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Efecto de un programa en contingencias de reforzamiento dirigido a padres y docentes sobre problemas de conducta en niños

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Academic year: 2017

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Señores

Biblioteca General

ALFONSO BORRERO CABAL S.J. Nuestras Colecciones

Tesis y Trabajos de Grado Pontificia Universidad Javeriana Bogotá

Estimados Señores:

Tengo el gusto de presentar el trabajo de grado titulado Efecto de un programa de contingencias de reforzamiento dirigido a padres y docentes sobre problemas de conducta en niños", realizado por la estudiante Marlen Simancas Fernández, trabajo de grado que cumple con los requerimientos estipulados por el programa de la Maestría en Psicología Clínica, del énfasis en Comportamental, de la Facultad de Psicología, con el fin de incluirlo en el sistema de la Biblioteca. Cordialmente,

MÓNICA NOVOA GÓMEZ

(2)

CARTA DE AUTORIZACIÓN DE LOS AUTORES (Licencia de uso)

Bogotá, D.C., Agosto 25 de 2010

Señores

Biblioteca Alfonso Borrero Cabal S.J. Pontificia Universidad Javeriana Cuidad

La suscrita:

Marlen Raquel Simancas Fernández , con C.C. No 50.938.489 de Montería

En mi calidad de autora exclusiva de la obra titulada:

EFECTO DE UN PROGRAMA EN CONTINGENCIAS DE REFORZAMIENTO DIRIGIDO A PADRES Y DOCENTES SOBRE PROBLEMAS DE

CONDUCTA EN NIÑOS

Tesis doctoral Trabajo de grado x Premio o distinción: Si No x cual:

presentado y aprobado en el año 2010 , por medio del presente escrito autorizo a la Pontificia Universidad Javeriana para que, en desarrollo de la presente licencia de uso parcial, pueda ejercer sobre mi obra las atribuciones que se indican a continuación, teniendo en cuenta que en cualquier caso, la finalidad perseguida será facilitar, difundir y promover el aprendizaje, la enseñanza y la investigación.

En consecuencia, las atribuciones de usos temporales y parciales que por virtud de la presente licencia se autorizan a la Pontificia Universidad Javeriana, a los usuarios de la Biblioteca Alfonso Borrero Cabal S.J., así como a los usuarios de las redes, bases de datos y demás sitios web con los que la Universidad tenga perfeccionado un convenio, son:

AUTORIZO SI NO

1. La conservación de los ejemplares necesarios en la sala de tesis y trabajos

de grado de la Biblioteca. x

2. La consulta física o electrónica según corresponda x 3. La reproducción por cualquier formato conocido o por conocer x 4. La comunicación pública por cualquier procedimiento o medio físico o

electrónico, así como su puesta a disposición en Internet x 5. La inclusión en bases de datos y en sitios web sean éstos onerosos o

gratuitos, existiendo con ellos previo convenio perfeccionado con la Pontificia Universidad Javeriana para efectos de satisfacer los fines previstos. En este evento, tales sitios y sus usuarios tendrán las mismas facultades que las aquí concedidas con las mismas limitaciones y condiciones

x

6. La inclusión en la Biblioteca Digital PUJ (Sólo para la totalidad de las Tesis Doctorales y de Maestría y para aquellos trabajos de grado que hayan sido

(3)

lapso mi obra sea explotada en las condiciones aquí estipuladas y para los fines indicados, respetando siempre la titularidad de los derechos patrimoniales y morales correspondientes, de acuerdo con los usos honrados, de manera proporcional y justificada a la finalidad perseguida, sin ánimo de lucro ni de comercialización.

De manera complementaria, garantizo en mi calidad de estudiante y por ende autora exclusiva que la Tesis o Trabajo de Grado en cuestión, es producto de mi plena autoría, de mi esfuerzo personal intelectual, como consecuencia de mi creación original particular y, por tanto, soy la única titular de la misma. Además, aseguro que no contiene citas, ni transcripciones de otras obras protegidas, por fuera de los límites autorizados por la ley, según los usos honrados, y en proporción a los fines previstos; ni tampoco contempla declaraciones difamatorias contra terceros; respetando el derecho a la imagen, intimidad, buen nombre y demás derechos constitucionales. Adicionalmente, manifiesto que no se incluyeron expresiones contrarias al orden público ni a las buenas costumbres. En consecuencia, la responsabilidad directa en la elaboración, presentación, investigación y, en general, contenidos de la Tesis o Trabajo de Grado es de mí competencia exclusiva, eximiendo de toda responsabilidad a la Pontifica Universidad Javeriana por tales aspectos.

Sin perjuicio de los usos y atribuciones otorgadas en virtud de este documento, continuaré conservando los correspondientes derechos patrimoniales sin modificación o restricción alguna, puesto que de acuerdo con la legislación colombiana aplicable, el presente es un acuerdo jurídico que en ningún caso conlleva la enajenación de los derechos patrimoniales derivados del régimen del Derecho de Autor.

De conformidad con lo establecido en el artículo 30 de la Ley 23 de 1982 y el artículo 11 de la Decisión Andina 351 de 1993, “Los derechos morales sobre el trabajo son propiedad de los autores”, los cuales son irrenunciables, imprescriptibles, inembargables e inalienables. En consecuencia, la Pontificia Universidad Javeriana está en la obligación de RESPETARLOS Y HACERLOS RESPETAR, para lo cual tomará las medidas correspondientes para garantizar su observancia.

NOTA: Información Confidencial:

Esta Tesis o Trabajo de Grado contiene información privilegiada, estratégica, secreta, confidencial y demás similar, o hace parte de una investigación que se adelanta y cuyos resultados finales no se han publicado. Si No x

NOMBRE COMPLETO No. del documento de identidad FIRMA Marlen Raquel Simancas Fernández 50.938.489

FACULTAD: Psicología

(4)

DESCRIPCIÓN DE LA TESIS O DEL TRABAJO DE GRADO FORMULARIO

TÍTULO COMPLETO DE LA TESIS O TRABAJO DE GRADO

EFECTO DE UN PROGRAMA EN CONTINGENCIAS DE REFORZAMIENTO DIRIGIDO A PADRES Y DOCENTES SOBRE PROBLEMAS DE CONDUCTA EN

NIÑOS

SUBTÍTULO, SI LO TIENE

AUTOR O AUTORES

Apellidos Completos Nombres Completos

Simancas Fernández Marlen Raquel

DIRECTOR (ES) TESIS O DEL TRABAJO DE GRADO

Apellidos Completos Nombres Completos

Hernández Barrios Aldo

FACULTAD Psicología

PROGRAMA ACADÉMICO Tipo de programa ( seleccione con x )

Pregrado Especialización Maestría Doctorado

x

Nombre del programa académico

Maestría de Profundización en Psicología Clínica Nombres y apellidos del director del programa académico

Hugo Escobar Melo

TRABAJO PARA OPTAR AL TÍTULO DE: Maestría

PREMIO O DISTINCIÓN(En caso de ser LAUREADAS o tener una mención especial):

CIUDAD AÑO DE PRESENTACIÓN DE LA

TESIS O DEL TRABAJO DE GRADO

NÚMERO DE PÁGINAS

Bogotá 2010 179

TIPO DE ILUSTRACIONES ( seleccione con x )

Figuras Pinturas Tablas, gráficos y diagramas Planos Mapas Fotografías Partituras

x x

SOFTWARE REQUERIDO O ESPECIALIZADO PARA LA LECTURA DEL DOCUMENTO Nota: En caso de que el software (programa especializado requerido) no se encuentre licenciado por la Universidad a través de la Biblioteca (previa consulta al estudiante), el texto de la Tesis o Trabajo de Grado quedará solamente en formato PDF.

Formato PDF

(5)

Vídeo Audio Multimedia Producción

electrónica Otro Cuál?

DESCRIPTORES O PALABRAS CLAVE EN ESPAÑOL E INGLÉS

Son los términos que definen los temas que identifican el contenido. (En caso de duda para designar estos descriptores, se recomienda consultar con la Sección de Desarrollo de Colecciones de la Biblioteca Alfonso Borrero Cabal S.Jen el correo [email protected], donde se les orientará).

ESPAÑOL INGLÉS

Problemas de conducta Problem Behaviors

Reforzamiento Reinforcement

Castigo Punishment

Modificación de conducta Behavior modification

Análisis del comportamiento Behavior analysis

RESUMEN DEL CONTENIDO EN ESPAÑOL E INGLÉS (Máximo 250 palabras - 1530 caracteres)

Resumen

(6)

This study evaluated the effect a contingencies of reinforcement training program for parents and teachers of seven children, five boys and two girls, ages 3 year and 4 months and 5 years and 9 months, with some problem behavior at home and/or school. The intervention program was aimed at teachers (B) and parents (C). Participants were distributed by convenience to three conditions of the study; Condition 1 A-B-A-C-A, Condition 2 A-C-A-B-A y la Condition 3 A-B-C-A. The results confirmed the effectiveness of the program both home and school, in which was found that aggressive behaviors were more frequent in the context of the house, and behaviors related to making tasks were more frequent in the school. From the intervention for teachers, the behavior problems associated with task performance decreased significantly in the school context, while those problems associated with aggressive behaviors which were most often at home, declined after with parents, with the exception of participant 5. The results support the conclusion that the training program was responsible for the observed behavioral changes. It should be noted that the feasibility of this study depended on the schedule of activities supported by the School and not by the performance or stability of the phase data as in the ideal case, which led to the reclassification of the conditions of the study to two designs A-B with or without the withdrawal phase and A-C with or without withdrawal phase.

(7)

EFECTO DE UN PROGRAMA EN CONTINGENCIAS DE

REFORZAMIENTO DIRIGIDO A PADRES Y DOCENTES SOBRE

PROBLEMAS DE CONDUCTA EN NIÑOS

MARLEN SIMANCAS FERNANDEZ

* ALDO HERNÁNDEZ BARRIOS

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

FACULTAD DE PSICOLOGIA

MAESTRÍA DE PROFUNDIZACIÓN EN PSICOLOGÍA CLÍNICA

Bogotá, Colombia

Julio, 2010

(8)

Tabla de Contenidos

Resumen………....1

Marco teórico .….………..2

Justificación ....………. 2

Problemas de conducta………... .7

Planteamiento del problema………....52

Pregunta de investigación………....54

Método………....55

Objetivo general……….. ………55

Objetivos específicos………..….………...55

Variables………...56

Participantes.………...60

Instrumentos………...……….60

Consideraciones éticas………..61

Diseño………...………...……….62

Procedimiento………..64

Resultados……….………..76

Discusión………...97

(9)

Figura 1. Condición 1. Participante 2 ...……… . 78

Figura 2. Condición 1. Participante 3 ……… 80

Figura 3. Condición 1. Participante 4 ……… 82

Figura 4. Condición 2. Participante 1 ……… 84

Figura 5. Condición 2. Participante 5 ……… 86

Figura 6. Condición 2. Participante 7 ……… 88

Figura 7. Condición 3. Participante 6 ……… 90

Figura 8. Recaracterización Diseño A-B. Realización de Tareas ….……… 92

Figura 9. Recaracterización Diseño A-B. Seguimiento de Instrucciones….. 93

Figura 10. Recaracterización Diseño A-C. Conducta Agresiva …….……. 94

Figura 11. Recaracterización Diseño A-C. Relaciones Sociales ………….. 95

(10)

Apéndice A. Programa Amor y Control Dirigido a Docentes ……… 135

Apéndice B. Programa Amor y Control Dirigido a Padres ……… 143

Apéndice C. Adaptación Cuestionario de Datos Personales CDP…..………… 150

Apéndice D. Protocolo de Aplicación CDP ...……… 156

Apéndice E. Heterorregisto ...…..……… 166

Apéndice F. Protocolo de Aplicación Heterorregistro ...………...……… 167

Apéndice G. Consentimiento Informado Padres ……… ……… 173

Apéndice H. Consentimiento Informado Docentes ………...… 175

Apéndice I. Cuadro de Congruencias e Incongruencias ……… 177

(11)

RESUMEN

Este estudio evaluó el efecto de un programa de entrenamiento en contingencias de

reforzamiento y castigo dirigido a padres y docentes de 7 niños, 5 niños y 2 niñas, entre 3

años y 4 meses y 5 años y 9 meses, que presentaban algún tipo de problema de

comportamiento en la casa y/o en la escuela. El programa de intervención fue dirigido a

docentes (B) y a padres (C). Los participantes fueron distribuidos por conveniencia a las

tres condiciones del estudio Condición 1 A-B-A-C-A, Condición 2 A-C-A-B-A y la

Condición 3 A-B-C-A. Los resultados confirmaron la efectividad del programa en ambos

contextos, casa y colegio, en los que se observó que las conductas agresivas eran más

frecuentes en el contexto de la casa y las conductas relacionados con la realización de

tareas eran más frecuentes en el colegio. A partir de la intervención con docentes, los

problemas de comportamiento asociados a la realización de tareas disminuyeron

significativamente en el contexto escolar, mientras que aquellos problemas asociados con

las conductas agresivas los cuales se dieron con mayor frecuencia en casa, disminuyeron a

partir de la intervención con padres de familia, a excepción del participante 5. Los

resultados del estudio permiten concluir que el programa de entrenamiento fue el

responsable de los cambios conductuales observados. Cabe mencionar que la factibilidad

del presente estudio dependió del cronograma de actividades avalado por el Colegio y no

por el desempeño o estabilidad de los datos por fase como ocurre en los casos ideales, lo

que llevó a la recategorización de las condiciones del estudio a dos diseños el A-B con o sin

fase de retirada y el A-C con o sin fase de retirada.

Palabras clave: Contingencias de reforzamiento, problemas de conducta, docentes, padres,

(12)

EFECTO DE UN PROGRAMA DE CONTINGENCIAS DE REFORZAMIENTO DIRIGIDO A PADRES Y DOCENTES SOBRE PROBLEMAS DE CONDUCTA EN

NIÑOS

El propósito de este estudio fue evaluar el efecto de un programa de entrenamiento en

contingencias de reforzamiento dirigido a padres y docentes sobre los problemas de

comportamiento en la escuela y la casa de niños y niñas preescolares del Colegio

Asosiervas de Bogotá. Asumiendo este proyecto como una propuesta social de intervención

teniendo en cuenta que los problemas de comportamiento en niños han sido motivo de

quejas y consultas de muchos padres e instituciones educativas que asisten a centros de

intervención o van con profesionales especialistas, con la finalidad de buscar el origen y

saber cómo sobrellevar las conductas de sus hijos o estudiantes (Sugai, Homer et al., 2000).

Lo que se apoya en el hecho de que existiera una prevalencia entre 12% y 20% de

trastornos del comportamiento en niños y adolescentes, siendo las problemáticas más

frecuentes los trastornos hipercinéticos, de adaptación, disociales y problemas de

aprendizaje, que se relacionan con las dificultades académicas y de interacción en el

ambiente escolar, así como con la desobediencia, agresividad y patrones de conductas

impulsivas en el hogar (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2001). El estudio

psicométrico del Screening de Problemas de Conducta Infantil SPCI hecho por Maganto y

Garaigordobil (2010) en los países vascos señaló que el 39,92% de los problemas de

comportamiento en los niños eran de tipo internalizado (retraimiento, depresión, problemas

de pensamiento, infantil-dependiente, ansiedad, somatización) y el 13,57% eran

externalizados (agresión, a la actuación o descarga impulsiva e incapacidad de centrarse en

(13)

revisión que realizaron sobre los estudios epidemiológicos latinoamericanos, identificaron

que los problemas de comportamientos relacionados con la salud mental, tenían en común

una prevalencia del 15% al 21%, que variaba dependiendo de quien reportaba la

información, en un 8.3% por docentes y en un 35.2% por los padres; concluyendo que los

estudios epidemiológicos sobre problemas de conducta en la infancia y adolescencia son

escasos o no se encuentran publicados. En Colombia el estudio de Clima escolar y

comportamientos psicosociales en niños de la Universidad de Antioquia, desarrollado por

Castro y Gaviria (2005), en Medellín concluyó que los problemas de conducta prevalentes

fueron de un 7,6% para agresividad directa, 8,9% para agresividad indirecta, 7,9% para

hiperactividad/déficit de atención y 10,8% para depresión/ansiedad. El 70,5% de los

escolares manifestaron ser mediana o altamente prosociales. Además, se encontró la

presencia de al menos uno los criterios diagnósticos del DSM – VI en el 23,9% de los

escolares. Lo que indica, que las problemáticas de conducta más frecuentes en la población

infantil están relacionadas con los comportamientos agresivos, el desempeño escolar y

aislamiento social en el contexto escolar, en la casa o en la calle Además del hecho de que

en Colombia un 11% de la población utilice algún tipo servicio de salud para solucionar los

problemas psicológicos o de comportamiento que les impiden un desarrollo óptimo en los

diferentes contextos en los que se desenvuelven (Ministerio de Protección Social [MPS],

2005).

Dado que los problemas de conducta en los niños se muestran más evidente en la

escuela y el hogar, la educación preescolar integró desde 1976 como fundamentos del plan

de estudios: a) la interacción de los niños con sus entornos familiar, social, étnico y

(14)

imaginación, c) la vivencia de situaciones que fomenten respeto, tolerancia, cooperación,

autoestima, autonomía, la expresión de sentimientos y emociones, d) la creación de

ambientes lúdicos, comunicativos y de confianza que faciliten la interacción y e) el

reconocimiento de otros ambientes para el aprendizaje, (Ministerio de Educación nacional,

2009). Llevando estos fundamentos a la formación de ciudadanos prosociales.

De ahí, como lo manifiesta Brundtlan (2001, citado por Bravo, 2006), la importancia

de la educación integral de los niños de grados preescolares para un completo desarrollo

físico, cognitivo, social y afectivo en la edad adulta. Lo que presupone que la educación no

sólo debe estar basada en el aprendizaje de conceptos y desarrollo de habilidades

cognitivas, sino además en el aprendizaje de conductas pertinentes y admitidas por los

diferentes ambientes en que los menores se desarrollan.

Lo que ha sido soportado en Colombia por la gran importancia que ha tomado la

población infantil y adolescente, la cual observando las estadísticas estaba conformada por

4.108.861 de niños y niñas entre los 0 y los 4 años y 4.295.913 de niños y niñas entre los 5

y 9 años. De esta población el porcentaje de niños y niñas menores o iguales a 5 años que

estaban escolarizados era del 88.4 %, es decir un aproximado de 4.420.000 niños y niñas

asistiendo a instituciones estatales o privadas (DANE, 2005). La importancia por la

población infantil y adolescente llevó a la publicación de la Ley 1098 y el Código de

infancia y adolescencia en el año 2006, expedida por el Congreso de la República el 8 de

Noviembre del 2006 con propósito de garantizar a los niños, niñas y adolescentes del país

su pleno y armonioso desarrollo tanto en el seno familiar como en la comunidad, en

(15)

Colombia, 2006). Siendo el derecho a la familia, la educación y la dignidad algunos de los

derechos en los que el estado ha promovido su interés a través de la creación y

mantenimiento de instituciones educativas en el sector público y el mantenimiento del

Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF).

El Ministerio de Educación Nacional desde el año 1976 y hasta la fecha,

compartiendo el interés por garantizar los derechos de los menores, ha estructurado leyes

como el Decreto-Ley 088 de 1976, artículo 4º, donde se muestra la importancia de que los

niños asistan a la educación formal, estableciendo el nivel de preescolar como el primero de

la educación formal, en el cual se facilita a los menores el paso de la vida familiar y

comunitaria a la vida escolar, reconociendo la influencia de los diversos ambientes de

socialización en el desarrollo individual (Ministerio de Educación Nacional, 2009). Por lo

anterior, el Ministerio de Educación Nacional facilitó la formulación y aplicación de un

plan de estudios (decreto 1002 / 84) en la concepción de atención integral a la niñez, con

participación de la familia y la comunidad como factores preponderantes para su desarrollo

como se expuso con anterioridad.

Teniendo en cuenta la elevada demanda, de padres e instituciones educativas por una

asesoría o intervención sobre los problemas de comportamiento en los niños, ya que poseen

una incidencia directa en las labores académicas y en las interacciones con el contexto

familiar, los programas que se han fomentado a nivel estatal y las leyes que los soportan

son insuficientes o su estructuración no ha sido la más adecuada. Por tanto, el presente

trabajo se desarrolló teniendo en cuenta la notable presencia de los problemas de

(16)

educativas, familiares y comunidad en general, asumiéndose este proyecto como un aporte

de responsabilidad social de la Pontificia Universidad Javeriana a la comunidad, apoyando

la solución o prevención de problemáticas presentes y futuras, participando en las líneas de

investigación de Familia y Sociedad presentes en la Facultad de Psicología, que platean el

ejercicio de la ciencia en beneficio de las estructuras familiares y sociales. Por eso, se

procuró hacer una contribución al logro de dicho objetivo, integrando la familia y los

docentes de la institución educativa “Colegio Asociervas” para favorecer y fortalecer el

desarrollo de conductas prosociales en los niños y niñas, ajustadas tanto en el ambiente

escolar y familiar.

Lo anterior llevó a un trabajo continuo y riguroso de evaluación, análisis de datos y

diseño de estrategias de intervención, soportadas y validadas en la investigación para

fortalecer el compromiso del terapeuta y su responsabilidad social, guiados por los

principios éticos propios de la disciplina y de la profesión. En este sentido, la Maestría en

Profundización en Psicología Clínica de la Pontificia Universidad Javeriana, se ha

comprometido con la formación de profesionales que respondan con sus acciones a las

necesidades y bienestar de la población, (Restrepo, 2003). En este sentido, el presente

estudio busca comprometerse con la proyección social del quehacer académico, desde la

docencia y la investigación, como una forma de dar respuesta a las problemáticas que son

(17)

Problemas de Conducta

El actual estudio hace referencia a problemas de comportamientos presentes en los

niños del Colegio Asociervas, los cuales han sido reportados por los docentes, la psicóloga

de la institución y los padres de familia de los menores; así como por los datos arrojados

por la Organización Mundial de la Salud (2001) que indica una prevalencia del 12% al 20%

de problemas de conducta en la infancia, tomando como referente los criterios diagnósticos

del Manual Diagnostico y Estadístico de los Trastornos mentales [DSM-IV R] (2001), al

igual que los datos arrojados por el Estudio psicométrico del Screening de Problemas de

Conducta Infantil SPCI desarrollado por Maganto y Garaigordobil (2010) que señaló que el

39,92% de los problemas de comportamiento en los niños eran de tipo internalizado

(retraimiento, depresión, problemas de pensamiento, infantil-dependiente, ansiedad,

somatización) y el 13,57% eran externalizados (agresión, a la actuación o descarga

impulsiva e incapacidad de centrarse en el rendimiento académico). El estudio Clima

escolar y comportamientos psicosociales en niños de la Universidad de Antioquia,

desarrollado por Castro y Gaviria (2005) concluyó que los problemas de conducta

prevalentes fueron de un 7,6% para agresividad directa, 8,9% para agresividad indirecta,

7,9% para hiperactividad/déficit de atención y 10,8% para depresión/ansiedad. El 70,5% de

los escolares manifestaron ser mediana o altamente prosociales. Además, se encontró la

presencia de al menos uno los criterios diagnósticos del DSM – VI en el 23,9% de los

escolares. Bordin, Duarte, Peres, Nascimento, Curto y Paula (2009), en la revisión que

sobre los estudios epidemiológicos latinoamericanos, identificaron que los problemas de

comportamientos relacionados con la salud mental tenían en común una prevalencia del

15% al 21%, que variaba dependiendo de quien reportaba la información, en un 8.3% por

(18)

sobre problemas de conducta en la infancia y adolescencia son escasos o no se encuentran

publicados. Lo que indica, que las problemáticas de conducta más frecuentes en la

población infantil están relacionadas con los comportamientos agresivos, el desempeño

escolar y aislamiento social en el contexto escolar, en la casa o en la calle.

Los problemas de comportamiento son conductas que afectan el desarrollo académico

y social aceptable de los individuos, de acuerdo a las normas que regulan las actividades en

la casa, escuela y en la sociedad en general (Blechman, 1990; Gessel & Amatruda, 1972;

Guajardo, Snyder & Petersen, 2009; OMS, 2001). Algunos autores plantean que los

problemas de comportamiento pueden ser de dos tipos internalizados y externalizados. Los

internalizados hacen referencia a problemáticas como la depresión, la ansiedad,

somatización, y los externalizados están asociados a la agresividad, delincuencia,

rompimiento de reglas y problemas de atención (Eisenberg, Chang, Zhou, West, & Aiken,

2007; Gill, Hyde, Shaw. Dishion & Wilson, 2008; Guajardo, Snyder & Petersen, 2009;

Mullineaux, Deater-Deckard, Petrill, & Thompson, 2009; Xu, Farver, & Zhang, 2009).

Ross (1980) afirma que el comportamiento, cualquiera que sea, es función de la

interacción recíproca de cuatro factores: (a) la construcción genética, que se refiere las

características genéticas que influyen en el género, el físico, la raza, enfermedades y todas

aquellas características que pueden ser heredadas, (b) la historia de interacciones, que se

relaciona con el aprendizaje histórico de los individuos que afecta sus interacciones en el

momento actual, (c) las actuales condiciones fisiológicas, que son aquellas condiciones

(19)

reposo, y (d) las actuales condiciones ambientales, que son todos los estímulos visuales,

auditivos, olfativos y demás propiedades del contexto que afectan el comportamiento.

Novak y Peláez (2004) suman a estos cuatro factores uno al que denominan

dinámicas de conducta, que se relaciona con el cambio del comportamiento de un tiempo a

otro, por las interacciones complejas entre los factores antes mencionados. Dichas

interacciones pueden llevar a cambios o resultados complejos del comportamiento, ya que

el cambio en alguna de las condiciones conduciría a la producción de resultados en el

desarrollo o surgimiento de nuevos comportamientos. Ellos afirman, que el desarrollo de

comportamientos no depende del resultado de la sumatoria de los factores, sino de su

interacción.

Cuvo (2007) concordó con lo antes mencionado al afirmar que los comportamientos

individuales son el resultado de determinantes contextuales en los cuales emergen patrones

reorganizados de conductas que dependen de las interacciones experienciales de los

individuos con el ambiente, en las cuales múltiples fuentes ambientales, organísmicas y sus

interacciones son las que dan origen a los diferentes patrones de conducta de un individuo,

desde que nace hasta que muere. Teniendo en cuenta las funciones que pueden tener las

conductas, Cuvo (2007) indicó que la equifinalidad se da en presencia de varios patrones de

conducta, que cumplen la misma función (Novak & Peláez, 2004), y que la multifinalidad

se entiende como un patrón de conducta que posee diversas funciones (Holmbeck,

(20)

Lo anterior indica que el desarrollo de los comportamientos no se debe solo a

aspectos biológicos, ya que somos el resultado progresivo de las interacciones entre nuestro

comportamiento y los eventos de nuestro ambiente. Es decir, que los patrones de nuevos

comportamientos son multideterminados en su función. Los patrones de conducta, entonces

se forman aún sin tener topografías o formas consistentes o parecidas, ya que la función que

poseen es la que los unifica, es decir que aunque el llanto, el hablar y los golpes son

topográficamente diferentes hacen parte del mismo patrón, si su función es evitar el

desarrollo de una tarea (Novak & Peláez, 2004).

El comportamiento, en conclusión se desarrolla respecto a las características del

ambiente, ya que el curso del desarrollo de conductas dependerá de los cambios en el curso

de las transacciones ambientales y el curso de las características genotípicas. Por tanto, el

rol del ambiente es evocar y reforzar ciertos comportamientos que han sido adquiridos por

las personas. Los comportamientos mientras no cumplan una función, no son reforzados y

desaparecerán, por lo tanto no existe un comportamiento disfuncional; por el contrario,

aquellos comportamientos que funcionan son fortalecidos o moldeados (Novak & Peláez,

2004).

Lo que se asocia a las teorías del desarrollo, que sugieren cambios en las dinámicas

de conducta y ambiente que se dan de acuerdo a las etapas de desarrollo de los individuos,

en los cuales se observan las dinámicas de los cuatro factores que inciden en el surgimiento

y mantenimiento de las conductas. Llevando a que algunos comportamientos emerjan para

cumplir la función que un precursor tenía de una etapa a otra, un ejemplo de esto se

(21)

habla, habiendo una transferencia del aprendizaje, es decir de la función (Novak & Peláez,

2004). Por tanto, el aprendizaje es necesario para el desarrollo y mantenimiento de patrones

de conducta en los niños a lo largo de su vida.

El aprendizaje y la selección natural son procesos paralelos. Hull, Langman y Glenn

(2001) manifiestan que la selección como proceso general puede ser aplicada al

aprendizaje, teniendo en cuenta que este se encuentra presente en el desarrollo ontogénico

que envuelve a las contingencias y que representan un aprendizaje funcional. Ellos afirman,

que la selección de conductas según su función se da en presencia de tres procesos: (a) la

variación, que hace referencia a la diversidad de topografías de conducta que se pueden

presentar, (b) la selección, es la elección de las conductas más funcionales entre las

diferentes opciones existentes, depende de la variabilidad de la conducta como una forma

de selección natural en la cual es necesario que algunas de sus condiciones o características

cambien para que se genere la transformación de la conducta, y (c) las clases de respuestas

que fueron definidas por Skinner (1935/1972) como la unificación de diversas instancias o

unidades de conducta que son mantenidas y tienen la misma relación funcional entre ellas,

es decir que la clase de respuesta es la unidad funcional del comportamiento.

Para que los patrones de conducta se presenten o sean mantenidos, es necesaria la

unificación de los factores que producen coherencia en la función. En los niños, se podría

decir que la unificación de los factores para la evocación de conductas, se presenta

alrededor de las contingencias de reforzamiento mediadas por los ambientes próximos en

que se desenvuelven los niños (Novak & Peláez, 2004). Para lograr la detección y

(22)

indican que estos deben ser determinados de forma idiográfica, es decir por cada

participante, ya que ellos presentan una topografía diferente y una función específica como

clase de comportamiento. Estas instancias podrían estar enmarcadas en diversos problema

de conducta, como lo son la conducta agresiva, dificultades en la realización de tareas o

seguimiento de instrucciones, así como problemas de conducta relacionados con la

inhibición social en las relaciones con pares, entre otras (p. ej. Borrero, C. & Borrero, J.,

2008; Ingvarsson, Woo & Hausman, 2008; Kodak, Northup & Kelley, 2007; McComas,

Thompson & Johnson, 2003 y Rasmussen & O’Neill, 2006). Haciendo uso del análisis

funcional como una técnica útil para la identificación de los problemas de comportamiento,

sus precursores y consecuentes, son identificadas las modificaciones a efectuar en los

antecedentes y consecuentes de los comportamientos de interés y las diferentes formas de

disciplina a utilizar en relación a los comportamientos problemáticos, enfocando la

intervención hacia la disminución o aumento de las conductas. De ahí, que el análisis

conductual se preocupe por la implementación de cambios en los comportamientos de los

individuos, enfocándose en el conocimiento de sus funciones (Novak y Peláez, 2004).

Teniendo en cuenta el concepto de clase de conducta, definido por Skinner

(1935/1972), en este estudio se plantea como clase o patrón de conducta a los “problemas

de comportamientos” identificados en los menores, en los cuales se observan diferentes

topografías de conductas relacionadas con el comportamiento agresivo, problemas

académicos y de aislamiento de los pares, reportados con mayor frecuencia por los

docentes, la psicóloga y los padres de familia pertenecientes a la institución educativa en la

que se desarrolló la investigación, como una forma permanente de los niños para obtener,

(23)

contexto escolar, los educadores hacen alusión a que los problemas de comportamiento

externalizados como la agresividad y la conducta disocial o destructiva, así como los

problemas de conducta internalizados, como el aislamiento social o la depresión

incrementan en los estudiantes en la medida en que aumentan las limitaciones en el soporte

familiar, los problemas de conducta y/o de aprendizaje. Lo que demuestra la importancia de

integrar a las escuelas, familias y comunidades, en las intervenciones de problemas de

comportamiento.

Por lo tanto, se hace necesario iniciar con una revisión teórica y empírica de los

problemas de comportamientos asumidos como relevantes por las organizaciones públicas

o gubernamentales, tanto a nivel local como global. Así como por los reportes de los

docentes, los padres de familia y la psicóloga de la institución educativa donde se ejecutó el

estudio. Se iniciará por analizar el comportamiento agresivo.

La conducta agresiva, ha sido clasificada como un problema que se puede presentar

en diversos contextos como la casa y la escuela. Es definida por Rey, (2010), Renfrew,

(1997) y Xu, Farver y Zhang (2009) como aquella que causa algún tipo de daño físico,

emocional o psicológico a otra persona o así misma. Ellos clasifican la conducta agresiva

como reactiva y proactiva, dependiendo de la función que cumplen. La agresión reactiva, es

aquella producto de la frustración o ira y la dificultad en la solución de problemas ante un

estímulo que se considera aversivo, ésta cumple la función de escapar de la presencia de

dicha situación. La agresión proactiva o premeditada es aquella que se da con el fin de

obtener un objetivo, es motivada por la anticipación de la recompensa y la efectividad en el

(24)

problemática está compuesta por multiplicidad de instancias como morder, dar patadas,

auto injurias, empujar, dar puños, gritar, patalear, escupir, dañar o romper el trabajo de

otros, tirar y romper objetos, arrebatar objetos, decir palabras obscenas, molestar o

zarandear a otros, desafiar, insultar, amenazar, perder el control, golpearse a sí mismo,

contestar con enfado, discutir por todo, entre otras (Borrero, C. & Borrero, J., 2008; y

Rasmussen & O’Neill, 2006).

Según Dorado y Ballabriga (2001), Renfrew (1997), Rey (2010), Velazquez, Pedroza,

Morales, Chaparro y Barragán (2002) los factores de riesgo asociados a la conducta

agresiva están relacionados con (a) características particulares del niño como son la

biología y el temperamento, (b) características de los padres como ser jóvenes, ser

desempleados, padres únicos, tener algún tipo de trastorno psiquiátrico, (c) relación padre –

hijo, en la que se especifica el estilo parental y (d) factores contextuales, como el medio

social en que vive. Lo cual esta en relación a lo manifestado por Ross (1980) y Novak y

Peláez (2010) sobre los diferentes factores que influyen en la presentación y mantenimiento

de los comportamientos en general.

Entre las condiciones biológicas, son enunciados el síndrome XYY, el ser de sexo

masculino, los altos niveles hormonales en testosterona, altos niveles de prolactina

acompañados de bajos niveles de progesterona. Dentro de los factores neurológicos, se

encuentran los bajos niveles de adrenalina y cortisol, mal funcionamiento de estructuras

corticales y subcorticales como la amígdala, el hipotálamo, el hipocampo, el lóbulo frontal

y temporal. Daños cerebrales asociados al sistema límbico o lóbulo frontal a causa de un

(25)

asociados a la conducta agresiva. Los neurotransmisores relacionados con este tipo de

conducta fueron la monoamino oxidasa (MAO) plaquetaria disminuida, niveles bajos de

serotonina, niveles aumentados de dopamina y la noradrenalina y altos niveles de

acetilcolina (Dorado & Ballabriga, 2001; Renfrew, 1997; Rey, 2010). Estos factores

biológicos, a excepción del síndrome XYY y el sexo, son tratados por medio de

medicamentos o cirugías que permiten la nivelación de la estimulación neuronal u

hormonal asociada a la conducta agresiva tales como los estimulantes mayores (ansiolíticos

o neurolepticos como el clopromazine), estimulantes menores (benzodiazepinas como el

diazepan y clordiazepoxide), psicoestimulantes (anfetaminas, ritalin, pemoline) y el Litio

(Renfrew, 1997).

El temperamento, es otra de las características particulares del niño relacionado con la

conducta agresiva. Dorado y Ballabriga (2001); Rey (2010); y Velazquez et al. (2002)

manifiestan que hay cuatro tipos de temperamento el activo, variable, tímido y nervioso. De

estos el activo o difícil se correlaciona positivamente con la conducta agresiva. Así como

las variables de dificultad y resistencia al control son predictores de esta en edad preescolar

y a los 8 años.

Velazquez et al. (2002) en un estudio longitudinal con 345 niños y niñas por medio

del Cuestionario de Agresividad Infantil y sistemas de observación directa evaluaron

categorías conductuales en las díadas padre-hijo, maestro-niño y niño-compañero, en las

que identificaron que los factores de riesgo que se correlacionan positivamente con la

conducta agresiva son el ser irritables, tener poco autocontrol, problemas de atención, ser

(26)

Justicia (2006) a problemas de comportamiento internalizados y externalizados asociados a

psicopatologías como trastornos de ansiedad, depresión, dificultades para el control de la

ira y la frustración.

Betancourt y Andrade (2008) en su estudio con 509 niños de escuela primaria

evaluaron por medio de una escala autoadministrable de seis dimensiones, la influencia del

temperamento sobre los problemas de comportamiento externalizados e internalizados en

los niños. Ellos encontraron que los niños con problemas externalizados como la

agresividad reportaron reaccionar negativamente ante situaciones estresantes, tener

dificultad para mantener la atención, terminar sus tareas y experimentaban frecuentemente

emociones negativas como el enojo, la venganza y la frustración.

Xu, et al. (2009) investigaron en 401 menores (198 niños y 203 niñas) los efectos de

variables del temperamento como la búsqueda de sensaciones, la ira/frustración y esfuerzo

por el control sobre la agresión proactiva y reactiva de niños en la escuela y en el hogar,

haciendo uso de cuatro subescalas de la versión China del Rothbart’s Child Behavior

Questionnaire (CBQ) – Short Form aplicada a padres y maestros; hallando una correlación

entre la variable temperamental de búsqueda de sensaciones y la agresividad proactiva, y

entre la ira y frustración y la agresión reactiva, sin diferencias significativas entre géneros.

Zhou, Wang, Deng, Eisenberg, Wolchik y Tein (2008), en su estudio longitudinal que

duró 3.8 años, evaluaron en 425 niños entre 6 y 9 años la posible relación entre las

variables de ira y frustración con los problemas externalizados utilizando 2 subescalas del

(27)

al.,2001) para las variables temperamentales y el Child Behavior Checklist(CBC; Lochman

& Conduct Problems Prevention Research Cluster, 1995), el Child Behavioral Checklist

(CBCL; Achenbach, 2001), el Teacher Report Form (TRF; Achenbach, 2001), el Behavior

Problem Index (BPI; Peterson & Zill, 1986) diligenciados por pares, padres y maestros para

la identificación de los problemas de conducta internalizados y externalizados. Ellos

expresaron, que el resultado más importante de su investigación fue la relación entre la ira y

la frustración con los problemas de comportamiento externalizados y cómo estas conductas

han sido generalizadas al diario vivir de la población.

Beernink, Swinkels y Buitelaar (2007) en su estudio con 12.297 niños entre 14 y 19

meses, examinaron la ocurrencia de problemas de comportamiento en infantes,

evidenciando cómo el factor temperamental incidía en la presencia de la conducta agresiva.

Esto lo realizaron por medio de un cuestionario de 55 ítemes, que evaluó comportamientos

de externalización y comunicación social en los niños. Concluyendo, que los niños desde

los 14 meses presentaban conductas agresivas, hiperactivas, de desobediencia y problemas

de separación. Los comportamientos oposicionales se relacionaban con factores

atencionales, disregulación e inhibición en un porcentaje de 37%. También fueron

relacionados a factores de desarrollo del lenguaje, de comportamiento exploratorio y de

intentos de comunicación en un 52%. Es decir, que según los padres de familia la conducta

agresiva se relaciona con el temperamento y factores de desarrollo. Los cual es confirmado

por Cuvo (2007), quien indica cómo el desarrollo de la comunicación y las habilidades

sociales, es el factor relevante que limita el aprendizaje de comportamientos prosociales,

(28)

cuantitativas y cualitativas en la presentación de nuevos repertorios de conducta

prosociales.

Recordemos que Ross (1980) presentó como uno de los factores de los que depende

el comportamiento la historia de interacciones de los sujetos, en las cuales se contemplan la

relación de los niños con sus padres. Es decir, que la relación entre padres e hijos hace

probable la aparición de problemas de comportamiento en los menores (Flouri, 2008; Xu et

al., 2009 y Zhou et al., 2008). Lo que fue verificado por Novak y Peláez (2004), quienes al

analizar varios estudios de diadas madre – hijo encontraron que las presuntas contingencias

de reforzamiento por parte de la madre eran las que mantenían los comportamientos objeto

de estudio en cada infante, bajo ciertas condiciones del contexto.

Siendo entonces la crianza un factor que influye en la aparición y mantenimiento de

la conducta agresiva. Climent (2009), Comellas (2003), Musitu, Román y Gutiérrez (1996),

Musitu, Estévez, Jiménez y Herrero (2007), Vallejo y López (2004) y Vielma Rangel

(2002) categorizaron los estilos parentales en autoritario, permisivo, democrático y

negligente. El estilo autoritario se caracteriza por el control excesivo, impositivo y

obediente, y la restricción de la autonomía del hijo, se muestran poco receptivos y

afectivos. El estilo permisivo se caracteriza por la ausencia de control de los hijos, los

padres son poco exigentes, establecen pocas reglas, no son exigentes, son afectuosos,

receptivos, inclinados a satisfacer las necesidades y demandas de sus hijos, es decir se da la

concesión total de la autonomía. El estilo democrático se caracteriza por el manejo de la

conducta de los hijos a través de la reflexión, el diálogo y la autonomía supervisada. Los

(29)

receptivos al atender a las necesidades de sus hijos, promueven la individualidad e

independencia, la comunicación familiar y ajustan sus demandas dependiendo el desarrollo

evolutivo de sus hijos. El estilo negligente se caracteriza por la concesión total de la

autonomía, desconociendo la posibilidad de cualquier daño. Estos padres dan poca atención

a las necesidades de sus hijos, no proporcionan muestras de afecto, no son exigentes, no

estipulan regalas claras, no son receptivos, pasan poco tiempo con sus hijos y no se ocupan

de ellos y controlan la conducta de sus hijos dependiendo si estado de ánimo.

Hay evidencia de que los estilos parentales influyen sobre el comportamiento de los

menores, respecto a la conducta agresiva y los estilos de crianza. Guajardo, Snyder y

Petersen (2009) investigaron la crianza en relación a los comportamientos internalizados y

externalizados de los menores. Así como el estrés parental, el comportamiento relajado o

exagerado (hostil) de los padres y el comportamiento internalizado y externalizado de los

niños en 83 padres con sus respectivos hijos entre 3 y 5 años por medio de la observación u

autorreportes. Ellos encontraron, que la crianza relajada o flexible estaba asociada a los

comportamientos de internalización y externalización de los niños. Los comportamientos

de internalización y la desobediencia se relacionaron con la de crianza exagerada. En

cuanto al estrés parental fue asociado a la crianza flexible y a las conductas internalizadas

como externalizadas de los niños. Indicando de esta forma, que el estilo parental flexible o

exagerado pueden ser factores predisponentes de la conducta agresiva. Wang et al. (2008) y

Xu, Farver y Zhang (2009) en sus estudios confirma lo anterior, ya que encontraron una

(30)

Bordin, Duarte, Peres, Nascimento, Curto y Paula (2009), estudiaron la relación entre

los problemas de salud en la infancia y el castigo físico severo, en combinación con otros

factores como la edad, el sexo, presenciar violencia marital en los niños; el nivel de

educación, el desempleo, la ansiedad o depresión y la violencia marital en la madre; la

ausencia y embriaguez del padre; y el nivel socio económico de la familia. Esto en una

muestra de 480 menores entre 6 y 17 años y sus madres. Se observó, que el castigo severo

por sí solo incrementaba el riesgo de la presentación de problemas externalizados. El tener

una madre ansiosa o depresiva, también son factores poderosos para la presentación de la

conducta agresiva al percibir una actitud de rechazo de las madres. Estos factores se

identificaron como suficientes, por separado, para afectar la relación entre padres e hijos.

Adicionalmente, la conducta agresiva se relacionó con el uso de métodos de disciplina

inconsistente, relajados, poco afectivos (Dorado & Ballabriga, 2001; Joussemet, Vitaro,

Barker, Côté, Nagin, Zoccolillo & Tremblay, 2008; Renfrew, 1997; Rey, 2010; Velazquez,

et al., 2002).

Mullineaux, Deater-Deckard, Petrill y Thompson (2009) en su estudio longitudinal

con 77 gemelos monocigóticos con un promedio de 6 años, evaluaron la influencia de la

maternidad positiva y negativa en ambientes no compartidos por medio de la observación

directa, el reporte materno y de terceros; encontrando, que el ser criado por una madre más

negativa que afectuosa influía en la presentación de problemas de conducta externalizados,

como dificultad en la adaptación, agresividad y desobediencia en los niños.

Paulussen, Stams, Hermanns, Peetsma, Godfried y Wittenboer (2008) en su estudio

(31)

negativa y los problemas de comportamiento internalizados y externalizados, así como con

el estilo parental autoritario y democrático. Para esto, utilizaron el Children’s Behavior

Questionnaire (M. K. Rothbart, S. A. Ahadi, K. L. Hershey, & P. Fisher, 2001) para evaluar

la percepción materna sobre el temperamento de su hijo y para identificar los problemas de

conducta el Child Behavior Checklist (T. M. Achenbach, 1992). Los resultados mostraron

que la emocionalidad negativa de las madres estaba relacionada con ambos tipos de

problemas y estos estaban parcialmente mediados por el estilo parental autoritario, en

especial los comportamientos internalizados.

Un estudio particular fue el desarrollado por Mestre, Tur, Samper, Nácher y Cortés

(2007) en el cual identificaron los estilos de crianza y variables de personalidad, que junto a

la autorregulación emocional explicaban el comportamiento prosocial en la adolescencia,

partiendo de dos estudios (con N=728 y N=531 respectivamente), en los cuales emplearon

instrumentos como el Child's Report of Parent Behavior Inventory (CRPBI) (Schaefer,

1965; Samper, Cortés, Mestre, Nácher & Tur, 2006), el Índice de empatía para niños y

adolescentes (IECA, Bryant, 1982; Mestre, Pérez-Delgado, Frías, & Samper, 1999), el Big

Five Questionnaire (BFQ) (Caprara, Barbanelli, Borgogni & Perugini, 1993; 1994;

Carrasco, Holgado & del Barrio, 2005) entre otros. Los hallazgos indicaron que las madres

tienden a tratar con mayor afecto, igualdad y apoyo emocional a sus hijos; por el contrario,

los padres resultaban ser más estrictos, intrusivos, directivos, irritables y aplicadores

constantes de castigo. Los estilos de crianza referenciados para las madres, se

caracterizaron por la evaluación positiva, el compartir, la expresión de afecto, el apoyo

emocional y la pretensión de autonomía del hijo, que son predictores de la conducta

(32)

las conductas prosociales de los hijos. Otros de los factores predictores de la conducta

prosocial, fueron el autocontrol de la ira como característica del adolescente y el tener

amistades satisfactorias, francas y agradables.

En relación a las conductas prosociales en los menores, Velazquez et al. (2002)

manifestaron que las relaciones de apoyo padre e hijo en las que se involucren métodos

positivos de disciplina (congruencia en la disciplina), monitoreo y supervisión (apego a sus

hijos), son factores protectores para generar conductas alternas a la agresión.

Por lo tanto, se hace necesario explorar las características de los padres, estas son de

gran interés teniendo en cuenta que los padres son el contexto de sus hijos y de ellos

aprenden la funcionalidad de cualquier comportamiento. Velazquez et al. (2002)

manifestaron que las características de los padres que influyen en la presencia y

mantenimiento de la conducta agresiva en los niños, son la percepción de los padres sobre

el comportamiento de sus hijos, su inmadurez, inexperiencia, impulsividad, depresión,

hostilidad, el rechazo, temperamento negativo, la incompetencia y el sentirse agobiado

como padre.

Buelga y Lila, (1999), Dorado y Ballabriga (2001), Farringtong (2005), Musitu,

Estévez, Jiménez y Herrero (2007), Rey (2010) y Timmerman y Emmelkamp (2005)

comentan que las variables del contexto familiar asociadas a la aparición y mantenimiento

de la conducta agresiva en los menores, son el tener un alto número de hijos, ser madre

joven, ser padre o madre único, pertenecer a familias reconstruidas, una disciplina paterna

(33)

crianza deficiente, autoritaria o negligente, tener una relación padre – hijo ausente de

expresiones afectivas, pobre cohesión familiar, problemas de comunicación, problemas de

pareja, peleas, maltrato, confusión de valores en la familia, desorganización familiar y

distanciamiento, cambio de residencia, muerte de un miembro, bajos ingresos, empleo

inestable, antecedentes delictivos o de trastornos psicológicos en uno o varios miembros de

la familia.

Ramírez (1987) relacionó la influencia de crecer en un hogar desintegrado con los

trastornos de conducta tales como la conducta hipercinética, retraimiento, angustia

excesiva, huída, agresividad, depresión, problemas de adaptación y fobias, en 121 niños de

ambos sexos entre los 4 y los 14 años. La conducta agresiva se presentó en un 59% de los

menores que pertenecía a hogares integrados y en un 85% en niños pertenecientes a hogares

desintegrados; las fobias se presentaron en un 7% en familias integradas y un 24% a

familias desintegradas. Indicando que la desintegración familiar es un factor de

vulnerabilidad para el desarrollo patrones de comportamiento agresivo y de miedos.

La violencia domestica es uno de los factores que posibilita la aparición de la

conducta agresiva y otros problemas de conducta externalizados como son las dificultades

en la adaptación (Farrington, 2005; Lahey, Waldmarn & McBuernett, 1999). En el estudio

desarrollado por Fainsilber, Hessler y Annest (2007), en que se relacionó la conducta

agresiva y la violencia doméstica, en 130 niños entre 4 y 5 años (65 grupo criterio y 65

grupo control), en el que fueron empleados la versión telefónica del Eyberg Child Behavior

Inventory (ECBI; Robinson, Eyberg, & Ross, 1980), el Child Behavior Checklist

(34)

Sandman, Deutsch, & Baren, 1983), entre otros para identificar los problemas de conducta

y para la violencia doméstica la Conflict Tactics Scale (CTS; Straus, 1979). Ellos

evidenciaron que aquellos niños que habían sido expuestos a la violencia doméstica,

presentaban alteraciones en el proceso normal del desarrollo de sus emociones, siendo

menos frecuente la regulación de sus emociones negativas. Los menores evidenciaron

presentar dificultad en la distinción y descripción de sus emociones..

Patterson y Bank (1989) afirmaron, que uno de los factores predisponentes de la

presencia de interacciones coercitivas con los hijos y problemas de conducta en los

menores eran los rasgos antisociales en la madre, dada la falta de habilidades sociales, la

escasa o nula motivación y monitoreo en la educación de los niños. Padres con rasgos

antisociales, suelen practicar el estilo autoritario que predispone a la conducta agresiva de

los hijos. La depresión mayor y abuso de sustancias son otros de los trastornos parentales

asociados con la conducta agresiva en los niños (Biederman, Munir y Knee, 1987).

Flanders, Leo, Paquette, Pihl y Séguin (2009) manifiestaron que el juego brusco y

desordenado es una de las formas comunes de juego entre padres e hijos varones. El estudio

lo realizaron con 85 niños entre los 2 y 6 años y sus padres. En los hallazgos encontraron

una alta correlación entre el juego brusco y desordenado entre padres e hijos en la

condición en la que el padre era poco dominante en juego y los altos niveles de agresión

física en los niños. Es decir que la agresión física dependió del grado en que el padre

permitiera que su hijo fuera el compañero dominante en el juego. Este estudio afirma que el

papel pasivo en el juego por parte de los padres predice la conducta agresiva del menor

(35)

Luego de evaluar algunos estudios sobre las interacciones padres e hijos y las

características de los padres, Blechman (1990), concluyó que los problemas de

comportamiento en los menores son mantenidos o fortalecidos de forma directa o indirecta

por los comportamientos modelados o por las contingencias dadas por los adultos que están

a su alrededor, en los ambientes en los que se desenvuelve el menor. Es decir que los

padres instruyen, modelan y moldean los comportamientos agresivos de sus hijos, haciendo

necesario que los padres reconozcan los procesos de aprendizaje relacionados con al

adquisición y mantenimiento de los comportamientos agresivos de sus hijos pala luego

intervenir en las variables implicadas. Renfrew (1997) manifestó que la conducta agresiva

es presentada por la especie al intentar escapar (refuerzo negativo) de estímulos aversivos

considerados como desagradables o dolorosos. Pero además puede presentarse al

experimentar que la agresión puede ser seguida de algo deseable (refuerzo positivo).

Los anteriores estudios, demuestran la importancia de intervenir en la relación padres

e hijos; como lo afirma Valiente et al. (2004), desde una relación empática cargada de una

expresividad positiva sin expresiones de ira y hostilidad ante las conductas propositivas de

los menores. De esta forma los padres que expresan emociones positivas ayudan a sus hijos

a experimentar y comprender las emociones generando relaciones positivas entre

padres-hijos, mejorando el comportamiento propio y de los hijos (Bandura, Caprara, Barbaranelli,

Gerbino & Pastorelli, 2003; Mestre, Samper, Tur, Cortés & Nácher, 2006; Mestre, Samper,

Nácher, Tur & Cortés, 2006; Mestre, Tur, Samper, Nácher & Cortés, 2007). Teniendo en

cuenta los factores protectores que previenen la aparición o complicación de la conducta

(36)

democráticos, que promuevan la disciplina y autonomía enmarcadas en relaciones parento

filiales afectuosas.

Otro de los factores analizados como predisponente de la conducta agresiva son los

factores contextuales, haciendo énfasis en el ambiente social en que se encuentran inmersos

los menores. Según Dorado y Ballabriga (2001), Fernández (1998) y Rey (2010) variables

como el vivir en un contexto social o cultural deprimidos, con desorganización vecinal, la

baja supervisión policial, la falta de instalaciones lúdicas, la existencia de bandas, el tener

amigos agresivos o delincuentes, participar en escuelas con normas inconsistentes con roles

asimétricos docente – alumno, los medios de comunicación, los videojuegos, el machismo,

influyen directamente en la aparición y mantenimiento de la conducta agresiva.

McCabe, Lucchini, Hough, Yeh y Hazen (2005) en su estudio longitudinal en 423

adolescentes, evaluaron la correlación entre la exposición a ambientes hostiles con la

aparición de problemas de conducta agresiva. Observando que la convivencia en lugares

con delincuencia, maltratos físicos y violencia doméstica en la comunidad, se

correlacionaba positivamente con la aparición de conductas agresivas luego de dos años

después de ser expuestos prolongadamente a estas condiciones.

Otro factor contextual que incide en la aparición y mantenimiento de las conductas

agresivas son los pares, quienes sirven de modelos y son fuente de reforzamiento

permanentes de conductas. Buttons et al. (2007), Harrington y Maskey (2008) y Renk

(2008) concuerdaron en formular las relaciones con pares agresivos o nocivos en la

(37)

por el refuerzo inmediato recibido al generar este tipo de conductas. Ortega, Del Rey y

Mora-Merchán (2001) indicaron que La violencia entre iguales está basada en el abuso de

poder, en la destrucción de las reglas morales y en la lesión a los legítimos derechos de la

víctima, haciendo uso de la fuerza física, psicológica o social dejando al otro en situación

de indefensión. Recordando la definición de agresividad proactiva de Xu et al (2009)

parearía los que hacen uso de la coerción con pares, lo hacen por la obtención de

reconocimiento, temor o poder en los medios hostiles. Los que responden de forma reactiva

son aquellos sobreviven en este tipo de medios y sienten ira y frustración.

El ambiente escolar, también es un factor contextual que incide en la aparición de

problemas de conductas. Fernández (1998) manifestó que la escuela es el contexto en el

que los niños pasan gran parte del tiempo, por tanto es el segundo contexto con mayor

incidencia en la presentación de problemas de comportamiento violento, ya que es una

fuente de modelos dados por los docentes, directivos y compañeros, de los que se aprende

como defenderse o lograr lo que se necesita. Él dice que las normas inconsistentes o poca

disciplina, la presencia de pares y adultos con conducta agresiva para la solución de

conflictos, un ambiente físico con poco espacio o desorganizado, roles asimétricos entre

docente y estudiante, el uso frecuente de castigo y la variedad cultural en las escuelas

afectan la presentación de conductas agresivas en los menores.

Los medios de comunicación son un mecanismo de exposición indirecta a episodios

violentos, donde se intenta herir o dañar a otra persona o cosa. Por tanto se considera a la

televisión como un medio de aprendizaje por observación e imitación en el cual los niños.

(38)

imágenes violentas integradas en muchos casos al contexto del humor. Se promedia que

cada hora a la que está expuesto un menor a ver televisión observa un promedio de 20

imágenes violentas (Justicia et al, 2007; y Rey, 2010). Algunos de los programas que

podemos ver en las franjas infantiles son Ben 10, Isla Mutante, Billy, Mandy y Puro Hueso,

Naruto, Kid Vs Cat, Dino Rey, Dragon Ball Z y Power Rangers, entre otros, en los cuales

se observa la conducta agresiva como una forma de supervivencia, de obtener afiliación y

aceptación por parte de sus compañeros, como una manera de ejercer el control sobre otros.

Es común ver hoy en los parques o en los espacios de recreación en las escuelas niños

jugando a las luchas, que los llevan en ocasiones a luchas reales si la fuerza es mal

utilizada. Algunas de las consecuencias de la exposición frecuente a programas con

contenido agresivo son el aceptar y ejecutar la agresividad como una conducta apropiada,

insensibilidad a la violencia y sus consecuencias y percepción de la conducta agresiva

como la única forma de sobrevivir (APA, 1993; Centerwall, 1992; Huesmann & Miller,

1994 y Straburger, 1996).

Los videojuegos y juguetes bélicos son otro factor relacionado con el desarrollo de

conductas agresivas, ya que tienden a imitar los juegos de lucha. Se ha observado que la

frecuencia de la conducta agresiva aumenta sólo durante el juego, sin ninguna repercusión

en los demás áreas de ajuste del menor (Dorado & Ballabriga, 2001). Pero, la duración en

juegos bélicos es una variable que exalta los comportamientos violentos de aquellos niños

especialmente varones, caracterizados con dificultades para el control emocional (Anderson

(39)

Sobre los medios de comunicación Sandoval (2006) manifiesta son una variable que

tiene la capacitad de generar patrones de comportamiento asociados a la agresividad por

establecer modelos de este tipo de conducta. Al ser masificado el patrón de conducta

agresivo, este se convierte en parte de la cultura y debe ser regulado por las reglas,

creencias valores y principios de una sociedad. Como patrón cultural la conducta agresiva

como lo afirma Rey (2010) es mantenida por reglas de comportamiento como el machismo,

que instruyen a los hombres sobre como deben comportarse para ser aceptados socialmente

y moralmente. El genero masculino esta cargado de estereotipos que desde la infancia les

exigen ser fuertes, bruscos, agresivos, enérgicos competitivos y dominantes (Berk, 2000).

Ostrov y Keating (2004) en su estudio observacional en 48 niños y niñas, encontraron

diferencias significativas de genero y en el tipo de agresión utilizadas, los niños son

propensos al uso de la agresión física y verbal, mientras que las niñas hacen uso de la

agresión psicológica por medio del chisme y la difamación.

Las anteriores explicaciones de la conducta agresiva, evidencian la propuesta de Ross

(1980), reformulada por Novak y Peláez (2004), en la cual se evidencia que los factores

genéticos, de la historia del individuo, las condiciones contextuales y fisiológicas actuales,

junto a las dinámicas de conducta, llevan a la permanencia de la conducta agresiva por la

función que esta puede llegar a tener en la vida de quienes hacen uso de ella. Como se

anotó al iniciar el texto, los problemas de conducta no solo hacen referencia a la conducta

agresiva, para el caso de la presente investigación los comportamientos que afectan la

realización de tareas, el seguimiento de instrucciones y la interacción con pares, son

Figure

Figura 1. Frecuencia de conductas agresivas, conductas relacionadas con las dificultades en las
Figura 2. Frecuencia de conductas agresivas, conductas relacionadas con las dificultades en el
Figura 3. Frecuencia de conductas agresivas, conductas relacionadas con las dificultades en las
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