Violencia hacia la mujer en la relación de pareja: una comprensión de cómo a través del proceso de dignificación de la mujer es posible salir de las dinámicas interacciónales violentas

Texto completo

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VIOLENCIA HACIA LA MUJER EN LA RELACIÓN DE PAREJA: UNA

COMPRENSIÓN DE CÓMO A TRAVÉS DEL PROCESO DE DIGNIFICACIÓN DE LA

MUJER ES POSIBLE SALIR DE LAS DINÁMICAS INTERACCIÓNALES

VIOLENTAS

Trabajo de grado

Andrea Carolina Prada Olivares

Directora: Argelia Medina

Pontificia Universidad Javeriana

Facultad de psicología

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ANEXO 3

BIBLIOTECA ALFONSO BORRERO CABAL, S.J. DESCRIPCIÓN DE LA TESIS O DEL TRABAJO DE GRADO

FORMULARIO

TÍTULO COMPLETO DE LA TESIS O TRABAJO DE GRADO

VIOLENCIA HACIA LA MUJER EN LA RELACIÓN DE PAREJA: Una comprensión de cómo a través del proceso de dignificación de la mujer, es posible salir de las dinámicas interacciónales violentas

AUTORA

Apellidos Completos Nombres Completos

PRADA OLIVARES ANDREA CAROLINA

DIRECTOR TESIS O DEL TRABAJO DE GRADO

Apellidos Completos Nombres Completos

MEDINA ALVAREZ ARGELIA

FACULTAD

PSICOLOGIA

PROGRAMA ACADÉMICO

Tipo de programa ( seleccione con “x” )

Pregrado Especialización Maestría Doctorado

X

Nombre del programa académico

Maestría en psicología clínica

Nombres y apellidos del director del programa académico

Hugo Alberto Escobar Melo

(6)

PREMIO O DISTINCIÓN(En caso de ser LAUREADAS o tener una mención especial):

CIUDAD AÑO DE PRESENTACIÓN DE LA TESIS O DEL TRABAJO DE GRADO

NÚMERO DE PÁGINAS

Bogotá 2012 112

TIPO DE ILUSTRACIONES ( seleccione con “x” )

Dibujos Pinturas Tablas, gráficos y

diagramas Planos Mapas Fotografías Partituras

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TIPO DURACIÓN

(minutos) CANTIDAD

FORMATO

CD DVD Otro ¿Cuál?

Vídeo

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Otro cual?

Matrices

analíticas 60 páginas X Matrices analíticas en word

DESCRIPTORES O PALABRAS CLAVE EN ESPAÑOL E INGLÉS

(7)

Borrero Cabal S.J en el correo biblioteca@javeriana.edu.co, donde se les orientará).

ESPAÑOL INGLÉS

Violencia conyugal Marital violence

Terapia sistémica Systhemic therapy

Estrategias dignificantes Dignifying strategies

RESUMEN DEL CONTENIDO EN ESPAÑOL E INGLÉS

(Máximo 250 palabras - 1530 caracteres)

Esta investigación buscó identificar los aspectos personales, sociales y culturales que

posibilitan que una mujer que se encuentra en una relación de violencia conyugal genere

estrategias que le permitan recuperar su dignidad y abandonar la interacción violenta. A

partir de la intervención terapéutica de corte sistémico con un grupo de tres mujeres,

utilizando la metodología de análisis de narrativas, fue posible avanzar en la comprensión de

cómo las mujeres han construido formas de sobrevivir al maltrato y recuperar su dignidad,

característica que consideran perdida como efecto de las dinámicas conyugales violentas.

Los resultados de la investigación señalan las diversas estrategias que las mujeres

implementaron para salir de la relación de pareja violenta y aporta elementos nuevos tanto

en la comprensión compleja de la problemática, como en la intervención rescatando

aspectos terapéuticos útiles para el trabajo con esta población.

This research aims to identify the significant personal, social and cultural aspects which

enable abused women to leave violent relationships and restore their dignity. From a

systemic therapeutic intervention, in the case of three women, and using the narrative

analysis methodology, this work advances the understanding of how abused women cope

with abuse and restore their dignity despite the violent marital dynamics. The research results

point out the various strategies that women deployed to leave the violent relationship. Finally,

this research brings new elements to the understanding of this problematic and intervention,

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Mi más profundo agradecimiento a:

Emmanuel González

Por su amor, compañía y apoyo durante estos dos años

Oriana La Rotta

Por su amistad sincera e incondicional

Argelia Medina

Por su paciencia y orientación

Las mujeres participantes

Quienes hicieron posible esta investigación

(9)

Tabla de contenido

Abstract………...

10

Introducción……….. …1

1

Justificación………...13

Fundamentación teórica………....

....19

Metodología

………...

53

Pregunta de Investigación y objetivos………

...53

Marco epistémico

investigativo………....

...54

Tipo de investigación……….

57

Tipo de análisis de la in

formación……….

58

Categorías

………

.. 59

Participantes………...

...62

Fuentes de recolección y de regis

tro de la información………

65

Procedimiento………

65

Implicaciones éticas………

...66

Resultados………

..68

Discusión……….……….

..101

Conclusiones……….

.107

Referencias bibliográ

ficas………

..110

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VIOLENCIA HACIA LA MUJER EN LA RELACIÓN DE PAREJA: UNA COMPRENSIÓN

DE CÓMO A TRAVÉS DEL PROCESO DE DIGNIFICACIÓN DE LA MUJER ES POSIBLE

SALIR DE LAS DINÁMICAS INTERACCIÓNALES VIOLENTAS

Resumen

Esta investigación buscó identificar los aspectos personales, sociales y culturales que posibilitan

que una mujer que se encuentra en una relación de violencia conyugal genere estrategias que le

permitan recuperar su dignidad y abandonar la interacción violenta. A partir de la intervención

terapéutica de corte sistémico con un grupo de tres mujeres, utilizando la metodología de análisis

de narrativas, fue posible avanzar en la comprensión de cómo las mujeres han construido formas

de sobrevivir al maltrato y recuperar su dignidad, característica que consideran perdida como

efecto de las dinámicas conyugales violentas. Los resultados de la investigación señalan las

diversas estrategias que las mujeres implementaron para salir de la relación de pareja violenta y

aporta elementos nuevos tanto en la comprensión compleja de la problemática, como en la

intervención rescatando aspectos terapéuticos útiles para el trabajo con esta población.

Palabras Clave: Violencia conyugal, terapia sistémica, estrategias dignificantes.

Abstract

This research aims to identify the significant personal, social and cultural aspects which enable

abused women to leave violent relationships and restore their dignity. From a systemic

therapeutic intervention, in the case of three women, and using the narrative analysis

methodology, this work advances the understanding of how abused women cope with abuse and

restore their dignity despite the violent marital dynamics. The research results point out the

various strategies that women deployed to leave the violent relationship. Finally, this research

brings new elements to the understanding of this problematic and intervention, useful when

working with this population.

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Introducción

El presente documento es el resultado final de la investigación-intervención realizada con

tres mujeres que se encontraban al inicio del proceso terapéutico en una relación de pareja

violenta.

El estudio se propuso comprender de qué manera las mujeres maltratadas por su pareja

construyen estrategias que les permiten sobrevivir, recuperar su dignidad y finalmente abandonar

la relación violenta.

Partiendo del reconocimiento de la amplia investigación que existe sobre el tema, fue

posible identificar a través de la intervención terapéutica los circuitos del abuso y los diversos

elementos que retienen a una mujer en medio de las dinámicas conyugales maltratantes. A partir

de la identificación de los principales avances y limitaciones en la atención concreta a estas

mujeres por parte de la institucionalidad, la sociedad civil y las políticas públicas, surge el

interrogante sobre qué falta hacer, cuáles son los aspectos personales, culturales y sociales que

posibilitan que una mujer en esta situación, genere estrategias diversas que le permiten salir de la

relación violenta.

El foco de la investigación fueron las 3 mujeres, y la manera como a través del proceso

terapéutico, el fortalecimiento de la red social de apoyo y el cambio en las narrativas sobre ser

mujer y pareja, logran salir del ciclo de la violencia conyugal. A partir del análisis de las diversas

narrativas de las mujeres, que fueron evidenciadas a través de la intervención terapéutica, fue

posible descubrir las formas variadas en que cada una de estas mujeres logra identificar

elementos que les resultan útiles para salir de la pauta interaccional violenta y crear algunas

estrategias que les permiten recuperar su dignidad. Para el caso específico de esta

investigación-intervención los factores determinantes en el proceso de creación de estrategias dignificantes

fueron: el cambio en las narrativas sobre sí mismas y los modelos de pareja, el reconocimiento y

apoyo por parte de la red social cercana, el trabajo, la relación terapéutica y un cambio de

perspectiva frente al maltrato.

El documento se encuentra organizado a través de los siguientes apartados:

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psicología y especialmente desde autores ubicados en el paradigma sistémico, investigaciones

realizadas sobre el tema en distintas partes del mundo y especial énfasis en la definición de la

dignidad, los procesos de dignificación y las estrategias dignificantes.

Marco

epistémico

investigativo:

se

expone

claramente

el

paradigma

socioconstruccionista desde el cual esta planteada la investigación, se hace énfasis en la

metodología cualitativa y en la modalidad de investigación-intervención, el tipo de análisis de la

información, que es el análisis de narrativas, incluido el proceso de categorización apriorística y

emergente y finalmente la descripción del procedimiento y de las participantes, a través de un

genograma que permite al lector tener una idea más amplia acerca del contexto interacciónal de

cada mujer.

Análisis de resultados: son presentados de acuerdo con las categorías de análisis de la

información, haciendo énfasis en los aspectos que resultaron útiles para estas tres mujeres que se

encontraban al inicio del proceso terapéutico en medio de una relación de pareja violenta,

clasificados como personales, y sociales-culturales. Los aspectos personales: incluyen la

categoría de narrativas sobre sí mismas, los modelos de pareja, reconocimiento de los efectos del

abuso y la identificación de los significados de dignidad. Por su parte dentro de los aspectos

sociales y culturales, se incluyen la identificación y fortalecimiento de la red social de apoyo de

cada mujer y las estrategias dignificantes identificadas por las tres mujeres. Al finalizar se hacen

conexiones entre las estrategias dignificantes y la transformación de las narrativas que abren

perspectivas en relación con la pregunta de investigación.

Discusión y conclusiones: en donde se hace una reflexión sobre la situación en general,

las particularidades de la intervención, las similitudes y diferencias encontradas con los autores

citados en la fundamentación teórica y se formulan sugerencias para futuras investigaciones con

el fin de avanzar hacia una mejor atención de las mujeres maltratadas por sus parejas.

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Justificación

La violencia presente en las interacciones conyugales es una realidad cotidiana que tiende

generalmente a ocultarse, debido a una connotación íntima de la violencia en la pareja, ya que se

desarrolla en el espacio privado de la familia. No cabe duda que la violencia conyugal es un

fenómeno global que se extiende por todos los países y afecta a mujeres de todos los niveles

sociales y económicos, y su impacto en la salud física y mental es tal que ha sido considerado

como un problema de salud pública. (Fischbach y Herbert, 1997).

En América Latina y, en particular en Colombia, este es un problema alarmante tanto por

su origen multicausal como por sus implicaciones sociales y políticas. De acuerdo con el estudio

multicéntrico elaborado por la Organización Mundial de la salud en el año 2010, el porcentaje de

mujeres que habían tenido pareja alguna vez y que habían sufrido violencia física o sexual, o

ambas, por parte de su pareja a lo largo de su vida oscilaba entre el 15% y 71 %. El más reciente

estudio llamado tolerancia social e institucional a la violencia basada en género en Colombia,

publicado en el año 2010 por las Naciones Unidas, contribuyó a develar cifras alarmantes tales

como: La justificación de la violencia por el mantenimiento de los roles rígidos de género está

presente en mayor proporción en las mujeres víctimas. El 21% de ellas está de acuerdo con la

idea de que los hombres violentos con las mujeres son así porque tienen que hacerse respetar y

demostrar quién manda en la casa, a diferencia de las mujeres no víctimas quienes están de

acuerdo en un 16%. Igualmente el 34% de las mujeres víctimas se encuentran de acuerdo con la

idea que aquellas mujeres que se meten con hombres violentos no se deben quejar por ser

golpeadas.

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El 70% de las personas encuestadas tienen conocimiento sobre el tema, el 39% de las

mujeres cree que el gobierno no ha hecho nada para proteger a las mujeres víctimas de la

violencia. El 67% de las mujeres víctimas manifestó no conocer las leyes que protegen a las

mujeres objeto de maltrato, evidenciándose el desconocimiento de los derechos de las mujeres,

que es mayor en aquellas que no han sido víctimas. Los datos anteriores resultan alarmantes, ya

que da cuenta de la manera como gran parte de la población colombiana ha naturalizado el

maltrato hacia la mujer, siendo evidente la forma como los factores históricos y culturales

favorecen y justifican la violencia haciendo énfasis en las actitudes, percepciones y prácticas

individuales y sociales.

La violencia hacia la mujer en la dinámica familiar no es un fenómeno nuevo, tiene raíces

históricas, no posee barrera cultural ni social y afecta a un gran número de mujeres alrededor del

mundo. En la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, la

violencia contra la mujer fue considerada como una de las doce esferas de especial preocupación

que debe ser solucionada por parte de los gobiernos, la comunidad internacional y la sociedad

civil. Por medio de gestiones y acuerdos internacionales orientados a prevenir y erradicar la

violencia hacia la mujer, durante los últimos años en Colombia se ha formulado leyes y políticas

públicas para enfrentarla, tales como: la ley 575 de 2000 por medio de la cual se reforma

parcialmente la ley 294 de 1996, a través de la cual se dictan normas de sanción y atención a las

personas víctimas de violencia intrafamiliar y la ley 1257 de 2008 por la cual se dictan normas

de sensibilización, prevención y sanción de formas de violencia y discriminación contra las

mujeres. Además, se reforma el Código de Procedimiento Penal. Siendo este un importante

instrumento legislativo que reconoció expresamente los derechos de las mujeres como derechos

humanos, amplió los tipos de violencia sancionados y comprometió a los diversos actores

sociales en la prevención.

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Resulta entonces oportuno preguntarse por qué si desde hace más de una década se

propuso una reglamentación para la defensa de los derechos y la dignidad de las mujeres, hoy en

día la violencia hacia ellas en el ámbito familiar no disminuye y, por el contrario, pareciera

incrementarse, como lo demuestra el más reciente informe Forensis del Instituto Nacional de

medicina legal (2010) al formular que durante el año 2010, se registró un total de 89.436 casos

de violencia intrafamiliar 4.426 menos que en el 2009, año en el que se conocieron 93.862. La

tasa nacional fue de 196,53 por cada cien mil habitantes. La violencia de pareja ocupó el primer

lugar con el 64,7% de la violencia entre otros familiares; y dejó de la misma manera que en años

anteriores, como principales víctimas a las mujeres con el 88,5 % y principalmente a aquellas

ubicadas en edades entre 20 a 29 años de edad.

El informe hace énfasis en que la violencia intrafamiliar en contra de las mujeres no se

presenta como una serie de hechos aislados, ni como una sola forma de intimidación. Se

considera como característica de la violencia de pareja que se registren varios eventos en contra

de una misma persona, consistentes no sólo en agresiones físicas, sino también sexuales,

psicológicas y patrimoniales por parte del mismo agresor, siendo muy pocos los casos que se

denuncian. El comportamiento de la violencia de pareja, según el presunto agresor, mostró que

los compañeros permanentes con el 41% ocupan el primer lugar, seguido de los esposos (as) con

el 25%. Los ex compañeros(as) permanentes se ubican en el tercer lugar con el 16,3%. Según la

ocupación de la víctima, el 61% tenían algún tipo de remuneración económica. El 28% eran

personas que se encargaban del hogar sin retribuciones monetarias.

La distribución porcentual entre sexos presenta diferencias: el 88% de los hombres

víctimas de violencia de pareja contaban con algún empleo. Esta misma categoría, en las

mujeres, representó el 57%. En este punto es importante recordar que el subregistro en la

violencia de pareja es alto y uno de los principales motivos es la dependencia económica de la

víctima, quien por miedo a perder esa ayuda no toma la determinación de acercarse a las

instituciones del Estado encargadas del tema.

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esté especialmente interesado en la prevención y tenga un papel clave que desempeñar al

respecto, teniendo en cuenta los costes económicos y sociales de la problemática. (Krantz, 2002;

Saltzman et al., 2002)

Tras reconocer la violencia familiar, y especialmente la violencia conyugal como un

problema social de gran complejidad, resulta pertinente preguntarse no sólo por cuales son los

factores que permiten que ésta se reproduzca, porque variados investigadores se han dedicado a

esto y han demostrado la diversidad de elementos que confluyen en un acto de violencia hacia

una mujer, como afirma Jazinki (2001) los espacios sociales, laborales y culturales hacen parte

de los sistemas que intervienen en la complejización de la violencia a través de la enorme

influencia de la organización social autoritaria, los imaginarios colectivos que permiten la

justificación del maltrato en las interacciones sociales, los efectos psicológicos y físicos que

generan gran impacto en las mujeres y su sistema familiar.

Teniendo un gran número de investigaciones y teorías que ayudan a comprender las

dinámicas del maltrato en las relaciones de pareja abarcando factores sociales, culturales,

demográficos, educativos y psicológicos que explican este tipo de interacción en la pareja y el

mantenimiento de la mujer en las dinámicas maltratantes. (Ravazzola, 1997, Borjón 2000; De la

Cruz, 2001; Fernández, 2004, Torres, 2001, Perrone y Nanini, 1997; Hernández Montaño, 2007,

entre otros) resulta pertinente la realización de investigaciones que contribuyan a una

comprensión más compleja del problema, que apunten al reconocimiento de recursos materiales,

sociales, individuales y culturales que le permiten a una mujer salir del circuito del abuso.

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Desafortunadamente, en Colombia algunas entidades gubernamentales y otras no

gubernamentales dedicadas a la atención y prevención del maltrato hacia la mujer, se dedican a

prestar un servicio de atención de emergencia y posteriormente presentan únicamente estadística

de las personas que atendieron. Lo anterior evidentemente no genera dinámicas de

transformación. Posiblemente lo que realmente mostraría un indicador de impacto, son los

momentos en los que se ha logrado desarticular la violencia, ya sea porque se pudo fortalecer a la

víctima, se tomó una medida contra el agresor o se hizo un tratamiento psiquiátrico o

psicoterapéutico. Debido a que existen estudios como el de Ravazzola (1997), o Jazinki (2001)

que demuestran la posibilidad de no repitencia de la violencia conyugal, cuando las personas

involucradas en el circuito de violencia hacen consciente el malestar, es viable pensar que las

mujeres violentadas pueden reaccionar e intentar una acción diferente que interrumpa el circuito

violento.

Como afirman Castro & Riquer (2003), la investigación en torno a la violencia contra las

mujeres en América Latina enfrenta una paradoja: el número de investigaciones es sumamente

bajo, al mismo tiempo que existe una suerte de agotamiento del tema sin haberse dado aún

respuestas definitivas sobre la naturaleza y las causas del problema. Ello responde a la

orientación predominantemente empírica de las investigaciones, y a su falta de anclaje en la

teoría sociológica más general. Debido a que la investigación que se apoya en la teoría social

suele ignorar las mediaciones existentes entre los arreglos estructurales y la conducta específica

de los individuos, así como el carácter interaccional de la violencia.

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enfocar la investigación y la intervención en la identificación de las estrategias dignificantes,

aquellas que las mujeres que se encuentran en una relación de pareja violenta han puesto en

marcha para sobrevivir, y la visibilización de los factores psicológicos, sociales y culturales que

les permiten recuperar su dignidad, y salir del circulo de la violencia.

El gran reto de la presente investigación sobre el problema de la violencia contra las

mujeres radica en aportar nuevos elementos que posibiliten una comprensión más compleja y

esperanzadora con respecto a la violencia conyugal hacia la mujer. Partiendo de una postura que

tiene en cuenta, la recuperación del carácter relacional de la violencia en contextos intermedios,

como la familia y la pareja, la comprensión de cada persona como un agente de cambio social,

cuyos actos son una combinación de elementos comportamentales, relacionales, cognitivos y

contextuales que permiten a cada individuo tomar decisiones. Surge así la pregunta de

investigación : ¿cuales son los aspectos personales, sociales y culturales que posibilitan que una

mujer que se encuentra en una relación de violencia conyugal e inicia un proceso

psicoterapéutico genere estrategias que le permitan recuperar su dignidad y abandonar la relación

violenta?.

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Fundamentación Teórica

La mayor parte de las enfermedades que vivimos los seres humanos, si no todas, surgen desde el desamor, y se curan desde el amor, en el amar. El amar es lo que ocurre en el vivir en las conductas relacionales a través de las cuales el otro, la otra o uno mismo, surge como un legítimo otro en convivencia con uno. Humberto Maturana.

La violencia es una constante en la vida de gran número de personas en todo el mundo, y

nos afecta a todos de una u otra manera. Para algunas personas permanecer a salvo consiste en

cerrar puertas y ventanas, y evitar los lugares peligrosos. Para otros simplemente no hay

escapatoria, porque la amenaza de la violencia está siempre presente. En esta medida existen

sufrimientos colectivos e individuales, siendo éste ultimo el menos visible. El padecimiento

individual y cotidiano; el dolor de las mujeres heridas o humilladas por parejas violentas, el dolor

de niños maltratados por sus cuidadores y padres, jóvenes intimidados y maltratados por otros

jóvenes y miles de personas de todas las clases sociales y edades que actúan violentamente

contra sí mismas y contra los otros. Este sufrimiento, se reproduce a sí mismo a medida que las

nuevas generaciones aprenden de la violencia de las anteriores, las víctimas aprenden de sus

agresores y se permite que perduren las condiciones sociales que favorecen la violencia.

El informe realizado en 2002 por la Organización Mundial de la Salud acerca de la

violencia y la salud asegura que existe un problema al hablar de violencia, debido a la falta de

una definición clara de este. La violencia es un fenómeno sumamente difuso y complejo cuya

definición no puede tener exactitud científica, ya que es una cuestión de apreciación. La noción

de lo que son comportamientos aceptables e inaceptables, o de lo que constituye un daño, está

influida por la cultura y sometida a una continua revisión a medida que los valores y las normas

sociales evolucionan.

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psicoemocional, sexual, económico o social; por lo tanto es el resultado de la convergencia de un

conjunto de procesos complejos. La violencia comunitaria, es aquella que se produce entre

individuos no relacionados entre sí y que pueden conocerse o no; acontece generalmente fuera

del hogar.

Para esta investigación resulta útil comprender conceptualizaciones tales como: violencia

intrafamiliar, violencia de género y de pareja. Por lo tanto se hará referencia a distintas

perspectivas y modelos explicativos, enfatizando en la comprensión desde el modelo sistémico.

En ese orden de ideas resulta pertinente iniciar con el abordaje de la violencia intrafamiliar que

según (Klevens, 2001) hace referencia a todas las formas de abuso de poder que se desarrollan en

las relaciones familiares y ocasionan diversos niveles de daño a las personas, siendo el grupo

más vulnerable el de las mujeres y niñas.

El término violencia familiar, hace referencia a cualquier forma de conducta abusiva o

comportamientos que ocasionan diversos tipos de daño entre los integrantes de una familia. En

esta conducta existe una direccionalidad reiterada desde los más fuertes hacia los más débiles,

reproduciendo un desequilibrio de poder que es culturalmente impuesto e internalizado por los

sujetos en sus procesos de socialización. Klevens (2001).

En el informe de Haz Paz (2001) de la Política Nacional de Construcción de Paz y

Convi-vencia Familiar: familia, pareja y violencia conyugal, formula que la principal problemática de la

familia es ser el escenario de una de las principales violencias de Colombia que hoy se hace

visible debido a que desde 1990 el país cuenta con un registro estadístico para medir su

ocurrencia, llegando a considerarse factores asociados a la violencia intrafamiliar en tres

dimensiones de la vida familiar. El primero, es la dinámica relacional y organizativa de la

familia, el segundo es el factor sociocultural y económico, y el tercero, los factores

psicoemocionales y de comportamiento de sus miembros. El acceso a recursos por parte de la

familia, es un factor de protección frente a las necesidades diarias de ésta y frente a una situación

de vulnerabilidad familiar. Inversamente, contextos agresivos, desprovistos de recursos

materiales, y la falta de vínculos protectores institucionales, se convierten en factores de

vulnerabilidad para las familias.

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factores que no están necesariamente relacionados entre sí. El informe Haz Paz (2001) hace

énfasis en que debe llamarse la atención sobre el impacto que este tipo de violencia tiene sobre

las mujeres, que se constituyen en el grupo más vulnerable de la población y al cual, se le debe

brindar mayores garantías y protección. A su vez, resulta alarmante el impacto que tiene en la

sociedad la violencia intrafamiliar en la transmisión de la violencia, tanto al interior como al

exterior de la familia, y que la convierte en un agregado importante frente al resto de las

violencias que suceden en el país.

Desde la perspectiva ecológica, teniendo como referente autores como Corsi y Ferreira

quienes realizan una conceptualización de la violencia intrafamiliar de tipo ecosistémico, es

posible obtener una comprensión más completa del fenómeno. Ferreira (1992) asegura que a lo

largo de la historia la violencia intrafamiliar fue considerada como un problema interno, por tal

razón la sociedad civil y el Estado ha justificado y naturalizado distintos tipos de maltrato hacia

niños, mujeres y ancianos. La visibilización de la violencia intrafamiliar resulta entonces,

impedida debido a la consideración de la familia como un espacio privado e intocable, en el cual

se supone únicamente existe entre sus miembros amor y solidaridad, lo que posibilita ocultar las

relaciones violentas que se dan al interior del grupo familiar.

Sin embargo, debido al incremento de víctimas de violencia en las familias, fue posible

otorgarle carácter público a la problemática. A partir de aquí, diversas investigaciones

comenzaron a denunciar esta situación, demostrando la gravedad y dimensión del problema.

Ferreira (1992) asegura que ante esta realidad, el Estado y los organismos internacionales

comenzaron a intervenir, surgiendo así las primeras reglamentaciones, leyes y convenciones que

protegen y amparan a los miembros indefensos de las familias.

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Debido a su carácter complejo la violencia intrafamiliar no puede ser entendida, de

manera descontextualizada. A partir de esta realidad emerge un modelo integrativo planteado por

Corsi (2006) a través del cual es posible comprender el problema, sin reducirlo a aspectos

individuales. El autor afirma que la persona se encuentra atravesada por distintos contextos, el

macrosistema (contextos culturales e ideológicos), el exosistema (contextos comunitarios), el

microsistema (relaciones interpersonales) y el nivel individual. A partir de este modelo es posible

comprender que el individuo y su medio son parte de un sistema de red, y de vínculos cuyas

influencias son mutuas y circulares.

El modelo de Corsi (2006), basado en la premisa que la reproducción social de la

violencia está determinada por múltiples factores, explica tanto la existencia de agresores como

la respuesta de las víctimas. En el macrosistema estarían inmersas las características patriarcales,

la aceptación social de la violencia, las nociones de familia y los roles socialmente asignados a

sus integrantes; en el exosistema se encuentran los roles de la legitimación social de la violencia

ejercidos por la familia, escuela, medios de comunicación y los pares; en el microsistema se

encuentran las relaciones de los integrantes de la familia y sus historias personales y en el nivel

individual las características de personalidad y aislamiento.

Posteriormente Corsi (2006) identificó la existencia de tres tipos de factores de riesgo

para la ocurrencia de la violencia en contextos domésticos: los de causalidad primaria (pautas

culturales que mantienen la desigualdad entre los géneros); los que incrementan la probabilidad

(factores estresantes: económicos, laborales, sociales) uso de alcohol y drogas; y los que

contribuyen a la perpetuación (ausencia de legislación adecuada, falta de capacitación del

personal de salud y policial para atender los casos, ausencia de redes de apoyo). Para Corsi

(2006) la convergencia de estos factores explica la aparición de la violencia y obliga a intervenir

desde los escenarios culturales, familiares, comunitarios e institucionales para su eliminación. La

posible respuesta aquí implicaría preguntarse por la posición comunitaria frente a estos tres

factores, pero sobre todo por una modificación de la estructura patriarcal anclada a la historia

cultural de los pueblos.

(23)

perpetuadas en el sistema de representaciones sociales que conciernen a los estereotipos de la

familia, el hombre, la mujer, los niños, las niñas; otorgándoles diferentes roles, jerarquía,

autoridad y poder. En palabras de Maturana

En nuestra cultura patriarcal vivimos en la

desconfianza y buscamos certidumbre en el control del mundo natural, de los otros seres

humanos y de nosotros mismos. Vivimos en la jerarquía que exige obediencia, afirmando que

una coexistencia ordenada requiere de autoridad y subordinación, de superioridad e inferioridad,

de poder y sumisión y estamos siempre listos para tratar las relaciones humanas en esos

términos.

Maturana (2003, p 37).

Dentro de este marco de comprensión es posible ver que la violencia intrafamiliar no es

propia de las sociedades ancestrales. A través de los esfuerzos de múltiples investigaciones, de

movimientos de mujeres en todo el mundo, ha sido posible denunciar la existencia de esta

problemática en todas las sociedades, comprendiendo que no es un comportamiento natural de la

especie humana, sino una construcción social cuyas manifestaciones, características y abordajes

difieren entre culturas. La violencia Intrafamiliar es una forma de violencia que tiene dos

vertientes: una basada en el género y la otra basada en la generación. Por lo tanto, los problemas

de violencia familiar comprenden la violencia hacia la mujer, el hombre, el maltrato infantil y el

maltrato hacia las personas ancianas.

A continuación se hará referencia fundamentalmente a la problemática de la violencia

basada en género, entendida como una categoría analítica moderna que ingresó al universo

epistemológico gracias a los cambios sociales contemporáneos. El posicionamiento creciente en

los análisis políticos, psicológicos y sociológicos obedece a una transformación social que ha

permitido interpretar esta forma de violencia de acuerdo con los nuevos paradigmas de

relaciones entre géneros y con los cambios de roles de la mujer a finales del siglo XX. Este tipo

de violencia según (Corsi, 2006)

refiere ―a todas las formas mediante las cuales se intenta

perpetuar el sistema de jerarquías impuesto por la cultura patriarcal. Se trata de una violencia

estructural que se dirige a las mujeres con el objetivo de mantener o incrementar su

subordinación al género masculino.‖

(24)

―su mujer‖. Esto se traduce en una serie de premisas sostenidas por amplios sectores de la

población, por ejemplo: las mujeres son inferiores a los varones, la mujer es el sexo débil, el

hombre es el jefe del hogar, el hombre tiene derechos de propiedad sobre la mujer y los hijos.

Por lo tanto, estas creencias y valores se traducen en estructuras sociales particulares, como son:

la división del trabajo, las políticas institucionales y la discriminación de la mujer. Es decir, la

violencia de género adopta formas tan diversas, como el maltrato físico, psicológico, social y

sexual, tanto en ámbitos públicos como privados.

Dentro de los modelos explicativos de la violencia basada en género se encuentran los

enfoques feministas centrados en la comprensión de la inequidad entre los géneros. La

movilización de las mujeres en todo el mundo fue elevando progresivamente el perfil de la

problemática evidenciándola como una consecuencia de la discriminación y como expresión de

la violación de los derechos humanos de las mujeres. Las organizaciones y movimientos de

mujeres, fueron captando progresivamente la atención internacional, hasta que en la década

destinada por las Naciones Unidas para La Mujer (1975 a 1985), se logró una creciente escucha

de las entidades multilaterales y se generaron espacios de articulación entre las organizaciones

sociales, las agencias de cooperación y los Estados para tratar el problema. Asamblea General de

Naciones Unidas. (2006).

(25)

De esta manera es posible comprender como el movimiento feminista demostró que la

violencia es predictible, intencional y corresponde a patrones específicos. Los agresores hacen

parte de grupos sociales amplios en donde la violencia contra las mujeres es aceptada y

promovida. La explicación hallada sobre esta universalidad de la violencia, permitió a los

análisis feministas tener un marco explicativo basado en el hallazgo de una constante universal

relativa al ordenamiento patriarcal de las sociedades, es decir, la organización social basada en la

subvaloración del rol de las mujeres en la sociedad, su ubicación en posiciones desfavorecidas,

menospreciadas o vulnerables frente a los varones. De Miguel (2008)

En consecuencia, la violencia estaría originada en las características patriarcales que

ordenan a los hombres el dominio y el control de las mujeres. Por lo tanto, se convierte en un

mecanismo de perpetuación del patriarcado

en la medida en que permite ―llamar al orden‖ a las

personas que intentan desafiarlo, o de una manera más sutil: la amenaza de la violencia hace que

las mujeres modifiquen sus comportamientos para evitar ser victimizadas, favoreciendo de este

modo la continuidad del orden patriarcal. De Miguel (2008). En este punto resulta pertinente

señalar que los estudios feministas más recientes están abriéndose a interpretaciones cada vez

más complejas que permiten entender la multiplicidad de agresores y diversidad de las

manifestaciones agresivas.

En el tema de la violencia hacia la mujer la perspectiva feminista ha jugado un rol

bastante importante, sin embargo, no es la única. Las teorías y explicaciones multicausales de

gran parte de estudios contemporáneos, han asumido una visión compleja de la violencia,

permitiendo reconocer en los aspectos personales, familiares, comunitarios y culturales, factores

asociados que explican la violencia. En esta línea se encuentra la teoría multidimensional de

Gelles, quien en 1983 integró la teoría del intercambio y la teoría del control social para hacer

comprensible la violencia hacia la mujer. Según el autor citado por Viano (1991) la violencia

permite obtener los objetivos que se buscan fácilmente, de tal manera que, se es violento porque

se puede. La teoría del control social asegura que la violencia ocurre cuando hay ausencia de

controles sociales que sancionen la acción individual, así los agresores obtienen lo que desean a

través de violencia, en la medida en que el control social se los permite.

(26)

inequidad estructural que jerarquiza los grupos sociales y da predominancia a unos sobre otros.

Las tensiones subyacentes, explicarían las conductas violentas. Esto se aplica a las estructuras

familiares y tiene que ver con la posición de desigualdad que ocupa la mujer en la familia.

Jazinki (2001).

Posteriormente aparece la teoría de Anderson (1997, citado por Jazinki, 2001), que

combina las teorías feministas con la teoría de la violencia intrafamiliar para explicar la aparición

de las agresiones contra las mujeres. De acuerdo con esta teoría las dinámicas complejas del

conflicto familiar se complejizan aún más con los roles de género que se hacen presentes en la

escalada y profundización de conflictos.

Al hablar de violencia hacia la mujer, es necesario hacer referencia a la definición que en

1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas suscribió en la Declaración sobre la

eliminación de la violencia contra la mujer, en la cual por "violencia contra la mujer" se entiende

todo acto de violencia ejercido contra el género femenino que tenga o pueda tener como

resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer.

La anterior definición abarca, sin carácter limitativo, "la violencia física, sexual y

psicológica en la familia, incluidos los golpes, el abuso sexual de las niñas en el hogar, la

violencia relacionada con la dote, la violación por el marido, la mutilación genital y otras

prácticas tradicionales que atentan contra la mujer. La violencia ejercida por personas distintas

del marido y la violencia relacionada con la explotación; la violencia física, sexual y psicológica

al nivel de la comunidad en general, incluidas las violaciones, los abusos sexuales, el

hostigamiento y la intimidación sexual en el trabajo, en instituciones educacionales y en otros

ámbitos, el tráfico de mujeres y la prostitución forzada; y la violencia física, sexual y psicológica

perpetrada o tolerada por el Estado, donde quiera que ocurra." Naciones Unidas (1996).

(27)

por los hombres. En 48 encuestas de base poblacional realizadas en todo el mundo, entre el 10%

y el 69% de las mujeres indicaron haber sido objeto de agresiones físicas por parte de una pareja

masculina en algún momento de sus vidas. Heise et al (1999).

Desde una perspectiva socioconstruccionista, un fenómeno como la violencia hacia la

mujer es una construcción social desarrollada en contextos particulares. Para Berger y Luckman

(2001), es posible comprender la manera cómo las personas y los grupos participan en la

construcción social de su realidad mediante un sistema de objetivaciones. De esta manera, la

vida cotidiana se presenta como una realidad interpretada por las personas a través de sus

pensamientos y acciones, como un mundo intersubjetivo que se comparte constantemente con

otros. Así, las personas construyen un ambiente social con la totalidad de sus formaciones

socioculturales y psicológicas, y transmiten significados de una generación a otra, cargados de

elementos de control y legitimación, siendo posible comprender la perpetuación de la violencia

hacia la mujer de una generación a otra.

Existen ciertos factores de riesgo de la violencia, en particular, son variables que hacen

que la persona sea vulnerable a conductas y actitudes violentas. Los factores de riesgo pueden ser

individuales, familiares, sociales o culturales. Además, desde una perspectiva ecológica

(Bronfenbrenner,1979), es necesario tener en cuenta que ningún factor por sí solo explica por

qué algunos individuos tienen comportamientos violentos hacia otros o por que la violencia es

más prevalente en algunas comunidades que en otras, sino que lo realmente importante es cómo

esos factores interactúan y se influyen entre sí.

Factores de riesgo de las víctimas

Factores socioculturales. La carencia de apoyo social es un factor de riesgo y, por tanto,

algo previo al maltrato que lo propicia. La víctima se encuentra aislada en gran parte porque el

agresor se ha dedicado a cortar sus vínculos con el entorno, comenzando por su propia familia y

grupo de amigos. Para Dahlberg y Krug (2002), este factor es también un mantenedor del

maltrato: la víctima aislada se convierte en una persona fácilmente maltratable por el agresor.

(28)

punto de que decide por ella lo que puede o no puede hacer y a quien puede ver. En este modelo

de familia el nivel de autonomía de sus miembros es muy escaso. Fuerte adhesión a los

estereotipos de género y consiguiente reparto de las responsabilidades familiares. (Dahlberg y

Krug, 2002).

Factores individuales. En principio, cualquier mujer, por el simple hecho de serlo, puede

ser maltratada por su pareja o ex pareja. No hay factores de riesgo característicos de las víctimas,

aunque la dependencia económica, la dependencia emocional y una visión excesivamente

romántica de las relaciones amorosas puede contribuir, si no al origen, si al mantenimiento de la

violencia de pareja.

Ya se ha hecho una breve descripción de los factores de riesgo de las mujeres víctimas de

maltrato, ahora se hará referencia a algunos factores de riesgo de los agresores. Según el II

Informe Internacional sobre violencia contra la mujer en las relaciones de pareja, realizado en el

año 2007 por Centro Reina Sofía, una

cultura patriarcal que fomenta la desigualdad entre los

sexos, promueve la agresión del hombre hacia la mujer. Debido a que se considera a la mujer

como un ser subordinado al hombre, inferior, e incluso como un objeto de su propiedad, se

atribuye el poder y la autoridad al hombre tanto en la sociedad como en la familia.

Otro factor influyente es la presencia de instituciones (educativas, laborales, judiciales,

etc.) que reproducen un modelo de relación de poder vertical, autoritario y sexista, y la existencia

de un ambiente social que reduce la importancia o justifica el comportamiento violento en

general, la violencia de pareja en particular, considerando esta última como un asunto familiar en

el que no hay que inmiscuirse. Centro Reina Sofia (2007).

Según el informe de la violencia contra la mujer en la relación de pareja realizado por la

CEPAL (2002), América Latina y el Caribe es una de las regiones del mundo que mayor

atención ha prestado a la lucha contra la violencia hacia la mujer. Lo ha hecho desde hace más de

dos décadas, cuando el movimiento de mujeres logró dar visibilidad a uno de los mayores

crímenes encubiertos que afectaban a nuestras sociedades.

(29)

comunicación y un permanente debate que busca incorporar a múltiples actores en la prevención

y erradicación de la violencia hacia la mujer.

Este proceso se ha llevado a cabo en distintos ámbitos interconectados entre sí. En primer

lugar, desde los espacios locales donde las ONGs identificaron, denunciaron e iniciaron la

construcción de servicios de atención especializada a mujeres maltratadas; en segundo lugar, en

el ámbito internacional donde se produjo uno de los debates más importantes en materia de

derechos humanos, que concluyó con el reconocimiento por parte de los gobiernos de la

violencia contra la mujer como objeto de políticas públicas; y en tercer lugar, a nivel nacional,

donde las oficinas de la mujer y otros organismos sectoriales han diseñado planes de prevención

y atención de la violencia que incluyen a organismos judiciales, policiales, de salud y educación.

Generando una reciente preocupación en los espacios municipales y una cada vez más amplia

participación de nuevas especialidades que han descubierto la conexión entre violencia contra la

mujer y distintos aspectos del desarrollo.

En Colombia, la actividad en torno a esta problemática comenzó en la década de 1980

con la reactivación del movimiento feminista. En el Primer Encuentro Feminista

Latinoamericano y del Caribe de 1981 realizado en Bogotá, el tema de la violencia fue discutido

y se definió adoptar el 25 de noviembre como el día para la lucha simbólica contra la violencia

sobre las mujeres.

Durante la década de 1990 Colombia avanzó tímidamente en el reconocimiento de la

problemática de violencia contra las mujeres. La primera ley que se logró en esta materia se

refería a la violencia intrafamiliar (1996) y no señalaba específicamente a las mujeres como

principales víctimas, igualmente las leyes que sancionan la violación sexual y eliminan la opción

del agresor de casarse con la víctima, como forma de exoneración de responsabilidades datan de

1997.

(30)

educación y al mercado de trabajo, ha favorecido una mayor visibilización de la violencia y el

crecimiento de la acción de las mujeres organizadas frente a la misma. En el ámbito

internacional, por su parte, continua la expansión de mecanismos de protección internacional de

las mujeres tales como la resolución 1325 (2000) del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas

relativa a las mujeres, la paz y la seguridad que permitió hacer visible la victimización particular

de las mujeres en los conflictos.

En Colombia, en el año 2008 se emitió la Ley 1257 por la cual se dictan normas de

sensibilización, prevención y sanción de formas de violencia y discriminación contra las mujeres.

Un avance importante en la lucha contra este fenómeno en la medida en que en el país, por

primera vez, un instrumento legislativo reconoció expresamente los derechos de las mujeres

como derechos humanos, amplió los tipos de violencia sancionados, comprometió a los diversos

actores sociales en la prevención y generó nuevas medidas de atención a las víctimas. En el tema

de violencia hacia la mujer, lo ideal es que la política pública sea coherente, integral, sostenida y

transversal a todas las instancias y los estamentos del Estado. Debe haber asignación de recursos

apropiada para el tratamiento de las víctimas y propender por la protección de la familia, en

donde están en juego diversas variables del desarrollo integral y especialmente psicológico

particular de cada individuo.

A continuación se hará referencia a las cifras sobre maltrato hacia la mujer en distintos

países de América Latina, es necesario aclarar que aunque las cifras corresponden a estudios

diferentes, y no son comparables desde el punto de vista metodológico, exhiben tendencias de

incremento similares en cada uno de los países, independientemente de los niveles de ingreso

económico y nivel educativo de las víctimas. En Perú, la Encuesta Demográfica y de Salud

Familiar (ENDES, 2000) reveló que el 41% de las mujeres había sufrido abusos físicos por sus

esposos y un 28% por otros hombres. En Nicaragua se registra un porcentaje similar, según los

datos presentados por la Organización Mundial de la Salud (Asling-Monemi y otros, 2003), el

40% de las mujeres en edad reproductiva había sufrido violencia física de su pareja, en el 70% de

los casos, esa violencia fue severa y el 31% de las mujeres fueron golpeadas al menos durante

uno de sus embarazos.

(31)

entrevistadas en la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares

(ENDIREH, 2003), sólo el 56,4% declaró no padecer ningún tipo de violencia. En Brasil, de

acuerdo a un estudio de la Fundación Perseu Abramo del año 2001, una de cada cinco mujeres

declaró haber sufrido algún tipo de violencia por parte de un hombre. Al preguntar por el tipo de

agresión, el 43% de las entrevistadas confirmó haber sido víctima de formas de violencia

consideradas violencia de género. El 33% admitió haber sufrido alguna forma de violencia física

con armas de fuego, agresiones y violación conyugal.

Según un estudio realizado en Chile por el Servicio Nacional de la Mujer SERNAM en el

año 2001, el 34% de las mujeres que están o han estado en pareja han experimentado violencia

física y/o sexual, y el 16, 3 % ha sufrido violencia psicológica por parte de la pareja. Según datos

del Centro de Desarrollo de la Mujer Domos (2002), un 38% de las mujeres violentadas se

encontraban en el rango etario 31 a 41 años; un 31 % tenía entre 21 y 30 años y un 21% entre 41

y 50 años.

En Bolivia, el Ministerio de Salud y Deportes y la Organización Panamericana de la

Salud (OPS) realizaron dos estudios de prevalencia de la violencia doméstica e intrafamiliar. Las

conclusiones indicaron que en el período 1997-1998, la prevalencia era del 68,2%, es decir, 7 de

cada 10 personas eran víctimas de violencia en su propia familia y que en 2003 la prevalencia era

del 55,4%.

Estas cifras obtenidas por la CEPAL (2007), demuestran la magnitud y gravedad del

fenómeno y desmiente uno de los mitos en torno a la violencia asociada a la pobreza. La

información disponible en distintos estudios deja en evidencia que las mujeres pobres están más

expuestas a la violencia, pero la violencia registrada en todos los grupos sociales incluidos

aquellos de altos ingresos podría sugerir que más importante que la pertenencia a hogares pobres

o no ricos se impone la dicotomía autonomía económica/vulnerabilidad, es decir, sí las mujeres

tienen ingresos propios o no.

(32)

permite comprender como estas deficiencias se traducen en una discontinuidad que arriesga la

sostenibilidad de los programas.

Cuando se habla de violencia de Género, resulta necesario hacer alusión a un subtipo de

la violencia hacia la mujer: la violencia de pareja. Ésta tiene lugar en el espacio doméstico, en el

espacio delimitado por las interacciones en contextos privados. Por ello, se hace extensible a los

noviazgos, relación con parejas, convivan o no, y de ex parejas. Su objetivo es el mismo: ejercer

el control y el dominio sobre la mujer para sostener y perpetuar el poder del varón en este

ámbito particular.

Para el caso específico de esta investigación es la violencia de pareja, (haciendo

referencia al conyugue, conviviente o novio) el centro de interés. A continuación una descripción

de ésta y sus diversos tipos. La violencia de pareja es una de las formas de violencia de género

más extendida en el mundo. Afecta prácticamente a todos los pueblos, a todas las clases sociales

y niveles educativos. Actualmente son muchas las personas que consideran la violencia de pareja

como una violación de los Derechos Humanos. Sin embargo, a su pesar, acaban tolerándola. Son

un tipo de personas que percibe este tipo

de violencia como un ―asunto‖ perteneciente a la esfera

íntima de la pareja y que, como tal, debe ser resuelto por sus miembros sin intervención externa

alguna. Corsi (2003) plantea que es la gente que, en definitiva, se inhibe ante la violencia de

pareja, porque considera que no es asunto suyo.

(33)

En las relaciones de pareja violentas se presentan distintos tipos de manifestación de la

misma, a continuación se hará referencia a ellos, iniciando con la violencia física, que es

comprendida como el uso de la fuerza para intimidar, controlar o forzar a la mujer a hacer algo

en contra de su voluntad y constituye un atentado a la integridad física de las víctimas. Incluye,

entre otros, golpes con las manos, pies u objetos, empujones, jalones de pelo, pellizcos,

mordidas, quemaduras, estrangulamientos, secuestros, sacudidas, y heridas con arma de fuego.

Como una segunda manifestación de la violencia se encuentra la agresión sexual,

referente a cualquier actividad sexual que se da por coerción, chantaje, soborno, intimidación o

amenaza. Incluye cualquier tipo de contacto sexual no deseado, aunque no se llegue a consumar

y puede ir desde presionar continuamente para tener relaciones sexuales, obligar a la mujer a

tener relaciones sexuales a la fuerza o a través de distintas formas de presión o amenaza. Aunque

sea de parte de su pareja, imponer relaciones sexuales brutales o con diferentes parejas, obligar a

la mujer a observar películas pornográficas y/o a reproducir estos escenarios, forzar físicamente

o lastimar sexualmente, imponer la prostitución etc. Es el tipo de violencia más difícil de

expresar, ya que para hacerlo, la mujer debe enfrentar tanto el tabú de la violencia como el de la

sexualidad, aseguran Heise et al (1999).

Un tipo de agresión, que generalmente no es considerada por su carácter privado, y la

dificultad para comprobar sus marcas, es la psicológica. Según la CEPAL (2007), está

representada en cualquier acción, comportamiento u omisión intencionada que produce

sufrimiento y pretende ser una medida de control que amenaza la integridad o el desarrollo de la

mujer. Se basa principalmente en la degradación de la imagen que la mujer tiene de sí misma, a

través de menosprecios, descalificaciones, juegos mentales, humillaciones, críticas, indiferencia,

ridiculizaciones, hostigamiento, desprecios, gritos, insultos, ordenes, manipulación o cualquier

forma de desvalorización con palabras o gestos.

(34)

adquirido o que han construido en pareja; negarse a que ella maneje su propio dinero o el del

hogar; acumular deudas a nombre de la mujer; obligarla a entregar el dinero que ella gana con su

trabajo, entre otros. CEPAL (2007).

Hasta ahora se ha señalado que la violencia en las relaciones de pareja hacia la mujer es

uno de los fenómenos más crueles e inaceptables. No sólo porque se trata de un hecho

inesperado e imprevisto en la dimensión de las relaciones humanas, ni porque proviene de

sujetos que supuestamente deberían actuar solidariamente defendiendo a las personas de las

cuales abusan, sino porque es un acto aberrante que se repite continuamente. Resulta entonces

oportuno preguntarse por la posibilidad de ayudar a quienes conviven con este problema. Para

responder este interrogante es importante comprender variadas comprensiones que desde la

perspectiva sistémica se han dado a las relaciones de pareja violentas.

En la consideración sistémica de los maltratos en las relaciones Ravazzola (1997)

comprende la violencia conyugal como un problema social, solo abordable a partir de una

comprensión multidisciplinaria y desde una actitud de cuestionamiento y revisión de saberes, que

abarca a todos los individuos como miembros responsables de la construcción de la cultura.

Debido a que es un fenómeno repetitivo, diferente de los actos aislados de violencia, según

Ravazzola (1997) vale la pena preguntarse cuáles son los factores que facilitan que se

reproduzca.

El énfasis se pone, entonces, en los patrones interacciónales recurrentes involucrados en

los episodios de violencia. Desde la perspectiva de Strauss (1979, en Sarquis, 1995) que fue el

primero en reconocer que la violencia intrafamiliar debía ser considerado como un problema

social; la familia se concibe como un sistema adaptativo en busca de metas y la violencia como

un producto o respuesta del sistema a su funcionamiento general.

(35)

mantenimiento del nivel de violencia en el sistema, donde el papel de la víctima como reforzante

de esta conducta es esencial en su continuidad.

Dentro del enfoque sistémico, otro modelo de explicación, es

el modelo de las

relaciones

propuesto por Perrone y su equipo, según el cual se considera la violencia no sólo

como un problema de la pareja sino de toda la familia, en el cual se encuentran todos implicados

y cada quien tiene un grado de responsabilidad diferente en el mantenimiento de las relaciones

violentas. Por tanto, el objetivo terapéutico central consiste en poner en evidencia las secuencias

comunicacionales repetitivas y las interacciones que contribuyen a mantener los actos violentos

en respuesta a ciertos mensajes. Perrone y Nannini (1997).

Según Perrone y Nannini (1997) la violencia en la relación de pareja no es un fenómeno

indiscriminado o uniforme, sino que adopta formas distintas. Los autores han diferenciado la

violencia simétrica y la violencia complementaria. En la relación simétrica la violencia toma la

forma de agresión en un contexto de igualdad que desemboca en una agresión mutua. Este tipo

de violencia se genera en situaciones de desafío en el que uno trata de imponerse sobre el otro; la

mujer es quien suele ser la víctima de las agresiones físicas, pero no se somete y se las arregla

para continuar la escalada violenta. La agresión es abierta y existe el sentimiento de culpa.

En la violencia complementaria o violencia de castigo, según Perrone y Nannini (1997),

la violencia toma forma de castigo y se inscribe en el marco de una relación desigual, donde

existe un fuerte y un débil; el fuerte se cree con derecho a castigar al débil, no existen

sentimientos de culpa y si una cierta sanción cultural que justifica la violencia. Sus secuelas son

mucho más graves porque se destruye la identidad de la víctima. Resulta pertinente señalar que

ambos ciclos responden a una retroalimentación circular en la cual la conducta de cada uno de

ellos, sólo puede explicarse y comprenderse observando la interacción de todos los elementos del

sistema.

(36)

refuerzo temprano de la conducta violenta. La segunda, al establecimiento de reglas y

metarreglas más rígidas que gobiernan el sistema marital y la conducta de cada participante en

forma concordante. Esto implica el control unilateral rígido por parte de uno de los miembros,

que implica poco espacio para negociar las reglas que rigen la relación de la pareja. Por lo tanto,

se vuelve altamente probable que incluso desacuerdos menores lleven a acciones violentas.

Otro concepto que resulta útil en la comprensión de la violencia conyugal es el concepto

introducido por Von Foerster (1994) el doble ciego, entendido como la capacidad humana de

construir realidades sin derivarlas de las posibilidades perceptivas, es así que

no vemos que no

vemos. La metáfora del doble ciego se sustenta en numerosas pruebas biofisiológicas acerca de la

relación entre ilusión y percepción, en función de la modalidad cognitiva constructivista del ser

humano. Esto permite explicar cómo no se ve que, no se ve un objeto en una superficie a

determinada proximidad, porque existe un punto ciego del cual no nos percatamos y nuestra

mente construye una coherencia ilusoria del panorama que tenemos en frente.

Lo anterior se puede relacionar con la repetición de patrones de conducta indeseados, que

se vuelve posible debido a que los protagonistas de la relación violenta no ven que no ven y

siguen una lógica que ellos perciben como coherente, lo cual les impide tomar conciencia del

significado y las consecuencias perjudiciales de sus propias conductas. Según Ravazzola (1997)

lo peculiar de este fenómeno de negación es que incluye la negación de la propia anestesia lo

cual permite explicar por qué los fenómenos de abuso se repiten y perpetuán.

Ravazzola (1997) hace referencia a la anestesia, comprendida como construcciones del

lenguaje, (entendido no sólo como transmisión y expresión, sino como acción, como fuerza que

permite construirnos como personas válidas, como sujetos de discursos) y ciertos fenómenos de

la comunicación habituales en las familias en donde es frecuente el maltrato, los cuales logran

anestesiar las sensaciones de malestar y ocultar la capacidad de control de parte de los que

abusan y la capacidad de defensa de quienes son objeto de abusos.

(37)

malestar consigo mismo por su acción. Desafortunadamente, el efecto hipnótico que producen

estas formas comunicacionales es tan potente que termina por proveer una plataforma de

legitimidad para el descontrol y el maltrato.

Ravazzola (1997) propone un circuito de la violencia familiar que permite analizar cuáles

son las anestesias propias de cada uno de los actores y cómo es posible que ellos no vean que no

ven. En estos circuitos participan por lo menos tres actores sociales: el abusador, el abusado y el

contexto reforzador. En cuanto a la persona abusadora, todo lo que piensa y siente le impide

registrar indignación y verguenza ante sus propios actos violentos. Debido a que no se confronta

con los supuestos que fundamentan sus sensaciones y su lógica no es posible poner límite a sus

acciones y no ve que no ve, su propia arbitrariedad, peligrosidad y el daño que causa. Construye

la realidad desde su propia necesidad y centralidad, sin registrar vergüenza, justifica su conducta

por alguna causa y nadie lo lleva a examinar sus creencias.

En el caso de las mujeres abusadas,

su no ver que no ven, se encuentra relacionado con

los mandatos de género recibidos a lo largo de su proceso de socialización, que permiten

configurar y reforzar las creencias tales como que con el amor incondicional algún día ella va a

lograr cambiarlo, o que si ella lo trata bien y lo atiende, él se dará cuenta y cambiará, que es más

importante tolerar y aguantar que defenderse, que ella no tiene ningún poder para cambiar las

cosas. Las mujeres que son víctimas de maltrato por parte de su pareja han aprendido a estar

pendientes de las necesidades y opiniones de los demás, incluso cuando estas se refieren a ellas

mismas, de tal manera que se acostumbran a desestimar sus necesidades y opiniones. Ravazzola

(1997)

La misma autora plantea que debido a que las mujeres han sido concebidas culturalmente

según la ecuación mujer = madre, se las adiestra en el rol de madres universales a tal punto que

llegan a jugar el rol de madres de sus maridos, a los cuales comprenden y defienden más que a sí

mismas, aún en el caso que este las golpee. El acto anormal del marido es para ellas una señal de

que él necesita ayuda, de tal manera que la mujer se conecta con las necesidades de él, nunca con

las propias. Ravazzola (1997).

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