FRANCISCO
RIVAS
VICUÑA
LAS
GUERRAS
DE
BOLÍVAR
Historia de la
Emancipación
Americana
TOMO V
LA GRAN
COLOMBIA
1821 —
1823
Edición
auspiciada
por el Gobierno de Venezuelaque
preside
el Señor General E.López
ContrerasLAS
GUERRAS
DE
BOLÍVAR
FRANCISCO
R1VAS
VICUÑA
LAS
GUERRAS
DE
BOLÍVAR
HISTORIA
DE LA
EMANCIPACIÓN
AMERICANA
TOMO V
LA GRAN
COLOMBIA
1821 —
Í823
Edición
auspiciada
por el Gobierno de Venezuelaque
preside
el Señor General E.López
ContrerasDEDICATORIA
Señor Doctor
Don VICENTE LECUNA.
Presente.
Muy distinguido amigo:
Casi veinte años han
pasado
desdeel día, en mis recuerdosinolvidables,
de nuestraprimera
entrevista en Caracas. La con versación se orientó hacia el Hombre máximo de América y Vd. tuvo la bondad de estimularme al estudio de la vida de Simón Bolívar.Me ha
proporcionado
Vd. con esto las verdaderas satis facciones de lacontemplación
delespíritu
del Libertador, ha llando en suspensamientos
la solución demúltiples
problemas
humanos y una eficaz armonía entre ellos y su metódica acción para estructurar¡a vida de lospueblos
que formó.Admirablesson sus unidades de concepto y de obra y bri llan
especialmente
en esta guerra de laintegración
colombiana, en sus dolores dePopayán
a Bombona; en su resolución de toda una vida sintetizada en la orden del día de Cariaco: DEBEMOS VENCER Y VENCEREMOS. No era el laurel de un combale lo que buscaba; su victoria tenía mayores alcances, eran los de la libertad, del orden democrático y de laUnión Continental.
Formó el alma de un
pueblo
en las guerras venezolanas: lo elevó a la mayordignidad
de libertar a Nueva Granada; elfuego
de sus victorias hace la fraternidad de los hombres desde el Orinoco alMagdalena,
cubriéndolos degloria
en (.arubobo. No cesa en suempeño
de unión y rompe las últimas cadenas en lasfraguas
de Bombona y Pichincha que se recuerdan en esta historia.militar esta guerra de la
Independencia
del Ecuador es la realización de un maravillosoplan
de batalla estratégica
en cuyas líneas extremas Bolívarimpuso,
en la zona delNorte,
lacapitulación
delEjército
realista en el mismo día en que suLugarteniente,
el General Sucre, rendía alenemigo
en lasfaldas del Pichincha. Los dos soldados de Venezuela aseguraban
la libertad de América.¡Cuánta
fructífera lección guerrera, social, internacional, económica y de ciencia del corazón humano en estasgrandes
horas deBombona,
hasta el reconocimientoespontáneo
de sussuperioridades
enGuayaquil!
Quiera,
misiempre
recordadoamigo,
aceptar la dedicato ria de esta parte de mis GUERRAS DE BOLÍVAR como unhomenaje
de migratitud
por habermeproporcionado
los regocijos
de este estudio y laconsignación
para lasgeneraciones
fu turas de lasgrandes
enseñanzas dejusticia
social, deequilibrio
democrático de la autoridad y delpueblo
y de solidarismo in ternacional para el gran progreso que fueron la constante inspiración
delLibertador.Soy
suamigo
desiempre,
LAS GUERRAS
DE
BOLÍVAR
HISTORIA DE LA EMANCIPACIÓN AMERICANA
TOMO V.
La
Gran Colombia
1821-1823
ÍNDICE
Dedicatoria al Señor Doctor don Vicente Lecuna V
PRIMERA PARTE
BOMBONA Y PICHINCHA
I-—
Hacia la unión americana ?.
II.—Prestigios en el exterior. El derecho triunfante 3o
III.—La campaña del Centro y su frente Norte: Bombona 51 IV.—La campaña del Centro y su frente Meridional: Pichincha 133
V.—La
integración colombiana 17fi
VI.—Agonías de los invasores 209
SEGUNDA PARTE
'
LA VIDA INTERNACIONAL I.—
El nacionalismo peruano 227
II.—La entrevista de Guayaquil y la democracia colombiana 273 III.—
El triunfo de la idea. Las vacilaciones del interés 317 !V-—
Solidaridad y cooperación hispano americana 348
V.—La grandeza de Colombia 366
VI.— La gran crisis peruana 385
VII.—Las naciones
libertadoras 452
ILUSTRACIONES
LAS
GUERRAS
DE
BOLÍVAR
tomo ::v
1821 — 1823
La
Gran Colombia
PRIMERA PARTE
BOMBONA Y PICHINCHA
I.—
Hacia la unión americana.
II.—
Prestigios
en el Exterior.—El derecho triunfante.III.—La
Campaña
del centro y su frente norte.—Bombona. IV.—La
campaña
del centro y su frente meridional. —Pichincha.V.—
La
integración
colombiana.VI.—
EL NACIONALISMO PERUANO
Bolívar solidarista.—
Lucha de ideales y reyertas de Intereses.—El Norte y el Sur.—Soclograíía
peruana.—
El Perú como gran cen tro realista.—La iniciación revolucionaria.—El
gobierno Protec toral acentúa la clasificación social.—El
monarquismo.—Em presa militar pasiva y desilusión popular.—Dictadura militar
y personalismo.—
Compulsiones del espíritu nacional.—Hacia la formación del alma peruana.
El vastísimo cuadro de las guerras de Simón Bolívar es la más
amplia
demostración de laintegral
robustez de lasjóvenes
naciones americanas que mantenían con una gran Potencia europea una controversia de derecho, en que nues tros hombrespúblicos
avanzabandoctrinas,
que eran nove dad en elViejo
Mundo, y una lucha armada en cuyo desen volvimiento el Generalcaraqueño
desplegó
desde los 27 años de su vida las virtudes de un hombre de Estado para con gregarpueblos
en torno de la defensa de unprincipio
y capacidades
guerreras que lepermitieron dirigir
un vastísimo frente de combates, de más de 1,500 kilómetros, en cuyo cir cuito realizó la admirablecampaña
de envoltura y destruc ción de la brillanteexpedición
venida deEspaña
para soiuz-gar a estospueblos.
Sus
planes
militares secumplieron según
sus previsio nes y terminaron en el territorio de la Gran Colombia con las victoriasgemelas
de Pichincha y Bombona; una lucha de 12 años se había llevado a cabo con los recursos de naciones que todo lo sacrificaron a la defensa de suslegítimas
prerro
deter-228 —
minada por la
prodigiosa
mentalidad del conductor de laguerra de esos
pueblos vigorosos.
En los afanes de la
preparación
de susejércitos
y en lasfatigas
de las marchas, no todo era el toque del clarín; una voz más fuerte no sólocongregaba
a los soldados sino a todas las familias para constituir la hueste de la lucha diaria por el progreso que es el deber
humano,
sometiéndose a lasdisciplinas
de la libertadorganizada,
dentro de los preceptos sanos de la democracia que deriva de sí misma los ele
mentos de orientación y de
regularidad
de la marcha. Esosacentos resonaban en los
Congresos
deGuayana
y de Cúcu-ta y, mientras unos combatían para asegurar los derechos reivindicados,
los demás definían susaplicaciones
en la más amplia
independencia
deliberativa de los representantespopula
res.Si
alguna
síntesispudiera
hacerse de la obra de Bolívar al término de sus
campañas
de1822,
cuandodejaba
integrado
el territorio de la Gran Colombia, sería decir que había demostrado queHispano
-América teníaquien pudiera
organizar
su defensa aligual
que los másgrandes capitana
del orbe, que sushijos
eran capaces de todas lasdisciplinas
y de todas lasabnegaciones
de ese arte, que tenían muy altoconcepto de la moralidad de estos conflictos, que sus senti mientos se
anticipaban
sobre el futuro mediante laprescrip
ción dereglas
humanitarias y de pactos de limitación de armamentos como los que propuso Bolívar en 1820, y que es tos idealismos de los hombres de combate se traducían aún
en su misión
superior
de trazar con sus armas unamplio
cir cuito detranquilidades
paraquienes
debían batirse por eltriunfo de la doctrina que hace la
prosperidad
de las democracias.
Honra es de
Hispano-América
la lucha por la emancipación,
en la que triunfó por suenergía propia,
sin la ayu da de naciónalguna,
pues no erancooperaciones
de otros gobiernos las que obtenían los
patriotas
que trocaban susrique
zas por
pertrechos
de guerra a los comerciantesextranjeros
y que recibían en sus filas a los soldados de otrospueblos
que venían a labrarse un
porvenir,
combatiendo por la limundo y manifiesta todo el valor de una raza y honra es
pecialmente
a lospueblos
del Norte que lo realizaron, ciñér-dose a la doble ordenación de lucha sistemáticay de
discipli
na de la libertadadquirida,
que veníaimponiendo
Simón Bolívar.Tanta mayor e« su honra cuanto que el continuado sa crificio no tenía por único
objetivo
el bienpropio,
pues fué
extendiéndose, a
impulsos
de lagrandeza
de alma del Liber tador, al servicio de toda la comunidad americana. Con unospocos venezolanos de selección,
rompió
Bolívar las redes delConde de
Cartagena
y seapoderó
del territorio interno de Venezuela,
que fué su gran baseestratégica,
más que eso, de formación del alma venezolana; en el regazo de esa
patria
hallaron
refugio
losgranadinos
de laspraderas
de Casanarty
luego
fueron unidos a redimir supropio
territorio vm'-tarde a
expulsar
al invasor que aunpermanecía
en las montañas de Venezuela, y, por fin, a exterminar su
poderío
enlas cumbres andinas de
Quito.
En esta
generosidad
no sonigualados
lospueblos
co lombianos sino por loshijos
de Chile que dominaron consus
bajeles
las vías marítimas del Pacífico, como Colombiaconquistara
las arterias terrestres de la guerra con sus escuadrones.
La lucha de soberanía que se, desarrollaba en nuestros
territorios era para las Potencias de
Europa
un cuadro enque ellas
jugaban
la ruina deEspaña;
las razas del Mediterráneo habían llevado las luces de sus idealismos a las re
giones
del Norte; fuéprimero
la difusión del helenismo con sus filosofías y sus artes,luego
lapenetración
de Roma consu derecho y sus
legiones,
y, finalmente, laexpansión
de España
con su Armada, los tercios de sus GrandesCapitanes
y laimplantación
del Derecho Cristiano dictado por sus Reyes. La civilización
progresaba
en las masas humanas delNorte,
en cuyas almas eran más fuerte los anhelos de bienestar que las
complacencias espirituales
de loshijos
del Sur; la lucha se trabó entre ambos campos, siendo al fin, si no vencidos,
por lo menos limitados en sus influencias losgrandes
civilizadores del Mediterráneo. No era diversa la— 230 —
los
españoles
de ambas riberas del Atlántico, una contiendade ideales, y un
episodio
de sus rivalidades conEspaña
paralas naciones del
Viejo
Mundo, una lucha de intereses.Hemos de
puntualizar algunos
incidentes al ocuparnosen la acción internacional de Bolívar y, si recordamos ahora
su
generalidad,
es para marcar la influencia que las rivalida des de las naciones deEuropa ejercían
sobre el progreso denuestra
América,
obligando
aquienes
vivíanconsagrados
arevelar los recursos que este Continente brinda a la humani dad, a defender con las armas en la mano las naturales pre
rrogativas
que, de no mediar esas intervenciones,pudieron
lograrse
por el acuerdo que hubiera constituido elImperio
Español
sobre losvigores
de las naciones libres quepudieron
rormarlo.Desconocidas,
menospreciadas
las doctrinas de nuestrospensadores,
fuépreciso
llevarlas al triunfo por las armas yBolívar se
impuso
comojefe irreemplazable
del movimientoporque
siempre
tuvo la más nítidaconcepción
del derechoque defendía y, si reunió a los hombres
junto
a su bandera,fué porque puso en sus almas sus
propios
convencimientos.La guerra es para dar la victoria al derecho americano, la rea
liza el
pueblo
americano y se mantiene con recursos americanos; de este modo
ningún reflejo
extraño vendrá a perturbar la obra de unión. Fué así como el Libertador
consiguió
los resultados que son nimbos de su corona de laureles y des tellos de su aureola de director de
pueblos;
sólo por métodosiguales
a los suyosconseguirán
las mismas finalidades otrosgrupos sociales.
Uno era el derecho de
América,
el derivado de lasposi
ciones actuales de los individuos y de las que
ocupaban
lasdiversas nacionalidades que constituían; su
aplicación
no podía ser la de inconsultas imitaciones de otros
países,
debiendo
desprenderse
de nuestraspeculiaridades
raciales y de costumbres, a fin de amoldar a ellas la ordenación de las vita
lidades
progresivas
y su dirección tanto más fuerte cuánto máscomplejo
era el cuadro de nuestrasenergías.
Nada había que fuera
aplicable
a estas naciones sin modificación al231
opinión
nacional ydirigido
por lamanifestación
robusta de los deseos de un Parlamento. Era elprincipio
fundamen tal deequilibrio,
laigualdad
entre la acción y la reacción que Bolívar recomendaba a loslegisladores
deGuayana
y deCú-cuta.
Gracias a la firmeza en el mantenimiento de un
princi
pio
propio
de Gobierno, lospueblos
del Norte realizaron suemancipación
y practicaron unaciega
devoción a sus doctri nas, eliminando las que sepracticaban
enEuropa,
pues ellas eran un elementoperturbador
o el llamado de intervenciones extrañas, destructoras de la obra realizada. Bolívar y lospro
ceres colombianos
pudieron
así constituir una nación respon sable de suspropios
destinos y quepodría
ofrecer a otras del Continente, y aun a la Madre Patria, sucooperación
generosapara el mismo
objetivo.
La guerra y la
política
así conducidas por los libertadores de
Colombia,
llega
al contacto con lospatriotas
chilenosy
argentinos
en el campo de su conexión central que debió ser el Perú,según
lopreveía
Bolívar desde sucampaña
deGuayana
y como lo deseaba laopinión pública
de Chile que, ya desde 1813, se había trazado su programa de acción con tinental. Es fuera de duda que si los métodos deArgentina
y de Chile hubieran sido idénticos a los de Colombia, en esC¿ momento históricopudo
existir unejército
fuerte en las Pro vincias Unidas del Plata, cerca de los linderos del Alto Perú,v dominado como era el Pacífico por la escuadra de
Chile,
la victoria de las armas americanas habría sido una verdadera marcha de
parada
para rendir las tropas delVirrey.
La victoria final habría sido un abrazo de concordiay tras de él habría venido una paz de uniones
eficaces,
tal como la deseaba Bolívar y como la describía a sus agentes enviadosa
España.
Con estos
objetivos,
Chile hizo un esfuerzo verdaderamente
superior
a supotencialidad,
creando una flota nacio nal yproporcionando
al General San Martín elejército
que llevó a lasplayas
del Perú en1820;
hará aún cuanto su extrema
pobreza
lepermita
y continuará luchando con los rea listas, aunposesionados
de losarchipiélagos
del Sur_ 232 —
En cuanto a las Provincias del
Plata,
apaciguada
la dis cordia civil que seoriginó
en los proyectos demonarquía,
tenían aúnpendientes
losproblemas
dejurisdicción
terri torial delantiguo
virreinato y en ellos vinculaban sus maniobras
políticas
con elImperio
del Brasil, que era como unavanguardia
de lapolítica
europea en nuestro Continente. Losdirigentes
de Buenos Aires colocaron la guerra en sus líneas defensivas de 1813 y se eliminaron de las actividades que de bieroncorresponderles
en la guerrageneral,
siendo su tendencia constante la de la solución
separada
de suspropias
cuestiones, con el esfuerzo
mínimo,
aun con la acciónajena,
co mo habrá ocasión depuntualizarlo.
Esto noimporta
una censura, es sólodejar
constancia. de hechos que revelan unjusto
deseo de economizar esfuerzos de la nacionalidad na ciente.La lucha con
España
no terminará, pues, con la acción concorde del Norte y del Sur, con un solo frente en la gue rra y en lapolítica,
como deseaba Bolívar; será decidida porlos elementos que
preponderen
por los éxitos obtenidos y quesean capaces de dominar los territorios del Perú, aun ocupa dos por los Generales del
Rey.
Había entre estos militares eximios en su arte y hombres de Estado que confiaban en suscapacidades
de resistencia para desmoralizar alenemigo,
paraalejarle simpatías
por lasopresiones
propias
de la guerra, pa ra acentuar los desacuerdospolíticos
que vieron diseñarse enlas conferencias de Punchauca, para
generalizar
la situaciónanárquica
del Plata y dar asíprobabilidades
de triunfo a unaexpedición
que enviara el Gobierno deMadrid,
si,tranquili
zadas las conmociones del
absolutismo,
le fueraposible equi
parla
con elementos nacionales o con el auxilio de las Ppten-cias cuyo apoyo solicitaba. Era una remota esperanza, pero a fuer dehidalgos,
losjefes españoles
debían mantener estas expectativas
para supatria
cuya mayorgrandeza
deseaban con servar con sus afanes;si,
por el contrario, en el libro de los destinos estaba escrito que en sus manos sucumbiera no seriasin haber roto la última lanza en el último
palenque.
mam-233
festó Bolívar
después
de su triunfo en Carabobo, preparando la reunión de los
ejércitos
de Chile y de Colombia, en loscampos del Perú. La conexión va a realizarse en condiciones
muy diversas a l?s que
podían
deducirse de los éxitos militares del Libertador y de los triunfos 'navales de Blanco y de Cochrane; ella no se verificará por la
aproximación
metó:
dica a las
fronteras,
comopudo hacerse,
en forma que se produjera
un movimiento interno deespontaneidades
facilita doras del triunfo, sino por lapenetración
en un ambiente yaconmovido por la revolución y por movimientos reacciona rios, de modo que al
problema
guerrero seagregaba
una incógnita
más: la del medio social en que actuarán las fuerzaslibertadoras.
El
problema
del Perú no será como el deChile,
en lucha con las
expediciones
realistas venidas desdeEspaña
o deLima; no tendrá los caracteres de todo un
pueblo
combatiendo con el
ejército peninsular
del Teniente General Morillo, en
Guayana,
enApure
y en elMagdalena;
será eso porcuanto eran
capitanes
españoles
los queorganizaban
ejérci
tos, más se
complicará
con las existencias de desacuerdosentre el sistema del medio ambiente y el de los demás
países
ya victoriosos por las armas.
El campo en que había actuado el General San Martín,
pasando
de sus cuarteles de Mendoza a Chile, y el que había sido teatro de las guerras de Bolívar no eransemejantes
aldel Perú;
importa
conocerlo paraaquilatar
la empresa que preparaban
las fuerzas colombianas. La guerra ha creado las nacionalidades de Venezuela, Nueva Granada y el
Ecuador,
ellamisma las unió en la
República
de Colombia y todasjuntas
vienen a luchar en el Perú que, antes de la revolución, ya te
nía todos los rasgos de una sociedad bien definida, que ha lo
grado
cierta estructura sólida, a pesar de loheterogéneo
de sus elementos.Esta
organización
interna debió facilitar la lucha libertadora, bastando provocar el
paralelismo
de suspropias
energías
con lasdesarrolladas
en las demás colonias. El nacionalismo peruano
preexistía
y todo elproblema
se concretaba asu armonía con los métodos
aplicados
en lospaíses
que le pre— 234 —
AI procurar la
descripción
del ambiente del Perú en los días de laIndependencia, prescindiremos
de todaapreciación
personalista;
los hombres sólo son reveladores de una resultante social y procuraremos referirnos a ésta únicamente para de terminar las cualidades de ese nacionalismo, en cuanto intere
se a nuestra historia.
Los
conquistadores
de Francisco Pizarro encontraron constituido elimperio
incásico
del Perú, que no era sino ladominación que una raza
superior
pudo ejercer
por la agrupación
depueblos
de menor cultura en torno de una ideasu-praterrenal
y de lavigorización
de la autoridad mediante los beneficios derivados de su enseñanza y de su dirección. Los organizadores
de esta sociedadprimitiva
de lospueblos
ayma rás yquechuas
venían tal vez de Oriente ajuzgar
por los delineamientos de su
arquitectura
y de sus obras de arte, por susconocimientos de los métodos de
aprovechar
los bienes naturales, ya fueran los
jugos
nutritivos de la tierra o los mineralesque utilizan las industrias; acentúa este
origen
laideología
que los llevó a constituir una teocraciaapoyada
en la constituciónde la familia, al
igual
que en lospueblos
másantiguos
del Oriente cuya historia esconocida.La
explotación
de la tierra vivificante era el gran pro grama del núcleo dominador cuyojefe
lleva un nombre que es la síntesisdelgobierno
queimplantó:
MancoCapac
es comodecir el Niño
Todopoderoso.
El llevó a los hombres al cultivo de la tierra que se
conceptuaba
dividida en tresporciones:
la
primera
del Sol, lasegunda
del Inca y la última de las fa milias. Su orden paraexplotarlas
no era indiferente: merecíanla
preferencia
las que nutren alpueblo;
luego
las del Inca, ypor último, las del
Sol,
que era para ellos unaimagen
de la divinidad que honraban con el nombre de Pachacamac, o sea el
supremo
espíritu
que anima las cosas.Los
principios
fundamentales del sistema incásico seacercan a los conceptos modernos de solidarismo y de asisten cia mutua y, a este respecto, eran
superiores
a los que entonces
profesaban
losgobernantes
delViejo
Mundo y parece ló•235
Así
pudo
ser y si tal no aconteció fué por laorientación
de eseconjunto
dereglas
hacia laenergía
máxima del Estadocon derivaciones en beneficio de las vitalidades
dirigentes;
lanorma del otro lado de los mares fué inversa: fundó la ma yor fuerza social en el estímulo del más
pujante vigor
indivi dual. Elorganismo
deregularización
social absorbía en losAndes peruanos fuerzas muy
superiores
a las necesarias y laascención
progresiva
nopodía
realizarse en un núcleocompla
cido en el mantenimiento de los niveles de su clasificación ar tificial. El colectivismo de antaño, como el de
ogaño,
no puede dar sino esos resultados; la situación del Perú incásico es
comparable
con la de una nación quehoy
pagara como tri buto los dos tercios del valor de susproducciones
extractivas coeficiente muy,digno
de ser tomado en cuenta por los con ductores de nuestrasrepúblicas
en muchas de las cuales se no» ta una marcadísima tendencia al exceso de funcionespúblicas,
matadoras del sano individualismo, hasta el punto de
podei
señalar
algunas,
en las que los gastos de la administraciónpú
blica han solido
llegar
al 50 por ciento del valor de los productos extraídos de la tierra. Es la vuelta al colectivismo in cásico en las naciones que han
llegado
a ese extremo,pudien-do preverse idénticas
paralizaciones
de progreso. 'En cinco
siglos
de colectivismo, elimperio
peruano crecióen cantidad, no en calidad, y fué sometido por los 200 espa ñoles que
trajeron
Pizarro yAlmagro,
representantes del individualismo europeo que acometía la
gigantesca
empresa económica de la
conquista
de las Américas.El individualismo
español
triunfaba sobre el colectivismo indio y se manifestó tan
pujante
que losReyes
temieron que susconquistadores
trocaran susespadas
en cetros para elgobierno
de sus nuevos subditos y losincorporaron
a su propia
casa, haciendo miembros de su nobleza a suscapitanes
ymagistiados.
>■
A la sociedad incásica se
sobrepuso
laconquistadora
consus
reglas
propias
de aliento de empresas individuales, de se ñoríos de nuevas tierras, deexplotación
de minas y de destinos de los
primitivos
a estas faenas y labores. Poco había cam biadopara los indios; en susespíritus
el Sol tenía otros nomeu-— 236 —
ropeos era la
prodigiosa
marcha a las cumbres no soñadas dela
grandeza
y de la fortuna y,reflejándose
ella sobre todo elpaís,
logróse
la unión de tanto elementoheterogéneo
por la continuación de lasexpansiones
de otrotiempo,
cuando el Virrey de Lima dominaba en nombre de su Monarca todo el Continente y, en los últimos años, cuando
sojuzgaba
a los rebeldes de
Quito,
de Buenos Aires y deSantiago,
como anteslo hiciera el Señor del Cuzco con los
pueblos
que se sustraíana su sistema.
Por estos motivos decíamos que el nacionalismo perua
no era bien definido durante la guerra de la
independencia
yque sus mantenedores eran todos los peruanos de la escala so cial que tomaba nuevas formas,
gracias
a los progresos relativos en la libertad de obrar de los nuevos señores. Este sis
tema tendría su
propagación
lejana
hasta las masasindígenas
que, sin
desprenderse
del colectivismo atávico,palpaban
lasventajas
de losprincipios
nuevos; sus adhesiones seríanvigo
rosas en los núcleos intermedios, desde el
pie
del trono del Virrey hasta los últimos
peldaños
deltrabajo;
esta clase social,con mayores conocimientos y
mejor
situación paraapreciar
supotencialidad,
se daba cuenta cabal de hs disminuciones im puestas por losprivilegios
y por la excesiva atención de un poder
regulador
excéntrico, en fuerza de sulejanía,
y queemplea
ba los recursos derivados del esfuerzo nacional en empresas
ajenas
al interés directo de la colectividad. El individualismode los descendientes de los
conquistadores
sepreparaba
pararecuperar sus
prerrogativas
yrompería
con elpasado
para eliminar el elemento
perturbador
de la unidad nacional. Los propios
éxitos obtenidos en elsojuzgamiento
de lospueblos
vecinos, eran manifestaciones de su
potencia
y laemplearían
eneliminar del Perú los elementos absorbedores de su soberanía. La obra realizada por los
españoles
fué de un progresetanto más considerable, si se toma en cuenta que, a comienzos
del
siglo
XIX,
no eran 200 mil lospobladores
de pura razablanca en cuyas familias estaba toda la dirección de las activi dades peruanas; esta cifra nos revela la escasa intensidad de la
inmigración
civilizadora. El número de mestizos era doble deeste
guarismo
y enel fondo social estaban 900 milindígenas
so-cíales está la
propulsión
del futuro y en ellos deben dominarlas tendencias nacionalistas contra
quienes
considerabansimple
mente al Perú como un campo de esfuerzo transitorio de cuyosresultados se disfrutaría en las tierras de los
antepasados
españoles, en el humilde
cortijo
del labrador viscaíno trocado en el señorío por el oro indiano. La inmensamayoría,
con mayorconfianza en sus fuerzas, con más fe en el
porvenir
americanovinculará su bienestar a la
permanencia
en estos valles de susafanes y el nacionalismo tomará la nueva forma de
indepen
dencia, coincidiendo, a través de los años, los
trabajadores
delsiglo
XIXcon los guerreros del XVI.La entrada del Perú a la revolución americana se realiza
en forma muy diversa a la de otras colonias a causa del mayor
poderío
del realismo en el dominio central y de laorganiza
ción que le dieron los
Virreyes
Abascal y Pezuela para resistira la rebelión fronteriza,
apoyándose
en el sentimiento nacional. Había en Lima
patriotas
ilustrados como en Caracas, Bogotá,
Quito, Santiago
y Buenos Aires y, si su obra de propaganda
fué menosintensa, debióse ciertamente a que las mayores influencias del círculo más elevado hacían menos sensibles lasquejas
contra la autoridad. En sus Universidades yColegios,
en sus
viajes
a laMetrópoli
habían alcanzado una buena preparación
muchospatricios
quepudieron
ser los directores de laconciencia nacional, faltábales sólo la ocasión
propicia
paradesplegar
las iniciativas de losproceres
de otrascapitales
menos
vigiladas.
Suele argumentarse que la existencia de un crecido número
de familias
agraciadas
con blasones de nobleza era un granobstáculo para la
propaganda
deindependencia;
es indudableque tuvieron
preferencias
por elrégimen
español,
que muchasde ellas fueron
monarquistas
y anti-demócratas; pero en realidad no obraban como un grupo unido en contra de la eman
cipación.
Es indudable que un movimiento de libertad habría divi
dido a la alta sociedad peruana, como
separó
en bandos a caraqueños,
bogotanos,
quiteños, santiaguínos
y bonaerenses; pero también es cierto que habrían
predominado
losimpulsos
— 238 —
la
Metrópoli;
la inmensamayoría
y con ella toda lapoblación
de
origen
mixto habría estado en los centrospatrióticos,
defensores del
individualismo,
o en los campos de batalla si fuese menester. '
Las iniciativas no
pudieron
realizarse en forma ordenadapor un movimiento interno y sólo se manifestaron cuando re
cibieron el estímulo de
protección
que les brindaba laorgani
zación de fuerzasamigas
que vendrían en su amparo. Chileenvió pordos vecessu escuadra a recorrer las costas peruanas y
su almiranteencontró entusiastas adhesiones desde Arica a Pai ta;
luego
vino laexpedición
libertadoraencargada
al General San Martín y lospatriotas
de Lima sepusieron
en comunicación conella, los
pueblos
costaneros sepronunciaron
por la li bertad, en la Sierra eranacogidos
con entusiasmo los soldadoschilenosque llevaba el General Arenales y en todo el norte del
Perú
proclamaba
laindependencia
elmarqués
de TorreTagle
que había sido
compañero
del Director deChile,
BernardoO'Higgíns,
en loscolegios
de Lima.La obra constitutiva del Perú era ciertamente más fácil
que la de Venezuela y Nueva
Granada,
donde las diferenciasregionales
habían tomado marcadas acentuaciones, másrápida
que en las Provincias del Plata cuyos centros coloniales estaban
dispersos
en un enorme territorio y con menos dificultades que en Chile por la
caprichosa
constitución de sus valles,cuya
conquista
aun no había terminado elespañol.
La nación estaba hecha y era una
simple
cuestión de acierto en los
procedimientos
para llevar el fuerte individualismoen sus miembros a operar la sustitución del
gobierno
extraño a ella por otro emanado de su seno. El Senado de Chile habíarenido en vista estas circunstancias al recomendar al General
San Martín que
constituyera
en el Perú ungobierno
con labase
popular
que laépoca
hacíaposible
y que deningún
modo formaran parte de él los militares de la
expedición.
Era el proceso adecuado para conservar el nacionalismo
y llevarlo a nuevos
perfeccionamientos
orgánicos.
Este méto do era tanto más necesario cuanto que los peruanos no habían tenido aún ocasión de desarrollar las actividades popu
tabernáculos de las libertades
públicas
durante la colonia y cunade las nuevas naciones soberanas.
Puede ser que el General San Martín así lo hubiera de seado en obedecimiento a los
principios
chilenos que determinaron el envío de la
expedición
libertadora y a los propios programas que expresa suproclama
a lospueblos
del Perú. El Tratado chilenoargentino
de 5 de Febrero de 1819, ratificado el 15 de Marzo por el Gobierno de
Santiago,
sin queobtuviera
igual
sanción en Buenos Aires, dice en su artículoprimero:
"Conviniendo ambas Partes Contratantes en los de seos manifestados por los habitantes del Perú, y con especialidad por los de la
capital
de Lima, de que se les auxiliecon fuerza armada para
arrojar
de allí algobierno
espa-"ñol, Y ESTABLECER EL
QUE
SEA MAS ANÁLOGO"
A SU CONSTITUCIÓN FÍSICA Y
MORAL,
seobligan
'dichas dos Partes Contratantes a costear una
expedición
con este
objeto".
No
podía
esperar eljefe
de laexpedición
libertadora chilena que las
poblaciones
peruanas se levantaran en masa, dominadas como estaban por los 13 o 14 mil soldados del Vi
rrey Pezuela; no era
posible
una manifestación aislada en lacapital,
donde secongregaban
las más fuertes divisiones, y nobastaba que la Escuadra de Chile desfilara ante las fortalezas del Callao, exhibiendo las cohortes que irían a desembarcar en
los puertos del Norte para que la
población
de Limapidiera
un cabildo abierto,
proclamara
laindependencia
y llamara en su auxilio a las fuerzas libertadoras. La función de éstas debiócer
precisamente
la de entrar triunfantes en la sede vice-real yde llamar al
pueblo
aelegir
supropio
gobierno,
como lo preceptuaban
las instrucciones del Senado de Chile.En vez de este programa, San Martín realizó el que na
rra su
propio
ministro, Bernardo deMonteaguado,
en el manifiesto que
publicó
enQuito
el año de 1823. "Losjefes
delEjército,
expresa estedocumento,
"saben que cuandollegamos
'
a Pisco todos
exigimos
del General San Martín el sacrificio 'de ponerse a la cabeza de la
administración,
siocupábamos
'a Lima, porque creíamos que ésta era la manera de asegurar '
el éxito de las empresas militares; él se decidió a ello con
"
— 240 —
-Este suceso marca una oscilación en el carácter de San
Martín y una intervención de un grupo de sus
capitanes
que tendría fatales consecuencias. El Gobierno chileno nopodía
temer estos incidentes; en efecto, el General
elegido
se había demostrado respetuoso de ios derechos nacionales,sustrayén
dosea intervenir en el Gobierno deChile, a pesarde que lo dis
ponían
las instrucciones de BuenosAires,
y, por otra parte, larigidez
de su temperamentodisciplinario
era unagarantía
deque la fuerza armada se dedicaría sólo al
cumplimiento
de sus tareas de sacrificio. En los días de las discordias civiles de supatria,
eljefe
argentino
había evitado el regreso a Buenos Aires de los batallones que hicieron la
campaña
de Chacabuco,la oficialidad le
juraba
obediencia yprometía
seguir
con él alPerú, formando la
brigada
de los Andes cuyas diezmadas filas
completaba
Chile con suspropios
soldados. Esta actitudera un acto de desobediencia al
gobierno patrio
y, por nobleque fuera,
importaba
la existencia de un germen deposibles
perturbaciones.
Rebeldes contra sugobierno,
los militares argentinos
fueronacogidos
por el deChile,
recibiendo nombramientos como miembros de su
ejército,
yquedando
por endesometidos a su
ley.
'El
apartamiento
del deber corre por unapendiente
quelleva al abismo y
aquel
grupo de oficiales que había realizadoel acto de darse un General,
creyóse
con dominio sobre él y José de San Martín, con toda su característica
energía,
no tuvoante estos elementos la necesaria libertad de acción. Todos
ellos eran sus
amigos
depredilección,
individuos de sulogia
yejercían
sobre élpredominios
que no debieron tener. A esto eran extraños los miembros chilenos delejército
yaquellos
quehabían
proclamado
un comando militar en su vivac de Chilese creyeron también capaces de dar al Perú un
gobernante.
Tal es el
génesis
del suceso relatado por el MinistroMon-teagudo;
sus consecuencias eran contradictorias de las órdenesde armonía
política
y de respeto al nacionalismo peruano tra zadas por el Senado de Chile y ellas llevaron al General SanMartín a iniciar su obra con la
prescindencia
de las adhesioliberta-dores
ampararían
y fortificarían, extendiendo su territorio, les declaróincapaces
degobernar,
que no otra cosasignifica
su manifiesto dado en Lima el 3 deAgosto
de 1821."Desde mi
llegada
a Pisco, dice, anuncié que por el imperio
de las circunstancias me hallaba revestido de la supre ma autoridad y que eraresponsable
a lapatria
delejercicio
de ella. No han variadoaquellas
circunstancias, puesto queaun
hay
en el Perúenemigos
exteriores que combatir, y, porconsiguiente,
es de necesidad que continúen reasumidos en mí el mandopolítico
y militar".No
hay
en estasexpresiones
razónalguna
quejustifique
laautoproclamación
de director supremo en lopolítico
y mi litar: las circunstanciasgenéricamente
invocadas sólo le dabanuna autoridad, la del
capitán responsable
de la victoria, pues era eldelegado
de una nación que ofrecía a otra el apoyo de su flota y de suejército
para que rindiera alenemigo
y dictara ella misma lasreglas
de supropia
soberanía.Sintió el General la debilidad de este exordio y
procuró
inspirar
confianza con la exhibición de sus rectas intenciones,exponiendo
con toda sinceridad que elejercicio
del mando no era la satisfacción de un deseo sino elcumplimiento
de un de ber."Espero,
agrega, que al dar este paso se me hará lajusti
cia de creer que no me conducen miras de ambición; si sólo la convenienciapública.
Es demasiado notorio que no aspiro
sino a latranquilidad
y al retirodespués
de una vidatan
agitada;
pero tengo sobre mí unaresponsabilidad
mo ral, queexige
el sacrificio de mis más ardientes votos".'
Esto no basta y busca otros
justificativos
por un caminodesgraciado, pretendiendo
apoyarse en los acontecimientos de otrospaíses
en lucha conEspaña,
lo que era unapositiva
propaganda
anti-revolucionaria. "Laexperiencia,
continúa, dediez años de revolución en
Venezuela,
Cundinamarca, Chi le y Provincias Unidas delPlata,
me ha hecho conocer losmales que ha ocasionado la convocación
intempestiva
deCongresos,
cuando aún: subsistíanenemigos
enaquellos
paí
ses:
primero
es asegurar laindependencia,
después
se pensa rá en establecer la libertad sólidamente",La crítica carecía de exactitud, pues los
Congresos
habían sido elemento formidable de laRevolución;
el de Venezuela— 242 —
de 1811 que afirmó los
principios republicanos
de nuestraAmérica, el de Chile de
igual
año que dictó acertadas medidasde progreso, el de Buenos Aires de 1813, para citar sólo estos tres de los
primeros
tiempos;
y en los últimos años el de Guayana y el de Cúcuta que
proclamó
la Constitución colombiana. Hubo
algunos
que fueron fuentes de desacuerdo, como elargentino
de 1 8 16, que sembró laanarquía
en elpaís
que proclamaba
independíente,
cediendo a losímpetus monarquistas
de los
dirigentes
de Buenos Aires. En toda Nación, y con másfuertes motivos en las que se inician en la
práctica
de la soberanía, los
colegios
de representantespopularas
necesitan una buena dirección y los fracasos queconsigna
el General SanMartín se debían a la carencia de una autoridad
reguladora;
condenar las asambleas de los
delegados
de la voluntad popular era un
estigma
para la revolución, inmerecida censura queno debió hacerse y que el General San Martín debió
reempla
zar por el anuncio del establecimiento de un
poder
ejecutivo
fuerte en consorcio con unparlamento popular,
como Bolívar lo había
proclamado
en Venezuela y como lo realizaba enColombia.
El General San Martín se encontraba satisfecho con las
manifestaciones de los
pueblos
en el desfilar de sus tropas yanunció a los peruanos que las tomaba como su consentimien
to para
ejercer
el mando, sin que fuera necesario reunir el deseado
Congreso.
"Yopudiera
haberdispuesto,
dicen lospreámbulos
de su auto-nombramiento de JefeSupremo,
que electoresdesignados
por los ciudadanos de losdepartamentos
libres,
designasen
la persona que había degobernar,
hasta"
la reunión de los
Representantes
de la Nación peruana:mas como por una parte la simultánea y
repetida
invitación de gran número de personas de elevado carácter y decididoinflujo
en estaCapital,
para quepresidiese
a laAdminis-'
tración del Estado, me
aseguraban
un nombramientopopu-'
lar, y por otra había yo obtenido el asentimiento de los
pueblos
que estabanbajo
laprotección
delEjército
Liber-'tador, he
juzgado
más decoroso y conveniente elseguir
esta "conducta franca y leal, que debe
tranquilizar
a losciudada-"
nos celosos de su libertad",
Con el mérito de esta
exposición,
San Martín anunciabahoy quedan
unidos en mi persona el mando supremopolí
tico y militar de losdepartamentos
libres del Perúbajo
el título de Protector."El nacionalismo peruano recibía una herida
profunda
ysangrará
aún por losgolpes
inferidos allegítimo orgullo
patrio, viendo que se confiaban los
grandes
cargos de la direc ciónpública
a losextranjeros
conmenosprecio
de suspropias
capacidades.
El Ministro
Monteagudo
se haceomnipotente
y él mismo
consigna
susprincipios
degobierno.
En su manifiesto establece la existencia de un nacionalismo peruano, francamente
pronunciado
por laindependencia.
"Los habitantes del Perú, escribe, estaban animados del sentimiento de libertad: susopresores lo habían difundido, a fuerza de contrariarlo. Cada
proclama
en queproscribían
los nuevosprincipios
servía para hacerlos abrazar a los que no.habían reflexionado sobre ellos. Todos
querían
laindependencia
y los que secreían llamados a
dirigir
esta obra,después
de haber oído,por el
espacio
de diez años, defender con ardor eimpugnar
a sangre y
fuego
la libertad y laigualdad, esperaban
conimpaciencia
el momento depoder
rivalizar a los más aca lorados defensores del contrato social".Deja
trasparentar supropia
alma este desventurado Mi nistro al atribuir lapasión
positiva
que es laconquista
de underecho, el esfuerzo ascendente de la evolución humana, a tor
pes
inspiraciones
debajísímos
sentimientos de rencores que sólo se sacian con la venganza. "El odio a los desoladores del Nuevo Mundo había sido en los demás
países
el agenteprincipal
de la revolución; la fuerza de este resorte estaba conocida,digámoslo
francamente: con laexcepción
de algunas docenas de hombres, el resto de los habitantes no tu
vo más
objeto
alprincipio
que arrancar a losespañoles
elpoder
de que abusaban ycomplacerse
a la vista del contras te que debía formar su semblantedespavorido
y humilladocon esa frente altanera donde los americanos leían desde la
infancia el destino
ignominioso
de su vida".No vacilamos en decirlo, estas afirmaciones son un es
tigma
parael.propio Monteagudo
aquien
le viene el anatema delEvangelio:
no peca el hombre por lo que en la boca entra— 244 —
ser las del estado de su
propio espíritu,
pero noreflejaban
el sentir de lospatriotas
que abrían con el filo de susespadas
el camino de triunfo del derecho controvertido. No iban porodios en pos de sus
jefes
los soldados de Bolívar, ni los llaneros de Páez, ni los cumaneses de Bermúdez, ni los chilenos de Carrera, ni los sáltenos de Güemes; los
seguían
por amora sus
jefes,
por la confianza en los hombrespudientes,
los de alma blanca que eran capaces de los mayores sacrificios, delabandono de sus bienes, del
desprecio
de sus vidas para servira todos los que no
podían
como ellos inmolarse por el bien de los demás.Con
semejantes
convicciones,creyó
Monteagudo
que lageneralización
del odio sería la fuerza del triunfó,según
él mismo lo dice, sentando esta máxima como elprimer
princi
pio
de su conductapública.
"Erapreciso generalizar
este sentimiento en el Perú, convertirlo en una
pasión
popular,
que'
haciendo tomar un fuerte interés por una causa de la inde
pendencia,
borrase hasta losvestigios
de esa veneración ha bitual que los hombres tributan involuntariamente a losque por mucho
tiempo
han estado enposición
de hacerlodesgraciados".
Las derivaciones de
semejante
precepto iban adesfigurar
aun más la empresa libertadora que conducía el General San
Martín. Su declaración de
protectorado,
sin la solemne inves tidura de lospueblos
reunidos, como aconteció en las demáscolonias, daba fundamento a las censuras de los desafectados
que sólo veían un cambio de
conquistador.
La normapolítica
deMonteagudo
llevaba laconquista
hasta lapersecución.
Esto bastaba para destruir la cohesión nacional
preexis
tente y para incrementar el número de adversarios de la revo
lución. La obra constructiva que realizaba Simón Bolívar, era
en el Perú una de
aniquilamiento,
de verdaderaextirpación
del individualismo fuerte que había formado una Nación que
llegaba
a laépoca
crítica de sus transformaciones.Las iniciativas
personales
se reducían a la nada, o pocomás, y
algunos,
quepodían
desarrollarlas en un sector restringido,
eranelegidos
por elgobierno protectoral
como instru mento para determinadas finalidades y no como emisarios delos anhelos del
pueblo
que se libertaba. Verdaderamente dócil,ata-vicos tan fuertes que oscurecían una mentalidad
superior
co mo fué la deMonteagudo,
el General San Martín sepresta ría al desarrollo del
plan
político
queperfila
el manifiestoque recordamos. "El
segundo
principio
queseguí,
escribe Monteagudo,
en mi administración fuérestringir,
'as idras democráticas: bien sabía que para atraerme el aura
popular
no necesitaba más que fomentarlas; pero quise hacer el peligroso experimento
de sofocar en suorigen
la causa que en otras partes nos habíaproducido
tantos males. Elejemplo empezaba
a formar un torrente, conocía que no era fácil detenerlo y quedespués
sería más difícil hacerlo retrogradar;
me decidí por élprimer
partido,
porque a más de estar convencido de sujusticia,
no me era indiferente lagloria
de dar a laopinión
unimpulso,
que aunque se interrumpa, la
experiencia
lo renovará conmejor
éxito". El torrente democrático no debió sercontemplado
por elsociólogo
quepretendía
serMonteagudo
como unpeligro
que deba desviarse o contenerse; es una marea viva que debedirigirse
y, como en ella vibran todas las variadaspotencia
lidades del progreso, el arte del hombre de Estado espreci
samente la ordenación de eseconjunto,
sin más limitaciones quelas
indispensables
para darle el reposo que permita el aprovechamiento metódico de sus variadas
energías.
No se construye un
dique
paraaprisionar
todas las aguas de una casca da sino paraquitarles
elímpetu
destructor de sus turbulencias,
apaciguarlas
en lasplacideces
de un remanso y de allíderivar las que vayan por canales a vivificar las tierras o a generar fuerzas en las aspas de una turbina; esa es la función de los directores de
pueblos, diques
contra el desorden y reguladores
de lapotencia,
pues el verdadero progreso vieneprecisamente
de esa fuerza de la cascada que es la democracia.Aniquilada,
como el Ministro del Protectorado lo deseaba,era hacer obra
regresiva;
lo quecorrespondía
era suorgani
zación en susmúltiplp-s
manifestaciones como Bolívar lo practicaba en Colombia.
Las
independencias
deSantiago
Marino y de los caudillos del Oriente venezolano fueron una manifestación de
orga-— 246 —
nización. Los grupos de hombres que se reunían en torno de
Monagas,
de Zaraza y dePáez,
constituyeron
también un libre correr de
energías
y el Libertadorpudo
hacer de todosellos miembros eficaces de una colectividad que esas vitali
dades metodizadas harían prosperar; los
proceres granadinos
eran los
grandes
señores de sus comarcas y sus idealismos los llevaron a constituir una democracia federalista en cuyo mecanismo los
desgastes
superaron a los rendimientos, Bolívarlos unió en torno de un ideal común. Con todos ellos, con
los doctores de
Bogotá,
losopulentos patricios
del Orientevenezolano, los llaneros libres como el viento- de las
prade
ras, los serranos
apacibles
como las brisas de susabrigados
valles, con toda esa
heterogeneidad
rayana en la confusión,hizo el
insigne caraqueño
la nación que triunfaba del enemigo externo y
pudo
realizar su obra porque a todos los llamóa cooperar, a Marino, a Páez y a Santander, para no citar
sino a los que son
representativos
de las tresgrandes
diferenciaciones que señalamos. Todas las fuerzas sociales de la
nueva democracia estaban unidas por la común victoria y sus
naturales efervescencias se
corregían
por su metódica distribución en las musculaturas del
organismo
que formaban loslegisladores.
Igual procedimiento
debióimplantarse
en el Perú, en vez de la restricción democráticapregonada
porMonteagu
do. En todas las capas sociales había hombres eficaces y
pudo
el General San Martín atraerlos a todos, como lo hiciera el
Libertador,
prescindiendo
de faltas depreparación
relativas,de
impetuosidades
de carácter, pues su función de hombre superior
loobligaba
a reparar deficiencias y aperdonar
antago nismos. Elgrande
hombre sólo asípuede
serlo, pues de otromodo se mantiene en el nivel más
bajo
de las mentalidades sobre las cuales no irradia su
inteligencia
y de losapasionamien
tos en cuyos miasmas se abaten las alas del
espíritu
si no selevanta sobre ellos.
El General San Martín sentíase
angustiado
por las turbulencias de la revolución en las