos en el Plan, se programaron diversas actuaciones de acuerdo con las estipulaciones de la Directiva, incluyendo tratamientos más rigurosos para la eliminación de nutrientes en aquellas instalaciones que vierten a zonas declaradas como sensibles.

La carga contaminante, o población equivalente, a depurar viene determinada por la población de hecho de las distintas aglomeraciones; por la población estacional, que genera un incremento de los caudales y de las cargas contaminantes a tratar en las zonas con un elevado componente turístico, en zonas costeras fundamentalmente; y por la contaminación de origen industrial conectada al saneamiento urbano y que se trata en las instalaciones de depuración (MIMAM, 2007).

En España, el 84% de la población equivalente total está afectada básicamente por la aplicación de la Directiva con una carga contaminante total de más de 70 millones de habitantes equivalentes. Para el 16% restante, unos 13 millones de habitantes equi- valentes, la Directiva exige realizar “un tratamiento adecuado” para el cumplimiento de otras Directivas o de los objetivos de calidad fijados en el medio receptor (MIMAM, 2007).

El 65% de la población afectada por la Directiva (más de 2000 habitantes equivalen- tes) se encontraba en “zonas normales” a 1 de enero de 2007, correspondiendo al 88% de las aglomeraciones urbanas existentes en España. El resto, un 35%, y abarcando el 12% de aglomeraciones urbanas, se localiza en zonas declaradas sensibles oficialmente declara- das por el Ministerio de Medio Ambiente en el caso de cuencas hidrográficas intercomu- nitarias, o por las Comunidades Autónomas para las cuencas hidrográficas intracomuni- tarias (MIMAM, 2007).

VISIÓN GENERAL DEL SANEAMIENTO

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Dadas las características del ordenamiento constitucional español, el Ministerio firmó convenios, tal como establece el Plan de Saneamiento, con todas las Comunidades Autónomas.

El Ministerio de Medio Ambiente está impulsando en la actualidad el Plan de

Calidad de las Aguas: Saneamiento y Depuración 2007-2015, para dar respuesta a los

objetivos pendientes del anterior Plan y a las nuevas necesidades planteadas por al Directiva Marco del Agua. Este nuevo Plan está estructurado en dos grandes bloques (MIMAM, 2007):

• Actuaciones que no se acometieron en el Plan 1995-2005.

• Actuaciones nuevas como consecuencia de nuevos requerimientos y de la necesidad de garantizar el grado de conformidad alcanzado.

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a depuración de aguas residuales tiene como objetivo teórico retornar al agua de calidad con la que fue suministrada. Esto es posible desde el punto de vista de la tecnología, pero sin embargo puede no ser factible desde el punto de vista económico, y se debería definir la relación coste/beneficio de la depuración en función de la cali- dad final del agua que se desee, del lugar donde se vierte el agua depurada y de la calidad del efluente marcado por la legislación. Los sistemas de depuración, que pueden llegar a ser muy complejos, deben considerarse de forma integrada. De todas formas, el con- cepto de saneamiento es más amplio que el de depuración, y lo emplearemos para mencionar el conjunto de acciones e infraestructuras que se inician con el vertido del ciudadano, industria, estable- cimiento ganadero, etc.; siguen con la depuración y acaban con el vertido o eli- minación del agua tratada (Tabla 8.2.1). Por tanto, el proceso de saneamien- to se inicia con el agua que ha sido ser- vida al usuario y que éste ha utilizado, añadiéndole diversos contaminantes. Aquí debería aplicarse el principio de que el mejor contaminante es el que no se añade al agua, e intentar reducir o eliminar en origen la contaminación tanto como se pueda.

8.2.1. Los vertidos

Los vertidos de agua residual doméstica no requieren ningún tipo de permiso, puesto que se ha considerado tradicionalmente que no existen en los domicilios actividades que puedan per- judicar a los procedimientos de depuración. Las reglamentaciones de vertido se han aplicado

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