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1.- CONCEPCIONES DE LA REALIDAD EN LA ÉPOCA ANTIGUA. - TEMA 4

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TEMA 4.

La realidad física.

1.- CONCEPCIONES DE LA REALIDAD EN LA ÉPOCA ANTIGUA.

Como ya vimos en el primer capítulo, el paso del mito al logos supuso, en la Grecia clásica, una transición de una concepción teológica de la realidad a una concepción científica. La realidad física dejó de ser el campo de experimentación de fuerzas que estaban por encima de la naturaleza y pasó a ser concebida como un conjunto de leyes que era posible investigar y comprender. Esta situación dio origen al nacimiento de la ciencia y a una visión de la Naturaleza como algo que, al ser mensurable con la razón humana, podía ser transformado por ésta. La Naturaleza dejó de ser divina y pasó a ser humana.

1.-La idea del Universo.

Probablemente el primer elemento que fue objeto de estudio por parte de los primeros filósofos y científicos griegos fue el Universo, el Cosmos, por ser el elemento más general, aquél que engloba o dentro del cual se dan todos los fenómenos particulares de la Naturaleza. Y también por ser aquél que de modo más directo se había visto sometido a las explicaciones míticas. No hay que olvidar que, desde el primer mito sumerio de formación del Universo, el mito de Marduck y Tiamat, todas las mitologías han otorgado un papel destacado al origen de todo lo que hay, de lo que los griegos llamaron Cosmos.

Así, no es de extrañar que las primeras investigaciones físicas de los filósofos presocráticos tuvieran como objetivo el universo en su totalidad, y que esta tradición se mantuviera hasta el Renacimiento, abarcando toda la Edad Media. Pero posiblemente el problema fundamental que marcó la especulación acerca del Universo fue la cuestión de si éste posee un orden o no. Y este va a ser el primer problema que vamos a tratar, estudiando dos concepciones antagónicas clásicas del mismo: la idea atomista y la formulación de la Física de Aristóteles, para pasar luego a tratar la visión concreta que del Universo y sus fenómenos se tuvo en la Gracia clásica y en la época medieval.

1,1,. Atomismo.

El atomismo fue una excepción dentro de la tendencia general de los primeros filósofos griegos a la hora de dar una explicación racional sobre el origen del Universo, el arjé, o primer principio de todo lo existente. Fundado por Demócrito y continuado por Leucipo y Epicuro, ya en la época helenística, el atomismo ofrecía una visión materialista del Universo, frente a las concepciones espiritualista de pensadores como Parménides,

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Anaxágoras o Heráclito.

Según la teoría atomista, el Universo estaría compuesto por un número limitado de partículas materiales llamadas “átomos”. Estos átomos, que tienen formas distintas, flotan en el vacío y flotan unos contra otros, produciendo una serie de fuerzas de atracción y repulsión. Al tener formas distintas, dos átomos que chocan pueden, o bien verse rechazados mutuamente, con lo cual seguirán flotando en el vacío chocando con otros átomos, o bien encajarse. Esta unión de los átomos, totalmente fortuita, puesto que los átomos no están destinados a unirse, al no existir ninguna fuerza superior a ellos, sino tan sólo las fuerzas de atracción y repulsión originadas por ellos mismos, dan lugar al Universo que conocemos. Ahora bien, y esta es la idea fundamental del atomismo, este Universo tan sólo es el resultado de una de las múltiples uniones que pueden darse entre los átomos. No hay ninguna fuerza superior a éstos que decida cuál debe ser la forma del universo. Por lo tanto, este Universo es tan sólo producto del azar, ya que siendo posibles múltiples uniones, los átomos podrían haberse conformado de cualquier otra forma: nada existe que predetermine una unión u otra: todas son posibles. Al no existir una predeterminación en la unión de los átomos, tampoco existe nada que nos permita afirmar que este mundo, esta particular unión entre los átomos, es mejor o peor que otra. Es tan sólo una de las muchas que se pueden dar, pero no tiene porqué ser necesariamente la mejor.

El Universo, por lo tanto, y estas son las ideas básicas que cabe destacar de la teoría atomista, no tiene ningún orden. Es producto del azar de la unión entre los átomos que se mueven libremente en el vacío y por lo tanto tampoco cabe hablar de ningún tipo de significación ética del universo. Este no es el mejor de los mundos posible: es tan sólo uno más.

2.2.- Aristóteles.

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El conocimiento del universo o naturaleza establecido en la Física, según Aristóteles, va a consistir en de forma preeminente en el estudio de ciertos conceptos como los de espacio, tiempo y movimiento; esto quiere decir que la naturaleza va a consistir sobre todo en espacio, tiempo y movimiento. Por eso Aristóteles puede decir que el órgano básico del conocimiento de la Naturaleza es el análisis conceptual, organizado en la lógica. Ahora bien, hay que tener en cuenta que, aunque el órgano de conocimiento de la Naturaleza sea este tipo de análisis, el conocimiento físico no consiste simplemente en este análisis. El análisis conceptual va a determinar cuales son los objetos a los que el conocimiento físico, la Ciencia en suma, puede acceder, que van a ser aquellos objetos que pueden ser captados por medio de los sentidos. Pero este conocimiento no consiste simplemente en una descripción de tales objetos, que sería el tipo de conocimiento que aportaría el análisis conceptual. La ciencia, entendida como conocimiento de la Physis, es algo más: es una interpretación y un examen riguroso de tales objetos. Interpretación que es posible precisamente porque estos objetos se dan dentro de un orden de causas segundas perfectamente determinado.

1.3.- La Visión de la Naturaleza en la Ciencia griega.

La ciencia en Grecia se va a ver sometida durante toda la época clásica a los postulados de Aristóteles, y va a ser durante el periodo helenístico cuando cobre nuevos bríos, tome nuevas direcciones y analice nuevos problemas. El desarrollo de la ciencia durante este periodo va a venir marcado fundamentalmente por las conquistas de Alejandro Magno y el subsiguiente vuelco de la visión tradicional de la naturaleza que se tenía en la Grecia clásica. Esto, unido a los cambios sociales que se dan en la Hélade va a suponer un giro radical en la visión científica de esta época.

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El primer aspecto a destacar, por lo tanto, del desarrollo de la ciencia en este periodo va a ser que, como consecuencia de la necesidad de aplicar los conocimientos científicos a las necesidades prácticas surgidas de la nueva situación socioeconómica, la ciencia va a dar un giro de ciento ochenta grados y va a pasar de ser eminentemente teórica a mostrar una cada vez más creciente practicidad. No se va a tratar tanto de entender la naturaleza, o de buscar principios de explicación, como de llegar a avances prácticos que permitan un desarrollo militare, económico y social cada vez mayor. Esto hace que la ciencia en este periodo registre un avance sin precedentes hasta entonces.

De esta manera, en el campo de la ingeniería, nos encontramos con un desarrollo espectacular de las máquinas, fundamentalmente de las máquinas de guerra, donde destacan los nombres de Ctesibio y Filón y descubrimientos tales como la clepsidra para medir el tiempo o las catapultas hechas con tiras de cuero humedecidas mucho más resistentes y potentes que las tradicionales de soga. No debemos olvidar en este campo la figura de Arquímedes y su diseño de espejos para atacar al enemigo en las batallas navales, así como la construcción de un modelo mecánico del Universo, donde aparecen todos los planetas con sus movimientos.

En el campo de la astronomía, los avances no van a ser menos importantes, debido, como hemos dicho, a dos causas fundamentales: el descubrimiento de nuevos territorios y la necesidad de conocer la distancia entre los distintos puntos terrestres y el auge del comercio y la consiguiente mejora de los sistemas de navegación que implica un mayor conocimiento de las estrellas y un desarrollo de los aparatos de orientación. Así, en este campo destacan los nombres de Aristarco, Hiparco o Ptolomeo y sus descubrimientos centrados fundamentalmente en tres aspectos: la necesidad de conocer, por un lado, la distancia entre la Tierra y el resto de los astros, fundamentalmente la Luna, y, por otro, las distancias entre los distintos puntos terrestres el tamaño del diámetro de la Tierra, donde se llegan a alcanzar mediciones ciertamente exactas para los instrumentos y las técnicas de medición utilizadas. En segundo ligar, la determinación de los movimientos celestes, con la introducción de las excéntricas y los epiciclos, fundamentales en las investigaciones que siglos más tarde realizarían Copérnico, Galileo y Kepler, y en tercer lugar la determinación de la latitud y la longitud de los diversos puntos terrestres conocidos, acampo en el que destacó Ptolomeo y que resultó fundamental para el desarrollo del comercio.

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durante toda la Edad Media, fundamentalmente por razones teológicas, hasta la revolución científica de Galileo y Newton en el siglo XVII. A pesar de todo, en este campo hay que destacar la aportación de Arquímedes y el conocido principio que lleva su nombre, que tiene una aplicación inmediata en el campo de la navegación y la construcción de barcos más veloces y resistentes.

Por lo que respecta a la geometría y la aritmética, estas ciencias no tienen un desarrollo destacado por su casi exclusiva visión teórica y sólo despunta la figura de Euclides y sus Elementos. Euclides va a basar toda su teoría en una serie de axiomas y postulados evidentes de los cuales se derivarían el resto de las proposiciones del sistema. Este método, que en realidad no supone ninguna novedad con respecto a los métodos lógicos y dialécticos tradicionales en Grecia, va a suponer, por un lado, que numerosos autores posteriores, ya en el periodo moderno, lo utilicen para cimentar sus sistemas. Pero la mala fundamentación o la falta de evidencia de algunos de sus postulados, fundamentalmente el V, va a dar lugar por otro lado a la aparición en siglos posteriores de las llamadas geometrías no euclídeas, basadas en su mayor parte en un ataque al citado V postulado, y, a la larga, a una nueva concepción del espacio y a un nuevo punto de vista sobre la realidad.

En el campo de la medicina destaca por encima de las demás la figura de Galeno, aunque sus teorías fueron en lo esencial erróneas y habrá que esperar al desarrollo de la medicina árabe en la Edad Media para que se produzcan avances realmente significativos en este campo. Así, galeno va a mantener la teoría hipocrática de los cuatro humores, va a investigar la circulación de la sangre desde la concepción errónea de la separación entre circulación venosa y arterial, va a afirmar la existencia de un fluido vital que impulsaría la circulación sanguínea o va a considerar que es la respiración el motor de la circulación de la sangre, aunque ésta sea mucho más lenta que los latidos del corazón, teorías todas ellas que serían rebatidas siglos más tarde por Servet. En la descripción de la anatomía la imposibilidad de trabajar en la disección de cuerpos humanos le obliga a estudiar fundamentalmente la anatomía de los rumiantes y del mono de Berbería, lo que da lugar a afirmaciones erróneas del tipo de que en los seres humanos existiría la llamada rete mirabile en la base del cráneo, algo que se observa en los rumiantes, pero no en humanos.

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fundamentalmente la ingeniería y la astronomía, mientras que en aquellas ciencias que se mantienen en un campo eminentemente teórico, como la física o la matemática, habrá que esperar al nacimiento de la ciencia moderna para poder apreciar un desarrollo verdaderamente significativo.

1.4.- El Universo en la Filosofía Medieval.

Durante la Edad Media la concepción del universo va a estar marcada por las concepciones aristotélicas tal y cómo se recogen a través de la Escolástica. De esta forma, el universo se va a entender, y por tanto se va a investigar, más desde un punto de vista teológico que cosmológico. Así, se va a considerar que todo aquello que puede ser incluido dentro de la determinación de “Naturaleza” ha siso creado por Dios, y por lo tanto no posee leyes propias, sino que está en todo momento determinado por su creador. Las leyes naturales van a ser leyes divinas, de tal manera que la investigación física se va a reducir a un estudio teológico.

A pesar de todo, en el siglo XIV, con la figura de Guillermo de Ockam, la ciencia va a cobrar un cierto peso dentro de la visión medieval del Universo, básicamente a partir de dos ideas: la “navaja de Ockam” y la teoría de la suposición.

El instrumento fundamental que va a utilizar Ockam en sus investigaciones va a ser el conocido como “navaja de Ockam”, la idea de que hay que eliminar lo superfluo y atenerse a unos pocos conceptos básicos que puedan explicar los fenómenos naturales, idea que va a abrir la puerta a la investigación científica moderna. Por otro lado, aunque Ockam consideraba que toda la Naturaleza y los seres que la componen están regidos por la voluntad de Dios, también pensaba que existe en la realidad un orden de cosas que puede observarse y describirse, y que por lo tanto puede constituir el campo de estudio de una ciencia separada de la teología. Esta descripción de los hechos de la Naturaleza –el único papel que Ockam le asigna a la ciencia- se lleva a cabo mediante proposiciones de palabras o conceptos que se caracterizan como símbolos. Según la lógica de Ockam un signo siempre supone algo. Para Ockam habría tres tipos fundamentales de suposición, que se corresponderían con los tres tipos de ciencia que él admite: la suposición personal, que se da cuando el signo ocupa el lugar del significado y que daría lugar a la ciencia real; la suposición simple, que se daría cuando el signo designa un concepto, pero no lo significa, que se correspondería con la ciencia racional o lógica; y en tercer lugar la suposición material se da cuando el signo supone según si sonido o su grafía y daría lugar a la ciencia gramatical.

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El primer problema que históricamente se plantea a la hora de tratar la determinación física del Universo es el problema del movimiento. No es posible fundamentar una ciencia mecánica, base para el estudio de la Naturaleza, si previamente no se dilucida la cuestión de si el movimiento de los cuerpos es real o sólo aparente. Esta cuestión, que comienza con la negación del movimiento por parte de Parménides y los eléatas y que sufre un giro determinante con la Física de Aristóteles, lleva a su vez asociado otro problema: el de la existencia del vacío, problema que es básico para fundamentar la mecánica de fluidos, la mecánica cuántica e incluso una ciencia como la química y que se va a extender hasta bien entrado el siglo XVII, en plena época moderna de la Filosofía.

Los argumentos para negar o defender la existencia del movimiento fueron en un principio de corte básicamente metafísico, para adoptar paulatinamente un aspecto científico ya en la Edad Media. Vamos ahora repasar la postura que sobre el movimiento mantuvieron los pensadores presocráticos, destacando la figura de Parménides, las novedosas aportaciones de Aristóteles al problema y la situación en la que queda la cuestión en la Edad Media, para de estar forma dejar sentadas la bases de la mecánica sobre las que más tarde, en el siglo XVII, se asentará la Revolución Científica de Galileo y Newton.

2.1.- Los presocráticos.

En el periodo presocrático el problema del movimiento va a tener tintes fundamentalmente metafísicos y va a girar alrededor de dos nombres: Heráclito y Parménides. Mientras que Heráclito mantiene la idea de que el motor de la realidades un enfrentamiento entre contrarios, que provoca que aquella esté en un continuo cambio, dirigido por el logos, para Parménides la base de la realidad es el Ser. El Ser es único, infinito, eterno, ilimitado e inmóvil. Sólo hay un Ser que lo abarca todo, y el no ser no existe.. Según Parménides el Ser es y no puede ser no ser y el no ser no es y no puede ser. Esta idea lleva a Parménides a negar la existencia del movimiento en la realidad. En efecto, el movimiento es el paso del ser al no ser y del no ser al ser, pero si sólo existe el Ser, y el no ser no existe, el movimiento no es posible. El movimiento supondría que, o existe el no ser, o existe otro ser distinto del Ser. En el primer caso, la existencia del no ser limitaría al ser, pero el Ser es ilimitado, con lo cual no puede existir el no ser. En el segundo caso, si existiera otro ser distinto del Ser, tendría que ser único, eterno e infinito. Pero no pueden existir dos seres únicos eternos e infinitos, puesto que si existieran, no serían ni únicos ni eternos ni infinitos, con lo cual sólo existe un ser y el movimiento es imposible.

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sus célebres paradojas para negar el movimiento, las tres más conocidas de las cuales son la paradoja de la flecha, la paradoja del estadio y la paradoja de Aquiles y la tortuga. En estas paradojas Zenón, basándose en la infinita indivisibilidad del espacio y el tiempo, intenta demostraba cómo no es posible hablar de movimiento en la realidad. Según la más famosa de las paradojas de Zenón, la de Aquiles y la tortuga, y Aquiles y una tortuga disputaran una carrera, y la tortuga partiera con una ventaja cualquiera, Aquiles nunca alcanzaría a la tortuga, puesto que para alcanzarla tendría que recorrer el espacio que le separa de ella, pero para recorrer ese espacio primero tendría que recorrer la mitad, y para recorrer la mitad tendría que recorrer la mitad de la mitad, y así hasta el infinito, con lo cual Aquiles no se movería y nunca alcanzaría a la tortuga.

Otra figura importante dentro de la discusión presocrática sobre el movimiento es la Demócrito de Abdera. Demócrito es el fundador de una teoría de la realidad conocida como “atomismo”. Según el atomismo toda la realidad se forma a partir de una serie de cuerpos que flotan en el vacío y que reciben el nombre de átomos. Estos átomos, que están en un continuo movimiento en el vacío, tienen figuras y formas distintas de tal forma que, al flotar, chocan entre sí y pueden unirse, si sus formas encajan, o repelerse. Cuando los átomos se unen forman los distintos objetos de la realidad, con lo cual Demócrito puede afirmar que la realidad está en un continuo movimiento, puesto que su constituyente fundamental, los átomos, están continuamente moviéndose y cambiando.

En el pensamiento de Demócrito se va a introducir un elemento radicalmente moderno que choca frontalmente con la idea de Parménides y los Eléatas, y que se va a constituir como centro de una nueva polémica que va a durar hasta bien entrado el siglo XVII: la existencia del vacío.

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Como decíamos, el problema del vacío se va a extender hasta el siglo XVII. Todo el pensamiento medieval negará la existencia del vacío, como principio distinto de Dios. Dios lo es todo, pero Dios no puede ser vacío, por lo tanto el vacío no existe. Ya en el siglo XVII, el mismo Descartes manifestará su repulsa a aceptar la existencia del vacío: es el horror vacui.

2.2.- El movimiento en Aristóteles.

Para Aristóteles la naturaleza es movimiento. Al contrario que Parménides, Aristóteles considera que la esencia misma de la realidad es el movimiento, concepción que s producto de su visión física de la misma, a diferencia de la visión metafísica de los eléatas. De hecho, Aristóteles califica de necios a aquellos que, haciendo caso omiso de lo que dicen sus sentidos, niegan el movimiento en la realidad.

Ahora bien, ¿qué es lo que entiende Aristóteles por movimiento?. Aristóteles sigue dentro de los parámetros del pensamiento griego, por lo tanto, no puede admitir la existencia del no-ser, sin embargo, el movimiento es paso del ser al no-ser. Aristóteles salva esta dificultad concibiendo el movimiento como paso de la potencia al acto, o como paso del ser potencial al ser actual. así, no hay cabida para un no-ser absoluto, puesto que potencia y acto son ser, pero se salva la esencia del movimiento como paso del ser al no-ser, puesto que el ser potencial es no-ser actual, aunque siga siendo ser y el ser actual es no-ser potencial, pero es ser. ¿Qué son, entonces, la potencia y el acto?.

La potencia es aquello que un ente puede llegar a ser, mientras que el acto es aquello que un ente es efectivamente. Así, el movimiento se daría entre aquello que un ente puede llegar a ser y aquello que es. Si esto resulta chocante, hay que volver a recordar que la potencia implica que algo ya es, aunque aún no sea efectivamente, es decir, un ente que es potencia ya es, aunque aún no sea acto. Como se ve, Aristóteles en ningún momento sale del ámbito del ser, pero aquello que un ente puede llegar a ser es aquello que aún no es en acto, con lo cual se salva también la idea del movimiento como paso del ser al no-ser.

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semilla, y potencia, como acto.

En resumen, Aristóteles introduce el movimiento en la realidad separando el ser en ser potencial y ser actual. De esta forma, salva tanto la idea tradicional griega de que no es posible el no-ser, puesto que tanto acto como potencia son ser, como la definición del movimiento como paso del ser al no-ser, ya que la potencia no es acto y el acto no es potencia. Y es este movimiento o cambio de la potencia al acto lo que para Aristóteles constituye de manera esencial la Naturaleza o Physis. La realidad, pues, para Aristóteles, es movimiento.

2.- LA REALIDAD MATEMÁTICA.

1.- La Revolución Científica.

Se conoce como “Revolución científica” el movimiento que se da en Occidente durante los siglos XVI y XVII y que tiene como argumento central la idea de que la naturaleza toda es reducible a caracteres matemáticos y que por lo tanto toda la realidad es expresable por medio de relaciones matemáticas. Los tres nombres fundamentales que conforman este movimiento son Nicolás Copérnico, Galileo Galilei e Isaac Newton.

1.1.- Antecedentes. Copérnico.

A principios del siglo XVI la situación en el campo de la ciencia en Occidente era la que se había mantenido a lo largo de toda la Edad Media, heredada de los griegos. La Física era fundamentalmente física aristotélica, con la teoría de los cuatro elementos como eje central y en Astronomía se mantenía el paradigma geocéntrico de Ptolomeo: la Tierra era el centro fijo del Universo y en torno a ella giraban el Sol y el resto de los planetas conocidos, con la esfera de las estrellas fijas como límite.

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entre las órbitas de los planetas negaba la idea de que el Sol girase alrededor de la Tierra, estableciendo más bien lo contrario. De esta forma Copérnico estableció que la tierra efectúa un giro anual en torno al sol.

Aunque Copérnico había demostrado matemáticamente el paradigma heliocéntrico, la idea de que la Tierra giraba alrededor del Sol iba en contra de la Física y la Astronomía hasta entonces aceptadas, y sobre todo iba en contra de las enseñanzas de la Biblia. Esto hizo que Copérnico fuera extremadamente cauteloso a la hora de exponer sus conclusiones y así, en el prólogo de su obra, afirma que éstas son tan sólo una hipótesis necesaria para salvar sus cálculos matemáticos, pero que en ningún momento pretendía afirmar nada en contra de la doctrina de la Iglesia. Esta advertencia salvó al autor y a su obra de terminar en la hoguera, hasta que un siglo más tarde Galileo afirmó la tesis heliocéntrica, no ya como una hipótesis, sino como un hecho real de naturaleza científica.

1.2.- Galileo.

En el siglo XVII un cambio en la visión de la ciencia va a resultar determinante en la concepción de la Naturaleza: la introducción de las matemáticas como herramienta básica de la investigación científica, fundamentalmente en la ciencia de la mecánica. Como ya vimos, la mecánica se había quedado estancada en la teoría del ímpetus en el siglo XVI. Durante el siglo XVII esta ciencia tomó un nuevo auge gracias a los ingenieros italianos, que desecharon la idea del ímpetus y se centraron en la investigación empírica de las fuerzas y los movimientos de los cuerpos, y sufrió un empuje definitivo en el siglo XVII gracias a la figura de Galileo.

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fenómeno físico, siempre que este fenómeno fuera medible.

Pero posiblemente en el campo donde Galileo ha acabado pasando a la historia ha sido en el campo de la astronomía y en el choque con los dogmas de la iglesia que supusieron sus conclusiones. Galileo siguió el sistema copernicano, pero aplicándole los descubrimientos de su nueva mecánica, con lo que consiguió salvar muchas de las objeciones que se le habían presentado a Copérnico. Las dos principales objeciones que se le hacían al sistema copernicano trataban de negar el movimiento de la Tierra. Así, se decía, siguiendo a Aristóteles, si la Tierra se moviese la atmósfera debería también moverse y para ello necesitaría de un motor externo y, por otra parte, los cuerpos lanzados desde una determinada altura deberían caer hacia el Oeste. Ninguna de las dos cosas se observaba, con lo cual la Tierra debía permanecer fija. Galileo combatió estas objeciones desde el principio de Inercia. De esta forma, a la primera objeción contestaba que la atmósfera rotaba conjuntamente con la Tierra y a la segunda que los cuerpos lanzados desde una altura compartían del movimiento de la Tierra. Para demostrar esta segunda idea Galileo propuso que una piedra lanzada desde el mástil de un barco en movimiento caería al pie del mástil, y no tras él, pues la piedra compartiría el movimiento del barco. Galileo nunca realizó este experimento, pero si lo hizo el astrónomo y matemático francés Gassendi, en 1640, obteniendo el resultado que Galileo había propuesto.

Aparte de estas conclusiones Galileo demostró también de forma empírica el sistema heliocéntrico propuesto por Copérnico. Gracias al telescopio inventado por él, pudo observar que era la tierra la que giraba alrededor del Sol y no al contrario. Todas estas afirmaciones le llevaron a chocar directamente con la autoridad eclesiástica, el llamado “caso Galileo”, y tuvo que abjurar de ellas cuando ya estaba atado al poste de la hoguera. Esto le salvó la vida, pero Galileo siguió convencido de lo que había podido demostrar matemáticamente y observar empíricamente. Cuenta la leyenda que, cuando fue desatado del poste, se acercó a su perro y le susurró al oído la frase epur si muove: y sin embargo se mueve.

1.3.- Newton.

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omnicomprensivo desde el momento en que es capaz de explicar y reducir todo el Universo a leyes físicas. De hecho, Newton crea un paradigma en la ciencia física que se ha mantenido hasta nuestros días, y es ahora cuando empieza a mostrar sus primeras grietas: la física newtoniana.

A pesar de todo, el sistema de Newton se va a alejar de los postulados racionalistas de Galileo, y se va a centrar en una base puramente empírica. Aunque Newton crea un sistema global de Universo basado en leyes mecánicas expresadas en forma matemática, la matemática ya no es el fundamento del sistema, como ocurría con Galileo, sino que es tan sólo un método auxiliar a través del cual expresar las leyes que se observan en la naturaleza. Así, la ciencia no comenzaría en lo racional, la matemática, sino en lo sensible, y el método adecuado de la ciencia no sería un método que parta de una construcción racional, la deducción, sino uno que parta de la observación sensible, la inducción. A partir de esta insistencia en la preeminencia del método inductivo, newton enuncia sus cuatro reglas del filosofar.

Según la primera regla sólo deben ser admitidas como causas de los hechos naturales aquellas que sean verdaderas y basten para explicar los fenómenos. Newton mantiene la idea de que la naturaleza no hace nada en vano y actuaría en vano si, pudiendo producir algo a partir de unas pocas causas, utilizara muchas. Esta regla no es más que una recreación de la famosa navaja de Ockam”.

Según la segunda regla a efectos naturales del mismo género hay que asignar siempre causas del mismo género. Esta regla ataca directamente a la física aristotélica en particular, con su teoría de los cuatro elementos como base del Universo, y a toda la interpretación teológica del Universo predominante durante la Edad Media, en general.

Según la tercera regla las cualidades de los cuerpos que no admiten aumento ni disminución de grado y que pertenecen a todos los cuerpos, deberán ser tenidas por cualidades generales de los cuerpos. Es decir, que la esencia de los cuerpos es material. Este materialismo es, según Newton, el principio de toda la Filosofía.

Según la cuarta regla todas las proposiciones extraídas de los fenómenos mediante la inducción deberán ser tenidas por verdaderas, aunque existan hipótesis que las contradigan, hasta que no aparezca un fenómeno que, o bien haga esas proposiciones más verdaderas, o bien las haga sujeto de excepción. Esta regla es la base de la negativa de Newton a fingir hipótesis y ataca directamente al centro de método hipotético-deductivo de Galileo.

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En el siglo XVII, la corriente filosófica continental conocida como racionalismo propugnó la idea de que la sola razón humana, sin ningún tipo de ayuda exterior, era capaz de alcanzar cualquier conocimiento. Ahora bien, para alcanzar este conocimiento absoluto la razón humana necesita una guía, un método que le indique cuál es el camino a seguir. Y los racionalistas del XVII encontraron el modelo de este método en el método matemático, que ofrecía para ellos dos características cruciales: en primer lugar, era el único que había demostrado poder alcanzar verdades evidentes por sí mismas; en segundo lugar, las matemáticas, como ciencias formales, tenían su origen y su contenido en la propia razón, sin apoyarse en ninguna experiencia empírica. Analicemos ahora el uso que dieron al método matemático dos de los más importantes autores de esta época. El francés René Descartes y el alemán Gottfried Wilhelm Leibniz.

2.1.- Descartes.

El objetivo de la filosofía de Descartes es alcanzar una verdad clara y distinta, de la que no podamos dudar. Y el criterio de certeza de esta verdad Descartes lo va a encontrar en las matemáticas. En efecto, para Descartes, las matemáticas, como ciencia formal, es decir, como ciencia que procede única by exclusivamente de las facultades de la razón, proporcionan el elemento de certeza que él busca para la Filosofía. Por eso el método cartesiano, el camino que debe guiar a la razón en su búsqueda de la claridad y la distinción, es un método matemático, o al menos que tiene su fundamento en la matemática.

Si analizamos ahora el método de Descartes vemos que este se compone de dos partes diferenciadas. La primera parte del método consiste en descomponer las proposiciones complejas en otras más simples, y continuar descomponiendo hasta llegar a aquellas partes más simples que no pueden a su vez ser descompuestas. Esta primera parte del método recibe el nombre de análisis y está claramente influenciada por las matemáticas. Ahora bien, según Descartes, el análisis llevado a cabo por las matemáticas adolece de una grave deficiencia: que los axiomas de los que parte, los elementos simples, no están justificados; la matemática no explica cómo se alcanzan los primeros principios de los que parte. El método del análisis cartesiano, sin embargo, consiste precisamente en mostrar cuál es el proceso por medio del cual se alcanzan esos primeros principios, proceso que consiste en una justificación de los mismos.

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deducir de los primeros principios una cadena de proposiciones ordenadas y derivadas lógicamente una de otra, es el método utilizado por la geometría euclidiana. En todo caso, Descartes hace observar que en las matemáticas se encuentra el ejemplo más claro del uso ordenado y correcto de la intuición y la deducción, lo que llevará a la razón a alcanzar verdades cierta, claras y distintas.

2.2.- Leibniz.

La aportación fundamental de Leibniz dentro del campo de la matemática fue el descubrimiento del cálculo infinitesimal, descubrimiento que, por otra parte, Newton reivindicó para sí, aunque fuera Leibniz el primero en publicarlo. No es tan conocida, sin embargo, su aplicación de la matemática al campo de la lógica y la filosofía, y es este el aspecto de su pensamiento del que vamos a ocuparnos aquí de forma más amplia.

La idea fundamental de Leibniz en el ámbito de la lógica y la filosofía fue la creación de una Mathesis Universalis o, lo que es lo mismo, hacer que la filosofía tuviera el rigor de la matemática por medio de una nueva lógica, lógica que debería ser creada por un matemático, puesto que su notación y sus reglas serían similares a las de las matemáticas, aunque su aplicación se ampliaría al campo de los pensamientos. La matemática, según Leibniz, sería una Mathesis Specialis, puesto que sólo se aplicaría a la cantidad. La nueva lógica matemática, por el contrario, sería una Mathesis Universalis puesto que se aplicaría también a la cualidad.

La clave de la nueva lógica de Leibniz eran la creación de un lenguaje específico, un conjunto de símbolos que se correspondiera con los términos de los pensamientos, de tal manera que a un término simple le correspondiera un símbolo simple, y a un término complejo un símbolo complejo, o una serie de símbolos simples relacionados. De esta forma, Leibniz consideró que, para formar estos símbolos o caracteres, habría que asignarle a cada término del pensamiento un número, de tal manera que cuando un pensamiento se compusiera de varios términos le correspondería como número el producto de los números correspondientes a los términos simples. Así, Leibniz consideró que las operaciones matemáticas podían cobrar significación filosófica. Asociado con esta idea proyecto también la creación de un cálculo lógico, similar al matemático pero que no fuera un cálculo de cantidades, sino de cualidades. Este proyecto, sin embargo, quedó inconcluso, y no sería hasta el siglo XIX, con la figura de Frege, cuando la antigua idea de Leibniz vería la luz.

3.-La primacía de la Ciencia.

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durante esta época, la ciencia se convirtió en el modelo privilegiado de explicación del mundo. La razón de esta supremacía de la ciencia viene determinada sobre todo por la obra de Newton. En efecto, Newton había conseguido establecer una teoría global que era capaz de explicar todos los fenómenos de la realidad a partir de unas leyes de la realidad expresadas de forma matemática. De esta forma, ningún fenómeno que se diera en la Naturaleza podría escapar a la explicación científica derivada del paradigma newtoniano. Y esto es precisamente lo que hacía tan explicativa la ciencia newtoniana: su universalidad. Así, los filósofos de la época de la Ilustración, Hume y Kant fundamentalmente, intentaron aplicar los presupuestos científicos a la explicación filosófica, para conseguir en esta explicación filosófica la misma universalidad explicativa que había conseguido la ciencia. De esta forma, y a diferencia de lo que había ocurrido en épocas anteriores, la situación dio un giro de 180 grados y fue la ciencia la que se convirtió en la raíz de la Filosofía. Vamos a analizar esta cuestión en el pensamiento del filósofo alemán Inmanuel Kant, probablemente el que más contribuyó a esa supeditación de la Filosofía a la Ciencia.

3.1.- Kant.

Va a ser Kant el autor que con mayor insistencia va a intentar supeditar la Filosofía al método de conocimiento científico. El punto de partida de Kant va a ser la idea de que mientras la ciencia (la ciencia newtoniana)ha dado respuestas a los problemas que se ha planteado y ha entrado en el caminos seguro del conocimiento, la Filosofía lleva casi veinticinco siglos tratando los mismos problemas y aún no ha logrado dar respuesta a ninguno de ellos, aún no ha logrado aportar ningún conocimiento que pueda ser tenido por cierto. Es necesario, pues, según Kant, establecer una profunda crítica de la razón e intentar que la Filosofía entre también en el camino del conocimiento verdadero, teniendo siempre como marco de referencia a la Ciencia.

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Filosofía proporcione algún tipo de conocimiento, ha de convertirse en una ciencia, lo que marca la preponderancia que, para Kant, tiene la ciencia sobre la Filosofía.

Puesto que ya hemos expuesto el planteamiento de Kant en capítulos anteriores y lo seguiremos planteando más adelante, aquí nos ceñiremos exclusivamente a aquello que en su pensamiento haga referencia a la cuestión científica. Kant va a establecer la posibilidad de los juicios sintéticos a priori en matemáticas tanto en aritmética como en geometría) y en física. Según él, los juicios sintéticos a priori en matemáticas son posibles porque se basan en las intuiciones puras de la sensibilidad y hacen por tanto referencia a la realidad empírica. Estas intuiciones puras de la sensibilidad son dos: el espacio y el tiempo. La geometría se fundamentaría en el espacio y la aritmética lo haría en el tiempo.

La física, en cambio, se fundamentaría en los conceptos puros del entendimiento. Ahora bien, estos conceptos son puros, es decir, vacíos de todo contenido empírico, por lo que la posibilidad de la física de ofrecer algún conocimiento pasa por “llenar” estos conceptos con elementos, fenómenos, extraídos de la experiencia sensible, es decir, por poner estos conceptos puros en relación con la realidad empírica. Para Kant, para que la Física otorgue conocimiento tiene que hacer referencia a los fenómenos de la realidad. En resumen, tanto la matemática como la física proporcionan un conocimiento cierto porque se refieren a una realidad externa al propio sujeto. La filosofía, por tanto, si quiere proporcionar un conocimiento, si quiere llegar a ser una ciencia como era la máxima aspiración de Kant, tendrá que referirse a esa misma realidad.

3.- LA REALIDAD INCIERTA.

1.-La destrucción del ideal científico.

El concepto de verdad acuñado en el pensamiento científico durante los siglos XVII y XVIII parecía haber alcanzado su máxima perfección. Descartes y Leibniz en matemáticas y Newton en física habían conseguido dotar a la Ciencia de un criterio de verdad aparentemente indestructible. La Ciencia, a diferencia de la Filosofía, era capaz no sólo de dar respuestas, sino de dar respuestas verdaderas a los problemas que se planteaba. Este ideal científico, sin embargo, se vería quebrado en el siglo XIX. Dos serían sus enemigos fundamentales. Por un lado, todavía en el siglo XVIII el pensamiento de Hume y su crítica al concepto de causa, que introduce la probabilidad en la ciencia natural; por otro, la aparición en el siglo XIX de las llamadas Geometrías no euclídeas, que prolongarían la crisis al campo de las matemáticas.

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convertiría en mera probabilidad. Según Hume, todo nuestro conocimiento de la realidad física se basa en una concatenación de causas y efectos y las leyes naturales no serían más que una sistematización de esa cadena causal. Ahora bien, Hume va a ir más allá y va a intentar encontrar las raíces de la idea de causa. Según los principios del empirismo humeano, todas nuestras ideas han de proceder de impresiones ya sean externas a nuestra mente o internas. La idea de causa, según Hume, es la idea de una conexión necesaria entre dos fenómenos. Un fenómeno será causa de otro , que será su efecto, si entre los dos existe una conexión necesaria, es decir, que siempre que se da la causa ha de darse necesariamente el efecto. Si no fuera así no habría ninguna seguridad de que a una causa le seguiría un efecto, no podríamos hablar de leyes naturales –puesto que las leyes naturales, precisamente por serlo, han de cumplirse siempre- y no podríamos hablar de nada cierto y verdadero en la Naturaleza. La idea de verdad en la naturaleza, por lo tanto, se fundamenta en la idea de causa, y la idea de causa es siempre una conexión necesaria entre dos fenómenos.

Queda claro, pues, que el ser humano tiene en su mente la idea de causa como conexión necesaria. Ahora bien, ¿de qué impresión procede esa idea?. Aquí es donde Hume va a encontrar problemas que van a resultar insalvables para la idea de verdad en la ciencia natural. Según Hume, cuando nosotros observamos un fenómeno causal en la naturaleza, en realidad, la impresión que tenemos es la de un fenómeno –causa- al que le sigue inmediatamente otro – efecto- . Y esa es la única impresión empírica que tenemos: la de dos fenómenos que se siguen en el tiempo, pero no tenemos ninguna impresión de la conexión necesaria que los relaciones, con lo cual resulta que la idea de causa es la idea de una conexión necesaria pero no existe impresión de esa conexión necesaria. Aun así, en la mente humana está la idea de causa. ¿Cuál es entonces la impresión que la produce, puesto que toda idea proviene de una impresión?. Según Hume, esa impresión es la costumbre de que siempre que hemos visto en la naturaleza un fenómeno inmediatamente después hemos visto como le seguía otro fenómeno. Y esa costumbre produce la creencia de que en el futuro siempre que veamos el primer fenómeno veremos el segundo. Pero se trata tan sólo de eso: de una costumbre y una creencia. No existe seguridad de que en el futuro se de esa relación. No hay ninguna verdad en esa relación, tan sólo una probabilidad de que los fenómenos se produzcan como nosotros creemos que se producirán. Las Leyes naturales, entonces, no son verdaderas, sino tan sólo necesarias.

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analíticas que siempre resultaban verdaderas. Sin embargo, esta situación se vería truncada cuando, en el siglo XIX, Bolyai, Riemann y Lobachestvski expusieron sus geometrías no euclídeas.. El campo de la geometría hasta el siglo XIX se había visto dominado por la figura del matemático griego Euclides y sus Elementos de Geometría. Estos Elementos se estructuraban en una serie de postulados que a su vez se basaban en varios axiomas indemostrables. El postulado fundamental de la geometrías euclidiana era el V postulado, según el cual sólo es posible trazar una perpendicular a dos líneas paralelas por un punto determinado, y por la consiguiente idea de que la línea recta es la distancia más corta entre dos puntos.. Ahora bien, este postulado daba por supuesto que el espacio es plano. Y aquí es donde Bolyai, Riemann y Lobachestvski iban a lanzar su ataque. Según ellos, en ningún momento Euclides demuestra que el espacio sea plano, por lo que ellos trabajaran sobre un espacio curvo (Hoy en día se sabe que el espacio es efectivamente curvo).. De esta forma, el V postulado de Euclides fallaba, puesto que en un espacio curvo es posible trazar infinitas perpendiculares a dos líneas paralelas por un determinado punto y si el V postulado no era cierto, ninguno de los demás lo era, puesto que todos ellos se basaban en la idea de un espacio plano. El fundamento de la verdad en las matemáticas, de esta forma, se venía abajo.

Esta quiebra del ideal científico de la verdad trajo consigo una serie de consecuencias cruciales para la ciencia. En primer lugar, se sustituyó el postulado de verdad científica por el postulado de objetividad: la ciencia ya no debía ser verdadera, sino objetiva, es decir, tenía que referirse a fenómenos que se dieran de forma objetiva en la realidad, independientemente de la verdad de estos fenómenos, que ya había quedado demostrado que era cuestionable. Este cambio de postulado supone la idea de que verdad y objetividad no es lo mismo, y que por tanto la realidad objetiva no s necesariamente verdadera. Pero de este asunto nos ocuparemos en otros capítulos.

Referencias

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