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La excedencia y la dote laboral de la mujer trabajadora

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Ensay

os

LA EXCEDENCIA Y LA DOTE LABORAL

DE LA MUJER TRABAJADORA

LA MUJER Y EL TRABAJO

El trabajo por cuenta ajena de la mujer, aun cuando no tenga hijos ni responsabilidades familiares (i), ya presenta importantes problemas en el estado actual de las cosas. Son obstáculos de índole social, que unos son causa y otros efecto, que, a su vez, originan nuevas consecuencias en una cadena de difícil ruptura. Así, el inferior grado de escolarización y de for-mación profesional de las mujeres, la menor duración y continuidad de su vida laboral, la rotación de empleos, el ausentismo (2), etc. Pero en el te-jí) MAGDALENA SOKOLOWSKA dice que «el concepto de "responsabilidades familia-res" abarca cierto número de funciones, deberes y responsabilidades cuya naturaleza no ha sido aún claramente determinada mediante la investigación y que generalmente se engloban en un solo grupo. En efecto, este concepto abarca tres grupos distintos de funciones: 1. El hecho biológico de la maternidad. 2. Los aspectos sociales de la ma-ternidad (tales como la educación y cuidado de los niños). 3. Las faenas domésticas.» («Algunas reflexiones sobre las diferentes actitudes de hombres y mujeres ante el tra-bajo», Revista Internacional del Trabajo, vol. 72, núm. 1, julio de 1965. Oficina Inter-nacional del Trabajo, Ginebra, pág. 45.)

(2) Se entiende por rotación de las mujeres en los puestos de trabajo, el número de mujeres trabajadoras que en una unidad de tiempo abandona su trabajo; y se llama «ausentismo» la inasistencia esporádica al trabajo. No es palabra que figure en nuestro

Diccionario de la Real Academia Española, pero es de uso frecuente en la literatura

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rreno legal, encuadrado su ordenamiento sobre una proclamada igualdad de los sexos, sólo queda como excepción el tema de que algunas operaciones del mundo del trabajo no nos parezcan idóneas, al menos por hoy, para sus condiciones físicas y psíquicas.

En este sentido, la legislación española, contenida fundamentalmente en el Decreto de 26 de julio de 1957 —que ha venido a dar regulación general y nueva.a la materia que se encontraba dispersa en múltiples disposiciones—, establece un repertorio de tareas prohibidas a las mujeres a causa de que su ejercicio por personal femenino repugna a nuestra mentalidad presente. De esta índole son, por ejemplo, la matanza de reses mayores en los mata-deros, la custodia de reses bravas en el campo a pie o a caballo, el trabajo en el interior de las minas, en los andamios, las faenas de los buzos, el transporte de troncos de árbol por flotación, siguiendo la corriente de los ríos; etc. Se trata de algunas labores tan ásperas y duras que les deben ser prohibidas por su menor fuerza física, aunque se alegue, quizá con ra-zón, que las mujeres tienen mayor resistencia (3), e incluso hay quien sos-tiene que la superior fuerza física media del varón, su formación muscular y estructura ósea más robustas no es algo natural, consustancial a la diferen-cia entre hombres y mujeres, sino que «el que los caracteres secundarios de un sexo estén determinados en uno u otro sentido y se desarrollen si' guiendo esas líneas depende de la influencia de una cultura dada en el desarrollo de ese sexo» {4).

Pero volviendo a la situación actual de las cosas hay que reconocer que nuestra legislación es razonable al prohibir también al personal femenino otros trabajos que entrañan riesgos inevitables, inseparables de su misma na-turaleza y que el varón prefiere, galantemente, asumirlos para sí y man-tener a la mujer apartada de sus posibles consecuencias, aunque alguna ha escrito que si el hombre es lobo para el hombre, no ha de ser cordero para las mujeres {5). En cambio, ciertas operaciones de las que se excluyen a las

(3) LIDIA FALCON O ' N E I L L ; LOS derechos laborales de la mujer. Editorial

Monte-corvo. Madrid, 1965, pág. 91.

(4) HANS KILIAN: The role of ivomen and the education of girls: a socio'psycholo' gical viewpomt, conferencia pronunciada en una reunión internacional de expertos en materia de educación, sobre los problemas de educación y ciudadanía de los jóvenes (Education and citiZenship of girls today), convocada por el Instituto de la Juventud de la U. N. E. S. C. O. en Gauting (13-18 de octubre de 1958), publicada en Report on the meeting, pág. 16 (mimeografiado). Citado por MAGDALENA SOKOLOWSKA en el artículo referido, pág. 51.

(5) PlERRETTE SARTIN : La promotion des femmes, edición española de Nueva

Co-lección Labor, traducción de MAR/A MERCEDES GIMENO DE G. DE LA MORA. Barcelona,

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LA EXCEDENCIA Y LA DOTE LABORAL DE LA MUJER TRABAJADORA

mujeres y a los menores por su toxicidad o por suponer riesgos, es evidente -que éstos deben ser prevenidos con carácter general en una más perfecta y racional organización del trabajo, de forma que tampoco alcancen sus posibles perjuicios a los trabajadores adultos, y ello por razones de estricta justicia y por imperativos del respeto que merecen la integridad y la digni-dad de la persona humana.

Por eso ha podido observarse que respecto al trabajo femenino 4se efectúa una «superreglamentación», fundada en todas las razones que han motivado la protección del trabajador varón (6), y que estas soluciones legislativas tienen un carácter relativo y temporal, ya que el desarrollo de la legislación obrera va reemplazando con medidas de protección de carácter general aque-Has que alcanzaban antes sólo a determinadas categorías de trabajadores, a las mujeres y a los menores (7). Por esa razón, porque las trabajadoras no desean hoy tal «superreglamentación», sino igualdad con los varones, en el reciente Congreso Internacional de la Mujer —Madrid, junio de 1970—, una de las conclusiones pide, con carácter general, que «los Gobiernos e institu-ciones públicas y privadas velarán para que se establezcan las máximas aten-ciones a la seguridad e higiene en el trabajo para todos los trabajadores». Ya la ponencia del profesor Luis González Seara, sobre la que se elabora-ron las conclusiones de esa Comisión sobre «la mujer en el trabajo» del mencionado Congreso, decía: «Proclamada la igualdad, no se ve ninguna razón para excluir a la mujer de un trabajo porque sea "tóxico" o "insalu-bre". Si es tóxico o insalubre, lo es lo mismo para el hombre que para la mujer, y deben adoptarse toda clase de medidas para proteger al trabajador que realiza esa actividad, independientemente de que sea hombre o mujer.»

Toda la legislación protectora de la mujer ha llegado a ser rechazada por algunos sectores feministas mal informados como una consideración pe-yorativa para el sexo. La protección a la mujer —dicen— es muestra de una humillante inferioridad. Un autor reciente escribe extremosamente que «frente a la explotación laboral de la mujer en los primeros tiempos de la

(6) MATILDE M. DECOUVELAERE : Le travail industriel des femmes manees, tesis doctoral. Universidad de Lille. París, 1934, págs. 17 y sigs. Coincide con ella MARÍA PALANCAR : «La mujer y el trabajo», en Política Social, Suplemento de la Revista de

Estudios Políticos, núm. 5, Madrid, 1947, pág. 12. Escribe M. PUENTE OJEA: «De ahí

•que todo movimiento "proteccionista" del trabajo femenino se haya enfrentado, ante iodo, con el trabajo industrial de la mujer. Ella le debe sus primeras conquistas en la ley, en la vida económica, en la opinión. Le debe, también, las primeras etapas de su esclavitud» («Problemas en torno al trabajo de la mujer», Revista de Trabajo. Ma-drid, abril de 1953, pág. 442.)

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revolución industrial se pretende ampararla a la fuerza, poniéndola barreras a su plena emancipación activa» (8). Pero la verdad es que tanta suspicacia nos parece exagerada, porque la prohibición de algunos trabajos no se tra' duce, tal como lo hemos visto, en discriminación o menosprecio de la mu-jer, sino en su defensa, para que por pura y dura necesidad no pueda verse arrastrada nunca a labores incompatibles con su naturaleza. La pretensión de una igualdad absoluta de sexos conduce, por el contrario, a deplorables resultados en una verdadera «explotación de las mujeres», como se denunció en la misma Rusia (9). Por eso no resulta lícito afirmar seriamente que la mujer —en España, por ejemplo— está «discriminada», cuando puede ser alcalde, magistrado, procurador en Cortes, etc., aunque continúe la prohi' bición para que ejerza como matarife, buzo o minero del interior, o, como ocurre en Francia, que no se la admite como capitán de bomberos (10). Otra cosa es que una formación normalmente inferior a la del varón, por razones: históricas, y los arraigados hábitos sociales contribuyan a que aún no haya alcanzado de hecho esa igualdad legal concedida hace todavía pocos años, y esto ocurre en todos los países, incluidos los llamados socialistas ( n ) .

(8) }. M. MARAVALL: «Aspectos del empleo femenino en España», en Revista Es-pañola de la Opinión Pública, núm. 19, febrero-marzo 1970, pág. m .

(9) PlERRETTE SARTIN en la obra citada escribe: «El artículo dedicado por La Docu-mentation Uranqaise el trabajo femenino en Rusia, cita las críticas hechas por el escritor soviético V. NEMTSOV a "la explotación de las mujeres", cuya causa está, según él, " e n una complicidad general y en la indiferencia" ¡ entre los directores de Empresa que "por inercia" se resignan a que haya tales abusos, porque encuentran un beneficio en el empleo de roano de obra barata, e ignoran deliberadamente las leyes proyectoras que prohiben destinar a las mujeres a ciertos trabajos; entre los Sindicatos que no utilizan los derechos de que disponen, pero también en la opinión pública, que se ha adaptado a un espectáculo diario y cede a la "fuerza de la costumbre", en particular entre los jóvenes que conciben la igualdad en término de asimilación, "olvidando que existen derechos especiales para las mujeres"» (pág. m ) .

(10) P. SARTIN, obra citada, pág. 3 8 : «Añadamos aquí, en virtud de un antiguo reglamento basado en el hecho de que las mujeres suben y bajan las escaleras más despacio que los hombres, el oficio de bombero.»

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de-LA EXCEDENCIA Y de-LA DOTE de-LABORAL D E de-LA MUJER TRABAJADORA

Mas las mayores dificultades surgen con el matrimonio, y sobre todo con la maternidad de la mujer trabajadora. Una autora feminista, por ejem' pío, afirma radicalmente que éste de la maternidad es «el único verdadero problema» en el trabajo de la mujer {12). Pero aunque para nosotros no sea el único, parece evidente que es, desde luego, el más grave de todos.

El mundo entero coincide en reconocer la función fundamental que la mujer desempeña en la guarda del hogar y en el cuidado y la educación de los hijos (13). Las discrepancias empiezan al juzgar si estas funciones re-sultan del todo incompatibles con el trabajo por cuenta ajena y en la

pon-terminación de las causas que originan situaciones en las que, a pesar de que la Ley no ha sido violada, las mujeres no disfrutan derecho de una igualdad plena. Mencione-mos, por ejemplo, el principio de igualdad de remuneración contenido en la Constitu-ción y en todas las normas legislativas relativas a los salarios, normas que son obser-vadas en la práctica. No obstante, las estadísticas señalan que el promedio de los in-gresos de las mujeres es inferior en un tercio aproximadamente al correspondiente a los ingresos de los hombres. El problema aquí radica en averiguar las causas y, por ende, hallar también el origen de tal estado de cosas. En parte esto es debido a que en la ma-yoría de los casos las mujeres trabajan ramas de la economía en que el salario medio es inferior a del promedio nacional, mientras que los empleos pertenecientes a sectores que, en razón de su importancia social, gozan de prioridad, son ocupados generalmente por hombres. Otro factor de evidente importancia consiste en que normalmente las mujetes poseen niveles de calificación y formación profesional inferior. Pero, además, en un análisis verdaderamente objetivo debe tenerse también en cuenta que incluso en nuestra sociedad socialista existe una inclinación a dar preferencia a los hombres, aun en el caso de igual formación profesional o nivel de calificación, cuando se trata de nom-bramientos para cargos que impliquen responsabilidad directiva o administrativa.» (Re-vista Internacional del Trabajo, vol. 72, núm. 5, noviembre de 1965, O. I. T., Gine-bra, págs. 442, 451 y 452.)

(12) LIDIA FALCON O'NEILL, obra citada, pág. 92.

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«aeración de si el rendimiento que ese trabajo femenino aporta a la econo-mía en su conjunto y a la de su propia familia especialmente compensa las ausencias temporales o parciales de la mujer en lo que constituye su ocu-pación tradicional.

Estos son, pues, los dos polos entre los que se mueve toda la filosofía y la política sobre el trabajo de la mujer casada y madre.

Hay tendencias políticas generales, que han llegado a plasmar en decla-raciones constitucionales, con la hermosa pretensión de una vuelta a la mu-jer a su hogar {14). El Fuero del Trabajo, no reformado en esto por las • disposiciones adicionales de la Ley Orgánica del Estado, aunque se ha

pro-ducido la curiosa modificación en su texto, que en seguida examinaremos, decía el 9 de marzo de 1938: «El Estado... libertará a la mujer casada del taller y de la fábrica.» Esta aspiración constituye un ejemplo más de la iden-tidad de la citada ley fundamental con la doctrina social católica, según se • encargó de subrayar la interpretación autorizada al definir las «orientaciones

cristianas del Fuero del Trabajo» (15).

(14) Son muy nobles y han ejercido innegable influjo en nuestra patria unas famo-sas palabras de JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA. NOS referimos a las que dirigió a las mujeres de Don Benito, después de un mitin, en mayo de 1935: «Y acaso no sabéis toda la profunda afinidad que hay entre la mujer y la Falange. Ningún otro partido podréis entender mejor, precisamente porque en la Falange no acostumbramos a usar ni la galantería ni el feminismo. La galantería no era otra cosa que una estafa para la mujer. Se la soborna con unos cuantos piropos, para arrinconarla en una privación de todas las consideraciones serias. Se la distraía con un jarabe de palabras, se la culti-vaba una supuesta estúpida para relegarla a un papel frivolo y decorativo. Nosotros sabemos hasta dónde cala la misión entrañable de la mujer y nos guardamos muy bien de tratarla como una tonta destinataria de piropos. Tampoco somos feministas. No en-tendemos que la manera de respetar a la mujer consista en sustraerla a su magnífico destino y entregarla a funciones varoniles... El verdadero feminismo no debiera consis-tir en querer para las mujeres las funciones que hoy se estiman superiores, sino en rodear cada vez de mayor dignidad humana y social a las funciones femeninas.» [Obras completas, edición cronológica. Recopilación y prólogo de AGUSTÍN DEL Río CISNEROS. Publicaciones Españolas, Madrid, 1951, pág. 440.) Véase también JoSÉ PÉREZ SERRANO: El retorno al hogar de la mujer trabajadora, Escuela Social de Barcelona, 1945; AMADO FERNÁNDEZ HERAS: «Inconvenientes del trabajo de la mujer casada fuera del hogar: su solución en las Reglamentaciones Nacionales de Trabajo», en Boletín de Seguridad e Higiene del Trabajo, núm. 1, de 1946, págs. 16 y sigs.

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LA EXCEDENCIA Y LA DOTE LABORAL DE LA MUJER TRABAJADORA

La pequeña modificación en ese párrafo, a la que antes aludíamos, con-siste en que el Texto refundido de las Leyes Fundamentales del Reino, aprobado por Decreto de 20 de abril de i9Ó7 —Boletín Oficial del Estado del día siguiente—, hace figurar el término «liberará» en lugar de «libertará a la mujer casada», que era, como hemos visto, el concepto original del Fuero {16). Se trata, pues, de una ligera alteración en el texto, a pesar de que esta Declaración II no estaba incluida en las modificaciones que debían introducirse en la redacción del Fuero del Trabajo, a tenor de la dispo' sicidn segunda de la Ley Orgánica del Estado, y de que el preámbulo del Decreto que aprueba la refundición reconoce, como es lógico, que «el ca' rácter fundamental de las leyes a refundir y la permanencia e inalterabilidad de los principios que las inspiran, tal como fueron proclamados por la ley de 17 de mayo de 1958 y reiterados en la propia Ley Orgánica del Estado, «xige que la labor de refundición ha de limitarse a sustituir en las leyes fundamentales los textos modificados por las disposiciones adicionales de la Ley Orgánica del Estado, suprimiéndolas en la redacción refundida de la misma...»

Con esto vemos que la modificación observada en el Fuero no aparece amparada por ninguna disposición, y no queda más remedio que atribuirla a un origen involuntario —error material de transcripción o errata de impren-ta—, pero que al no subsanarse cristalizará ya para siempre en la redacción publicada, pues el artículo 2? del citado Decreto de 20 de abril de 1967 dispone que «las Leyes Fundamentales del Reino continúan ininterrumpida-mente en la plenitud de su vigencia y en la forma que se contiene en los Textos refundidos».

La verdad es que la cosa no tiene demasiada importancia, porque los

familia.» MARÍA PALANCAR, en el trabajo repetidamente citado, escribe: «El Fuero del Trabajo, recogiendo inspiraciones que a fines del pasado siglo habíanse apuntado por destacados representantes del tradicionalismo español, contiene en una de sus decla-raciones el romántico programa de "libertar a la mujer casada del taller y de la fá-brica". Adviértase que en dicha declaración, que es la segunda en el final de su primer párrafo, no se habla del trabajo en términos genéricos y de que, por tanto, como ha puesto de relieve PÉREZ SERRANO (en el título de su opúsculo El retomo al

hogar de la mujer trabajadora), no entraña una prohibición formal al trabajo femenino,

sino una tendencia favorable a que no salga de la casa.» (Pág. 30.)

(16) Así aparece en la página 6179 del Boletín Oficial del Estado, núm. 505, de Burgos, el jueves 10 de mayo de 1938. En cambio, ya decíamos, que figura «liberará» en la pág. 5255 del Boletín Oficial del Estado, núm. 95, del viernes 21 de abril de 1967, que publica el Decreto 779/1967, de 20 de abril, por el que se aprueban los textos refun-didos de las Leyes Fundamentales del Reino.

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verbos «libertar» y «liberar» son casi sinónimos (17), aunque hilando muy delgado podrían apreciarse ligeros matices en el empleo más usual de uno y otro. «Liberar» hace más bien referencia a la acción de eximir a una persona de cierta obligación, aparte del uso retórico de la «liberación» de un pueblo, mientras que «libertar)) tiene la acepción más fuerte, más natu-ral y concreta de «poner a uno en libertad», bien sea la manumisión del esclavo, la excarcelación del preso, etc.

Si se considera lo que ha sido en otro tiempo el trabajo por cuenta ajena de la mujer, resulta muy adecuada la expresión del Fuero. Por una paradoja sólo aparente, fue en los albores del romanticismo, y en las déca-das en que este movimiento alcanzaba sus cimas, cuando la vida de la mujer se endurece, ofreciéndonos los cuadros más sombríos (18}. Mas la áspera existencia de la mujer en el trabajo se prolonga en el tiempo, y todavía se puede escribir en nuestra época que «la vida de la mujer en la fábrica es, pues, una vida dura y ruda, ambas cosas a la vez. Algunos se apresuran a concluir que la fábrica no es sitio para la mujer y que hay que suprimir el trabajo femenino» (i9).

Pero este cuadro requiere los necesarios contrastes. Unos consisten en los aspectos positivos de ese trabajo (26), y otros contrastes están constituidos

(17) El Diccionario de la Real Academia Española, edición de 1956, dice: «Libertar (De "liberto"), tr. Poner a uno en libertad; sacarle de esclavitud o sujeción. U.t.c.r.//2. Eximir a uno de una obligación, sujeción o deuda»; y «liberar (Del Jat. "libera-re"), tr. Libertar, eximir a uno de una obligación.»

(18) Véase MARÍA PALANCAR, artículo citado, págs. 7 y sigs.; por su parte, la CON-DESA DE CAMPO ALANGE también habla de «la incomprensión que tuvo el romanticismo para la mujer» («La secreta guerra de los sexos», Revista de Occidente, Madrid, 1948, página 68). J. M. MARAVALL, en el estudio citado, dice: «Los problemas que hoy afectan a la mujer trabajadora comienzan con la incorporación de la mujer a la producción fabril, con la revolución industrial. Entonces aparece en el mundo del trabajo por cuenta ajena en las industrias, constituyendo un subproletariado sometido a unas con-diciones de trabajo especialmente duras y manifestando abiertamente una ausencia de calificación y de educación especialmente relevantes» (pág. 114).

(19) Esto escribe MlCHBLE AUMONT, licenciada en Filosofía que después de tres años de dedicarse a la enseñanza trabajó como obrera «especializada» en la industria francesa. Con el resultado de sus experiencias escribió: Femmes en usine. Les ouvriers de la métallurgie parisienne (París, Editions Spes, 1953) y Monde ouvrier méconu (París, Editions Spes, 1956). y el artículo en la Revista Internacional del Trabajo, vor lumen L1X, núm. 4, Ginebra, julio de 1956, titulado «La mujer en la fábrica: Una experiencia personal», págs. 394 y sigs.

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L.A EXCEDENCIA Y LA DOTE LABORAL DE LA MUJER TRABAJADORA

por los tintes también sombríos, o más negros aún, de lo que fueron y son, en parte todavía, ciertos hogares. «Es cierto que se debe defender ante todo el hogar, pero para defender una cosa antes hay que lograr que exista, y no se puede llamar "hogar" a ciertas "cosas", y no se puede suprimir el tra' bajo femenino para que eso "perdure"» {21). «La mujer puede ser muy des-graciada entre cuatro muros sin horizonte de un hogar triste, donde el ma-rido sólo va a comer y a dormir. Un trabajo en la fábrica, incluso inhumano, puede ejercer sobre ella una atracción» (22). «Este hogar sobre el cual se han escrito tantas páginas emocionantes, y al que se exhorta a la mujer a ligarse, no es a menudo más que un miserable tugurio)) (23).

La razón principal del trabajo de la mujer casada es, desde luego, la necesidad del salario, pero no es la única {24). Si así fuese, no se com-prendería que la proporción de trabajo femenino venga comparativamente aumentando más en los países de mayor desarrollo y superior renta, aunque esta afirmación no es indiscutible {25). Un artículo publicado en la Revista

es sólo una vida dura. Tiene su belleza, sus particularidades y su grandeza incluso. Nos gusta nuestra vida y amamos la fábrica, deseando a la vez transformar una y otra...» (pág. 405).

(21) MARGARITA PÉREZ BOTIJA: El trabajo femenino en España, Colección Congre-so, 2, Madrid, 1961.

(22) ARPAD SZEPAL : h'ouvnere. Deux mondes mevne soufrances. París, 1956. (23) MADELE CAZIN: Le trctvail fémenin, tesis doctoral. París, 1943.

(24) «Al lado de la presión económica, que en Francia explica el 85 por 100 de los casos de trabajo de la mujer casada, hay indudablemente una presión psicológico-social muy difusa y compleja. La mujer que ha estudiado y trabajado antes de casarse, puede conservar su interés por el trabajo en sí mismo, y, sobre todo, la idea de que ese trabajo aumenta su independencia espiritual y enriquece su vida. Más aún, puede entender que ese trabajo es una compensación a una vida familiar desajustada.» (Ponen-cia general presentada por el profesor MANUEL FRAGA IRIBARNE sobre el tema «El tra-bajo de la mujer casada», en la Conferencia Internacional de la Familia —Madrid,

ju-lio de 1961— y publicado en la REVISTA DE POLÍTICA SOCIAL, núm. 53, enero-marzo 1962,

Madrid, págs. 5 7 sigs.).

(25) Sobre una encuesta de la Unión Internacional de Organizaciones Familiares, M. FRAGA IRIBARNE comenta que «unas y otras cifras parecen demostrar que con la subida del nivel de vida, a partir de cierto momento del desarrollo, el trabajo feme-nino y en particular el de la mujer casada, vuelve a contraerse». No obstante, en el mismo estudio observa que «en el Reino Unido, por el contrario, el volumen de las mujeres casadas que trabajan aumenta absoluta y relativamente» (lugar citado). En la Rusia soviética se ha observado que «a medida que la guerra va quedando lejos, la necesidad de mano de obra femenina se hace menos apremiante y la integración de ésta en la vida activa pasa a ser más lenta. La elevación del nivel de vida de ciertas capas de la población incita a las mujeres a abandonar el trabajo después del matri-monio, incluso aunque no tengan hijos, cuando el salario del marido es suficiente. Por

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Internacional del Trabajo, en febrero de 1956 {26), hacía notar que aunque

el porcentaje de todas las mujeres económicamente activas, así como la pro-porción de ellas en el total de la mano de obra, se han mantenido más o menos de manera estable en la mayoría de los países, ambas cifras han aumentado aproximadamente el doble en Estados Unidos entre 1870 y i9$o. Earl E. Muntz, profesor de Economía de la Universidad de Nueva York, escribe sobre la «Evolución del empleo de la mujer en Estados Unidos» (27), y hace notar, en 1956 también, que desde hace treinta años, o sea en la posguerra de la primera conflagración mundial, se ha desarrollado «una persistente afluencia de mujeres en el campo de las artes, las profesiones liberales, el comercio, la industria y los servicios públicos..., a tal punto que cabría denominar la revolución profesional de la mujer norteamericana» (28). Aunque más radical ha sido esta revolución en algunos países orientales musulmanes, en los que pasaron casi inmediatamente las mujeres desde el harén a los puestos técnicos, políticos y diplomáticos. Las conclusiones de Muntz son que «las pruebas de la creciente influencia que la mujer ejerce sobre la economía siguen acumulándose sin cesar. Su productividad en este sector ha ido elevándose paralelamente con los adelantos en la instrucción y la formación profesional. No sólo se ha convertido la mujer en una fuente constante de mano de obra, sino que hoy representa el suministro de mano de obra que ofrece mayor grado de elasticidad. La economía sigue apo-yándose cada día más, y hasta tal punto, en la mano de obra femenina, que está permitido concluir que la revolución profesional de la mujer no ha llegado aún a su término» (29). Un artículo publicado nueve años des-pués viene a confirmar estas impresiones. Me refiero a que Esther Peterson subraya en 1965 que hay 24 millones de mujeres trabajando en los Estados Unidos, lo que representa un tercio del número total de asalariados y algo mis de la tercera parte del conjunto de mujeres en edad de trabajar, y son casadas las tres quintas partes de las mujeres asalariadas (30).

primera vez después de la guerra, su participación no sobrepasa el 45 por 100 y se asiste al fenómeno, que ya ha llamado la atención en otros países, de su tendencia a tras-ladarse desde la industria pesada a la industria ligera y desde ésta hacia los sectores terciarios». (P. SARTIN, obra citada, pág. 30.)

(26) La población trabajadora del mundo: Aspectos demográficos, vol. LUÍ, núm. 1, páginas 176-203.

(27) Revista Internacional del Trabajo, vol. LIV, núm. 5. Ginebra, 1956, págs. 473 y siguientes.

(28) Artículo citado, pág. 480. (29) Artículo citado, pág. 498.

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LA EXCEDENCIA Y LA DOTE LABORAL DE LA MUJER TRABAJADORA

Una escritora marxista, la polaca Magdalena Sokolowska, dice que en la población trabajadora del mundo la proporción es ya de uno a dos, y-que la tendencia general hacia un aumento de la participación de la mujer en el empleo parece indicar que esta proporción habrá de corresponder en^ breve a la de hombres y mujeres en el conjunto de la población mundial, es decir, de uno a uno {31).

Lo cierto es que en nuestro mundo se ha podido observar «que la si-tuación social de las mujeres en la Comunidad europea se ha modificado' profundamente en los últimos años bajo la presión de los cambios econó-micos provocados por la creación del Mercado Común... En los seis países las mujeres constituyen la reserva más importante de mano de obra» (32). Hoy -—escribe André Lilti en i966— un tercio aproximadamente de los europeos que trabajan son mujeres» {33). Únicamente en Francia no ha au-mentado desde principios de siglo la proporción de mujeres trabajadoras, pero varía la distribución de sus actividades, con un crecimiento en el sector terciario y una mayor presencia femenina en los puestos jerárquicamente más elevados {34).

órgano mensual de la Unión Sindical Suiza, publicada en Berna el 3 de marzo de 1965. ESTHER PETERSON era, cuando escribió dicho artículo, «vicepresidente ejecutivo» del Comité Interministerial sobre la condición de la mujer en los Estados Unidos, organismo-creado para desarrollar los primeros estudios hechos por la Comisión Presidencial sobre la condición de la mujer, reunida a iniciativa del Presidente Kennedy.

(31) Artículo criado, pág. 39.

(32) ANDRÉ LILTI: «La femme au travail en Europe», en Tribune Socialiste, nú-mero 271. París, 29 de enero de 1966, pág. 8.

(33) Lugar citado. También el doctor HERMANN SCHUBNELL, en su artículo publi--caol en Wirtschaft und Statistik, núm. 8, 1964, sobre el tema «Die Erwerbstatigkeit von Frauen und Müttern und die Betreeng ihrer Kinder», resume los resultados de un microcenso realizado en 1962 en la República Federal Alemana, incluido Berlín occidental,. que afectaba a 1.500.000 trabajadores no agrícolas, y en él se demuestra que el número de mujeres trabajadoras aumentó entre 1952 y 1962 en un 19 por 100, mientras que-el número de mujeres en edad activa sólo había aumentado en un 9 por 100.

(34) D. EVRARD: «La main-d'oeuvre fémenine impose-t-elle des conditions de tra-vail spéciales?», L'Usitie Nouveüe. París, marzo 1966, pág. 223. YVES LEGOUX, en «Atti-tudes de jeunes filies devant une profession technique», termina diciendo: «Hemos podido acotar algunos aspectos de este paso de un estatuto de discriminación y de menor -edad social a un estatuto de participación y de mayor -edad social en el momento en que los elementos que juegan en favor de la emancipación son los más numerosos y los más activos, es decir, al término de una escolaridad profesional coronando un larga' esfuerzo de escolaridad general, en una disciplina y a niveles que ofrecen el máxima' de oportunidades a la expansión de las aptitudes y de la personalidad. En esta época la mujer de los medios universitarios ha conocido la ventaja de una igualdad de estatuto-sin perder ciertos privilegios psicológicos de su sexo. La vida profesional ofrecerá uní

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En uno y otro Continente, en Europa o en Norteamérica, se confirma que, como decíamos, no es la necesidad la única razón del trabajo de la mu-jer, aunque constituya, desde luego, una causa muy importante. Se habla incluso de «esnobismo», del trabajo como pasatiempo, del «trabajo'diver-sión», escribe J, L. Aranguren, que quiere ver en la ocupación laboral de las muchachas de buena posición algo socialmente poco positivo {35). La

«tragadiamantes» de la posguerra ejerce como comerciante (36).

cuadro sensiblemente diferente. Como trabajadora, y frecuentemente como esposa, so-soporta una carga que el hombre, sea cual fuere su cultura y su edad, no comprende con frecuencia. Los estatutos transmitidos reaparecerán con toda su fuerza. El hombre está habituado a resolver simplemente los problemas de competencia y no quiere re-nunciar a la tranquilidad que le asegura la mujer en el hogar. La mujer tiene ten-dencia a incorporarse a los comportamientos clásicos y a rehusar las dificultades de toda nueva experiencia social, sobre todo, de este volumen.» (Sociologie du travail, París, julio-septiembre de 1962, pág. 261.) También en España, M. PUENTE OJEA, ob-serva que «a parte de este incremento, cuya cifra hoy no podemos apreciar por falta de datos precisos, es evidente un desplazamiento de la mano de obra femenina hacía actividades mejor retribuidas que exigen una preparación mejor.» (Artículo citado, pá-gina 445.)

(35) «Hasta hace poco, las muchachas de familias ricas no trabajaban. Se dedica-ban a casarse, no sé exactamente a qué, pero no trabajadedica-ban. Esto quizá fuese malo para ellas, pero no estoy completamente seguro de que el remedio haya sido social-mente mejor. Lo cierto es que ahora han descubierto que trabajar, siempre que el trabajo sea "interesante", es más divertido. Y como el aprendizaje real de idiomas sigue siendo en España un privilegio clasista, pues requiere vivir en el extranjero, y nues-tras estudiantes modestas, que se consideran en la obligación de estudiar onues-tras co-sas, apenas si pueden salir de España por unas pocas semanas; y como además, esas chicas ricas y bien ataviadas tienen, generalmente, mejor presencia, mayor distinción y también más relaciones e influencias, los mejores puestos de trabajo (secretarias de Empresas muy importantes, vendedoras en boutiques muy elegantes, etc.), son ocu-pados por ellas, quedando para lo que podríamos llamar el proletariado intelectual femenino el trabajo a destajo en los colegios privados y ocupaciones semejantes. El problema, en sí mismo, no es grave, puesto que se trata de puestos de trabajo privi' legiados y, por lo tanto, cuantitativamente escasos; pero sintomáticamente sí lo es, porque revela una estructura tal de nuestra sociedad en la que incluso el trabajo feme-nino es discriminatorio, y en la que la clase superior detenta, prácticamente, todo el trabajo interesante (y, claro está, mejor retribuido; con una retribución que, por no subvenir a ninguna necesidad, se consume íntegramente en caprichos). Las muchachas de la alta burguesía y la aristocracia han pasado así de la vieja "cultura de adorno" al que podemos llamar "trabajo-diversión".» (En «La mujer de 1923 a 1963», Revista de Occidente, número extraordinario, 1963.)

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LA EXCEDENCIA Y LA DOTE LABORAL DE LA MUJER TRABAJADORA

«Cabría decir que existen tantas razones diferentes para que la mujer trabaje como mujeres que desempeñan un empleo remunerado —dice Earl E. Muntz—. No obstante, la mayoría de estas razones pueden condensarse en unos cuantos motivos fundamentales: la necesidad, el deseo de elevar su nivel de vida o el de la familia, la sustitución del trabajo casero por una vida activa en el mundo de los negocios, la utilización del tiempo libre, especialmente a cierta edad; la capitalización de las aptitudes, y finalmente las demandas de servicios en la industria, el comercio, las artes y las profe-siones liberales, remunerados de forma bastante atrayente para movilizar los recursos productivos de mano de obra femenina anteriormente inexplota-dos» {37).

A. Lilti, por su parte, resume para Europa los siguientes motivos que estimulan al trabajo por cuenta ajena de la mujer: para ser independiente, tener un dinero para sí misma, obtener e! derecho a un retiro, poder reali-zar compras a crédito {38).

La Comisión de la Mujer del Consejo Económico y Social de la O. N . U., y como resultado de una encuesta, ofrece, a su vez, estas razones por orden de importancia: necesidad de unos derechos superiores, una ayuda nece-saria para los estudios de los hijos (39), medida de seguridad contra los ries-gos de paro total o parcial del marido. Mas para cierto número de mujeres interrogadas, los motivos eran la necesidad de mantener una actividad ex-terior y el deseo de evasión del hogar.

En este último estímulo para el empleo de la mujer en trabajos por cuenta ajena veía aspectos negativos en 1948 una autora española. «Una fa-ceta moral menos buena —escribía—. Una especie de desprecio por todo lo que se refiere al hogar, un afán insano que busca distracciones fuera del

a la cama de oro de una meretriz célebre. La "tragadiamantes" de la posguerra ejerce de comerciante.» (P. SARTIN, obra citada, pág. 31.)

{37) Artículo citado, pág. 482.

(38) Artículo citado de Tribune socialiste. Otro artículo, el ya aludido de D. EvRARD, en la revista patronal L'Usine Nouveüe, dice igualmente que no es sólo por necesidad por lo que las mujeres se ofrecen al mercado de trabajo, «sino también por fuertes rabones personales (subrayado en el original) y entre ellas la ambición de elevar su nivel de vida, el deseo de utilizar sus aptitudes y de ensanchar su horizonte intelectual, así como con una tendencia natural al «gregarismo» (pág. 223, del suplemento de marzo de 1966 de la citada revista).

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ambiente familiar, un despegue y casi desamor por los suyos,..» {40); y se-gún un dicho inglés, Labour lost by lave {41).

EL TRABAJO DEL AMA DE CASA

Sin llegar a estos criterios, es evidente que el tema del trabajo en el hogar como misión fundamental de la mujer gravita con peso fundamental sobre el empleo de las casadas, sobre todo cuando acceden a la maternidad, «La carrera de ama de casa —observa Theodore Caplow— comienza ñor-malmente con el matrimonio, en cuyo momento el trabajo consiste sólo en la preparación de la comida y en la limpieza, realizadas en condiciones favo-rables. El hogar se compone sólo de dos personas, el equipo suele ser nuevo y se espera del esposo que ayude. La tarea de ama de casa es tan ligera que puede combinarse con un trabajo en tres de cada cinco matrimonios (en los Estados Unidos)» {42). Pero «la aparición del primer niño cambia la función de la madre tan por completo, que realmente constituye una cri' sis social» {43). En Francia un 9o por 100 de las opiniones estima negativo el trabajo de la mujer si hay hijos, pero un 70 por 100 lo considera positivo cuando no los hay (44).

La mecanización del hogar, aunque supone un notorio alivio, lleva con-sigo otras dificultades. «El trabajo de ama de casa también es demasiado valioso para desperdiciarlo —opina Caplow—. El suministro de más y más

(40) CARMEN ISERN Y GALCERÁN: La mujer en la vida del trabajo. Su misión

so-cial. Su efecto jurídico, de tesis doctoral, Publicaciones Al servicio de España y del niño español, Ministerio de la Gobernación, Madrid, 1948, págs. 31 y sigs. THEODORE CAPLOW, en su Sociología del Trabajo hace la siguiente observación: «Hay otro con' junto, completamente diferente, de factores a considerar. Hablando prácticamente, se puede predecir que relaciones sexuales o cuasi sexuales de alguna importancia se des-arrollarán en los grupos de trabajo mixtos. En la medida en que esto introduce un conflicto extraño, constituye una amenaza directa para el grupo; indirectamente, al pro-vocar el interés y, a veces, la intervención de extraños, incluidos esposos y esposas, genera amenazas adicionales y perturba la separación celosamente guardada entre hogar y trabajo, que tanto pesa en la economía psíquica del trabajador moderno» (pá-ginas 395 y 396 de la traducción española de M. ALONSO OLEA, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1958).

(41) Citado por P. SARTIN, obra citada, pág. 120.

(42) En su citada The Sociology of Work, págs. 430 y 431 de la edición española. (43) Lugar citado, pág. 432.

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LA EXCEDENCIA Y LA POTE LABORAL DE LA MUJER TRABAJADORA

máquinas de hogar —lavadoras mecánicas, aspiradoras, neveras, etcétera— aumenta su productividad en sentido técnico; pero, como ocurre en el pro-ceso paralelo que se desarrolla en la industria, tiende a disminuir la habili-dad personal necesaria, y en consecuencia, a disminuir la probabilihabili-dad de que el trabajo sea satisfactorio para la mujer que posee más inteligencia de la precisa en un operador semiespecializado de máquinas. No existe solución sencilla para este complejo problema, ni para sus tensiones emocionales, ni para su derroche de recursos humanos» (45). Estas observaciones sociológicas de Theodore Caplow son agudas y exactas y se completan con otras, tam-bién muy convincentes, que formula sobre el mismo tema. «El contraste en-tre las muy valiosas actividades a que se dedica su esposo —manejo de símbolos y contacto personal— y su propio trabajo se hace más y más no-torio a medida que ambos ascienden en la escala social. Por otro lado, la aureola emocional que rodea el trabajo de casa se intensifica tanto al con-templarla de este modo, que se dificulta seriamente cualquier intento de racionalización de funciones (por ejemplo, el establecimiento de cocinas co-operativas para grupos de viviendas)» (46).

Pero, aparte de estas dificultades de principios o «filosóficas» —diga-mos— para facilitar el trabajo del ama de casa, lo cierto es que en todos los países faltan instituciones y servicios de ayuda para estas labores. En. Estados Unidos, la Comisión Presidencial sobre la Condición de la Mujer así lo ha reconocido (47), y era tema que preocupaba vivamente: «Para que la familia continúe siendo la institución fundamental de nuestra sociedad será preciso crear nuevos servicios comunitarios y desarrollar los que ya existen. Las obligaciones de orden económico, social y familiar que asume la mujer la conducen frecuentemente a ejercer simultáneamente diferentes clases de actividades, y el cambio de composición del hogar americano es una de las mudanzas más impresionantes que caracterizan el siglo XX» (48).

(45) Obra citada, págs. 439 y 440. (46) Obra citada, pág. 438.

(47) ESTHER PETERSON, artículo citado.

(48) Artículo citado. EsTHER PETERSON: «Hace poco tiempo todavía (y no sólo en el campo), las tareas familiares se repartían entre los miembros de dos o tres genera-ciones —las abuelas, las madres o las suegras— y las tías solteras, lo mismo que las esposas cuando éstas tenían niños pequeños. En la hora actual, aunque los padres parti-cipen más voluntariamente que antaño en Jas tareas familiares y los hijos mayores ofrezcan frecuentemente alguna ayuda, la madre es casi siempre en el hogar la única persona mayor para asumir las responsabilidades diarias. Además, a causa de la movi-lidad característica de la vida americana, la familia es frecuentemente una anónima recién llegada entre los vecinos desconocidos en una ciudad o en un barrio.»

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Lo mismo ocurre en la vieja Europa, desde Rusia hasta Occidente (49). El profesor belga Robert Gubbels habla de que la negativa a considerar la maternidad como una función social se traduce especialmente por una au' sencia casi completa de infraestructura social, constriñendo a la mujer a dar al problema del cuidado de los hijos soluciones cojas y precarias. «Existe también —continúa Gubbels— el problema de la vivienda y de su equipo. El progreso técnico en materia de trabajos caseros ha sido considerable, pero no ha repercutido siempre sobre el conjunto de la población y sigue siendo, en cierta medida, un privilegio de clase. Es evidente, por otra parte, que la solución de los problemas caseros no reside en la multiplicación de apa-ratos domésticos. No se trata simplemente de «gadgetizar» el hogar, sino de racionalizarlo, y esto implica la colectivización de una parte por lo me-nos de las tareas cumplidas hoy individualmente» (50) —en esto vemos que Gubbels no estima los argumentos emocionales que alegaba Caplow—. Este es el criterio de Luis González Seara en la ponencia antes citada del Con-greso Internacional de la Mujer: «En nombre de la libertad se han come-tido la mayoría de los atropellos que ha sufrido el género humano. Por

(49) «En todos los países, incluso la U. R. S. S., la ayuda al hogar y a la madre de familia, la distribución más humana del trabajo están mal concebidas, son insufi-cientes y sólo responden de una manera imperfecta a la necesidad de todas las tra-bajadoras. Esto, por lo demás, tal vez no sea tanto el resultado de una actitud conve-nida como de una indiferencia generalizada. Sólo en el momento en que los hombres empiezan a sufrir por causa de la condición en que se pone a las mujeres, o cuando el empleo de éstas se hace indispensable, les entra a ellos la preocupación por mejorar su sueldo. Así, fue durante las guerras y las posguerras cuando los Gobiernos de algu-nos países tomaron medidas a favor de la mujer; así sucede hoy día con las mujeres de los agricultores, por cuya suerte se preocupan con nueva solicitud ante el número cada vez mayor de solteros que se quedan solos en sus granjas porque las mujeres de las generaciones jóvenes temen la esclavitud que pesa sobre las esposas de los campe-sinos. Asi ocurrió también en el momento en que e! III Plan hizo aparecer un dé-ficit de mano de obra. Se hicieron estudios para arreglar el trabajo femenino y colmar este déficit..., pero, mientras tanto, habiendo la inmigración restablecido en parte el mercado de empleos, el trabajo femenino no ocupó ya más que un lugar insignificante en aquellos estudios.» (P. SARTIN, obra citada, pág. 105.)

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LA EXCEDENCIA Y LA DOTE LABORAL DE LA MUJER TRABAJADORA

muy seductora que sea la publicidad de lavadoras trabajando solas para ma-dres felices que disfrutan de la vida, la verdad es que en nuestra época una lavadora individual es algo irracional que repercute en el tiempo libre de la mujer. Las lavanderías deberían ser comunes a todo el inmueble para evitar costos inútiles y pérdidas de tiempo superfluas. Y lo mismo ocurre en otros órdenes de cosas. Los servicios colectivos requieren la atención fundamental de nuestra época, y en cambio, suelen estar abandonados.»

«La sociedad que bajo el pretexto cómodo de respetar la independencia del hogar ha ignorado hasta ahora estos problemas deberá reconocer hoy en día —escribe Gubbels— que la mujer «produce a los productores»; por este título, las cargas ocasionadas por la maternidad, muy lejos de ser problemas «femeninos», son los problemas de todos, y corresponde a la colectividad darles solución».

Regis Gros, comentando una encuesta realizada en Francia entre madres de familia, subraya la sobrecarga de trabajo impuesta normalmente al ama de casa. La gran frecuencia de los casos de surmenage postula la adopción de medidas preventivas. Y la verdad es que si el trabajo profesional de la mujer viene a ser actualmente objeto de numerosos estudios, la situación de la travailleuse familiale no atrae suficientemente la atención. La legislación de trabajo y las ventajas sociales no se contemplan desde esta óptica. Como subrayan los autores de la encuesta, las mentalidades y las estructuras están en tela de juicio, pues en la era del progreso y de la técnica estamos abo-cados al riesgo «de colocar a la madre de familia en un estado permanente de subproletarización» {51); y no digamos cuando una mujer acumula sus labores de ama de casa con un empleo a tiempo completo. Así, llega a rea-lizar jornadas que exceden de las ochenta horas semanales {52).

(51) «Situation et travail de la mere», en Economie et humamsme, núm. 153, mayo-junio de 1964, págs. 64 y sigs.

(52) En la encuesta realizada por CHOMBARD DE LAWE —en Vie quotidienne des familles ouvriéres— el 63 por 100 de las mujeres del sondeo tomado como muestra, en su trabajo profesional y la labor en el hogar tiene más de doce horas de trabajo diario y 19 por 100 más de catorce horas. Algunas se levantan a las cinco de la ma-ñana y no pueden acostarse antes de las once de la noche, haciendo jornadas de diecisiete a dieciocho horas. La media semanal de trabajo en la población obrera some-tida a encuesta es, pues, muy superior a las ochenta horas y algunas sobrepasan las cien horas.

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EL TRABAJO POR CUENTA AJENA DE LA MUJER CASADA

La verdad es que las tendencias generales más bien discurren en orden a la promoción de la mujer para todo los trabajos que en el sentido de fa-cuitar sus tareas en el hogar.

Marca la primera dirección el programa de largo alcance para la pro' moción de la mujer que la Unesco propuso a los Estados miembros en i966. Se trataba de una actividad prioritaria en el plan general de la Organiza-ción, de acuerdo con los postulados éticos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y se había preparado a través de una serie de dispo-siciones normativas y de recomendaciones apoyadas por un número siempre creciente de Estados miembros.

La importancia del papel económico-social de la mujer en el desarrollo de los países industrializados o en vías de industrialización es generalmente reconocida. Su participación se plantea como una conditio sine qua non para la vida de la economía contemporánea. Terminantemente se afirma que such development <wül táke place ivith their full and complete partid'

pation ñor it ivill not take place at di. La mujer constituye un valioso

de-pósito de inteligencia y de energía, y la Unesco intenta proporcionarle la posibilidad de que realice en la sociedad la función a que tiene derecho según la Carta de las Naciones Unidas {53).

(53) Véase el artículo titulado «The UNESCO long-Range Program for the Advance-tnent of Women», de JEANNE HENRIETTE CHATÓN, en Tfie Armáis of the American

Acode-my of Political and Social Science, número especial dedicado a la mujer y titulado Women Around the World, de enero de 1968, págs. 145 y sigs. «El trabajo de la mujer en

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LA EXCEDENCIA Y LA DOTE LABORAL DE LA MUJER TRABAJADORA

Para esto resulta preciso facilitar a la mujer una preparación adecuada.

Education is the key for tvomen es el título expresivo de un reciente estudio

de Ina M. Beasley, especialista inglesa en tareas educativas en países del Tercer Mundo {54). El citado Congreso Internacional de la Mujer, reunido «n Madrid, se ha ocupado con tanto interés del tema, que destinó una de sus cuatro Comisiones a la materia «La mujer en la educación y la cultura». Con la necesaria formación profesional, la mujer puede asumir funcio-nes fundamentales en la economía del mundo, con una igualdad de retri-bución y de trato que deseche para siempre, como falsos, esos argumentos discriminatorios que aducen una inestabilidad de las mujeres en el trabajo, 5U pretendida incapacidad para ocupar los puestos que generalmente se les rehusa o la inaceptable noción del «salario de ayuda» —sdaire d'appoint— {55).

EL PROBLEMA DEL TRABAJO A TIEMPO PARCIAL

Y DE LOS HORARIOS ESPECIALES

En contraste con esto, como decíamos, nos encontramos con la falta de facilidades para la madre trabajadora en orden a horarios especiales redu-cidos, instituciones de ayuda para el trabajo en el hogar, etc.

Es muy significativo en esta materia el rapport de la O. C. D. E., como resumen de las respuestas de los países miembros a un cuestionario dis-tribuido durante el invierno 1963-64. Las preguntas sometidas a consulta fueron:

— ¿Es posible una adaptación de los horarios para responder a las necesidades de esta categoría definida de trabajadores cuya disponibilidad es combinada?

posibilidad de que dicha persona sea una mujer o un hombre. En la Unión Soviética existe la tendencia a limitar el tiempo que se emplea en esas tareas, así como su im-portancia, mediante el desarrollo gradual de servicios sosciales que se encargan de diversas funciones del "hogar". En la República Democrática Alemana análogas inno-vaciones han obtenido un éxito especial. El tiempo dirá hasta qué punto será posible la plena realización de estos proyectos. La creación de Instituciones de este tipo favo-recerá, sin duda, un extenso desarrollo del empleo de la mujer» (Estudio citado, pág. 48).

(54) En el mismo número citado de The Annals..., págs. 154 y sigs.

(55) En la Reime Frangaise des Ajfaire Sociales, publicación oficial francesa editada por los Ministerios du Travail, de l'Emploi et de. la Populatíon y de la Santé Publique

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— ¿Algunas de estas necesidades son —o podrían ser— satis' fechas, al menos en parte, por organismos distintos de los em-pleadores, tales como servicios públicos o privados, o por una adap-tación de los usos locales o un cambio en la actitud social?

El criterio general resultó negativo. Un horario especial reducido tiene como grave inconveniente que el menor salario que comporta puede dejar de ser interesante al quedar mermado en proporción superior a lo que ocurre con el salario completo por los descuentos de seguros sociales y el gasto del transporte —en dinero y en tiempo—. Pero, a pesar de esto, puede seguir siendo de interés para las mujeres con responsabilidades familiares como único medio de conciliar el empleo por cuenta ajena con las ocupaciones hogareñas. «Nunca ha habido tantas mujeres que trabajaran a tiempo par-cial», decía en i96o el Women's Burean del U, S. Departament of Labour. También en Inglaterra se observa esta tendencia {56). Por eso resulta muy buscado y no siempre se encuentra. Todavía en las tareas burocráticas, en faenas de limpieza, en espectáculos, hostelería, etc., la media jornada es más frecuente, pero no así en la industria. Los inconvenientes que en ésta plan-tea llegan a provocar determinadas reticencias y objeciones en los emplea-dores y en los Sindicatos. Se enumeran obstáculos legales y obstáculos téc-nicos (57). En algunos países unos pocos acuerdos colectivos establecen la

de los grupos de trabajo constituidos en el seno del Comité d'étude et de liaison des problemes du travail féminin. El titulado «Les Disparités entre Salaires Masculins et Féminins», fue dirigido por Mme. M. GUILBERT —págs. 5 a 44—; y e! «Etude de quelques solutions propres a améliorer la formation professionnelle des jeunes filies et des femmes», lo fue por Mme. S. MESNI'GRENTE —págs. 45 a 70—.

(56) «Part-time Employment for Women», Women's Bureau Bulletin, 273 (Washington, D. C , 1960) y Department of Scientijic and Industrial Research, Gran Bretaña: Wotnan Wife and Worker. By the Social Science Department, London School of Economics and Political Science (Londres, H. M., Stationery Office, 1960).

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jor-LA EXCEDENCIA Y jor-LA DOTE jor-LABORAL DE jor-LA MUJER TRABAJADORA

posibilidad de horarios reducidos para la madre trabajadora, pero se trata más bien de ventajas particulares concedidas a ciertos trabajadores en fun-ción de sus necesidades que de la aplicafun-ción en gran escala de horarios de jornada parcial.

Sobre la modificación uniforme de los horarios de trabajo a fin de ayu-dar a las mujeres casadas con responsabilidades familiares no existe, ni mu-cho menos, un criterio unánime. En la Conferencia Internacional de la Fa-milia de I 9 6 I se solicitó que se intenten experiencias y que se prosigan estudios para dar a las madres que deben ganar un salario de ayuda, la ocasión de dedicarse a trabajar sólo parcialmente {58). También el último Congreso Internacional de la Mujer insiste en estas soluciones.

Lejos de esto, en Israel se implantó expresamente la dislocación de los horarios. En las granjas colectivas, el reparto de los quehaceres se hace pres-cindiendo a propósito de los vínculos familiares. Se acostumbra asignar ho-rarios diferentes al marido y a la mujer, que tienen así pocas ocasiones de verse, y hacen lo mismo en lo concerniente a las vacaciones y a los días de fiesta. Se prohibió rigurosamente, además, poner a los miembros de una familia en los mismos lugares de trabajo. Las instituciones comunitarias proveen a las necesidades de cada uno. Las familias apenas tienen otras obligaciones caseras que las de conservar en buen estado los pisos de que son inquilinos. De este modo las mujeres pueden consagrarse por entero a su profesión sin ser distraídas por las tareas caseras o por las obligaciones familiares {59).

La verdad es que las mujeres sindicalistas no son las únicas en entender que la institución de horarios especiales para un gran número de mujeres trabajadoras planteará al empresario graves problemas y podrán aumentar la dificultad de la mujer para encontrar empleo, amenazando así de manera general la posición de las trabajadoras. Tales horarios serían, con toda

se-nada de trabajo a tiempo parcial, que puede ser muy interesante para la mujer casada personalmente y para la economía, en el sentido de que es preferible esta aportación de la mujer a medio tiempo que no ninguna, en caso de imposibilidad de las mujeres con responsabilidades familiares para cumplir la jornada completa.

(58) La Unión Internacional de Organizaciones Familiares (U. I. O. F.), solicitó que se intenten experiencias, que se prosigan estudios para dar a las madres que deben ganar un salario de ayuda, la ocasión de dedicarse a trabajar sólo parcialmente. La orientación general de la duración del trabajo de la madre debe tender a adap' tarse a los horarios de los colegios, al objeto de limitar al máximo los tiempos de sepa-ración de la madre y de los hijos.

(59) Véase sobre esto P. SART1N, obra citada, pág. 78.

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guridad, un gran obstáculo en la lucha por el «salario legal» (6o). Por esto los Sindicatos y las organizaciones femeninas se alzan contra las «medidas especiales en favor de las mujeres, salvo por razones de salud». Como Italia subrayó en su respuesta, «en el mismo momento en el que se trata de suprimir las diferencias en las condiciones de trabajo entre las sexos, una discriminación de horario de trabajo en beneficio de las mujeres, incluso con el fin de facilitarles el cumplimiento de sus deberes domésticos, com-plicaría la tarea de quienes se esfuerzan por obtener la igualdad de dere-chos que el artículo 37 de nuestra Constitución ha proclamado solemne-mente». Muchas otras Constituciones y la Carta de las Naciones Unidas contienen estipulaciones semejantes. Lo mismo ocurre en España, en nues-tras Leyes Fundamentales, artículos 11 y 24 del Fuero de los Españoles, aparte de la general declaración de los derechos políticos, profesionales y de trabajo de la mujer española, que representa le ley de 22 de julio de I 9 6 I .

Por todo ello se observa que, a fin de cuentas, se plantea también la cuestión de saber si, desde un punto de vista puramente práctico, una re-glamentación de conjunto plantearía más inconvenientes y descontentos de los que trata de evitar, y se dice que «parecería deseable en todo caso que se tomen en consideración las obligaciones familiares de todos los trabaja-dores sin distinción de sexo, aunque, como ocurre en el caso actual, estas medidas se aplicarían más frecuentemente a las mujeres que a los hombres que trabajan» {61).

Estos criterios explican que la O. I. T. no haya adoptado medidas im-portantes en beneficio especial de la mujer casada que trabaje por cuenta ajena. Sólo en la cuadragésima novena reunión de la Conferencia Interna-cional del Trabajo, el 2 de junio de i965, se llegó a una Recomendación, la 123, «sobre el empleo de las mujeres con responsabilidades familiares»; pero no se trata de que sólo se alcanzó en el consenso ese grado inferior de simple «recomendación», sino, fundamentalmente, de los términos vagos y poco generosos con que el texto está concebido.

Todavía es algo más explícito en cuanto se refiere a sus consejos sobre el establecimiento de «servicios y medios de asistencia a la infancia» y a los esfuerzos que deben entenderse para la capacitación y adaptación pro-fesional, pero en cuanto a la jornada laboral de esas trabajadoras sólo de una manera vergonzante habla de «la armonización de los horarios de

tra-(60) Véase D . EVRARD, artículo citado: «La main-doeuvre féminin ¡mpose-t-eMe des conditios de travail spéciales?», pág. 229.

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LA EXCEDENCIA Y LA DOTE LABORAL D E . LA MUJER TRABAJADORA

bajo» (62); y en el preámbulo de la citada Recomendación se aprecia cla-ramente la repugnancia a conceder a las trabajadoras con responsabilidades familiares cualquier privilegio en ese orden, pues dice lo siguiente:

—• «Advirtiendo que muchas de esas mujeres tienen problemas especiales originados en la necesidad de conciliar su doble respon' sabilidad familiar y profesional.

— «Advirtiendo que si bien muchos de esos problemas repercu-ten en las posibilidades de empleo de las mujeres con responsabi-lidades familiares afectan también a otros trabajadores y pueden ser en gran parte resueltos con medidas que se apliquen a todos los trabajadores, tales como la reducción gradual de la duración diaria y semanal del trabajo.»

Estas afirmaciones responden al mismo estado de opinión que habíamos comprobado en las respuestas al mpport de la O. C. D. E.; pero, a nuestro juicio, resulta evidente que pretender la solución de los graves problemas que afectan a la trabajadora madre de familia con la futura reducción ge-neral de la jornada para todos los trabajadores equivale a negarles cualquier consideración especial para sus también especiales deberes y responsabilida-des. Esto es, dejarla por ahora y por tiempo indefinido con su doble carga y su sacrificada subproletarización.

La razón de que el privilegio podría perjudicar a las posibilidades de colocación de la mujer no deja de tener peso importante, pues, por desgra-cia, el nivel social y ético no es tan elevado en la sociedad humana como sería deseable. Y esto ocurre tanto en los países llamados capitalistas como en los socialistas (63).

Se ha observado, con plena razón, que aunque el trabajo por cuenta ajena de la mujer casada, considerado desde un punto de vista

macroeconó-(62) El texto 11, 2), dice: «A este respecto debería prestarse toda la atención ne-cesaria, en la medida de lo posible y de lo que las necesidades locales requieran, a las cuestiones que interesan particularmente a las trabajadoras con responsabilidades fami-liares, tales como la organización de medios de transporte público, la armonización de los horarios de trabajo, horarios escolares y de servicios y medios de asistencia a la infancia, así como los medios necesarios para simplificar y aligerar, a bajo costo, las labores domésticas»; y el párrafo último de la recomendación, que lleva el número 12, dice: «Debería ponerse particular interés en desarrollar servicios de ayuda doméstica, organizados o controlados por una autoridad pública que, en caso de necesidad, presten a las mujeres con responsabilidades familiares asistencia calificada a un precio razonable.»

(63) Véase la nota 11 de este mismo trabajo.

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mico es, por supuesto, deseable y aun necesario en todos los países, ocurre en numerosos casos concretos que los empresarios se resisten a proporcio-narles colocación e incluso pretenden que sus trabajadoras dejen de perte-necer a la Empresa cuando contraen matrimonio.

«El principal problema que desean rehuir los empresarios es el de las prestaciones de Seguridad Social, descansos, interrupción del trabajo, etcé-tera, que ineludiblemente habrán de cumplir con relación a las madres trabajadoras de su Empresa» {64). En Italia, Nicola Adelfi, en su estudio

Los despidos por matrimonio, subraya cómo se producen éstos, a pesar de

que el artículo 37 de la Constitución dispone que «la mujer que trabaja tiene idénticos derechos que los demás productores. Las condiciones labora-les deben permitir el cumplimiento de su especial función familiar y ga-rantizar a la madre y al hijo una adecuada y especial protección». Frente a declaración tan tajante, la habilidad de los empresarios se las compone para burlar la ley. En una proposición de la ley presentada a la Cámara de los Diputados se dice que «en los últimos tiempos los casos de despido por matrimonio han superado ampliamente las notables revelaciones com-probadas recientemente por la Comisión parlamentaria de investigación so-bre las condiciones de trabajo en Italia. Estos casos ocurren en todas las provincias y en todos los sectores, desde los empleos de oficina, con cifras elevadísimas en los establecimientos de créditos y Compañías de seguros, a los de la industria y el comercio, tanto en las grandes Empresas como en las pequeñas, han llegado a ser práctica corriente en muchas de ellas y hasta en algunas entidades e instituciones públicas»; y se relatan diversos procedimientos y subterfugios, algunos de ellos muy crueles, para provocar !a extinción del contrato de trabajo de las empleadas que contraen matri-monio {65).

(64) LIDIA FALCON O'NEILL, obra citada, pág. 333. Añade a continuación: «Sin embargo, la prohibición de matrimonio o extinción del contrato del trabajo por razón del mismo no guarda relación ineludible con la maternidad. Muchas mujeres casadas no llegan nunca a tener hijos y, generalmente, no en los primeros tiempos del matrimonio. Por otro lado, se puede rehuir el matrimonio y, sin embargo, tener hijos, cosa que se repite con frecuencia, dadas las prohibiciones de trabajo de las mujeres casadas.»

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LA EXCEDENCIA Y LA DOTE LABORAL DE LA MUJER TRABAJADORA

La escritora polaca Magdalena Sokolowska, al mismo tiempo que afirma que «para el empleador privado, una mujer, como obrero privilegiado (pro-tegido por varias disposiciones de la legislación social y de trabajo aplica-bles únicamente a las mujeres), es un obrero más caro y ello reduce sus oportunidades de competir con el varón», reconoce también que «incluso en los países socialistas las trabajadoras plantean más problemas que los hombres, porque aún no hemos conseguido organizar la vida cotidiana de tal modo que no impida los cambios sociales más fundamentales».

EXCEDENCIA LABORAL DE LA MUJER CASADA

En España, la antes citada Declaración del Fuero del Trabajo —«liberar a la mujer casada del taller y de la fábrica»—, bien intencionada, pero quizá impracticable en nuestros días si se interpreta en sentido absoluto, significó durante las décadas de los años cuarenta y cincuenta una invitación al des-plazamiento de la mujer casada de los puestos de trabajo por cuenta ajena. Después, la ley de Derechos de la Mujer de 22 de julio de I 9 6 I , aun sin modificar ni contradecir los principios del Fuero, que no podía hacerlo por ser éste Ley Fundamental, introduce criterios distintos, y en su exposición de motivos, como luego veremos, justifica la acomodación al referido texto. Pero antes de esa ley de Derechos de la Mujer, al producirse en las dé-cadas citadas la promulgación de las Reglamentaciones Nacionales de Tra-bajo, de modo tan completo y sistemático que recogen prácticamente la casi totalidad de las actividades laborales, muchas de estas Ordenanzas labo' rales, sin duda queriendo obedecer a la Declaración del Fuero o amparándose en ella, establecieron lo que se llamó la excedencia forzosa de la mujer tra-bajadora por contraer matrimonio, con la reserva o derecho al reingreso en

los parlamentarios durante la investigación antes citada es más abundante. En la prós-pera y muy cívica ciudad de Milán ha sido encarcelada una oprós-peraría que había hecho desaparecer a su hijo. Declaró que lo hizo por no perder el empleo. En Ñapóles, una gran Empresa despide a sus empleadas en cuanto se nota que van a ser madres. Se sabe que muchas jóvenes contribuyen a aumentar "la dolorosa multiplicación de los hijos ilegítimos, prefiriendo el concubinato a la pérdida de trabajo que, con frecuencia, significa miseria y hambre". A varios medios acuden los empresarios para despedir a sus empleadas en cuanto pretenden casarse o quedan embarazadas. Uno de ellos es la carta de dimisión voluntaria. En el momento en que la mujer es admitida, se le obliga a firmar una carta de dimisión sin fecha. Y el empresario pondrá una en el caso de que aquélla contraiga matrimonio. Existen también los contratos a plazos; si una trabajadora se casa o da a luz, la Empresa no le renueva el contrato» (págs. 335

•y 336).

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el supuesto de viudez o incapacidad del marido para el trabajo (66), y la compensación de una pequeña «dote» —denominación discutida por la )U' risprudencia— (67).

Sin propósito exhaustivo, sino tan sólo indicativo de esta tendencia, en' tendemos que es interesante sistematizar los criterios sobre este tema de las Reglamentaciones laborales anteriores a la ley de Derechos de la mujer, ad' virtiendo que se incluyen también las derogadas por la índole histórica de esta consideración.

1. Reglamentaciones que no establecen la excedencia de la mujer

casada. {Por orden cronológico.)

Conservas y salazones {Orden 17 julio i939). Minas de plomo (O. 16 julio 1942).

(66) Esta solución fue celebrada como un hallazgo por una parte de la doctrina española. AMADO FERNÁNDEZ HERAS, muy contrario al trabajo de la mujer casada, escribe sobre esta solución de las Reglamentaciones: «La orientación más general, más moderna y, a nuestro juicio, la más perfecta, concede a todo el personal femenino que contraiga matrimonio en las actividades a que las Reglamentaciones en él incluidas alcanzan, el paso a la situación de excedencia forzosa, con entrega de una cantidad en concepto de dote.» («Inconvenientes del trabajo de la mujer casada fuera del hogar. Su solución en las Reglamentaciones de Trabajo», en Boletín de Seguridad e Higiene del Trabajo, año VII, núm. 1.)

(67) Las Reglamentaciones llaman generalmente «dote» a esta indemnización que recibe la trabajadora al quedar en excedencia por razón de matrimonio. Es discutible la exactitud del empleo de este concepto —etimológicamente del latín dos¡ dotis, deri' vado del daré—. Algunas sentencias del Tribunal Central de Trabajo —las de 20 de junio y 4 de julio de 1966, por ejemplo— critican esta denominación. «El derecho a indemnización —impropiamente llamado "dote"»—, dice la primera de las citadas; —«impropiamente calificada de "dote"»—, se escribe en la segunda. De las dos únicas, sentencias de la Sala VI del Tribunal Supremo que han tratado el tema, la de 7 de junio de 1968, en interés de ley, emplea el término «dote» sin reserva alguna sobre su propiedad. La de 8 de noviembre de 1966, aun sin comentario ninguno, utiliza la expresión «indemnización dotal». El Decreto de 1 de febrero de 196a habla de «inderíi-nización». En realidad, introducida en el ordenamiento jurídico positivo el concepto de «dote» para esta indemnización que se abona a la trabajadora cuando al casarse deja el trabajo, no vemos inconveniente en su empleo. Claro está que no es una dote en sentido propio con las condiciones y efectos establecidos en el capítulo 3.0 del título J

del libro IV del Código civil, ni tampoco concuerda con el concepto del Derecho romana y las definiciones de los romanistas, pero sí con el sentido general que tiene esta pala-bra en castellano: «Caudal que lleva la mujer cuando toma estado» •—según el

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U EXCEDENCIA Y LA DOTE LABORAL DE LA MUJER TRABAJADORA

Metalgráfíca (O. i octubre 1942). Textil-Lana {O. 28 marzo 1943). . Textil-Algodón {O. 1 abril 1943). Espectáculo taurino (O. 17 junio 1943). Textil-Hilos y redes (O. 15 julio 1943). Hostelería (O. 30 mayo 1944).

Artes Gráficas-Cartón (O. 30 septiembre 1944). Textil-Boinas (O. 17 enero 1945).

Harinería {O. 28 julio 1945).

Actividades no reglamentadas (O. 31 diciembre i945). Textil-Seda (O. 31 enero 1946).

TextilXHintería (O. 2 marzo 1946).

Textil-Fibras artificiales (O. 30 marzo 1946). Cajas de Ahorro (O. 24 abril 1946).

Calzado (O. 27 abril 1946).

Radiocomunicación (O. 24 mayo 1946). Textil-Desperdicios {O. 12 julio 1946). Panaderías (O. 12 julio 1946).

Textil-Géneros de punto {O. 4 octubre 1946).

Médicos al Servicio de Entidades de Asistencia Médico-Farma' céutica (O. 4 octubre 1946).

Pesca Marítima (O. 28 octubre 1946).

Enseñanza no estatal (O. 15 noviembre 1956), Textil-Mantas y Muletones (O 16 noviembre 1946). Cerámica (O. 26 noviembre 1946).

Textil-Mantas de Lana (O. 29 noviembre 1946). Corcho (O. 30 noviembre 1946).

Cervecera {O. 4 enero 1947). Bacaladeras (O. 18 enero 1947). Guantes de Piel {O. 22 enero 1947).

Textil-Alfombras y Tapices (O. 21 enero 1947). Textil-Contas de Carda (O. 21 febrero 1947). Minas de Carbón-Aglomerados (O. 22 febrero 1947). Canales de Taibilla (O. 24 febrero 1947).

Trabajos Portuarios {O. 14 marzo 1947). Alpargatas (O. 18 marzo 1947).

Vinícolas (O. 20 marzo 1947).

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Salinera (O. 30 junio 1947).

Contratas ferroviarias {O. 14 agosto 1947). Conservas vegetales (O. 20 septiembre 1947). Frío industrial (O, 20 septiembre 1947). Chocolates (O. 28 octubre 1947).

Bebidas Carbónicas y Jarabes (O. 15 noviembre 1947).

Practicantes y Matronas de Entidades de Asistencia Médico-Far-macéutica (O. 1 diciembre 1947).

Establecimientos Sanitarios (O. i9 diciembre 1947). Textil-Esparto {O. i9 diciembre 1947).

Fieltros-Sombreros (O. 12 febrero 1948).

Obtención Fibra de Algodón y Subproductos (O. 30 abril 1948). Turrón. Mazapán, Confitería, Pastelería y Masas Fritas {O. 21 mayo 1948).

Clasificación y Manipulación de Trapos y demás desperdicios (Orden 31 mayo 1948).

Confección, Vestido y Tocado (O. 16 junio 1948). Minas de Fosfatos y otras (O. 30 junio 1948}. Mercados particulares (Normas de 8 de julio 1948). Industrias Cárnicas (O. 9 agosto 1948).

Cámaras Oficiales de la Propiedad Urbana (O. 9 agosto 1948). Cueros Repujados, Marroquinería, etc. (O. 1 diciembre 1948). Industria Pimentonera {O. 31 marzo i949).

Artes Gráficas (Nueva, O. 29 abril 1950). Junta de Obras del Puerto (O. 28 enero 1956). Notarías (O. 21 agosto 1956).

Conservas y Salazones (Nueva, O. 13 octubre 1958). Granjas Avícolas (O. 27 abril i959).

Vaquerías (O. 23 diciembre i959).

2. Reglamentaciones que establecen la excedencia forzosa

de la mujer casada

A) Sin la compensación de una indemnización o dote:

Construcción y Obras Públicas (O. 11 abril 1946, arts. 86 d), 87, disposición transitoria 6.a y resolución de 5 febrero 1957).

Referencias

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