1-Introducción. Características generales del yacimiento:
Dentro del análisis del paisaje arqueológi-co en Asturias, la minería romana representa un alto porcentaje de elementos básicos a la hora de plantearse la evolución del territorio. Este es el caso de una serie de explotaciones auríferas con-centradas en el concejo de Salas y localizadas en las localidades de Ablaneda, Quintana y Carlés1.
Dichas explotaciones son conocidas desde antiguo, si bien mediante meras referencias desde el punto de vista geológico. Así, G. Schulz y A. Paillette, entre otros, realizan entre 1849 y 1852 una descripción básica de las explotaciones en su obras ya clásicas sobre la geología del norte penin-sular2, pasando posteriormente prácticamente des-apercibidas para la erudición asturiana3.
Según estos autores, las evidencias de Quintana apuntan a un lavadero antiguo de oro que se encuentra a unos 17 kilómetros al sur de Salas, es decir, una explotación de placeres fluvia-les que podría trabajarse mediante la técnica del bateo. Por su parte, en Carlés nos encontramos ante una corta a cielo abierto sobre filón/stock-werk, en donde aparecen filones de pirita entre el granito compacto y la diorita4.
El cuanto al complejo minero que aquí analizamos, el de Ablaneda, representa un elemen-to en el paisaje de especial importancia por dos razones. Por un lado, tenemos una extensión de las obras de ingeniería minera que, interconectadas, son de unas dimensiones extraordinarias, mientras que por otra parte, pocas veces podemos encontrar una diversidad tan amplia de técnicas mineras en este tipo de obras, dentro de lo que es la misma explotación, reforzando así el interés científico del yacimiento como emplazamiento ideal para anali-zar la evolución de los diferentes sistemas de
inge-niería romana en el norte Peninsular.
Schulz y demás autores lo describen como una corta a cielo abierto sobre filón/stockwerk5, localizándose los trabajos de laboreo en Pozo Cellerico y Cueva de los Gentiles, llegando el agua por tres acequias6.
La explotación se encuentra a unos 900 metros al noroeste de Ablaneda, sobre el flanco del Alto de Corrales, abierta sobre esquistos, y próximas a una brecha ferruginosa con elementos silíceos. Paillette y Schulz creyeron en principio que se trataba de una antigua mina de estaño, pero tras su conocimiento de otras minas auríferas astu-rianas finalmente la publicaron como mina de oro. Podemos hablar en líneas generales de hasta tres grandes frentes, que pueden estar haciendo referencia a diversos momentos de la explotación, pero que coinciden en su estructura básica de planteamiento.
La diferencia de altura entre la fuente de energía utilizada, como en el caso del antiguo gran lago de Les Mueches, y las cortas mineras, situa-das con diferente orientación a más o menos dis-tancia de este punto de origen de energía hidráuli-ca, permitía -mediante la construcción de un con-junto de canales excavados en la roca y otros com-plementados con taludes laterales de contención-trasladar grandes cantidades de agua hacia las diversas explotaciones.
Dentro de este sistema, existen datos constatados sobre la utilización también del mode-lo de ingeniería denominado como ruina mon-tium7, con galerías interiores, así como la presen-cia en el punto de origen de Les Mueches, de un dique de contención del agua del lago, con varias bases de piedra, hoy casi desaparecidas, a las que habría que sumar, siguiendo una función parecida, diversos sistemas de vallados de madera
detecta-Nivel Cero, 11
Santander, 2003-2007
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“ANTIGUAS”
Y CANALES. EL COMPLEJO MINERO ROMANO
DE LES MUECHES-ABLANEDA (SALAS, ASTURIAS)
dos a través de los abundantes postes que han apa-recido en las tierras de labor junto al antiguo lago8.
La problemática cronológica de los diver-sos elementos estudiados y la omnipresente posi-bilidad de que puedan corresponder a diversas fases de explotación, es también en nuestro caso, uno de los problemas a resolver en el futuro. A este respecto, si bien no disponemos de elementos cro-nológicos concretos, como monedas, asociados a las explotaciones, tal como podemos encontrar en otros conjuntos mineros, detectamos un área arqueológica de hábitat romano y medieval en Ablaneda, vinculada de forma directa al mayor de los frentes mineros, y que abren la puerta, al menos, a una evidente posibilidad de obtener un contexto cronológico para la mayor estructura minera de los tres frentes del complejo.
2- Contexto geográfico y humano del área de estudio:
El área de estudio se halla sobre un terri-torio de cierta altura relativa (media de 600-800 metros), formado por sierras llanas que convergen en valles de carácter apalachense, con una pen-diente que se agudiza en menor altitud a medida que nos acercamos a sus límites, convergiendo arroyos y vías de comunicación en valles principa-les a menor altura y de mayor importancia en cuanto al poblamiento humano se refiere, como es el caso del Narcea al oeste y el de Nonaya al norte.
En conjunto, por lo tanto, el territorio de Salas muestra una orografía montañosa, muy acci-dentada y de carácter homogéneo, perteneciente a la unidad estructural herciniana denominada Anticlinorio o Antiforme del Narcea9que, partien-do del área de Cudillero, pasa por Tineo y Leitariegos y entra en contacto con los materiales de la cuenca del Duero. Dicha unidad, muy des-gastada por la erosión y que funciona como enla-ce de la zona asturoccidental leonesa y del resto del Macizo asturiano, fue levantada en bloque por las fases tectónicas terciarias y atacadas de nuevo por la erosión diferencial sobre un roquedo com-puesto casi íntegramente por cuarcitas y pizarras, resaltándose de esta manera los relieves de las pri-meras sobre la plasticidad de las segundas.
Nos encontramos dentro de la zona astu-roccidental-leonesa perteneciente al macizo hes-périco septentrional10. Limitada entre las grandes estructuras antiformales del Narcea y del Ollo de Sapo, caracterizándose esta zona por la
continui-dad y el gran desarrollo del Paleozoico inferior. Cámbrico, Ordovícico y Silúrico que, como ya hemos visto, son pizarras con alternancia cuarcíti-cas apoyadas sobre un Precámbrico esquistoso en Mondoñedo y sobre porfiroides de origen volcáni-co y turbiditas en la Antiforma del Narcea. Escasean las calizas y tampoco son abundantes los granitos.
Un paisaje sin duda periférico, por su ale-jamiento de las vías de comunicación, así como por su altitud, que ha propiciado desde tiempos medievales la presencia de poblaciones vaqueiras, especializadas en la explotación de la economía ganadera en estas sierras mediante el sistema de alzada.
Este contexto explica la ubicación en las zonas más llanas -protegidas del viento y con un acceso directo a las zonas de mayor irrigación que permiten una ganadería más intensiva, así como una explotación agrícola de autosuficiencia- de las cinco localidades del territorio en estudio como son La Bouga, Casandresín, La Llana, Cueva y Curriquera, quedando a menor altura, en plena vía de comunicación entre los valles del Nonaya y Narcea, la localidad de Ablaneda, que parece haber constituido el centro industrial y poblacio-nal del complejo minero en época antigua.
En cuanto a su evolución histórica11, el primer poblamiento constatado, quizás por las evi-dentes implicaciones en la explotación ganadera de este tipo de paisaje, es el de la Prehistoria reciente, con varias áreas donde se han localizado materiales líticos al aire libre (Naviego y Bodenaya), así como tres grandes conjuntos tumu-lares, Bodenaya, Idarga y Calabazos, que copan las alturas de lo que va a ser posteriormente el área de explotación en época romana. De especial inte-rés es reseñar la presencia de un hacha del Bronce Pleno y cuatro del Bronce Final en el concejo.
la base del poblado, defendido por un foso de unos 55 metros de largo por tres de ancho, que corta el acceso a la zona superior. Su entorno inmediato está vinculado hoy en día a la ganadería aunque dispone de tierras de cultivo que se han explotado hasta épocas recientes.
En el caso de la Peña El Culladón, esta-mos ante un pequeño recinto fortificado sobre un espolón rocoso que domina el valle del Narcea. Si bien su pequeño tamaño y su orientación de con-trol del valle nos hacía pensar en su momento en que podíamos estar ante una torre medieval, hemos de resaltar la existencia de dos líneas de muralla, algo inusual en las defensas de las torres roqueras medievales en la región, y que sí hemos observado en castros de mayor tamaño como el del Picu la Forca en Grado por ejemplo.
La anchura actual de los derrumbes de las líneas de muralla se sitúa entre los diez y doce metros, con una longitud de la defensa que llega hasta los 69 metros. Parece que la roca madre se encuentra muy cercana a los restos, aflorando en buena parte de la superficie y quedando relegados los niveles arqueológicos -en las zonas que hemos podido visitar y en que se puede observar algún corte- en paquetes estratigráficos de no más de medio metro y textura arcillosa. La longitud del recinto interno llega a los 50 metros, aunque algu-nos de sus sectores parecen completamente estéri-les desde el punto de vista arqueológico14.
3- La laguna de Les Mueches y la presa del Morón:
También denominada como laguna de Molina, esta actual zona pantanosa con una base de arcillas de gran calidad fue el punto de origen de la energía hidráulica utilizada en el sistema de explotación minero.
En la actualidad la zona pantanosa, con una escasa potencia acuífera visible desde la superficie, ocupa un área de unos cuatrocientos metros de largo por otros cuatrocientos de ancho aproximadamente, siendo el origen de arroyos de cierto caudal y amplia longitud como el de Ojo Verde, que en parte se han desarrollado siguiendo los antiguos canales mineros.
El pantano forma una gran cubeta natural, que converge a modo de embudo en un punto, conocido como el Morón, derivación toponímica del Murón y lugar donde se construyó un dique
para aprovechar y controlar la fuerza del agua pri-mero con fines mineros y después con utilidad local para actividades de molienda, tal como seña-la el topónimo de La Molina referido al pantano. Algunos muros en la zona de embudo, que pare-cen corresponder a estructuras modernas, podrían confirmar esta última finalidad.
La delimitación del pantano en tiempos antiguos que realizaron los autores de la carta arqueológica local, tomando las cotas superiores del antiguo muro de contención de agua de la explotación romana, suponían un eje mayor del pantano de unos 1000 metros, por otros 700 de eje este-oeste, con una extensión de 42,8 hectáreas y una profundidad máxima en el sector central de entre 4,5 y 5 metros15.
Siguiendo igualmente las indicaciones de estos investigadores, el dique de contención de una extensión tan grande de agua sería visible par-cialmente a comienzos de los años noventa y ten-dría una extensión de unos 66 metros de longitud por unos 10 metros de anchura de media. Durante nuestro reconocimiento del área de embudo de la laguna, si bien hemos observado una extensa línea que conduce el agua hacia la boca del dique, no se apreciaron restos constructivos más que en la misma boca, con bloques de cuarcita descolocados que parecen haber formado parte del conocido Moróno presa, y que han sido reaprovechados de forma masiva para la construcción de cierres en los aledaños del pantano.
Las abundantes noticias orales sobre pos-tes de madera que habrían aparecido en la zona, provenientes de la laguna, parecen proceder de la misma boca de desagüe del pantano, lo que los vincularía con una estructura de madera que haría de complemento del muro de contención o bien como canal en altura. Estas noticias las hemos documentado en La Molina con abundantes deta-lles, junto a información sobre el carácter combus-tible de las arcillas actuales de la laguna y la exis-tencia de un bloque de piedra trabajada que según la tradición oral de la zona perteneció a algún tipo de “asiento antiguo de los romanos”.
4- Canales y frentes de explotación que parten de Les Mueches:
Las “antiguas” del Rañadoiro
y compuesto por tres canales en altura, que evitan el arroyo colindante, con la intención de desviar la fuerza del agua hacia las tierras llanas de Rañadoiro y el Alto la Cruz, carentes de frentes definidos y donde, o bien, la intención era extraer oro mediante el lavado por la lenta erosión de la ladera, o estamos ante un sistema de irrigación de montaña, con canales múltiples y de cronología desconocida, fuera de un contexto arqueológico en lo que a minería se refiere.
De los dos canales hoy visibles, habien-do desaparecihabien-do casi por completo el situahabien-do en cotas superiores, podemos afirmar que tienen tanto distancia como medidas muy similares, con dos kilómetros de largo y unos dos metros de ancho, observando en este caso por primera vez la existencia de muros de contención, que habrían servido para reducir la necesidad de excavaciones en la roca. Esta técnica, pese a la posibilidad apun-tada anteriormente de estar ante un sistema de irri-gación de pastos, tal como hemos observado en los altos de Sigüeiro, en Cangas del Narcea, tienen un origen claro en la minería antigua, observándo-se en observándo-sectores del mismo complejo de Ablaneda, cuya funcionalidad minera no tiene dudas.
La escasa diferencia de cotas entre el ori-gen de los canales del Rañadoiro (650 metros) y su final en las laderas de la Llerona (600 metros) demuestran que la finalidad de las canalizaciones no era proporcionar una potencia en el recorrido del agua sino más bien buscar simplemente el des-plazamiento de la misma, lo que encajaría con la técnica de lavado continuo de mineral.
Los canales de Bodenaya
Es sin dudad un tramo complejo en la identificación del sector minero, debido a la posi-bilidad de que alguno de los tres canales señalados en la carta arqueológica local y que se identifican como “canales mineros de Bodenaya”16, sea en realidad, los restos de algún sendero que circunva-lando la sierra uniría las poblaciones de Ablaneda y las caserías ganaderas de la Bouga.
En líneas generales y pese a nuestras dudas sobre uno de los canales, estamos ante una red de vías de agua excavadas en la roca y parale-las a diferente altura, donde al cajeado en la roca natural se le unen diversos muros de contención, con una profundidad media de entre 50 centíme-tros y un metro dependiendo del tramo.
Dicho tramo se encuentra hoy en día en
muy mal estado debido a la vegetación de matorral bajo que crece en las laderas de la sierra de Bodenaya.
Una de las secciones correspondientes a uno de estos canales, obtenidas durante las pros-pecciones del complejo minero, mostraba hace varios años una secuencia en cinco niveles, que iban de una leve capa de humus (recordemos el contexto rocoso de estos canales), hasta un lecho de piedras pequeñas sobre la roca base, cubierto a su vez, por hasta dos capas de arcilla, interpretadas como lechos artificiales que habrían servido de canal para el agua traída de Les Mueches17.
Calificados como antiguas en la toponi-mia del entorno18, y dando nombre a uno de los montes que recorren denominado Carrales, se dis-tinguen por su conservación dos de los tres cana-les que cruzan la sierra.
El primero de los tres canales, en base a su ubicación, es la denominada Antigua de en medio, con una altitud de 523 a 512 metros de altitud, dis-pone de un lecho formado por piedras, posible-mente caídas de alguno de los muros de conten-ción que bordeaban el canal, y que llega a tener un par de metros de anchura en alguno de los tramos. El canal superior, poco visible en la actua-lidad, sigue unas cotas entre los 595 y 570 metros de altitud, con varias decenas de metros que se suponen excavados en roca.
Finalmente está el denominado Canal de arriba19, en el que nos planteamos la posibilidad de que se trate de un antiguo camino actualmente deformado por la erosión y la pendiente natural de alguno de sus supuestos tramos, y no de una caja en roca de canal minero.
Los “ Carrales” de Ablaneda
Tanto los canales como los frentes de explotación de la zona de Ablaneda son de una cierta complejidad en la definición de sus límites y trayectos debido al actual paisaje cubierto de una densa vegetación en buena parte de las laderas de las que proceden noticias de explotaciones.
natu-rales.
El lugar denominado como Pozo Cellericosparece ser uno de los epicentros de este sector de la explotación, con una brecha artificial en ladera, a modo de gran vaciado de terreno con un frente de casi 300 metros de longitud, al que llegan diversos canales que pueden intuirse entre la vegetación, y que según cuentan vecinos de la zona podían verse con mayor claridad en épocas pasadas.
5. La estación minera de Ablaneda:
El conjunto de Ablaneda está constituido por hasta tres frentes de explotación - englobados en el mismo valle y con la misma captación de aguas procedentes de Les Mueches-, y hasta dos centros poblacionales, que parecen corresponder en un caso a una estación minera o pequeña villa anexa a las explotaciones, y a una zona de difícil prospección por la vegetación actual que cubre la colina, y que podría ser otro emplazamiento de hábitat, denominado La Artosa, esta vez en altura, en el entorno de una colina que vigila a escasa dis-tancia la estación o villa de Ablaneda.
De este mismo conjunto provienen los únicos datos materiales y cronológicos que pue-den adscribirse a las minas, como es por un lado la noticia sobre el hallazgo de cerámicas y restos humanos de Ablaneda20, y asociados a ellos el epí-grafe oicomorfode Flaus Cabarcos:
Flaus / Auledi f(ilius) / Cabarc / us C(astello) Beri / so an(norum) / XV. H(ic) s(itus) e(st)21.
Se trata de uno de los epígrafes que han formado parte del debate sobre la constatación del hecho de que la organización en castellum tam-bién se encontraría, al menos, en la parte occiden-tal del Conventus Asturum. Si bien para el territo-rio de los astures se había venido sosteniendo que la influencia de los castellase establecía al oeste del Navia22, la documentación epigráfica ha veni-do a demostrar que esta organización rebasa los términos galaicos llegando hasta los astures23, a quienes, en líneas generales, corresponde una organización en gens. Así tenemos entre los testi-monios encontrados en la actual Asturias los casos de las lápidas de Nicer Clutosi(Vegadeo)24, la pro-pia de Ablaneda (Salas), la de Villaverde (Belmonte)25, la del soldado de origen astur
tras-montano Pintaius Pedilici26, y con mayores dudas la desaparecida de Villanueva (Cangas de Onís)27; mientras que entre los augustanos conocemos tes-timonios como los de San Andrés de Montejos28, el de las cercanías de Cacabelos29, las lápida astor-gana de Fabia Eburi30, el epígrafe de S. Esteban del Toral (Bembibre)31, así como el hecho de que la Civitas Lougeiorum32está formada por varias subcomunidades del tipo castellay que estas sean mencionados en el recientemente encontrado Edicto del Bierzode Augusto33, en donde se pone en evidencia la coexistencia de castellay de gen-tes, indicando que una genspodía incluir a varios castella34.
Los diversos estudios sobre estos epígra-fes apuntan hacia el mantenimiento de este tipo de organización en la epigrafía del norte peninsular hasta finales del siglo I d.C. o principios del II, mientras las referencias sobre unidades parentales perduran en el resto del área indoeuropea hasta el siglo III d.C35. Ahora bien, como se ha señalado recientemente, el abandono del término castellum / castellanien la documentación epigráfica poste-rior a fines del siglo I d.C., no es indicativo del abandono de la función de los castellaen el marco de la ciuitasromana, “sino más bien de lo innece-sario de su uso epigráfico, cuando la realidad social y administrativa que reflejan fue plenamen-te asumida por las poblaciones locales”36.
A estas referencias debemos de sumar las noticias sobre el hallazgo de hornos, que habrían sido cortados por la actual carretera que cruza la población37y, ya en la localidad de Sobrerriva una serie de testimonios que han sido interpretados como una posible villa38.
En último lugar, señalar que próxima a la localidad de Ablaneda, en dirección a Salas, exis-te el topónimo Castiello, haciendo referencia a una terraza elevada anexa a la vía de comunica-ción, que presenta algunas referencias mitológi-cas39, y que creemos de gran interés a la hora de una posible identificación del lugar donde se loca-lizaron los abundantes hallazgos descritos en el siglo XIX, puesto que podría constituir la antigua estación minera y de hábitat.
reorgani-zación del territorio y de las comunidades que lo habitaban que podemos vislumbrar en una amplia zona minera de la Península que incluye tanto el noroeste como la Lusitania al norte del Tajo. Todo ello hace pensar que el punto de arranque debe de encontrarse en la profunda reordenación de época de Augusto, tal y como nos señala el Edicto de Augusto del Bierzo, con la conformación de una administración capaz de movilizar los recursos necesarios para la puesta en funcionamiento y mantenimiento de las infraestructuras necesarias para su laboreo. El Estado romana, mediante su explotación directa y el envío de unidades milita-res especializadas, sería su milita-responsable40.
Dentro de estas amplias reformas nos encontramos ante un fenómeno que, si no es nuevo en sí mismo dentro del panorama del proce-so de romanización de la Península Ibérica41, sí que cobra una especial significación en los territo-rios del Noroeste, como es el establecimiento de una red de poblamiento de carácter castreño que, reaprovechando lugares preexistentes o creándo-los ex novo, va a causar remodelaciones de calado urbanístico de tipo romano que, a su vez, estarían acompañados de grandes cambios sociales, políti-cos y económipolíti-cos entre la población indígena42.
Yacimientos como los leoneses de la Corona de Quintanilla, Huerña, Corporales, etc., nos apuntan cronologías tiberianas para el comienzo de las explotaciones auríferas43, mien-tras que en la zona asturiana, el castro de Chao Samartín permite adelantar la fecha –pese a lo que se pensaba hasta hace poco tiempo- al menos hasta los años centrales del siglo I d.C., avalando por lo tanto también aquí las cronologías de la época de Tiberio para el comienzo de las explotaciones44, si bien, muy probablemente, la fase más álgida de estas explotaciones –como en la mayor parte de las auríferas de Hispania- se producirá en época flavia45, cesando su actividad en todo el noroeste hacia el siglo III d.C.46, si bien algunos indicios pueden hacer pensar en la reactivación de veneros concretos a lo largo del siglo IV, probablemente como pequeñas explotaciones en su mayor parte47.
6. Algunas reflexiones a modo de conclusión: La complejidad del análisis territorial de este tipo de yacimientos auríferos contempla como una de sus dificultades la verificación de la categoría real de canalo de frente minero, puesto
que, en ocasiones, nos encontramos en realidad con cauces de antiguos arroyos o derrumbes natu-rales conocidos en la región como “argallos”, y esta es una dificultad a la que también en nuestro caso hemos tenido que hacer frente, de forma que hemos desechado, en contra de lo que en alguna ocasión ha sido dicho, la posibilidad de que algu-nos de los quiebros longitudinales existentes en el entorno inmediato de La Molina y Buspol tengan carácter arqueológico.
En el primero de los casos no hemos detectado canal alguno más allá de lo que parece ser un camino que facilita la ascensión al monte del Molinón. En lo que respecta a Buspol, tanto la prospección visual, como las noticias de los veci-nos, nos hacen desechar de momento la idea de la existencia de dos grandes canales a la entrada del pueblo.
Pese a todo, en líneas generales, parece que estamos ante uno de los complejos mineros de mayores dimensiones de la región, con un entra-mado de canales en múltiples direcciones y técni-cas constructivas que podrían estar mostrando diferentes fases cronológicas de su uso.
Desde el punto de vista de las tradiciones legendarias, las noticias sobre el hallazgo de pos-tes trabajados en el entorno de La Molina y Les Mueches pueden estar mostrando las siguientes posibilidades:
1- Se trataría de los restos de una presa construida en madera, sin poder determinar si se realizó antes de la estructura muraria actual o como estructura eventual de apoyo mientras se construía la de pie-dra.
2-Otra posibilidad, basada en el hecho de que las referencias a los hallazgos de parte de los postes apuntan a que no estarían tan cerca de la presa, podría ser que dicha estructura de madera consti-tuyó la base de un canal también de madera, a modo de acueducto, que ayudaba a salvar la altu-ra entre la laguna y el conjunto de canales que des-cienden hasta el gran frente de la La Artosa y Pozo Cellericos.
vinculados a las explotaciones mineras, con una pequeña fortificación en corona como Peña Culladón, orientada al control del valle del Narcea, ajeno al entorno inmediato de las explota-ciones, y un poblado como Peñachana, ubicado junto a las mejores tierras de cultivo de las tierras altas y que también está situado a cierta distancia de las explotaciones.
Pese a que están por aclarar muchos aspectos del complejo a través de futuros trabajos de carácter arqueológico, lo cierto es que las posi-bilidades de estudio del poblamiento minero en la zona son enormes, con un hábitat en altura en la Artosa, complementado con lo que parece una auténtica estación minera, más separada de los frentes de explotación y con una ubicación más cómoda sobre buenas tierras de cultivo en fondo de valle y anexa a la comunicación tradicional con los grandes valles del centro-occidente regional.
NOTAS:
1 - Tabvla Imperio Romani, Hoja K-29: Porto. Madrid, 1991, p. 92, bajo el genérico “Zona aurífera de Salas”; C. Domergue,Catalogue des mines et des fonderies de la Péninsule Ibérique. París, 1987, Tomo II, p. 445; C. Domergue, Les mines de la Péninsule Ibérique dans l’Antiquité romanine. Rome, 1990, O 21, pp. 42 y 202.
2 - G. Schulz et A. Paillatte, “Notice sur une pyrite stannifère (ballestérosite) et sur vuelques gisements d’étain en Espagne”,Bulletin de la Société Geólogique de France, 2éme s., 7, 1849-1850, pp. 16-25; A. Martínez
Alcíbar, “Examen de antiguos trabajos de explota-ción de minerales auríferos en Asturias y noticias sobre la Bellesterosita y la Plumbostannita”,Revista Minera, 1, 1850, pp. 33-50; A. Paillettte, “Recherches
sur l’histoire et les conditions du gisement des mines d’or dans le nord de l’Espagne”,Bulletin de la Société Geólogique de France, 2éme s., 9, 1851-1852, pp.
490-491; G. Schulz,Descripción Geológica de la Provincia de Oviedo. Madrid, 1858. Estos autores serán la base de
las descripciones posteriores contenidas en los tra-bajos de referencia sobre la Asturias romana, así C. Fernández Ochoa, Asturias en la época romana. Madrid, 1982, p. 98, núms. 43, 44 y 45.
3 - Este es el caso de una obra de referencia impres-cindible, como es la monumental Asturias dirigida por O. Bellmunt y F. Canella: F. Canella, “Salas”, en O. Bellmunt y F. Canella, Asturias. Su Historia y Monumentos. Tomo III. Gijón, 1900, pp. 432-433, donde se recogen sin relación alguna, por un lado, en lo referente a la riqueza del concejo, la presencia de oro, y, por otro lado, ciertos restos de época romana como la lápida de Ablaneda.
4 - Se trata de un yacimiento aurífero que se incluye en la tipología b de rocas carbonatadas próximas a pequeños cuerpos intrusivos, en relación con proce-sos de skarnificación: M. Gutiérrez Claverol, E. Martínez García, C. Luque, V. Suárez y F. Ruiz, “Gold deposits, late hercynian tectonics and
mag-matism in the northeastern Iberian Massif (NW Spain)”, Chronique de la Recherche Minière, 505, 1991, pp. 3-13; M. Gutiérrez Claverol y C. Luque Cabal, “Recursos Geológicos”, en C. Aramburu y F. Bastida (Eds.), Geología de Asturias. Gijón, 1995, p. 188. Sobre esta particularidad del Skarn de Carlés,
vid. F. Bastida, O. Suárez y J.A. Pulgar, “Geología del
Occidente asturiano”, en C. Aramburu y F. Bastida (Eds.),Geología de Asturias. Gijón, 1995, pp. 260-261. 5 - Sobre esta presentación de los estratos auríferos
vid. C. Domergue,Les mines de la Péninsule Ibérique dans
l’Antiquité romanine,op.cit., p. 28.
6 - C. Fernández Ochoa,Asturias en la época romana,
op.cit., p. 98, nº. 43; C. Domergue, Les mines de la
Péninsule Ibérique dans l’Antiquité romanine, op.cit., p.
478.
7 - Un buen resumen asequible sobre las técnicas utilizadas en la minería aurífera del territorio de los antiguos astures puede verse en F.J. Sánchez-Palencia, “Explotaciones auríferas en el Conventus Asturum”, en Indigenismo y Romanización en el
Conventus Asturum. Madrid, 1983, pp. 67-87, igual-mente en J.L. Maya González, “La explotación minera y la metalurgia romana en Asturias”, en
Historia de Asturias. I. Prehistoria e Historia Antigua.
Oviedo, 1990, pp. 193-212. En general sobre este tema la obra de referencia es C. Domergue,Les mines de la Péninsule Ibérique dans l’Antiquité romaine,op.cit.
8 - Referencias de los vecinos de La Molina. 9 - L. Mangas Villa, “El Concejo de Salas”, en
Geografía de Asturias. Tomo III. Oviedo, 1992, p. 54.
10 - A. Martín.Serrano, “Macizo Hespérico Septentrional”, en M. Gutiérrez Elorza (Coord.),
Geomorfología de España. Madrid, 1994, p. 26.
11 - V. Rodríguez Otero, “Carta Arqueológica del Concejo de Salas. Enero-Octubre, 1989”, en
Excavaciones Arqueológicas en Asturias. 2. 1987-90.
Oviedo, 1992, pp. 233-234.
234.
13 - A. Fanjul Peraza,Los castros de Asturias. Una revi-sión territorial y funcional. Oviedo, 2005.
14 - Los autores de la carta arqueológica de Salas apuntan el hallazgo de varios fragmentos de “terra-cota” y otros restos que son ilegibles debido a la mala conservación de las fichas del catálogo del concejo: V. Rodríguez Otero y J. Camino Mayor,
Carta arqueológica de Salas. Principado de Asturias. Consejería de Educación, Cultura, Deportes y Juventud. Oviedo, 1989 (Inédito). Como “terracota” entendemos arcilla rubrefactada, un elemento bas-tante común en yacimientos castreños ya sea como restos de las paredes de las viviendas (A. Fanjul Peraza, C. Fernández Rodríguez, Mª.C. López Pérez y A. Álvarez Peña, “Excavaciones en el castro de La Garba (Teverga), Asturias. Primeros trazos arqueo-lógicos del poblamiento castreño en la alta monta-ña”, en A. Fanjul Peraza, (Coord.),Estudios varios de arqueología castreña. A propósito de las excavaciones en los
castros de Teverga, Asturias. Salamanca, 2007, p. 53), o
como restos de pavimento (G. Adán Álvarez, “La intervención en el castro de Caravia de 1992: 15 años después”, en A. Fanjul Peraza, (Coord.),
Estudios varios de arqueología castreña. A propósito de las
excavaciones en los castros de Teverga, Asturias. Salamanca, 2007, p. 125).
15 - V. Rodríguez Otero y J. Camino Mayor, Carta arqueológica de Salas,op.cit.
16 - V. Rodríguez Otero y J. Camino Mayor,Carta arqueológica de Salas,op.cit.
17 - V. Rodríguez Otero y J. Camino Mayor, Carta arqueológica de Salas,op.cit.
18 - En Asturias, las explotaciones mineras moder-nas pueden aparecer con la expresión mina,El Pozu,
La Bocamina,El Cargaderu,El Plano,El Lavaeru, etc.,
pero no así las que se remontan a una época alejada en el tiempo. Las más viejas pueden llevar el nombre de L’Antigua,A Antigua,Las Antiguas, del latín anti-quus,a,um: X.Ll. García Arias,Toponimia asturiana. El
porqué de los nombres de nuestros pueblos. Oviedo, 2005, p. 617.
19 - V. Rodríguez Otero y J. Camino Mayor,Carta arqueológica de Salas,op.cit.
20 - C.M. Vigil, Asturias Monumental, Epigráfica y Diplomática. Oviedo, 1887, Tomo I, p. 513; V. Rodríguez Otero, “Carta arqueológica del concejo de Salas. Enero-Octubre, 1989”,op.cit., p. 234. 21 - CIL II, 5739; E. Hübner, “Inscripciones Ibéricas de Asturias”.Boletín de la Real Academia de la Historia, 30, 1897, pp. 226-236; C.M. Vigil, Asturias
Monumental, Epigráfica y Diplomática,op.cit., Tomo I, p.
433, Tomo II, Lám. Eb XII; F. Canella, “Salas”,
op.cit., p. 433; F. Diego Santos, Epigrafía romana de
Asturias. Oviedo, 1985, nº. 17, pp. 78-79. La lápida
procede de San Juan de Godán, a 1 kilómetro al nor-este de los trabajos del Alto de Corrales (C. Domergue, Catalogue des mines et des fonderies de la Péninsule Ibérique,op.cit., p. 445).
22 - G. Pereira Menaut y J. Santos Yanguas, “Ensayo de sistematización de la epigrafía romana de Asturias. Las unidades gentilicias”,Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, 105-106, 1982, pp. 104-105.
23 - Mª.C. González Rodríguez,Los astures y los cán-tabros vadinienses. Problemas y perspectivas de análisis de las
sociedades indígenas de la Hispania indoeuropea. Vitoria, 1997, pp. 92-93, señalando esta autora el que la lápi-da de Ablanelápi-da pertenecería a un emigrante lucense. De hecho,Flauses un antropónimo frecuente entre los galaicos y, así, por ejemplo, es uno de los que aparecen citados en la posible tabula censualisdel siglo I d.C. encontrada recientemente en el castro minero de Pelou, en Grandas de Salime: A. Villa Valdés, J. de Francisco Martín y G. Alföldy, “Noticia del hallazgo de un epígrafe altoimperial en el lugar de Pelou, Grandas de Salime (Asturias)”, Archivo Español de Arqueología, 78, 2005, pp. 271-274.
24 - F. Diego Santos, Epigrafía romana de Asturias,
op.cit., nº. 14.
Villaverde”, Boletín del Real Instituto de Estudios Asturianos, 144, 1994, pp. 695-700.
26 - CIL XIII, 8090; G. Baucchenss,Corpus Signorum Imperio Romani. Deutschland, III. 1. Bonn und Umgebung
Militärische Grabdenkmäler, 5. Bonn, 1978, Taf. 10. 27 - CIL II, 2711; F. Diego Santos,Epigrafía romana de Asturias, op.cit., nº. 59; G. Pereira Menaut y J.
Santos Yanguas, “Ensayo de sistematización de la epigrafía romana de Asturias. Las unidades gentili-cias”, op.cit., p. 26; estudios recientes descartan su inclusión en este grupo: F. Diego Santos, Epigrafía romana de Asturias, op.cit., p. 174; J. Mangas y M.
Olano, “Nueva inscripción latina.Castellay castellani
del área astur”,Gerión, 13, 1995, p. 346.
28 - F. Diego Santos,Inscripciones romanas de la provin-cia de León.León, 1986, nº. 30; M.A. Rabanal Alonso
y S.Mª. García Martínez,Epigrafía romana de la provin-cia de León: Revisión y actualización. León, 2001, nº. 46, Lám. XIII, 2, pp. 103-104; J. Mangas y M. Olano, “Nueva inscripción latina.Castellay castellanidel área astur”,op.cit., p. 343.
29 - F. Diego Santos,Inscripciones romanas de la provin-cia de León, op.cit., nº. 222; M.A. Rabanal Alonso y
S.Mª. García Martínez,Epigrafía romana de la provincia de León: Revisión y actualización, op.cit., nº. 158, Lám.
XXXVIII, 3, p. 215.
30 - T. Mañanes Pérez,Inscripciones latinas de Astorga. Valladolid, 2000, nº. 54, pp. 79-82; M.A. Rabanal Alonso y S.Mª. García Martínez,Epigrafía romana de la provincia de León: Revisión y actualización, op.cit., nº. 155, Lám. XXXVIII, 2, pp. 212-213.
31 - J. Mangas y M. Olano, “Nueva inscripción lati-na.Castella y castellanidel área astur”, op.cit., p. 339-347; M.A. Rabanal Alonso y S.Mª. García Martínez,
Epigrafía romana de la provincia de León: Revisión y
actua-lización,op.cit., nº. 4, Lám. I, 3, pp. 46-47.
32 - Mª.D. Dopico Caínzos, La Tabula Lougeiorum. Estudios sobre la implantación romana en Hispania. Vitoria, 1988, pp. 17-19, Apéndice, nº. 20.
33 - F.-J. Sánchez-Palencia y J. Mangas (Cords.), El
Edicto del Bierzo. Augusto y el Noroeste de Hispania. Ponferrada, 2000; L. Grau Lobo y J.L. Hoyas (Eds.),
El bronce de Bembibre. Un edicto del emperador Augusto del
año 15 a.C. Museo de León. Valladolid, 2001; M.A.
Rabanal Alonso y S.Mª. García Martínez, Epigrafía romana de la provincia de León: Revisión y actualización,
op.cit., nº. 304, Lám. LXXII, 1, pp. 334-335.
34 - J. Mangas, “Castellvm,gens y civitasen el Edicto de Augusto (15 a.C.)”, en F.-J. Sánchez-Palencia y J. Mangas (Cords.), El Edicto del Bierzo. Augusto y el Noroeste de Hispania. Ponferrada, 2000, p. 50.
35 - Mª.C. González Rodríguez,Las unidades organi-zativas indígenas del área indoeuropea de Hispania. Vitoria, 1986, pp. 93-101.
36 - J. Mangas, “Castellvm,gens y civitasen el Edicto de Augusto (15 a.C.)”, op.cit., p. 48. Como marco general de esta problemática P. Le Roux,Romanos de España. Ciudades y política en las provincias (siglo II
a.C.-siglo III d.C.). Barcelona, 2006, pp. 91-131, así como
Mª.D. Dopico Caínzos, “Política imperial y romani-zación: el papel de los pueblos indígenas del Noroeste Hispano”,Gallaecia, 25, 2006, pp. 427-443. 37 - V. Rodríguez Otero y J. Camino Mayor, Carta arqueológica de Salas,op.cit.
38 - F. Canella, “Salas”, op.cit., p. 433; V. Rodríguez Otero, “Carta arqueológica del concejo de Salas. Enero-Octubre, 1989”,op.cit., p. 235.
39 - Noticias proporcionadas por el etnógrafo Alberto Álvarez Peña.
40 - Sobre todas estas cuestiones: F.J. Sánchez-Palencia y Mª. Ruiz del Árbol, “Estructuras agrarias y explotación minera en Lusitania nororiental: la zona arqueológica de Las Cavenes (El Cabaco, Salamanca)”, en J.-G. Gorges y T. Nogales Basarrate (Coords.), Sociedad y cultura en Lusitania romana. IV Mesa Redonda Internacional. Mérida, 2000, pp.
343-358; Mª. Ruiz del Árbol Moro, La arqueología de los espacios cultivados. Terrazas y explotación agraria romana
Sastre, “Los castros y la ocupación romana en zonas mineras del Noroeste de la Península Ibérica”, en M.A. de Blas Cortina y A. Villa Valdés (Eds.), Los poblados fortificados del Noroeste de la Península Ibérica.
Formación y desarrollo de la Cultura Castreña. Navia, 2002, pp. 242-259; C. Fernández Ochoa y A. Morillo Cerdán,La tierra de los astures. Nuevas perspectivas sobre la implantación romana en la antigua Asturia. Gijón,
1999, pp. 59-61. La presencia militar en un momen-to temprano en diversos yacimienmomen-tos, tanmomen-to de tipo-logía castreña como del tipo turris, se puede detectar en la zona occidental y central asturiana gracias a hallazgos numismáticos que apuntan a cronologías tiberianas: A. Fanjul Peraza, L.R. Menéndez Bueyes y A. Álvarez Peña, “La fortaleza de Alesga (Teverga, Asturias): Una posible turris de control altoimpe-rial”,Gallaecia, 24, 2005, pp. 181-191.
41 - L.R. Menéndez Bueyes, Reflexiones Críticas sobre el Origen del Reino de Asturias. Salamanca, 2001, pp.
105-172.
42 - A. Orejas Saco del Valle, Estructura social y terri-torio. El impacto romano en la cuenca Noroccidental del
Duero. Madrid, 1996, pp. 187-189; F.J.
Sánchez-Palencia, A. Orejas e I. Sastre, “Los castros y la ocu-pación romana en zonas mineras del Noroeste de la Península Ibérica”,op.cit., pp. 242-259.
43 - C. Domergue, “Dix-huit ans de recherche (1968-1986) sur les mines d’or romaines du Nord-Ouest de la Péninsule Ibérique”, en Actas I Congreso Internacional Astorga Romana. Tomo II. Astorga, 1986, pp. 46-48; A. Perea Caveda y F.J. Sánchez-Palencia Ramos, Arqueología del oro astur. Orfebrería y minería. Oviedo, 1995, pp. 89-97; F.-J. Sánchez-Palencia (Ed.), Las Médulas (León). Un paisaje cultural en la Asturia Augustana. León, 2000; F.J. Sánchez-Palencia,
A. Orejas e I. Sastre, “Los castros y la ocupación romana en zonas mineras del Noroeste de la Península Ibérica”,op.cit., pp. 242-259.
44 - A. Villa Valdés, El Castro de Chao Samartín. (Grandas de Salime, Asturias). Guía para su interpretación
y visita. Grandas de Salime, 2005, p. 41; C. Fernández Ochoa y A. Morillo Cerdán, La tierra de los astures. Nuevas perspectivas sobre la implantación
roma-na en la antigua Asturia,op.cit., p. 61.
45 - De hecho, la intervención del Fisco sobre la minería pública debió de producirse en esta época, pudiendo relacionarse con el descubrimiento de nuevas posibilidades de explotación minera (como la aparición de cobre bajo algunos yacimientos hasta entonces explotados como argentíferos) y con la amplia política de recuperación y reorganización del control imperial sobre los bienes públicos llevados a cabo por Vespasiano: sobre esta cuestión vid. A. Mateo,Observaciones sobre el régimen jurídico de la minería en tierras públicas en época romana. Santiago de
Compostela, 2001, especialmente pp. 169-199 y 218-219, la documentación básica en C. Domergue, Les mines de la Péninsule Ibérique dans l’Antiquité romaine,
ob.cit. Sobre las modificaciones de la política fiscal
imperial vid. A. Aparicio Pérez, Las grandes reformas fiscales del Imperio romano (Reformas de Octavio Augusto,
Diocleciano y Constantino). Oviedo, 2006.
46 - Domergue, “Dix-huit ans de recherche (1968-1986) sur les mines d’or romaines du Nord-Ouest de la Péninsule Ibérique”, op.cit., pp. 38-42; C. Domergue, Les mines de la Péninsule Ibérique dans l’Antiquité romaine,op.cit., pp. 215-224.
47 - P.C. Díaz and L.R. Menéndez-Bueyes, “The Cantabrian Basin in the Fourth and Fifth Centuries: From Imperial Province to Periphery”, in K. Bowes and M. Kulikowski (Ed.),Hispania in Late Antiquity. Current Perspectives. Leiden-Boston, 2005, p. 277; A.
Villa Valdés, “Castros y recintos fortificados en el Occidente de Asturias: Estado de la cuestión”,
Boletín Avriense, XXXIII, 2003, p. 133; A. Villa
Fig. 1. Localización de la explotación aurífera de Ablaneda (nº. 21) en el contexto de la minería de la zona astur (según C. Domergue, 1986).