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COCA Y CONFLICTO ARMADO

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n la última sesión tratamos el tema de la colonización de Amazonia. Allí comprendimos cómo el asesinato de Gai-tán el 9 de abril de 1948 generó una serie de efectos que llevaron a una década de violencia partidista que desembocó en la confor-mación de autodefensas campesinas. Estas autodefensas, que vendrían a constituirse como un ejército guerrillero en los años sesenta, lideraron el desplazamiento de numerosas familias campesinas a la región de los llanos y a las selvas de la Amazonia. La historia de este campesinado amazónico es una historia de continuos desplazamientos y acaparamiento de tierras que ha creado una sociedad gestada por la guerra, el abandono estatal y la ausencia de oportunidades económicas. Las economías extractivas e ilega-les han venido a sumarse a este panorama, particularmente la economía de la coca que desde la década de los años ochenta tuvo un rápido crecimiento y expansión.

Esta es una región que se representa hoy en día en términos de una confrontación armada financiada por los recursos del narcotráfico. Desde esa perspectiva, los cultivos ilícitos se han convertido en un blanco en la estrategia gubernamental contra la insurgencia, negando las dimensiones socioeconómicas de esta situación y dejando a las comunidades que de-penden de los cultivos ilícitos atrapadas en decisiones que privilegian el tratamiento militar de la producción ilegal. Esta situación empeoró en la

primera década del siglo XXI, con un gobierno que adoptó una posición de

confrontación militar y fumigación aérea de los cultivos de coca, al mismo tiempo que favoreció el acaparamiento de tierras para grandes desarrollos agroindustriales.

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incapacidad de las clases dirigentes de entender y asumir su diversidad y sus fronteras. Y esa incapacidad está presente, tanto o más que en otras regiones, en el destino de la Amazonia.

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laS fronteraS amazóniCaS

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aMírEz2

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n mi exposición haré un rápido recorrido para mostrar

cómo, de las cinco fronteras terrestres que tiene Colombia, cuatro tienen ámbitos amazónicos. Allí se ubican las tres triples fronteras que comparte Colombia con Venezuela y Brasil, Brasil y Perú, y Perú y Ecuador, cuyas dinámicas de poblamiento y su problemática actual tienen un carácter claramente trinacional, como la nacionalidad de la mayoría de sus habitantes. Además hay zonas binacionales orinoquen-ses, amazónicas y putumayenses. Mostraré cómo, por su marginamiento y por la ausencia del Estado en las fronteras, en particular en las amazónicas, se fue creando el escenario favorable para la implantación del conflicto ar-mado contemporáneo con guerrillas, paramilitares y coca. Esta situación se ha complicado con las tensiones con los países vecinos.

1 La intervención en la cátedra y la síntesis que aquí se publica las hice a partir de los

siguien-tes artículos que contienen todas las referencias a los datos utilizados: Socorro Ramírez, “Dinámicas fronterizas andino-amazónicas: impactos en la vecindad y en la integración. Una mirada desde Colombia”, en Fronteras en globalización: localidad, biodiversidad y libre comercio en la Amazonia (Universidad Nacional – Universidad Javeriana, 2008); Socorro Ramírez, “Colombia y Brasil: una lenta y paradójica aproximación”, en La percepción de Brasil en el contexto internacional: perspectivas y desafíos” (Río de Janeiro, Flacso, Kon-rad Adenauer, 2007), 131-171; Socorro Ramírez, “Ámbitos diferenciados de las fronteras colombianas”, en La integración y el desarrollo social fronterizo, Serie integración social y fronteras 2 (Bogotá, CAB, 2006), 69-183.

2 Profesora e investigadora del Iepri de la Universidad Nacional de Colombia hasta 2009.

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los ámbitos fronterizos amazónicos

Ámbito orinoquense colombo-venezolano y triple frontera con Brasil

Este es el quinto ámbito fronterizo colombo-venezolano; los otros cuatro son el guajiro-caribeño, el Perijá-Catatumbo, el andino y el llane-ro. Este ámbito, donde la Orinoquia empieza a convertirse en Amazonas, está determinado por la cuenca del río Orinoco que aparece como una mano llena de dedos de agua que amarran a Colombia, Venezuela y Bra-sil. Uno de sus afluentes, el Casiquiare, a través de un canal natural, pone en contacto al Orinoco y al Amazonas por el Guainía o río Negro, con el que hace contacto para configurar los últimos 105 kilómetros de frontera colombo-venezolana y penetrar a territorio brasileño hacia su encuentro con el Amazonas. Este ámbito termina en las tres caras de la piedra del Cocuy: la venezolana (al lado occidental del río Negro), la colombiana (en Guadalupe, la población más oriental del país) y la brasileña.

Cuatro dimensiones centrales que presento a continuación me per-mitirían mostrar sus paradojas: población compartida pero dividida, economías de extracción con efectos comunes, frustración de proyectos estratégicos conjuntos y problemas de seguridad.

Población común pero fraccionada

Este ámbito cuenta con baja densidad de población, constituida en su mayoría por grupos indígenas que evidencian deterioro físico y cultu-ral, una fuerte pérdida de sus territorios ancestrales, crisis de identidad, y sufren el menosprecio de la población blanca. Los guahibo-sikuani son el grupo más numeroso, seguido de los piaroa, curripaco, baré, ñengatú, ya-biteros y otros once más, todos en precarias condiciones de vida. No alcan-zan a ser 50 000 personas del lado colombiano y venezolano. La población indígena colombo-brasileña pertenece al grupo curripaco, el cual incluye a los subgrupos baniwa, baré, guarequena karupaka o kurrin y karry-karu-tama, quienes pertenecen a su vez a la familia lingüística Arawak.

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poblados de ambos países que se requiere y se aplica la complementarie-dad para la subsistencia.

Economías de extracción con efectos comunes

Este ámbito cuenta con abundantes recursos naturales: agua, vegeta-ción, fauna y minerales (diamantes, oro y metales industrializables como la bauxita). En cambio los suelos del escudo guyanés venezolano son po-bres y frágiles para la agricultura y la ganadería, aunque Puerto Carreño produce algodón que abastece de fibra a las textileras de Venezuela y posee alguna ganadería.

La zona fue sometida a la extracción de quina a finales del siglo XIX y

atrajo al sur del río Meta una fuerte migración y un auge de la ganadería en su zona norte. Luego se extrajeron hasta su extinción las plumas de garza real, conocidas como oro blanco de la Orinoquia colombo-venezolana. Se extrajeron también la sarrapia, la balata, el chicle, el caucho y las pieles de animales salvajes. La forma de su explotación y la esclavización de la población, principalmente indígena, produjeron un efecto de degradación. Después vino el auge de la explotación de caucho y productos forestales. Guainía y Vichada proveyeron la fibra chiquichiqui, apetecida materia pri-ma en la industria de escobas, cepillos, cordelería y cables de uso náutico.

El descubrimiento de oro en la región a partir del siglo XX provocó una

intensa actividad minera transfronteriza y generó no pocos conflictos a

causa de la labor erosiva de los garimpeiros que penetran por Brasil y

arra-san la selva del suelo guyanés en busca de oro. Como producto de la nueva ola extractiva desatada con la Segunda Guerra Mundial, la United States Rubber Development Corporation estableció campamentos para explotar caucho, balata, chicle en el medio y alto Orinoco. Con ello se instauró el eje comercial entre San Fernando de Atabapo, en Venezuela, y Puerto Inírida y Amanavén del lado colombiano de la frontera.

Los procesos de colonización generados con la explotación del cau-cho, del oro y de la fibra de chiquichiqui, así como las misiones religiosas, han introducido cambios en la cultura de los curripaco y en su organiza-ción social.

Frustración de proyectos estratégicos conjuntos

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de un país sobre el otro o por la delimitación que ha generado historias de pérdida territorial y mutuos temores de apropiación del territorio por el vecino han impedido la protección y aprovechamiento conjunto de los ríos y han presionado contra la libre navegación. Eso mismo ha ocurrido con la no concreción del proyecto de una hidroeléctrica sobre el río Orinoco que genere energía para las dos naciones. Aunque se ha avanzado en contratos binacionales de venta de electricidad, estos se han visto suspendidos por la disputa entre las capitales.

Algo similar podría decirse con respecto a Brasil, aunque en ese caso la causa, más que los problemas de delimitación, es la ausencia de proyec-tos conjunproyec-tos y la lejanía entre los centros políticos que hasta fines del siglo

XX se han comportado como vecinos distantes y desconocidos.

Problemas de seguridad con mutuos efectos e interacciones

Del lado colombiano, los cultivos de coca y cierta presencia de gru-pos armados irregulares en algunas áreas de la cuenca del Orinoco han afectado la vida de las poblaciones y del ambiente. Es conocida la

actua-ción de las FARC que dio refugio y protección al narcotraficante brasileño

Luiz Fernando da Costa, “Fernandinho”, intercambiando cocaína por ar-mas y dólares como se puso de presente el 19 de abril de 2001, cuando en

Barrancominas (Guainía) se produjo su detención. El periódico O Estado

de São Paulo denunció, a su vez, la existencia de refugios de las FARC en

Brasil que hacen parte de las mismas transacciones. Autoridades del Brasil aseguraron que “Fernandinho”, además de manejar el 60% del negocio de las drogas en Brasil, traficaba con armas por Surinam, Brasil, Colombia y Paraguay. Comisarios de la policía federal brasileña aseguraron que el intercambio de cocaína por armas en localidades fronterizas con Colom-bia es un hecho frecuente y que ya habían sido capturados varios aviones brasileños que cargaban armas para la guerrilla colombiana o retornaban de ese país con droga.

ámbito colombo-brasileño de transición

entre la orinoquia y la amazonia

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de ambos ecosistemas, aunque predomina la segunda desde el punto de vista geográfico. La inscripción de esta zona dentro de la Orinoquia co-lombiana se explica por razones de tipo económico y político, por cuanto su vínculo comercial y cultural se asimila más al epicentro llanero que al prototipo amazónico, gracias a que las vías aéreas conducen al departa-mento del Meta, mientras que sus vínculos económicos y culturales son débiles con la Amazonia.

En contraste con la carencia de vías terrestres, la región se encuen-tra articulada a encuen-través de importantes ríos: Vaupés o Uaupés, Apaporis y Caquetá o Japurá −de acuerdo con sus nombres en Colombia y Brasil−, navegables durante ocho meses al año, lo que permite las travesías de pueblos indígenas, colonos y mercancías, ubicados en afluentes, caños y quebradas.

Entre los siglos XVI y XIX, este territorio fue disputado por los

impe-rios portugués y español, el primero a través de campañas militares y el segundo, de conquistadores y misiones religiosas de dominicos y jesuitas.

A comienzos del siglo XX vino la disputa por la delimitación. Después

del ataque de militares peruanos, en 1910, al puesto de La Pedrera, el go-bierno colombiano reaccionó, logró repeler el ataque y creó la comisaría del Vaupés, que hasta 1963 y 1977 incluyó los territorios de Guainía y Guaviare.

Por los constantes problemas con pobladores brasileños, inicialmen-te se dejó como capital a Yavaraté por estar situada en toda la línea limí-trofe pero luego fue sustituida por Mitú, que había sido creada en 1936, aunque esta población se halla un poco apartada de la “raya” como sim-bólicamente la denominan los habitantes fronterizos. Esas dos poblacio-nes, además de Taraira y Pacoa, han atraído colonos a raíz de las distintas bonanzas no reguladas y de la violencia partidista de mediados del siglo

XX. El aislamiento de este ámbito del resto de Colombia sigue siendo

no-torio, ya que solo cuenta con una vía apenas carreteable la cual comunica Mitú con la comunidad de Monfort en la frontera con Brasil sobre el río Papurí. Tampoco cuenta con un sistema productivo autosuficiente, por lo que el suministro de alimentos se hace por vía aérea desde el interior de Colombia, lo que ocasiona un fuerte incremento de los costos de los productos básicos.

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Población compartida

Desde la época prehispánica este ámbito ha estado habitado por nu-merosas comunidades indígenas cuya forma de vida así como su organiza-ción y las relaciones entre los distintos grupos étnicos han sido modificadas por las incursiones de conquistadores, caucheros, colonos y grupos arma-dos irregulares.

La mayoría de los grupos fueron exterminados pero aún hoy el Vau-pés ocupa el primer lugar en cuanto a mayor proporción de población indí-gena por departamento, con un 74,6%. Entre las comunidades que quedan están las familias nukak-makú, juhup y hupdu, nómadas de la selva inter-fluvial, y los tukano-arawak, grupos ribereños que han estado en perma-nente contacto con los blancos.

Los makú se ubican en áreas de Colombia y Brasil, que varían según la época y la disponibilidad de recursos para la caza, fuente principal de su subsistencia. Los makú son los más antiguos descendientes del noroeste amazónico que se han ido extinguiendo al ser apresados como esclavos para trabajar en las caucherías o para ser vendidos o cambiados por mer-cancías. Esa comercialización llevó también a su asimilación por los tuka-no-arawak cuya cultura basada en la agricultura utiliza su mano de obra por semanas o meses. Esa relación con otros grupos étnicos y los cambios introducidos por la colonización han hecho que los makú se movilicen según los trabajos para los que son requeridos. El contacto con los colonos, y recientemente con los grupos armados que empezaron a operar en los territorios por los cuales solían desplazarse, han afectado a tal punto a los makú que han venido perdiendo las costumbres nómadas, que era uno de los ejes de su existencia y que los distinguían como uno de los últimos grupos humanos de su tipo.

Extracción indiscriminada

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la coca, desde finales de los ochenta. Las bonanzas han dado origen a no pocos conflictos entre poblaciones de indígenas, colonos, mineros colom-bianos y brasileños y grupos armados irregulares.

Problemas de seguridad

Desde mediados de los años noventa, las buenas relaciones de ve-cindad local, generadas por el intercambio que ha existido desde épocas remotas, se han visto entorpecidas por la presencia de actores armados ile-gales. Con la extracción de oro en las serranías de Naquén y Taraira y con los cultivos de coca llegó el conflicto armado colombiano a este ámbito.

Las FARC arribaron a esta área minera en 1987 y ante la ausencia de

auto-ridad oficial asumieron el dominio del orden social y público en medio de considerables cantidades de dinero y de oro que circulaban y aumentaban la delincuencia.

A pesar de que el conflicto armado se concentra en los departamentos de la Amazonia occidental colombiana, como Putumayo, Nariño y Ca-quetá, diferentes grupos étnicos han sido amenazados y desplazados por los actores armados y han visto trastocada su cultura y su territorio con la irrupción del cultivo y procesamiento de hoja de coca. El caso más dra-mático es el de los nukak que habían permanecido aislados hasta que la presión de la guerrilla y los paramilitares los obligó a refugiarse en po-blados de donde no quieren volver a salir porque su vida y ámbito fueron interferidos.

triple frontera de Colombia con brasil y

perú en el trapecio amazónico

El Trapecio amazónico colinda con el estado Amazonas en Brasil y Loreto en Perú y queda en el punto medio entre Manaos e Iquitos, pobla-ciones centrales de esos dos países. Ante la ausencia de vías de comunica-ción terrestres, el único transporte hacia el centro político es por vía aérea y hacia la región por vía fluvial, lo que ha llevado a afirmar que el Trapecio amazónico tiene un carácter insular.

A diferencia de Brasil y Perú, que desde sus albores republicanos construyeron formas de control en esta región fronteriza, el Estado

colom-biano se hizo presente ya bien entrado el siglo XX e inició una colonización

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garantizar la soberanía nacional. Luego, el Estado colombiano le dio res-paldo jurídico y económico a la iglesia católica en todo el territorio nacio-nal para evangelizar a los indígenas y dejó en sus manos la difícil tarea de “colombianizar” a una población que además, en este ámbito del Trapecio, tenía un arraigado nacionalismo peruano.

La bonanza del caucho contribuyó al conflicto colombo peruano de 1932-1934 y ambos procesos modificaron el mapa de la región. De hecho, aprovechando las guerras civiles de Colombia (1885, 1895, la de los Mil Días, entre 1898 y 1900, y la separación de Panamá en 1903), se produjo la invasión de caucheros peruanos al Putumayo. Allí se enfrentaron con comerciantes colombianos dueños de empresas fundadas a fines del siglo

XIX. La Casa Arana controló una extensa área entre los ríos Caquetá y

Putumayo, protegida por el gobierno peruano con puestos militares en las márgenes del Putumayo. La entrega oficial de Leticia a Colombia en 1930 provocó mucho malestar en la región de Loreto. La élite local fundó la Junta Patriótica con el fin de recuperar a Leticia por la fuerza, finan-ciando a voluntarios civiles y a unos cuantos oficiales de bajo rango. El clamor popular de apoyo a la acción obligó a los oficiales del ejército y de la marina a plegarse al movimiento. La captura de Leticia, el aprisio-namiento y el remplazo de las autoridades colombianas se produjo en septiembre de 1932. La Sociedad de las Naciones intervino y logró un acuerdo el 24 de mayo de 1934, con el reconocimiento por Perú de la soberanía de Colombia sobre el Trapecio amazónico y de la navegación por el río Amazonas.

Población compartida

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Ese fue el caso de los ticuna que conforman el grupo más numeroso que habita en esta triple frontera de Brasil, Perú y Colombia, pese a que fueron la principal mano de obra en la explotación primero del caucho y luego de la madera. La movilidad de los ticuna a lo largo del río Amazonas es transfronteriza. No toman en cuenta el límite entre los tres países, ni usan una identidad nacional sino que su distinción es entre los que viven río arriba y los del río abajo. Se mueven en una u otra dirección con el fin de visitar parientes y amigos, hacer intercambios comerciales y alianzas matrimoniales, encuentros deportivos o eventos religiosos, realizar ritua-les étnicos y prácticas médicas tradicionaritua-les o participar en actos promovi-dos por las diferentes organizaciones supralocales ticunas. Los ticuna han experimentado un cambio cultural profundo que se expresa en la mitolo-gía, en sus ritos y en su vida social, producto de influencias interétnicas, del contacto con otros grupos culturales y de la influencia de las misiones ca-tólicas y protestantes que se desarrollaron en la región. Ya no viven en ma-locas sino en poblados con casas unifamiliares y practican la agricultura de roza y quema. En lo mitológico y ritual han sido influidos directamente por las prácticas religiosas cristianas, tanto protestantes como católicas.

La familia lingüística Witoto, a la que pertenecen los uitoto, andoque y ocaina, también se vio desplazada por la bonanza del caucho cuando sus diferentes grupos fueron trasladados de territorio colombiano a la Ama-zonia peruana. Desde los años sesenta una pequeña parte de los uitoto decidieron volver a su territorio de origen en La Chorrera colombiana y algunos se han ido estableciendo en territorio ticuna en la vía Leticia-Ta-rapacá donde cada comunidad se conoce por su ubicación en la misma vía −del kilómetro seis, del kilómetro once, etc.−, y por eso se sienten en-deudados con ellos. Los andoque y ocaina se encuentran en un proceso de asimilación cultural por el grupo uitoto al que han estado estrechamente ligados desde cuando fueron llevados por los caucheros de Colombia al Perú y luego, varios miles de ellos, asesinados. Los cocama también fueron

trasladados a comienzos del siglo XX al Perú para trabajar en las tierras

de los caucheros; algunos han regresado a Colombia, como los yagua que, por estar situados en las riberas del Amazonas peruano, huyeron debido al conflicto peruano-colombiano.

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migración, producto de los cambios en el curso del río Amazonas que ha transformado o desaparecido poblaciones, como sucedió a comienzos del

siglo XX con el poblado peruano de Loreto en el margen izquierdo del río

Amazonas, que fue remplazado por Caballococha en la ribera opuesta del río. Otra migración por problemas políticos o económicos a lo largo del

siglo XX en Perú y Colombia se dio cuando de Perú llegaron, desde San

Martín en los años cincuenta, perseguidos políticos que se instalaron en Leticia y se especializaron en la oferta de servicios. Después, por razones económicas, miles de peruanos se agruparon en diferentes barrios de Le-ticia y Tabatinga. Del interior de Colombia llegó una población que huía de la Violencia de mitad de siglo, que se dedicó a la explotación de madera y de pieles.

El incremento de la población se generó también ante el temor de que el vecino creciera sin una contrapartida que detuviera su expansión. Tabatinga y Leticia surgieron y se expandieron entonces como estrategias de afirmación de soberanía nacional, lo que ha limitado el desarrollo eco-nómico regional en su conjunto y ha duplicado esfuerzos e inversiones. No obstante esa estrategia, el aumento de la población de cada lado intensificó las relaciones entre los habitantes de Leticia con las ciudades brasileñas Ta-batinga y Benjamín Constant, que se veían empujadas hacia un fenómeno similar: el crecimiento de la población y de la economía en torno al empla-zamiento militar del comando de fronteras del alto Solimões.

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Conexión global a través de la extracción indiscriminada

El aislamiento con respecto al resto del país contrasta con la fuer-te vinculación infuer-ternacional y global de la Amazonia en diferenfuer-tes

mo-mentos. En el siglo XIX, la introducción de las embarcaciones a vapor y

el negocio del caucho estimularon la economía de esta área trinacional y su vinculación al mercado mundial, lo que trajo no pocas consecuencias para la región; entre otras, una sustancial modificación de la vida de las poblaciones indígenas. Posteriormente, la extracción ilegal de madera y de distintas especies vegetales y animales así como el tránsito de cocaína pro-cedente de Perú en los años ochenta y de Colombia en los noventa, y otras actividades ligadas al tráfico ilícito de drogas y armas, han reactivado y actualizado la vinculación de la región al comercio globalizado. A ello con-tribuye, igualmente, la percepción y representación de la Amazonia como área de extracción de recursos estratégicos y como reserva para la supervi-vencia de la humanidad. Esa percepción está dando lugar a grandes ofertas turísticas nacionales o incluso a articulaciones transfronterizas.

Delincuencia e inseguridad

La delincuencia común en los centros urbanos se concentra en el robo de motos, que es el modo de transporte más común, y en actividades relacionadas con la criminalidad transnacional, como el tráfico ilícito de piedras preciosas, o con la biopiratería de especies silvestres protegidas, así como el contrabando de madera fina, el cual se vale de la no coincidencia entre los países en las normas sobre veda, tala, extracción, transporte y co-mercialización del producto. Del lado colombiano las normas prohíben la comercialización y el transporte de ese tipo de madera, del lado brasileño o peruano existen áreas productoras que, por su cercanía a la línea limítrofe, dificultan las actividades de control, facilitan la adulteración de autoriza-ciones y aumentan la dificultad de vigilancia por las autoridades sobre los ríos compartidos o fronterizos.

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deforestación de partes de la selva y contaminación de algunos ríos. A su vez, la producción y el tráfico de cocaína han ampliado el uso de ríos para sacar hacia el exterior la droga refinada. Por su lado, los programas de fu-migación han tenido consecuencias ambientales y sociales no atendidas. Además, la amplia región fronteriza es fuente de interacciones ligadas a las drogas −tráfico de precursores químicos, pasta básica, clorhidrato de cocaína, lavado de activos, consumo.

ámbito putumayense colombo-peruano

La línea limítrofe entre Colombia y Perú de 1 626 kilómetros está conformada, además de la triple frontera Colombia-Brasil-Perú, por el Pu-tumayo colombo-peruano. Este ámbito también hace parte de la selva de la Amazonia y está compuesto por llanuras aluviales bajas, planas e inun-dables atravesadas por numerosos ríos que presentan diferencias conside-rables en su cauce dependiendo de la estación. El río más importante es el Putumayo que nace en el nudo de los Pastos en Nariño y desemboca en la Amazonia brasileña; cuenta con 1 610 km de extensión. Uno de sus prin-cipales afluentes es el río Guamués que nace en territorio colombiano. En Perú se destaca el río Napo que es compartido con Ecuador.

Este ámbito comprende parte de los departamentos de Amazonas y Putumayo en Colombia, y de Loreto en Perú con tres subregiones: 1) Puer-to Leguízamo-Soplín-Vargas, 2) El EncanPuer-to-PuerPuer-to Alegría-El Estrecho, 3) Tarapacá-Arica-El Álamo. No hay pasos fronterizos formales y las pocas poblaciones existentes en esta zona se comunican por vía fluvial o aérea a partir de las capitales de cada país y comparten las limitaciones que histó-ricamente han tenido para su desarrollo económico y para la adecuación y prestación de los servicios básicos. Tres de las características destacables de este ámbito son su población, la extracción y la colonización, como des-cribo a continuación.

Población compartida

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y reagrupados según los intereses de los empresarios dedicados a la extrac-ción de caucho o de los Estados durante el conflicto binacional. Actual-mente los andoque se ubican en la ribera del medio río Caquetá, al sur de la Amazonia colombiana, y habitan cuatro resguardos en los departamentos de Amazonas y Caquetá, mientras que en Perú forman parte de los once grupos indígenas que se extinguieron entre 1950 y 1997. Los tanimuca, pertenecientes a la familia lingüística Tucano oriental, habitan actualmen-te en resguardos ubicados en los municipios de La Pedrera, Leticia y Mirití-Paraná, en Amazonas.

Extracción de quina y caucho

La bonanza de la extracción de la corteza de quina, de 1880 a 1884, y

de caucho a finales del siglo XIX, trajo consigo el impulso de la colonización

del área. A finales de 1881, la compañía de Rafael Reyes incursionó en la

región uitoto, y en Brasil obtuvo del emperador Pedro II la concesión de

la libre navegación por los ríos amazónicos así como la exención de dere-chos de importación y exportación. De los acompañantes de estas explo-raciones, oriundos de Boyacá, Cauca, Tolima y Huila, surgieron caucheros como Benjamín Larrañaga y Crisóstomo Hernández quienes hicieron es-taciones a lo largo de los ríos Cara-Paraná, Igara-Paraná, Japurá y Cahui-narí fundando las agencias caucheras de La Chorrera y El Encanto. Entre 1880 y 1890 caucheros ecuatorianos, peruanos y colombianos ingresaron a Colombia a través del río Putumayo y sus afluentes. Entre 1899 y 1900, Mocoa experimentó un empuje económico por la actividad en torno al caucho y a las mercancías extranjeras, pero desde 1903 entró en decadencia producto de la guerra civil colombiana de los Mil Días (1899-1902) y del auge comercial de Iquitos. Ese auge de Iquitos explica la posterior expan-sión de la Casa Arana sobre los territorios del Caquetá y el Putumayo en Colombia y su influencia y control posterior sobre las agencias fundadas por colombianos.

Los primeros años del siglo XX se caracterizaron por la lucha entre

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Las denuncias internacionales condujeron a un juicio contra la Casa Ara-na, al mismo tiempo que terminaba el auge del caucho amazónico porque había sido remplazado por la goma de Ceilán y Malasia. El fin del caucho trajo enormes problemas porque los caucheros eran los dueños de fundos dedicados a actividades agropecuarias y extractivas complementarias o vi-tales para la cauchería −aguardiente de caña, harina de yuca, carne, leña−, lo que permitía reducir costos de importación de las casas de Iquitos. Esa crisis y el desacuerdo de los loretanos con el acuerdo limítrofe pactado por Perú y Colombia en 1922 dieron origen a la toma de Leticia que originó el conflicto peruano-colombiano que ya mencionamos. El conflicto tuvo enormes efectos sobre la población indígena de la región, la uitoto en par-ticular, que fue reclutada por los ejércitos peruano y colombiano, concen-trada en guarniciones fronterizas como las de Tarapacá y Güepí, lo que dispersó los diferentes grupos, generó enfrentamientos de miembros de una misma comunidad y acentuó la extinción iniciada por la Casa Arana.

Colonización

El conflicto binacional luego de la toma de Leticia suscitó estrategias de defensa de la soberanía. Del lado colombiano hubo un estímulo militar de la colonización con la fundación de baluartes, el fortalecimiento de po-blaciones y la construcción de vías. Se fortalecieron los poblados de Puerto Leguízamo, que había sido fundada en 1924 sobre el río Putumayo como colonia penal y agrícola de Caucayá; La Tagua, fundada en 1932 sobre el Caquetá, que era un sitio de almacenamiento de todo el caucho que se extraía en ese río; y de Tres Esquinas, en 1893. Las vías que se utilizaron y mejoraron fueron: la trocha de la Tagua para que la tropa llegara a la frontera a enfrentar a los peruanos y que también comunicó el interior del país con su zona limítrofe con el Perú. También se construyeron las carreteras entre Pasto y Puerto Asís, que se había comenzado en 1931, de Pasto a Mocoa para unir el interior del país con la llanura amazónica, y de Mocoa a Puerto Asís. Los desarrollos viales generaron la colonización de los alrededores de Mocoa y de la zona de Villa Garzón y Puerto Umbría.

La colonización estuvo estimulada también por otros cinco factores.

Primero, un nuevo auge en torno al caucho a mediados del siglo XX como

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el comercio de pieles de tigrillo, caimán negro, curillo y nutria, desarro-llado a partir de 1960 desde Puerto Asís y Puerto Leguízamo. Cuarto, la explotación de petróleo que comenzó desde 1938 en la Amazonia peruana y desde los años sesenta en el Putumayo colombiano. Quinto, los cultivos de hoja de coca que desde finales de los años setenta se trasladaron de Perú y Bolivia al Putumayo colombiano.

Los cultivos de coca consolidaron la presencia de actores armados ilegales, y desde 2000 comenzaron las fumigaciones para buscar su erra-dicación. Entre 2000 y 2002, al tiempo que las hectáreas sembradas en el Putumayo se reducían de 60 000 a 14 000, según los censos satelitales, los cultivos de coca descendían hacia Nariño y las selvas del departamento del Amazonas de Colombia y de Loreto en Perú.

de la triple frontera putumayense

colombo-peruana-ecuatoriana al ámbito amazónico colombo-ecuatoriano

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Tres factores compartidos determinan la dinámica de este ámbito: po-blación compartida; procesos extractivos con fuertes consecuencias ambien-tales, sociales, económicas y de seguridad; las triples reservas ambientales.

Población compartida

Este ámbito de predominio selvático ha estado habitado por los gru-pos indígenas cofán y siona que vieron transformar su territorio desde la llegada de los españoles, quienes lo colonizaron con instrumentos militares y religiosos. Con la división política entre Colombia y Ecuador, sus comu-nidades quedaron ubicadas en ambos países y fueron sedentarizándose.

En el siglo XX procesos de ambos lados afectaron el territorio y la

cultura de estos pueblos indígenas. Primero fue la bonanza del caucho de principios de siglo la que generó una presión colonizadora desde el piede-monte amazónico hacia los territorios ancestrales de los cofán y los siona. Luego, en los sesenta, el descubrimiento de petróleo a ambos lados de la frontera produjo la afectación del hábitat natural de los cofán, cuyo terri-torio fue fragmentado por la construcción de carreteras y la entrega de tierras a los migrantes. La falta de un territorio global llevó a su despla-zamiento y a la alteración de su sistema social y cultural por los cambios que trajo la colonización y el surgimiento de centros poblados alrededor de los campamentos petroleros. Después, tanto los siona como los cofán vieron afectada su cultura por el paso de una agricultura itinerante de autosubsistencia a una de tipo intensivo con destinación exclusiva para el mercado, lo que ha llevado al agotamiento de los recursos y a su imposi-bilidad de migrar.

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cofán y siona. Su situación se vio agravada desde la implantación del Plan Colombia en el Putumayo. Los pueblos siona, cofán, uitoto, inga y nasa, del Putumayo, son los que mayor afectación tienen a causa de las fumi-gaciones, el reclutamiento forzoso, las amenazas y los asesinatos. Varios resguardos indígenas están deshabitados porque la presión armada impide que los indígenas vuelvan a sus territorios.

Extracción e inseguridad

Este ámbito amazónico putumayense se ha caracterizado desde la colonia por periodos ligados a ciclos extractivos en torno a la quina, el caucho, el oro, las maderas, el petróleo y la coca, los cuales han genera-do colonización y violencia que afectan la región. Desde finales del siglo

XIX la demanda de corteza de quina por las potencias europeas ante el

aumento de casos de malaria en sus dominios de Asia, África y América, produjo la formación de empresas extractivas cuya actividad dinamizó el comercio e impulsó la navegación a vapor por el río Putumayo. Empresa-rios colombianos con negocios en el Cauca y Nariño, como la Casa Elías Reyes y Hermanos, percibieron la posibilidad de explotar el producto en las selvas del alto Putumayo y a ellos se les asoció Rafael Reyes, quien viajó en 1874 a través de los ríos Putumayo y Amazonas hasta el Atlánti-co. El consecuente comercio de la quina colombiana mediante transporte fluvial desde el Putumayo contribuyó al desarrollo de Mocoa y sus zonas circundantes. La explotación de quina entró en decadencia y fue rempla-zada por el caucho.

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explotación petrolera estimularon una fuerte migración proveniente del Huila, Cauca, Valle y Nariño así como de la zona cafetera y del Ecuador.

Petróleo y coca estimularon la actuación de las FARC. Los grupos

pa-ramilitares llegaron para disputarle las líneas de abastecimiento a la gue-rrilla y lograron controlar el puente limítrofe sobre el río San Miguel. Su llegada coincidió con las fumigaciones del Putumayo generadas en el año 2000 con el Plan Colombia. Entonces comenzaron los desplazamientos y los efectos sobre Lago Agrio, la vecina provincia de Sucumbíos en Ecuador.

Reservas ambientales compartidas

Los tres países comparten importantes reservas ambientales en esta triple frontera −Cuyabeno en Ecuador, Güepí en Perú y La Paya en Co-lombia−, que pueden constituir la base a partir de la cual se reencauce la vecindad con participación de las autoridades locales y de las poblaciones involucradas. De hecho se ha venido elaborando el plan “Tres Fronteras” con el fin de unir esfuerzos de protección, estudio y manejo de las reser-vas colindantes.

las fronteras amazónicas: escenario del conflicto

Durante casi dos siglos republicanos Bogotá mantuvo una especie de nexo colonial con el tercio del territorio nacional que es amazónico, pues concentraba su atención en las zonas más pobladas del país, en particular las andinas, que se debatían en incontables guerras. Para el resto del terri-torio colombiano, y en especial para las fronteras, los cacicazgos locales, articulados a los partidos políticos a través del clientelismo y de la fuerza, han jugado un cierto papel de vinculación e intermediación con el Estado.

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o fuerzas de seguridad que cuenten con el legítimo y exclusivo control de la fuerza, existen en algunas de estas zonas personajes y grupos irregulares que ejercen su propia ley.

Esta frágil articulación de territorios y poblaciones al Estado nacio-nal y la ausencia de una adecuada regulación institucionacio-nal dieron lugar a procesos de colonización desordenados, a bonanzas ilegales, a mala utili-zación de los recursos transferidos desde el centro político, a corrupción y apropiación de los recursos públicos. En estas condiciones se fue creando el escenario favorable para la implantación de los tres grandes ejes de la confrontación armada contemporánea: las guerrillas, los paramilitares y el narcotráfico.

la paradoja fronteriza

La gran paradoja que encontramos en los ámbitos fronterizos amazó-nicos es que se hallan parcialmente desconectados del resto de Colombia (en muchos el avión es la única manera de llegar), muy ligados con las po-blaciones de países vecinos y crecientemente articulados con flujos ilegales y redes delictivas globales. Este no es un fenómeno exclusivamente colom-biano. También ocurre en las zonas fronterizas de países vecinos, que tam-poco han logrado contar con una adecuada presencia estatal ni obtener un lugar en la construcción de su nación. Sin embargo, al ser uno de los países andinos más extensos, con prolongadas áreas limítrofes, pero que ejerce un menor control territorial sobre ellas, Colombia ha ido convirtiéndose en el país de mayor complejidad en problemáticas fronterizas.

La Constitución de 1991 consagró la sustracción del 40% del territo-rio nacional de las leyes del mercado al convertir extensas áreas en reser-vas ambientales, resguardos indígenas y tierras tituladas a comunidades negras. Además, convirtió en departamentos a las antiguas comisarías e intendencias. Pero no acompañó esos procesos, por lo que han sido interfe-ridos por el conflicto y por algunos proyectos agroindustriales que asumen esos territorios como vacíos a llenar.

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transnacionales articulan a distintos sectores de las zonas fronterizas co-lombianas o de países contiguos a flujos de drogas, precursores y dineros ilegales, o a contrabandos de armas, explosivos, gasolina, etc. Estos nexos han avanzado más rápidamente que los esfuerzos del Estado por hacer presencia en esas zonas a través del reconocimiento y la regulación de los territorios indígenas y de comunidades afrodescendientes, así como por medio de la creación de parques nacionales. Se han desplegado, además, con mayor rapidez que los programas de desarrollo e integración fron-teriza impulsados por los procesos de integración regional. Así se ha ido creando el contexto propicio para una ambigua regionalización del con-flicto colombiano.

la actual problemática fronteriza

La seguridad democrática

La seguridad democrática ha logrado ampliar la presencia de la fuer-za pública, debilitar a guerrillas y paramilitares y bajar importantes indi-cadores del conflicto. Sin embargo, en unos ámbitos han resurgido bandas paramilitares y en otros las guerrillas muestran capacidad para reclutar jóvenes por coacción o falta de oportunidades, para refugiarse al otro lado del límite y para aprovechar las tensiones con el país vecino. La presión ejercida sobre los militares por mostrar resultados los induce a cometer graves abusos. La precariedad de la administración de justicia mantiene la impunidad. Los subsidios asistencialistas y la naciente agroindustria no alivian la carencia de infraestructura, de motores de empleo, desarrollo sostenible y de instrumentos que permitan proteger las reservas naturales y los territorios de comunidades indígenas, que se sienten criminalizadas por el Estado y presionadas por los irregulares. El problema de la tenencia de la tierra y de los desplazados sigue intacto. No se ve un fortalecimiento de la institucionalidad local que transforme regalías y transferencias en agua potable, saneamiento básico, salud, educación. La feria de contratos mantiene la corrupción. Hay interferencia de la integración espontánea, criminalización de poblaciones y precarización de sus condiciones de vida. Los daños ambientales con las fumigaciones se suman a los de la produc-ción de drogas.

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control policial y militar en las poblaciones locales, cuyos lazos transfron-terizos y espacios de interacción son indispensables para su sobrevivencia en condiciones de tanta precariedad. Con el aprovechamiento que grupos irregulares han hecho de tales nexos y espacios, con supresión e involucra-miento en la vida de las comunidades, y con el enrolainvolucra-miento de muchos pobladores en redes de contrabando de muy diverso orden ante la falta de otras opciones, la respuesta ha sido la de intentar arrasar con las interac-ciones locales.

Los actores fronterizos no son convocados a pensar la región ni ayu-dados a superar la informalidad y ampliar la institucionalización, que a ni-vel local es vista solamente como traba al aprovechamiento de alternativas que el Estado no les ofrece.

Déficit múltiple acumulado

Se ha acumulado un múltiple déficit de institucionalidad estatal civil y de infraestructura social, de proyectos de desarrollo (el petróleo no invo-lucra, si acaso da bonificaciones) y de reconversión de las fronteras.

Economía de la droga y de la guerra

La economía de la droga y de la guerra aprovecha la interacción es-pontánea de economías y regulaciones diferentes, pues lo que no se consi-gue en un lado se consiconsi-gue en el otro a menor precio o de mejor calidad, lo que está en veda en un lado está permitido en el otro, lo que está prohibido acá es permitido allá. Las redes ilegales son transfronterizas y desterrito-rializadas y se protegen apelando a la frontera e imponiendo sus regula-ciones a través de la corrupción, la extorsión, el secuestro y el asesinato. Mezclan contrabandos diversos con tráficos de armas, explosivos, droga. El vacío que deja la ausencia de actuación conjunta de los Estados lo llena la economía de la droga y de la guerra, lo cual integra poblaciones diferentes más rápidamente que las iniciativas estatales.

Lentos avances de la concertación, cooperación e integración

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Amazónica (OTCA) se ha reducido a un instrumento bilateral de Brasil con

cada país amazónico. La Comunidad Andina (CAN) viene siendo

desmon-tada y sus regulaciones paralizadas por diferencias de modelos económi-cos y de opciones políticas así como por las tensiones entre los gobiernos centrales. Solo ha habido avances en los acuerdos de Colombia con Perú y Brasil que podrían servir de punto de partida para otras negociaciones, paralizadas por el acuerdo militar de Colombia con Estados Unidos.

tensiones con venezuela y ecuador

Las tensiones con estos dos países han copado los últimos años. Cada lado ha creído que los fenómenos de seguridad se detienen ante la línea fronteriza y han desconocido que las fronteras son sobre todo zonas de articulación para lo bueno y para lo malo, y que fenómenos de seguridad cruzados por flujos regionales y globales no se detienen ante la línea limí-trofe. Esa concepción tiene graves efectos locales e incluso impide el desa-rrollo de los planes alternativos de manejo. El resultado es la parálisis de todos los regímenes acordados a nivel bilateral o multilateral para el ma-nejo de los múltiples asuntos fronterizos en medio de una situación que ha acumulado problemáticas complejas que requerirían de una intervención conjunta entre países colindantes.

Las tensiones binacionales las pagan las gentes de la frontera que ven agravar las condiciones de vida de comunidades pobres que viven a ambos lados de ‘la raya’, muchas con doble o triple nacionalidad. Esas realidades no son tomadas en cuenta por Bogotá, Caracas y Quito que, más que veri-ficar lo que pasa, exacerban la sospecha mutua y desbaratan los avances de integración local. En esas condiciones es imposible el impulso de los planes alternativos de manejo de la problemática fronteriza.

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de loS CultivoS ilíCitoS

en el oriente de Colombia

i

BÁndE

r

EMEntEría1

antecedentes generales

l

a función de utilidad de un bien o servicio es la capacidad

que este tenga de satisfacer alguna necesidad o gratificar cualquier deseo; aquello determina su valor de uso sobre el cual reposa el valor de cambio. Todo bien o servicio se transa en el merca-do para determinar su valor de cambio, siempre y cuanmerca-do tenga algún va-lor de uso. Para poder acceder a ellos, la población demandante manifiesta y ejerce su disposición a pagar; esto hace del bien o servicio una mercancía.

Las características ansiógenas –generadoras de ansiedad– de la

socie-dad contemporánea han generalizado de manera universal el uso ansiolíti-co de las drogas –calmante de las ansiedades–, tanto de los psiansiolíti-cofármaansiolíti-cos, drogas de diseño, drogas de origen natural –marihuana, cocaína y heroí-na–, como del alcohol, en su conjunto llamadas sustancias psicoactivas.

Las drogas en tanto bienes que se transan en el mercado son mer-cancías, que tienen un valor de uso y una función de utilidad, por lo tanto también un valor de cambio, no obstante que esas transacciones y todos los actos conducentes a su provisión están prohibidos. Las conductas aso-ciadas, las mercancías y el mercado que constituyen son ilegales y esas

1 Experto en drogas, desarrollo alternativo y seguridad ciudadana; funcionario y consultor de

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prohibiciones están penalmente protegidas, de igual manera que la vida e integridad de la persona humana y la libertad, así como el derecho de propiedad, aunque aquello en ningún caso varía la condición económica de la droga y las conductas asociadas a su provisión. Es más, la ilegalidad de la provisión de drogas agrega un mayor valor (o precio) a los bienes y servicios que en esos mercados se transan, a título de cubrir los altos ries-gos que esas actividades ilícitas conllevan. Dada la baja eficacia universal del sistema penal –solamente el 5% de los hechos delictivos denunciados tienen algún sancionado–, las ganancias extraordinarias producto de la provisión ilícita de drogas son notables.

La manera de impedir que los agentes de esta actividad ilícita logren sus propósitos de proveer las drogas, como de obtener las ganancias ex-traordinarias que aquello reporta, se realiza mediante el ejercicio del mo-nopolio de la violencia por el Estado, es decir, mediante la protección penal a la prohibición de proveer las drogas y de enriquecerse por este medio. De igual manera los agentes de la provisión ilícita de drogas se aseguran de viabilizar esas actividades y de garantizar la apropiación de las ganancias mediante el ejercicio de la violencia económica –la corrupción– y de hecho en contra de las autoridades, la competencia y los proveedores, entre otros; esa es la “guerra de las drogas”.

Pese al carácter universal del asunto de las drogas –marihuana, cocaí-na y heroícocaí-na– y no obstante que el 5,4% de la población mundial mayor de 12 años ha probado alguna droga alguna vez en su vida, menos del 1% de esa población ha hecho uso reciente de esas sustancias –en el último mes– y se estima que solo el 0,7% de ese grupo tiene consumos problemáticos; además, más del 90% de esos consumos son marihuana. En resumen, el asunto de las drogas es universal pero afecta a muy pocas personas.

El mayor problema de las drogas es la manera de prevenir y controlar el narcotráfico desde la actual política de drogas. Hoy las críticas y propues-tas alternativas a esas políticas ya no se restringen a sectores marginales y minoritarios de la sociedad, la política, la cultura y la ciencia. Estas nuevas políticas de reducción del daño se están ejecutando en la gran mayoría de Estados europeos y en Australia, Nueva Zelanda y Canadá. Además, de manera explícita la crítica a la actual política de drogas ha sido realizada recientemente por los ex presidentes Fernando Henrique Cardoso de Bra-sil, César Gaviria de Colombia y Ernesto Zedillo de México en 2009.

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el agravante de que la mayor parte de las víctimas son causadas por la guerra de las drogas y no por su consumo. En el caso de los usuarios, la mayor parte no tienen acceso a atenciones de salud, por lo que la morbi-lidad y mortamorbi-lidad que eso causa se debe a esa denegación de la salud que la actual política de tratamiento en drogas impone: la condicionalidad a la abstinencia.

Las fuentes de la información estadística que se emplearon en este

trabajo fueron: para la producción agrícola el DANE, el Departamento

Na-cional de Planeación y el Ministerio de Agricultura; para la producción

pecuaria las anteriores y Fedegán2; para los precios, Faostat para Colombia,

precios en puerta de finca y en US$ de 20073; en agricultura se contrastó la

información con la Encuesta Nacional Agropecuaria 2009, del Ministerio

de Agricultura4; la información sobre los cultivos ilícitos y sus derivados es

de Unodc y Gobierno de Colombia5.

los cultivos con fines ilícitos en el oriente de Colombia

La demanda de drogas o sustancias psicoactivas

La búsqueda “ansiolítica” de sustancias psicoactivas sometidas a con-trol penal, sean psicofármacos o drogas, ha generado una demanda que solo ha sido parcialmente satisfecha por una oferta provista por el des-vío ilícito de la producción legal. La producción ilícita de psicofármacos y drogas de diseño, debido a la concentración de la producción de estos en laboratorios, centros de acopio y transporte, los altos costos de los equipos,

2 Fedegán, La ganadería colombiana: panorama, cifras de referencia. Plan estratégico de la Ganadería – PEGA 2019 (Fedegán, 2009). Consultado en diciembre de 2010 en: http://www.gacetaganadera.com/fotos/file/Colombia%20COMERCIO%20EXTERIOR%20 Circ _ %20Bovinos.pdf

3 FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), Faos-tat. Consultado en diciembre 2010 en: http://193.43.36.221/DesktopDefault.aspx?PageID =570&lang=es#ancor.

4 Ministerio de Agricultura, Sistema de información de la oferta agropecuaria, forestal, pesque-ra y acuícola. Encuesta nacional agropecuaria 2009. Consultado en diciembre de 2010 en: http://www.agronet.gov.co/www/docs _ agronet/201046112648 _ RESULTADOS _ ENA _ 2009.pdf

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materias primas e insumos necesarios para su producción, hace que estas actividades ilícitas sean de alto riesgo y no estén sujetas a protección algu-na. Por lo tanto, la mayor parte de la demanda por sustancias psicoactivas ha sido satisfecha de manera creciente por la elaboración de drogas de ori-gen natural en que las sustancias activas son producidas por la naturaleza misma, y las plantas que las contienen son cultivadas. Aquí los riesgos de la ilegalidad son distribuidos de manera dispersa entre cientos de miles de campesinos −que tienen cultivos ilícitos y que eventualmente producen sus derivados−, entre miles de acopiadores de aquellos productos, algu-nos cientos de procesadores del producto final, exportadores mayoristas, transportistas internacionales, financistas, importadores nacionales, miles de distribuidores zonales y cientos de miles de expendedores locales, que venden esas sustancias a los consumidores, la mayor parte de los cuales las consumen recreativamente y no tienen problemas por sus usos; los impac-tos sanitarios y sociales de las drogas son menores que los generados por el consumo de tabaco y alcohol.

Este ejercicio se propone examinar la inserción de la producción de drogas ilícitas en el oriente de Colombia y establecer el rol de las dro-gas en el uso alternativo de los recursos locales de los Llanos Orientales (cuenca del río Orinoco) y el suroriente del país (cuenca del río Amazo-nas). Se intentará definir y medir el costo de oportunidad entre los usos lícitos e ilícitos de los recursos locales y recursos asociados externos em-pleados en los cultivos con fines ilícitos. Al fin y al cabo, es la intuición del cálculo del costo de oportunidad entre esos usos alternativos, entre lo lícito e ilícito de los recursos locales disponibles, lo que determina la decisión de los habitantes locales de cultivarlos y de quienes emigran con igual finalidad.

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Los cultivos de coca instalados en la región oriental de Colombia, independientemente de los propósitos ilícitos de su producción (satisfa-cer la demanda del narcotráfico internacional), poseen un conjunto de atributos agrícolas, ambientales, laborales y económicos que deben ser destacados y tenidos en cuenta para su control y para su remplazo por otros cultivos que también aseguren una remuneración de los factores que se emplean en su producción, es decir que tengan una relación de be-neficio menos costo-positiva. Los cultivos de coca son altamente compe-titivos frente al conjunto de cultivos lícitos que tienen vocación para ser instalados en las condiciones edafológicas y climáticas de la región orien-tal de Colombia, o frente a otras actividades posibles como la ganadería, la pesca, la silvicultura, la extracción de madera, la minería, el turismo, etc. Además de retribuir los factores empleados en su producción, como el capital, el trabajo y la tierra, los cultivos con propósitos ilícitos poseen dos características destacables: tienen una mayor demanda de fuerza de trabajo por unidad de producción y una menor depredación de nutrientes del suelo y agua. Este conjunto de atributos de los cultivos ilícitos de coca constituyen la función de utilidad de los mismos, es decir, la capacidad de satisfacer las necesidades económicas, laborales y ambientales de los factores que se emplean en su producción.

Características generales de la producción

agropecuaria en el oriente de Colombia

(32)

La producción agrícola

La producción agrícola de la región oriental de Colombia se ha espe-cializado en los productos tropicales necesarios para el consumo tradicio-nal, donde predominan el arroz, el maíz, el plátano y la yuca, así como algo de caña y fríjol; también algunos productos destinados a la industria y los mercados nacionales e internacionales, como la palma aceitera, el cacao y

la soya6. El área agrícola más importante está en los Llanos Orientales, en el

departamento del Meta, que participa con cerca del 50% del área cultivada del oriente de Colombia y produce allí cerca del 60% del valor agrícola. Le sigue Casanare con cerca del 22% del área agrícola y con casi el 20% del valor; finalmente, el departamento de Arauca que tiene un 13% del área agrícola donde produce algo más del 11% del valor de la agricultura del oriente de Colombia. En el suroriente, el conjunto de los departamentos de Caquetá y Putumayo tienen casi el 12% de los cultivos y producen el 7% del valor agrícola. El resto de los departamentos, de Guainía, Vaupés y Ama-zonas, tienen una participación muy residual en la producción agrícola del oriente de Colombia y no hay actividad ganadera reportada. (Ver tabla 1.)

La producción pecuaria

La producción pecuaria es la vocación de la región oriental de Co-lombia, pero esa tradición obedece a que la única posibilidad de hacer uso económico de los recursos naturales de aquella región, en las condicio-nes de conectividad precaria porque no hay ni carreteras ni ferrocarril, lo que imposibilita el transporte de una eventual producción agrícola a los mercados, deja como alternativa preferente emplear esos recursos en criar ganado. En esas condiciones, el ganado es una forma expedita y manejable

de acumular y movilizar riqueza, de allí su histórica denominación de

pe-cunia y semovientes.

El hato ganadero del oriente de Colombia es la cuarta parte de la ga-nadería nacional. La vocación predominantemente ganadera de los Llanos Orientales hace que allí se concentre el 75,5% del hato del oriente. El de-partamento con el mayor hato es Casanare con casi el 30% del total de toda la región; le siguen Meta con más del 27%, Caquetá con el 22%, Arauca con más del 12% y Putumayo con solo con el 2,5% de participación en el total

(33)

ta bl a 1 . S up er fic ie , p ro du cc ió

n y va

lo r d e l os c ul tiv os l íc ito s e n e l O rie nt e d e C ol om bi a 2 0 0 8 * e n U S$ . D ep ar ta m en to s A rau ca C as an ar e V ic had a m et a G uav ia re G uain ía Va up és A m azo nas C aqu et á Pu tu m ayo Pobl ac ió n 281 4 35 325 3 89 96 13 8 772 85 3 13 3 411 43 19 4 33 14 2 80 4 87 4 65 07 8 37 8 79 0 To ta l s up er fici e 57 12 6 98 73 8 1 9 97 22 0 910 12 14 6 2 21 2 74 4 4 15 9 30 05 0 22 85 4 Pa rt ici pa ci ón 12 ,7 % 21, 9% 0, 4% 4 8,9 % 2,7 % 0, 5% 0, 2% 0, 9% 6,7 % 5, 1% To tal v al or a gr íc ol a 96 56 8 071 18 4 3 02 3 36 1 9 94 28 6 552 6 62 6 31 16 78 0 8 95 2 724 19 2 1 0 66 25 8 3 6 42 19 9 40 19 0 79 3 24 6 91 72 6 Pa rt ici pa ci ón 10 ,4 % 19 ,9 % 0, 2% 59, 8% 1, 8% 0, 3% 0, 1% 0, 4% 4, 3% 2,7 % Su bzo nas A ra uc a-C as an ar e-V ic ha da m et a-Gu av ia re G uain ía -V au pé s-A m az on as C aqu et á-P ut um ay o To tal s up er fic ie 15 7 8 61 23 3 05 6 7 11 5 52 904 Va lo r a gr íc ol a, U S$ 28 2 86 4 69 3 5 69 4 43 52 6 7 4 32 6 49 64 8 82 51 9 Pa rt ici pa ci ón 3 0, 5% 61, 6% 0, 8% 7, 8% Zon as Llan os O rie nt al es Su ro rie nt e To ta l s up er fici e 39 0 917 60 01 9 Va lo r a gr íc ol a, U S$ 8 52 30 8 219 72 3 15 16 8 Re gi ón O rien te To tal s up er fic ie 45 0 93 6 Va lo r a gr íc ol a, U S$ 924 62 3 3 87 * P ar a m ay or d et al le c ul tiv o p or c ul tiv o v er a ne xo 1. fu en te s: f Ao , f ao st at

; y e

val ua cio ne s a gr op ecuar ias m uni cip al es . m in is te rio d e A gr icu ltu

ra y d

es ar rol lo ru ra

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ecr et ar ías d e A gr icul tur a de pa rta m en ta le

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m at a. Añ os 2 00 6, 2 00

7 y 2

00 8, c onve ni o m Adr - cci . e lab or ó: d ire cc ió n d e P ol íti ca s ec to ria

l - g

(34)

ta bl a 2 a. P ro du cc ió n p ec ua ria e n e l o rie nt e d e C ol om bi a. S al id as , s ac rif ic

io y l

ec he , 2 0 0 5, e n U S$ . D ep ar ta m en to s A rau ca C as an ar e V ic had a m et a G uav ia re G uain ía Va up és A m azo nas C aqu et á Pu tu m ayo Hat o ( ca be za s) 679 000 1 622 20 0 14 5 000 1 497 95 4 16 9 000

s d

s d

s d

1 201 2 81 13 6. 6 4 8 Pa rt ici pa ci ón 12 ,5 % 2 9, 8% 2,7 % 27, 5% 3, 1% 22, 0% 2, 5% Pa st os ( ha ) * 814 80 0 1 9 46 6 40 174 000 1 797 5 45 202 80 0 1 4 41 5 37 16 3. 97 8 Sa cr ifi ci o c abe za s 19 73 0 41 78 8

s d

47

76

9

s d

47 0 55 15 .0 9 0 Sa cr ifi ci o t on ** 7 49 5 15 8 75 18 14 7 17 8 76 5.7 3 3 Pr eci o U S$ T on 28 25 ,1 28 25 ,1 28 25 ,1 2 82 5,1 2. 82 5,1 Va lor 21 1 74 12 5 44 8 48 46 3 51 26 7 09 0 50 5 01 48 8 16. 19 6. 2 9 8 Sa lid as c ab ez as 12 3 98 5 359 1 21

s d

46

0

25

6

s d

s d

s d

s d

218 0 96 20 5 Sa lid as to n 47 10 2 13 6 430 174 8 51 82 8 55 78 Pr eci o U S$ T on 28 25 ,1 28 25 ,1 28 25 ,1 2 82 5,1 2. 82 5,1 Va lor 13 3 0 67 86 0 385 42 8 39 3 49 3 971 56 0 23 4 07 3 6 61 22 0. 35 8 Le ch e l itr os d ía 99 70 2 3 07 0 51

s d

(35)

de la región en referencia. Los departamentos de Guainía, Vaupés y Ama-zonas no reportan ganadería, lo cual no quiere decir que no haya, sino que su cantidad no es significativa (tabla 2a).

El valor anual de los sacrificios, salidas y venta de leche de los hatos por departamentos tiene participaciones que en general son proporciona-les al tamaño de sus hatos. En Meta está el hato que genera mayor valor, con casi un 40% de participación pese a que tiene el segundo hato en ta-maño; le sigue Casanare con cerca de un 30% de participación en el valor pecuario anual y luego Arauca con más del 10% de participación en el total del oriente; los departamentos de Vichada y Guaviare no reportan sacrifi-cios, ni salidas, ni obtención de leche. En el suroriente, Caquetá participa con más del 19% del valor producido por la ganadería en el oriente y Putu-mayo con solo el 1,1%.

tabla 2b. Valor de la producción pecuaria en el oriente de Colombia según sacrificios y salidas. 2008.

Total cuencas Llanos Orientales Suroriente

Carne res* 88.264 32.453

Precio 2.825,1 2.825,1

Total sacrificios 249.354.626 91.682.970

Cabezas salida** 380.294 89.923

Precio 2.825,1 2.825,1

Total salidas 1.074.368.579 254.041.467

Total pecuario 1.323.723.205 345.724.437

Total región oriente 1.669.447.642

* Peso en pie en toneladas, octubre a diciembre de 2008 y enero a septiembre de 2009. (dAne). Para toma de decisiones. sacrificio de ganado vacuno. total nacional y regional. cuarto trimestre 2008. ibíd., enero-septiembre 2009.

** Peso en pie en toneladas.

fuentes: federación colombiana de ganaderos (fedegán).www.fedegan.org.co. conglomerados ganaderos 2009, Pricestat. Faostat.fAo.org. Precios para co-lombia por productos, 2008.

Otras estimaciones sobre el valor de la producción pecuaria basadas solo en los sacrificios y salidas durante 2008 se indican en la tabla 2b. Los resultados son similares a los datos para 2007.

el valor de la producción agropecuaria

lícita en el oriente de Colombia

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suroriente esa participación se eleva al 80,6% del total. Pese a la tradicional imagen de los Llanos Orientales como zona eminentemente ganadera, lo cual es cierto ya que su hato es casi cuatro veces mayor que el del suro-riente, esta última región tiene una mayor dependencia económica de la ganadería que aquel (tabla 3).

tabla 3. Valor de la producción agropecuaria lícita en el oriente de Colombia por zonas y actividades.

Zonas Total agrícola Total pecuario Total agropecuario Participación pecuaria Llanos Orientales 852.308.219 1.172.344.529 2.024.652.748 57,9% Suroriente 72.315.168 300.991.805 373.306.973 80,6% Total región oriental 924.623.387 1.473.336.334 2.397.959.721 61,4% Participación de los

Llanos Orientales 92,2% 79,5% 84,4%

fuentes: evaluaciones agropecuarias municipales. ministerio de Agricultura y desarrollo rural - secretarías de Agricultura departamentales - umata. Años 2006, 2007 y 2008, convenio mAdr - cci. elaboró: dirección de Política sectorial - grupo sistemas de información.

Pricestat. faostat.fAo.org. Precios para colombia por productos. 2007.

fedegán, la ganadería colombiana. Panorama, cifras de referencia, plan estratégico de la ganadería – PegA 2019, enero, 2009.

los cultivos con fines ilícitos

En el oriente de Colombia se han instalado 31 657 hectáreas de cul-tivos ilícitos de coca que generan 295 toneladas de cocaína por un valor anual estimado de US$692 660 000. Esa superficie equivale a casi el 40% del área total de los cultivos ilícitos de coca en Colombia; no obstante, las hectáreas de coca del Putumayo son el 12% del total nacional y a nivel departamental constituyen el segundo cultivo ilícito después de Nariño. El tercer lugar lo ocupa el Guaviare con el 8% de participación nacional. Si bien los cultivos ilícitos de coca participan solo con el 6,6% de la superficie agrícola total en uso de la región oriental del país, generan el 42,8% del producto agrícola regional y el 21,1% del producto agropecuario total de la región oriental (tabla 4).

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ta bl a 4 . Á re

a y va

lo r d e l a p ro du cc ió n a gr íc ol a i líc

ita y s

us d er iv ad os e n e l o rie nt e d e C ol om bi a. 2 0 0 8 . E n h ec tá re

as y U

S$ . D ep ar ta m en to s A rau ca C as an ar e V ic had a m et a G uav ia re G uain ía Va up és A m azo nas C aqu et á Pu tu m ayo Pobl ac ió n 281 4 35 325 3 89 96 13 8 772 85 3 13 3 411 43 19 4 33 14 2 80 4 87 4 65 07 8 37 8 79 0 Su pe rf ici e c oc a 4 47 -3 174 5 525 6 62 9 625 46 0 8 36 4 30 3 9 65 8 Pa rt ici pa ci ón de par ta m en tal 1, 41% -10 ,0 2% 17, 45 % 20 ,9 4% 1, 97 % 1, 45 % 2, 6 4% 13 ,5 9% 3 0, 51% Pa rt ici pa ci ón n aci ona l 0, 6% -4% 7% 8% 0, 8% & 0,7 % 1% 5% 12 % Su bzo nas A ra uc a-V ic had a m et a-Gu av ia re G uain ía -V au pé s-A m az on as C aqu et á-P ut um ay o Su pe rf ici e c oc a 3 621 12 15 4 1 921 13 9 61 Pa rt ici pa ci ón 11 ,4 % 3 8, 4% 6, 1% 4 4, 1% H C L c oc aí na ( to n) 73 10 1 11 11 0 Pa rt ici pa ci ón 24 ,7 % 3 4, 2% 3,7 % 37, 3% Pr eci o U S$ to n 2 34 8 000 2 34 8 000 2 34 8 000 2 34 8 000 Va lor U S$ 17 1 40 4 000 237 14 8 000 25 8 28 000 25 8 28 0 000 Zon as Llan os O rie nt al es Su ro rie nt e To tal s up er fic ie 15 7 75 15 8 82 To ta l c oc aí na ( to n) 174 121 Pa rt ici pa ci ón 59, 0% 41 ,0 % To ta l i líci ta U S$ 40 8 552 000 28 4 10 8 000 R eg ió n o rien ta l To ta l s up er fici e ( ha ) 31 6 57 To ta l c oc aí na ( to n) 2 95 To ta l i líci ta ( U S$ ) 69 2 66 0 000 fu en te : u no

dc y g

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Es de destacarse que en cada zona la instalación de cultivos ilícitos y la producción de sus derivados se concentran en subzonas específicas: en el suroriente esas actividades son más densas en el Caquetá-Putumayo, con una participación de algo más del 44% de los cultivos del oriente de Colombia y el 17% de la participación nacional, mientras que Guainía-Vaupés-Amazonas produce solo el 6% del oriente; en los Llanos Orientales el Meta-Guaviare participa con algo más del 34% de la región, el 15% de la participación nacional. La elaboración de cocaína se concentra en el Ca-quetá-Putumayo en algo más del 37% regional, 34% en el Meta-Guaviare, Arauca-Vichada con 25%, mientras que la elaboración en Guainía-Vaupés-Amazonas no llega al 4%.

Como veremos más adelante, el rol de los cultivos ilícitos de coca es diferente para las economías de las dos zonas del oriente de Colombia y sus subzonas, dependiendo del valor de la producción lícita, tanto agrícola como pecuaria, y de las ventajas comparativas por fertilidad de los suelos.

relación entre producción lícita y producción

ilícita en el oriente de Colombia

Para el análisis de las relaciones entre los valores anuales de las pro-ducciones de cultivos lícitos e ilícitos, los datos se agrupan por las subzonas de Arauca-Casanare-Vichada y de Meta-Guaviare en los Llanos Orienta-les. En el suroriente por las subzonas de Guainía-Vaupés-Amazonas y de Caquetá-Putumayo. Con relación a la producción agrícola, la subzona del Caquetá-Putumayo muestra una mayor dependencia de los cultivos ilíci-tos: casi 80%. Le sigue la subzona Guainía-Vaupés-Amazonas con más del 77% de dependencia. La subzona del Meta-Guaviare tiene la menor depen-dencia de los cultivos ilícitos, con algo más del 29% de dependepen-dencia, y la subzona de Arauca-Casanare-Vichada tiene casi el 38% de dependencia. Asimismo, si lo examinamos por zonas, el suroriente tiene una dependen-cia de ingreso agrícola de casi el 80% de los cultivos ilícitos, en cambio la dependencia de los Llanos Orientales llega solamente a algo más del 32%. Para todo el oriente de Colombia la dependencia agrícola de los cultivos ilícitos es de casi el 43% (ver tabla 5).

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de los mercados, dados los precarios o inexistentes sistemas de conectivi-dad entre las zonas de producción con los mercados locales y nacionales para las producciones tradicionales y con los nacionales e internacionales

para los productos tropicales que tienen potencial como commoditie.

Re-sulta más útil para el transporte una mercancía que en poco peso y volu-men tiene un alto valor agregado, como acontece comparativavolu-mente con las cosechas de los cultivos ilícitos y sobre todo con sus derivados local-mente elaborados, tanto más cuanto que esas mercancías son ilícitas y por lo tanto no están cubiertas por ningún sistema de protección que no sea la violencia delictiva. Mientras mayor sea el valor de un bien por unidad de peso y volumen, más fácil es su manejo clandestino.

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ta bl a 5. R el ac ió n e nt re va lo re s d e l a p ro du cc ió n a gr íc ol a i líc

ita y l

íc ita e n e l o rie nt e d e C ol om bi a. 2 0 0 8 . D ep ar ta m en to s A rau ca C as an ar e V ic had a m et a G uav ia re G uain ía Va up és A m azo nas C aqu et á Pu tu m ayo Pobl ac ió n 281 4 35 325 3 89 96 13 8 772 85 3 13 3 411 43 19 4 33 14 2 80 4 87 4 65 07 8 37 8 79 0 Su pe rf ici e c oc a 4 47 -3 174 5 525 6 62 9 625 46 0 8 36 4 30 3 9 65 8 Su bzo nas A ra uc a-C as an ar e-V ic ha da m et a-Gu av ia re G uain ía -V au pé s-A m az on as C aqu et á-P ut um ay o Su pe rf ici e c oc a i líci ta 3 621 12 15 4 1 921 13 9 61 H C L c oc aí na t on 73 10 1 11 11 0 Pr eci o U S$ to n 2 34 8 000 2 34 8 000 2 34 8 000 2 34 8 000 Va lo r i líci to U S$ 17 1 40 4 000 237 14 8 000 25 8 28 000 25 8 28 0 000 Su pe rf ici e l íci ta ha s 15 7 8 61 23 3 05 6 7 11 5 52 904 Va lo r l íci to U S$ 28 2 86 4 69 3 5 69 4 43 52 6 7 4 32 6 49 64 8 82 51 9 V al or to tal a gr íc ol a 45 42 6 8 69 3 80 6 591 52 6 33 26 0 6 49 32 3 16 2 51 9 Ilí cito /to ta l 37, 7% 2 9, 4% 77, 7% 79, 9% Zon as Llan os O rie nt al es Su ro rie nt e To tal s up er fic ie 15 7 75 15 8 82 To ta l i líci to U S$ 40 8 552 000 28 4 10 8 000 To ta l l íci to U S$ 8 52 30 8 219 72 3 15 16 8 To tal g en er al U S$ 1 26 0 86 0 219 35 6 42 3 16 8 Ilí cito /to ta l 32 ,4% 79 ,7 % R eg ió n O rien ta l To ta l i líci to U S$ 69 2 66 0 000 To ta l l íci to U S$ 924 62 3 3 87 To tal g en er al U S$ 1 617 28 3 3 87 Ilí cito /to ta l 42, 8% fu en te s: ev al ua cio ne s A gr op ecua rias m un icip al es . m in is te rio d e A gr icu ltu ra y d es ar rol lo ru ra l - se cr et ar ías d e A gr icul tur a de pa rta m en ta le s - um at a. A ño s 20 06 , 2 00 7 y 20 08 . c onve ni o m Adr - cci . e lab or ó: d ire cc ió n de P ol íti ca se ct or ia l - gr up o si st em as de in fo rma ció n. P ric es ta t.f ao st at .f Ao .o rg . P re cio s p ar a co lo m bi a p or p ro du ct os , 2 00 7. fe de gá n, la g an ad er ía c ol om bi an a. P an or am a, c ifr as d e r ef er en cia , p la n e st ra té gi co de l a g an ad er

ía – P

Figure

tabla 2b.  Valor de la producción pecuaria en el oriente de  Colombia según sacrificios y salidas
tabla 3.  Valor de la producción agropecuaria lícita en el  oriente de Colombia por zonas y actividades.
tabla 8.  Superficie y valor de los cultivos lícitos en el oriente de  Colombia, 2008
tabla 11.  Cosechas y rendimientos por hectárea en los cultivos ilícitos del oriente de Colombia.
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Referencias

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