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El "sentido común" de Blasco Peñaherrera (Crítica Bibliográfica).

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ECUADOR

Debate

CONSEJO EDITORIAL

José Sánchez-Parga, Alberto Acosta, José Laso Ribadeneira, Simón Espinosa, Diego Cornejo Menacho, Manuel Chiriboga, Fredy Rivera, Jaime Borja Torres, Marco Romero.

DIRECTOR

Francisco Rhon Dávila Director Ejecutivo CAAP

EDITOR

Juan Carlos Ribadeneira

ECUADOR DEBATE

Es una publicación periódica del Centro Andino de Acción Popular CAAP, que aparece tres veces al año. La información que se publica es canalizada por los miembros del Consejo Editorial. Las opiniones y comentarios expresados en nuestras páginas son de exclusiva responsabilidad de quien los suscribe y no, necesariamente, de ECUADOR DEBATE.

SUSCRIPCIONES Valor anual, tres números: EXTERIOR: US

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18 ECUADOR: Si. 9.000

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ECUADOR DEBATE

Apartado Aéreo 17-15-00173-B Quito, Ecuador

Redacción: Diego Martín de Utreras 733 y Selva Alegre, Quito. Se autoriza la reproducción total y parcial de nuestra

información, siempre y cuando se cite expresamente como fuente a ECUADOR DEBATE.

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ECúADOR

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DEBATE

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EDITORIAL

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Los 100 días de Durán-Dahik 9 -21 DIEGO CORNJO

Crisis de Legitimidad y Legitimidad de la Crisis: Un Proyecto Social Ausente 23 -45

JANNTE SANCHZ

Impacto del Proceso de Ajuste Económico sobre la Reproducción Social del Ecuador en los años ochena 49 - 62

SONIA RODAS Y JURGEN SCHULDT

Medidas del 3 de Septiembre

1

¿Un Paquetazo Más? 63 - 71 GALO ABRIL OJEDA

El Ajuste Económico del Nuevo Gobierno 73 - 104 ARCO FLORS

Sobre el Nuevo Reajuste Económico: La Lógica Coherencia de una Irracionalidad 105- 138

ALBERTO A COSTA

(3)

Japón Cuestiona el Enfoque del Banco Mundial sobe Ajuste Estructual 169 • 179

FONDO DE COOPERACION ECONOMICA DE ULTRAMAR i

LIBROS

\ Tenemos Crisis para Rato 187 • 223 "

HUMBERTO CAMPODONICO Tecnología y Etica 225 • 234 JUAN CARLOS RIBADENEIRA

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El Desarrollo Rural en Tiempos de Cólera 237 - 244

CARLOS BENITO

Los efectos del Ajuste en la Pequeña Producción Rural (El Caso de Cota Rica) 245 • 252

(4)

CRITICA BIBLIOGRAFICA

EL "SENTIDO COMUN"

DEBLASCOPEÑAHERRERA

José

Sánchez Parga

Blasco Peñaherera PadiUa

La Revolución del Sentido Común

Bve elación e n lao vitable y e ls au e o cito

llale y io

Un título desafortunado, ero cuya idea recurre tdas las páginas, ya que nunca el "sentido común" ha sido objeto o sujeto de revolución alguna en la historia , nunca amco con sentido común se ha prducido cien­ cia - guiados or el sentido común seguiríamos creyendo que el sol e

mueve alrededor de la tierra, y con sentido común Cevantes no hubiea escrito El Quijote.

No es osible entender como el au­ tor pudo revestir tanto ditiramo, ni sentirse aludido or la referencia a

(5)

·una intelectualidad que se sostuvo en base de elogios mutuos" (Pág.

12).

l libro en cuestión, La Revolución del Sentido Común, nos merece una inicial crítica desructiva en sus as­ ctos formales y de contenido, paa luego ralizar una crítica contructi­ va.

A esar del esfuezo editorial del ín­ dice or organizar los materiales, el texto se confoma en base a una miscelánea de atículos más o menos breves, siempre insuficientes para la problemática planteada, confeccio­ nados de manera muy artesanal: re­ ferencias a autores, obas, citas, sucesos o episdios, tdo ello descontextualizado y a proósito de los cuales el autor ejerce una función de comenador.

El índice de autores no sostiene el traamieno y concimiento de los temas; así, al interogarme como e cita a Schumeter descubro aliviado (Pág.

155)

que el autor utiliza una cia de Druker, que cia a Schumet­ er. se frecuente comoamiento no le impide al autor referirse a títulos de textos en su edición original, aunque el solo utilice la versión cas­ tellana.

En una sola página

(141),

es capaz de ensartar la discusión del progra­ ma económico de Lenin de

1921,

la autoridad de un pasaje de la Política de Aristóteles sacado de su contexto y un comentario de amartine a poósito de la Aamblea Constitu­ yente.

Por otro lado el autor deeía ser un co más riguroso al usar autores que no han hecho más que divul­ gación (caso de Gordon Childe), y mucho más cuando aventura proyec­ ciones sobre el régimen de propiedad en la antigua Mesootamia (el erído de Uuk es tres mil años antes de Cristo y no cinco mil

!!)

(Pág.

139).

A este proósito puede el lector preguntarse sobre el asirió­ logo que inspiró tales interpreta­ ciones sobre los sellos. Y para no salirse de la asiriología y del asom­ bro, cómo justiicar la fantástica asciación entre las repreentaciones del Estado mdeno y el poder en la antigua Sumer y el acual Kim-Il­ sung nor-coreano (Pág.

119)?

(6)

seis minutos. e ponto, los anques arremeten frontalmente y su frágil

burlador de hace algunos instantes

desaarece tituado bajo las orugas"

(Pág.

18).

Pero más me disgustan sus

usos esilísticos menos incentes y que relejan el simplismo maniqueo que recorre tda la obra. Por un lado están el "lucido y minucioso" (Pág.

22),

el "brillante eridista" (Pág.

33),

"de las más brillantes inteligen­ cias" (Pág. 138) "los más brillantes

teóricos sciales" (Pág.

16),

"au­

toridades cimeras de la economía"

(Pág.

161),

"genial autor" (Pág. 197),

"infatigable promotor de la liead ...

de magistral hondura" (Pág.

126),

"Hona y prez de la cultura Iérica" (Pág. 29), metáfora esta última que nadie usaría hoy en España no or cursi sino or franquista. Por otro

lado, en cambio, encontramos

"cohorte de ensadores y letrados"

(Pág.

115),

"Fariseos teóricos y

prácticos" (ág.

162),

"Supremo

guru de la sciología" (ág.

189,

en

referencia a Agustín Cueva), "So­ ciólogos y lingüistas anhelantes de

notoriedad" (Pág.

49).

Intuyo que el autor abriga una suee de recelo y resentimiento hacia los sectores académicos, los científicos sciales (a quienes bajo su vicepre­ sidencia se llamó "sciólogos va­ gos" ), las grandes y profundas

co-rrientes de ensamiento; or eso, achacar al "estucturalismo" de "eso­ térica terminología", más que aor­ tar al debate, corre el iesgo de des­ calificarlo intelctualmene.

Para un lector on ligea deformación

catesiana el texto no tiene principio ni fin, menos una organización in­ terna, donde algunos tópicos obse­ sivos se vuelven recurrentes, y a e­ sar de la búsqueda de una secuencia hisórica, el autor resbala or encima de los sucesos, de las opiniones, de

autores y citas. Y lo que es eor, el

libro no tiene una idea o argumenta­ ción originales. Quizás orque el autor no pretendió realiar un estudio analítico; se limia a opinar. En el fondo trata de imitar a J. F. Revel.

o que justiica esta crítica es que

en Fancia son muy claas las fronteas enre opinadores y ensa­ dores, ero aquí corremos el riesgo de confundir lo uno con lo otro.

Pasando ya aquí a una crítica más reconstrucora, la alusión "al reorno al Liealismo" (pág. 19) nos inspira la sosecha que el auor pudiea no haer asumido que la actual revolu­ ción lieal, el neoliealismo, aunque feudataria del pasado, tiene una forma histórica muy diferente.

Y este equívco no me extrañaía,

ya que el auor de La evolución del

(7)

sentido común estaría profesando, aun sin saerlo, una "historia natu­ al", que no casualmente Crane

Brinton (The Anatomy of Revolu­

tion, Vinage Boks, New York,

1%5,

la ed.

138),

aplicó a las grandes revoluciones. sta tentación de la "historia natural" reosa sobre una creencia fundamental y muy simple: la existencia de cietas regu­ laridades en la marcha de la historia, el ordenamieno secuencial de ales regularidades, las cuales ofrecen al hisoriador o sciólogo un principio de desciframiento de la realidad y sus prcesos, y una ilusión compara­ tiva entre tdas las singularidades históricas.

A continuación me proongo mos­ trar brevemente cómo tal presupues­ to, aunque implícito, afecta el traamiento de tres tópicos centrales

en el libro: la liberad, la propiead

privada y el Estado, que se presen­ tan para el autor como fenómenos inherentes a la naturaleza humana, con un sentido y valor universales, casi metaísicos y metahistóricos.

a idea o exeriencia de "lo privado" no es la misma en una antigua tribu amazónica, en una mdena sciedad euroea, y ni siquiera es comparable la privacidad de la burguesía quiteña, de la burguesía mediterránea o de la

burguesía anglosajona; un padre que llama a la puerta de la habitación de su hijo de nueve años y pide emi­ so para entrar reprduce en él una idea de privacidad muy diferene de aquella familia donde dos com­ parten habitualmene los mismos es­ pacios domésticos. a distancia que dos ersonas mantienen durane una conversación no es la misma en el Sur de España, en Suecia o en Jaón, y el uso de la mirada en las calles de New York no es comparable con lo que sucede en las de Roma.

También la propiedad es una cate­

goría histórica, que evoluciona, y presenta valores y sentidos muy di­ versos de acuerdo a diferencias so­ cio-culurales, entendiendo or cul­ tura no un "barniz" como sostiene el

autor (Pág.

119).

Si Blasco Peñahe­

rrera no fuera an alérgico al "estucturalismo", y leyera a evi­ Strauss, entendería que lo que él lla­ ma "naturaleza humana" solo deja de ser una abstracción, cuando se comprende como la síntesis o gene­ ralización de tdas las diferencias y diversidades scio- culturales de la historia humana.

(8)

cuando se reiere al en-si y al lgar

en su referencia de la nota

61),

ni

son unívcos ni han tenido siempre a lo largo de la historia y a lo ancho de las culturas el mismo sentido y valor. En la Grecia clásica, or tomar un ejemplo del propio autor (Pág.

113),

es la "olis", la ciudad, el fun­ damento de las liertades individua­ les, or eso el esclavo no día ser libre, y viceversa; el cristianismo contribuirá a un desarrollo distinto de liertad, que ya, para la tradición semítica o hebrea, era diferente de la griega.

Recurrir a Hume para fundar la propiedad privada en la "naturalea humana" es desconcer los presu­ puestos filosóficos de Hume; de otro lado este esencialismo sería incom­ patible con exceciones de propiedad común, "en casos cuya división es imosible o inconveniente" (Pág.

139).

El uso, propiedad y osesión colectiva de la tierra en muchas so­ ciedades agrarias, o la presa caada de la que el propio cazador no puede comer or ser propiedad del gruo, limitándose a comer la presa de otros caadores, son ejemplos del carácter histórico de una institución.

l afán de fundar ciertos principios

en la naturalea humana, de verlos realiados desde los orígenes de la

historia, y de considerar que ésta e divide en buenos y malos ejemplos, no resonde a una pura simplicidad del autor. Bajo tanto despliegue ilus­ trativo hay una idea y voluntad to­ talitaria que Blasco Peñaherera solo interpreta, or que resonde a la lógica neolieral, como ha mostrado

Michel Schoyens en La dérive to­

aliaire du libealisme (dit. Uni­

versitaires, arís,

12).

Mientras

que en los regímenes comunistas, el Estado liquidaba la ciedad civil or una dominación y absorción de lo privado or lo público, el exremis­ mo neolieral puede hacer an tota­ litaria una demcracia como una dictadura, al liquidar también la so­ ciedad civil, reduciendo y absorvien­ do lo público or la dominación de lo privado.

En el texto no se establecen los pre­ supuestos de una teoría aticular de las transfomaciones del sado, no orque el autor carezca de condi­ ciones o de interés, sino orque de acuerdo a sus principios, el sado esaría de más; y sin embargo descu­ bre la forma Estado or tda la his­ toria. Pero como solo hay un mdelo ideal de Estado, el autor no puede comprender que "la cima Keyne­

siana" (Pág.

18)

del stado ene­

factor pudo tener entido en una fase deteminada del desarollo de las

(9)

sciedades capitalistas, donde ya no

fe viable dos décadas después.

Sin enrar a discutir el caácter ex­

cedentario del stado y ese otro vacío teórico resecto a la corres­ ondencia entre forma de sciedad y forma de sado, nos parece im­ oante señalar que para el autor, como curiosamente paa el actual gobieno, tda la "reforma del sta­

do" e reduce a la disminución de su

volumen y a la desburcratiación; no dee olvidar que fue vicepresi­ dente de la República en un gobieno que inló el Estado más que su pre­ decesor y que su sucesor, concreta­ mente en tres aparatos: el Banco Central, el ISS y el Ministerio de Finanzas.

Una reforma y mdeniación del sado suone algo más que privati­ ar y desburcratizar. cuador es de los cos países de América atina, donde no se ha llevado a cao proyecto o programa alguno de des­ centraliación del Estado y de re­ gionaliación; precisamente en un país, en el que el centralismo ha

he-cho en gran medida crecer el sa­

do, y donde el regionalismo repre­

senta un erio escollo para la goer­

nalidad. Por oro lado, descentralia­

ción y regionaliación comoan no solo una demcratiación inena del stado sino también una ampliación de los márgenes de participación so­ cio-oltica. Pero no esá en la mira nolieral, una real reforma del s­ tado que solo puede ser objeto de un pacto y consenso de tdos los sectores involucrados.

(10)

ECUADOR

Debate

Quito-Ecuador, diciembre de 1992

ED ITORIAL

COYUNTURA

Loa 100 dfaa de Durén-Dahlk DIEGO CORNFIO

Crisis de legitimidad y legitimidad de la crisis: un proyecto social ausente

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CRITICA BIBLIOGRAFICA

El •sentido Com6n• de Blasco Petaherrera

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