3 Retiro LLAMADOS Y ENVIADOS COMO JOSÉ

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(1)Retiro: LLAMADOS Y ENVIADOS… COMO JOSÉ. VER: En este retiro vamos a continuar reflexionando acerca de la necesidad de sentirnos llamados y enviados por el Señor para ser hoy sus apóstoles, para anunciar su Buena Noticia al mundo de hoy y para ir haciendo cada vez más presente su Reinado. Tenemos que sabernos y sentirnos llamados y enviados, como Abraham (tal como vimos el mes pasado anterior) y hoy como José. En el anterior retiro, contemplando la figura de Abraham, reflexionábamos acerca de la “tierra prometida”: Abrahán se puso en camino sin saber adónde iba, pero aun sin saberlo ya estaba atravesando la tierra prometida. Y nos preguntábamos si, desde la fe, somos capaces de considerar nuestra vida cotidiana, nuestro trabajo, nuestras relaciones… como esa “tierra prometida” por Dios, aunque “ahora” no la veamos como tal. El cumplimiento de la promesa de Dios, como vimos entonces, se va descubriendo en el caminar diario. Pero hay veces que, por distintas circunstancias o por otras personas, parece que esa “tierra prometida” se nos quita a la fuerza, nos vemos empujados fuera de “nuestra tierra”, de nuestros proyectos, de nuestros esquemas, fuera de lo que hasta ahora formaba “nuestra vida”. De repente, todo se tuerce, todo parece venirse abajo, como le ocurrió a José: José era el preferido de Jacob, porque le habla nacido en la vejez, y le hizo una túnica con mangas. Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaban el saludo. Un día José tuvo un sueño y se lo contó a sus hermanos, haciendo crecer su odio hacia él. Les dijo: “Estábamos atando gavillas en el campo; mi gavilla se levantó y se tenía derecha, mientras que las vuestras se ponían alrededor y se inclinaban ante la mía.” Y le cobraron más odio debido a sus sueños y a sus palabras. Sus hermanos le tenían envidia pero su padre meditaba todo esto. Sus hermanos trashumaron a Siquén con los rebaños de su padre. Jacob dijo a José: “Tus hermanos deben estar con los rebaños en Siquén; ven, que te voy a mandar donde están ellos.” José fue tras sus hermanos y los encontró en Dotan. Ellos lo vieron desde lejos. Antes de que se acercara, maquinaron su muerte. Se decían unos a otros: “Ahí viene el de los sueños. Vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos que una fiera lo ha devorado; veremos en qué paran sus sueños.” Oyó esto Rubén, e intentando salvarlo de sus manos, dijo: “No le quitemos la vida.” Y añadió: “No derraméis sangre; echadlo en este aljibe, aquí en la estepa; pero no pongáis las manos en él.” Lo decía para librarlo de sus manos y devolverlo a su padre. Cuando llegó José al lugar donde estaban sus hermanos, lo sujetaron, le quitaron la túnica con mangas, lo cogieron y lo echaron en un pozo vacío, sin agua. Y se sentaron a comer. Levantando la vista, vieron una caravana de ismaelitas que transportaban en camellos goma, bálsamo y resina de Galaad a Egipto. Judá propuso a sus hermanos: “¿Qué sacaremos con matar a nuestro hermano y con tapar su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pondremos nuestras manos en él, que al fin es hermano nuestro y carne nuestra.” Los hermanos aceptaron. Al pasar unos comerciantes madianitas, tiraron de su hermano, lo sacaron del pozo y se lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas..

(2) Para la reflexión:  ¿He sufrido burlas o comentarios maliciosos por exponer mi experiencia de fe, por decir lo que entiendo lo que es la voluntad de Dios sobre algún tema?  ¿Alguna vez mis palabras, mis acciones como cristiano, han sido motivo de conflicto grave con personas de mi entorno? ¿Por qué?  ¿Me he sentido “vendido” por alguien? ¿Me he sentido “sacado a la fuerza” de mi “tierra prometida”, de alguna faceta de mi vida? ¿Cómo reaccioné, humana y cristianamente?. JUZGAR: Los ismaelitas se llevaron a José a Egipto, donde fue vendido a Putifar, ministro y alto funcionario del faraón. El Señor estaba con José y todo le salía bien. Su amo, viendo que el Señor estaba con él y que hacía prosperar todo cuanto él emprendía, lo hizo su hombre de confianza: lo puso a su servicio y lo nombró administrador de su casa, confiándole todo cuanto tenía. José era apuesto y bien parecido. Pasado cierto tiempo la mujer de su amo se fijó en José y le propuso: “Acuéstate conmigo.” Pero José se negó. Y por más que ella insistía todos los días, José no consintió en acostarse y estar con ella. Pero un día José entró en la casa para despachar sus asuntos y no había en casa ningún criado. La mujer lo agarró por el manto mas él, dejando el manto entre sus manos, salió afuera y huyó. Viendo ella que había dejado el manto entre sus manos y que había salido huyendo, retuvo junto a sí el manto de José hasta que su marido volvió a casa y le dijo: “El hebreo que nos has traído quiso abusar de mí, pero al ver que yo gritaba y llamaba, dejó su manto junto a mí y huyó afuera.” Cuando el marido oyó de labios de su mujer cómo se había comportado su siervo con ella, montó en cólera, mandó prenderlo y lo metió en la cárcel, donde estaban los presos del rey. De esta manera José fue a parar a la cárcel. Pero el Señor estaba con José y le favoreció, haciendo que se ganase la confianza del jefe de la prisión. Este confió a José el cuidado de los presos y la dirección de todo lo que allí se hacía, porque el Señor estaba con él y hacía prosperar todo cuanto emprendía. Pasado cierto tiempo, el copero y el pandero del rey de Egipto ofendieron a su señor. El faraón se enojó y los encarceló en la cárcel donde José se hallaba recluido. El capitán de la guardia encargó a José que los sirviera. El copero mayor contó a José el sueño que había tenido. José le dijo: “Esta es la interpretación: al cabo de tres días el faraón te sacará de la cárcel y te repondrá en tu cargo. Sólo te pido que te acuerdes de mí cuando te vaya bien; hazme el favor de hablar de mí al faraón, para que me saque de esta prisión.” Pero el copero no se volvió a acordar de José, sino que se olvidó de él.. Comienza a narrarse la estancia de José en Egipto: ha sido vendido como esclavo, pero su situación es favorable. El Señor hacía prosperar todo cuanto él emprendía, y Putifar lo hizo su hombre de confianza. Todo parece ir bien, pero por culpa de la mujer de Putifar, las cosas se tuercen y aún más que antes: José fue a parar a la cárcel. José, aunque joven y apuesto, prefiere ser condenado antes que traicionar su concepto de la lealtad y de la moral. Sin embargo, aun en esa situación, José en todo momento se pone en manos de Dios, convirtiéndose en ejemplo de quienes confían en Dios a pesar de todo. El Señor impide que José muera, para que su plan siga adelante. Por eso continuaba estando con José y le favoreció, haciendo que se ganase la confianza del jefe de la prisión y del resto de presidiarios..

(3) Pero aunque la situación es mejor de lo esperable, José continúa siendo un presidiario, y desea salir de su situación actual. José interpreta el sueño del copero, pero no se atribuye a sí mismo el mérito, sino a Dios. Pide al copero que interceda por él ante el faraón, pero el copero no se volvió a acordar de José, sino que se olvidó de él. Es la única ocasión en que José le falla a Dios: nunca debió confiar en un hombre. Pero Dios se acordará de él y fijará le momento de la liberación. Es verdad que Dios no habla con José como lo hacía con Abrahán, Isaac y Jacob. Pero está con José en todo momento: cuando es vendido como una mercancía, cuando, con el porvenir resuelto, es acusado injustamente y encarcelado indefinidamente…. Para la reflexión:  Traigo a la oración las ocasiones en que, sintiéndome seguro, tranquilo, todo dio un vuelco haciéndome sentir en peligro, en zozobra. ¿Alguna persona fue la causante de dicha situación, como lo fue la mujer de Putifar?  ¿Cómo viví esas crisis, cómo me sentí? ¿Fui capaz, como José, de mantener mis principios y valores?  ¿Alguna persona a la que he pedido ayuda “me ha olvidado”, como el copero olvidó a José? ¿Pongo mi confianza ante todo en Dios? ¿Me creo que me acompaña en todo momento?. Dos años después, el faraón tuvo este sueño: se encontraba de pie junto al Nilo, y vio que del Nilo subían siete vacas hermosas y gordas, que se pusieron a pacer entre los juncos de la orilla. Detrás de ellas subieron del Nilo otras siete vacas birriosas y flacas, y se pusieron junto a las primeras. Las siete vacas flacas devoraron a las siete gordas. Entonces el faraón se despertó. A la mañana siguiente, muy preocupado, mandó llamar a todos los adivinos y a todos los sabios de Egipto y les contó sus sueños, pero nadie pudo explicárselos. Entonces el copero mayor se dirigió al faraón y le dijo: “Ahora me acuerdo de mi falta”. El faraón mandó llamar a José y se presentó al faraón. El faraón dijo a José: “He tenido un sueño y nadie ha podido interpretarlo. Pero he oído decir, que si oyes un sueño eres capaz de interpretarlo.” José respondió: “No soy yo, sino Dios, quien dará al faraón una respuesta favorable.” Al faraón y a su corte les pareció acertada esta interpretación, y dijo a José: “Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto, tú serás quien gobierne mi casa y todo mi pueblo te obedecerá; sólo yo estaré por encima de ti. Mira, yo te pongo al frente de todo el país de Egipto.”. Han pasado dos años. El faraón tiene un sueño y nadie es capaz de interpretárselo. Esto hace que el copero recuerde arrepentido a José. Y ante el faraón, José vuelve a repetir que sólo Dios puede aclarar ese sueño premonitorio. Este episodio narrado marca un cambio en la vida de José: el fin de las pruebas y el comienzo de su grandeza. La historia de José nos enseña cómo Dios es capaz de redimir al hombre desde, y a pesar, de sus pecados. Los hermanos de José lo venden como esclavo, y Dios se vale de esa situación de pecado, para salvar a su pueblo del hambre..

(4) La narración pone de relieve, una vez más, la misteriosa pedagogía divina: Dios escoge a los “pequeños”, lo cual suscita odio y celos, hasta provocar el alejamiento, casi la eliminación del predilecto. Pero en realidad actúa la invisible providencia de Dios, que conduce a su elegido por caminos aparentemente de muerte, para salvar a todos. Y José, aun en sus tribulaciones, está atento a los signos de la voluntad de Dios para cumplirla. Gracias a José, que no se vuelve rencoroso, sino que va descubriendo su plan, Dios cuida a su pueblo. Dios utiliza caminos desconocidos para el hombre, se vale de aquello que los hombres despreciamos. Redime la envidia de los hermanos de José, porque «gracias» a ella, puede preparar un lugar en Egipto para su pueblo. Acompaña a José en su sufrimiento manifestándosele en distintas oportunidades.. Para la reflexión:  José tuvo que esperar dos años a que surgiera su oportunidad. ¿Sé vivir en la espera a que se vayan cumpliendo los tiempos de Dios? ¿Me desespero?  Traigo a la oración las ocasiones en las que he visto “la luz al final del túnel”. ¿Cómo viví esos momentos? ¿Descubrí la mano de Dios? ¿Le di gracias? ¿He guardado algún tipo de rencor?  Mirando las crisis desde la perspectiva del tiempo, ¿descubro que también ahí ha actuado la pedagogía divina? ¿Me he seguido sintiendo llamado y enviado por Dios?. ACTUAR: Cuando se acabaron los siete años de abundancia en Egipto, comenzaron los siete años de hambre, como José había predicho. Llegó el hambre a todo Egipto, y el pueblo reclamaba pan al Faraón; el Faraón decía a los egipcios: “Dirigíos a José y haced lo que él os diga.” José abrió los graneros y repartió raciones a los egipcios, mientras arreciaba el hambre en Egipto. Y de todos los países venían a Egipto a comprarle a José, porque el hambre arreciaba en toda la tierra. Los hijos de Jacob fueron entre otros a comprar grano, pues había hambre en Canaán y se postraron ante él, rostro en tierra. Al ver a sus hermanos José los reconoció, pero él no se dio a conocer, sino que les habló duramente y los hizo detener durante tres días. Al tercer día les dijo: Si sois gente honrada, uno de vosotros quedará aquí encarcelado, y los demás irán a llevar víveres a vuestras familias hambrientas; después me traeréis a vuestro hermano menor; así probaréis que habéis dicho la verdad y no moriréis. Ellos aceptaron, y se decían: “Estamos pagando el delito contra nuestro hermano, cuando le veíamos suplicarnos angustiado y no le hicimos caso; por eso nos sucede esta desgracia.” Ellos no sabían que José les entendía, pues había usado intérprete. Él se retiró y lloró. Rompió a llorar fuerte, de modo que los egipcios lo oyeron y la noticia llegó a casa del Faraón. José dijo a sus Hermanos: “Yo soy José; ¿vive todavía mi padre?” Sus hermanos, perplejos, se quedaron sin respuesta. José dijo a sus Hermanos: “Acercaos a mí.” Se acercaron, y les repitió: “Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis a los egipcios. Pero ahora no os preocupéis, ni os pese el haberme vendido aquí; para salvación me envió Dios delante de vosotros. Dios me ha enviado delante de vosotros para que vuestra descendencia se perpetúe en esta tierra y para salvaros de modo admirable. Así, pues, no fuisteis vosotros quienes me enviasteis a este lugar, sino Dios..

(5) Subid aprisa adonde está mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: ven a mi lado sin tardar. Vivirás en la región de Gosen y estarás cerca de mí. Yo cuidaré allí de tu subsistencia, para que no caigas en la miseria.”. Los hermanos de José van pasando de una sorpresa a otra. A pesar de los años transcurridos, la verdadera culpa que pesa sobre ellos es la que cometieron contra el hermano desaparecido. Pero José es vencido por la emoción y deja que lo reconozcan. ¡Yo soy José, vuestro hermano! No os preocupéis, ni os pese el haberme vendido aquí; para salvación me envió Dios delante de vosotros. José, con un amable acercaos a mí, trató de serenar a sus hermanos y de introducirlos, al mismo tiempo, en la comprensión profunda de la acción de Dios en toda esta historia: Dios lo había enviado a Egipto con el fin de asegurar la supervivencia de ellos y hacerlos vivir para una gran liberación. Aunque humanamente podríamos tener otra idea acerca de lo ocurrido, en realidad ha actuado y actúa la invisible providencia de Dios, que conduce a su elegido por caminos aparentemente de muerte, para salvar a todos. José está atento a los signos de la voluntad de Dios y por eso, a pesar de la lo que hicieron con él, José continúa llamándoles y considerándolos sus hermanos. Desde su apertura a Dios, José ha entendido que ellos fueron los instrumentos de los que Dios se sirvió para desarrollar su plan de salvación. De este modo José, vendido como esclavo a los egipcios llegó a ser el primer visir del Faraón. Se dio a conocer a sus hermanos, venidos a mendigar trigo en unos años de hambre. Se lo perdonó todo y les pidió incluso que su padre Jacob se instalara en Egipto con toda su familia. José hace una lectura providencialista de la historia de su vida, de la traición de los hermanos, de su prosperidad en Egipto, del reencuentro con sus hermanos y su padre. Del mal trata de hacer el mayor bien posible. José no paga la afrenta sufrida con la moneda de la venganza. Su actitud es de perdón y acogida.. Para la reflexión:  ¿Sé perdonar las ofensas? ¿Sigo considerando “hermano” a aquél que en un momento dado me ha ofendido? ¿Soy vengativo?  Echando una mirada atrás, y desde la fe, ¿puedo entender los acontecimientos difíciles de mi vida como momentos en los que Dios ha desarrollado su plan de salvación? ¿Ha surgido algún bien de aquellos males?.

(6) Jacob con todo lo suyo se puso en camino. José mandó preparar la carroza y se dirigió a Gosén a recibir a su padre. Al verlo se le echó al cuello y lloró abrazado a él. Jacob dijo a José: “Ahora puedo morir, después de haber visto tu rostro, y que vives.” Jacob vivió diecisiete años en Egipto. Al ver los hermanos de José que había muerto su padre, se dijeron: “A ver si José nos guarda rencor y quiere pagarnos el mal que le hicimos.” Entonces vinieron los hermanos, se echaron al suelo ante él, y le dijeron: “Aquí nos tienes, somos tus siervos.” Pero José les respondió: “No tengáis miedo, ¿soy yo acaso Dios? Vosotros intentasteis hacerme mal, pero Dios intentaba hacer bien, para dar vida a un pueblo numeroso, como hoy somos. Por tanto, no temáis; yo os mantendré a vosotros y a vuestros hijos. Y los consoló hablándoles al corazón.. José no sólo perdona a sus hermanos, sino que les encarga que traigan a su padre a Egipto. La escena es significativa: Jacob, con sus hijos y nietos, y con sus posesione., emigra a Egipto. Es el inicio de una estancia del pueblo elegido en tierra extraña, que tendrá su viaje de vuelta en el éxodo, cuatro siglos después, cuando, guiados por Moisés, salgan de Egipto y peregrinen hacia la tierra prometida. En nuestra vida, hay muchos viajes de ida y vuelta. Como Abrahán, que sale de su tierra de Ur, como José que es llevado contra su voluntad a Egipto, como Jacob y su familia que emigran buscando mejores condiciones de vida, todos podemos ser un poco peregrinos en la vida y emigrantes, viajeros de éxodos que no esperábamos. La vida da muchas vueltas y, a veces, nos hace madurar por caminos que, a primera vista, no nos parecen muy agradables. Ojalá tuviéramos la seguridad, como Jacob y José, de que Dios está siempre con nosotros, igual que José interpretaba que era Dios el que había permitido que él pasara por la amarga experiencia de ser vendido como esclavo, para sacar también de eso un gran bien para todos. Pase lo que pase a cada persona, y también a la humanidad y a la Iglesia, Dios sigue con sus planes: «yo te convertiré en pueblo numeroso», como prometió a Abrahán. Quizá la historia de José suena demasiado blanda en nuestra competitiva y reivindicadora sociedad de hoy. José hubiera pasado por un tonto que no sabe hacer valer sus derechos al amparo de la ley. Hoy se nos invita a reclamar daños y perjuicios por todo. Hoy hubiéramos dicho de los hermanos de José: “Que se pudran en la cárcel hasta que paguen su delito”, “Que les exija una compensación económica”. Son frases que tipifican la mentalidad social dominante. Representan, sin duda, un paso con respecto a las sociedades en las que la injusticia queda impune, en las que los fuertes se imponen a los débiles. Pero, al mismo tiempo, alimentan una forma de entender la justicia que es, en sí misma, insaciable. Y, aunque cueste reconocerlo, algo vengativa. Por eso, necesitamos modelos éticos que nos ayuden a descubrir maneras más profundas (y, por tanto, más eficaces) de restablecer el equilibrio roto por el crimen y, sobre todo, de abrirnos a una nueva experiencia de la “paz”. José es uno de estos modelos aportados por la tradición judeocristiana..

(7) Más aún, La historia de José nos recuerda la de Jesús, que también es vendido por los suyos y llevado a la cruz; que muere pidiendo a Dios que perdone a sus verdugos; que parece haber fracasado en la misión encomendada, pero que nos muestra cómo Dios consigue sus propósitos de salvación también a través del mal y del pecado de las personas. José fue llamado y enviado de un modo peculiar, a través de situaciones aparentemente sin salida para él, pero desde su confianza y apertura a Dios supo llevar adelante su papel en la historia de salvación de su pueblo. La historia de José termina bien, pero sabemos que no todo será color de rosa en esa aventura que empieza hoy. Pasados algunos siglos el viento de la historia habrá cambiado de rumbo y los descendientes de Jacob clamarán desde el fondo de su esclavitud. Entonces será preciso que Dios vuelva a intervenir, esta vez por medio de Moisés, para sacar a su pueblo de la esclavitud, como veremos en un próximo retiro. La historia de José, entre otras cosas, nos mueve a dar gracias a Dios. Damos gracias a Dios Padre, porque está siempre a nuestro lado. Porque no se olvida de los que sufren, porque podemos descubrirlo ayudando al hombre. Le damos gracias porque nos quiere como somos y quiere que a pesar de nuestras faltas estemos siempre a su lado. Por eso, se vale de distintos medios, hasta de nuestros errores, para ayudarnos a crecer.. Para la reflexión:  En mi vida, ¿qué caminos inesperados he tenido que recorrer? ¿Me he sentido acompañado y guiado por Dios?  Por hacer caso al Evangelio, ¿he pasado por “tonto”, por “blando” en alguna situación? ¿Sé hablar al corazón de las personas?  Teniendo todo presente todo lo que he ido meditando hasta ahora, ¿de qué le doy gracias a Dios? ¿Soy capaz de darle gracias también por las etapas de dificultad?  ¿Me siento llamado y enviado, como José, a colaborar en el cumplimiento del plan de Dios, también a través de las etapas difíciles que la vida me presenta?.

(8) VER:. HISTORIA DE JOSÉ - DEL LIBRO DEL GÉNESIS 37 - 50 Para la reflexión:. José era el preferido de Jacob, porque le habla nacido en la vejez, y le hizo una túnica con mangas. Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaban el saludo. Un día José tuvo un sueño y se lo contó a sus hermanos, haciendo crecer su odio hacia él. Les dijo: “Estábamos atando gavillas en el campo; mi gavilla se levantó y se tenía derecha, mientras que las vuestras se ponían alrededor y se inclinaban ante la mía.” Y le cobraron más odio debido a sus sueños y a sus palabras. Sus hermanos le tenían envidia pero su padre meditaba todo esto. Sus hermanos trashumaron a Siquén con los rebaños de su padre. Jacob dijo a José: “Tus hermanos deben estar con los rebaños en Siquén; ven, que te voy a mandar donde están ellos.” José fue tras sus hermanos y los encontró en Dotan. Ellos lo vieron desde lejos. Antes de que se acercara, maquinaron su muerte. Se decían unos a otros: “Ahí viene el de los sueños. Vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos que una fiera lo ha devorado; veremos en qué paran sus sueños.” Oyó esto Rubén, e intentando salvarlo de sus manos, dijo: “No le quitemos la vida.” Y añadió: “No derraméis sangre; echadlo en este aljibe, aquí en la estepa; pero no pongáis las manos en él.” Lo decía para librarlo de sus manos y devolverlo a su padre. Cuando llegó José al lugar donde estaban sus hermanos, lo sujetaron, le quitaron la túnica con mangas, lo cogieron y lo echaron en un pozo vacío, sin agua. Y se sentaron a comer. Levantando la vista, vieron una caravana de ismaelitas que transportaban en camellos goma, bálsamo y resina de Galaad a Egipto. Judá propuso a sus hermanos: “¿Qué sacaremos con matar a nuestro hermano y con tapar su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pondremos nuestras manos en él, que al fin es hermano nuestro y carne nuestra.” Los hermanos aceptaron. Al pasar unos comerciantes madianitas, tiraron de su hermano, lo sacaron del pozo y se lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas..  ¿He sufrido burlas o comentarios maliciosos por exponer mi experiencia de fe, por decir lo que entiendo lo que es la voluntad de Dios sobre algún tema?  ¿Alguna vez mis palabras, mis acciones como cristiano, han sido motivo de conflicto grave con personas de mi entorno? ¿Por qué?  ¿Me he sentido “vendido” por alguien? ¿Me he sentido “sacado a la fuerza” de mi “tierra prometida”, de alguna faceta de mi vida? ¿Cómo reaccioné, humana y cristianamente? JUZGAR: Éstos se llevaron a José a Egipto, donde fue vendido a Putifar, ministro y alto funcionario del faraón. El Señor estaba con José y todo le salía bien. Su amo, viendo que el señor estaba con él y que hacía prosperar todo cuanto él emprendía, lo hizo su hombre de confianza: lo puso a su servicio y lo nombró administrador de su casa, confiándole todo cuanto tenía. José era apuesto y bien parecido. Pasado cierto tiempo la mujer de su amo se fijó en José y le propuso: “Acuéstate conmigo.” Pero José se negó. Y por más que ella insistía todos los días, José no consintió en acostarse y estar con ella. Pero un día José entró en la casa para despachar sus asuntos y no había en casa ningún criado. La mujer lo agarró por el manto mas él, dejando el manto entre sus manos, salió afuera y huyó. Viendo ella que había dejado el manto entre sus manos y que había salido huyendo, retuvo junto a sí el manto de José hasta que su marido volvió a casa y le dijo: “El hebreo que nos has traído quiso abusar de mí, pero al ver que yo gritaba y llamaba, dejó su manto junto a mí y huyó afuera.” Cuando el marido oyó de labios de su mujer cómo se había comportado su siervo con ella, montó en cólera, mandó prenderlo y lo metió en la cárcel, donde estaban los presos del rey. De esta manera José fue a parar a la cárcel. Pero el Señor estaba con José y le favoreció, haciendo que se ganase la confianza del jefe de la prisión. Este confió a José el cuidado de los presos y la dirección de todo lo que allí se hacía, porque el Señor estaba con él y hacía prosperar todo cuanto emprendía..

(9) Pasado cierto tiempo, el copero y el pandero del rey de Egipto ofendieron a su señor. El faraón se enojó y los encarceló en la cárcel donde José se hallaba recluido. El capitán de la guardia encargó a José que los sirviera. El copero mayor contó a José el sueño que había tenido. José le dijo: “Esta es la interpretación: al cabo de tres días el faraón te sacará de la cárcel y te repondrá en tu cargo. Sólo te pido que te acuerdes de mí cuando te vaya bien; hazme el favor de hablar de mí al faraón, para que me saque de esta prisión.” Pero el copero no se volvió a acordar de José, sino que se olvidó de él.. Para la reflexión:  Traigo a la oración las ocasiones en que, sintiéndome seguro, tranquilo, todo dio un vuelco haciéndome sentir en peligro, en zozobra. ¿Alguna persona fue la causante de dicha situación, como lo fue la mujer de Putifar?  ¿Cómo viví esas crisis, cómo me sentí? ¿Fui capaz, como José, de mantener mis principios y valores?  ¿Alguna persona a la que he pedido ayuda “me ha olvidado”, como el copero olvidó a José? ¿Pongo mi confianza ante todo en Dios? ¿Me creo que me acompaña en todo momento? Dos años después, el faraón tuvo este sueño: se encontraba de pie junto al Nilo, y vio que del Nilo subían siete vacas hermosas y gordas, que se pusieron a pacer entre los juncos de la orilla. Detrás de ellas subieron del Nilo otras siete vacas birriosas y flacas, y se pusieron junto a las primeras. Las siete vacas flacas devoraron a las siete gordas. Entonces el faraón se despertó. A la mañana siguiente, muy preocupado, mandó llamar a todos los adivinos y a todos los sabios de Egipto y les contó sus sueños, pero nadie pudo explicárselos. Entonces el copero mayor se dirigió al faraón y le dijo: “Ahora me acuerdo de mi falta”. El faraón mandó llamar a José y se presentó al faraón. El faraón dijo a José: “He tenido un sueño y nadie ha podido interpretarlo. Pero he oído decir, que si oyes un sueño eres capaz de interpretarlo.” José respondió: “No soy yo, sino Dios, quien dará al faraón una respuesta favorable.”. Al faraón y a su corte les pareció acertada esta interpretación, y dijo a José: “Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto, tú serás quien gobierne mi casa y todo mi pueblo te obedecerá; sólo yo estaré por encima de ti. Mira, yo te pongo al frente de todo el país de Egipto.”. Para la reflexión:  José tuvo que esperar dos años a que surgiera su oportunidad. ¿Sé vivir en la espera a que se vayan cumpliendo los tiempos de Dios? ¿Me desespero?  Traigo a la oración las ocasiones en las que he visto “la luz al final del túnel”. ¿Cómo viví esos momentos? ¿Descubrí la mano de Dios? ¿Le di gracias? ¿He guardado algún tipo de rencor?  Mirando las crisis desde la perspectiva del tiempo, ¿descubro que también ahí ha actuado la pedagogía divina? ¿Me he seguido sintiendo llamado y enviado por Dios? ACTUAR Cuando se acabaron los siete años de abundancia en Egipto, comenzaron los siete años de hambre, como José había predicho. Llegó el hambre a todo Egipto, y el pueblo reclamaba pan al Faraón; el Faraón decía a los egipcios: “Dirigíos a José y haced lo que él os diga.” José abrió los graneros y repartió raciones a los egipcios, mientras arreciaba el hambre en Egipto. Y de todos los países venían a Egipto a comprarle a José, porque el hambre arreciaba en toda la tierra. Los hijos de Jacob fueron entre otros a comprar grano, pues había hambre en Canaán y se postraron ante él, rostro en tierra. Al ver a sus hermanos José los reconoció, pero él no se dio a conocer, sino que les habló duramente y los hizo detener durante tres días. Al tercer día les dijo: Si sois gente honrada, uno de vosotros quedará aquí encarcelado, y los demás irán a llevar víveres a vuestras familias hambrientas; después me traeréis a vuestro hermano menor; así probaréis que habéis dicho la verdad y no moriréis..

(10) Ellos aceptaron, y se decían: “Estamos pagando el delito contra nuestro hermano, cuando le veíamos suplicarnos angustiado y no le hicimos caso; por eso nos sucede esta desgracia.” Ellos no sabían que José les entendía, pues había usado intérprete. Él se retiró y lloró. Rompió a llorar fuerte, de modo que los egipcios lo oyeron y la noticia llegó a casa del Faraón. José dijo a sus Hermanos: “Yo soy José; ¿vive todavía mi padre?” Sus hermanos, perplejos, se quedaron sin respuesta. José dijo a sus Hermanos: “Acercaos a mí.” Se acercaron, y les repitió: “Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis a los egipcios. Pero ahora no os preocupéis, ni os pese el haberme vendido aquí; para salvación me envió Dios delante de vosotros. Dios me ha enviado delante de vosotros para que vuestra descendencia se perpetúe en esta tierra y para salvaros de modo admirable. Así, pues, no fuisteis vosotros quienes me enviasteis a este lugar, sino Dios. Subid aprisa adonde está mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: ven a mi lado sin tardar. Vivirás en la región de Gosen y estarás cerca de mí. Yo cuidaré allí de tu subsistencia, para que no caigas en la miseria.”. Para la reflexión:  ¿Sé perdonar las ofensas? ¿Sigo considerando “hermano” a aquél que en un momento dado me ha ofendido? ¿Soy vengativo?  Echando una mirada atrás, y desde la fe, ¿puedo entender los acontecimientos difíciles de mi vida como momentos en los que Dios ha desarrollado su plan de salvación? ¿Ha surgido algún bien de aquellos males? Jacob con todo lo suyo se puso en camino. José mandó preparar la carroza y se dirigió a Gosén a recibir a su padre. Al verlo se le echó al cuello y lloró abrazado a él. Jacob dijo a José: “Ahora puedo morir, después de haber visto tu rostro, y que vives.” Jacob vivió diecisiete años en Egipto. Al ver los hermanos de José que había muerto su padre, se dijeron: “A ver si José nos guarda rencor y quiere pagarnos el mal que le hicimos.” Entonces vinieron los hermanos, se echaron al suelo ante él, y le dijeron: “Aquí nos tienes, somos tus siervos.”. Pero José les respondió: “No tengáis miedo, ¿soy yo acaso Dios? Vosotros intentasteis hacerme mal, pero Dios intentaba hacer bien, para dar vida a un pueblo numeroso, como hoy somos. Por tanto, no temáis; yo os mantendré a vosotros y a vuestros hijos. Y los consoló hablándoles al corazón.. Para la reflexión:  En mi vida, ¿qué caminos inesperados he tenido que recorrer? ¿Me he sentido acompañado y guiado por Dios?  Por hacer caso al Evangelio, ¿he pasado por “tonto”, por “blando” en alguna situación? ¿Sé hablar al corazón de las personas?  Teniendo todo presente todo lo que he ido meditando hasta ahora, ¿de qué le doy gracias a Dios? ¿Soy capaz de darle gracias también por las etapas de dificultad?  ¿Me siento llamado y enviado, como José, a colaborar en el cumplimiento del plan de Dios, también a través de las etapas difíciles que la vida me presenta?.

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