Rescate de memoria oral y construcción de identidad en dos villas de La Pintana

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RETRATOS ETNOGRÁFICOS:

Rescate de memoria oral y construcción de identidad

en dos villas de La Pintana

Álvaro Retamales

Centro de Investigación Social (CIS), Un Techo Para Chile

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INDICE

INTRODUCCIÓN………4

CAPÍTULO PRIMERO: La familia y la construcción social del parentesco……….7

1.1.- Tipos de familia: la solidaridad de la familia extendida………8

1.2.- Formas de afinidad: en búsqueda de la familia nuclear………...11

1.3.- Formas de crianza y Roles de género: ¿exceso de estrategia?...12

1.4.- Familias jóvenes y embarazo adolescente: El retorno de la familia extendida……….16

CAPÍTULO SEGUNDO: El trabajo y su proceso de precarización……….……19

2.1.- El trabajo como transformador del mundo y de la realidad………..19

2.2.- Condiciones laborales: la precarización del trabajo desde una Perspectiva sociocultural……….20

2.3.- Historia local del trabajo: de obreros y guardias de seguridad……….21

2.4.- Juventud y cesantía……….23

2.5.- La feria libre como última oportunidad……….25

CAPÍTULO TERCERO: VIVIENDA Y VIDA URBANA: de campamentos y blocks, de cites y bolsones de pobreza……….27

3.1.- La ciudad, lo urbano y el espacio urbano……….27

3.2.- Barrios y Ghettos………...28

3.3.- Espacio Domestico: De la media agua a los blocks………30

3.4.- Espacio comunitario: Amistad y conflictos entre vecinos………35

3.5.- El barrio: amor y odio con el entorno……….37

3.6.- La relación con la ciudad: exclusión, estigmatización y segregación. Violencia contra violencia……….39

CAPÍTULO CUARTO: Lucha por los derechos y participación social……….42

4.1.- ¿Qué es participar?...42

4.2.- La participación en campamentos y comités de allegados: la política de la necesidad………44

4.3.- Los comités de allegados……….45

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4.5.- Viejas prácticas para nuevos conflictos ………49

CAPÍTULO QUINTO: La identidad y la memoria: construcciones discursivas sobre la cultura local …..……….54

5.1.- Cultura, memoria e identidad. Nociones acerca de un concepto antropológico……….51

5.2.- Arqueología del barrio y mito de origen………..56

5.3.- Trayectorias del grupo: de la esperanza al estigma……….58

5.4.- Naturaleza del grupo ¿Quiénes somos?...59

5.5.- Sueños y expectativas futuras. Pequeñas y grandes utopías para el barrio………59

5.6.- Ghetto y cultura de la pobreza: nuestros propios parias urbanos……….61

CONCLUSIONES……….62

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INTRODUCCIÓN

El presente informe es el producto de un proceso de investigación etnográfico, acerca de la memoria oral y la construcción de identidades en el sector de Santo Tomas, en la comuna de la Pintana. Particularmente en dos villas: Villa Las Américas y Villa Arauco.

El trabajo de investigación fue llevado a cabo durante los meses de septiembre y noviembre de 2011, mientras el trabajo de sistematización y redacción de los resultados, fue realizado entre diciembre de 2011 y enero de 2012. El tema en sí, tuvo que ver con la reconstrucción del proceso de asentamiento de los habitantes de estos barrios. El objetivo que movió este estudio, fue el de comprender, a partir de los testimonios de los propios habitantes, cómo ha sido la trayectoria que los ha conducido a vivir en estos barrios de viviendas sociales, y cómo significan hoy su situación actual. Este ha sido el hilo conductor del proceso de investigación y de este informe de resultados.

La metodología propuesta para tales efectos, se enmarca dentro de los métodos cualitativos de investigación social, pero es también resultado de un enfoque etnográfico muy cercano a lo que se conoce como Investigación Acción Participativa. De este modo, la investigación se centra en el discurso de los sujetos estudiados, de modo de comprender las formas de vida y costumbres de los sujetos a través del tiempo -su proceso sociocultural de asentamiento- a la vez que se intenta proporcionar un insumo de conocimientos para un potencial modelo de intervención social, en virtud de la transformación de los problemas que a estas comunidades aquejan.

En cuanto a las técnicas de recolección de información, éstas fueron fundamentalmente el trabajo de campo, la entrevista en profundidad de tipo semi estructurado y los talleres participativos para el desarrollo.

El trabajo de campo estuvo siempre guiado por la observación directa, procurando lograr ser lo más participativa posible. De este modo, se fue sensibilizando en torno a la realidad concreta de estos barrios, enfrentando los sentidos con realidades a veces muy ajenas al etnógrafo. Fue realizado en primera instancia, como un modo de aproximarse al campo de estudio, obtener rapport y establecer confianzas con los vecinos. Este trabajo incluyó, además de la observación y registro en libreta de campo, la conversación informal con muchos actores locales y los recorridos comentados a la feria libre y otros espacios barriales. Las visitas a terreno se realizaron fundamentalmente los días de semana, durante las mañanas y las tardes. También existió la posibilidad de hacer visitas los fines de semana y no se realizaron visitas nocturnas.

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diversos tipos de habitantes, de acuerdo a: tiempo de asentamiento, rango etareo y tipo de vivienda. El criterio para cerrar el proceso de entrevistas, fue guiado por el punto de saturación. Esto quiere decir que, a partir de un primer análisis de los datos de los que se dispone, más la constatación de la repetición de los datos obtenidos de los informantes, se considera que la información ha sido saturada y se puede cerrar el proceso de entrevistas.

Particularmente en el proceso de entrevistas, nos encontramos con una fuerte complicación: no fue posible conseguir informantes entrevistados de sexo masculino. Los vecinos de los barrios, generalmente se encontraban trabajando, y los que podíamos contactar se negaban rotundamente a ser entrevistados, cerrando la posibilidad de continuar otro tipo de diálogo o bien derivándonos con sus mujeres. Este hecho, en un principio se interpretó como un serio problema, mas con el desarrollo de la investigación, se logro comprender que lo que ha sucedido al interior del barrio, y muy probablemente al interior de otros contextos y realidades sociales, es que los roles de participación social ciudadana han sido delegados casi exclusivamente al campo de lo femenino, de este modo, los hombres se desligan fácilmente de ciertas responsabilidades, a la vez que las mujeres encuentran un rol activo en el espacio público. Con todo, las entrevistas fueron realizadas exclusivamente a mujeres.

En relación a la aplicación de talleres participativos, se realizaron tres talleres, uno por cada junta de vecinos (una en la villa Arauco y dos en la villa Las Américas). El taller adquirió la dinámica de línea de tiempo, donde el colectivo de vecinos apoyados por el investigador/facilitador, reconstruyó la historia de los barrios, a partir del llenado de la línea de tiempo con cartones escritos con hitos significativos de la historia local. De este modo, el trabajo de campo y las entrevistas en profundidad se vieron complementados por el discurso colectivo, consensuado, de los vecinos participantes de los talleres.

Finalmente, todo este proceso de investigación en terreno, se vio complementado con la revisión de fuentes documentales de sitios electrónicos como blogs, paginas webs y periódicos, así como la aplicación de entrevistas a otro tipo de informantes clave como el director del CESFAM y la directora del colegio local.

El orden que adquirió el informe es el siguiente: cada capítulo trata sobre un tema en particular, iniciando con un apartado que aclara algunos conceptos que serán trabajados a lo largo del capítulo, para luego dar paso a los apartados con el contenido propiamente tal.

El primer capitulo, trata sobre la familia y la construcción social del parentesco a lo largo de la historia. Aspectos como los tipos de familia, las formas de crianza, entre otros, son tocados en profundidad en este primer capítulo. El segundo capítulo, trata sobre el trabajo y cómo éste ha sufrido un proceso de precarización a nivel macro social, expresando a través de los datos, el modo como esto se manifiesta en lo local. Toca aspectos como la cesantía y el trabajo informal de la feria entre otros.

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comités de allegados, la formación de juntas de vecinos y los movimientos sociales de derechos habitacionales y contra la construcción de la carretera de acceso sur a Santiago.

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CAPÍTULO PRIMERO:

Construcción Social del Parentesco: reglas y estrategias de organización de la familia

La familia puede adquirir múltiples formas al interior de una sociedad. La construcción social del parentesco está determinada por las pautas culturales que cada sociedad ha desarrollado a lo largo de su historia. De modo que no es posible afirmar que existe un tipo correcto o “natural” de familia. En el mejor de los casos, una sociedad puede establecer una estructura preferencial para las reglas del parentesco pero no única, pues la estructura que adquiere cada familia en particular va a depender de las condiciones materiales y simbólicas del grupo. Con todo, hoy se entiende que la familia constituye el principal sistema de organización de los seres humanos y la forma más básica de sociabilidad y adaptación al medio.

Entenderemos familia, como una agrupación social, basada en lazos de parentesco que pueden ser de filiación (ascendencia y descendencia) o afinidad (matrimonio, adopción o compadrazgo). Claude Lévi-Strauss (1959), plantea que la familia nuclear nace con la unión de dos personas en matrimonio y consta de un esposo, esposa e hijos nacidos o adoptados por su unión. Sus miembros, que se mantienen unidos por lazos legales, económicos y religiosos, respetan una red de prohibiciones y privilegios sexuales y se encuentran vinculados por sentimientos psicológicos como el amor, el afecto y el respeto.

Si bien esta definición es altamente aplicable a distintas sociedades y culturas, algunos aspectos no se condicen con las estructuras que encontramos en algunas sociedades o grupos en la actualidad, ya que hoy suele extenderse el término “familia” al lugar donde las personas aprenden a cuidar y a ser cuidados y no necesariamente bajo la forma convencional de hombre, mujer e hijos. Esto puede incluso ir más allá de las propias relaciones de parentesco, pudiendo significarse como familias a otros grupos sociales ya sean pandillas, bandas de rock, amigos del barrio, etc.

Siguiendo esta última idea, Pierre Bourdieu (2007) nos advierte sobre la relación que se establece entre las reglas y las estrategias de parentesco. Según el estructuralismo de Levi-Strauss, el mundo estaría ordenado según criterios establecidos por las reglas de parentesco. Pero Bourdieu nos plantea que las personas no actúan mecánicamente según las reglas de la sociedad. Las reglas de parentesco aparecen como principios generadores de prácticas, y en consecuencia, el individuo no aparece mecánicamente ejecutando las reglas. Así, Bourdieu cuestiona el papel de las reglas en la generación de prácticas sociales, indicando que no siempre los sujetos se ciñen a la regla para dar forma a sus relaciones de parentesco. ¿Cómo se organizan las familias en los barrios de Santo Tomás? ¿Operan de acuerdo al “deber ser” que les propone la sociedad mayor o modifican las estructuras de acuerdo a sus propias necesidades?

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nuestros grupos entrevistados, lo que nos permitirá comprender de un modo más adecuado las tensiones que puedan existir1.

1.1 Tipos de familia: la solidaridad de la familia extendida

A partir de los testimonios de las vecinas, es posible deducir que sus familias han transitado, a través de los años, desde un tipo de familia extendida hacia un tipo de familia nuclear, para volver a instalarse hoy un tipo de familia extendida, pero en una nueva versión. Una diferencia importante que aparece en el discurso de las mujeres entrevistadas, es que el núcleo familiar que las vio nacer era inmensamente mayor en número que los que existen en la actualidad, dado que ellas se criaron junto a sus abuelos, primos y tíos, haciendo comunidad y estableciendo relaciones de apoyo mutuo y reciprocidad. Recuerdan que eran familias de muchos hijos, seis, ocho, hasta diez o doce hijos, con varias pérdidas en el camino y mucho sacrificio para la mantención de la prole:

“Mis abuelos tuvieron entre 9 y 10 hijos. En ese tiempo yo vivía con mi mamá y mi papá. Ahí viví hasta los 18 años, vivíamos en un cité y éramos casi pura familia, como 3 tipos de familias. Éramos familias grandes, vivían mis abuelitos, con mis tías, vivíamos todos en el mismo pasaje, más otra familia más grande todavía…eran pura familia los que vivían ahí”. (Entrevista realizada a Elizabeth Cortés, dirigente de la villa Las Américas).

Como recuerda Elizabeth, el lugar donde ella nació era un cite del centro de Santiago, ahí vivía en una casa con su familia nuclear (padres y hermanos), en otra casa vivían sus abuelos, más allá sus tíos y otros familiares lejanos. Patricia también recuerda que en Pedro Aguirre Cerda, su familia era grande, con muchos hijos:

“Ahora vivo en la comuna de La Pintana, pero antes era de Pedro Aguirre Cerda, de la población Lo Valledor Sur. Nosotros éramos 6 hermanos y yo soy la penúltima” (Entrevista realizada a Patricia Contreras, vecina de la Junta de vecinos de la villa Las Parcelas)

Como podemos notar en los relatos, antiguamente las familias eran mucho más grandes que hoy en día. No era extraño encontrarse con familias de muchos hijos, siempre más de seis, provenientes de los sectores populares de Santiago, habitando poblaciones, cites y tomas de terreno:

“Yo nací en 1960 en el barrio Franklin, de allá vengo yo, porque ellos [sus padres] arrendaban en esos cités. Mi mamá era viuda con tres hijos y mi papá separado con tres hijos. Mi papá con mi mamá convivían no más, fueron pareja y duraron como 45 años más o menos. Tuvieron seis hijos más. Yo soy la mayor, somos cuatro mujeres y dos hombres, somos seis, aparte tenemos los tres y los otros tres, somos doce hermanos. Con los 12 hermanos tenemos convivencia, tenemos muy buena relación con todos en general”. (ROSANNA JELDES)

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Como vemos en el testimonio de Rossana, sus orígenes se encuentran en los sectores populares de Santiago, específicamente en los cités de Santiago Centro. En ese tiempo la cantidad de hijos era mucho mayor que en la actualidad, si esto se asocia con adultos que han tenido más de un matrimonio, aumenta la probabilidad de familias extendidas. Vivir juntos también se asocia a formas de reciprocidad, el cuidado de los niños y la cooperación económica.

También existen familias provenientes de otras ciudades de Chile, por ejemplo las familias de Adelina y Eleticia, ambas provenientes de la ciudad de Valdivia:

“Nosotros somos de Valdivia, mi marido es del campo y yo de la ciudad de Valdivia. Mis padres también eran de Valdivia. Nosotros somos 6 hermanos, yo soy la segunda de seis” (ELETICIA ROGEL).

“Vengo de Valdivia, nací en la ciudad de los Lagos en 1966” (ADELINA PINO)

Tal como Eleticia y Adelina provienen de la ciudad Valdivia, otros vecinos también nos comentaron que sus familias provienen de pueblos y ciudades de otras regiones. Por ejemplo, Gabriela de la Villa Arauco, proviene de Viña del mar, mientras que la Sra. María Mosqueda, una entrañable anciana de 76 años y madre de 12 hijos, también de la Villa Arauco, proviene de los sectores rurales cercanos a la ciudad de San Javier, en la Región del Maule.

Así, de las actuales madres, abuelas y jefas de hogar de estas villas de La Pintana, La mayoría han habitado desde su nacimiento los sectores populares, sea en el campo o en la ciudad, mayoritariamente en Santiago. Prácticamente todas las personas que entrevistamos provienen de familias extendidas (abuelos, padres y tíos viviendo unidos por estrechos lazos), compuestas por varias familias nucleares de numerosos hijos.

Pero no todas las familias nucleares contaban con la presencia de ambos padres, y en las entrevistas también aparecieron problemas como abandono del padre, violencia intrafamiliar, ambos padres ausentes y la consiguiente adopción de padrinos y abuelos que asumen la crianza. Así lo relata Adelina Pino:

“Yo tengo dos familias: una de sangre y una de crianza. Mi vieja murió cuando yo nací, mi viejo me entregó a unos amigos. Entre mi vieja y mi nana2 hicieron un pacto de amigas, antes de que yo naciera, en una broma acordaron que si ella moría, mi nana me criaba. Y la vida es tan sabia que cuando ella murió, mi viejo le cobró la palabra a mi nana y ella me crió desde los 14 días. Por lo tanto no tengo recuerdos de mi mamá biológica y mi nana es mi mamá”. (ADELINA PINO)

Por otra parte, Beatriz y Elizabeth nos relatan una historia parecida a la de Adelina; ambas fueron criadas por familiares, convirtiéndose con el paso del tiempo en sus legítimas familias:

“Cuando mis padres se separaron, nosotros perdimos todo contacto con mi papá. Yo era chica, creo que tenía 3 ó 4 años no más. Claro, el papá se olvidó que tenía

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hijos y bueno, ahí empezó a criarnos mi abuelita. Mi mamá también se fue por otro rumbo y también se olvidó de que tenía hijos. Ella se tiró al alcohol, lamentablemente. Ella amaba demasiado a mi papá. No soportó que la dejara. Entonces ahí nosotros pasamos a que mi abuelita nos criara, a nosotros seis”. (ELIZABETH CORTÉS)

Quizás el caso de Beatriz sea más duro aún: luego de ser adoptada por sus padrinos, continúa viendo a su madre sin ser capaz de llamarla como tal:

“Yo soy de Santiago, fui criada por mis padrinos desde los dos meses de vida, entonces ellos son mis papás. Por lo que me di cuenta de grande, no fui la única hija abandonada, porque mis hermanas de sangre fueron criadas todas en hogares de menores. Mis hermanos hombres también, ninguno de nosotros se crió con ellos [padres biológicos] porque hasta mi hermana menor se crió con mis padrinos. Yo conocí a mi mamá, tenía contacto con ella hasta cuando falleció. La relación era buena, pero el cariño no era de mamá, yo nunca le dije mamá, siempre le decía tía, sabiendo que era mi mamá. Ella tampoco, nunca me dijo nada así como “dime mamá”. A mi papá biológico, a ese no lo veo hace más de diez años. Él vive cerca de acá, pero yo puedo verlo en la calle y no lo reconozco”. (BEATRIZ ZAMORANO)

De modo que los orígenes familiares de los habitantes de estos barrios nos hablan de familias numerosas, aclanadas, de pobreza y en muchos casos, nos hablan también de abandono por parte de los padres biológicos, reestructurándose bajo el tipo de familia extendida. La familia extendida es entonces una estrategia que permite sortear el adverso escenario que implican el abandono y la pobreza:

“Mi origen familiar es bien humilde, porque mi mamá siempre trabajó lavando ropa para mantenernos a nosotros como familia. Y mi papá también tenía su trabajo, aunque él era más distante de la familia, porque él era muy mujeriego. Así que fue mi mamá la que siempre se esforzó por nosotros, lavando ropa en casas particulares. Yo soy muy agradecida de mi mamá porque a mí me dio Poliomielitis cuando era guagüita y ella siempre cargó en brazos conmigo”. (PATRICIA CONTRERAS)

A pesar de todo, las vecinas recuerdan haber tenido infancias felices, llenas de juegos y afectos, recuerdos que se imponen por sobre las carencias materiales, emocionales y las adversidades propias de la pobreza del siglo XX:

“Yo me crié en San Rafael. Para mí fue bueno, buenísimo. Mi niñez fue buena, buenísima, sin problemas. Problemas económicos solamente, porque siempre hemos sido pobres, pero mi papá siempre trabajó y nunca nos faltó el pan. Pero mi papá era bien mujeriego, pero como mi mamá era comerciante, teníamos para comer, así es que nunca nos faltó, nunca, nunca”. (ROSSANA JELDES)

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“La vida en ese tiempo era bonita, era una enseñanza que tú tenías que respetar a los mayores, y tú tenías un horario y tú tenías que respetar ese horario. Era más estricto. Para ser tan estrictos, era bueno para nuestra enseñanza, yo eso lo agradezco porque gracias a eso es que soy lo que soy. Ellos te enseñaban bien. Siempre explicándote lo que era bueno y lo que era malo, lo que se tenía que hacer o no hacer. Lo único malo de ese tiempo, era que se pasaban necesidades, porque las familias eran demasiado grandes”. (ELIZABETH CORTÉS)

1.2.- Formas de afinidad: en búsqueda de la familia nuclear

En oposición a lo vivido en su infancia y juventud, las vecinas de las villas estudiadas de la Pintana formaron un tipo de familia muy distinta a la que las vio crecer. Aspiraban a formar un tipo de familia nuclear, donde ellas y sus parejas, a veces esposos a veces no; instaladas en los barrios de Santo Tomas o no conformaran lo que para nuestra sociedad es la regla: una familia tradicional compuesta de madre/esposa, padre/esposo e hijos:

“Ahí donde yo estuve trabajando conocí a mi esposo, después nos casamos y tuve a los niños. Yo tenía 19 años, pololeamos un rato, en realidad pololeamos casi nada, porque me casé en el 81. Me acuerdo que, como yo tenía que ir a tomar la micro, y mi tía conocía a los chiquillos, me iban a dejar a la micro. Y ahí conocí a mi esposo. Iban a dejarme a la micro para que no me pasara nada, porque era medio peligroso por ahí. Después me casé y me fui a vivir ahí mismo donde mi suegra”. (ELIZABETH CORTÉS)

El caso de Elizabeth es quizás el más cercano a la regla social de matrimonio: una mujer mayor de edad que, trabajando, conoce a su pololo y se casa con él. Beatriz, tiene una historia parecida aunque presenta algunos matices:

“Nos casamos en 1997 pero con mi marido llevamos 22 años juntos. El también es de allá de La Cisterna, vivía muy cerca de mí, pero él vivía en un hogar de menores, entonces lo veía los puros fin de semanas. Él se juntaba con mis hermanos mayores, entonces por ahí lo conocí. Quedé embarazada de diecisiete para dieciocho años. Recuerdo que tuve el apoyo de todos, de mis papás, de mis hermanos y todos. No estaban contentos pero me apoyaban”. (BEATRIZ ZAMORANO)

El caso más alejado de la regla, es el de Eleticia, quien desde muy joven está junto a su marido, con quien prácticamente ha compartido toda la vida, construyendo una verdadera historia de amor:

“Con mi marido nos casamos acá en Santiago, pero antes convivimos 5 años, desde súper jovencitos. Yo tenía 16 y él 15 años cuando empezamos a convivir. Yo lo conocí a él cuando nosotros íbamos a pasear para el campo, y no había nada más que hacer. Nuestras familias no estaban de acuerdo porque éramos muy jóvenes, pero igual nosotros hicimos nuestra vida juntos” (ELETICIA ROGEL)

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“A los 22 años conocí al papá de mis hijos. No quise casarme, y aunque ya teníamos todo listo para casarnos, yo me arrepentí. A él lo conocí en la micro, hasta que un día me lo presentaron, porque teníamos amigos en común. En ese tiempo yo ya había hecho mi vida sola. Prácticamente hacía la que quería. Decidí tener mi hijo y nació Leonardo cuando yo tenía 23 años. No sé por qué, pero yo quería tener un hijo sola. Y muy de golpe formé una familia, ¡sin querer! Recibí a sus tres hijos y tomé el rol de mamá de todos, fue una época difícil”. (ADELINA PINO)

Rossana, al igual que Adelina opta por la estrategia antes que regirse por la regla social:

“Él vivía en la población de al lado. Entonces se hizo amigo de uno de los chiquillos que eran amigos míos y por ese lado llegó al grupo. Fuimos amigos como dos años y ahí nos fuimos conociendo, conociendo, hasta que nos juntamos. En el ‘85 quedé embarazada, pero perdí a mi guagüita. Era niñita. Después en el ‘88 quedé embarazada de nuevo y tuve a mi hijo mayor, que ahora cumple 23 años. (ROSSANA JELDES)

Quién ha dado más crédito al cumplimiento de las reglas sociales de matrimonio es Patricia, quien junto con su familia realizó el rito de matrimonio en su máxima expresión:

“Un día que fui al Parque O’Higgins con mis amigas, estaba él con un grupo de amigos y nos preguntaron si queríamos compartir con ellos. Yo primero pinché con un amigo de él. Después empezamos a pololear y él no quería casarse. Pololeamos 2 años y decidimos casarnos. De todos los hermanos, yo fui la única que se casó por la Iglesia, así que fue un orgullo para mis padres. Tuvimos una bonita fiesta, mi papá se esmeró harto por arreglar la casa”. (PATRICIA CONTRERAS)

Como podemos ver a través los testimonios, las expectativas y prácticas desplegadas en torno a la formación de la familia cambian de acuerdo a las condiciones particulares de cada grupo, así como también cambiaron entre la generación de padres y abuelos y la generación de nuestros entrevistados. La estructura familiar se desplaza desde una visión de familia extendida, aclanada, entendida como red de apoyo mutuo y reciprocidad, hacia una forma nuclear, basada en la imagen de la casa propia y la independencia de la familia. El matrimonio es relativizado, optando en algunos casos por ceñirse a la regla social (sino moral) y en otros casos optar por una mejor estrategia de vida, más libre de (re)presiones del cónyuge y más independiente económica y socialmente. Vemos como existe una transformación deliberada en torno a la visión de familia, donde los padres se hacen cargo de la crianza de sus hijos, donde además disminuye la cantidad de hijos y donde la familia y el hogar están compuestos exclusivamente por mamá, papá e hijos.

1.3.- Formas de crianza y roles de género: ¿exceso de estrategia?

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cuanto a sus formas de diversión, que los niños eran cuidados y protegidos por todos los integrantes de la familia, entre otras cosas. Los valores eran más rígidos y las enseñanzas más estrictas, y a pesar de tener muchas más carencias materiales que hoy, se percibe en sus relatos una cierta melancolía respecto de la solidez valórica que representaba la familia en aquellos tiempos pasados:

“En nuestros tiempos la educación que a uno le daban era diferente, te decían como uno debía ser y comportarse, respetar a tus padres, a tus abuelos, no como ahora. La juventud que yo viví me gustó, yo la pasé bien, no teníamos la libertad de ahora, eso de llegar a la hora que quieren, de salir donde uno quiere, en la casa había un respeto y teníamos que respetar a los mayores”. (ELIZABETH CORTÉS)

De acuerdo con lo que relata Elizabeth, en décadas anteriores los códigos de crianza eran más rígidos que en la actualidad. El hecho de no salir hasta tarde o el respeto intransable hacia los padres y abuelos son aspectos ilustrativos del cambio en las pautas de crianza de las familias. Por otra parte, el relato de Elizabeth nos indica la fuerte presencia de códigos de socialización, “nos decían como uno debía ser y comportarse”, sin duda un elemento distintivo de aquella época, donde las pautas de educación estaban fuertemente inculcadas por las familias.

Hoy es posible observar en los barrios, cómo los niños y jóvenes hacen uso del espacio público hasta ya avanzada la noche, muchas veces sin la supervisión de los adultos. Esto se debe a varios factores: en gran medida es a causa del hacinamiento que sufren las familias en sus viviendas, donde por ejemplo, en tiempo de verano, es prácticamente imposible mantenerse dentro del hogar a causa del calor. Por otra parte, existen otros factores como el exceso de trabajo de los adultos, quiebres familiares, o abandono que influyen en la conformación de estas nuevas formas de conducta. Todos estos aspectos obligan a los jefes de hogar a trabajar duro por mantener la vida de familia. Por cierto que el “relajo” de los nuevos padres en el cuidado de los hijos es una causa muy potente:

“Los chiquillos empezaron a crecer, algunos tomaron el buen camino y otros se perdieron un poco, pero no son malos cabros. A los míos siempre los mantuve cerca de mi vista. Yo creo que muchos de los cabros de acá se perdieron porque las mamás trabajaban y muchos tenían a los papás detenidos, presos, muchas cosas diferentes en cada familia”. (ADELINA PINO)

“La juventud está muy sola y si está sola ¿qué hace? Nada. Se dedican a hacer cosas raras, se dedican a pitear, van para allá, se juntan en grupos. Yo cuando vendía papas en la esquina hasta las dos, tres de la mañana, vi niñas lolitas, curadas, muertas de curadas, voladas y dónde están los papás, trabajando de noche ¿por que las mamás trabajan de noche? (ROSSANA JELDES)

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“Una vez llegó un niño que su abuela lo había molido a palos, él tenía malas costumbres, era bueno para robar. Mi hijo desde chico se juntaba con él, pero yo nunca lo perdí de vista, acá siempre comentamos todo con los chiquillos, así es que yo sabía en lo que andaban. Un día, este niño me vino a pedir permiso para que dejara salir a mi hijo con él, y yo le dije que tuvieran cuidado. Luego, pasaron unos día y le dije al amigo de mi hijo: “sabes que, yo no me merezco lo que tú me estás haciendo, cuando me has necesitado te he ayudado, nunca te he cerrado la puerta de mi casa, todo lo contrario; cuando te han pegado yo te he recibido”. Desde ahí nunca más nada. Me empezó a ayudar a cuidar a mi hijo.

Mis reglas han sido siempre que yo acepto a los amigos que yo quiero. Y a los que yo quiero los he recibido muchas veces que sus mamás los han echado de la casa. ¿Por que las mamás los echan?, eso yo no lo entiendo, porque nunca he tenido tanta rabia como para echarlos de la casa. Yo los acepto y ellos me cuentan todas sus cosas. Igual cuando tienen un problema se acercan a pedirme consejo. Así ha sido la vida de estos niños”. (ADELINA PINO)

El niño del relato de Adelina, vivía con su abuela e invitaba a robar a su hijo mayor. Ésta, sensibilizada por la situación del niño, en vez de excluirlo y condenarlo, lo acoge y el niño responde positivamente ante ese estimulo afectivo. Claro que no siempre es así, existen muchos niños abandonados a su suerte producto de que sus padres han caído en alcohol o drogas o porque deben trabajar interminables jornadas para poder mantener el hogar. Entonces los niños se crían solos, con la televisión, en la calle, con vecinos o como soldados de los narcotraficantes. Totalmente diferente a la crianza que expusieron Beatriz, Adelina, Elizabeth o el resto de nuestras entrevistadas:

“Aquí, si los cabros se echan a perder también es mucho la culpa de los propios papás, porque si mi hijos salen patos malos, yo no puedo echarle toda la culpa al barrio, porque si en la casa no se les da el ejemplo, o bien los papás están presos, en la droga o en el alcohol, ¿qué se puede esperar de ellos? ¡Si es uno el que da el ejemplo!” (BEATRIZ ZAMORANO)

La lectura que Beatriz realiza sobre las consecuencias de una crianza “demasiado flexible”, es categórica; la responsabilidad de la crianza recae, según ella, en el grupo parental en primer lugar. Son los padres los responsables del presente y el futuro de los niños. Luego vienen otros actores como el barrio, el colegio o la sociedad en general. Una opinión distinta, complementaria quizás, es la que nos plantea Eleticia:

“Aquí nosotros tenemos muchos problemas de violencia con los jóvenes. Hay muchas drogas, mucha delincuencia. Siempre ha sido así, porque siempre hemos sido marginados, y por eso éste es uno de los sectores más conflictivos de La Pintana. Para mí esto es causado por falta de oportunidades, porque a La Pintana siempre se le ha marginado como comuna. (ELETICIA ROGEL)

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testimonio de Juana Ortiz, Directora del Colegio Polivaletente de La Pintana3, es concluyente:

“Gran parte de nuestros niños pertenecen a familias disfuncionales, es muy raro acá si tú encuentras a un niño con una familia que tiene su mamá, su papá y que los dos trabajen. La mayoría son casos extremos, de mucha vulnerabilidad, que están viviendo casi “en abandono”. Cuando hay madres que trabajan todo el día, o trabajan en un hogar puertas adentro, muchas veces hay abuelitas que tienen que cuidar a una cantidad enorme de nietos, vecinas, tías, amigas o madrinas. Entonces detectamos un gran nivel de abandono, el colegio termina siendo el único lugar que ofrece una estructura de normas que son a las que se aferran los niños. Cuando tú escuchas sus relatos, la gran parte de su tiempo lo pasa en las calles y ahí hacen gran parte de su vida social. Hay poca presencia paterna en las familias y con aspectos valóricos y de hábitos muy débiles.” (JUANA ORTIZ)

Otro elemento muy importante también, tiene que ver con los roles que adquieren uno y otro género, y las estrategias de adaptación que se despliegan cuando uno de los dos está ausente. El tipo ideal o la regla social, se construye bajo la figura de la esposa/madre, el padre/proveedor y los hijos estudiantes, todos viviendo en un hogar felices como familia nuclear. La madre detenta las funciones del hogar, mientras el padre trabaja fuera a cambio de dinero para el sustento familiar. También existe un imaginario más moderno, donde padre y madre son trabajadores y comparten tanto las tareas del hogar como del sustento económico, y con ello aspiran a conseguir una mejor calidad de vida uniendo sus salarios. En este caso, los hijos quedan en el colegio, generalmente en jornadas completas, para luego llegar al hogar bajo el cuidado de algún adulto, a la espera de sus padres. Estas corresponden a las dos estructuras socialmente aceptadas en la distribución de los roles de parentesco. Sin embargo, y como ya hemos podido corroborar, el ideal nunca es idéntico a la realidad, de modo que encontramos distribuciones de roles muy distintos, a veces opuestos al ideal, donde predomina la familia nuclear monoparental y donde el abandono es un riego constante:

“Estuve con el papá de mis niños viviendo. Eran como los roles invertidos, él se ocupaba de la casa, cocinaba y el resto, puro ver tele. Yo iba a las reuniones y me preocupaba de la ropa. Todo el resto él”. (ADELINA PINO)

Adelina es quien desarrolla mejor este tema en su testimonio, tiene una opinión que se nota ha sido reflexionada a partir de su propia experiencia, pero también a partir de la observación de su entorno, con una sensibilidad que es admirable:

“Los hombres de aquí, su vida es juntarse los fines de semana a tomarse un trago en La Gruta, jugar a la pelota y trabajar toda la semana. Además no hay muchos, porque hay muchas mujeres solas aquí. Los hombres no participan porque son fomes”. (ADELINA PINO)

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Según Adelina, los hombres se dedican principalmente a trabajar y cuando tienen un tiempo libre lo ocupan en el fútbol y el alcohol, quedando otras actividades comunitarias, relegadas al campo de lo femenino4. Es importante también destacar del relato que, al existir muchas “mujeres solas”, éstas conforman familias mono parentales, donde las funciones o roles de ambos géneros deben ser asumidas por la jefa de hogar, generalmente secundada por abuelas, amigas o vecinas:

“Por problemas aquí en mi casa (golpes, muchas veces llegaban los carabineros) empecé a hacerme amiga de la Ely. Ella siempre estuvo pendiente de cómo estaban las cosas acá. Me acuerdo que yo iba a trabajar y pasaba a dejarle las llaves y le decía “Ely, cuídame a los chiquillos”. Y ella siempre me ayudó, cuando me sentía sola, cuando no tenía que comer, siempre ha estado ahí conmigo.” (ADELINA PINO)

En síntesis, podemos observar cómo se resignifican las construcciones ideales en cuanto a los roles de género, a la vez que se transforman las pautas de socialización, a veces con ribetes dramáticos. Por una parte, los niños y jóvenes se ven enfrentados a desafíos sumamente riesgosos. Estos desafíos son producto de problemas estructurales de la sociedad, como la explotación laboral y la segregación espacial, donde a la familia le compete un campo de acción reducido. ¿Cómo un padre puede permanecer mayor tiempo con su hijo si su trabajo se lo impide? Hay que considerar que la mayoría de los habitantes de este barrio trabaja lejos de su hogar (producto de la segregación) y que sus familias dependen de su salario. Por otra parte, ¿cómo puede una madre jefa de hogar repartir su tiempo entre trabajo y crianza? Estas interrogantes son clave para comprender las condiciones de riesgo y vulnerabilidad de niños, jóvenes y de la familia en general, pues de ellas surgen interpretaciones (o explicaciones) a otros fenómenos mucho más complejos como son la delincuencia juvenil y el embarazo adolescente.

Yo cuido niños porque trabajan los dos papás y yo sé que los niños echan de menos a sus mamás. De repente no los ven en todo el día, salen temprano, los niños están durmiendo, llegan en la noche cuando de nuevo los niños están durmiendo. Entonces, como no tienen el contacto con sus papás por ahí va la cosa. Yo pienso que ese problema es a nivel nacional, porque en todas partes pasa lo mismo” (ROSSANA JELDES)

1.4.- Familias jóvenes y embarazo adolescente: El retorno de la familia extendida

Por medio de la observación directa y el trabajo de campo, ha sido posible develar un fenómeno sumamente complejo, causa de otros fenómenos y probablemente el mayor problema social de estos barrios: el hacinamiento.

El hacinamiento es, sin duda alguna, uno de los problemas más complejos que afectan a estas comunidades. Consecuencia directa de la mala calidad de las viviendas, éste fenómeno ha sido ampliamente documentado en la literatura5. Constatado además mediante la observación, durante el trabajo de campo, la complejidad de éste radica, por una parte, en la dificultad para

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Profundizaremos más este aspecto en el capitulo dedicado a la participación social.

5 Ver por ejemplo, Alfredo Rodríguez & Ana Sugraynes. LOS CON TECHO. Un desafío para la política de

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darle solución, y por otra, en las variadas consecuencias negativas que produce, aspectos que finalmente confluyen en la degradación de las relaciones humanas de estos barrios.

Un fenómeno que contribuye a incrementar el hacinamiento en los hogares, es la alta tasa de embarazo adolescente, que es evidente. Al observar la realidad de los barrios del sector de Santo Tomas en la Pintana, uno puede identificar inmediatamente la presencia de este “problema” entre sus familias. Al caminar por sus calles, recorrer la feria o visitar el centro de salud, uno se cruza con muchas madres y abuelas jóvenes, además de adolescentes embarazadas. Frente a esto, surgen de inmediato una serie de preguntas como ¿Por qué sucede que las chicas se están embarazando tan tempranamente? ¿Por qué no se previene mediante el uso de anticonceptivos? ¿Falta conocimiento? ¿Existen reglas morales y/o religiosas que impiden su uso? ¿O es acaso que no tienen acceso a dichos métodos por cuestiones socioeconómicas? ¿Cuál es el papel de la familia en todo este tema?

Al consultar informalmente a las jóvenes a qué edades han sido madres, las respuestas varían en un rango entre los 13 y los 18 años. Después de dichas edades las mujeres son ya adultas y por lo tanto no resulta problemático para la convención social. O al menos en menor medida que el embarazo adolescente.

Al ser consultadas por la sensación que genera ser madre a temprana edad, abunda la indiferencia en las respuestas y es común el “sucedió no más”. Esto nos llevaría a pensar que no es más que la reproducción de la experiencia de generaciones anteriores: La Sra. María Mosqueda tuvo su primer hijo a los 16 años, Eleticia a los 17, Elizabeth a los 19, las compañeras del comité de allegados de Rossana (a diferencia de Rossana) eran todas madres menores de edad, María tuvo su primer hijo a los 19 y así sucesivamente. Si continuáramos indagando, probablemente nos encontraríamos con varias mujeres más. Sin embargo, aun persiste la duda y la respuesta de las jóvenes muestran que hay indicios de algo más que no se declara abiertamente.

Al consultar en el Centro de Salud Familiar Santo Tomas sobre este hecho, la respuesta es la siguiente:

“Aquí el problema grande que tenemos, y que la gente no lo percibe como un problema, es que ha aumentado mucho el embarazo adolescente, y que el embarazo es algo deseado por las adolescentes. Eso es lo que uno encuentra sorprendente, porque uno piensa que las chiquillas dicen: “oh quedé embarazada, que voy a hacer” y no, las chicas, me relatan las psicólogas, quieren quedar embarazadas ¡quieren! O sea, la explicación de las psicólogas es que las chicas, en su fuero interno, quieren tener algo propio, ven que en sus familias los problemas son tales, es tal el nivel de disfuncionalidad de sus familias, que no se sienten queridas, por tanto, como no tienen arraigo ni por su papá, ni por su mamá ni por el resto de sus familias, optan por querer lo propio: un hijo propio, un hogar propio y se refugian en eso. No quiero decir que sea el único motivo del embarazo adolescente, pero lo que indican las psicólogas apunta hacia esa dirección. El hecho es, que las mujeres adolescentes se están embarazando y este puede ser uno de los factores causales”. (ALEJANDRO SANHUEZA, DIRECTOR CESFAM SANTO TOMAS)

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adolescentes de estos barrios. Pero si reflexionamos un poco más, no resulta descabellada la hipótesis de las psicólogas del CESFAM, pues hemos hablado a lo largo de este capítulo de cómo las transformaciones en la pautas de crianza y socialización, la estructura familiar y los roles de género, han dejado a los niños y jóvenes en una condición tal de riesgo social y vulnerabilidad, que perfectamente la estrategia afectiva de las mujeres adolescentes puede ser la conformación de una familia propia, mientras que la estrategia de los hombres adolescentes es la adscripción a grupos de calle o derechamente reclutarse como soldados de narcotraficantes. Con todo, el embarazo adolescente es una de las causas del retorno de la familia extendida pero también uno de sus efectos.

Hemos explicado en el transcurso de este primer capítulo, de qué modo las familias han transitado de un modo extendido a uno de tipo nuclear. Pues bien, en la actualidad ese tránsito retorna a la familia extendida, y eso fundamentalmente se debe al embarazo adolescente. Las familias adolescentes carecen de medios materiales y psicológicos suficientes como para levantar una familia y un hogar de manera autónoma, razón por la cual deben convivir como allegadas en los hogares de padres y suegros. Este es un hecho altamente constatable en la realidad. Durante el trabajo de campo, fue posible ingresar a muchos hogares, observando la presencia de dos o más familias viviendo bajo un mismo techo, siendo en algunas de ellas conformadas por familias de padres adolescentes, o bien que lo habían sido6.

El retorno a un tipo de familia extendida no es un problema en sí, incluso puede resultar un beneficio en términos de reciprocidad, apoyo mutuo y solidaridad: los padres trabajan y/o estudiar, mientras las abuelas y tías quedan al cuidado de los hijos; con ello puede aumentar el ingreso familiar; existe mayor comunicación entre la familia y mejor socialización, etc. El problema se produce, cuando consideramos que estos barrios son compuestos por viviendas sociales, de entre 38 y 42 metros cuadrados construidos, sin posibilidad de ampliación proyectada. En estas condiciones, el hacinamiento se vuelve un problema crítico e inminente.

Tanto el hacinamiento como la aglomeración en estos barrios es grave, todas las personas con las que pudimos conversar, entrevistar y consultar mediante talleres, lo reconocen como el problema más urgente a solucionar, sobre todo en blocks, encontrando posturas tan radicales como que todo este complejo de blocks deben ser expropiados, las familias erradicadas, reubicadas y los blocks demolidos. El retorno de la familia extendida es una de las causas del hacinamiento. Sin duda. El resto de las causas las iremos analizando en el transcurso de los capítulos posteriores.

6Para mayor información, revisar el trabajo del arquitecto Tai Lin, del centro de Investigación social de Un

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CAPÍTULO SEGUNDO:

El trabajo y su proceso de precarización

El trabajo es actualmente uno de los aspectos más conflictivos de los barrios que hemos estudiado. Un bajo nivel de educación, calificación, instrucción o capacitación (producto de un sistema de educación brutalmente desigual) agudiza las condiciones de precariedad, informalidad y cesantía. La estigmatización de vivir en un barrio pobre, asociado a delincuencia y narcotráfico, limita aun más los potenciales puestos de trabajo a los que los vecinos pueden aspirar. Los largos trayectos de transporte a los trabajos debido a la localización de las fuentes de trabajo y las condiciones de segregación de estas poblaciones también son un factor en contra. Así, nos encontramos con condiciones que son muy poco favorables para este sector de la ciudadanía, cayendo muchas veces en la pobreza, la cesantía, la explotación laboral y más grave aun, la delincuencia y el micro tráfico de drogas. Pero ¿Qué es el trabajo? ¿Cómo fue el proceso mediante el cual se llega a esta situación laboral? ¿Cómo es el trabajo hoy en día? ¿Cómo lo entienden los vecinos de los barrios estudiados? Estas son algunas interrogantes que intentaremos dar respuesta en el transcurso de este capítulo.

2.1.- El trabajo como transformador del mundo y de la realidad

El trabajo como concepto puede ser definido desde distintas áreas del conocimiento. Así, puede obtenerse una definición jurídica, económica, política, sociológica y hasta religiosa respecto del trabajo. No obstante, todas ellas coinciden en que, básicamente, el trabajo refiere a la capacidad de los seres humanos para transformar la realidad, mediante su fuerza de trabajo, sea esta material o intelectual, obteniendo algo –un producto- del que no se disponía antes de invertir dicha fuerza de trabajo7. Esta definición engloba genéricamente lo que significa el trabajo hoy en día, es una conceptualización operativa que nos permitirá establecer un punto de partida para el análisis de las condiciones de trabajo de los vecinos de los barrios de Santo Tomas. Una definición proveniente de la economía política, ampliamente discutida en la historia de las ciencias sociales, apunta hacia la misma dirección, indicando que:

“El trabajo es, ante todo, un acto que tiene lugar entre el hombre y la naturaleza. Al trabajar, el hombre desempeña frente a la naturaleza, el papel de un poder natural, pone en acción las fuerzas de que está dotado su cuerpo, brazos y piernas, cabeza y manos, a fin de asimilarse las materias dándoles una forma útil para su vida. Al mismo tiempo que, mediante este proceso, actúa sobre la naturaleza exterior y la transforma, transforma también su propia naturaleza desarrollando las propias facultades que en ella dormitan”8

Entonces entenderemos el trabajo como la capacidad de invertir energías para transformar la naturaleza en beneficio propio o de la humanidad. Esta concepción de trabajo, obedece a una

7 Esta es una definición propia, construida a partir de la revisión de diversas fuentes documentales

especializadas en el tema. 8

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visión moderna, a una idea antropocéntrica que sitúa al hombre y a su trabajo como motores de la transformación del mundo, a diferencia de concepciones de épocas antiguas, medievales o de culturas originarias, donde el trabajo era asociado a la esclavitud -a lo no hombre- o donde la calidad de vida de los hombres estaba sujeta y determinada por la acción de los cuerpos celestes sobre la tierra, fecundándola y permitiendo la sobreviviencia de los hombres y mujeres9. Con todo, el trabajo es hoy por hoy, el modo en que los seres humanos de todo el mundo deben obtener los medios de vida, sea en forma de productos directos o bien en forma de salario. Los vecinos de los barrios estudiados no están ajenos a esta realidad, más aun, tienen una condición y una visión propia de lo que significa el trabajo y de cómo les toca ser trabajadores en la actualidad.

2.2.- Condiciones laborales: la precarización del trabajo desde una perspectiva sociocultural

Varios autores10 coinciden en la idea de que el mercado del trabajo ha sufrido un proceso de precarización, causado en primer lugar, por el giro que las sociedades han experimentado hacia la economía social de mercado. En este modelo, las oportunidades de inclusión en la sociedad las ofrece el mercado por sobre el Estado o la sociedad en su conjunto (familia, barrios, redes, etc.). Esto implica que en términos laborales, se obtiene una creciente flexibilización laboral, una mayor desprotección de los individuos más vulnerables, y una creciente rotación de trabajadores por distintos puestos de trabajo, lo que impide la organización y la negociación colectiva. Todos estos efectos los impone el modelo económico actual11.

El cambio de una sociedad industrial a un tipo de sociedad basada en la entrega de servicios, apunta en la misma dirección: las empresas minimizan sus costos, reduciendo los gastos en prestaciones y beneficios para sus trabajadores, a la vez estos últimos se vuelven cada vez más vulnerables12, debido a la alta rotación por distintos trabajos y a la falta de representación sindical. Todo esto es posible de observar en la historia de las familias de los barrios estudiados en el sector de Santo Tomas. A partir del trabajo de campo, de las conversaciones informales con algunos vecinos y de las entrevistas a nuestras informantes clave, hemos podido constatar que dicho proceso de precarización del trabajo expuesto en la literatura se refleja en la realidad de estos habitantes, incorporándose además otros elementos tales como: la falta de oportunidades de desarrollo técnico-profesional, de calificación laboral o la estigmatización de la población, elementos que van en directo perjuicio de las familias y su potencial de movilidad social.

9 Pablo Rieznik: “Trabajo, una definición antropológica”, páginas 3-5.

10

Podemos mencionar aquí a Enrique de la Garza Toledo (1993); Ruben Kaztman & Guillermo Wormald (2002), Magdalena Echeverría y Diego López (2004).

11

Wormald, R., Cereceda, L. & Ugalde, P.: “Estructura de oportunidades y vulnerabilidad social: los grupos pobres de la Región Metropolitana de Santiago de Chile en los noventa” en: Kastman & Wormald “Trabajo y Ciudadanía: los cambiantes rostros de la integración y exclusión social en cuatro áreas metropolitanas de América Latina (2002).

12 Para Wormald, Cereceda & Ugalde (2002), vulnerabilidad a la pobreza refiere a dos aspectos: por una

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2.3.- Historia local del trabajo: de obreros a guardias de seguridad

A partir de los testimonios de las entrevistadas, se ha podido deducir que la inclusión de estas familias en el mercado de trabajo ha tendido hacia la precarización, transitando desde un tipo de trabajadores que pasaban muchos años empleados en un mismo lugar, a veces toda la vida, hacia trabajadores que rotan por distintos tipos de empleo, quedando sus familias cada vez más vulnerables de caer o permanecer en situación de pobreza:

“Mi papá trabajó siempre en mudanzas, como chofer de la empresa “Mudanza Rápida”, en un local que quedaba en Avenida Matta y mi mamá era comerciante en la feria. (ROSSANA JELDES)

Al igual que los padres de Rossana, que tuvieron siempre el mismo trabajo, hasta a avanzada edad, el abuelo de Elizabeth también tenía un trabajo estable:

“Mi abuelito trabajaba en una panadería haciendo el pan y mi abuelita era dueña de casa. No recuerdo bien donde quedaba la panadería, pero él siempre trabajó en eso” (ELIZABETH CORTÉS)

Los hombres de décadas anteriores trabajaban como asalariados, en panaderías, obras de construcción o pequeñas y medianas empresas. Eran trabajadores poco calificados pero con trabajos estables. Las mujeres que trabajaban en ese tiempo en su gran mayoría lo hacían en empleos informales, y prácticamente el único trabajo formal para las mujeres, era como asesoras del hogar:

“El trabajo me quedaba lejos, no alcazaba a llegar, así es que dejé el colegio. Iba a Lo Valledor Sur, en Pedro Aguirre Cerda. Ahí tenía que hacer el aseo y cuidar a dos niños. Era como asesora del hogar, pero puertas afuera”. (ELIZABETH CORTÉS)

Además de tener trabajos como asalariados, durante la segunda mitad del siglo XX ya estaba presente el trabajo informal, como complemento al trabajo formal de los hombres y asociado principalmente a las mujeres: comerciantes en la feria, como la mamá de Rossana, lavando ropa ajena, como la mamá de Patricia, son algunas ocupaciones que significaban también una importante fuente de ingresos para las familias:

“Mi mamá era comerciante, vendía todo lo que traía mi papá de las mudanzas, cosas que les regalaban. A veces él se iba de viaje, para el norte, para el sur y como mi papá traía esas cosas, mi mamá las iba a vender y ahí teníamos para comer, así es que nunca nos faltó el pan, nunca, nunca”. (ROSSANA JELDES)

El caso de Patricia es el más duro, la necesidad y la pobreza extrema, junto con otros problemas, obligan a su madre a optar por actividades de supervivencia, de modo de poder compatibilizar el trabajo con la crianza de los hijos:

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Además del trabajo asalariado de los hombres y del trabajo informal de las mujeres, estaba presente también el trabajo infantil. Éste, lejos de ser percibido como un problema de explotación o vulneración de derechos, era entendido como una real necesidad para el sustento de la familia:

“Cuando éramos chicos teníamos que trabajar igual, yo estudiaba y cuidaba niños en las horas libres, si no era eso, me iba a hacer el aseo a algunas casas. A los quince años tuve que salir a trabajar, hacía aseo en una casa. Siempre haciendo algo para ayudar, para rescatar una monedita por ahí, ¡porque la plata era más escasa! En ese entonces, a muchos niños no nos alcanzaba ni para vestirnos”. (ELIZABETH CORTÉS)

Rossana también trabajó desde su infancia, aunque a ella el trabajo le resultaba más atractivo que a Elizabeth. Probablemente esto se pueda explicar por las características de uno y otro trabajo:

“Con mi mamá empecé a trabajar cuando tenía nueve años. Empecé a ayudarla en la feria, así es que aparte de que tengo mi profesión de corte y confección, porque terminé mi cuarto medio, tengo la mejor profesión, que es el negocio, me encanta el negocio, ser comerciante”. (ROSSANA JELDES)

Con el tiempo, las condiciones laborales fueron modificándose, las mujeres entraron de un modo formal en el mercado laboral, a la vez que las oportunidades de trabajo se ampliaron. De a poco, fueron apareciendo otros puestos a los que hombres y mujeres podían acceder, destacando especialmente el área de servicios: vendedores de tiendas, guardias de seguridad, eléctricos que instalan líneas telefónicas o de televisión por cable, etc.:

“A los 20 años empecé a trabajar en el Arrayán, cuidando a una niñita. Después trabajé en calzados Orlando como vendedora y terminé trabajando en una mueblería, también de vendedora. Y ese fue el último trabajo que tuve, hasta hoy día que soy operaria de una industria de alimentos”. (ADELINA PINO)

La experiencia de Adelina, grafica la manera en cómo se ampliaron las oportunidades de trabajo durante la década de los ‘90. Desde sus inicios como asesora del hogar, algo que confiesa nunca le gustó, se cambió al área del pequeño comercio como vendedora. Luego se le hizo necesario compatibilizar el cuidado de los hijos con el trabajo, por lo que ingresó hace un año a una industria de alimentos, y con ello volvió al tipo de trabajo asalariado tradicional.

Sin embargo, la ampliación de las oportunidades de trabajo, no significa necesariamente que las condiciones laborales hayan mejorado, al contrario, las condiciones permanecen iguales o peores que antaño, con trabajos mal remunerados, accediendo siempre a trabajos poco calificados:

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Así, en la actualidad es fácilmente observable como el trabajo ha tendido hacia la precariedad, la alta rotación y la informalidad. Para las entrevistadas, estas situaciones-problema encuentran sus causas en aspectos tales como: las carencias en educación y capacitación, la estigmatización que sufren por el hecho de vivir en barrios “peligrosos” y la falta de reales oportunidades de desarrollo, como iniciativas viables de micro emprendimiento y cosas así. En palabras de Samuel, hijo de Elizabeth:

“Yo trabajo en VTR, instalando cable, Internet y teléfonos. Es bueno el trabajo pero depende mucho del contratista con el que estemos trabajando, porque si los contratistas no te pagan bien, no hay nada que hacer. A veces te dan una meta y si tú no la cumples, te castigan tu sueldo. Aunque tú hiciste todo lo que de en un mes, lo perdiste todo igual. Ese es el problema”. (SAMUEL)

El caso que relata Samuel es muy representativo de la desprotección en la que se encuentran los trabajadores de los barrios de Santo Tomas: un trabajo poco calificado, subcontratado, que implica la disminución significativa de derechos laborales, con un salario condicionado por metas, que a su vez condiciona la permanencia de los trabajadores en la empresa lo que facilita la alta rotación y disminuye el potencial de organización.

El caso de José, esposo de Beatriz, ilustra una situación similar: José es maestro yesero, trabaja desde siempre en la construcción. Cuando no hay obras, José queda cesante, pero no puede quedarse sentado esperando que se resuelva la crisis, pues debe mantener a la familia (Beatriz se dedica al cuidado del hogar). Por ello se ha visto obligado a buscar todas las alternativas posibles: a llegado incluso a trabajar a las minas del norte y ha sido también comerciante ambulante. Relata que la última vez estuvo vendiendo paños de cocina por las casas de distintos barrios “dejando las patitas en la calle”, y también que este año fueron en familia a vender distintos tipos de productos a la Procesión de la Virgen de Lo Vásquez, al igual que muchas otras familias del barrio.

Casos como éstos dan cuenta de las condiciones laborales a las que están expuestos los hombres y mujeres económicamente activos de los barrios de Santo Tomas. A la vez, son el ejemplo concreto de un proceso mucho mayor, caracterizado por la precarización del mercado del trabajo en nuestro país. Insistimos en que aspectos como la falta de instrucción y capacitación, más las grandes distancias de recorrido a los puestos de trabajo, son determinantes a la hora de integrarse al mercado del trabajo, elementos que probablemente carecen todas las familias de estos barrios, sobre todo los más jóvenes.

2.4.- Juventud y cesantía: la mala educación

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“Los mismos niños cuando salen de cuarto medio no encuentran trabajo y ahí los ve uno en la esquina. Ya después de la esquina empiezan a tomar, a fumar, y ahí se van perdiendo. Y todo eso los lleva a la delincuencia”. (ELETICIA ROGEL)

La cesantía pega fuerte en hombres y mujeres adultos, pero golpea más fuerte a los jóvenes (hombres y mujeres de entre 18 y 29 años), quienes se encuentran sumergidos en un circulo vicioso del que no se puede salir fácilmente. Para conseguir trabajos hay que estar calificados, para calificarse hay que estudiar, para estudiar hay que pagar y como la mayoría de las familias acceden únicamente a trabajos no calificados de baja remuneración, no es posible acceder a pagar estudios superiores. El resultado de todo esto es que los jóvenes no pueden acceder a mejores trabajos que los que han obtenido sus padres, lo que restringe la movilidad social:

“Aquí son contaditos con los dedos los jóvenes que trabajan, porque aquí los hombres trabajan en construcción y los cabros ya no quieren eso. Son contaditos con los dedos los niños que son profesionales. Hay, pero contaditos con los dedos. Hay unos niños que están estudiando en Argentina, están en la universidad en Argentina, porque vieron que aquí no se podía. Hay universitarios de Chile también, aquí mismo en el Toqui un niño que estaba en la universidad, estaba en Valparaíso, pero se vino a Santiago porque no dio allá, no le gustó por estar viviendo en casas ajenas, incluso estaba viviendo en casa de un familiar, pero no hubo caso, se vino”. (ROSSANA JELDES)

Los casos de jóvenes que mantienen sus estudios superiores, son motivo de felicidad y orgullo para toda la comunidad. Se les quiere y se les cuida, porque son casos esperanzadores. Pero se reconoce que la sociedad es injusta con los más pobres, porque no existen iniciativas eficaces para minimizar las grandes desigualdades que existen en materia de educación:

Mi hijo mayor estudió en la universidad, pero él estudiaba y trabajaba, y él mismo se pagó sus estudios. Él averiguó por todos lados y le dijeron que no podía postular a becas porque trabajaba. ¡Y eso que él estaba casado! Es que acá siempre todo cuesta más. Entonces yo pienso que todo lo que ocurre en este sector, es por la falta de oportunidades.” (ELETICIA ROGEL)

Eleticia plantea el caso de su hijo, quien estando casado, con ganas de estudiar y su hogar en situación de vulnerabilidad a la pobreza, no pudo acceder a becas o facilidades de crédito porque es asalariado. Sin duda que es motivo de frustración para él y su familia, porque, estando dispuesto a hacer sacrificios para surgir, el sistema no le presta el apoyo mínimo que requiere. Por otra parte, el relato de Eleticia, quien es la Presidenta de la Junta de vecinos de Las Parcelas, indica que ella siempre está buscando el modo de llevar cursos de capacitación y talleres productivos para los vecinos, y especialmente para las mujeres, para que puedan obtener nuevas fuentes de ingresos, ya sea como asalariados, como micro emprendedores, o bien en el mercado informal.

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han realizado sus padres no parecen atractivos para los jóvenes. Además, al enfrentarse a la búsqueda de empleo se encuentran con situaciones de discriminación y estigmatización, desigualdad de oportunidades por carencias de capital social y cultural, lo que genera altos niveles de frustración. Al volver al barrio luego de cruzar la ciudad en peregrinación por un trabajo digno, los jóvenes se encuentran con “el choro”, el micro traficante y los soldados, quienes sin necesidad alguna de esforzarse, obtienen jugosas ganancias sean por botines o por el tráfico de drogas. El testimonio de la directora del colegio apunta en este mismo sentido:

“Ellos ven en las mismas poblaciones las situaciones de micro tráfico donde tipos sin estudios inmediatamente tienen dinero. Por lo tanto, no resulta atractivo una cosa que signifique asistencia, perseverancia, responsabilidad y poder obtener a largo plazo algún beneficio económico, que tampoco va a tener, porque igual vas a tener que convivir con el vecino de al lado que sobrevive vendiendo no sé cuanta cosa, y con eso obtiene las mejores zapatillas, el mejor celular, etc.” (JUANA ORTIZ)

Así, podemos concluir que son los jóvenes quienes sufren de manera más aguda las consecuencias de la falta de oportunidades y, especialmente, las diferencias en los niveles de capital humano y social. Ello se traduce en altos niveles de cesantía y precarización del trabajo, lo que genera frustración y deja a los jóvenes muy expuestos expuestos y en clara situación de riesgo social.

2.5.- La feria libre como última oportunidad

Ante el adverso escenario que presenta el mundo del trabajo para los vecinos de Santo Tomas, la feria libre se presenta como una alternativa real de subsistencia, una salida momentánea de la crisis, donde hombres y mujeres pueden ofrecer productos y con ello conseguir el sustento diario:

También hay hartos que trabajamos en la feria. Yo trabajo ahí hace 8 años, desde que pensionaron a mi marido. Él ya no puede trabajar, entonces por eso yo empecé a trabajar en la feria, porque no puedo trabajar con contrato, porque ahí pierdo mi pensión de invalidez”. (PATRICIA CONTRERAS)

En principio, trabajar como “colero”13 en la feria vendiendo ropa, productos de cocina, comida rápida, jugos naturales, bebidas, en otros, es una opción “para salvar el día”. Sin embargo, como lo podemos notar en el relato de Patricia, esta opción de subsistencia urgente, poco a poco se transforma en la única fuente de ingresos de muchas familias, sosteniendo “al día” los hogares mediante el trabajo en la feria libre:

“Acá la mayoría de las mamás trabajan en la feria, yo también trabajo en la feria. También las cosas que de repente nos regalan, por ejemplo, yo siempre voy a buscar retazos de tela y mi hija vende ropa usada. Y así, la mayoría de las mujeres aquí trabaja en las ferias libres. Los hombres trabajan algunos en construcción, hay varios que trabajan en construcción aquí. También varios son guardias… hay re pocos vecinos que tienen trabajos buenos y estables”. (ELETICIA ROGEL)

13 Colero refiere a ponerse en la cola de la feria, es decir, en los extremos de la feria libre, luego de los

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En trabajo de campo fue posible recorrer en muchas ocasiones la feria, acompañando a algún vecino en sus compras o bien como observador participante. Al consultar sobre los motivos de dedicarse a este tipo comercio, la respuesta es categórica: “porque no hay pega y mientras no haya pega esto permite llevar el pan del día a la casa”. Es tal la recurrencia de esta situación en los hogares, que no pocas veces los coleros superan en gran cantidad el número de locatarios establecidos legalmente en la Feria “el Concierto”, lo que se transforma en el más claro indicador de la precarización del mercado del trabajo.

En síntesis, podemos decir que la historia reciente del trabajo de estas tres juntas de vecinos de la población Santo Tomás, está marcada por la vulnerabilidad a la pobreza, donde las familias han trabajado como asalariados, de modo informal y donde no se excluye el trabajo infantil. En este sentido, el tipo ideal de las familias de la generación de los que hoy son abuelos, consistente en el hombre asalariado, mujer con trabajo informal y niños y jóvenes como trabajadores ocasionales, fue reemplazado paulatinamente producto de los cambios estructurales que impone la economía de mercado. De esta manera se amplió el campo laboral dentro de los trabajos poco calificados, pero a la vez, las condiciones laborales también se volvieron más precarias, aumentando la rotación y la desprotección.

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