Las cosas superfluas de la vida

Texto completo

(1)

LUDWIG

TlECK

l a s cosas superfluas

de

la vida

(2)

En

uno de los inviernos más duros que hayamos soprkado

se pmdujo, hacia fines de febrero, un tumulto extraño sobre a y o . d e n , transcurso y apaciguamiento corrieran en la capitd del reino los rumores m4s extraños y contradictorios. Cuando todo

el

mundo pretende hablar y narroir sin conocer el objeto de su rela- to, es natural que tambibn lo comhn adopte el colorido de la

fhbala.

El

sucaso tuvo lugar en una

de

las callejas d s angostas de1 muy poblada suburbio. Ora decían que un traidor y rebelde h b í a sido descubierto y tomado preso por la policía, ora que un atea hermanado con otros ateos dispuestos a arrancar de raiz

el

cristianismo se Eiabia rendido a

las

autoridades

luego

de una m n c i a porfw 41 quedaría encardado basta que

la

sddd le hubiera inspirado mejores principios y convicciones. T e ~ o previamente se había defendido en su depiamentu con

viejos m b u c e s

de

tiro

doble

y hasta con un c a í h , y

halda

.corrido sangre antes de que se rindiera

de

m d o que tanto

el

m- < si- como

el

tribunal del crimen estarian dispuestos a solici- -tar su ajusticiamiento.

Un

zapatero de inclinaciones polltiw .

p e k d a saber que el preso era un emisario que, en su m&er

de

jefe

de

muchas sociedades semetas, ataría vinculado intima- mente con todos los mvohcionarios europeos;

habría

movido

todos los hilos en París, Londres y España, asi como m

h

provimias orientales, y

fdtda

poco para que en

el

extremo de , la India estallara una rebeiión gigantesca que luego avanzaría,

si fuera e1 d e r a , hacia Eurapai y haría arder en llama t d a s Ias materias inflamables.

Pero lo

cierto es

fo

siguiente: en una casa se

había

aiginado

un

tumulto y alguien se ocupó de

llamar

a

la

mhtras

la

gente

armaba

un

buen alboroto; fuego

inteMnieron

hombms

de &a distiPguido y despues de un rato

n

h

hanqzdad

sin

que

re

comprendi-

d

(3)

? -. 1 , ' L . ? -

,

. / . ,

. t . I

. . -

.,

-

, - A' 7;

SS'

'

-

1 L U D W ~ G TIECC , *

1 > \*

tado de

'completo desorden y destrucción. Todos y

cada

qno - in-a

el

asunto según se

lo

explicaron e1 capricho o

la

- fantasía. Luego los dsbafSjles y carpinteros arreglaron

los

daños.

,

En

la casa habia vivido UP hombre desconocido para

k

vecindad. ¿Era un sabio?

¿Un

plítico?

¿Un

nativo

del

lugar?

¿Un

forastero? Nadie, ni siquiera

el

más inteligente,

sabia

dar

- una infonnaci6n satisfactoria sobre este punto.

Lo

cimto es que este hombre desconocido vivía muy tran-' quilo y rethdo; nunca se lo encontraba en

los

paseos o lugares *bIicos.

No

a a nada viejo su aspecto era saludable; su joven

mujer, que junto con

81

r e d culto a

la

soledad, bien podia

Ila-

marse una beldad.

Ehe alrededor de Navidad cuando este joven, sentado en m .

> piecita muy cerca

de

la estufa,

le habl6

a su mujer:

-Ya

sabss,

querida Clara, cuánto quiera y venero

al

Sietequesos

'

de nu- . ,

Jsrui

Faul, p r o si este humorista se hallara en nuestra situaei6n.

aie resultaría problemático saber obmo se

las

megiaria.

¿No

es vadad, qumidita, que alma

todos

nuestros

medim

par%een ago-

tados? - I

-Cierto, Enrique --pondi& ella con una sonrisa acompa- ñada de un suspiro-, pero sf tú, el

m b

quddo

de

tdos los h-

b,

sigues a t a d o contento y sereno, QO me puedo sentir húdiz , .

m,su p s e d a .

-~~

dicba no son sino

palabras

h u m

-ruplicb

.

m-;

cunDdO tú me seguíste a b ~ n d o n s d ~ tu casi ptmg * . , cuando dejaste magnánimamente r causa mía todas las d-

deracioaes,

nussm

destino fue

& m a l a ~ s N u a i -

1

tio santo y seña se

llamaba

amar

y vivir; no nos

debia

importar. en absoluto &no$ viviríamos en adelante.

Y

ahora me g u s t a h

-

pr&mtarie

dede

lo

hwado

del cordn: en toda Europa, ~ q u h

puede

considerarse tan

feliz

como yo?

-Ea

que

nos

faltan casi todas

las

cosas A j o e&-,

mmerrrwr

:

d

--al otro. Cuando me uní caqtigo sabia que no eras rico,

y

s ti

iro m te empaba que yo ao @a

llevar

nada de mi

*

a

Así

la p o k se

ha

fundido c m nuwtro amor, y e&

pipdta, mtstra conversaci6n, nusstra

h

a

de

miramos y

con-

.

tmnplar la -&a

del

ser amado, son nue- vida.

-1hi

H!

e y

de

pua al

m

h a n * .

(4)

dos, iolitsri& y dispersos nos

hanPrLmoi

abma en m& de

k

turba

de

los círculos sociales1 !Allí, qu6 miradas, qu4 con-' saciom, apretones de mams y formas de perisarf

De

ese modo, seria p6s';ble dom&ar a los arrimales e incluso a las marionetas

- para que hicieran cumplidos

y pnunciaran esas frases

hechas.

Aquí estamos, pues, tesoro mío, c o m Adán y Eva en nuestro paraíso, y ninghn Angel tiene la ocurrencia, totalmente super- flua, de expulsarnos.

S b l o que -dijo ella con alguna pusilanimidad-,

h

ldia

empieza a faltar

del

todo y este invierno es el más duro que

ba

conocido hasta ahora.

Enrique solt6 una carcajada. -Mira -exclamh-, tenga que reírme con malicia, pero todavía no es la risa de la desespera- ci6n, sino la que surge de mi perplejidad, porque no sé en

abo-

luto de d6nde sacar dinero. Pero los medios ya se habrán; pues les inimaghable que nos muramos de frío con un amar

tan caluroso, con sangre tan caliente como

la

nuestra1 ~Com- -

,.

pletamente imposiblel

Ella le sonri6 amablemente y replicó: -Ojalh hubiera mi- do unos vestidos para venderlos o hubiera en nuestra peque&

casa unas jarras de bronce almireces u dIas de

bronce

super- fluas; entonoes sería

facil

b r una ialucióii.

-Asi es -dijo 81 con tono travieso-; si fuhramos m i l b

mdos como ese Sietequesos, no sería ningún mérito comprar

I d a

y mejom dimentos.

¿a

mujer echó una mirada ha&

La

es& do&, para

el

m& pobre de los almuwzos, estaba cocinando pan remojado en agua, un plato que haMa de ser rematado con un poco

de

' manteca para pb.

-Míeniras

th

inspeccionas nuestra cocina -dijo E a u e - , y le

d a

ias 6rdenes m e n t e s al

cochero^

yo me dedi& a mis estudios. Si no se m e hubiera acabado

la

tinta, el papl y

lab

plumas, con cuhnto gusto volvería a escribir, también me agradada

leer

aIguna cosa, sea lo que fuere, con

tal de

tener un liim.

-Tienes que pensar, queridisimo -dijo Clara y lo miró so- carronamente-, espero que las ideas todavía

no

se te haym

acabado.

(5)

es

tan a x t d d o y

pesado

que requerirá

tu

entera atención;

-m

te dhhaigas m

abdutu,

caso

contrario nuestxa situación

m

n6mica p d r h resedme.

Y

como me voy

ahora

a .mí biblioteca, d&m~-&anquilo por el momento, pues tengo que aumentar mis

cmdmientos y ofrecer pasto a mi

espíritu

-El

es í m b -dijo la mujer para si misma y se ri6 alegre-

mm*.

[Y

es

tan hermoso1

-Releer&, pues, mi diario -dijo Enrique-, lo empecé en

tiempos

pasados y me interesa estudiarlo al revés, es decir, c+ e r por el final e ir prepándome paulatinamente para el comienzo, con

el

fin

de

comprenderio un tanto mejor.

Todo

sa- ber authntim, toda obra

de

arte y todo pensamiento metódico siempre deben unirse en un

cfrculo

y vincular

lo

más íntima- mente posible

el

comienzo y

el

fin, asi como la serpiente

se

la

cala:

stnbolo de

h

eternidad o -mejor a h -

símbolo

del

enteadimiento y

de

todo lo

acertado, como afinno yo.

Entonces, a media voz, 1 en la Última página: -Se co-

noce un

mento segGn el ni

?

un criminal furioso, condenado a morir de

hambre,

se va comiendo

8

mismo; en

el

fondo no es

m&

que

la fhbula

de la irida y del hombre. En el primer caso m

d b

pbnmecieron

el

estómago y la deíitadura;

en

e i nuestPo sobrevive el alma, como llaman a lo incomprensible. Pero en cuanto a

b

extemo, yo, en forma parecida, también

he

mudado

y

he

muerto. Era casi ridiculo que tuviera a b un traje

de

con a-b,

yo que

no

salgo m c a .

En

el

eumpk-

" e

años de mi mujer me le presentad con

chleco

y

m

mangas

de

c a d a , pwque setía poco apropido festejar rr gente admitida

ea

h

cwb vestido con un saco bastante gastada

-Aquí

termina

la phgb y

el

libro

m acaba

-dijo Enri- q u h

Todo

el mudo sabe que nuestros traje¶ de frac son uria

vwtimeata est6pda y

de

mal gusto; todos Qitican esta m m -

-midad, pero d e pone manos a

la obra,

como yo,

pm

des-

bticdzm d

-

de &os trastoa

viefos,

h

cierto es que

aaWa

no

pdré

enterarme, ni siquiera pm

l a

diarios, de

si

otras personas pensantes han seguido mis airevidos

~~.

Dio

mIta la

p á g i ~

ley&

-Se puede vivir tambihn

s e d i e t a s . Si flsnso en &o nuepha forma

de

vida

b.

pasado a =.cada vez

m b

imitadbn,

remedo

y tapa agujeros, siento

uii vdadero

o&

bada

n m avara y mezquina centuria.

Ya

que egta a mi alcance, tomo la

decisihn

de

vivir al

estilo

de

(6)

tas miserables servilletas fueron inventadas -y

los

ingleses

4;

neos

lo

recuerdan aún con desprecio- para proteger

el

manbL Por lo tanto, si es una magnanimidad no respetar

el

mantel, doy un paso

m b

y declaro que ese mantel, junto con las servilletas, es superfluo, Ambas cosas serbu vendidas para comer en

la

popia

mesa

limpia, al modo

de

los patriarcas, a

la

m a m a

de,

, i

¿y bien?, ¿de qué pueblos? iNo interesa!

Muchos

bombres co-

men

sin tener mesa.

Y,

como

queda dicho,

no

echo

estas

pen-

das de mi casa por parsimonia cínica, al modo

de

Diógenes, sino,

por

el

contrario, con cierta sensacihn de bienestar, para no con- vertinne, como se hace en la &poca actual, en derrochador a causa de haber ahorrado con estuddez.

-Acataste -dijo

la

e s h a sonri8ndose-, pero en ese en- tonces viviamos aGn opipeiramente gracias a

la

venta

de

esas cosas su~erfluas.

A

menudo tuvimos

hasta

dos

datos.

hs-esposos se sentaron a la mesa para

dar

cuenta

de

la

más modesta de las comidas. Quien los hubiera visto, los

debe-

ría haber considerado envidiables por la alegría y aun

la

bavem-

ra que mostraban en su simple comida.

U m

vez terminada

la:

sopa

de

pan, Clara, w n expresión socarrona, sacó

de

la

estufa

un

plato cubierto sirvid a su esposo, sorprendido, unas papas.

-1Mi-

ra -exclam& e

f

joven-, esto si que es

dar

una alegría secreta a

quien se

ba

M s d o con

el

estudio de muchos

libros! ~ E d a

rica manzana

de la

tierra ha mntnbuido a la hansforrnacibn

de

Europ! lQue viva Walter

Rdeigh

2, el

Mrmt

. . .

-Chocaron

IQS

vasos de agua y Enrique investigb si el entusiasmo no

había

producida una rajadura en eI vaso. -Los dncipas mbs a m h -

lados

de ia antigüedad a j o

luego-,

nos envidiarían

el

inwxita

de

mestros vasos ordinarios. Tiene que ser aburrido beber en mpnes de oro, especialmente una como &a: hermosa,

puta, sana. En nuestros vasos flota la ola refresate tan a b gremente crigaiina, tan unida

al

vaso, que uno de veras se sien- te tentado a creer que

l i h

el propio 4tm vuelto liquido..

.

Ha

termimiado la comida, abradmonos!

-Para mmbiar -dijo eiia-, d r i a m m correr nuwtrss s i i b hacia

la

ventana.

(7)

ncadenados;

$610

e1 cielo

ibn por nuestra mejor

Clara y tom6 la mano Y I

S

dedos

finos y deigados-, TI& e10 con las que

el

río dirm6 siempre que e$-

darían más calor a

la

ha-

en

torno

a nue-

do

-1 -re&6

ella

s comentarios datos y

(8)

r ,.

1 * .

* ?

L A S COSAS SUPERFLUAS DE LA VJDA 71 -

\

a t e , coradn mío -contest6

el

marido-, no

nes

des-

viemos a esa región y no me tratei de "usted* ni siquiera en h a . .

.

Terminado nuestro banquete estudiaré un poco más - mi diario en forma retrospectiva. Si estos mon6logos me ense-

ñan en estos momentos algunas cosas sobre mí mismo, cuánto

más habrbn de hacerlo en mi vejez Un diario, p e d e contener otra cosa que mon~logos? iAh, si!, un espíritu artístico m u y

profundo

Mía

imaginarlo

y

escribirlo como

diáiogo.

Pero

muy riras wces escucharnos esa segunda voz en nuestro fuero fn- timo.

1Es

natural! Entre miles, muy pocos son los hombres. ca-

paoes de entender y responder a un ser sensato, cuando

la

con- versacibn se sale de los carriles acostumbrados.

-Muy cierto -0bserv6 Clara-, y por ello se ha inventado el matrimonio como la consagración más insigne. La mujer siem- pre p e e en su amor esa segunda vez que contesta o

el

contra- llamado pertinente del espíritu.

Y

créeme,

lo

que vosotros con vuestra petulancia varonil a menudo

Ilamhis

nuestra estupidez

o miopía o

falta de

filosofía, incapaddad de penetrar en

la

rea- lidd, &o es, con frecuencia, el auténtico M o g o

de

los esplri-

tus, el complemento

de

vuestro secreto anímico 0

la

c o n s o n a d

, d o s a con

&l.

Pero

La

mawría de los

h o m h ,

es dedo,

d o disfrutan

de

un eco resonante y

llaman

son natural, tono

del

alma

a aquello que es Gnicarnente el sonido imitador y repetidor

de

flores retbricas Uicomptendidas. Este es a menudo

su

idea1 femenino

del

cual se enamoran mortalmente.

-$lh

Angel1 ~cielos! -exclamó el marido con entusiasmo-, ssi es, nos comprendemos; nuestro amor constituye el verdade- ro matrimonio y

tb

alumbras y completas usa región de mi in- terior donde se manifiestan la penuria o la oscuridad. Si

los

O ~ O &ten, S no

deben

faltar tamporo el sentido y

el

oído

para

escucharlos e intepaetarlos.

Un largo abrazo termin6 y comentó esta conversación. -El b s o -dijo Enrique-, tambik es semejante or8culo.

¿Es

p i -

-

ble

que hayan existido hombres capees de pensar algo sen-

sato mienhas

daban

un beso cariñoso?

'

Clara

solt6 una carcajada, pero

de

pronto se puso seria.

m-

-

eon

voz aigo dedentada y t o p compasivo, dijo:

+-,

asi p c d 8 m o s

cah

los sirvientm y amas de =a, mornos h

(9)

deudas

de

gratitud. Si sentimos una

exaltación

esp-

los/

dqprpcimo5

y MIS reíxnps

de

elim.

Una

vez mi

padre

sal-

tb con

su

semental negro

sobre

una

fosa ancla

y cuaado

to-

dp d mundo

lo

admiraha y

las damas

batían palmas, un vi* &lerizo que estaba cerca meneó muy

m60

la c a k

El

bm-.

bre

ara

tieso y

desgarbado

y ofrecía con su trenza

larga

y m

roja un

aspecto cómico. ¿Y vos?

-lo

increpó mi padre, ra-

Mm-,

q u d i s

#enairamiee-otra

m?

Más

el h b r e

e~ecto.

w

y

de$ esconcertar y dijo banquilamente: -Primero, excelen- cla, no

le

sofbstds bastante la ríenda al caballo parque teníais

dedo.

Psdfais

haberos

&do

rque

el salto

no

era

b

w

~

te

libre

y largo. Segundo,

el

*&O time por lo menos

el mismo

m@to que vos, y tercero, si yo no hubiera practicado con

el

ani- mai dornWoIo durante boms y días enteros, cosa que s6Io puede hacerla quien no tiene miedo de aburrirse y posee pcim- - cia, no habrian dado d t a d o ni vuestro Animo, ni

Ia

buena

volpaititd

del

semental.

-Ten&

r a h , viejo-

dijo

mi

pdre y

la

h h

entregar un gran regalo.

.

.

Lo

mismo s u d e can nosohm,

S61p p o d q n ~ ~ fantasear, abandonarnos al sentimieata y a

la

in-

Cúld6n,

soiiar

y temt

chispauw

siempre que ese i d - trr S#b

Baya sduC?dO

6- ~ S O S -€S.

Si, d

jhetd y

d

-3

ue a b p n s h d o simples afkionados, inbtaran

misa-

yar d to atrevido, se @ ante

el

dmchamiento o

la

risa

de

los

espectadores y terminarían

en

la

-fa.

-Es

cierto Enrique-,

ia

bistoria actual

lo

confir-

ma ed la persona

de

m

entusiastas, o tanibih p t a s . Hoy en

d h

hay inciuso poetas que montan

desde

e1 costado equivo-

cado y,

siri

siq-

mpecbru el error,

Mentan

dar

ese

saltu

ar- tf!xtiticla 10h, tu

p b e t

Clara

b

mid m

ahs

llenos

de

a n n p i b n ,

cw

una

mira-

da

que

le

m d t ó k s W & . -& derto, tu

padre

*

él,

algDo

enfadad*,

&lo

con

d

tono se pude

dedr

mucho. Y yo, dqd quiero? Si t& por

más

que

lo amms,

fuiste capaz de renunciar a

d...

Ambos

se

habían

pumto serios. Luego

dfio

el

joven: -Se-

guid estudiando.

Se

&i@

~ t r a

v a a

su d w

djo

vuelta

hacia q*.'una

hoip LCYÓWYDIBUO:

- ~ o y v e d q l l i ~ o ~ m i r r ) m

~ j m n k ~ C b a ~ , ~ v i e i 0 ~ ~ 1 v s r r s s e d e ~ ?

ha

(10)

galado para mi

cumpleaños,

que celebramos juntos siendo jóv* ne.s estudiantes universitarios.

Lo

habia encargado en

Londres

a un precio muy

caro

y luego lo hizo encuadernar magnífica y lujosamente con adornos góticos se& gusto especial.

El

vie@

avaro, con lo poco que me dio a mi, seguramente lo habd en-

viado en seguida a hrtdres para recuperar diez veces el precio. Qa39 hubiera sacado por

lo

menos

la

hoja

en

la cual

había

re- Iatado

fa

historia de este regalo e indicado al mismo tiempo nuestra dirección. Estos detalles Ilegdn ahora a Londres o a

la

biblioteca de un hombre rico, y este hecho me disgusta mu- cho.

El

que me haya despendido así de este uerida ejem- plar m d i h d o l o por debajo de su valor, casi, casi

%

ebería darme

la idea de que realmente me he vuelto pobre o soy un indi-

gente; pues, sin duda alguna, este libro era ia posesi611 mis cara que jarpis tuviera, ly qu4 recuerdo

de

65

mi .iinim amigol

$34

Andrés Vandeimeerl

¿Vives

todavía? ¿Dónde estás?

¿Te

acuer- das ahn

de

mi?

-Cuando vendiste el libro -dijo Clara-, vi tu dolor, pera p n c a me has degcripto en

d&alle a ese

tu amigo

de

juventud! -Era un joven a j o Enrique-, parecido a mi, pero algo mayor y mucho mbs serio. Nos conocimos ya en el colegio

p

bien puedo decir que me con su amor y me instaba

muy apasionadamente a que lo aceptara.

Era

acaudalado y a pe- sar

de

su gran riqueza y de su educación mimosa, estaba muy bien dispuesto hacia Ios demas y desconocía

el

egoísmo. Se que- jaba de que yo no correspondiera a su pai6n,

de

que mi amistad fuera demasiado Ma e insatisfactoria para él. Estudimos fin- l o s y vivimos en las mismas habitaciones. RdI6 que yo le soli- citara cualquier sacrifido, pues

poseia todo

en

abundancia, mien-

m s m i $

¿re s61o

podía

socorrerme modestamente. Cuando vol- vimos a a capital proyect6 ir a

La

India Oriental pues era t d - mente i d e p d i m t e . Su carazbn lo empujii hacia esas tierras de &es maradias;

d i

quería aprender, rontemplar y pagar suL &te sed

de.

conocimientos y lejanías.

Luego

me

insistib,

me

mg6 e implorh sin cesar para que

lo

acom &a; me aseguró que

allí

labraría, sin ninguna duda, mi felici

8"

ad, y 61 me socorrería porque allí

h a b Heredado

grandes sesiones de sus antepasa-

da.

~ a o m i m a ~ n i u d 6 ~ n i n i s ~ o s d i a s p u d e ~ ~ -

mh

ea p~ure

el

mucho amor

que me

había dado.

Mi

ph,

p r

(11)

dido

los idiomas que él dominaba

por

su m o r a Oriente.

Allf

vivían

a h

poirientes suyos que p w b a visitar. Gracias a unos

amigos y ptqctmes obtuve un cargo en el h c i o diplomhtico, cosa que siempre

había

deseado.

El

patrimonio de

d

madre

me

permitía estabIecerme decentemente en mi profesión y me

separ6 de mi padre, para cuya recuperación

habia

pocas c s p - ramas.

Mi

amigo insistib en que

le c o n h a

parte

de

mi api-

sal;

snsaba e s p d a r alli con

el

dinero y luego depositar

la

ga- nancia en una cuenta mía. 'hve motivos

para

eraea que era un pmkxto para poder b w m e alguna vez un regalo, sin que yo tuviera d p u l o s . Asi

llegue

junto con mi embajador a tu ciu-

dad

natal, donde mi destino luego se

d e m M

tal

como

lo

m-

DOCBS.

-¿Y

nuhca supiste nada más

de

ese espiéndido AndrBs? -pre- guntb Clara.

-Redbi de él dos cartas desde mas

h w s

timas a-

test6 Enrique-. Luego supe por un rumor no o i , ~ a d o que ha-

bía

muerto

allí

de diera. As& p d í todo co-

con

81;

mi p

dre había muerto y yo

d e p d a exclusivamente

de mi m i m o tambih con respecto a mi patrimonio. Sin embargo, ozaba del

3

favor del erpbajador, en

la

corte nb tenian de mi un m c o n c w , podía m t a r cm protectora

pod-.

. .

y todo esto

se

hizo

huno..

.

.,

.

-1hi

es1 a j o Clara-. Lo sacrificaste todo mi y yo también he sido expulsada para siempre

del

chulo-

de

mis qriaidos. ..

-Tanta más compensacibn

debe

damos

mi- iimor

A-

jo

d

-'de,

y ~i ha Mrumdo; puers nuestra luna de

del.,

wmo

k

llaman

1- b o m h prosaicos, ya w ha e x t d o mucho

m h

deun*

-Pero

tu

hermoso

libro1

-dijo Qara-; ttu e9pbdido

p+

mal

Si

por

lo

menos huWmos

pdi&

guardar una a@a,

p h o aq deleitaríamos en estas tardm iwernaiesl.

. .

F%m, es cierto .+greg6 con un sus@+

debdamw

disponer también

de

w h .

-Ten

paciencia, Clarita

-la

d

el

marido-,

charlamos

x&~m~rtodavla;yossicuchoel,tono&ttivoz,~siecan- ' -W una canción o sueltas una risa celestial. Nunca le

escuché a

nadie una risa de timbre pareddo.

En

&e sbn de

re-

y tmvmm

hay

un jú& tan puro, u&

-6

tan

supmterres-

1

(12)

L A S COSAS SUPERFLUAS DE LA VIVA

n

,

- . P .

,

+

-tre y al mismo tiempo un sentimiento tan fino e intimamente m o v e d o r , que escucho hechizado mientras medito y r d e x b

PO sobre

el

fenheno. Pues, mi 4ngel delicado, hay casos y esta-

dos de-4nho en los que uno se asusta frente a un hombre cono- <

-

cidv desde hace muchísimo y suele ocurrir que uno se estremezca

cuando

81 suelta una risa que

le

saIe verdaderamente

del ~~bn

y que hasta ese momento

no

le habíamos escuchado. Cosa? así m e sucedieron aun con niñas delicadas y que hasta entonces me

habían

gustado. Así como en algunos corazones descansa,

des-

edmcido, un Angel duIce que s61o espera al genio llamado a despertarlo, así duerme a menudo en el fondo oculto de perso- iias graciosas y amables una dispición muy vulgar que des- pierta de sus sueños tan pronto carno lo cómico invade con

plens

fue=

el

dominio más r d n d i t o de su hnimo. Luego muestro instinto siente que en este ser hay algo p a preca-

v a

jOb,

cudn signúicativa, cuhn característica es la risa de

10s hombres! Me gustaria poder describir

alguna

vez

la

tuya,

m r d n mío.

-Pero cuiddmonas -le hizo recordar eiia-, de no volvernos injustos.

La

observacihn exacta de los hambres, fhcilmente con-

duce a la misantropía . u

-E1

que ese librero joven e imprudente haya ido a la quie-

km

-coainub diciendo Enrique-, y se haya hecho h o con - mi magnifim manuscrito, seguramente nos ha I d d o

suerte,

Muy fácilmente, el trrito con 41, el libro impreso, los comentarios m-

bre éste en la ciudad, hubieran atraído hacia nosotros la aten-

ción

de los

curiosos.

La

persecucibn por parte

de

tu padre y

el

Pesto

de

tu familia no

ha

disminuido aún; acaso hubieran

rmbah de nuevo y con m& detencibn mis pasaportes, hubie- ran sospechado que mi nombre era falso y sblo un seudbnimo, y de este modo, considerando mi desamparo y el hecho de que atmje el rencor de mi gobimm a causa de

mi

huida,

inclusive hubieran llegado a separarnos al uno del otro, te hubieran de-

a tu familia y me hubiesen enredado en un proceso dificil

de

resoImso. Tal como esttín las cosas, Angel mío, somos felices y ,'

mhs que felioes en nuestro retiro oculto.

Como habia oscurecido y

el

fuego

de

la estufa se

había

&do, los dos seres felices se fueron a su piecita angosfa

y se acostaron en su lecho matrimonial. Aqui no sentían nada 1

(13)

C U D W I d T I E C K

>>

teaban &S serenos:

la dicha,

e1 bienestar y

la

d&a-los deaban dentro de un paisaje hemioso y cuando despertaron

de

la

aIg.aciada

irusibn, la

d a d

les

p r o p r c i d

un

regocijo más

íntimp

ahn:

Sigukmn

cl-qlando

en

la oscuridad

y

no

se apuranni .

a

leva*

y v e s i h e piorque los esperaban

molestku

y

la

%C;pQ

de afuera Mientras tanto

el

dia estaha ya claro, y

ClPra

,

corrib a la modesta habitación para atizar

Ias

chispas por en-

las

brasas

y encender el p e q u e fuego en

la

estufa. Enrique

la

ayudb y se rieron

como

díh cuando tardaron en

lograr

su

p-

p6sito;

Al

fin, luego de esforzarse mucho soplando e insufhnda de modo que las caras de ambos babian enrojecido, prendió

la

astilla y los pocos leños, cortados finos, fueron colocados con

ms-

fía para que calentaran

la

piecita sin de~pilfmo.

-Ya

m, querido wposo -dijo

la

mujer-, que nuestra r e m .dura7 r d s ú'menos basta m d h a .

Y

luego ¿que?. ,

.

-Algo debe encontrarse e n t e s t 6 Enrique mientras la mi- raba como

si

ella hbiim dicho

una cosa totahnente

inútil.

Había aclarado

del

todo,

la

sopa de agua fue para

ellos

d desayuno más dekioso, p e s fue condimentada con y

cbarlas y Enrique ex* a su mujar

lo

earbnw, que era e m - ,

latino:

Sbie

B m h o

st C m e

Vmw

(Sin Bam y ' C e r ~ re -enfría Venus).

Asb

se

les

pas6

el

tiempo.

-

- Y m o

veci el m m n t a 4 j o Enrique-, de

ll*

en mi diario

al

pasaje donde describo cómo debía raptarte

de

i m p . viso, amada mia.

-iOh cielos1 -exclam& ella- icuh extraña e i n e s p s d - mente iios sorprendi6 en ese entonces

el

momento maravibsot

Ya

dede hach algunos dias había notado en

mi

padre un cierto

malhumor;

me

hablb

en un tono diferente

del

usual. Antes le -

habfan sorprendido

tus )recuentes visitas; mas

ahora

ni siquhe

-

te mencionó, sino que habM de

los

h r g u ~ que a arenudo

d e

eonacen su wiciún y quieren igualme a toda cmta a sus

me-

jores. Camo QO cont~st$ m ewj6 y c u d o por fin

hablk,

w &mor degener6

en

violenta

h

Me

di cuetiEa

de que t&

el

prop6sito de discutir

conmiga

luego noté que

me

vigilabai

y hacía vigilar por terceros. P ~ ( ] s ocho

d h ,

-ndo

yo Mh-

.

Im p r hacer una M t a , mi

c a m m

i d

me sigui6 corrfendo

por

la escalera -pus

d

criado ya se

bbía

adelantado- y

b a j ~

d

pretexta

de

m e &

algo

.en

mi vestido, ma dijo m

m m b

(14)

5uem y

encontrado

todas &S

cartas,

finalmente, que dentro

de

'pocas hora$ me mandarían

lejos,

a casa de una tia en una regibn siste. ~ C u h rhpidamente tom6 una decisibnf Baje frente a una bisuteria para hacer unas compras y despedí al cochero y al cria-

do dici&doles que me buscaran dentro de una hora.

-jY

qué sorpresa, qu8 susto, quB deleite fue para mi 4- - clamó el marido-, verte entrar de improviso en mi habitación1

-

Vol&

de

una visita a mi embajador y estaba vestido

correcta-

mente; 61

habia

pronunciado unas palabras e x t r a h , en

un

tono muy diferente

del

usual; eran aIgo amenazadoras, en son

de

advertencia, pero no obstante amables. Felizmente, yo v i a : varios pasaportes y así, sin hacer preparativos, subimos rbpida-

mente a un ctiche de alquiler; luego en

el

pueblo tomamos

fa

diiígencia, cruzamos la frontera, nos casaron y .nos hicieron fe- , lices.

-Pero -continu& e& el relato-, los miles de contratiempos . m e1 viaje, en

las

malas posadas, la faita de vestimenta y

de

servidumbre,

de

ias muchas comodidades a

las

que esthbamos - acoskimbrados y que de onto tuvimos que exbañar..

.

y el sus-

to cuando por casualida

f

supimos p r un viajero que nos esta- 'ban p i g u i e n d o , que estabarnos en boca de todo e1 mu* y

que no pensaban tenernos consideracidn alguna.

-Ah

si

querida mía -contest6 Enrique- en t d o

el

viaje fue. nu&'diii peor. (Recuerdas aún d m o para no llespertar suspicacias, debimos refrnos can ese forastero parhnchfn cuan-

do se explayó con la desmipci6n

del

raptor quien,

en

su

-

nióq

era

el

dechado de

un dipIdtica miserabie porque

no

ha

?

la \ ' ,

h h o

nin& preparativo inteligente ni tomado precauciones

se-

'

. guras; y luego d m o quisiste enojarte cuando & de una

-

l b 6 a tu amado un diablo estúpido y a un gesto mío te esfor- zarte otra vez a reír y para o o h o comenzaste misma a criti-

carnos,

describt6ndonos a mí y a

ti

como personas impdmtes e

l insensatas, y

al

fin, cuando se había alejado el parlanchin +n - quien en rigor tedamos una deuda de gratitud, porque nos habia

p e s t o sobre avis- cbmo irnunpiste en fuertes llantos?.

. .

(15)

.

> d . .

. " .

'18

\,

' L U D ' W ~ G T I . E C K

dos

e s t ~ s tomos

ardientes

del

amor, y que

s61o

se

habrán

sentido e s c ~ d a h d o s por sonidos que eran mi deleite.

-Y

es peor aún a t i n u h diciendo el marido- que yo,

por'

e9tupiaez y apresuramiento,

haya

dejado

d i

todas las

hojas

que tú, en diferentes estados de bnimo, me mandaste o me diste

-

crataaitnte en

la.

mano.

En

todos

los

pleitos -no

dlo

los

del

amar-

es siempre

lo

que queda escrito

lo

que

descubre

el

se- creto o empeora

el

caso.

Y,

sin

m h g o ,

no podemos dejar de pintar

can

tinta y +ma esos rasgos que dan significado

al al-

ma.

Oh,

mi amada, a menudo había en estas cartas g m h b -cuya lectura hizo que mi c o r d n tocado por tu mano fherica ,

se abrfera tan poderosamente dentro de su capullo, que me

pare-

cfa p n t o a atallar con

el

florecimiento demasiado rápido

de

todos

sus

@dos.

Se abrazaron y hubo una pausa casi solemne. Luego dijo Enrique: -@edita, qu8 biblioteca tendríamos junto con mi dk-

rio

si tus cartas y

las

mías

se

hubieran

salvado

de la pemmoi6n

de Omar-? Tomb

el

diario y ley6 dando vueIta una pbgina,

hmia atrás.

-IW.

.

.

Este

f e h e n o maravilloso que

el

homW

jmu- vecas pretende admirar en

el

peno, por regla g m d se

OWIL

demiasiado

p m

eíi el propia k o

humano.

Es

asom-

im

embargo,

h y

k i m - m&moa que

lo

m n j

1~

concepción &&a y a menudo confusa que mucha gents for- ma

de los

llamados deber=. Cuando un criado

hace

10 imposiWe,

tan sblo ha cumplido con su deber, y las

clases

e n c u m b r h r n d - h a n y empeque5ecsn este deber

t

~

o

l

todo

o

lo

p i b b de acuerdo con su

comodidad

o egoísmo. Si no aistiera

el

im-

placable

trabajo

de los

gdeob,

la

mcci6n f é r m

de

la

gumm papelera y de Iwi trámites, pMamos observar

p r o b i b W

los fe3inenm

m&p extraños.

Es

innegable

que en nuestro

si&

asta esclavitud laboral pducida par los interminab1a expgdien- km, m su mayor parte

es

inútil

y muchas veces inciuso nod- va.

. .

Pem imaginemos nuestra

6-

egoista y a mesh genera- ,

ci6n s d sin esta gran rueda

obBtaeurizadora..

.

,guk podrirr s u d m , qué c d w i o n e s deshuetms habría?

de

deberes

&,

en

dgm,

d

estado bada al

d

pretende aldanzarse

la

llamada gente culta; lo llaman indepen- dencia, autonomla,

1i-d.

No

piensan que -tan pronto

(16)

, . r / . . .,

--

,

-9

' ~4

c6sh

~ P W L U A S

DE

LA VIDA 70 ,.:; ?

hastq el momento ha cargado en su nombre, si bien muchas veces ciegamente, el Estado o la gran maquinaria indeciblemente com- plicada de la constitución social. Todos critican la tiranfa y cada

uno se empeña en volverse tirano. El rico no quiere tener

obli-

'

gaciones con el re, el hacendado con el subordinado, el prin-

yb

'.

cipe con el pueb o, y cada uno de ellos se enoja cuando sus

sub-

ordinados lesionan las obligaciones debidas. Por eso las clases humildes afirman que esa exigencia es obsoleta e inadecuada pa- ra los tiempos que corren, y pretenden negar y aniquilar con re-

t6rica y sofhtica las vfnculos que posibilitan la existencia de los

Estados y la formacidn de los hombres.

-Pero la lealtad.

.

.

Ia

lealtad aut6ntica.

.

.

p á n distinta es, qu& cosa mucbo más sublime que un contrato reconocido, una relaci6n admitida de obligaciones!

IY

cuán h o s a

luce

esa lealtad en los viejos y abnegados criados, cuando d o s , m m

q o r no adulterado como el de los antiguos tiempos péticos, vi-

ven Única y exclusivamente p r a sus amos1

-En verdad, puedo imaginar que es una dicha muy gran- de cuando el criado no conoce cosa mhs elevada que su patrbn,

ni desea pensar en cosa mas noble que su amo. Para

4

se han apagado p r a siempre los rompecabezas, los titubeos y cualquier pensamiento intranquilo. Su relaci6n es como

el

día y

la

noche. el verano y el invierno, como Ia operacihn inalterable

de

la natu- raleza; toda su comprensi6n descansa en el amor hacia

el

amo. -¿Y Im señores no tendrían obligaciones con semejantes

criados? AS tienen para con toda

la

servidumbre, & allh

d d

, '

sueldo estipuiado, pero con dichos criadas tienen una

deuda

mucho mayor y del todo distinta y más elevada, es decir, deben sentir un amor verdadero y autkntico que responda a esa devo- ción h d i c i o n a l .

-¿Y

con

qué mmpsaremos alguna vez y r & i i

(pues ya no

se

puede

ha+

de

pagar) 10 que hace por nosotros

m evieja Gistina?

E

s

Ia

nodriza

de

mi mujer; m>s encontra- * . mos con d a en

h

primera parada y nos obIigú casi a

la

, a que

b

lleváramos m nosoiros. A

ella le

pudimos

decir todo, ,,

, porque

es

la reserva en persona;

en

seguida se adapt6 también

,al

papel que debía desempehr en el viaje y aqui.

IY

lo

leai

ue

?

ea con nos- y especiaImente con mi Clara!.

.

.

Vive en la

p

an- ta

baja,

es

una muy pequda

alcoba

oscura y se gana

el p a

aon

hs

quehoeres casuales que

realiza

en algunas casas vecinas.

(17)
(18)

-Para

m

IeGtor como yo no

harh

falta agrea

que

aqui

hsy

c k t a diferencia.

Ea

&a ?a eiiaoción

habia

interrumpido

la le@wa;

,fue

una

em&

que se LitmsW

con la entrada de

la vieja

nodriaa,

q

mujer

&m

de ~irnigas, medio enferma y pohemnte

d.

Vfño

para a* que esa

noche

no domiiria

m w

h b a , pero

que

a la

mañana

siguiente

hada

lrts

pocas

c m - ps.Cwrndosdi6,ClaraIrracompííbysiguióhabiandocoa

elia

h r a de

la

habitación; mientras, Enrique

golpba

la

*a

cm

b

mam y a l a m a b a llorando: -¿Por qu6 no trabajo yo

como

pebo?

Si todavia estoy sano y fuerte. Pem no, no

debo

m;

porque

d a

se sentiría miwable; eila tambih quemía g a m

al-

*,

m atormentaría y b u s d a ayuda por todos

hdos,

ws

con-

demariamos los dos

a

ser infelices. Además, nos

dtmubrirfan

sin falta. Y el hecho es que vivimos y somw felioes.

Clara retorn6 bastante alegre y 16s dos seres felices twaa-

ron

su almuerzo modesto como si fuera una comida opipara -No padeceriamos miseria alguna -dijo

Clara

en

h

sobreme

sa-, si nuestra reserva

de

leña no estuviera completamente ag* tada, y Cristina tampoco sabe remediarlo.

-Querida

mujer

-oW

Enrique

con toda

seriedad-,

vi- vimos en un siglo civiiizado, en

iin

país bien

gobernado

y no en- tre paganos y canibales; debe hahr psibiiidades & solucionar el problema. Si estuviéramos en una selva

talarfa

naturalmente, como Robinson Cnisoe, unos cuantos árboles. Quihn sabe si

el

bosque no se

halla

exactamente

allí

donde menos 10 psamos; si también a

Macbeth

lo vino a buscar el bosque de Birnam, aun cuando es cierto que fue para perderlo'. Sin embargo, muchas

veces han surgido de pronto islas en el mar, y

ea

medio

de p-

cipicios y rocas inh6spitas hna crecido las palmeras; la zana Ie arranca la lana a ovejas y corderos tan pronto como se

le

aoer-

can demasiado, y el pardillo a su vez lleva los copos

d

nido para procurar a su cría un lecho abrigado.

C h

durrni6 mhs de lo acostumbrado. Cuando despertb, se extra% de que fuera pleno día y m& aún de que su esposo no estuviera a su

lado.

Pero su sorgresa no tuvo h i t e s mando M- cuchó un mido fuerte que sonaba como si una sierra c o w a

(19)

-dio

@de& y

levantó

la mirada hacia

m

k j e r , d n d o -

, ->

le

una a r a muy motada. i \ -

-En

primer higa5 dime: @e ubhcón del m n d o h t e -

.

m t e una sima y este inmenso

b%qoe

de

agnífiw madera?

-

- " '

'-Ya

mbes -dijo Enrique-, que m a h o cinco do^ '

0h

da&

aqui

al

pequeño dtlllo vacío, ñies

d

otto

día,

cu~ndu

miraba por

el

ojo de la cerradura de un tabique,

-

mbrl

una

sierra para cortar madera

y

un

hacha

que prkmu~ .

, rhn al viep mi& de Ia casa o que sB a quih. Uno

h

=bid6

lsar

en el a n o de

1P

historia u n i d y asi ya guadé m - n ~

de estos utensilios. Esta mañana, pues, mando tú estabas

dur-

micado duicernente, subf

alll

en medio de una m r i d a d sem+

japte a la b o a

del lobo,

rompi la puerta

débil

y miserable apenas

' . cerrada con un pequeño e imigdicante pasador, y retiré estos

dos instrumentos de asesino. Ahora bien, como conozco

al

dedillo Ia'constmcci6n

de

nuestra casa, disloquk de su ensambladura es- .

ta %baranda larga, p e s a y sada de nuestra esalera, con traba- jo, ésfueno y usando

el

hacE traje aqui esta viga h g a y pesa- da que

llena

toda nuestra hs&titaciós. Observa, querida Clara,

quk hombres d s serios y excelentes fueron nuestros antepasa- '-

dos. Oontempla esta masa

de roble, hecha

de

la

madera m á s her- mosa y resistente, y

pulida

y b i z a * que da

brillo.

Esta nos dar& rmjor fuego que la miserable

lejh

de

pinos y sauces que

hemos usado hasta ahora.

-jPero Enrique e c l a n l 6 Clara y batid palmas-.

.

, es m i -

-

nar

la

asal

-Nadie nos visita -dijo Enrique-, nosotros conocemos nues- tm escalera y ni siquiera subimos o bajamos; existe a 10 sumo para nuestra vieja Cristina, que se =prendería enormemente

.

si

le

dijeran: Mira, viejita, pretenden talar uno de 10s troncos

de

'roble más famosos en todo el bosque, un tronco que tiene e! p s ü r

de un hombre; luego el carpintero

lo

trabajad con gran artifi- cio para que tii, viejita, al subir los escalones, puedas apoyarte

en este magnífico tronco de roble.

.

.

Cristina

estallaría

en car-

cajadas..

.

No,

semejante baranda es otra de las cosas cornple-

tame~te supduas que hay en la vida; 'el bosque nos vino a parque

se daba

cuanta

de

que lo necesithbamos con m h a urgencia. Soy un hechicero; unos golpes con esta hacha mhgica y

el rnagnifico tronco se me rindih. Todo es consecuencia de

la

civil lizacibn; si aqui como sucede en muchas viejas cho&, hbiere

(20)

r

' ' I

.LAS COSAS SUPERFLUAS DE LA VIVA

' 8 3

fierro para subir, &a especulaci6n mía no tendria bhse y yo

hu-

biera debido buscar e inventar otros medios:

Cuando Clara

hubo

superado su sorpresa, se ri6 daosa y fuemerite; luego dijo:

-Ya

que esth hecho, tratad de ayu- darte en tu trabajo de leñador. Yo lo vi realizar muchas w@e;e

en las calles.

Colocaron el tronco sobre dos silIas puestas en

los

-os

de

la

habitación porque asi

lo

exigía

el

largo

de la

madera. Lue-

_ gol para disminuir la distancia, entre ambos cartaron el bloque entre mitades. F u e un trabajo pesado parque ninguno de los dos estaba acostumhdo a h a d o y la madera se resistía a los &ent,a de

la

sierra. Riendo y

sudando

a mares, la pareja

progre-

s6 m u y lentamente en su cometido, Al fin, la viga se rompi6.

m-

cansaron y se secaron la transpiraci6n. Tenemos a d e d la ven- uja -dijo C l ~ a luego- de que p r el momento no hay que esceder el fueecr, Se olviclaron de preparar

el

desayuno y si- guieron trabajando durante toda la mañana hasta que- partieron

el honcn en tantas partes como era necesario pra su bptima

utiiizacibn.

-Nuestra pieza solitaria, lqué estudio de artista

ha

llegado a ser de improviso! -dijo Enrique en un intervalo-. Este tronco desgarbado que yacía en la oscuridad desapercibido para cud- quier mirada, ahora ya esta transformando en finos leños cú-

- bicos que luego, por medio de la persuasi6n y el artificio, se-

rAn preparados para el fuego y puestos en condiciones de so- portar

las

llamas

del

entusiasmo.

Agarr6 el primer cubo;

el

trabajo de rendirlo en trcnos m&s pequeños y delgados fue aún miis difícil qrre la labor con

la

sierra. Mientras tanto, Clara descans6 mirando con extrañeza y alegría a su marido, quien Iuego de practicar y hacer algunos intentos inútiles, pronto adquirib habilidad

v

pareció a su m p -

sa, aun en esta ocupaci6n humilde, un hombre hermoso.

. .

Quiso

La

suerte que durante estos trabaja, que hicieron

returnbr las paredes, estuviera ausente el propietaria de

la

pe- queña casa, que vivía en la pieza de planta baja.

De

esta

manera, nadie en la casa pudo darse cuenta del ruido provoca-

do. Los vecinos no lo notaron porque numerosos talleres ruido-

sos se habían instalado en el barrio y muy especialmente

en

la

calleia donde vivía nuestra pareja.

Al fin lograron reiinir una reserva de astiIIas y trata~on de

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