LOBO B A m Z

111 

Texto completo

(1)

U N I D A D :

IZTAPALAPA

DIVISION: CIENCIAS SOCIALES

Y HUMANIDADES

CARRERA: LETRAS HISPANICAS

MATERIA: SEMINARIO DE INVESTIGACION: NARRATIVA

TITULO: ANALISIS DE MAXIMILIANO RUBIN EN

FORTUNATA

Y

JACINTA

FECHA:

4

DE OCTUBRE DE 1999

ALUMNO: SALVIA AMADOR PEREZ

MATRICULA: 92325738

Y

(2)

ANALISIS DE MAXIMILIANO RUBIN EN

FORTUNATA

Y

JACINTA

SALVIA

AMADOR PEREZ

PROFES0RA:TERESA LOBO IBAÑEZ

SEMINARIO

DE

INVESTIGACION: NARRATIVA (TRIM.99-P)

FECHA. 6 DE SEPTIEMBRE 1999

~

R

s

~

AUTONOMA METROPOLITANA-

A

D

(3)

INTRODUCCION

Sin

duda,

Benito Pérez Galdós es uno de los escritores más sobresalientes en

cuanto al

arte

de novelar, incluso se le ha asemejado con los grandes escritores

y

también realistas Quevedo

y Calderón. El dividía en dos campos absolutamente dis-

tintos la vida real

y

la novela; es decir, que

l a s

novelas, aun de

estilo naturalista,

constituían un mundo figurado, convencional, obra

de los forjadores de cosas

supuestas, mentirosas

y

fantá~ticas.’~’

Lo

que hizo Gald6s fie dejar a los novelistas posteriores en lengua espaílola

algo de mucha importancia: el acercamiento

a

la vida; por lo que

se

le sitúa como

el mayor realista de Espaila, tal como

lo

anota Agustín YáÍlez: “Digámoslo final-

mente la novela galdosiana es la novela de

la

realidad e~pailola”.~

Los

realistas

hicieron escenarios a escala,

los

cuales parecían verdaderos

y ahí

situaron la

acción en

m

momento histórico. Sus semejantes

se

moverán por las calles

y

l a s

horas

con una seguridad

muy

parecida a

la de

un

verdadero ciudadano.

Hablando del personaje en la novela de Galdós, Germh Gullón comenta que

anteriormente algunos escritores como Alarcbn, Caballero

y

Pereda ahondaron en

el carácter de un personaje tan sólo con aludir

a

la apariencia externa de

é a 3 ;

1

Agustín Ygilez. “Traza de la novela galdosiana”, en C d mAmericanos, UNAM, Mdxico, septiem-

Ibid, p. 239.

Gullón se refiere a que: “Ceilos fiuncidos o frentes despejadas dicen bastante del personaje; una mujer rubia suelke ser mucho más etérea que una dama morena, un caballero elegante es todo un &or, distingui- ble a la lengua” Germán Gullón. “Galdós. Un clásico moderno” en Insula, Madrid, Espaila, septiembre, núm. bre-octubre, 1943, núm. 5, p. 224.

2

(4)

estos lugares

comunes resultan

de sobra conocidos.

Y

lo que vino,

precisamen-

te a remplazarlos son los personajes de cuerpo entero, captados ya con una identidad

psicológica.

El novelista espaiSol crea seres de enorme complejidad, de este modo, adquie-

ren una autenticidad desconocida. Tienen sus propias pasiones, suefios; Galdós

se

adentra

m&

en ellos valiéndose de

lo

psicológico,

así,

é1

y

el psicoanalista Freud

se mueven por los mismos caminos, se sumergen mucho

más

en la mente del hom-

bre.

Galdós-dice Gullón- establece dos niveles de personalidad en sus personajes:

“la de la conciencia

y

la de

la conciencia individual.

Al

primero le encarga las

tareas

habituales de balancear el fiel entre el bien

y

el

mal

de acuerdo con los sistemas de

valores habituales de la época, marcados por la Iglesia catblica..

.

la conciencia

individual, por donde el propio sentir salía al texto,

a

la

vez

que les confería

individualidad.’4

De aquí se desprende

el

propósito del siguiente trabajo, en especial

hacia un

personaje

muy

singular, el cual resulta ser una de

las

mayores creaciones de don

Benito Pérez Galdós, estamos hablando

de Maximiliano Rubín,

el eterno

enamo-

rado

de Fortunata en Fortunata

y

Jacinta,escrita en

1886.

En este trabajo

se

hará

561, 1993, p.3

4

(5)

un análisis de

su

locura,

su

timidez, achaques, su aspecto fisico,

su

empleo de la

razón

y

la lógica para descihr diferentes

dudas

que tiene respecto

a

su mujer.

El trabajo consta de dos capítulos; el primero versa sobre la timidez

,

aspecto

fisico, impotencia sexual, celos,

sus

enfermedades; en el segundo hablaremos

sobre

su

locura y el uso que hace de

la

16gca.

Para llevar a cabo este trabajo nos valdremos

de la Psicología, importante apo-

yo, para este análisis, tomaré conceptos básicos de Charles

G.

Moms,

quien desa-

rrolla a fondo el, significado de esquizofi-enia, paranoia, psicosis, entre otros,

los

cuales resultan aplicables a Maximiliano Rubín.

Algo de gran importancia

y

que es necesario seaalar, es el

hecho

de

que

este

personaje de Galdós tiene

mucho

del protagonista

de

Memorias del subsuelo,

de

Dostoievsky, lo cual será necesario anotar;

sin

embargo,

no

es este el ímico con

el que se le ha comparado, tenemos

a

Alonso Quijano,

por

su locura;

Ricardo

Gu-

11ón lo compara

con

los personajes de Dostoievsky, en especial con Raskólnicov,

el protagonista de

Crimen

y castigo.

El

aparato crítico que

se

utilizará incluye a

loa

autores básicos:

Germirn

y

Ricar-

do Gullón, Montesinos, Rodriguez-

Putktolas, entre otros;

además incluiré articu-

los tomados de

la

Revistas

Cuadernos

Americanos

e

Insula,

éSta

última

dedica

un

número completo al escritor espaÍio1.

(6)

Con este análisis de Maximiliano

Rubín,

pretendo

hacer

un breve recomdo

por

uno de los personajes más logrados de Benito Pérez Galdós.

(7)

CAPITULO I

MAXIMlLIANO

RUBIN

En este primer capítulo se hablará sobre el aspecto

físisco

de Maximiliano

Rubín,

así

como también de sus enfermedades,

su

timidez, celos, su impotencia

sexual. Asimismo anotaremos algunos ejemplos.

En

la segunda parte de

Fortunata

y

Jacinta,

Galdós nos presenta

a

Maximiliano

Rubín y nos lo describe

así:

Maxi era el

hijo menor de don Nicolás Rubín

que

ha-

bía tenido tienda de tirador de oro,

y

de Maximiliana Llorente descrita

por

el autor

como inconsciente, de instintos sueltos

y de naturaleza desviada. Maxi era el menor

de tres hijos, Juan Pablo

y Nicolás, y

en

lo

Único en que

se

parecían

era

en

que

los

tres padecían de fbertes

y

molestas jaquecas. Juan Pablo

y

Maxi

se

heron con su tía

paterna, dofia Guadalupe Rubín, conocida como dofia Lupe la de

los

pavos; Nicolás

se

fue a vivir a Toledo con

un

tío suyo. Quien le hizo sacerdote;

Juan

Pablo fue

empleado público; Maxi estudiaba

la

carrera de farmacéutico,

para

quedar como

practicante

al

frente de la botica de Samaniego, su duefio.

Físicamente Maxi “era pequefio

y no bien conformado, tan

endeble que parecía

que se

lo

iba a llevar el viento,

la cabeza chata, el pelo lacio

y

ralo..

.

su piel era

lustrosa, fina, cutis de niAo con transparencias de mujer clorótica.

Tenía el hueso

de la nariz hundido

y

chafado, como si fbera de sustancia blanca

y

hubiese recibi-

(8)

do

un

golpe, resultando

de esto

no

sólo

fealdad, sino obstrucciones de respiración

nasal, que era sin duda, la causa de que tuviera siempre la

boca

abierta. Su denta-

dura había salido con

tanta

desigualdad, que cada pieza estaba, como si dijéramos,

donde le daba la gana..

.

;pero si tenía el pobrecito cada dolor de muelas que le hacía

poner el grito

más allá del

cielo.

Padecia también de corizas,.

. .

”( p. 18 1,

B

).5

Maxi era todo lo contrario de

sus

hemanos”.

.

.

era raquítico, de naturaleza

po-

bre y lidática, absolutamente privado de gracias personales”

( p. 178,

B

);

a

lo

largo de la novela Galdós hará

frecuentes

alusiones a lo endeble del fisico

de

Maxi, pero ninguna

tan

cruel,

según

Montesinos, como aquella visión de Fortuna-

ta

que

lo

observa

mientras

Maxi

se

est6 desnudando:

Al

quitarse el chaleco

saltan

de

l a s

bocamangas

los

hombros como alones de

un

ave flaca que no tiene

nada que comer. Luego los pantalones echaron de

aquellas

piernas como bastones que

se

desfbndan. Todas

sus

coyunturas hcionaban con trabajo, cual si estuvieran

mohosas,

y

el pelo

se

le había hecho ralo que

su

cabeza

ofrecía

una

de esas calvas sin dignidad que suelen verse

en jovenes de

poca

y mala sangre. Al meterse

en

la

cama

y estirar los

huesos

exhalaba un

ah!

Que no sabía si era de

dolor

o

de gusto.

( pp. 456-457, A )

Juan

Pablo, en cambio, “era guapo, simpático

y muy

bien plantado, de buena

estatura, ameno

y

fácil en el decir, de inteligencia flexible

y

despierta. Nicolás era

S Para

las citas utilizaré la edición Porrúa de Fortunata y Jacinta, de Benito P hGaldós, Mkico, 1993.

El número de página y columna irán entre paréntesis.

(9)

desgarbado, vulgarote,

la cara encendida

y

agujereada

como

un

cedazo a causa

de la viruela,

y tan

peludo, que le salían mechones por la nariz

y

por

las orejas.”

(p.

181,B

Más

que

de

un

hombre parece

que

se está hablando

de un

anciano achacoso.

En

otro ejemplo que nos muestra su fealdad, la misma Fortunata nos dice “pero

vi-

vir siempre con este chico..

.

,

tan feo como es! Me da por el hombro,

y

yo le le-

vanto como una pluma. Un marido que tiene menos fuerza que la mujer no es,

no

puedesermarido...”( p.

211,B)

Así

como Galdós nos describe en boca de Fortunata

a Maxi cuando éste le

está dando lecciones de buena conducta, nos hace sentir

un a especie de repulsión

o lástima, ella lo hace de una manera que pareciera que lo estamos observando:

Primero me hacen a

pedacitos como éstos que

casarme con semejante hombre..

.

Peropo le ven

que ni siquiera parece hombre?.

. .

Hasta huele mal

. .

.

Yo

no quiero decir lo que me da cuando calculo

que toda la vida voy a estar mirando delante de mí

esa nariz de rabadilla

[.

.

, ]

pero p h t o más aprovechadas

als

lecciones

si el maestro fiera otro,

sin

aquella destiladera de

nariz,

sin aquella cara deslucida

y

muerta, sin aquél

cuerpo que no parecía de came sino de cordilla!

(

p.215,

B )

(10)

Maxi es

un

muchacho que siempre había dependido de su tía, sobre todo

antes

de que conociera a Fortunata.

A

lo largo de la novela,

el

personaje no S610 esa des-

provisto de atributos fisicos sino que también es

muy

enfermizo. Comenzó sus es-

tudios en el

69:

“Era

tan

endeble que la mayor parte del

ai30

estaba enfermo,

y

su

entendimiento no veía nunca claro en los senos de la ciencia,

ni

se apoderaba de

una idea sino después de echarle muchas lazadas, como si la

amarrara” ( p.

18

1,

A ),

tenía

tantas

dificultades para levantarse que su tía tenía que sacarlo de

l a s

shbanas6

Maxi es

un

muchacho

muy

enfermizo.

A

lo largo de la novela

se

nos muestran

sus enfermedades

y

achaques:

“La

tarde pasóla Maxi muy mal; le dieron vómitos

y

se

vio acometido de aquél hormigueo epilkptico que era

lo

que m&

le

molestaba

[...I”

( p .

312,

B )

Podríamos

hacer una lista de todos

sus

padecimientos que son muchos:

dolor

de muelas, corizas, jaquecas, aneurisma,

etc, como en el siguiente ejemplo; cuando

Maxi le comenta a Fortunata de

sus

males:

[.

. .

]

me aumentan de tal

modo

las

palpitaciones, que

no puedo respirar. Ballester dice que es nervioso, una

hiperquinesia del corazón, producida por la dispepsia

. .

. ,

gases..

.

Pero yo digo que no, que

no,

que esto es

más grave.

ES

la aorta..

.

YO

tengo

in

aneurisma,

y

el

mejor

día,

iplaf!.

. .

,

revienta..

.

6

“Fueron penosísimos los primeros pasos en la at-rera. La pereza y la debilidad I t retenían en el lecho por

l a s maiIanas más tiempo del regular,[. . . ]”lbid, ( p. 18 1, A ).

(11)

Podría asemejarse este hombre con

el hombre del subsuelo de Dostoievsky7

,

quien

tiene características muy parecidas a Maxi,

un

ejemplo claro

es cuando

nos

dice

cómo es

y

quC dolores padece:

[. . .

]Soy

un

hombre enfermo[.

.

. ]Soy

malo. No tengo

nada de simphtico. Creo estar enfermo del hígado

C...]

(p.

1274,

A )

En

tales

momentos experimentaba conwlsivos dolores

en

el

corazón

y en

la

espalda

un

ardor insufrible[.

. .

] (

p.

1297,

A )

[.

. .

]

me era imposible conciliar

el sueno[.

. .

3

dormía

entonces muy

poco,

tenía fiebre;

el

c o r d n

se

me

moría de inquietud, cuando

no se

me ponía

a

dar

brincos y

más

brincos[.

.

.

3

(

p.

1298,

B

)

El oficial era muy corpulento: yo, bajito

y flaco

[...I

)

p.

1295,

B

)

Al

leer

Memorias del subsuelo,

no

podemos dejar de relacionar de inmediato

a

su

personaje principal con Maxi. Su timidez,

sus

complejos,

su

aspecto fisico,

sus

enfemedades.

En este

sentido, el hombre del subsuelo nos lleva a pensar en Maximi-

liano.

Aunque Maxi fúera

tan

feo tambibn tenía

sus

propios

sueiios como cualquier

(12)

calle de Serrano: “soiiaba que tenía tizona, bigote

y

uniforme y hablaba dormido.

Despierto deliraba también, figurhdose haber crecido una

cuarta más

adelante,

imaginándose que se le ponía un empaque marcial con el del más pintadoiQué

suerte tan negra! Si

éI

no fbera

tan

desgarbado de cuerpo

y

le hubieran puesto a

estudiar aquella carrera, jcuánto

se

habría aplicado!”

( p. 182, A

).Debido a

su

fealdad y cortos alcances sus compaiieros de clase de botánica le pusieron el apodo

de Rubinius vulgaris.

Hay que resaltar en este personaje la timidez,

la cual se ve

manifiesta

a

lo

largo de

toda la obra; dofia Lupe Io creía incapaz de caer en vicio alguno

y

lo

consentia

dán-

dole libertad

y dinero, ella lo trataba como a aun niiio.

Su

timidez iba en aumento

conforme pasaba el tiempo, creía que todo mundo

se

burlaba de é1, viéndole como

algo insignificante, era

un acomplejado que se creía inferior, rehuía todo trato

so-

cial. Era

un

misántropo que temía a ciertas personas que resultaban ser amigos de

su

padre, de su tía o de Juan Pablo. “Si

se

veía obligado a expresarse,

o

porque

se

querían quedar con

éI

o, porque sin malicia le preguntaban algo, ya estaba

mi hombre

como la grana

y tartamudeando” pero también tenía sus ratos de sociabilidad

“cuando iba

a

café con los amigos, estaba

muy

bien si no había

más

que dos

o

tres.

En este

caso se

le soltaba la lengua

y

se ponía a hablar sobre cualquier

asunto’’

(13)

De

igual forma, el hombre del subsuelo, es tímido, teme a la gente, la detesta:

“Y

sin embargo, al momento le dije el sueldo que cobraba. Me había puesto

co-

lorado”

( p. 1308, A ),

o

también cuando

se

encuentra platicando con Liza, la prosti-

tuta: “Volvía a empezar de

un

modo indirecto, como

si

no aspirase a distraerla. De-

bo confesar que

me

había puesto encarnado.”

(

p.

13 17,

B

)Este hombre

posee

un

interior con aspecto psicopatológico, resulta cómico,

trág.1~0,

por lo mismo de

su

fealdad

y

pobreza, llegando a inspirar una verdadera lástima; Maxi la inspira

cuando Galdós lo describe fisicamente,

sus

enfermedades,

su

deseo de que Fortu-

nata lo llegue a

amar.

Como parte de

su

timidez Maxi empleaba muchas horas

para

pasear

solo

por

la

calle, é1

se

sentía libre: “Por esto le gustaba

más,

cuando el tiempo no era

muy

fiio,

vagar

por

als

calles, embozadito en

su

paílosa, viendo escaparates y la gente que iba

y venía, parándose en los corros en que cantaba

un

ciego mirando

p o r

las ventanas

de los cafés”

(

p. 183,

B

)8.Bien dice Galdós en la página

210 A de

Fortunatu

y

Jacinta:

La

soledad, el silencio deella noche

y

la poca luz favorecen a

los

timidos

para su comedia de

osados y lenguaraces, teniéndose a

mismos por

público y

“Tenía Maxhiliano momentos en que se llegaba a convencer de que era otro, esto siempre de noche y enlasoledadvagabundadelospaseos.[ ...I capazdeecharieunafloraia~c ~ ~ ~ a r i s c a [ . . . ] Gald6s

(14)

envalentonhdose con su fácil kxito.”

A

veces, los dos personajes tenían arranques de euforia, llegando a los extremos:

[. . . ]

se pasmaron de ver

en

el semblante del joven

una alegría inusitada.

Los

ojos le brillaban,

y hasta

en la manera de saludar a don Francisco advirtieron

algo extrailo, que las llenó de alarma[.

. .

]

Este lenguaje

tan

confianzudo, era lo mhs contrario

al

temperamento

y a la timidez de Maxi ( p. 5 10, A )

Así tambikn

el burócrata de Dostoievsky, quien de pronto daba

un cambio radical:

“Ocurrían cosas contradictorias. Como la oficina acababa por asquearme,

no pocas

veces volvía del trabajo enfermo. Tan pronto

me

daba por no hablar con nadie como

me

ponía,

no

sólo

a

hablar, sino hasta

a

bromear amistosamente.

Sin

causa

ni

razbn

desaparecía de pronto

mi enojo[.

.

.I”

( p. 1293,

B

)

Aunque parezca reiterativo, no cabe duda que Maxi

y

el hombre del subsuelo tie-

nen muchas

cosas

en común.

Es

necesario recalcar que Maximiliano Rubín es

un

personaje

galdosiano, lleno

de significacih,

“un

muchacho de mediana inteligencia, nada tonto, fisiologicamen-

te nulo, impotente en sus relaciones conyugales, constituye

un personaje

Y

precisamente sobre

su

impotencia

se

hablad, de

la

cual no se habla desarrolla-

damente sino sólo

se

insinúa; Rodriguez- Pukrtolas anota muy atinadamente que:

9

Publicaciones de la Universidad de Deusto, Bilbao, 198 1, p. 72.

Ignacio Elizalde. “Maximiliano Rubín o l a locura como evasión”, en Pérez Galdds y su nowhkticu,

(15)

[.

. .

]

según la opinión de su

tía,

la inehble doffa

Lupe, no puede hacer el amor.

( p. 79 )lo

Galdós insiste en hacer de

su

personaje alguien que cause una

gran

lástima:

‘Za desproporción entre

las

estaturas de

uno

y otro

y

entre el conjunto de su

apariencia personal, mortificaba tanto al pobre chico[.

.

.I”

(

p.

430, A

).

Maxi

quería

que Fortunata tuviera

un hijo para que

a s í

perdiera su belleza: “Maximiliano habia

expresado esas tristezas

tan

comunes

en

los

matrimonios que no

tienen

hijos”

(

p.

463,

A

).

Continuando con la impotencia de

Maxi

tenemos a

otro

autor, Montesinos

que dice que

l a s

relaciones de Maxi

y Fortunata no se

indican

nunca,

y

que

algunas

insinuaciones de dona Lupe

y

Papitos, “dan a entender que Maximiliano,

no

S610

no

es hombre viril, pero

que no

lo

es

nada,

que esth incapacitado

para

toda relación

intima con mujeres.”Ricardo Gullón tambih insiste en que el muchacho es

impo-

tente, agrega que, fisiol6gicamente es nulo12 que no tendrh mucha inteligencia

pero

tampoco

es

tonto. Acerca de su impotencia opinan

otros

críticos

como

Ldpez-Baralt

quien hace un ensayo que complementa

otro

trabajo sobre

Fortunata

y

Jacinta

y

examina el manuscrito

original

del texto, el

cual

tiene

dos

versiones,

una

preliminar

Io Julio Rodriguez- Puértolas. Gakkis:Burgueshzy r m k i ó n , ediciones Turner, Madrid, 1975,219 pp.

José Fco. Montesinos. Galrd6s II, Castalia, Madrid, 1969, p. 256. 12

“[. . . ] sus relaciones con Fomuuua condenadas a haram(.

.

.I,, Ricardo Gullbn “La locura como ba- luarte’’ en GUM&, nowlist0 muuém, Taurus, Madrid, 1987 ( Persiles-13 ), p. 21 I.

(16)

(ALPHA

) y

otra

definitiva

(

BETA

);

pues bien, esta autora dice que el manuscrito

ALPHA

le

concede m& importancia a su impotencia

(

de Maxi

)

que el manuscri-

to

BETA:

Y el pobre de Maxi

se

esforzaba en ser marido

sin poderlo conseguir

(.

.

.

)

Levantbse alegre Fortunata

al

otro

día. Maxi sigui6

en la

cama,

rendido por

sus

esfuerzos impotentes.

Le amaba con el c o d n

y

la mente, pero no podía

pasar de aquí

(

A605/658,H253-254

)

Maxi es impotente. Consulta mkdicos, que no pueden

remediar su mal. Desde que

se

uni6 con su mujer no

ha podido consumar el matrimonio. Esto lo desespera.

Y

le pone en

un

grado

de abatimiento horrible

(A825,

H463

)13

Es

importante hacer notar que Gald6s

se

l a s

ingenia para crear una

variedad

de personajes, entre los cuales

se

encuentra Maximiliano Rubín, quien

es

uno de los

más

originales

y

en el que podemos encontrar

tantas

cosas

diferentes,

así

el autor

crea

todo

un

tipo de personas,

tal

como

lo

a f m a Agustín

Y&ez:"[.

.

.

]gentes de

trono

y de corte,

de cuartel

y

de

pocilga,

clkrigo de temple distinto,

aristbcratas,

burgueses, menesteraies,

holgazana,

perdularim, mendigos, piltrafas humanas. Con

mucho sobrepasan del medio millar los personajes acabados que alientan

en

la

13

Mercedes López-Baralt. "Lo que una su&tiene su aquél: la exploraci6n del inconscieate en FcKhuata

(17)

en

la obra galdosiana,

sin

contar aquellos

que apenas asoman

sus

destinos,

l o s

que

sólo

son objeto de referencias, concurrentes a

fijar

situa~iones.”’~

Otra opinión que resulta interesante

y

que no está de

más

mencionar

es

la de

Igna-

cio López, quien plantea que don Benito introduce

a

Maximiliano Rubín en la

según-

da

parte,

mientras que

a

Juanito Santa

Cruz

en la primera, esto

lo

hace el autor a

propósito ya que: “Mediante esta inversión insisto, Galdós

llama la atenci6n sobre

el procedimiento artístico[.

.

.

J

Juanito

esth

vestido de

todas

l a s

prendas sociales

(

elegancia en el vestir, gracejo

en el

habla y apostura

),

el pobre Maxi

es

la

nega-

ción de este modelo,

ddbil y

enfermizo incapaz de expresarse adecuadamente,

es

hijo

de

un

matrimonio desavenido,

y su padre fue

un

comerciante sin fortuna[.

. .

]

Maxi

por el contrario

logra

salvarse mediante la vida imaginaria, viviendo dos vidas

complementarias,

‘la

del

pan y

la de las q~imeras”’’~

En Maximiliano Rubín como en todo hombre que

ama,

se hacen presentes los

celos:

[. . - ]

¡Celos!

¿y de quién? Fortunata m d b a s e

con

todos

tan

Ha como con él. Solía esparcir melancólica-

l4 Agustin Y k . @, cit., p. 228. 15

Espaila, núm. 561,@. cit., p. 10.

(18)

mente

sus

miradas

por

la

calle, entre

el gentio,

sin

fijarse

en

nadie, cual si

buscara

a

alguien que no

quería dejarse ver.

Y

después las

miradas volvían

a sí

misma con mayor tristeza

( p.

327,

B )

Nuevamente volvemos al análisis que Baralt

hace

con

respecto a

Maxi. Ella opina

que en el manuscrito

ALPHA Maxi tiene como condición

aberrante

los celos: “LC&-

mo descubre todo Maxi? ¿Cómo descubre Maxi que

su

mujer lo engafía?. Nadie

se

lo dice.El lo descubre por medio del cálculo,

y

ella le ayuda,

con

aquella fianque-

za instintiva. Maxi es un hombre a quien los celos dan una perspicacia.

El amor

hace

810s

débiles fuertes.

Los

celos hacen del torpe, el agudo,

y

del criminal el

polizonte

(

A629/682-630/683,H367-368

)I4

Otro ejemplo donde

se

manifiestan los celos de Maxi lo encontramos en la

página 328,

A:

Ocurribsele entoces lo que

se

le

ocurre

a cual-

quier celoso: salir

un día, diciéndo que iba

a

la farmacia,

y

volver enseguida. Hízolo una vez,

y

no sorprendió nada: Fortunata estaba en la

cocina. Repitió la treta,

y

lo mismo: estaba cosiendo.

A

la tercera, Fortunata había salido. Dos horas

después entró, trayendo

un paquete en la mano.

16

(19)

Maxi, despúes se entera que, en efecto, Fortunata

lo engaila con Juanito Santa

Cruz,

por

lo

que llora como un niAo

y le pide le diga la

verdad: “Ten piedad de

-le dijo con aflicción más de niAo que de hombre- Por

tu

vida..

.

,la verdad, la verdad.

Ese

seflor..

. ,tú

esperándole..

.

,é1 pasaba por verte. Tú no me quieres,

tú me estás en-

gaando..

.

¿le quieres otra vez..

.

,le has visto en alguna

parte.

La verdad..

. ” (

p.329,

A )-

En este capítulo

se

trató de hacer

un breve análisis de algunos de

los aspectos

que

integran a este personaje que es Maximiliano Rubín;

un ser que como cualquiera,

posee sentimientos

hacia

alguien, enfermedades, sus celos,

su

impotencia

sexual,

su fisico, etc, que, como nos dice uno de los críticos, es uno de los tantos pers~na-

jes creados

por

Galdbs con

gran

ingenio

y

tino. Maxi

es

uno

de los personajes

más

originales que ha creado la literatura espailola;

y todavía nos queda

más

por cono-

cer de

él.

En el siguiente capítulo

se

profbndizarb en

lo

que es su locura,

el

empleo

de

la lógica además, qué hace para deducir sobre

lo

que sucede

en

su

entorno,

con

(20)

CAPITULO

11

LOCURA

Y

LOGICA

EN MAXIMILIANO

RUBIN

En este segundo capítulo

se

tomará en cuenta la locura de Maximiliano,

así

como el

uso

que éste hace de la L6gica para llegar a conclusiones propias.

La

lo-

cura está

muy

presente en éI

y

no

sabemos si es real o algo que se inventa

para

ser

tolerado por

los

demás,

así

tenemoo a Elizalde quien opina que Maxi “Es

un cuer-

do que quiere ser tenido por loco ante la sociedad

para

conseguir de la sociedad la

tolerancia. En tanto

se

le crea perturbado

se

disculpará su

falta

de reacción ante una

situacibn deshonrosa. Tal vez todo el mecanismo de la locura

esté

montado para

ocultar la verdad de

su

inferioridad bi~lógica.”’~

La locura de Rubín está

tan

presente, que bien podría tomarse como

un

caso clí-

nico,

así

lo conciben Comely

y

Allison18 “Hoy Maximiliano sería descrito como

una personalidad

al

borde de una sicosis”. Agregan que es el producto de una nifiez

tormentosa, sin amor

(

el de su madre

)

en el periodo de la adolescencia

y

para

de-

fenderse contra esto, demuestra síntomas neuróticos,

así

que a Maxi

se

le

puede

considerar como

un esquizofkénico lo

cual

es el producto de un desarrollo dCbil

y

defectuoso del Ego, todo

un

caso de sicopatología. En efecto, Maxi es

un hombre

con trastornos somáticos, ya que entre estos síntomas encontramos dolores de

17

Elizalde. Op. cit., p. 75.

l8 Joan Comely Ullman Mison, “Galdós as Psychiatrist in Forhrnata y Jacintd‘, AG ( p. 1974 ), p. 1.

(21)

cabeza, mareos, pardisis parcial, dolores abdominales

y

a veces, ansiedad

y

depre-

sión; estos trastornos son un desplazamiento

o

conversibn de problemas fisicos, al-

gunos

de estos síntomas los manifiesta Maxi al estar con Fortunata, esos arranques

de agresividad, de

pensar

que planean matarlo, de ser

tan

enfermizo; puede que

sea un escape.

Todo

este planteamiento de trastornos somhticos los hace el especia-

lista Charles Veamos algunos ejemplos de la novela: “Desde entonces

pudo observar que por las

maílanas se

repetía en Maxi la misma excitación,

y

la

terquedad de que

todas

las personas de la familia,

se

confabulan contra 61 para

atormentarle”

(

p.

462,

B

).

Son síntomas clásicos

de

un

esquizofrénico: el pensar

que lo quieren matar, que todos estén en

su

contra. Maxi sufiía pérdida de memoria;

a veces, no coordinaba las ideas,

otras

se

admiraba de

mismo, de lo bien que lo

hacía;

se

irritaba; tenía temores de ser perseguido.

En la botica ya nada hacía bien, por lo que su amigo, el licenciado en Farmacia

Segismundo Ballester le llama la atención:

-iCarambita, hijo, si da usted en confimdirme los

alcoholatos con las tinturas alcoh6licas, apaga

y

19

Hispanoamericana, México-Emglewood C m , 1992, pp. 577-578.

(22)

vámonos!

[.

. .

3

( p. 490, A )

Maxi seguia sintiendo tanta excitación, que por

las

mafianas

se

le veía peligro-

so, desconfiado, maniático, creyendo que le querían envenenar loa alimentos;

un

típico paranoico:

Tía..

.

iFortunata!

.

.

.

¿Qué es esto?

. . .

Este chocolate tiene arsénico

[“I

u6

me

dan?

Tendrd que dejarme morir de hambre..

.

,

es

horrible..

.

Mi

casa

llena de enemigos.

Las

personas que más me querían antes,

ahora

desean

mi

muerte.

(

pp.

495-496, A )

Germtin

Gullón dice que los acontecimientos que

rodean

a Maxi, desde

sus

primeros desórdenes somáticos hasta su entrada a Leganés comprenden los

cambios más notables en su personalidad.20

Montesinos dice que Rubín es

“un

maravillosos loco” pero lo que

causa

esta

l o -

cura según este crítico son las provocaciones externas:

[.

.

. ]

esa

locura de Maxi se asemeja,

no poco

a

la de Alonso Quijano, pero en el loco galdo-

siano,

m&

que en el cervantino, son visibles

las

provocaciones externas que determinan la

20

21 Montesinos Op. cit., p. 252.

Id. hánGullón. Forrmuru y Jacinta, Taurus, Madrid, 1986 ( El Escritor y la Crítica- 169 ) p. 53.

(23)

El desvarío de Maxi toma una nueva forma: le dió en componer todo

un

sistema

filosófico, basado en la solidaridad de sustancia espiritual en la que la encarnación es

un estado penitenciario o de prueba, en que la muerte es la liberación, el indulto,

o

sea la vida verdadera; é1 ofrece a

su

esposa varios medios para que salgan juntos,

cuanto antes, de este valle de lhgrimas:

Pues yo creí que había conseguido inhdirle mi idea

y

que

ya

mi

idea te era familiar. ¡Miedo a la muerte!

Es

decir, miedo a la libertad

y

amor al calabozo! ¿Ahora

salimos con eso? Si lo primero, mil veces te lo he

dicho es mirar a la muerte como el fin de los padeci-

mientos, como

miran

a la playa los infelices que

luchan

con las olas agarrados a

un madero.

( p. 5 19,

B

)

Ofrece a su esposa varios medios para que mueran cuanto antes

y pone ante

ella venenos como

:

digitalina, yoduro de Mercurio, rojo, cianuro de Mercurio,

blanco, entre otros, los cuales ha traído de la botica “vete enterando. Esta sustancia

que ves aquí, blanca

y

en cristalitos, es la estricnina..

.

Muerte segura

y

tetánica, y

que produce muchas angustias, por lo cual no te la recomiendo. La atropina es

Cs-

ta,

y ésta

es cicutinar..

.]” (

p. 520,

A ),

además consigue

un

puAal

nuevo

(

p. 520,

A

1.

Encontramos otro ejemplo en Fortunata

y

Jacinta, en la

phgina 520,

A,

cuando

a Maxi le entró la manía de llamar bestia carcelera a la liberacibn que,

según éI

era

el suicidio: “La expresión mejor es Csta: matar a la bestia carcelera. Llega

un

mo-

(24)

le dice a Fortunata que cuando duerme algo:”[.

. .

]

suefio que

soy

hombre,

es

decir,

que la bestia

me

amarra,

me

azota

y

hace

de

lo que le da la gana..

.

$nfbme

carcelero!

(

p.

521,

A

).

L6pez-Baral?2 hace alusión a que

en

el manuscrito

ALPHA

solamente hay

dos menciones sobre la locura de Maxi:

(

por los celos

)

Parecía un loco enjaulado, daba

suspiros,

se

quería matar A649/704,H379

).

Maxi parecía

un

demente

(

cuando

Juan

le daba

la paliza

(

A66717

16,H386

)

Y,

precisamente sobre la paliza que le propina Juanito

Santa

Cruz a

Maxi,

te-

nemos un ejemplo, cuando Rubín

se

entera que le

engafia su mujer con

éI

adem&

le llama ladr6n:

-,Canalla!.

. .

iIndecente!-exclam6 Rubín con

más

22

López-Baralt. Op. cit., p. 167

(25)

fiereza

en

el tono que

en

la actitud.

[*-I

-Te voy a matar..

.

y

a ella también.

Revolcóse en la tierra;

se

le vio un instante

pataleando a gatas, diciendo entre mugidos:

-Ladrón, ratero..

.

,verás!

( p.

332,

B

)

Lo

que contribuye a aumentar el ridículo en Maximiliano es el hecho

de que en su

furia no satisfecha, sufre una relajación de

la laringe, con

lo

que la voz que

emite

se le vuelve del más agudo falsete.

Otro ejemplo

de la locura de Maxi es cuando despierta

por

la madrugada y busca

a Fortunata, quien le oía W i r como

una

persona sofocada por la c6lera:

¡Ah!.

.. ,est& ahí.. . ¡Qué

bien haces

el papel!

L .

1

-Si

no

te cojo hoy, te cojo maiiana-rezongaba-

No

hay

nada; pero yo sentí pasos,

yo sentí

cuchicheos,

saliste de

aquí..

.

Has

vuelto a

entrar y estás

ahí

haciéndote la dormida para

engailarme..

.

Déjate estar..

.

Yo

estoy con mucho

ojo,

y aunque parezca que

no

veo nada, lo veo

todo..

. A

buena parte vienes..

.

Que andaba

un

hombre

por los pasillos, no tiene

duda.

No vale el juranne

que

no

había nadie. Pues qué,

¿no

tengo

yo

oídos?

. . .

¿Estoy

ya

tonto?

( p. 494,

A-B

)

Maximiliano

le

asegura a Fortunata que el

hijo

que espera es hijo del Pensa-

(26)

Fuiste escogida para este prodigio, porque

has

padecido mucho, porque

has

amado mucho.

Padecer, amar

y pecar..

.

:

ve

ahí

los tres infiniti-

vos del verbo de la existencia. Nacerh de tí el

verdadero Mesias[.

.

.

(

p.557, B

)

Al

enterarse Maxi de la infidelidad de

su

esposa

se

entrega a

las

lecturas filosb-

ficas.

En

ellas encuentra

su

refugio: “Nueva situación ficticia, ilusoria, nueva forma

de defensa contra la amarga realidad.23Leía

Errores

de

la teogonía egipcia

y

La

pluralidd

de

mundos habitados.

Mpez-Baral?

dice

que

la locura de Maxi

es

re-

conocida como

tal

por é1 mismo, por el narrador,

y

por los personajes que

lo

rodean:

Fortunata, doiia Lupe, Ballester. Agrega que Galdós nos

lo

muestra

como

don

Quijote:

las

lecturas lo ponen peor, se

las

prohiben da

volteretas como éste en

Sierra

Morena, y, sobre

todo,

como

Alonso Quijano abjura de

su

locura al

final y ‘muere’ para el mundo al ingresar en Lega-

nés.

Al “hombre del subsuelo” también como

a

Maxi, le

gusta

leer: “Cuando

me

recogía en mi tabuco lo que

más

hacía era leer:

[. . .

]la lectura me era de

gran

pro-

vecho, me conmovía, me deleitaba y

me

atormentaba”

(

p.

295,

A );otro ejemplo;

“sin causa ni razbn desaparecía de pronto

mi

enojo ¿Quién sabe si nunca lo habrb

23 Elizalde. Op. cit., p. 74. 24

(27)

sentido, sino que lo aparentaba influido por mis lecturas?

(

p.

1294,

A )

Podemos continuar con la idea de muerte que

se

ha apropiado de

Maxi

quien

cree estar en un estado de santidad, le dice a Fortunata que su amiga Aurora anda

con Santa

Cruz:

Más

vale morir aprendiendo, que vivir ignorando. Esta

lección, terrible para llevarse

hasta la santidad, que

es

el

estado en el que

yo me encuentro.¿Y quién me ha traído

a

a éste bendito estado? Pues una lección, una simple

lección

[.

.

. ] (

p. 606,

A )

Otro

ejemplo lo tenemos en la página

624,

cuando Fortunata le dice

a

Maxi que

es un hombre sin honor:

Unos dicen que estás cuerdo,

y

otros

que estás loco.

Yo

creo que estás cuerdo, pero que no eres hombre;

has perdido la condición de hombre,

y no tienes..

,

vamos al decir, amor propio ni

dignidad..

.

Conque

ahí tienes tu lección

(

p.

624,

A )

Otro

ejemplo es cuando Fortunata muere,

según

Germán

Gullón, Maxi “parece

llegar

a

una síntesis de realidad e

il~sión”;2~

además Rubín nos dice:”adoro en ella

lo

ideal, lo eterno,

y

la veo, no como era..

. ’’ ( p. 65 1, A ).

Germán Gullón continúa

diciendo que

se

trata de “una aparente acomodación

y que ésta tiene lugar después

25

~ ~~ -

W a n . Forturmta y Jacinta.0p. cit., pp. 1 18- 1 19.

(28)

de la tragedia, en el manicomio”26

Este personaje

tan

singular hace uso de la Mgica

y

por medio de razonamien-

tos llega a diferentes conclusiones

y

descubrimientos con respecto a su esposa.

Un

ejemplo es cuando Rubín descubre que Fortunata esth encinta:

“Tú

eslh encinta”.

Por su parte, Fortunata se sorprende por esto

y, muerta de miedo se pregunta: “¿En

qué lo habrh conocido?.

.

.

Dios, ¡qué hombre! ¿Será

farsa

todo

eso

de la locura?

¿Se-

rh que se finge

a s í

para poder matarme, sin que la justicia le persiga?.

. .

¡Pero cbmo

habrá descubierto!.

.

.

¡Si

no le he dicho a nadie!

¡Si

no me conoce todavía!.

. .

” ( p.

558, A ).

DoAa Lupe le ocultó a M k i la marcha de su esposa, pero después, cuando

61

se había repuesto un poco le dijeron que Fortunata había muerto,

61

no fue

tan

ingenuo como para creerlo,

así

que

se

dedi& a observar con mucho cuidado a

l a s

personas que le trataban, para poder ir deduciendo

hechos

que iba uniendo

y así poder llegar a la verdad; es decir, estaba empleando la Ldgica, tratando

de descubrir lo que se le ocultaba. “Rechazaba de su mente lo que

no

fuera obra de

la razón

y del dlculo, no desmintiendo esto

ni

en

l a s

cosas

más

insignificantes”

( p. 577,

B

).

26 “[.

.

.I Mientras Fortunata vivia se veía obligado a cambiar de rumbo y a adaptarse a diferentes circuns-

tancias; inevitablemente, cualquier lección suya de una realidad vital, por buena que fuera, socavaba la p o t e n -

(29)

Maximiliano, nos dice el crítico G01dman:’~lleno de

un ‘furor de 16gica’ somete

a un proceso de razonamiento la ausencia de su esposa: “sólo poco a

poco

llegó a

entender que aún vivía, y, gracias a

un

ejercicio cerebral de cierta destreza, por

fin

la localizo.

r 93.27 .

Que vive, no tiene duda; éste

es

un principio inconcluso que

ni siquiera

se

discute. Ahora dilucidemos si esa en Madrid.

Si se hubiera ido a otra parte, alguna vez recibiría

mi

tía

cartas suyas

C-.I

Luego, Torquemada no es. Luego, no siendo Torquemada

no hay intermediario

de

cartas, y no habiendo intermediario

de cartas, no puede haber correspondencia; luego

esth

en

en Madrid

( p.

578,

A )

Maxi se jactaba de creerse tonto ante los demás e insistía

en

seguir con su

lógica únicamente veía,

oía y

pensaba:

‘La

gente me mira con lástima, como a un enfermo, pero yo,

en

mí,

me recreo en

lo sano de

mis

juicios. Dichoso el que

piensa bien, porque é1 está en grande’

g

p. 578,

B

)

Otro

ejemplo claro del empleo que

hace

Maxi de la lógica, es cuando encuentra

al

tío

de

Fortunata,

José

Izquierdo en el cdé

Gallo

y

vió que dej6 éste

un envoltorio

en la silla, é1

lo miró disimuladamente

y se dió cuenta que

era algo como ropa o

cal-

zado, cubierto con un pai‘iuelo:

27 Peter B. Goldman. “El trabajo digestivo del espíritu. Sobre la estructura de Forrumray Jclcinta y la

hnción de Segismundo Ballester” en Germin Gullón ( edición ) Forcurmaia y J a w , Taurus, Madrid, 1986

( PersiIes.169 ) p. 306.

(30)

Tan

mal

hecho estaba el atadijo,

que

al mover la

silla

se

descubrió una

bota

elegante con caíla de

color café.

Al

verla Rubín, sintió como si le caye-

ra una gota

fria

en el corazón. ‘Esa bota es de

I

ella..

.

lay, de ella es..

.

’ ( p. 580, B )

Rubín reconoce de inmediato de quien son, ya que

é1 bien sabía que a La Pitu-

sa le gusta tener tres o cuatro pares en buen uso

y que

en esa cuestión de calzado

ella era

muy

presumida. Pero Maxi se pregunta por qué

no

las

lleva

ella,

por qué

..

no sale; de esto deduce que esth enferma de algo pero no

sabe

de qué.

Posteriormente, su única ayuda para averiguar lo que

se

proponía sería la 16gica:

“’Con la lógica

y s610 con la lógica lo averiguaré. ¿Para qué quiero esta gran cordura

que ahora tengo? Con

mi cabeza me gobierno yo

solo”

(

p.

580,

B

)

Otro

día, cuando se dirigía Maxi al

café, vio a Izquierdo de nueva cuenta, pero

esta vez en los soportales de la Casa Panadería, oyó que Izquierdo iría a dejar

unos paquetes: “subo a largar esto: varas de cinta..

.

jab6n..

.

,

demonios, dátiles.”

( p. 58 1 , A ).

Maxi siguió hacia el

café,

y observando que Izquierdo

i b a

hacia

la

calle de Ciudad Rodrigo, miró su reloj:

iDhtiles!

. .

.

iCuántos le he comprado

yo! Las

golosinas

la venden. Se despepita por ellas..

.

-pensó el razonador,

penetrando en el establecimiento, sin ver nada de

lo que

en é1 había-.Come dátiles..

.

,luego, no

está

mala; los dáti-

les son

muy

indigestos.

Y

puesto que ella los come, la

causa de no salir, no es enfermedad..

.

Luego, es otra

cosa.. ,

(31)

A

Maxi le hacen creer, su tía

al

igual que Izquierdo, que está viudo, cosa que é1

no acepta:

Se te ha encargado que no descubras nada; se te

ha

dicho que tengas mucho cuidado

con lo que hablas

delante de mí, dromedario,

y tú,

como todos, te empe-

iias

en meterme

en la

cabeza la

idea

de

que

estoy

viu-

do.

No

cuentas con que

mi cabeza es un prodigio de

de claridad

y

raciocinio.

A

buena parte vienes. Verb

como destruyo tus sofismas

y mentiras. Verás lo que

puede el cálculo de

un cerebro lleno

de

luz..

.

¡Conque

yo

viudo! Lo mismo que

mi

tía,

que me dijo ayer: ‘desde

que enviudaste,

pareces

otro.. . ’ (

p.

58 1

,

B

)

Gullón afirma que Maxi

“sufie

otro

cambio

y

esta vez se acoge

a

la realidad

¡Qué bonita es

la

lógica ¡pero qué bonita!

iY

qué hermosura tener la cabeza como

la tengo ahora, libre de toda apreciación

fantasmagórica, atenta a los hechos[.

. .

]

(P.

581,

B

)

Maxi descubre donde vive Fortunata porque doAa Desdkmona, esposa del coma-

drón que atendió a La

Pitusa,

pregunta dónde había

ido éste, Ballester le respondió

que a la Cava.

(

p.

582, A ).

Maxi se dedicaba únicamente a observar

y

a callar: “La

poesía se convierte en razón. ¡Qué claro lo

veo ahora! Vive en la Cava,. .

.

” (

p.

582,

B ).

Se

lo dice

a su

tía

y éSta se

sorprende,

y

su sobrino le dice que sin decir palabra

2a Gullón. Fortunata y Jacinta. OF. cit., p. 1 1 8.

(32)

a nadie ni preguntar,,pensaba indicios

y

sentando hechos

y

deduciendo

consecuencias, descubrió la verdad; con la pura lógica pura

(

p. 586,

A ).

Galdós se vale de una alegoría para dar a entender que Fortunata ha dado

a

luz, doAa Desdémona manda a Maxi a diirselo a

su tía:

Hágame el favor de decirle a Lupe que la phjara

mala sacó pollo esta manana..

. ,

un polluelo her-

mosísimo..

.

con toda felicidad..

.

(

p. 590,

B )

Maxi ya lo sabía,

por lo que hizo una sonrisa

extraí@

tal vez porque algo prete-

día y fingiendo

no

saber dijo: “-La pájara mala-dijo con acento de niiio

mimoso-,

en-

séfiemelo usted..

. , y el pollo.. .

en&ilemelo tambih.”

( p. 590, B )

Cuando vio Maxi Guillermina

y

a Segismundo sentados en

la

escalera esperando

a Fortunata, hace el siguiente razonamiento:

“’Dos

personas que essperan

ya

que

se

sientan cansadas. Luego, hace tiempo que

esperan,

y

la

casa esth cerrada”

(

p.

616,

A

Maximiliano Rubín

es

un ejemplo de anormalidad tanto fisica como psfcológi-

camente. Podemos concluir,

por

lo

tanto, que

se

trata de

un

loco.

Esto

lo podemos

verificar cuando pasa de la crisis homicida a hacer razonamientos,

y

llegar a sus pro-

pias

conclusiones. Rubín, aunque

fuera

tan feo

tenía

una

gran

nobleza

y

bondad, esto

se le tiene que reconocer, tambiCn esa buena intención de querer enderezar a aquella

moza

descarriada.

(33)

Es uno de los personajes

más

originales que Galdós ha creado,

y

que nadie se

había atrevido a darle vida a

un

hombre loco, enfermo,

feo; y

ademfis

impotente.

Maximiliano

Rubín es el personaje de la novela que

nos

atrapa., cada vez que lo

vamos conociendo más.

(34)

CONCLUSIONES

Maximiliano Rubín es un personaje lleno de sorpresas, que a cada momento

nos está mostrando todo lo que é1 es

y

puede hacer. Es una de

las

mayores creaciones

de Benito Pérez Galdós

y la literatura espdola

en

primer lugar porque nadie se

atrevía a romper con ese canon, con los arquetipos; con este personaje logra dar-

nos algo nuevo, diferente, algo

que

antes no era permitido

ni posible:

un

hombre

loco, feo, enfermo, impotente

sexual.

De esta forma podemos concluir que con este personaje como con tantos

otros

tuvo un

gran

tino y acertó en

su

elaboración, como lo

dice

Upez-Baralt.

No

podemos olvidar que este pedazo

de hombre, horrible

y hasta hediondo para

Fortunata, logra atrapamos desde

su presentación. En la segunda

parte,

conforme

vamos leyendo, nos vamos encarifiando con é1,

a veces

niiio a veces cuerdo,

otras

loco.

Recordemos que desde que conoció a Fortunata cambió

ya

que no era

tan

de-

pendiente, por vez primera se enfrentó a su

tía; posteriormente quería ayudar a

Fortunata a volver al camino correcto, fue su maestro, le enseft6 normas de

vida;

no

olvidemos toda la variedad de medicina, tónicos

y demis; su

fisico daba

W i -

ma,

sus enfermedades de todo tipo, su

constitucih

m8s

que de hombre parecía la

(35)

de un anciano

o

un niiio, sus tesis filosóficas, su idea de la muerte como liberación;

su locura, el empleo de la lógica como

algo

para hacer razonamientos

y

llegar

a con-

clusiones propias, éstas y

otras

cosas hacen de éI un hombre lleno de sorpresas.

En

Maxi

es interesante resaitar esa nobleza para con Fortunata, aunque no haya

obtenido de ella lo que deseaba: su amor; el quererla salvar del

fango, darle un

nombre, posición, educarla, amarla, no podemos dejar

de lado su timidez, sus

complejos

y

que, a pesar de ellos lograba proyectar su

ánimo,

cuando conoció

a Fortunata, para finalmente acabar recluido en el manicomio de

Legancs.

Este

hombre merecía

un poco de lástima por parte del autor

y

un mejor final.

De

esto

habría mucho que decir.

Yo

creo que Galdós amaba a Maxi.

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