El discurso como interacción en la sociedad -VAN DIJK

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El discurso como interacción en la sociedad - Teun VAN DIJK

De El discurso como interacción en la sociedad* - Fragmento seleccionado por Ana María Margarit.

El discurso como acción

El discurso puede describirse en distintos niveles de estructura. Estas estructuras son explicadas de diversas formas, por ejemplo, por la sintaxis, la semántica, la estilística y la retórica, así como por el estudio de géneros específicos como los de la argumentación y la narración de historias. Desde otra perspectiva, el discurso puede estudiarse en términos de los procesos cognitivos (mentales) concretos de su producción y comprensión por los usuarios del lenguaje.

El discurso, sin embargo, tiene otra dimensión fundamental. Se trata del hecho de que el discurso es, también un fenómeno práctico, social y cultural. Los usuarios del lenguaje que emplean el discurso realizan actos sociales y participan en la interacción social, típicamente en la conversación y en otras formas de diálogo. Una interacción de este tipo está, a su vez, enclavada en diversos contextos sociales y culturales, tales como reuniones informales con amigos o profesionales, o encuentros institucionales como los debates parlamentarios.

Este enfoque del discurso como acción social permanente también se concentra en el orden y la organización. La utilización discursiva del lenguaje no consiste solamente en una serie ordenada de palabras, cláusulas, oraciones y proposiciones, sino también en secuencias de actos mutuamente seleccionados. Por ejemplo, las historias y los argumentos no sólo tienen estructuras abstractas e involucran procesos y representaciones mentales (como conocimientos), sino que son, al mismo tiempo, una dimensión de los actos comunicativos de narración y argumentación realizados por usuarios reales del lenguaje en situaciones reales.

Del mismo modo, también el orden de las palabras, el estilo y la coherencia, entre muchas otras propiedades del discurso pueden describirse no sólo como estructuras abstractas, como se hace en lingüística, sino también en términos de las realizaciones estratégicas de los usuarios del lenguaje en acción: por ejemplo, los hablantes y escritores están permanentemente ocupados en hacer que sus discursos sean coherentes. Lo que es válido en lo referente a estructuras del discurso lo es también para su procesamiento mental y para las representaciones requeridas en la producción y la comprensión: la cognición tiene una dimensión social que se adquiere, utiliza y modifica en la interacción verbal y otras formas de interacción.

Los usuarios del lenguaje y el contexto

Los usuarios del lenguaje utilizan activamente los textos y el habla no sólo como hablantes, escritores, oyentes o lectores, sino también como miembros de categorías sociales, grupos, profesiones, organizaciones, comunidades, sociedades o culturas. Interactúan como mujeres y hombres, negros y blancos, viejos y jóvenes, pobres y ricos, médicos y pacientes, docentes y estudiantes, amigos y enemigos, chinos y nigerianos, etc., y, en la mayoría de los casos, en complejas combinaciones de estos roles e identidades sociales y culturales. De modo recíproco, al producir el discurso en situaciones sociales, los usuarios del lenguaje al mismo tiempo construyen y exhiben activamente esos roles e identidades.

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indicar precisamente la formalidad de ese suceso legislativo. En síntesis, el discurso manifiesta o expresa, y al mismo tiempo modela, las múltiples propiedades relevantes de la situación sociocultural que denominamos su contexto.

El análisis del contexto puede ser tan complejo y con tantos niveles como el análisis del propio texto o habla. Mientras que las estructuras de una conversación informal entre amigos pueden estar controladas sólo por unos pocos parámetros contextuales (como el marco, su conocimiento y sus papeles sociales como amigos), es posible que sea necesario analizar los noticiarios, los debates parlamentarios y las interacciones en las salas de tribunales en relación con elaboradas condiciones y consecuencias sociales, políticas y culturales.

Habla y texto escrito

El énfasis en la naturaleza interactiva y práctica del discurso está naturalmente asociado con un enfoque del uso del lenguaje como interacción oral. La mayoría de los trabajos sobre el discurso como acción se concentran en la conversación y el diálogo, esto es, en el habla.

Sin embargo, debería ser obvio que la escritura y la lectura son también formas de acción social, y la mayor parte de lo que se dijo hasta ahora se aplica, por lo tanto, a la producción y comprensión de textos escritos. Una diferencia crucial, no obstante, es que el habla (excepto las conversaciones telefónicas) ocurre en los encuentros cara a cara entre usuarios del lenguaje que están involucrados en una interacción inmediata organizada según cambios de turnos. Esto es, durante el habla los hablantes por lo general reaccionan a lo que el hablante previo dijo o hizo. Así y todo, la toma de turnos durante el “habla” en línea del correo electrónico desdibuja incluso esta distinción entre el discurso escrito y el oral.

Gran parte del habla cotidiana es espontánea y tiene muchas propiedades del habla improvisada: pausas, errores, reparaciones, falsos comienzos, repeticiones, superposiciones, etc. La escritura de textos está, en general, más controlada; especialmente gracias al ordenador, los escritores tienen muchas formas de corregir y cambiar un texto escrito con anterioridad. Es decir, mientras el lenguaje oral es “lineal” y “en línea”, el acto de escribir puede combinar una escritura lineal y en línea con otros formas de “composición”, de retroceder y reescribir.

Sin embargo, aun esta diferencia no debería ser tomada en un sentido absoluto: los géneros formales del discurso oral, tales como los discursos o conferencias académicas, bien pueden haber sido preparados como textos escritos y luego simplemente leídos, con o sin partes espontáneas improvisadas. Así también las notas, las cartas o el correo electrónico pueden asimismo ser más o menos espontáneos y mostrar muchos elementos de una escritura no preparada. En síntesis, el estudio del discurso como acción no puede simplemente identificarse con el análisis de la conversación espontánea, y tampoco con el lenguaje oral: muchos géneros combinan el monólogo y el diálogo, partes escritas y partes habladas, y pueden ser más o menos espontáneos.

Jerarquías de la acción

Cuando hablamos o escribimos, por supuesto llevamos a cabo actos de escritura y de habla, pero lo importante es que de ese modo realizamos actos como hacer aseveraciones y acusaciones, responder preguntas, defendernos, ser corteses, o emplear estrategias de autopresentación positiva. Esto es, el discurso puede estar constituido por una compleja jerarquía de diferentes actos en distintos niveles de abstracción y generalidad, por lo cual hacemos X mediante o mientras hacemos Y.

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Menos utilizada en el análisis de la conversación, y más en el análisis de los discursos social y político, la noción de práctica social usualmente supone una dimensión social más amplia del discurso que los diversos actos realizados por los usuarios del lenguaje en la interacción interpersonal. Por ejemplo, un interacción entre médico y paciente, entre docente y estudiante, así como un debate parlamentario o una audiencia judicial no sólo son formas complejas de diálogo institucional; también constituyen o son partes inherentes de las prácticas discursivas y sociales más complejas de la atención médica, la enseñanza, la legislación o “hacer” justicia. De un modo similar, una conversación cotidiana informal acerca de la inmigración puede ser parte de la práctica social compleja de comunicar estereotipos étnicos, una práctica que a su vez puede contribuir a la reproducción del sistema social del racismo.

El estudio del discurso como acción puede concentrarse en los detalles interactivos del habla (o del texto escrito), pero además puede adoptar una perspectiva más amplia y poner en evidencia las funciones sociales, políticas o culturales del discurso dentro de las instituciones, los grupos o la sociedad y la cultura en general. Como en el caso de las jerarquías de acción, podemos aquí hablar también de una jerarquía de funciones: una aserción puede funcionar como un veredicto cuando la realiza, en un momento apropiado, un jurado en los tribunales, o un fallo en el caso de un juez, y ese veredicto o fallo puede a su vez funcionar como una forma de impartir justicia (o injusticia) en un sistema legal específico.

Debe tenerse presente, sin embargo, que aunque nuestro análisis puede identificar diferentes actos o funciones sociales en diversos niveles, los usuarios del lenguaje “hacen” todas esas cosas al mismo tiempo, a veces, incluso, sin percatarse de ello. Un enfoque social integrado hacia el discurso no debería excluir uno de estos niveles por ser menos relevante o menos social. Por ejemplo, “hacer justicia” no se limita a procesos judiciales y sus acusaciones o sentencias, sino que también involucra tomar turnos, formular preguntas, hacer acusaciones, describir acciones pasadas, utilizar el estilo legal, etc. Las microacciones más detalladas de las prácticas sociales complejas son también actos sociales por derecho propio: son actos mediante los cuales se realizan las prácticas sociales de nivel superior.

Es decir, tanto los aspectos más locales como los más globales del discurso participan en la realización de las prácticas sociales. De esta forma, en el análisis social del discurso también encontramos que la realidad social puede estar constituida y ser analizada en cualquier punto desde un nivel de descripción más micro hasta uno más macro; por ejemplo, como los (detalles de) actos y la interacción entre los actores sociales, o como lo que “hacen” instituciones o grupos completos y cómo ambos contribuyen así a la producción y reproducción (o desafío) de la estructura social.

Cada vez más, el análisis social del discurso se ocupa precisamente de las interrelaciones entre las propiedades locales y globales del texto y el habla social.

*Capítulo: El discurso como interacción en la sociedad

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