Interrogantes sobre el cine y las vanguardias artísticas

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Pluralismo en la modernidad

Interrogantes sobre el cine y las

vanguardias artísticas

Los filósofos proponen una nueva lectura del proyecto moderno, el cine y las vanguardias artísticas dentro del marco del pluralismo y los nuevos valores estéticos.

Paolo Villalba Storti

¿Qué es arte? ¿Cuál es la definición del arte?

¿Es válido hablar de una teoría estética que defina al arte contemporáneo? ¿Puede el arte desvincularse del objeto estético? ¿Se puede hablar de democratización en el arte?

Éstos fueron algunos de los interrogantes abordados durante la mesa de Pluralismo y valores estéticos, la cual tuvo lugar dentro del Congreso Iberoamericano de Filosofía, en la Universidad de Antioquia, el pasado cinco de julio.

Dentro de las ponencias desarrolladas en el encuentro académico, se contó con la participación de Javier Domínguez, doctor en filosofía de la Universidad de Tubingeb, Alemania, y su ponencia Danto y el pluralismo en el arte. La crítica de arte contemporáneo; José Luis Villa Cañas, doctor en filosofía de la Universidad de Valencia, con su charla Pluralismo y conflicto. Una estética hacia la democracia; y, finalmente, Jean Paul Margot, profesor de la Universidad del Valle, con su discurso Pluralidad de

modernidades.

Cultura de masas

En 1929 comienza una de las más grandes crisis económicas con la quiebra de Estados Unidos, durante la época de la posguerra. Por ende, surge un desencantamiento por el capitalismo, el fallo de la economía libre y la sociedad liberal.

Arnold Hauser en su texto Historia social del arte y la literatura comenta que “la historia de los años treinta es la historia de un período de crítica social, de realismo y activismo, de radicalización de las actitudes políticas, y de la convicción cada vez más extendida de que sólo una solución radical puede servir de algo; en otras palabras, que los partidos moderados se han acabado”.

Del mismo modo, durante esta época surge la filosofía crítica en contra de la homogeneidad de las masas, “(…) responsable del enajenamiento y decadencia de la cultura moderna, y el ataque se hace contra ella en nombre de la inteligencia y del espíritu”, afirma Hauser.

José Luis Villa Cañas, en su ponencia Pluralismo y conflicto, argumentó que desde la década de 1920, el estado tuvo un papel interventor dentro de un fenómeno que guardaba una relación decisiva con la opinión pública, fenómeno que otorgaba poderes capaces de generar esa homogeneidad popular: el cine.

En efecto, la nueva simbiosis entre industria y arte del cine resultaba ser el nuevo medio preciso para lograr la homogeneidad del público; era un nuevo arte tan intenso y eficaz que ningún estado podía ignorarlo dentro de sus fines propagandísticos.

Arte popular

Con la homogenización del público, se comienza a hablar, en términos de Hauser, de una democratización del disfrute por el arte con el cine. “(…) El cine significa el primer intento, desde el comienzo de nuestra civilización individualista moderna, de producir arte para un público de masas”, expone Hauser.

Por otro lado, surge una tensión entre la calidad y la popularidad del arte; a diferencia de una pintura, una escultura o un poema, el cine tiene mayor posibilidad de éxito por ser el medio popular por excelencia durante aquella época.

Las obras minimalistas de Richard Serra se caracterizan por un antiinformalismo que devela formas

geométricas puras construidas, en su mayoría, inestablemente. Obra Moved from indoors where I saw in

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De ahí que Hauser expusiera que “el cine, cuyo público está en el nivel medio del pequeño burgués, toma en préstamo estas fórmulas - se refiere aquí a la literatura y sus fórmulas épicas y dramáticas, previa a la aparición del cine – a la novela ligera de la clase alta y entretiene al público de hoy con los efectos dramáticos de ayer”.

Políticas estéticas

Los estados se dieron cuenta que el cine era el medio elástico por autonomía, el cual permitía la expresión de nuevas ideas que eran asumidas por las amplias masas. Básicamente, fue el instrumento ideal para la propaganda.

Un caso específico de lo mencionado anteriormente tuvo que ver con la Rusia soviética, la cual consideró al arte como medio para un fin. De ahí que muchas de sus producciones cinematográficas estuvieran al servicio de la propaganda comunista, aniquilando la estética promovida por la cultura burguesa.

Por esta razón, el doctor Villa hace eco sobre el triunfo de la imagen y sus políticas estéticas. Pero, la legitimación de dichas políticas estéticas, que son avaladas por las instituciones, al ser reducidas a políticas de imagen, resultan ser el mayor peligro para el pluralismo estético.

Villa considera que “la educación estética ha dejado de servir a lo que kant preservaba: la libertad. La reducción de sensibilidad de la imagen sugiere la actuación de un poder absoluto: el consumo capitalista. La política de la imagen bella reproduce la lógica de la política y con ello nos pone en la pista de

sutiles formas de poderes que condicionan nuestro presente”.

Crítica y filosofía del arte

El concepto de pluralismo en el arte y la crítica del arte fueron trabajos por Arthur Danto durante la década del 80. De ahí que fuera la filosofía la encargada de analizar el problema que comenzaba a tejerse dentro del campo de la estética, en vista de que cada vez era mucho más efímero, complejo e impreciso de definir el arte.

Según Javier Domínguez, “movimientos artísticos de los 60`s como el Pop Art, el Minimalismo o el Fluxus habían derogado la estética como criterio para la definición del arte. Obra de arte podía ser cualquier cosa”.

Puesto en otros términos, Domínguez explica que al anularse el campo de la estética como la encargada de definir el arte de una época, la crítica de arte tampoco estaba en condiciones de lograrlo.

Arte transhistórico y pluralista

La filosofía entró como mediadora de esta encrucijada, proponiendo un concepto transhistórico y pluralista al arte de la década del sesenta. El arte moderno había abandonado a la estética.

“El abandono de la calidad estética como lo que define y da rango al arte fue justo lo que lo liberó para abrirlo al pluralismo”, afirma Domínguez.

La década del sesenta fue el momento en el que el arte dejó de ser definido por manifiestos que delimitaban su carácter histórico y estético. Por otro lado, la crítica del arte tuvo que dejar a un lado su práctica tradicional de aprobar o rechazar una obra de arte de acuerdo a la evaluación de las mismas según los cánones estéticos preescritos en los manifiestos.

Es así como se inaugura un arte pluralista y, al mismo tiempo, muy complejo de entender. Fue éste uno de los cuestionamientos que tuvo que enfrentar la crítica del arte: aprender a convivir con el pluralismo, lo cual da paso también a la idea de entender y aceptar que se había llegado al fin de las grandes narrativas que definían al arte.

Una nueva concepción

Domínguez propone una importante idea en torno al papel de la crítica del arte y la filosofía del arte. Por un lado, “(…) la crítica del arte debe dirigir la calidad artística aplicándola obra por obra, de acuerdo a la individualidad de su significado y al modo como lo representa”.

Por otro lado, para la filosofía no es tarea

hacer crítica de arte sino construir una definición del arte. Fue así como el pluralismo propuso dos concepciones.

En primer lugar aceptar que es un imposible “(…) definir el arte ante tal heterogeneidad que lo hacía irreducible a un concepto. En segundo lugar, aceptar la no necesidad de tal definición, ya que teníamos representaciones arraigadas de lo que es arte, las cuales podían seguir siendo útiles mientras

Obra Marilyn Monroe, 1967.

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pasaba la confusión artística que podía ser sólo del momento”, argumenta Domínguez.

Danto rechaza esta última idea, argumentando que el pluralismo propone un concepto transhistórico del arte desligado totalmente de las grandes narrativas y teorías estéticas. Danto considera que es tarea del arte introducirse dentro de dicho problema, puesto que ya no podía ser abordada ni por la estética ni por la crítica del arte.

Todo esto se debe al hecho de que vanguardias artísticas como el Dadaísmo, el Pop, el Arte Conceptual y las acciones del Fluxus habían destronado a la estética, concibiendo objetos y eventos que no compartían con las

apariencias externas que por mucho tiempo caracterizaron la estética de las artes.

Finalmente, queda abierto el debate en torno al pluralismo dentro del arte, cuya dinámica comenzó desde principios de la década del sesenta y que hasta nuestros días, el arte sigue promulgando su carácter revolucionario, liberado de toda conciencia.

Sin embargo, es importante citar a Domínguez cuando afirma que “El pluralismo no es inclusión indiscriminada de todo porque nada se puede excluir. Concebido así, es tan equivocado como en la política de defender la diversidad por la diversidad en nombre de la tolerancia, cayendo en el trivialismo”.

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