Torri de la A a la Z

Texto completo

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A

M no d Julio TOril porJo Moreno Villa

Anónimo

.A

(Apunte a lápiz en un ejemplar de

Ensayos y poemas

olvidado a bordo

de

un autobús Pino-Artes)

Jamás quiso ostentar la muestra de su genio, Último en el linaje del escritor minero;

Lamby Schwob en su estilo, mezclaron bien el rudo Idioma de Rodrigo en impecables odres.

Oímos en el aula al profesor mediano,

Tarde nos enteramos de su exigencia extrema; Obseso de las mujeres y la palabra justa,

Raptor de los instantes que viento y tiempo esfuman, Ronda por los pasillos de escuelas de muchachas, Invierno al cual emboscan apremios del verano.

.

Don Julio,

en su torri

de

marfil

En este mundo de escribidores conviene de pronto ha-blar de un escritor que fue maestro de literatura,Y su mejor lección, dentro yfuera de la cátedra, es la de en-señarnos a no escribir para el consumidero público, es-to es, elpúblico lector de vaciedades."Lo breve, si ro-rri, dos.veces bueno", parecía decirnos con la sonrisa maliciosa, satisfechaypicaresca a más no poder.Desde su casa se iba corriendo en bicicleta para no llegar tarde

y da r a ti mpo aque llas 1 dilatadas i y abia dis.r tación,Y lue o -devolvía a su ca a tra v 1. montado ('11v-loc iclo , para no per-ders un 1 minut d todaslashorasCJu loagu arda-ban impa i nt , m alumnos puntuales n u biblio-teca s n uaJ, a qu r pasab a todos losdías, lib ro por libro co n u mano ,'p.rtas ('11lasen u d rnaciones belgas, pañol a y fran -sa s1(111' 1(' llegaban

continua-ment d Par í ,de Bru. 'las y

~

lad ridoYcomosi vol-

T

vierad la ti ndael •B'n husui, /lOSdecíafestej ando aPa pini: "Mir n la ob ras completasd Baudelaire, em pastad ascon la pi·1d.unamulata as.sinada en Lon-drespor celo ." y a abi.nd usdesu volu ptuosa menti-ra,acariciabalaedi ión torn opo r lomo, Omásbien

di-cho, lomopor lomo.••¿ aben ustcde cuál esel mejor tratamiento paracon rvar fre cos loslib ros encuader-nadosen piel?Sencillam nte, man osearlos, paseárnos-los por la piel, para qu . im pr'gne ndenuestra viva ycrasa sustancia d mamífe ro ." y luegodon Julio se pasaba y repasaba un libro por tod a la cara, el cuello y los brazo s, como si fuera un jabón .

y así fueron susdías de solteró nempedernido en busca de la muj erdetodos nuest ro ueñ os:esaquenos hace dormir parasiempreen lo brazo deunarutina dicho-sa, domésticayrumian te.Pero de pronto: "¡Allí viene Julio Torri esprin teando ensu bicicleta!",gritaba Me-jía Sánchezen laesq uina de Ramón Guzmán yPaseo de la Reforma, esa que ahora se llama de otro modo,

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f

..

h dadoenllam arse tantas calles,esquinasy pla-como an , d 1 1" Y

zas dela olvidadiza ciudad , "¡va mos alcan zan o~..,

lo alcanzábam os antesdeque llega ra a su casa, sIt1~n-1 . ."D on JulIo dolo a preguntas,casisiempre asmIsmas.. '

¿por qué no escribe usted más?" Y don JulIo, ya ~o.n el pie en el estribo,nos contestaba: "H ay que escribir siempredemen os,par aquelos lectoresagreguen todo lo que hace falta.Noescriban si pued enaguant~~se t~­

bién usted eslasganas de escrib ir, como les dIJO RI1ke en alemán a todoslosjóven espoetasde este mundo ca-paces de entenderlo aunque nohablen alem á n . Po~ fa-vor no escriban de más ni para los demás, que VIene a ser lo mism o.Escrib an parausted esmismos, ysi otros los escuchan leyéndolos,magnífico,y bastacon que sean dos o tres."

Don Julio, como es natural , había descendido de su bicicleta magisterial , y nos íbamos a pie hasta su casa de Carl os Finlay, que estaba ya muy cerca. "C u a n d o quieran, puedenven ir a consultar yleermi biblioteca.

Buenasta rdes." Yo nomedi por despedido y volv í al día siguien te: "¿Viene usted a preguntarpor su Fran-coisVillon?Lo estáespe ra ndo aquíen muy buenas edi-ciones. Pero le recomi endo que lea primero a Pierre Champion, que nos explica su vida y su tiempo, para hacernos compre ns ibles los más oscuros lugares de su poesía . Pero siéntese usted aq u í, porque antes quiero leerle otra cosa muy distinta , ¿usted sabeque nuestro nuevo abogado, eldoctorBucéfalo , fueen otro tiempo caballo de Alejand ro elGrande?" Y don Julio me tra-dujo de una ed ición francesa, línea por línea, el texto de Kafka, apun tándolo con sus largos dedos de pianista.

Juan José Arreola

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Petites Cbose

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~... f--'--~' -'-' ~- - --· ._~ .

Jules Renard

Vuela el día

i

(Recuerdo

.

''''¿ .

de Julio Torrz)

1956.

Cursaba Español Superior I con el

maestroJu-lio Torri,en la recién estrenada Ciudad Universitaria. Esa tarde calurosa (18 de abril según mis apuntes) ha-bíamos aprendido algunos gentilicios de más que impro-bable uso: malacitano,alcalaíno,hispalense,bordalés .. .

Más tarde habló,silabeando entre sus dientes postizos,

de la Oda a lavida retirada de frayLuis de León. Leo en mi cuaderno: "En tretenimien to es el escribir,sin nece-sidad de disciplina,casi sin sentir, recatado en laturris eburnea. Fray Luis vivía un bien que el cielo da sin

testi-gos: libre vivía de amor, por tanto libre de celos.

Hu-.milde era por inteligencia,no de natural.'El aire elhuer-to orea. Los árbolesmenean la vista.' Bien supremo,

culti-var un huerto, despreciar la [nobleza de] sangre y el dinero.Ahí el contacto con Natura esseguroy deleito-so,a condición de guardarle el secreto. En 1558 el frai-le cantó la sabiduría, al hombre casi asceta,descuidado de fama, con sólo ansia de la otra vida. . . "

Nada seguramente entendía yo entonces, pues hoy

distingo entre sueños un dejo sádico en la voz de don Julio cuando comenta laOda a una señorapasada dela mo -cedad: "Elisa, nieve en el pelo, frente arrugada, diente negro; el malvado tiempo se a rico con tus despojos.

y la recomendación: 'R ecoge, Elisa, el pie,que vuela el día'. "

Líneas abajo,el cuidado de las Indiasno daba repo-so a Felipe II:"Más tuerce la cara mientras posee más el alma avara". Hoy soy ya capaz de comprender aquello de la sombra vana, el bien fingido,el hombreal sueño entregado en la cárcel oscura del mundo.Por último la tarea: "Pergeñ ar unascuartillas personales en que lac

iu-dad de Dios se contraponga con esta vida" . Yo escribí

sobre la Oda a Francisco Salinas con anacronismo sin

ex-cusables: "La músicayla memoria del inconscient e,la música que recobra el tiempo perdido, la música que oro desconoce tanto como belleza caduca.La música y el alma en correspondencia baudelaireana.Asícomo por los ojos se peca y se llora, por los oídos resuena sola la palabra de Dios."

A la salida de clase acompañé a don Julio a tomar sucam ión, que lo llevaría por Insurgentes hasta el cru

-ce con el Paseo de la Reforma, y de ahí a su casa en la Plaza Finlay cruzando por la calle de Río Mame."A ver qué día volvemos con las muchachas (Alfonsina,Te

-re, Lupe,Pepa) alRendez-Vous a tomar un shocolatito." Me pregunta si sigo yendo al Colegio de México (Plaza Río deJaneiro);mandasaludar como siempre a don Al-fonso Reyes,con quien ya ni porteléfon o se habla (al-gunavezmusho se escribieron).Me recuerdapor e

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ma vez que la pida a Alfonso en su nombre -en el nom-bre de "su hermano El Diablo" - algunos libros que un día (30 o 40 años ha) le confió.Le respondo lo mismo, que don Alfonso dice no tenerlos, que en todo caso se los pida a Taño Castro Leal. Don Julío se sube al ca-mión refunfuñando: "Así se hicieron las grandes biblio-tecas. Mis libros han de estar en más de alguno de sus atiborrados plúteos."

Huberto Batis

En unas cuantas páginas,de caja estrecha y letra gran-de, Torri pudo consignar más allá del documento y en los terrenos propios del arte su intensa vida privada.Si Alfonso Reyes necesitó cien libros para escribir los pro-legómenos a su biografía, Julio Torri precisó de cien pá-ginas para contar el laberíntico desarrollo de la vida de un profesor de literatura españolaq~e, por las tardes, transitaba en bicicleta en busca de muchachas fáciles ; de un profesor que llegó a confundir, en la edad de la razón, la fantasía y la realidad; de un profesor que sin conocer a Kafka redactó, por los mismos años que el pro-sista checo,pequeñas obras maestras que tratan del de -samparo de la criatura humana, de las infinitas poster-gaciones que ésta sufr~ y dblas múltiples transforma-ciones que experimenta para adecuarse a los incesantes cambios de la existencia.

Emmanuel Carballo

Muy cerca de los Contemporáneos,Julio Torri.Nos legó poco, excelente. Fue un Greco a quien le hubiese gus-tado morder las nalgas de las rubias de Rubens. ¿Ha-brá páginas inéditas? De haber tenido más ¿las hubiese soltado?

Solía andar en bicicleta por las calles céntricas,aún sin muchos automóviles. Murió célibe de tanto lamer

__ a las mujeres.Habitaba una biblioteca. Villaurrutia,que mucho lo apreciaba, me decía que le encantaban las sir-.

vientas.

Al releerlo, siempre me deleita, enemigo del fárrago, amante del diamante.¿Fue un escritor que no quiso es-cribir? Discreto, discretísimo, cordial, sonriente. Ojos maliciosos, maliciosísimos, alumbraban su cabeza de mártir decapitado de Primitivo catalán.

Luis Cardozay Aragón

le

Tom'

contra

e

l marfil

Es de Torri la idea esa deque la literaturaverdad era-menteviva, la que nosofrece su mundo con una preci-sión,una profu ndidady un dinamismomás intensos que los de su modelo, debería ten er uncrecimiento,un de-sarrollo coherente y armónico. Porque tiene destino -decía Torri-, esoes indud able, pero a simple vista no pareceque crezca. Loslectores, en cambio, cómo cre-cen : los ojos se les llenan de dioptrías, su apreciación seva surcan do de ideas cada vez mássólidas,su bagaje sevuelve prom inent e .Yno sólo desdeelpuntode vista individual : también cada época configura en las obras literarias significaciones nuevas; ya se sabe,elQuijote queseleí a en el XVIIno esel que releemosen el XX, ahora ya es todoun tipo y un símbolode cierta actitud humana altamente valorada y. al mismo tiempo, una caricatura imp rdona blepor ulpadetoda la i conogra-fía que arran ca desde Dorépara el.scmbocaren el J ar-dín del Art . (Esto s apart •p ro quién no recuerda lasquej as d Torriac rcad la aricatu rizaciénde Don Quijote: '1inr nioso hidalgo. apar'C•en la imagina-ción inevitablem nte inv stido d los rasgos cóm icos, alargados,d manitoo d parl ad a deSimlpre!y ya có-mo quitár elos.A Torri1 agr:daba laimprecisión, pe-ro flexibl y humanizada, on laqu cadaquien ciñe la figurad Madarne Bovary;r orda baese retra to com-plet o qu ha ostoi v ki d un personaje señalando solam ent qu .•tenía una ara orno de estar siem pre a punto d tornudar". El probl rna con la ico nogra-fía quijot -san hopanze ca s qu lOirrealiza" lapercep- l .

ción que pued -tenerelI ctor d-lasacciones dela no-vela:las remit e - y ellector stá obligado- a cuad ros

acartonad os qu.yavienenco n llanoimpuesto. ¿Có-mo podem os imaginareldiscu rsosobre la edad dorada quitándole aDonQuijotela armadurayel ademánde declamador sin maestro; haciendo abs tracción de los "chicos ajotes" delos oyentes y borrando la silueta

oro-.gráfica de Rocinantequeserecortacontra unaluna de

utilería?)

Pero estoes accesorio.La idea central, de laque me he desviado, eslade que los lectorescambian pero las obras permanecen y la de que eso no es justo. Habría que trabajar para una actualización de las obras mis-mas: transformarla ronda infantil en un canto épico. Saber cuántos hijostuvo la payitaSidon ia (del"Idilio" de Díaz Mirón)después de que el cambujo patán se le avecinó. Conocer las reflexion es de los nietos de Ana Karenina acerca de la famosa impulsividadde su abue.

1

...

Actualizar el alumbrado públicode Comala para que cuando llegue Juan Preciado vea más claroslos

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I

L

f

mas de su nacimien to (yque conozca, además, las

ver-siones cinematográficas del caso para que sepa cómo

comportarse sin tantosaspavien tos) . Darl~a Demetrio

Macías el tip delo que le pasó a Felipe Angeles para

que norme sucriterioy se coloque, desde la página 20,

en el lado ganador. Redacta rle al princ~pio de La peste

las acciones coordinada s,eficacesytécnicamente ópti

-mas de una brigadade laOMS para evitar las poster

io-res reflexionestan angustiosas. Consecuentemente con

este planteamiento lapropia obra de Torri debería ser

desarrolladay en la "Estam pa" donde dice: "Un niño juega con su per ro" ,deberíaleerse: "U n anciano soli-tario contempla el parque".Hacer de Defusilamientos una

digna novela de ocho tomos. Recoger este guante

con-tra el conservadurismo literario.

(Como a Torri legustaba inventar ideas cortasy lasmías lo son, en homenaj e decidíaumentarleestas dos opiniones-laac -cesoria ylacentral- que quiénno diráquesuenanfidedignas.)

Eduardo Casar

J

ulio

Tom

'

en la Alameda

Epilllfio

i

Aquíyace un hijo del desierto (Saltillo a fmales del XIX).

Amigo de Reyes, Henríquez Ureña, Guzmán, éstos

siempre le hicieron sombra. Las líneas de su mano fue-ron: el yugo familiar,la lujuria y la turbaciónbibliófila

-ignoro el orden-, la estética impopular;amén de la

paráfrasis,la rutina,la soltería y -avasallante-la con-o

tradicción.

Colaboró con Huerta y firmó desplegados anticarran-cistas, pero Vasconcelos lo unció a la revolución

cultu-ral.Arribó a Europa después del exilio -marca

gene-racional.Persiguió caderas patricias por Plateros pero

sólo halló contento donde se arraciman -,-pelo

gotean-te, pantorrillas abrillantadas- las fámulas.

y aunque escribió a cuentagotas, su obra cristaliza

y rasga. Sábete, viajero, que Torri dinamitaba losdia

-mantes que extraía. Exornaba y al mismo tiempo,

mmmmmmmm , ¡ya te imaginarás qué cosa!... a la Be-lleza.

Fernando Cun'el

El escritor, a altas horas de la noche, despliega sobre

su cuaderno amarillo las naves de los aqueos

navegan-do hacia Troya. Allá,en el refugio de la coraza del amor,

Paris y la bella Helena beben la dicha, paladean el pla-cer mientras Héctor cabalga sus briosos caballos. El mar encrespa sus olas y el viento sopla sobre las mil velas blancas que amenazan al horizonte. Millones de flechas

oscurecen la bóveda celeste, los alaridos de guerravi

-bran hasta el cielo,los dioses acompañan la batalla.

He-lenayParis sellan sus labios por última vezyen el

mo-mento más encarnizado de la lucha millares de

gargan-tas lanzan su aullido de muerte. El escritor pone una

coma,suspende la narración,no encuentra la siguiente

palabra, enciende un cigarro: a su alrededor está todo

el silencio del mundo.

Julio Torri ve su relojdepulso;leelascuatro de la tar-de; es un viernes de abri l de 1989.

Sólo una vezha visto hacia la AvenidaJuárez.Ante

la ausencia delalibreríaDelPrado, prefiere la sombra

protectora del hemiciclo.Torri pretende un ciclo

com-pleto perosedetieneante la profusión de colores: los

pra-dos casi intensam ente verdes, las muchachas con

bre-ves vestidos multicolores. Sonríe. Nada parece sor-prenderlo.

Un azul intensoloencandila. Parada junto a una ban

-ca, unamuje r en uniformede policía saluda sonriente

a los hombresque pasan junto a ella.Es hermosa y

lla-mativa. Lospantalones yla blusa parecen pintados so

-breamplias yduras caderas; sobre sus firmes pechos.

Sonríe y mil promesas devuelve en cada saludo.

Pasan dosinequívocas monjas;Julio Torri,

instinti-vam ente, se acerca más a Juárez.

Por un momentocruza su mirada con la bella del

uni-forme. Hurga nerviosamente en sus bolsillos: algunos

billetes deveinte ,dos de cincuenta y tres de diez, todos miles.

Julio Torri hace cuentas. Concuerda, con Efraírr

Huerta, en queDefusilamientosdebió llamarse De

refoci-lamientos. Lee su reloj de pulso, camina hacia la bella.

Es una tarde de abril de 1989.

joséFrancisco Conde Ortega

La pausa

joaquín-Armando Chacón

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I

"

La

i

sla

de

las sirenas

Confieso que la primera vez queleí a Torri no me

en-tusiasmó. Reconocí su factura depurada,inclusosu pr

e-ciosismo,pero,como dirían ciertos fumadores: " No me

prendió" .La luz del gozo no se hizo.Relecturaspos

te-riores, aveces al azar, se han encargado de modificar

mis apreciaciones. ¿Qué pasó? Que la primera vez,pre

-venido de la belleza del canto de las sirenas de Torri,

no me hiceamarrar al mástil delnavío nillené mis oídos

de cera de abejas,sino que,resuelto a perderme,me

aba-lancé pero no escuché nada, igual que leocurrió al i

n-vocador deCirce. En la lejaníaquedaron los textosde

Torri como islotes con sirenas sin voz .

Torri es un autor para leer y releer, no

apresurada-mente,sino degustándolo,como a un buenvin o. Es la

suya una lectura aforística, fragmentaria y a veces

sa-piencial. La lección fue clara: el que quiera abarcar a

Torri precipitadamente, sin mutaciones paulatinas, se

arriesga a una comprensión, en el mejor de los casos,

tan sólo intelectual, no emotiva. Los críticos pueden

pen-sar que a la hora de leerla emoción es prescindible. Los

lectores no.

Cuando hablan de Torri, muchos remarcan su hu

-mor,su ingenio ,pero pocos subrayan su melancolía .No

en balde escribió que ' 'la melancolía es el color comple

-mentario de la ironía" . ¿Cuál es la base de esta íntima

tristezaque anida en los textos de Torri,aun en los más

risueños?La concienciadel paso del tiempo y, co nella, la concienciade la muerte. No esel tiempo como ab

s-tracción metafisicasino como realidadexistencial y

de-vor ad ora, que "se burla finalmente de todo". El

reco-nocimiento del carácter efímero, no de lo que es, sino

.de lo que está siendo constantemente , lo lleva a e

scri-bir : "Estas mutaciones, no bruscas pero sí conside

ra-bles,nos llevan a mirarlo todo con recelo y a reírnosde

nuestras inevitables contradicciones e insospechados

avatares" .

Nuestras vidas dependen de nosotros mismos sólo en

una pequeña medida; el resto es obra del azar, de los

dioses,de los otros hombres. Escéptico neoepicúreo,

To-rri,como Lucrecio,no puede dejar de sucumbir a la

me-lancolía y al desencanto, al texto breve y al silencio.

¿Qué hacer entonces en este mundo que se erosiona? El artista,recoger ese "eco de voces misteriosas " , esto

es, crear. El poeta deberá escuchar el canto delas

sire-nas y transmitir sus ecos. Navegará como un Sindbad

insaciable por lasaguas que rodean a la isla y anotará

su canto en pergaminos y sabrá que en esa acción ari

es-ga su vida. Invocar a Circe, como Torri, o a Venus,

como Lucrecio, no garantiza el éxito de la empresa.

JoséRicardo Chaves

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ 14

Coll

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cerca

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Jul

io

T

orri

Fue JulioTor ri (1889-1970)un cam peóndela c uriosi-dad. Espíritu afecto a una tradición de escritores que han visto en lamalicia y en la inteligenciaelmedio

ade-cuado parapenetrar en el mundo y susrelaciones,dejó

unas cua n tas obrasque procuran poner de manifiesto

"lavariedad infinita" que nosrodea y, a la vez,el amor por las formas estrictamente con fidenciales,alejadasde la altisonancia y del escándalo. Lacrítica citaatinada -men te , entre parentescos yan tecedentes, los nombres de Lamb, Heine , Bert rand, Wilde, Renard, Schwob , acuyo ladorin d ióhomenajeaesacuriosidad quedesde un principio lo sedujo.Sus únicos tres títulosde crea-ción -Ensayosy POtTTUlS, Defusilamientos yProsas dis per-sas- , recogidos con unosolo:Treslibros,son el testimonio incisivode quien, lejosdela vanidad espontán ea, prefi-rió el orgullo prem editad o.

ConocíaJulio Torri n 1940. cuandoJoséLuis Mar-tínez,JorgeGonzáJ z Durán , LcopoldoZea y yo em -pezábamos a publicar la r vista Tierra Nueva. Nos dio

un mem orable text o: 1 d DonJuan quedepo sita una

coronad siemprevivas nlatumba delaamada desc o-nocida. Lo había serit mu ho antes y, por supuesto , se trataba de un "refrito", el unas páginas ya pu-blicad as.

Sed dicaba en tone s,1jos d otraspr ocu paciones,

a cumplir con susactividad sdocentesyadisfrutarde

sumagníficabiblioteca,hoy n li rra sdeTabasco. C

alcu-lo que conta ba con unos si t mil volúmenes de bida-mente seleccionados.Solíacom prarlibr ospor susc rip-ción, ened iciones d tiro limitado , que precedían ala venta delos tiros corri nt s. No obsta nte que su posi

-ción económica no era holgada , pod ía darse el lujode

adquiriresos ejemplares gracias aque nose echó e nci-ma otrasobligaciones.

A los cin cuenta años de eda d, recibía tembloroso a lasvisitas.Tartamudeaba yhacías mtirseincómodo al interlocutor. Pero luego tomab a confianza y abordaba temasliterariosinteresantes.Su morbosidad no fue tan inten sa como para contraer matrimonio ,aunque a me-nudose refería acuestiones sexualesyen su biblioteca poseía una colección de figurillas semejantes a las lla-madas "gallinitas" que,hacealgún tiem po, se fa brica-banen San Ped ro Tlaquepaque.Se ledefinía como un

hombre muy inteligente, culto, reposado, apolítico, y

egoístacomo buen tímido. Quizá tales cualidades le di-ficultaron hallar la parej a conveniente .O acaso porque el feo tímid o es dos veces feo, perseguía mujeres infe-riores a él socialmente.

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u-"

lio Torrifuee! artista solitario queprocu rótrabajar,sin premuraycon acier to,en una veta opor tunam ente re-mozada por la ironía.Todo lotocóimpulsado por e! afán de percibir a su alrededor el dibujo de los contrastes: la penumbra y e! relámpago que en un mismo objeto conviven,e! juicio intencionado que señalalos polos de una afirmación,e! apego ala maldad insinuada en con-traposición con lamisericordiaquenacedelo ingenuo. Años después volvía frecuenta rlo, cuando prepara

-mos laedición de su obra Tres libros(1964) que publica-ría e! Fondo deCultura Económica . Yo había copiado colaboraciones suyas aparecidas en varias revistas. Se las llevé y con ellas completó e!tercer título del volu

-men -Prosas diversas sellam aesa porción- ,el cual di -, vidió en dos partes: "Fan tasías" y "Artículos" . En, "Fantasías" reunió textos de creación, yen

"Artícu-los" ,referen cias aescritores.Esunaselecciónde las

pá-ginas dispersas quedespuésrecogeríaen su totalidad Ser-ge l. Zaitzeff.

Anteriormente había tenidoa mi cargola edición de

Laliteratura española(1951), queimp rimiótambién el

Fon-do de Cultura Económica.Torri formóese libro con los, apuntes desuscursosen laUniversidad. De otro modo no lo hubiera escrito jamás.El libro resultó un éxito por su agudeza,quelo distingue de otros textos similares. Enrique González Martínezcontaba que en los días de la Decena Trágicalos miembros delAteneo de laJu -ventud asistíana sitios de desahogo juvenil,donde era habitual departir, alrededordeuna mesa, con amigas eventuales. En eltranscursodela noche ,Torri desapa-recía reiteradamente consu dama yregresaba entusias-mado al cabo de breves ratos.

Poresa misma fecha, Torri alternaba diariamente con

Antonio CastroLealpara comenta r temas literarios.En una ocasióndiscreparonacercade una cita.Castro Leal sostenía que esas líneaspertenecíana Walter Pater, autor muyleído por sugeneración . Torri senegaba a aceptar e! aserto de Castro Leal, por lo cual se suscitó una dis-cusión. Quedaron un poco agriados,algo resentidos, los dos íntimoscom pañeros. A la mañana siguiente, Torri esperaba queCastro Leal fuera, como siempre, a bus-carlo paraem pre nder su habitual paseo. A la hora

pre-vista llegó una personaque le entregó un mensaje: "J u -lio: Como la cita sobre la cual discutíamos ayer es de Pater,da por terminadanuestra amistad. Antonio.".T o-rri me lo refirió sonriente , y añadió: "Aún guardo e! recado."

Comoescr itor, Torri nuncavarió de actitud ni con -virtió su prosaen un medio para buscar prosélitos a sus ideas. La sonrisa brotada de! escepticismo,la persecu-ción de la gracia,la burla ante e! burgués propicio a la

seriedad,la pasión por la apropiada cita literaria,e!

de-leite por la palabra precisa que delata e! repudio de lo

vu lgar, todo eso forma parte de sus textos.Afín al des-conciert? cuando no al solaz de la extravagancia,fingía -según Alfonso Reyes-"fuegos de artificio con las lla-mas de la catástrofe". Y el mismo Reyes señala: "Le gusta descubrir nuevas minas. ¿Explotarlas? Que lo ha-gan otros. Él sigue de frente,plantando aquí y allá su bandera.Certero y leve. Caso único de sobriedad en esta vegetación de América y en su ascendencia de facundos mediterráneos."

Escritor castizo,amigo de la expresión clara,con fre-cuencia sus juicios aluden en lugar de definir y, siem-pre ,la malicia y la curiosidad rezuman un espíritu alle-gado a la alegría yal gusto por la vida. En su pluma,

dice José Luis Martínez, "la prosa no es un vehículo ambiguo para decirlo todo sino un arte complejo en que pensamiento y estilo se equilibran para expresar las más

sutiles emociones".

Quienes lo tuvimos cerca lo recordaremos como el

.h om bre bre~e de estatura, torpe para expresarse oral-mente, sagaz y sabio. Nuestra historia literaria lo ten-drá entre los ingenios que hicieron de! arte escrito una manera invariable de ser antioratorio.

Alí Chumacero

D

Sin ser

/

discípulo

..

.~ '

Por las calles serenas de San Rafael-Serapio Rendón,

Rosas Moreno: bajo mi ventana- pasa y repasa don Julio, con su aparatito para la sordera. Va a Mascaro-nes y vuelve, en bicicleta. A menudo, alrededor de la una,se detiene en cierta salchichonería y compra un poco de lo mejor.Saludos,algo anticuados pero llevaderos.

Se pierde entre el tránsito livianísimo.Todas las calles son de doble sentido.

Luego fue a mi casa, próxima, y hablaba de libros antiguos con mi padre, siete años más viejo que él y, sin embargo, con una pareja casi treinta años más jo-ven. Don Julio debió de ponderar profundamente aquel caso, me doy cuenta ahora -aunque entonces, a mis doce o trece, ni en sueños.

Me era muy simpático, pero ":"saludos aparte- la única vez que se dirigió a mí me ofendió gravemente.

Se me quedó mirando, entre soñador y quizás irónico: -Entonces, dentro de unos años te veré en Mas-carones.. .

No respondí. ¿Supone este buen señor que me enca-mino hacia la literatura? Serio insulto.Pronto nos mu-damos de barrio.

Mucho tiempo después, mis padres auxiliaron a don Julio en CU, alguna tarde que el legendario maestro se

(7)

_~---cayó del autobús, o algo así. No los reconoció. Murió mes y pico antes que mi padre.

¿Las persecuciones de criadas? Eran por la colonia Cuauhtémoc.En San Rafael tardamos en enterarnos. Con desaprobación. Casi unánime. Casi.

Gerard« Deniz

Aviso

E

-

-i.m.Julio Torri - •

La isla prodigiosa surgió en el horizonte como una crá-tera colmada de lirios y de rosas.Hacia el mediodía co-mencé a escuchar las notas inquietantes de aquel canto mágico.

Había desoído los prudentes consejos de la diosa y deseaba con toda mi alma descender allí. No sellé con panal los laberintos de mis orejas ni dejé que mis esfor-zados compañeros me amarraran al mástil.

Hice virar hacia la isla y pronto pude distinguir sus voces con toda claridad. No decían nada;solamente can-taban. Sus cuerpos relucientes se nos mostraban como una presa magnífica.

Entonces decidí saltar sobre la borda y nadar hasta la playa.

y yo, oh dioses, que he bajado a las cavernas de Ha-des y que he cruzado el campo de asfodelos"dos veces, me vi deparado a este destino de un viaje lleno de pe-ligros.

Cuando desperté en brazos de aquellosseres que el deseo había hecho aparecer tantas veces de este lado de mis párpados durante las largas vigías del asedio, era presa del más agudo espanto. Lancé un grito afilado co-mo una jabalina.

Oh dioses, yo que iba dispuesto a naufragar en un jardín de delicias, cambié libertad y patria por el

presti-gio de la isla infame y legendaria.

Sabedlo, navegantes: el canto de las sirenas es estú-pido y monótono,su conversaciónabur~idae incesan-te; sus cuerpos están cubiertos de escamas,erizados de algas y sargazo. Su carne huele a pescado.

Salvador Elizondo

El sueño

~J

de

Torri

~

Noventa muchachos esperan. A las cuatro exactamen-te aparece el maestro: anexactamen-teojitos, traje estrecho, libros bajo el brazo. Pasa lista cumpliendo un deber fastidio-so; luego emprende explicaciones sobre el uso de la fra-se hecha. No debe decirfra-se "llam ar la atención" sino

"Ile-varse la atencion., , ,. Loescuchan algunos alumnos

sor-pren d idospuesnunca oyeron cosa igual en labios de sus ma:ore~. El maestro aconsejaleer arqueología ; le gus-tarta masque un escolapio selevan tara indignado y dis-crep ante, converti do encerdo, y que su metamorfosis f~eraunaepidemia , para él ganar la salida y dejar tras

SI, corno un mal sue ño, los gruñidos. Pero no sucede

nada anormal. Los jóvenesaburridos cuchichean inter-cambian papelitos y sonrisas. A la hora ,el

mae~tro

se despide sin tener que defendersede hocicos amenaza-dores o colm illosinq uietantes. Solitario,cami na por el pasillo, su figura se recort a a cont raluz y se em peq u e-ñece hasta ser un punto melancólico en una tarde solead a.

Beatriz Espejo

r

Con un ticn rvio o qu'consist ía in quitarse loslentes, mirar al alumnado d p gandolos ojosd lale tura; con unticqu podría CJCt nd ralparlam nto (casiun su-surro),ti que volvíaa u prop iar curr ncia,julio To-rri vi n ahora a mi m moria n la Es u la de Mas-caron s.

Su 1 turas pr f ridas- al m nospara com partirlas con nosotr - ran Fran isj anuncs,Aloysius Bert rand y Anat ol France. aqu JIu no rccu rdo nada clara-ment ,yaquelacomuni a i6n • sieranula.Al menos entr '1y yo.Sin rnbargo ,un díalo visité en su casa (algú n pr texto m 1I v6 a onoccr, másque u biblio-teca,su oledad, y stuvodistanteP'ro genero o). Un retrato d Byron primordialm nt asentado arribadeuna puerta , m llam ólaaten ción.T nía duda de quién po-díaser. La bromaquem hizo alpreguntarleporla iden-tidad consistió en decirm que Iretrato era de él, de Torrimismo, de joven. Per o comomeresultaba un ser impenetrable - no Byron sinoTorri- nomepude reír. Se murmuraba quele gustaban las mujeres yque sin distincion esatodas las perseguíapor igual.Sin embar-go, jamássu pimo s nad a concret ode suvida.Ypor eso, más que una persona es para mí un fantasma.

Al parecersuerudiciónera pasmosa.Tampoco de ella me pude percataro por mitorp zaopormi atormenta-da juventud. Pero eltic resuena en mi cabeza de una maneratransparente, como la piel deTorri:un cristali-to empapado de lluvia. No fue la liter aturayno la sole-dad. Fueron unos anteojos pequeñ os y un susurro en el espacio lo que deél me queda.

Sergio Femández

(8)

~

r

..

---..

FelipeGarrido

tao Hay gente distraída que lo hace así;que pasa de lar

-go sin saber que acaba de salvar no tanto la vida sino el alma. Hay gente que se asoma un instante yno al-canza a escuchar nada y da media vuelta y se va. Espe-ro que seas uno de esos bienaventurados: Que no lle-gues a sentarte allí. Que no escuches la voz.

"E n el fondo del salón, de pie en la tarima de mosai-co, un hombrecito lee sinhacer pausas.Inmutable,con el libro en·alto, terriblemente cerca de los ojos, de tal modo que su rostro queda oculto por entero. Sobre su cabezacalva hay una lámpara de neón que lo cubre de

.sombras.

"Algunas personas ocupan unos cuantos pupitres. Al-gunas parejas de viejos se besan en la boca con los ojos cerrados.Hay gente que escucha radios portátiles.Hay gente que come o que se hace dar grasa. Haya vionci-tos de papel que describen amplios giros sin ningún rui-do.Hayjóven esque pasanen limpio apuntestomados en otrasclases.Haymuchachas que ven cómo llega la noche , cómo se alza de puntas para asomarse al salón. "El hombrecito lee sin descan so ysin énfasis;no se-para los brazos de los costadosenjutos; no afloja la ten-sión con que sostiene el libro. Si acaso quedaras cautivo de su voz, al menos no mires el libro. Es un volumen encuadernado en piel,gastado,del mismocolor que las manos. Uno se figura que essu cara. Peroeso nopasa de seruna ilusión fallida,pueslacara está detrás,quizá

olvidada. Nadie conozco que la haya visto.

"No abras la puerta,te digo. Sobre todo,si llegaras

a hacerlo,por descuido ,sin dartecuenta,porque bus-cas a alguien,porque no sabes biendónde tienesclase,

no tedetengas, sal deallí. No lo mires,no lo escuches,

pues entonces jamás podrás abandonar el salón. Y,

quienquiera que seas, quienquiera que leas esto, reza por mí,compañero. No te olvidesdemi alma ,carnal."

U navozsin peso ysin origen me distra e.Dejo aun lado la hoja de cuadernoque tomé del piso y veo, al fondo del aula,a un hombrecito detraje flojo.No puedoverle la cara porque está leyendo un libroempastado en piel que sostiene casicontra los ojos,o allí en ese lugar don-desupongo que deben estar los ojos. La lámpara ,por encima de su cabeza,leabrillanta sólo lacalva. Lo mi-ro absorto . Tardo en escuchar lavoz:

Vivie en esta vida en grand tribulacion, Muria por sus pecados por fiera ocasion,

Nin prisa Corpus Domini, nin fizo confesion ,

Levaron los diablos la alma en preson. . .

Fernando García Ramírez

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i-Ícaro

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í~ra!e ~

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Jumo

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Tres imágenesdeJulioTorri quedan en mi memoria:

su bicicleta, su lujuria fotográfica y la sabia brevedad de sus textos. Es decir , el recu erdo de lo fugaz, de lo obsceno ylomagistral de su vida, intensa y altiva.

Rara vez un escritor ha conde nsado su pasión en tres revelacion es:la de su libertad,lade sus deleitesíntimos

yla del rigor en su arte.

En un tiempo como el nuest ro, de sonoridades, de prisa impune y de atropello al repasovisual de la

luju-.ria, don Julio im parte su última lecciónconformea las normasromán ticasdela solter ía : viajar a solas, practi-car la nostalgia del amor con malicia contemplativa y

escribir con la sentencia de Gracián.

No abras

~

la puerta

JJ

Gastón Carcía Cantú

Su vuelo fue corto por culpa del sol, no de la cera ni del calor: en Ícaro se condena la hvbri:,r s' la soberbia la, vanida d, el anhelo de poder ydedivinidad.Julio To

-rri,el hermano diablo, no quiso volar ni subirse al tren cuandoéstepasab adelantede él. Prefirió algo distinto a la hy brisde CarlosDíaz Dufoo J r., a la soberbia de Guzmán ,la van idad deAntonio Caso,el anhelo de po-der de Vasconcelos ydedivinidad, intelectu~, de don Alfonso. No Ícaro, Ulisesbiendispuesto a lanzarse tras las sirenas que cortej aba en su bicicleta los domingos.

Ellas sí cantaronpara él. Sobe rbio a su modesto modo

,

Julio Torri voló sin alas ycon gracia al planeta menor

de su obra breve. Elsol,desdeentonces, está en manos de los pendencier os.Quelesaproveche .El tren pasa y Torrino salta,está depie en el andén delos leídoscon un libro - Ensayos y poemas- bajo el brazo. Las niñas de susojos miran a otra niña,sus manos tiemblan. . .

"E n algu n o delos tres pisosde la Facultad puedes

en-contrarte ese salón. No hay forma de distinguirlo. Tú abres una puerta y ahí teencuentras. Ni siquiera sé si está siempre en el mismo lugar.Lo mejores que noen -:

tres,quete marches en seguida , queno.abras la

puer-_ puer-_ puer-_ puer-_ puer-_ puer-_ puer-_ puer-_ puer-_ puer-_ puer-_ puer-_ puer-_ puer-_ puer-_ puer-_ 17

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(9)

Con Julio Torri sucede lo mismo que con Augusto

Mon-terroso,su obraes tan concentradaque cualquier

expli-cación se vuelveun lugar común.Permítaseme utilizar

un símil algo perverso -por lo grosero y cotidiano-:

su literatura es un concentrado esencial, semejante al

de los cubitos de caldo Maggi: en su minúsculo y

apre-tado territorio se condensan las mejores sales, los más

excelentes perfumes, la más artificial nutrición. Como

Georg Christoph Lichtenberg,Julio Torri se ded icó al

fragmento, al aforismo y como los grandeshombres que

describe Walter Benjamin, "sus obras concluidas tuvie - /

ron menos peso queaquellos fragmentosen los cu ales

trabajó toda su vida". Sus cartas fueron muy

numero-sas (otra coincidencia con Lichtenberg): en ella s podía

abordar esos temas acerca de los cuales,como él mismo

dice, nunca se acierta a explicar la finalidad última y

aceptarademás que "el que fracasa discierne en cam

-bio perspicazmente los principios del arte" .

¿Debo terminar aquí? No he aprendido aún a sin

te-tizar mi pensamientoen una sola frase estricta y bella,

asiento pues solamente que lo admiro y quesu figura,

vestidode ciclista ,regresaconstantemente a mi memo

-ria, "aprendiz de suicida. . . útil,discreto,económico".

Margo Glantz

El lugar

de

Julio Torri

Si a Carlos Díaz Dufoofilscorrespondeel ultravioleta

de la sabiduría,a Julio Torri toca el de la sensibilidad.

Para él siempre han sido los lugares más selectos.D

es-de las ramas elevadas de los tilos mira pasar hombres

orogénicos,ávidos gambusinos,multitudesinsatisfechas .

Dentro de la élite, fue el aristócrata ,nuestromás

egre-gio creador deinvisibles universos.Lo imitaron

noble-mente: Gorostiza,Villaurrutia,Chumacero,Rulfo,

Vi-censo ¡Quémisterioso! , esos apellidos van dejando una

estela de vida eterna.

Don Julio,desde sus primeras incursiones literarias,

trasciende la esfera de los mortales y seenclau stra en

el camposanto,bajo la lluvia decembrinayun cielo

co-lor de luna.

Francisco GuzmánBurgos

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Una

duda

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Aquel hombrese preguntaba : ¿Seránla Fama ylaGloria los nombresde dos pulquerías?¿Corresponderán a los nombres dedos feasy complacientes mujerescuyos ar-tificios son capaces dedoblega r a cualquierhombre? ¿O a mucha s otras cosas?Erauna duda por despejar. De-cidió irse sin prisa.La vida era para vivirlayconsu m ir-se en ella como una llam a . Vislumbró quesu tr a b aj o mediría , justamente, eltama ño de suexigencia. Hizo como que no hacíayseded ic óa vivir su propiamagra y casi imperceptible novela.

SusTreslibroshabit ar on un volumen de 184 pá gi n as

rebosan t · de intensidad. 19 años antes de celebra r el centen ari o de su nacimiento , había cruzado ese finísi-mo dintel uya pu rta lausu ra la vida yabrepaso ha-cia la mu rt ;al traspon do, lanz óunguiño bu rló n a sus I ctor al ti mpo que arribaba , irónico y certero, aotraco n lusién:..Aun ruandola[ama yla gloria fu e-sen asuntosquiméri os,no inter esan ni alosmuertos."

¡:,lip, dejtSúsHemández

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etrato

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el

pa

dre

Todala vidad un homb r - COI\lOescribió don Julio-está n u a titud: toda la histo ria y, élvec ,tam bién la histeri a másom noslatente. Ysu actitud, como sa-bemos o r mos ab r,no s otra[osa queun manual de ge to no siem pr voluntarios y. a menudo,e ngaño-sos, elíptico , como d ilusion ismo circ ·nse.

• •

Mi padre llamaba Julio ynu n a fue algo másque un

proyecto; es lo únicoque me interesade su

personali-dad:sobreviviócomo un individuolleno deindividuos, tartamudeante y poco rio.Susamigosfueron refu gia-dos políticos,judíos pobres, pa yasos, libanesesy algu-nosanarquistasdedicadosalestudio de losastros en

re-lació n con los fenómenos políticosysociales de la más

diversa índole.

Pasaban horasyhoras discut iendo acerca deuna

dis-cusión sin asuntoaparente ,peromás acáymásallá de

todo tipo de ramificaciones. Arbo rescen ciasy

desliza-mientos desde ningún lado hacia nin gún lado, dentro

de un sistema sin sistema, como una cosa sin patas ni

cabeza, o más bien un objeto aparente mente inútil y

gracioso.

(10)

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Yo me eduqué en ese ambien te: sinuosidades de una filosofía al margen de toda filosofía, juegos, fintas, in

-tersticios, esguinces y una vitalidad lejos de cualq u ier intento de cristalizació-n.Pen samientolíquido: pellizcos

yjugar retasdelos payasosded icado s a burlarse del es

-tudioastr ológico de los anarquistasen mediodeuna

at-mósfera llena de discusiones sin asuntoaparente, pero

más alláymás acáde todo tipodearborescencias y des-lizamient osdesde ningún lad o hacia ningúnlado, den-tro del dolor y las exclamaciones de los judíos pobres dedicados aponer en dudael sentido delas aficiones cós-micas de los anarquistas.

Esto era loquequeríadecir .Transcurrieronalgunos

añosydeboreconocerque soyun individuo lleno de

in-dividuos , tartamudeante ypoco serio. Habitualmente

me pierdo en sinuosidadesque están al margen de toda

especulación mística o filosófica.

• •

De puro Torriesla melancolía.Lo descubrí en Santia-go de Chile,durant eel otoño de1971,poco después de su muerte. Leí algú n texto suy o en la revista Un

iversi-daddeMéxico,si nome equivoco, yquedémuy

sorpren-dido. Pasaron los años y sólo persiste una duda: ¿me-lancolía como com plemento de la ironía?¿Melancolía

con una moral no siempre oculta? ¿O tal vez melanco-lía como agudezadel humor nosiempre irónico? ¿O

am-bamente, comohubieradicho Luis Suardíaz,el poeta, qui-zá desde La Hab an a? De puro Torri es el humorismo ecléctico. Esehumor que , como los sueños, no solamente noscrea un pasado ,sino tambiénun abismoluminoso.

Hemán Lavín Cerda

Paredes y ventanas están abiertas a unos minutos de la explosión. El viento desata la tristeza del cuarto. Hojas moradas como ceniza revolotean sobre el ataúd. Es de tarde, hay mucha luz. Luz casi pastosa, se diría. Murió otra vez el corazón;lo vela sólo mi conciencia, vigilante.

Sediento el mar, se enciende por alcanzar el labio llu-vioso de la luna, tallado en el cristal de la tormenta.

Fingir que te haces lío,librarte de un buen salto, y ver el hilo del resorte regresar a su postura, serenado.

El pudor es la serpiente agazapada en el centro oscuro .de la alegría.

El mal es el único idéntico a sí mismo; incluso tra

icio-nándose se afirma.

Tan vana blasfemia, tiene el encanto de la tormenta.

Las profecías son siempre canciones cuya música que-da postergaque-da.

Guiño del sol entre dos noches, como un tigre atrapado entre sus rayas.

Irritarse con un libro es cosa fácil, basta frotarse varias veces con las ideas que provoca.Toda idea arde con la fricción.

Es una coqueta la ciencia, con todas sus hipótesis al aire.

No esgrimir lo que se sabe, firmemente.

.,..

T

Los

e

ncantados

Igual en estejuegoque en amores: viene, te toca otro,

y huyes libre, "desencantada".

Cosas asombrosas en la calle,cosas de las que todos

ha-blan y nadi e ve.

La cara perpl eja de un niño, ¿es ya filosofía?

Aquél deja escapar por la boca el apetito.

Estatuas rotas engrosan las filas de los muchachos.

Detractoresde las creencias que nos desmienten,

recha-zando lo que fuimos nos veremos mañana reincidien-do. En casa de la memoria, espantan.

Nadie alcanza con su muerte el final.

Al final de la carretera empieza la terracería, al final de la terracería, la vereda, al final de la vereda, el precipi-cio, y sin embargo el camino es circular.

Para marearme de soltura,dijo el trompo,quisiera de-satarme la cintura.

Carmen Leñero

(11)

Vigencia

. '

de Julio Torri

I

Mucho se ha escrito y se continuará escribiendo sobre la escueta obra de Julio Torri.

Pero esta inquietante brevedad sólo puede originar más conjeturas que certezas.

Durante 23 años, Torri dejó de publicar, y sólo llegó a escribir de tiempo en tiempo.

Sin embargo, aparte del mote debido al ingenio no menos corrosivo de Antonio Caso, nuestro querido "cuentagotas" Julio Torri, merece, dentro del Panteón' de las letras mexicanas, descollar en cualesquier memo-rias que acerca de ellas se lleve a cabo, ya sean estudios, antologías o, por qué no, tesis universitarias.

N adie como él supo pulir sus textos, imprimiéndoles el sello de su humor malicioso y cuajado de fina ironía. Con Julio Torri brevedad equivale a calidad.

Francisco León González

M

Acaso nunca fue maestro con grandes recursos pedagó-gicos; en cambio, nadie superó su auténtico amor por las letras y su capacidad para transmitir o para inocu

-lar, a unos pocos, este amor de toda la vida. Exponía lenta y minuciosamente,como si dispusiera de toda una vida; dejaba caer de pronto,en medio de morosas cues-tiones filológicas y pormenores biográficos,

observacio-.nes sutiles o discretamente picarescas.Nunca entendió la enseñanza de la literatura como pretexto para amplias

y brillantes teorías sino como una guía para el conoci-miento de los textos.Gracias a sus enseñanzas, la lite-ratura medieval española tiene un sentido y un fulgor permanente para muchos de sus discípulos, que no po-drán volver al Poema del Cid, al Libro de buen amor, a Ber-ceo o al Cancionero de Baena sin recordar la voz pausada y velada de Julio Torri y las iluminaciones con que iba revelando el encanto rudo y delicado de los viejos tex-tos medievales. Tenían sus lecciones, además,otro ras-go peculiar: su gusto por las figuras menores, las peque-ñas joyas olvidadas y los rincones inadvertidos. En las profusas páginas de los cancioneros y lasc~ónicas anti-guas, prefería poner un poco más de énfasis en la leve gracia de un poeta oscuro o en tal o cual episodio curio-so y extravagante, que en las figuras y acciones habi-tualmente destacadas, como si diera por sabidos aque-llos esquemas escolares y se consagrara sólo a comple-tar, lenta y amorosamente, el conocimiento de páginas venerables.

José Luis Martínez

H

istoria

O

del

esce

pticismo

"

(Del afás

ico

P

irrón

a

l cerifi

cador Ciaran)

En un principi o fue el silencio, encuya sonrisa viviente el griego del quizá vio arder lociert o delo incierto, el iniciado Kung-Fu la futilidad de laspalabras y el iróni-co Sócrates la búsqueda delo imposible;elmoderno Des-cartes la duda de la duda (y de la ducha)y el místico Wittgenstein el valor de la mirada gutural. . . ¿Será?

Carlos Oliva

Julio Tor ri y Artemio del Valle Arizpe llegaron, proce-dentes de Saltillo, al altiplan o m-xicano en los prime-ros años del sigloXX;lohici'ro nap'nasunosaños an-tes queMaderoy, algunosmás, quelaDivisión del Nor-te. Sus ojos pudi ron mirar , tod avía , los resplandores del antigu o régirn n; .,ins rib icron a la naciente Uni-versidad de México n la almachicha anterior a la tor-menta . No ,- i on 1 sar o co nagradoTorri vio irse

estos tiempo ; p roahí, n sus papeles ' alares, que-daron la firmas d

J

usto Sierra y Porfirio Parra .

Don Art mio grad uó d ab()~ado .n1910y Torri lo hizo en 1913; usvidas, sin mhar~o, d sde años an-tes s habían prado.[ onArt'mio no sólo aban don ó de inmediato I altiplan osino qucpretendió capar del presen te id alizando I pasado colonial. Torri, en cam-bio, aprendió la p uta d los nuevosri'mpo en la amis-tad deAlfan oR y YPxlro Hcn rfq uezUreña. En los añossucesivos lo v m s ntra r ysalir de .mpleos en el nuevo régim n.Todo in silencio: alcontrariode Car-los Pellicer , qui ni u dió.n algun o'desus empleos, y cuya personalidad vol áni a atraía de inmediato las miradas. Torri, ncam bio, se mu.vc calladamente; in-clusocuando está nele mtro dclosproyectosde Vas-cancelas, tantoen laEd itorial ultura como en la edi-torial dela Universida d. ¿ -daría cuenta de ello? En todo caso, todavía no r valora su papel protagónico en este proyecto quep rmitió a laRevolución Mexica-na perder su imagen caótica y aparecercomoun pro-yecto cultural también para H i panoamérica.

Luego se retiró, sinruido, ala academia, a sus libros, a sus placeres íntimos. Parece ntonces que retorn a el principio, Ambos,don Artem io yTorriestán ahí; am-bos en sus respectivas fotos; rodeados , protegidos por sus libros. Sóloque,mientrasla hierática figura de don Artemio carecede vida,la onrisa , entre burlona y com-placiente de Torri parece hace rn os sus cómplices.

IgnacioOsorio Romero

(12)

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lo largo del siglo XVIII,justoantes dela Revolución

Francesa,seconstituyóyseplasm óuna imagen de Fran-cia,de su culturay su gent e,que se proyectó por gran parte del mundo.A veces, no siempre,hombres y for-mas de culturacoincidieron con esta imagen.Algunas veces en Francia, no raras veces fuera de Francia.

En México se dieron artistas y escritores que hicie-ron real esta imagen,quelaencamaron . Entre ellosJulio Torri me parece ser el más sign ificativo .

Por ser, en los albores de este siglo,en el momento de la elaboración deuna cultura nacional,el escritor y el profesor mexicano deconocimientosycuriosidad más universales, el que más expresó el buen gusto, lo que llamó él: "el secreto de la semp iterna gracia de Gau-tier, de Renan ydeFrance"; por ilustrar perfectamen-te el arperfectamen-te literariode laconcisión, de la lítote gidiana,

del sentido del humor yla ironía volteriana, siendo al mismo tiempo muy atento ala circ unstancia mexicana, Julio Torries para míel másmexicanode los franceses.

yademás, dicen que con las damas. .

Louis Panabiére

En la tab

erna

."

~

de

timor

~

Sí, vendráel diálogo finaldelhastío de morir y traicio-narydeescuch ar el sombrío rumor del fracaso. . . pe-ro también elinstanteque enhebra el torbellino en un remanso prístino . Para que dos hombres puedan con-cluir la espesa novela con el único epílogo que nos es permitido reclamar-la muerte en la alta noche sin es-trellas de Samburán- otros instantes han sido puertos benignos donde los aventureros se han citado sin saber-lo. Probablemente el oro de esas tardes transcurridas sea su caudal y hoy lo miran huir de sus manos hacia las estrellas que persisten en el fondo de la tormenta.Alex Heyst conoció el misterio de tender la mano a un hom-bre en desgracia.

-Quéplacerinesperado. ('Le molestaría beber algo conmigo en aquella tabernainfame?El sol es demasiado fuerte parac on-versar en la calle.

Dos hombres que no frecuentan los'meandros de la ciudad, que privilegian la madriguera del silencio, en-trecruzan las miradas en la sombra del tugurio. Nadie

interrumpirá el diáfano accidente, translúcido como el ala de una mariposa tropical.Los dedos del destino sos-tienen el encuentro. Sus actores aún no lo saben, pero acatan, adivinando, íos gestos desde siempre asignados a la conversación insólita. Cuando un hombre es fiel a sus silencios y halla su estilo en la desdicha, está prepa-rado para todo. Está pronto a lamer el fuego de unos pechos, a la noche y al desconcierto del prójimo. A la deriva van sus manos con elvaso de vino, mientras su corazón ha anclado.

Heyst y Morrison alían su suerte imprecisa. El vasto universo de las causas,más profundo que el océano que sostiene las islas que los alojan, permite que Morrison confíe al desconocido con quien bebe que el Capricor-nio, su bergantín mercante, será subastado por deudas miserables. "My poorMomson ",se conduele en secreto el otro. Las monedas en su bolsillo (el botín que no.en-contrará el hombre de Samburán) le confieren el honor. La matizada victoria de entrelazarse en un momento de-cisivo a la suerte en vilo de un hombre bueno, un poco lunático.

Es vergonzoso que un hombre rece en el infortunio; eso es privilegio de las mujeres y los niños -opina Morrison-; lo es menos que en la debacle el azar lo auxilie a través del prójimo. La casualidad es otro dios,

elveces se apiada de los hombres. Yteje su prodigio in-vulnerable.Un tapiz invisible a los forajidos, intangible. -El mundo es un perro malo. Muerde cuando puede;pero yo creo queaquípodemos desafiar el destino tranquilamente. Di

-ce Heyst compartiendo sus monedas en la taberna de Timar, antes de la noche en que la muerte dialogue con su hastío en la noche de Samburán. En el aire flota el amargo aroma de la victoria, mezclándose a la cansada sonrisa de los hombres.

Alberto Paredes

Julio.

cum~/e ~

cien

anos

~

El ensayo corto ahuyenta de nosotros la tentación de agotar el tema, de decirlo desatentadamente todo de una vez. Nada más lejos de lasformas purasdearte que elanhelo inmoderado deper-fección lógica. Nada más lejos.. . Lejos nada más que: todo de una vez. El tema, decirlo el anhelo; ahuyentar el corto, ensayo de tentación agotar. . . Las formas pu-ras yelensayo corto de una vez. Inmoderado: inmode--rada:perfección de nosotros. No,porque, de las formas,

puras de agotar, y Juera tan ocioso embestirle aquí ahora, co-mo decir mal dela hoguera en una asamblea de brujas.Brujas, Brujas, no esel ensayo corto.Pero sí la expresión cabal, aun-que ligera, de una idea.Y no más que la IDEA. Ideal del pensamiento sin ir más allá que lo que es, sin pretender

(13)

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ 22 _ Víctor Hugo Piña Williams

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El cuen tocorto no e una historiasintetizada.Esun na-cimientooriginal br vecomo ocu rre con ciertossignos vivos de la natu raleza. n r pequ eñ o seacerca más a la bellezapor laconcreciónd- usrasgos ypor lo jus-to de sus componente organi zandola armonía que fi-nalmente se conv iert n un in ta nteo

El cuen to- textocorto pid pr cisiónen una línea no

VicenteQuirarte

ron establecidos por leyes y dioses ya cansad os. 4. Para mejor cumplirelmandam iento anterio r , no creas en eltítuloEnsayosy poemas.Cua ndonadie te mi-re, borra cuidadosamente la conjunción copulativa , y

que la disyunción "o" provoq ue la ambigüed ad , pre-mio mayor de la lectura.

5.Cuando el deleitedela tarde que ocupes en leer

Tres libros te obliguea buscar al otro Torri-el escritor disperso, el autorde prólogos y un manual eru d ito - , pierde toda esperanza:susmejores energíasardieron al principio.Lo dem ás tedaráalTorr ihombre,no al es-critor que hizodelaexigen ciauna variantedela esteri-lidad.Recuerdaque, a semejan zadel zorrodela fábu-la monterrosiana, no quisodarnosel gusto deescribir un libro malo.

6. Emprendetu lectura acom pañadoporlagoina de borrar dequetevalespara .lirn inarcuanto consid er a s superfluo, sustituible.T -nlasegu rida d deque no ha-brás deusa rla:en Torri,cada palabra dice, esyestá

por-queha ocurrido lmilagro d-Ir moljusteque desvel ó a Flaubert.

7. Acepta qu rn tr- lín'as('S posibl- escr ib ir otra Comedia humana. iBalza pr cisa ba:>0páginaspara

des-cribirelám bito n qu-s 'elrsa rro lla n susa ciones, To-rri, al de cr ib ir la alidael-1viejocondeel- an tiago de

Calimaya, no duna1- i6nso brelanobleesterilidad de

los adj tivo sup rfluos: "T irada porpiafant sbru to s ,

salelacarroza, n mu 11'ssacud imie ntos,el lap num-bra del za gu án al ti-slumbrami e ruo (11- la call ."

8. En ca o d-naufragio,d('sd icha amoro a o fu sila -miento ,11 va i mpr ontigo1111l'jl'IIIpiarel Treslibros.

En laisla olitariadenuist racxi sn-nria ,Torri nos con-ven ce de qu -nos leemos -n IIn solo libro.

9. Mira l tmi y ,1 i lismoCO IIIO prácti a de c

am-po del que crib . na prrcisa concentración y astu-cia; otra, la al dad m tafl i ael'IIn parderuedas. El primer depor t pu ti' dart e la se n sació n eflrnera del triunfo ; elsegundo,la vi tori a máslar gade estarsolo.

10. y vuelv a cr -r rn -1 maestro. Enlaperfección decim al de su nombre omi onza u leccióndereticencia.

paraA.C.

Héctor Perca

El tamaño

de

la brevedad

I!I

o las

125

de Torri

~" "

Decálogo del

!fi~

perfecto lector

q

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de Julio Torri

-~~

1.

Cree en el maestro Julio Torri como en Dios mis

-mo: tiene del minero la mirada luminosa para encon-trar la veta; el buril exigente de Marcel Schwob; los dis-fraces irónicos con que Charles Lamb engaña a la tragedia.

2. Válete del humo de un cigarrillo egipcio,de una media de seda que haya usado mujer hermosa, del vi-drio ahumado con que miraste el último eclipse: cual-quier cosa que interrumpa el paso entre tus ojos y las cosas. Con esa neblina de por medio, formula la pre-gunta del viejo y sabio lobo que respondía al nombre de Stéphane Mallarmé: "¿En verdad existe la prosa?"

3. Renuncia a hacer de la lectura un inventario de géneros estrictos. Déjate llevar por lo bien temperado de los ritmos, y disfruta la orgía mejor organizada, la más benéfica promiscuidad. Convéncete deque, a se-mejanza de la frontera común de la Europa futura, Ju

-lio Torri nos enseña que los límites de la escritura fue-La distancia más corta entre dos puntos es otro punto,

es decir, una recta, que es una sucesión de puntos que pasa, acaba y comienza en un punto, el otro punto, el mismo. Lección de mismidad que toca extremos que son maravilla, esos contornos miríficos que hacen honra de un grano de polvo y vicio de su redondez. Diminuta fi-gura de sapiencia y sueño que desaploma sin pausa a lo perfecto. Lo breve es una definición del Todo que la Nada memoriza.

Entelequia que no ponen a paciencia los amanuen-ses arrobados en letra de nimia estampa, en pos de lo pequeño. Pero ¿cuál es el tamaño de la brevedad? Qui-zá, las ciento veinticinco palabras de Torri en Del epí

-grafe, cuenta de éstas que aquí termino.

(14)

---

-

-

--.'

en un rostro femenino, es otra sublimidad del instante. El cuento corto podría aceptar estos atributos si en lu-gar de pensar en arte poético pensáramos en arte na-rrativo breve.

Véase en los componentes del cuento breve casi siem-pre la inclusión de dos campos contrarios y complemen-tarios a la vez. Uno el que plantea el misterio, campo preparatorio, el aparato de las suspicacias; yel otro, el de la revelación, el de la ruptura de lo inesperado, el de la caída de la última pieza de la nudista, confirma-ción de la duda, asentamiento del suspenso.

Raúl Rendn

Esta mañana,

Julio Torri

(1889-1989).

. .

Fotografla delcertificado depreparatoria

rectasino parab ólica, un peque ñ o tobogán que ir ru m-pe enla sorpresa . Aunquecurvasea su traza, el cuento breve es el camino más corto para alcanzar la belleza narrativa. Es una historiacompleta encerr ada en una nuez. Una pieza deminiaturis ta. Bajo esta idea pod ría-mos compa rar al cuento corto con el trabaj o delicado de los artistas queilustr ab an loslibrosdela Edad Me-dia.Relataban historias completas enel cuerpo de una letra capitular. Yen el cam po de una página contaban lavida y milagros de un santo cristi ano.Tiempo ade-lanteestas miniaturasse convirtieronen el gran arte es -tatuario delostímpanos delas cated rales que son ver-daderos relatos de piedra.

Enelcue ntocortoel escrit or monta desdela primera fraseelcorazóndelahistoria,ydespuésde una tensión preparatoria desdoblael gra n secreto.

La historiacorta a veces aparece como una incrusta-ción preciosa en el edificio deuna novela. Se descubre como unapequeñ aplazadel relato,como el respiro pro-fundo dela agitadacamin ata que suele ser la lectura de la novela o elmedall ónluminoso en las encrucijadas del gran relato novelado. Puede ser también la desemboca-dura del aliento antes dereemprenderel difícil derrote-ro narrativo .

El instanteque es la brevedadmedida en tiempo, de -ja laimagen deuna sensación,de un estremecimiento, que es otra de las condiciones del arte.

La instantaneidad de la sublime belleza de lo natu-ral, es un asunto encerradoen el arte poético de los ja-poneses: una gota de rocío al encendersepor la refrac-ción dela luz solar resbala en la superficie de la hoja

y cae. Un mohín de la comisura de unos bellos labios

"- Yo sabíaleer,perocon la Revoluci6n se me ha olvidado." LaFeria

No hay recuerdo absoluto. He olvidado si conocí a To-rri en 1971,en la biblioteca de la Facultad de Filosofía

,

o si conversamos en el metro, en 73 o 74.

Como ahora, no era hombre de muchedumbres y pre-fería los vértigos de la ironía yel comentario de tres o

.cuatro bandas a la carcajada.

Difícilmente ocultaba su afición por los epigramistas, su preferencia por las virtudes relevantes de Alonso Qui-jano y Sancho Panza,y recomendaba la lectura de Arreo-la y Monterroso a sus alumnos.

Cortázar e Ibargüengoitia hicieron buenas migas con él. En privado, describían bellas mujeres con animación ejemplar;ni el más atrevido guiño de Circe los hubiera distraído de su charla.

Ocurrió como lo cuento. Sucedió un día que dejé de ver a Julio Torri; cosas de la ciudad, cambios de domi-cilio,la certeza de que los buenos amigos sin verse no quedan separados.

Hay ocasiones en que creo reconocerlo en otros ros -tros, en los gestos de ciertos jóvenes. En tanto, la vida y los libros caminan por diferentes vías.

(15)

Jorge vonZiegler GabrielZaid

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Comoesosinstrum nto r legad ospor manos i ndolen-tes alsilenciode unasaja, p'ro apaccsdevibra r si otro afín es pulsado -losIísi o , sin r'cardar,seguram en-te, a Goeth e , llamana tare ona ncia electiua-«,los cuen-tos,ensayos ypoem asdeJulioTorri,brevescomo epí-grafesy como ellos sutile y" má tenu esque la luz de las estrellas" , o de sonrisa puntual, cruel o cánd ida , . alumbrada por "un relámpago dionisíaco ", nacen de un impulso musical del alma y al ser leídos provocan unos en otros, como aellos lospro vocó unafrase, con-vertida luegoen epígrafeocal lada,nota srepetidas o ar-mónicas de una música incesa nte agrandada en noso-tros -sus resonad ores en el tiempo- y sucedánea de las explicaciones y amplificacionesque horrorizaro n a su autor.O

Guillermo Samperio

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Ganóunconcursodecaligrafía,yel prem io fue una má-quina de escribir. Tenía tan buen a mano,que pedían versu cara. Les gustaba ómo escribía ,por eso lo invi-taban a ha bl a r. Le celeb raron tan to lo que hacía, que ya no tuvo tiempo de hacerlo.

Losabía de an t mano: pa ra qu~ vivirlo.Sonreía de anteman o , mientras - rib ía .n bicicleta ,con los pies, natural men t ,yta mbi~ndánd ol-vueltas a cada sílab a, a cad a giro int n ion ado , a ada acento.Unpensam iento vale má s qu ,1mundo.

No eld s n anto , ,1d·sdén. Frent e alciclista , iban

pasa ndo lo que sa binsu biraltrinenmarcha. Las mos-casylos bu y sd -1andamos ara ndo. Losgrillost repa-dores delos libro al p lcr.Losmotici lista dela v an-guardia. Lo ar rastrados po r la diligen cia el susobras completa. Lo qu no sab.n dd gozo irresistibl de per-derse , d no r ano ido , de huir.

La revancha final: " .rib ir bie n.

compa rsa neblinosao que ésta vapor ellos.Las viejas de los pueblosen to nceslloran com olocas mientras un ámba rpál id o reverbera tímido en losbordesde la mon-taña ylas sombrasdifusasdehom bresycaballos se eva-poran entre los primer oston osde verde que lamañana descobij a .

HEINE·- LJ\/ NOCHV

FLORENTINA/

Bernardo Ruiz Las páginas de Torri están contadas; pero la posteri-dad no cejará en su empeño de ampliar sus obras

com-pletas -con el justo afán humano de exhumar errores monumentales en esa carta apresurada (aún inédita),o en el texto inconcluso que, con otro nombre y varia es-cenografía,dará lustre y fama al nonato autor que es-peranzados críticos aguardan.

Trashumante

.c.

potril

~

El pastor imaginario que lleva sus potros de niebla a los terrenos de la memoria."Dícese del potro de humo que agita su crin de vaho mientras atraviesa los velos del ama-necer." Fantasmal comparsa de pastores que viaja

eter-namente sobre potros de pesadumbre,cuyas siluetas en-tre humos, semejantes a sombras chinescas que repre -sentan un drama japonés, han sido descubiertas en el alba campirana durante los cambios de estaciones. En las localidades en que la gente se ha encontrado con ellas, se dice que es un buen presagio contra las epidemias, aunque se ha llegado a afirmar que después de una vi-sión tan depresivamente maravillosa las enfermedades arrasaron con los animales de esa zona. Se cuenta tam-bién -aunque esto ya entra en el" nivel de la supersti-ción- que los viejos pastores moribundos se unen a esa

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