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DOSTOLEVSKi
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GALDÓS
por
ARMANDO
DONOSO
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DOSTOIEVSKI
OBRAS
DEL
AUTOR:
"MenéndezPelayoysuobra". Imp.Universitaria.Santiago. "Los nuevos". Sempere y C±Valencia.
"Bilbao y su tiempo". Imp. Zig-Zag. Santiago. "La sombra de Goethe". Edit. América. Madrid. "La senda clara". Cooperativa Editorial. Buenos Aires "Un hombre libre". Colección América. Buenos Aires. "Dostoievski, Renán, Pérez Galdós". Edit. "Saturnino
Calleja" S. A. Madrid.
EN PRENSA:
ARMANDO
DONOSO
DOSTOIEVSKI
RENÁN
PÉREZ
GALDÓS
M C M X X V
Editorial "Saturnino
Calleja"
S.A. Casa Fundada ei. año 1876Propiedad
Derechos reservados
A don
Galvarino
Gallardo
Nieto,
cordialmente.
DOSTOÍEVSKÍ
EN
gólica
el fondoha oscuroido a buscarytumultuoso del almaOrtega
y Gasset elmonorigen
del comunismo ruso, laexplicación
del sentimiento revolucionario que hizodesaparecer
un
régimen secular,
olvidando acasoquinientos
años de dolorcontenido,
durante los cuales elpueblo
estuvo con las rodillas clavadas en el suelo y con los brazos en cruz. Hasta ayer Rusia encarnaba la postrerasupervivencia
del feudalismoautocrático, gobierno
de derecho divino, apoyado
en lareligión
y en elejército
; su administración estabacorrompida,
elpueblo
abandonado a sus rudimentariasnecesidades,
lajusticia
al servicio deldinero,
los servicios desorganizados,
mientras sepretendía
dominar por el terror a los deabajo
y la indiferencia y la molicie de las clases altaspesaba
sobre elpobre
mujik ignorante
yenvilecido,
yhoy,
porlógica
y brutalreacción,
ese feudalismo se ha hundido como unapesada
torre, y un estadoigualitario
ha hecho tabla rasa de cuanto se creó durante muchossiglos
depaciente
esfuerzo.Así,
pues, la historia delpueblo
ruso no viene a ser más que-Donoso
la historia de la más vergonzosa y triste de las
opresiones:
el hombreerigido
enverdugo
del hombre yelgobierno entregado
en manos de una castaholgazana:
elcódigo
en la diestra y ellátigo
en la otra.Máximo
Gorki,
hombre delpueblo,
nacido en el seno de lamiseria,
y que conoce, por doloridaexperiencia,
el almasimple
delpueblo
ruso, hapodido
escribir: «En suesencia,
el individuo delpueblo
es una corriente elemental de anarquía.
Las gentes necesitan comer todo cuanto les esposible
ytrabajar
lo menos quepuedan. Quie
ren poseer todos los derechos y no tener de beres».Agregad
a esapredisposición
elpeso brutal de una esclavitud que le hace sentir la miseria cruda y el
castigo
del amoimplacable,
ex-Dostoievski, Renán,
traños. La
vida,
sinresponsabilidades formales,
fomenta sus correríasvagabundas
yhostígale
con las venganzas de los otoños estériles y de los inviernosimplacables,
que leobligan
a recluirse en la chozamiserable,
donde le consumen elhambre,
lasvigilias
y el alcohol. Afuera el cam po está cubierto de nieve y ellátigo
de las ventiscas azota sus carnes desnudas. La soledad acentúa su mutismo y, como esinculto,
no le torna meditativo y conformista. Sureligiosidad
ahinca en el subsuelo de sus acentuadassupersti
ciones y no alcanza a ser valla que contenga laplenitud
de susinstintos,
que le mueven hacia elvicio,
el robo o elcrimen,
como la racha lleva lapajuela
en irresistible vuelo.Un dolor de
siglos,
que se confundía con una beatapasividad;
la influencia delpáramo,
de laestepa
estéril,
de la naturalezahostil,
habían contenido en esepueblo
toda conciencia de la másjusta
de las rebeliones. La literatura rusano era hasta ayer más que un clamor de esa
angustia acallada,
que cada hombrepudo
sentir como un estremecimiento y como una protesta: por eso escribióGogol
TarasBulba, Tourgenev
los Cuentos de uncazador,
Dostoievski sus Re cuerdos de la casa de losmuertos,
Artzybachev
Sanin,
Gorki Caín y Artemio y Tolstoi y An-dreiev y Tchekov tanto y tanto librolacerante,
que hace sentir muy de cerca lareligión
del sufrimiento en elpueblo
ruso,vilipendiado
y escarnecido.-Donoso
No es el alma
asiática,
elespíritu
errabundo delmongol bárbaro,
el quejustifica
elcarácter,
pasivo
hasta ayer,exasperado hoy,
de la nación queestrangulan
las nieves ycontiene el misoneís mo retardatario de tantospueblos,
que aun perpetúan
los, sentimientos del clanprimitivo.
Elcampesino
de la estepaukraniana,
que no tiene apego a la tierra y es arrastrado por suespíritu
nómada de latitud enlatitud,
acaso siente ypiensa
lo mismo que ellabriego
de la llanuraamericana,
que el«cow-boy»
del Far West o que el negro de la selva delCongo,
en su rudi mentaria conciencia de los deberes y de lajus
ticia. Sólo sabe expresar esealgo
que leexige
elapetito insatisfecho,
su animalidadincontenida. Cuando el motín lesolicita,
no teme ni a la muerte ni aldolor,
porque hasta ellospreséntanse
a su conciencia comoalgo
oscuro y confuso.Por eso Dostoievski sólo habló de
piedad
ante lareligión
del sufrimiento de esepueblo.
ADOLESCENCIA
La historia de Dostoievski es la de la más triste tribulación de un hombre. Una vida doliente de
privaciones
y de oscuros presen timientos; una eterna espera dealgo
quepuede
venir y que nollega
nunca. Supadre
era médico delhospital
María,
donde losojos
de FedorSu
hogar,
la severa casona de suspadres,
atri bula su alma en hora temprana con lasangustias
de lasoraciones,
querepite
dehinojos
ante el icono alumbrado por la eternalamparita
votiva. Elhospital
ensombreceaquella
casa, hasta dondellegan
los ecos de la muerte, que ronda los po bres lechos del asilo caritativo. Elpadre
es severo,hosco, sombrío; jamás sonríe,
y sus pa labras sólo tienen undejo
cortante. Por las tar des suelesorprender
a sushijos
en amableplá
tica con los enfermos a través de lasrejas,
y en tonces elimplacable cirujano
mayorcastiga
a lospequeñuelos,
quehuyen
atemorizados. Bien pron toMiguel
y Fedorllegarán
a sentir cruel y ás pera esa duraautoridad,
cuando supadre
les dé lasprimeras
lecciones de latín: depie,
clavadosante la mesa, atentos y
temblorosos,
declinany
repiten
el interminable y cotidianoaprendizaje.
Yasí,
en elhogar,
reciben todas sus enseñanzasiniciales,
mientras sienten volar su adolescencia, lejos
de la sana y librecamaradería,
que en los niñosanticipa
el necesariodespertar
de lapubertad.
Esadisciplina
torna tímido y receloso alingenuo Fedor;
la obsesión de las lecciones de latín leembarga
y leaniquila.
Susjuegos
con sisten en las limitadas diversiones de un niño aquien
se encarcela entre los cuatro muros de una casa silenciosa. Ya lodijo
el poeta: «¡Qué
triste seráel
hombre que nojugó
de niño! » ;y Fedor sólo
pudo
conocer la existenciagris
y monótona de unhogar frío,
que apenas entibió la-piadosa
y suave ternura maternal.¿Acaso
no iba a pesar como un ascendienteprofundo
en su vida esa infanciasolitaria,
aislada de todo con tactoinfantil,
sometida al cartabón de la austera vida delhogar
severo? El sentimiento de lasoledad,
¿noinfluyó,
acaso, en el prematuro des pertar delniño,
que viviósiempre
recluido en una dolientepenumbra
? Al declinar susquince
años comienza a tener conciencia delprimer
do lorirreparable:
el otoño agosta las últimas energías
de sumadre,
y,junto
con el crudoinvierno,
llega
la muerte a velar sus claraspupilas.
Heaquí
laanticipada
amargura en una adolescencia huérfana dealegrías.
La soledad se hace cada día mayor y mástrágica.
Transcurre un año,y Fedor
ingresa
en la escuela deingenieros:
su melancolía seacentúa,
es más honda:«Tengo
un proyecto —le escribea su hermano— ; me voy a volver loco». Se siente triste viviendo en una atmósfera
glacial:
«Hace muchotiempo
que no siento entusiasmo... Mi corazón se ha en durecido». Lasprimeras lecturas,
lasprimeras
desesperanzas
románticas,
Lamartine,
Chateaubriand, Jorge Sand, complican
esa alma atribu lada por el dolor de los veinte años: tal vez el mal delsiglo,
la enfermedad deRene,
la me lancolía tétrica deLeopardi,
que en el ambiente deEuropa
comenzaba a difundir el romanti cismo.Dostoievski, Renán,
las turbaciones? Taciturna y
solitaria,
prema turamente consumida poranticipados
pensamien
tos, esa adolescencia era una dolorosa preparación
para unalarga
vida detristeza,
que le iba aagobiar
más tarde. No es un adolescente precoz por los dones de suinteligencia,
pero sus sentimientos,
a vecesexaltados, llegan
a preocupar vivamente a su hermanoMiguel. ¿Acaso
las lec turas iniciales y lasanticipaciones
de un mal prematuro no consumen y exacerban susnervios,
que la soledad afinará extrañamente? ¿No ha recordado su hermano Andrés que Fedor colo caba en su mesa de noche unpapel,
en el cuax sepodía
leer losiguiente?:
«Puede ocurrir quehoy caiga aletargado
; que no me entierren antes de muchos días».Pronto va a tener veinte años. Su
padre
ha muertodejando
aquel hogar:
el abandono y la desorientaciónanticipan
el vía crucis de esaadolescencia, larga
y triste como las noches de diciembre en la estepa.Pobre,
huérfano de toda esperanza, ¿acaso esalgo
más que unmendigo
abandonado en medio del camino? Lapobreza
leronda,
ladesesperación
le consume, el hastío ledeprime.
Es casi unparia,
uno de tantos de esos humillados yofendidos queluego
abundarán en laspáginas
de sus libros. Sinaptitudes
para ganarse lavida,
comenzará aescribir, impulsado
por extraña e irresistiblevocación,
y por el deseo de procurarse el pan:«Qué
meimporta
laglo
ria,
cuando sólotrabajo
para mi pan». Ha salido-Donoso
de la escuela de
ingenieros
militares con elgrado
desubteniente,
pero esegalón
no leinteresa,
ni esa carrera le atrae: «El servicio medesagrada
como las patatas». Elperiodismo,
el arte y los libros le preocupan; pero, la terriblepobreza,
¡buena hermana de todos los soñadores I, es su eterna
prometida.
Él carece deorgullo
y es el más humilde entre los menesterosos. El dinero le atormenta como una obsesiónimplacable.
Sus cartas de entonces no son más que un eco de sudesesperación:
piensa
hacer una novela a fin de pagarindispensables
deudas,
y, si elnegocio
noresulta,
«esposible
que mecuelgue,».
A su her mano le escribe: «estoydesesperado;
estoy per dido». Lapequeña
renta heredada de supadre
la ha consumido*)rápidamente
en sus necesidadesy el
juego.
Ignora
el valor deldinero,
elorden,
la economía: «Fedorignoraba
siempre
lo quetenía»,
dice su hermanoMiguel,
el buenamigo
de toda suvida,
paño
delágrimas
de sus desfallecimientos,
almamagnánima
y buena. A él sedirige,
a él clama en todos los momentos de suexistencia,
quesiempre
será lamisma,
llena desobresaltos,
deangustias,
de eternapobreza:
si a los veinte añospiensa
enmorir,
a los cin cuenta clama como un niño que sequeja,
con laspupilas
humedecidas por el llanto: «TuveDostoievski, Renán,
de lana para el invierno. Y, sin
embargo,
desde hace dos días no cesa de nevaraquí.
»Constante melancolía de la
necesidad,
santadesesperación
de lapobreza:
el eco de esa vida clama con la voz de la humillante miseria. Suresignación llega
a serevangélica,
pero no es más que laresignación contenida,
quepide
con las manosjuntas
y losojos
clavados. A su her mano ledice,
en amarga carta última:«Tengo
hambre,
y nisiquiera
un centavo que mepermita
humedecer elpaladar
con un poco de te.» Cuan do arriba aPetrogrado,
sólopuede
alimentarse de leche y de pan,que le fían en un almacén. Mástarde,
a pesar de que es un escritorcélebre,
que comienza a hacer la fortuna dealgunos editores,
escribe en una carta:«Nopuedo
comprar zapatos de verano y debo usar los de invierno.»Es la tristeza de una eterna mendicidad la que le acosa y le tiraniza cada
día;
y, a pesar detodo,
ya ha escrito unlibro,
su novelaprimo
génita. Así,
entresobresaltos,
inquietudes
y pobrezas,
cuando la miseria le conmueve más hondo,
es cuando crea laspáginas
más sentidas. El dolor comunica a sus libros un clamoroso estre mecimiento humano. Son las horas desoledad,
elhambre,
lasdeudas,
las que le mueven a inclinar la cabeza sobre las blancas carillas y adejar
correr lapluma.
Así nacen El idiota y Crimen ycastigo.
Sóloesprime
suimaginación
con la santa voluntad depoder
pagar sus necesariasobligaciones
de cada momento: «Durante todami vida debí
trabajar
por el dinero y durante toda ella estuveapremiado
por la necesidad.»¿No
afirma en una de sus cartas que nopodrá
escribir porque está muriendo de hambre ? Firmeresignación
quejamás
se rebela aunque lastime sujusto orgullo.
Sus nervios denuncian ya losprimeros
síntomas de la enfermedad queluego
va a describirenelpríncipe
Muichkin. Su misantropía
se acentúa y, más aislado que nunca, más triste que antes, devora en silencio susangustias,
y sólo sabe ypuede
distraerseescribiendo,
escri biendosiempre,
durante sus horas solitarias. El hombrehumilde,
el hombredoliente,
el solitarioconturbado,
queescribe, escribe, escribe,
no esmásque el mismo Dievouchkin de su
primera
novela,
Lospobres,
o sea el Dostoievski de los veintitrés años, que más tarde será el Vania de Humillados yofendidos
o elPríncipe
en El idiota: la misma almadigna, digna
de todadignidad,
y buena de toda bondad.EL PRIMER LIBRO
¡El
primer
libro,
la obraincipiente
en la cual se ensayan las inclinaciones de la mocedad y en cuyaspáginas
suelequedar
todo el romanti cismo de nuestrajuventud
1 El volumen de los veinte años suele contener nada más que la his toria de los comienzos de una actividadespiritual,
Dostoievski, Renán,
sonrisa. Se
improvisa
la labor inicial como se tiene unprimer
amor, con la divina inconsciencia de todas lasirresponsabilidades.
Si el adoles cente se llama Goethe o RubénDarío,
podrá
es cribir Los dolores deljoven
Werther oAzul,
mas nunca laproducción
definitiva,
el volumen de laplena
madurez intelectual. Tal vez Pérez Galdós compuso a los veinticuatro años Lafon
tana de oro; pero si esa novelaimporta
un pro metedorcomienzo,
dista mucho de la maestría de sus librosposteriores.
Y he
aquí,
sinembargo,
que Dostoievski es cribe unaprimera
obrabellísima,
la novela que más tardereproducirá
con el mismopersonaje
y el mismo corazón demujer,
cuando sólo acaba de pasar los veinte años, cuatro lustros durante los cuales ya habíagustado
el acre sabor de la vida. Supobreza
leobligaba
a vivir recluido en su bohardilla de estudiante sin recursos, y¿qué
ocasión máspropicia
para concebir unanovela,
el romance de todas susinquietudes
y de todas sus amarguras contenidas?Ocultos entre los
pobres
volúmenes de su mo destapensión,
guardaba
losoriginales
de sulibro, esperando
la hora bendita que los fuese a arrancar del olvido: «Sialguna
vez me sentí dichoso—iba a escribir más tarde en Humillados y
ofendidos
—no fue durante los
primeros
mo mentos deembriaguez
de mitriunfo,
sino cuando no le había leído ni mostrado a nadie mi manus crito.»Aquella
novela,
Lospobres,
constituía la es peranza inicial de una vidaliteraria,
lamejor
ilusión de un ensueño, que aunrespetaba
la realidad. Era ese instante el momento en que todo escritor adolescentepiensa
en lagloria,
cuandociega
el éxitopresentido,
mientras la in constante esperanza ilusoria nos mueve a creer que somos una actividadgeocéntrica,
hacia la cual concurre la unánimepreocupación
de cuan tos nos rodean.Dostoievski, Renán,
«Un nuevo
Gogol
nos hanacido»,
le anunciaNekrasov,
mientrasaquél
lereplica:
«Entre ustedes brotan losGogol
como loshongos.»
Sinembargo,
el mal humor del Aristarco se torna pronto en comunicativaalegría.
Cuando eljoven
novelista,
temeroso, se presenta aél,
Belinski le dice: «¿ Se da cuenta de lo que usted ha hecho? Usted nopuede
haber descrito tales cosas sinobajo
unaimpresión inmediata,
como sólopuede
hacerlo un verdadero artista. ¿Pero es usted acaso elprotagonista
de esta conmovedora historia? Pareceimposible
que, a los veinte años,pueda
habercomprendido
la verdad de esa no vela.Apreciad
el don de esta revelaciónartística,
sedle fiel yllegaréis
a ser ungrande
escritor.» Nosiempre
los críticos suelen serespíritus
abiertos ycomprensivos,
y, amenudo,
laspala
bras de Gautier encuentran unajustificación
en nuestros sentimientos. Pero esta vez el maestro habíapodido presentir
en esa hermosa novela lapresencia
de un rarotalento,
elgenio
de un es critor quesuperaba
aGogol
creando un estreme cimiento nuevo, acasoaquel
quealgunos
años más tarde iba a sentir VíctorHugo
en Lasflores
del mal.Rara
experiencia
de la vida e insólita maestría en el análisis revelaba Lospobres,
novela sen cilla ytierna, anticipadora
de rara madurez en un escritor. En suspáginas
está todo Dostoievski y, como ya loadvertíamos,
los dosprotagonistas
serán una variación de los futurostipos
de sus-libros: Ana Fedorovna y Dievouchkin anuncian
y
anticipan
aNatacha,
aSonia,
aAnastasia,
aNastenka,
alPríncipe
Muichkin,
aRaskolnikov,
a Vania.He
aquí
la doliente historia de estasimple
ypatética tragedia sentimental,
queno esmás que el idilio de ladesesperada
vida cotidianaen un mo destoempleado
decancillería,
que sobrellevauna existenciamonótona,
gris,
deprivaciones
sincuento,
compartida
con su infantil vanidad de excelentependolista.
Mientras otrosviven,
seenriquecen
ytriunfan,
él prepara sus informes conirrepro
chablecaligrafía.
Su almasimple
seresigna
en la determinación de su destino sinaspiraciones.
Tipo representativo
de la burocracia rusa, que vive esclavizada a una existencia sinidealidad,
ese héroe anónimo
podría
ser elpropio
novelista,
que se consumía en la miseria de una existenciaangustiosa
yresignada.
Nadapuede
ocurrir en lavulgar
historia de esa vida capaz de contra riar el destino de suobligación cotidiana,
que leata al crestón de su rutina. Sin
embargo,
unagrata y liviana
alegría
le reserva elpobre
barrio en que vive: frente a su cuarto habita unajoven
aquien
le vincula unlejano
parentesco, y que, tras los reveses de suvida,
recibe como un anticipo
de ventura la amistadabnegada;
del solícito Dievouchkin. El aislamiento y lapobreza
lesacerca y acaso
llegue
a unirlesalgún
día.tra-Dostoievski, Renán,
bajo.
Con humildeabnegación,
privándose
de lo másnecesario,
procura que nada le falte asu
vecina,
ni los bombonesfinos,
ni las flores tiernas.¡
Qué
dulce ymilagroso
tipo
demujer
el deesa Ana Fedorovna! Un corazón
femenino,
uncarácter delicado como
jamás
lo suelen o sabensentir los novelistas. Para el modesto
empleado
solitario ella pasa a ser un mentor y un
amigo,
llegando
a constituir una razón ideal en su vida. Más segura de susemociones,
culta,
buena,
tierna, se
impondrá
a él con la devoción de la más delicada solicitud. Espreciso
leer esaspáginas
de análisis penetrante, en las cuales se estudia el
proceso de tal
amistad,
que el destino va aromper pronto como
frágil
cadena. Mientras las murmuracionesimpiden
el trato cotidiano de ambos,
las buenas cartasllegan
asuplir
las ne cesidades de la camaradería sentimental: es unacorrespondencia
que rebosa ternura ysinceridad,
en la cual
palpita
el corazón de unamujer
ex traordinaria y el alma de un hombre delicadísimo; de uno de esos hombres que, en fuerza de
amar
mucho,
tienen valor para sacrificarse en bien de la felicidad de lamujer
amada. El casode Dievouchkin es el de
Vania,
el de Miuchkiny el del
protagonista
de Las noches blancas. Heahí la
comprensión
superior
del verdadero amor,que en Dostoievski tiene un carácter sublime: sólo un
grande
amor es capaz de un gran sacrificio hacia el
objeto
amado.-Donoso
Un día la esperanza de Dievouchkin se tri
zará como un
frágil
cristal: cierto adinerado pretendiente de Ana Fedorovna solicitará su mano
y, como ya no es
joven
y el solicitante esrico,
ella se ve en laobligación
de aceptar, puesobrando de esta manera
dejará
de ser una cargapara su
amigo.
El cambio brusco de esa vidaagobia
el ánimo de Dievouchkin. Ya tendrá ella la soñadaholgura,
lasjoyas,
las costosas toilettes;
yserá,
¡oh ironía!,
a suamigo
de ayer aquien
le encargue las compras, las atenciones de la modista y de losjoyeros.
¿ No hacomprendido
acaso ella que esa amistad fidelísima es, antes
que
nada,
ungrande,
un tiránico amor? ¿Qué
va a ser delabnegado
Dievouchkin cuando los recién casados abandonen laciudad,
para ir a vivir a lalejana
provincia
que lesdepara
susuerte? Hasta el último instante él le escribe
cartas
solícitas,
detallándole cuantos menesteresle encomendó ella para su boda. Y así termina la
tragedia silenciosa,
la novela de laspobres
gentes, mientras el tren parte llevándose a la feliz
pareja,
y elpobre,
el tiernoDievouchkin,
vuelve a su solitaria vida de antes, a suaislamiento,
que ahora
mortificará,
acrecentándolo,
el recuer do de un amorperdido.
Novela
recia,
amarga ydesolada;
libro que reveló inmediatamente la maestría de un nove listaúnico,
por suanálisis,
por sufuerza,
por suDostoievski, Renán,
elocuentes
descripciones
de los novelistas rusos.Cuando Dostoievski analiza las
primeras inquie
tudes de Dievouchkin o
pinta
el carácter de AnaFedorovna,
raya en lamaestría;
cuando lajoven
refiere la muerte del estudiantetísico,
suvecino,
a
quien
supadre
veneraba,
el novelista conmueve hasta las
lágrimas.
Releamos el fin deesta
página
tétrica y doliente: «Enfin,
fue cerrado elataúd;
después
que loclavaron,
sele colocó en el carro, que
partió
rápido.
Yo noSS lo
acompañé
sino hasta el fin de la calle. Elja-=
melgo
se puso a trotar, mientras el ancianose-=
guía detrás,
corriendo y llorando en alta voz. ™ Pronto elpobre
ancianoperdió
elsombrero,
= pero nisiquiera
se detuvo pararecogerlo.
Su ^ cabeza estabaempapada
con la lluvia. El viento =§ comenzaba asoplar
y elgranizo
azotaba los rostros. Al anciano ni
siquiera
parecía preocuparle
el maltiempo,
pues corría sindescanso,
llorando
siempre,
de un lado al otro del carrofúnebre,
Flotaban,
como alas alviento,
los faldones de sutraje pasado
de moda. Por todos sus bolsillos asomaban libros. Entre sus manosoprimía
confuerza un enorme volumen. Los transeúntes se
descubrían
persignándose.
Unos deteníanse paramirar al
pobre viejo.
A cada momento un librode sus bolsillos caía al
barro,
mientrasalguien
lo llamaba haciéndolo reparar en la
pérdida;
recogía
el libro y se echaba a correr de nuevo detrás del carro. En el rincón de unacallejuela
una
mendiga
seagregó
aél, acompañando
el-cortejo.
El carro dobló al fin en una calle lateral ydesapareció
ante misojos.
»Sólo en Crimen y
castigo
alcanzó Dostoievski tal maestría en el análisis: acaso Raskolnikovllegó
a penetrar tan hondo en los dominios sub terráneos de laautognosis.
Un hombre que se siente vivir con todas sus emociones y que escapaz de superarse sacrificándose al
imperativo
categórico
de ungrande
y nobilísimo deber o de un verdadero amor; he ahí el caso de ese ver dadero héroe de la vidacotidiana,
enquien
la conciencia es unjuez
inflexible y el corazón unconsejero
generoso. Nunca sepudo
concebir un libro con menos recursos novelescos: nada pasaen
él,
como no sea más que el drama lento de un alma que se consume en eltedio,
nace a la vida en las ilusiones cariñosas del amor y vuelvepronto a su .anterior
resignación.
Heaquí
una obratípica
y nobilísima deanálisis,
en la cual la honradez de unprocedimiento
literario aparece exaltada hasta lamaestría,
sin vanos alardesfolletinescos,
ni esapretendida
disección senti mental que, en un detestable escritor como PaulBourget,
sólo sirve parajustificar antojadizas
pretensiones
doctrinarias de arribismo social. Dostoievski no es unpsicólogo
porque todo lo dice enprolijo
acumular,
sino por lapenetración
y la claridad con que
deja
entrever hasta el fondo de lasalmas,
atando uno a uno los hilos invisibles de las emociones más sutiles. TodoDostoievski, Renán,
en este su
primer
libro,
doloroso,
triste,
rebo sante de una emoción que apenas si .se contieneen sus
páginas.
EL CAMINO DEL EVANGELIO
Por los caminos más
insospechados
puede
llegarse
alEvangelio:
una hora demeditación,
el roce invisible de la muerte, uno de esos minutos de extravío en que las antenas de la sensibili dad recogen los inciertos anuncios de lo
invisible,
suelen atribular a tantas animasblandulas,
va-gulas,
haciéndolas sentir lo inmediato delhoyo
profundo,
esa vidaincorruptible
del otro lado delagujero
negro, que decía Flaubert.Dostoievski antes del
presidio
y Dostoievskidespués
de la pena representan dos estados de la literatura rusa y acaso del alma moderna: cuan do se vive para la vidaexterior,
en medio, del tumultohumano,
perdido
en la ilusoria pro babilidad del advenimiento de lajusticia,
y cuan do se adivina en elpolvo
del camino la huella dela sandalia del dulce
pescador
de Galilea y se busca en unejemplar
conformismo toda razón de ser; Belinski yTourguenev
fueron deaqué
llos;
Tolstoi y Dostoievski han sido de éstos. El cristianísimopadre
de Yasnaia Poliana no ocultó su admiración por el Dostoievski de los díasposteriores
aSiberia,
hacia el hombre rebajado
al sacrificio de la peorofensa,
tal vez-Donoso
porque encontraba en él la
perfecta
simplicidad
delEvangelio,
única virtud capaz de redimir la humana soberbia. Nada encontraba en la literatura rusa el autor de Kolstomero tan edificante
como esos consoladores Recuerdos de la casa de los
muertos,
que escribió el novelista dos lustrosdespués
de abandonar Siberia. A través de laspáginas
de ese libro—así lo deseaba Pascal y
así lo
quería
Nietzsche—circula sangre, lasangre
de una vida crucificada.
Recordemos ese instante en la vida de Dos
toievski,
que marca la etapaejemplar
de una existencia yrefleja
el cuadro sombrío de unpueblo
humillado yvilipendiado
cien veces.La exaltación
ideológica
del liberalismo enRusia,
en lospromedios
delpasado siglo,
aparece como el síntoma de una evolución que comienza a trascender cual una consecuencia de lasagita
ciones doctrinarias del exterior. Mientras la metafísica
hegeliana
va cediendo su paso a las preocupaciones
materiales y a losproblemas
sociales,
los escritos de lospensadores
de las nuevas escuelas danorigen
a una activa acción intelec tual ydespiertan
un sentimientopeligroso,
que comienza a ganar terreno entre lajuventud.
Sinembargo,
a pesar de que las ideas liberales se difunden más ymás,
la libertad del pensa miento sufre la doble tiranía de todas las restricciones. Ni el
libro,
ni la prensa, ni la cátedraDostoievski, Renán,
renovadora no cesa en sus
empeños
;quienes
seconsagran al
apostolado
de las nuevas doctrinas buscan todas las maneras para difundirlas coneficacia,
y entre ellos Dostoievski es iniciado por Belinski «en la verdad del universo futuro regenerado
y en la santidad de la futura sociedad comunista». Formando parte de círculos activísimos, cuyos miembros
comulgaban
en un fourie-rismoardoroso,
se dedica a difundir las teoríasdel
impuesto
progresivo
de Proudhon y las doc trinas del falansterio delapóstol
francés. Antesque un revolucionario era por ese entonces Dos toievski un
simple
escéptico,
que acataba esospropósitos
antes porespíritu
de camaradería ypor novedosa fidelidad a las ideas de
Belinski,
que por hondas y sólidas conviccionespolíticas
o sociales.Mas,
poco observadores y demasiadoingenuos,
los afiliados confiaban en que el no velista sería un eficaz vehículo depropaganda
enla difusión de sus
ideas,
entre las cuales la demás inmediata
urgencia
intentaría la liberaciónde los siervos. Y fue así como, debido a insos
pechadas infidencias,
semalograron
los regene radores y románticospropósitos
delcírculo,
antesque alcanzara a
desplegar
una efectiva acción revolucionaria: un día fueron detenidos por lapolicía
y se lescondujo
inmediatamente a la fortaleza de Pedro yPablo, donde,
durante ochomeses, estuvieron sometidos al
régimen
celular en lalúgubre
mazmorra: «Pensando perpetuamente y solamente
pensando,
sin recibirninguna
-impresión
exterior quepermita
renovar y man tener elpensamiento,
es horrible. Me encontrabacomo
bajo
elinflujo
de unamáquina
para hacer el vacío de la cual se hubiera sacado todo elaire
respirable
».Comienza en la vida de
Dostoievski,
duranteesos ocho meses de
presidio,
la etapa de su evolu ción cristiana.Resignado
ytriste,
ya nopiensa
en sus sueños
revolucionarios,
sino que se so mete a la necesaria determinación de su destino:«Duermo cinco horas de las veinticuatro y des
pierto
cuatro veces durante la noche. El momento pesaroso es el delcrepúsculo;
aquí
se oscurece a las cinco... No me encuentrodeprimido.
Algunas veces siento que me he acostumbrado a esta
existencia;
pero, en otrasocasiones,
la vidaanterior,
con todas susimpresiones, irrumpe
en mi alma.» De pronto, yahostigado
por el malque en él va
preparando
suscrisis,
exclama: «Durante la noche miimpresionabilidad
se acrecienta:! tengo sueños interminables y me parece
que el
piso
vacila frecuentementebajo
mispies
y que me encuentro en un camarote de vapor.» Al
cumplirse
los cinco meses deencierro,
laresignación
haganado
enteramente suespíritu.
En medio de la oscuridad recibe lagracia
desu camino de Damasco:
«Pensar,
pensar siempre, no hacer otra cosa que pensar, sin que nada nos
llegue
del exterior a entonar y regenerar elespíritu,
es terrible.»pri-Dostoievski, Renán,
meras luces del
día,
son conducidos todos lospresos a un sitio distante de la fortaleza. ¿ Acaso se les prepara la sorpresa de la sentencia abso lutoria?
Pero,
¿y ellargo
e inútilviaje,
con tal frío y esa helada de lobos ?■ La sorpresa nopodía
ser mástrágica
y siniestra: se les iba apasar por las armas. Ante los
ojos
atónitos de los condenadosaparecían
veintebanquillos:
«Senos hizo subir al cadalso—
refiere
Spechnef
— y se nos colocó de a dos enfila,
nueve en una yonce en la otra. Poco
después
el auditor nosleyó
la sentencia.» El sol comenzaba a apuntar en elhorizonte;
Dostoievski le alcanzó a decir aSpechnef:
«Nopuedo
todavía creer que vayamos a morir» ; peroDourov,
otro de loscondenados,
le señaló una gran carreta, quellegaba
en esosmomentos,
tapada
con unamplio
cobertor:> «Son los ataúdes para nosotros.»Inmediatamente
después
de leída la sentencia
apareció
el sacerdote con uncrucifijo,
mientras a tres de los condenados se les
ataba,
a losbanquillos.
Unoficial,
con surespectivo pelotón,
se colocó delante de ellos. Resonó una voz de mando y los fusilesdejaron
oír el ruido secode su mecanismo pronto.
Zagoulai'ef, testigo
deaquella
escena, refiere que Dostoievski conservaba intacta suserenidad;
no le viosiquiera
palidecer cuando,
con pasofirme,
avanzó hacia elbanquillo;
una luz extra-terrestre comenzaba a iluminar suespíritu,
mientras su
tranquilidad
ante la muerte era la de un-Armando Donoso
hombre que ya ha hecho su acto de contrición: «Nuestro
suplicio
nosparecía
un martirio abso lutamenteinmerecido,
que nospurificaría
y gra cias al cual todo nos seríaperdonado»,
iba a escribir más tardeDostoievski,
pocodespués
detrazar
aquella página
de El idiota en lacual,
re cordando lasimpresiones
quepuede
sentir un condenado a muerte, dice elPríncipe
Muichkin:,«¿Quién podrá
creer que la naturaleza humana sea capaz de soportar esto sin abismarse en la locura?¿Por qué
estainjuria
monstruosa, inútil, superflua? Hay
hombres aquienes
se les ha leído la sentencia de muerte, y aquienes
se les hadejado
sufrir en la espera de esta muerte,y
luego
se les ha dicho: ¡Anda con Dios! ¡ Es tás indultado! Ellospodrían
referiros susimpre
siones. Elpropio
Cristo ha hablado de esta angustia,
de este terror.»Poco
después
deaquel
horrible simulacro dela muerte, con el ánimo aún
incierto,
en ese helado día de diciembre ruso, Dostoievski le es cribe a su hermano una carta; una carta tranquila
y triste:«Hoy,
22 dediciembre,
se nos ha conducido a laplaya
Semionovski. Allí se nosleyó
la sentencia de muerte, dándosenos a besar la cruz, mientras eranquebradas
lasespadas
so bre nuestras cabezas. Enfin,
se nos ha hecho la postreratoilette,
camisas blancas. Tres deDostoievski,
Renán,tanto, estaba en la
segunda
fila. No mequeda
ban,
pues, más quealgunos
momentos de vida. Me acordé deti, hermano;
de todos los tuyos.Eras
tú,
tú soloquien embargaba
mispensamien
tos en
aquel
instante supremo; entonces, másque nunca,
comprendí
cuánto tequería,
hermano mío.»El hombre que ha resistido conelcorazónente ro ese
suplicio
; que ha vistocaraa caralamuerte;que ha tenido un
segundo
para sopesar laimpre
sión que le reserva el inmediato infinito de lanada, puede explicarse
ycomprender
mejor
la evolución decisiva que en elespíritu
de Dos toievski cavó una fosaprofunda
parasepultar
toda su vida anterior.En el momento en que el corazón anheloso
de los condenados
aguardaba
lairreparable
hora de¡fuego!,
unpañuelo
blanco seagitó
en elaire,
y laejecución
fuesuspendida.
Todos rena cieron a la esperanza y a lavida,
menos uno deellos,
que habíaperdido
la razón: «La sentencia de muerte que se nos había leído era unasimple
broma. Todos estábamos convencidos que sería
ejecutada,
y vivimos diez minutosindescriptible
mente terribles en la espera delsuplicio.
»Conmutada la pena por cuatro años de tra
bajos
forzados,
fue conducido Dostoievski a Si-beria: llevado a Tobolsk entrineo,
tuvo que con tinuarluego
su camino apie,
cargado
de cadenas, con una
temperatura
de cuarentagrados
bajo
cero. Mientras le concedían un brevedes-3 D >stoievski
-Armando Donoso
canso en esa
ciudad,
lamujer
de unpresidiario
leobsequió
con unEvangelio,
el único libro quepodían
leer los forzados: «Durante cuatro añosguardé
el mío en laprisión.
Lo leí y leí fre cuentementealgunas
páginas
a los otros. En él le enseñé también a leer a unprisionero».
¡
Ah, noble,
generosa,inexplicable
humildad IJamás,
enningún
momento, durante esetiempo,
Dostoievskideja
escapar ni una protesta ni unaqueja.
Resignado
sufre suinjusto
martirologio,
y ahí está el diario doliente de esos cuatros años,Los recuerdos de la casa de los
muertos,
cuandodegradado,
confundido entre los peores criminales,
convivió la más espantosa miseria física y moral. Libroconsolador, ¡libio
desgarradoramen-te humano
éste,
en cuyaspáginas
sangra el cora zón atribulado del mayor santo laico de todos los calendarios. Escrito con la sencillez descarnada de cuanto concibió elgenio
de esehombre,
sentimos en sus
páginas
el calofrío de un nuevoevangelio
en lareligión
del sufrimiento.Jamás
interrumpe el hilo de esa narración sin adornos un
grito desesperado
en medio de lasangustias
que tiene que soportar o sertestigo. Resignado
y fortalecido por el consuelo de sualma,
quepuri
fica laexpiación
lenta yterrible,
encuentra enaquel
dolor el camino de la verdadera santidadespiritual.
Mira en torno y,siempre,
en el fondo de las almasabyectas
que lo rodean advierte unDostoievski, Renán,
su corazón atribulado. Así este libro
doliente,
donde la miseria moral estremece hasta las lágrimas,
es una obraconsoladora,
dulce,
a pesar de suingénita
amargura. Lainsospechada
realidad de un
presidio,
vista consimplísima
sencillez,
en todo el espanto de su brutalidad y
degrada
ción,
se sientepalpitar
en la vida de todos loscondenados,
que el novelista va estudiando conpiadosa indulgencia,
uno a uno, en ese infierno de ladesesperación.
En ese medio vivió Dostoievski; ¿ cuándo el
amor
propio
de un hombre resistió con tal sereni dad mayor humillación y majyor sufrimiento ?lPara saber de toda la amargura de esa hora
es
preciso
leer las cartas delnovelista,
reciente mentedescubiertas,
en las que Dostoievski le re fiere al eterno confidente de susangustias,
a suhermano
Miguel,
las emociones de su calvariodurante los días de
prueba
para supobre vida,
vía crucis que
soportó
sin unaqueja,
con la santasimplicidad
del quepiensa
: ¡Cúmplase
tu voluntad,
Señor! Conqué
sencilla humildad recuerdacómo,
al rayar la media noche deNavidad,
«mepusieron
por vezprimera
losgrillos:-
pesan diez libras y caminar con ellos resulta muy incómodo... He
pasado
cuatro años detrás de un muro,saliendo solamente para ser reconducido a los
trabajos.
El esfuerzo era duro. Me ha ocurrido tener quetrabajar,
estando rendido ya, durante el maltiempo, bajo
lalluvia,
en elbarro,
o biendurante el frío intolerable del invierno. Una
3*
-Armando Donoso
vez me
quedé
cuatro horas paraejecutar
un trabajo
suplementario
; hacía un frío de más decuarenta
grados
bajo
cero; tuve unpie
helado.*. Por lecho teníamos dos tablasdesnudas;
apenas si nospermitían
el uso de un gorro; por tapas,frazadas cortas que
dejaban
nuestrospies
aldescubierto;
toda la noche dábamos diente con diente... Hepasado
más deun díaen elhospital;
he tenido
algunas
crisis deepilepsia
; tengo todavía dolores reumáticos en los
pies...
Sería demasiado
largo
decirte lo que ha sido de mi almay de mis
creencias,
de miespíritu
y de mi corazón;
la meditación constante, en la quehuyo
de la amargarealidad,
no habrá sidoinútil;
tengo ahora deseos y esperanzas que antes no pre veía... Le he enseñado a leer a un
joven,
Tcher-ki,
enviado apresidio
porrobo;
también le en señé el ruso.¡Cuan
reconocido me estaba! Otrodenlos forzados lloraba al
dejarme;
le didinero,
muy poco, y no cesa de
agradecerme...
No heperdido
mitiempo
; si no he estudiado lascosas de
Rusia,
conozco el corazón delpueblo
ruso; bien pocos
pueden
conocerlo como yo». Los quelogren
imaginar
elsuplicio
de la peor de lascárceles, entregada
al más brutal de losregímenes militares,
donde lapromiscuidad
de los másbajos
criminalesprodiga
laexpresión
detodas las
villanías, llegarán
a suponer cuál seríael estado de ánimo de
Dostoievski,
sepultado
en
Siberia,
conviviendo con la más triste de las miserias morales.Junto
a un repugnantelabriego
-36-Dostoievski, Renán,
tártaro,
que había asesinado aalgunos niños;
cerca de un criminal
joven,
de almapervertida,
que
purgaba
la muerte de ocho personas; encompañía
de unforzado,
cuyaocupación
favorita consistía en contar los postes de lapalizada
dela
prisión
; en la convivencia de la sala común deaquel
antro, quecobijaba
todas lasdegradaciones
morales,
pasó
esos terribles cuatro años de vidamonótona,
trágica
ydesesperante.
Uno de suscamaradas,
aquel
amigo
dejuventud,
Dourov,
nopudo
resistir el martirio:llegó
siendo aunjoven
a Siberia y salió de laprisión
prematuramente
envejecido,
enfermo,
transformado en una lamen table ruina humana.Sin
embargo,
desdeaquellos
días,
Dostoievskiestuvo más cerca que nunca de las enseñanzas del
Evangelio
y del amor delpueblo
; desde entoncesdejó
de creer en laviolencia;
sólo fue unescép-tico de la revolución y un alma que buscaba re
fugio
como el aveherida,
bajo
el alerocristiano,
pero no de estareligión
de fariseos y de merca deres que congregan las sectas, al amparo de un falsocristianismo,
sino deaquella
plácida
doctrina que soñaba
Amiel,
observadora de las lec ciones delMaestro,
y «enoposición
con elju
daismo y la ortodoxia grosera de nuestras
iglesias
».Así,
trasaquella época
que le enseñó un nuevocamino,
Dostoievski sólo creerá en laresigna
ción,
mientras se acentúa sudesprecio
por la vanidad de la
inteligencia,
quepretende
rebelarse
Armando Donoso
contra sus
profundas
lecciones de la vida.Que
el hombre sedomine,
queejercite
la sabiduría so crática conociéndose a sí mismo; que vea cuantohay
en él de banal y de suficiente en el fondo de sualma,
que nopretenda
imponerle
alpueblo
sus idealesilusorios,
sino que se contente con serdigno
de su amor y de su confianza.LosRecuerdosde lacasade los
muertos,
escritospor Dostoievski diez años
después
de sudeporta
ción, constituyó
el más saludable de los libros para unrégimen
vergonzoso: fue tanpatético
ese cuadro de miseria y deangustia,
en el cual las penascorporales
renovaban un nuevo aspecto del infiernodantesco,
que sé abolió casi inme diatamente tal sistemarepresivo.
Pero el libroperdura,
y con él la historia siniestra de lapá
gina
más vergonzosa para ladignidad
de unpueblo.
LA ENFERMEDAD
Junto
con elprimer
triunfo literario recibe Dostoievski la advertencia inicial de la enfer medad que atormenta alPríncipe
Muichkin en El idiota.Sensitivo,
fácilmenteimpresionable,
sus nervios comienzan a
dejarle
presentir
la tor tura cerebral que, bien pronto, se acentúa en su cesivas crisisepilépticas,
causantes de esa preDostoievski, Renán,
¿
Qué
extraña lesión del sistema nervioso oqué
antecedente ancestralpudo
exacerbar sus perturbaciones
orgánicas
? ¿ Cómollegó
aperder
sudominio ese cerebro tan potente? ¿
Qué
ignorada
decadencia física
precipitó
en él esa irritabilidadcaracterística del diabólico mal ?
La
predisposición
de un estadoepiléptico
explica
claramente en Dostoievski suimpresiona
bilidadnerviosa,
sus accesoscoléricos,
su carácter
violento,
propenso a ofuscaciones frecuentes. Losbiógrafos
no han insistido en los antecedentes
patológicos
de la familia delnovelista,
en losque, acaso, cabría encontrar la
justificación
de su mal.¿No basta,
a veces, elsimple
carácterneu-ropático
de una enfermedad corriente para explicar
elorigen
de un estadoepiléptico
? ¿Quién
puede
asegurar que entre susantepasados
no cuente a un gotoso, a undiabético,
a un alcohólico,
a un tuberculoso o a un reumático ? Cualquiera
de estas circunstancias hereditarias suelen ser suficiente razónexplicatoria
en un caso de irritabilidad nerviosa: un estado mórbidopuede
tener su
origen
encualquiera
perturbación
his térica. Ladegeneración
nerviosa enDostoievski,
lno
lograría
serexplicada
según
los antecedentes de esas anomalías que seoriginan
ya en unaunión con visibles diferencias de edades entre
los
padres,
en tal o cual aberraciónsexual,
enuna
irregularidad
nutritiva,
en una sífiliscon-génita? Agregad
a todas estasposibilidades
unahipocondría
rebelde y el acicate de una-Donoso
ción
siempre
enactividad,
yposiblemente
tendremos una
aproximación explicativa
del mal que el novelista hizocompartir
a muchos de lospersonajes
de sus novelas porqué él fue elpri
mero en sufrirlo.Dostoievski conoció en hora temprana el al
cance y la
profundidad
de sumal;
anheloso buscaba en la lectura de los libros de medicinauna
explicación
a cuantopresentía
con rara cla rividencia. Pronto esapreocupación
fueobsesora,
llegando
a constituir untorcedor para su ánimo y sutranquilidad
: «¿ Cuándo se cambiará todoesto?,
exclama.¿Cuándo
terminará todo esto?»¿
Qué
extraña influenciaejerce
sobre la sen sibilidad laepilepsia,
el malsagrado
que los orientales temían como la místicapredisposición
para lo
sobrenatural,
como una razónexplicativa
de las facultadesprof
éticas ? «En Dostoievski—
advierte
Merejkovski
—las crisis