La creación y el origen del mal : una lectura del De Genesi ad Litteram de San Agustín

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Texto completo

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JEAN ROBERT DÉRY

LA CREACIÓN Y EL ORIGEN DEL MAL

UNA LECTURA DEL

DE GENESI AD LITTERAM

DE SAN AGUSTÍN

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

Facultad de Filosofía

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La creación y el origen del mal

Una lectura del DeGenesiadLitteram de San Agustín

Jean Robert Déry

Trabajo presentado bajo la dirección de Alfonso Flórez como requisito parcial para optar al título de Filósofo

Pontificia Universidad Javeriana Facultad de Filosofía

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DESCRIPTORES O PALABRAS CLAVES EN ESPAÑOL E INGLÉS: Son los términos

que definen los temas que identifican el contenido.

ESPAÑOL INGLÉS

Agustín, Santo, Obispo de Hipona, 354-430 -- Crítica e interpretación

Augustine, Sain, Bishop of Hippo, 354-430 -- Criticism and interpretation

Bien y mal -- Historia Good and evil – History

Cadena del ser (Filosofía) Chain of being (Philosophy

RESUMEN DEL CONTENIDO:

El trabajo que hemos presentado, está basado en la obra De Genesi ad Litteram de San Agustín. Para realizar el trabajo, hemos hecho una lectura minuciosa de la obra citada más una lectura detallada de las otras obras del mismo autor que se relacionan con ella. A lo largo del trabajo hemos tratado de mostrar cómo ha sido creado el mundo y cuál es el origen del mal. Para tal efecto, hemos divido el trabajo en tres capítulos. El primer capítulo habla de la creación latente; el segundo, de la creación en el tiempo y el tercero, de la entrada del mal en el mundo. Aunque mencionamos dos momentos de la creación, uno latente y otro en el tiempo, eso no quiere decir que el primero y el segundo sean incompletos. Decimos más bien que los dos son completos y complementarios. Son completos en la medida que en los dos se cierra un ciclo bien definido y son complementarios porque el segundo es la puesta en materia del primero. En el tercer capítulo mostramos que el mal es producto del mal uso de la voluntad del hombre.

ABSTRACT:

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Agradecimiento

Quiero agradecer a mis formadores y compañeros jesuitas de las dos Provincias (Colombia y Canadá Francés-Haití) que me han ayudado durante todo el proceso de estudios del español y de filosofía aquí en Colombia. Ha sido una experiencia muy linda sentir el apoyo de cada una de estas personas que, de una manera u otra, han colaborado en el logro de este trabajo hoy. De manera particular, quiero agradecer a mis compañeros haitianos por sus consejos y sobre todo por su compañerismo. A través de ustedes he podido ver el rostro de Dios que me dice anda estoy contigo, te acompaño y no tengas miedo.

Un agradecimiento especial al Dr. Alfonso Flórez por su paciencia en la dirección de este trabajo. Por la amistad que él me ha brindado durante el proceso. Sé que no es fácil acompañar a un extranjero en la realización de un trabajo de grado pero con él todo fluye y su paciencia ha sido muy remarcable. Quiero agradecer, además, a todos los profesores que han contribuido a mi formación como filósofo. Un agradecimiento inmenso a las secretarias de la Facultad de Filosofía que han sido muy atentas en ayudarme a obtener los documentos requeridos por la dicha institución.

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Tabla de contenidos

Introducción ... 1

Capítulo primero: La creación en su razón causal ... 8

1.1 La creación en los seis días... 14

1.2 El descanso de Dios en el séptimo día ... 27

1.3 La Trinidad y la Creación ... 31

Capítulo segundo: La creación en el tiempo ... 39

2.1 La creación del cuerpo humano en el tiempo ... 45

2.2 El origen del alma humana ... 53

2.2. 1 La sustancia del alma ... 54

2.2. 2 El origen del alma de los demás hombres ... 57

2.2. 3 El origen del alma de Cristo ... 59

2.3 La inmortalidad del primer hombre ... 61

Excurso: El problema del tiempo ... 65

Capítulo tercero: Cómo entra el mal en el mundo ... 70

3.1 El origen del mal ... 77

3.2 El hombre en el paraíso ... 87

3.3 La mortalidad del hombre... 101

3.4 La esperanza de la visión intelectual ... 108

Conclusiones ... 114

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Si quieres, pues, evitar la miseria, ama en ti esto mismo que es para ti

la razón de querer ser, porque cuanto más y más quieras ser, tanto más te aproximarás al que es ser por excelencia, y dale gracias ahora por ser lo que actualmente eres.

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Introducción

El trabajo que queremos realizar está basado en el De Genesi ad Litteram de San Agustín. Antes de presentar la forma como vamos a realizar el trabajo, queremos presentar al autor de la obra en su época. Sobre ésta, como lo escribe el R. P. Ángel C. Vega, O.S.A. cabe

decir que, “al empezar el siglo IV las circunstancias habían cambiado y todo parecía sugerir la idea de una nueva y última tentativa. El mundo antiguo había terminado su misión, la filosofía griega había alcanzado su último grado de desarrollo con la escuela de Alejandría, y la ciencia cristiana había llegado a su máximo esplendor con los Padres; sólo faltaba un genio poderoso, no menos amante de los progresos de la razón que de la fe, que realizara la unión íntima y armónica entre ambas, sin confundirlas ni identificarlas, y éste fue San

Agustín”1. Vamos a situar el autor en su contexto histórico y filosófico. San Agustín nació en el año 354 al final de la época antigua, en Tagaste de Numidia. Hizo sus estudios de retórica o elocuencia en Cartago. Después de terminar sus estudios de retórica, Agustín estaba en la búsqueda de una vida feliz que lo ayudara a responder sus preguntas vitales sobre el amor a la sabiduría y la búsqueda de la verdad. Este deseo de vivir en la sabiduría y en la verdad lo lleva a tener contacto con el Hortensio, obra escrita por Cicerón, considerada como una obra maestra en la época. Podemos decir que este libro es el despertador de la vida filosófica del santo. Después de leer la obra, en San Agustín se manifiesta un gran deseo por la verdad y por la ciencia y una honda necesidad de esclarecer

“los problemas de la vida y la muerte que se presentaba en su vista como un enigma esfíngico”2.

Este deseo de búsqueda de la verdad y de la sabiduría lleva a San Agustín a entrar en contacto con las sectas de la época; él discierne entre todas las sectas - aunque le parece que algunas son contradictorias - cuál de ellas lo puede ayudar a realizar mejor esta búsqueda o cuál de ellas responde mejor a sus inquietudes. Entre todas las sectas, el maniqueísmo le ofreció las respuestas a la búsqueda de sus preguntas, ya que le parecía que la religión

1 R. P. Ángel C. Vega, O.S.A. Obras de San Agustín, ed. Católica, Madrid. MCMXLVI, 1946, Vol. II, Pág.

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católica, religión profesada por su madre Mónica, no le daba suficientes datos para vivir una vida feliz, según la deseaba. Durante los años que pasó en el maniqueísmo, trató de encontrar en los escritos y en la forma de vida de esta secta la respuesta a su búsqueda. En esta época

llegó a creer no sólo en la existencia de los dos principios eternos y omnipotentes, en la solución simplista de la existencia del bien y del mal en el mundo y del pecado en el alma, sino también en la metempsicosis y en un pansiquismo de los más crudo y grosero que se puede imaginar, como el creer que las gotas de leche que suelta la higuera son las lágrimas que echa por los higos que le arrancan, o

que el estómago de los llamados electos era un verdadero matraz donde se

extraían las partículas de divinidad que estaban prisioneras en los alimentos y cosas materiales, etcétera, etc.3

En su vivencia con los maniqueos, San Agustín se da cuenta de que el maniqueísmo no logra satisfacer sus inquietudes y sus preguntas. En su diálogo con el jefe de los maniqueos, el santo constata que éste no tenía respuesta adecuada para sus preguntas; por lo tanto, saca la conclusión siguiente: si el jefe de los maniqueos se equivocaba en las cosas de la ciencia como la astronomía y otros campos que son del ámbito de la razón entonces no puede tener certeza sobre las cosas de la fe4 y “de esta manera aquel Fausto, que fuera para muchos un lazo de muerte, había ya comenzado, sin quererlo ni saberlo, a aflojar el que a mí me tenía

prisionero” (conf. V. VII. 13). Esta frustración lleva a San Agustín a abandonar la secta del maniqueísmo y abrazar el escepticismo pues como el maniqueísmo no lo llena, tampoco el catolicismo, entonces todo le parece sospechoso. En las Confesiones se puede notar la

desilusión de San Agustín y su llegada a los académicosμ “Y vínome a la mente también el

pensamiento de que los filósofos que llaman académicos habían sido más prudentes que todos los demás, al sostener que se había de dudar de todo y llegar a la conclusión de que

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neoplatonismo. La filosofía platónica llega a San Agustín a través de Plotino y Porfirio5. En un primer momento, Agustín va a considerar el platonismo como la filosofía por excelencia, la filosofía que da sentido a sus búsquedas.

Esta nueva forma de filosofar es una clave en el desarrollo del pensamiento de San Agustín a lo largo de su vida. Además de que la nueva forma de filosofar le abrió otro horizonte, lo ayuda también a superar los fracasos maniqueístas. Sin embargo, a pesar de los elogios hechos a la filosofía platónica, Agustín en su insatisfacción con el rumbo de su búsqueda de la felicidad vuelve al catolicismo conservando algunas ideas platónicas según las cuales el objeto de la filosofía es Dios y el alma, nuestro origen, naturaleza y fin.

El recorrido histórico de la vida de San Agustín nos puede ayudar a entender la razón de sus escritos que en buena parte son réplicas hechas a otros escritores de su época. En muchos de los casos, él tenía que defender la fe cristiana y también combatir las ideas que a su modo de ver eran erróneas. Podemos mencionar tres grandes corrientes con las cuales San Agustín polemizó: el maniqueísmo, el donatismo y el pelagianismo; estas polémicas determinan una parte de su obra. Otra gran parte de su obra muestra el carácter pastoral del santo ya que en cuanto obispo tenía que educar a sus fieles. En este respecto, encontramos obras dogmáticas, comentarios a la Escritura, Sermones y Cartas.

Dentro de las obras polémicas podemos mencionar las obras contra los maniqueos, obras contra los donatistas y obras contra los pelagianos, principalmente, aunque también polemizó con los paganos (De Civitate Dei) y con los arrianos. Hay otras obras que se llaman filosóficas (Diálogos de Casiciaco), sobre las artes liberales (De musica), de principios de interpretación de la Escritura (De Doctrina Christiana) y comentarios a la Escritura y a los Salmos (Ad Simplicianum y Enmationes in Psalmos), escritos dogmáticos (De Trinitate), escritos pastorales, Sermones y Cartas. En últimas, suele reconocerse que las

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cuatro obras principales de San Agustín son Confessiones, De Genesi ad Litteram, De Trinitate y De Civitate Dei6.

De las obras de San Agustín que merecen nuestra principal atención para la realización de nuestro trabajo encontramos De Genesi ad Litteram liber imperfectus, De Genesi adeversus manichaeos y De Genesi ad Litteram, libri XII. El De Genesi ad litteram liber imperfectus es el primer intento de San Agustín por ofrecer un comentario literal del Génesis. En este primer intento, “él admite, no obstante, que su experiencia en materia de exégesis bíblica le

hizo incapaz de completar la obra y pronto la abandonó”7. San Agustín escribió el De Genesi adversus Manichaeos por “dos motivos: expiar el celo que había desplegado antaño para convertir personas al Maniqueísmo, y contrarrestar la versión maniquea de la creación y su denigración del relato bíblico que „seducían a los creyentes‟”8. El De Genesi ad Litteram, Libri XII es el “segundo intento de Agustín de ofrecer un comentario literal del Génesis”9. En el segundo intento de San Agustín por escribir el comentario al Génesis, podemos ver su interés por elucidar su pensamiento sobre todo en relación con el problema del mal10. Podemos mencionar otras obras que tienen que ver con el Génesis, como son los tres últimos libros de las Confesiones y los libros once a catorce de la Ciudad de Dios. Y, aunque la obra De Libero Arbitrio no trata directamente del Génesis, es importante para nosotros para entender el problema del mal. En el trabajo que vamos a realizar trataremos de mostrar cómo el cristianismo propone una respuesta a una pregunta fundamental que desde hace siglos los filósofos han buscado responder. En efecto, desde la Antigüedad, muchos filósofos han preguntado por el origen del mundo y en particular por el origen del hombre y, relacionado con esto, por la entrada del mal en el mundo. Se podría preguntar por qué el mal está en relación con el hombre. Para contestar esto, podríamos decir que sólo las criaturas racionales son capaces de decisión y así capaces de hacer buen o mal uso de su

6 Therese Fuhrer, Agustinus, ed. Wissenschaftliche Buchgesellschat, Darmstadt, 2004, págs. 57-63. 7 Roland J. Teske, S.J., art. “Genesi ad litteram liber imperfectus, De” en Allan D. Fitzgerald, O.S.A., (ed.)

Diccionario de San Agustìn a travès del tiempo, ed. Monte Carmelo, Burgos, 2001., pág. 590.

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voluntad. Esto corresponde también a las criaturas racionales angélicas, cuya caída en el mal también será objeto de estudio.

El trabajo que vamos a realizar está divido en tres capítulos que a mi modo de ver representa la forma como San Agustín presenta la obra. Los tres capítulos son 1) La creación en su razón causal; 2) La creación en el tiempo y 3) Cómo entra el mal en el mundo.

En el primer capítulo presentamos la forma como San Agustín considera que Dios crea el mundo a partir de la nada. Podemos hablar de una primera creación que se llama „creación en su razón causal‟ que es la forma como han de ser la criaturas en el tiempo. Esta creación

puede llamarse también creación latente, es decir, en ella está el proyecto de toda la creación. Es una creación completa porque en ella están todas las criaturas en su razón causal. Hemos tratado mostrar cómo ha sido la creación del mundo. Esta creación se realizó en seis días. Este número seis no es una casualidad; en él se expresa la perfección de la creación ya que este número representa el primer número perfecto. Después de hablar de la creación en los seis días, hemos abordado el sentido del descanso de Dios en el séptimo día. Este punto es muy importante porque nos aclara lo que Jesús dice de su Padreμ “mi padre sigue trabajando”. Esta creación latente es obra de la Trinidad creadora. Por eso, en el

último momento mostramos cuál es el papel de cada uno de las personas de esta Trinidad. Como hemos hablado de una primera creación entonces ya podemos presuponer que hay una segunda creación. Esta segunda creación es la que llamamos creación en el tiempo.

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hombre en el tiempo. En ello, mostramos que el cuerpo del primer hombre tenía una superioridad sobre el cuerpo de los demás hombres y también mostramos el origen del alma del primer hombre y el origen del alma de los demás hombres. La superioridad del cuerpo del primer hombre sobre el cuerpo de los demás consiste en que este cuerpo tenía la posibilidad de no morir. Al terminar la creación, la Sagrada Escritura nos dice que toda la creación era buena. Esta afirmación nos lleva a preguntar cuál es el origen del mal.

La respuesta a esta pregunta es lo que desarrollaremos a lo largo del tercer capítulo del trabajo. Allí mostramos que el mal no es obra de Dios sino obra del mal uso de la voluntad del hombre. Y como no es obra de Dios entonces nos preguntamos por la consecuencia de este mal uso de la voluntad del hombre. Este mal uso de la voluntad nos lleva a perder la amistad con Dios, el Creador. A diferencia de una obra hecha por un artista, nosotros necesitamos siempre de la presencia de nuestro Creador. Entonces, la pérdida de su amistad nos lleva a la muerte; una muerte que se expresa de distintas maneras, a saber, en la mortalidad del cuerpo, en la mortalidad del alma y en la mortalidad del cuerpo y del alma. En este capítulo podemos encontrar también en qué consiste la superioridad del cuerpo del primer hombre sobre el cuerpo de los demás hombres. Para remediar la situación de la mortalidad, necesitamos de la gracia de Dios, el Creador. Así como el mal no tuvo la primera palabra, tampoco tendrá la última palabra, porque Dios, el Creador, dará su gracia a los que la busquen; y, con esa gracia, el hombre recuperará lo que había perdido con la entrada del mal en el mundo, pero esta vez sin poder perderlo.

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Capítulo primero: La creación en su razón causal

En el desarrollo del punto que vamos a presentar, consideramos la creación latente como la primera creación. Decimos que es la primera porque San Agustín considera que hay dos creaciones. A diferencia de los exegetas, él no estima que haya dos relatos de la creación, no llega a pensar que en la composición del Génesis haya dos tradiciones diferentes. La creación latente, de la cual habláremos en seguida y la segunda es la creación en el tiempo, que es la materialización de la creación latente. En esta creación latente, vamos a considerar la aparición de todas las criaturas en un solo día. Hemos escogido unos textos que nos puedan ayudar a tener una mejor comprensión de la creación latente. En esta creación aparecen todas las criaturas incluso, el hombre, por lo tanto, hay una parte en la que vamos a hablar de la creación latente del primer hombre Adán y de su acompañante Eva. En esta creación están contenidas todas las criaturas. Haremos relación al tiempo, no para hablar de él directamente, sino para que nos ayude a desplegar los temas correspondientes a este punto.

La primera creación es la que llamamos creación latente, que se entiende como la creación realizada durante los seis días. En esta creación todas las criaturas fueron creadas al mismo tiempo. Agustín aclarará que es un solo día. Sin embargo, no debemos entender tiempo en este caso como un marco temporal en un espacio de días a meses, de meses a años, etc., sino una creación donde todas las cosas nacen en su razón causal. La creación latente es la creación en la cual Dios descansa el séptimo día.

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anteriormente hemos expuesto en este comentario, nos persuade una razón fundada en que

el „día‟ espiritual, creado primero y misteriosamente en el origen, era cierta luz de sabiduría, cuya presencia se produciría en la creación mediante un conocimiento ordenado, según lo establece el número seis” (Gn. Litt. VI.III.4).

En esta creación están determinadas todas las razones causales de las criaturas que han de crearse en el tiempo. En la creación latente, todas las criaturas están en el Verbo, en el cual todo ha sido dicho y creado. Ella es la creación donde está hecho o dicho el deber ser de las criaturas. Se podría decir que en esta creación está la forma de las criaturas y también están sus determinaciones. Su razón de ser está puesta en el Verbo y esta misma razón de ser tiene su sentido sólo en el Verbo.

Antes de entrar en la simultaneidad de las criaturas vale la pena mencionar la cita de la Sagrada Escritura que dice que al principio Dios crea el cielo y la tierra, pues es diferente a la creación del cielo y de la tierra en el día. Podemos decir que hay una diferencia entre la creación del cielo y de la tierra en el tiempo y que al principio Dios cree el cielo y la tierra. La creación del cielo y de la tierra en el día es lo que llamamos mundo. El cielo de que estamos hablando es el espacio que llamamos firmamento, que contiene todas las criaturas que nuestra visión nos permite ver, y la tierra es la que vemos, el ámbito en el que vivimos. En una palabra, podemos decir que el cielo y la tierra son la creación después del día. Cuando habla del cielo y de la tierra debemos entenderlos en el sentido con el que generalmente representamos el mundo, que incluye el mar.

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“Cuando fue hecho eldía”

Esta parte de la frase ya nos dice que la creación no se dio fuera del tiempo sino en el tiempo, aunque sabemos que el tiempo es también una de las criaturas. Por ende, todas las criaturas son creadas en el tiempo, no fuera del tiempo. Y la creación empieza con el día. La segunda anotación sobre esta parte tiene que ver con el hecho que la palabra día está en singular y además de que está en singular, está bien determinado como un día particular. Agustín deduce que es más conveniente entender que es el día, lo que nos muestra que es

único. Entonces, podemos entender que los sietes días de que habla la Sagrada Escritura son días repetidos del único día; deducimos que es un solo día el que fue creado y no siete.

“Hizo Dios el cielo y la tierra, y toda especie de plantas selváticas”

Sabemos ya que Dios crea un solo día y que los otros días son repeticiones del primer día. Ahora bien, buscamos la simultaneidad de las criaturas en la creación. En primer lugar, Dios crea el día; en segundo lugar, establece la separación del cielo y de la tierra y la tierra de las aguas; y en tercer lugar, tenemos la producción de los árboles y de las hierbas. La Sagrada Escritura nos dice que la producción de los árboles y de las hierbas fue el tercer día y ahora tenemos todas estas criaturas en el solo día que Dios ha creado. En esta frase podemos decir que hay un agrupamiento de las criaturas. Las criaturas que habíamos visto que fueron creadas en el tercer día están ahora en el grupo de las criaturas del primer día. Además de este agrupamiento de las criaturas nos damos cuenta de que no hay diferencia de día, más aún, no hay dos días de la creación sino uno solo. Por lo tanto, podemos decir que toda la creación fue en un solo día.

Al hacer un análisis de estas dos partes de la frase podemos destacar no sólo que Dios crea un solo día sino también la simultaneidad de las criaturas que fueron creadas en su razón causal: “en el principio Dios crea el cielo y la tierra”. De esta manera podemos adjuntar las

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antes de que aparecieran sobre la tierra, y toda especie de plantas cultivables, antes de que

echaran raíz”.

Otro punto que queremos destacar en esta primera parte del desarrollo del trabajo es el conocimiento de los ángeles en la creación. Basta solo tomar el pasaje que tenemos en el libro quinto, para entender que los ángeles tienen un conocimiento diferente al de los hombres y las criaturas.

Ellos la conocen, por decirlo así, en su condición primordial o en su origen, como Dios la creó en Él y después de cuya creación reposó de sus obras, sin crear nada ulteriormente. Nuestro conocimiento, por el contrario, se da en el tiempo, según el gobierno de los seres creados anteriormente, por cuyo gobierno del mundo, luego de haber completado la obra de aquello que culminó con la

perfección del número seis, Dios continúa operando sin interrupción (Gn. Litt. V.

IV.10).

Muchas personas preguntan qué hacía Dios antes de la creación. Estas mismas personas pretenden que había un tiempo antes de la creación, entonces pretenden que Dios estaba haciendo algo en ese tiempo. En este apartado no vamos a considerar el tiempo puesto que después vamos a desarrollar la cuestión del tiempo. Sin embargo, se ve la necesidad de mencionar el tiempo aquí por su relación con la creación en general. Para aclarar lo que sostienen estas personas, primero queremos decir que antes de la creación no había tiempo y por tanto no se puede hablar de tiempo. Si piensan que Dios no estaba haciendo algo y que ahora con la creación Dios cambia es porque las cosas son cambiantes y también los hombres, y todo lo ven a partir de su naturaleza que es cambiante. Y si Dios cambia de opinión de un momento a otro, no podemos hablar de Él como eterno, porque ya se vuelve cambiante y mutable.

En un primer momento podemos confesar que Dios no hacía nada y, en segundo lugar, para elucidar más nuestra respuesta, decimos que no hay un antes de la creación porque si

decimos „antes‟ estamos marcando un orden temporal que no existía antes de la creación,

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temporalidad porque el tiempo empieza con las criaturas mismas. Se habla de tiempo pasado, presente y futuro por la inestabilidad de las criaturas. Para Dios, no hay un marco de tiempo como lo hay para nosotros porque Él es eterno, es decir, nunca cambiará para marcar un pasado, un presente o un futuro. La mutabilidad de las criaturas es lo que marca el orden temporal y es por eso que nosotros siempre hablamos en un tiempo, porque vamos cambiando, no somos eternos como la Trinidad creadora. En últimas, nos apoyamos sobre la cita de San Agustín que nos puede ayudar a complementar nuestra idea: “Porque ese mismo tiempo lo habrías hecho tú, y no han podido transcurrir los tiempos. Mas si antes del cielo y de la tierra no había ningún tiempo ¿Por qué se pregunta qué hacías entonces?

Porque no había „entonces‟, cuando no había tiempo” (conf. XI. XIII. 15).

La Sagrada Escritura dice en Génesis 1, 26-27, “y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que ellos dominen los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos y todos los reptiles. Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios los

creóν varón y mujer los creó”. Esperamos que esta cita vaya guiándonos en el desarrollo que vamos a hacer. Según la cita, desde el sexto día creó Dios a Adán y a Eva, pero lo hizo en su razón causal, es decir, según cómo debe ser la criatura en su forma visible. Es indudable decir, como ya lo anotamos, que esta creación es incompleta porque todavía las cosas no se han desarrollado en sí mismas, aunque más adelante la Sagrada Escritura va a hablar del modelamiento de Adán en el tiempo y de la formación de Eva a partir de la costilla de Adán. Lo problemático en estos dos pasajes de la Biblia es determinar cuándo fue creada Eva. Como ya lo podemos destacar en la presentación del punto que en el principio todas las criaturas fueron creadas en su causa que es Dios, entonces, todas las formas o maneras que tienen las criaturas en su forma visual estaban ya determinadas en la creación causal. Por lo tanto, la formación de Eva a partir de la costilla de Adán estaba ya destinada en la creación simultánea; sin embargo, esta formación se hace en el tiempo.

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1.1La creación en los seis días

Aunque titulamos este punto como la creación en los seis días, en las siguientes anotaciones vamos a tratar de explicar una de las diferentes apreciaciones que se hace de los siete días de la creación. De entrada, vamos a considerar que son siete días para poder dar una explicación más amplia de lo que queremos desarrollar en este punto, pero bien sabemos que la creación fue en los seis días y que en el séptimo día Dios no hizo criatura nueva.

Los siete días pueden explicarse haciendo referencia a la forma como nosotros los hombres nos desarrollamos; y también pueden referirse a las siete edades del mundo. En el primer caso, encontramos la infancia, la niñez, la adolescencia, la juventud, la madurez, la senectud y la última es el descanso de los hombres que han trabajado según la voluntad de Dios, que van a descansar en Él. Este día no tiene tarde, con lo cual nos muestra que este descanso no tendrá fin, es eterno. Y en el segundo caso, tenemos las edades del mundo: de Adán a Noé, de Noé a Abraham, de Abraham a David, de David al destierro de Babilonia, de Babilonia a la predicación de nuestro Señor Jesucristo, de la encarnación de nuestro Señor Jesucristo al juicio, a partir del cual empieza el día del descanso en Dios. Este último punto no queda todo claro puesto que dice San Agustín en el Genesi contra los maniqueos

“ojalá al llegar no nos alcance, si es que no ha empezado” (Gn. contra los maniqueos XXIII, 41); de todos modos se precisa que la séptima edad empieza cuando venga el Señor con la claridad de su poder. Esta edad no tendrá fin, es como el descanso de Dios que es un día sin tarde. En lo que sigue explicaremos cada uno de los días con las criaturas.

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afirmarla, y lo haceμ “al principio, Dios crea el cielo y la tierra”. Dios lleva a la existencia

todo este sistema ordenado. La forma, la naturaleza y el objetivo son las principales características de cada cuerpo u objeto creado. El hecho de que Él haya creado todo es una verdad primera e importante.

Si consideramos esta fraseμ “en el principio creó Dios el cielo y la tierra” y en ella notamos

la palabra “principio” en su sentido profundo, se podría decir que el cielo y la tierra son las

primeras criaturas. Esta frase nos pone en condición de preguntar por la legitimidad de la luz como creación primera. Como no podemos estancarnos en este asunto, sería bueno ver si tiene sentido porque la Sagrada Escritura habla de tiempo sólo con la creación de la luz. Entonces, nos preguntamos de qué creación se quiere hablar en esta frase. ¿Sería una creación imperfecta, inacabada? Así parece entenderlo Agustín, pues la expresiónμ “y el

soplo de Dios se movía sobre la superficie de las aguas” (Gn. 1, 2) indica que la criatura

todavía es imperfecta. Entonces se podría decir que la tierra era materia informe al principio y con la creación de la luz y la división de la tierra de las aguas, la tierra se convierte en materia formada. Después de esto, la pregunta es la siguiente: si el agua estaba encima de la tierra, con la división de la tierra de las aguas, ¿a dónde se fue el agua?

En este momento hemos de explicar qué significan cielo y tierra. Porque en el desarrollo de los seis días de la creación vamos a encontrar que Dios crea el cielo y la tierra al hacer la separación del agua de la tierra y de todos los luminares. Esta expresión se explica en la medida en que entendemos que en estos dos términos van a salir todas las demás criaturas, es decir, todas van a estar contenidas entre el cielo y la tierra y también constituye la materia no formada a partir de la cual va a salir la materia formada que constituye las criaturas. A este respecto San Agustín mantiene la interpretación que se hace en el De Genesi ad Litteram, liber imperfectusy diceμ “También puede entenderse que quizá se nombró

el cielo y la tierra comprendiendo la creación universal; de tal suerte que se llamó cielo a este firmamento visible y etéreo, y a aquella criatura invisible de excelentísimo poder; y

tierra a la parte inferior del mundo con todos los animales que habitan en ella” (Gn. a la

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Para hablar de la nominación de día y noche, sería bueno volver sobre la creación de la luz porque la diferencia que hay entre día y noche está totalmente ligada con ella, mejor dicho, lo que establece la diferencia entre estas dos criaturas es la luz. Decíamos, según interpretación del texto, que la creación de la luz está ligada al Hijo como Verbo, no como Principio, lo que podría dar razón de la perfección de la luz. Entonces, podemos considerar que antes de la luz no podríamos hablar de tiempo, menos aun de día y noche. Por lo tanto, hablamos de noche cuando no hay luz (sol) sobre la tierra y del día cuando hay luz (sol) sobre ella. Ahora bien, podemos decir que la nominación del día y de la noche no es nada más que el giro de la luz alrededor de la tierra.

Según el texto de San Agustín, en la creación de la luz se podría descubrir un lenguaje que es diferente al que se utiliza para el resto de la creación. El término usado en la Biblia para

hablar de la creación de la tierra es el siguienteμ “en el principio creó Dios el cielo y la tierra” (Gn. 1, 1)ν mientras que para la creación de la luz diceμ “Haya luz” (Gn.1, 3). Esta

frase, nos da a entender que se trata de una orden, y para que se dé una orden, debe haber algo previo a lo que se le pueda exigir el cumplimiento de esa orden. ¿Habrá según eso una criatura anterior a la que Dios dio esta orden? En seguida se podría preguntar: ¿Cuál es esa criatura a la que Dios dio esta orden? Para contestar a esta pregunta se podría argumentar desde este pasaje de San Agustín.

Pues cuando de Él se dice todas las cosas fueron hechas por Él, se demuestra

muy claramente que Dios hizo la luz, cuando dijo Hágase la luz. Si esto es así, es

eterno lo que dijo Dios, Hágase la luz, porque el Verbo de Dios es Dios junto a

Dios, Hijo Unigénito de Dios, coeterno al Padre, aun cuando, hecha por Dios,

pronunciada en su Verbo eterno, la criatura sea temporal (Gn. Litt. I.II.6).

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Queremos buscar la diferencia entre estos dos enunciadosμ “en el principio creó Dios el cielo y la tierra” y “Dios dijo”. Miremos los dos verbos gramaticalmente. Según el diccionario Larousse del 2006, “decir” significaμ “expresar algo con palabras”ν y “crear” significaμ “hacer algo de nada”. Ahora bien, si decir es expresar algo con palabras, se podría

pensar que este algo ya estaba hecho, mientras que crear es algo que sale de la nada, es decir, que no había nada preparado. Frente a estos dos términosμ “en el principio creó Dios el cielo y la tierra” y “Dios dijo”, vamos a ver como interpreta San Agustín lo que dice la

Escritura:

De tal modo que aquello que la Escritura narra Dios dijo, hágase… lo

entendemos como la palabra incorpórea de Dios que se pronuncia en la naturaleza de su Verbo coeterno, el cual llama así la imperfección de la criatura, para que no permanezca informe, sino que se forme, según el modo en que cada

criatura llega a ser sucesivamente (…). En tanto Principio, introduce el origen de

la criatura que recibe de Él una existencia todavía imperfecta (Gn. Litt. I.IV.9).

A partir de esta afirmación, me pregunto si en la referencia de San Agustín al Principio se podría descubrir el carácter humano de Jesucristo y en referencia al Verbo, su carácter divino.

En el segundo día se da la separación del agua del firmamento. En este día tenemos al niño, a un nivel en el que puede acordarse más o menos de sus actos en un tiempo futuro. No es como la infancia donde no se puede acordar de nada. Y esta separación nos señala muy bien el diluvio del arca de Noé. El arca de Noé es considerada como el firmamento, la única parte seca que había. Esta arca estaba flotando sobre las aguas inferiores de la misma manera que el firmamento está flotando sobre las aguas inferiores.

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designado bajo el nombre de “mar” para mostrar que todas las personas en esta edad han

caído bajo las tentaciones, en la inestabilidad. Pero también fue el tiempo en que el pueblo de Dios fue segregado con Abraham, es la época de la máxima producción y en esta misma época de la adolescencia las personas pueden empezar a producir. Y es por eso que Dios dijo a Abraham:

Te constituí en padre de muchas generaciones, te aumentaré en gran manera y te pondré por jefe de pueblos y nacerán reyes de ti y estableceré mis testamento entre mí y entre ti, y entre tu linaje ha de seguir después de ti en sus generaciones, testamento eterno de ser yo tu Dios y de la estirpe que ha de seguirte, y te daré a ti y a tu descendencia después de ti la tierra que habitas, toda la tierra de Canaán en posesión eterna, y seré para ellos su Dios (Gn. 17, 5-8).

El cuarto día es el que fue nombrado bajo el día de la juventud o también el reino de David. Este día es considerado como el día cardinal dentro de todos los otros días. Bien podemos darnos cuenta de que es el día intermedio de los siete. Este día sobresale entre todos los otros días de la misma manera que la juventud sobresale entre todos los actos que nosotros

realizamos. En este día fueron creados los astros en el firmamento del cielo. “En el fulgor

de la luna está representado el pueblo obediente al reino, y las estrellas, príncipes de la sinagoga simbolizan a la misma sinagoga; y todas estas cosas se hallan radicadas en la

estabilidad del reino como en el firmamento”(Gn. contra los maniqueos, I. XXIII, 38).

Según la Sagrada Escritura, la creación del firmamento implica la separación del agua de la tierra y la división del agua en dos porciones, una parte encima de la tierra y otra parte encima del firmamento según otra consideración, el firmamento está en la mitad de estas dos porciones de agua. Sería bueno preguntarnos por qué se llama firmamento. San Agustín dice: hay un sabio que para él se llama firmamento por el hecho que hace la separación del agua en dos partes, una parte encima y otra abajo. Según el diccionario Larousse edición

2006, la palabra “firmamento” significa “espacio infinito en el que se mueven los astros”.

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vapor; para otros, como San Agustín, esta tesis no se puede sostener. En el desarrollo de este punto hay varias discusiones sobre la posibilidad de la existencia del agua encima del firmamento; se llegó a hablar incluso de la forma en que pueda existir esta agua. Así por ejemplo, en el caso de Saturno se dice que a pesar de sus movimientos ¿por qué Saturno permanece frío? Algunos responden que es porque hay aguas en forma de hierro. A lo que

San Agustín replicaμ “De cualquier manera, e independientemente del estado del agua que

allí se encuentre, no negaremos, de ninguna manera, que allí están; en efecto, es mayor la

autoridad de la Escritura que toda la capacidad del ingenio humano“ (Gn. Litt. II.V.9). Entonces se podría decir que el agua está por debajo y por arriba del firmamento, como lo dice la Sagrada Escritura y como San Agustín se atreve a mostrárnoslo.

El quinto día es la caída de la juventud hasta la vejez, es cuando el pueblo estaba en el destierro de Babilonia en un ocio pasajero hasta la encarnación de Jesucristo. No es todavía

la caída completa, la impotencia del hombre, pero tampoco es la juventud. “Perfectamente

se compara esta edad con aquel día quinto en el que fueron hechos en las aguas los animales y aves del cielo, después que aquellos hombres empezaron a vivir, como un mar

entre las gentes y a tener como las aves morada incierta e inestable” (Gn. contra los

maniqueos, I. XXIII, 39). Vale la pena aclarar que cuando en la Sagrada Escritura se habla de los cielos, se refiere a la parte inferior y a la parte superior del firmamento. En efecto recordamos bien, en la separación del agua habíamos visto que hay una parte del agua que está en la parte superior del firmamento y la otra parte está en la parte inferior del firmamento.

En este mismo orden de ideas, se ve la necesidad de aclarar la palabra “tierra”. En la

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Los seres acuáticos, como lo decimos siempre, son los seres que viven en el agua, entonces se podría preguntar si podemos hablar de los pájaros como seres acuáticos. Entendemos por acuático el animal que vive bajo el agua, tales como los peces, pero también son acuáticos los seres que viven en la humedad del aire, que gracias a esta humedad pueden sostenerse en el aire, tal como lo hacen los pájaros. Por esta razón, podemos descubrir por qué cuando la Escritura habla de los pájaros, no los considera como seres volátiles sino como seres acuáticos. La validez de esta afirmación puede encontrarse en la siguiente tesisμ “Luego,

todo lo que pertenece a las aguas, sea líquido y corriente en forma de olas, sea ligero y suspendido en forma de vapor, se presenta distribuido: uno para los reptiles de almas vivientes y otro para las aves; en cualquiera de los dos casos se atribuyen a la naturaleza

líquida” (Gn. Litt. III.III.5). Sin embargo, no podemos hacer oídos sordos frente a esta frase que siempre hemos escuchado, los pájaros vuelan en el cielo. ¿Pero, qué es lo que

entendemos por “cielo”?

En este caso, entendemos por “cielo” toda la parte que está bajo el firmamento. En otra

palabra, se podría decir que los pájaros vuelan por debajo del firmamento. Esta parte inferior del firmamento, es decir, la parte en que encontramos el aire en forma húmeda, puede llamarse cielo y también tierra, porque como ya se dijo, la palabra “tierra” no

significa sólo la parte seca sino toda la parte que está bajo el firmamento. Entonces,

entendemos por “tierra” toda la parte inferior del firmamento. “Alabad al Señor desde los

cielos y todas las realidades inferiores también desde el principio: Alabad al Señor desde la tierra, donde se nombran los vientos de las tempestades y todos los abismos, y este fuego que quema al que lo toca, porque nace de tal modo de estos movimientos terrestres y

húmedos que se transforma muy pronto en otro elemento” (Gn. Litt. III.VII.9). Y, para justificar la primera hipótesis de que los pájaros vuelan en el cielo, nos apoyamos en el siguiente pasaje,

Pues no dijo el firmamento del cielo como en el caso de los luminares, sino los

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luego, vuelan las aves, pero en éste que el salmo incluye con el nombre de „tierra‟

(Gn. Litt. III.VII.10).

Por lo tanto, la palabra cielo puede ser considerada como sinónimo de tierra en el sentido más amplio de la palabra tierra; en sentido estricto, cuando se hace referencia a la palabra tierra, queremos hablar de la parte seca.

Ahora vamos a hablar de todos los animales no razonables que viven en la tierra propiamente dicha. En este grupo de animales, hay diversas variedades. Unos se llaman animales salvajes o bestias y otros bestiales. Esta clasificación está hecha según la naturaleza de cada animal. La mayoría de estos animales es cuadrúpeda. Se entiende por cuadrúpedo todo animal que tiene cuatro patas. Entonces dice San Agustínμ “Consigné

antes también que con el nombre de cuadrúpedos, que está muy extendido, que se establece por el número de patas, y también que el nombre de animales de granja o de bestias se

aplica a veces a todo animal irracional” (Gn. Litt. III.XI.17).

En la creación de los bichos, una pregunta muy valiosa, y sobre la que vale la pena pensar porque la mayoría de los bichos nacen de la deterioración de los cuerpos y de los árboles para citar dos ejemplos. Entonces, en el caso de los que nacen del cadáver, ¿podemos decir que el hombre nace con ellos? La respuesta a esta pregunta nos deja claro que si nacen con el hombre no es para molestarlo, sino que hace parte de su naturaleza, por lo tanto, no tienen que ser un obstáculo para él. Dicho de otra manera,

En cuanto a los restantes, que nacen de los cuerpos de los animales y especialmente de los muertos, carece de fundamento decir que fueron creados contemporáneamente a estos animales, a no ser que exista ya en todos los cuerpos animados una cierta capacidad natural, como seminados con anterioridad en forma de germen primordial de los futuros animales, por la que habían de nacer de la corrupción de aquellos cuerpos, cada uno conforme a la propia especie y a las propias características, gracias a la inefable dirección del Creador, que mueve todas las cosas sin sufrir mutaciones (Gn. Litt. III. XIV. 23).

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nacida a imagen y semejanza de Dios. Se podría decir que hay criaturas imperfectas, sin embargo, al conocer su naturaleza, no podemos hablar de la imperfección de ninguna criatura.

El sexto día se da la caída completa del hombre, en esta edad el reino carnal se ha debilitado por completo; pero como ocurre en la edad de la decrepitud del hombre viejo, nace ahora el hombre espiritual. Este nacimiento consiste en el abandono total a la voluntad de Dios, en la entrega total que nace a partir de la impotencia del hombre. Los hombres a partir de allí empiezan a desear la vida eterna, la vida donde no hay sufrimiento. Es por eso

que llaman a esta creación “creación del alma viva”, pues en ella el hombre renace. Y así

como en este día fueron creados Adán y Eva y también se manifiesta Cristo a su Iglesia. En la creación del hombre, los seres humanos reciben de Dios la orden de gobernar todos los animales; así mismo en esta edad Cristo dirige o encamina las almas de los hombres justos que forman su Iglesia.

Al hablar del animal racional, no queda ninguna duda de que queremos referirnos al hombre, la criatura creada a imagen y semejanza de Dios. El hombre es la criatura que tiene el poder de dominar sobre las demás criaturas, a pesar de que es la última obra de la creación. Su capacidad de razonar lo hace, si lo podemos decir de esta manera, superior a las demás criaturas. Y su semejanza con Dios reside en esta misma capacidad de razonar.

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Como ya lo sabemos, no hay nada de casualidad en el plan de Dios. Cada cosa tiene su razón de ser en Dios, que es el Creador y en quien todas las cosas tienen su sentido. Al hacer esta afirmación, no podemos quedarnos quietos frente a este número “seis” que

corresponde a los seis días de la creación de las criaturas perfectas hechas por el Creador mismo. Por lo cual, nos hacemos la siguiente pregunta: ¿Por qué ha tomado Dios seis días para terminar toda la creación?

Para contestar esta pregunta, hay que recurrir al conocimiento de San Agustín en aritmética. Encontramos un gran desarrollo sobre los primeros números tales como 5, 6, 7. Los divisores de 5 son 1 y 5 y los divisores de 7 son 1 y 7. Cuando hacemos la adición de los divisores de 5 y de 7 no encontramos el mismo número cinco o siete. Ahora bien ¿qué pasa con el 6? En el caso del 6, los divisores son 1, 2, 3; cuando hacemos la adición de estos tres números encontramos el mismo número seis por lo tanto, llamamos al 6 número perfecto. El 6 no es el único caso, el número perfecto más próximo a él en este caso es 28 y el siguiente es 496. Vemos que hay un gran abismo entre estos números; por consiguiente podemos decir que son escasez. Los que no participan de este grupo se llaman imperfectos. En fin, podemos decir que todos los números perfectos obedecen a esta fórmula o regla N= 2n (2n + 1 -1) donde “n” es un entero positivo.

Podemos decir, entonces, que el número seis es perfecto en sí mismo, fuera de toda idea que podamos tener de la potencia de Dios. Tampoco eso va a conducirnos a decir que Dios no podía decidir de otra manera terminar la creación; sin embargo, para mostrar la perfección de sus obras, escoge terminar en el día sexto, que es perfecto, su creación perfecta. Con esta aproximación al número 6, ya podemos descubrir por qué Dios terminó la creación en seis días y no en otro número de días. Y para terminar con la respuesta más adecuada, que encontramos en el libro cuatro del De Genesi ad Litteram, “en efecto,

aunque ésta no fuera perfecta, el número seis lo sería; y si aquél, entonces, no fuese

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Con esta aproximación y esta referencia, podemos decir que no hay casualidad en el plan de Dios. Todo lo que está hecho tiene un porqué y este porqué está en el plan de Dios antes de que haya ocurrido en acto. Como ya lo habíamos visto en el desarrollo de los primeros párrafos que hemos trabajado, toda la creación ya estaba en el Hijo. Entonces, todo el plan de Dios ya estaba en su Hijo antes de que nosotros pudiéramos verlo con nuestros ojos carnales. Además, todo lo que está en la Sagrada Escritura tiene su razón de ser, nada sobra.

En el séptimo día se da el descanso de todos los hombres que han hecho la voluntad de Dios. Todos los días son sagrados, sin embargo, vimos que la Sagrada Escritura le da un toque especial a este día. Ello ocurre para mostrarnos que todos los otros días son menos importantes que éste. En la lógica de nuestra vida, podemos ver por qué este día es tan importante. Después de mucho trabajo, ¿a quién no le gustaría encontrar un lugar donde descansar? De la misma manera que necesitamos un lugar para descansar después de mucho trabajo, vamos a necesitar un lugar donde descansar eternamente después de nuestra peregrinación por este mundo. Este descanso es lo más valioso de nuestra vida; lo tendremos con la ayuda de Dios. Como lo hemos dicho más arriba, este día es el día sin tarde, con lo que nos muestra que este descanso no tendrá fin. En últimas decimos que este descanso no tiene que ver con el cansancio de Dios sino que nos indica que nosotros después de cumplir nuestra misión en la tierra, vamos a descansar en Dios que también ha descansado después de hacer todas las criaturas bellas y buenas.

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embellecen la naturaleza y asume su compromiso como co-creador, va a descansar en Dios Padre que ha creado todo para él.

Esta misma búsqueda de una explicación del descanso de Dios nos lleva a preguntarnos por la creación de los ángeles; porque no hemos encontrado en ninguna parte de la Sagrada Escritura donde dice que Dios dijo y eso fue para los ángeles. Pero tampoco podemos dejar de creer en ellos, ya que le Sagrada Escritura hace mención de los ángeles en varias partes, principalmente en el libro de Job capítulo XXXVIII. Como vimos en el párrafo anterior que hay una metáfora en el descanso de Dios, es posible que la creación de los ángeles se

refiera a otra palabra que no es forzosamente „ángeles‟ν sin embargo, es algo similar por

naturaleza y familiaridad de sustancia. Entonces San Agustín nos da su opinión sobre el

asunto diciendoμ “se hicieran luz y se llamaran día, por la participación de aquella

inmutable luz y día, que es el Verbo divino, por quien ellos y todas las cosas fueron

criadas” (Civ. Dei. XI. IX).

Para concluir en un primer momento recordamos que la creación de la cual hablamos en los seis días, es la creación latente. Es la creación que se hace antes del tiempo. Esta creación es la forma o la razón causal de las criaturas en el tiempo. En la creación latente están las determinaciones de las criaturas que han de tomar cuerpo en la creación temporal o creación en el tiempo.

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ellas es porque un arquitecto puede realizar una obra y después de realizarla, la deja suelta, es decir, la obra se mantiene sola, mientras para nosotros no es ese el caso. Somos obras de Dios pero no podemos mantenernos sin su ayuda. Él debe estar siempre con nosotros. Las criaturas necesitan constantemente la ayuda del Creador para mantenerse en la existencia.

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1.2El descanso de Dios en el séptimo día

En la conclusión del punto anterior, hemos mencionado el descanso de Dios. Hemos dicho que Dios hizo las criaturas en los seis días y el séptimo día no hizo criaturas nuevas sino que Él descansó de su obra. En esta parte, vamos a tratar de explicar qué significa el descanso de Dios porque la Sagrada Escritura habla de ello y al mismo tiempo nos dice que Dios no tiene un cuerpo. En segundo lugar vamos a ver qué sentido tiene para nosotros este descanso.

Sabemos que en el sexto día, Dios terminó la creación de las criaturas pero nos dice la Sagrada Escritura que Dios sigue obrando. Para entender esta actuación de Dios, y para no contradecir la Sagrada Escritura, tenemos que entenderla de manera que Dios siga manteniendo las criaturas. Sin la manifestación de Dios en las criaturas, éstas no pueden sostenerse. Entonces, queda claro que Dios no crea criaturas nuevas después del sexto día sino que mantiene su contacto con las criaturas, no para su bien sino para el bien de las criaturas. El movimiento de las criaturas depende del Creador y de nada más. Si el Creador deja de sostener las criaturas, al mismo tiempo las criaturas dejan de ser.

En el descanso de Dios, hay dos interpretaciones, una se llama figurada y otra propia. Miremos la posición tomada por San Agustín en cada interpretación para tratar de mostrarnos el sentido que tiene el descanso de Dios. Ya lo hemos mencionado al terminar el punto anterior, sin embargo, en este apartado vamos a tratar de elucidar más la idea y también cómo todo tiene su porqué en la Sagrada Escritura. Por lo tanto, vamos a indagar por qué la Sagrada Escritura habla del descanso de Dios en el séptimo día, después de haber creado todas las criaturas.

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¿podemos decir que con el discurso viene el cansancio de Dios? Pero, como la orden de la creación fueron unas frases cortas, no podemos decir que eso pueda cansar a Dios. Entonces, si de ello resulta imposible que Dios se canse, volvemos con la misma pregunta: ¿qué sentido tiene la frase que habla del descanso de Dios en el día séptimo?

Ahora bien, para responder, tomemos la frase completa, esto puede ayudarnos a buscar la

relación existente entre el Creador y sus criaturas. “Y bendijo Dios el día séptimo y lo

santificó, porque en él descansó de todas sus obras que había comenzado” (Gn. Litt. IV.I.1). En la frase hay una parte que es menester entender para poder captar el sentido del descanso de Dios en el día séptimo. En primer lugar, tenemos que saber que en el día sexto Dios terminó la creación; sin embargo, con ello no terminó la relación existente entre las criaturas y el Creador. Sabemos que las criaturas no son nada sin el Creador y, por ende, el descanso del Creador se puede entender en el hecho que Él no sigue creando. Entonces, Él toma distancia con el seguimiento de la creación, pero mantiene su relación perfecta con las criaturas.

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En fin, podemos decir que el descanso de Dios no es nada más que una invitación a las criaturas que tienen su fin en el Creador y que Él es el descanso mismo, en el cual las criaturas tienen que descansar. Este descanso tiene un principio y no tiene fin, entonces podríamos preguntarnos si es por eso que la Sagrada Escritura no habla de tarde en este día. En las siguientes anotaciones examinaremos esta pregunta.

En los primeros seis días de la creación, la Sagrada Escritura nos habla de mañana y tarde; como habíamos visto, en la mañana siempre había creación de nuevas criaturas y la tarde era el fin de la creación de ese día. Entonces, podríamos pensar que la mañana del séptimo día tiene como fin la creación de una criatura nueva, pero esta idea es fácil refutar, ya que sabemos que la Sagrada Escritura nos dice que el sexto día es el fin de la creación de todas las criaturas. Por ende, podemos interpretar esta mañana como el principio del descanso de Dios de las criaturas y el principio del descanso de las criaturas.

Lo que nos presenta un reto más grande ahora es saber por qué la Sagrada Escritura no habla de tarde en el séptimo día. Sin embargo, ya tenemos una pista que podemos sacar del punto anterior, donde decimos que la mañana del día séptimo marca el principio de nuestro descanso en Dios y este descanso no tiene fin; de hecho, podemos decir que la Sagrada Escritura no habla de tarde en este día para marcar la infinitud de nuestro descanso en Dios. Todo viene de Él y todo va a Él.

Un último detalle para cerrar este punto, aunque ya lo destacamos anteriormente, es si el día séptimo fue creado o no. En este punto sólo nos atrevemos a decir que en el último día no hubo la creación de ninguna criatura. Sólo este día marcó el descanso de Dios de sus criaturas, lo que podemos entender como el descanso también de las criaturas en Dios que es diferente al caso de Dios, que tiene su descanso en sí mismo.

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1.3La Trinidad y la Creación

La Trinidad está constituida por tres personas: Padre, Hijo y Espíritu. Cada uno colabora, no de manera aislada en la creación, sino en conjunto. La creación es obra de los tres que hacen Uno. Ella está siempre presente en la creación; no hay uno que mande y otro que obedezca como; todo se hace con la colaboración perfecta de cada uno de los miembros de esta Trinidad, que también es Uno. “La creación es la obra del Dios Trino y Uno, no solo

como efecto „ad extra‟ de una única operación común, sino como término también de un

amor que si bien se atribuye al Espíritu Santo no se separa con ello en manera alguna de las

otras Divinas Personas”11.

Así, no podemos dejar de lado el carácter trinitario que hay en la historia de la creación. Ahora bien, para hablar de la Trinidad, tiene que verse la significación de esta palabra. En

ella podemos descubrir la palabra “tri” que quiere decir tres. Ahora bien, ¿cuáles son estas

tres personas que colaboran para crear este mundo en el cual estamos viviendo? La introducción ya nos dice quienes son; sin embargo no nos dice cómo es la colaboración. En este caso, se podría nombrar primero a Dios Padre, que habló con su Hijo en la creación de

la luz cuando diceμ Dios dijo que “haya luz”. En segundo lugar, este Hijo está nominado por dos palabras claveμ “Verbo y Principio”ν y en tercer lugar se podría encontrar esta tercera persona cuando diceμ “el Espíritu de Dios era llevado sobre el agua” (Gn. Litt. I.VII.13). De hecho, no podemos negar la relación perfecta existente entre las tres personas de la creación. Cada uno, según su función, está colaborando para la realización de toda la creación. Ahora, trataré de explicar cuál es el papel de cada persona en la historia de la creación.

Sabemos que simultáneamente Dios crea el mundo, pues cuando hablamos del mundo vemos el cielo y la tierra, y entendemos el cielo y la tierra como un conjunto de criaturas. En un solo día hizo Dios la creación. En el séptimo día, Dios descansa de sus criaturas. Lo

11 Rodulfo Eduardo de Roux, S.J., El amor de Dios al Hombre en San Agustín, ed. Pontifica Universitas

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que implica el fin de la creación, pero la continuidad de las actuaciones de Dios. Las criaturas por sí solas no pueden sobrevivir, para ello necesitan el constante obrar de Dios.

Si decimos que la creación del primer día fue en su razón causal, se podría preguntar cómo podemos entender que Dios habló con las criaturas. En el caso de la creación del hombre,

dijo Dios al hombre “creced y multiplicaos y llenad la tierra y dominadla”. Si estas palabras fueron dichas en la razón causal de la creación, no había todavía creación efectiva. De todos modos, podemos negar la posibilidad de la creación en el tiempo si todavía no son creaciones en el tiempo, no podemos hablar de materia ni de nada que tenga que ver con la materia, por ende ¿cómo lo dijo Dios? ¿Qué sentido tiene? ¿A quién lo dijo? Si miramos lo que hemos dicho antes, podemos descubrir ya una respuesta adecuada a estas preguntas porque ya hemos dicho que todo lo que han de ser las criaturas está en la creación causal; por lo tanto, estas palabras Dios las dijo en la razón causal de la creación. Para decirlo de otra manera, estas palabras están en la naturaleza de las criaturas, esto es, son las normas que las criaturas tienen que cumplir en su creación en el tiempo. “Como quiera que sea, unas criaturas proceden de otrasν algunas en el tiempo, otras en las causas” (Gn. Litt. VI.VIII.13).

No cabe dudar del conocimiento de Dios antes de la efectividad de las criaturas porque Él es la razón causal de las criaturas, es por eso que la Sagrada Escritura diceμ “Antes de

formarte en el vientre te elegí, antes de salir del seno materno te consagré y te nombré

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Según el relato de la creación, todas las criaturas fueron creadas no con el uso de las manos sino por palabras dichas por Dios. A partir de esto podemos replantear la pregunta: ¿a quién había dicho Dios estas palabras? Es verdad que no había ninguna criatura antes de la creación en el tiempo. El tiempo mismo es una criatura, por lo tanto, antes de la creación no había nada. Estas palabras, que según la Sagrada Escritura son dichas por Dios, están dichas en el Verbo que es coeterno con Dios, es decir, que siempre ha existido. “Dios es. No es esto o aquello: es sin de-finición, sin límites. No era o será: es, sin tiempo. Este es el

misterio del Ser de Dios”12.

De hecho, leemos en la Sagrada Escritura que en el principio creó Dios el cielo y la tierra. Esta afirmación nos permite entender muchas cosas. Primero, la palabra principio, ¿a qué se refiere sino al Hijo que es el principio de todas las cosas? Cuando hablamos de principio, vemos un marco de tiempo y bien sabemos que antes de la creación no podemos hablar de tiempo porque el tiempo mismo es una criatura. Lo que Dios dijo no lo dijo porque el Hijo no supiera todas las criaturas que había de hacer, sino que es para mostrarnos la perfecta colaboración que hay entre el Hijo y el Padre. Y también es a través de Él que Dios nos comunica su proyecto, Él es el mediador entre el Padre y nosotros, es el puente que nos une

a Dios. “Así, por el Verbo, coeterno contigo, simultánea y eternamente dices todo lo que dices y se hace todo lo que dices que se haga. Y no lo haces de otro modo que diciéndolo; y, no obstante, no se hacen al mismo tiempo y por toda la eternidad todas las cosas que tú,

diciéndolas, haces” (conf. XI. VII. 9).

Todas las criaturas tienen vida en el Verbo, porque de Él las criaturas tienen su origen, aunque sea diferente de ellas por naturaleza. Antes de que las criaturas se vuelvan objeto de conocimiento para el hombre, el Verbo ya las conoce. En Él estaban las criaturas antes del tiempo. En Él mismo Dios hizo el nombramiento de las criaturas. El Verbo no tiene ni principio ni fin, y no depende de las criaturas para su sobrevivencia, mientras que las criaturas tienen principio y fin, y su razón de ser está en Él. Esta misma razón de ser que las criaturas tienen en Él hace que Dios esté más cerca de las criaturas que las criaturas mismas

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entre ellas. Esta cercanía se explica también por el hecho de que Él no cambia y no puede cambiar, entonces podemos decir que conocemos su esencia y al conocer la esencia de una cosa, tenemos un conocimiento perfecto de la cosa.

Por lo general, hay criaturas que no alcanzamos a ver, menos aun a tocar, por la distancia que nos separa de ellas y por otras causas que no mencionamos; por lo tanto, no podemos tener un conocimiento de estas criaturas.

De la misma manera que la Sagrada Escritura nos revela la participación del Hijo en la creación, ella nos revela también la participación del Espíritu, porque la creación es trinitaria. En la expresión de la creación del cielo y la tierra como materia informe,

encontramos una frase que dice que “el soplo de Dios se movía sobre la superficie de las aguas”. Esta expresión puede tener diversas formas de interpretación o diversas

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Si hemos de tomar de las cosas visibles ejemplos para comprender esto, está la luz del sol o la luz de la luna, que ilumina la tierra, es sobrellevada por los cuerpos terrestres, no estando contenida o encerrada en ellos, sino que conteniéndola el cielo, es sobrellevada por ellos; también debemos evitar el creer que el Espíritu de Dios era llevado sobre la materia ocupando lugares. Era llevado por cierta potencia activa y operativa a fin de que aquello que le sobrellevaba se hiciese y fabricase; del modo que es sobrellevada la voluntad del artífice sobre la madera o sobre cualquiera otra materia destinada a hacer algo de ella, o también como los miembros del cuerpo sobrellevan la voluntad que los

moviliza para obrar (Gn. a la letra, Incompleta. IV. 16).

En esta fraseμ “el Espíritu de Dios era llevado sobre el agua”, se podría entender el papel

del Espíritu en la creación. Antes de hablar directamente del Espíritu, vale la pena hablar un

poco sobre el término “sobre”. Si miramos el término en su sentido literal, tendría que

considerarse como espacio, como refiriendo a un nivel o como lugar, lo que podría llevarnos a decir que si hay espacio, hay tiempo, lo que pondría en duda la legitimidad de la

luz como creación primera. Entonces sería mejor entender el término “sobre” como la potencia que “excedía y sobrepasaba todas las cosas” (Gn. Litt. 1. 7. 13). Volvamos al asunto del papel del Espíritu en la creación. Se puede entender esta enunciación en la medida en que consideremos que la criatura era aun inacabada, es decir, no estaba todavía formada. El amor de Dios está presente en sus criaturas formadas acabadas para que ellas sean y vivan.

Al mirar las expresiones en que el autor de la Sagrada Escritura explica la creación, uno se podría preguntar por qué la diferencia entre los enunciados referentes a las criaturas. No hay nada de casualidad en la Sagrada Escritura, por lo tanto estos enunciados deben tener un sentido, un significado. Entonces planteamos las tres frases que pueden ayudarnos a encontrar esta participación de la Trinidad en la creación. “Y dijo Dios hágase, y Dios hizo,

y vio que era bueno” (Gn. Litt. II.VI.12). Como lo estaba planteando en los puntos

anteriores, la preocupación por la frase “dijo Dios” podría referirnos a una orden dada de una persona a otra. Gracias al desarrollo de San Agustín en este libro se puede decir que cuando la Escritura dice: “dijo Dios”, se refiere a la persona del Padre. Y cuando dice

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Verbo que es El Hijo, en quien las criaturas toman vida porque Él es la vida. Y, cuando la

Santa Escritura dice “y vio que era bueno”, significa que Dios se ha complacido en la bondad de su Espíritu, no como si la hubiese conocido después de haberla creado, sino que más bien le ha complacido en su bondad que permanezca en el ser, lo que antes le había agradado que se hiciera (Gn. Litt. II.VI.14). Entonces, cuando la Sagrada Escritura dice

“Hágase”, no quiere mostrar idea de orden sino mostrar cómo la criatura estaba ya en el

Verbo en que ella toma su esencia como ser criatura; así la permanencia de la criatura es obra del Espíritu que es miembro de la Trinidad creadora. No hay un tiempo que diferencie las actuaciones de los tres, todo está hecho al mismo tiempo.

La Sagrada Escritura nos cuenta que toda la creación es obra de Dios, que a partir de la nada crea todo. Este mismo libro nos permite entender que la creación no es trabajo penoso sino que Dios habla y todo se hace. Hemos visto también que toda la creación está hecha por un solo Dios, Trinitario: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu, donde cada uno tomado por aparte es una persona y los tres juntos una sola esencia. Entonces, decimos que Dios ha creado todo por su Hijo, y el Santo Espíritu, que es el Espíritu de los dos, lo ratifica cuando decimos que toda la creación es buena.

Estas tres personas pueden encontrarse dentro de la filosofía, no porque los filósofos las hayan mencionado desde una mirada trinitaria, como en la Sagrada Escritura, sino como tres partes del estudio de la sabiduría que son la Física, la Lógica y la Ética, aunque sabemos que Platón, el primero que ha hecho esta división, reconoce a Dios como Autor de todas las otras naturalezas, dispensador de la inteligencia, inspirador del amor, fuente de vida virtuosa y feliz. Sobre estas tres partes de la Filosofía, hay diferentes puntos de vista; sin embargo, una sola cosa queda en común entre todos y es que la naturaleza tiene una causa, la ciencia un método y la vida un sentido. En una obra de artesano, encontramos tres cosas, la naturaleza que es reconocida por el espíritu, la doctrina por el saber y el uso por el

fruto. “Por éstas hallaron los filósofos, como insinué, las tres disciplinas o ciencias que

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Referencias

  1. , M.,
  2. , S.,