• No se han encontrado resultados

aprocert 100306 doc

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2020

Share "aprocert 100306 doc"

Copied!
21
0
0

Texto completo

(1)

1Teoría y Realidad del Otro, Pedro Laín Estralgo: Cáp. III “Jean Paul Sartre” Aproximaciones hacia una certeza del otro.

Gianni Grondona

[email protected]

Sucede pues, que la investigación que recién comienza es el resultado de

lecturas sobre pensadores —para no decir filósofos u otros— que hablaron o

están hablando hasta estos días sobre un tema importantísimo para el

conocimiento del sujeto, del mundo: el otro. Este tema es el resultado del

proceso histórico y filosófico, asimismo que científico, sociológico, metafísico y

ontológico —entre otras disciplinas— que han explicitado que el otro es

importante para el debate del sujeto y el mundo. Entre estos pensadores se

encuentra —y sería unos de los primeros en postular al otro modernamente

concebido, en desmedro de la antigüedad— Rene Descartes que en sus

Meditaciones Metafísicas habla sobre el comienzo del tema del prójimo, que no

es otro que su cogito ergo sum, pues como Sartre lo postula siglos después, sobre una “teoría de la existencia del otro plenamente válidas y satisfactorias”1

afirma: “...esa teoría no debe aportar una prueba nueva de la existencia del

otro. El solipsismo debe ser puro y simplemente rechazado porque es imposible,

porque nadie puede ser verdaderamente solipsista. Como Descartes afirmó y no

demostró su propia existencia mediante el cogito, yo no conjeturo la existencia

(2)

2 ídem

de la existencia del otro debe tan solo explicitar el fundamento de mi

certidumbre acerca de tal existencia”2.

La problemática es la siguiente, a saber, que Descartes hubo de postular

la soledad del Cogito desde la reflexión y Sartre postula la apertura del para-si

desde el para-otro, esto es, que para este último no hay soledad desde el

principio en la realidad humana. Esto se explica desde lo prerreflexivo, es decir,

lo mirado inmediatamente, lo sentido sin la cuota del pensamiento, porque para

Sartre el ser del hombre es ante todo ser-para-sí, no obstante, yo también

tengo necesidad de otro para aprehender todas las estructuras de mí ser: el

para-sí remite al para otro.

El ser del hombre es ser-para-otro además de ser-para-sí, con lo cual

tendría sentido el decir que el otro se me muestra como un mediador entre

mí-yo y mí-yo mismo, pues se explicita mediante la vergüenza —modo de conciencia

de mí ser— que no es otra cosa que vergüenza ante alguien originariamente.

En el acto de avergonzarme, tengo vergüenza de mí, y mi acto se refiere a mí

ser; pero tengo vergüenza de mí tal como yo aparezco a otro. Por esta razón

Sartre afirma que siendo para-sí soy al mismo tiempo para-otro, ya que siempre

me estoy mostrando ante los demás, y éstos de una u otra manera me tienen

que mirar, sin embargo, si ellos me pueden mirar yo asimismo los miro

también, porque ambos somos para-sí y para-otros. El problema comienza

cuando yo lo miro primero desde mi subjetividad y lo transformo en objeto para

mí; el otro como es un existente similar a mí también me mirará, con lo cual yo

(3)

3René Descartes, Obras Escogidas, Discurso del método, cuarta parte, 32

Retomando la idea original, esto es, la problemática del asunto —la

soledad cartesiana versus el para-otro de la realidad humana sartreana— del

otro, Descartes postula la duda metódica, y de lo único que no puede dudar es

que yo soy y que existo, pero para fundamentar este yo soy, lo debe hacer en

el yo pienso (cogito sum), porque la única manera de que tenga sentido mi

existencia es mediante mí espíritu, no mediante mis sentidos ni mi imaginación,

pues Descartes no habla de generalidades, sino de casos puntuales, a saber, él

mismo. Asimismo se pregunta si soy y pienso, ¿qué es? Y su respuesta es que

soy una cosa pensante, distinta de la materia como lo puede ser por ejemplo el

cuerpo, pues para este pensador, soy, existo y pienso al ser la única manera de

explicarme a mí mismo, desde mi interior. Y como soy una cosa que piensa soy

un objeto de mí mismo, de mi espíritu. Esto es la fundamental afirmación de la

filosofía de Descartes, a saber, que soy una cosa que piensa, que existe, que

es, y que es un objeto de mi espíritu.

Así afirma Descartes en el Discurso del Método: “… Pero inmediatamente

después advertí que mientras yo quería pensar de ese modo que todo era falso

era preciso necesariamente que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa. Y

notando que esta verdad: pienso, luego soy, era tan firme y segura que no eran capaces de conmoverla las más extravagantes suposiciones de los

escépticos, juzgué que podía aceptarla, sin escrúpulo, como el primer principio

de la filosofía que buscaba”3

La idea de Descartes para fundar su cogito es que no tiene fundamento

(4)

4Meditaciones Metafísicas, II en Obras Completas

cogito en soledad consigo mismo; y es por el sólo hecho metafísico de que para

conocer algo, lo más a la mano es lo que yo puedo conocer, lo exterior, lo que

se puede conocer por los sentidos es más complejo de explicárselo, y éste lo

deja en segundo término (la explicitación del conocimiento sensible). En

consecuencia, soy una cosa que piensa.

¿Qué es una cosa que piensa? Una cosa que duda, que concibe, que

afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que también imagina y siente.

Es tan evidente que soy yo el que duda, el que entiende y el que desea,

que no es necesario añadir nada aquí para explicarlo. Tengo la potencia de

imaginar (existe realmente en mí y forma parte de mi pensamiento). Soy el

mismo que siente, es decir, que recibe y conoce las cosas por los órganos de

los sentidos, puesto que, en efecto, veo la luz, oigo el ruido, siento el calor.

Pero se me dirá que estas apariencias son falsas y que yo duermo. Es muy

cierto que veo, oigo y siento calor; esto no puede ser falso; y es propiamente lo

que en mí se llama sentir, y esto, tomado así, precisamente no es otra cosa que

pensar.

Ahora, Descartes después de explicitar su cogito, es decir, de afirmar la

duda, la existencia y el yo soy y pienso, retrocede ante el posible solipsismo

después de su cogito: "¿Hay alguna de estos atributos que pueda ser distinguido de mi pensamiento, o que pueda decirse separado de mí mismo?"4 Esto porque debe explicarse lo que él puede conocer por sí mismo.

(5)

luego se refiere a la comprensión distinta de los cuerpos que tocamos y que

vemos, todo porque soy yo el que pienso — imagino, siento — las cosas que

puedo conocer. Aquí Descartes lo relaciona con un cuerpo en particular: la cera.

Los cuerpos que tocamos, vemos y olemos, como por ejemplo la cera

recién extraída del panal de abejas, olemos su aroma, vemos su color, tocamos

su textura y escucha su sonido si se la golpea cuando se enfría, pero ¿En

verdad conocemos esto? Descartes postula el derretimiento de la cera mediante

el fuego, y por esta razón vemos que cambia de aspecto, color, textura, aroma

y no emite sonido alguno y por lo tanto ya no tenemos lo que se nos presentó

al comienzo. Entonces Descartes afirma que lo que conocemos realmente, lo

que subsiste a todos esos cambios, sería la cera misma, el cuerpo, la materia

de que está hecha, y que ésta se puede conocer mediante nuestra inspección

del espíritu (pensar en la geometría). Él afirma que subsiste la misma cera,

pero sin las características que percibimos mediante los sentidos y lo que

conocemos es quizá lo que pensamos de la cera, a saber, que no contiene

ninguna de estas características que enumeramos, un cuerpo que contenía esas

manifestaciones y que ahora no las tiene.

Cuando imagino de esta manera la cera —alejando todo lo que de

manera alguna pertenece a la cera— vemos lo que queda de ella y por cierto

que queda algo extenso, flexible, mudable. Y, ¿qué esto? ¿Acaso no imagino

que esta cera siendo redonda sea capaz de volverse cuadrada, y de pasar del

cuadrado a una figura triangular? No es esto, pues la concibo capaz de tener

(6)

5Obras Escogidas, 24-25 6Obras Escogidas, 25

que tengo de cera no se halla en la facultad de imaginar (flexibilidad y

mudabilidad).

En cuanto a la extensión, también es algo desconocido, puesto que crece

en la cera y se vuelve cada vez mayor a medida que se funde y el calor

aumenta. “Y yo no podría concebir claramente y en verdad lo que es la cera si

no pensara que es capaz de recibir más variedades de extensión de lo que

jamás haya imaginado”5.

En consecuencia sólo puede ser concebida mediante el entendimiento y

no por mi imaginación o por mi percepción. Y lo que ve Descartes para que sea

concebido por el espíritu, es que ni mi imaginación ni mi percepción de esta

cera han hecho inspección de aquella como lo ha hecho mi espíritu, pues sólo el

entendimiento puede juzgar de esta manera, ya que según Descartes no lo ha

sido jamás aunque pareciera así, sino sólo una inspección del espíritu, “que

puede ser imperfecta y confusa, como lo fue antes, o bien clara y distinta como

lo es ahora, según que mi atención se fije más o menos en las cosas que hay

en ella y de las cuales está compuesta”6.

Por lo tanto, el descubrir qué cosa era la cera es conocer lo exterior a mí,

lo que está más allá de mí mismo, esto es, los cuerpos, la materia, o dicho en

palabras más detalladas, lo otro, ya que al despojarme de los sentidos y del

sentido común o imaginación descubrí el cuerpo en su forma real, desnuda de

matices, descubrí mediante mi potencia juzgadora —el entendimiento, el

(7)

7Lo que quiso afirmarse en este párrafo no es que en el cogito cartesiano se incluya el otro, sino se

quiso plantear la cuestión de la exterioridad material fuera del cogito pensante descrita en la coexistencia de las personas como caso espurio de la modernidad temprana frente al concepto adherido más adelante en Sartre que es el otro en Scheler), por tanto, se quiere subrayar el carácter solipsista cartesiano frente al ser-para-otro sartreano.

Mas, se puede sostener lo contrario, ya que la esencia de los cuerpos es extensión y la extensión es captada matemáticamente (geométrica), actividad matemática que, es un modo del pensar, por tanto ‘no-exterior’ al sujeto. Lo que da como consecuencia que tenemos dos posturas que pueden ser excluyentes, mas en este ensayo las consideraremos como dialécticamente y filosóficamente relevantes.

argumento cabe para todos los casos semejantes, como lo puede ser para esta

investigación, a saber, que es en verdad la coexistencia de las personas, no su

conocimiento, sino su existencia, la relación entre existencias y la relación y

explicitación del otro concretamente como aparece, en otras palabras, el otro

como tal.7 Así ve Descartes que mi res cogitans conoce una exterioridad.

Ahora bien, como decíamos anteriormente, el dato básico en una teoría

del otro sartreana es la conciencia prerreflexiva o cogito prerreflexivo, esto es, la contingencia de percatarnos de las cosas y de las personas o

realidad humana. Descartes con su cogito ergo sum comienza con la conciencia

reflexiva, donde se expresa un acto, mediante el cual, el yo se constituye como

objeto, con lo cual hay un enredo en el problema de pasar de ese yo

autoencerrado, objeto de la conciencia, a una legítima afirmación de la

existencia de objetos externos y de otros yo, de otras personas.

En Sartre la conciencia prerreflexiva es trascendente en el sentido de

(8)

captar objetos puramente inmanentes, ideas subjetivas o copias de las cosas

externas, esto porque —recordemos a Husserl— la conciencia siempre es

conciencia de algo, lo cual significa que es percatarnos, entender cosas, entes,

realidades que están fuera de la conciencia, pues en la conciencia no hay ideas,

y al trascenderlas las intenciono como existiendo para la conciencia (intenciono

la cosa que trasciendo). La conciencia para Sartre es conciencia de algo distinto

de sí mismo, lo cual significa trascender mi conciencia al afuera, pues en la

conciencia no hay ideas, y al trascenderlas las intenciono como existiendo

(intenciono la cosa, trasciendo la idea): la conciencia es conciencia de algo

distinta a sí mismo y, por lo tanto, trascendente. El objeto trascendente

aparece a, o para la conciencia, con lo cual puede ser descrito como fenómeno.

Entonces, como la conciencia o cogito sartreano es prerreflexivo, la

conciencia es directa, tiene que ver más con la cotidianidad sensible que con la

reflexión propiamente tal, eso sí, sin perder la propiedad de una conciencia, a

saber, ser propia de la realidad humana, una potencia que nos permita realizar

actos de percepción, por ejemplo.

Ahora, el ser del hombre según postula Sartre, es ante todo ser-para-sí,

pero también y asimismo ser-para-otro ¿por qué? Porque, como modo de ser

del hombre, el para-sí no agota toda la realidad humana, entonces, además de

ésta se encuentra la situación de avergonzarme, que, aunque es para-sí tiene

una constitución distinta del para-sí, porque es ante alguien, no propia de sí

mismo, por lo cual entra a la palestra el otro, el cual media al yo mismo y mí

(9)

Avergonzarme, tengo vergüenza de mí, y mi acto se refiere a mi ser

(porque hay un ejercicio propio de la conciencia, la cual pone esto para su

entendimiento de su ser); pero tengo vergüenza de mí tal como yo aparezco a

otro. Por esta razón yo tengo necesidad de otro para aprehender todas las

estructuras de mi ser, y en consecuencia se remite desde el para-sí hasta el

para-otro.

La vergüenza aparece —aclarando lo anterior— porque siempre me estoy

mostrando y como me muestro estoy en contacto con los otros que me pueden

avergonzar, mirar, por ejemplo. Pero esta vergüenza que es hecha efectiva por

mí, hago que el acto recaiga en otra persona, en cuanto es vergüenza ante

alguien y este alguien es el que hace aparecer en mí las estructuras de mí ser,

vale decir, la vergüenza es un modo de ser del para-sí y, por tanto, desde mí

mismo, es parte de mi ser y existir y como es ante alguien que me avergüenzo,

todo mi ser pase a ser concebido por el otro.

Por esta razón hay una necesidad del otro, asimismo una apertura hacia

la coexistencia, reciprocidad de las conciencias y existencias, además de modos

de ser, en fin, yo estoy abierto al mundo y a otra existencia.

Todo lo anteriormente mencionado no tendría sentido —son

aproximaciones conceptuales del tema— si no se explicara otras estructuras

que realicen cierta conexión y sentido a lo elaborado hasta ahora, por esta

razón habrá que explicitar las relaciones entre el para-sí y el para-otro

especialmente este último mediante estructuras y/o fenómenos que lo hacen

(10)

Lo primero que hay que decir, es que el otro es en principio el que no es

yo, y lo que para mí respecta —para el para-sí— es una negación que

primariamente le constituye. Y para que esto sea efectivo es preciso que la

conciencia humana tenga una conexión con el otro de carácter fundamental,

constitutivo para cada conciencia en su mismo surgimiento al ser y sólo si mi

relación con el otro es relación de ser, podrá funcionar y negar el solipsismo.

La razón que arguye Sartre para este propósito es que el otro debe ser

necesariamente un sujeto que es él mismo, una realidad fenoménica que no

sea otro-yo y para esto quiere hacer comprender que hay un sentido real en el

que el cogito me revele la concreta e indubitable presencia de este o aquel otro particular y real. Pretende fenoménicamente que el otro sea un sujeto, una

realidad humana tal como lo soy yo, pero siendo él mismo; desea mostrar que

yo encuentro al otro directamente como a un sujeto que no soy yo-mismo, con

lo cual se patentiza una relación entre mi conciencia y la del otro, una relación

en la que el prójimo se me dé no como un objeto sino como un sujeto. Tratase,

en consecuencia de no deducir a priori la existencia de otros yo, sino de

analizar fenoménicamente la especie de experiencia en la que el otro se me

revele como sujeto.

Pero veamos cómo se realiza esta relación entre conciencias, conociendo

la estructura y funcionamiento de la conciencia.

Habíamos afirmado que toda conciencia es conciencia de algo que es

distinto a sí misma —es distinta de ese algo que intenciono— y por lo tanto si

es distinta a sí misma debe de ser trascendente y no inmanente, pues si lo

(11)

8El Ser y la Nada, Tercera Parte "El Para-Otro", Capítulo II "El Cuerpo" § I El cuerpo como

ser-para-sí: la facticidad

9En su teoría de conferir sentido a las cosas en términos de perspectivas y fines, Sartre se inspira en

Martín Heidegger

objetos, tendría que estar en mí mismo y ya postulamos que así no es la

relación. Entonces el objeto trascendente a la conciencia de algo aparece a, para ella, así puede ser descrita como fenómeno: “el ser fenoménico se manifiesta él mismo, manifiesta su esencia tanto como su existencia”8.

Y hablando en general, el mundo considerado como un sistema de

objetos interrelacionados con un significado instrumental —instrumentos con

sentido para nuestro uso (utensilios), ya sea con fines como asir un martillo

para clavar o como hallarme, es decir, contemplarlo y concebir que está ahí—

es hecho aparecer por y para la conciencia9.

Para desarrollar su teoría acerca del sentido de las cosas, Sartre se

cuestiona la dialéctica hegeliana del ser y del no-ser.

Para Hegel el ser-en-sí es lógicamente anterior al no-ser y no se le puede

identificar con éste.

Pero la mesa, por ejemplo, es constituida como mesa mediante una

negación (es una mesa y no cualquier otra cosa). Toda diferenciación dentro

del ser es debido a que es la conciencia la que hace que algo aparezca

diferenciándose de su trasfondo y, en este sentido, negando el trasfondo; lo

mismo sucede con las relaciones espaciales y temporales: una cosa aparece

como “cercana” o como “lejana” respecto a una conciencia que compara y

(12)

inteligible de cosas distintas e interrelacionadas. Si abstraemos todo lo que es

debido a la actividad de la conciencia en el hacer que aparezca el mundo, nos

queda sólo el ser-en-sí, opaco, macizo, indiferenciado, el nebuloso trasfondo,

por así decirlo, fuera del cual es hecho aparecer el mundo.

Ese en-sí según Sartre es, sin razón, causa y necesidad, es (el

ser-en-sí es de tal forma porque es opaco y quieto, es una cosa que está fuera al

para-sí y que éste necesita y es parte de él en la forma de no serlo; es un ser

exterior que no necesita conocer el mundo y el existente que posee el existir,

pues ya lo es, no necesita de nada, lo es todo, en él todo hay).

Conciencia es conciencia de algo ¿de qué? Del ser tal como éste aparece,

con lo cual parece seguirse que la conciencia ha de ser distinta del ser, a saber,

no-ser, y que ha de surgir mediante como negación o anulación del ser-en-sí.

La conciencia es aquello por lo cual se introduce la negación, anulación o

“neatización”; por su naturaleza misma entraña o es distanciamiento o

separación respecto al ser aunque nada la separa del ser.

La conciencia es no-ser y su actividad es un proceso de nihilización, esto

es, cuando yo me percato de cualquier ente —en palabras heideggerianas las

cosa que no son humanas— me distancio de él para que éste aparezca y se

destaque de cualquier otra cosa, negando, por tanto, su trasfondo y anulando

todo fenómeno finalmente ¿en qué terrenos movedizos nos estamos

encaminando? Sin duda que en la conciencia reflexiva sartreana, la cual es la

que pone su objeto trascendente, la que conoce finalmente.

Pero, ¿qué es la conciencia en general? Sartre afirma en El Ser y La Nada

(13)

conocido y, por tanto, debe ser transfenoménico, es decir, que escapa a las

leyes de la aparición: este ser transfenoménico es el ser del sujeto.

Lo que importa ahora, entonces es aproximarse al fenómeno de ser que

recae en la conciencia.

La conciencia pone su objeto, el cual es fenómeno en toda su extensión,

lo cual se explica porque lo que mide al ser de la aparición—la conciencia— es

el hecho que aparece. Y porque la realidad se limita al fenómeno, se puede

decir del fenómeno que es tal como aparece.

Pero dejemos al fenómeno para más adelante, lo importante aquí es que

la conciencia no es un modo particular de conocimiento, llamado sentido

interno o conocimiento de sí: es la dimensión transfenoménica del sujeto; es el

ser cognoscente en tanto que es y no en tanto que es conocido y como dijimos

anteriormente puede conocerse y conocer, no obstante, en sí misma es otra

cosa que un conocimiento vuelto sobre sí, esto es, que la conciencia es

conciencia de algo, que no hay conciencia que no sea posición de un objeto

trascendente o que la conciencia no tiene contenido, lo cual se reduce a que la

conciencia es conciencia posicionaldel mundo.

Lo que se quiere postular aquí diciendo que no hay conciencia que no

ponga su objeto, no es más que afirmar que la conciencia posicional se

trasciende (se exterioriza) para alcanzar un objeto o su objeto y ahí se agota en esa posición: toda intención de mi conciencia activa se dirige hacia el

(14)

Y cuando pongo mi intención, mis actividades de juicio, prácticas y mi

afectividad, lo hago de una manera tal que toda estas disposiciones al

trascenderse en un objeto, cualquiera él sea, se absorben en ello. Es la

explicitación de la conciencia posicional de los objetos, es decir, la conciencia

que tiene relación con el conocimiento y lo conocible y no se está afirmando

que toda conciencia es de esta manera: es la conciencia cognoscente que es

conciencia de su objeto.

En consecuencia, para que la conciencia cognoscente sea conocimiento

de su objeto es preciso que sea conciencia de sí misma (como siendo ese

objeto) y esto es según Sartre la condición necesaria para que ella conozca su

objeto. La condición suficiente es que sólo por el hecho de tener conciencia de

este objeto, uno es consciente de aquel, lo que no quiere decir que exista en

sí, sólo que existe para mí. Además, hay que decir que la conciencia reflexiva

pone como su objeto propio la conciencia refleja, a saber, en el acto de

reflexión, emito juicios sobre la conciencia refleja: me avergüenzo o

enorgullezco de ella, la acepto o la rechazo, entre otras cosas.

La conciencia refleja es acción del reflejante-reflejado, en otras palabras,

es la acción de la conciencia mediante la aparición de los objetos, por esta

razón, es un reflejar de la trascendencia del mundo y sus objetos que la

conciencia lleva a sí misma para poder comprenderla.

Pero ¿qué sentido tiene incluir la conciencia posicional si dijimos al

comienzo de nuestro trabajo que la conciencia no posicional o prerreflexiva era

la que llevaba la delantera, en cuanto es donde se aprecia la relación de

(15)

Lo que sucede aquí es que aunque la conciencia posicional es sólo

conocimiento del objeto, estamos hablando de relación de conciencias y esto es

el meollo de nuestro postulado: la relación de conciencias de mí al otro. Por

esta razón estamos llevando a cabo la inserción de la conciencia reflexiva o

cognoscente a nuestro planteamiento, porque la conciencia reflexiva es la que

finalmente, por medio de nuestra conciencia, nos permite aprehender el objeto

para nuestra idea (eso lo veremos cuando veamos la mirada.

Al principio somos nosotros (el para-si, la realidad humana) los que

concretizamos una relación con el otro —de manera unilateral— objetual, ya

que al principio lo vemos como mero objeto nuestro al no ver su “real”

importancia y corpus. En consecuencia, no es que la conciencia —como ser

cognoscente en tanto que es— posicional sea la fundamental en el

descubrimiento del otro como tal, sino que es una apertura a nuestro

conocimiento de las cosas que nos rodean, pues al principio, por lo menos, es

visto como tal: como objeto. Y la conciencia que nos es fundamental aquí es la

conciencia prerreflexiva o no posicional, pues esta es la que nos permite

percibir las cosas sin cedazo, tal cual como la vemos.

Ahora bien, la conciencia prerreflexiva, como anteriormente se aclaró, es

la que tenemos inmediatamente en nosotros, es decir, está ahora para

nosotros, sin tener que ver, por lo menos ahora, con la reflexión, ya que no nos

permite ni juzgar, avergonzarnos ni querer (desear) algo; es la conciencia

inmediata que nos permite percibir algo (también percibiendo, queriendo o

avergonzándonos), y por tanto no conoce mi percepción, no la pone

(16)

10 El Ser y la Nada, III, Cáp. I § I

estemos conociendo algo, por ejemplo una estrella— está toda en el exterior,

hacia el mundo y la prerreflexiva como espontánea que es de la percepción es

constitutiva de mi conciencia perceptiva, por lo tanto, cuando estemos

intencionando un objeto, cualesquiera que sea este, no nos estamos poniendo

a nosotros mismos, en otros términos, toda conciencia posicional de objeto es a

la vez no posicional de sí misma.

El significado de lo anterior recae en lo siguiente que Sartre afirma: “...

La reflexión no tiene primacía de ninguna especie sobre la conciencia refleja;

ésta no es revelada a sí misma por aquella. Al contrario, la conciencia no

reflexiva hace posible la reflexión: hay un cogito prerreflexivo que es la

condición del cogito cartesiano. A la vez, la condición no-tética de contar es la

condición misma de mi actividad aditiva.

Toda conciencia primera de conciencia existe como conciencia de existir.

Comprendemos ahora por qué la conciencia primera de conciencia no es

posicional: se identifica con la conciencia de la que es conciencia. Se determina

a la vez como conciencia de percepción y como percepción”10.

¿Qué significa que la conciencia primera no sea posicional? Significa que

es la conciencia que se tiene de uno mismo sentándose o cogiendo objetos, en

otras palabras, es la conciencia de uno mismo realizando nuestras acciones, no

la conciencia pensante de las cosas que hago, pues ésta no puede captarme

realizando estas acciones, al permitirme reparar en las cosas que hago, es la

(17)

11Lo que allí se apunta no es que la conciencia posicional sea fuente y fundamento de que se efectúe

la conciencia no-posicional, sino que, al contrario, como lo apunta la cita al respecto, esto es, el realizar una suma es el fundamento de pensar sobre esta actividad aditiva, pues lo contrario sería absurdo, como que a priori pensemos algo que vamos a realizar después. La conciencia de sumar — no-posicional— es primacía de la reflexiva de pensar —reparar en la suma hecha—, lo cual nos sitúa en que lo inmediato no se opone a lo reflexivo, sino que es a la vez.

lo que escribo y poniendo atención sobre lo que escribo: al hablar sobre lo que

hago, lo reflexiono, tomo posición sobre lo que hago.

Lo que está detrás de la aserción sartreana es que la conciencia

prerreflexiva tiene una conexión demasiado firme con la conciencia reflexiva,

pues hay una conciencia prerreflexiva que es condición del cogito cartesiano, lo

cual quiere decir, que en una actividad cualesquiera que podamos realizar está

detrás la percepción de esa actividad, puesto que no podemos hacer efectiva

una actividad.

La reflexión es conciencia de sí, para que ella sea posible ese ‘sí’ debe

estar antes, y ese sí no es como la piedra, es percatándose… Las piedras no

pueden llegar a tener conciencia de sí reflexiva porque no son esa relación de sí

a sí que se da en toda la existencia humana. Y esto no es temporal y

espacialmente distinto, sino que se da a la vez. No es que estemos primero

percatándonos de la actividad para luego realizarla, no, es un fenómeno que se

encuentra develado sólo en un análisis fenomenológico de la conciencia

posicional versus la no-tética11

La clave en este fenómeno es que la conciencia de tener conciencia de

(18)

12 Lo que sucede es que la reflexión no permite la actividad de contar, por ejemplo, pues existe una

conciencia pre-reflexiva, esto es, la que se percata, sabe lo que hace. Después puedo reflexionar o no sobre contar o sumar.

para este efecto— no es la que permite esa actividad, pues de lo contrario no

sabríamos que lo hacemos12 (se subraya la dialéctica en este caso: lo realizo —

al contar o sumar— y al mismo tiempo lo pienso). El mero percatarnos de eso

es lo que nos hace tener conciencia reflexiva de cualquier conocimiento que

tengamos. Así, la conciencia refleja es posible gracias a la conciencia

prerreflexiva, pues la hace funcionar como lo que es: actividad y concretitud de

la cosa, y por lo mismo la reflexión no tiene propiedad en estos terrenos: la

reflexión o conciencia reflexiva necesita poner su objeto y lo trasciende de él

mismo, su conciencia refleja que es la actividad de lo que es conciente tiene

que ser puesta en acción, lo cual significa que no puede hacerlo porque está

absorbida en su objeto.

Entonces, como la conciencia no-posicional hace posible la conciencia

refleja, además, hace posible la reflexión.

Ahora bien, la conciencia primera de percatarnos inmediatamente de lo

que está ahí ante nosotros, no es una nueva conciencia, sino sólo el único

modo de existencia posible para una conciencia de algo: un dolor, un placer no

podrían existir sino como conciencia inmediata de sí mismos. El ser de la

intención no puede ser sino conciencia, de lo contrario, la intención sería cosa

(19)

13 He aquí el error ontológico del racionalismo cartesiano, a saber, no vio que si lo absoluto se

define por la primacía de la existencia sobre la esencia, no puede concebírselo como sustancia (Sartre)

La conciencia es una plenitud de existencia, y esta determinación de sí

por sí es una característica esencial, pues existe por sí.

La conciencia así develada es sacada del ser, no puede ser sacada de la

nada, pues no hay nada de la conciencia antes de haber conciencia, sin

embargo, antes de la conciencia sí hay algo, esto sería, una plenitud de ser, la

cual no puede remitir a una conciencia ausente, ya que la conciencia no puede

estar ausente, sino conocer algo que no está pero que existe. Ella no es

ausente pues si lo fuera no tendríamos conocimiento de algo: la conciencia

existe siempre que haya ser.

Puesto que hay que renunciar a la primacía del conocimiento porque lo

que hay es primacía de la existencia, relación de seres existentes (con este

modo de ser y no otro), se descubre según Sartre el ser del cognoscente —la

conciencia— y se encuentra el absoluto. Se trata de un absoluto de existencia

que escapa a la objeción del absoluto conocido, según el cual, si lo es —es

decir, conocido— ya no es él mismo, pues se relativiza al conocimiento que de

él se tiene.

La conciencia es aquí el sujeto de la más concreta de las experiencias. Y

no esrelativo a esta experiencia, porque él es esta experiencia misma. Así, es un absoluto no-substancial13, pues la conciencia no tiene nada de substancial al

ser una pura “apariencia”, en el sentido de que no existe sino en la medida en

(20)

En consecuencia, por ser pura apariencia, por ser un vacío total (ya que

el mundo entero está fuera de ella), precisamente por esa identidad en ella de

la apariencia y la existencia, puede ser considerada como lo absoluto: es el ser

primero a quien todas las demás apariciones aparecen, el absoluto respecto del

cual todo fenómeno es relativo.

Es la subjetividad misma, la inmanencia de sí a sí. La subjetividad

proveniente de las raíces de ser humano, no de la dualidad objeto-sujeto que

depende de una dimensión de conocimiento, sino que depende de una

dimensión de existencia a existencia; de conciencia a conciencia: es la

conciencia del otro.

Hasta aquí hemos mostrado las dos conciencias entremezcladas de

manera íntima, lo cual nos permite reconocernos entre nosotros mismos por

medio de la conciencia prerreflexiva y conocer los objetos mundanos mediante

la conciencia reflexiva o posicional de su objeto.

Esto nos bastará, por ahora, para referirnos a la forma por la cual

podemos conocer y reconocer al otro, esto es, penetrar en el ser-para-otro y

adentrarnos en el meollo de nuestro trabajo, a saber, el mostrar al “verdadero”

y “real”, ese que es similar a mí, con conciencia del mundo y de sus

semejantes-prójimos, no siendo una proyección de mí, pues será la manera de

aproximarnos a la relación del otro conmigo a través de la mirada y la aparición

de la subjetividad.

Esta es la verdadera problemática de la investigación en curso, a saber,

(21)

Referencias

Documento similar

¿Cómo se traduce la incorporación de ésta en la idea de museo?; ¿Es útil un museo si no puede concebirse como un proyecto cultural colectivo?; ¿Cómo puede ayudar el procomún

95 Los derechos de la personalidad siempre han estado en la mesa de debate, por la naturaleza de éstos. A este respecto se dice que “el hecho de ser catalogados como bienes de

El sistema de publicación en web ofrece a grupos estudiantiles que sean reconoci- dos por el Departamento de Desarrollo Estudiantil, un espacio para publicar infor- mación en

 En ella ha tenido un lugar especial los aspectos más importantes de los procesos de socialización, en particular la primaria.  Con ella tienen que ver aspectos como

Acordes

Tamara Djermanović (Universitat Pompeu Fabra), Rosa Fernández Gómez (Universidad de Málaga), Anacleto Ferrer (Universitat de València), Ilia Galán (Universidad Carlos III), Ana

Qui- zás sea posible profundizar aún más y preguntarse si el verdadero factor de diferenciación entre sistema americano y del sistema europeo de control de constitucionalidad no

Idea que manifiesta un estado del lenguaje que puede ser calificado como de vigilancia. La escritura conlieva una situación de alerta bajo la cual la novela, en