HISTORIA DE LA IGLESIA EVANGELICA LUTERANA ARGENTINA

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HISTORIA DE LA

IGLESIA

EVANGELICA

LUTERANA

ARGENTINA

EDICIÓN CONMEMORATIVA A LOS 100 AÑOS

DE TRABAJO DE LA IGLESIA EVANGÉLICA

LUTERANA EN ARGENTINA

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Este libro ha sido editado en conmemoración a los 100

años de trabajo de la Iglesia Evangélica Luterana en

Argentina

Iglesia Evangélica Luterana Argentina

CEPROLI

Editor: Omar R. Weber

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INDICE

Prólogo... 5

Capítulo I - Historia de la Iglesia Luterana desde la Reforma hasta nuestros días (Pastor Víctor N. Schlenker)... 7

Tiempos de Reforma... 7

El Luteranismo en Alemania ... 10

Los Luteranos en el Volga... 13

Formación del Sínodo de Missourí... 14

Formación de la Iglesia Evangélica Luterana en Argentina ... 17

Los primeros años en el país (1878-1904)... 17

Inicio del trabajo del Sínodo de Misourí desde Brasil (1905-1928)... 18

La expansión de la iglesia en el país... 19

Organización del Distrito Argentino del Sínodo de Misourí (1928-1942) ... 22

La transición hacia una Iglesia Argentina (1942-1977) ... 22

Los primeros pasos como Iglesia Independiente (1978-2005) ... 24

Bibliografía ... 25

Capítulo II - Historias de las Iglesias Luteranas en la Argentina (Pastor Omar R. Weber)... 27

Introducción ... 27

Historia de las Congregaciones ... 28

Historia de las Instituciones Educativas... 136

Historia de los Grupos de Trabajo ... 144

Historias Pendientes... 145

Capítulo III - Historia y Reflexión (Pastor Alberto G. Groh) Introducción ... 147

IELA Abraham... 148

IELA Jacob... 149

IELA Pueblo Cautivo ... 150

IELA Pueblo Elegido... 151

IELA Peregrina ... 152

IELA y la Diáspora... 154

IELA Pedro ... 155

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PROLOGO

Con el objetivo de recordar los 100 años de trabajo que la Iglesia Evangélica Luterana Argentina desarrolla en nuestro país, el Comité Organizador de los Festejos del Centenario de la IELA decidió preparar una publicación que refleje en sus páginas de dónde vino nuestra fe, cómo se desarrolló en nuestro país y qué reflexiones nos merece a la luz de las Sagradas Escrituras.

Para llevar a cabo esta publicación que contempla tantas facetas de nuestra iglesia y llegar hasta los más recónditos lugares de nuestro país, se invitó a todas las congregaciones a formar parte del desafío de redactar y enviar sus historias, lo cual agradecemos inmensamente, ya que este material no hubiese sido posible sin su aporte.

Es por ello que esta publicación comienza con una mirada hacia el pasado, a los orígenes mismos de nuestra fe luterana. El Pastor Víctor N. Schlenker nos resume de un modo claro y conciso la Reforma impulsada por el Dr. Martín Lutero y la posterior formación de la Iglesia Luterana; para luego transitar los dolorosos caminos hacia el Volga, en Rusia y llegar a la Argentina con todo el bagaje de costumbres, temores y esperanzas. Sin ignorar el origen y la ayuda de la Iglesia Luterana del Sínodo de Misourí en la formación de nuestra iglesia, el Pastor Schlenker nos invita a recordar los 100 años de organización, trabajo y expansión que se vivieron en nuestro país.

El segundo capítulo que fue recopilado y organizado por el Pastor Omar R. Weber contiene las historias de nuestras congregaciones y parroquias, de nuestras escuelas y organizaciones que en distintos lugares y en distintas épocas trabajan día a día para dar a conocer la Palabra de Dios y el mensaje de salvación en Cristo Jesús. Matizado con fotografías antiguas y contemporáneas somos invitados a conocernos el uno al otro y agradecer a Dios que nos unido en el mismo cuerpo llamado IELA. Allí aparecen los nombres de los pioneros, de los que prestaron sus casas para realizar los primeros cultos, de los que visitaron y buscaron a los demás, de los que donaron sus propiedades para edificar los primeros templos, de los que dieron su tiempo y su vida para que el evangelio se arraige en este país el que empezaban a querer cada vez más.

En el tercer capítulo el Pastor Alberto G. Groh nos invita a detenernos por un momento, a tomar las Sagradas Escrituras y recordar que nuestra historia no es muy diferente a la del Pueblo de Dios en el Antiguo Testamento. Nuestro llamado a habitar un lugar desconocido, la elección divina para estar en este suelo, nuestros tropiezos y temores tienen una razón de ser. Dios está detrás de toda esta historia, a veces animándonos a seguir, otras veces intentando corregir nuestros tercos desvíos de su Palabra. Su fidelidad y bondad siguen siendo las mismas de siempre, y su poder sigue intacto para continuar salvando las almas perdidas.

Concluyendo esta publicación, el Pastor Arturo Truenow escribe de un modo ameno y coloquial aquella doctrina que sustenta nuestra fe. Lo que creemos y confesamos a lo largo de años y que a veces se nos olvida, y a lo cual en algunas oportunidades nos necesitamos aferrar para no caer en las trampas que el diablo nos tiende. Resalta las principales doctrinas de la fe cristiana que son sustentadas por nuestra iglesia y predicadas a los cuatro vientos para la expansión del reino de Dios. A medida que se crece y pasan los años es difícil mantener la naturalidad y la relación de familia que debe caracterizar a una iglesia cristiana. Agradecemos a Dios que ésto aún es posible entre nosotros y la institucionalización de la iglesia no ha enfriado nuestras relaciones ni nos ha distanciado unos de otros. Aún hoy podemos trabajar en equipo aportando cada uno su grano de arena para la tarea de proclamar el mensaje de salvación en Cristo Jesús. Es por eso que este libro es fruto del trabajo mancomunado de toda la iglesia.

El Comité Organizador de los Festejos se organizó cuidando la representación de cada Distrito y trabajaron durante casi dos años ideando la mejor forma de dar muestras de lo agradecidos que estamos al Señor de habernos salvado y convocado a predicar su evangelio en este país. Integraron el Comité el Pastor Héctor Fester de Pilar (Buenos Aires); la Sra. Silvia Schimpf de Kroeger de Hurlingham (Buenos Aires); el Sr. Eraldo Ramseyer de Romang (Santa Fe); el Sr. Ugo Stürtz de Gualeguaychú (Entre Ríos); la Sra. Eleonora Kramer de Urrutia de Oberá (Misiones) y el Sr. Norberto Schlenker de Gral. San Martín (La Pampa) acompañados por el Presidente de la Iglesia Evangélica Luterana Argentina Pastor Edgardo W. Elseser y otros colaboradores.

Es nuestro deseo que esta publicación nos motive y anime a seguir predicando la Palabra de Dios por todos los rincones de nuestro país convencidos que la iglesia es obra de Dios. Ha sido gracias a su poder, dirección y motivación que estamos donde estamos, que somos quienes somos, de lo cual no debemos enorgullecernos ni avergonzarnos. Como clara-mente lo expresa San Pablo en 1 Corintios 1.31: «Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe en el Señor».

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TIEMPOS DE REFORMA

compartimento de los corrompidos miembros del clero, se vieron obligados, por necesidad lógica, a negar el dominio exclusivo de los medios de salvación por parte de la Iglesia, para poder descartar la dependencia de una sacerdote corrompido.

Muchos reformadores posteriores llegaron, impulsados por la misma lógica, a idénticas conclusiones. Durante la guerra de los cien años, Juan Wycliffe (1320-1384), erudito de Oxford y patriota inglés, denunció los males de la Iglesia. Insistía en que la Iglesia debía renunciar a toda autoridad temporal y afirmaba que los ingleses no estaban obligados a pagar impuestos al papado. Declaró que el individuo no dependía, para su salvación, de la jerarquía eclesiástica, sino directamente de Dios. Esto lo llevó a la conclusión de que la Biblia era la verdadera guía hacia la fe, única y esencial. De conformidad con tales creencias, tradujo la Biblia al inglés para que el pueblo pudiera leerla.

En Bohemia ocurrió una reacción religioso-patriótica similar. Juan Hus (1369-1415) había estudiado los escritos de Wycliffe y adoptó la mayor parte de sus concepciones religiosas. En tiempos de Hus, los checos alcanzaron una fuerte conciencia nacional. Les molestaba la dominación alemana y era inevitable que el resentimiento se volcara hacia los obispos- príncipes alemanes, que gobernaban extensos fundos bajo el imperio. El gran Estado - Iglesia, gobernado desde Aviñón y Roma, aparecía cada vez más, a los ojos de los checos, como una institución extranjera.

Hus favoreció la formación de una Iglesia nacional checa, independiente de Roma. Cuando se ofrecieron indulgencias en Bohemia para recaudar dinero para una cruzada contra Nápoles, algunos de los artesanos de Praga declararon que las indulgencias eran una mentira. Fueron condenados y ejecutados. Hus fue excomulgado y Praga quedó sometida a un interdicto. El rey obligó a Hus a retirarse de la Universidad; se mantuvo en el retiro hasta la convocatoria del Concilio de Constanza, dos años más tarde, en 1414. Hus y su compañero de jerarquía, Jerónimo de Praga, viajaron a Constanza para exponer sus argumentos ante el concilio. Fueron condenados y quemados en la hoguera.

Como otros acontecimientos importantes de la historia, la Reforma Luterana tuvo profundas raíces en el pasado que necesitamos conocerlas para comprender mejor este hecho histórico que mostró con claridad la acción salvífica de Dios para con la humanidad.

Durante la Edad Media la Iglesia vivió un tiempo de oscuridad provocado por sus propios líderes. A modo de ejemplo general podemos citar que en todos los países había prelados de espíritu mundano que descuidaban sus obligaciones y la disciplina de la Iglesia se tornó laxa. Con frecuencia, el comportamiento de obispos, sacerdotes y monjes provocaba escándalo y descontento. Además los gobernantes de las distintas naciones de a poco comenzaban a demostrar que no estaban dispuestos a permitir que las recaudaciones de la Iglesia en su país se enviaran a un Papa francés residente en Francia, porque inevitablemente ese dinero, gastado en Francia, contribuiría a la prosperidad de esa nación, que en muchos casos representaba al enemigo en guerras temporales.

Durante este período, el miedo al castigo que merecían los pecados y el temor de perder la salvación eterna inquietaron a los hombres. La Iglesia concedía indulgencias, es decir, perdones, a todos los que realizaban obras de caridad, peregrinajes u oraciones o emprendían una cruzada. Desde el dogma siempre se sostuvo que la indulgencia no tenía validez por sí sola; debía estar acompañada por la plegaria y la frecuencia de los sacramentos: confesión y comunión. A pesar de ello, hacia fines del medioevo, la angustia espiritual se acentuó. La Iglesia comenzó a aceptar limosnas a cambio de las indulgencias; pero no las señaló como condición única y necesaria para conseguirlas. Sin embargo, en su desesperación, el hombre creyó así, con demasiada facilidad, que podía “comprar” su salvación futura.

Es necesario tener presente que la Iglesia cristiana medieval era considerada como una institución indispensable, fundada por Jesús, para guiar a los fieles en cuestiones de fe y, a través de la administración de los siete sacramentos, los medios de la gracia, salvar a las almas de la condenación eterna. Los sacramentos eran un medio indispensable para la salvación y el clero los administraba con exclusividad. Cuando, en los siglos XII y XIII, los valdenses y los abligenses atacaron el

CAPITULO I

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El abuso de las indulgencias

En 1513 ascendió al trono papal un miembro de la famosa familia de los Médicis de Florencia, que tomó el nombre de León X. León era un humanista, un estudioso de la antigua literatura latina y un mecenas del arte y las letras renacentistas. La construcción de la gran iglesia de San Pedro, en Roma, proyectada por Bramante y Miguel Ángel, fue una iniciativa que acogió con entusiasmo. Con objeto de impulsar esa obra, decretó indulgencias para los fieles que contribuyeran a la construcción de San Pedro, por cuyo intermedio quedarían liberados de las penas merecidas por sus pecados, a condición, por supuesto, de que obtuvieran el perdón de la manera acostumbrada, a través del sacramento de la penitencia.

El arzobispo de Maguncia, Alberto, que pertenecía a la familia de los Hohenzollern, vio en esta campaña de indulgencias una oportunidad para resolver sus dificultades financieras. Algo antes, Alberto había acudido a los banqueros Fugger con una interesante proposición.

deudas con lo recaudado de la campaña de indulgencias. Esto también se desarrolló de acuerdo con los designios de Alberto.

Alberto empleó entonces a un predicador entusiasta e irresponsable, Juan Tetzel, para que viajara por Alemania y persuadiera a los fieles a fin de que se mostraran generosos en sus dádivas para el fondo de la indulgencia. El éxito de su propia oratoria parece haber extraviado a Tetzel. Comenzó a afirmar que el perdón era innecesario para quienes compraran indulgencias y que incluso era posible comprar el perdón de pecados no cometidos todavía. Tales afirmaciones asombraron a muchos de los alemanes más inteligentes. Lutero protestó ante el elector, Federico de Sajonia, y ante su superior eclesiástico en Alemania, que era, por supuesto, Alberto mismo. Cuando los fieles llegaban a confesarse, se negó a reconocer las indulgencias de Tetzel y, naturalmente, esto provocó conmoción.

En medio de este contexto tan perverso en todos los aspectos, pero principalmente en el espiritual, en el que se nota claramente que no había temor de Dios y “lo sagrado era dado a los perros” (Mateo 7:6); Dios en su

Sólo había siete inspectores en el Sacro Imperio Romano y el arzobispo de Maguncia era uno de ellos. El emperador Maximiliano era viejo y había varios príncipes poderosos que codiciaban el título de emperador. Alberto razonó que, en tales circunstancias, se ofrecerían pródigos sobornos a los electores y, con esto en mente, procuró obtener la designación en el arzobispado vacante.

Alberto detentaba ya dos beneficios eclesiásticos. Pero pensó que como el Papa tenía necesidad de fondos para la construcción de la Catedral de San Pedro, si él podía anticipar con un pago en efectivo las annatas o primicias de su nuevo beneficio, que tradicionalmente se pagaban en Roma, no tendría dificultad en obtener la designación. Pidió a los Fugger que le adelantaran la suma necesaria. La designación se efectuó de acuerdo con lo planeado.

Pero la salud del emperador era mejor de lo que Alberto calculaba y el producto de su nuevo beneficio, menor. Los intereses de su deuda con los Fugger se acumulaban con más rapidez de lo que Alberto podía pagar. En consecuencia entrevistó a Fugger una vez más y propuso un adelanto similar a Roma, sobre el producto anticipado de la campaña de indulgencias, a condición de que Alberto

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gran amor hacia la humanidad, una vez más estaba conduciéndola para que encuentre “un remanso de paz espiritual” y pueda vivir en la Verdad que provino de su mismísimo trono.

Es así que preparó a un simple hombre como mensajero de la Verdad Divina para un mundo tan “oscuro”.

El instrumento fue Martín Lutero, quenació en Eisleben el 10 de noviembre de 1483, descendiente de campesinos, hecho en el que siempre insistió. Su padre, Hans Lutero, trabajó en las minas de cobre de Mansfeld. Recibió una sólida educación en Mansfeld, Magdeburgo y Eisenach. En 1501, a los 17 años, ingresó en la universidad de Erfurt, donde se licenció en 1502 y se doctoró en 1505. Después quiso estudiar Derecho como su padre deseaba, pero en el verano de 1505 abandonó de pronto sus estudios, vendió sus libros e ingresó en el monasterio de los agustinos de Erfurt, decisión que sorprendió a sus amigos y consternó a sus padres. Más tarde lo explicó recordando que por entonces tuvo un encuentro con la muerte que le hizo sentir la fugacidad de la vida. En el monasterio cumplió las reglas impuestas para el noviciado pero no encontró la paz de Dios que esperaba. En el otoño de 1506 profesó como monje y un año después se ordenó sacerdote.

Con el propósito de estudiar teología para ocupar una cátedra en una de las muchas universidades alemanas regidas por los monjes, su amigo y consejero Johann von Taupitz, vicario general de los agustinos, le asignó en 1508 un curso introductorio de filosofía moral en la nueva universidad de Wittenberg (fundada en 1502). En 1509 se licenció en teología y volvió a Erfurt, donde impartió clases y estudió (1509-1511). En noviembre de 1510 visitó Roma en representación de siete monasterios agustinos y cumplió los deberes religiosos acostumbrados para un visitante piadoso, pero la mundanalidad del clero romano lo indignó. Al poco tiempo de reanudar sus deberes en Erfurt, lo enviaron a Wittenberg para estudiar el doctorado de teología. En 1512 se doctoró y asumió la cátedra de teología bíblica que conservó hasta su muerte.

Lutero fue un predicador, profesor y administrador muy activo. Sus estudios del Nuevo Testamento lo llevaron a descubrir la verdad bíblica, tan claramente revelada “El justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17), que los hombres se salvan no por sus propios esfuerzos o méritos sino por el don de la gracia de Dios.

Martín Lutero construyó, a principios del siglo XVI, un sólido edificio teológico, basado en lo que él consideraba la esencia del Evangelio y en contra de la tradición eclesiástica. Para el agustino alemán, partiendo

de la premisa de que el Evangelium est promissio, había que anteponer la confianza al temor y la fe a las obras.

Tres postulados fueron y son la esencia de toda la enseñanza de la Iglesia Luterana:

- Sola Fe - Sola Gracia - Sola Escritura

Sus noventa y cinco tesis fijadas, en 1517, en la puerta de la iglesia de la Universidad de Wittenberg, de la que era profesor, iniciaron la ruptura doctrinal con Roma al atacar con vehemencia los abusos económicos cometidos en la predicación de las indulgencias y la estafa espiritual que eran para las pobres almas ignorantes y atribuladas. Las dos obras publicadas en 1520 - De la cautividad babilónica de la Iglesia, en el que afirmaba la supremacía de la fe, y De la libertad cristiana, en el que sostenía que la libertad interior del cristiano nace de la fe –don de Dios-, complementadas cinco años después por El cautiverio de la voluntad, en la que formuló la doctrina de la predestinación según la cual Dios otorga o no su gracia a los hombres, independientemente de sus obras, delimitaron los puntos fundamentales de la doctrina clara y consoladora de la Biblia -herética según Roma-, que haría reaccionar inmediatamente al papado, excomulgándole en aquel mismo año de 1520 por la bula Exsurge Domine, y al emperador, a la sazón Carlos V, condonándole a las penas reservadas a los herejes por la dieta de Worms de 1521.

Tanto la excomunión papal como la condenación imperial, cada una de por sí con fuerza suficiente para hundir en el ostracismo más completo a cualquiera sobre el que recayeran tales fallos, se volvieron ineficaces ante la Divina Providencia.

De la historia podemos aprender que:

- Nadie en la historia que haya enfrentado a Dios salió triunfante.

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EL LUTERANISMO EN ALEMANIA

por recurrir a la violencia; lo que le hizo ganar el apoyo de numerosos nobles. Los campesinos fueron derrotados en 1525. En la Dieta de Spira (1526) el Emperador concedió que los estados reglamentasen a su libre albedrío, y sólo en sus dominios, la cuestión religiosa. Tres años después, en 1529, la mayoría católica obtuvo la revocación del acuerdo, lo que hizo que los luteranos elevaran hasta el Emperador su más enérgica protesta. Desde entonces se les empezó a llamar protestantes, denominación que posteriormente se extendió a todos los grupos reformistas opuestos al dirigismo de Roma.

En 1530 el erudito alemán y religioso Felipe Melanchthon redactó una confesión de las doctrinas luteranas aprehendidas de la Palabra de Dios, conocida como la Confesión de Augsburgo. Esta Confesión se estableció como fundamento de la nueva Iglesia luterana y su credo. Con posterioridad, se produjeron una serie de guerras con Francia y los turcos que evitaron que Carlos V dirigiera sus ejércitos contra los luteranos, pero en 1546 el emperador quedó libre de compromisos internacionales y aliándose con varios príncipes alemanes declaró la guerra contra la Liga de Esmalcalda, una asociación defensiva constituida por los príncipes protestantes. Las fuerzas católicas tuvieron éxito al principio, derrotando a los protestantes en Mühlberg. No obstante, más tarde, Carlos V fue obligado a firmar la paz. La guerra civil religiosa terminó con la Paz de Augsburgo en 1555. Esta declaraba que los gobernadores de los Estados germánicos podrían elegir entre el catolicismo y el luteranismo como religión de su territorio, a la que deberían adscribirse todos sus súbditos. El luteranismo, por entonces la religión de cerca de la mitad de la población alemana, consiguió al final el reconocimiento oficial y así, el antiguo concepto de una comunidad cristiana unida en el terreno religioso en Europa occidental bajo la suprema autoridad del Papa fue desbancado.

Desde dos años antes de que Lutero comenzara abiertamente su exposición de la Palabra de Dios, había comenzado ya una Reforma independiente en la Suiza bajo la dirección de Zwinglio. Este movimiento no esta-ba en completo acuerdo con el que iesta-ba dirigido por Lutero, por tener algunas diferencias doctrinales, y por esto los príncipes interesados organizaron la conferencia de Marburgo entre Lutero y Zwinglio, como principales, juntamente con algunos de sus partidarios. La cuestión principal se refería a la doctrina de la presencia real de del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en la Santa Cena que confesaba Lutero. Según esta doctrina todo el que participa del sacramento recibe pan-cuerpo y vino-san-La verdad divina redescubierta por el monje

agustino: “El justo por la fe vivirá” comenzó a ser predicada y como un poco de levadura en la masa, comenzó a generar “vida abundante” en cantidades de corazones que recibían tan buena nueva que los sacaba del temor al gozo de la salvación en Cristo Jesús.

En un intento por frenar la marcha de las “revueltas”, el emperador Carlos V y los príncipes alemanes y eclesiásticos se reunieron en 1521 en la Dieta de Worms e instaron a Lutero a retractarse. Éste se negó una vez más proclamando con convicción que sólo si se demostraba con las Sagradas Escrituras que estaba equivocado, se iba a retractar. Fue declarado fuera de la ley. Durante casi un año permaneció escondido en el castillo de Wartburg, protegido por el Príncipe elector de Sajonia, Federico el Sabio. Durante el tiempo que permaneció oculto y protegido bajo el seudónimo del “Caballero Jorge”, se dedicó a traducir la Biblia al alemán y a escribir pequeños tratados en los que exponía sus aprendizajes a partir del estudio de la Biblia. Aunque sus obras habían sido prohibidas por edicto imperial, fueron distribuidas en público y se convirtieron en poderosos instrumentos para hacer de las grandes ciudades alemanas centros del naciente movimiento cristiano luterano.

La enseñanza pura de la Palabra de Dios produjo un movimiento espiritual que se extendió vertiginosamente entre el pueblo, y cuando Lutero abandonó su retiro, fue recibido en su casa en Wittenberg como un líder espiritual.

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gre de Cristo. Zwinglio no quiso aceptar esta doctrina, bajo ningún concepto, y aseguraba que la Santa Cena no era más que una comida simbólica y recordatoria del sacrificio de Cristo.

Así, todos los esfuerzos de los príncipes para ase-gurar una unidad confesional entre los partidarios de la Reforma, fracasaron, pero los protestantes no dejaron de pelear por sus derechos, junta y separadamente.

En el año 1546 murió Lutero. Los últimos años de su vida habían sido de cuidados y amarguras, pero su muerte fue la de un cristiano que como Pablo, había pe-leado la buena pelea, había guardado la fe y esperaba el galardón que el Señor, el justo juez, le daría en aquel día.

Hacia una expresión de la fe luterana:

La Fórmula de La Concordia

“Cuando Felipe Melanchton, el colaborador de Lutero, anunció la muerte del gran Reformador con es-tas palabras: “¡Inmensa tristeza! Se ha ido el jinete y el carro de Israel.”, no pudo haber pronunciado palabras más exactas, pero tampoco pudo prever la rapidez con que se presentarían los ataques.

Políticamente, los príncipes luteranos, sus territo-rios y ciudades yacían derrotados por las fuerzas combi-nadas del emperador Carlos V y del papa Pablo III en la breve guerra de Esmalcalda (1547). Teológicamente, la muerte de Lutero fue el punto de partida de divisiones dentro de la iglesia luterana que amenazaban destruirla por completo.

El Interin de Augsburgo (1548) contenía las con-diciones que les fueron impuestas a los territorios lutera-nos y que éstos por fuerza tuvieron que aceptar. Con excepción de pequeñas concesiones, el papa y el empe-rador impusieron su romanismo a los luteranos. Fue, se podría decir, la completa extirpación del artículo central de la Reforma: la justificación por la gracia por medio de la fe sola. Una píldora muy amarga para los luteranos fue el hecho de que Juan Agrícola, en un tiempo asocia-do a Lutero, desempeñó el papel principal en la capitula-ción ante los romanistas.

Melanchton era el líder natural a quien podían acudir los luteranos que habían sobrevivido. Pero Melanchton no estaba equipado personal y emocionalmente para tal cargo. Él también sucumbió a la presión al escribir un documento de arreglo substitutivo que llevaba el nombre de “Interin de Leipzig”, a fines de 1548. Era un poco mejor que el primero en cuanto a las concesiones que el luteranismo hacía al romanismo. Como resultado, la ya bastante desgarrada iglesia estaba

pa-sando por un terrible disturbio interno. Necesitaba des-esperadamente un líder que ocupara el lugar de Lutero . Marías Flacius emergió al principio como el mayor rival de Melanchton y la actitud remisa de éste. Mientras tan-to, la situación política mejoró de repente porque el du-que Mauricio de Sajonia, antes traidor a la causa lutera-na, inesperadamente se volvió en contra de las fuerzas de Carlos V y del Papa y les infligió una derrota decisi-va. Esto tuvo por resultado el Tratado de Passau (1552), que dio a los luteranos estado legal o personería jurídica y el derecho de profesar y ejercer su fe sin limitación alguna.

Sin embargo, para este tiempo la iglesia luterana misma se estaba dividiendo a causa de diferencias teológicas. La más aguda controversia estalló entre los “felipistas” y los “luteranos puros” o genuinos, dirigidos por el fogoso Flacius. Había otros protagonistas, y otras controversias. Con el tiempo surgió un grupo sólido de teólogos leales que poseían el sentir y el corazón de Lutero; fueron tales como Martín Chemnitz y Jacobo Andreae. También merecen mención los laicos que sen-tían profunda preocupación ante las contiendas de los teólogos, y que por fin decidieron poner todo cuanto es-tuviera de su parte para arribar a una solución genuina-mente luterana de la lucha interna. El líder más destaca-do entre los laicos fue el príncipe Augusto de Sajonia. Esos teólogos y laicos deseaban paz, paz genuina, sin renunciar en modo alguno a la doctrina pura.

Durante ese período turbulento de treinta años fra-casaron un buen número de proposiciones tendentes a la reconciliación. Líderes como Melanchton y Flacius con el tiempo fueron eclipsados por hombres de una nueva generación. Martín Chemnitz nació en 1522. Estudió en Wittenberg, pero se especializó mayormente en matemá-ticas e idiomas, y por eso no tuvo mucho contacto con Lutero. Sus cualidades como teólogo sobresaliente sa-lieron a la luz más tarde, mayormente como resultado de su propio estudio asiduo de la Sagrada Escritura en los idiomas originales, hebreo y griego, y de todos los escri-tos de Lutero. Jacobo Andreae era orindo de Wurtemberg y era seis años menor que Chemnitz. Fue discípulo de Juan Brenz, uno de los colegas más íntimos de Lutero en la obra de la Reforma.

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Magdeburgo. Los teólogos que se unieron a Chemnitz y a Andreae fueron David Chytraeus, Cristóbal Koerner, Nicolás Selnecker y Andreas Músculo. Ese mismo día adoptaron y firmaron el Epítome, o sea, una versión más breve, escrita por Andreae. Era la intención de que fuera la versión de los laicos. La dividida iglesia luterana so-brevivió gracias a ese documento.

La Iglesia Luterana ocupa un puesto singular en el mundo porque recalca la doctrina de la justificación por la fe. Como sostenedora de la doctrina pura en el mundo cristiano, tiene el sagrado deber, bajo la direc-ción divina, de permanecer fiel a esta doctrina, no sea que el Evangelio mismo se pierda y la teología vuelva a las tinieblas de la justicia por las obras y las religiones naturales.

Realmente históricas son las palabras con que los confesores de 1577 empezaron su declaración de fe: “Creemos, enseñamos y confesamos que la única regla y norma según la cual deben valorarse y juzgarse todas las doctrinas juntamente con quienes las enseñan, es exclusivamente la Escritura profética y apostólica del Antiguo y Nuevo Testamento... Otros escritos de teólo-gos antiguos y modernos, sea cual fuere el nombre que llevan, no deben considerarse iguales a la Sagrada Es-critura...”

A su vez citaron los tres credos ecuménicos, la Confesión de Augsburgo, la Apología de la Confesión, el Catecismo Menor y el Mayor de Lutero a los cuales llamaron “la Biblia de los laicos”, y los artículos de Esmalcalda de 1537, y entonces declararon:

“A esta guía, como queda dicho, deben ajustarse todas las doctrinas, y lo que no esté en conformidad con ellas, debe rechazarse y condenarse como contra-rio a la declaración unánime de nuestra fe... Así nace

la Fórmula de La Concordia, exposición clara de la enseñanza de la Sagrada Escritura que la Iglesia Lu-terana confiesa y enseña.

La Sagrada Escritura sola permanece como el único juez, regla y norma según la cual, a manera de única piedra de toque, han de ser discernidas y juzgadas todas las doctrinas, para determinar si son buenas o malas, verdaderas o falsas...

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LOS LUTERANOS EN EL VOLGA

confesionales de la Reforma. Como no podía ser

de otra manera, ello iba en detrimento de la

santificación de la vida, desastrosamente venida

a menos a raíz del bajo nivel moral y cultural

imperante como triste secuela de la Guerra de los

treinta años. En el ámbito eclesiástico-religioso,

esto se tradujo en formalismo versus frutos de la

fe. Y por saludable que haya sido el énfasis del

pietismo en una vivencia acorde con la fe, tenía

también sus efectos negativos: emocionalismo,

minimización de las diferencias doctrinales,

subestimación de los medios de gracia

acompañada de sobreestimación de la

“experiencia personal” del creyente, y formación,

dentro de las congregaciones, de grupos ´más

piadosos que los demás´, de tinte ligeramente

farisaico

Tal es el trasfondo de los luteranos

emigrados a Rusia. En los comienzos, su posición

allí fue envidiable: en lo civil gozaban de amplios

privilegios; su cultura, rural, era superior a la de

su entorno. Típicos representantes de una

colectividad patriarca, conservador, practicaron

con tesón su idioma y sus costumbres en un

ambiente a veces hostil

En lo eclesiástico pudieron desenvolverse al

principio sin trabas... La libertad religiosa estaba

garantizada, tanto en la práctica como en la

enseñanza. Pero por otra parte, el patriarcalismo,

que daba al padre de familia la posición de

cabeza absoluta de los de su casa, ese

patriarcalismo se hizo notar también en la vida

congregacional: el pastor era mirado con

profundo respeto por los grandes y con profundo

temor por los chicos las veces que hacía su

entrada al pueblo en un coche tirado por cuatro

caballos para examinar a los escolares y

confirmandos y oficiar tareas correspondientes a

su elevado rango....” *1

Pasados los cien años de privilegios que Catalina II les había concedido, el zar Alejandro II comenzó en los años 1870 una política de rusificación para con los colonos alemanes, reduciendo su administración propia, imponiendo el idioma ruso, y obligándolos a prestar servicio militar, lo que duraba entre 5 a 7 años, entre En el siglo XVIII, Europa y sobre todo el territorio

que hoy es Alemania, estaba signado por innumerables conflictos entre las casas reinantes de pequeños territorios (príncipes, condes, duques), y sobre todo por la guerra de los Siete Años (1756-1763). Gran parte de la población estaba sometida a una situación de extrema pobreza, con muchas deudas, y sobre todo, sin esperanza de poder revertir esa durísima situación.

El imperio Ruso recién estaba formándose como un estado moderno. Después de haber sido desplazado del trono imperial ruso en 1762 el Zar Pedro III y haber sido eliminado luego, ocupó su esposa, —la princesa alemana Sofía Federica Augusta de Anhalt-Zerbst, oriunda de Stettin— el trono imperial vacante bajo el nombre de Catalina II, luego conocida como ‘la Grande’. Ella se destacó por ser una gran estadista y una de sus ocupaciones fue la de poblar con agricultores europeos occidentales las inmensas estepas rusas.

Conociendo la situación que pasaban los habitantes de los territorios alemanes, así como la capacidad de trabajo y sobrevivencia de sus compatriotas, Catalina II publicó un manifiesto que propagó entre éstos, invitándolos a la inmigración a Rusia, concediéndoles para ello atractivos privilegios. El flujo migratorio comenzó su rumbo hacia Rusia (Lübeck-Mar Báltico-San Petersburgo-Saratov), estableciéndose 27.000 emigrantes en las estepas del bajo Volga. Éstos provenían de diferentes países europeos, predominando ampliamente los alemanes. Los primeros años eran de grandes sufrimientos y penurias.

Transcribo a continuación un párrafo del trabajo realizado por el Dr. Erico Sexauer, titulado “La I.E.L.A: Iglesia de confluencias” y publicado en el libro “I.E.L.A – 90 años de Historia”, en las páginas 129 y 130, porque entiendo que es un resumen muy claro de la vivencia de nuestros antepasados en el Volga:

“En cuanto a los inmigrantes (alemanes) de

confesión luterana, es bueno tener en cuenta que

el luteranismo de su tierra natal (sur de

Alemania, ante todo Würtemberg) acusaba una

marcada influencia del pietismo (Siglos XVII y

XVIII), surgido a raíz de una sobreactuación, en

la iglesia luterana oficial, de la doctrina de la

justificación – se habla de este período como el

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otros. Finalmente, en 1876 quedó abrogada totalmente su autonomía.

El pánico cundió entre los colonos, hicieron reuniones y enviaron emisarios, primero a los Estados Unidos de Norteamérica, luego también al Brasil, para estudiar las posibilidades de inmigración a estos países. Los emisarios regresaron al Volga con buenas noticias, a lo que siguieron numerosos grupos de emigrantes, dirigiéndose hacia los mencionados países. Entre tanto, los que ya se habían establecido en el Brasil, pronto se dieron cuenta que este país no reunía las buenas condiciones para el cultivo del trigo. De allí llegó un grupo a Argentina para analizar sus condiciones de clima, de suelo y de inmigración. El Gobierno de este país ya había sido advertido del importante contingente de alemanes del Volga, que se dirigía hacia el Brasil, así como de sus características de buenos agricultores, e hizo todo lo posible para que éste sea llevado a la Argentina, valiéndose para ello de artimañas. No sólo lo logró, sino que muchos de los que se habían establecido ya en el Brasil, llegaron voluntariamente a Argentina, en busca de mejores tierras trigueras.

Los primeros colonos alemanes del Volga llegaron

a fines de diciembre de 1877 a Buenos Aires. Pero fue a partir de enero de 1878 en que vinieron grandes y pequeños contingentes, estableciéndose en el centro y sur de la provincia de Buenos Aires y en Entre Ríos.

FORMACION DEL

SINODO DE

MISSOURI

A mediados del siglo XIX comenzaron a llegar las primeras oleadas de inmigrantes alemanes al territorio de Estados Unidos de América, que luego conformarían el Sínodo Evangélico Luterano de Misurí, Ohio, y otros estados. En su formación el nombre oficial fue Sínodo Evangélico Luterano Alemán de Misurí, Ohio y otros Estados.

En Estados Unidos habían congregaciones luteranas desde hacía por lo menos doscientos años. A mediados del siglo XIX existían veinte sínodos luteranos conformados por las congregaciones en los diferentes estados. Pero no eran buenos los días para la Iglesia de la Reforma. La denominación “luterano”, en la mayoría de las personas que lo proclamaban representaba un hecho cultural y no un indicio de una vivencia del Evangelio. Tampoco existía algún Sínodo que sostuviera las Confesiones Luteranas como base de su enseñanza.

Esta crisis de fe e identidad era reflejo de lo que pasaba al otro lado del Océano Atlántico, en la tierra donde nació la Reforma: Alemania.

El Congreso de Viena en 1815 dio como resultado una Alemania conformada por treinta y nueve estados, de los cuales cuatro eran ciudades libres: Hamburgo, Bremen, Luebeck y Frankfurt del Main. Los estados eran soberanos, pero se unieron en la Dieta de Frankfurt para la defensa común y en 1834 conformaron una unidad económica. Nacía así el Imperio Alemán, que se formaliza en 1871.

Inseguridad económica, persecución política y opresión religiosa fueron males que tuvieron que vivir los ciudadanos alemanes más allá de la figura política que los líderes le daban al Estado.

A nivel religioso, destacamos que la Iglesia estaba controlada por el Estado. La administración de la Iglesia correspondía al Consistorio, compuesto por clérigos y laicos, que tenían injerencia no sólo en asuntos externos, sino en la doctrina y práctica de la Iglesia. El estado subvencionaba a la Iglesia por medio de impuestos que cobraba. Como es sabido, cuando desde lo temporal se quieren gobernar los asuntos espirituales, estos siempre

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terminan perdiendo, pero lo peor es que se pierde la predicación de la Palabra pura de Dios: Ley y Evangelio.

Es lógico que ante semejante crisis de la Iglesia en Alemania, poca orientación pudieron recibir los hermanos en la fe que vivían en Estados Unidos de la Iglesia Madre; lo único que llegó era lo que vivían: confusión espiritual.

Los miembros que fundaron el Sínodo Evangélico Luterano de Misurí, Ohio y otros estados procedieron de dos grupos distintos: los sajones y los hombres de Loehe. Los hombres de Loehe fueron los principales promotores de la formación de un Sínodo Luterano Confesional en América, pero los sajones pronto asumieron la dirección teológica del nuevo Sínodo. Más aún, les corresponde a los sajones, quienes fueron los primeros en llegar a América, el honor por los principios bíblicos incorporados en la Constitución del Sínodo.

La emigración Sajona

Martín Stephan fue un pastor luterano que durante su pastorado en una congregación de Dresden, Sajonia, Alemania, atrajo la atención de la gente debido a su predicación. Walter, en el libro del Centenario del Sínodo de Misurí expresa que Stephan predicaba el evangelio en toda su pureza y en base a su experiencia personal. Podemos resumir que tuvo la capacidad de aplicar la Palabra de Dios a las realidades que vivían.

Cuando se predica la Palabra de Dios los “fariseos” reaccionan en contra. Esto sucedió con Stephan y algunos otros pastores como Keyl, Loeber, Gruber, Buerger, Walter y su hermano.

También necesitamos tener presente que siempre hay excesos en un u otro sentido. La fe llevada a la práctica por el Pastor Stephan y su congregación tenía una inclinación hacia el pietismo y por causa de ello se practicaban algunos métodos que no tenían nada que ver con lo evangélico; por ejemplo se introdujo una especie de espionaje entre cónyuges, padres e hijos y entre hermanos para luego informarle al pastor. Esto causaba disturbios en la congregación.

A partir de 1830 los cambios sufridos a nivel político comienzan a afectar más de lleno en el seno de la congregación de Stephan. Se buscaban artilugios para desprestigiarla y hasta incluso para llevar a los estrados judiciales a sus miembros con acusaciones irrisorias, pero que estaban motivadas en una clara persecución. Es así que comienzan a pensar en dejar Alemania. En Mayo de 1836 se adopta una resolución: “Es una necesidad urgente emigar a un país donde la Iglesia pueda gozar de perfecta libertad religiosa”. Se nombró un comité para elaborar un reglamento para los inmigrantes y seleccionar a los

aplicantes, reunir los fondos necesarios, contratar los barcos y comprar equipos para establecer una colonia en América.

Reunieron un fondo en común de $ 80.900,74. Con ello compraron una biblioteca teológica, un órgano, instrumentos de banda, música eclesiástica, cáliz y patena para la Santa Cena, cuatro campanas para la Iglesia, tela para vestiduras eclesiásticas y otras cosas para la iglesia y la escuela. Se eligió el estado de Misurí, en Estados Unidos de América, para establecer la colonia.

El 17 de Mayo se adoptó un reglamento, cuyo párrafo dos dice: “Emigración: su causa, fin y propósito. Después de la más calma y pura reflexión nos vemos ante la imposibilidad humana de retener, confesar y transmitir nuestra fe en nuestra patria. Por lo tanto nos sentimos obligados en nuestra conciencia a emigrar y buscar un país donde la fe luterana no esté en peligro y donde podamos servir a Dios de acuerdo con sus medios de gracia ordenados por Dios para la salvación de todos los hombres, conservar los mismos en su totalidad y pureza para nosotros y para nuestros descendientes”.

Stephan notificó a sus seguidores: “La hora de partir ha llegado; el tiempo de huir de Babel ha llegado, el que quiera salvar su alma debe prepararse para partir.” Keyl anunció a su gente: “El que no emigra no es cristiano”. A la gente se la confrontó con las palabras: Mateo 10:36 “Y los enemigos del hombre son los de su propia casa”; Mateo 10:37 “El que ama a padre o madre más que a mí no es digno de mí”. Y se citó muchas veces Mateo 19:29 “Y todo aquel que deja su casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o mujer o hijos o patria por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna”.

Según Walter se hallaban presentes 240 personas de Dresden cuyo pastor era Stephan; 108 personas de Eichenberg cuyo pastor era Loeber, entre estos estaba el grupo del maestro Winter de Planena, cerca de Halle, cuyo pastor el Dr. Guericke se había negado a agregarse al movimiento; 109 personas de Frohna cuyo pastor era Keyl; 84 personas de Lunzenau cuyo pastor era Buerger; 48 personas de Paitzdorf cuyo pastor era Gruber; 19 personas de Brauensdorf cuyo pastor era C.F.W. Walter; 16 personas de Langenchursdorf cuyo pastor era O. Walter; 31 personas de Leipzig y otro 20 individualemente. En total 707 personas. Viajaron en cinco barcos; uno de ellos el Amalia nunca llegó a destino.

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sólo el consejero del Obispo, pero como no había otro para la posición, mejor sería designarlo a él. Mientras viajaban por el Misisipí, se redactó una “Declaración de sumisión al Obispo”, por lo cual todos los firmantes se sometían a la autoridad del Obispo tanto en asuntos temporales como espirituales.

La mayor parte de los inmigrantes se establecieron en San Luis, Estado de Misurí. Lo primero que hicieron fue adquirir campos para comenzar a desarrollar sus tareas.

Se supone que los primeros cultos fueron celebrados en escuelas públicas. Luego en el sótano de la catedral de la Iglesia de Cristo que siguieron usando hasta el 4 de Diciembre de 1842. De inmediato establecieron escuelas para sus hijos.

Siguió un tiempo duro para los inmigrantes. En lo espiritual tuvieron muchas decepciones, pues ellos salieron de Europa escuchando palabra de hombre como si fuera de Dios y esto lo comprendieron al poco tiempo de estar en la nueva tierra, pero ya sin posibilidades de volver atrás. Los líderes espirituales cayeron en tentaciones, entre ellos Stephan, tuvieron que ser destituidos. En lo temporal, trabajos duros y desacostumbrados en un ambiente difícil, con carencia de agua potable, mucho calor, escasez y enfermedades desconocidas hasta el momento comenzaron a diezmar a las familias. Uno de los hijos de los inmigrantes, analizando la vivencia de sus abuelos y padres, expresó: “Todo esto sirvió para que aprendieran a no poner su confianza en hombres, y se arrojaran en los brazos del Dios misericordioso.”

Mientras sufrían aflicciones físicas y padecían una pobreza extrema, el 13 de agosto de 1839 apareció un aviso en el “Anzeiger des Westens” anunciando la creación de un “Instituto de Educación y Instrucción Superior”. La cabaña de troncos que sirvió como colegio fue levantada por el Pastor Walter y los candidatos Benger, Brohm y Fuerbringer. El 9 de Diciembre de 1839 se iniciaron las clases. La matrícula de alumnos fue de 7 varones y 4 chicas. Esta institución fue el germen del actual Seminario Concordia de San Luis, Misurí.

El 7 de Septiembre de 1844 apareció el primer número del periódico “Der Lutheraner”. Este fue el órgano oficial de difusión de la doctrina y vida de esta nueva iglesia, que pese a las dificultades, iba creciendo en membresía y en la misión.

El Lunes 26 de Abril de 1847, se celebró la reunión de constitución del Sínodo Evangélico Alemán de Misurí, Ohio y otros estados, en Chicago, Illinois.

La Constitución que adoptó el Sínodo fue el

resultado de un consciente estudio de la Biblia y una investigación diligente de las Confesiones de la Iglesia Luterana. Cada palabra de la constitución había sido examinada y re-examinada, no sólo por los pastores, sino también por las congregaciones. La congregación que pastoreaba Walter, en San Luis, había celebrado diez reuniones para discutirla.

Las razones para establecer el Sínodo se señalan en la Constitución de la siguiente manera:

1- El ejemplo de la Iglesia Apostólica. Hechos 15:1-31

2- La preservación y continuación de la unidad de la verdadera fe. (Efesios 4:3-6 ; 1 Corintios a:10) y un esfuerzo unido de resistir cualquier forma de cisma o sectarismo. (Romanos16:17) 3- Las protección de los pastores y las

congregaciones en el cumplimiento de sus deberes y el mantenimiento de sus derechos. 4- El esfuerzo por lograr la mayor uniformidad

posible en la práctica de la iglesia, costumbres eclesiásticas y en general en asuntos congregacionales.

5- La voluntad de nuestro Señor que los diversos dones sean usados para el bien común. (1 Corintios 12:4-31)

6- Esfuerzo mancomunado para extender el Reino de Dios y para hacer posible promover, fines sinodales especiales (Seminario, Agenda, Himnario, publicación del Libro de Concordia; libros para escuelas religiosas, distribución de la Biblia, actividades misioneras dentro y fuera de la iglesia, etc).

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La realidad vivida por el pueblo de Dios en Egipto, luego de la muerte José, expresada en el libro del Éxodo 1:8 “Entretanto, se levantó sobre Egipto otro rey que no conoció a José”, fue vivida también con similares características por los inmigrantes alemanes en Rusia, desde la mitad del siglo XIX. Las promesas hechas por Catalina II la Grande, se esfumaban rápidamente a través de las disposiciones de las nuevas autoridades. La rusificación forzada y paulatina introdujo en las escuelas el aprendizaje del idioma ruso; el servicio militar, de varios años de duración, se hizo obligatorio también para los descendientes de los inmigrantes; la prosperidad económica de las colonias comenzó a disminuir y también su contacto con el país de origen.

El final del Siglo XIX trajo al centro de atención la posibilidad de nuevas inmigraciones, pero ¿hacia adónde? Para muchos la Argentina parecía ser la meta más indicada. ¡La Argentina, tierra de libertad y de progreso, y no por último, tierra apta para el cultivo de trigo, como Rusia!

Los primeros años en el país (1878-1904)

Entre 1877 y 1878, descendientes de aquellos antepasados que habían ido tan esperanzados a Rusia, arribaron a Buenos Aires, Argentina, en busca de nuevos horizontes para sus vidas, familias y descendientes. A muchos les deben sonar en sus oídos las palabras que nuestros padres repetían de lo que ellos habían escuchado decir a los suyos con respecto a la Argentina: “país de la libertad, del pan y del trabajo”. El contingente principal de inmigrantes (conocidos como alemanes del Volga) llega en dos barcos en el año 1878 y se ubican en Entre Ríos en la zona de Colonia Alvear (Departamento Diamante).

Como los inmigrantes alemanes que llegaron a América del Norte unas décadas antes, estos inmigrantes también buscaban libertad para expresar su fe, pero con el adicional de crear una base de subsistencia material fuerte, característica que absorbió muchas energías y forjó la mentalidad de las generaciones futuras inmediatas.

No les resultó fácil la empresa inmigratoria: ni el desprenderse de lo que hasta entonces había sido su patria, ni el ubicarse, con todo ese bagaje de particularidades en lo que había de ser su patria nueva. Ambiente distinto, cultura diferente, idioma desconocido, no es de extrañar que el resultado fuera un nuevo encerramiento en sí mismos, un pronunciado

conservadurismo tanto en lo civil como en lo religioso. “En Rusia se era así, en Rusia se hacía así” eran justificativos y excusas aplicadas en infinidad de ocasiones. Ser llamado “ruso de...”, como ocurría con cierta frecuencia, y no sólo en los primeros tiempos, creaba rencores y resentimientos. Y lo peor era que incluso entre los mismos “rusos”, la filiación confesional abría brechas a veces absurdas, colocando a los luteranos y católicos en trincheras enfrentadas desde donde se bombardeaban unos a otros con improperios de grueso calibre, y en casos extremos, con una lluvia de piedras. *3

Cuando estos inmigrantes llegaron al país fueron atendidos espiritualmente por pastores de la Iglesia Evangélica Alemana, Sínodo de Berlín, llamada luego Iglesia Evangélica del Río de la Plata, o también “La Plata-Synode”. La atención que recibían de esta Iglesia con sede en Esperanza (Santa Fe), primera colonia agrícola del país, era muy esporádica debiendo sus pastores trasladarse por extensas regiones y permanecer en los lugares de predicación por semanas para brindar los servicios espirituales necesarios; sin olvidar la falta de caminos, puentes y medios de comunicación. Posteriormente se crea una Iglesia en Colonia Alvear (Entre Ríos) con un pastor residente que atendía toda la provincia. Como las tierras eran pocas para todo el contingente, un grupo de estos inmigrantes se trasladó en 1889 al sur de la provincia, al Dto. Gualeguaychú y se establecieron allí fundando lo que se conoce como Aldea San Juan. Allí fundaron la Comunidad Evangélica de la Colonia San Juan con su propio pastor.

Durante años estos inmigrantes recibieron atención de la Iglesia Evangélica Alemana, pero las crisis internas de inestabilidad de dicho Sínodo que afectaban tanto a los pastores como a los miembros y el trato un tanto extraño que recibían los inmigrantes ruso-alemanes de parte de los inmigrantes alemanes que componían esta iglesia motivaron la insatisfacción y la búsqueda de una mejor atención espiritual de mayor fidelidad doctrinal.

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Inicio del trabajo del Sínodo de Misourí

desde Brasil (1905-1928)

Entre tanto, en el año 1899, en los Estados Unidos, el Sínodo de Misurí reunido en Convención General, resolvió, entre otras cosas: “Iniciar el trabajo misional en América del Sur, especialmente en el Brasil y en la Argentina, pues las condiciones en estos países eran muy favorables”, y se autorizó a la Comisión General de Misiones del Sínodo de Misurí a concretar, lo antes posible, esta resolución. Así el primer misionero enviado por el Sínodo de Misurí a Sud América, fue Christian James Broders. El 1º de julio de 1900, se organizó la primera Congregación Luterana en San Pedro, Río Grande, Brasil, entre un grupo de creyentes “pomeranos”, con la conducción pastoral del Pastor Broders. Algo más tarde fue enviado el segundo misionero, desde USA al Brasil. Se trataba de William Mahler, quien se desempeñó como “Director General de Misiones para América del Sur”, y se hizo cargo de la recién formada congregación de San Pedro, por el alejamiento del Pastor Broders, que regresó a su patria. En el año 1902, el Pastor W. Mahler, fue elegido “Presidente del Distrito de la Iglesia Evangélica Luterana del Brasil”.

La Obra misional del Sínodo de Misurí en la Argentina tiene su inicio con una carta fechada el 04 de noviembre de 1904 dirigida por el Pastor Von Matthesius al Presidente del Distrito de la Iglesia Evangélica Luterana del Brasil, William Mahler, desde Aldea San Juan, en la que solicitaba el envío de un “Pastor luterano” para atender a la congregación de Aldea San Juan.

Es necesario expresar que el Pastor Von Matthesius fue un personaje semi-misterioso que apareció en escena en esa época. Según él mismo: Nació en Chicago, USA. Cursó sus estudios el Alemania, y se graduó como Bachiller en Teología en Praga, Checoslovaquia. Llegó a la Argentina en algún momento, con los muchos

Las relaciones entre Von Matthesius y el Sínodo de la Iglesia del Río de la Plata, nunca fueron muy cordiales. Para el Sínodo del Río de la Plata, Von Matthesius siempre fue un personaje dudoso, por lo que no lo reconoció “oficialmente” como pastor de dicha Iglesia. Dadas estas condiciones, Von Matthesius decidió entablar contacto con la Iglesia Luterana del Brasil, Sínodo de Misurí. Se dirigió, por tanto, al Presidente de aquel Distrito, Dr. Mahler, y en su carta destacó, entre otras cosas, diciendo: ”No tengo deseos de pertenecer por más tiempo a un Sínodo (o Iglesia) cuya posición confesional y doctrinal es tan poco luterana”... Por eso buscó una Iglesia firmemente asentada sobre las Confesiones claras, precisas y bíblicas de la Iglesia Evangélica Luterana, Sínodo de Misurí.

A la espera de respuesta desde el Brasil, Von Matthesius continuó trabajando como pastor en Aldea San Juan donde atendía una congregación con alrededor de 50 familias. Allí permaneció durante tres años. A partir del arribo en el año 1905 del primer pastor “misuriano” a Entre Ríos, Aldea San Juan, se carecen de datos certeros sobre Von Matthesius, no se sabe a dónde fue, y lo que hizo después. Pero parece que sirvió de instrumento en las manos de Dios para que la Iglesia Evangélica Luterana, Sínodo de Misuri iniciara su trabajo misional en la Republica Argentina.

El Dr. Mahler, Presidente del Distrito Brasil del Sínodo, decidió viajar a la Argentina a fin de verificar lo expresado en la carta. Así llegó a la Aldea San Juan y convocó a una asamblea de la Congregación, con asistencia del Pastor Von Matthesius. En esta Asamblea la Congregación resolvió afiliarse a la IGLESIA EVANGÉLICA LUTERANA , SÍNODO DE MISURÍ, DISTRITO BRASIL, a fin de mantener “puras e inalteradas las Confesiones Luteranas”. En la misma reunión también se resolvió extender un llamado, por intermedio del Dr. Mahler, a un pastor luterano. También

inmigrantes europeos. Dada la carencia casi total de asistencia y atención espiritual a las nuevas colonizaciones, Von Matthesius se dirigió al Presidente de la Iglesia del Río de la Plata, Pastor Bussmann con la solicitud de que se lo aceptara como pastor. Esto sucedió en el año 1901. El Presidente Bussmann, obrando contra la decisión de su Iglesia en Alemania, aceptó a Von Matthesius, y lo instaló como Pastor en la región de Aldea San Juan, Entre Ríos, el 20 de Abril del año 1902.

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se revisaron los Estatutos, dándoles la forma que se estila en las Parroquias de la Iglesia Evangélica Luterana.

Por intermedio del Presidente, Dr. Mahler, el llamado extendido por la Congregación San Juan fue enviado al Pastor Henry Wittrock, de Rincao dos Vales, Brasil quien arribó en a principios de noviembre de 1905 a la Aldea San Juan. Entretanto había transcurrido casi medio año desde que se redactó el Documento de Llamado, tiempo harto suficiente para que el enemigo sembrara “cizaña en el trigo” (Mateo l3:25) contra los “Misurianos” , de modo que cuando arribó el Pastor Wittrock, no encontró a nadie para recibirlo. Nadie recordaba que se había resuelto pagarle 2.500 pesos de sueldo. Solo se le aconsejó fríamente, que regresara cuanto antes al Brasil. Pero ahí estaba él, solo con su familia, sin dinero, sin casa, sin recursos, extraño en un país desconocido, y con un clima hostil en su contra ¡Fue, sin duda una experiencia muy dura, difícil y desalentadora! Sólo le quedaba Dios y su bondad, a quien se aferró.

Tras muchos cabildeos y largas deliberaciones, finalmente consiguió alojamiento provisorio en el “Schulhaus” (escuela), y desde allí comenzó a trabajar y oficiar cultos con sólo 3 familias. Pero pronto ya había 100 niños en la escuela. El primer mes recibió 10 pesos de sueldo. Pero las cosas fueron cambiando. Más tarde se agregó otro cuarto al edificio de la escuela, y así el pastor pudo mejorar su vivienda y llevar una vida más privada y de familia. ¡¡Durísimos comienzos!!

Pero el Pastor Wittrock comenzó a trabajar con mucho empeño, fe y amor. Dios bendijo sus esfuerzos y dedicación, y pronto amplió su radio de acción y trabajo. Atendió San Juan, luego San Antonio y Ángel Sturla. Por motivos de salud, no pudo hacerse cargo de los grupos luteranos residentes en Líbaros, Lucas González y San Ernesto. Su esposa comenzó a sufrir agudos cólicos hepáticos, y, él mismo cayó presa de una severa crisis nerviosa. Por tanto, y con la ayuda de sus familiares de USA, decidió renunciar a la Parroquia de San Juan, y regresar a su patria, en octubre de 1906, tras apenas un año de trabajo en la Argentina. Se sabe que recuperó su salud, y sirvió por muchos años más al Señor de la Iglesia.

Cuando el Pastor Wittrock se alejó, un pastor de otra iglesia se presentó a la Congregación de Aldea San Juan y, en una reunión, dijo: “Gracias a Dios están libres de ese engañador norteamericano”. Pero algunos de los miembros de la congregación tuvieron el coraje de contestarle: “Vamos a dar gracias a Dios, si la Iglesia Luterana nos concede otra vez un hombre como éste”. Y aquel pastor tuvo que alejarse sin conseguir sus no evangélicos propósitos. Vemos como en un medio y ambiente tan adverso y hostil comenzó el trabajo misional

de la IGLESIA EVANGÉLICA LUTERANA, SÍNODO DE MISURÍ, en la Argentina.

Con justa razón, la congregación “San Juan” de la Aldea San Juan es considerada la “iglesia madre” de la I.E.L.A., puesto que desde allí, cual árbol frondoso, nuestra iglesia extendió sus ramas sobre buena parte de Entre Ríos.

Sucedió al Pastor Wittrock, el Pastor John H. Meyer,(Brasil) que predicó su sermón inaugural el 9 de noviembre de 1906 en Aldea San Juan. Pero el 25 de diciembre de 1907 ofició su culto de despedida en la Aldea San Antonio, ocasión en la que remarcó enfáticamente la diferencia doctrinal entre la Iglesia Evangélica Luterana y la Iglesia Reformada.. La gente lo recordaba siempre como un predicador vigoroso y persuasivo, que sabía llegar y tocar el corazón de sus oyentes, y que dirigió a la escuela con mucha autoridad y energía. Por razones que no se conocen, en abril de 1908 emprendió su regreso a USA. Su ministerio pastoral y misionero en la Argentina, también fue muy breve.

En Julio de 1908 el Pastor O. W. Böttcher fue ordenado como pastor en Aldea San Juan por el Rvdo. Pastor Augusto Heine quien trabajaba en la provincia de Buenos Aires.

La expansión de la iglesia en el país

La obra que comenzó en 1905 como un “grano de mostaza” (Mt 13:31-32.) en la Aldea San Juan, se extendió por todo el país. Primero se extendió por la provincia de Entre Ríos. Con sede en Buenos Aires, se extendió al oeste hacia Guatraché, Villa Iris, Jacinto Aráuz, General San Martín, Coronel Suárez, Darregueira y otros lugares. Desde La Pampa llegó hacia San Luis y Córdoba, y luego hacia Chaco y Formosa. En Misiones se sumaron algunas familias de Entre Ríos con las familias luteranas provenientes del Brasil.

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Al Pastor Heine le siguió el Pastor Guillermo Ruesch que sirvió como misionero en Buenos Aires durante 4 años. Tras su alejamiento, le siguió el Pastor A. C. Nicklas, que sirvió unos 9 meses a estas congregaciones. Desde el 04/02/1917 y hasta Pascua del año 1929 el Pastor A.T. Kramer atendió a las congregaciones de Bs. Aires , que oficiaban sus cultos en casas de familias. El trabajo en Buenos Aires (Capital) comenzó en la zona de Barracas Se consiguió una capilla de la Iglesia Metodista para los cultos y otras actividades. La obra se extendió luego hacia Belgrano. En 1926 se compró una propiedad en la esquina de Avda. Forest y Echeverría. Una vez resuelto el problema del local, la obra misional en la Capital comenzó a consolidarse. Los cultos se oficiaban mayormente en alemán; ocasionalmente en castellano, algunos en inglés y otros en húngaro. La atención espiritual estaba dirigida casi exclusivamente a los inmigrantes europeos y a los enfermos que solían venir del interior para hacerse atender en Hospitales de la Capital.

La obra en Misiones la inicia el Pastor Kurt Raschke, cruzando el río Uruguay, entre los luteranos emigrados desde el Brasil a las zonas de San Javier, Bonpland y lo que hoy es Leandro N. Alem y Oberá.

Desde 1922 se trabajó en el Chaco con luteranos rusoalemanes llegados desde La Pampa, pero recién en 1930 hubo un pastor residente, quien fue Fred Riedel.

Desde el año 1922 y hasta 1928 llegan al Chaco familias de inmigrantes eslovacos que se radican en Presidencia Roque Sáenz Peña y sus alrededores. El 8 de abril de 1941 recibieron el primer pastor misionero residente en la persona del Sr. Miguel Kostelny. Este grupo se constituyó varias congregaciones que en el año 1971 se afiliaron a la I.E.LA., debido a la recomendación

realizada por el Sínodo Eslovaco de Estados Unidos que les brindaba atención y al hecho de que la confesión de fe era la misma.

Con el correr de los años, y a medida que el trabajo misional crecía, se vio la necesidad de tener una Revista que sirviera de unión y enlace a las parroquias. Así, en el año 1918, apareció el “Kirchenbote”, cuyo primer director y editor fue el Pastor A. T. Kramer. En sus páginas solía enfatizarse drásticamente “algunas doctrinas y enseñanzas erradas” de grupos eclesiásticos no luteranos.

Al comienzo el “Kirchenbote” se publicaba exclusiva y totalmente en idioma alemán. Pero con el tiempo se incorporó en el mismo una página en castellano, que fue ampliándose tiempo más tarde, de acuerdo con las necesidades que surgían con el desarrollo y crecimiento de la misión. Durante largo tiempo se mantuvo esta “tradición oral”, empleando casi exclusivamente el alemán en el quehacer de la Iglesia.

Al considerar la historia de nuestra Iglesia, es necesario recordar que el trabajo de la IELA., desde 1905 a 1920, estuvo bajo la supervisión y dirección del Departamento de Misión del Distrito del Brasil. En enero de 1920 se creó el Departamento de Misión de la I.E.L.A.. Su primera reunión data del 07 de enero de 1920. El Pastor Alfredo T. Kramer fue su primer presidente. El Pastor B. H. Ergang su primer secretario y el Pastor C. H. Wolf su tercer miembro. En su tercera reunión del 07 de marzo de 1921, se discutió la posibilidad de iniciar un trabajo misional en castellano en Lamadrid. Pero este proyecto quedó “sobre tablas”, y se durmió, y no se habló más de él.

En el año 1922 la I.E.LA. ya contaba, según un informe del Dr. A.T. Kramer, con:

Ø 11 Parroquias Ø 11 pastores Ø 56 congregaciones

Ø 5239 miembros bautizados Ø 2.386 comulgantes

Había una sola congregación independiente. Los 11 pastores atendían en promedio 5 congregaciones cada uno. En sólo 17 años se logró reunir a 891 familias. El crecimiento, pese a las grandes dificultades políticas y económicas del país; pese a las distancias, a la falta de caminos y medios de movilización, de comunicación, de idioma, de las hostilidades interdenominacionales fue realmente muy significativo.

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El énfasis del trabajo misional de nuestros antepasados, estaba puesto, mayormente, en la “salvación de las almas, arruinadas y perdidas por el pecado”. Su misión y meta era predicar el Evangelio del perdón en toda su pureza sencillez y claridad.

Gran parte del crecimiento y la consolidación de la iglesia se debió a la creación de escuelas parroquiales. En estas escuelas que eran atendidas de lunes a viernes por los maestros parroquiales se aprendía el idioma alemán, religión y ciencias. El Estado no contaba entonces con escuelas públicas que impartieran la enseñanza básica obligatoria por lo cual estas escuelas parroquiales se establecían en casi todo lugar donde surgía una iglesia luterana. En vista de la cantidad de alumnos y la necesidad de más maestros, allá por los años 1919-1920 se empezó a gestar la idea de formarlos en Argentina ya que el Colegio y Seminario más próximo estaba en Porto Alegre, Brasil. El tema del Colegio propio fue tomando forma, y pronto la idea fue discutida con mayor seriedad e intensidad en Conferencias Pastorales. No tardó mucho, y la idea se transformó en convicción. Luego se pasó a establecer el lugar donde se ubicaría el Colegio. Se mencionó Urdinarrain, Crespo, Coronel Suárez, etc. Finalmente Crespo resultó el lugar elegido. El 21 de febrero de 1926 se inauguró y fue dedicado el Colegio

Concordia en Crespo, como “escuela preparatoria y formadora de maestros para las escuelas parroquiales de la iglesia y preseminario para futuros pastores”. El 03 de marzo de 1926 abrió sus puertas, y comenzó a funcionar con 15 alumnos. Cabe mencionar que el Colegio Concordia, su predio y construcción, fue fruto del esfuerzo, del amor y de las ofrendas de los miembros de la IELA. El Dpto. de Misión del Sínodo no aprobó subsidio alguno para este proyecto. El Pastor J. Riffel escribió que los 17.000 pesos de su costo fueron reunidos con las ofrendas de las congregaciones.

Durante el año 1925 el Pastor B.H. Ergang fue llamado para hacerse cargo de la dirección y puesta en marcha del Colegio Concordia, en Crespo. En el año 1926 el Vicario Carlos Klich de Brasil, colaboró con él, y el Colegio empezó a funcionar. Durante los años 1929 a 1931 el Pastor A.T.Kramer fue llamado como otro integrante de la Facultad. En 1930 el joven candidato recién llegado de Alermania, Federico Lange completó el Cuerpo Docente del Colegio Concordia

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