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Argentina y el ALCA: una reflexión

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Academic year: 2017

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Argent ina y el Alca: una ref lexión

Daniel Argemi*, Javier Luchet t i* *

* Prof esor de Hist oria de la Facult ad de Ciencias Hum anas de la Universidad Na-cional del Cent ro de la Provincia de Buenos Ai-res. * * Prof esor de Hist oria y Geograf ía, licen-ciad o en Hist o ria d e la Facu lt ad d e Cien cias Hum anas de la Universidad Nacional del Cent ro de la Provincia de Buenos Aires.

1. Int roducción

La economía lat inoamericana es-t aba es-t radicionalmenes-t e ligada al mer-cado mundial a t ravés de la export a-ción de mat erias primas y product os nat urales, ello explica gran part e de su hist oria a lo largo de la segunda mit ad del siglo XIX y de la primera mit ad del siglo XX. Solament e con el af án de marcar hit os, la crisis del sis-tema mundial de intercambios en 1930, sumada a la Segunda Guerra M un-dial, conf lict o que comenzó en 1939 y se ext endió hast a 1945, crearon part e de las condiciones que obligaron a replant ear algunas cosas. Durant e los años t reint a, el sist ema mult ilat eral de comercio y de pagos, junt o con el pat rón oro, suf rieron un derrumbe, y los cent ros indust riales, incluyendo Gran Bret aña, ot rora def ensora del libre cambio, dejaron de lado sus polít icas y prot egieron sus mercados, est ableciendo pref erencias de comer-cio con los países de su zona de in-f luencia, y vigilando sus movimien-t os de capimovimien-t ales. La caída de los pre-cios de los product os primarios y los aliment os originó problemas en la balanza comercial de los países lat i-noamericanos, sit uación agravada por la casi desaparición t ot al de las in-versiones ext ranjeras, lo que provo-có, a su vez, inconvenient es en la balanza de pagos.

En América Lat ina, la injerencia del Est ado f ue una cont est ación pro-t eccionispro-t a para lograr enf renpro-t ar el desplome de la sit uación económica mundial, a pesar del cont ext o, los

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ha-bía dado hast a ese moment o, no era aconsejable, pues a mediano plazo desequilibraba la balanza comercial. A pesar de los int ent os de algunos gobiernos, no se produjeron lasgrandes t ransf ormaciones que provocarían un desarrollo económico y social, que llevaría a los países lat inoamericanos a los est ándares de Europa, Japón o los Est ados Unidos. Periódicament e se producían crisis en las balanzas comerciales o de pagos, que aumen-t aban el endeudamienaumen-t o exaumen-t erno, vía inversiones condicionadas o prést a-mos. Las consecuencias eran la ines-t abilidad políines-t ica y crisis sociales.

En la década de los ochent a, la crisis de la deuda ext erna signó a t oda Lat inoamérica, puest o que du-rant e las décadas ant eriores, espe-cialment e los años set ent a, grandes cant idades de dólares –por ejemplo los pet rodólares–, se dirigieron ha-cia esa región, lo que aument ó la act uación lat inoamericana y su en-deudamient o dent ro del mercado f inanciero int ernacional, abarcando t ant o bancos nort eamericanos como eu r o p eo s. La d écad a d el o ch en t a comenzó a marcar el despegue de una serie de polít icas t endient es a superar el est ancamient o económico

que se regist raba en el ámbit o mun-dial. La prof undización de las rela-ciones bilat erales y mult ilat erales, por el int ercambio del comercio, los ser-vicios, la inversión de capit ales y la ut ilización masiva de los desarrollos tecnológicos, se hizo mucho másvisible. El papel de las corporaciones t rans-nacionales en est e proceso f ue cada vez más import ant e. Los espacios de i n t er cam b i o y r el aci ó n se f u er o n ampliando hast a alcanzar cada vez más regiones del planet a.

Por ot ro lado, la crisis y caída del mundo comunist a dejó inst alada la idea de que el liberalismo es la ideo-logía dominant e, sumado a que el capit alismo es el régimen económico que mejor puede ayudar al f unciona-mient o del sist ema mundial relacio-nado por un mercado único. La bús-queda de caminos para impulsar la acept ación de est a visión se conoce como globalización. Just ament e la globalización es la principal dist in-ción ent re el viejo orden mundial bipolar y el nuevo orden, t ant o en lo económico, lo social y en lo cult ural, aumentando vertiginosamente losflujos f inancieros y cult urales, y poniendo en duda la capacidad de los Est ados para adapt arse a ella.

Est os procesos se relacionan e in-t eracin-t úan, por eso es necesario def i-nirlos: por mundialización se ent ien-de el proceso ien-de búsqueda ien-de nuevas f ormas que permit an la acumulación de capit al, mediant e la producción, el comercio, el desarrollo cient íf ico y t ecnológico, además de la circulación y ut ilización de las inversiones. Es decir, la mundialización, “ como est rat egia para det ener la t asa decrecient e de ganancia del capital –como consecuencia de décadas de regulación– permit iría a las corporaciones t ransnacionales enf rent ar t ambién la prof undización de los cost os derivados de la invest i-gación-desarrollo del proceso de cam-bio del paradigma t ecnológico (del

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ustamente la globalización

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los organismos f inancieros int erna-cionales de asist encia credit icia.

La puest a en práct ica de medidas congruent es a la globalización y el int ent o de int egrar las economías lat inoamericanas a la mundialización dent ro de est e marco provocó, ent re ot ras, las crisis de M éxico (1994-95),2 Argent ina (1995), Brasil (1998-99) y Argent ina (2001-02), es decir en los países que habían recibido los ma-yores f lujos de capit al, en las f ases de auge previas. Graves problemas sociales y de gobernabilidad f ueron la consecuencia de lo ant erior, su-mada al aument o de la marginali-dad, el desempleo y la rupt ura del t ejido social en muchos lugares de la región.

Una de las explicaciones int ent a-das para just if icar el f racaso est á relacionada con la necesidad de re-f ormas int ernas. Just ament e, para revert ir los problemas sociales, en los años novent a, América Lat ina adhirió f ervorosament e –por lo me-nos sus dirigent es– a un conjunt o de ideas emanadas de Washingt on, y que se conocieron post eriorment e como el Consenso de Washingt on, y que abarcaban las orient aciones eco-nómicas de los organismos mult ila-t erales y de oila-t ros ila-t hink ila-t ank esila-t ado-unidenses y del gobierno nort eame-ricano. Se decía lo que se t enía que hacer en cuant o a polít icas económi-cas y las t areas priorit arias que se debían realizar, por supuest o bajo

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1 Es int eresant e ver cuest iones t eóricas sobre est e pro-ceso en Impact o del propro-ceso de globalización sobre las polít icas públicas lat inoamericanas, present ado por Raúl Bernal-M eza. Tandil, Seminario Int ernacional Work-shop Desarrollo Local, Universidad del Cent ro de la Provincia de Buenos Aires, 2 al 6 de sept iembre de 2002. 2 La sit uación se produjo por una serie de hechos que af ect aron a la econom ía y la polít ica m exicana: la sublevación de los zapat ist as de Chiapas, el asesinat o del candidat o a president e por part e del Part ido Revo-lucionario Inst it ucional, la crisis f inanciera, la devalua-ción del peso, el aum ent o del desem pleo, la crisis social y la caída del nivel de vida.

‘energét ico’, dominant e del modelo nort eamericano, al ‘cient íf ico-t ecno-lógico’ de las vanguardias del capit a-lismo), surgidos luego de la crisis de los años 1970-1980, que requieren cada vez de mayor inversión en los campos de la robót ica, la inf ormát ica y las comunicaciones, con el f in de mant e-ner la compet it ividad y ret omar una tendencia creciente de rendimiento del capit al” (Bernal-M eza, 2000: 48).

Cuando se habla de globalización de la economía, “ se alude principal-ment e a que el sist ema de produc-ción de bienes y servicios opera a escala mundial. Est e proceso ha sido posible al ser sust ent ado por el avance t ecnológico y al valerse del espect a-cular desarrollo de las t ecnologías comunicacionales; pero –sobre t odo– porque en las últ imas décadas, el capit al puede circular librement e en t odos los países del mundo” (Ander Egg, 1998: 35). Vist a como proceso, la globalización busca inst alar un complejo conjunt o de ideas que se relacionan para dar una part icular y dist int a concepción de mundo,1 es decir, “ la globalización como proce-so económico-f inanciero de concen-t ración y concen-t ransnacionalización, pone en evidencia las cont radicciones en-t re la acumulación global –a en-t ravés de la expansión mundializada del capit al t ransnacional– y la acumula-ción impulsada por las corporacio-nes t ransnacionales a la acumulación est at al y/o privada de caráct er na-cional” (Bernal-M eza, 2000: 48).

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manif est ar clarament e los valores y co m p o r t am i en t o s d e su s d i st i n t o s miembros.

En realidad, la cuest ión es mucho más compleja y hay dist int as f alacias argument ales que buscan suprimir u ocult ar ciert os aspect os sobre el t ema. Uno de los que est á siempre presen-t e es el de la modernización del Es-t ado y las políEs-t icas públicas ligadas a ello; como ejemplo se pueden ci-t ar d o s af i r m aci o n es i n co m p l eci-t as (Tomassini, 1994: 51-56).

Una af irmación común es la idea que las ref ormas deben darse f unda-ment alunda-ment e dent ro de las inst it u-ciones del Est ado. El result ado con-cret o ha sido reducir su moderniza-ción solament e al sect or público; es decir, a aquella part e del f unciona-mient o de la economía que depende del gobierno, abarcando cuest iones imposit ivas, arancelarias, monet arias, cambiarias, y sobre el manejo de las empresas públicas, como si ello f ue-ra condición necesaria y suf icient e para que una sociedad nacional se benef icie. Ot ra idea es creer que la cuest ión se resuelve con mejorar el f uncionamient o del sect or público, o mejorar los poderes legislat ivos y judiciales, o la panacea de privat i-zar las empresas públicas y descen-t ralizar cierdescen-t os servicios. En resumen, pensar que el Est ado debe concen-t rarse sólo en aquellas cuesconcen-t iones inst rument ales que t ienen que ver con la ef icacia administ rat iva, en la ef iciencia económica o en la rent a-bilidad empresaria, independient e-ment e del cont ext o de valores, de la est ruct ura social y de las demandas de los consumidores.4

Es indudable que el doble proce-so represent a una enorme presión que busca la apert ura de las econo-mías de cada país y la consiguient e desregulación de cada mercado na-ci o n al p ar a q u e se i n t eg r en a l a mundialización. En est e t eórico mer-la vigimer-lancia del Fondo M onet ario

Int ernacional y el Banco M undial.3 La globalización implica un cambio en la sociedad, y la mundialización, una adapt ación de la economía. Se-gún la hist oria, cada cambio en el modelo de sociedad y de la econo-mía lleva implícit o una serie de t rans-f ormaciones en la est ruct ura del Es-t ado en sus insEs-t iEs-t uciones, en el ca-ráct er de la inserción int ernacional, en la dist ribución de la riqueza, et c. Es decir que el Est ado es un produc-t o hisproduc-t órico que cada sociedad cons-t ruye en cada una de las econs-t apas de su desarrollo, para que las inst it u-ciones privadas y públicas f uncionen de acuerdo con una est ruct ura de r el aci o n es so ci al es, t en d i en t es a

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3 Una década después de estas recomendaciones, tales como privatizaciones, apertura comercial, desregulaciones, flexibilización laboral, pagos externos, aumento de tari-fas, reducción del gasto público, ajustes en educación y salud, etc., no sólo aumentó la deuda externa de los países latinoamericanos, sino que también se incrementaron los niveles de pobreza, lo que abrió en el nuevo siglo a un mayor aumento del número de críticas hacia tales medidas “ salvadoras” , que “ endiosaron” al mercado, pero que se olvidaron de las personas.

4 Una ref lexión sobre muchas de est as cuest iones puede encont rase en la próxima publicación de Daniel Argemi, Recrear la Nación y Ref undar el Est ado,,,,, ganador del Concurso Legislador José Hernández 2002, “ Ident idad y Proyect o Nacional hacia una nueva inst it ucionalidad pública” , organizado por la Comisión de Cult ura del Honorable Senado de la Nación.

L

a puesta en práctica de

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cado mundial, la of ert a y la deman-da f uncionarían asignando los recur-sos necesarios para que el sist ema f uncione ef icient ement e, sobre t res f undament os. El primero es eliminar las t rabas al ingreso y egreso de bie-nes y servicios pues eso ayudaría al aument o del int ercambio comercial, muchas veces sin t ener en cuent a que hay relaciones muy desiguales, pues una de las part es provee mat e-rias primas y aliment os, recibiendo manuf act uras a cambio; est o genera enormes asimet rías, que clarament e

benef ician a un sect or. El segundo f undament o es liberar las t ransf e-rencias de t ecnología pero buscando la prot ección de pat ent es y derechos, sin t ener en cuent a que muchas veces la invest igación y el desarrollo t ecno-lógico t ienen un solo proveedor, que dist orsiona clarament e el mercado a t ravés de un monopolio. Por últ imo, como t ercer f undament o se busca la libre circulación de capit ales, sobran-tes en algunos países y escasos en otros, que cada vez se dest inan menos a la inversión product iva y más a la bús-queda de rent as.

Dent ro de est e cont ext o, la nego-ciación mult ilat eral aparece como la

mejor posibilidad, porque permit e buscar acuerdos y art icular espacios regionales t endient es a est ablecer las condiciones más benef iciosas, para que el doble proceso sea lo más equi-t aequi-t ivo posible para equi-t odos. Esequi-t e es el mejor ámbit o para que cada país negocie los mejores convenios posi-bles y un ejemplo de ello, que será explicado más adelant e, puede ser el Grupo de los 22 (G-22), armado ant es de la reunión de la Organiza-ción M undial del Comercio, desarro-llada en 2003 en Cancún.

2. El origen de la iniciat iva

La economía est adounidense es-t aba en un incipienes-t e eses-t adio de cre-cimient o y necesit aba incent ivos para crecer. Las polít icas del president e Ronald Reagan, t ant o en lo int erno como en lo ext erno, buscaban crear las condiciones para que las empre-sas pudiesen comenzar a acumular capit al y así react ivaran la economía domést ica y mundial. El f ordismo necesit aba ser reemplazado como sist ema de producción, el capit al f i-nanciero debía poder circular libre-ment e, las relaciones ent re las f ilia-les de las empresas t ransnacionailia-les debían ser lo más f luidas posibles, pues eso era benef icioso para el país. La inversión ext ranjera direct a de-t erminaba la esde-t rucde-t ura del proceso que podía modif icar la economía mundial y, just ament e, las empresas transnacionalesque lograron aumentos i m p o r t an t es d e p r o d u ct i vi d ad , l a innovación y la adopción de t écni-cas de producción, f ueron las que pudieron ef ect uar la relocalización de sus empresas en dist int os merca-dos: “ El comercio mundial est á do-minado predominant ement e por las corporacionestransnacionales. El acceso a l o s m er cad o s est á d et er m i n ad o crecient ement e por el acceso a los mercados int ernos de est as mismas

P

ensar que el Estado debe

concentrarse sólo en

aquellas cuestiones

instrumentales que tienen que

ver con la eficacia

administrativa, en la

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co r p o r aci o n es, si n q u e p ar a el l o medien condicionantescomo lasfuerzas o los precios de mercado” (Bernal-M eza, 2000: 65).

Nuevos mercados debían ser acce-sibles por ello, en 1990, y como una iniciat iva de las Empresas para las Américas, surgió la idea de crear un mercado libre desde Alaska hasta Tierra del Fuego. El ent onces president e est adounidense George Bush (padre), lanzó la idea de la Asociación de Libre Comercio para las Américas. Demás est á decir que dicha concep-ción est á plenament e ligada al do-ble proceso ant es descript o y res-ponde a necesidades int ernas est a-dounidenses, a un t ipo de relación polít ica con Lat inoamérica y a la consolidación de sist emas democrá-t icos en casi democrá-t odos los países. El Área de Libre Comercio de las Américas es el nombre del proceso de expansión del Trat ado de Libre Comercio de América del Nort e hacia los demás países del cont inent e, con la excep-ción de Cuba, y busca dist int as

me-t as: “ Como objeme-t ivo políme-t ico esme-t rame-t é-gico, la iniciat iva int ent ó impulsar un panamericanismo económico, como respuest a def ensiva a las amenazas

compet it ivas de los ot ros dos gran-des agrupamient os, en especial los de la CEE y su polít ica agrícola. Su objet ivo polít ico t áct ico f ue gene-rar un nuevo t ipo de expect at ivas en América Lat ina y el Caribe, que mejoraran la posición de Est ados Uni-dos sin que t uviera cost os adiciona-les. Ent re los objet ivos económicos, el est rat égico f ue dar un nuevo im-pulso al proceso de liberalización comercial en que est án empeñados la mayoría de los países de la re-gión; en t ant o que el objet ivo eco-nómico t áct ico es abrir un nuevo espacio de negociación, con vist as a en f r en t ar l as d i f i cu l t ad es d e l a mult ilat eralización, que aún sigue siendo la apuest a más import ant e de Est ados Unidos desde 1945” (Ber-nal-M eza, 1994: 68).

El ALCA f ue dif undido por líderes de América del Nort e, Cent ral, del Sur y del Caribe, durant e la Cumbre de las Américas que t uvo lugar en M iami (Florida), y en donde el en-t onces presidenen-t e Bill Clinen-t on se pro-puso llevar adelant e la propuest a de su predecesor, George Bush, sobre un acuerdo de libre comercio ameri-cano que relacionase las economías del hemisf erio y prof undizara la in-t egración conin-t inenin-t al. La Primera Cumbre de las Américas, desarrolla-da en M iami durant e el mes de di-ciembre de 1994, marcó la reapari-ción de la iniciat iva. La declarareapari-ción de principios de la misma dice: “ Por primera vez en la hist oria, las Amé-ricas son una comunidad de socieda-des democrát icas, unidas con el pro-pósit o de lograr mercados abiert os en la int egración hemisf érica y un desarrollo sust ent able. Est amos de-t erminados a consolidar y aumende-t ar los lazos de cooperació n y a t

rans-E

l ALCA fue difundido por

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f ormar nuest ras aspiraciones en rea-lidades concret as” . El president e Bill Clint on y los dist int os f uncionarios del gobierno est adounidense, t enían la cuest ión de manera permanent e en la agenda de negociaciones, por-que lo por-que es bueno para los Est ados Unidos es bueno para el rest o del mundo. Para lograr sus objet ivos, los president es f irmaron el Pact o para el Desarrollo y la Prosperidad, anun-ciando la creación de una zona de libre comercio en el cont inent e para el año 2005, que se f ormalizó en dos t ext os, la Declaración de Principios y el Plan de Acción.5

Una mayor preocupación por dis-cut ir cuest iones como derechos de p at en t es, p r o t ecci ó n d e d er ech o s económicos sobre desarrollos t ecno-lógicos, discusiones sobre aranceles, impuest os y demás cuest iones rela-cionadas al int ercambio comercial, comenzaron a surgir en los t emarios bilaterales y multilaterales. Los grandes lobbies de los sect ores empresariales y agrícolas est adounidenses siguie-r o n p siguie-r esi o n an d o p asiguie-r a i m p ed i siguie-r l a ent rada de product os lat inoamerica-nos que pudiesen represent ar com-pet encia, sea por el precio o por la calidad. Denuncias de dumping, de-f icient es condiciones de-f it osanit arias, et c. f ueron las excusas esgrimidas. Después de t odo, los países cent rales no aplican los mismos crit erios den-t ro de sus propias f ronden-t eras y en sus relaciones ext ernas en cuant o a eli-minar subsidios a la producción o a las export aciones, o en cuant o a eli-minar las barreras prot eccionist as.

En 1995, se reunieron los minis-t ros de Comercio de los países inminis-t e-resados y se def inió un cronograma de acciones a seguir, por lo que con-tinuaron las conversaciones hasta 1998, cuando se reunieron en la Segunda Cumbre de Chile los 34 países ameri-canos. Se elaboraron acuerdos sobre dist int os aspect os, y se ent ablaron

negociaciones sobre el est ablecimient o de una zona de libre comercio en 2005, se buscó la promoción de mer-cados f inancieros más est ables para evit ar crisis, la prot ección del medio ambient e, el impulso de la int egra-ción a t ravés de t ransport es y t eleco-municaciones, y el desarrollo de In-t erneIn-t y oIn-t ras nuevas In-t ecnologías.

En la Tercera Cumbre de las Amé-ricas, llevada a cabo en Quebec en el año 2001, se marcó en la declara-ción: “ Nosot ros los gobernant es ele-gidos democrát icament e de las Amé-ricas, nos reunimos en Quebec en nuest ra Tercera Cumbre, para reno-var nuest ro compromiso para la in-t egración hemisf érica, la responsa-bilidad nacional y colect iva y para mejorar la economía y la seguridad de nuest ros pueblos. Adopt amos un Plan de Acción para f ort alecer la democracia representativa, promovien-do el buen gobierno y prot egienpromovien-do los derechos humanos y las libert a-des f undament ales. Buscamos crear una gran prosperidad y expandir las oport unidades económicas, mient ras f oment amos la just icia social y la realización de pot encial humano” . La int encionalidad de dicho merca-do est aría marcada por el t ono de los párraf os det allados más arriba, en las dos declaraciones t ranscript as de las Cumbres de las Américas. Pero el reclamo de abrir más los merca-dos int ernos se hizo más f uert e. El permitir que empresasestadounidenses pudieran compet ir con las

naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○ naciona-○

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les en la prest ación de servicios pú-blicos, en las licit aciones del Est ado, era una demanda corrient e. La pre-sión diplomát ica para benef iciarlas perjudicando a las nacionales, t am-bién era una práct ica común. El im-port ant e papel de las empresas t rans-nacionales def endiendo sus int ere-ses en dist int os lugares del mundo las ha llevado a que los propios go-biernos de sus países de origen dis-criminaran las práct icas comerciales “ desleales” , buscando aplicar las san-ciones que f ueran convenient es a sus int ereses.

Al mirar en el product o brut o t ot al de América, se puede calcular lo que aport a cada espacio. El mercado re-gional de NAFTA es el responsable del 82% del t ot al; por su part e, la producción del Mercosur estaría apenas por encima del 10 % , y el 8% rest an-t e lo aporan-t arían un conjunan-t o de 28 países lat inoamericanos. Como pue-de apreciarse, la asimet ría es muy grande y cualquier t ipo de relación ent re las t res part es puede t ener un ef ect o no deseado para las más débi-les, si no se es cuidadoso en los t ér-minos de los acuerdos a convenir. Con lo cual se pueden poner en con-sideración dos t ipos de apert ura a la int egración; una impulsada por

Es-t ados Unidos a Es-t ravés del ALCA, y la ot ra a part ir del M ercosur, sumado al Grupo Andino, uniendo a t oda América del Sur; benef iciando est a últ ima a la Argent ina, puest o que serviría de apoyo para lograr la in-serción int ernacional que la sacara del est ancamient o económico, a la par que ayudaría a las economías provinciales, para que t ambién pu-dieran salir de la crisis económica y social en que se encuent ran.

Est e marco general y una serie de dat os f áct icos, deben ser t enidos muy en cuent a, porque pueden alt erar t ot alment e el sent ido de lo manif es-t ado por los presidenes-t es que f irma-ron las act as. Un caso que se puede observar es el de M éxico, una econo-mía mediana que sin condiciones previas, ni un t rat amient o dif eren-ciado en mat eria f inanciera o comer-cial, se asoció a Est ados Unidos y Canadá, dos de las economías más desarrolladas del planet a y unidas en un área de libre comercio desde 1988.

3. Un caso para pensar

Teniendo en cuent a el cont ext o ant es t rat ado, en el mes de enero de 1994, y unos meses ant es de relanzar la idea del ALCA, se produjo la f irma del Trat ado de Libre Comercio de América del Nort e, cuyas siglas en español son TLC y en inglés NAFTA, que incluye a Canadá, Est ados Uni-dos y M éxico en un solo mercado regional.6

Const it uye un muy buen ejemplo de cómo podría f uncionar el área de libre comercio sin crear las condicio-nes necesarias para resolver las cues-t iones de asimecues-t ría, las dif erencias cult urales y la dif erencia en las le-gislaciones nacionales. Realizando un balance de est os casi diez años de vigencia del NAFTA, se puede visualizar con claridad el avance de las empre-sas mult inacionales sobre los Est

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dos, que van perdiendo su capaci-dad de cont rol gracias a la desregu-lación, y una f enomenal t ransf eren-cia de riqueza, que t ermina concen-t rada en pocas manos. El marco de inst it uciones se disgrega y los go-biernos t ienen muy pocos recursos y medios para int ervenir.

Al comenzar el proceso, la mayo-ría de lasempresasmexicanasno tenían economías de escala, desarrollos t ec-n o l ó g i co s p r o p i o s, ec-n i r eser vas d e capit al. Es decir, no est aban en con-diciones de poder compet ir con las reglas de libre mercado; por eso hubo aproximadament e 28 mil empresas chicas y medianas que quebraron. M u y p o cas p u d i er o n p en et r ar al mercado est adounidense y/o asociarse a capit ales de ese origen. En 1994, las inversiones dest inadas a est e país, eran más de un t ercio del t ot al dedi-cado a Lat inoamérica; pero cayeron a menos de un quint o del t ot al para 1998. En general, los capit ales ex-t ranjeros apunex-t aron al armado de f ábricas de ensamble (bienes manu-f act urados) en el nort e del país, co-nocidas como maquiladoras, y no buscaron aument ar las cadenas pro-duct ivas para crear más t rabajo.

U

n caso que se puede

observar es el de México,

una economía mediana que

sin condiciones previas, ni un

tratamiento diferenciado en

materia financiera o

comercial, se asoció a Estados

Unidos y Canadá, dos de las

economías más desarrolladas

del planeta y unidas

en un área de libre

comercio desde 1988

El campo mexicano, que t radicio-nalment e t enía una enorme part ici-pación en las export aciones, no t ie-ne incent ivo para aument ar su pro-ducción, pueslosmercadoscanadienses y nort eamericanos le est án vedados. La f alt a de crédit o impide f inanciar vent as y/o m oder ni zar l as t ar eas. También, las crisis cíclicas de precios provocan graves perjuicios a los pro-duct ores, por la pérdida de rent abi-lidad. El propio NAFTA impide a México implement ar subsidios, pero parale-lament e los Est ados Unidos increment ó por seis sus precios sost én al agro ent re 1994 y 2000.

Todo lo ant erior explica la pérdi-da del valor de los salarios de los mexicanos, el increment o del desem-pleo y la crecient e desigualdad so-cial. Ent re los meses de enero y mayo de 2003, se perdieron 369 mil puest os de t rabajo, solament e uno de cada t res mexicanos t iene un t rabajo est a-ble y con seguridad social. En la re-gión de las maquiladoras reapareció el t rabajo inf ant il, las jornadas de doce horas de labor y los salarios por debajo del mínimo que garant iza la subsist encia. Los pronóst icos son des-alent adores para 2004, pues se est i-ma un crecimient o económico del 0,96 % y una rebaja del precio del pet ró-leo, siendo ést e uno de los principa-les product os de export ación.7

La calidad de vida desmejora no-t ablemenno-t e, si se no-t iene en cuenno-t a que la población t ot al de M éxico es aproxi-m ad aaproxi-m en t e d e p o co aproxi-m ás d e 100 millones de personas; las est adíst i-cas of iciales marcan que 75 millones est án debajo de la línea de pobreza. Es decir, que el propio gobierno acept a que el 53,7 % de los habit ant es del

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7 Todos los dat os ut ilizados est án ext raídos del Econom ic Police Inst it ut e, de W ashingt on y de un inf orme de la f irma Consult ores Int ernacionales, publicado en el dia-rio Clarín, del 22 de junio de 2003, p. 23.

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país es pobre, y de est a últ ima can-t idad, el 24,2% es indigencan-t e. Una libre circulación de personas en el amplio espacio regional t ampoco es posible. Durant e t odo est e t iempo, no se ha cerrado ningún acuerdo migrat orio ent re los Est ados Unidos y M éxico, por lo t ant o los ciudada-nos de est e últ imo país est án impe-didos de migrar en busca de t rabajo. Est o f acilit a el mant enimient o de los est ándares de vida de los obreros y clase media est adounidenses.

Concluyendo, la sit uación mexi-cana no es muy dist int a a la de la mayoría de los países de la región, a pesar de su asociación a dos econo-mías poderosas. M uchos polít icos, int elect uales y grupos inst it uciona-les hablan de renegociar det ermina-dos aspect os del NAFTA, pues el país perdió la libert ad soberana y debe consult ar con ot ros ant es de t omar alguna decisión.

4. Las cuest iones a negociar

Para 2005, est á previst o que el ALCA comience a f uncionar y hay muchas personas que est án convencidas de que ello es inevit able. Pero sería bue-no ref lexionar sobre la necesidad que t iene nuest ro país de ent rar en él. Es una cuest ión que moviliza a muchos sect ores de la sociedad, pero no est á inst alado en la ciudadanía. Hast a se produjo un encuent ro de obispos delegados para analizar el t ema.8 Es bueno analizar sobre qué principios habría que negociar la incorporación, t eniendo la realidad mexicana siem-pre siem-present e, para no repet ir errores. Uno que segurament e salt a a la vist a es el apresuramient o con que se hi-cieron las cosas.

Un verdadero est udio del impac-t o que puede causar una relación t an asimét rica, no debería descart ar ningún t ipo de análisis. La part ici-pación de la sociedad civil es alt a-ment e deseable. Ninguna inf orma-ción debe ser ocult ada y t oda la ne-gociación debe ser pública. Los ciu-dadanos argent inos deberían t ener mucha injerencia en las decisiones polít icas que adopt e el gobierno al respect o. El papel del Poder Legisla-t ivo se vuelve sumamenLegisla-t e imporLegisla-t an-t e para analizar perjuicios y benef i-cios. Las universidades nacionales deberían alent ar seminarios, simpo-sios y jornadas de est udio para ana-lizar el t ema. También debería ins-t alarse el ins-t ema en los medios de comunicación social.

Est a iniciat iva, que modif ica t an-t as cosas, no puede descansar exclu-sivament e en aspect os económicos y comerciales, sino que debe t ener en cuent a los aspect os sociales, cult ura-les y polít icos de cada uno de los países que int ervengan. Como ejem-plos de la cuest ión pueden cit arse las siguient es sit uaciones: es muy peligroso acept ar el derecho exclusi-vo sobre pat ent es medicinales y po-ner en riesgo la posibilidad de cu-rarse que t iene el individuo enf er-mo; cada remedio debe ser accesible para las personas y lo cont rario sería af ect ar los derechos humanos. La privat ización de un servicio público debería t ener en cuent a no solamen-t e la rensolamen-t abilidad empresaria, sino t ambién la calidad de la prest ación, un marco regulat orio en manos de los poderes públicos y una act it ud permanent e t endient e a mejorarlo.

Vale la pena volver a recordar que la excesiva desproporción de las cpacidades compet it ivas ent re Est a-dos Unia-dos y Argent ina puede pro-vocar el desequilibrio de int ereses sect oriales y poderes inst it ucionales, por lo que podría t raer

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cias muy graves, especialment e con relación a la ident idad cult ural, los puest os de t rabajo y la misma subsis-t encia de las economías regionales más f rágiles. La libert ad absolut a de mercado práct icament e no exist e en los Est ados Unidos, pues hay un am-plio marco de leyes y reglament acio-nes que encausan la of ert a y la de-manda. Ant e cada punt o a negociar, es sumament e necesaria la reciproci-dad y el adecuado equilibrio. La baja de aranceles y prot ecciones debe ser gradual y t ener en cuent a los cost os int ernos. Cada inversión debe buscar generar puest os de t rabajo.

Debería ser una asociación e int e-gración que beneficie a todaslaspartes. Lo negat ivo sería que se est ableciera una relación con t int es de neocolo-nialismo, con un impact o negat ivo sobre las comunidades locales. Por eso, no debería t ender a propiciar una concent ración del poder econó-mico en pocas manos y en pocas empresas compet it ivas, f avorecien-do la f ormación de monopolios y o l i g o p o l i o s, q u e t er m i n ar ían p o r imponer su hegemonía a los gobier-nos, especialment e en los países más débiles del cont inent e americano. Por eso, la posibilidad de incorporar t ec-nología, adopt ar nuevas est ruct uras o r g an i zaci o n al es, g en er ar n u evas f ormas de producción, crear merca-dos de capit ales propios, o cualquier ot ra cosa que benef icie a una econo-mía nacional o regional, debería ser alent ada y est imulada.

Un espacio como el ALCA t endría que concebir un conjunt o de leyes marco que regularan las dist int as act ividades, explicando clarament e los mecanismos que cada acuerdo implica. Sería buena la exist encia de organismos que se encargaran de la supervisión y de la solución de las cont roversias que se generen. Un mercado t ot alment e abiert o sería seriament e impensable y se t ransf

or-maría en un “ darw inismo económi-co” , donde el más f uert e impondría condiciones.9 Est o generaría mucha mayor pobreza y marginación social a lo largo y a lo ancho de América. Ot ra cuest ión que merece ser t enida en cuent a es el respet o a la sit uación en la que se encuent ran economías muy element ales pero que pert ene-cen a la ident idad cult ural de

nues-t ros pueblos, como la de los aborí-genes o las comunidades rurales, que en est e sist ema capit alist a de merca-do correrían el riesgo de ser despla-zadas o anuladas. Por ello, un con-junt o de salvaguardias y garant ías debería ser negociado.

El t ot al cumplimient o del espíri-t u de las declaraciones anespíri-t eriormen-t e mencionadas implica que la pri-mera mot ivación del mercado regio-nal debería ser la promoción del bien

L

a situación mexicana no

es muy distinta a la de la

mayoría de los países de la

región, a pesar de su

asociación a dos economías

poderosas. Muchos políticos,

intelectuales y grupos

institucionales hablan de

renegociar determinados

aspectos del NAFTA, pues el

país perdió la libertad

soberana y debe

consultar con otros

antes de tomar

alguna decisión.

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común y de la solidaridad ent re los pueblos, y no la búsqueda del ma-yor provecho de algunos pocos y de los más poderosos en det riment o de los débiles. Para que ello pueda ser real, hay dos t emas que no deberían ser considerados mercancías: la edu-cación y la salud. Ambos son dere-chos humanos y la garant ía de su exist encia debe est ar marcada por la inst it ucionalidad pública. Cada país debe manejar est os t emas, puest o que se plant earían serias dif icult ades si quedaran comprendidos en el ALCA: “ Si se incluyeran los servicios en el ALCA, cosa que parece ser cert era, las

empresas ext ranjeras con f ines de lu-cro de los sect ores sanidad, educación y ot ros servicios sociales de t odo el cont inent e t endrán el derecho de es-t ablecer una presencia comercial en cualquier part e de América del Nort e, del Cent ro y del Sur. Tendrán derecho a compet ir por f ondos públicos con inst it uciones públicas como hospit a-les, escuelas y guarderías. Las normas que rigen a los t rabajadores de los sect ores salud, educación, puericult ura y servicios sociales se verán sujet as a las reglas y los crit erios del ALCA a f in de que no const it uyan obst áculos para el comercio. Las empresas educat ivas de todo el continente estarán facultadas para conf erir t ít ulos. Los servicios ex-t ranjeros de ex-t elemedicina serán lega-les. Ningún país podrá det ener la com-pet encia t ransnacional de prof

esiona-les en sanidad y educación de bajo cost o” (M arlow , 1991: 94).

Puede parecer que la implemen-t ación del ALCA es irreversible. Sin embargo, t ambién es posible cam-biar algunos de sus t érminos para que los países en vías de desarrollo t engan pref erencias compet it ivas, se respet e su soberanía y aut odet ermi-nación, y sus recursos nat urales es-t raes-t égicos no sean suscepes-t ibles de apropiación privada. En est e sent ido es import ant e reconocer y part icipar en la const rucción y f ort alecimient o de bloques regionales y subregiona-les en nuest ro cont inent e. Por ello, es mejor negociar desde el M ercosur y no bilat eralment e, “ porque el pa-pel del M ercosur adquiere especial import ancia por ser un sist ema que asegura la aut onomía nacional de sus part icipant es, en el ámbit o de los ef ect os alt ament e desnaciona-lizant es provocados por el proceso de globalización. Por un lado, el M ercosur proporciona a sus miem-bros un poder de negociación int er-nacional que ninguno de los países que lo int egran, inclusive Brasil, podría t ener aisladament e. Por ot ro lado, el M ercosur es el principal f act or que preserva los márgenes de aut onomía int ernacional que t odavía t ienen sus part icipant es, que en f orma aislada, sobre t odo en lo que concierne a Par ag u ay y Ur u g u ay, t en d er ían a convert irse, en un cort o plazo rela-t ivamenrela-t e correla-t o, en segmenrela-t os anó-n i m o s d el m er cad o i anó-n t er anó-n aci o anó-n al , exógenament e dirigidos por las gran-des mult inacionales y pot encias con j u r i sd i cci ó n so b r e su s m at r i ces” (Jaguaribe, 2001: 78).

Los países americanos no pueden realizar conversaciones ef ect ivas y desde posiciones de f uerza con Est a-dos Unia-dos y Canadá si ant es no re-concilian sus cont radicciones y de-jan de lado las rivalidades que los separan. Un caso ef ect ivo de

coope-U

n espacio como el ALCA

tendría que concebir un

conjunto de leyes marco que

regularan las distintas

actividades, explicando

claramente los

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ración en las negociaciones int erna-cionales es el Grupo de los 22, con la part icipación de Argent ina, Chile y Brasil, sumados a China, India, M alasia, Sudáf rica y Egipt o, ent re ot ros, que supieron f renar las “ imposiciones” del acuerdo est ablecido ent re la Unión Europea, Est ados Unidos y Japón para impulsar el mant enimient o de los subsidios agrícolas y ot ras práct icas comerciales desleales, durant e la re-unión de la Organización M undial de Comercio desarrollada en Cancún, en el mes de sept iembre de 2003.

Un verdadero proceso de int egra-ción de América debe basarse en una polít ica cont inent al que t enga en cuent a los derechos humanos y los principios de la soberanía, la just i-cia, la solidaridad y el respet o a las ident idades cult urales de los pueblos: “ La int egración lat inoamericana f or-t alece la capacidad de nuesor-t ros paí-ses para responder con ef icacia a los desaf íos y oport unidades que plan-t ea la globalización. Es imprescindi-ble la ampliación del mercado y la concert ación de polít icas en áreas claves como el desarrollo indust rial y t ecnológico” (Ferrer, 2002: 81). Las leyes locales de los Est ados Unidos siempre t ienen preeminencia sobre las leyes y acuerdos int ernacionales; en Argent ina se acept a que muchos acuerdos t engan rango const it ucio-nal; al llegar a un acuerdo bilat eral, est a realidad puede ser sumament e perjudicial para el país. También las cuest iones ecológicas y ambient ales deben t ener cabida en la elabora-ción de proyect os económicos y en las negociaciones del ALCA. Si real-ment e el ALCA se hace para el benf icio de los pueblos americanos, t e-niendo en cuent a la incuest ionable supremacía de los Est ados Unidos en muchos campos, es necesario prot e-ger la independencia económica y consolidar la capacidad de generar t ecnología, lo que se convert irá a la

larga en garant ía real de su f uerza y compet it ividad.

5. Los benef icios y los

perjuicios

Cuando se mira la dist ribución de la población en América puede verse que en 1999, el 62,9 % del t ot al vivía en América Lat ina y el 37,1% rest ant e residía en Est ados Unidos y Canadá. Si ese mismo año se observa el ingreso per cápit a, se not a la gran disparidad que exist e. Los Est ados Unidos regis-t raron U$S30.600; Canadá U$S19.320 y el promedio de Lat inoamérica era de U$S 3.840. Est e últ imo present a una gran dispersión, mient ras Argen-t ina mosArgen-t ró U$S 7.600, Nicaragua Argen-t e-nía U$S 430.10 Las dif erencias ent re las posibilidades para una mejor cali-dad de vida son elocuent es.

La economía est adounidense des-pués de varios t rimest res recesivos anunció of icialment e la salida de est e prolongado decaimient o en noviem-bre de 2001. Desde ent onces el creci-mient o es muy pequeño, cercano al 2,5% anual, el déf icit f iscal es ex-t raordinario y del orden de los U$S 400.000 mil millones, hubo una dis-minución de 1 millón de puest os de t rabajo, y los índices de pobreza marcaron un crecimient o del 11,7% para 2001, al 12,1% para 2002.11

La Argent ina, por su part e, est á saliendo de una de lascrisismásgrandes de su hist oria, y práct icament e lo est á haciendo sola. Logró cerrar un acuerdo con el Fondo M onet ario In-t er n aci o n al , q u e p er m i t e l a ref inanciación de su deuda ext erna con los organismos int ernacionales de crédit o y el Club de París. A t

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10Dat os of iciales del Banco Int eramericano de Desa-rrollo para ese año.

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vés de la propuest a present ada en Dubai, comienza el duro camino de la renegociación de la deuda ext er-na con ahorrist as, bancos privados, f ondos de inversión, et c. La econo-mía nacional t iende a react ivarse a t ravés de la export ación y del consu-mo int erno, pero ello sirve solamen-t e para recuperar niveles perdidos. Casi el 60% de los argent inos est á por debajo del límit e de pobreza (su ingreso es menor a 702 pesos o 189,73 dólares a $3,70 cada uno). La mit ad del t ot al ant erior, o sea el 30% de la población del país, est á en sit uación

de indigencia (menos de 312 pesos o 84,32 dólares).12 La nueva est ruct u-ra de la sociedad argent ina proviene de la reconversión laboral, y la dis-t ribución regresiva del ingreso (los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más, y aún más pobres). El t rabajador manual de los t alleres dejó paso a la aparición de f ormas de t rabajo inest ables, de baja calidad, con bajos salarios y sin pro-t ección de la legislación laboral.

Ant e est e cuadro de sit uación, cualquier mejora en las condiciones económicas es bienvenida, pero debe

t enerse en cuent a que el doble pro-ceso de mundialización y de globali-zación causa prof undos cambios en la nat uraleza y en las relaciones en-t re la sociedad, el Esen-t ado y el go-bierno. M uchas veces las consecuen-cias son el desempleo y la precariza-ción laboral, la marginaprecariza-ción social, impide el acceso a los bienes y servi-cios del mercado de amplios sect o-res de la población, y causa la f rag-ment ación social por f alt a de redes de cont ención, en un marco de ex-t rema pobreza y con una manif iesex-t a desigualdad de oport unidades.

Algunos sect ores han avanzado, mient ras que ot ros, como las econo-mías regionales y las pequeñas y medianas empresas han t enido dif i-cult ades, lo que muest ra que en la últ ima década se asist e, no sÓlo a una f ragment ación social como f ue mencionado ant eriorment e, sino a la f ormación de una economía dual, con un mercado de t rabajo acorde, puest o que por un lado se ven sect o-res de alt a product ividad que cre-cen, mient ras que por ot ra part e se t ienen f ábricas y t alleres con escasa t ecnología e insuf icient e capit al: “ El primero genera alrededor de un t er-cio del PBI y un 20% del empleo t ot al e incluye diversas áreas indus-t riales, servicios públicos privaindus-t iza-dos (part icularment e en aquellos de rápido cambio t ecnológico como las t elecomunicaciones), las grandes re-des de comercialización, la explot a-ción de la nueva f ront era de recur-sos nat urales, las empresas agrope-cuarias más ef icient es y servicios en los cuales ha penet rado la t ecnolo-gía inf ormát ica. Est as act ividades han increment ado la proporción de sus insumos import ados, desorganizan-do eslabonamient os previos con la producción int erna de bienes y ser-vicios (incluso la of ert a del sist ema nacional de ciencia y t ecnología) y, en conjunt o (excluyendo la export

a-L

os países americanos no

pueden realizar

conversa-ciones efectivas y desde

posi-ciones de fuerza con Estados

Unidos y Canadá si antes no

reconcilian sus

contradic-ciones y dejan de lado

las rivalidades que

los separan.

12 El INDEC publicó est os dat os en agost o de 2002, aunque hay una leve dism inución los nuevos dat os absolut os no cambian mucho el análisis. La conversión peso/dólar es a valor de ese moment o.

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ción de product os primarios), regis-t ran un f uerregis-t e déf iciregis-t en su balance operacional en divisas. [...] Las ot ras act ividades, generan alrededor de dos t ercios del PBI y un 80% del empleo. Ést as abarcan el universo de peque-ñas y medianas empresas, la mayoría de la producción de las economías re-gionales y buena part e del sect or pú-blico nacional, provincial y municipal post erior a las privat izaciones. En es-t as áreas eses-t án incorporadas las empre-sas y los t rabajadores inf ormales, con bajos niveles de product ividad y sala-rios. Est as act ividades producen casi exclusivament e para el mercado int er-no y se abast ecen esencialment e de bienes y servicios de producción nacio-nal” (Ferrer, 2001: 23-24).

La nueva manera de concebir las relaciones económicas sobrevalora el capit al y subest ima el t rabajo, ent on-ces ello repercut e en la desint egra-ción social. La búsqueda de la ef i-ciencia en la asignación de recursos y de la baja de cost os operat ivos pro-voca que las empresas se relocalicen, af ect ando las act ividades económi-cas y product ivas de dist int as zonas g eo g r áf i cas, p er m i t en d o co n el l o enormes desequilibrios regionales, con marcadas dif erencias en los niveles de ingreso, dent ro de un mismo país. Un grave peligro al negociar el ALCA puede est ar en no t ener en

cuent a la desigualdad en la dist ribu-ción de los cost os y los benef icios a repart ir ent re los países desarrolla-dosy lospaísesen desarrollo. El proceso de liberalización del comercio ame-ricano sobre bases equivocadas pue-de provocar la ampliación pue-de la bre-cha ent re los dos grupos. El anuncia-do mercaanuncia-do libre, que deben acep-t ar los países en desarrollo, no debe-r ía i debe-r aco m p añ ad o p o debe-r su b si d i o s, dumping y ot ras práct icas comercia-l es q u e vu ecomercia-l ven comercia-l et r a m u er t a comercia-l o s anuncios de comercio libre.

Las polít icas públicas serán af ect a-das por est e acuerdo y los gobiernos nacionales, de las respect ivas provin-cias o depart ament os, sumados a las alcaldías y municipalidades, se verán

desbordados por demandas de pro-t ección anpro-t e la nueva realidad. Las empresas buscarán presionar para pro-f undizar el proceso y los sect ores so-ciales para det ener los excesos. Pero, en def init iva, ambos sect ores int ent a-rán que sea el Estado el que implemente polít icas públicas t endient es a prot e-ger a los grupos product ivos y labora-les desplazados, con el f in de evit ar la delincuencia, la marginalidad so-cial, el desborde del sist ema de salud pública, et c. De t odos modos, la idea de “ gobernar para losmercados” vuelve impensable a la democracia, siendo esa creencia no sólo incorrect a sino peligrosa, porque no se deben sat isf a-cer los pedidos de los operadores eco-nómicos y f inancieros, sino los de la mayoría del pueblo.

Un grave peligro es que los go-biernos de t urno, ant e la f alt a de recursos para implement ar las polí-t i cas d em an d ad as, y en su af án asist encialist a, recurran al masivo endeudamient o para asist ir a los sec-t ores perjudicados, sin generar re-cursos para devolver el mont o solici-t ado. Osolici-t ro peligro reside en que el gobierno nacional comience a “ des-cent ralizar” f unciones y delegue en

U

n verdadero proceso de

integración de América

debe basarse en una política

continental que tenga en

cuenta los derechos humanos

y los principios de la

sobera-nía, la justicia, la solidaridad

y el r espeto a l as

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los gobiernos provinciales responsa-bilidades asumiendo los cost os so-bre la salud, la educación y la segu-ridad pública. Como ef ect o cascada, el gobierno provincial hará lo mis-mo sobre el municipal; en t odos los casos, sin asignar los recursos que garant icen la prest ación de dichas f unciones. Toda polít ica asist encialist a, debe ser necesariament e de cort a duración, pues su f inalidad es at en-der sit uaciones de emergencia y mo-ment áneas. El Est ado debe erradicar cu al q u i er b o l só n d e p o b r eza co n polít icas públicas act ivas, que ayu-den a las iniciat ivas privadas.

Resumiendo, el ALCA dent ro del proceso de globalización debe t en-der a promover la int egración nacio-nal e int ernacionacio-nal t eniendo las si-guient es vent ajas: la consolidación de los gobiernos democrát icos, en un clima de paz y desarrollo social equit at ivo; el ref uerzo del margen de aut onomía para poder encarar negociaciones int ernacionales; el au-ment o de las ganancias por las eco-nomías de escala y la especializa-ción product iva; la obt enespecializa-ción de una mayor cant idad de divisas que servi-ría para resolver conf lict os sociales; la llegada de nuevas conduct as em-presariales y de oport unidades de mercado; la elevación de la ef icien-cia y la compet it ividad, aument an-do la capacidad de negociación; la posibilidad de at raer corrient es de cap i t al es n ecesar i as p ar a g en er ar nuevas t ecnologías en los nuevos sect ores dinámicos de la economía; la divulgación de t ecnología y la especialización de las empresas, so-bre t odo de bienes de capit al y la int ensif icación de la complement a-riedad product iva con ot ros países a part ir del desarrollo de indust rias conjunt as en el sect or de bienes de capit al, creadas por f ondos de inver-si ó n y l a f o r m aci ó n d e em p r esas mult inacionales.

6. Coment arios f inales

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i-cia. En realidad, la t ent ación de t e-ner product os manuf act urados a bajo precio y de buena calidad, no es t al, p u est o q u e l o s o l i g o p o l i o s y l o s monopolios, una vez eliminados los compet idores, pueden f ijar librement e los precios, y lo que era barat o, se puede convert ir en bienes caros.

El argument o de que llegarían mayores inversiones t ampoco es el más adecuado, puest o que en mu-chos casos aprovechan los mercados prot egidos, y cuando ést os no lo es-tán, lasempresastransnacionalesbuscan aquellos lugares en donde pueden obt ener una rent a más alt a. Todos saben que el capit al no t iene pat ria, y que las empresas t ransnacionales sondean aquellos lugares donde la mano de obra es más barat a y se pagan menos impuest os. No import a demasiado si se t rasladan de un lugar a ot ro, y dejan cient os de desocupa-dos. Los problemas sociales no son asunt os que les incumban. Es decir, t odos los países lat inoamericanos es-t arían esperando la llegada de los capit ales t ransnacionales est adouni-denses, lo que los llevaría a compet ir ent re ellos, mient ras que los capit a-les habrían de manejar los gobiernos para obt ener de ellos benef icios aún superiores a los de hoy en día.

Es reconocido por t odos que aún los gobiernos de los países más desa-rrollados no pueden controlar los flujos f inancieros así que, ¿por qué vamos a pensar que lo podrían hacer los de los países lat inoamericanos, en al-gunos casos con graves ant eceden-t es de corrupción y manejos maf iosos? Los bienes nort eamericanos, superiores en t ecnología y precio, se venderían en mercados int ernos a cambio de bienes más barat os, con lo cual la desvent aja comercial es evident e. No hace f alt a evocar el det erioro de los t érminos de int ercambio al que ha h ech o m en ci ó n l a Cep al d u r an t e décadas; sin mencionar el det erioro

del medio ambient e, puest o que las empresas t ransnacionales se van a dedicar a explot ar librement e cuan-t o recurso nacuan-t ural exiscuan-t a, sea reno-vable o no, puest o que lo que im-port a es la t asa de ganancia, para lo cual cont arían con el apoyo del go-bierno nort eamericano, ref ut ando cualquier argument o que quisieran int erponer los países lat inoamerica-nos, que sólo t endrían como misión garant izar la explot ación libre de sus recursos nat urales.

Los cambios originados en la glo-balización llevan a ref lexionar sobre la urgencia que t iene el t rat amient o de diversos t emas de import ancia para nuest ro f ut uro como nación, puest o que la misma se ha f ilt rado por di-versos vericuet os de nuest ra vida cot idiana, y est o puede ser perjudi-cial o no según la import ancia, el signif icado y el uso que se le ot or-gue a la misma. Se deben buscar soluciones a los problemas y cho-ques de int ereses que se plant een, y una salida es la int egración lat inoa-mericana, es decir, la conf ormación de bloques regionales. Est e proceso debe ser complet ado de la f orma más rápida y est ruct urada posible, pues-t o que la creación del Área de Libre Comercio de las Américas requiere un debat e abiert o, y el M ercosur es

U

n verdadero proceso de

integración de América

debe basarse en una política

continental que tenga en

cuenta los derechos humanos

y los principios de la

sobera-nía, la justicia, la solidaridad

y el r espeto a l as

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un ámbit o desde el cual se pueden obt ener benef icios para los países int egrant es. El problema se plant ea en cuant o a la incorporación paula-t ina de reglas inpaula-t ernacionales que socavan la soberanía est at al, aspec-t o que debe aspec-t enerse en cuenaspec-t a en cuant o a que plant ea conf lict os, ya que el Est ado podría no resolver el t ema por ejemplo, de la exclusión de amplios sect ores de la sociedad, es decir, los perdedores, como los pequeños product ores, las pequeñas y medianas empresas, et c. Se pro-f undizaría la brecha social ent re una mayoría excluida y una minoría que cont aría con t odos los bienes y ser-vicios a su disposición. La mayoría quedaría apart ada, puest o que no son necesarios los marginados del proceso económico, y los pocos que podrían int egrarse como t rabajado-res lo harían con bajos salarios y en condiciones precarias –f lexibilización laboral mediant e. Con el ALCA, se ext erioriza en mayor medida una desigualdad manif iest a ent re los países del nort e –Est ados Unidos, principal-ment e y Canadá–, en perjuicio de los países del sur. La int egración debería t ener un rost ro más no, puest o que el desarrollo huma-no y económico debe alcanzar a t o-das las personas de las sociedades involucradas y no a una minoría. Pero est a p r o p u est a d e l o s sect o r es neoliberales debe enmarcarse en una concepción que asigna al mercado la dist ribución de los recursos, ot or-gando un papel clave al libre comer-cio de bienes y servicomer-cios, y ot organ-do un papel secundario a la acción est at al, lo que deja de lado la discu-sión sobre un modelo de desarrollo equit at ivo y no excluyent e.

El sist ema económico debe buscar una int egración de t odos los sect ores product ivos, para generar ef ect os mult iplicadores ent re ellos, dejando que surjan algunos que se desarrollen

más que ot ros. La prot ección de un marco legal es f undament al, pero que sirva para ayudar a su desarrollo y no para mant ener un círculo vicioso de incapacidad product iva. Las grandes empresasy lossectoresfinancierostienen que t ener libert ad para “ hacer nego-cios” en un marco legal (evit ando los monopolios y los oligopolios), y a part ir de valores cot idianos que promuevan el riesgo empresarial, la responsabili-dad social y la caliresponsabili-dad de vida. De no ser así, la economía no sirve a los f ines sociales que los seres humanos le asignaron. Aún más grave es el he-cho que en el caso del ALCA, se puede caer en el riesgo de que la t radición cult ural y la educación suf ran una “ homogeneización” gracias a que el libre comercio y el libre t ráf ico cult u-ral nos llevaría a pensar y act uar como el país más f uert e, es decir, se perde-ría la ident idad lat inoamericana.

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d est r u i d o su p ar q u e i n d u st r i al , desnacionalizando su economía, lan-zado al desempleo gigant escos con-t ingencon-t es de su población y haber sido somet idos a la más t errible cri-sis social de su hist oria, de la que dif ícilment e resurgirían sin gran de-rramamient o de sangre” .

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