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Conquistas y Uniones en la Europa del Renacimiento El Reino de Navarra

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CONQUISTAS Y UNIONES EN LA EUROPA

DEL RENACIMIENTO

.

EL REINO DE NAVARRA

ALFREDOFLORl STÁN Universidad de Alcalá

Laformación de complejas y exrensasent idades políticas bajo soberanía deun único monarca constitu ye un fenómeno relativamentenovedosoen la Europa del Renacimiento. Laamplitudy complejidadque adquirieron ciertas«monarquías"e«im perios» durante el si-glo XVI no encuentra muchos precedentes. En el ámbito de la Cristiandadeuropea,la ma-yoría de tales construcciones resultóde ambiciosas políticasde alianzafamiliar,desplegadas con paciencia alo largo de variasgeneraciones,que despué sde 1500 parecieron granar con insólita fecundidadl. Otro caso muydistinto esel de lasimultánea formación degrand es imperiosadquiridos con lasarmas, como el turco en los BaIcanes yel Mediterráneo orien-tal , o el español en lasIndias.Mahomet11,Selim 1 y Solimán11 fueron grandes conquista-dores. mientras que Carlos y Felipe de Habsburgo, Luis y Francisco de Valois, o más adelante Jaime Esruardo,resu ltaron afortunados porla acumulaciónde un importante patri-mon iohereditario.Escierto que Cortés,Pizarro y unapléyadedesoldados castellanos gana-ron un imperio americano parasu rey.Pero no parece que Carlos I tuvieratan presentela conquista de Méxicoo el Perú, tierraslejanas yextrañas alasque no podíasenti rse ligado tanto como le obsesion óla recuperación del patrimonio borgoñón ola sucesiónenlos do-miniospatrimonialesde la CasadeAustr ia.

Tal dinámicaagregativafavorecióa ciertas familias sobrelas demás,engrandeciendo no-tablemente su patrimonio.En este sent ido, lafortuna de losHabsburgo alemanes no tiene parangónent rela realeza del occidente de Europa. El hecho de que,en el lapso de tres gene-raciones,acumu laselos estados de las casas de Borgoña,Castilla,Aragón y Hungría,debió de suscitar la admiración,cuando no la envidia yelrecelo,entrelas demásfamilias corona-das. Quizás sólo otra dinastía,los Jagellon polacos,acumuló por lasmismasfechasun domi-nio tanextenso,si bien las coronasde Polon iayLituania,de Bohem ia yde Hungría,eran electivas yno hereditarias.

J. CH.TILLY(ed.),TbeFormation ofNationalStates in WesternEurope,Princeton U.P.,1975.M. GREENG RASS(ed.),Conq uestandCoalescence. The Shapingo/th«State in Ear/y ModernEurope,E.Ar -nold,Londres, 199J.

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Bien mirado, Carlos de Habsburgo (1500-1556)no fue e! único príncipe aforrunado por la convergenciade herencias fam iliares diversas, si bien las dimensiones y riqueza de los territoriosreunidos, ye! prestigio del tít ulo imperialque los culminaba, no tiene comp ara-ción",Su coeráneoEnrique de Albret (1503-1555 )heredó dominiosque hubieransido cali-ficado sde extraordi n ariossólo unageneración ant es. De su madre, Catalina de Foix,recibió (15 17) e! reinode Navarr a yun rosario deseñ oríos en la vert ient e norte de! Pirineo central, en tr e losque destacabae!vizcondado de Bearn; suabuelo Alainde Albret(1522)le transmi -tióe! ducado de

Albrer,

e! condado de Perigord ye! vizcondadode Limoges;y porsu matri-monio con Margarita de Valois (1527) incorporó diversos territorios de la casa de Armagnac. Losestados no sereparriron con su muerte,como ocurrió a la de Carlos 1,sino quese incrementarongraciasel enlace con la casafrancesa de Barbón .Antonio de Borbón, casadocon Juana de Albrer-Foix,aportólos ducados de Vendóme yAlencon ademásde un parentescomuycercano al trono de Franciajusto cuando se extinguíala línea masculina de lacasa de Valois.El hijo de este matrimonio, Enrique de Barbón yAlbret,completó los es -tado spatrimoniales adquiriendo e! trono de San Luis.Al cabo de tres sucesiones, en poco másde un siglo, un bisnieto de los reyesde Navarra destronado svinoa ceñirla corona de Francia4.

La providencia,segú n los coetáneos, o e! azar tejían estas imprevisibles uniones. Siem -precabía que lasagregacioneshereditariasfueran combatidas con éxito desde dentro de! sis -tema por miembros de la familia que se consideraban con mejores derechos. Pero esto ocu rriósólo excepcionalmente, ant e criterioshereditariospoco consolidados, cuando los te -rritoriosunidosparecíanpoco compatibles,o en especial ,si convergían poderosos intereses encont ra. Muy a su pesar , Carlos deHabsburgohubode repartirsus dominiosentre su her -man o Fern ando y su hijo Felipe, por presionesde lafamilia yen e! contexto dela ruprura religiosa de mediadosdesiglo.

Pero talesdisgregacionesresultaronexcepcionalesen e! sigloXVI,por mucho que me -nudearanlasdisputas sobree! justo y legítimoseñorío de ciertos territoriosen litigio .Las he -rencias forjaron lazos sólidos que sólo excepc ion almentese rompieron.',en buena medida, porque eran unioneslegítimas,sancionadas en e! derecho comúnyadmitidas políticamente por todoscomo unaexperiencia cotidiana El azarde losnacimientos yde las muertes engen-draba derechosque no siem p re resultaban indiscutiblesni eran respetadospor quienes se sentían , dealgú n modo,desposeídos.Como,además,e! transcursodel tiempo tendía a en -marañarinextricablernenrelas disputas familiares, se hizo necesario e! recurso ala fuerza pa -ra, como laespadade Alejandro,cortar e! nudo de la cuestión.Aunque tales construcciones hered itariasno siem p resevieran favo recidaspor la contigüidad territorial, o por una comu -nidad de histor ia,de cu ltu ray deinteresesmaterialesque facilitarasuconvivencia, fueron establesalargo plazo yse mantuvolaunidaddemandoen la mayor partede los casos

du-3. ].BERENGER,Histoiredel'EmpiredesHabsbourgs,1273 -191 8,París,1990. R.].W. EVANS, The Making 01tbeHabsburgMonarcby,1550-1700,Oxford ,1979.

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...

----rante largos periodos detiem po.Cierramente,los herederospreteridos recurrieron a la auto-ridad de los poderes universales -el Papayel Emperador-,solicitaron la ayuda de los enemi-gos del «usurpado r>' y fomentaron la formación de un «partido» int ern o que apoyase su causa. Durante un tiempo más bien corro,o en coyunturas excepcionales, talesamenazas su-pusieron algún problema real de seguridad y de orden en el territorio nuevamente adquiri-do. Es el caso de las conspiraciones «an gevinas» en el reino de Nápoles, notablemente mitigadas por el paso del tiempo, pero nunca del todo olvidadas. El papa y el rey de Francia, siempre que les convino,no dejaron deacoger ,con buenaspalabras más que con dinero,a los aventureros y conspiradores que querían acabar con el dominio español enNápoles,Algo parecido ocurrió con Navarra. Los Albret-Foix-Borbón despojados recurrieron a la autori-dad pontificia -no en vano se les había privado del trono en virtud de una bula de excomu-nión de JulioII-,aunque con poco éxito.Nuncaconsiguieron otra cosa que ser recibidos en Roma y titulados, protocolariamenre,«reyes de Navarra»,lo que no pasaba de ser un contra-tiempo menor para los reyes de España.Por otra parre, alentaron a los descontentos del rei-no hasta fomentar conspiraciones que estallaron con alguna gravedad en 1516 y 1521, durante el reinado de Carlos1,yen los primeros años de FelipeIIG•Juana de Albret profesó abierramente el calvinismo desde 1560, lo mismo que su hijo y heredero Enrique de Bar-bón, rey de Francia en 1589.La religión y el trono de Francia les enajenó radical y definiti-vamentelas simpatías con que habían sido reclamados o, simplemente, añorados por los navarros descontentos después de 1512.

¿Pudo mantenerse viva durante décadas,en las cabezas y los corazones de los nuevos súbditos, una cierra afición por la dinastía despojada y el recuerdo de la «independencia»

perdida? En el caso de manifestarse de algún modo tales sentimientos, ¿se trata de actitudes colectivas,«patr ió ticas», o tan solo se manifiestan intereses particulares,como un elemento dela lucha por el poder en cualquiera de sus versiones? Orillando el núcleo de la cuestión", sorprende la perrinacia con que los príncipes prereridos o despojados de sus estados por la fuerza reclamaron y proclamaron públicamente su causa.Esto generó una exuberante litera-tura como insrrumento de reclamaciones diplomáticasy, en ocasiones, rambién alimentó un cierro belicismo para uso po líricoinrerno'',Setratade una publicísrica de larga duración en muchoscasos,reirerariva de unos mismos argumentos hisróricos y de una eficacia,cuando menos, sospechosa.Las reivindicaciones de Germana de Foix, segunda mujer de Fernando el Católico, sobre Bearn y Foix,por ejemplo,engrosaron el arsenal dialécrico de los publicistas españoles sin que nadie las tomara muyen serio ni en Francia ni en España.Ylo mismo se puede decir de las reclamaciones del reyde Francia sobre el Arrois o sobreCalais a principios del sigloXVI.

6. R.VILlARI, Larevueltaantiespa ñola en Nápoles.Los orígenes(1585-1647) ,Madrid, 1979,pp. 192-2\ O.F.IDüA TE,EsfUerzo bélicode Navarra en el siglo XVI,Pamplona,1981.

7.

J.

F.SCHAUB,«ElparriorismoduranreelAnriguoRégimen: ¿prácricasocialo argumenro políri-co?, en Loconflictivoylo consensualen Castilla.Sociedadypoderpolítico1521-1715.Homenaj e aF. To-másyValiente»,ColoquioUniversidaddeMurcia1996(en prensa).

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Era práctica universal que el matrimonio y los azares de la vida produjeran cambios en la titularidad y el tamaño de las«casas" , tanto nobles como campesinas,con las consiguien-testensiones, que se discutían vivamente ante los tribunales o por la fuerza. Dentro de esta misma lógica, las alternancias dinásticas y las agregaciones territoriales que se producían en-tre las casas reales debieron de ser ampliamente comentadas y debatidas enen-tre los sectores de la población que se veían más directamente implicados por su relación de fidelidad personal con el príncipe. En Castilla,los vaivenes dinásticos de 1504-1516 acarrearon graves tensio-nes políticas y una abierta polémica, si bien los títulos de legitimidad que avalaban primero a Felipe y luego a Carlos de Habsburgo eran incontrastables. Y el cambio que se produjo en Navarra en 1512,además de una larga guerra,engendró una prolongada polémica que se ha venido retomando, aunque con variaciones, al hilo de las necesidades de cada sociedad hasta nuestro siglo.

En cualquier caso, en la Europa del siglo XVI fueron pocos los reinos,ducados,conda -dos, etc, adquiridos por otro príncipe después de una desnuda conquista militar. Dentro de una larga e indiscutida tradición crisriana, el recurso a la violencia era legítimo siempre que se defendiese una causa justa y de forma proporcionada a las circunstancias. Las grandes conquistas de Alejandro Magno o de Julio César fueran objeto de admiración, y lugar co-mún en la literatura política de la época, pero no cabía tomarlas como modelo aplicable, al menos en el ámbito de la cristiandad. En este sentido, Maquiavelo no tuvo reparo en ensal -zar al príncipe«nuevo» que forja con las armas su corona a partir de la nada. Pero se trata de la excepción frente a la mayoría de autores que desconfíandel uso de la violencia, siempre demasiado próxima a la tiranía,y que alaban la justicia y la piedad con la que ha de proceder el príncipe cristiano sobre sus territorios justamente heredados. Cabía la guerra defensiva, pero no la ofensivay, en consecuencia,tampoco la conquista,salvo contra infieles, paganos yherejes.

Los ReyesCatólicos arrebataron el reino de Granada a los príncipes nazaríes entre 1482 y 1492, lo que fue interpretado en España y en Europa, sin excepciones, como culminación de la«reco nq uista»ycomo una importante victoria de la cristiandad amenazada por el« in-fiel».Simultáneamente,se desarrolló la ocupación de las grandes islas de las Canarias y, poco después,comenzó la dominación de las Indias con el respaldo de diversas bulas ponrificias''. La asimilación yel gobierno de aquel reino musulmán planteó problemas graves, pero me-nos complejos que el de dominar estas tierras de pagame-nos, sobre las cuales los títulos de pro-piedad de la Monarquíaespañola fueron discutidos por otros soberanos. Lajustificación de la conquista y el gobierno de las Indias exigió ampliaatención por parte de juristas y de ca-nonistas,más o menos estrechamente comprometidosen el servicio de una causa política.Se planteóasíuna fecunda reflexión, más amplia que el debate estricto sobre los«justos títu-los», en la que tomaron parte principal loscastellanos.Por desgracia,sabemos mucho menos sobre cóm o sint ieroneinterpretaron los moriscosgranadinos,los guanches canarios o los

in-9. M. A.lADERO, Granada.Historiadeunpaís islámico,Madrid,1%9, y Granada despuésdela

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CONQUISTAS Y UNIONES ENLA.EUROPA DEL RENACIMIENTO 79

dios americanos este rcroceso de conquistaydominación que supuso un cambio tan radical en sus modos de vida 0.

En julio de 1512, Fernando e! Católico invadió e! antiguo reino,cristianoy«espa ñol» de Navarra con un ejército básicamente castellano,dirigido por don Fadrique Álvarez de Toledo,II duque de Alba. Un mesmás tarde,tomó e! título de«rey»,despojandoa Juan III de Albret y Catalina de Foix en virtud de! derechode conquisra que le otorgaba una bula de Julio II que excomulgaba por cismáticos a los reyes navarros1l.Lainvasión inició una larga «guerra de Navarra»porque los monarcas exiliadosy su sucesor recibieron, al menos durante dos décadas, un importante apoyo militar de los reyes de Francia.

Las

primeras victorias de Carlos Isobre Francia,en la batalla de Noáin (1521) yen Fuenterrabía (1524),impidieron a Enrique II de A1bret-Foix (1517-1555 ) la recuperación de! trono. Hacia 1529-1530,e! Emperador decidió desguarnecer la fortalezade San Juan de Pie de Puertoytodala Tierra de Ultrapuertos.Con e! abandono de la porción norpirenaica de Navarra,e! rey de Francia ya no se sentióamenazado,yEnrique de Albret pudo titularse«roi de Navarre»,aunque fue-se sobre una bafue-se territorial limitada. Hoy sabemos que esta especie de repliegue tácito -por-que no se recogióen ningún tratado formal- pacificó aquella frontera, pero los hombres de la primera mitad de! siglo XVI estuvieron siempre atentos a un posible cambio de soberanía sobre Navarra, semejante a los que experimentó e! ducado de Sabaya o e! de Milán por las mismas fechas. En la frontera navarro-francesaseviósiempre con temor,tanto en Pamplona como en Bayona, cualquier indicio de formación de un ejército en e! reino vecino.

Lainvasión de Navarra y la apropiación de! reino se proclamó inmediatamente,de for-ma oficial, como resultado de una pura conquista. El Católico así lo especificó inequívoca-mente en su testamento: «lo hubimos de conquistarynos fue adjudicadoy dado e! derecho de aquel, y por ser reino nuevamente adquirido»12. Si la conquista de Nápoles,o la de Por-tugalmástarde, fueron propiciadas por un vacío sucesorio y Fernando y Fe!ipe II pudieron alegar derechos hereditarios, no ocurrió lo mismo con Navarra. Juan y Catalina, solemne-mente coronados en 1494,reinaban sin contradicción, aunque no en paz,y tuvieron catorce hijos, de los que seis les sobrevivieron. Fernando e! Católiconegociócon Luis Xli la ocupa-ción y el reparto de Nápoles en 1500, y Fe!ipe II trabajó desde 1578para convencer ,con ar-gumentos y con dinero,a las elites de! reino portuguéssobre las ventajasque obtendrían si él

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J.

A.FERNANDEZSANTAMAR1A,Elestado, laguerrayla paz.El pensamiento político español enel Renacimiento, 15 16- 1559,Madrid, 1988. F. FERNANDEZ-ARM ESTO,The Canary Islands afia the c on-quest:The Makingo/aColonial Society in tbe EarlySixteenth Century,Oxford,1982 .A.PAGDEN, Tbe

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80 ALFREDO FLORlSTÁN

ceñía la corona.Se trató, en ambos casos, de adquisiciones preparadas concienzuda me nte, con una ciertaantelación. Sin embargo,Fernando el Católico invadió Navarrapor sorpresa, de forma un tanto inopinada, en un golpe de mano que resultó más fácil y fructífero, prob -ablemente,de lo que él mismo habría esperado. Se había reclamado su intervención varios años atrás,pero no decidióenviar un ejército hastaque la guerra de Italiano lo propició. Fernando emprendió la ocupación acompañado por su«sobrino»don Luis deBeau rnonr,III conde de Lerín, cabeza del bando beamontés, que estaba exiliado en Castilla desde 1507. Con todo,a pesarde sus diferentes situaciones,en Nápoles,Navarra y Portugal la conquis ta sobrevino como respuestaauna crisis interna previadelos grupos aristocrá ticos,bien como un episodiomás de una larga ysan~rientaguerra civil intestina,biencomo un brevepero in-tenso desconcierto sobre sí misma!.

Laincorporación de Navarra no suscitó una discusión intelectual tan rica como la ocu -pación del trono de PortUfal, en la que se dieron la mano los derechos de sangre, la negocia -ción política y las armas!.Lajustificació n oficial-la conquistaen virtud de unas bulasde excomunión de sus reyes como cismáticos-,pronto resultó escandalosa además de sospecho-sa.En el siglo XVI,la teocraciapapal tenía tan pocos defensoresen España comoen Francia. Lospublicistas francesesqueescrib ieronapart ir de la segunda mitad del sigloXVItrataron derestablecer la dignidaddeunos príncipesinjustamenteacusados de cismáticos, contralos que Julio II habría dirigido unas bulas de excomunión inicuas. Unas bulas,por otraparte, de cuyaexistencia yautenticidad llegaron a dudar seriamente muchos en Europa, dadoel ce -lo con que -los reyesespañoles las reservaron de miradas indiscretas y consideradala fama de artero de que gozaba Fernando el Católico!5.

Durante el siglo XVI, los cronistasyotros publicistas«españoles» se esforzaron en justi-ficar la retención de Navarrasobre argument os menos comprometidos y más presentables que la excomunión pontificia yla fuerzade las armas.Por muySantaquefuesela Ligaque había permitido a Fernando el Católicoapropiarsede todos los territoriosconquistados fue-ra de Italia;por muy justificadoque pudiera ser el uso de la fuerza en defensa de la Santa Se -de; por muyauténtica y válida que resultara la excomunión de Juan y Catalina,nada de esto bastaba .Sólo lalegítimaherencia,título incontrovertible, es concebida como vínculo de fi -delidadseguro de súbditosy soberano,y bálsamo de las conciencias, las particularesyla del rey.PalaciosRubios,Nebri ja,Díez de AuxyLópez Madera,entre otros muchos,demo stra-ron que en 1512no se había producido una conquista sino una simple «restauració n». Fe

r-13. F.BOUZA,Portugal enlaMonarquíahispánica(158 0-1640).FelipeJI,lasCortesdeTomar yla

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l'His-toirrde Nauare etdeFlandre,París,1646,lib.1,pp.11-26.J.D.SCHOEPFLINI,Diatribade origine,

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CONQUIST,ASYUNIONESENi.AEUROPADELRE,NAOMlEf\¡"J:O

nando, según unos,habría heredado la corona navarra de sus ascendientes en el trono de

Castilla, y según otros,de sus predecesores reyes de Atagón. En cualquier caso,se procuró borrar la memoria de una conquista que desasosegaba las conciencias de los navarros y desus

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reyes .

Nicolás Maquiavelo,seguramente, no hubiese compartido tal escrúpulo sobre el uso de

la fuerza y sobre el derecho de conquista.En sus reflexiones sobre los«p rin cipados mixtos»,

sobre la formación de los«principados nuevos»y sobre la adquisiciónyconservación de los estados en general,la fuerza yel engaño juegan un papel fundamental. Aunque el florentino escribió El Príncipe coincidiendo con las primera invasión y retención de Navarra, en 1513,

no tuvo perspectiva suficiente para incorprar éste a su elenco de casos históricos y recientes. Nápoles y Milán,además de las ciudadesde la Rornaña y del norte de Italia, y los ejemplos de la antigüedad clásica, le proporcionan lasreferencias que avalansus tesisl?

Laconquista de Navarra entraría sin duda dentro de lo que él denominó «p rincipados

mixtos»,por no ser ni hereditarios ni totalmente nuevos«sin o un miembro añadido a un es-tado anterior»18. Su conservación resultabamás difícil que en los hereditarios,aunque no demasiado ardua en ciertas circunstancias propicias y si se actuaba con prudencia. Siguiendo las observaciones de Maquiavelo comprendemos mejor por qué la incorporación de Navarra a la Monarquía española resultó un éxito, al menos desde la perspectivadel gobierno políti-co y para los intereses de los reyes de España.

La primera distinción que establece es si«estos estados que al adquirirlos se añaden a un estado antiguo del que los adquiere, o son del mismo paísyde la misma lengua o no lo son».

Navarra pertenecía, sin duda, al primer caso, en el que al italiano le parece«m uy fácil con-servar [los estados], sobre todosi no tienen la costumbre de vivir libres»19.

Es

evidente que el reino mantenía relaciones muyantiguasy de todo tipo con Castillaycon Aragón,yquesu

lengua, costumbres y religión no les diferenciaban insalvablementede la nueva Monarquía

castellano-aragonesa. La lengua mayoritariadel gobierno y laadministración escrita era, a

principios del siglo XVI, un romance«navarro»cuyaevoluciónbajomedieval,desdeuna ori-ginaria familiaridad con el«aragonés»,habíallevado hacia soluciones lingüísticas similaresal romance de Castilla.Se manejaban también, en la literatura, el comercio y el derecho, aun-que limitadamente y en declive,ellarín y el occitano. Con todo, la lengua familiar hablada

de muchos navarrosseguía siendo el vascuence. Esprobable que la poblacióncam pesina

me-nos móvil, sobre todo en la mitad septentrional,fuese monolingüe vascongada,y

monolin-güe romance en el extremo meridional. Pero la mayoría de losnavarros debían de vivir un

bilingüismo activo,de modo que el Condestable que tanto ayudóa la conquistacastellanase

manejara indistintamente en ambas lenguas.Porotra parte, esta era exactamentelasituación

16. A.FLORISTAN,«¿Conquistao restauración?LaincorporacióndeNavarra a laMonarquía es pa-ñola»,Hispania;LVI1I/4,nO201(1999),25-45.

17. L.DIEZ DEL CORRAL,Elpensamientopolitico europeoylaMonarquía de España, Madrid,1975,

pp.28-30.

18. N.MAQ UIAVELO,El Príncipe,Madrid,1981,cap. lIl .

19. Se refiere ala ausencia deuna constitución republicana,almodode las ciudades libres italianas,

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82 ALFREDO FLORISTÁN

de la Castilla más próxima,en las provincias de Guipúzcoa y de Nava,de donde partió un ejército invasor en que figuraban, como es lógico, muchos«vizcaínos», esto es, vascoparlan-tes.Si la capitulación de Pamplona de 1512 se redactó en romance, aunque en la ciudad probablemente predominaba la lengua vasca, esporque el vascuence no había adquirido du-rante la Edad Media rango de lengua escrita. Habría que saber en qué lengua se discutieron las capltu aciones .. laci 20

Los lazos familiares de la alta aristocracia navarra con familias aragonesas y castellanas se habían tejido muchas décadas antes de la invasión, lo mismo que otros intereses económi-cos.Además,en la reflexión de sus intelectuales, Navarra siempre había sido reconocida co-mo parte de la Hispania romana y visigoda. Sus predecesores habían padecido la invasión musulmana de la península lo mismo que el resto de los«españ oles»y,refugiados en los Pi-rineos, habían participado desde los inicios en el restablecimiento de España mediante la re-conquista. Los navarros no sólo compartían con castellanos y aragoneses una misma memoria histórica, sino que rivalizaban con ellos acerca de la antigüedad de sus reinos y so-bre a pnmaCla e susI . la d diinasnas reglas, . 21.

En este sentido,la sólida unión de Navarra a Castilla pudiera haberla asimilado Ma-quiavelo a las de«Bo rgoña, Bretaña, Gascuña y Normandía,unidas a Francia durante tanto tiempo, pues aunque haya algunas diferencias en el lenguaje,sin embargo las costumbres son semejantes y pueden adaptarse fácilmente unas a otras».La estrecha unión institucional del principado de Galesal reino Inglaterra en tiempos de Enrique VIII vino a culminar la conquista efectuada 1282 y el aplastamiento de las revueltas del siglo XV. Varios decretos en 1536-1543 consolidaron una«un ió n perfecta»,con las mismas leyes, tribunales, administra-ción local y parlamento en ambos territorios. Como contrapartida, a las elites dirigentes ga-lesas,de lengua y cultura céltica,se les abrió sin restricciones el reino de Inglaterra. De un modo parecido, los navarros se«hiciero n castellanos»,aunque no perdieron por ello su per-sonalidad públicacomo«navarros»22.

Laincorporación de Navarra a España en nada recuerda, sin embargo,a la fracasada asi-milación de Irlanda por la monarquía inglesadespués de la incompleta conquista medieval de los anglonormandos en los siglos XIIyXIII. Enrique VIII,que era«lord»de Irlanda, to-mó en 1541 el título de«king», pero esto respondía más a un proyecto de integración políti-coysocial de la islasegún el molde de las reformas T udor en Inglaterra que a una realidad asentadaycon cierta tradiciónde reino. Lasrevueltas de los irlandeses durante la segunda mitad siglo XVI, que culminaron en 1594-1603,dieron pie a una recurrente represión mili-tarya una creciente colonización que nose completarían hasta el siglo XVII. Lasreiteradas operacionesarmadas al otro lado del mar de Irlanda,y la lentay profunda colonización y

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J.

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... ...C..;,O..;..;..N....;Q:o;UI...ST;...ASyUNIONES EN LA EUROPA DEL RENACIMIENTO 83

acult uració n delpaís,nada tienen quever conel rápidodom in io militaryel natural influjo cul tu ral que laMonarquíade España instauró, sólo con cruzar el Ebro, sobrela mayorparte del muy antiguoybien definido reino de Navarra23.

Lacontigüidadde Gales a Inglaterra favoreció el éxito de su unión a Inglaterra tanto como lade Navarraa España o la de BretañaaFrancia,que culminócon el Acta de Unión de 1532. Pero si el príncipe quería conservar estosterritoriosnuevosadq uiridos, según Ma-quiavelo,debía «respetar dos principios [...[:el primero consiste en extinguir lafamilia del antiguo príncipe, el segundo en no alterar susleyesni sus tributos".En el caso de Gales, no se reconocía a principiosdel siglo XVI una fam ilia que pudie raencarnar el derecho de los antiguos monarcas de Gwynedd; yla sangre de losduques de Bretañase fundió con la de los reyesde Francia por los matrimoniossucesivosde Ana con Carlos VIII ycon Luis XII. No es el caso del reino de Navarra porque la dinastía despojada se retiróa muy pocos kilómetros al otro lado de los Pirineos, a sus estados patrimonialesde Bearne y de Albret, fronterizos con Navarri4•

Carlos1y sussuceso resafrontaron lasreivind icadi ones diplo má ticas y públicas de los Albret-F oix-Borbón, y compartieron con ellosen susescudos elemblema heráldico delas cade nasyel títul ode reyesdeNavarra.Pero esta era una incomodi dad menoren compara -ción conelpeligro de que selevant ara en el reino un partido que llamarade nuevo a los A1-bret. A Maquiavelo esto le hubiera parecido, en 1513,una posibilida dmás que probable y hubierapod ido augurar un dominio del reyde España tan incierto como había sido insegu-ro el del reyde Francia sobre el ducado de Milán.En buena medida,lo acontecido entre 1512 y 1560 hubiera ratificado sus sospechas: no faltaron las conspiraciones ylasalarm as, aunque no estalló ningunarevuelta eficaz.Quizásporque Enrique II siempre confiómás en la diplomacia que en las armas ala hora de recup erarel trono.Todavíala boda de Felipe II con Isabel de Valois en 1560 excitólas esperanzasde losque deseaban la restauraciónde los A1bret hastael extremo de creer que se produciríaen breve plazo25.

Laañoranza de losAlbret o,simplemente, del cambio político queacompañaríaasu restauración,pendió como una amenaza bien realdurantevarias décadas.Perotal situación cambió radicalmenteen muypocos años en virtud de la conversión de Juanade Albret III (1555-1572) al calvinismo,en el que educó a su heredero Enrique III de Navarray IV de Francia(1589- 1610).Ladurezacon que persiguióasus súbditos católicosde la Navarrade Ultrap ue rtos, muchos de los cuales se refugiaro n en la cispirenaica,acabó por destronarla tam bién delos corazones de los navarrossúbditosde Felipe 11.SindudaMaquiavelo no hu-bierasospechadoqueel afecto a una dinastía pudieraextinguirsede estaforma,no por espi-ritualmenos efectivaque la puramente carnal.

23. B. BRADSHAW, TbeIrish ConstitutionalReuolutiono/the Sixteenth Century,Cambridge,1979. C.BRADY,«T heDecline oftheIrishKingdom»,enM.GREENGRASS(ed), Conquestand Colalescende, Londres,1991,pp.94-115.

24. V.M.ARBELOA,Lacorte protestantede Navarra(1527-1563),Pamp lona,1992.

25. T.DOMINGUEZ ARÉVALO,AustriasyAlbretsantelaincorporación de Navarra a Castilla, P am-plon a,1944,pp.33-50.A.DERUBLE,Lemariage de[eanned'Albret,París,1877;Antaine deBourbon

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ALFREDO FLüRISTÁN

Finalmente, aunque la proximidad de la dinastía despojada pudiera fomentarlo, no se produjo un vaivén político-dinástico en Navarra que devolviera e! trono a los Albret, al mo-do de los que Maquiave!o observó tan atentamente en Italia. No lo favoreció ni e! balance

de fuerzas en e! campo de batalla ni, sobre todo,e! orden de prioridades que fijaron Francis

-co I y Enrique 11 de Francia hasta 1559,mucho más interesados en Milán que en Navarra.

En 1521, Andrés de Foix, señor de Asparrós, recuperó e! control sobre este reino en nombre

de! rey francés, pero sólo por unas semanas.Lareacción de Castilla, aún vivo e! fuego

comu-nero en Toledo, fue tan espontánea y enérgica como cuando en 1638 Condé asedió

Fuenrerra-bía. Navarra era imprescidible para la defensa de Castilla como«puerta» de España, y las Cortes

de Valladolid de 1518yahabían advertido seriamente al dubitativo Carlos I de que era

im-pensable devolver aquel reino. «y si para la defensa de esto fuere necesario nuestras personas

y haciendas-le dijeron a! joven rey-,las pondremos,pues este reino es la llave principal de

estos reinos,,26.En la batalla de Noain demostraron lo sincero de su ofrecimiento.

No hubiera sido difícil justificar la«restauración" de los Albrer-Poix en Pamplona a me

-diados de! sigloXVI, con mucho mejor fundamento que la de los Braganza en Lisboa en

1640.Todo hubiera discurrido de forma parecida a como se restableció a los Sforza en e!

ducado de Milán, que fue ocupado y permaneció en manos de! rey de Francia durante

va-rios años, por las mismas fechas en que e! rey de España conquistaba Navarra. En 1500

-1513,1515-1521 Y 1528-9,Luis XII y Francisco I controlaron e! Milanesado, sobre e! que

pretendían derechos dinásticos; sin embargo, la derrota de! ejército francés en e! socorro de Pavía (1525) y la paz de Cambrai (1529) devolvieron Milán a Francisco II Sforza. De un modo parecido, e! ducado de Saboya, ocupado por un ejército francés en 1536, fue restitui-do a Manue! Filiberto con ocasión de la paz de Catéau Cambresis en 1559. En ambos casos, la incorporación de Milán y de Saboya a Francia no fraguó por la resistencia que opuso la

Monarquía española en e! campo de batalla. Lafigura de Manue! Filiberto de Saboya, e!

ge-neral victorioso en San Quintín bajo las órdenes de Fe!ipe 11,su futuro consuegro, tiene

po-co que ver po-con la de un Enrique 11 de Navarra que también po-corrió la suerte de su rey y cuñado, Francisco I de Francia, y que por ello fue derrotado y hecho prisionero en Pavía y

l 27

no pudo recuperar e trono .

Lascampañas victoriosas de Cesar Borgia en la Romaña o la toma de Bolonia por Julio

II culminaron con éxito e! proceso de restauración de la autoridad papa! sobre los Estados

Pontificios entre 1494 y 1510.Lafastuosa entrada de! pontífice victorioso en Roma en este

último año rememoró los triunfos de los grandes emperadores, aunque no sirviese de augu

-rio de futuro y sus sucesores no restablecieran una Italia unificada y libre de injerencias

ex-trajeras28.En e! caso de la península ibérica, la restauración de la España cristiana había

culminado con la conquista de Granada en 1492. Allí quisieron ser enterrados los Reyes Ca

-tólicos, en una decisión de alto contenido simbólico, como lo eran siempre los desplaza-mientos reales. Fernando no ignoró la conveniencia de visitar e! reino de Nápoles recién

26. Cortesdelosantiguos reinosdeLeónydeCastilla,Madrid,1882,vol. IV, p.278. 27. F.CHABüD.Lo Stato di Milano nell'Imperiodi Cario V,Roma, 1934.

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CONQUISTAS Y UNIONES EN LA EUROPA DEL RENACIMIENTO

' - - - . - . ; ; " . . - . 85

conquistado, y se embarcó en 1506 en un viaje de apenas un año, porque la muerte de Feli-pe el Hermoso requirió su retorno a la regencia de Castilla. También FeliFeli-pe 1I entró en Por-tugal poco después que sus tropas, para su proclamación y coronación en 1581, Y allí permaneció un par de años. Todo esto nos hace recapacitar sobre la displicencia con que Fernando observó la conquista de Navarra desde Castilla, primero en Burgos y luego en Lo-groño, donde recibió el juramento de fidelidad de los nobles y las ciudades, y donde confir-mó la capitulación de Pamplona y el juramento de los fueros. No llegó a cruzar el Ebro para entrar solemnemente en Pamplona o en Tudela,ni se reunió con los Tres Estados del reino aunque los convocase en Pamplona tres años consecutivos(I513-1515).Además,la pobreza de la iconografía de la conquista de 1512 acrecienta el misterio de la circunspección con que se efectuó y con que se ha recordado. No existen imágenes coetáneas ni apenas recreaciones románticas e historicistas del siglo XIX; por supuesto, nada remotamente semejante al cua-dro de la rendición de Granada de F. Padilla, tantas veces reproducido.

Maquiavelo recomendó a los príncipes que aspiraran a conservar los estados nuevamen-te adquiridos, sobre todo si eran de«lengua, costumbres e instituciones diferentes»,que se trasladaran a residir en ellos. También recordó que la fundación de colonias había sido un medio eficaz para sostener el Imperio romano, y más barato que el mantenimiento de guar-niciones29•En el caso de Navarra, los dos primeros recursos no tenían tanto sentido como el

último. Una de las primeras decisiones que tomó Fernando el Católico fue la de construir un nuevo castillo que reforzara la defensa del reino y que,de paso, vigilara la ciudad de Pam-plona.Felipe II ordenó su sustitución por una moderna ciudadela, según el modelo de la de Amberes; su primera~iedrase colocó en 1571 aunque no recibió a la guarnición hasta prin-cipios del siglo XVII3 .

Este«castillo nuevo»jugó un papel difícil de valorar en el control de Navarra. Sin duda,

su virrey tuvo más recursos militares,defensivos y ofensivos, que los de Aragón en la A1jafe-ría o los de Cataluña en Monrjuich, pero menos que los de Portugal en Lisboa o,no diga-mos, los de Nápoles y Milán. Pero esto puede explicarse porque, como Fuenterrabía o Perpignan, la capital navarra siempre fue considerada plaza fronteriza. Ladestrucción de cas-tillos y casas fuertes de la nobleza como represalia tras las revueltas de 1516 y de 1521, Yla lenta ruina de las murallas de las ciudades del interior por el abandono y el crecimiento de-mográfico, no creo que fuesen decisivas. De hecho, las principales fortalezas de Tudela y Es-rella, y los lujosos palacios-castillo de Tafalla y de Olire, eran del rey mucho antes de la

. 31

conquIsta .

Más terminante que la presencia de una guarnición militar en Pamplona debió de ser la decisión de no modificar las leyes e instituciones del reino conquistado.«N o alterar sus leyes ni sus tributos»,al menos en los primeros momentos: esto era práctica habitual en todas las conquistas, y Maquiavelo encareció tal decisión a los príncipes que quisieran retener estados adquiridos por las armas. Lascapitulaciones con las ciudades navarras rendidas en 1512 y el

29. N.MAQUIA VELO,El Principe,Madrid,1981,cap. 1lI.

30.

J

.

J

.

MARTlN ENA,Laciudadela tÚ Pamplona,Pamplona,1987.

J

.

GALUSfEGUI ,Navarraatr a-visdi'Id correspondenciadi' los virreyes(J598-1648),Pamplona,1990.

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86 ALFREDO FLORISTÁN

jurament o delos fuerosque el Católico prestó alas Cortesen 1513aseguraron una pura cont inuidad. Pero en 1515,desesperadode lograr descendenciade susegundo matrimonio, Fernandodispu soquelaúltima conq uista desu vida se uniesea la coronade Castillayla desligódeAragón.

En una solem ne declaración ante lasCortes enVallado lid decretóla«incorporació n» de Navarra ala«coronade losreinosde Castilla, León yGranada»como donación asu hija Juana y a sus descendienres '.EnCastillasiemp re sepudo recordar que Navarra procedía de conquistayno de legítima herencia,como Olivaresadvirtióa Felipe IV ensu«G ran Memo -rial»de1624:

«todoscuanto s [estados]V. Majestadposeehoy,menos algunas pequeñaspartes dequeno parecenecesariohacermención ,losposee V. Majestadporderechosucesi -vo; sólosonconquistas el rein ode Navarra yelim perio de lasIndias»33.

Sinembargo, nuncaquedódel todo claro el estatuto jurídico de Navarra yde losnava -rros,que conoció una importanterectificación ala muerre deFernando. El Católico dispuso en 1515que Navarrase gobernara por el Consejode Castilla,aunquesegún sus leyespro -pias.CarlosI nomantuvoestecriterioyelviejo ConsejoReal de Navarracon sede en Pam -plonafuereform adoen 1525y siguió desempeñandoun papelprotagon istaen el gobi erno hasta elsiglo XIX. En el juram ent o de los fuerosque prestóen Bruselasen 1516,Carlos añadió unacláusu lanuevaquemantuvieron todos sussucesores: lapromesadeque«noo bs-tante laincorporación hechadeeste rein oa lacoronadeCastilla [...],el dicho reino de Na-varra quedepor síy según hastaaquí ha sido usado yacostu mbrado»34.

Este es, segurament e, elaspecto másoriginaldela unión del reinode Navarra alaMo -narquía Católica,yel quemejor ladistingue delas otras dos incorporacionesdelsiglo XVI, lasde Nápoles yPorrugal.Navarrafueincorporada aCastilla ylosnavarr osfueron am plia-ment ead mitidos co mo«castellanos»en oficios ybeneficios,eclesiásticosylaicos,en los do-minios euro peosy en lasInd ias. Pero no sóloseles autorizó,sino que muchos de ellosse em peñaro nenactuary vivircom o«castellanos»,parricipand odecidid ament een los ejércitos ylaadministr ación yllenandolos ColegiosMayores de Castillaen un número

despropor-32. Archivo General de Simancas,PatronatoReal,lego 13,n? 72. Aetas de!asCortesde los antiguos reinos deLeónydeCastilla,Mad rid, 1882,t.IV, pp.249-25 1.

33. ].ELLIOTI,].F. DELAPEÑA,CartasymemorialesdelConde-Duquede Olivares,Madr id,1978, vol. 1, p.93.Sobre el paralelismoentrelasInd iasyNavarra,como adquisición personal delreyin cor-poradaalacorona,].MANZANO, ..LaadquisicióndelasIndiasporlosReyes Católicos ysu in corpora-ción a los reinos castellano s (En torno a una polémica)», Anuariode Historiadel DerechoEspañol (M ad rid),XXI-XXII(1951-2),5-170.

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87

cionado para su población35.Sin embargo,no porello renunciaron asusfueros ein

stitucio-nes privativas,muy al contrario las desarrollaron yperfeccionaron hasta alcanzarsu «plen

i-tud»en e! siglo XVIII. La nueva dipuración permaneme nació en 1576, y las Ca n es

desempeñaronun protagonismo «legislador-(desde1561) yfiscal (desde 1654)mucho más

activo eindepend ien te que nuncaam es.Laincorpor ación a Castilla noanquilosósusfueros

en un estadio«med ieval», como unapurapervivenc ia siem p recon flictiva con e!«absolu tis

-mo»castellan036.

La definición de! estaturajurídico deNavarr ay de los navarros en«Españ a» fraguó l

en-tarnente,en virtud de las cambiantescircunstanciasdelaMonarquía yde losin tereses

con-rradictorios de los mismosnavarros. En 1645 ,e!reinoentendíaque la incorporación

«n o fue por modo de supresiónsino por e! de unión principal,yasícada rein o

retuvosu naturaleza am iguaen leyes,territorio ygobierno ,aunque losnaturalescon

derecho igualyrecíprocoparaobtenerpromiscuamente,los de Castill aen Navarra y

losdeNavarraenCastilla, dignidades,oficios ybeneficios»3?

y esta era, sin duda, un sigloymediodespués de la conquista ,la gran diferenciade este

reino con respecraalos de Nápoles , Portugal e, incluso, la Coronade Aragón. Esverdad

que había diversidadde leyese instituciones,pero esta se salvabapor una evidenteunión «en

cuanto a lo político»,que era laque siempre habíadesead ofomen tar Olivares.En 1664los

calbildos eclesiásticosde Pamplona yTafalla,en un pleito sobrediezmos,lo expresaron así:

«este reino de Navarraestáunido alosde CastillayLeón demanera queaunq ue

se gobierna por fueros y leyespropias,en cuanto a lo político esuno mismo con los

de Castilla y León en laaptitudrecíprocadesus naturales, como los deCastilla, para

obtener,tener ygozar en ellos[oficios yben eficios].Lo cual no es niha sido en los

reinos de Aragón ysu coronani Portugal,porque estosreinos, no obstanteestán i

n-corporados y unidos a la CoronadeCastilla, nosólo tienendiferentesfuero s yleyes

en lo político ,sino que sus naturalestotalmenteestán separados de gozaren losre

i-35. Los navarrosparti ciparonde lleno en la colonizaciónygobierno de lasIndias castellanas,como

losescoceses en el imperioinglés:B.LEVACK,The FormationoftheBritish State.England,Scotlandand the Union,1603-1707.Oxford,1987,p.224.M. PEYrAVIN,«Españoles e italianosenSicilia,Náp oles

yMilándurantelossiglosXVIyXVII:sobre la oportunidad de ser"nacional" o "nat ural?»,Relaciones XIX(1998), 85-1 14.

36. A.FLORl5TAN, «Las Cortes de Navarra desp ués dela conq uista: renovación e innovacióninst i-tucionalen elsigloXVI,enLesCortsa Catalunya,Barcelon a.1991.pp.329-340;Historiade Navarra. Pervivencia y renacimiento.1521-1808.Pamp lona,1994,pp.47-54y68-71.Sobre las dificultadesde

desarrollopolítico-in stitucion al enotros casos:E.BELENGUER.«La Mona rq uía hispán ica vista desd e la Coro na deAragón»,enF.RUIZMART1N.(dir.),La proyeccióneuropea de la Monarquíahispánica.M a-drid, 1996.pp.107-132;R.SOURIAC.Décentralisationadministrativedans/'Ancien France.Autonomie commingeoiseet pouvoir d'Etat1540-1630 ,Toulouse,1992,2 vols,

37. NovíssimaRecopilacióndelasleyesde/Reinode Navarra,Pampl ona.1735.tito1,cap.VIII,ley33

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88 ALFREDO FLORISTAN

nos de CastillayLeónyNavarra oficiosybeneficios.De la mismamanera,los natu-rales de CastillayLeónyNavarraestán privadosde roder gozar oficios ni beneficios

eneldichoreinode Aragónysu CoronayPortugal/ »,

Referencias

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