Ortega, Mario
Familias y reciprocidad en Teléfonos de México. En Pérez Lizaur, Marisol (compiladora)
Empresa y familia en México
México, Universidad Iberoamericana, 2010
Introducción.
En este capítulo, a partir de un prolongado trabajo de campo, se analizarán las relaciones entre el empleo en una empresa telefónica y las redes de parentesco, así como la trascendencia de la reciprocidad simbólica en las relaciones comunales de un poblado situado al sur de la ciudad de México. En él se da cuenta de ciertas particularidades culturales que interrelacionan la vida laboral en Teléfonos de México, con la vida familiar de los telefonistas de Santiago Tzapotitlan. Además se describe la manera en que las familias han enfrentado la necesidad de obtener empleos, en medio de su escasez, con el reforzamiento de las redes familiares a través del sistema de mayordomías responsable de celebrar las fiestas patronales.
Parentesco e industrialización.
Las tesis convencionales de la modernización, asocian la declinación de los lazos de parentesco en las ciudades, con la difusión de la industrialización contemporánea. Pues implica el tránsito de la societas, donde el principio del parentesco conforma las relaciones estratégicas; a la civitas donde las relaciones económicas y políticas limitan las funciones del parentesco. En ese sentido Wolf (1980: 23) asegura que cuando la tierra y el trabajo se convierten en bienes de libre disposición, las corporaciones de parentesco gradualmente pierden su monopolio sobre los recursos y los miembros de la familia. Sin embargo este autor deja abierta la posibilidad de que ciertos mecanismos del parentesco, puedan modificarse para alcanzar fines que interesan tanto a familia como a sus integrantes, tal como ha ocurrido en este pueblo de telefonistas (1980: 21).
Georgina Jaffe en su etnografía de tres generaciones de familias sudafricanas atrapadas en un bantustan y encabezadas por mujeres ancianas descubrió que sin los fuertes lazos familiares, que ofrecieron a sus hijas el apoyo necesario, ellas no hubieran logrado cubrir los roles de madres y mujeres trabajadoras, que sostienen al hogar (1992: 174).
Sin embargo, Rothstein (1992: 244) subraya que los beneficios alcanzados por algunos individuos en el entorno laboral global, gracias al apoyo de sus relaciones de parentesco, a menudo fueron redistribuidos inequitativamente al seno familiar local.
Mercado y reciprocidad.
Larissa Adler Lomnitz (1994: 225) descubrió que en México, muchas relaciones de mercado están coloreadas por obligaciones de lealtad y condicionadas por la jerarquía relativa de los protagonistas. A un grado tal, que pueden llegar a dominar la lógica económica de las mismas. Coincide con Polanyi (1957: 2324-269), quien afirma que aún en las sociedades modernas de mercado, existen otras formas de intercambio como la reciprocidad y el patronazgo. Sin embargo Adler Lomnitz encuentra que la distinción entre la reciprocidad, las relaciones patrón-cliente y el intercambio en el mercado no es tan rígida como lo supone Polanyi, ya que la naturaleza social del intercambio depende de la distancia social y las diferencias de poder entre las partes:
La reciprocidad puede transformarse en relaciones patrón-cliente e incluso los
intercambios de mercado pueden contener elementos de clientelismo y
reciprocidad (Adler Lomnitz 1994: 152).
En este sentido, Wolf (1980: 34) caracteriza al patronazgo, como la amistad instrumental entre una persona común y otra persona con poder suficiente para concederle bienes o servicios. En esta relación el patrono ejerce la hegemonía y el cliente acepta su subordinación; el cliente debe ofrecer lealtad al patrono y comprobarla en los hechos, a cambio de la ayuda económica y la protección que aquel le otorga.
A contracorriente del sentido común, el trabajo productivo y la reproducción de las familias no son compartimentos estancos en la sociedad de mercado, sino las dos caras de una misma moneda, procesos que se retroalimentan mutuamente.
(1971: 223-255), admite que la economía se ha convertido en un factor determinante de las relaciones sociales. Seguidores de Polanyi matizan el problema, al afirmar que antes de la aparición de la sociedad de mercado, las economías estuvieron siempre insertadas en relaciones sociales: pero con la emergencia de la sociedad de mercado, la situación se invirtió y el mercado se volvió dominante (Block 2003: 282).
Ante tan intensa discusión de la determinación de la producción económica sobre las relaciones sociales. Las particularidades informales que interrelacionan simbólicamente los momentos societal y productivo de un grupo cultural específico han sido poco estudiadas, Por ello describiremos algunos vínculos culturales sustantivos entre la vida laboral y la vida familiar de los telefonistas de Santiago Tzapotitlan.
Tras la urbanización del pueblo, se hubiera esperado la declinación de las fiestas patronales. Pero en el caso estudiado los festejos se expandieron, ya que el sistema de cargos responsable de su celebración, refuerza los lazos y el capital social de las familias, incluidas aquellas que han sido beneficiadas por el monopolio del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana sobre el mercado laboral de TELMEX.
Los telefonistas de Santiago Tzapotitlan
Los campesinos de Santiago Tzapotitlan, un pueblo ubicado al sur de la Cuenca de México, donde se hablaba náhuatl hasta 1940 se incorporaron a empleos industriales, alrededor de 1924, especialmente en el tendido de la red subterránea telefónica de la Ciudad de México. Primero en la empresa sueca Ericcson y luego en Teléfonos de México (TELMEX). Según Rosalío Morales Ríos, ex-miembro del comité ejecutivo del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana (STRM) y anterior Coordinador Territorial de
Tzapotitlan, unos mil quinientos jefes de familia de la comunidad son telefonistas.
como a la explotación de las canteras para la venta de piedra y a su alquiler como peones vaqueros, agrícolas o sirvientas, al servicio de los ricos y del patrón de Tzapotitlan.
La cercanía de la ciudad ofrecía la oportunidad de asignar de manera parcial o temporal el trabajo de algunos integrantes de la familia campesina a trabajados asalariados en la urbe. Pero fue hasta que telefónica Ericsson requirió el empleo temporal de trabajadores baratos y descalificados para canalizar su red subterránea, cuando se aceleró el abandono de las tareas campesinas en Tzapotitlan. Proceso que se inició a finales de la década de 1930 y culminó en la de 1980, cuando se vendieron como lotes las parcelas de lo que fue el ejido.
En tiempos de la Ericsson, los telefonistas pioneros consiguieron empleo para familiares y paisanos en la telefónica, gracias a la costumbre campesina de trabajar duro y corresponder a los favores recibidos. Con base en ello llegaron a contar con una presencia decisiva en los centros operativos telefónicos al sur de la zona metropolitana de capital mexicana.
Cuando los telefonistas de Tzapotitlan conseguían su contrato permanente de
planta, con un ingreso garantizado y seguridad social la producción campesina pasaba a un segundo lugar en el ingreso familiar y la choza campesina dejaba su lugar a una vivienda moderna de mampostería, pero conservando el altar familiar y la cocina de humo. En lo que fueron los establos ahora se estacionan camionetas de TELMEX. Sin embargo, pese al empleo permanente, los telefonistas de Tzapotitlan continuaban su labor en la milpa los fines de semana, con el apoyo de sus hijos y otros miembros de la familia extensa, hasta que llegó el momento en que abandonaron las milpas ante la inundación de su ejido y el robo de la cosecha por parte de los precaristas avecindados en la localidad. A pesar de ello, hoy día, algunos telefonistas ya jubilados, cultivan sus tierras, no tanto como actividad económica, sino por el placer de comer tortillas hechas a mano por su mujer, pues ellas sólo aceptan echarlas si es con maíz cosechado por sus maridos.
Sin embargo, la descampenización 1 no logró transformar en asalariados a todos los integrantes de las familias del pueblo, por dos motivos: primero, porque conservan la propiedad de tierras. Aunque fraccionaron las parcelas ejidales para urbanizarlas, las
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familias atesoran algunos lotes en lo que fue el ejido y pequeñas propiedades en las faldas del volcán Xaltepec; por lo que no se puede decir que sean proletarios desposeídos de todo aquello que no sea su mano de obra. Algunos de esos antiguos campesinos, abrieron pequeños negocios informales con el dinero obtenido por las ventas del suelo y edificaron casas en sus generosos lotes, que van subdividiendo entre sus descendientes.
En segundo lugar, como ya es cada vez más difícil conseguir una plaza en Teléfonos de México o en cualquier otro empleo formal en la ciudad de México, muchos de sus descendientes no han logrado integrarse a la aristocracia obrera ni a otras capas de asalariados. Estos trabajadores, muchos de ellos jóvenes recién egresados de las universidades, que no han logrado insertarse en el mercado laboral subsisten realizando actividades de carácter mercantil simples, en la economía informal o desempeñando empleos precarios y temporales en los servicios. Este fenómeno se ha incrementado tras la privatización del corporativo ya es muy difícil conseguir una plaza laboral. Hoy día la modernización digital elimina puestos laborales y las escasas plazas ofertadas demandan estudios tecnológicos, de manera que en la actualidad, son escasos los hijos de telefonistas que logran un contrato.
El mercado interno de trabajo en TELMEX es monopolizado por el sindicato, el cual a través de sus estatutos privilegia a los familiares de sus afiliados en la contratación de personal para la empresa. Alrededor de la empresa se estructuraron dinastías familiares de telefonistas que acostumbran intercambiar trabajo y lealtad, a cambio de empleos y otros favores (cfr. Adler Lomnitz 1994). Es decir, las relaciones de parentesco en la comunidad se enredaron con las relaciones clientelares al seno de la empresa.
La dirección del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana es reconocida como una de las más democráticas del país, pero al mismo tiempo, suele premiar a sus simpatizantes y castigar a los opositores. Los líderes gremiales controlan los permisos para ausentarse de las labores, los prestamos a bajo interés para comprar auto o vivienda, e intervienen en la promoción del personal. Determinan cuáles trabajadores pueden recomendar a un familiar o amigo para cubrir una vacante y agilizan o retrasan los trámites administrativos en TELMEX, dependiendo de la lealtad del trabajador (Dubb 1992: 24).
enumeraron cada uno de los hogares ubicados en esa avenida principal, obteniendo un universo de 108 viviendas. Después se aplicó un cuestionario cerrado obteniendo los siguientes resultados:
a) En los 94 domicilios que se pudieron censar, se localizaron 102 telefonistas activos y 43 jubilados.
b) Los telefonistas activos se distribuían así entre las distintas áreas-tronco de TELMEX: un 57 por ciento laboraban en la Planta Exterior, un 13 por ciento en Comercial, 25 por ciento en Conmutación-Transmisión y otro 5 por ciento en Tráfico
c) El 86 por ciento de los entrevistados mencionó que sus familias eran originarias del pueblo.
En el Centro Operativo Culhuacan de la Planta Exterior laboran 139 telefonistas; 55 de ellos son originarios de Tzapotitlan y 18 de Tlaltenco. Al analizar los apellidos de los telefonistas, en el Centro Operativo Culhuacan, encontré que Chavarría se repitió cinco veces como apellido paterno y tres como materno. También Martínez se repitió cinco veces como apellido paterno y cuatro como materno. Y el apellido materno Valdez lo compartieron cuatro telefonistas. También localicé tres parejas de hermanos que laboran en el mismo centro, tanto así que en uno de los casos, los hermanos compartieron hasta la misma antigüedad en su categoría laboral.
Por lo que se refiere a la fecha de su contratación, el 73 por ciento de los telefonistas originarios de Tzapotitlan fueron contratados antes de diciembre de 1990, fecha en que culminó la privatización de TELMEX. Los restantes ingresaron en la empresa telefónica después de su venta al capital privado.
En el Centro Operativo San Antonio Abad un 15.8 por ciento de los telefonistas de la Planta Exterior son originarios de Tzapotitlan, quienes incluyen entre los suyos, a sus paisanos de Tlaltenco y San Pedro Tláhuac, quienes representan el 6.3 y el 1.4 por ciento respectivamente. El total de telefonistas originarios de la región en el Centro Operativo de San Antonio Abad sumó el 23.5% del total. Estos pueblos forman parte de una sub-área cultural al sur de la ciudad de México, integrada por pueblos que hablaban náhuatl. El pueblo contiguo a Tzapotitlan es Tlaltenco y ambos celebran carnavales con comparsas de charros. Por lo que se refiere a San Pedro Tláhuac, la cabeza delegacional, la danza de Santiagueros de Tzapotitlan acostumbra ir a bailar a Tláhuac en honor a San Pedro y los tres pueblos montan ofrendas en la fiesta de Todos Santos y Fieles Difuntos.
En el Centro Operativo Zaragoza ubicado al oriente de la ciudad de México, sólo el 12 por ciento de los telefonistas de la Planta Exterior son originarios de Tzapotitlan. En otros centros operativos de Teléfonos de México, especialmente en la zona sur metropolitana de la ciudad de México, también laboran los originarios del pueblo y de la región.
Muchos jefes de familia del Tzapotitlan además de ser telefonistas, participan en un complejo sistema de mayordomías encargadas de celebrar a los santos patrones del pueblo, el Señor Santiago y la Señora Santa Ana. Además cooperan con las fiestas duales de Luces y Música, celebradas cíclicamente en los meses de febrero y julio. El sistema de cargos y mayordomías recrea a Tzapotitlan como una comunidad ilusoria2, frente a quienes no forman parte de ella. Hoy día, cuando los telefonistas originarios del pueblo se refieren a sus demás compañeros de trabajo, todavía hablan de la gente de México o del centro. Los consideran ajenos, pese a que el pueblo fue engullido por la megalópolis mexicana.
Los telefonistas pioneros.
Se dice que José Miramar fue el primer originario de Tzapotitlan que comenzó a trabajar en la compañía telefónica Ericsson. Cuentan que un sueco de la telefónica, el legendario ingeniero Beckman tenía problemas con los trabajadores de la ciudad, quienes no querían cavar zanjas, porque se inundaban con las lluvias. Cuando lo llevaron a pasear
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en trajinera, vio indios laborando en el agua y se le ocurrió salir a enganchar peones a la chinampería. Su contratación ofrecía dos grandes ventajas: Uno, aprovechar la oferta de mano de obra estacional que ofrecían las unidades de producción campesinas y dos, el bajo sueldo que podían aceptar estos peones, ya que contaban con el sustento de su producción maicera.
José Miramar recibió la invitación, fue a buscar el empleo en la ciudad y lo contrataron. Invitó a sus paisanos a laborar en la Ericsson como peones, cavando zanjas para introducir los ductos de la red telefónica. Un grupo de quince originarios, quienes laboraban como canteros en las minas se animó y aceptó la invitación, aunque desertó la mitad de ellos.
Don Aciano Cruz Chavarría fue de esos pioneros. Se sabe que se jubiló en 1964, al cumplir setenta años de edad, cuando había acumulado cuarenta de antigüedad, por lo que habría entrado a trabajar aproximadamente en 1924. Desde esa época debió comenzar la dinastía de telefonistas de Santiago Tzapotitlan. También se recuerda a Manuel Cruz y Porfirio Peña.
Estos primeros telefonistas se ubicaban en la Ericsson de la calle de Victoria, a la espera de que salieran a preguntar quién quería trabajo. Debían escribir su nombre para comprobar que sabían leer y los citaban para el día siguiente. Para ir y regresar a México, tomaban un autovía al pueblo en la estación ferroviaria, cuando no lo podían alcanzar se quedaban a dormir en la bodega de Parque Vía. El gerente les permitía reposar ahí, si cuidaban materiales y herramientas. La gente del pueblo por su tradición de reciprocidad aceptó y cumplió de buen gusto su doble jornada. El gerente quedó tan a gusto que les dijo:
- Traigan a otros de su pueblo, a mí me conviene gente que trabaja y en quien pueda
confiar.
llamado Peterson. Para tener contentos a los integrantes de su cuadrilla, Luciano Chavarría los convidaba cada año a comer en su casa de Tzapotitlan, con motivo de los festejos patronales.
Los campesinos del pueblo aceptaban con gusto el empleo eventual en la Ericsson, porque les permitía obtener un ingreso extra. Al mejorar su situación económica ya no fue necesario labrar la tierra, la esposa de Don Luciano, recuerda: - Como ya me alcanzaba el gasto, comencé a comprar el maíz y todo lo de comer. El salario derivado de un empleo permanente, les permitió prescindir de los ingresos campesinos, aunque la mayoría de las unidades domésticas de Tzapotitlan siguieron cultivando la tierra hasta que la urbanizaron o vendieron.
El hijo mayor de don Luciano, quiso seguir estudiando después de terminar los estudios secundarios. Sin embargo, su padre lo castigó pues soñaba que siguiera con la tradición campesina; y lo mando a picar zacate para su venta en Iztapalapa. A pesar de ello, el joven ingresó a la compañía telefónica.
La racionalidad urbana se impuso, sus otros hijos fueron a la universidad, estudiaron música, economía y química farmacéutica. En sólo dos generaciones ocurrió el cambio ocupacional en esta familia, de campesina a obrera y de telefonista a universitaria.
No todos los hijos de telefonistas tuvieron la suerte de los hijos de Don Luciano. Algunos de ellos, permitieron que sus hijos siguieran estudios universitarios, sólo si correspondían a alguna profesión que fuera útil para laborar en TELMEX. En muchos otros casos, los padres no les exigían a sus hijos ser buenos estudiantes, como ellos habían podido triunfar, al ser trabajadores de TELMEX, tan solo con saber leer, escribir y las operaciones aritméticas fundamentales, no se concebía a la educación como factor de ascenso social. Pocos previeron que el cambio tecnológico iría exigiendo cada vez más preparación académica a los aspirantes a ingresar a TELMEX.
El patronazgo del ingeniero Montenegro.
En diciembre de 1947 se fusionaron las antiguas empresas telefónicas Ericsson e
La siguiente generación de telefonistas de Tzapotitlan, siguió una ruta distinta a la de Don Luciano para ingresar a TELMEX, ya que se estableció una relación de patronazgo, entre el jefe de personal de Teléfonos de México y las familias de Tzapotitlan.
El poderoso ingeniero Montenegro, de quien se dice tenía pleito casado con el líder sindical, solía acudir cada medio año a las celebraciones del pueblo. Se dice que llegó a estimar tanto a las familias de Tzapotitlan, que las metía a laborar en TELMEX: - Claro que si querías entrar a trabajar, te tenías que arreglar mediante un dinero con Montenegro. Pero valía la pena el gasto por conseguir un empleo.
Montenegro acrecentaba su hegemonía como jefe de personal en TELMEX, al introducir más miembros de las familias de Tzapotitlan, cada uno quedaban obligado a serle fiel, ya que el favor del empleo lo convertía en su cliente. También incrementaba el poder frente al líder sindical y ganaba buen dinero. Como los telefonistas capitalinos envidiaban la suerte de los de Tzapotitlan metían la puya preguntando: - ¿Cuándo le van a poner el nombre del ingeniero Montenegro a una calle de su pueblo?
Aunque el contrato laboral sólo debe ser de interés del trabajador individual, la relación de patronazgo era entendida en Tzapotitlan como una deuda familiar de reciprocidad. Pese al carácter moderno de las relaciones productivas en TELMEX; en sus intersticios aparecían lazos informales como el patronazgo de Montenegro sobre los telefonistas, y la asignación de horas extras que se pagaban pero no se trabajaban; podemos decir que eran el lubricante que garantizaba el funcionamiento del sistema burocrático. El corporativo podía confiar en la intermediación de Montenegro con su personal para diluir conflictos. En otro país como Chile, el pago en dinero hubiera excluido toda posibilidad de una relación personal entre las partes (Adler Lomnitz 1994: 139), pero en Tzapotitlan la obligación de reciprocidad con Montenegro, aunque fuera a cambio de un soborno, exigía que lo siguieran invitando a sus festejos y a otorgarle lealtad en el corporativo.
Patronazgo y reciprocidad a la sombra de una economía de mercado.
capital, poder, empleo, información, lealtad política; y el modo como se articulan ya sea formal e informal.
En nuestro caso resulta de interés la pirámide laboral, pues tanto el personal de confianza de la empresa, como los líderes sindicales podían otorgar empleo y puestos de arriba hacia abajo; a cambio de una lealtad recíproca que los trabajadores industriales irradian de abajo hacía arriba. Cuando TELMEX era una empresa estatal, los trabajadores eran clientes de dos patrones, de la burocracia que administraba la empresa y de los cuadros sindicales. Con la privatización, el poder de la empresa ya no lo ejerce la burocracia estatal sino el personal de confianza, pero el sindicato mantiene el monopolio del mercado laboral. En México, se acostumbra que la dirección sindical conceda los mejores empleos a sus miembros más leales, propiciando la pasividad y despolitización entre los trabajadores. Hasta para gozar de las prestaciones que otorga la ley, el trabajador requiere el apoyo de su superior sindical (Adler Lomnitz 1994: 58). Como ocurre todavía en 2007 en los centros operativos de TELMEX donde los trámites para préstamos y los permisos o licencias se realizan gracias a la intermediación de los coordinadores y delegados sindicales, por lo que sigue creciendo la deuda de lealtad de los trabajadores.
Estatuto sindical y empleo familiar.
Pérez Lizaur (1994: 13-14) distingue dos tipos de relaciones en las empresas: Las formales sancionadas por la ley a través de contratos, donde se defienden los derechos y
obligaciones de las partes. Y las informales como el parentesco y las redes de afinidad que
interactúan con las primeras. El artículo 13 de los estatutos del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana (STRM 1983: 7) fue el vaso comunicante entre las relaciones laborales formales e informales en TELMEX, pues garantizó un trato preferencial en la obtención de un empleo en TELMEX y sus filiales. En él se estipula la posibilidad de dar plazas a los deudos en primer grado de los trabajadores fallecidos; a los hijos de los telefonistas jubilados; a los hijos de los miembros activos permanentes o en receso y a los familiares en primer grado de los telefonistas en general.
sistema formal. Los sindicatos se transformaron en asociaciones defensivas que
colaboraban con el aparato estatal para conservar las plazas de los trabajadores para sus
familias inmediatas (Adler Lomnitz 1994: 261).
El artículo 13 condicionó el acceso al contrato laboral, a los parientes de sus agremiados. Así apareció un híbrido, es decir, un reglamento formal que institucionalizó lo informal. El STRM tendió así el puente que interconectaría la pertenencia de las familias de Tzapotitlan con la obtención de un empleo garantizado y bien remunerado en TELMEX; que hoy día son de los mejores en México. En el pueblo lo toman a broma:
-Cuando en Tzapotitlan nace un niño, antes de presentarlo al registro civil, lo llevan al
sindicato de telefonistas para sacarle su pre-solicitud...
Telefonistas y mayordomos en el linaje De la Rosa Martínez.
De acuerdo con las tesis de la modernización, las relaciones de parentesco se debilitan con la industrialización. Sin embargo la experiencia de los telefonistas de
Tzapotitlan indica que esto no ocurre de un momento a otro. El cambio se da paulatinamente, puede ocurrir que las funciones del parentesco se ajusten al cambio tecnológico, de acuerdo a las necesidades de las familias. Para comprobarlo, analizaré las relaciones de parentesco de dos familias de telefonistas. Su estudio da cuenta de la manera en que se fueron tejiendo redes de compromiso y reciprocidad al introducir a parientes de los trabajadores en TELMEX, así como de la manera en que esto ha cambiado a partir del cambio tecnológico. La información también da cuenta de la importancia de participar en las fiestas patronales del pueblo como mayordomos.
La red de parientes de Ana María Martínez
Ana María Martínez originaria del pueblo, fue hija de Cresencia Martínez e Hipólito Martínez, ella tuvo tres hermanos telefonistas: Marcos, Armando y Julio (Genealogía, fuente: investigación propia).
Su hermano Marcos tuvo cuatro hijos varones y cinco mujeres, pero ninguno fue telefonista. Armando se casó con Paula y tuvo nueve hijos; tres de los cuales, Arturo, Noe y Miguel también laboran en TELMEX. Los tres hijos de Julio y Margarita: Guillermo, Santiago y José lograron tener su plaza en la empresa telefónica.
heredaron el empleo en Teléfonos de México. Su hija Verónica está casada con Julio, quien por supuesto trabaja en la compañía telefónica. Sólo su hermano Arturo no está adscrito a TELMEX. Socorro la otra hermana de Ana María tampoco tiene esposo ni hijos telefonistas.
Ana María Martínez contrajo matrimonio con Agustín de la Rosa y tuvo cinco hijos hombres. Cuatro de ellos: Magdaleno, Margarito, Agustín y Gabriel laboran en TELMEX, pero Leonardo no tuvo esa suerte. Sus tres hijas no tienen ni esposos, ni hijos telefonistas.
Magdaleno De la Rosa Martínez, además de ser telefonista ha cumplido con el cargo de mayordomo. Tuvo dos hijos varones quienes han seguido sus pasos, tanto en TELMEX como en las mayordomías de los festejos patronales en Tzapotitlan.
Margarito de la Rosa Martínez tuvo seis hijos y dos hijas. José Luís, uno de los varones labora en Teléfonos de México y ha cumplido con el cargo en la mayordomía. Esta familia respeta los derechos de sus hijas: Gabriela es de las pocas mujeres del pueblo que ha heredado una plaza en la compañía telefónica. Margarita también ha roto el mito sexista de que el cargo de mayordomo sólo es para los hombres. Felipe no es telefonista, pero cuenta con el prestigio de haber sido tesorero de la mayordomía. Agustín otro de los hijos de Margarito que ha sido mayordomo, tampoco es telefonista.
Leonardo de la Rosa Martínez no es telefonista, pero sí ha cumplido con su deber en la mayordomía. Su hija Ana María es telefonista y mayordoma. Margarita, Benjamín y David han sido mayordomos, pero no laboran en TELMEX.
Agustín de la Rosa Martínez tiene tres hijas y un hijo. Rocío y Javier han seguido la tradición de cumplir con el cargo de la mayordomía, pero no tienen relación con la empresa. Gabriel de la Rosa Martínez, otro de los hijos telefonistas de Ana María, también ha cumplido con la mayordomía.
operadora telefónica, la mayoría de las familias del pueblo han preferido otorgar la plaza al yerno, para que cumpla con su función de proveedor.
En lo que se refiere al cumplimiento del cargo de la mayordomía, sólo tres de los cinco hijos de Ana María aceptaron el cargo, dos de ellos son telefonistas. En cambio doce de sus nietos, cuatro de ellos mujeres y ocho hombres, han sido mayordomos; uno de ellos destacó como tesorero de la mesa directiva de la mayordomía. Se pude apreciar que la generación de los nietos ha participado más en las mayordomías para buscar prestigio, que la de los hijos de Ana María. Como hemos comentado, las mayordomías de las fiestas de Luces y Música de Tzapotitlan en lugar de inhibirse por la incorporación de los vecinos a empleos urbanos, se ha expandido gracias a los salarios urbanos. Sin embargo, entre los nietos comprometidos con las tradiciones del pueblo, apenas tres varones y dos mujeres laboran en TELMEX.
CRESENCIA
MARTINEZ HIPÓLITO MARTINEZ
MARCOS TELMEX
OFELIA ARMANDO TELMEX PAULA ELOINA MARGARITA SOCORRO MIGUEL SARA CHELA MARTHA CLAUDIA SAUL CARLOS PANCHO GUILLE ARTURO TELMEX LILIA JULIO ARIEL DANIEL VERONICA S.D . JULIO TELMEX FERNANDO TELMEX LILIA VALENTIN FABIOLA ALEJANDRO TELMEX ANA EMMA HUGO LUIS FERNANDO ARTURO MARIA LUISA GABINO ALMA ANA CRISTINA JUAN CARLOS MIGUE L GABRIELA MARLEN ANA KAREN CRISTIAN
MARIBEL MIGUEL TELMEX EDITH EDITH ISRAE L ROGELIO OSCAR ANGELICA JESUS CARLOS JAVIER LUIS
*
ANAMARIA MARTINEZ EGO ITZEL JOSE TELMEX GUILLERMO TELMEX JULIO
TELMEX PEDRO
TELMEX ELIA NOE TELMEX
SANTIAGO TELMEX
JESUS CRISTIA N VANESA ANA MARIA MARTINEZ AGUSTIN DE LA ROSA ALFONSO MAGDALENO TELMEX MAYORDOMO FRANCISCO TELMEX MAYORDOMO VICTOR TELMEX MAYORDOMO GABRIELA TELMEX
JOSE LUIS TELMEX MAYORDOMO ULISES CARLOS LOURDES FERNANDO ROSARIO JUAN C. MARGARITA MAYORDOMA LORENZA MAGDALENA MARGARITO
TELMEX AGUSTIN MAYORDOMO ARTURO FER S.D. OSCAR RODRIGO BEBE BEBE ZULEIMA ASTRID ELIZABETH PATY S.D. S.D. ANTONIETA VERONICA JUAN ALEXIS GERMAN S.D. ALFONSO S.D. JUAN MARISOL
YOLANDA FERNANDO
CARLOS MARISELA TOÑO JOSE L. ALE ALE JUANA ALEJANDRA EDGAR RENATA GUILLERMINA S.D. S.D. JOSEFINA MIGUE L
SAMANTHA MIGUE L JAIME PATY ALBERTO LETICI A ALEJANDRO MARILU MIGUEL GUADALUPE BRYAN YESSICA DIEGO IRMA VICTOR S.D. LUIS HUGO FELIPE TESORERO MAYORDOMO ANGEL RAFAEL ALEJANDRA GUADALUPE
MARIANO FELIPE
EVA
CUAUHTEMOC
IVAN IVONN E MARY BALAM MARIA JULIAN LUPE SANDRA BEBE JULIO JUSTIN YORICO S..D. S.D.
*
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GABRIEL TELMEX MAYORDOMO VIRGINIA LEONARDO MAYORDOMO AGUSTIN TELMEX
ANA MARIA TELMEX MAYORDOMA
EDUARD O
CINTHYA BEBE
MIGUE L
BEBE MIGUE
L BENJAMÍN MAYORDOMO
FRANCISCA
ANGELICA
DAVID
MAYORDOMO
PATY
ANA KAREN
MARGARITA
MAYORDOMA LALO
SARA
ROCIO MAYORDOMA
JESUS
LAURA CRISTINA
SANDRA
JAVIER MAYORDOMO
SILVIA
ANA SILVIA LUCIA
ILIANA MONICA
: MAYORDOMO : MUJER
MATA
RIMO
NIO
: HOMBRE
: MATRIMONIO
: HIJA
: DIFUNTA
: TELEFONISTA
: TELEFONISTA Y MAYORDOMO SIMBOLOGÍA
Gráfico 2.
Telefonistas o mayordomos de la familia Martínez por generaciones.
Generaciones Hombres
de la
familia
Hombres de la familia
telefonistas
Porcentaje telefonistas de la familia
Hombres de la familia
mayordomos
Porcentaje mayordomos de la familia 1ª. Generación
(jubilados)
3 3 100% 0 0%
2ª. Generación (maduros)
23 12 52.17% 3 13.04%
3ª. Generación (jóvenes)
26 3 11.53% 8 30.76%
Fuente: investigación propia.
Como se puede apreciar el porcentaje de telefonistas de la familia Martínez diminuyó de una a otra generación, pasado de un cien a un poco más del once por ciento, aunque se multiplicó más de siete veces en números absolutos. En cambio el porcentaje de mayordomos que fue inexistente para la primera generación, se elevó en la segunda y la tercera hasta alcanzar más del treinta por ciento de participación.
La red de parientes de los Pichardo
Distinto es el caso de otra red familiar donde los estudios profesionales fueron orientados a la telefonía. Doña Antonia Pichardo, ama de casa originaria de Tzapotitlan y comerciante de ochenta años, se casó con Silvino Cruz de ocupación telefonista, quien falleció a los sesenta años. Como ocurrió con otros miembros de su generación, la pareja sólo estudió hasta el cuarto año de primaria. El matrimonio tuvo dos hijos que murieron a corta edad, Miguel Ángel a los seis meses y Francisco al año y medio.
La mayor de los hijos sobrevivientes Florentina Cruz Pichardo fue secretaria en Teléfonos de México y ahora disfruta su jubilación a los sesenta años. Tras su matrimonio con Agustín tuvieron tres hijos varones: Arturo es un abogado de 36 años; Arcelia licenciada en Relaciones Internacionales de 32 años dedicada al hogar y casada con Federico, un ingeniero electrónico de 34 años quien labora en TELMEX y Agustín que a sus 28 años es maestro de inglés. Federico como ingeniero de la empresa es la envidia de los vecinos y compañeros de trabajo.
como diseñadora de modas en una fábrica de ropa y Rodrigo agente de ventas que estudió hasta la preparatoria y tiene 26 años.
Rosa María Cruz Pichardo, la otra hija de Doña Antonia a sus 55 años se dedica al hogar, está casada con Andrés de 57, quien trabaja en seguridad bancaria. Sus hijos son Francisco, un administrador público de 30 años encargado de las relaciones públicas en una empresa bancaria, casado con Guadalupe una ingeniera en computación de 30 años, dedicada al cuidado de Jimena, su pequeña hija de 10 meses. Miguel Ángel estudió en el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica, tiene 27 años y trabaja como agente de ventas. Rosa María también es madre de Rosario, una licenciada en economía que a sus 26 años se dedica al hogar, vive con su esposo René quien es un auxiliar de contabilidad, un año mayor que ella. Vianney de 23 años estudia el bachillerato y computación. Paola con 21 años de edad es técnica en computación. Vianey tiene 23 años y estudió el bachillerato en computación.
Magdalena Cruz Pichardo tiene 50 años de edad y se desempeña como maestra. De su matrimonio con el doctor José Luís de 51 años tuvo dos hijos. José Luís un ingeniero en Telecomunicaciones de 26 años y la contadora pública Aura Elena de 23.
Misael Cruz Pichardo heredó el empleo telefónico de Don Silvino, cuenta con 47 años y estudió hasta la preparatoria, contrajo matrimonio con María Teresa quien estudió la secundaria y se dedica al hogar a sus 40 años. Uno de sus hijos también se llama Misael, quien estudió hasta la preparatoria y tiene 25 años; Thalía de 22 años licenciada en administración de empresas por la universidad tecnológica y alumna del noveno semestre de derecho en la UNAM; Denisse estudió preparatoria y es interprete traductora, a sus 20 años.
El último hijo de doña Antonia es Erasmo Cruz Pichardo telefonista con una carrera universitaria trunca. A sus 40 años está casado con Olga Alemán de 34 años quien tampoco pudo terminar su licenciatura. Ambos son padres de Aurora una estudiante de preparatoria de 16 años y del pequeño Silvino de 10 años alumno de primaria.
académico está orientado a la computación, las telecomunicaciones, la traducción y la administración, todas ellas carreras útiles para Teléfonos de México (ver gráfico 4).
Algunos telefonistas de Tzapotitlan me han consultado sobre donde podían estudiar sus hijos comunicación, electrónica, computación o administración, ya que todavía aspiran a conseguirles empleo en la empresa, aunque los jóvenes tengan otra vocación. Por eso hay una gran cultura digital en Tzapotitlan. No es raro que mientras la abuela prepara tlapiques
en la cocina de humo, el nieto converse por el chat de Internet, en el estudio de la moderna residencia adjunta. Algunos jóvenes capacitados en telecomunicaciones, que ya no consiguen ingresar al corporativo, laboran en la televisión de cable, en filiales telefónicas que los contratan de manera precaria y en empresas de telefonía celular que compiten con TELMEX.
Discusión
La comparación de estas dos redes familiares permite apreciar que actualmente debido a la modernización digital y a los incrementos en la productividad, TELMEX cubre muy pocas de las vacantes generadas por la jubilación de los viejos telefonistas sindicalizados. A eso se debe que las redes de transferencia de empleos no se extendieran hacia las generaciones inferiores. Fue la generación de hermanos y cuñados cuya edad gira alrededor de los cuarenta años más o menos, quienes lograron un empleo de planta en Teléfonos de México. Entre la generación de los nietos de los fundadores, son escasos los jóvenes de entre 20 y 30 años, con plaza en TELMEX. La sub-contratación de los servicios telefónicos digitales hacia empresas no sindicalizadas, bloquea la expansión transversal en las redes familiares de los telefonistas del pueblo y de los telefonistas en general. Las redes familiares de empleo rastreadas en las genealogías de las dinastías telefonistas de
Tzapotitlan siguieron esta lógica:
a) Los pioneros colocaron a hijos, parientes y vecinos en la compañía telefónica. Y estos pasaron transversalmente los empleos a algunos de sus hijos.
b) Después las redes crecieron longitudinalmente incluyendo a hermanos, cuñados, primos y concuños.
aunque cuenten con una calificación laboral superior que coincide con el perfil del consorcio.
d) La tendencia señala que en paralelo a la declinación del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana, aparentemente las redes familiares de empleo telefónico en
Tzapotitlan se irán diluyendo.
Como no todos los hijos de los jubilados obtuvieron una plaza de telefonistas, sus ingresos difieren y generan desigualdades. Por la disimilitud social, la vecindad inmediata en el predio común de la parentela y lo cercano de la relación de parentesco se generan envidias al seno de la familia extensa. El hijo desempleado sabe que pudo haber tenido la plaza de TELMEX, si su padre no hubiera entregado la pre-solicitud al hermano mayor.
Llegar a bordo de la camioneta de la empresa, al predio familiar donde colindan las viviendas de todos los hermanos, dota de prestigio al telefonista, lo señala como triunfador. Estas envidas no llegan a la ruptura familiar, pues son desplazadas durante las fiestas, por la alianza de familias nucleares vecinas y emparentadas agrupadas en la mayordomía local, en continua competencia por el prestigio de organizar los eventos festivos más ostentosos.
Antes de la privatización, si un joven de Tzapotitlan contaba con la suerte de que un pariente trabajara en Teléfonos de México, tenía su futuro asegurado, lo mismo ocurría con los esposos de las hijas de telefonistas. Si alguien no tenía un pariente sindicalizado, podía alcanzar el parentesco ritual con un trabajador mediante el compadrazgo. Mintz y Wolf (1950: 94) definen al compadrazgo como una relación que se establece entre individuos, a través de su participación en el ritual del bautismo católico. A partir de ese momento la pareja que patrocinó al bebe para ingresar a la comunidad católica y sus padres, son parientes espirituales o compadres.
En Tzapotitlan el compadrazgo no sólo convenía a quienes necesitaban un empleo. Conseguir de compadre a un funcionario sindical, un jefe o un ingeniero de TELMEX, también era una aspiración para los telefonistas en activo. Representaba la posibilidad de desenvolverse con éxito en la carrera laboral o de conseguir empleo a los hijos.
telefonista debía requerir la pre-solicitud a su delegado sindical o a algún líder que conociera. Ya con la solicitud en la mano, el aspirante presentaba un examen de admisión. Como TELMEX esquivó los posibles obstáculos sindicales a su privatización, respetando el monopolio gremial sobre el mercado de trabajo interno, el mecanismo clientelar sindical de contratación subsiste. Pero ya casi no se puede recurrir al él, porque la empresa ya no ofrece plazas, que sustituyan a los jubilados o de nueva creación.
Todos los telefonistas originarios reconocieron durante las entrevistas, algunas veces con dificultad, que obtuvieron la deseada pre-solicitud para TELMEX gracias a la ayuda de sus padres, tíos, primos o cuñados.
Al ingresar de manera clientelar, el nuevo empleado quedaba en deuda de reciprocidad y lealtad: a) ante su pariente telefonista, b) ante el sindicalista que lo había recomendado y c) ante el administrador gubernamental de la empresa. Tres corporaciones solían usufructuar el mercado laboral interno de la empresa paraestatal: las familias extensas de Tzapotitlan, el sindicato corporativista y la burocracia que administraba a TELMEX. El telefonista que conseguía el empleo para su pariente, ganaba el aprecio y respeto dentro de su familia extensa. Ambos quedaban en deuda ante el líder, quien todavía suele reclamar el pago del favor en momentos críticos como: asambleas, conflictos y elecciones. Por si fuera poco, el nuevo telefonista quedaba obligado a mantener el buen nombre de la familia al seno de la empresa. Tampoco debía dar problemas a la burocracia de la paraestatal. Aunque ahora la empresa es privada, el mecanismo subsiste, sólo que el corporativismo sindical se ha atenuado por lo escaso de los empleos y la burocracia devino en personal de confianza que debe competir con eficacia para conservar su posición.
pueden encontrar en TELMEX originarios del pueblo que son gerentes, ingenieros o contadores.
Los telefonistas chilangos u citadinos, critican a los de Tzapotitlan. Dicen que por
lambiscones, tienen más posibilidad de llegar a ser jefes auxiliares. Pero los originarios argumentan que los prefieren por no tenerle miedo al trabajo. Un indicador de la buena relación de un telefonista con el personal de confianza, es que le presten la camioneta de TELMEX para regresar a su casa y en las calles del pueblo es común verlas estacionadas, aunque en los últimos años ha disminuido su presencia.
Interrelaciones entre TELMEX y Tzapotitlan.
Como discutimos en la introducción, la existencia misma de los telefonistas originarios transcurre básicamente entre dos momentos: el de su vida laboral en los centros operativos de TELMEX y el de su vida familiar en Tzapotitlan.
En las entrevistas, los telefonistas mencionaron ciertas articulaciones entre la vida cotidiana en Tzapotitlan y el proceso laboral en TELMEX. Por ejemplo, las expresiones de ayuda mutua hacia los paisanos que atraviesan alguna dificultad en TELMEX, las cuales pueden llegar hasta la complicidad. Como por ejemplo, el caso de los conflictos que genera la asistencia al trabajo en estado de ebriedad. Así como las envidas que se desatan entre ellos y los chilangos, por la escasez de empleo y la disputa de la promoción al cargo de jefe auxiliar. Además de imponer a sus hijos el estudio de licenciaturas universitarias acordes con el mercado laboral de la empresa. O el prestigio que implica llegar a bordo de una camioneta de Telmex a Tzapotitlan.
Para los telefonistas, la administración estatal en TELMEX fue una época de oro. Jefes y supervisores aprobaban pagos a los sindicalizados por horas extras no laboradas, a fin de ganar la voluntad de sus subordinados. Amigables convenios sindicales convenidos con la administración burocrática y que permitían que los trabajadores se negaran a realizar ciertas labores, alegando que no estaban descritas en el puesto de trabajo pactado, con la consecuente mengua de su rendimiento y en el servicio telefónico ofrecido.
Por ello, la empresa estatal prestaba un servicio telefónico deficiente, que propiciaba reparaciones e instalaciones tardadas y deficientes. En estas condiciones el abonado prefería buscar por su cuenta un telefonista y pagarle un soborno a cambio de una compostura informal, acción llamada guajolote por los telefonistas. En Tzapotitlan los familiares del novio todavía acostumbran ofrendar un guajolote a los padres de la novia, en reciprocidad por haber entregado su hija en matrimonio. Por ello, al soborno pagado al telefonista por una reparación informal, no se le dice mordida como acostumbran decirle los chilangos en Ciudad de México, sino que se le nombra guajolote.
Desde la óptica del clientelismo, es fácil entender las ventajas que obtienen los telefonistas originarios de invertir tantos esfuerzos y dinero en las cada vez más ostentosas Fiestas de Luces y Música de Tzapotitlan. Durante la celebración a los santos patrones ocurren dos tipos de festejos de manera simultánea: el banquete familiar y la fiesta del pueblo. En los hogares telefonistas, los patios se cubren de lonas, se alquilan mesas y sillas portátiles cubiertas de blancos manteles, para agasajar a los invitados: patrones, clientes, sobrestantes, ingenieros, líderes sindicales y familiares. Es la manera en que el anfitrión afirma sus lazos clientelares, dentro de la empresa, el sindicato, el pueblo, los amigos y la familia extensa. También es buen momento para solicitar un favor al patrón u otorgar algo a los propios subalternos. El plato extra de comida o itacate ofrecido al retirarse de la fiesta, refuerza la deuda de reciprocidad de los comensales, que cuando sea necesario y posible, puede pagarse con una pre-solicitud, un mejor puesto o una licencia de construcción.
En conclusión.
los telefonistas de Tzapotitlán conseguir puestos laborales para sus familiares, así como escalar la jerarquía laboral en Teléfonos de México.
La trascendencia de las familias ampliadas en Tzapotitlan, provenía del derecho paternal a decidir sobre la herencia de la tierra. Al abandonar las labores campesinas, el poder de la familia derivó en su derecho a heredar las plazas en TELMEX. En la actualidad, la disputa por el prestigio dentro de un complejo sistema dual de mayordomías competidoras; renueva y fortalece los lazos de apoyo mutuo al seno de las unidades domésticas familiares frente a otras familias en tanto rivales simbólicos.
Tras la reestructuración digital de TELMEX, cada vez son más escasos los empleos en el corporativo y el poder de las redes familiares poco a poco se diluye. Así Tzapotitlan
tiende a dejar de ser un pueblo de telefonistas, a pesar de los esfuerzos por formar a las nuevas generaciones con perfiles técnicos útiles para TELMEX. Algunos jóvenes, con una calificación profesional universitaria orientada a las telecomunicaciones, exploran otros caminos en las empresas subsidiaras del corporativo y en las compañías de televisión por cable o telefonía celular que compiten con TELMEX. Esto ha implicado trabajos con prestaciones y remuneraciones menores a las que ofrecía el contrato colectivo del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana, pues son contratos son precarios.
Ante esta situación, acostumbran recurrir a los recursos, relaciones y oportunidades de su familia ampliada, para desplegar diversas actividades de tipo mercantil simple, como el servicio de bici-taxis o el alquiler de mobiliario para banquetes, etcétera, que les permiten afrontar con diversa eficacia, la competencia aguda de la economía globalizada.
Por lo que se refiere a las interrelaciones entre la vida de los telefonistas en
Tzapotitlan y en los centros operativos de Teléfonos de México destacaron algunas tan simbólicas como el denominar guajolote a los sobornos pagados por los usuarios a cambio de una reparación informal de su línea telefónica, en alusión al nombre que recibe el tradicional pago de la novia en el poblado. O como la eficacia del banquete ceremonial ofrecido en el hogar familiar, para sellar alianzas de intercambio de recursos entre patronos y clientes, del pueblo y/o de la ciudad.
culturales de los originarios de Tzapotitlan, como el complejo sistema de mayordomías, los festejos patronales y las llamadas danzas Aztecas en lugar de declinar, se encuentren en franca expansión.
Según relatan los originarios, en cuanto comenzaron a recibir salarios urbanos, se incrementó su voluntad de sufragar los gastos de las mayordomías, encargadas de celebrar a sus santos patronos; esperando obtener su piadosa indulgencia y el reconocimiento terrenal de sus paisanos.
Ante el acecho de la modernidad las Fiestas de Luces y Música con sus vistosas danzas Aztecas y el Encendido del Fuego Nuevo se hacen cada vez mas ostentosas. El intercambio ritual entre la mayordomía que deja el cargo y la mayordomía que lo recibe, así como otros detalles, como el intercambio casa por casa de las frutas colocadas en la ofrenda durante los Días de Muertos, recrean a Tzapotitlan como una comunidad ilusoria organizada alrededor de la reciprocidad, a pesar de las crecientes desigualdades internas dentro el entorno urbano.
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