El Estadio del Espejo

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Estadio del espejo.

El narcisismo constituía un “nuevo acto psíquico”, el nacimiento del yo.

Lo que está en juego en el estadio del espejo es el narcisismo primario, la constitución de la antropogénesis del sujeto, una identificación fundante.

Lacan quiere demostrar cómo la constitución del yo se produce mediante la captura

imaginaria en una imagen externa. La posibilidad del infans de asumir un cuerpo, de adoptar un cuerpo unificado, en contraposición con la inmadurez biológica con la que nace, es decir con la propiocepción de un cuerpo fragmentado, se logra a partir de la identificación con una imago exterior al niño, ajena, en la cual queda atrapado y alienado. Debemos destacar que no es el niño quien se dirige hacia la imagen y la toma como propia, sino que es la imagen la que captura al infans.

Lacan toma esta experiencia de la Psicología Comparada (rama de la psicología que afirma que no hay grandes diferencias entre el comportamiento humano y el animal, por ello cualquier investigación que descubra una conducta en los animales nos adentra a un descubrimiento en la psicología humana).

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en juego constantemente en la vida psíquica del adulto vía el fantasma.

De hecho la psicología comparada, en su mayoría, entiende como “mimetismo”, es decir la transformación que produce el ambiente sobre una especie, como una función adaptativa, un proceso de defensa contra por ejemplo los depredadores. La cría humana nace con cierta prematuración biológica que lo fuerza a la dependencia con un otro que asista sus necesidades, dado que no puede valerse por sus propios medios. Durante este periodo inclusive el chimpancé tiene más desarrolladas sus funciones instrumentales, sin embargo y esta es la experiencia concreta: la cría humana frente al espejo, reconoce su imagen y lo manifiesta jubilosamente.

En principio tenemos tres campos, el niño, su imagen y el espejo. Comencemos por el espejo. Lacan introduce un espejo plano en la experiencia. Este espejo tiene la particularidad de poder reflejar imágenes, y es el que funda una primera diferencia . Abre dos campos donde se ubicarán la imagen y el niño. De ahí nuestro interés de comenzar por el espejo ya que es el que funda la diferencia.

Entonces hay un espejo, una diferencia y dos campos. Un campo pertenece a lo que se nos hace fácil denominar como anterior al espejo, que sería un espacio real. Y por “detrás” del espejo un espacio virtual, las imágenes en él proyectadas. Sin el espejo no habría ni espacio virtual, ni real, pues no habría diferencia, sería un continuo indiferenciado.

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Hemos introducido un espejo y con él dos espacios, uno virtual y otro real.

Los objetos arrojados sobre el campo real, serán reflejados, aparecerán como objetos otros en el campo virtual.

Insistimos que sin el campo virtual, no habría diferencia por lo tanto tampoco campo real. Ahora ubiquemos en el campo real a la cría humana, con todo lo descripto de su

prematuración, es decir caótico, desmembrado, fragmentado. En términos de Freud, como un manojo de pulsiones autoeróticas, boca, nariz, hambre, oído, ganas de hacer pis, auténticos “labios que se besan a sí mismos”, nada unificado. Y ahí donde ubicamos a la cría humana, también ponemos algunos objetos.

La cría humana no conoce la virtualidad por ende los objetos que ubicamos en el campo real aparecerán en el campo virtual como siendo otros objetos. Es decir la diferencia que

introduce el espejo, queda borrada por la cría humana, no desaparece sino que la ignora.

Hasta acá tenemos a una cría humana con la particularidad de estar enfrentada a un espejo. De todos los objetos del espacio virtual, hay uno, particular, especial, que capta al infans. Este objeto que denominamos imagen atrapa al niño en su compromiso libidinal, en su pulsión escópica. Aparece esta imagen como la forma unificada de su cuerpo que anticipa la maduración. Dice Lacan que le es dada como “Gestalt exterior, más constituyente que constituida”. Es decir que constituye al infans, lo atrapa, lo capta y como efecto de esta captación se construye retroactivamente en contraposición, la fantasía del cuerpo fragmentado.

Es el objeto el que se dirige al sujeto y no el sujeto el que se dirige al objeto.

El infans queda así dividido entre una imagen exterior (ortopédica) que anticipa su maduración, que se presenta como cuerpo unificado y la incoordinación motriz que lo acompaña como cuerpo fragmentado.

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La Gestalt a la que infans queda identificado constituye una unidad falsa, unidad imaginaria que tendrá como función mantener unido lo que por estructura siempre estará desunido. Esa imagen en el espacio virtual ese pequeño otro es un objeto denominado “a”, que se ubica en relación al deseo parental. . Es decir, que capta al infans como objeto del deseo del Otro.

Lo que le permite al infans tomar anticipadamente cierto control sobre su cuerpo es una identificación con esta imago introducida por el deseo parental, aún antes de que pueda contar con lenguaje y decir yo. Ese objeto a, como objeto del deseo del Otro es un primer rebote del espejo que constituye el yo (moi) del infans. Si pudiese hablar diría, “yo quiero ser ese niño”, perfecto, unificado que es el objeto del deseo de mi madre. Que es su ideal del yo. El yo lingüístico, del enunciado, “yo quiero ser…” constituye el yo [je] de la teoría, mientras que el moi es ese niño que quiero ser.

Es decir que el moi es esa unidad imaginaria que no soy y quiero ser, mientras que el je de orden simbólico, es esa función del lenguaje que permite enunciarme y siempre está dividida entre la fragmentación y la unidad.

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y no del pequeño otro como en el caso del moi.

Lo que le falta a la madre. El falo es el lugar al cual el niño se precipita en el primer tiempo del complejo de Edipo, que coincide con el momento que estamos describiendo como finalización del estadio del espejo, es decir narcisismo, madre fálica. El lugar que contiene a esa unidad imaginara, está determinado entonces por lo simbólico. La imagen se sostiene en un registro simbólico, la madre mira al niño y dice: mírate hijo, tienes la nariz de tu padre y los ojos de mamá. Es por el discurso de la madre, por su función de traductora y de asistir a las necesidades de la cría humana, por asignarle un representante a la pulsión, que el infans queda alienado a ese lugar.

El niño entra en tensión agresiva con la imagen del espejo. Dado que en su precipitación a asumir a su imagen su tendencia será de ahí en más llevar a cero la distancia que lo separa de ella. Esto arma un teatro de dobles donde hay un solo lugar para dos.

Si el niño se funde con la imagen desaparece a la manera de “narciso”. Cabe destacar que en el mito puede subrayarse que narciso muere cuando intenta captar, atrapar a otro. Su imagen en el reflejo del agua es otro. Y es la imagen la que lo atrapa haciéndolo perderse en esa seducción y ahogándose en esa perdición imaginaria de fusionarse y hacer uno con el otro. Lacan explica así el origen de la agresividad, el fantasma de cuerpo fragmentado se deposita en el otro cuando asumo mi unidad que a su vez me viene del otro. Debo destruirlo entonces dado que contiene lo más íntimo y más extraño de mí. De lo dicho podemos extraer dos conclusiones una es que el yo es una función de desconocimiento y la segunda es que todo conocimiento es paranoico.

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que de esta manera hereda, es decir le viene del Otro.

Es función de desconocimiento porque desconoce los medios de su producción. Ahí donde el yo se erige y dice yo soy, justamente ahí, no es. Desconoce que su formación, su pretendida unidad lejos de apoyarse en algo propio, se sostiene en el otro. Desconoce la mediación externa que le da su unidad. Mediación introducida por el deseo de la madre que lo captura en una tendencia hacia una completud imaginaria que habíamos mencionado como yo-ideal.

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