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Arquitectura escultórica y arquitectura urbana

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Entrevistas

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Arquitectura

escultórica y

arquitectura

urbana*

Por Damián Bayón

Bayón. ¿Qué papel te parece que desempe. fian el urbanismo y la arquitectura en la historia global de la América Latina? Me refiero a la historia de la cultura más bien que a la historia, a secas.

• Germán Samper Gnecco es uno de los arquitectos importantes de América. Colombiano de cuarenta

yseis años, trabajó seis de ellos en el taller de Le

Corbusier en París. Decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Los Andes, vicepresidente de la Sociedad In teramericana de Planificación, dos veces conseja! de la ciudad de Bogotá. En asociación con otros arquitectos (Es-guerra, Sáenz, Urdaneta) h¡l diseñado y construi-do algunos de los grandes edificios de Bogotá (Museo de Oro, Torre de Avianca) y Cali. No por eso es ajeno a las preocupaciones de una arquitec-tura más "humana", que responda más a los problemas de aglomeración urbana a nivel popular que padece América Latina: eso lo llevó a partici-par en el concurso de Lima que contemplaba la posibilidad de un "nuevo habitat". Lo entrevista Damián Bayón, de nacionalidad argentina y parisi-no de residencia, arquitecto, crítico e historiador del arte, que por encargo de la Unesco ha recorri-do nuestra América a caza de arquitectos a quienes entrevistar.

Samper. En primer lugar me parece que es difícil generalizar en cuanto se refiere a la historia global de la cultura latinoameri-cana. Yo creo que hay algunas diferencias entre unos países y otros, sin que por eso deje de creer que hay algunos aspectos que son comunes a todos. Yo tengo la sensa-ción de que la realidad ha sobrepasado lo que pueden hacer los arquitectos y los urbanistas, es decir, que las ciudades están creciendo "por su cuenta"; están resolvién-dose los problemas a medida que van sur-giendo y no existe en este momento ningu-na teoría urbanística y mucho menos arqui-tectónica que pueda adelantarse a los pro· blemas del desarrollo urbano. Latinoaméri· ca está pasando a convertirse -en pocos años- en un continente urbano. Llegará a tener un 80% de habitantes urbanos en un lapso muchísimo menor que el que emplea· ron los países europeos y por eso creo -como dije en un principio- que la reali· dad está sobrepasando las posibilidades que tienen los urbanistas y los arquitectos de prever su desarrollo.

B. Entonces, siguiendo ahora con la mis-ma pregunta pero para hacer una compara-ción con lo antiguo: ¿qué diferencias se notan en ese desarrollo entre los tiempos coloniales y la actualidad...? Sin tener tanto en cuenta el tamaño ni la población respectivos sino, más bien, como mecanis-mo de crecimiento.

S. Bueno, precisamente, aunque tú me dices que no tenga en cuenta el tamaño, yo creo que uno de los aspectos que diferen-cian el desarrollo urbanístico colonial del de nuestra época consiste justamente en eso: es un problema de volumen, de creci· miento. Problema que, naturalmente, tiene consecuencias en el orden económico, en el orden estético, en el orden cultural. La ciudad latinoamericana de la época colonial

representaba un urbanismo estabilizado -por así decirlo- aunque eran ciudades que crecían, pero a un ritmo muy diferente del actual. Había unas reglas muy elementa· les de crecimiento: la "cuadra" o la "man· zana" con las que nuestros urbanistas traza-ron las ciudades significa un sistema senci-llo, racional que permitía el crecimiento. Y con unas muy simples normas urbanísticas y arquitectónicas crecieron nuestras ciuda-des dentro de una gran unidad, y, al mismo tiempo, con una apreciable variedad. Por-que en todos los países latinoamericanos -de México para abajo- encontramos una

arquitectu~a que poseyendo el sello de

Es-pafia no deja cada una de ostentar sus características propias. Yo creo que la ar-quitectura de la colonia es una arar-quitectura urbana, por decirlo así, son espacios urba· nos conformados por los parámetros de la arquitectura. Se crean así unos espacios urbanos que están a la escala del hombre. Las casas están pegadas, las unas al lado de las otras, adosadas de tal forma que consti-tuyen verdaderamente espacios urbanos.

En la época moderna ha habido una desintegración total de ese concepto, no solamente en razón del tamaño sino tamo bién por motivos de estructura han apareci· do grandes edificios independientes. Son los principios del CIAM. (Congreso Internacio-nal de Arquitectura Moderna) que han sido adoptados universalmente y que funcionan sobre la base de considerar a los edificios como "esculturas urbanas", por decirlo así, edificios que están aislados unos de otros y que no pueden convivir con los demás. El urbanismo y la arquitectura de nuestras ciudades latinoamericanas es el reflejo de lo que se está haciendo en todas partes del mundo, y representan una arquitectura y un urbanismo "individualistas". La arqui-tectura es una arquiarqui-tectura "escultórica", digamos, y no una verdadera arquitectura urbana ..

B.Si tuvieras que caracterizar a esta aro quitectura y este urbanismo latinoamerica-nos ¿cómo dirías que hay que encarar el problema...?

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je. Es la gente la que construye sus vi· viendas, sus tugurios, para poder sobrevivir. La imagen de la arquitectura latinoame· ricana es esa, una arquitectura de ciudades de grandes contrastes que se ven tanto en las estructuras sociales como políticas vi· gentes: que se reflejan -naturalmente- en el urbanismo. Entonces los arquitectos tie· nen que trabajar y si trabajan para sobrevi· vir dentro del ejercicio profesional lo hacen con las personas que tienen cómo pagar honorarios. Aparecen así las construcciones de alto nivel técnico que representan bue· nas inversiones econ6micamente hablando: una arquitectura de un nivel que puede ser bueno en cualquier parte del mundo. Y al mismo tiempo, conviviendo simultáneamen· te, encontramos en esas ciudades viviendas en que ningún arquitecto ha participado. Es la gente misma la que realiza sus viviendas y el porcentaje de personas que viven en refugios -en los cuales ni los arquitectos ni los urbanistas han intervenido- es un alto porcentaje. En Colombia se calcula que por lo menos un 60% de la población urbana no recibe atención de arquitectos y además está en condiciones urbanísticas que que· dan fuera de las normas municipales y, por lo tanto, fuera de la ley.

B. Entonces, ¿qué hay que hacer para remediar esos males· en Latinoamérica? ¿La solución es acaso construir ciudades nuevas, desarrollar las existentes o ambas cosas a la vez ...?

S. La situación es muy diferente según el lugar. Podríamos dividir el continente en aquellos países que tienen pocas ciudades o que no llegan a tener sino una importante (como el caso del Perú); y otro grupo -que es el caso de Colombia- en que la pobla· ción urbana está mejor distribuida. Yo creo que la respuesta debe ser diferente para cada país. Me parece que lo que han hecho en el Brasil es correcto como intención,

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como deseo de buscar un mejor equilibrio, ya que en el Brasil las ciudades están en la costa y ellos querían, prácticamente, "colo· nizar" el interior. Quizá países como el Perú, que tienen una gran ciudad y ciuda· des intermedias muy poco desarrolladas, encuentren una solución en las nuevas ciu-dades o en el crecimiento de esas ciuciu-dades intermedias. En el caso de Colombia yo creo que no tendría absolutamente ninguna justificación el crear nuevas ciudades. En cambio, por su distribución regional, me parece que la población se está concentran-do demasiaconcentran-do -con gran peligro- en sólo cuatro grandes ciudades. Y por lo tanto convendría desarrollar una política que die-ra incentivos a las ciudades de tipo interme-dio, de forma tal que el proceso de urbani-zación -que consideramos irreversible- se produzca más armoniosamente, o sea que la población se distribuya en el país en forma más adecuada y no sobre la base de la concentración en muy pocos centros.

B. Lo que yo preguntaba de las ciudades lo puedo ahora cambiar a los barrios. Por ejemplo, tú sabes que Toulouse, en Francia, ha crecido en más de un tercio gracias a un proyecto del arquitecto Candilis que la hizo aumentar en 300000 habitantes mediante un nuevo barrio -Le Mirail- situado al lado del viejo Toulouse tradicional. Es un ejemplo de lo que yo quiero decir: toman-do una ciudad colombiana de gran creci-miento que quiera desarrollarse más: ¿es deseable pensar en un barrio contiguo, una especie de apéndice completamente nuevo y urbanizado de una vez? ¿O te parece que hay que adoptar planes de desarrollo a partir de lo antiguo, integrando lo antiguo con lo moderno?

S. Esta pregunta me parece de gran importancia porque creo que en nuestras ciudades se plantea un dilema: de hecho las ciudades están creciendo

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te, y al crecer los antiguos centros, los corazones de.las ciudades coloniales están forzados a desaparecer o a transfonnanesi quieren mantenerse como centros. La ciu. dad muy extensa hace que en forma natu. ral -sin que ello sea planeado- se produz. can nuevos centros: nuevos centros comer. ciales, nuevos centros de negocios dondeh

ciudad moderna se puede instalar ple~ mente según los reglamentos y obedecienoo a una arquitectura contemporánea. Me p~ rece, pues, que uno de los problemasdt nuestras ciudades está en el antiguo centro, Nuestros países tienen un patrimonioartí¡. tico que conservar pero no tenemosregla. mentos apropiados. Y lo que es peor no tenemos aún una

mentalidad

que permita

conservar ese patrimonio, aunque haya ya gente que está luchando por lograrlo.En.

tonces, lo que está sucediendo es que en algunos antiguos centros se empiezan ¡

adquirir los terrenos que han alcanzadoun

gran valor para levantar en ellos una edifi. cación moderna. Y esa edificaci6n modem¡ convive con

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arquitectura colonialsinque sean respetadas las escalas, en una forma totalmente desproporcionada. De ese error son conscientes los arquitectos que no pue-den hacer nada por remediarlo. Creo que todos hemos cometido esas faltas quemá!

que todo se deben, pudiéramos decir,al progreso econ6mico, a un tipo de leyesqut tienen las ciudades como algo propio, leye que están aun por encima de los mismO! administradores, de los mismos alcaldes,di los mismos concejos. Yo profeso la teorÍ! de que las ciudades tienen sus propias leye de desarrollo y que si esas leyes no ~ perciben, tarde o temprano las ciudades mismas las van a imponer. Eso por un lado, en relación con el desarrollo de nuevO! centros o la conservación de los antiguoi

Mi punto de vista es que -hasta donde sea posible- deben conservarse los centrosqUl tengan un valor hist6rico. Siempre y cuan· do se logre mantener un cierto valor delas

construcciones y de la tierra, porque aJ¡

propiedad privada no se le puede pedirque conserve construcciones que no le

van

a proporcionar ningún rendimiento. Me pare-ce que es una ilusión pensar que nosotros vamos a poder conservar en muy bue,n estado viviendas de la época de la Coloma si no están produciendo ningún rendimien-to. Si no es así, se producirá una presión para demolerlas y cambiarlas por constIUv ciones modernas que ellas sí producen ¡en-dimientos económicos. Ese és el dilema en que están las antiguas ciudades latinoameri-canas.

B. Ahora, cambiando de tema, quisien hacerte algunas preguntas referentes at1J

experiencia como profesor de arquitectura En general, aquí en Colombia -o

por

~ que conoces de los planes de estudio de los otros países- ¿te parece que están bien encarados? Comparándolos con los de

otros lugares del mundo: ¿qué les podría hacer falta a los estudiantes de arquitecturt latinoamericanos: un suplemento de ense· ñanza en alguna materia específica...?

S. Sinceramente yo creo que hay

g¡an'

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que podríamos llamar la ensefi.anza "for-mal" de la arquitectura estamos muy bien, en el sentido de que se ensefi.a una arqui-tectura contemporánea de acuerdo con to-das las técnicas modernas. Los medios de comunicación permiten hoya los estudian-tes de cualquier parte del mundo -y esto sucede con las escuelas latinoamericanas-estar al tanto, hoy día, de lo que se está haciendo en materia de arquitectura en todas partes. Creo además que nuestros estudiantes al recibir revistas y libros tienen "buen olfato" y saben por dónde van las cosas. En ese sentido yo no hago la crítica de las escuelas de arquitectura: en general cuentan con profesores que, normalmente, han viajado, que normalmente conocen los últimos adelantos en materia de arquitectu-ra y urbanismo. Desde ese punto de vista no debemos quejarnos y nos podemos con-siderar en buenas condiciones en relación con escuelas de otras partes del mundo. Aún más: nosotros no tenemos el peso de una tradición, en cierto modo mal entendi-da. Estamos liberados, somos países sin ciertos compromisos históricos y podemos hacer una arquitectura más lógica, más es-pontáneamente contemporánea, por decirlo así. Sin embargo me parece que hay una falla.. un gran vacío en la ensefi.anza de la arquitectura y es que se están formando arquitectos para hacer una arquitectura de "minorías". De eso no nos quepa la menor duda, yeso es precisamente lo que está pasando en todas partes en América Latina.

y conste que ésta es una crítica que le hago no solamente a la ensefi.anza de la arquitectura sino también a la práctica de la arquitectura. Sobre este punto, sí quisie-ra extenderme un poco más: yo creo que el arquitecto de hoy tiene que trabajar en dos niveles. Y lo digo así porque yo mismo lo practico así. Yo ejerzo la arquitectura en dos formas completamente diferentes. Co-mo esas personas que tienen dos vidas: una

~da oficial y una vida extraoficial o clan-<lestina. Por una parte, yo ejerzo mi oficio <le arquitecto a través de una empresa que tiene cuatro socios: recibimos a clientes, entramos a concursos -los ganamos o los perdemos-, presentamos nuestros proyec-10s como en cualquier parte del mundo, y recibimos por ello nuestros honorarios. Sin embargo, simultáneamente, de una manera casi paralela y sin mezclarla con la primera yo ejerzo también mi profesión en otro sentido. Es imposible, no digo ya ser arqui-"tecto, ser simplemente ciudadano latino-americano y permanecer insensible ante los :problemas de tipo social que nos rodean. Y :sobre eso el arquitecto tiene que asumir \.IDa actitud, y creo que puede encontrar soluciones válidas. No es normal entre los arquitectos latinoamericanos en general -y c:::olombianos en particular- tomar actitudes c:::oncretas y positivas respecto a los grandes :problemas que nos afectan, en especial los :problemas sociales. Pero creo que hay que hacerlo y, desde luego, que hay ejemplos tie arquitectos que lo están haciendo. A ese (;:ampo es el que yo llamo el "ejercicio (;:landestino de mi profesión", porque lo 1:engo que hacer robando horas al descanso, :t-obando el tiempo a mi familia, en fm, ese

~spacio que uno dedica a las otras cosas se

lo dedico yo a mi profesión en ese sentido entrando en contacto con la gente de lo que nosotros llamamos los "barrios margi-nados" de la ciudad. Para conocer sus problemas y tratar de buscarles solución.

Esto me permite decir, en primer lugar, que hemos intentado y hemos realizado algunas obras a través de las cuales si bien la arquitectura juega un papel menor, el arquitecto en cambio se presenta como un líder de la comunidad y por lo tanto empieza a desempeffar un papel mayor. Hemos realizado viviendas que nosotros lla-mamos de "autoconstrucción" , en que las personas construyen sus propias viviendas, y hemos encontrado un verdadero estímulo en este tipo de trabajo profesional que, hasta hace poco, era desconocido. Yo creo que el campo de investigación de la arqui-tectura en este sentido es muy vasto: lo que podríamos llamar una arquitectura so-cial. El arquitecto que se convierte a ella no da sólo su aporte a través de lo que puede hacer en una mesa de dibujo sino que da su aporte como dirigente. Yo tengo

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contri-Naciones Unidas y el gobierno del Perú

auspiciaron en 1969. Se invitó a trece

arquitectos escogidos de diferentes países para que presentaran ideas sobre el tema de la vivienda de bajo costo. Sobre ese tema hay algo que me parece importante hacer notar: en primer lugar se trata de resolver el problema de la vivienda en el caso de

personas de muy bajos ingresos. Ahora

bien, la población urbana que tiene ingresos inferiores que no le permiten adquirir una vivienda está formada, en su mayor parte, de migran tes rurales que han venido a la ciudad sin ninguna capacidad de trabajo. De modo que no tienen manera de realizar un trabajo urbano in tegrándose a las

comu-nidades "marginadas" como nosotros las

llamamos. El único modo de resolver ese

problema es a través de urbanizaciones

clandestinas fuera de la ley, o por medio de invasiones a terrenos particulares o terrenos oficiales construyendo ellos mismos refu-gios rudimentarios que, poco a poco van desapareciendo a medida que los ingresos familiares van mejorando. Entonces aparece

un tipo de habitat, por decirlo así, de

barrio típico latinoamericano que creo exis-te también en otras parexis-tes del continenexis-te, y que es lo que se conoce con el nombre de los "desarrollos espon táneos", es decir ba-rrios que han crecido en una forma natural, o sea, sin normas y que poseen algunas características particulares como la de estar integrados por gente joven. Gente que ha venido del campo en busca de aventura, en busca de una nueva vida y que tiene espí-ritu de superación. En efecto, estas comuni· dades han demostrado que son capaces de superarse, en cierto modo, y de mejorar

con el tiempo. Existen hoy día barrios

enteros en Colombia que, al ser visitados pueden ser ampliamente criticados desde el buyendo a un cambio que es absolutamente

necesario e indispensable en nuestros paí-ses. Solamente cambiando de actitud radi-calmente y con los conocimientos que tiene el arquitecto en materia urbana y con su sensibilidad -si la tiene- puede llegar a hacer grandes cambios, cambios

fundamen-tales cambios estructurales. Solamente en

mo~entos

en que junto con otros

profesio-nales llegue a los cuerpos colegiados para cambiar las leyes, las ordenanzas. Es decir, este ejercicio doble de la profesión lo consi-dero indispensable, totalmente necesario en nuestros países. Y en ese sentido me parece que no se les está inculcando esta concien-cia a los alumnos de las escuelas de arqui-tectura. Están saliendo arquitectos bien pre-parados desde un punto de vista técnico, estético, de buena orientación

arquitectó-nica. Pero lo que estamos creando son

arquitectos que no van a poder ejercer su profesión sino en un campo muy estrecho, muy limitado, que es el campo del ejercicio privado de la profesión, cuando en realidad tienen la obligación de romper esa torre de marftl donde viven los profesionales y salir al mundo real, a trabajar en otros campos, aunque se trate de disciplinas a las que no estamos acostumbrados.

B. Bueno, ahora una última pregunta de

carácter técnico y luego pasamos a otras de

carácter más estético. Me interesaría tu

opinión sobre los procedimientos construc-tivos que se usan -o deberían usarse- en América Latina, entre otros: la prefabrica-ción.

S. La pregunta me gusta, pero creo que debo hacer antes una explicación previa. La mejor manera de dar una contestación con-creta a esto de la prefabricación -que tiene una importancia internacional- me parece

que es contar el caso del concurso que la~

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punto de vista estético o arquitectónico, pero que en lo que respecta a la construc-ción reflejan una buena calidad, poseyendo

instalaciones completas y servicios de tipo

comunal como escuelas y centros de adul-tos compleadul-tos. Son barrios que resultan más o menos vivibles y que nadie ereerj¡ que hace diez o quince años fueron barriO! de invasión. Esos barrios se construyeron

poco a poco y me parece que lo que

pudiéramos llamar su desarrollo progresivo es una idea que habrá que tomar en cuenu en el futuro para el planearniento de las ciudades. En efecto se ha comprobado que

la gente puede hacer su vivienda y puede

llegar a tener un barrio y un ambiente

adecuado si le dan el tiempo para ello.lo

que no se puede hacer es lo que se está

haciendo hoy día: que es construir lOí barrios y después llevar la gente, pidiéndok una determinada cantidad de pago par.

cancelar, en plazos, su deuda. Hoy dfa!al

ciudades se hacen, primero instalándose¡

vivir en un refugio primitivo, y a medid, que se va pudiendo, no sólo se van desa·

rrollando las viviendas sino también 105

barrios.

Pues bien, con esta idea, las Naciones

Unidas, ha querido plantear nuevos tema;

a los arquitectos. Y también desde un

punto de vista urbanístico se pueden plan·

tear nuevas alternativas. Las bases del con·

curso de Lima tenían como earacterístie< que no se podían disefi.ar construccionei

multifamiliares sino que esas viviendas

ti-nían que ser individuales. Y la razón es qUi la vivienda típica de todos los barrios lar, no americanos de los suburbios es la vivien-da individual. Entonces la pregunta era ' de ver si los arquitectos son capaces di

desarrollar un tipo de vivienda similar a1

que hace la gente pero con un planeamien-to y una técnica adecuada a los tiempo;

modernos. Ese fue el reto planteado eí

Lima.

Ahora bien, si tomamos la historiade!

urbanismo desde el siglo pasado, podemo¡

detectar dos grandes tendencias que son:b

primera la de la dudad-jardz'n inglesa que

ha tenido, naturalmente, gran importancia

en la arquitectura norteamericana -la aro

quitectura de suburbio- y que ha influido notablemente también en la arquitectu12 latinoamericana. Prácticamente, los regla· mentas de las ciudades latinoamericanas están basados en los principios de la ciu· dad-jardín inglesa. Sin embargo, más tarde. se concretaron con más claridad los princi· pios de un nuevo urbanismo en los docu, mentas del CIAM. Los arquitectos europeOi como Le Corbusier, Mies van der Rohe.

Gropius de ftnieron , en efecto lo que

po-dríamos llamar la ciudad-jardz'n vertical,cu'

yos principios se han extendido universal,

mente. Entonces podemos decir que lai

tendencias en nuestras ciudades reflejan

esos dos movimientos. Por un lado en

barrios residenciales se trata de aplicarb

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que estas dos que acabo de defmir: el concurso de Lima tuvo la enoone impor-tancia de plantear, al fm, una alternativa nueva.

Se trataba allí de buscar una vivienda baja, individual, pero de alta densidad. La pregunta era: ¿es posible o imposible lograr-la? Creo que se pueden obtener hasta diez viviendas individuales por hectárea. Con edificios multifamiliares se obtienen hasta 80 y 100 viviendas por hectárea. Hay que hacer notar que con este nuevo sistema de vivienda baja de alta densidad -preconiza-do ya en algunos países europeos- se pue-de duplicar, triplicar el número pue-de viviendas de la ciudadjardín tradicional sintener que recurrir a la vivienda alta. La vivienda en altura tiene sus ventajas pero tiene una desventaja para el tipo de comunidades de las que estamos hablando y es que no se puede construir por etapas, que no se pue-de empezar a construir por cuarto, o sea irse transfoonando y agrandando poco a poco. La tradición latinoamericana de la casa es ésa: la casa es un patrimonio para la familia, es algo que se adquiere al comienzo y que se quiere mantener toda la vida. Es algo que crece con los hijos e inclusive se subdivide en tal foona que los hijos casados pueden peonanecer en la vivienda. Enton-ces la vivienda multifamiliar, el departamen-to, es algo demasiado rígido y no permite ese tipo de cambio.

El concurso de Lima planteaba esta solu-ción en una foona clara y radical. No se permiten viviendas multifamiliares, tienen que ser viviendas individuales. Pero el con-curso exigía una densidad mínima y todos los proyectos que se presentaron tenían características completamente nuevas debi-do a este planteamiento. Y ése es el gran aporte del concurso. No tanto las solucio-nes particulares de cada uno de los proyec-tistas, sino lo que es esencial es el hecho de haberse llegado en todos los proyectos a densidades de 50 viviendas por hectárea con casas individuales.

Ahora bien, con este planteamiento po-demos aspirar a un tipo de arquitectura y urbanismo que se acerque fmaImente a lo que están necesitando nuestras ciudades, en el sentido de volver a encontrar la escala humana. Porque si se quieren aumentar densidades con viviendas pequeffas hay que acercarlas las unas a las otras y entonces el automóvil no puede ya penetrar a cada casa yencontramos de nuevo una escala que se había perdido en las ciudades contemporá-neas. Tiene que haber grandes sectores de-dicados exclusivamente a los peatones (en todos los proyectos aparecen), y si se llega-ra a ejecutar este plan encontllega-raríamos esta ventaja: un urbanismo en el cual el hombre llega a ser el foco y la razón del diseño mismo. Encontraríamos también un tipo de ciudad que va creciendo. Las casas se han proyectado para que puedan comenzar con un número mínimo de metros cuadrados -30, 40- Yllegar a ser una casa completa de 100 o 120 metros cuadrados (para una casa modesta).

En estas condiciones -para llegar a lo que me preguntabas antes- creo que la prefabricación es de una gran utilidad siem-pre y cuando se dirija a cierto campo. A

mí me parece que hay dos campos en materia de prefabricación: lo que se llama la prefabricación pesada y lo que se podría llamar la prefabricación liviana. Además, yo más bien diría que el término prefabrica-ción no es el más adecuado y propondría, en cambio, el término industrialización de la construcción. En el concurso de Lima, por ejemplo, se plantearon soluciones de prefabricación pesada. Yo creo que es una solución inadecuada para ese tipo de vivien-da. Producir un prototipo: es decir, un modelo de vivienda que se fabrica fuera de la obra -en una fábrica-, que se transporta en su totalidad o en partes por medio de elementos mecánicos pesados y que se colo-ca en muy poco tiempo... me parece un tipo exótico, totalmente exótico, de cons-trucción para nuestros países. Estaríamos técnicamente adelantados para realizarlo pe-ro yo creo que no es appe-ropiado. Me parece que la prefabricación y la industrialización que nosotros necesitamos es la de elemen-tos pequeffos. Elemenelemen-tos que se puedan producir en gran cantidad y que no requie-ran del diseño de un modelo prefijado. En una palabra, producir elementos que se puedan colocar, disponer y utilizar en

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puede llegar a serlo si se la maneja bajo la foro ma de elementos pequeños realizados en esca· la masiva lo que debe permitir su abaratamien· to y la posibilidad de que la gente los pueda utilizar de manera libre e independiente.

B. Hasta ahora hemos hablado de la técnica. Ahora vayamos ya al campo de lo estético. En América Latina ha habido mo-numentos indígenas y coloniales que pare-cen habemos expresado -a veces muy bien- en lo que tenemos de culturas origi-nales. Mi pregunta es: ¿hay que tratar de conservar algo de esas formas -más como "espíritu" que como copia servil-, hay que conservar técnicas o algunos materiales de-terminados, o hay que olvidarse de todo eso e integrarse a un movimiento interna· cional contemporáneo? ¿Cuál es tu senti-miento al respecto ...?

S. Se me ocurre pensar primero en algún movimiento de tipo nacionalista -como el de México- en que se quiso explotar, por decir así, la cultura precolombina. Y en edificios modernos, de concreto armado colocar grandes murales en los cuales se recordaban las culturas azteca, maya o cual-quiera de las otras. Hay que reconocer que los mexicanos ya pasaron por esa época y la superaron. Para mí es un error monu-mental ese tipo de arquitectura que trata de "revivir", que trata de transportar, de cambiar de época una cultura que ya no puede existir. Es decir, el traslado formal de una época a otra me parece una grave equivocación. Pienso, en el caso de Colom· bia, en la tendencia a buscar un tipo de arquitectura que utiliza ciertos materiales regionales. Como principio no me parece que sea errado el utilizar materiales que se consigan en la región; inclusive me parece un principio sano. Sé que lo están siguien· do ya con éxito en otros países del mundo: en España hay ejemplos de eso. Creo tamo bién que se pueden utilizar las técnicas regionales. Lo que me parece peligroso -y tan peligroso como el caso mexicano que menciono- es el folklorismo, es decir que, por el hecho de que sigamos consiguiendo materiales que se encuentran o producen en una región, se utilicen también formas y técnicas que ya no tienen razón de ser. Estaremos en el caso de una especie de arquitecturaneocolonial que está surgiendo ahora peligrosísimamente en Colombia y que también sería un error que de ninguna manera debemos cometer. A pesar de lo cual, yo sigo creyendo que nosotros no hemos podido superar aún la justa escala de los ambientes urbanos ni la antigua adapta.

Ción al clima. Como herencia de los españo-les tenemos un urbanismo muy adecuado, una arquitectura que, de hecho, resulta de una alta densidad, en fm un tipo de casa "introvertida" que crece alrededor de pa-tios y cuyo secreto parecemos haber per-dido definitivamente. Hemos adoptado el patrón nórdico o norteamericano de la casa "hacia afuera" y un urbanismo y una arqui-tectura que son producto del automóvil: calles amplias, casas ante jardines. Todas esas cosas e incluso el tipo de reglamentos que tienen las ciudades nuestras, considero que son totalmente inadecuadas a nuestra pobre economía y a nuestra más profunda manera de ser. Hay un campo completa· mente inexpresado que descubrimos los arquitectos cuando nos damos cuenta que podemos regresar a una arquitectura que mantenga en su espíritu el de la arquitectu. ra colonial. Las casas de la época Colonial eran casas tipificadas. Esta tipificación po· dría ser adecuada en una época que puede prefabricar e industrializar la construcción. Las casas coloniales estaban hechas "para adentro" y, por consiguiente, se podían adosar las unas a las otras y, por lo tanto, no requerían jardines, antejardines ni calles amplias. Y, no obstante, la reunión de esas casas podía constituir una arquitectura uro bana. El aumento de densidad, al que fatal· mente tendremos que llegar, sólo se puede alcanzar con un tipo de arquitectura de esta forma. Lo que es curioso y lo que resulta irónico es que los ingleses -creado· res de la ciudad-jardín que influyó tan nefastamente en nuestras ciudades- son los mismos que han inventado el término de

house·towns (que se opone al antiguo de

garden-towns) cuando han tenido la necesi· dad de hacer nuevas ciudades y han llegado a la conclusión de que las bajas densidades les producían unos grandes costos. Y han vuelto ahora a las casas en fIla tratando de recrear los espacios urbanos que se habían considerado como perdidos defmitivamente. Yo creo que los principios del CIAM deben ser totalmente revaluados y expulsados de nuestro urbanismo, el cual tiene que tomar rumbos nuevos. Yesos rumbos nuevos son principios que tenemos a nuestra vista por· que muchos de ellos están contenidos muy claramente en la arquitectura de la Colonia, en su urbanismo del cual podemos sacar aún ahora frutos muy grandes.

B. Ahora ya voy -para terminar- al campo francamente personal: como arqui-tecto, ¿qué persigues...?

S. Como decía al principio, ejerzo mi

profesión en dos campos diferentes. Por consiguiente, si hablo del ejercicio liberal de la profesión en lo que se refiere al diseño tengo un objetivo muy claro en mente: aspiro a hacer una arquitectura de una gran sencillez, de una gran simplicidad. una arquitectura de elementos esenciales. Conscientemente lo hago porque creo que

un país pobre no se puede dar el lujo de tener cosas que no necesite. Yo creo que

un proyecto se puede desarrollar a base de explotar sus elementos esenciales. No Illt

atrevería a decir que es una arquitectura

esencialista la mía, ni diría tampoco queel

una arquitecturafuncional. Simplementedi· go que se trata de una arquitectura qllf busca desarrollar los aspectos que le SOt

básicos, privándose de todo lo superfluo. No soy partidario del exceso de imagin~ ción; estoy en contra de todo este movi-miento arquitectónico mundial en quese

persigue a toda costa un cambio por ei

cambio. Nuestros países no necesitan ese tipo de arquitectura y creo que, a lalarga, la arquitectura que perdura es aquella enj¡

que no hay nada de que lamentarse poste· riormente. Todo aquello que se pueda qui· tar, mejor dicho: todo aqueno que no el

necesario poner no debe ser nunca coloca· do en un proyecto arquitectónico. Esto lo hemos tratado de aplicar en nuestros pro· yectos que son absolutamente simples. En los edificios altos, la técnica y la estructura son la expresión misma del proyecto. EL otros edificios que hemos realizado,com~ el Museo del Oro, de Bogotá, lo quelu contado para nosotros es "mostrar la pie. za" no tanto una exhibición estructura! atr:vida ni el lucimiento de un

espac~

bello en sí: queremos simplemente quese

vea la pieza expuesta. En ese caso se tral, verdaderamente de una arquitectura "deS3J' quitecturizada": la buena arquitectura --er, este caso particular- es la que no existe.En el caso de la bibliotecaLuis Angel Arango

también de Bogotá, quisimos crear el

am

biente "para oír bien", un ambiente cómo-do y agradable para la música, en elcuall~

que destacamos fundamentalmente fue el espacio interno. Por eso nuestras construc· ciones son de una gran simplicidad. Me

recuerdan en cierto modo las tesis de Adoli Loas, o el famoso purismo de Le Corbusiel

Referencias

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