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Sociedad informacional y asimetría territorial en la República Argentina

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Academic year: 2017

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SOCI EDAD I N FORMACI ON AL Y ASI METRÍ A TERRI TORI AL EN LA REPÚBLI CA ARGEN TI N A

Josefina Vaca y Horacio Cao Universidad Nacional de Quilm es / Universidad de Buenos Aires ( Argent ina) j [email protected] .ar

Resum en

Desde las últ im as décadas del siglo XX una serie de cam bios polít icos, económ icos, sociales y t ecnológicos auguran la llegada de un nuevo m odelo de sociedad, donde, las Tecnologías de I nform ación y Com unicación, prot agonist as de la revolución inform acional, ocupan un lugar cent ral. Frent e a est e fenóm eno nos pregunt am os: ¿Qué caract eríst icas asum en los procesos de incorporación de est as t ecnologías en la Argent ina, un país con una m arcada het erogeneidad ( diferencias en caract eríst icas y t am años relat ivos) y desigualdad ( nivel de desarrollo) t errit orial ? Buscando responder est os int errogant es nos acercam os al t em a observando que el despliegue de est as t ecnologías reproducía el pat rón de desarrollo desigual exist ent e en el país.

Palabras clave: desarrollo regional - desarrollo desigual – provincias – Argent ina - sociedad de la inform ación - revolución inform acional - t ecnologías de inform ación y com unicación

I nt roducción

En las últ im as décadas del siglo XX, las indust rias que const it uyen las t ecnologías de inform ación y com unicación: inform át ica, audiovisual y t elecom unicaciones ( TI C´ s) que hast a ent onces se habían desarrollado paralelam ent e pasan a t ener una est recha vinculación ent re sí, iniciando un proceso de desarrollo t ecnológico convergent e y provocando una revolución t ecnológica de im pact o m undial.

En est e sent ido, es im port ant e señalar que cada época hist órica y cada sociedad se expresan con una part icular “ configuración com unicat iva” , donde la form a en que las infraest ruct uras influyen sobre las relaciones de int erdependencia ent re las personas j uega un papel cent ral ( 1) . En la hist oria de las infraest ruct uras urbanas por ej em plo, las nuevas const rucciones ut ilizan, al m enos en part e, una ant erior, por lo que la configuración com unicat iva aparece de alguna m anera rest ringida y condicionada por la nat uraleza de los ordenam ient os previos. En est e aspect o, la cont inuidad parece ser la norm a y la discont inuidad la excepción.

Con relación a la art iculación ent re las “ nuevas” t ecnologías de inform ación y com unicación y los nuevos escenarios urbanos Maldonado ha plant eado una int eresant e pregunt a: ¿El principio de cont inuidad t am bién es válido en el ám bit o de la revolución inform acional ? ( 2) .

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conduce a observar lo que, ut ilizando la idea de configuración com unicat iva, podríam os llam ar configuración t errit orial ( 3) de las diferent es regiones donde vienen a insert arse est os procesos.

A propósit o de est a sit uación, es im port ant e dest acar que si bien surgieron pronóst icos alent adores ( e incluso fant asías) acerca de la capacidad del nuevo paradigm a para superar las t endencias hacia los desequilibrios int erregionales que se habían dado en procesos de desarrollo ant eriores, t odo parece indicar que en el caso de las t ecnologías de inform ación y com unicación ( en adelant e TI C’s) se est aría reproduciendo lo que se conoce com o el “ principio de equiparación” ( 4) .

Est e principio sost iene que, aunque pueden encont rarse excepciones, una región que se caract eriza por un ciert o desarrollo relat ivo en un fact or o dim ensión, m uy probablem ent e t endrá ese m ism o nivel de desarrollo relat ivo en ot ros fact ores. Así, es de esperar que las regiones cat egorizadas com o “ periféricas” por su desarrollo económ ico, t engan una sit uación equivalent e en lo que respect a por ej em plo, a calidad y ext ensión de la educación, penet ración de t ecnologías de últ im a generación, calidad de funcionam ient o de las inst it uciones polít icas, et c. En definit iva, las TI C´ s replicarían el pat rón de desarrollo regional.

En cuant o a la organización del escrit o, en prim er lugar, se hace una descripción est ilizada sobre la conform ación y art iculación t errit orial del país desde el período de conform ación del Est ado Nación ( siglo XI X) hast a la et apa del Est ado I nt ervent or ( siglo XX) . Post eriorm ent e, se describen los cam bios que se producen desde m ediados de los ‘70s, ( dest acando el advenim ient o de la revolución inform acional) y se analiza su im pact o en las diferent es regiones. Luego se exam inan algunos dat os referidos a la dist ribución y difusión de las TI C´ s en el t errit orio y, por últ im o, se ofrecen algunas conclusiones.

1 - La configuración hist órico- t errit orial

1 .1 - Et apa de consolidación del Est ado N ación

La consolidación del Est ado Nación en la Argent ina, proceso que sim bólicam ent e se fecha en el año 1880, se caract eriza por m arcar el fin de una larga beligerancia ent re una provincia -Buenos Aires- y el rest o del país, al que se conoce com o “ int erior” . La suprem acía m ilit ar de Buenos Aires y la dinám ica de su econom ía - basada en el em prendim ient o agrícola ganadero- fueron la fuerza disciplinadora del conj unt o.

Baj o est a preem inencia com enzó a const ruirse una com unidad de int ereses ent re act ores de las dist int as regiones que, ent rañando una art iculación t errit orial j erarquizada, se t raduj o en un pact o int erregional im plícit o caract erizado de la siguient e m anera:

En lo polít ico:

• El int erior reconoce la hegem onía de Buenos Aires y se com prom et e a no em barcarse en avent uras que pongan en j uego la est abilidad del sist em a.

• Buenos Aires reconoce al rest o de las clases dom inant es provinciales com o legít im as represent ant es t errit oriales y dej a de lado proyect os unit arios o de reem plazo de est as clases dirigent es.

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• Se organiza un m ercado único nacional alrededor del Puert o de Buenos Aires y del em prendim ient o agrícola ganadero, lo que im plica cort ar hist óricas relaciones m ercant iles ent re las regiones derrot adas en la guerra civil y diferent es t errit orios que habían quedado en países lim ít rofes ( Bolivia, Brasil, Paraguay, Chile) .

• El gobierno cent ral, com o cont rapart ida, desarrolla una serie de polít icas que posibilit an el surgim ient o de lo que se conocería com o “ econom ías regionales” : azúcar y t abaco ( en Tucum án, Salt a y Juj uy) , vit ivinicult ura ( en Mendoza y San Juan) , algodón ( en Chaco, Form osa, nort e de Sant a Fe) , et c. Se crist alizó así una t ípica est ruct ura cent ro- periferia, en donde los act ores posicionados sobre el área cent ral en función de su vinculación direct a con el m ercado m undial, de un m ayor desarrollo económ ico y de su preem inencia m ilit ar im ponen condiciones a los act ores sociales del rest o del t errit orio; haciendo que est os últ im os queden subordinados en una función de apoyo de los procesos de acum ulación hegem ónicos. Est e acuerdo, asum ida la derrot a en la guerra civil, era vent aj oso para las clases t radicionales del int erior, en t ant o les abría la posibilidad de ser socias –si bien m enores- del dinám ico em prendim ient o agrícola–ganadero. Por ot ro lado, la organización federal del país les daba las herram ient as polít icas para garant izar el sost én del sist em a de regulaciones que – financiado con una porción de la rent a agraria pam peana-perm it ía la supervivencia de las econom ías regionales.

Tam bién era favorable para los act ores sociales de las áreas cent rales, pues les result aba convenient e asignar una porción de la rent a pam peana a la pacificación del país y a la incorporación de un im port ant e espacio de apoyo a su crecim ient o capit alist a. Según el Censo de 1895 m ás del 40% de la población era part e de lo que hoy se ident ifica con el área periférica ( ver m apa) y aunque la zona sufría una larga crisis era relevant e su peso desde el punt o de vist a de la ofert a de m ano de obra, de insum os para la producción, de alim ent os para la reproducción de la fuerza de t rabaj o y de su condición de m ercado consum idor de product os nacionales.

Es im port ant e agregar que en est a et apa t am bién ocurre la ocupación e inst it ucionalización de las últ im as regiones que, dent ro de los lím it es de la República, se m ant enían en m anos de población aborigen. A est as zonas se les asignó el est at us j urídico de “ Territ orios Nacionales” y su organización quedó baj o la pot est ad direct a de la j urisdicción nacional. En ellos, com enzó el despliegue de t areas básicas de ocupación m ilit ar y el despliegue de los prim eros em prendim ient os económ icos ( 5) . 1 .2 - Et apa del Est ado I nt ervent or

La crisis m undial iniciada en 1929 hace t am balear los cim ient os de la est ruct ura product iva del país, induciendo el surgim ient o de un proceso de indust rialización por sust it ución de im port aciones ( I SI ) . Es im port ant e m encionar que dicho proceso se localizó fundam ent alm ent e sobre las m ism as provincias en que se había desarrollado el em prendim ient o agrícola - ganadero, acent uando t endencias ant eriores en cuant o a la ubicación de los cent ros de decisión y a la concent ración dem ográfica y económ ica en un área reducida del país.

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que, en t érm inos del PBI , se increm ent ó del 23,8% en 1929 al 35,7% en 1970. Tam bién se produce una t ransform ación relevant e en el perfil de la sociedad Argent ina; la proporción de población que vive en cent ros urbanos pasa del 12% en 1914 al 74% en 1970, en el m ism o período el analfabet ism o baj a del 36% al 8,4% y la m at rícula de las Universidades pasa de 20.000 alum nos en 1930 a m ás de 230.000 en 1970 ( 6) . Pero, a pesar de est os cam bios, no se observaron m odificaciones en el posicionam ient o relat ivo de las diferent es áreas del t errit orio. En las econom ías regionales, las polít icas de subsidio del Est ado Nacional hicieron surgir una peculiar est ruct ura de t enencia de la t ierra que com binaba lat ifundios y m inifundios en cont inua regeneración. Los pequeños product ores que quizá hubieran podido ser absorbidos por la indust ria en auge, conservaron sus parcelas m ant eniendo la ineficiencia global del sist em a product ivo, y los propiet arios m ás grandes - que recibieron sobret asas de ganancias a t ravés de precios de m onopolio que garant izaba el Est ado- eludieron aplicar la rent a obt enida en la incorporación de m ej oras t ecnológicas.

En cuant o a la región sur del país, se acent uó el caráct er m ixt o del pat rón de desarrollo a part ir de polít icas de ocupación, defensa, poblam ient o, et c., y del despliegue baj o la égida est at al del em prendim ient o hidrocarburífero. Com o result ado de los acont ecim ient os cit ados surgió un ciert o equilibrio ent re las diferent es provincias y regiones que, recurrent em ent e est udiado ( 7) , dio pie a una serie de clasificaciones que alcanzaron am plio consenso en dividir el t errit orio nacional en t res áreas: Cent ral, Periférica y Despoblada.

A grandes rasgos, las principales caract eríst icas de est as áreas son:

Área Cent ral: Posicionada en el cent ro- est e del país,

básicam ent e sobre lo que se conoce com o Pam pa Húm eda. Se t rat a de aproxim adam ent e 60 m illones de hect áreas cuyas caract eríst icas físicas se consideran singulares al concent rar suelos fért iles con m uy poca pendient e, un clim a de t ipo t em plado sin est ación seca y la presencia de aguas dulces y abundant es a poca profundidad. Sobre est as vent aj as nat urales, desde fines del siglo XI X se desarrolla la producción de granos ( t rigo, m aíz, cebada, alfalfa, m ás t ardíam ent e soj a) y de ganado, em prendim ient os clave para financiar las polít icas sust it ut ivas de im port aciones, siendo, adem ás, el principal eslabón de la relación de la Argent ina con el m ercado m undial. Adicionalm ent e, en est a porción del t errit orio se concent ran las principales indust rias y em presas de servicios.

A part ir de est as caract eríst icas y de las m igraciones int ernas e int ernacionales, present a una concent ración de población y un aparat o product ivo de dim ensiones m uy superiores al que se observa en las ot ras áreas del país, const it uyendo a escala nacional, el sect or m ás dinám ico en la evolución de la est ruct ura económ ica y social. El área cent ral t iene su núcleo en la Ciudad de Buenos Aires en donde se encuent ra la dirección y adm inist ración del Est ado Nacional y de la m ayoría de las principales firm as que operan en el país. Alrededor de la ciudad se art icula una franj a m et ropolit ana de 19 part idos que j urisdiccionalm ent e son part e de la Provincia de Buenos Aires, pero que t ienen una fuert e sim biosis con la ciudad capit al.

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hacia el área cent ral. En lo product ivo se caract erizó por el despliegue de las llam adas “ econom ías regionales” , producciones agroindust riales dirigidas al m ercado int erno que surgieron al am paro de una red de subsidios y prot ección arancelaria. Si bien, est os em prendim ient os perm it ieron dot ar de ciert o dinam ism o a las econom ías de est as provincias, generaron una est ruct ura product iva caract erizada por una penet ración irregular y t ardía de relaciones de producción capit alist as y por una aguda dependencia del Sect or Público. En t érm inos relat ivos, es el área donde se observa el m enor nivel de ingreso per cápit a y los índices de m ayor det erioro social del país.

Área Despoblada: Ubicada en el sur del t errit orio, se caract eriza por la baj a densidad poblacional relat iva, frut o del t ardío proceso de ocupación y desplazam ient o de la población aborigen. Durant e buena part e del siglo XX fueron cruciales las polít icas de poblam ient o que apelaron a la generación de regím enes preferenciales de producción, a la fij ación de cont ingent es de personal de las Fuerzas Arm adas y a una inversión pública en infraest ruct ura económ ica y social per cápit a superior a la que se observa en el rest o del país. Dent ro de su aparat o product ivo se observan explot aciones ganaderas ext ensivas y se dest aca el papel de los em prendim ient os ligados al pet róleo, al gas y al carbón que, operados hast a la década de 1990 por em presas est at ales t uvieron com o una de sus lógicas principales la de apoyar el asent am ient o poblacional.

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Am pliar I m agen 2 - N uevos elem ent os y desequilibrios t radicionales

Los cam bios que se producen en el país y en el m undo desde m ediados de los ‘70s, abren un nuevo período para las diferent es regiones que com ponen la República Argent ina. A los fines de est e t rabaj o es im port ant e dest acar dos elem ent os: 1 - En el m arco de est os cam bios la revolución inform acional asum e, progresivam ent e, un papel cent ral.

2 - La redefinición de la est ruct ura económ ica, polít ica y social en m archa, desest ruct ura el equilibrio int erregional descrit o. 2 .1 - La revolución I nform acional

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est aban gest ando. Así, la revolución inform acional se fue const it uyendo en una especie de base de sust ent ación de los procesos de cam bio experim ent ados, y designados por algunos de los principales bloques polít icos ( Com isión Europea) y económ icos ( OCDE) con el nom bre de “ sociedad de la inform ación”.

Desde est a perspect iva de análisis, la Sociedad de la I nform ación ( en adelant e SI ) t rat a de un proceso social inconcluso, en pleno desarrollo y que reconoce prot agonism o en las TI C´ s. Su const rucción refiere a una sum at oria de procesos que asum en en cada país y en cada provincia caract eríst icas part iculares en virt ud de las diferencias sociales, económ icas, cult urales, et c. Así com o exist en diferent es m odelos de sociedades indust riales, es casi seguro que coexist irán diferent es m odelos de sociedad de la inform ación ( 8) .

En la génesis de la revolución inform acional se evidencian innovaciones de t ipo radical que, a diferencia de las innovaciones corrient es que m odifican sólo parcialm ent e procesos y/ o product os, se caract erizan por incidir en la t ransform ación de t odo el proceso product ivo.

Kat z dest aca que lo novedoso no es la gravit ación de la inform ación en la econom ía sino el desarrollo de una t ecnología para sist em at izar, int egrar y organizar el uso económ ico de la inform ación. “ Con la difusión de la inform át ica com enzó una nueva revolución t ecnológica cuyo ej e es la creación de aparat os que generan y ret roalim ent an la inform ación con finalidades product ivas” ( 9) . De est a m anera, las act ividades infocom unicacionales fueron incorporándose en los procesos product ivos y t ransform aron el m odo en que se elaboran bienes y servicios para el conj unt o de los sect ores de la econom ía; no sólo los relacionados con las indust rias de inform ación y com unicación.

A est o hay que agregar que, con el uso de com put adoras personales, la difusión de I nt ernet , la cont inua aparición de nuevos product os ( fax, t elefonía celular, videoj uegos, et c.) y la disponibilidad de bienes y servicios infocom unicacionales en ám bit os públicos y sem ipúblicos, la revolución inform acional penet ró en el t ej ido social y se volvió percept ible en la vida cot idiana.

Uno de los aspect os m ás sorprendent es de la revolución inform acional es el increm ent o en la capacidad de producción, procesam ient o y t ransm isión de inform ación: la m em oria de los chips salt ó de 1.024 bit s a principios de la década de 1970 a 16.384.000 bit s a principios de la de 1990, y su velocidad se increm ent ó 560 veces, el desarrollo de la fibra ópt ica ot orgó a cada segundo la capacidad equivalent e a 21 horas de uso de la línea t elefónica convencional. Tam bién cabe m encionar la dism inución en el cost o de la producción y procesam ient o infocom unicacional; si la declinación de precios observada en los chips desde principios de los 70’ se hubiera experim ent ado en las indust rias aeronáut ica y aut om ot riz, en los 90’ un Boeing 767 habría cost ado 500 dólares y un Rolls- Royce 2,57 dólares ( 10) .

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t elecom unicaciones causa un pobre desarrollo económ ico" ( 12) . Evident em ent e, el reduccionism o t ecnológico de Al Gore se fundam ent a en que el desarrollo y expansión de las TI C´ s favorecería por igual a t odos sus usuarios.

Por ot ra part e, Nicholas Negropont e en su libro “ Ser digit al” auguraba: “ Hoy en día una cuart a part e de la población m undial t iene un nivel de vida acept able, m ient ras que t res cuart as part es viven en la m iseria. ¿Cóm o podrem os unificar est as divisiones, que parecen insalvables? Una nueva generación va em ergiendo del paisaj e digit al liberados de las lim it aciones geográficas com o única base para la am ist ad, la colaboración y la polít ica del buen vecino. La t ecnología digit al podrá ser la fuerza nat ural que im pulse a los hom bres hacia una m ayor arm onía m undial ( 13) .

Sin em bargo, num erosos aut ores advirt ieron que la revolución inform acional no puede ser com prendida en t érm inos m eram ent e t ecnológicos ( 14) sino que debe ser analizada en el m arco de los cam bios generados por las necesidades de recom posición del proceso de acum ulación de capit al y la m ut ación del pat rón t ecnológico, económ ico y social del m undo indust rial. Cont ext o en el cual, la inform ación se consolidó com o una m at eria prim a y una m ercancía fundam ent al, forj ando una nueva dinám ica social cent rada en los conflict os que condicionan su producción, dist ribución y consum o m asivos ( 15) .

En est e sent ido, en la Argent ina, el salt o t ecnológico prot agonizado por las TI C´ s vino a sum arse y a reforzar una serie de cam bios en el ám bit o de la econom ía, la polít ica y la organización de la sociedad; nos referim os al agot am ient o de la et apa del Est ado I nt ervent or. Veam os algunos aspect os de est as m ut aciones.

2 .2 - El aj ust e est ruct ural

A grandes rasgos, desde la int errupción del orden const it ucional en 1976 y la inst auración de la dict adura m ilit ar m ás violent a que recuerde la hist oria argent ina, com enzó el despliegue de lo que se conoce com o polít icas de aj ust e est ruct ural. Sus caract eríst icas fueron: una m ayor apert ura a los fluj os com erciales y financieros int ernacionales, un disciplinam ient o de la fuerza de t rabaj o m ediant e el afianzam ient o de las reglas de m ercado y la gest ión del sect or público cent rada en una severa disciplina fiscal.

Est as polít icas, que se consolidaron y alcanzaron su m áxim a expresión en la década de 1990, produj eron un cam bio en el papel del Est ado alt erando la form a en que se relacionaba con la econom ía y la sociedad. Las t ransform aciones fueron de t al m agnit ud que en la act ualidad la est ruct ura del Est ado, sus m odos de int ervención, las relaciones ent re inst ancias, et c., son t ot alm ent e diferent es a las que im peraron durant e casi cinco décadas.

En esos años se experim ent ó, adem ás, una not able profundización de las t endencias hacia la cent ralización del capit al y la concent ración de la producción y del ingreso ( 16) -fenóm enos persist ent es y dinám icos en la econom ía desde el fin del periodo I SI - afect ando fundam ent alm ent e a los t rabaj adores ( dism inución en la part icipación del ingreso, desocupación, precarización del em pleo, et c.) y a la est ruct ura est at al ( privat ización de em presas públicas, desregulación, et c.) ( 17) .

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de inst it uciones que t enían por obj et ivo garant izar un ciert o nivel de em pleo y de ofert a de bienes sociales para t oda la población, generándose una crecient e polarización social. Est as polít icas t am bién im plicaron el fin de una serie de m ecanism os - subsidios, prot ección arancelaria, precios preferenciales de servicios públicos, et c. - que garant izaban un lugar en la econom ía nacional para act ores de t odas las lat it udes y que sost enían un ciert o equilibrio int erregional. El efect o dispar sobre los dist int os sect ores sociales y económ icos provocó en algunos segm ent os un crecim ient o espect acular, m ient as que ot ros ingresaron en una acelerada decadencia.

Ent re los m últ iples aspect os que ent rañan las t ransform aciones descrit as, result a esencial señalar el cam bio en el m odo de concebir al espacio geográfico nacional. Com o vim os, la configuración de las diferent es regiones surgió a raíz de un proceso de ocupación y art iculación de t odo el país a part ir de un m odelo global de t errit orio subsidiado, idea desplazada en los ’90 por el concept o de t errit orio eficient e. Est a nueva concepción conlleva obviam ent e m odificaciones en el m apa product ivo nacional ( Yanes, 1998: 2) . A cont inuación se describe, de m anera m uy est ilizada, el im pact o de est os procesos en las dist int as áreas geográficas.

En el área cent ral, se da el golpe final sobre el sect or indust rial que había surgido al am paro de las polít icas sust it ut ivas de im port aciones, generándose un proceso de aguda cont racción del segm ent o m anufact urero que redundó en un descenso vert ical en la part icipación del sect or en el Product o del área, pasando del 34,9% al 25,5% del t ot al. Sin em bargo, com o cont rapart ida se genera el crecim ient o de im port ant es segm ent os del sect or servicios, com o por ej em plo el financiero. Asim ism o, desde principios de los ’70 se observa el relanzam ient o de la t radicional producción cerealera que por varias décadas se había m ant enido est ancada y el desarrollo de algunas agroindust rias com o la que produce aceit e de soj a. En relación con las condiciones de vida de la población, el Í ndice de Desarrollo Hum ano ( I DHA) ( 18) en el área cent ral es un 30% superior al prom edio del país ( 137,6 % ) .

En el área despoblada, las privat izaciones de Yacim ient os Pet rolíferos Fiscales ( YPF) , Gas del Est ado y Yacim ient os Carboníferos Fiscales ( YCF) reducen drást icam ent e la porción de la rent a de carburos que se reinvert ía en la región. Por ot ro lado, el descenso de las t ensiones con la vecina República de Chile a part ir de la resolución de los diferendos lim ít rofes det erm inó una reducción not able de las polít icas de defensa y de desarrollo en áreas de front era. Com pensando est os elem ent os, se adviert e un im port ant e aum ent o de la producción de pet róleo ( de 1993 a 1998 se increm ent ó en m ás de un 40% ) y el desarrollo del em prendim ient o t uríst ico dirigido a sect ores de alt os ingresos que generó una im port ant e corrient e de inversiones y consum o. En est a fracción del t errit orio el índice de desarrollo hum ano de la población es levem ent e superior al prom edio ( 115,4 % ) .

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Y en est as regiones, el despliegue de algunos em prendim ient os com o los dedicados a la m inería no pet rolera no llegaron a com pensar los desequilibrios sociales y laborales originados en la decadencia de las econom ías regionales ( 19) . En cuant o al índice de desarrollo hum ano, result a un 30% m enor que el prom edio general del país y práct icam ent e la m it ad que el regist rado en el área cent ral ( 72,8 % ) .

Result a evident e que los cam bios m encionados no m odificaron la sit uación relat iva de las áreas que conform an el t errit orio del país ( 20) . Ahora bien, falt a saber, ¿Qué sucedió específicam ent e con la revolución inform acional ? Ret om ando la pregunt a inicial ¿En qué m edida la het erogeneidad y desigualdad t errit orial en la Argent ina ha condicionado la difusión de las TI C´ s?

2 .3 - Dist ribución t errit orial de las TI C´ s

La revolución inform acional es un proceso relat ivam ent e novedoso cuyas peculiaridades em pezaron a m anifest arse, de m anera incipient e, en los años ’70. En 1972 por ej em plo, se est im aba que había en la Argent ina unas 160 com put adoras de las casi 1.000 con que cont aba Am érica Lat ina ( 21) . Y hacia fines de la década la inform ación acerca de est e fenóm eno com enzó a ser relevada de form a m ás sist em át ica.

Concret am ent e, en el año 1978, la Subsecret aría de I nform át ica de la Nación inició la elaboración de est adíst icas en inform át ica, coincident em ent e con la realización de la prim era conferencia m undial sobre est rat egias y polít icas de inform át ica. Los prim eros result ados fueron present ados al año siguient e, durant e la t ercera Conferencia de Aut oridades Lat inoam ericanas en I nform át ica ( 3ª CALAI ) , llevada a cabo en Buenos Aires.

Es int eresant e cit ar algunos de los párrafos en los que se j ust ifica la im port ancia de est e t ipo de inform ación: - “ Es cada vez m ás not oria la necesidad de conocer m ej or algunos sect ores de la act ividad nacional, a fin de m edir su im port ancia y apreciar la polít ica pract icada en los m ism os por los poderes públicos. En especial, en el caso de la act ividad inform át ica que present a caract eríst icas originales que la dist inguen de ot ras ( ...) La serie nueva facilit ará a analist as e invest igadores la com prensión del desarrollo de la inform át ica y su incidencia en la proposición de polít icas sect oriales con vist as a la adecuada inserción de la act ividad en la com unidad” ( 22) .

Cabe agregar que, en el docum ent o consult ado, se hace referencia adem ás a la necesidad de regist rar la dist ribución y evolución del parque de com put ación en el país por t rat arse de dos aspect os cruciales. En est e sent ido, la posibilidad de cont ar con la inform ación recavada en esa et apa perm it e realizar un análisis no sólo est át ico sino t am bién dinám ico del desem peño de las TI C´ s en el t errit orio, a part ir de com parar los dat os del año 1978 con los correspondient es al últ im o Censo Nacional de Población y Vivienda del año 2001, present ados en el año 2003. Al observar la t abla Nº 1 se adviert e la asim et ría que caract erizó el despliegue de la revolución inform acional en la Argent ina, desde sus inicios. En el área cent ral se concent raba el 88,20% de las com put adoras con que cont aba el país en el año 1978 m ient ras que en la periférica llegaba al 9,56 % y en la despoblada al 2,42 % . En est e regist ro ( cant idad de art efact os) la periferia superaba al área despoblada.

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en est as dos áreas se reviert e ya que en el área despoblada se regist ran m ás com put adoras por habit ant e que en el área periférica. En lo que hace a la sit uación del área cent ral, sigue siendo m uy superior al rest o con 0,81 art efact os cada 10 m il habit ant es cont ra el 0,35 y 0,20 regist rados en las áreas despoblada y periférica respect ivam ent e.

En cuant o al análisis de casos punt uales, se dest acan las vent aj as relat ivas de la Capit al Federal respect o del rest o de las j urisdicciones. Allí, se concent raba casi el 60 % del parque de com put ación del t errit orio nacional y en cant idad de com put adoras por habit ant e era la única j urisdicción cuyo porcent aj e superaba el prom edio país. Tam bién result a sorprendent e la falt a de art efact os en la provincia de Tierra del Fuego ( 23) .

Tabla N º 1

Dist ribución del Parque de Com put ación en la Argent ina Año 1 9 7 8 ( 1 )

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N ot a: I ncluye sect or público y privado

Fuent es: Anuario Est adíst ico de la República Argent ina 1981 – 1982 y Provinfo, 2003.

Es im port ant e señalar que el censo del año 2001 const it uye la prim era oport unidad en que se recolect a inform ación en un censo nacional sobre el equipam ient o de TI C´ s en los hogares del país ( 24) .

Pasando ahora a los dat os present ados en la t abla Nº 2, se observa que, ent re las TI C´ s seleccionadas, la t elefonía es la m ás ext endida en los hogares del país seguida por la provisión de com put adoras y en últ im o t érm ino I nt ernet . En est e últ im o caso el porcent aj e de hogares que t ienen acceso a la red es realm ent e m uy baj o, sólo el 8,9 % .

[image:11.612.7.331.256.508.2]
(12)

hogares con acceso t elefónico no alcanza el 50 % . En el equipam ient o de com put adoras el esquem a general se repit e, en el área cent ral el 23,6 % de los hogares t iene com put adora m ient as que en la despoblada desciende al 18,6 % y en la periferia al 12,3 % . Con respect o a I nt ernet , el 11,3 % de los hogares en el área cent ral t iene conexión a I nt ernet , en la despoblada el 6,5 % y en la periférica sólo el 3,8 % de los hogares t iene acceso a la red.

Observando algunos casos punt uales, dent ro del área despoblada Tierra del Fuego es la j urisdicción donde se regist ra el m enor porcent aj e de hogares con equipam ient o de TI C´ s ( t elefonía, com put adoras e I nt ernet ) , alcanzando guarism os sim ilares a los de las j urisdicciones de la periferia.

La Ciudad de Buenos Aires en cam bio, se dest aca por el elevado porcent aj e de hogares con equipam ient o de TI C´ s. En la Ciudad Capit al el 91,4 % de los hogares t iene t eléfono, m ient ras que, considerando t odo el t errit orio, en la j urisdicción que le sigue ( Sant a Cruz) el porcent aj e es del 76,8 % . Las diferencias t am bién son significat ivas en el caso de las com put adoras y de I nt ernet ; en la Ciudad de Buenos Aires el 41,4 % de los hogares t iene com put adora y el 27,2 % I nt ernet , en Sant a Cruz, los hogares con com put adora llegan al 31,5 % y en el caso de I nt ernet al 10,7 % .

Tabla N º 2

Dist ribución de Tecnologías de I nform ación y Com unicación en la Argent ina

Año 2 0 0 1

Am pliar I m agen

N ot a: I ncluye t eléfono fij o y celular

Fuent e: I NDEC 2003 ( Dat os correspondient es al Censo Nacional de población y vivienda 2001) .

[image:12.612.5.330.376.617.2]
(13)

de las TI C´ s que incipient em ent e se insinuaba por esa época, y que no se m odificó el desequilibrio en lo que hace a la dist ribución t errit orial de est as t ecnologías. Est o se pone de m anifiest o en la persist encia de las brechas regist radas ent re las áreas: al igual que en el año 1978, en el año 2001 el área cent ral sigue est ando en el prim er lugar en cuant o a su dot ación de TI C´ s, seguida por el área despoblada y por últ im o la periférica ( 25) . Tam bién se evidencia al observar algunos casos punt uales com o el de la Ciudad de Buenos Aires que ha afirm ado su posición de avanzada o el de la provincia de Tierra del Fuego que, al m enos en est os regist ros, ha m ant enido su at raso relat ivo.

Con respect o a las j urisdicciones del área periférica, en t odos los casos, el equipam ient o de TI C´ s en los hogares es significat ivam ent e m enor que en el rest o del país, por lo que el acceso a los bienes y servicios infocom unicacionales en est a porción del t errit orio es preocupant e. Para dar una im agen de la m agnit ud de las brechas bast a con señalar que en la ciudad de Buenos Aires el porcent aj e de hogares con acceso a I nt ernet llega al 27,2 % m ient ras que en Sant iago del Est ero ( una de las provincias m ás rezagadas de la periferia) el acceso es t rece veces m enor, alcanzando t an sólo al 2,1 % de los hogares. Conclusiones

Result a evident e que la Argent ina se caract eriza por ser un país con una m arcada het erogeneidad y desigualdad t errit orial. Dist int os indicadores ( I DHA, PBG, dist ribución de la población, et c.) revelan las diferencias que exist en en el nivel de desarrollo relat ivo de las regiones que lo conform an. En est e t rabaj o, al análisis de los aspect os hist órico - est ruct urales se sum ó el de algunos procesos cont em poráneos, especialm ent e los vinculados a la revolución inform acional y al desem peño de las t ecnologías de inform ación y com unicación ( TI C´ s) , observando que su difusión en el t errit orio reproduce las asim et rías ya exist ent es.

En est e sent ido, se ha verificado la exist encia de una significat iva brecha digit al ent re las provincias y áreas del país que guarda un not able grado de paralelism o al de la brecha económ ico- social. Así, en lo que hace a t ecnologías de inform ación y com unicación, las provincias del área cent ral son las j urisdicciones donde se adviert e el m ayor desarrollo relat ivo, seguidas por las del área despoblada y por últ im o las j urisdicciones del área periférica.

Ot ro aspect o im port ant e que se ha podido apreciar es la perm anencia de est as brechas a lo largo del t iem po. Al observar la dist ribución t errit orial de algunas TI C´ s en el año 1978 ( cuando la revolución inform acional en el país daba sus prim eros pasos) y com parar su sit uación en el año 2001, ( a part ir de los dat os proporcionados por el últ im o censo nacional de población y vivienda) se pone de m anifiest o que, desde sus inicios, la difusión y dist ribución de est as t ecnologías en la Argent ina no ha sido hom ogénea. Por el cont rario, los procesos vinculados a la revolución inform acional en el t errit orio parecen est ar condicionados por la het erogeneidad y desigualdad est ruct ural del país.

(14)

país. De la m ism a form a, el ret raso relat ivo del área periférica y, aunque en m enor m edida, t am bién del área despoblada, no ha sido generado en los últ im os años; por el cont rario, obedece a un conj unt o de fact ores est ruct urales de larga dat a. No hay que olvidar que t ant o el em prendim ient o agro-export ador en la et apa de consolidación del Est ado- Nación com o el proyect o indust rializador ( I SI ) en la et apa del Est ado int ervent or t uvieron su foco en el área cent ral. Est e esquem a de división regional del t rabaj o, de art iculación t errit orial j erarquizada, en definit iva de cent ro y periferia, evident em ent e t iende a repet irse en est a nueva et apa signada por la revolución inform acional y por un nuevo paradigm a product ivo. En las últ im as décadas, aunque se evidencia un im port ant e increm ent o en la cant idad de bienes y servicios infocom unicacionales con que cuent a la Argent ina, no se produj eron cam bios en la dot ación relat iva de est as t ecnologías en las dist int as j urisdicciones y áreas ni en su posicionam ient o en el escenario nacional. Est e hecho, nos lleva a confirm ar la validez de los principios de cont inuidad y de equiparación sobre los que nos int errogam os al inicio del art ículo. Y a post ular la falacia de aquellos pronóst icos que enfat izan la capacidad del nuevo paradigm a t ecnológico para superar las t endencias hacia los desequilibrios int erregionales y/ o el papel prodigioso de las TI C´ s en la resolución de problem as est ruct urales de la sociedad.

Por últ im o, es im port ant e agregar que la het erogeneidad y desigualdad t errit orial en la Argent ina cont em poránea t rasciende los elem ent os de part ida, por lo que result a fundam ent al profundizar el conocim ient o de los diferent es m ecanism os económ icos, polít icos, sociales y t ecnológicos que surgen en est a nueva et apa. En part icular, aquellos vinculados a la revolución inform acional y a las t ecnologías de inform ación y com unicación, en t ant o const it uyen un aspect o m edular de la problem át ica del desarrollo social en el siglo XXI .

N ot as

( 1) Mat t elart ( 1996) , Maldonado ( 1998) , Sicsú y Bolaño ( 2004) .

( 2) El aut or alude básicam ent e a la adopción de la t ecnología ASDN ( I nt egrat ed Services Digit al Net work) ( Maldonado, 1998: 108/ 109) .

( 3) Se considera que sólo a t ravés de la visión del sist em a social en su conj unt o se puede ent ender cualquiera de las secciones, t em porales o espaciales, en que se lo quiera, analít icam ent e, fraccionar. Sin em bargo, exist en unidades –en est e caso de nivel subnacional– en donde los procesos económ icos, sociales y polít icos gozan de un desarrollo relat ivam ent e específico y aut ónom o. Es a part ir de dicha especificidad que es válido rescat ar la noción del sub- espacio regional. Est e concept o, que no niega la pert enencia del sub- espacio al sist em a social general, perm it e diferenciar ciert os procesos que se dan en la región baj o est udio de los que ocurren en ot ros sub- espacios en una coyunt ura hist órica det erm inada ( Rofm an, 1975: 1, 2) .

( 4) Dahl ( 1983: 84) .

( 5) Para dar una idea de la sit uación, durant e la prim era década del siglo XX, en lo que luego sería la Provincia de Sant a Cruz ( casi 250.000 km 2) , m enos de diez m il personas se dedicaban, ent re ot ras cosas, a criar 11 m illones de ovej as ( Secret aría de Agricult ura, Ganadería y Pesca 1990) .

( 6) OECEI ( 1974: 112, 122, 124, 140, 145) .

(15)

( 8) Becerra ( 2003a: 11, 12) .

( 9) Kat z ( 1998: 36) .

( 10) Kat z ( 1998: 37, 38, 39) .

( 11) Muchos de est os pronóst icos se basaban en que para el despliegue de las TI C` s no se precisaba de la concent ración de grandes inversiones de capit al, com o si se consideraban necesarias para el “ despegue” desde una posición periférica hacia una posición cent ral, en la et apa del llam ado Est ado Benefact or. Al respect o ver Myrdal ( 1961) , Friedm an y Weaber ( 1981) , Prebisch ( 1962) , et c.

( 12) El País ( 5/ 10/ 1994) .

( 13) Negropont e ( 1998: 232) .

( 14) Ver Cast ells ( 1995) , Kat z ( 1998) , Mat t elart ( 2002) , Mc Chesney ( 2002) , Becerra ( 2003) ent re ot ros.

( 15) Becerra ( 1999: 2) .

( 16) “ La concent ración de la producción se ent iende com o la incidencia que t ienen las m ayores firm as de una act ividad económ ica en el valor de producción de la m ism a. La cent ralización económ ica alude a los procesos en los cuales unos pocos capit alist as acrecient an el cont rol sobre los m edios de producción con que cuent a una sociedad, m ediant e la expansión de su presencia en una o m últ iples act ividades económ icas basándose en una reasignación del capit al exist ent e” ( Basualdo, 2000: 11) .

( 17) Basualdo ( 2001: 11, 79) .

( 18) Para prom edio sim ple del país = 100. El cálculo del I DHA es realizado por el PNUD de Argent ina. Los dat os referidos a las diferent es áreas fueron t om ados de ProvI nfo ( 2005) .

( 19) Rofm an ( 2000: 127 y ss.) .

( 20) En el t rabaj o “ Clasificaciones y agrupam ient os de provincias y t errit orios de la República Argent ina” se adviert e, aun desde diferent es perspect ivas de análisis, un am plio consenso acerca de las diferencias est ruct urales que exist en en la act ualidad ent re las t res áreas m encionadas. Ver Cao, Rubins y Vaca, 2003.

( 21) Sadosky ( 1972: 104) .

( 22) I NDEC ( 1981 – 1982) .

( 23) En el año 1980 el parque de com put ación de est a j urisdicción cont aba con 3 equipos ( I NDEC 1984) .

( 24) En dicho censo t am bién se recopiló inform ación sobre el equipam ient o en audiovisual.

( 25) En ot ros t rabaj os se han t rascrit o result ados de invest igaciones referidas al t em a observando las m ism as asim et rías que se exponen en est e art ículo. En el caso de Cao y Vaca ( 2003) se t rabaj ó sobre una m uest ra de algunas decenas de indicadores vinculados con las TI C´ s y en el de Cao y Vaca ( 2004) sobre elem ent os relacionados con gobierno elect rónico.

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