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Manchas de color y nuevos cuentos

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(1)
(2)

MANCHAS

DE

COLOR

(3)

F

E

D

E

R

I

C

O

.

G A N A

uevos

uentos

Pirrafos Lirninares, Selecci&, Biogra- fia y Apuntaciones bibliogrificas, por

J U L I O M O L I N A N U R E 2

E D I T O R I A L

N A S C I M E N T O

(4)
(5)

PARRAFOS LIMINARES

Manos filiales

y

blancas. las propias manos de

Las Oellas hijas del artista, espigaron

y

recogieron,

en s u mayor parte, estos poemas romanescos que

s u orfebre bautizb con el nombre de <(Manchas de

C o l o n .

En vida del eximio prosista estas ((Mancham n o

formaron Libro,

y

casi no hub0 necesidad de ello,

Dues eran sabidas de memoria por mucha gente,

corrian con J’recuencia de lubio e n Labio,

y

se musi-

taban

Lo

mismo a

La Luz fekrica de regios salones que

e n u n a noche de campo bajo el esplendor medroso

de las estrellas.

(6)

iQuk son estas <Mancham?

i D e dbnde tom6 esta expresibn nuestro

h e n

es-

critor Federico Gana? Nc

lo

sabemos

a ciencia cier-

tu. Per0 conjeturemos

un poco.

A

ratz de

la muerte de Carlos Pexoa V6liz.

se

p u b l i d ,

afio

1908, en u n a revista efimera

y

bohe-

m i a , un soneto de aquel malogrado poeta, tituladu

aMancha,,

y

e n que

el

vigor de la idea se u n i a

triunfalmente

a1

colorido de

las metdforas

y

a

la

energia de agua fuerte de

la adjetivacibn.

Antes, e n 1901, otra revista chilena, acogedora

y

modernizante, habia publicado, bajo el titulo de

<Manchus,,, u n a traduccibn de un microboema

del brasilefio Antonio Austregksilo, e n que era de

admirar el fugitivo encanto de

la concepcio'n f a n -

tdstica

a1

travks de frases

y

vocablos coherentes,

y

s i decirse pudiera, de irisados matices.

(7)

iPero acaso

10s

breves poemas en &rosa de Ga-

na tienen valor artistic0

y

gustan

sblo

e n considera-

cibn a este nombre genkrico que

kl

les diera?

.

M i l veces, no.

Todos ellos son

la corporizacibn adecuada de una

idea sencilla

y

a la vez dindmica, cuando no de

un

sentimiento generoso

y

ennoblecedor.

Son elevados estados de alma.

Gestos son de risueiia vis cbmica, o de fugaz in-

tensidad dramcitica.

Embriones son

y a

de extensos

y

joviales roman-

ces,

y a

resiimenes de amargas cosas vividas.

0 bien, poemas breves, aunque de organizacibn com-

pleta

y

perfecta, como u n a chispa irisada

a1

sol,

como

un corazo'n

que

palpita e n plena vida,

y

rie o sufre.

Todos desjcilan, sugerentes, ostentando el cromo

que el momento psicolbgico de

la ((Manchu,, requie-

re, sea el refiejo verde de

las esmeraldas, sea el ma-

tix irisado de

10s

bfialos,

sea el julgor de ensueiiio

d e '

las pubilas azules.

A1 leerlos, se medita en cosas bellas,

y

cuando

ya

(8)

i

Y

4uk

decir acerca de la forma de las <<Manchus

de Color>>?

S6lo que entrafiando siempre intenso

vigor poktico estcin escritas e n buena prosa: en u n a

prosa delicada

y

emotiva que, artisticamente,

vale

tanto como las mejores pulidas estrofas.

El lengua-

j e de nuestro prosista es sencillo

y

se desbliega

casi siempre en su sentido propio y natural. Jamcis

emplea vocablos incomunes, como si temiera obscu-

recer

la nitidez de sus fugaces concepciones

y

de sus

sedefias frases. Hay lbgica, pues, e n inferir que

nuestro aristocrcitico prosador ofrece su acervo de

emoci6n espiritual e n un

vas0 muy

didfano

y

con

sencillez cincelado.

B i e n

lo dijo Benedetto Croce:

<<La

poesia es el

lenguaje del sentimiento como la prosa es el lengua-

j e de la inteligencia,,.

Este postulado de Estktica, verdadero

y

conclu-

yente, no puede subsistir sino como u n a generaliza-

cibn teorizante, que no empece

a

10s

numerosos

ar-

tistas que, como Federico Gana, vacian su rico ve-

nero de sentimiento

y

s u fdcil caudal de poesia, e n

el reguero de u n a prosa llana, fliiida

y

armoiziosa.

(9)

E N

B L A N C 0

Alli

estaban frente a mi, polvorientas, las cuar- tillas

de

papel blanco como invitindome a1 tra- bajo.

Afuera, un dia de Otoso nebulosa y tibio, y

en mi alma la inmensa bruma del cansancio.

(10)
(11)

M E D I A

T I N T A

Sobre la copa cae la buena cerveza y burbujea.

jAh!

tus cabellos, dulce nifia, que pasas cerca d e mi, tienen extrafios reflejos de algas marinas.

Tu

carita est6 phlida, tu trajecito es pobre, pero tu boca sonrie. i E n quB piensas? Trae mbs cer- veza; herrnosa nifia, y permite a mi alma hurnilde que pregunte: iCu61 es tu vida, c u d es

el

triste secret0 de tu vida de mujer?

(12)
(13)

R A Y 0

D E

S O L

Rayito de sol

de

Otoiio, no me despiertes toda- via. Dhjame sofiar, soiiar perezosamente, mien- tras entre tus ondas de or0 brilla una luz de es- peranza.

(14)

L A C O P A

V A C I A

La

copa est& vacia y

helada.

Ya

no ser6 posi-

ble

que se

derrame sobre ella

el

licor

ardiente

y

perfumado de

rosas.

Una luz de cansancio

y

de tristeza briUa

f 6 n e

bremente

a travgs

del pdido crista1

y me

hiere

como una

espada.

En

la estancia hay

un

silencio

de desesperacibn,

porque

la

puerta se

ha cerrado

para siempre.

muda

como una

tumba.

Y la

copa es fria y

blanca,

y

la

sala

es

triste

Y

(15)

Y

en

el

silencio, contemplando esa copa inm6-

v3,

siento en mi coraz6n el deseo

de

llenarla

de

sangre,

de

fresca sangre

de

corazones que fio han amado, puros y blancos como era tu alma antes

del

d<a en que bebieramos juntos

el

licor ardien-

(16)

'

P A I S A J E

Alegremente -is empapadas por la lluvia sobre el barro.

hof;llas

amarillentas

de

Otoiio.

(17)

S O M B R A

En

la

aIta y oscura nave ruedan amenazado- res y tristes,

10s

acordes del brgano.

Sobre

la masa sombria

de

la gente arrodilla- da briIlan 10s nimbos amarillentos

de

10s cirios.

H a y un silencio aqui, abajo, silencio

de

fe,

de esperanza,

de

incertidumbre,

de

miedo..

.

Me

apoya en la columna

de

piedra y siento mi alma fria y oscnra ante 10s misterios.

(18)

S I L U E T A

Ah;

en el sof6 de mArmol, en el nuevo parque, bajo el sol primaveral, est6 sentado

el

anciano profesor.

Su

sombrero es viejo y de antigua moda, ne- gro el traje y p6lido y sin vida el rostro.

Ya su carrera se acabb y la muerte le roe por dentro ahora, mientras 61 piensa, tal vez, en me-

(19)

sidad alemana, donde corrieron sus aEios juve- niles.

Y

ahora, ini familia, ni amigos!

(20)

P R I M A V E R A L

(21)

I N T E R I O R

Hay una tibia luz en la estancia, que envuelve y acaricia las cabezas canas y la$ cabezas infan- tiles, mLs dulce que la luz de la lrimpara

del

hoe

gar; es la luz de la esperanza que brilla en las pupilas de la alegre familia.

La lluvia cae sin cesar, monbtona, afuera, y

(22)

Los

amigos rien. beben y charlan e interrum- pen

el

canto.

La pequefiita duerme en su alta silla, arrullada por la cancihn y las risas, y la charla: su suefio inocente es mbs bello que la cancidn. que la char-

la de 10s amigos y que la felkidad que resplande-

co como una aureola sobre las cabezas

de

10s que tal vez suefian en 10s antiguos tiempos desvane- cidos para siempre.

(23)

L O N D R E S

Fu6 all&

i

te acuerdas? en la ciudad inmensa y

famosa que envuelven brumas y nieves, donde floreci6 nuestro amor.

iTe acuerdas? En nuestro incierto paseo, deja- mos atr6s

el

gran rio sobre cuyas aguas oscuras

y silenciosas reverberaban las llamas inquie tas

de

10s

faroles como una fragua enorme y fantbs- tica.

(24)

estrechando mi brazo tembloroso contra tu co-

raz6n. -

jHuyamos muy lejos, n o s 6 adhnde!

Y

como poseidos de un v6rtigo. marchdbamos rdpida- mente un instante por las callejuelas oscuras y

pobres

de

aquella ciudad extranjera.

. .

. . .

(25)

V O C E S

I N T I M A S

-2De qu6 hablas?

-De

amor.

Ha muerto hace tanto tiempo, que

mi

coraz6n no sufre,

ioh!

no sufre a1 recordarlo.

-De

gloria.

jLa gloria es la bruma

del

mar..

.

!

-De

amistad.

La amistad 6810 brilla ante el rojo resplandor de 10s vapores

del

vino.

(26)

-iDe

quk hablas, entonces? H a b l o -de tu esperanza.

-Mi

esperanza es sombria como la idtima

luz

sobre la mar.

(27)

N A V I D A D

Tus miradas, dulce niEa, huyen

de

las mias; tu rostro se enciende y palidece, tu blanca mano va, distraida, sobre la mesa

de

un objeto a otro.

Y

si

a hurtadillas fijas

10s

ojos en mi y yo sorpren- do la mirada, tiemblo de placer y de esperanza, porque en el fondo de tus hGmedas pupilas me parece ver brillar una luz celeste sernejante a la que atrajo a

10s

magos y a

10s

pastores.

Y

mi

33

(28)

coraz6n salta corn0 un corderillo a1 pensar en que, tal vez,

el

nuevo

Dios

va a nacer y e n que serg necesario celebrar, por fin, en mi alma, la alegre, la pura, la sencilla y grandiosa fiesta

de

Navidad.

(29)

L A T E L A R A N A

Esta es la tela efimera y sombria: en el silencio

de

mi alcoba fria la ha tejido en las noches una arafia artificiosa y con paciencia extrafia. En sus hilos

de

seda,

dkbil

presa dormita mi alma, y creo ver en ellos temblar gotas de sangre a

10s

des- tellos de la pdida aurora.

Y

nunea cesa la cruel araGa en su labor in- quieta. iQui6n sabe

si

en lob hilos

de

esa tela, en

el

silencio de

la

noche vela, misteriosa, una

I C

(30)

M ' A R I N A

Ni

una

nube

en

el cielo, ni

una espuma en

el

-mar.

Calma, tranquilidad. Arriba

el

cielo

azul,

profundo;

y en

el limite del horizonte,

el

color

se besfuma en una

claridad blanquecina. diAfana..

.

:

y

el gran

vapor que me

Ileva

se

desliza dulce-

mente como

sobre

un

lecho de seda.

Grandes

aves

de alas grises

y

pechuga blanca

siguen a1

navio

cernikndose armoniosamente,

pe- rezosamente,

sobre las olas tranquilas.

A

veces, a

la distancia, semejan sobre las aguas

solitarias

cogos

de

espuma; a veces ee

detienen

u

(31)

sobre el mar y se dejan mecer un instante: ya

las veo besar el brusido espejo como en una ti-

mida caricia, ya se alejan y vuelven nuevamente,

y a fuertes golpes de ala continlian 6u tardo vai- v6n. Parece existir una ley misteriosa y dulce en- tre el movimiento cadencioso y muelle de

la

in- mensa sdbana zzul y

10s

lentos giros de esas hijas

del

ocbano.

En tanto, el mar continGa tranquilo, parecien-

do

enviar una sonrisa de ben6vola protecciBn

de

esas aladas amantes de su grandeza.

El

sol declina, y sus rayos a1 caer sobre

las

aguas marcan una ancha franja que brilla como un rio

(32)

B O C E T O

T u amor, amigo mio, duerme, joh! duerme CO-

mo tu ;oven amante, en el triste y helado lecho donde se mecieron las ilusiones y 10s cantos mati- nales de 10s primeros dias.

En tanto, se bebe vino rojo en la pequeEa man- sihn, se bebe y se suefia..

.

Eos amigos hablan con fatiga del pasado y del porvenir.

Y

una ilusibn de mujer, vaga tristemente en

la

estancia..

.

!

(33)

V A G A N D O

Fu6

en una mafianita

de

Septiernbre cuando te encontr6, buena anciana, paseando a1

sol

tus

cabellos blancos y tu rugosa faz que brillaba

de

alegria. En tu vestidillo azul y Iimpio, agitado por

el

viento, habia una fresca nota primaveral

que reia

de

esperanza.

(34)

E N I G M A

En el fondo de

tus

pupilas hondGmas, brillan-

tes como

el

or0 recign

fundido, vibraban intensa-

mente

el

mal, el

ensuefio y

la locura.

Como de

una

leiana estrella maligna perdida

entre

las nieblas de la noche, lleg6

a

mi

corazbn

moribund0

un

destello

que

lo encendi6

un ins- tante con

la lumbre de

una esperanza

descono-

cida.

Me

acerquk junto

del calor de

tu sen0

Lien

ama-

do

y

hundi

mis

miradas

en

las

t u y a s , y en

ellas

beb; ansiosamente

el

mal,

el

ensueiio y

la

locura.

(35)

H o y vago triste, sin rumbo, sin objeto, sin

fe,

aquejado

de

un mal sin nornbre y sin remedio como el

de

Cain cuando huia sin t6rmino perse- guido por

el

fantasma

de

su crimen.

LA

d6nde Voy?

Nadie podria contestarme, porque tu coraz6n est& ahora cerrado para siempre coma esas tum- bas antiguas vacias, vacias y cerradas, sin nom- bre, sin cenizas.

(36)

L A V I R G E N I N G L E S A

Sobre mis rodillas cae el suave peso de tu cuer- PO inmaculado. iOh!en tu cabellera obscura hay un perfume fresco y matinal.

Inclinas sobre mi pecho tu pAlida frente y hablas

de

aquel amor, de aquella ausencia, mien-

.

tras yo, octogenario joven, paso mis miradas

por esas cartas de amor de un nifio.

El

navio se balancea voluptuosamente sobre

el

gram lecho azul y vaporoso del mar..

.

Acaricio tus trenzas negras, mientras me des- cubres envanecida 10s secretos

de

tu coraz6n.

(37)

A L P A S A R

Despuks de tres aEos de ausencia, ah; estris otra vez delante

de

mi, bella aparici6n

de

mis

dias

de

esperanzas y deseos, aquellos dias de zozobras y

escepticismo en que mis labios callaron ante la esfinge impenetrable de hermosura.

Y

ahora a1 pasar junto a mi, inclinando rubu- rosa la cabeza. mientras tus radiosos ojos azu- les irradiaban la luz de mis ensuegos, ipor q u i

todo mi ser se ha estremecido de agradecirniento hacia tu corazbn de mujer?

(38)

R E C U E R D O S

Pesado, fatigoso como un sueso

de

plomo, vie-

ne a mi

el

recuerdo que brilla como una luz

de

muerte entre las nubes dormidas.

Mi

alma bus- ca en van0 una alegria entre bus iiltimos resplan- dores, no encuentra sino tristeza y dice: iPara quG en

el

horizonte ese ray0

de

sol

de

un &a?

iY

tii no podr6s venir cerca

de

mi corazbn, pobre imagen, ((pobre imagen. que en un tiempo brillabas como la aurora sobre las hiimedas CO-

linas? Como una flor marchita en un relicario,

(39)

guardo en

el

fond0 de mi alma el recuerdlo

de

aquekla riipida y iinica entrevista, de aquella do-

lorosa y iiltima presibn

de

su blanca mano,

de

aquellas ardientes palabras balbuceadas en voz baja..

.

!

U

hoy, a1 contemplar el gozoso resplandor

de

sus grandes O ~ O S azules,

el

Aelado polvo

de

aque- llas cenizas

de

amor, ha parecidoreanimarse con

un sop10 de primavera.

Y

mi coraz6n sufre y

(40)

D I A L O G Q

S E C R E T Q

miras Racia arriba?

-La noche impenetrable, tenebrosa. -iQub esperas?

--Nada espero, porque todo ha muerto. -iDe qub vive tu alma?

-Del misterio infinito del ensueiio. -iEn que suefias?

-En lo que es grande, multiforme y vago. -iQu6 hiciste de tu vida?

--Ea arrojb por la borda a1 mar inrnenso.

-Y

ipor qu8 la arrojaste?

(41)

R E S

U R R

E C

C

I O N

Llegan mis recuerdos a turbarme; se anidan en lo hondo del cerebro, engendrando imbgenes brillantes

de

luces,

de

colores y

de

vida.

Mi

corazBn descubre ansioso tantas cosas que antes no comprendia: sentimientos extraEos y

profundos como la vida misma.

(42)

Sobre

este vasto mundo incomprensible, mi- riadae

de

mariposas deslumbrantes. gvidas

de

eterna luz,

de

amor sedientas, mis deseos sin fin, sin nombre, vagos, errantes, tendidos hacia

el

Liano, inaccesible azul.

.

(43)

En tus labios descoloridos, en tus pdidas me- jillas, rosas que se agostaron en estio, en tus oje- ras profundas y misteriosas, vaga una sombra

de agonia, de amor, y

de

deseos.

A

veces un delito t<mido y

fugitive

se encien-

de

en

el

fondo

de

tus pupilas; a veces sonries tris- temente y un CIEp6SCUlO de pasiBn y juventud resplandece intensamente en 126 ondas capricho-

sas de tus ardientes cabellos crespos.

jOh,

q u h pudiera, hermosa ldmpara moribun-

$a, abrasarse en la trgmula llama

de

tu alma y agonizar con ellla!

(44)

A N T A N O

Fu6 en 10s dias mbs sombrios de mi a h a cuan- do apareciste ante mis ojos toda radiante

de

ju- ventud,

de

alegria y

de

inocencia.

(45)

cri4icio: Mabria querido verte feliz y gozar con ello sin que tfi lo supieras! -

Mis

manos estaban d6biles. caidas, caidas para siempre ante

el

ramo florid0

de

tus gracias juve- niles.

Per0 una voz secreta. un extraEio acento

de

sfi- plica llevaba mi fe moribunda en lo intimo

de

mi ser y ese acento me llevaba cada &a hacia ti con

creciente fuerza.

Una vez, jte acuerdas?, nuestros ojos se encon- traron y nuestras miradas leyeron por fin el s e creto de nuestros corazones.

(Qh!

cu6n claros esoe ojos tuyos, cielos ardientes y luminosos, per- fumados con el perfume de tu alma).

Y

aRorz, tfi lo sabee, tljl lo sientes, querida niGa, ambos no vivimos sino para alimentar con

el

calor misterioso

de

nuestra sangre y

de

nuestrae vidas esa llama sagrada, ese divino martirio.

(46)

Ua

no serd

posible

que vuelvan

10s dias buenos.

Las

ilusiones

ardientes de

la

pubertad,

el

triste

florecimiento del

coraz6n en

la, horas de

amor

de

Bos

veinte

aiios se

han ido.

SSlo

el

fantasma p6-

lido de

un

ideal de glloria desvanecido

me acom- paiia por

el

camino

sombrio.

Y

all6

muy cerca veo alzaree una cruz

negra bajo el cielo nebuloso.

jOh!

cruz

de

muerte, t G no me

haces ternblar;

(47)

Siento ,ya’en mi alma una fria mano que me arrastra dulcemente: mis O ~ O S se abren con fati-

ga a la luz del dia y mi coraz6n se ha cerrado. Marcho siempre resignado con mi destino.

i

Ya no ser&

posible

que vuelvan

10s

dias buenos!

i a

(48)

L U Z

Los dias buenos- han vuelto para mi corazbn,

10s

buenos dias que jam65 crei habrian

de

tornar. Eres t G qui&, me

10s

track, hermosa aparici6n que marchas por el camino florecido a1 paso

de

tu inocencia. La luna y las estrellas brillantes ce- lebran el triunfo

de

tu corazbn: corazbn que re- dime y consuela y da la vida con su profunda sed

de

felicidad y

de

amor.

(49)

Las arrugas

de

mi frente, las sornbras

de

mi

d e

tino se han desvanecido como la noche ante

la

aurora radiante; y Ibgrimas de alegria inundan mis mejiIlas y regocijan mi vida.

El

porvenir brilla ante mis ojos que sueEan aIurnbrados por un sol joven y esphihdido.

Mi

mano est& en tu mano, mis QjOS en tus O ~ Q S y rnis besos y 10s tuyos tiemblan en nuestros labios como avecillas anhelantes.

Apsya tu cabeza sobre mi

h ~ m b r ~ ,

cierra Io6

ojos y reposa dulcernente bajo mis miradas que

acarician tu ensuego y mi ensueEo. iYa han llegado

b s

dias buenos!

0

BlBLIOTECA NAC!ONAL

SECCION CHILENA

(50)

E N I G M A

Bebia sin ton ni son-y murmuraba entre dien- tes-como en suefios, tristemente,-que bebia por las penas..

.

-por cosas de8 coraz6n.

Todos

se reian de &-en el alegre rondel- d e aquella turba borracha; -y hasta la pobre

muchacha-que siempre le acornpafiaba-le mi- raba y sonreia-con sonrisa cruel y fria.

Un dia le hallaron muerto-en un rincbn muy desierto..

.

S u boca apretada y fria-manchada

(51)

A N T E S

En el bosque solitario y helado donde negrean

10s

troncos y las ramas desnudas, donde

el

cielo blanco parece acariciar fatigado a las hojas muer- tas, hay alegrias riipidas: a veces un ray0

de

sol muy piilido alumbra d6bilmente

el

musgo

h6-

medo que verdeguea a1 pie de

10s

robles y las encinas, es una liinguida caricia de moribund0

que pasa.

(52)

faz? i C u d es tu historia secreta, cuiles tus penas, pobre alma de mujer?

Y

un perfume doloroso como tu sonrisa vaga en torno

de

esas formas esbeltas que mis manos

no han tocado.

iCuQndo, joh!, cuindo brillarii

el

sol de estio en tus miradas? iCudndo conocerk

el

secret0 que duerme en tu corazbn?

* * *

Entrk silenciosamente y te abaste fria e indi- 4erente tendiihdome con fatiga tu blanca mano

de

nieve.

Me sent6 lejos de

ti.

Jugaba con

mi

bast& frazando figuras sobre la alfombra. Afuera reia

el sol. y adentro una fresca sombra de Primavera caia sobre

10s

objetos.

(53)

P E S A D I L L A

En

misera carna dorrnia en un hotel descono-

Aquejdbame una enfermedad cruel, que luego

Golpebbame Con esfuerzo

el

pecho y deciame con angustia: iQu6 has hecho de tu vida, mise- rable?

Una ssmbra &;a como la del sepulcro me rodea- ba:.

.

LHalkbame a solas con mi destino? cido.

(54)

Tras

de

la

puerta

cerrada,

iqu&

habia?

iUn

peligro? jOh!

si,

all6 estaba

el

espantoso

peligro;

alli

el

castigo para

mi

maldita vida

que

iba

a

des-

trozarse en

la noche..

.

Alguien entraba

y

colocaba

un paiio frio como

el hielo, sobre

mi

frente

de moribundo,

que

ardia.

Y

yo, entretanto, re petia

sollozando

el

doloroso

estribillo,

que

despedazaba

las

entraiias : iQu6

has hecho de

tu

vida, miserable?

jVas a

morir

(55)

H U M 0

Humo, hum0 blanquecino y leve, pasa junto a la llama y desvankcete asi, lentamente..

.

has- ta que me duerma.

No

toques a esa lucecita

dkbil:

acariciala entre tus ondas caprkhosas y no la extingas todavia, porque en la claridad amarillen-

(56)

A L

P A S A R

Es

en van0 que pases cerca

de

mi ostentando

t u s gracias juveniles, sonriendo nerviosamente como se sonrie a

10s

quince aiios.

Una impresi6n

de

tristeza agita dibilmente mi alma cuando th pasas: pienso en tu juventud y

tu belleza que vagarbn y se disiparbn bajo e l

Per0

el

rumor

de

tus pasos sobre la tierra ha&

I

sol como las nubes

de

primavera.

gozar a otras almas, reir a otros corazones.

(57)

D E S P E R T A R

Dulce niza que has llegado a mi puerta can- tando con

el

corazbn destrozado por la pasibn fatal

del

vivir.

Verdes, ardientes y luminosos son tus ojos.

intenso el fuego que

10s

anima, rojos como dos brasas son tus labios y negros como las sombras

de

muerte tus espesos cabellos en desorden.

Y

eres joven como una hermosa Primavera llena

de

luz,

de

perfumes y

de

gracia.

(58)

En tu coraz6n vivo cantan sus cantares l a s tiernas aves de la infancia. iQU6 sabes tfi

de

la

vida! Quk sabes tfi

del

amor, tb que no has cono- cido hasta hoy sin0 el placer!

U

yo que

he

sen-

tido

toda la amargura

de

la tierra, te ofrezco m i brazo poderoso y fr;o, mi pecho cruel y obscure.,

.

para que apoyes en

61

tu pobre cabecita fatigada

y enciendas

de

nuevo la vida en

mi

coraz6n en- ferrno con

el

fuego de tu radiante y fugitiva

ju-

ventud.

Ven, c o j a m o ~ con nuestras manos Qvidas 'y

temblorosas

10s

Gltimoe ramos

de

Otofio, cante-

mos todas esas perdidae canciones

de

antafio an- tes que la muerte nos haga enmudecer para siem pre.

(59)

M A T I N A L

Pasas cantando ante mi ventana entornada, ocupada en t u s quehaceres matinales de joven madre.

Como ese herm050 dia de sol de Septiembre, todo tu precioso cuerpo de niza joven y robusta, como tus alegres ojos risuezos donde brilla la es- peranza, como el resplandor perverso que se en- ciende en el fond0 de tus pupilas cuando a hurta- dillas me miras, a55 est6 todo mi ser lleno de

ti,

amada, por siempre amada de mis ensuecos.

(60)

Y

este pobre valetudinario de la vida, de

la

ilusibn y de la esperanza. no quiere, no p e d e tal vez llegar a estrechar ese cuerpo griicil y ar- monioso, pasar las manos sangrientas y man- chadas por esos suaves cabellos. hundir sus ojos

e n

10s

tuyos; alucinarse en el abismo dantesco

de

tu boca purpcrea.

Seguirk marchando como un mendigo que e610 sueiia, tras de tus pasos. haciendo votos a1 cielo para que tus dias Sean largos, tranquilos y feli- ces, llenos de alegre sol y de gratas sombras.

(61)

C U E N T O

Eran dos hermanas, una la mayor, hermosa y arrogante; la otra, pequeza.

dkbil,

muy t5mida.

U n

dga lleg6 un joven a

pedir

en matrimonio a la m&s hermosa, y le dijo:

--is;

mAs tarde, yo volviese viejo y pobre, me querrias tG siempre?

Y

ella contestb:

-jDe

quk sirve la vida sin el dinero!

Entonces el joven se volvi6 a la m6s pequefia, y

le

dijo:

(62)

-iY

t;z?

Y

Bsta que

le

queria en secret0

desde

hacia mu-

--jSiempre, siempre!.

. .

(63)

I N O C E N C I A

El

&Eo duerme bien en la cuna que tu blanca mano de joven madre balancea.

U

hay un ger- fume suave en

el

fondo de tus pupilas, coma

la

imagen inocente

de

ese n&o; y

el

per€ume te

rodea como una aureola y Ilega hasta mi ccrrazbn fatigado y tris te.

(64)

E L A R B O L

V I E J O

En

la ladera de la

colina

verde, donde princi-

pian 10s bosques

virgenes

de robles. de

alerces y

de

cipreses,

vi

blanquear

entre

la grama mullida

Y

brillante

un

viejo

tronco

segado

por

el

hacha,

ennegrecido

por

el

fuego.

h

su

lado

erguiase es-

belto, vigoroso

y

altivo,

un

roble

joven que

ba-

lanceaba

suavemen te cue ramas

vigorosas.

Tal

vez

habia nacido de

las

raices

profundas

de

ebe

5rbol

que no se

resignaba

a morir aGn sin contemplar

todavia

un instante

la

luz

del cielo.

(65)

Yo

pensaba:

Y

tii. joven Arbol. tambi8n mori- r&s un dia ba;G el hacha o consumido por

10s

aiios: per0 tus semillas esparcidas por

10s

vientoe han dado vida a otros &boles que nacerdn y seguirdn viviendo.

Como un consuelo para mi tristeza. evocaba esta imagen y la unia, con ternura, a1 recuerdo

de

mis pequeiios hijos ausentes.

(66)

E S T 1 0

Tii

y yo frente a la noche tranquila.

Como dos niiios indecisos en su primer en- cuentro vamos tii y yo con tem pkndonos larga- mente bajo

10s

jazmines, por

el

amplio corredor donde duermen rayos

de

luna.

Y

una angustia secreta nos oprime en el silen-

cio y la armonia de la radiante noche

de

estio.

(67)

O T O N O

Nubes pesadas cubren el horizonte; gruesas gotas de lluvia caen ripidas sobre la tierra en calrna, y un ambiente de opio parece invadir la quieta extensibn que abarca la mirada,

Mi

Cora- z6n recuerda adormecido la alegre fiesta juvenil

(68)

Un sol de primavera parece alumbrar, de sii- bito, intensamente, todas las cosas moribun-

das..

.

jLos sueiios desesperantes,

10s

deseos insa- ciables se calman!

Es

el

divino aliento de la poesia que pasa y con sus dedos de rosa disipa en parte las amarguras y las angustias

del

vivir, la poesia

que no tiene tantos m6s desamparados que YO.

(69)

P R I M A V E R A

En el jardin abandonado que la Primavera acaricia con sus gasas

de

or0 reposaba en un banco solitario; era un descanso leve para la pe- na que siempre va conmigo.

Cerca

de

mi, una pequeiiuela jugueteaba ale- gremente con

el

placer inconsciente de las golon- drinas que salen de

10s

aleros en las maiianas des- pejadas a sulcar rbpidamente

el

azul.

En

sue diminutas manos vagabundas agitaba triunfante una rosa recihn abierta.

(70)

De

pronto, cog;, a1 pasar, a1 vuelo, a la peque- iiuela y aspirk un instante embriagado el perfume

de

la rosa mezclado con el

de

aquel cuerpecito ino- cente que palpitaba e n mis brazos.

I

Y

entonces

del

fondo tenebroso de mi memoria parecib llegar hasta mi coraibn la imagen divi- na

de

aquellas primeras miradas de amor que cru- ziibamos en la adolescencia con aquella que ya no exis te

.

0

(71)

N O C H E

D E

I N V I E R N O

Ahora estoy solo en esta frsa pieza extrafia.

El

invierno me rodea, el invierno que siempre vive en mi.

Estoy

solo, altivo de mi mismo, por- que ya dije ad& para siempre a todo eso..

.

a las vanas y pueriles cosillas del amargo vivir.

El

aire discurre a

mi

rededor y me acaricia;

el

infeliz, el malvado, pasan cerca de mi y me hacen sonreir, porque no pueden nada contra mi.

Ea

prirnavera,

las

flores, la belleza, el amor son

(72)
(73)

M E D I O

D I A

Los Arboles henchidos

de

hojillas nuevas pa- recen dormirse en el azul infinito: copudas ramas de hojas pesennes lucen en el parque, que tengo a1 frente, entre

el

verde tiernisimo del follaje de las hayas y 10s negros pinos.

Los gal'los cantan a

la

distancia: y mi corazbn vacio y helado se estremece como

si

sintiera e n eata hora profunda y solemne de descanso, fuer- zas nuevas para luchar, para seguir viviendo.

(74)

L A

S O M B R A

Hay dias en que la Muerte me acompafia co- mo una Gel amiga: me envuelve, me sigue como mi sombra, vive en mi.

Y

en esos instantes. cuando me miras tfi, mu- jer, veo en tu rostro una expresihn de extraiieza,

de

amargo desagrado; tus claros ojos, donde vive la esperanza engaiiosa del vivir alegre e incons- ciente, se velan como

si

una sornbra fGnebre

pasara sobre e b s .

(75)

Es

acaso que sientes el frgo inmenso

del

mbs

all6

que hay en mi en esos rnomentos y no te das cuenta sino del malestar que te causa

mi

persona poseida por entero

de

la Muerte.

(76)

E S C E N A

El

mia, bello

*

Gnico

hijo

de cuatro afios que tienes, amiga jugueteaba y rebullia en +us faldas: era tan como el Dios nifio que pintara Rafael, con grandes ojos sombrios llenos de inteligencia,

de

ternura,

de

bondad, que la vida no ha manchado.

Y

tir te inclinaste sobre

&l

poseida

de

un im- petu supremo y besaste muchas veces su carita.

(77)

El

padre contempla esta rgpida escena con &re tristemente desdeiioso : des puis su rostro se torna suavemente bengvolo.

Entonces pens&: iAcaas considera

21

fin, como

yo, que n i n g h sistema

de

educaci6n podr6 reem- plazar jamis a1 tesoro divino

de

amor que hay en

(78)

L A

P I E Z A C E R R A D A

Aquella pieza estaba cerrada hacia largos aEos:

10s

muros de la casa desierta habian caido: la5 zarzas, las ortigas, las hirsutas yerbas invadian

10s

muros destruidos; per0 aquella pieza perma- necia en pie con sus puertas y ventanas siempre hermgticamente.

iQuignes habian vivido antes? Nadie

10

recor- daba ahora.

Un dia. un fuerte temblor de tierra, un t e r r e mot0 tal vez, hizo que las puertas y ventanas

de

aquella mansiGn se abrieran con violencia y el sob

9 7

(79)

que estaba muy alto, entrb a torrentes en aquella pieza cerrada y obscura hacia tantos afios.

Los fuertes rayos del sol alumbraron entonces las innumerables telas

de

arafia que c u d cortina- jes maravillosos colgaban

de

las

vigae y ornaban

10s

rincones. Ninguna mano de hombre. habria

d e todos

10s

CObreS del iris respiandecian bajo

Tal es la obra

del

genio, tal es la obra misterio- s a y divina del amor. cuands entra a un corazbn entristecido y lo despierta a la vida.

1 1

j

, podido jamcis tejer aquellas telas finisimas don-

I

OS

rayos del sol.

I

(80)

A N G U S T I A

Por Ea estrecha senda soleada van

10s

animales envueltos en denso polvo: las vacas mugen, con- testan las crias en un idioma que s d o ellas en- tienden; 10s campesinss gritan y espolean y red

vuelven

10s

caballos sudorosos.

Bajo el gran sauce benign0 donde estoy sen- tado, pasael viento agitando has copas de

10s

cas- taiios, de"1os pinos, de las altas yerbas:

el

sol

10

mancha todo

de

oro, y de sombra..

.

(81)
(82)

L E J O S

Lejos la juventud, lejos la esperanza, lejos

la

fe..

.

i E n quk piensas?

-En el cruel torbellino que me acosa sin tkr- rnino..

.

, en

el

terrible naufragio de mi vida.

Mis

manos ateridas y sin fuerzas, ya sienten el espas-

(83)

Y

las burlonas estrellas siguen brillando fria- mente siempre en el obscuro cielo, reflej6ndose inquietas sobre las turbias ondas de este mar mu- giente y cruelisimo..

.

(84)

V A G U E D A D

Hemos pedido vino, amigo mio, porque esou

Y

nacerdn

de

sus extrasas rojas fuerzas

PO-

pedian nuestros ojos vagos..

.

tentes para llegar a

lo

indecible.

(85)

H A C I A

E L F I N

Y

mi alma est6 triste, porque no puede mbs.

No

soporta

10s

males que me acosan sin tregua, males de mi mismo,

de

mi espiritu enferrno de un ideal supremo que nunca alcanzarb. La vida me ha herido con mil puiiales crueles, y ya no tengo alientQS para lanzar

mi

queja.

Ni

la esperanza queda de hallar nunca jam& un tibio sen0 ama-

(86)

Rodeada de rosas rojas como sangre recikn ver- tida, bajo

el

sol ardiente de tu6 cabellos, te em- briagabas en la contemplaci6n de la armonia divi- na

de

tu rostro, que el amor no ha herido con s u dardo ponzoiioso y dulce.

(87)

Te

he

sorprendido en esta figura: y me acuer-

do

en mi desesperanza,

de

10s primeros O ~ O S vir- ginales que hablaron a

hi

coriz6n en 10s dias

le-

ianos

de

la pubertad perdidos para siempre.

(88)

S O L O

Marchaba angustiosamente frente a la mon- taEa negra y amenazadora, en la esperanza

de

llegar a la cumbre para contemplar el valle, para aentir sobre mis sienes

el

aire fresco de las alturas. Cuando llegui: a la cima un sol ardiente me de- tuvo y me hizo tenier el descenso. Ya Io tenia

todo:

el sol me rodeaba la luz infundi6ndome in- tensa vida, y despreciaba

10s

valles lejanos donde tal vez vivia la felicidad tranquila, ignorada,

de

(89)

V A G A N C I A

(90)

I M A G E N L E J A N A

Lejos estamos, lejos estoy yo, pobre alma mia, de la tuya; a quien consagr6 mi vida desde el ins- tante fugitivo en que con rApida mirada compren- dimos nuestras dudas, nues tra angua tia aecre ta, infinita, sin remedio..

.

Acaso aquella mirada tuya no fu6 sin0 compa- siva extraEeza. jQuii.n sabe!; per0 esa tu imagen alta y eslbelta, armoniofia, y el recuerdo

de

tus palabras, tranquilas y graves, son el claro manan- tial dsnde mi coraz6n reposa y espera.

A

la dis-

tancia, mientras mi imaginacibn trabaja en

10s

"3

(91)

profundos sueGos del Arte, mi ser entero busca el

tuyo como un consuelo, como un amparo para

seguir viviendo..

.

En la ausencia, cuando llega la noche, pienso a veces en

el

instante familiar en que por fin es- trechare tu mano y mis miradas te seguiriin extasiado; cuando marches junto a mi, con la ru- bia cabeza inclinada, contem plando el sender0 tan lenta, serenamente..

.

(92)

D I A L O G 0

B R E V E

Mi

alma pregunta:

-(<iQu&

te falta?,.

El

coraz6n responde humilde, sombrio. miste- rioso C O ~ O un astro desccmocido que vaga en

lo

alto :

(93)

E S T 1 0

Ardiente, nebuloso, aquel d;a

de

Febrero. En- contriibame 'en la reg& de las rnontafias; a Io iejos oia returnbar el trueno en las gargantas abruptas. Deseaba ansiosamente que llegara Iue-

(94)
(95)

P E N S A N D O

...

&

<<Porque en la sabiduria hay much0 enojo: y quien aiiade ciencia, aiiade dolor,,.

.

.

Eclesiastes.

Asi

dice Salom6n en ese desolado y terrible libro de su vejez: y YO pienso que la vida debe vivirse confusa y armoniosamente, con Animo resuelto y alegre; no profundizarla, porque en el fondo hay dudas y amarguras sin cuento.

Quien asi no vive, jam& conocerd

10s

alientos del heroismo, las alegrias divinas

del

amor y de

la

(96)

poesia,

el

encanto sublime del martirio que e8

resignaci6n. humildad y valor, que llena de clari- dad celeste las vidas de Francisco de Asis y

de

Teresa

de

A d a .

(97)

P ; R

I

M

A V

E

R

A

(98)

C A L M A

Cielo estival, Qrboles dormidos

que parecen

morirse de cansancio, hojas inm6viles

en

la

es- pera

angustiosa de las

frescas

brisas

que

har6.n

Tal

duerme hurafio

y

rnudo

mi

humilde

cora- zccin

desamparado..

.

; en

lo intimo del

ser,

la ima-

gen vaga de

una

triste

ilusi6n

desencantada ago-

niza,

como una

pobre viuda solitaria sobre

un ' reir

la

luz.

(99)

mdrrnol roido por 10s aEios, en que 10s nombres se han borrado a1 paso

de las

Iluvias

del

Otofio..

.

j CuAndo llegarkn a cobijarme las tinieblas den-

(100)

L L U V I A

D E

O T O m O

D<a

nebuloso y brillante, dia alegre de OtoEo.

jCBmo calmas con tu leve llovizna mis dolores

profundos!

Las

traiCiQne5 del amor,

10s

desengafios de la amietad, 1a angustia de la fe, vacilante corn0 una llama en la noche, se borran un instante.

T Q ~ O

duerme y parece cobrar fuerzar L) para se-

(101)

andaba lejos, de escapada en los campos. ha llega- do ahora con las trkmulas alitas resplandecientes

de

irisadas gotas

de

agua en esta primera lluvia

(102)

EL

R E T R A T O

Me detuve un instante ante aquella tela muda, en ese vasto s a k n solitario de cuyas paredes pen- dian tantas obras maestras.

Una anciana vestida de negro, con cofia blan- ca sobre 10s c a b e l l ~ s canos, sentada en amplia poltrona, me contempla con esa expresi6n bon-

dadosa que toman 10s ojos humanos en

10s

tilti-

m o s afios

de

la vida!

Las

pasiones mueren en

si-

lencio, los grandes dolores se han olvidado; s620

(103)

cido..

.

Las manos rugosas, de color de piedra, tan blandas, se cruzan sobre las rodillas. Esta e s la imagen de Isabel

de

Van Rin, la madre de Rem- branctt, y es

61

quien pintara ese retrato.

Y

ante esta vis& pedecta de la vida en su

decadencia. aldo

-

como un misterio terrible se descubre violentamente en

10

intimo de mi eer; mi5 ojos se humedecen, se nublan ante la mara- villosa obra maestra.

(104)

L A - C A S A N A T A L

Paso COMO un extraiio ante aquella mitnsi6n solitaria y muda. Las grandes ventanas colonia- les cubiertas de aiiosos enrejados de hierro estiin cerradas; la ancha puerta orlada de gruesos cla- vos

de

bronce, cerrada hermkticamente est& tam- bikn. Estoy seguro que si descendiese del tran- via que me arrastra y golpease a esa puerta, una anciana sirviente me responderia: La familia est& en el campo; no s$ cu;indo llegarii.

(105)
(106)

C O N Y ;

E S

I O N

jYo soy una

alma negra, perdida!..

.

Me di-

jiste

un

dia

que

logrg abrir

con

mis miradas

se-

dientas de

tis

belleza

y

de

tu

juventud de mujer.

el dintel

secreto

de

tu

dolor.

iQu6

se

ocultaba

tras

del

frio

brillo de

tus

ojos

vagos?

Qug

mieterio de angustia, de

an& no

confesadas

y

jam&

satisfechas viEraEan

en

el

fondo de

ems rayos

de

tu

mirar,

que es corn0

la

sonrisa

del

alba?

(107)

iEs

acaso el mismo deseo insaciable de ternurg y

de

tristeza que vive en mi cuando estoy a t u lado y te contemplo?

Es

que, inconsciente, com-

anida en mi coraz6n. lo que te arranc6 esa confe-

si&

desgarradora? iTe consideraste, tal vez, in- digna de recibir una mirada

de

ese Dios todo po- deroso a1 contemplar las manchas

de

tu vida y como el humilde creyente hundiste tu cabeza e n

(108)

C O N F I D E N C I A

Un dia que charlibamos a solas, distraidamen- te, como cuando se habla consigo mismo, exclam&:

-iAh!

cuando un hombre se pierde. es imposi-

ble

que vuelva..

.

S ~ l o algo muy grande, una pa- ei6n inmensa podria salvarlo.

Y

tii, que inclinada sobre tu costura cosias en silencio,

dijiste

muy bajo :

-Yo pienso que cuando es una mujer es peor:

no se vuelve'atrbs nunca, nunca: y m i s

si

no se

ha

perdido por s u culpa: queda una rabia, un

dolor,

u n odio..

.

(109)

Alzaste con violencia la enmarasada calsellera rubia y me miraste con tue frios 0 ; 0 5 de oro, en 10s que habsa un destello

de

crueldad y de dolor que he solido ver en las pupilas

de

las &eras en- jauladas y que

10s

hombres andan mostrando por dinero a otros hombres para que 6 5 t O S se divier-

tan.

(110)

E N T R A M O S

Entramos

bajo las nieblas del

Otofio, en

aquel

templo alejado del

centro

de la ciudad.

casi de- sierto a esa

hora.

Aqui,

all&, algunos frailes

an- cianos

arreglaban

10s altares para

la

prbxima fiesta

del SAbado de Gloria.

Frente a nosotros,

un

gran Cristo esculpido

en

madera

aparecia

muerto ya,

tendido

con 10s ojos

sin

lumbre, todo

salpicado de sangre

recibn

vertida.

Y

en

mi

alma, joh tristeza!

el

silencio, la obs-

curidad

que

invadia las

altas naves,

el

perfume

(111)

del incienso, el cuidadoso adorno de

10s

altares, las Wrgenes que tendian las manos a1 cielo r e deadaf; de Qngeles embelesados en su gracia ino- cente y divina. no despertaban ningbn sentimien- to religioso; mi corazhn estaba pendiente en ese. instante, de tu gracia. de tu vida, de tus mira- das, que acaso tambikn indiferentes y sombrias contemplaban todos aquellos aparatos magnG ficos de un culto de que estaba separada, desde

10s

dias lejanos de tu perdida inocencia.

Pensb: el amor e6 acaso la esencia de todas las religiones de

10s

hombres.

.

(112)

M E M I R ' O

V A G A M E N T E

...

Me miro vagamente en el espejo y me devuel- v e la imagen de un anciano sin fuerzas y sin alien to.

Todas las formas de la miseria de

10s

seres que vagan por el mundo me rodea, me oprime en este alegre dia de primavera.

La angustia est6 en mi pecho, vaga angustia terrible, como la muerte. iYa no hay para mi

ni

alegria ni pena!

iAh!,

quB triste est6 todo mientras las aves cantan!

(113)

P R I M A V E R A

Cantan

las golondrinas.

Se

fueron con

el

frio

las neblinas

que

velaban

el

sol. En 10s

lejanos

valles

aun

brillan sobre

el agua fugitiva nieblas densas

que

brotan de la

tierra

manos

tendidas hacia

el cielo

en

busca de

la luz

que en

,lo

alto

reina.

iQu6

buscan

esas

nieblas

en

la

armonia

ardiente de 10s cielos

ein fin? Lo mismo acaso que

buscaba

antaiio, cuan-

(114)

do

la juventud vivia en mi, y tG, ahora alma en- ferma, aun buscas como un ciego ante la luz un poco de calor para las manos que se tienden a1

(115)

A M A N E C E R

Todo resplandece, el aire,

el

sol

que brilla CO-mo una lbmpara a travis

de 10s

vidrios.

Cantan

10s

p6jaros. resuenan las carretas por e1 camino que se pierde a lo lejos en 10s confines vagos.

iY

mi alma no tiene una flor donde posarse en este dia de oro!

(116)

N O C T U R N O

Los faroles el6ctricos brillan a la distancia como ojos burlones en la sombra. Vagamente re- cuerdo esa torpe charla de taberna. Pienso :

iCuiindo se saciarii el ansia insaciablle de mi I ,

eoraz6n?

Y

no seriin tus cabellos, ni seriin tus hermosas manos, ni serii tu cuerpo todo, cuando a mi se en- tregue en el silencio nocturno en medio del cu- chicheo ardiente

de

tus labios que buscaran 10s

(117)

mios como alguien que se ahoga,

10s

que calma-

rdn

este horrible latido.

Y

mbs tarde ioh tristezay esos labios serdn para mi, como unafuente seca e n

el

desierto.

0

(118)

W E C U E R D O

Quise darte una prueba rn&,s.de mi amor ar- diente y puro como

el

or0 reci6n fundido; per0 tus pdidas manos trgmulas rechazaron d6bil- mente la anhelosa ofrenda.

Me miraste con tus verdes ojos misteriosos. en cuyo fondo sorprendi una lumbre sagrada como la de las liimparas que brillan siempre

bajo

10s

Sbsides de las sombrias basilicas. Caimos enlaza-

dos, embriagiindonos en nuestras miradss que

Lebian sin tasa el secret0 divino de nuestros CO-

(119)

razones.

Ese

minuto es inmortal en mi recuerdo

(120)

C L A R O

D E

L U N A

Y

fatigado

a veces

de

la

triste

verdad de

la

existencia, mis

ojos

buscan

en

el

cielo negro,

donde brillan hurafias

las

estrellas,

algo

con que saciar

la

sed rabiosa de

mi

alma

perdida, mise-

rable..

.

!

La

pluma cae

de mis

malhQB

cansada de dibu-

jar

10s persleles

ondeantes

y

profundos de

lo que

siento,

y veo que una

lumbre seenciende;

es

la

montafia,

alk,

en

10

aIro,

donde la

luna

asoma y se

destacan negros

10s

grandes Brboles,

como'fan-

(121)

tasmas de otro tiempo que contemplaran mudos

y sornbriss

10s

valles dilatados, perdidos en

la

noche.

Y

mi imagi;naci6n despierta entonces ernbria-

(122)

O T O N A L

Mi

alma est8 sombria como este brumoso d<a d e Otofio; las nubes inm6viles. el aire pesado y tibio me rodea y me oprime como un sudario

de

plomo.

T;,

triste imagen de mujer, me acompaiias

hoy; vas como un cilicio clavado en mi corazbn, e n mi pobre coraz6n.

Y

el

recuerdo vag0

de

la mirada negra de tus

(123)

ojos inmciviles, Gjos en

10s

mios, en una larga y persistente interrogacibn

de

algo, iay! que yo

ignoro,

me acompasa como alivio para mi an-

(124)

I N D E C I S A S

Mi

alma est5 sombria como tii que sufree y

callas. E s en van0 que sonrias a1 viento.

$e 1lenarS alguna vez el vacio insondable en que te agitas?

(125)

* * *

Me

incling ante ti y te cog; bruscamente la helada man0 y la be& largo tiempo con emoci6n.

Y

tu rostro se enrojecia como alumbrado

de

stibito por un ardiente ray0

de

sol. iEra vergiien- za, agradecimiento. alegr'ria, pudor

lo

que baiiaba esas mejillas queridas?

(126)

i A B O N D E

I R ?

Blanco el cielo a trav6s

de

10s

vidrios, solitaria l a estancia, ni un rumor en la calle. y mi coraz6n enfeimo con la angustia

de

siempre.

iAh!

nada hay m6s triste que no saber d6nde ir; moverse como un insect0 para satisfacer Ias necesidades

de

la vida brutal.

Y

ni afecto

de

madre, ni de amante, ni

de

amigo, ni el resplandor divino de la sonrisa inocente

de

10s

hijos que me

10s

han llevado tan lejos..

.

!

iAdbnde

ir

ahora en este d5a blanco como un

sudario?

i

Adbnde ir, Seiior?

(127)

E N S U E N O

Mi

imaginacibn dibuja con tristeza tu silueta llena de gracia y

de

vida y

de

juventud.

Me

parece escuchar en la soledad tu risa fres- ca como

el

sonido de 10s cristales brillantes que se rompen

de

slibito bajo

10s

rayos matinales

de

un sol ardiente.

.

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