• No se han encontrado resultados

Tema central: Ser humano

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2018

Share "Tema central: Ser humano"

Copied!
11
0
0

Texto completo

(1)

FILOSOFÍA BI

IES Rosalía de Castro Curso 2017-2018 Prof. Manuel Lama

Tema central: Ser humano

El problema de la

libertad

(2)

2

Uno de los valores humanos que más se aprecian es el de la «libertad»: libertad física, política, religiosa... y más se nota su auténtico valor cuando, como el preso, se está privado de ella. Pero el problema filosófico de si el hombre es realmente libre, no se plantea sobre este tipo de libertades, cuya posesión o falta son obvias, sino en el seno mismo de la decisión; ¿está nuestra decisión predeterminada por causas que no dependen de nosotros?

El problema de la libertad

INTRODUCCIÓN

Vamos a estudiar uno de los problemas más controvertidos en la historia de la filosofía: el problema de si el ser humano, de si la voluntad humana, es o no es libre.

No se trata aquí el problema de si podemos hacer libremente lo que queremos; también este problema trata sobre la libertad, pero es otro tipo de libertad y, precisamente, el tipo de libertad que más se airea y del que más se habla. Sin negar ni mucho menos su importancia, desde el punto de vista filosófico es tan importante o más la cuestión de la libertad de la voluntad, libertad de querer o libre albedrío, que de todas estas maneras se denomina. Se trata de averiguar si lo que queremos lo queremos libremente, es decir, de si cuando actuamos con un acto voluntario tal acto es libre y hubiera sido posible haber querido realizar un acto distinto.

Parece que, caso de ser libre la voluntad humana, esta libertad sería algo exclusivo del ser humano dentro de los seres del Universo, de ahí la importancia de la cuestión.

Los seres inorgánicos no actúan libremente –el planeta Marte no ha elegido la órbita que pacientemente recorre a diario–; tampoco los vegetales y ni siquiera los animales parecen gozar de tal libertad, actuando encadenados por un conjunto de instintos. Sólo en el ser humano se ha planteado este problema, y se ha planteado desde los inicios del pensamiento filosófico.

Nos vamos a enfrentar con un tema difícil, pero también de alto interés para los seres humanos. Indudablemente la respuesta que se dé a esta cuestión es de gran repercusión y transcendencia.

¿Es libre la voluntad humana? Humano es responder afirmativa o negativamente (aunque ambas respuestas no pueden ser verdaderas); lo que no es humano es no plantearse la pregunta.

1. ACEPCIONES DE LA PALABRA «LIBERTAD»

En todo problema, pero de un modo muy especial en el problema de la libertad, es fundamental delimitar con precisión su contenido. Y ésta es la tarea que nos proponemos tratar en este apartado. Para ello es primordial el fijar el sentido en que puede tomarse el término «libertad», ya que al tratarse de un término que puede ser usado con diversos sentidos –distintos, pero relacionados entre sí– da pie para que el «problema de la libertad», ya de suyo complejo, quede enturbiado y confuso.

(3)

3

En primer lugar con la palabra libertad podemos referirnos –y de hecho es el significado que corrientemente se le da– a la libertad de hacer; esta libertad puede definirse como la ausencia de cualquier coacción o limitación externa a nuestra voluntad que nos impida hacer lo que deseamos hacer; consiste esta libertad en que el sujeto no encuentre ningún obstáculo, ninguna fuerza externa a él que le impida actuar, que le impida realizar aquello que querría realizar: en pocas palabras podríamos decir que la libertad de hacer consiste en poder hacer aquello que queremos; en este sentido se dice que un presidiario no es libre, ya que –se supone– querría salir de la prisión, pero hay una coacción externa, unos obstáculos exteriores a él –las rejas, los guardianes, etc.– que se lo impiden: el presidiario no puede hacer lo que quiere; su deseo de salir o estar fuera de la prisión se ve obstaculizado por impedimentos exteriores a él.

Dentro de esta libertad de hacer podemos distinguir varias modalidades:

Libertad física, que consiste en la capacidad de poderse mover, de poder realizar actos de movimiento. Carece de esta libertad la persona que está, por ejemplo, atada o encadenada; un presidiario también carece de libertad física, ya que, aunque puede realizar algunos movimientos, no puede llevar a cabo todos los que quisiera, como el de salir de la cárcel.

Libertad civil, que consiste en la posibilidad de obrar a voluntad dentro de los límites establecidos por las leyes de un Estado. Dicho de otro modo: es la capacidad de ejercer los llamados derechos civiles, es decir, los derechos reconocidos a los ciudadanos de un Estado por las leyes civiles. Así, por ejemplo, dentro de la libertad civil se incluye la capacidad para contraer matrimonio, para hacer testamento o la capacidad para tener la propiedad privada de bienes muebles o inmuebles. Los esclavos carecían de esta libertad civil en la Antigüedad y actualmente algunas penas llevan consigo la privación de parte de los derechos civiles; el condenado a alguna de estas penas queda, en parte, privado de la libertad civil.

Libertad política, que consiste en la capacidad para participar en el gobierno del Estado. Todas las dictaduras se caracterizan porque en ellas no existe este tipo de libertad. Pero también en las democracias algunos individuos pueden verse privados de ella. Por

Significados del término «LIBERTAD»

LIBERTAD DE HACER (o libertad de

coacción)

Libertad física o de movimiento

Libertad civil

Libertad política

Libertad de pensamiento o

expresión

Libertad religiosa y de culto Libertad de querer o

libertad de la voluntad : LIBRE

(4)

4

ejemplo, en la antigua democracia ateniense, las mujeres, los esclavos y los extranjeros carecían de libertad política; y en los EE.UU, los negros –que hasta mediados del siglo XIX vivieron como esclavos– no vieron reconocidos sus derechos políticos hasta la década de los sesenta del siglo XX; por otra parte, actualmente hay Estados en los que algunas penas llevan consigo la privación de algunos derechos políticos (como, por ejemplo, el de votar), de forma que el condenado a dichas penas queda en parte privado de la libertad política.

Libertad de pensamiento; en sentido estricto, todo hombre goza de libertad de

pensamiento, ya que cada uno podemos pensar lo que nos dé la gana y nada –afortunadamente aún no se ha inventado la máquina de «leer el pensamiento»– ni nadie

puede impedirlo; ahora bien, cuando se habla de libertad de pensamiento se refiere a la

libertad de expresar el pensamiento sin que ello lleve aparejada ninguna restricción o castigo; es ésta una libertad que reiteradamente le ha sido negada a las personas y la historia de las trabas a la libre expresión del pensamiento ha sido y todavía es una larga y triste historia, en la que ahora no podemos detenernos. Modalidades de esta libertad de pensamiento son, entre otras, la libertad de prensa y la libertad de cátedra (la libertad del periodista de informar a sus lectores y la libertad del profesor para explicar a sus alumnos).

Libertad religiosa, consistente en la capacidad de poder elegir aquella religión que cada uno considere verdadera. Íntimamente asociada a la libertad religiosa está la libertad de culto, consistente en poder realizar, sin trabas y sin restricciones, los actos de culto establecidos por la religión elegida.

Todas estas libertades aludidas son de enorme importancia para el pleno desenvolvimiento del ser humano y desde un punto de vista político, pero no son el objeto del tema que estamos estudiando, el cual se refiere a la libertad de querer o libre albedrío.

1.2. LIBERTAD DE QUERER

(5)

5

2. EL DETERMINISMO

Esta teoría filosófica sostiene que la voluntad, al decidir, es sólo aparentemente libre, pero que, en realidad, está necesariamente determinada a decidir en un sentido único; en consecuencia, el hombre actúa tan necesariamente como el planeta en su órbita; del mismo modo que Marte no puede optar por salirse de su órbita elíptica, así el hombre no puede optar realmente por hacer esto o lo otro; lo que decide hacer, lo decide necesariamente, y la llamada «conciencia de libertad» es mera apariencia, derivada de la ignorancia de las causas que obligan a la voluntad a decidir.

Cuando Juan decide ir al cine, no podía haber decidido otra cosa (aunque erróneamente él crea que sí); lo que sucede es que las causas determinantes de su decisión son desconocidas, incluso para el propio Juan. Pero la opción entre ir al cine o al teatro es una falsa opción, ya que necesariamente tenía que decidir ir al cine (del mismo modo que una piedra, dejada libremente, tiene que caer verticalmente y con movimiento uniformemente acelerado a tierra, sin que pueda optar entre caer o subir).

Como hemos visto el determinismo establece que hay unas causas que obligan a la voluntad a decidir en un sentido fijo e ineludible. Según la naturaleza de tales causas surgen las diferentes clases de determinismo que resumimos en el cuadro siguiente.

2.1. DETERMINISMO FÍSICO

Para este determinismo el ser humano es un ser más entre los innumerables seres de la Naturaleza; todos estos seres naturales –inorgánicos u orgánicos– están sujetos a leyes físicas de inexorable cumplimiento, y el ser humano no va a ser la única excepción a ellas; la creencia en la libertad de la voluntad se basa en un falso orgullo humano, en considerarse el ser humano un ser excepcional dentro del Universo: el único ser que escaparía a la inexorabilidad de las leyes físicas. El ser humano está sujeto en sus actos a las mismas leyes físicas que puedan regular la marcha de los astros, si bien estas leyes físicas son más numerosas y complejas en el caso humano; de ahí la dificultad o

CLASES DE DETERMINISMO

Determinismo

físico Laplace

Determinismo biológico

Lombroso, Huxley, Wilson

Determinismo social

Durkheim, Lévi-Bruhl

Determinismo

educacional Skinner

Determinismo psicológico

Schopenhauer, Leibniz

Fatalismo y determinismo

teológico

Basado en el

fatum (destino)

Griegos y romanos

Basado en la

(6)

6

imposibilidad de predecir la conducta humana como se predice la marcha de un planeta o de una estrella; pero esto se debe, no a la libertad de la voluntad humana, sino a la complejidad de las leyes físicas reguladoras de la conducta humana y a la limitación de nuestra inteligencia.

En este sentido, decía Kant en su Crítica de la razón pura al explicar este tipo de determinismo:“Los principios determinantes de cada una de nuestras acciones residen en lo que pertenece al pasado, en lo que ya no está en nuestro poder” y por ello, si pudiéramos conocer todos los factores que intervienen en la decisión de la voluntad y, por tanto, en la conducta de cada individuo, esta conducta se podría predecir “con tanta certeza como la de un eclipse de Luna o de Sol”: la razón de esta predicción está, dice Kant, en la suposición de que todos los fenómenos de la Naturaleza, incluidos los actos humanos, están regidos por el principio de causalidad, según el cual, puestos unos antecedentes, necesariamente se sigue un determinado consecuente y no otro.

El pensador que mejor ha expresado el determinismo físico ha sido Laplace: “Debemos, pues, considerar el estado presente del Universo como el efecto de su estado anterior y como la causa del que seguirá. Una inteligencia que, en un instante dado, conociera todas las fuerzas que animan la Naturaleza y la situación respectiva de los seres que la integran, abrazaría en la misma fórmula los movimientos de los cuerpos más grandes del Universo y los del más ligero átomo; nada sería incierto para ella, y tanto el futuro como el pasado estaría presente a sus ojos.” (Prefacio a la Teoría analítica de las probabilidades.)

El determinismo físico, como acabamos de ver en las palabras de Kant (que lo explica, pero no lo defiende, como luego veremos) y Laplace (que lo explica y lo defiende), se apoya en el siguiente argumento: la universalidad del principio de casualidad excluye cualquier excepción; y el libre albedrío implicaría una excepción a dicho principio, ya que la decisión libre de la voluntad no tendría una causa previa; por tanto, hay que rechazar la existencia del libre albedrío.

2.2. DETERMINISMO BIOLÓGICO

También denominado determinismo fisiológico. Para esta versión del determinismo, la vida psíquica y la conducta del ser humano están rigurosamente determinadas por el estado del organismo en un momento dado. Causas bioquímicas serían la explicación de todo cuanto le acontece a los seres humanos. Según este determinismo el ser humano es un complejo de reacciones bioquímicas, fundamentalmente las producidas en el sistema nervioso y el sistema endocrino. Tales reacciones, que se producen no libre sino necesariamente, dan lugar a un determinado temperamento, el cual, determina la conducta humana. La aparente libre decisión de la voluntad estaría determinada por la constitución somática y por el temperamento, que a su vez son el necesario resultado del código genético de cada individuo (en este sentido, hablar de determinismo biológico sería lo mismo que hablar de determinismo genético). La cadena de causas que hacen necesario al acto humano sería, pues, la que se refleja en el esquema siguiente.

código genético

constitución somática (sistema nervioso y sistema endocrino)

temperamento

(7)

7

Como defensores del determinismo biológico citaremos a Lombroso, a Julián Huxley o, más recientemente, a Eduard Wilson.

2.3. DETERMINISMO SOCIAL

Esta modalidad de determinismo sitúa en el medio social el origen de todas nuestras acciones y decisiones.

Para este determinismo el factor determinante de la conducta humana, el factor que obliga a la voluntad en su decisión, no es lo natural sino lo social, es decir, el medio social en el que vive el ser humano; la característica fundamental de la organización y de la vida social es la coacción, la presión social. El grupo social ejerce una poderosa presión sobre los individuos, imponiéndoles normas de conducta, criterios de valoración, creencias, etc. Esta coacción no se siente cuando el individuo acepta y cumple las normas sociales y, por ello, cae en la ilusión de que es él mismo quien, espontánea y voluntariamente, las establece o elige; la fuerza de la presión social sólo se pone de manifiesto cuando se infringen dichas normas. Es algo análogo a lo que acontece con la corriente de un río, que no es percibida por aquél que nada en el mismo sentido, pero que aparece poderosa al nadar en sentido contrario. El individuo recibe de la sociedad todo su mundo mental y sus hábitos de comportamiento; el individuo, al nacer, es una materia plástica y amorfa que, con el paso del tiempo, va adoptando una determinada forma o configuración que no es más que el resultado de la acción moldeadora del medio social en el que vive. De ahí que, cuando el individuo cree elegir y decidir libremente, en realidad elige y decide determinado por el medio social que le dio forma a su vida y a su pensamiento, que estructuró su forma de pensar y actuar. Sólo así serían explicables las conductas tan diferentes que, ante una misma situación fáctica, tendrían personas de culturas o épocas diferentes. Para este determinismo, el ser humano viene a ser como una marioneta manejada por el entorno social.

Defensores de este determinismo han sido Durkheim y Lévy-Bruhl.

2.4. DETERMINISMO EDUCACIONAL

En realidad este determinismo –también denominado “determinismo conductista”– es una variante del determinismo social debida a Skinner; para Skinner, la libertad no existe; no es más que una palabra para designar nuestra ignorancia de las causas que determinan nuestra conducta; todos los comportamientos humanos están determinados por la educación recibida desde la infancia; una educación que moldea totalmente la conducta de los individuos mediante premios (que refuerzan la repetición de una conducta, por eso Skinner los llama “refuerzos”) y castigos (que hacen que una conducta no se repita).

Skinner quiere mejorar la sociedad mediante la mejora de la educación; y considera que para ello es preciso que desde la infancia –científicamente– se dirija, se condicione, la conducta del ser humano mediante lo que él llama el “refuerzo positivo”, es decir, gratificándole cuando realiza los actos debidos; de esta forma, reforzándole positivamente, conseguiremos que la conducta del hombre sea correcta, sea buena y, junto con el individuo, mejorará la sociedad. Naturalmente que el hombre no obrará bien libremente, sino determinado por los refuerzos positivos –del mismo modo que la rata aprieta una palanca movida por el refuerzo positivo de la caída de la comida. En palabras de Skinner:

(8)

8 2.5. DETERMINISMO PSICOLÓGICO

Según este determinismo la voluntad está siempre determinada por el motivo o conjunto de motivos más fuertes; veamos cómo lo expone su más destacado defensor, Schopenhauer. Compara el filósofo alemán la voluntad a una balanza; la fase de deliberación se asemeja a lo que sucede en una balanza de dos platillos cuando colocamos pesas en ambos: la balanza oscila, “delibera”, pero al final, ineludiblemente, vencerá el platillo que tenga la pesa mayor; y esto sucede en la deliberación, en la que los motivos –las pesas– hacen que la voluntad oscile, pero al final e ineludiblemente la voluntad será obligada por el motivo más fuerte y decidirá en tal sentido. Lo que sucede, seguirá diciendo Schopenhauer, es que nosotros podemos conocer con toda precisión el peso de las pesas que colocamos en los platillos, y por ello podemos predecir con seguridad de qué lado se inclinará la balanza; en la voluntad, la fuerza o peso de los motivos no puede conocerse con precisión en la mayoría de los casos, y por ello la conducta humana es imprevisible; pero esta imprevisión no se debe a que la voluntad sea libre, sino a nuestra ignorancia del peso de los motivos. La prueba de ello, dirá Schopenhauer, es que, cuando los motivos pueden ser sopesados con nitidez, la conducta humana es perfectamente previsible. Parafraseando y actualizando uno de sus ejemplos, diríamos lo siguiente. A un grupo de personas se les ofrece esta alternativa: “Pueden ustedes estar mañana a las nueve en punto en la puerta del Banco de España, donde se le regalará a cada uno 20 millones de euros o bien estar a la misma hora de la mañana en la autovía de Galicia donde se les dará un pico y una pala para que trabajen gratis durante ocho horas”. ¿Qué sucederá?, pregunta Schopenhauer. En este caso el peso de los motivos es tan claro que podemos predecir la conducta de ese grupo de personas con tanta seguridad como se predice un eclipse solar: todas, sin excepción, estarán a las nueve de la mañana en la puerta del Banco de España.

Entre los deterministas psicológicos también suele incluirse a Leibniz, un filósofo anterior a Schopenhauer. En efecto, también Leibniz mantiene que la voluntad sigue siempre al motivo más fuerte, ya que si la voluntad rechazase un motivo (un bien) mayor a cambio de otro menor y en su decisión siguiera a este último, nos encontraríamos ante algo completamente absurdo y carente de razón. Es decir, cuando Juan decide ir al cine en vez de ir al teatro, su voluntad ha elegido ir al cine porque considera que el bien que le supone ir al cine es mayor –y en este sentido actúa como un motivo más fuerte– que el bien que le supone ir al teatro. En conclusión, la voluntad estaría siempre determinada por el motivo o bien más fuerte.

La paradoja del asno de Buridán

(9)

9

2.6. FATALISMO Y/O DETERMINISMO TEOLÓGICO

Según este determinismo la vida humana estaría conducida por una fuerza superior, por un poder de naturaleza divina, al que el ser humano no podría resistirse o sustraerse. Este determinismo ha tenido dos grandes variantes: a) el «fatalismo»; y b) el «determinismo teológico».

a) Para el «fatalismo» existe un destino del que no podemos escapar. Nuestra vida está

dirigida por una fuerza superior a la que no podemos sustraernos: la anánke griega

(la necesidad) o el fatum romano (el destino, equivalente a la anánke griega); tanto

la primera como el segundo serían una fuerza impersonal, superior incluso al poder

de los dioses, ante la cual el individuo estaría indefenso, sin poder variar el curso de los acontecimientos fijados por tal fuerza y quedando la voluntad humana obligada a seguir el imperio de la misma. Esta creencia en un destino al que no podemos oponernos es, en gran parte, la base de la tragedia griega, como puede verse, por ejemplo, en Edipo rey. La creencia en el destino también fue un elemento básico de la filosofía estoica.

b) Para el «determinismo teológico» la vida humana está totalmente determinada por Dios. Si el ser humano fuese libre, argumenta, sería independiente de Dios, quien

por este sólo hecho ya dejaría de ser Dios. Es la tesis de la «predestinación divina».

Para los partidarios de esta forma de determinismo, la determinación de la

voluntad y de la conducta humana no es debida a una fuerza impersonal, sino a

la existencia de Dios. De un Dios cuya omnipotencia y omnisciencia implican la negación de la libertad humana. De un Dios a cuyo poder e inteligencia (una inteligencia que conoce el futuro) no puede escapar ningún acto humano; de ahí que el curso de los acontecimientos esté fijado desde la eternidad por Dios

y que, por ello, no tenga sentido hablar de actos humanos libres. Esta tesis ha

sido defendida por el calvinismo.

3. EL INDETERMINISMO

Es la teoría filosófica defensora de que la voluntad humana al decidir lo hace

libremente, de forma que podría muy bien haber decidido en sentido contrario.

Juan decide ir al cine, pero podría perfectamente haber decidido ir al teatro. La

decisión de ir al cine es real, pero no necesaria. Y de ahí la imprevisibilidad de la

conducta humana, ya que no hay ningún factor que la determine.

3.1. PRINCIPALES ARGUMENTOS INDETERMINISTAS

Los principales argumentos dados por los filósofos indeterministas se exponen a continuación.

Argumento psicológico

Es el argumento que parte de la experiencia personal, de la propia libertad; de la

Omnisciencia divina y negación de la libertad humana

(10)

10

conciencia psicológica de que somos libres.

Todos tenemos un conocimiento inmediato, una intuición, de que somos libres, de que decidimos hacer el acto A pero hubiéramos podido decidir hacer el acto B. La propia conciencia psicológica de cada uno es la mejor prueba de la libertad de la voluntad.

Esta es la postura, por ejemplo, de Descartes, cuando nos dice: “Somos tan conscientes de la libertad que hay en nosotros, que no hay nada que comprendamos tan evidente y perfectamente” (Principios de Filosofía).

Una actitud semejante se encuentra en diversos filósofos denominados «existencialistas». Tal es el caso de Karl Jaspers y de Jean-Paul Sartre, para quien la libertad es la misma esencia del hombre: “El hombre no existe primero y es libre luego, sino que no hay diferencia entre el ser del hombre y su ser libre ... estoy condenado a ser libre. Esto significa que no se podrían encontrar a mi libertad otros límites que ella misma, o, si se prefiere, que nosotros no somos libres de dejar de ser libres» (El ser y la nada).

Argumento moral

Los indeterministas argumentan que además de la conciencia psicológica de nuestra libertad existe una conciencia moral que no tiene sentido sin ella. Según este punto de vista, la existencia de la moralidad presupone la existencia del libre albedrío. En efecto, si no presuponemos que el ser humano es libre, no tiene sentido hablar de deber, ni de responsabilidad, ni de mérito o demérito en lo que hacemos. Si el ser humano realizase sus actos necesariamente, sería absurda la existencia del deber, de normas éticas que ordenasen hacer un acto o no hacer tal otro (como sería absurdo dictar normas al movimiento de un planeta); y tampoco sería ningún ser humano responsable de sus actos, como no lo es el mosquito que nos pica un día de verano; y tampoco el que procura el bien de los demás tendría mérito y el que procura su mal demérito, dado que cada uno hace lo que hace necesariamente, sin poder hacer otra cosa; y no tendría ningún sentido elogiar el comportamiento del primero y censurar el comportamiento del segundo. Este argumento fue defendido Kant.

Argumento sociológico

Este argumento se basa en el hecho de que en todas las sociedades humanas existen de leyes coactivas que tratan de regular el comportamiento de las personas. Según los defensores de este argumento, dichas leyes presuponen la libertad y carecerían de sentido sin ella. ¿Para qué dictar una ley estableciendo que el que cometa un asesinato será castigado, si el ser humano no es libre, si lo que hace lo hace necesariamente? Sería tan absurdo como dictar leyes contra las langostas que destruyen las cosechas.

Argumento metafísico

(11)

11 3.2. PLANTEAMIENTO ACTUAL

En la actualidad, los pensadores partidarios del determinismo se agrupan en dos grandes facciones: los partidarios del determinismo biológico (es decir, genético) y los partidarios del determinismo social (que, por supuesto, incluiría el determinismo educacional). Frente a estos, los pensadores que defienden el indeterminismo sostienen que los factores biológicos y sociales nos condicionan pero no nos determinan. Admiten que, ciertamente, los seres humanos estamos condicionado por el temperamento con que nacemos y por el medio social en que vivimos, de modo que no somos absolutamente libres. Pero defienden que todos esos factores no anulan nuestra iniciativa al actuar, es decir, actuar con libertad, salvo en casos excepcionales. Es más, estos factores condicionantes no solo no eliminan la libertad sino que la posibilitan. Quiere esto decir que los factores condicionantes de nuestra vida que nos vienen dados y nosotros no elegimos constituyen un conjunto de circunstancias limitadoras y, al mismo tiempo, posibilitadoras de nuestra libertad. Parece una paradoja pero no lo es. Podemos verlas de una manera y de otra porque, en realidad, juegan ese doble papel. Son las circunstancias que establecen los límites iniciales del ejercicio de nuestra libertad (y esto lo que significa es que nuestra libertad no es infinita o absoluta, no es omnipotente) y, al mismo tiempo, el conjunto de posibilidades (es decir, la base) para nuestras elecciones y proyectos. Fernando Savater expresa esta idea diciendo que no somos libres para “elegir lo que nos pasa” (los factores condicionantes de nuestra vida que nosotros no elegimos) pero sí para “responder a lo que nos pasa de una manera o de otra”. Es más, como diría Sartre, dentro de sus circunstancias, el ser humano está obligado a elegir y en ello radica la esencial indeterminación o libertad que le caracteriza.

José Antonio Marina expresa la misma idea con una metáfora que toma prestada de Schopenhauer. La metáfora del juego de cartas. A cada uno de nosotros –en la vida y en el juego– se nos reparten unas cartas que no podemos elegir: cartas biológicas o sociales, en un caso; naipes en el otro. En ambos casos sucede algo parecido: tanto en el juego de naipes como en la vida uno tiene que elegir qué hace con las cartas que le han tocado. Lo cual le sirve a J. A. Marina para añadir que nuestro éxito en la vida, como en el juego, depende de lo que elijamos hacer con las cartas que nos han repartido.

Referencias

Documento similar

romanzo è il genere della particolarità» y en esa particularidad es donde Mazzucco puede moverse con mayor libertad, donde la palabra de la autora cobra su más pro- fundo

He aquí por qué nosotros, dentro de la distinción de la libertad negativa y de la libertad positiva, hablamos también de la libertad deber, porque la libertad se comprende como

Desafortunadamente, el énfasis en la singularidad de la libertad ha generado un individualismo exagerado, debilitando la dimensión de la pluralidad de la libertad humana, donde se

La jurisprudencia construida a lo largo de los cuarenta años de vigencia de la Constitución para resolver la colisión entre los derechos fundamentales reconoci- dos en el

Y, enton- ces, a la pregunta ingenua ¿viola [violaba] el régimen de Pinochet los derechos humanos?, tenemos que contestar: NO, porque los chilenos no tienen [tenían] derechos

sólo se continúan y se suceden al integrarse en un proceso y al adscribirse a una persona. Así, pues, en principio podría decirse que la vida es la continuidad de este proceso

Volviendo a la jurisprudencia del Tribunal de Justicia, conviene recor- dar que, con el tiempo, este órgano se vio en la necesidad de determinar si los actos de los Estados

En consecuencia, la conclusión cuarta del capítulo segundo de la primera parte del Tratado sobre la verdadera concordia podría ser entendida como una respuesta a esta objeción