DE LA
yLeootiioton
£\iópcüíio-j\Diviei
icauecAutor de la Geografía Universal.
Quand l'histoire serait inutile aux aulres hommes , il faudrait la faire lire au\ Princes.II n'ya pas de meillenrmoyen de leur découvrir ce que peuvent les
passions
et les intéréts, les tenis et les conjectures, les bouset les mauvais con-seils.Bossuet, Avant
[¡ropos al'Hist.Univ.
MADRID:
•
VVlWWMlVVVVVVVVVVWltWVVVXr^^
CAPITULO
XIV.■
■•
-
PEiá
,8n.
'■ Sublevación
general
de lasprovincias
del Alto Perú.Prepa
rativos guerreros delgeneral Goyeneche,
i su carácter. \Falal deslumbramiento del caudilloinsurgente
Castelli. ■■Conducta
de las tropasargentinas.
Desacatos ala reli-igion.-
'Formación de cuerpos rebeldespara.atacar á las tropas realistas. Comunicaciones- del
ayuntamiento
de.Liriia. con"
los
independientes
de Buenos-Aires.Suspejision
d,e hostilidades i armisticio. Batalla deHuaqui.
Entereza]i decisión del-general
realista.-Alborotos de La;;Paz. Con ductaambigua
de sugobernador
don-Domingo
Tristafi.Ocupación
de la citadaciudad
de La Paz porlas tropas realistas. Movimientos revolucionarios estallados- en Arequipa
isofocados
en el acto. Sitio de La Pazpor los sedi ciosos:ventajas
obtenidas por estas hordas rabiosas. Energía
desplegada
por elvirei Abascal. Batalla, deSipesipe.
Entrada deGoyeneche
en Cochabamba,: marcadapor sil
comportamiento
liberal ibenéfico. Espedicion
,de los coro-"neles Astete i Lombera en ausilio de La Paz. Haza-ñas del coronelBenavenie en
aquel
mismo'"teatro. Derrota del.enemigo
por estos tresgefes^
i alzamiento,del sitio. Prosecución de sus empresas guerreras.■..Evacuación
",d&LCIiu-quisaca
i Potosí por losinsurgentes.
Entrada de..Go-yeneché
en este último punto. Acantonamiento de.¡tro pas enTapiza
. Nueva sublevación de Cochabamba iin6 petiij: 1S11.
'
Rei. Insurrección en la
provincia
deCluiqúisaca.
Ventajas
obtenidaspor los
independientes.
Salida deTupiza
de unacolumna realistacontra las tropas de'Buenos-Aires. Mo vimientos
estratégicos
de ambosejércitos.
JT
rincipió.
el año 181 1 con la conmocióngeneral
de todas las
provincias
del AltoPera,
habiéndose debido retirarlas
reliquias
delejército
del Reí alDesaguadero,
punto limí trofe del vireinato de Lima. Ya desde el octubre anterior sehabía situado el
general
Goyeneche
en uno de los paragesmas
destemplados
de laprovincia
de Puno á orillas de la célebre
laguna
de.Titicaca óChueuito,
reconociendo queaquel
-sitio sería el mas áproposito
para crear unrespetable ejército
•
que contuviera el torrente furioso de la insurrección.
Aunque
habiadejado
á suespalda
laprovincia
delCuzco,
de la que'
habia sido nombrado
presidente
, habia sabido escítar sin embargo
un entusiasmo tan puro en sushabitantes,
que todosá
porfía
veníanespontáneamente
á alistarsebajo
susbanderas,
i á ofrecerle cuantos ausiliospodía
necesitar para llevar ade lante su atrevida empresa. Los talentospolíticos desplegados
•
por el bizarro
Goyeneche
en esta ocasión, esceden á todo elogio.
Conociendo laimportancia
deaquel
pais
, susgrandes
riquezas, la influencia de la nobleza, su numerosa
población
, laostensión de su
territorio,
su favorable situacióni el nobleor-;
güilo
que le infundía suantiguo
carácter decapital
delreino,
se esmeró encomprometerla
por la cansa delRei,
i lologró
con tan brillante resultado quesuperó
los cálculos de la pre visión, idejó
atónito al mismo virei Abascal, cuya suerte,asi como la de todo su vireinato, estaba
pendiente
del mayor © menor acierto de las.operaciones
de dichogefe»
Su porte
afable,
sus modales finos éinsinuantes,
su penetración
sutil,
suconocimientopráctico
delgenio
i carácterde sus
paisanos
, su flexibilidad i condescendencia enaquelioi
defectos que no arguyesen una malicia de corazón, su tino
é
inteligencia
enhalagar
el amorpropio
delpueblo
i suglo
'competencia
contra los pomposos triunfos tan decantados pqr last'rppas
ausiliares de Buenos-Aires, su amor i- fidelidadaj
Rei, de cuyassublimes
ideas supoimpregnar
elánimo de
aquellas
gentes
, habiendo tenido la felicidad depenetrarlas
eon suespresiva
elocuencia iprofundo
raciocinio,
cede que no '.podían
ser felices si sedejaban
dominar de- la influencia,es-trangera;55 i
finalmente
su maestría endirigir
lasvoluntades,
eran lasmejores garantías.
en tanapuradas
circunstancias para mantener
aquellas
provincias
bajo
la obediencia isumisión,
á fin de que renaciera de ellas elgenio
de lavictoria,
que ■.borrara la afrenta de las horcas Caudinas ó el deshonorde laslegiones
de Vario.Fijoasiempre
ésteinfatigable
i celoso americano en sugrandioso
proyecto, de que una parte de la misma América
-destruyese
los criminalesplanes
deindependencia
levantados por la otra, trató de dar unpúblico'
testimonio al mundo, de :que sien.
aquel
nuevo continenteseabrigaban
seresdesorgani
zadores é infieles átla madre común, áfe.,que
debían todo en. el*órden físico i
moral,
loshabía'
asimismodignos vastagos
■delos Pizarrós
, que
justificando
la noble sangre que corría por sus venasi,
estaban prontos á sellar con el sacrificio de sus vidas su fidelidad i amor al Tronoespañol
, i su constanciaensostener el
legítimo
imperio,
fundado por la razón, por■la
justicia,
por lareligión
i por la conveniencia.Manejando
elgeneral
Goyeneche
con destreza estos bri llantesresortes, supo identificar con su causa á tola la nodemásse debió al celo i actividad de dicho
gefe,
áquien
elmismo virei habia
subdelegado
las mas■amplias facultades.Para comprometer con ¡ñas firmesa i
seguridad
á los nobles delpais,
confirió á los que mas sjdistinguían
por su talento'
i virtudes el mando de los cnerdos; i aun
¡ue la mayor paite "de estos, i en
parík'uLir
los sollados nunca hubiesen oido el silviio de lasbatas,
se hallaron mui pronto en estado de desafiar todo el
poder
revolución..!rio.En el artedifícil deamaestrar para la guerra á hombres tan rudos que ni aunsabiati el
idioma
castellano,
fuesegundado poderosamente
elgeneral
Goyeneche
por el entonces coronel donJuan Ramírez, iporel mayor
general
don Pió Tristan.Mientras que
Goyeneche
estabadesplegando
las últimosrecursos de su
ingenio
i decisión para formar elejército
, quehabia de sermuípronto el esterminio de los
rebeldes,
sehalla ban estos adormecidos en el ocioi en lavoluptuosidad.
El so-bervio representanteCastelli,
deslumhrado con la.,adoración que leprestaban
laspueblos
sometidos,
'llegó
¡í.perder
aque-'
lia
energía
revolucionaria que habiadesplegado
alprincipio.
Las dulzuras dePotosí,
i enparticular
las deChuquisaca,
lo habían enervado: la nointerrumpida
lisonja
i el resonar deContinuo en sus oidos las -frases mas estravagantes de serviL adulación lo habían endiosado: los
grandes banquetes
i convites servidos por ninfas
impúdicas
:1o' habían acostumbrado ientregarse á las locuras ele Eaco i á los hechizos de. Venus. En esta nueva
Capua quedó sepultado
el ardor revolucionario. Todas sus
disposiciones
guerreras desde este punto se li mitaron á intimar alejército
delRei,
que nofranquease
lalínea que divide los dos vireinatos.
Al ver Castelli el 'entusiasmo que todas las
poblaciones
del Alto Perú habían mostrado por la causa de la
indepen
dencia, se
figuró
que siaapelar
á las armas i sin necesidadde abandonar sus deliciosos campos elíseos de
Chuquisaca,
cundiría el
fuego
de la insurrección por medio de sus numePEHtír iSir.
inq
en el vireinato deLima,
quedaría
cortado i destruido el dé-i bilejército
deGoyeneche,
itodo elpais
sacudiría á un tiempo la
dependencia
de laMetrópoli.
Estos eran los
planes
del referido representante de lajun
ta de Buenos- Aires, á
quien
se habían confiado todas las facultades soberanas. Los proyectos de dicha
junta
, aunque dictados por otroespíritu
, convenían en elobjeto
, que era de nollegar
á las manos con elejército
deGoyeneche.
Alar mada po'r el graninflujo
que habiaadquirido
Castelli enChuquisaca
, cuyo solio le habíanllegado
á ofrecer sus viles aduladores, temia los resultados de la acción
general
que se empeñase
conel referidoejército
real.Si eran favorables, recelaba de que el envanecido CastelK realizase sus ambiciosos pro
yectos;
i sicontrarios,
veiasumamentecomprometida
lasuerte de sus tropas que se habían
alejado
á tan inmensasdistancias, i cuyos descalabros no era fácil remediar. Partiendo de
estos
principios
inculcórepetidas
veces al comandantegeneral
Balcarce anduviera mui detenido en susoperaciones, ponien
do mas bien en actividad los resortes dela
intriga
que los recursos de
las
arinas.Esto es
precisamente
lo que necesitaba el benemérito Goyeneche.
Si elinsurgente
Castelli le hubiera atacado en losprimeros
momentos del terror que habia infundido consus
victorias de
Suipacha
,tropelías
dePotosí,
i entrada en Chu-*quísaca
, parece indudable que todo el heroísmo delas
tropasrealistas,
replegadas
alDesaguadero
, se habría estrellado contra los irresistibles esfuerzos de un
ejército orgulloso
con suslaureles, i con el
pronunciamiento
general
de laopinión
porsu misma causa; pero habiendo
desaprovechado
lospreciosos1
elementos
que obraban á sufavor,
era de esperarque salieseun nuevo Fabio que cort sus acertadas
maniobras,
infatigable
celo,"
i consumadaprudencia,
fuese el azote del Aníbalame
ricano.
Antes de
principiar
la relación dela
campada
delgeneral
ha-180 pekú: 1811.
bian sabido escitar con sus promesas de
despedazar
las supuestas cadenas con que el
gobierno
del Rei teniaaherroja
dos
aquellos pueblos,
se iba resfriando á medida que estosobservaban
prácticamente
las mayorestropelías
cometidas porlos
pretendidos
libertadores. Uno de los escollos en que tropezaron los
ausiliares,
i que lesenagenó
una gran parte de lapoblación
, fueron losgolpes
dados con el mayor descaro éimpudencia
á lasprácticas religiosas
que,á pesar de larelaja
ción del
pais
, nodejaban
de ser tenidas en la mayor vene^ración.
Los
gefes argentinos
hacían alarde de suimpiedad
, dandopruebas
repetidas
delespirita
defatalismo é incredulidad que los dominaba. Fueron infinitos- los desacatos que se hicieroncontra los
signos
de nuestra santareligión;
i en suspalabras
i acciones no se veia mas que un ardiente deseo de comunicar al devoto
pueblo
peruano sus erróneas doctrinas.Permi-» tióel Ser
Supremo
laprofanación
de su culto i la perpetración de infinitos desafueros con la mira ostensible de
probar
la fortaleza deespíritu
de estospueblos;
perotamañosul-trages no
quedaron
impunes
: á los pocos meses mordían elpolvo
casitodosaquellos
genios
devastadores.El mismo
Castelli,
cuya vida fue conservada mastiempo
para que fueran mas conocidos sus delitos,
llegó
áperderla
de un modo tantrágico
ilamentable que debió aterrar á todos los que sehabían
dejado
llevar deJa
perversidad
de susideas.
Aquella
mismalengua,
que tantas blasfemias habiapronunciado,
i que tantos dañoshabía
causado á la verdadera
creencia,
fue la que acarreó la disolución de su cuerpo:quemada
levemente su punta por la estremidad de uncigarro
que
aplicó
inadvertidamente á la boca porlaparteencendida,
empezó
á gangrenarsepresentando
los síntomas mas alarmantes. Deseosos los
amigos
deaquel
monstruo de salvarle la vi^ da á todotrance, se determinaron á hacerle laamputación
como único i estremado
remedio;
pero habia decumplirse
eldecreto divino :
aquel desesperado esperimento
tan solo sirvióperú : 181 1. 181
eon todas las-muestras de un hombre
poseído
por las furias infernales.Empero
volvamos á nuestroobjeto
del que nos ha separado el deseo de
pintar
con suspropios
colores á losprincipa
lescorifeos de la revolución
americana,
para que elpúblico
juzgue
siuna causaprincipiada bajo
tan execrablesauspicios
puede
tener unresultado favorable desólida
consistencia i deverdadera felicidad.
Aunque
parece que por unconvenio tácito se habían suspendido
las hostilidades, no-dejaba
Castelli de ocuparse en reforzar suejército,
organizando
en el cuartelgeneral
de Laja
numerosos cuerpos, entre¡los
que se contaban de la solaprovincia
de Cochabamba 5 ó 6d caballos. Se ibaapoderan-po al mismo
tiempo
de los puntosprincipales
de la línea deambos vireinatos; habia tomado ya el estrecho de Ticüina i los altos de
Larecaja
iOmasuyos,
que confinan con la pro vincia de Puno por la parte del Este; se habia hecho due ñoasimismo de los pasos del rio delDesaguadero,
cerca délos
pueblos
deJesús i SanAndrés de Machaca, i aun sees-tendian sus
partidas
hasta las faldas de la cordillera de la costa, con cuyos
pueblos
i porsu conducto estaba en comunicación con
Arequipa,
en cuyacapital
mas que enningún
otro
pueblo
del vireinato de Lima se hacia sentir la fermentación de lasnuevas ideas.
En el entretanto el acantonamiento de
Cepita
seasemeja
ba á las
fraguas
de Vulcano, en las que loscíclopes
americanos
forjaban
los rayos cog los quesu numen tutelar habia deesterminar á los
impíos.
Todo era acción ivigor
enaquel
acantonamiento;
á todas horas se oían resonarlas voces marciales para comunicar la
disciplina
é instrucción; por todas partes seveian grupos de tropas i cuerpos enteros haciendo evoluciones militares isimulacros de batallas. Eragrande
lacompetencia
que elgefe
habia sabido introducir en las tresarmas; i difícil de resolver cual de ellas
desempeñaba
con masacierto éinteligencia
sus maniobras. El número de los individuos que lasmanejaban
pasaba
de 8d: el tren se1S2 pr.Uü: 1S1 i.
ponia
de 120piezas
de á cuatro, 8 de ellas volantes con so brados repuestos de municiones.Increíble parece que en tan corto
tiempo
hubierapodido
organizarse
unejército
tan brillante: secomponía
en su ma yor parte decuzqueños
i dealgunos
habitantes deArequipa
i Puno. A falta de cuarteles estabanacampados
en tiendas decampaña
sobre un terreno húmedo i en la estaciónrigurosa
de las lluvias i tormentas; pero á pesar de estasdesventajas
no hubo enfermedades en
aquel
ejército
, ni faltaronvíveres,
ni escasearon losforrajes.
La
vanguardia
fuerte de i®hombres,
al mando delcoronel
Pieoaga,
estabasituada en elDesaguadero,
á dosleguas
deCepita
,apoyada
en cuatropiezas
de cañón para la defensa del puente. En el camino de la Paz se habiaplantado,
una batería con una granguardia
que descubría toda la avenida deHuaqui.
Otra avanzada cubría el costado derecho de estaposición
en el cerro de SanAndrés,
desde donde observaba los campos de Machaca. El cuartelgeneral
, quesehallabaenCepita,
tenia su frente defendido por laLaguna,
i su izquierda
por lapenínsula
deCopacabana,
que hace el estre cho de Ticüina, el cual eraguardado
por el escuadrón dedragones
de Chumbivilcas queocupaba
elpueblo
deYunguyo.
Hallábase ya elejército
del Rei en estado de operar ofensivamente,
cuando receloso elayuntamiento
de Lima de los resultados de la lucha que iba áemprenderse
, sedirigió
á lajunta
deBuenos-Aires,
comunicando elaspecto
favorable que habían tomado losnegocios públicos*,
i lalisonjera
perspecti
va de su pronto
arreglo
,según avisos de losdiputados
ameri canos en las cortesespañolas
,acompañando
copia
de las once célebresproposiciones
queaquellos
habían hecho al congresoen 16 de diciembre del año anterior. Invitaba con este mo tivo
aj representante
Castelli ásuspender
las hostilidades has ta que sehubiesenprobado
los medios dezanjar
aquellas
di ferencias.Estas
negociaciones
fueron tomando bastante peso; se llePERtí : 1811. i83
firmó en
Laja
II coronel don MarianoCampero
por parte delgeneral
Goyeneche.
Dicho armisticio , ratificado por ambaspartes, fue remitido al virei inmediatamente con la contesta ción de Castelli al
ayuntamiento,
en la que faltando á los términos de la urbanidad i decoro debidos áaquel
cuerpo, leamenazaba con un tono
imperioso
sino sesometía á suparti
do sacudiendo la
dependencia
de losgobernantes
realistas. Estasimpolíticas
amenazas sirvieron para aumentar la vigilancia
del virei i laenergía
i decisión delpacífico
ihonradopueblo
limeño.Independientemente
de los sacrificios para sostener la autoridad delRei contra los rebeldes de
Quito,
Chilei Buenos-Aires , estaba ausiliando i manteniendo una gran
parte del
ejército
delDesaguadero
; i para dar el celoso é infatigable
Abascal mayoresgarantías
ásu causa, habia dedicado su
mayor
atención á fomentar en Lima él ramo de artillería, cuyos adelantamientos, i aun
puede
decirsecreación,
se debió esclusivamente al brillante esmero de don
Joaquín
de la Pezuela, entonces
brigadier
de dicha arma. Al mismotiempo
creó el virei Abascal elregimiento
de la Concordia es»pañola
delPerú,
incorporando
enél losprincipales
sugetos de lapoblación
, para querepartidos
conigualdad
losgrados
entre
patricios
i europeos, se formase una noble rivalidad desacrificarsetodos ante las aras de la
monarquía
española.
Al firmarCastelli el armisticiono se habia propuestomaí
objeto
que el de ganartiempo
para terminar suspreparativos
guerreros i dar un
golpe
de sorpresa alejército
realista; i co mollegasen
áestetiempo-
lospapeles públicos
de Buenos-Aires que
presentaban
ya laEspaña
atadaal carro del vencedor deEuropa
,pasó
Castelli á declarar la libertad americana enTiaguanaco
á nombre de la soberanajunta
, con todaslas,solemnes ceremonias de
posesión formal,
realizando este act» sobre las ruinas iantiguos
cimientos de unade las casas quese asegura haber sido de los Incas.
Dispensó
gracias
iprivi
legios
deigualdad
aun á la casta demulatos,
habilitando esalgu-l8q
PERÚ : 1811.nos
residuos,
que todavía se conservaban de susantiguos
edificios,
les hizo una alocución tan incendiaria como la del divino Demdstenes al escitar los atenienses á la guerra contra
Filipo.
Todo pues anunciaba que Castelli estaba muí distante de entrar en términos de acomodamiento con las tro
pas del Rei. Los libramientos que daba
aquel
revolucionariopara pagar los atrasos á fines de
junio
en Puno, i las prome sas de conferir bien pronto losempleos
quedejasen
vacanteslos realistas,'manifestaban claramente el
desprecio
que hacia del armisticio firmado.Con estas noticias vio
Goyeneche
la necesidad de prepararseal ataque, d de adelantarse á él para asegurar
mejor
eléxito. Estaban distribuidas las fuerzas de los
enemigos
desdeHuaqui
áJesús de Machaca endisposición
de ausiliarse confacüidad entre los tres puntos que
ocupaban.
Laimponente
caballería cochabambina conalgunos
cañones al mando deRivero estaba en
Machaca,
habiendo
construido un puentesobre el rio que divide ambos vireinatos para
poder,
atacar alejército
real por su derecha. Enlaquebrada
de Caza al frente del
ejército
, del que distaba cuatroleguas
, i que formabaun punto intermedio entre Machaca i
Huaqui,
habían situa do losinsurgentes
un grancampamento
á- las órdenes de loscaudillosViamont i Diaz Velez; i en
Huaqui
se hallaba Castelli i Balcarce conel cuartel
general,
gran parque, almacenes, i
hospitales.
Bien instruido elgeneral Goyeneche
de queel
enemigo pensaba
sorprenderle
el día 2 1 dejunio
, reunióel 20 por la noche una
junta
de guerra á fin deanticipar
elrompimiento
de las hostilidades.Digna
es de honorífica mención lagloria adquirida
por elgeneral
engefe
enaquella
junta. Después
de haberprobado
en ella la
seguridad
que tenia de que elenemigo
iba á echársele encima
inesperadamente
, i de la mayor convenienciaen salirle al encuentro para desbaratar sus
planes,
halló alguna contrariedad en la mayor parte desus
gefes
, no por te mor ó cobardía, sino porque creían mas acertado esperar alperú : 181 i. 1
85
ele'ctrico quecomunica una viva acción á todos sus movi mientos, i
arrebatado de
su mismo celo al ver que no era segundado
con unapronta
aquiescencia
aquel
plan
, que aun queatrevido, era el único quepodía
ofreceralguna garantía,
de que unejército
de 89 hombres, cual era el suyo,pudiera
triunfarde i89 combatientes de que secomponia
el adversa rio,supliendo
con la celeridad de sus movimientos icon lo
acertado de sus maniobras la diferencia numérica que existia
entre ambos; observando finalmente que su afable elocuencia
militar no hacia
impresión alguna
en los ánimos de dichosgef
es, se levantó- furiosamente de su silla iapostrofándolos
contérminospicantes
, aunque noinjuriosos
,concluyó
por decirles con tono firme iasegurado.
reEs
posible
que den ustedesestepago ásugeneral,
que les ha•}•>colmado de honoresidistinciones,queseha desvivido por pro-»
porcionarles
toda clase de consideración éimportancia,
iquese»ha
anticipado
á remediar aunaquellas urgencias
queproce-55diandel estravío?
¿
Quién
hai entre ustedes que nohaya
es-)
■»
perimentado
losefectos de micelo ? i ahora que los necesito ■K¿ hallo
amortiguado aquel
ardor bélico de que hacían vana55ostentación cuando estaban distantes del
peligro
? ¿ Cuando ■ »elenemigo
nos amenaza con sus abrasadores rayos,veocon-•/>vertidoen tibieza i desconfianza
aquel
nobleespíritu
de.de-55cisión iarrojo
que yo ine he esmerado en formar? Tantasnpromesas de sacrificarse^todos por defender la vida de su
ge-53'neral,
que está identificada con la causa del Rei ¿se desva-wnecen tan miserablemente en el momento en que yoapelo
■>■>con mayor
empeño
al esfuerzo de sus brazosí'para
dar un »dia degloria
-á las armas deCastilla,
honrando sus sienes5?de
preciosos laureles,
de que se han hechoindignos
conso-nlo vacilar en lanzarsecon ardor á tan
gloriosa
lucha? Pero■>■>á bien que no necesito de
gefes
tan poco decididos: corro ár>confiar el mando de los cuerpos á los
capitanes
masanti-«guos; yo sabré entusiasmarlos con mi decisión i
ejemplo;
11ellos se harándignos
del rango á que voi á elevarlos; ellos .'
cuan-i86 n:r>c : 1811.
33do vuelvan
cargados
detrofeos,
verán ustedes en cada uno33de ellos un testimonio vivo' de esa -falta que han de llora*
33
amargamente.
J3La irresistible fuerza de este discurso se comunicó simul
táneamente i con tanta
rapidez
alpecho
de losgefes
realistas,
que arrebatadostodos de ainor i
entusiasmo,
corrieron á abrazar á su
general
prorrumpiendo
en lasespresiones
mas enérgicas
de ternura, iprotestando
su firme decisión i ardientes deseos de arrostrar los mayorespeligros
á las órdenes de unguerrero tan esforzado, que encadenaba las voluntades con
su
mágico poder.
Tal erala exaltación de dichogeneral
queparecía
que ungenio
sobrenaturaldirigia
susacentos.Los efec tosqueprodujo
fueron tanprodigiosos
que se escitó al últimogrado
el entusiasmo iempeño
de todos los comandantes para desvanecer con su heroica conductacualesquiera
siniestraimpresión
que hubierapodido producir
suprimera repugnancia
á laejecución
deaquella
atrevida empresa.Ocupóse
él resto deaquella
noche en la formación delplan
de batalla i en prepararse para el combate. Al romper el dia estaban ya todas las tropas sobre las armas i en el estado mas brillante de
arrojarse
alenemigo.
Dejando Goyene
che 28 soldados al mando del coronel Lombera á la derecha
del rio para contener á los cochabambinos i cubrir la reta
guardiav
emprendió
la marcha con 69 contra un formidableejército
, queesperaba
con su inmensasuperioridad
numérica compensar laventaja
que le llevaba el del Reien sumejor
disciplina
iarreglo.
Al cruzarGoyeneche
el Rubicón se vio íu ánimoagitado
por las mismas fantasmas quedespedaza
ron el del
-antiguo
dictador romano: reSi sepierde
estaac-;-3CÍon,
decia entre sí elgeneral
realista,
oscurezco lagloria
de33mi
patria,
espongo estospaíses
á la desolación i esterminio 33del vencedor; éste se cebará en mi sangre i en la de todos33mis
amigos
iparientes
; laEspaña
perderá
parasiempre
tan33ricos dominios, serán talados sus campos,
yacerán
insepul
tos millares de víctimas de la fidelidad i de laconstancia,
ide La. Batalla, de
mtmtJ-rhfochóte*-lvc*oLefL<j>cf&rc¿tod\AMxJs. WM¡*Ífc£&rn/del/&aé>cc¿tv £fnó iwg&tvbe/.
■<^>Cochcclles-ioL/del ¿/(^¿rdítoJ\¿uxl.
-*¡an>*&fde*ii del/¿sg&ocítv dnóu,rgfe^bte/ ^ i 1 *^-9ropvt¿JtecvUóe*t//frvüCrcl?V(y ^
i-n-i ^^Sbro-pocá £Xrv&t4yrafenyb<^ó e<ri//rrvoüf'Ctyay. \> y
¿r &¿r~
l
■
188 perú: 1811.
saber cual sería el resultado de
aquella sangrienta
batalla. La caballeríarealista
habiaempezado
á desordenarse cuando una"sensible i elocuentísima reconvención del
gefe
la hizo volver á susposiciones
, formando desde entonces una columna debronce en la quese estrellaban todos los esfuerzos contrarios.
Se
disputó
el terreno con el mayor encarnizamiento. Acosado elgeneral
Rajnirez
por fuerzas muísuperiores
hacia heroicosesfuerzos para sostenerse.
Ya á este
tiempo
se habiaempeñado
Goyeneche
en el ca mino deHuaqui
, en el que leesperaban
losenemigos
protegidos
por una buenaposición
, sobre la que habíancolocado suartillería: habiéndose adelantado hasta media tiro de
fusil,
iobservado que los
fuegos
contrarios llevaban una direcciónmui elevada,
permaneció
dos horasenaquel
descubierto ^>araver si
podia
forzar las trincherasenemigas;
mas fueronimíta les sus esfuerzos hasta que el mayorgeneral
Tristantomó lasalturas que
flanqueaban
alenemigo,
i loatacó,
desesperada
menteal mismo
tiempo
que trescompañías
sueltas de la división
principal
avanzaban por elcentro, i que elgeneral
engefe
con el restode latropaen columna entraba por la lengua de tierra de la
izquierda.
La caballería de losinsurgen
tes salió á dar varias cargas; perofue
siempre
arrollada. Vien do ya Balcarceladisputada posición
enpoder
deTristan,
iála columna de
Goyeneche,
que formando un muroimpene
trable iba áatacarle defrente,
abandonóaquel
puntocon elmayor
desorden,
i fueperseguido
hasta
Huaqui,
en cuyo
pueblo
entrarontriunfantes
las tropas del Rei.Ramírezpor su
parte
se cubrió degloria
en losvigorosos
ataques que sostuvo contraViamont i Diaz
Velez,
á los quepuso en
desordenada
fuga,
tomándoles
dos
obuses,
dos culebrinas, cuatro
piezas
de campana i todas sus tiendas icampamento.
Cayó
enpoder
de las tropas realistas en esta ilustrejor nada todo el cuartelgeneral
deCastelli,
suartillería,
280cajones
depertrechos,
un armamento inmenso-,sushospita
final-perú: 1811. i-8 9
mente cuanto
poséia
aquel ejército orgulloso,
quedejando
elcampo
regado
de fusiles icadáveres,
huíaprecipitadamente
sembrando el terror i el asombro por todas partes.Un triunfo tan
brillante,
conseguido
sobre unejército
tres veces mayor en número, con
pérdida
mui corta de lastropas del
Rei,
fue recibido en todoslospueblos
del vireinato de Lima con los mayores
trasportes
dealegría
iplacer.
Eirepique
general
de campanas, los divinos cánticos entonados simultáneamente en todos los
templos
, las fiestaspúbli
cascelebradas para solemnizar tan fausto acontecimiento, las medallas acuñadas enlionor del vencedor de
Huaqui
, i el noble título que sucesivamente se le concedió de conde de
aquel
punto, son otros tantos testimonios de la
importancia
de la batalla.Esta fue con efecto decisiva. El Perú, se hallaba al
borde del
precipicio
T
Goyeneche
lo salvó. Se reanimó elespí
ritu abatido de los realistas, i se aterraron los
orgullosos
re volucionarios. Lainconstante fortuna, que les habia sido propicia
hastaentonces,trocó enesquivez
su mismaprodigalidad.
Desdeeste momentoquedó asegurada
laopinión
militar delseñor
Goyeneche
, i la revolución fue ocultando su cabeza en sus mismos descalabros. Increíble parece que
una acción tan brillante como la de
Huaqui
, hubiera sidocomprada
con tan poca sangre: estefavorable resultado se debió esencialmente á la
impericia
delenemigo
endirigir
susfuegos;
isu horrorosa mortandad almejor
tino i mayor serenidad
de lastropas del Rei.Las cuadrillas de
dispersos
comenzaron á entrar en La Paz desde el amanecer del dia 2 1, comunicando á los rebel
des el desaliento ila
desesperación.
Fuese porque el miedo leshubiera hecho
engrandecer
lospeligros,
ó porque entraba enel
plan
de los revolucionarios desacreditar algeneral
engefe
Realista
, era estepintado
con los colores mas horribles, i designado
como untigre
sediento de sangre que no se saciabasino vertiendo la de todas
aquellas poblaciones
quehabían tomadoparte en la insurrección. El
gobernador
donDomingo
igo
perú: 1811.Tristan,
<jue habiasido conservadoen el mando por lastropas de Buenos-Aires,dispuso
evacuarla ciudad con los caudalespúblicos;
la mayorparte
del vecindario sepreparaba
asimis mo á abandonar sushogares
; todo era confusión idesorden;
la indómitaplebe
, que tanto abunda enaquella
ciudad, los indios de sussuburbios,
ialgunos dispersos
de los mas desal mados se desenfrenaron á la sombra de laanarquía
; icapita
neados por
algunos
indios mestizos, se derramaron por las calles furiosamente en busca de europeos con elobjeto
de sacrificarlos á su saña i venganza.
De loscuatro
colegas
que tenia Tristan en lajunta
de gobierno,
solo habíanquedado
en sus casas el marques de SanFelipe
i el doctor don JoséLandáberi,
ambos sugetos de pro bidad i mas adictos á la causa del Rei que á lajunta
, en laque si habían entrado como vocales habia sido con el lauda ble fin de
templar
la violencia de sus medidas, i de ser losprotectores de los
perseguidos
europeos.Continuando ambos en el
desempeño
desús funciones aunenmedip
de la confusión i desorden quese habia introducido desde la derrota deHuaqui,
determinaron noalejarse
un ins tante de las casas consistoriales, en dondela desenfrenadaple
be ibadepositando
á losafligidos
realistas. Temiendo el marques de San
Felipe
la suertefatal que lesesperaba
, les faci litó lafuga
,pasando
por el interior- del edificio alcontiguo
templo
de la catedral. Echando de menos losconjurados
sus víctimas, searrojaron
comotigres
contraestegeneroso protec tor, ile dieron una muerte bárbara é inhumana.Igual
ham bría sido la suerte del honradoLandáberi,
si la facilidad deesplicarse
en el idioma indio, i suparticular
conocimientocon losprincipales
cabecillas no hubieran ablandado su irritación.La
llegada
del caudillo Rivero con5oocochabambinos,ila
dealgunos
oficiales deBuenos-Aires,
contribuyó poderosa
mente á enfrenar
aquel
rabiosopopulacho
, si bien fuepreci-*
so hacer todavía
algún
sacrificio para contentarlo.Elgoberna
dorTristan, que habia abandonado la ciudadisehallaba á doperú: 1811.
191
conducta anterior, conla
seguridad
de continuaren el mando de lamisma, á la que
regresó,
á.tiempo
que Rivéro laestaba
evacuando
á causa de las noticias de haber salido ya delDesaguadero
con dirección á ella laprimera
división delejér
cito de
Goyeneche.
Para destruireste
general
elinjurioso
concepto
que sehabia formado de él á
instigación
de losmalvados,
que veianen
aquel
ilustremagistrado
undique
impenetrable
á suslocaspretensiones
,publicó
un manifiesto lleno de las ideas mas su blimes i generosas$ que por laimportancia
de sus fines i brillantez de sus conceptos, nos ha
parecido
oportuno insertaren este
lugar.
'
kSoi
americano,
dé almasensible,
apasionado
53conternura á mispaisanos,
tanbenigno después
de haber 33vencido como terrible al acometer á misenemigos.
He Uo-?3rado sin consuelo lospeligros
de lapatria
ila suerte funesta33de sus
pueblos
esclavizados por elengaño
i por la fuerza. 33En la mano derecha llevoempuñada
laespada
vengadora
33de la
justicia
para esterminar á los protervos, i en I«aiz-?jquierda
enarbolo el ramopaeífico
del olivo paraperdonar
á33I0S
desgraciados
, á los débiles, i á los alucinados porfala-93Ces
opiniones.
33A pesar de los execrables
manejos
de los revolucionarios para conservar el horriblefuego
de la sedición en lasprovin
ciasdel Alto Perú, iban estas cediendo á la
impotencia
desus
esfuerzos,
i aun mas aldesengaño fatal,
de que no eraposible
hallar la felicidad por la via del crimen.La Paz Jiabia sido la
primera
en enviardiputados
parasolicitar la clemencia del
vencedor, quien
concediendo á aque llos indómitos habitantes mayoresgracias
de las quepodían
esperar, hizo su entrada en ella con 1500
granaderos
en 8de
julio
; idespués
de haberarreglado
la administraciónpú
blica, le
dejó
unacompetenteguarnición
i continuó su mar cha sobre Oruro i Cochabamba.5^2 PERÚ: lSl'l.
que
habia,
estallado enArequipa
supatria
por seducción devarios
agentes
, que habían introducido enaquella
ciudad losrebeldes de Buenos-Aires; pero sucorazón no
pudo
estar angustiado
muchotiempo
por taninesperada
noticia, pues que apenasllegó
el conde de CasaReal
é informó á los habitantes de
aquella
ciudad de los inmarcesibles laureles con quehabia ceñido su frente en
Huaqui
uno de sus mas ilustres hijos,
el aparente i venal entusiasmo por lajunta
ilibertad,
fue convertido en cordiales vivas al Monarca
español
i al dicho
general Goyeneche.
No bien habia trascurrido un mes desde la derrota dé
Huaqui,
cuandoalgunos
de los mismos caudillospudieron
reunir parte de lasreliquias
de suejército;
i sublevando laIndiada,
procedieron
á sitiar laespresada
ciudad de La Pazen el mes de agosto. El versátil don
Domingo
Tristan,
queenesta ocasión obraba consinceridad en favor de la causa del
Rei,
seapresuró
á darparte deaquel
alarmante suceso tanto algeneral
engefe Goyeneche
, como al comandante del Desaguadero
don PedroBenavente; i sabiendo que estaban tam bién alzados lospueblos
deCalamarca,
Hayohayo,
Sicasica i demás de la carrera de Cochabamba,despachó
orden al mar^ques de
Cochan,
que habia salido con 160 fusileros á incorporarsecon el
ejército
, para que sereplegase
á La Paz, en donde serian mas útiles sus servicios. A pesar de lasvigorosas
medidas para poner
aquella
ciudad en estado de defensa, cortaron mui pronto los rebeldes su comunicación, haciéndose
dueños de todos los caminos de
correspondencia.
Soldados ihabitantes rivalizaban en esfuerzo i decisión para salvar aque
lla ciudad del.brazo devastador de las furiosas masas.
Algunos
de lospazeños
creían sinembargo
que limitandolos
enemigos
su encono acia lospartidarios
delRei,
serianrespetados
por los indios los que noparticipasen
deacuellas
ideas; i por esta falsa creencia se enfriaron en sosteneruna
causa, de cuya
pérdida.
creían nopodria
resultarles el menordaño. Prevaleciendo entre ellos esta fatal
opinión,
se. resolperú : 181 1.
.190
sus casas con salvo conducto de los comandantes
indios;
pero•cuál fue la sorpresa de la
población
cuando á muí pocotiempo
de su salida vieron clavadas sus cabezas en lospilares
situados en los altos deaquellas
inmediaciones ! Cesó desdeentonces
aquella
funesta confianza que habiapuesto
la ciudad de La Paz á la orilla del
precipicio
; i lo que acabó decomprometer á todos indistintamente por rechazar los
impe
tuosos, ataques de los
rebeldes,
fue la noticia de haber sidosacrificados inhumanamenteen el
puelilo
de Sicasica otros variossugetos naturales de
aquella
ciudad,
á pesar de ser conocidos por los- indios, de hablarles en su misma
lengua,
de haber
pertenecido
á las tropas de Buenos-Aires, i de .haber sidolos muelles de
aquella
conmoción*Este, violento i mal calculado
proceder
de los indios salvódicha ciudad de los horrores que la amenazaban: todos pues
juraron
sacrificarse en su defensa; hasta la misma chusmaprovista
de lanzasi dealgunas
armas defuego
ausiliaban latropa veterana, i á los cuerpos voluntarios en las salidas fre
cuentes que hacían contra
eLenemigo.
Eran ya los últimos deagosto
, ila ciudad se hallaba en el mayor apuro desde queaquellas
hordas sublevadas habían destrozado undestacamento de las tropas del Rei en el estrecho de Ticuina,
apoderán
dose de todos sus fusiles i de cuatro
piezas
, con las cuales habían comenzado á batir
aquella desgraciada. población.
El
general
Goyeneche
tenia demasiadoempeñada
su aten4--cion contralas tropas de Riveroi Diaz
Velez,
que le esperaban cerca de Cochabamba, para que
pudiera
acudir al socorro,dé La Paz. El coronel don Pedro Benavente, bizarro ofi^
cial que había aCreditadousu valor desde la revolución
general
de1780,
sinembargo
de tener que cubrir lesimportantes
puntos
delDesaguadero,
para lo que apenas bastaba la'tropaque tenia á sus
órdenes,
se resolvió de acuerdo con elgober
nador de laprovincia
de Puno á destacar unapequeña
divisiónen ausilio de los sitiados. Noticioso al mismo
tiempo.
elinfatigable
virei Abascal del alarmante estado de losnegocios
poraquella
parte, enmedio de los inmensos cuidados que. le.194 perú: 1811.
rodeaban,
desplegó
la mayorenergía
paraqué
elbrigadier
indio doa Mateo
Pumacagua
,cacique
delpueblo
deChincheros,
juntamente
conel deAsángaro
i Asillo en la de Puno donManuel
Ghoquehuanca
, levantasen de cuatro á cinco mil indios,
queapoyados
poralgunos
fusileros ipiezas
decampaña,
pacificasen
á todos los desu casta.Mientras que se tomaban estas activas
providencias
que indicaban el terrible estado deagonía
en que se hallaba laciudad de La Paz, i el desordeni confusión que reinaba en
aquella provincia
, seibapreparando
el esforzadoGoyeneche
para dar la batalla de
Sipesipe
, que habia de dar nuevo realceá la
gloria
deHuaqui.
Antes deproceder
á ella habiaagota
do elgefe
realista todos los medios de laprudencia
i del ex horto para hacerdeponer
las armas á losdespechados
revolucionarios. Sus arrogantes respuestas á las
negociaciones
enta bladas para ahorrar la efusión de sangre, i que poraquellos
.«delirantes
genios
eraninterpretadas
comosignos
deflojedad
icobardía,
hicieron ver alejército
realista la necesidad de acudir á lá
espada
para dar peso á su raciocinio. Sin concederGoyeneche
á suejército
el descanso que necesitabadespués
deuna marcha
rápida
, en quesuperando
todogénero
defatigas
habia
logrado franquear
escabrosas montañas, intransitablesgargantas,
ihorriblesprecipicios,
asbmÓen la mañana del 13por la elevada altura de Tres crucesque domina la llanura
del
valle de Cochabamba. El
brigadier
Ramírez, que se hallabaá la
vanguardia
, fue elprimero
que descendió la cuesta conlos batallones del Real de
Lima,
Paruro,
ialgunas
guerrillas
con el apoyo de seis
piezas
decampaña.
Elgeneral
engefe
mandaba
elcentro, i el mayorgenapd
Tristandirigía
la retaguardia.
Un
ejército
de 12?) hombres cual era el de losinsurgen
tes, los mas de caballería,
apoyando
su frente en el rio deAmiralla i su
retaguardia
en elevadasmontañas,
conpartidas
mui gruesas destacadas en el
pueblo
deSipesipe
, habría arredrado á
cualesquiera
otra clase de tropas que no se hubierantro-p:rl¡: 1811.
,.g5
piczos.
Eran ya las tresicuarto dela tarde cuando el gene ral engefe
pudo
reunirse con Ramírez. La aspereza del descenso de
aquella
montañano habiapermitido
quellegase
todavía la
retaguardia
nilacaballería; pero ansioso elgefe
realista por ceñir su frente de nuevoslaureles, determinó darun ataque brusco á la
bayoneta
paraapoderarse
delpueblo
deSipesipe,.
en cuyas avenidas se habia roto ya un vivofuego
de artillería. Elenemigo
nopudo
resistir la violencia de estacarga, i
quedó
forzada suprimera
línea.Replegado
á otraposi
ción mas
dominante,
ávanguardia
de suejército,
fue atacadoeste punto con
igual
tesón, i forzado con la mismafelicidad,
á pesar de sus bien
dirijidos
fuegos
de artillería que fueroncontestados con viveza por las baterías de los realistas*.
Recurriendo entonces el
enemigo
á haceruso ;de todasu caballería, en la que estribaban sus
principales
esperanzas,se dividió en dos
grandes
columnas por derecha éizquierda
para cortarpor
retaguardia
alejército
del Rei; pero fuerontan acertadas las maniobras del
general
Goyeneche,
i tan rápidos
losdespliegues
desusimpávidos
batallones, que atacadas
aquellas
tropas con el mayor denuedo por todas partes, seentregaron á una
fuga
desordenada favorecida por la oscuridad de la noche, á la que debieron su salvación. Fueron los
principales
trofeos de estainsigne,
victoria 8cañones,
unobús,
unabandera,
70prisioneros,
i 600 muertos que se hallaron.al dia
siguiente
tendidos en el campo.Ya desde el
principio
de la acción se habia retirado el insurgente
Rivero,
que era uno de losgefes
que la mandaban:el otro caudillo DiazVelez se
fugó
por el camino deChuqui
saca,
desengañado
con esta nueva derrota.de la inutilidad desus esfuerzos para sostener su moribunda causa. Ciento cin
cuenta mil pesos que le enviaba la ciudad de Potosí para el
pago de sustropashabían sido
sorprendidos
enMisque
por el:actual
brigadier
don SebastianBenavente,
i añadieron nuevo,lustre á
aquella
jornada.
Precedido
Goyeneche
por lavocinglera
fama de sus ilus^ofre-19S
perú : 181 (.tiendo un
perdón
general
aun á los mismos corifeos de la revolución;
i para dar unaprueba
luminosa de la nobleza: desus sentimientos i de la sinceridad de sus promesas, confirió
el mando de un cuerpo de caballería al mismo caudillo
Rive-ro, causantede
aquellos
desórdenes; proveyó
losempleos
enhijos
delpaís';
pusoenlibertadátodos losprisioneros
de la ba talla, i tuvo laesplendidez
dearrojar
dos
mil duros desde los balcones de su residencia en señal de la feliz reconciliación delos
partidos
, llevando asimismo el dobleobjeto
de ganarse elamor i confianza de
aquellos
habitantes con estos actos depopularidad.
Luego
que dichogefe
huboorganizado
laprovincia
de Cochabamba,dispuso
que los coroneles Astete i Lombera saliesen con sus dos divisiones ácontener los
partidos
délaespal
da i abrir las comunicaciones con la Paz. El esforzado
Bena-vente,
padre
del yacitado,
se había adelantado desde el Desaguadero
en ausilio de la mencionadaciudad, i suaproxima
ción habiasido anunciada porsus mismos triunfosconseguidos
sobreuna
partida
deinsurgentes
quese habiaapoderado
de500muías del
ejército
realista, las que rescató con muertedealgu
nos desusconductores. Continuaba dicho Benaventesusincur
siones sobre el
enemigo
, i mientras que én el eampo de éstosse celebraba con
algazara
el sacrificio dealguna
víctima española,
cuyaspalpitantes
entrañas recreaban la vista deaquellos
feroces caribes, iba causando diarios descalabros en sus informes masas,
llegando
á.talgrado
su varonil esfuerzo, que enuna sola batalla que dio á esta desordenada muchedumbre
mató é hirió mas de 1000 hombres. Al favor de estas ven
tajas
habiapodido
penetrarhasta la misma ciudad de laPaz,
é introducir
algunos
víveres de queempezaba
á escasear; pero no siendo sus fuerzas suficientes para
desalojar
á los enemigos
de lasrespetables posiciones
queocupaban
, se situó enun alto en él camino real de
Lima,
esperando
nuevos refuerzos para dar el último
golpe
de desconcierto á las esperanzas,de los malvados.
pet.ú: 1S11.
197
ejercito
deGoyeneche
, sepusieron
susgefes
de acuerdo co»Benaventei Tristan para dar un ataque
general
á losindios,
que ísu
llegada
se habían situado alotro lado de la ciudaden elcerrp de
Pampajasi. Aquellas
posiciones
tenidas por impenetrables
ácausa de la escabrosidad del terreno i de la estrechura de las sendas que conducen ásu cima, fueron for
zadas con la mayor
facilidad;
i libre ya desde este momentola ciudad de la Paz, tomaron los
gefes
realistas diferentes direccionespara esterminar á un
tiempo
todas laspartidas
delos
insurgente*.
Lombera salió para lo»Yungas
i valles deCaracato é Incuiiivi; Benavente para
Omasuyos
iLarecaja
, iAstete para
Pacages
iSicasica,
contribuyendo
al mismo tiempo á restablecer la
pública tranquilidad
los caudillosPuma-eagua i
Choquehuanca
, que ya á finés de octubre se habíansituado á estaparte del
Desaguadero
con suspartidas
de indios animados del
mejor espíritu
por la causa del Rei.Aunque
«ehicieron variasprisiones
en LaPaz,
i seimpu
sieron
algunos ejemplares
castigos
sobreaquellos
indios i mestizos que habían cometido mayores escesos, habían
quedado
impune
j sinembargo
muchos de los revoltosos á causa de locomplicado
de las circunstancias que nopermitían
desplegar
todo
aquel
carácter dedurezáquese
requería
para esterminaruna revolución tan
sangrienta
en que se veia envuelta unagran
$$tte
de laprovincia.
Asíes que La Paz conservó siempre encubierto en suscenizas el
fuego
de la rebeldía; jauri-,,; que cediendo á suforzada
posición
, concurrían todoslos partidos con donativos i
préstamos
parasostener elejército
delReí,
vacilaba laopinión,
i se inclinaba masbien á la causade los
insurgentes
, habiendo-quedado
todavía en elpartido
de
Larecaja
i enalgunos
valles del de Sicasica iAyopaya
grupos de
despechados
que servían de apoyo á losdescontentos,
i
agitaban
sordamente elpais.
No era menos
apurada
la situación de losinsurgentes
enlas demás
provincias.
Apenas
sedivulgó
la noticia de lavictoria del
ejército
real enSipesipe,
tomaronsusgefes
las mas reservadas medida* para evacuará
Chuquisaca
iPotosí. La
198
PlRé: 1811.mera deestas
ciudades,
que con tanta altanería ^abia respondido á las anteriores intimaciones del
general
engefe
, mudóde
lenguage
éimploró
suprotección,
luego
que supo su marcha acia
aquel
punto.Potosí sufrió los mayores
quebrantos,
causados por lastropas
de Buenos-Aires en su retirada. Habiallegado
á estavilla Pueirredon con 200 hombres que habia sacado de Chu
quisaca,
apenas supo la batalla deSipesipe.
Era su ánimoapoderarse
de todos losfondos deaquellas cajas
antesde aban donar elpueblo
á las tropas realistas, de cuyaaproximación
no se dudaba. Para que no se estrañase
aquella dilapidación,
hizo circular noticias
fraguadas
^á
suantojo, pintando
el estado de las armas de los rebeldes
bajo
un aspecto que dabalas mayores
garantías,
de que muí pronto volverían á tomarla
ofensiva,
i áposesionarse
de lasposiciones
quehabían debi do abandonar momentáneamente.Luego
que hubo reunid*Hn número considerable de acémilas,
cargó
en ellas toda laplata
i oroquepudo,
i que ascendió á 6oo9 pesos,dejando
todavía
300©
por falta de medios de trasporte; idando á entender al
pueblo,
que otros fondos se invertirían en levantar nuevas tropas con las que volvería mui pronto á recon
quistar
aquellas
provincias, emprendió precipitadamente
sumarcha
dejando
á lospotosinos
enlamayorindecisión i abatimiento. El comandante mulato
Nogales
, naturalde#misma
villa, que
guarnecía
el punto de Yocalla, distante once leguas,
llegó
al diasiguiente
26 deagosto
á darparte
á-suspaisanos
de la derrota que habían sufrido las armas de la patria en
Sipesipe.
Agitado
elpopulacho
con esta noticia, se'puso
en marcha eontraPueirredon,
quien
se hallaba ya fuera:del alcancede sus tiros, á favor de la
diligencia
iactividadque
empleó
en su retirada. .Viéndose los
potosinos
tan miserablemente burlados porlos buenos-aireños, enviaron
diputados
algeneral
engefe
realista sometiéndose cordial i sinceramente á su autoridad. Di
cho