• No se han encontrado resultados

Vulnerabilidad humana como fragilidad: M Nussbaum

…en el reverso de esta búsqueda de la autosuficiencia, complicando y limitando el intento de desterrar la contingencia de la vida humana, hubo siempre un vívido sentido de la especial belleza que atesora lo contingente y mudable, un amor al riesgo y a la vulnerabilidad de la humanidad empírica que se expresa en numerosos relatos sobre dioses enamorados de mortales. Para cualquier pensador profundo, el problema de la salvación de la vida se transforma así en la delicada y compleja cuestión sobre el bien humano: ¿Cómo puede este ser sólidamente bueno y, al mismo tiempo, bellamente humano?42

En Nussbaum, la finitud y la precariedad humana aparecen bajo la noción de fragilidad. Elige así un término que tiene de por sí una connotación menos marcada por la carencia y más por la delicadeza y el bien que potencialmente conlleva. Muchas veces en sus obras aparece el término fragilidad estrechamente relacionado —si no sinónimo— de vulnerabilidad.

Esta autora recalca la dependencia de lo “dado” (genético, social, natural, cultural) del ser humano que nace y crece, para desarrollarse, y lo complementa agregando el elemento de la fortuna o infortunio. A partir de un análisis de la tragedia griega, expone la conciencia humana, singular y social, de este particular tipo de dependencia: hay circunstancias aparentemente fortuitas en las que personas buenas son arrastradas a la ruina como resultado de acontecimientos que no está en su mano dominar43, y que puede tener consecuencias más o menos decisivas en sus vidas.

Un impedimento de la buena acción puramente externo puede corregirse inmediatamente si se recupera la buena fortuna. La persona esclavizada en la guerra puede recuperar la libertad en un instante. El enfermo puede sanar de un día para otro. Alguien privado de descendencia puede engendrar o dar a luz a un hijo. Lo que precisa tiempo y grandes dosis de buena fortuna es curar la corrupción del deseo, de las esperanzas y del pensamiento infligida por una desgracia prolongada y abrumadora. La reiterada utilización por parte de Aristóteles de términos que sugieren deterioro y corrupción, y su aseveración de que los males provocados por la fortuna solo pueden repararse, en todo caso, en un dilatado lapso de tiempo, indican también que está pensando en un daño más profundo. Hacen falta años para devolverle al esclavo el sentimiento de la dignidad y la propia estima de la persona libre, para que el inválido aprenda de nuevo los deseos y proyectos de la persona sana, para que quien se ha visto privado de un ser querido establezca lazos afectivos nuevos y fecundos44.

En La Fragilidad del Bien, Nussbaum se extiende ampliamente sobre el concepto aristotélico de philia, y la naturaleza de las relaciones de amor y de amistad. Para nuestro propósito, lo que queremos destacar es simplemente la doble constatación que aparece a lo largo de su reflexión. El amor, la philia, agudiza la vulnerabilidad humana. Pero esa vulnerabilidad es, a su vez, condición de posibilidad para el verdadero amor.

Agudiza la vulnerabilidad humana, pues expone a la persona a la fuerza de sus emociones —al temor de ser rechazada, a los celos, a la incómoda constatación de su dependencia afectiva, a la posibilidad crecida de descontrol, etc.45— y al riesgo de salir herida al no ser correspondida. Además, “al atribuir valor a la philia en la concepción de la vida buena nos exponemos más a la pérdida. Conviene añadir otra cosa: por nuestros vínculos nos arriesgamos a pérdidas que, estrictamente hablando, no son nuestras. La persona sin vínculos fuertes solo tiene que preocuparse de su propia salud, su virtud, su éxito. Pero el que ama a otro se entristecerá por un número doble de sucesos y se hará doblemente vulnerable a la fortuna”46.

tanto tememos. Pero hay en él también una potencialidad de tal valor para la vida buena que mueve a Aristóteles a decir que es “lo más necesario en la vida”47 y a Nussbaum a completar la afirmación diciendo que es “no solo necesario, sino también intrínsecamente bueno y hermoso.”48.

Nussbaum afirma así que la vulnerabilidad tiene relación no solo con la corporalidad humana, sino también con aquello a lo que el ser humano está expuesto (al infortunio, a sus emociones, a la necesidad de los otros para vivir) y a aquello de lo que es capaz (compasión, amor). En esta clave de su pensamiento subyace una crítica al intelectualismo platónico que resalta unilateralmente la voluntad y la razón, re- jerarquizando el lugar que tienen las emociones y la fortuna en la vida de las personas. También aquí nuestra exposición a la fortuna y nuestro sentido del valor nos hacen depender de algo que existe fuera de nosotros: la primera, porque sufrimos penalidades y podemos necesitar algo que solo otros están en condiciones de ofrecernos; el segundo, porque aunque no tengamos la necesidad de la ayuda de amigos y seres queridos, el amor y la amistad nos importan en sí mismos49.

Por último, en La fragilidad del bien, nuestra autora reflexiona sobre la particular belleza de la excelencia humana, que reside justamente en su vulnerabilidad50. Lo hace por medio de una constatación sugerente que está presente en las obras de la tragedia griega: los dioses griegos —por definición inmortales, autosuficientes y completos— se enamoran de los —frágiles, vulnerables, mortales— hombres y mujeres51.

La misma vulnerabilidad humana, la indefensión ante el infortunio, la lucha con las pasiones más variadas con las que viven el hombre y la mujer, puede ser considerada bella. Algo hay en la fragilidad de esta vida que puede incluso “enamorar a los dioses”. Al parecer, si no fuésemos vulnerables, seríamos menos humanos. Pero no solo como nota distintiva de la indigencia propia de la humanidad, sino también de su belleza.

Si hay en la fragilidad belleza —belleza como bien aristotélico— su propio valor en cuanto bien conlleva una interpelación ética. En nuestras sociedades occidentales modernas en las que pareciera que lo frágil es vergonzante y, por lo mismo, privado, se hace perentoria la necesidad de crear vínculos y relaciones en ámbitos sociales —incluso institucionales— en las que la vulnerabilidad tenga cabida. El no hacerlo nos priva de un bien frágil, y de la posibilidad de vivir la vida personal y social con mayor conciencia de su belleza y valor.