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De la presencia
y
la ausencia
Por Yo/anda
GIl Mateos
•• ···Osc·cñ • o·· E&&3& . . . . •
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..Lo que se ve con elojo desnudo es mucho más inaudito,fantástico, aterrador" AlbertoGiacom ett i
A l enfrentar una obra, hilo de
ensueño y seda, más real que lo real
po rqu e estámás allá de toda
objetividad em pírica y cotidiana;más
cierta y más presente que el mater ial o
los trazos, los cuales resultan un
pret exto osoporte apenas, nos
aco m ete el ent usiasm o y laconvicción
de quees Alberto Giacomettiel último gran escult or de este siglo,
Se trat a de una obra escultórica que
no srecibe y clava en nuestro ánimo todas las variables de una única cuestió n, la cuest ión que signa el
desarrollodellenguaje propio del
escult o r y tambiénel clima espiritual de
nuestro siglo.Esta cuestión es la
diferencia irreducti ble entre yo y el
mun do ,ent re a bra y hecho, entre la
presenciay la ausencia o, en términos
de Alberto Giacometti, la imposibilidad de copiar la realidad ,el hecho.
Con ciencia crít ica de nuestro siglo , de
todo elart e moderno, ejercida por el
escultor suizo de Bregaglia como la
búsqueda impo sible, en princ ipio, pero
no absurda, decopiar la realidad, de
encontrar lasemejanza.Semejanza y no sim ilitud, no identidad ,pues queda
en principio asumidala situación del
desgarramient oinsalvable entre obra y modelo. Y la asume como siese
abi sm o que separa fuerael único
puentepara lograr la semejanza, como
si la única y últ ima posibil idad del arte moderno fuera la desesperada creencia en la ause ncia como lo representable para situ ar la presencia,la
repre sentación cierta de la vida, para
asirla en su ser: presencia-ausencia en símism a,
Su evolución como escultor resulta en múltiples perspectivas y gradaciones
Alberto Giacometti.CabezadeDiego.1949-50
de esa cuestión, sus reformulaciones ,
su incesant e búsqueda del centro que apuntala en ese horizonte espiritual de nuestro siglo -páram o de dioses, conciencia de nuestra ingenuidad histórica, necesidad ineludible de
integrar la ruptura y la crisis a nuestro ser hombres y a cómo
comprenderlo-la lucidez de que en principio y como
art ista plástico se trata de una historia
delojo,de una mirada penetrante sobre lo esencial en la expresión de la forma viviente.
Así lo atestiguan las piezas escultóricas dediferentes épocas,dispuestas a nuestra observación y las cuales
acusan la comunión de Alberto Giacometticon los principales
mov imientos artísti cos de nuestro
siglo, la perspect iva peculiar de su
part icipación en ellos, su absoluta individualidad y audacia, y nos descubre el hilo de plata que guíasu
instint o creador en la forja cotidianade un lenguaje: la brecha insalvable entre representación (creación) y vida
(hecho).
A decir de algunos ensayistas, sus primeros intentos asumían que es la escultura una concreción de una cosa concebidamentalmente, madurada como idea; un vaciado de la mente, no de la experiencia visual. Es la época en que acusa un vínculo estrecho con la abstraccióny representación simbólica de la escultura africana y de Oceanía. La conciencia que refleja esta escultura de la diferenciaentre obra y modelo y
también el que sean la concreción de un saber,son influenciasque no se desvanecen jam ás en la obra de Alberto Giacomettiy son su punto de partida,Herenc ia de Lipchitz, Laurens, Picasso y Brancussi,lo que Giacometti
guardapara sí es la formulación de las fuerzas vitales que animan esa escultura primitiva de manera universal
y omnipresente.
lectura de ese sentido por una cultura
y una época precisas.En todo caso, es
la fuerza vital la que quiere representar,
nunca un objeto;es la vida y sus
formas esenciales de expresión como elementos formales lo que se empeña
en encontrar.De las formas
naturalistas a otras más abstractas donde no es la convención visual el
código y presencia sinodonde es
apenas una reminicencia o sugerencia
de ese código naturalista la forma que secreta la fuerza vital expresada y no al
contrario.
La vitalidadintensa del surrealismo,su
hincapié en la decidida integración del arte a la vida, de su capacidad y fuerza
para transformar la vida,pero también
de asumirla toda:conducta y
pensamiento,sueño e imaginación,
conciencia e inconsciencia,son
enriquecidos por Giacometti con algunas soluciones plásticas muy
populares desde entonces.El empleo
de la jaula,un cubo de hierro, guarda
una cabeza con una nariz, que no es nariz sino un elemento de equilibrio
sólo posible en esa suspensión.Hacer
volante una escultura en la que su soporte es significativo y se integra a
su sentido, liberándola en el espacio,
sometiéndola y sometiéndonos a una pluralidad indefinida de perspectivas, no de observación sino de encuentro
con un hecho,no un objeto ya, es su
manera de encontrar un espacio,un
ambiente en el que se escenifica el encuentro de la semejanza a partir de una propuesta vital. No enfrenta un objeto a un ser que la observa,
enfrenta un hecho a nuestra vitalidad.
La ausencia aquí es el entorno del
hecho-escultura.
Esto mismo lo lleva a romper la
verticalidad de la escultura,como
tradición occidental,liberando a una
mujer descuartizada de pedestal posible
y,con ello, de ser objeto para
convertirse en la representación de un impulso erótico y agresivo, ahí en el
suelo,tan amplio como el espectador
lo quiera,apenasrest ringido por la
cuerda que lo aísla en el museo para darnos su identificación como una escultura más -inevitable- pero que es una provocación vital
fundamentalmente y hubiera podido, lo
mismo su mujer cuchara, o la cabeza en
suspensión ser puesta,más que
expuesta.
El querer un sujeto escultórico y no un objeto, el querer la semejanza en ese
Alberto Giacometti.El objetivo invisible. 1934-35
nivel de relación existencial. el querer la
semejanza de esta manera,revela el
suelo propio y profundo de la
problemática del arte moderno.No es
la "participación" del espectador, no
es la vitalidad de la materia,no es la
representación de nuestros sueños o
impulsos,es más bienla realización
como un hecho de la semejanza entre
arte y vida,como lo es de hecho entre
modelo y creador.Pero ahímismo está
y estará para siempre y para nosotros
la ruptura y el abismo entre una y otra.
Este es el eje de su escultura y su
alternanciao conflicto,a veces en la
utilizaciónde formas naturalistaso
abstractas.No es lo fundamental,sólo
epidérmico.Su centro es como copiar
la realidad, partiendo de que es
imposible.
Por ello,a partir de 1935 sus
creacionesno quedan a merceddel
observador,exigen de él una
participación precisa y después una
posición precisa de observación. El
objeto invisible es la materia,la
significación de una escultura que lo
sostiene;a nosotros dejacolocarlo.
Su lenguaje más propio,mássuyo,
resulta sinembargo de laexperiencia
estrictamente visual,sus esculturas son
percepción y mirada únicamente,lo
que ve el ojo desnudo y se aparta
entonces del surrealismo y elcubismo,
hace figuración.La sencillez extrema ,la
expresividad total a costa de ser la
materia un sutil soporte,casiun
pretexto,:0 mejor,a costa de que la
expresión dicte cuál es su densidad
material precisa.Se trata de la
percepción inmediata y significativa, de la aprehensión significativa -como lo
quería Heidegger- de un hecho.
Abandona todo objeto expresivo salvo
lo humano.Su extrema delgadez
encuentra la visión instantánea y significativa de un ser. El ojo ve casi una línea pero es el cerebro quien la
representa como línea.Giacometti crea
la visión.La materia es en sus manos
de una maleabilidad extrema,la dureza
y firmeza sirven a la expresión y le quita su pesantez y presencia como
mineral; lo torna carne,hilo de seda,
velo sutil o viento.No es el metal más
que un elemento significativo de la firmeza y eternidad de la vida misma, de su estructura individual o universal contundente, pero la maneja y somete absolutamente a la necesidad expresiva y la hace decirnos de la vulnerabilidad,
fragilidad,y paso efímero del hombre
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----sobre la Tierra.Se trata aquíde lo que
de mineral-como dureza y presenc
ia-hayen lo vivo.
La percepción inmediata supone
siempre unadistancia y un ángulo
precisos delhecho observado. Es esta
verdad laque setraduce en la
pequeñez de las esculturas humanas,o
también en su descom unal estatura; es
tambiénesta verdad percept ual la que
sacrifica el volumeny la que convierte
los busto s en una placa defrent e
mínimo y buena profundidad.Pero es
visión -com o toda v
isión-sustancialment e expresiva y ese ánimo
de captarlo esencial,capt a lo eterno en lo efímero en forma,com posición,
movimient o y dimensión.
Para subrayar esaexperimentación ,
Alberto Giacomett i preferirá abordar la
figurahumana formulada por otras
obras y en otro tiempo:Rodin,
Rembrandt, estatuas caldeas y romanas, pinturacristiana primitiva y
escultura bizantina.Las desnuda de
todo lo que en la creación artíst ica hay
de convencional,lo relat ivo a su historicidad, y desnuda lo que tienen de puramente visual.
En sus preferenciassedesnuda también lo queessu preocu pación fundamental:elmanejode la presencia
y la ausencia. En sus grupos
escult óricos es muy clarocó m o son
los ho mbres ahíreunidos apenas elementos visuales solidarios a una
percepción quelos sobrepasa;es la
mirada o vistazo a cualquier lugar
público en el que seagita el
movimiento cotidiano de los hombres
en busca de su amor ydesu pan,
dando el paso,signodesu caminar y su
voluntad de vida,siendo en ese
instant e la plenitud desu ser hombres,
principios y fin en sí mismos ,la vida en
su presencia eterna y efímera al mismo
tiempo,y sobre todo,esencial,nunca
circunstancial. Suandar,su instintivo
acercamientoo alejamient o del otro
dictado por suser únicopero también
por su fundamental polaridad sexual.
Visualm ente estos grupos son,como
élmismo los llamó, bosques:
semejantes entresí,nuncaiguales,
solidario s alaespecie,solos en su concrecióndefinid a como individuos,
en su destino;presencias ocultadas
detrás deunmaterial evanescente que
regist ra su movi mient o, que es en
sent ido est rict o su ausencia.
Semejantes en fina símismos porque
son lapercepción que los capta.
AlbertoGiacometti.Mujer alta de pie. 1960
Elespaciovacío,elvacíono eslo que rodea ala escultura , es la escultura
materialinexistente que la expresión ha
ahorrado en estas obras.Sus mujeres, constanteen toda su obra, expresan
siempre ensudiferenciasexual,la
inmediatezde la vida,de su promesa y
continuidad, de su fuerza y su ser
puente eterno con lo eterno y
numinoso,osuausenciaprescrita
comounilimitado,puesAlberto,
nacido en 1901, participa comotodos
lohijosde este siglo, de la carencia de unaposible representación de lo
numinoso, del sentido mismo de esa
palabra.La presenciay la ausencia
son, pues,elementos existencialesde unaexistenciaaprisionada en símisma, conscientede ello,y expresión
inmediata deser para símisma su única realidady trascendencia.
Esteexpresionismo -lIamémosleas
í-visuales máscontundente aún en sus dibujos.La distancia entre obra y modelo se ahonda porque la,.copia visual" queintent a Giacomettitorna activaesa distanc ia al querer anularla
mediante la manifestación explícitadel
trabajo del artista; de su mirada. Esa asunción activa del abismo entre
modelo y obra es al mismo tiempo la
única manera de abolirlo y lograr esa
semejanza imposible como "nostalgia
de la unidad" .
Enconcreto, sus figurasen dibujos y
pinturasaparecen en un fondo
indeterminado,incalif icado, en realidad, perdido.Esevacío es el que disuelve el objeto en inumerados trazos y revela elcontenidodramát ico y significativo
delapercepción visual.Sonesos
trazos losque captanel despojo de
unapresencia,los quecaptanun
movimiento pero no una presencia,los
que subrayan su ausencia,su carácter inasible,porqueen definitivaen la
percepciónpura no existenlíneas
definidasyúnicas -lindes de una
presencia-porque lainmediatez
perceptualcarece de estatismo y es
irrecuperable.
Así,logra una semejanzaasumiendo la verdad delapercepción y ofreciendo en los múltiplestrazos noconti nuos el esfuerzo de aproximación a un momento,de continuidad,de identidad y fijeza.Y es la miradadel artista lo que queda denunciado en estas obras, no su conclusión. Ensus esculturas es la huella de amasar,arañar,acariciar la materia,son todas esas accioneslas que traducen la percepcióninmediata
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DiegoGiacometti.Pequeñoveladorcon arpías.creado para CecílBeeton,c. 1955yVelador-raíces.c.1964 del artista, no son jamás un resultado
elaborado, son las impresiones de un modelo que escapa, cuyo movimiento perpetuo como percepción lo
imposibilita para una sola estampa y forma definitiva.
Su perspectiva siguiente es la conciencia de que sibien es
la percepción inmediata la verdad visual del modelo,los objetos tienen una independencia a esa percepción,un estatus no completamente ajeno pero no dependiente de la visión.Esta
AlbertoGiacomett i.Lanariz. 1947
conciencia vuelve la materia a la escultura,le aporta el volumen que una posible existencia objetiva y concreta tienen las cosas para todo el mundo, pero integra en la escultura de
Giacomettila mirada de la escultura
como centro significativo en esta etapa para colocar no un objeto, sino un sujeto frente anosotros.
La lucha ha terminado,o por lo menos existe un paréntesis. La presencia
siempre más allá de nuestra percepción
y concepción, el abismo irreductible
entre obra y modelo y laIntención de asumirlo cruzándolo, es endefinit iva el punto culminant edela experiencia de Alberto Giacom etticomo escultor.Pero la lucidez tambiéncalcina y estambién imposible permanecer enella.De pronto, las esculturas ancladas a un
pedestal, bustos montadosensu
presentac ión convencionalnos
advierten que ha quedado victoriosa la
mirada como foco de interés,al perderse la representación de cuerpc complet o;que lamirada,no ya ladel artista solam ent e sino ladeunser enfrentado aél eselvínculoexpresivo casiúnico para est rechar la distancia entre modelo y obra.Integraa su mirar
la mirada como elemento significativo
irreduct ibl edel otro.Esla miradadel
otro ahora lo queimpide queseael artistaen acción laconcreción últi ma de la verdad percept ual. Hay también un otro que mira ysu mirada leda toda
significación de presenciae ident idad.
El vacíoy laausencia quedan
integrados en laobra entanto hay un
margen en la posit ividadde laobra
para preve r lafalsedad delacopiaa
partir del hecho significativo del
encuent ro dedos miradas.La mirada de la escultu ra estan suyaquelo
independizaviolentamente decualquier
miradaque la posea y lasometa a un
otro.Queda la acción del artista como
visióny se agrega el abismo como
existencia objetiva eindependient e
cuya mirada es irreduct ible eimposible de violent ar.Quedatambiénel abismo comouna interrogante adescifrar que esla interpretación de esa mirada dela escultura.Niega el abismo al establecer el juegoconcreto de lo que el modelo ensí mismo y de lo que es para la obra.
-Consta por esta obra escultórica la profunda y radical situación de la conciencia de lo humano como pura expresión y esa expresión como su única vía de conocimiento y goce.El
gesto, la actitud, la creación y
recreación al infinito de ese infinito que somos nosotros mismos.
De presencia fuerte,inteligente y bizarro,Alberto Giacometti fue el más individualista de los miembros de una familia de artistas y su obra no responde a ese universo, como si ocurrió con el padre Giovanni y su hermano Diego.
Estirpe tocada por la capacidad creadora, hundidas sus raíces en la vida no aletargada de las ciudades, poseedores del gusto y la experiencia cotidiana de la humedad y la fuerza de la naturaleza,observadores de la creación constante de color, de paisaje de su suelo natal;Bregaglia,Suiza, vivieron la inmediata riqueza sensorial que ofrece la naturaleza y poseyeron el arte como la cualidad que los
humanizaba separándolos de ella y acercándolos a si mismos.Copiar la naturaleza -esa expresión de Alberto-es imposible pero jamás absurdo en lo que tiene el arte de núcleo y razón;la posibilidad de generar y transformar, de contar con todas las gradaciones del diapasón sensorial, sea color, forma, olor,sonido o textura.Copiar en su actividad y resultado a la naturaleza a lo que es por si mismo supremo creador.
Desde otro aspecto, la muestra museográfica de la obra de la familia Giacometti nos enfrenta a reconsiderar todos los avatares del arte
'cont emporáneo en cuanto a su posición frente a la tradición y frente al mundo urbano.El supuesto
individualismomoderno,más
masificación que desarrollo personal. y por tanto más mecanizado y pobre en la interrelación personal y con su espacio urbano; más soledad que independencia en los grupos, más sometimiento que solidaridad, nos pueden indicar por qué en la familia Giacometti el.arte floreció como un quehacer tan natural como el desarrollo de la personalidad.La raíz fundamental y cierta de todo arte es la existencia consciente como ellos la vivieron, como una profunda pasión por la vida y su infinita riqueza de sentidos.Como la pasión,la reflexión y el amor vividos sin condicionarlos ni cercenarlos.v
"La angustia es el estado permanente
.del hombre" afirmó Alberto Giacometti.Su escultura surrealista, percepción o fenomenológica -si se me permite el término- es la expresión constante de una tensión absoluta: la lucidez de saberse instante y
trascendencia,efímero y eterno, significativo Y gratuito, ausente y presente en toda expresión posible y por tanto, como creador siempre anhelante de capturar una realidad siempre más allá porque no agota ninguna perspectiva suplenitu~. Como lo diríaSartre,de quien fue muy amigo Giacometti, acaso sea la lucidez de saber que es "el hombre una pasión inútil" ,y que por tanto concentrado en sí mismo, acaso sea su vida un profundo y breve clamor de absoluto, depasión por la vida misma. Inútilporque se resuelve en esa tensión constante de saberse total en un momento,una circunstancia, y al mismo tiempo ser mucho más por encima de ella.El hombre caminando resume estaconciencia.Su presencia es esa accióncot idiana pero es
también suausencia porque su ser Alberto Giacometti.Retrato del padre del artista,
rebasa elinstante. 1927
Alberto Giacometti. Diego con cuello doblado, 1951