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De la presencia y la ausencia

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Academic year: 2020

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(1)

De la presencia

y

la ausencia

Por Yo/anda

GIl Mateos

•• ···Osc·cñ o·· E&&3& . . . . •

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ 29

_

..Lo que se ve con elojo desnudo es mucho más inaudito,fantástico, aterrador" AlbertoGiacom ett i

A l enfrentar una obra, hilo de

ensueño y seda, más real que lo real

po rqu e estámás allá de toda

objetividad em pírica y cotidiana;más

cierta y más presente que el mater ial o

los trazos, los cuales resultan un

pret exto osoporte apenas, nos

aco m ete el ent usiasm o y laconvicción

de quees Alberto Giacomettiel último gran escult or de este siglo,

Se trat a de una obra escultórica que

no srecibe y clava en nuestro ánimo todas las variables de una única cuestió n, la cuest ión que signa el

desarrollodellenguaje propio del

escult o r y tambiénel clima espiritual de

nuestro siglo.Esta cuestión es la

diferencia irreducti ble entre yo y el

mun do ,ent re a bra y hecho, entre la

presenciay la ausencia o, en términos

de Alberto Giacometti, la imposibilidad de copiar la realidad ,el hecho.

Con ciencia crít ica de nuestro siglo , de

todo elart e moderno, ejercida por el

escultor suizo de Bregaglia como la

búsqueda impo sible, en princ ipio, pero

no absurda, decopiar la realidad, de

encontrar lasemejanza.Semejanza y no sim ilitud, no identidad ,pues queda

en principio asumidala situación del

desgarramient oinsalvable entre obra y modelo. Y la asume como siese

abi sm o que separa fuerael único

puentepara lograr la semejanza, como

si la única y últ ima posibil idad del arte moderno fuera la desesperada creencia en la ause ncia como lo representable para situ ar la presencia,la

repre sentación cierta de la vida, para

asirla en su ser: presencia-ausencia en símism a,

Su evolución como escultor resulta en múltiples perspectivas y gradaciones

Alberto Giacometti.CabezadeDiego.1949-50

de esa cuestión, sus reformulaciones ,

su incesant e búsqueda del centro que apuntala en ese horizonte espiritual de nuestro siglo -páram o de dioses, conciencia de nuestra ingenuidad histórica, necesidad ineludible de

integrar la ruptura y la crisis a nuestro ser hombres y a cómo

comprenderlo-la lucidez de que en principio y como

art ista plástico se trata de una historia

delojo,de una mirada penetrante sobre lo esencial en la expresión de la forma viviente.

Así lo atestiguan las piezas escultóricas dediferentes épocas,dispuestas a nuestra observación y las cuales

acusan la comunión de Alberto Giacometticon los principales

mov imientos artísti cos de nuestro

siglo, la perspect iva peculiar de su

part icipación en ellos, su absoluta individualidad y audacia, y nos descubre el hilo de plata que guíasu

instint o creador en la forja cotidianade un lenguaje: la brecha insalvable entre representación (creación) y vida

(hecho).

A decir de algunos ensayistas, sus primeros intentos asumían que es la escultura una concreción de una cosa concebidamentalmente, madurada como idea; un vaciado de la mente, no de la experiencia visual. Es la época en que acusa un vínculo estrecho con la abstraccióny representación simbólica de la escultura africana y de Oceanía. La conciencia que refleja esta escultura de la diferenciaentre obra y modelo y

también el que sean la concreción de un saber,son influenciasque no se desvanecen jam ás en la obra de Alberto Giacomettiy son su punto de partida,Herenc ia de Lipchitz, Laurens, Picasso y Brancussi,lo que Giacometti

guardapara sí es la formulación de las fuerzas vitales que animan esa escultura primitiva de manera universal

y omnipresente.

(2)

lectura de ese sentido por una cultura

y una época precisas.En todo caso, es

la fuerza vital la que quiere representar,

nunca un objeto;es la vida y sus

formas esenciales de expresión como elementos formales lo que se empeña

en encontrar.De las formas

naturalistas a otras más abstractas donde no es la convención visual el

código y presencia sinodonde es

apenas una reminicencia o sugerencia

de ese código naturalista la forma que secreta la fuerza vital expresada y no al

contrario.

La vitalidadintensa del surrealismo,su

hincapié en la decidida integración del arte a la vida, de su capacidad y fuerza

para transformar la vida,pero también

de asumirla toda:conducta y

pensamiento,sueño e imaginación,

conciencia e inconsciencia,son

enriquecidos por Giacometti con algunas soluciones plásticas muy

populares desde entonces.El empleo

de la jaula,un cubo de hierro, guarda

una cabeza con una nariz, que no es nariz sino un elemento de equilibrio

sólo posible en esa suspensión.Hacer

volante una escultura en la que su soporte es significativo y se integra a

su sentido, liberándola en el espacio,

sometiéndola y sometiéndonos a una pluralidad indefinida de perspectivas, no de observación sino de encuentro

con un hecho,no un objeto ya, es su

manera de encontrar un espacio,un

ambiente en el que se escenifica el encuentro de la semejanza a partir de una propuesta vital. No enfrenta un objeto a un ser que la observa,

enfrenta un hecho a nuestra vitalidad.

La ausencia aquí es el entorno del

hecho-escultura.

Esto mismo lo lleva a romper la

verticalidad de la escultura,como

tradición occidental,liberando a una

mujer descuartizada de pedestal posible

y,con ello, de ser objeto para

convertirse en la representación de un impulso erótico y agresivo, ahí en el

suelo,tan amplio como el espectador

lo quiera,apenasrest ringido por la

cuerda que lo aísla en el museo para darnos su identificación como una escultura más -inevitable- pero que es una provocación vital

fundamentalmente y hubiera podido, lo

mismo su mujer cuchara, o la cabeza en

suspensión ser puesta,más que

expuesta.

El querer un sujeto escultórico y no un objeto, el querer la semejanza en ese

Alberto Giacometti.El objetivo invisible. 1934-35

nivel de relación existencial. el querer la

semejanza de esta manera,revela el

suelo propio y profundo de la

problemática del arte moderno.No es

la "participación" del espectador, no

es la vitalidad de la materia,no es la

representación de nuestros sueños o

impulsos,es más bienla realización

como un hecho de la semejanza entre

arte y vida,como lo es de hecho entre

modelo y creador.Pero ahímismo está

y estará para siempre y para nosotros

la ruptura y el abismo entre una y otra.

Este es el eje de su escultura y su

alternanciao conflicto,a veces en la

utilizaciónde formas naturalistaso

abstractas.No es lo fundamental,sólo

epidérmico.Su centro es como copiar

la realidad, partiendo de que es

imposible.

Por ello,a partir de 1935 sus

creacionesno quedan a merceddel

observador,exigen de él una

participación precisa y después una

posición precisa de observación. El

objeto invisible es la materia,la

significación de una escultura que lo

sostiene;a nosotros dejacolocarlo.

Su lenguaje más propio,mássuyo,

resulta sinembargo de laexperiencia

estrictamente visual,sus esculturas son

percepción y mirada únicamente,lo

que ve el ojo desnudo y se aparta

entonces del surrealismo y elcubismo,

hace figuración.La sencillez extrema ,la

expresividad total a costa de ser la

materia un sutil soporte,casiun

pretexto,:0 mejor,a costa de que la

expresión dicte cuál es su densidad

material precisa.Se trata de la

percepción inmediata y significativa, de la aprehensión significativa -como lo

quería Heidegger- de un hecho.

Abandona todo objeto expresivo salvo

lo humano.Su extrema delgadez

encuentra la visión instantánea y significativa de un ser. El ojo ve casi una línea pero es el cerebro quien la

representa como línea.Giacometti crea

la visión.La materia es en sus manos

de una maleabilidad extrema,la dureza

y firmeza sirven a la expresión y le quita su pesantez y presencia como

mineral; lo torna carne,hilo de seda,

velo sutil o viento.No es el metal más

que un elemento significativo de la firmeza y eternidad de la vida misma, de su estructura individual o universal contundente, pero la maneja y somete absolutamente a la necesidad expresiva y la hace decirnos de la vulnerabilidad,

fragilidad,y paso efímero del hombre

..

I

- - - -

30

_

(3)

----sobre la Tierra.Se trata aquíde lo que

de mineral-como dureza y presenc

ia-hayen lo vivo.

La percepción inmediata supone

siempre unadistancia y un ángulo

precisos delhecho observado. Es esta

verdad laque setraduce en la

pequeñez de las esculturas humanas,o

también en su descom unal estatura; es

tambiénesta verdad percept ual la que

sacrifica el volumeny la que convierte

los busto s en una placa defrent e

mínimo y buena profundidad.Pero es

visión -com o toda v

isión-sustancialment e expresiva y ese ánimo

de captarlo esencial,capt a lo eterno en lo efímero en forma,com posición,

movimient o y dimensión.

Para subrayar esaexperimentación ,

Alberto Giacomett i preferirá abordar la

figurahumana formulada por otras

obras y en otro tiempo:Rodin,

Rembrandt, estatuas caldeas y romanas, pinturacristiana primitiva y

escultura bizantina.Las desnuda de

todo lo que en la creación artíst ica hay

de convencional,lo relat ivo a su historicidad, y desnuda lo que tienen de puramente visual.

En sus preferenciassedesnuda también lo queessu preocu pación fundamental:elmanejode la presencia

y la ausencia. En sus grupos

escult óricos es muy clarocó m o son

los ho mbres ahíreunidos apenas elementos visuales solidarios a una

percepción quelos sobrepasa;es la

mirada o vistazo a cualquier lugar

público en el que seagita el

movimiento cotidiano de los hombres

en busca de su amor ydesu pan,

dando el paso,signodesu caminar y su

voluntad de vida,siendo en ese

instant e la plenitud desu ser hombres,

principios y fin en sí mismos ,la vida en

su presencia eterna y efímera al mismo

tiempo,y sobre todo,esencial,nunca

circunstancial. Suandar,su instintivo

acercamientoo alejamient o del otro

dictado por suser únicopero también

por su fundamental polaridad sexual.

Visualm ente estos grupos son,como

élmismo los llamó, bosques:

semejantes entresí,nuncaiguales,

solidario s alaespecie,solos en su concrecióndefinid a como individuos,

en su destino;presencias ocultadas

detrás deunmaterial evanescente que

regist ra su movi mient o, que es en

sent ido est rict o su ausencia.

Semejantes en fina símismos porque

son lapercepción que los capta.

AlbertoGiacometti.Mujer alta de pie. 1960

Elespaciovacío,elvacíono eslo que rodea ala escultura , es la escultura

materialinexistente que la expresión ha

ahorrado en estas obras.Sus mujeres, constanteen toda su obra, expresan

siempre ensudiferenciasexual,la

inmediatezde la vida,de su promesa y

continuidad, de su fuerza y su ser

puente eterno con lo eterno y

numinoso,osuausenciaprescrita

comounilimitado,puesAlberto,

nacido en 1901, participa comotodos

lohijosde este siglo, de la carencia de unaposible representación de lo

numinoso, del sentido mismo de esa

palabra.La presenciay la ausencia

son, pues,elementos existencialesde unaexistenciaaprisionada en símisma, conscientede ello,y expresión

inmediata deser para símisma su única realidady trascendencia.

Esteexpresionismo -lIamémosleas

í-visuales máscontundente aún en sus dibujos.La distancia entre obra y modelo se ahonda porque la,.copia visual" queintent a Giacomettitorna activaesa distanc ia al querer anularla

mediante la manifestación explícitadel

trabajo del artista; de su mirada. Esa asunción activa del abismo entre

modelo y obra es al mismo tiempo la

única manera de abolirlo y lograr esa

semejanza imposible como "nostalgia

de la unidad" .

Enconcreto, sus figurasen dibujos y

pinturasaparecen en un fondo

indeterminado,incalif icado, en realidad, perdido.Esevacío es el que disuelve el objeto en inumerados trazos y revela elcontenidodramát ico y significativo

delapercepción visual.Sonesos

trazos losque captanel despojo de

unapresencia,los quecaptanun

movimiento pero no una presencia,los

que subrayan su ausencia,su carácter inasible,porqueen definitivaen la

percepciónpura no existenlíneas

definidasyúnicas -lindes de una

presencia-porque lainmediatez

perceptualcarece de estatismo y es

irrecuperable.

Así,logra una semejanzaasumiendo la verdad delapercepción y ofreciendo en los múltiplestrazos noconti nuos el esfuerzo de aproximación a un momento,de continuidad,de identidad y fijeza.Y es la miradadel artista lo que queda denunciado en estas obras, no su conclusión. Ensus esculturas es la huella de amasar,arañar,acariciar la materia,son todas esas accioneslas que traducen la percepcióninmediata

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DiegoGiacometti.Pequeñoveladorcon arpías.creado para CecílBeeton,c. 1955yVelador-raíces.c.1964 del artista, no son jamás un resultado

elaborado, son las impresiones de un modelo que escapa, cuyo movimiento perpetuo como percepción lo

imposibilita para una sola estampa y forma definitiva.

Su perspectiva siguiente es la conciencia de que sibien es

la percepción inmediata la verdad visual del modelo,los objetos tienen una independencia a esa percepción,un estatus no completamente ajeno pero no dependiente de la visión.Esta

AlbertoGiacomett i.Lanariz. 1947

conciencia vuelve la materia a la escultura,le aporta el volumen que una posible existencia objetiva y concreta tienen las cosas para todo el mundo, pero integra en la escultura de

Giacomettila mirada de la escultura

como centro significativo en esta etapa para colocar no un objeto, sino un sujeto frente anosotros.

La lucha ha terminado,o por lo menos existe un paréntesis. La presencia

siempre más allá de nuestra percepción

y concepción, el abismo irreductible

entre obra y modelo y laIntención de asumirlo cruzándolo, es endefinit iva el punto culminant edela experiencia de Alberto Giacom etticomo escultor.Pero la lucidez tambiéncalcina y estambién imposible permanecer enella.De pronto, las esculturas ancladas a un

pedestal, bustos montadosensu

presentac ión convencionalnos

advierten que ha quedado victoriosa la

mirada como foco de interés,al perderse la representación de cuerpc complet o;que lamirada,no ya ladel artista solam ent e sino ladeunser enfrentado aél eselvínculoexpresivo casiúnico para est rechar la distancia entre modelo y obra.Integraa su mirar

la mirada como elemento significativo

irreduct ibl edel otro.Esla miradadel

otro ahora lo queimpide queseael artistaen acción laconcreción últi ma de la verdad percept ual. Hay también un otro que mira ysu mirada leda toda

significación de presenciae ident idad.

El vacíoy laausencia quedan

integrados en laobra entanto hay un

margen en la posit ividadde laobra

para preve r lafalsedad delacopiaa

partir del hecho significativo del

encuent ro dedos miradas.La mirada de la escultu ra estan suyaquelo

independizaviolentamente decualquier

miradaque la posea y lasometa a un

otro.Queda la acción del artista como

visióny se agrega el abismo como

existencia objetiva eindependient e

cuya mirada es irreduct ible eimposible de violent ar.Quedatambiénel abismo comouna interrogante adescifrar que esla interpretación de esa mirada dela escultura.Niega el abismo al establecer el juegoconcreto de lo que el modelo ensí mismo y de lo que es para la obra.

(5)

-Consta por esta obra escultórica la profunda y radical situación de la conciencia de lo humano como pura expresión y esa expresión como su única vía de conocimiento y goce.El

gesto, la actitud, la creación y

recreación al infinito de ese infinito que somos nosotros mismos.

De presencia fuerte,inteligente y bizarro,Alberto Giacometti fue el más individualista de los miembros de una familia de artistas y su obra no responde a ese universo, como si ocurrió con el padre Giovanni y su hermano Diego.

Estirpe tocada por la capacidad creadora, hundidas sus raíces en la vida no aletargada de las ciudades, poseedores del gusto y la experiencia cotidiana de la humedad y la fuerza de la naturaleza,observadores de la creación constante de color, de paisaje de su suelo natal;Bregaglia,Suiza, vivieron la inmediata riqueza sensorial que ofrece la naturaleza y poseyeron el arte como la cualidad que los

humanizaba separándolos de ella y acercándolos a si mismos.Copiar la naturaleza -esa expresión de Alberto-es imposible pero jamás absurdo en lo que tiene el arte de núcleo y razón;la posibilidad de generar y transformar, de contar con todas las gradaciones del diapasón sensorial, sea color, forma, olor,sonido o textura.Copiar en su actividad y resultado a la naturaleza a lo que es por si mismo supremo creador.

Desde otro aspecto, la muestra museográfica de la obra de la familia Giacometti nos enfrenta a reconsiderar todos los avatares del arte

'cont emporáneo en cuanto a su posición frente a la tradición y frente al mundo urbano.El supuesto

individualismomoderno,más

masificación que desarrollo personal. y por tanto más mecanizado y pobre en la interrelación personal y con su espacio urbano; más soledad que independencia en los grupos, más sometimiento que solidaridad, nos pueden indicar por qué en la familia Giacometti el.arte floreció como un quehacer tan natural como el desarrollo de la personalidad.La raíz fundamental y cierta de todo arte es la existencia consciente como ellos la vivieron, como una profunda pasión por la vida y su infinita riqueza de sentidos.Como la pasión,la reflexión y el amor vividos sin condicionarlos ni cercenarlos.v

"La angustia es el estado permanente

.del hombre" afirmó Alberto Giacometti.Su escultura surrealista, percepción o fenomenológica -si se me permite el término- es la expresión constante de una tensión absoluta: la lucidez de saberse instante y

trascendencia,efímero y eterno, significativo Y gratuito, ausente y presente en toda expresión posible y por tanto, como creador siempre anhelante de capturar una realidad siempre más allá porque no agota ninguna perspectiva suplenitu~. Como lo diríaSartre,de quien fue muy amigo Giacometti, acaso sea la lucidez de saber que es "el hombre una pasión inútil" ,y que por tanto concentrado en sí mismo, acaso sea su vida un profundo y breve clamor de absoluto, depasión por la vida misma. Inútilporque se resuelve en esa tensión constante de saberse total en un momento,una circunstancia, y al mismo tiempo ser mucho más por encima de ella.El hombre caminando resume estaconciencia.Su presencia es esa accióncot idiana pero es

también suausencia porque su ser Alberto Giacometti.Retrato del padre del artista,

rebasa elinstante. 1927

Alberto Giacometti. Diego con cuello doblado, 1951

Referencias

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