Tema 1: PLATÓN y el nacimiento de la filosofía

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Historia de la Filosofía

Tema 1: PLATÓN y el nacimiento de

la filosofía

IES Rosalía de Castro

Curso 2017-2018

Prof. Manuel Lama

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Índice

INTRODUCCIÓN HISTÓRICA A LA FILOSOFÍA GRIEGA pág. 2

1. La formación de la polis griega pág. 2

2. Períodos de la filosofía griega pág. 3

DEL MITO AL LOGOS pág. 4

1. El paso del mito al logos pág. 4

2. Comprensión histórica del paso del mito al logos pág. 5

EL ORIGEN DEL COSMOS EN LA CORRIENTE PRESOCRÁTICA pág. 8

Introducción a la filosofía presocrática pág. 8

1. La filosofía presocrática anterior a Parménides pág. 8

2. La filosofía de Parménides pág. 8

3. La filosofía presocrática posterior a Parménides: los filósofos «pluralistas armonicistas» pág. 9

DIALÉCTICA SOCRÁTICA Y RELATIVISMO DE LOS SOFISTAS

pág. 11

1. Los sofistas pág. 11

2. Sócrates pág. 13

PLATÓN pág. 15

1. Vida y obras pág. 15

2. Contextualización del pensamiento platónico pág. 16

3. Realidad y conocimiento en Platón pág. 18

4. Platón: antropología y política pág. 23

5. Influencias posteriores pág. 27

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INTRODUCCIÓN HISTÓRICA A LA FILOSOFÍA GRIEGA

1. LA FORMACIÓN DE LA POLIS GRIEGA

Las polis griegas surgen con fines defensivos –en el siglo VIII a. C., al comienzo de la época arcaica– como producto de la reunión en una única ciudad de varias localidades o aldeas antes desligadas entre sí.

Polis significa ciudad-Estado, y como tal supone:

a) Un espacio físico compuesto por un núcleo urbano y un territorio rural que lo rodea, dedicado a las actividades agrícolas y ganaderas. Las dimensiones de las polis eran reducidas; Atenas, una de las mayores, tenía una superficie de 2.500 km2 (la superficie de Luxemburgo, la provincia de A Coruña tiene 7.950 Km2) y su población en el momento de máximo apogeo en el siglo V a.C. fue aproximadamente de 300.000 habitantes.

A diferencia de las ciudades de los grandes imperios (como Mesopotamia, Egipto o Persia), el centro de la polis no estaba constituido por el palacio real y el templo sino por el ágora, una plaza pública abierta al intercambio de mercancías y de ideas (cuando aparezca la democracia en Atenas, en el siglo V a. C., el ágora será el lugar en el que se reúna la asamblea de los ciudadanos).

b) Un Estado soberano, en términos políticos: con una constitución propia que regula su forma de gobierno y autonomía para elaborar leyes y tomar decisiones militares, administrativas y religiosas dentro de su propio territorio.

La historia de la Antigua Grecia se suele dividir en tres períodos: arcaico, clásico y helenístico. Las polis se formaron y multiplicaron durante el período arcaico, llegaron a su apogeo en el período clásico y entraron en decadencia y perdieron su independencia en el período helenístico.

1) Período arcaico (ss. VIII-VI a. C.)

En el período arcaico, el protagonismo lo tendrán las polis nacidas como consecuencia de las sucesivas oleadas colonizadoras por el Mediterráneo oriental (Asia Menor: Mileto, Éfeso, etc.) y occidental (Magna Grecia: Crotona, Elea, etc.). El nacimiento de estas ciudades supuso el tránsito de una sociedad rural, aristocrática y guerrera a una sociedad urbana, burguesa y comercial.1 En este contexto, concretamente a comienzos del siglo VI a. C. en la próspera ciudad de Mileto, nació y dio sus primeros pasos la filosofía.

2) Período clásico (ss. V-IV a. C.)

En el período clásico, durante el siglo V a. C., el protagonismo se situará en las polis de la Grecia continental, especialmente en Atenas.

No se puede entender el período clásico sin tener en cuenta las guerras contra los persas o guerras médicas. Tanto en la primera como en la segunda guerra médica –que tuvieron lugar en la primera mitad del siglo quinto–, los persas, que pretendían invadir Grecia, fueron derrotados por los griegos, unidos frente al común enemigo. Los atenienses y los espartanos capitanearon a los griegos en esas batallas decisivas para el destino de Grecia, y acaso de Europa. El gran imperio persa fracasó y los griegos comenzaron la etapa más brillante de su historia. Aunque los beneficios de este triunfo no tienen las mismas manifestaciones en las dos polis preponderantes, en un principio aliadas y pronto enfrentadas, Esparta y Atenas. Fue Atenas la polis que mejor supo aprovechar el triunfo y luego, a lo largo de todo el siglo V, brilló con un esplendor magnífico en todos los terrenos. Esta época también es conocida como “el siglo de Pericles”, por ser éste, más que ningún otro político ateniense, quien convirtió Atenas en una gran ciudad, tanto en el terreno militar y político como en el cultural y artístico. Atenas construyó una gran flota y dominó los mares. Levantó, en honor a sus dioses y como monumento a su gloria, los grandes templos de la Acrópolis; el más famoso de ellos es el erigido en honor de su diosa patrona, Atenea, el Partenón. Acudían a Atenas los sabios de toda Grecia, como los sofistas, y también nacerá el primer filósofo ateniense, Sócrates. En otras disciplinas como la medicina –con Hipócrates, padre de la medicina científica– o la historia –con Tucídides– también se darán importantes pasos.

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En política, el sistema democrático imperante propició la aparición de grandes líderes y oradores, que con sus palabras e ideas sabían dirigir la asamblea del pueblo. Sin duda, este contexto cultural y democrático favoreció y se vio favorecido por el desarrollo de la filosofía. Por todas estas razones, el siglo V a. C. está considerado como la Edad de Oro del mundo antiguo.

Pero el siglo V concluye con el enfrentamiento de Atenas y Esparta, y las ciudades aliadas de una y otra, en la guerra del Peloponeso, que duró casi treinta años (431–404 a. C.) y que concluyó con la derrota de Atenas. No obstante, el período clásico, con menor esplendor político, pero con mayor fuerza intelectual, perduró en Atenas durante el siglo IV, en el que destacan las grandes figuras filosóficas de Platón y Aristóteles.

3) Período helenístico (ss. IV-I a. C.)

A partir del siglo IV y como consecuencia de la dominación macedonia, las polis entrarán en decadencia hasta perder totalmente su independencia. Esta situación caracterizará al período helenístico.

Entre los años 336 y 326 a.C., el macedonio Alejandro Magno (356-323 a.C.) conquistó el conjunto de Grecia, el imperio persa, el norte de África y parte de la India. Con su temprana muerte, su gran sueño de instaurar un nuevo orden mundial se desmoronó y sus generales se repartieron el imperio. Surgirán así las llamadas monarquías helenísticas. Durante tres siglos, el espíritu griego dominó la cultura de las nuevas monarquías, hasta que el Imperio Romano se anexionó aquellos territorios en el siglo I a. C. (Y también con la dominación romana la cultura griega se seguirá expandiendo: aunque Grecia fue conquistada política y militarmente por Roma, Roma será conquistada culturalmente por Grecia).

2. PERÍODOS DE LA FILOSOFÍA GRIEGA

I. Período presocrático (VII-VI a.C.)

Comienza a finales del siglo VII (Tales de Mileto nace, aproximadamente, en el año 624 a.C.) y se extiende durante todo el siglo VI.

Los filósofos de este período se centran en el estudio de la naturaleza, razón por la cual se lo denomina a veces como “período cosmológico”.

II. Período clásico o socrático (V-IV a.C.)

Abarca todo el siglo V y la mayor parte del siglo IV (las tres cuartas partes iniciales: hasta la muerte de Alejandro Magno en el año 323 a.C.). En él podemos distinguir dos etapas.

1) Siglo V: en él se sitúan las figuras de Sócrates y los sofistas. Con ellos la filosofía abandona el interés por la naturaleza para centrarse en el estudio del hombre y la sociedad (esto es, con ellos se produce el llamado “giro antropológico” de la filosofía griega). Históricamente se corresponde con el siglo de mayor esplendor de Atenas y de la cultura griega (el gran siglo de la democracia ateniense, el “siglo de Pericles”).

Atenas y Esparta: dos modelos opuestos de organización política

Esparta y Atenas representaban dos posturas muy distintas en la forma de entender el gobierno de la polis. Desde el siglo VI, los espartanos se consideraban una guarnición militar y toda su disciplina estaba dirigida a la guerra. Los niños comenzaban su instrucción a la edad de siete años y tenían la obligación de servir como soldados hasta los sesenta años. Recelosa del poder creciente de Atenas, que lideraba la Liga de Delos, Esparta impulsará la Liga del Peloponeso. Esparta representaba el autoritarismo y el militarismo vinculado a los viejos privilegios de la aristocracia guerrera. Por el contrario, Atenas representaba a la naciente democracia caracterizada por la isonomía (igualdad ante la ley) y la isegoría

(derecho de los ciudadanos a hablar en la asamblea).

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2) Siglo IV: es un siglo caracterizado por la decadencia y la crisis de Atenas (provocada inicialmente por la hegemonía de Esparta y posteriormente por la hegemonía de Macedonia), una decadencia que no se produce en el terreno de la filosofía, ya que es en este siglo donde se sitúan las obras de las dos figuras más importantes de la filosofía griega: Platón (que, aunque nace a finales del siglo V, en el año 327 a.C., desarrolla su labor filosófica y escribe todas sus obras –hasta que se produce su muerte en el año 347 a.C.– durante la primera mitad del siglo IV) y Aristóteles (384-322 a.C.). Ambos se interesan por el estudio del cosmos (como los filósofos presocráticos) y del hombre y la sociedad (como Sócrates y los sofistas).

III. Período helenístico o postaristotélico (IV-I a.C.)

Este período abarca desde finales del siglo IV hasta el siglo I antes de Cristo. Más concretamente: desde la muerte de Alejandro Magno en el año 323 a.C.2 hasta la conquista de Egipto –la última de las monarquías helenísticas– por parte de Roma en el año 31 a.C.

En este período las polis griegas perdieron totalmente su independencia y autonomía para quedar integradas dentro de las monarquías helenísticas surgidas después de la muerte de Alejandro Magno. Los filósofos de este período, muy condicionados por este hecho, centraron su interés en los problemas éticos. Surgieron así las escuelas morales del período helenístico: epicureísmo, estoicismo y escepticismo.

Cabe destacar que en esta época experimentaron un gran desarrollo algunas ciencias particulares como las matemáticas, la astronomía, la física y la filología. Desarrollo que tuvo su centro en Alejandría, ciudad que –desplazando a Atenas– se convirtió en la más importante del mundo helenístico. Científicos de primera línea como Euclides, Eratóstenes o Arquímedes vivieron y trabajaron en esta ciudad.

DEL «MITO» AL «LOGOS»

1. EL PASO DEL MITO AL LOGOS

La filosofía surge en Grecia, aproximadamente en los comienzos del siglo VI a. de C. Como el resto de las culturas antiguas, la cultura griega se asentaba en el mito, transmitido y enseñado por los poetas, educadores del pueblo, especialmente Homero y Hesíodo. A través de complejas narraciones y doctrinas sobre los dioses y los hombres, sobre las fuerzas que intervienen activamente en los acontecimientos cósmicos y humanos, el mito ofrecía respuestas orientadoras acerca de la naturaleza y destino del ser humano, acerca del origen y las normas de la sociedad en que el individuo humano se halla inserto y acerca del surgimiento y estructura del cosmos. En los albores del siglo VI a. de C. y en consonancia con hondas transformaciones de carácter cultural y social, las inteligencias más despiertas sintieron la necesidad de sustituir las explicaciones míticas por otro tipo de explicación, justificada de un modo racional. Surgió así la filosofía como intento de racionalizar la interpretación del hombre y del universo, de las relaciones de los hombres entre sí y de éstos con la naturaleza. Si el mito se caracterizaba por ofrecer respuesta a todos los enigmas fundamentales capaces de inquietar al hombre, la filosofía se caracterizó también por la radicalidad de sus planteamientos. La actitud filosófica es radical en un doble sentido: en cuanto que sus cuestiones alcanzan a la totalidad de lo real y en cuanto que pretenden llegar a los principios explicativos últimos de lo real. Desde su surgimiento, la filosofía como actitud crítica y racionalizadora ha constituido un elemento esencial –si no el elemento esencial– dinamizador de nuestra cultura.

Sin la filosofía que hemos heredado de Grecia no seríamos lo que somos. Sin filósofos como Pitágoras y Heráclito, Parménides y Demócrito, Sócrates, Platón y Aristóteles, sin doctrinas como el epicureísmo y el estoicismo, nuestra cultura no sería como es.

Al estudio del nacimiento de la filosofía griega está dedicada esta primera unidad didáctica.

El surgimiento de la filosofía trajo consigo una profunda transformación de la cultura griega tradicional. Esta transformación suele definirse como el paso del mito al logos.

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5 1.1. Significado de "mito" y "logos"

"Mito" (mythos) y "logos" son palabras griegas, originalmente sinónimas. Una y otra significaban "palabra", "discurso" o "explicación". Posteriormente adquirieron matices distintos, dejaron de ser sinónimos y llegaron a contraponerse como dos tipos de explicación de naturaleza diversa: «mito» vino a significar "narración". Muy en particular aquellas narraciones que tienen como protagonistas a dioses y héroes, que existieron supuestamente en un pasado remoto e indeterminado. Por su parte «logos» (de ella deriva "lógica") vino a significar explicación racional, explicación basada en pruebas y razones.

La ciencia y la filosofía nacieron a una en Grecia como resultado conjunto de una nueva actitud ante el universo: la actitud consistente en buscar una explicación racional tanto de los acontecimientos de la naturaleza como de la conducta de los hombres. Toda la tarea de los pensadores griegos, científicos y filósofos, puede resumirse en estas palabras: búsqueda de una explicación racional, distinta y contrapuesta radicalmente a las explicaciones mitológico-religiosas heredadas de generación en generación. Por eso se habla de paso del mito al logos. La palabra griega "logos" significa razón y significa también explicación racional. Se trata, pues, del paso del mito a la razón, a la explicación racional.

1.2. Características del pensamiento mítico

No es fácil caracterizar en pocas palabras en qué consiste el pensamiento mítico. Los mitos son narraciones con las cuales se pretende explicar el origen ya sea del mundo ya sea de cualquier aspecto importante de la cultura de un pueblo, narraciones cuyos protagonistas son dioses o fuerzas naturales (la noche, el sol, etc.) divinizadas. De acuerdo con esto y de un modo general, podemos decir que en el pensamiento mítico:

a) se personifican y divinizan las fuerzas y fenómenos naturales (el rayo lo envía Zeus encolerizado, etc.) haciéndose responsables a los dioses tanto del curso de los acontecimientos naturales como del comportamiento y destino de los hombres;

b) como consecuencia de lo anterior, se entiende que el acontecer universal es en gran medida arbitrario, puesto que depende de la voluntad caprichosa de los dioses. Las consecuencias de esto son fácilmente comprensibles: los fenómenos naturales y humanos son en gran medida imprevisibles y, por lo tanto, esto hace imposible que surja la idea de la ciencia;

c) por último, la aceptación de las explicaciones mítico-religiosas no se basa en que sean demostrables por medio de argumentaciones racionales. La fuerza del mito se basa en la autoridad de la tradición, autoridad que no se cuestiona, y en su asentamiento social.

1.3. Características de la explicación racional (logos)

Frente a la explicación, mítica, frente al mito, el logos o explicación racional se caracteriza porque:

a) no recurre a divinidades o seres sobrenaturales sino que interpreta las fuerzas y fenómenos del universo como fenómenos y fuerzas naturales. Podemos decir que el gran descubrimiento del logos es la idea de naturaleza;

b) como consecuencia de lo anterior, el acontecer universal deja de interpretarse como algo arbitrario. En la naturaleza las cosas suceden como tienen que suceder. La idea de naturaleza va unida a la idea de necesidad y la idea de necesidad va unida, a su vez, a la idea de ley: los acontecimientos naturales suceden conforme a ciertas leyes que necesariamente se cumplen. Fue esta idea la que hizo posible la aparición de la ciencia. La palabra griega logos significa también ley, de modo que podemos decir: la tarea del logos (de la razón, de la explicación nacional) es estudiar y conocer el logos (ley, leyes que rigen en el universo);

c) la aceptabilidad de las explicaciones racionales no se basa, en fin, en la autoridad de la tradición ni en su vigencia social sino en argumentos y razones. Una explicación será mejor no porque la crea más gente o porque se remonte a un pasado más lejano, sino porque se sustenta en razones más sólidas y mejores.

2. COMPRENSIÓN HISTÓRICA DEL PASO DEL MITO AL LOGOS

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qué consiste), han de tenerse en cuenta ciertas condiciones socioculturales que hicieron posible el surgimiento de la filosofía en Grecia.

2.1. Etapa prefilosófica

La Grecia anterior al surgimiento de la filosofía se caracteriza por las dos siguientes circunstancias:

a) En primer lugar, se trata de una sociedad aristocrática, agrícola y guerrera (cada reino ha de defender su riqueza frente a sus vecinos). Esto lleva consigo una determinada estructura social y unos determinados ideales morales, la estructura social es la de una colectividad dividida en dos clases: la nobleza, que vive placenteramente en tiempos de paz y conduce al pueblo en tiempos de guerra, y el pueblo, dedicado fundamentalmente a la agricultura y ganadería. En cuanto a los ideales morales, los nobles son los depositarios únicos de la virtud, siendo los valores supremos el linaje (bueno es el de linaje noble, malo y vulgar el de linaje plebeyo), el éxito (fracasar es vergonzoso; se castiga no por haber obrado mal en nuestro sentido del término, sino por haber fracasado) y la fama. Resulta así fácilmente comprensible que en una sociedad estructurada de este modo no haya lugar para las ideas de justicia y derecho, que implican cierta igualdad.

b) Una segunda característica peculiar de la cultura griega es que carece de libros sagrados y de un sistema educativo organizado. Esta circunstancia es sumamente importante, ya que el papel educador lo desempeñan los poetas (muy especialmente Homero, aunque también Hesíodo) y los aedos.

Homero para los griegos era algo muy distinto de lo que es hoy para nosotros. Para nosotros no pasa de ser un poeta que ofrece narraciones imaginativas, bellas e ilustrativas, a lo sumo. Los griegos aprendían en Homero. Su obra venía a ser algo así como el libro de texto en que sucesivas generaciones aprendían:

1) la moral y el conjunto de valores arriba descritos;

2) la teología. La organización social de los dioses –con Zeus como rey supremo– y sus formas de comportarse descritas por Homero se corresponden totalmente con la organización social y el código moral de la sociedad griega que hemos descrito anteriormente. La conducta de los dioses (robos, adulterios, engaños, etc.), que más tarde sería considerada inmoral por los filósofos, está de acuerdo con la moral aristocrática a que ya nos hemos referido;

3) además de la moral y la teología, los griegos aprendían de Homero todo lo que en realidad sabían (o creían saber) sobre historia, geografía, navegación, arte militar, cosmología, etc.

Por otra, parte, señalábamos que la cultura griega carece de libros sagrados y de una organización sacerdotal encargada de velar por la ortodoxia. En las sociedades donde hay libros sagrados y dogmas, la posibilidad de crítica a las doctrinas contenidas en éstos es escasa o nula. El carácter peculiar de la cultura griega en este aspecto hizo más fácil la crítica de las doctrinas homéricas. Y esta crítica a todos los aspectos de las enseñanzas homéricas constituye el punto de partida para la filosofía.

2.2. Etapa filosófica

A partir del siglo VI a. de C. tuvo lugar una honda transformación en la sociedad griega. Cobra una importancia definitiva el comercio. Aparece la moneda. Los viajes traerán consigo nuevos conocimientos técnicos y geográficos, el contacto con otras civilizaciones y formas de vida, nuevos conocimientos sobre costumbres y creencias muy diversas de diferentes pueblos. En las mentes más despiertas, la sabiduría popular representada por las enseñanzas rutinarias de los poetas antiguos comienza a aparecer como inadecuada: en lo que se refiere a la moral, los valores guerreros y aristocráticos quedan desfasados cuando las relaciones comerciales exigen nuevas normas de justicia y derecho como base para los intercambios; en lo que se refiere a la teología homérica, el conocimiento de otros pueblos lleva a la convicción de que cada pueblo y cada raza se representan a los dioses de una manera distinta; en general, se abre paso la convicción de que la interpretación del universo y de la convivencia humana ha de asentarse sobre bases distintas, racionales.

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ETAPAS Y PENSADORES PRINCIPALES DE LA FILOSOFÍA GRIEGA

I. FILOSOFÍA PRESOCRÁTICA

(ss. VII-VI a.C.)

1. Escuela de Mileto

Tales

(624-546 a. C.)

Anaximandro

(610-545 a. C.)

Anaxímenes

(585-524 a. C.)

2.

Pitágoras

(570-496) y la Escuela pitagórica.

3.

Heráclito

de Éfeso (544-484 a. C.).

4. Jenófanes de Colofón (570-475 a. C.).

5. Escuela de Elea

Parménides

(540-470 a. C.)

Zenón (489-430 a. C.)

Meliso (nac. 485 a. C.)

6. Pluralistas armonicistas

Empédocles

(492-432 a. C.)

Anaxágoras

(500-428 a. C.)

Leucipo (?) y

Demócrito

(460-370 a. C.)

II. PERIODO SOCRÁTICO

(ss. V-IV a.C.)

1. Sofistas

Protágoras

(490-410 a. C.)

Gorgias (480-380 a. C.)

2.

Sócrates

(470-399 a. C.)

3.

PLATÓN

(427-347 A. C.)

4.

ARISTÓTELES

(384-322 A. C.)

III. PERIODO POSTARISTOTÉLICO O HELENÍSTICO

(Desde finales del

siglo IV al siglo I a. C.)

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EL ORIGEN DEL COSMOS EN LA CORRIENTE PRESOCRÁTICA

INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA PRESOCRÁTICA

La palabra "presocrático", con la que suele designarse a los primeros filósofos griegos, significa literalmente "anterior a Sócrates". Esta denominación no es exacta (los últimos de los llamados "presocráticos", como Anaxágoras y Demócrito, son en realidad contemporáneos de Sócrates), pero se ha impuesto definitivamente.

El tema fundamental de que se ocupan los filósofos presocráticos es la explicación de la naturaleza. Y para explicar la naturaleza, sus reflexiones se centran en averiguar cuál es el origen del cosmos.

a) En la lengua griega común, la palabra "cosmos" significaba "orden" y también "belleza". Los filósofos fueron los primeros en utilizarla para referirse al universo en su totalidad, en la medida en que el universo aparece como un todo ordenado. Preguntarse por el origen del cosmos es, por tanto, preguntarse por el origen del orden actual que manifiesta el universo: ¿cómo surgió y a través de qué etapas llegó el universo a su estado actual?

b) Al plantearse de este modo la pregunta, resultará especialmente importante determinar el principio o arjé, la sustancia o sustancias originales de que proceden y están constituidas las cosas que componen el universo.

En el desarrollo del pensamiento presocrático, Parménides ocupa un lugar central, hasta el punto de que podemos hablar de la filosofía antes de Parménides y después de Parménides.

1. LA FILOSOFÍA PRESOCRÁTICA ANTERIOR A PARMÉNIDES

La filosofía presocrática anterior a Parménides

comprende distintos autores y escuelas:

1.1.) Los filósofos Tales, Anaximandro, y Anaxímenes proceden de Mileto. Se les denomina, por ello, milesios y también Escuela de Mileto. Los tres propusieron una explicación monista, es decir, establecieron que el principio o arjé del universo es un elemento material del cual proceden y están constituidas todas las realidades que existen. Tales y Anaxímenes propusieron respectivamente como arjé el agua y el aire. Anaximandro, por su parte, afirmó que el principio es una materia indeterminada e infinita que denominó "ápeiron" (esta palabra significa precisamente eso: "indeterminado", "infinito").

1.2) Los pitagóricos constituyen un grupo o escuela fundada por Pitágoras alrededor del año 530 a.C. De Pitágoras apenas sabemos nada con certeza. En cuanto a la escuela pitagórica, su interés para la filosofía es doble: 1) Desde el punto de vista antropológico, es de destacar que sostuvieron la inmortalidad y la transmigración de las almas. 2) Desde el punto de vista cosmológico, atendieron a la armonía y orden del universo subrayando su carácter matemático. En el cosmos reina una armonía matemática, un orden matemático. Afirmaron que el universo está "hecho" de números y que, por tanto, los números son, en último término, el arjé de todas las cosas.

1.3) Heráclito parece que propuso como arjé el fuego. En uno de los textos que conservamos de él se dice que el fuego es una sustancia en constante transformación, y de ahí que afirme que la realidad se halla en constante cambio. La filosofía de Heráclito se centra en la idea de devenir. Para Heráclito la realidad se caracteriza por su incesante devenir («todo fluye»). Este devenir, o fluir universal, no es, sin embargo, caótico, sino que obedece a una ley o medida. Hay, pues, un orden, una ley que Heráclito denomina logos: todo sucede conforme a esta ley, o logos. Esta ley universal comporta, según él, la lucha de contrarios.

2. LA FILOSOFÍA DE PARMÉNIDES

Parménides, como hemos señalado, marca un hito decisivo en el desarrollo de la filosofía griega. En efecto, como consecuencia de su doctrina, la pregunta sobre el origen del cosmos tomará un rumbo totalmente diferente.

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exigencias de la razón. De este modo, en la filosofía de Parménides se establece una oposición radical entre razón y sentidos. Y ante esta disyuntiva, Parménides apuesta por la razón (la "vía de la verdad"), en detrimento de los sentidos (la "vía de la opinión").

3. LA FILOSOFÍA PRESOCRÁTICA POSTERIOR A PARMÉNIDES: LOS FILÓSOFOS

«PLURALISTAS ARMONICISTAS»

En la primera mitad del siglo V a. C. aparece una generación de filósofos, cuya mentalidad acusa una gran madurez. Aunque apenas guardan conexión entre sí, coinciden, en aprovecharse de los diversos esfuerzos de la investigación filosófica anterior y en intentar una síntesis de sus resultados. Todos ellos están marcados por la filosofía de Parménides y quieren explicar a la vez la realidad del ser (eterno e inmutable) y la del cambio, tratando de conciliar de nuevo razón y experiencia (por este motivo se les llama armonicistas).

Les llamamos pluralistas, porque reemplazan la doctrina de la materia única por la de una pluralidad de materias o de elementos materiales como causa explicativa de todas las cosas. Para superar el problema planteado por Parménides (la contradicción entre razón y experiencia, la contradicción entre las ideas de ser y devenir) abandonan la idea de que el arjé consiste en un único elemento material, proponiendo como arjé una pluralidad de elementos o partículas materiales. Otro rasgo común a estos filósofos es la introducción de fuerzas cósmicas, que sirven para dar razón del cambio o movimiento de las cosas (Empédocles y Anaxágoras), o su negación explícita (Demócrito).

Después de Parménides, por influencia de estos filósofos, la explicación acerca del origen del universo cambió sustancialmente de rumbo.

a) De una parte, la convicción de que a partir de la unidad (de una única sustancia) no puede surgir la pluralidad obligó a los filósofos a abandonar el monismo: resultará necesario poner como origen, no un principio, sino una pluralidad de principios (pluralismo).

b) De otra parte, estos filósofos consideran que hay que atribuir a esa pluralidad de principios dos propiedades que Parménides atribuía a la realidad única: los principios serán eternos e inmutables3.

Tres son los filósofos pluralistas post-parmenídeos más destacados:

3.1) Empédocles de Agrigento (492-432 a C., aprox.) propuso que el universo procede de la combinación de cuatro elementos o raíces: fuego, aire, agua y tierra. Su combinación y disgregación dan lugar al cosmos bajo la acción de dos fuerzas, de atracción y repulsión respectivamente, que denomina Amor y Odio. El Amor une y agrega los elementos originarios para formar las cosas. El Odio las separa y disgrega. De esta forma se explica el devenir del universo.

Empédocles recogió los resultados de la filosofía jonia (milesios, Heráclito y puede que Jenófanes), pero en vez de una sola materia originaria de las cosas propuso como arjé los cuatro elementos. De esta manera concilió la idea de que tiene que existir algo eterno e inmutable (los cuatro elementos) con la idea de que la naturaleza se caracteriza por el devenir, ya que todos los seres naturales nacen y perecen a partir de la unión y disgregación de los cuatro elementos básicos. De esta manera trató de conciliar el punto de vista de Parménides con el de Heráclito y lo que dice la razón con lo que manifiestan los sentidos. La concepción de Empédocles estuvo vigente en la cosmología durante más de dos milenios.

3.2) Anaxágoras (500-428 a. C., aprox.) –al igual que todos los pluralistas– aceptó la tesis parmenídea de que, en sentido estricto, ninguna realidad nueva puede originarse. Aceptado este principio, no le quedaría otro recurso que afirmar que todo existe desde siempre. Partículas diminutas de todas las sustancias existían y existen por siempre; en los hombres predominan las partículas de hombre, pero, en realidad, en el ser humano –como en el resto de los seres– hay partículas ("homeomerías", tal como las denominó Aristóteles) de todas las sustancias del universo: "todo participa de todo", dice Anaxágoras.

Estas innumerables partículas se encontraban originalmente mezcladas en una masa compacta y maciza, sin intersticios ni separación alguna. Queda así explicado el origen de la pluralidad de los seres del cosmos, pero ¿cómo se explica el movimiento? ¿Cómo empezó a moverse esta masa compacta originaria, de modo que las partículas fueran separándose y uniéndose para dar lugar, de manera ordenada, a los distintos seres?

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Anaxágoras recurre a una causa exterior, un Entendimiento (en griego, Noús) o Inteligencia ordenadora que imprimió a esta masa inerte un movimiento de remolino.

El recurso, por parte de Anaxágoras, a una «Inteligencia ordenadora» abre perspectivas nuevas, que más tarde serán recogidas por Platón y Aristóteles. En Anaxágoras aparece por vez primera de modo explícito la idea de un dios como principio rector del universo. Esto parecía llevar a una concepción del orden del universo como resultado de una inteligencia que actúa conforme a fines, de modo tal que el resultado de los procesos naturales sea siempre la consecución de lo mejor, de la máxima perfección y belleza. Sin embargo, Anaxágoras no llegó a desarrollar totalmente esta idea de una Inteligencia ordenadora del universo.

3.3) Demócrito. El atomismo

Juntamente con su maestro Leucipo, Demócrito (nacido el 460 a.C., aprox.) ofreció una respuesta más audaz y más radical.

Parménides dice que no puede haber más que una única realidad. ¿Por qué? Supongamos que existen dos o más realidades, dos o más seres: por fuerza ha de haber alguna separación real entre ellos, ya que, en caso contrario, no serían dos sino una única realidad continua. Ahora bien, argumentaba Parménides, si entre ellos hay realmente separación, ¿qué es lo que se interpone entre ellos? No cabe contestar que se interpone algo real, pues volveríamos a la situación anteriormente descrita: no dos sino una única realidad continua. ¿Se interpondrá entre ellos algo no real? Pero algo que no es real, ¿cómo va a interponerse? Algo no real es algo que no es y, por tanto, no puede ni dividir ni interponerse.

Es frente a este dilema donde se muestra la audacia intelectual de los atomistas. Entre la multitud de realidades (átomos) cuya existencia pretenden establecer se interpone ciertamente algo, el vacío. Los atomistas conceden gustosamente a Parménides que el vacío que separa los átomos no es real, si por real se entiende la materia existente: únicamente los átomos son reales en este sentido y el vacío puede muy bien ser caracterizado como no-ser por Parménides. Sin embargo, el vacío es algo real, si por real se entiende que efectivamente lo hay.

Junto con los átomos, el vacío forma parte de la naturaleza del universo. El papel desempeñado por el vacío es decisivo. No sólo hace posible la pluralidad, sino también el movimiento. Para Demócrito, los átomos se mueven eternamente en el vacío, uniéndose y separándose y dando origen a todas las cosas del universo.

Los átomos son partículas pequeñísimas e indivisibles que existen en número infinito. Los cuerpos son agregados gigantescos de átomos en cantidad incalculable. Los átomos no difieren en cualidad, pero sí en la forma, en el tamaño y en el peso. Y se mueven eternamente de manera natural. Poseen automovimiento. No se necesita, por lo tanto, postular la existencia de ninguna fuerza externa como causa de su movimiento.

Según el atomismo, la formación del universo no obedece a ningún plan ni propósito. El atomismo de Leucipo y Demócrito ofrece una visión mecanicista de la naturaleza: el universo no está presidido por plan alguno trazado por una inteligencia divina trascendente, ni existe tampoco una finalidad inmanente que guie los procesos naturales. El universo es el resultado necesario del movimiento y combinación de los átomos, pero el movimiento y la combinación de los átomos no persigue objetivo o finalidad alguna.

Esta visión de la naturaleza tuvo pocos seguidores en el pensamiento antiguo, dominado por la idea de teleología o finalidad. No obstante, la concepción mecanicista quedará como un modelo siempre disponible, que, tras un largo período de oscurecimiento, volverá a resurgir con fuerza a partir de la Edad Moderna.

El sistema atomista constituye la última respuesta del pensamiento presocrático a la doctrina de Parménides. Con él se cierra el ciclo de la filosofía presocrática. Más adelante veremos como Platón se opone radicalmente al materialismo y al mecanicismo de los atomistas.

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DIALÉCTICA SOCRÁTICA Y RELATIVISMO DE LOS SOFISTAS

1. LOS SOFISTAS

1.1. Caracteres generales del movimiento sofístico

Se denomina «sofistas» a un conjunto de pensadores griegos que florecen en la segunda mitad del siglo V a. de C. y que tienen en común, al menos, dos rasgos sobresalientes: entre sus enseñanzas incluyen un conjunto de disciplinas humanísticas (retórica, política, derecho moral, etc.) y son los primeros profesionales de la enseñanza (organizan cursos completos y cobran sumas considerables por enseñar). Ambos rasgos ‒carácter humanístico de sus enseñanzas e institucionalización de la enseñanza misma‒ muestran claramente que los sofistas tenían un proyecto bien definido de educación, que venía a romper con la enseñanza tradicional, inadecuada para las exigencias de la época.

Además se caracterizan por su ideología democrática, su actitud crítica ante la sociedad y la tradición, y su interés por el estudio del lenguaje.

Como circunstancias que rodean el surgimiento del movimiento sofístico suelen considerarse dos en particular: filosófica, la una, y político-social, la otra; la primera tiene que ver con el desarrollo de las teorías físicas anteriores; la segunda, con el sistema democrático establecido en Atenas. Veámoslas.

1.2. Los sofistas y la filosofía anterior: relativismo y escepticismo

El desarrollo de las teorías griegas acerca del universo hasta mediados del siglo V a. de C. (desarrollo que abarca a los filósofos estudiados anteriormente, desde Tales hasta Demócrito) nos ofrece un espectáculo fascinante, sin duda, pero también descorazonador. Por lo pronto, descorazona y escandaliza la diversidad de teorías opuestas e incompatibles que se oponen entre sí: para unos el principio o arjé es único (milesios), para otros es múltiple (pluralistas); para Parménides el movimiento es imposible, mientras que para Heráclito el universo es movimiento, devenir incesante; éste sostendrá que el universo es producto de una inteligencia (Anaxágoras), aquél afirmará que es el resultado de una necesidad ciega y azarosa (Demócrito), etc. No tiene nada de extraño que este espectáculo creara una actitud escéptica ante la filosofía de la naturaleza que se había mostrado incapaz de producir un sistema aceptable para todos.

El relativismo (no hay verdad absoluta) y el escepticismo (si hay verdad absoluta, es imposible conocerla) se extienden y generalizan, pues, como actitud intelectual. Célebre y afortunada expresión del relativismo es la frase de Protágoras: «el hombre es la medida de todas las cosas»; expresión desconcertante y cruda del escepticismo son las tres afirmaciones escalonadas de Gorgias: «no hay ser; si lo hubiera, no podría ser conocido; si fuera conocido, no podría ser comunicado su conocimiento por medio del lenguaje».

El texto de Gorgias que acabamos de citar muestra una ruptura radical con la filosofía griega anterior. Para la filosofía anterior, y posteriormente para Platón y Aristóteles, la realidad es racional; por tanto, el pensamiento y el lenguaje se acomodan a ella, son capaces de expresarla adecuadamente. La desvinculación del lenguaje respecto de la realidad constituye en la sofística un pilar importante de su interpretación del hombre y de la realidad. En efecto, si se renuncia al lenguaje como expresión reveladora de lo real, el lenguaje termina por convertirse en un instrumento de manipulación, es un arma para convencer e impresionar a las masas, en un medio eficaz para imponerse a los demás, si se dominan las técnicas apropiadas. «La palabra es un poderoso tirano, capaz ‒escribe Gorgias‒ de realizar las obras más divinas, a pesar de ser el más pequeño e invisible de los cuerpos».

1.3. La circunstancia política y la temática filosófica de los sofistas

Al abandono de la filosofía de la naturaleza contribuyó no sólo la circunstancia filosófica señalada en el apartado anterior, sino también –y sobre todo- las necesidades planteadas por la práctica democrática de la sociedad ateniense. El advenimiento de la democracia había traído consigo un notable cambio en la naturaleza del liderazgo: ya no bastaba el linaje sino que el liderazgo político pasaba por la aceptación popular.

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lo conveniente, acerca de la administración y el Estado. Este era precisamente el tipo de entrenamiento que proporcionaban las enseñanzas de los sofistas.

1.4. Convencionalidad de las instituciones políticas y de las ideas morales (distinción entre «physis» y «nomos»)

Entre las ideas de los sofistas figura como la más característica e importante su afirmación de que tanto las instituciones políticas como las normas e ideas morales vigentes son convencionales.

1.4.1. Sentido de la doctrina de la convencionalidad

En su acepción más general, el término griego "nomos", significa la ley, el conjunto de normas políticas e instituciones establecidas que acata y por las cuales se rige una comunidad humana. Toda comunidad humana posee unas leyes, unas instituciones, y es perfectamente comprensible que los hombres se pregunten por su origen y naturaleza.

La primera respuesta a esta cuestión, la había proporcionado el pensamiento mítico-religioso al afirmar que las leyes e instituciones proceden de los dioses. En consonancia con su función racionalizadora, la filosofía abandonó pronto esta explicación mítica sobre el origen del nomos. Así, Heráclito ya no vincula el nomos a la intervención particular de alguna divinidad que fundara tal ciudad en un pasado remoto, sino que lo vincula al orden del universo: el orden del Estado es parte de un orden más amplio, el orden del universo, y tanto aquel como éste se rigen, en último término, por una única ley o logos. En definitiva, el nomos tiene su fundamento en el orden de la naturaleza.

El tercer gran momento del pensamiento político-moral en Grecia (tras el mito, tras la racionalización heraclitea) lo constituye la sofistica. La filosofía se halla siempre radicada en un marco social, en un conjunto de experiencias de carácter socio-político. En tiempo de los sofistas, la experiencia socio-política de los griegos se había ensanchado definitivamente gracias a tres factores de considerable importancia: en primer lugar, el contacto continuado con otros pueblos y culturas, que permitió constatar que las leyes y costumbres son muy distintas en las distintas comunidades humanas; en segundo lugar, la fundación de colonias por todo el Mediterráneo, que en cada asentamiento colonizador permitía redactar una nueva constitución; por último, su propia experiencia de cambios sucesivos de constitución.

Estas experiencias llevaron a los sofistas a abandonar la teoría heraclitea del nomos vinculado al orden del universo, promoviendo en ellos la convicción de que las leyes, las instituciones, son el resultado de un acuerdo o decisión humana: son así, pero nada impide que sean o puedan ser de otro modo. Esto es precisamente lo que significa el término «convencional»: algo establecido por un acuerdo y que, por tanto, nada impide que pueda ser de otro modo, si se estima conveniente. El término griego «nomos» vino así a significar el conjunto de leyes y normas convencionales por oposición al término «physis» que expresa lo natural, las leyes y normas ajenas a todo acuerdo o convención y que tienen su origen en la propia naturaleza.

1.4.2. Carácter convencional, no natural, de las normas morales

Los sofistas defendían el carácter convencional no solamente de las instituciones políticas, sino también de las normas morales: lo que se considera bueno y malo, justo e injusto, loable y reprensible, no es fijo, absoluto, universalmente válido, inmutable. Las normas morales no proceden de los dioses ni de la naturaleza, sino que son el resultado de una convención. Moral y costumbres son convencionales: son así, pero podrían ser de otra manera. Si las normas morales fueran impuestas por la naturaleza serían las mismas en todas las sociedades, puesto que la naturaleza es la misma para todos los hombres. Pero esto no ocurre, sino que cada cultura, cada sociedad, cada grupo o clase social posee sus propias ‒y a menudo opuestas‒ normas. Con esta conclusión los sofistas constataban la falta de unanimidad acerca de qué sea lo bueno, lo justo, etc. (falta de unanimidad que salta a la vista, no solamente comparando unos pueblos con otros, sino comparando los criterios morales de individuos y grupos distintos dentro de una misma sociedad) y defendían el relativismo moral.

Es fácil de comprender la trascendencia de estas reflexiones de la sofística. Con ellas se inaugura el eterno debate acerca del fundamento y carácter universal o particular de las normas morales. El debate comienza con los sofistas en la filosofía griega; pero no termina con ellos, como veremos.

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2. SÓCRATES

2.1. Rasgos generales y biográficos

Hijo de escultor y comadrona, Sócrates nació en Atenas el año 470 a. de C. No escribió ninguna obra, tal vez porque consideraba que el diálogo, la comunicación directa e interpersonal, es el único método válido para la filosofía. Características de su forma de entender y practicar el diálogo son la ironía y la mayéutica. Su ironía se expresa a menudo en la actitud modesta del «sólo sé que no sé nada»; la mayéutica (arte que decía heredado de su madre) consistía en hacer preguntas de modo que fuera el interlocutor quien acabara sacando de sí mismo las formulaciones correctas sobre el tema en cuestión. Ciudadano ejemplar, fue acusado de impiedad y condenado a morir el año 399 a. de C. Pudo huir, pero prefirió obedecer las leyes de la ciudad y morir. Bebió la cicuta tras charlar larga y tranquilamente con sus amigos sobre la inmortalidad del alma.

Sócrates fue un personaje perteneciente al ambiente filosófico y cultural de los sofistas, a los que combatió enérgicamente. Con ellos comparte su interés por el hombre, por las cuestiones políticas y morales, por la vinculación de éstas al problema del lenguaje. De ellos se distingue fundamentalmente en tres aspectos:

a) No cobra por sus enseñanzas.

b) Adopta un método totalmente opuesto (los sofistas preferían pronunciar largos discursos y comentar textos de autores antiguos). Sócrates rechaza ambos métodos; los largos discursos porque impiden discutir paso a paso las afirmaciones del orador, y los textos antiguos porque no es posible preguntar a sus autores, éstos no pueden ofrecer aclaraciones sobre lo que escribieron. A la vista de estas objeciones, es claro que el único método válido para Sócrates ha de ser el diálogo (de ahí que se hable de dialéctica socrática).

c) Aporta a los temas político-morales unas soluciones radicalmente nuevas.

Hemos de subrayar su actitud antirrelativista y su teoría intelectualista respecto de la moral. Analizaremos a continuación ambos aspectos de su filosofía.

2.2. Sócrates contra el relativismo moral de los sofistas

Al considerar anteriormente la teoría convencionalista de los sofistas, subrayábamos cómo estos filósofos insistían en la falta de unanimidad de los hombres respecto de qué es lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo, lo loable y lo reprensible. El relativismo, actitud general de los sofistas, quedaba así consagrado respecto de los conceptos morales. A Sócrates no le satisfacía este relativismo. En efecto, pensaba Sócrates, si cada uno entiende por justo y por bueno una cosa distinta, si para cada uno las palabras «bueno» y «malo», «justo» e «injusto» poseen significaciones distintas, la comunicación y la posibilidad de entendimiento entre los hombres resultará imposible: ¿cómo decidir en una asamblea si una ley es justa o no, cuando cada uno entiende algo distinto por «justo»? La tarea más urgente es la de restaurar el valor del lenguaje como vehículo de significaciones objetivas y válidas para toda la comunidad humana. Para ello se hace necesario tratar de definir con rigor los conceptos morales (justicia, etc.), empresa a la que Sócrates dedicó afanosamente su vida.

2.3. El intelectualismo moral

Es, pues, necesario definir con precisión los conceptos para restablecer la comunicación y hacer posible el diálogo sobre temas morales y políticos. Es necesario definirlos con exactitud, además, por una segunda razón: y es que, según Sócrates, solamente sabiendo qué es la justicia se puede ser justo, solamente sabiendo qué es lo bueno se puede obrar bien. A esto se denomina intelectualismo moral, que puede ser definido como aquella doctrina que identifica la virtud con el saber. Este modo de concebir la moral resultará chocante, rechazable, para muchos: estamos habituados a ver personas ignorantes que, sin embargo, son buenas y obran con rectitud, aun cuando no sepan definir qué es bueno y qué es rectitud; estamos igualmente habituados a ver personas instruidas de conducta reprobable. La doctrina socrática es ciertamente chocante (Sócrates, como veremos, era consciente de ello) y merece la pena analizarla con algo más de profundidad.

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Tomemos, pues, como modelo y punto de partida, las actividades de tipo productivo, técnico-científico. Cualquier saber técnico (ingeniería, arquitectura, medicina, etc.) podría servir como ejemplo, pero utilizaremos como ejemplo un oficio, una profesión sencilla a la que a menudo se refiere Sócrates. Un zapatero es aquel que hace zapatos. (Los hace bien, se entiende; cualquiera puede intentar hacerlos, pero seguramente los hará mal. Zapatero es el que los hace bien y cuanto mejor los haga, mejor zapatero será.) Ahora bien, es evidente que solamente es capaz de hacer zapatos aquel que sabe qué es un zapato, cuáles son los materiales a utilizar y la forma de ensamblarlos. Pasemos ahora al ámbito de la moral. Un hombre justo, diremos, es aquel que realiza acciones justas, da consejos justos, dicta leyes justas. Análogamente habremos de decir, según Sócrates, que solamente es capaz de hacer leyes justas, realizar acciones justas, dar consejos justos, aquel que sabe qué es la justicia. Por supuesto, alguien podrá actuar justamente sin saber qué es la justicia, pero en tal supuesto se tratará de un acierto puramente casual. También en el caso de las actividades técnicas pueden darse aciertos casuales (a veces suena la flauta por casualidad, solemos decir). Y así como el que acierta por casualidad con un remedio para una dolencia no puede ser considerado médico, ya que desconoce el oficio, no se puede decir tampoco que es justo quien realiza acciones justas sin saber qué es la justicia.

En definitiva: nadie obra mal sabiendo que obra mal. Y el que sabe en qué consiste el bien, lo práctica.

Una consecuencia notable del intelectualismo moral es que en esta teoría no hay lugar para las ideas de pecado y de culpa. El que obra mal no es en realidad culpable sino ignorante. Un intelectualismo moral llevado a sus últimas consecuencias traería consigo la exigencia de suprimir las cárceles: al ser en realidad ignorantes, los criminales habrían de ser enviados no a la cárcel, sino a la escuela. En el complejo y actual debate en torno a esta cuestión, un intelectualismo radical llevaría a tomar partido decididamente por esta última.

El intelectualismo moral no es una doctrina exclusivamente socrática. Es, en líneas generales, la forma griega de entender la moral. Platón lo acepta claramente cuando identifica culpa con ignorancia. Aristóteles suaviza ligeramente el intelectualismo, si bien sigue aceptando el papel fundamental que el saber juega para la virtud: saber qué es la justicia es necesario, aunque no sea suficiente, para ser justo. Veremos también cómo el intelectualismo moral se continúa en las escuelas del período helenístico.

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PLATÓN

Durante las tres primeras cuartas partes del siglo IV a.C., Platón y Aristóteles se convierten en los grandes protagonistas de la filosofía griega. Platón fue discípulo de Sócrates; y Aristóteles fue, a su vez, discípulo de Platón.

1. VIDA Y OBRAS

1.1. APUNTE BIOGRÁFICO

Platón, el más genial de los discípulos de Sócrates, nació en Atenas, en el año 427 a. C., en el seno de una

familia aristocrática, y vivió en su juventud los desastres de la guerra del Peloponeso. Su verdadero nombre era Aristocles, Platón era un apodo que significa «ancho de espaldas». Tal vez, la inestabilidad política de su tiempo y la tradición familiar le empujaron a querer actuar en la vida pública, pero su encuentro, cuando tenía veinte años, con Sócrates cambiaría sus proyectos; sobre todo, al comprobar, según él mismo escribió

después, que la política ateniense podía ser tan ciega como para condenar a muerte «a nuestro amigo, el mejor

hombre de los que entonces conocimos y el más inteligente y justo» (Fedón, 118c).

Conmovido por la muerte de Sócrates y desengañado de las prácticas políticas atenienses de su época, Platón abandonó Atenas con veintiocho años, en unión de otros socráticos. Estuvo en Megara, ciudad rival de Atenas, y en Corinto, y algo después visitó Cirene. Pero, sin duda, el viaje más importante de este período fue a Sicilia, donde se relacionó con los pitagóricos.

En Siracusa, en la corte de Dionisio I, tirano de la ciudad, conoció a Dión, pariente de Dionisio y al que le unió una entrañable amistad. Allí, con la ayuda de Dión, intentó influir en el monarca para poner en práctica sus ideas políticas. El fracaso fue total y un accidentado viaje de regreso le llevó de nuevo a Atenas. Corría el año 387 y Platón tenía ya cuarenta años. Posiblemente, influido por la escuela pitagórica, compró un gimnasio

en un terreno próximo a Atenas, donde había habido un santuario dedicado al héroe Academo. Allí, en lo que

después habría de llamarse Academia, comenzó a reunirse con sus amigos y discípulos, y durante veinte años

fue el primer centro de formación política e intelectual de los jóvenes griegos, por lo que se podría considerar

la primera universidad europea. En ella se dedicaba una especial atención, juntamente con la filosofía, a las matemáticas y a la astronomía, de acuerdo con un plan de educación superior progresiva.

Entre los años 367 y 361, Platón volvió a Siracusa, con la esperanza de que su amigo Dión pudiera realizar en la corte de Dionisio II, que había sucedido a su padre, las reformas políticas que no pudo llevar a cabo el anterior tirano. La famosa Carta VII nos cuenta todas las peripecias que rodearon estos empeños platónicos

por construir en la realidad el sueño ideal de la República. Hasta su muerte, que tuvo lugar en el año 347,

Platón continuó dirigiendo y enseñando en la Academia.

1.2. OBRAS Y PERÍODOS DE SU PENSAMIENTO

Antes de mencionar las obras más destacadas de Platón, el primer filósofo del que se conservan numerosas obras completas, comentaremos algunas características de sus textos:

• El diálogo como forma de escritura

Platón escribió sus obras en forma de diálogo, con un lenguaje sencillo y muy didáctico, intercalando ejemplos y mitos para explicar sus teorías; aunque también encontramos pasajes oscuros y de difícil interpretación, especialmente en sus últimas obras.

El personaje central de los diálogos suele ser Sócrates y a través de él Platón expone sus propias ideas. Alrededor de Sócrates aparecen personajes de su tiempo, amigos y discípulos de Platón, sofistas, filósofos y también parientes. Aunque en cada diálogo la investigación suele centrarse en un tema (una virtud, una idea), en casi todos ellos aparecen los problemas y conceptos principales de su pensamiento.

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16 • Los mitos como recurso explicativo

Como se señaló antes, una de las características más destacadas de la escritura de Platón es el uso de mitos de carácter metafórico para explicar sus principales teorías. Se trata de un recurso pedagógico para hacer comprensibles las partes más difíciles y abstractas de su pensamiento. Los tres mitos más conocidos son: el mito de la caverna (República), el mito del carro alado (Fedro) y el mito del demiurgo (Timeo).

Obras principales y períodos de su pensamiento

Las obras de Platón pertenecen a distintas etapas cronológicas que reflejan la evolución de su pensamiento. Se suelen distinguir cuatro períodos.

1º) Período socrático o de juventud (393-389): los diálogos de este período rememoran la figura y las enseñanzas de Sócrates y se centran en el tema de la virtud. Podemos destacar tres obras: Apología de Sócrates, Critón y Protágoras.

2º) Período de transición (388-385): las obras de este período revelan que Platón comienza a elaborar sus propias ideas (el Sócrates histórico se va desdibujando para dejar paso al personaje Sócrates que hace de portavoz de los pensamientos de Platón). Ya aparecen indicios y esbozos importantes de la teoría de las ideas. Entre los diálogos de este período, cabe destacar los dos siguientes: Menón y Gorgias.

3º) Período doctrinal o de madurez (385-370): se consolida la línea iniciada en el período anterior y aparecen las obras más representativas de su filosofía. Aparece de forma explícita y completa la teoría de las ideas, que se convierte en la base de su pensamiento. Hay que destacar: Fedón (sobre la inmortalidad del alma), Banquete (sobre el amor), Fedro (sobre la belleza y la naturaleza del alma) y República (sobre la organización del Estado). Éste último diálogo es, sin duda, el más importante y representativo de toda la filosofía de Platón. En él se recogen, junto con su teoría política, los temas y conceptos principales del filósofo.

3º) Período autocrítico o de vejez (369-347): caracterizado por la revisión crítica que hace de sus grandes teorías anteriores (teoría de las ideas y teoría política). En los diálogos de esta época,

Sócrates ya no es el protagonista. Cabe mencionar: Parménides, Sofista, Político, Leyes y Timeo.

2. CONTEXTUALIZACIÓN DEL PENSAMIENTO PLATÓNICO

2.1. PLATÓN Y SUS CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS

Las guerras médicas, iniciadas en 499 a. C., unieron a los griegos contra los persas. Cuando finalizaron con la victoria helénica en el 479 a. C., la polis de Atenas ‒que había destacado en estas guerras‒ obtiene la hegemonía sobre el resto de las ciudades griegas. Es la época que se conoce como «siglo de Pericles», la edad dorada de Atenas y de la cultura helénica en general.

Esta hegemonía ateniense se plasmó en una confederación de ciudades-Estado llamada Liga de Delos, bajo el mando de Atenas. Su objetivo teórico era constituir una fuerza defensiva con el fin de rechazar cualquier amenaza externa. Para eso, cada polis contribuyó a la confederación con una aportación humana y económica. En realidad, también supuso el control comercial y político de Atenas sobre las demás ciudades que formaban la Liga, que, al ver el creciente poderío ateniense, empezaron a temer por su independencia.

El desarrollo de Atenas provoca la enemistad de otra importante ciudad griega, Esparta ‒Estado caracterizado por el autoritarismo y el militarismo‒ y las polis organizadas en torno a la Liga del Peloponeso. En 431 a.C. se desencadena entre las dos ciudades la guerra del Peloponeso, en la que se ven implicadas las ciudades a ellas vinculadas. Esta guerra que duró treinta años refleja también un enfrentamiento entre dos modelos de organización política y económica.

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cabo fue muy dura, revocando todas las libertades conseguidas tras muchos años de esfuerzo y mandando muchos demócratas al exilio. La reacción contra este régimen brutal y dictatorial no se hizo esperar y, un año más tarde, los Treinta Tiranos son derrocados como consecuencia de una revuelta militar organizada por Trasíbulo y que da lugar a la restauración de la democracia. Este nuevo gobierno, según expresión del mismo Platón, hace bueno al anterior y entre otros atropellos que cometió estuvo el juzgar y condenar a muerte a Sócrates ya anciano, "el más justo de los hombres de su tiempo" en palabras del propio Platón. Este episodio, que marcaría definitivamente los ideales políticos de Platón, lo confirma en la necesidad de una reforma radical de la organización política. A partir de este momento, su interés fundamental se orientará hacia la educación y la filosofía. Platón entiende la política como una ciencia cuya finalidad es hacer de los ciudadanos unos hombres mejores. Esto sólo puede lograrse a través de un conocimiento que permita distinguir lo bueno de lo malo. Aunque no renuncia definitivamente a intervenir en la vida pública, como lo prueban sus viajes a Sicilia, su actividad fundamental irá dirigida a la formación de la elite de futuros filósofos y gobernantes, convencido de que de ellos dependerá la buena marcha de la ciudad. Este fue el propósito que animó la fundación y la actividad de la Academia platónica.

2.2. PLATÓN Y LOS FILÓSOFOS ANTERIORES

Platón se interesó por todas las grandes cuestiones que preocuparon a los filósofos anteriores, de los que recoge muchas ideas e influencias. De Sócrates heredó un interés prioritario por las cuestiones relacionadas con el ser humano, con la ética y la política. De la tradición filosófica que provenía de los presocráticos recoge el interés por la explicación de la naturaleza. De modo más particular, conviene mencionar las influencias que se señalan a continuación.

Heráclito. Platón admitió como Heráclito que la realidad está sometida a un incesante cambio («Nada permanece, todo cambia»); pero, para Platón, esta realidad será mera apariencia, es el «mundo sensible» o conjunto de objetos que se ofrecen a los sentidos.

Pitágoras. Platón viajó a Sicilia con el fin de conocer las ideas pitagóricas, con las que coincidía en la importancia que otorgaban a las matemáticas y la geometría, concebidas como conocimiento superior y liberador. Siguiendo a los pitagóricos, Platón considera que el cosmos está regido por leyes y estructuras matemáticas. El lema que presidía la Academia, «nadie entre aquí que no sepa geometría», muestra su admiración y reconocimiento del valor de las matemáticas.

Por otra parte, según una teoría de los pitagóricos que Platón asume, el cuerpo es una cárcel para el alma, que anteriormente ha vivido fuera de él una vida incorpórea en un mundo superior. Pero el alma puede volver a ese mundo superior si se purifica mediante el conocimiento filosófico durante la vida corpórea. Esta purificación es lo que se denomina catarsis.

Parménides. Como se ha señalado antes, Platón considera, siguiendo a Heráclito, que el «mundo sensible» está sometido a un incesante devenir. No obstante, siguiendo a Parménides, Platón afirma que el mundo de la auténtica realidad no es el «mundo sensible» sino el «mundo inteligible», que Platón identifica con el mundo eterno e inmutable de las Ideas.

Platón recoge de Parménides la distinción entre la “Vía de de la Opinión” o doxa, como vía de acceso al mundo sensible, y la “Vía de la Verdad” o episteme, como vía de acceso al mundo inteligible. Además, como ya se ha apuntado, Platón atribuye a las Ideas las características que Parménides atribuía al ser.

Anaxágoras. Su importancia radica en que introduce el Nous, realidad trascendente separada de todas las cosas y causa eficiente del movimiento. El Nous, es el antecedente del «demiurgo» platónico y tiene características similares, introduciendo un orden racional y una finalidad (teleología) en su visión cosmológica. Con esta visión teleológica del cosmos, Platón se opone radicalmente al pensamiento de los atomistas, que consideraban que no existe finalidad alguna que guíe los procesos naturales.

Sócrates. Ya hemos apuntado su influencia en la vida de Platón y es, sin ninguna duda, el autor más relevante para su pensamiento. Compartió con él su oposición a los sofistas por su relativismo y escepticismo, y por su orientación de la educación hacia el éxito en la política.

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En sus diálogos Platón presenta a Sócrates planteando siempre preguntas sobre una virtud o un concepto moral: ¿qué es la justicia?, ¿qué es el valor?, ¿qué es la moderación?, etc. Quien formula una pregunta de este tipo presupone que hay algún rasgo (o conjunto de rasgos) común a todas las acciones, instituciones, etc. particulares, a los que se aplica el predicado universal "justo" o "valeroso" o "moderado", etc. Ese rasgo (o conjunto de rasgos) que es común y que no se identifica con ninguna acción justa particular será, para Platón, la Idea de Justicia, la Idea de valor, la Idea de moderación, etc. Aristóteles, discípulo de Platón, ha insistido en la influencia de estas indagaciones socráticas en el origen de la teoría de las ideas insistiendo, eso sí, en que “Sócrates no separaba los universales” (es decir, no consideraba los conceptos universales como realidades subsistentes en sí), sino que "fue Platón el que los separó, denominándolos ideas" (Metafísica, XIII, 4).

3. REALIDAD Y CONOCIMIENTO EN PLATÓN

3.1. LA CONSTITUCIÓN DEL UNIVERSO: CAUSAS

En la tercera parte del tema señalábamos que el último gran sistema cosmológico en el período presocrático fue el atomismo, propuesto por Leucipo y Demócrito. A pesar de su brillantez indiscutible, el atomismo tuvo poca fortuna en el pensamiento griego posterior. Es cierto que Epicuro lo adoptaría más tarde, en el período helenístico pero los grandes filósofos griegos –Platón y Aristóteles– lo rechazaron enérgicamente.

Para Platón, en contra del atomismo, el orden no puede ser el resultado azaroso del desorden. El orden sólo puede provenir de una inteligencia ordenadora. Platón retorna, pues, a Anaxágoras en gran medida, recogiendo su idea de que hay una inteligencia ordenadora, que Platón llama demiurgo.

Según Platón, la inteligencia ordenadora o Demiurgo actúa sobre una materia eterna, un sustrato del que se harán todas las cosas. Este sustrato no es estático ni inerte, sino dotado de movimientos irregulares, caóticos. En este punto, Platón se separa de Anaxágoras y se aproxima al atomismo, al admitir una materia eterna y eternamente agitada de movimientos desordenados. Platón jamás cita por sus nombres a Leucipo y a Demócrito, a pesar de que (o precisamente porque) en su explicación del universo los tiene siempre presentes, Aristóteles es quien subraya de forma expresa la vinculación de Platón con los atomistas en este punto: "Hay algunos, como Leucipo y Platón, que afirman que la actividad existe desde siempre, y que desde siempre hay movimiento" (Metafísica, XII, 6).

Junto a estos dos principios o causas –la inteligencia ordenadora y la materia eterna y eternamente en movimiento– Platón establece un tercer principio: las ideas. Estas resultan necesarias, en la explicación platónica, desde el momento en que se introduce una inteligencia ordenadora. En efecto, todo ser inteligente que fabrica o construye algo –y el demiurgo es el fabricante del universo–, lo fabrica de acuerdo con un plan o modelo. La función del demiurgo es la de plasmar las esencias o ideas en la materia lo más perfectamente posible. Si el universo no es totalmente perfecto es porque la materia introduce siempre un factor de desorden e indeterminación.

La constitución del universo físico es narrada por Platón en el Timeo en forma de mito. El propio carácter mítico de este relato hace difícil precisar el significado de muchos aspectos de la narración.

Uno de los aspectos más debatidos de la misma es el de la naturaleza del demiurgo. Es difícil decidir si ha de entenderse literalmente como un dios que realmente actúa sobre la materia, tomando como modelo de ordenación las ideas, o si su actuación ha de interpretarse alegóricamente, en cuyo caso estaríamos ante una

LA TEORÍA DE LAS IDEAS

La doctrina central de la filosofía platónica es la teoría de las ideas, también denominadas formas. Breve y

categóricamente formulada, esta doctrina consiste en la afirmación de que existen entidades inmateriales, absolutas, inmutables y universales independientemente del mundo físico: por ejemplo, la justicia en sí, la bondad en sí, el hombre en sí, las entidades y proporciones matemáticas en sí mismas. De ellas derivan su ser todo lo justo, todo lo bueno, todos los hombres, todo lo armónico y proporcionado que hoy en el mundo físico.

El término "idea" no debe inducir a error al lector moderno. No se trata de conceptos, de construcciones mentales, de objetos sin existencia aparte de la mente que los concibe. Se trata de realidades, más aún, de las únicas rea

-lidades en sentido pleno, ya que de ellas deriva todo lo que hay de real en el mundo físico.

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