The Nanotale of the Self. A ‘Wanna-be’ approachment to the Paranoid-Critical Method

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David Moriente

The Nanotale of the Self. A ‘Wanna-be’ approachment to the Paranoid-Critical Method

Hola Mademoiselle de la Domination,

esto no es una contestación a tu manifiesto, tampoco es un artículo, no es un ensayo, simplemente son unas líneas efímeras, capturadas en una breve prisión de papel. Solamente palabras. Shakespeare decía que al final de todo —imagino que de absolutamente todo— sólo quedaban palabras, “words, words, words” musitaba él.

Así que estoy aquí delante de una cutre pantalla cibernética, una grisalla parpadeante como un fluorescente estropeado, con la convicción de decir algo que sea irreverente o, por lo menos, entretenido.

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construcción cuya finalidad es el control. Control absoluto de todas y cada una de nuestras posibilidades mediante accesos a sexualidades ortodoxas, ritos de paso que censan y constriñen a los individuos, re-codificaciones y re-interpretaciones de los sentimientos...y así indefinidamente. (Si recuerdo alguna otra cosa que iba a (d)escribir, volveré sobre ella más tarde). En cualquier caso, y a mi entender, la ley, la norma, el orden, la regulación, etc., son aparatos de dominación.

Quiero hacer una aclaración, estoy hablando de conceptos. La realidad práctica es mucho más absurda. De hecho, lo que entendemos como “realidad” es la suma de trillones de interpretaciones subjetivas, cambiantes, fluidos devenires.

Creo que no es posible hacer una antro(-)pología del ser humano actual. De hecho, la etiqueta misma de “ser humano” es una gilipollez supina: puedes entender la frase como (verbo) ser y (atributo) humano en lugar de sustantivo + adjetivo. Quizá este detalle, como todos, sea mínimo, pero esa sensación de estar en el “entre” —como los cuadros de dos caras enfrentadas en cuyo centro se percibe una copa también— en los que dos (o más) realidades fluctúan de un modo pulsante, es la que hace que tengamos ese desasosiego (y dejo aquí la posibilidad de poner un adjetivo según tendencias y creencias).

Que tal vez no sea más que una reductio ad absurdum, no lo niego, pero (y aquí va un frase lapidaria en plan Morfeo) ¿quién tiene la capacidad de probarlo?

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sutil: lo moderno, por sí mismo, es algo fugaz, pero ¿hay algo más huidizo e incompresible1 que un líquido? Se me ocurre pensar

que, por alguna extraña, oculta y jocosa razón, está relacionado con nosotros ¿no somos un ochenta por ciento de agua?

Así que ahí seguimos, a darle vueltas al lenguaje, que es lo único que nos permite seguir con este perverso encadenamiento de conceptos que no llevan a ningún lugar; o peor, nos llevan al principio: y vuelvo con los sexos.

¿Por qué el nombre mujer, por qué hombre? Si nos vamos al inglés woman y man, ¿qué coño significa ese prefijo (si lo fuere) ‘wo’? ¿Crees que en los nombres circula la savia de las cosas, su significado oculto? No sé si este nominalismo de bar y de pedo sirve de algo, pero no puedo evitar pensar que, a veces, es todo como una repetición, no un puto déja vu, sino que estamos recordando cosas que sabíamos, que los nombres son las reglas mnemotécnicas para aprender esos códigos olvidados de conocimiento...¡Eh! Por si acaso, que no estoy hablando de mariconadas como reencarnación y el “saber es reminiscencia” y mierdas platónicas y cristianas de ese tipo...

Como ves, son espirales continuas de interrogantes, tan curvados, delicados, interconectados unos a otros como una apretada red de desconocimiento.

Unos tipos (Deleuze y Guattari, bueno, el primero de ellos Gilles Deleuze, filósofo de los años sesenta, estaba hablando con un colega por teléfono y le dice “espera un momento” y coge el tío y se tira por la ventana y se suicida, ¡menudo subidón! ¿no?) decían que había que hacer como la Pantera Rosa, dejar de rosa el territorio, el propio territorio, dejar la huella rosa, un camino de posibilidades, de multiplicidades, debía quedar incompleto,

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avanzar aquí y allá, estar, en definitiva, en movimiento, siempre en movimiento. Otro tipo (René Chair) afirmaba de modo tajante: “desarrollad vuestra legítima rareza”. Me parece lo más oportuno en este momento de rupturas, de grietas que han de terminar de demoler este puto edificio conceptual del “summum de la creación” a tomar por el culo con la humanidad.

No sé si a estas alturas te habrás destrozado las mandíbulas por brutales bostezos, pero si has llegado hasta aquí, quizás puedas continuar, no por una senda de baldosas amarillas, por cierto.

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querida primita? El hipotético vínculo es una ficción. Todo es mentira, incluso estas palabras. Los reflejos de un espejo frente a otro. Una espiral. Una cinta de Moebius. Una trampa. Todos (nos) creamos ficciones, microrrelatos que hagan coherente una existencia tan incierta. Al fin y al cabo, nos guía el deseo, el sabio diría “la jodienda es la única razón del Ser”. Me gustaría invocar a Sade y dejarle escribir burradas a través de mí, principios inmorales que llevan a una poética (entendida como poiein, acto de creación, de invención) de lo inmoral. Last nite she said...

Como decía hace un rato, esa atracción tiene una faz absolutamente perversa, lleva a otro lado, un no-lugar innominable, que no tiene nombre y no puede existir. Es la ilusión de una unión, de un nexo (el nexo, para los romanos, era sinónimo de la esclavitud) invisible. Somos dos entidades radicalmente distintas, ob(-)ligadas a permanecer, a pesar de nuestra entera diferencia, a convivir en un plano espaciotemporal único. De ahí la complejidad de las relaciones humanas. De ahí la imposibilidad de la comunicación. De ahí, la “desgracia” de tener configuraciones similares, hipotéticamente complementarias, que completarían la conexión. El sexo como “experiencia vacía” y como dice Woody Allen “como experiencia vacía, es la más interesante que conozco”.

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sickness, a red hot background, cyberbounds, everlasting movements of soft machines, weak facts, virtual visions, wet space between us, metafictional inked-taste flashforwards on the very idea of ... un “nanorrelato” que, inesperadamente, aparece como una especie de grito primitivo, engulléndolo todo, arrasando cualquier huella de la identidad; la subjetividad que descansa sobre un frágil soporte de naipes encastillados... Ya no soy yo, repito a través de confusas galerías, laberintos de memorias artificiales... Otro violento golpe de cadencias rítmicas y frenéticas, otro segundo dilatado al extremo de hacer estallar los cimientos temporales... La escritura automática es una mariconada para débiles, todos aquellos que se protegen mediante una leve capa de “subconscientes malheridos”, si todo lo que no se atreven a decir, lo pronuncian a través del Ello, es fácil culparlo a él “no era yo, era inconscientemente”, “no era mi intención”, “no son mis verdaderos deseos”; es una manera de “conectar el piloto automático del sujeto”.

Como puedes ver, parece que éstos son algunos, de los múltiples, rasgos de la desafortunada relatividad del ser y el poder.

Confío en que te hayas divertido con la mínima y limitada descripción genérica/genética masculina.

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