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,

¿CUAL

DEMOCRACIA?

Por Carlos Pereyra

....

E

n su introducción aLademocraciaen América,Tocqueville señaló que "es necesario una ciencia política nueva (para) un mundo enteramente nuevo" (DA,34)*. Elimpacto del texto de Tocqueville desde la fecha de su publicación hace precisamente siglo y medio y de manera casi ininterrumpida hasta nuestros días,sugiere la medida en que su propio tra-bajo contribuyó a satisfacertal necesidad.En efecto, desde que apareció la mencionada obra fue entusiastasu recepción y de inmediato hubo quienes consideraron que abría una nueva época en la ciencia política. John Stuart Mili, por ejemplo, escribió:" (es) e! primer libro filosófico jamás escri-to sobre la democracia tal como se manifiesta en la sociedad moderna; un libro cuyas doctrinas esenciales no es probable que subvierta ningunaespeculación futura, cualquiera sea el grado en que pueda modificarlas,pues su espíritu yel modo general como trata el asunto hacen de él el comienzode una nueva era en la ciencia de la política?'. .

Más allá de si e! pensamiento de Tocqueville constituye un hito en la historia de esta disciplina,cabe preguntar en qué consiste la radical novedad de la configuración de! mun-do. ¿Por qué cree Tocqueville asistir al surgimiento de"un mundo enteramente nuevo"? No se trata de una novedad que hubiese irrumpido en forma abrupta, sino que,como consigna e! mismo Tocqueville,"cuan do se recorren las pá-ginas de nuestra historia,no se encuentran,por decirlo así, grandes acontecimientos que desde hace setecientos años no se hayan orientado en provecho de la igualdad...los más di-versos incidentes de la vida de los pueblos se inclinanen fa-vor de la democracia" (DA,33). Aunque se trata de unfen ó-meno desplegado en un proceso de larga duración,había ter-minado por adquirir densidad suficiente como para confor-mar un mundo nuevo.La progresivay lenta igualación de las condiciones desembocaba,al cabo de siete siglos de continua expansión, en una profunda transformación de! mundo.

Eñ Europa e! proceso distaba todavía de su culminación; se encontraba muy por detrás del nivel alcanzando en Estados Unidos, pero al margen de cuál fuese e! grado de sustitu-ción en cada país de los siglos aristocráticospor los siglos demo-cráticos, lo cierto es que tal sustitución estaba en curso de modo universal e inexorable.Según Tocqueville,"el desa-rrollo gradual de la igualdad de condiciones es,pues,un he-cho providencial, y tiene las siguientes caracterlsticas: es

• (DA),Lademocracia ro ArnltUa,de Alexis de Tocqueville,ed, del FCE, México,1978,751 pp.

t. Citadoen PhillipsBradley,..A historica1essay"en DemocracyinAmnica,

Vintage Books, 1959.

universa l,durable,escapa a la potestad humanaytodos los acontecimientos,como todoslos hombres,sirven para su de-sarrollo" (DA,33). Así pues,hay oestá por nacerun mundo enteramente nuevo porque la tendenciaala transformación democrática se ha vuelto por completo dominante. "Una gran revolución democrática se palp aentrenosotros " (DA, 31),decía Tocquevilleen la introdu cción antes citada. La preocupación toda desusanálisis deriva en primerísimo lu-gar de sus creencias sobre el ascensoirreversiblede la demo-cracia.

Un modelo de sociedad democrática

No obstante lafuerteimpronta que tienen en Lademocracia en Américalas experiencias directasde Tocqueville durante su viaje a Estados Unidos,el valor teóricodelaobra no radi-ca tanto en sus descripcionesempíricas como en el modelo de sociedad democrática que se esfuerzaporconstruir. Toe-queville es conscientede elloyañosdespués subraya ba que "usando las ideas derivadas de la democracia norteamerica-na y francesa sólo como datos,intenté dibujarlosrasgos ge-nerales de las sociedades democráticas,delas cuales todavía no puede decirse que existe ningún espécimen completo" . Ahora bien, ¿de qué democraciase tra ta?Las referencias de! texto de Tocqueville traídasa colación bastan para advert ir que en su discurso democraciasignifica antetodo igualdad de condiciones. Prácticamente todoslos comentaristasindican la diversidad de sentidos que adquiere e!voca blo democracia en los distintos contextos en que lo emplea Tocqueville, pero sin ninguna duda e! sentido básico que perm eatoda su obra es e! que remite a cierto estado social cuyorasgo centra l es la igualdad. Si la democracia puede ser entendidacomo forma de gobierno será,en cualquier caso,como subproducto de su determinación esencial como estado de la sociedad .

La igualdad en cuestiónes bastante relati va,toda vez que el modelo tocquevilleano de sociedad democráticano supo-ne la desaparición de la propiedad,fuente-r-cornose sabe-de abismales sabe-desigualdasabe-des. La igualdad que Tocqueville atribuye al estado social emergente es consecuencia de la abolición de los privilegios característicos del feudalismo eu-ropeo."La igualdad social significa que ya no hay diferen-cias hereditarias de condiciones, y que todas las ocupacio-nes, todas las profesioocupacio-nes,todas las dignidades,todos los ho-nores son accesibles a todos'". Lo que sucede frentea la mi-rada de Tocqueville es e! hundimiento definitivo del régimen

2. Rayrnond Aran,Lasetapasdelpensamientosociológico,Ediciones Siglo Veinte,BuenosAires,1985.

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--aristocrático ylaconsiguiente desaparición de las formas de desigualdadpropias de este régimen. En tal.sentido esc~­

rrectosu señalamientodeque "el hecho particulary domi-nante quesingulariza a estos siglos (democráticos), .es la igualdad de condiciones yla pasión principal q~e agita ~~ alma en semejantes tiempos es el amor a esta Igualdad

(DA,464).Siglosymediodespuésresultaobvio que la desa-pariciónde ciertas formasdela desigualdadno garantizaba ni mucho menos laefectiva igualdadsocial que esperaba el optimista esquema deTocqueville.

El concepto de dem ocracia

Con independencia, sin embargo, del alcance real que tenga en un momentodadoel lento proceso de igualación de las condiciones, hay un problemaconceptual que debe ser resuelto. Elborrador delcapítulo dedicado al"estado so-cial de los angloamericanos" expresa con claridad los titu-beos de Tocqu eville en relación con el significado preciso del concepto democracia:"la democracia constitu yela situación social. El dogma de lasoberanía del pueblo (constituye) el derecho político.Estas dos cosas noson análogas. La demo-cracia eslamanera deser funda mental de una sociedad.La soberanía del pueblo (es) una forma de gobierno".Según este intento de precisiónconceptual,democraciano es un tér-minode lateoríapolíticapara caracterizaruna forma de go-bierno,sino un concepto dela sociología para caracterizar determinado orden social. Sinembargo, al trabajar tiempo después su propio borrador, Tocqueville acota al margen: "adviértase que nuncahayqueconfundir,en este capítulo, la situación socialcon lasleyespolíticasque se le derivan.La igualdad o desigualdaddelascondiciones,que son hechos, con la democracia ocon la aristocracia, que son leyes; volver a examinar desde este ángulo!".La disyuntiva es clara:el concepto se emplea para pensar una situación social de

3.Cita doen Ja mesT.Schleifer,Como nació"Lademocraciaen AmErica" de Tocqueoille,FCE.México,1984.

Foto:George Stro ck

igualdad o una forma de gobierno basada ental situación so-cial. Frente a esa disyuntiva, Tocqueville se decidió por la utilización del concepto en ambos sentidos.

Ello le confiere al término notoria equivocidad, pues una sociedad puede ser caracterizada como democrática porque alcanzó algún nivelde igualdad,aunque el despotismosea la marca fundamental en su forma de gobierno. No se trata de una ambigüedadexclusiva del discurso de Tocqueville,sino de una dificultad presenteen el uso del vocablo hasta nues-tros días. De tal modo que si "después de la publicación de la obra,los lectores siguieron cuestionando el empleo deso-rientador de ciertas expresiones claves, especialmente de la palabradémocratie"4, la desorientación prosiguehasta la fe-chaoDesde luego no se despeja por la vía de oponer democra-cia formal a democracia sustancial o distinguirdemocracia socialy

democraciapolltica.El mejorprocedimientopara acabar con ese empleo desorientador es disolver la ambigüedad y res-tringir dicho concepto a su utilización en teoría política, para pensar una relación peculiar de gobiernoy sociedad. En tal caso, por avanzado que esté el proceso de igualación social, sólo se dirá de una sociedadque es democráticasisu forma de gobierno cumple ciertas condiciones.

Ahora bien, reconocer en el discurso de Tocqueville el predominio de la connotación social en la palabra no signifi-ca desconocer que también le asignó connotación polítisignifi-ca. En efecto,además de identificar mediante ese vocabloel mo-vimiento histórico hacia la igualdad de condiciones,en di-versos lugares de su obra es nítidoel significadopolítico:d

e-mocracia es,entonces, ante todo el dogma de la soberanía del pueblo y la aplicación práctica deta~ dogma a ~ravés del principio de la mayoría en laformación del~obll~.tn~. De manera reiterada el término se desplaza del nivel SOCial al políticoy viceversa."Por un lado, la democraciae~~un esta-do social subyacente (caracterizaesta-do por la movilidad y el avance de la igualdad).Porotro, la democracia significaba

4. Schleifer.

Foto:GtIOrf/B Stroclc

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determinadasformas yleyespolíticas (talescomo el sufragio general,la libertad de asociación y otras libertades civiles, y unas estructuras para dar expresión a la voluntad de la ciu-dadanía)"5.

Tocqueodle frente a la tradición liberal

Nadie antes de Tocqueville se preocup ó por elaborar lo que podría denominarse modelo democrático.Sin embargo,esa elaboración está tal vez demasiado supeditada a su situación histórica y por ello determinaciones empíricas circunstan-ciales adquieren peso desproporcionado en la teoría. La ciedad democrática se concibe en estricta oposición a la so-ciedad aristocráticayde tal manera el tipo ideal de sociedad democráticaconstruidopor Tocqueville está quizá demasia-do ligademasia-do a ciertos antecedentes europeos específicos. Des-pués de todo, su discurso descansa en una idea de la historia según la cual la humanidad asiste a la "sustitución fatal de las sociedades aristocráticas, es decir,jerárquicas,por las so-ciedades democráticas, es decir, igualitarias?",Ello no le im-pide, en cualquier caso, realizar un trabajo pionero en la ciencia política, colocar la cuestión de la democracia por pri-mera vez en el centro de la atención y formular una teoría con aspiraciones de validez universal,no una mera descrip-ción empírica de tal o cual sociedad.

La ambigüedad del término obedecea razones poderosas.

Si Tocqueville forcejeó siempre con la multivocidad del vo-cablo sin encontrar una salida satisfactoria,ello se debe a las múltiples conexiones del fenómeno mismo.En efecto, la ten-tación de añadir cierta connoten-tación social a su connoten-tación política originaria, se entiende por la estrecha relación que hay entre condiciones sociales y forma de gobierno.Resulta muy atractiva la hipótesis de que una forma democrática de

S. Schleifer,p.296.

6.J.Cheva lie r,Losgrandes textospolíticos,Ed. Aguilar, Madrid,1962.

gobiernosólo esposibledadasdeterminadas condiciones so-cia lesy puedellegars e con facilida d a la conclusión de que democraciarefiere tantoaunas como aotra.Porelcontrario, es obvio que también puede ad mitirse lanecesidadde ciertas condiciones sociales par a que hay a gobierno demo crático, sin por ello desdoblar lasignificación deltérmino. Una con-ceptualización rigurosa no denominaríadem ocra ciaa lo que la teoría involucrada en esa conceptua lizac ión considera condición de posibilidad de la democracia.

En cualquier caso,másallá del planodelapulcritud con-ceptual,no haydudade que es imposibl e pensa r el problema políticodela democraciasin examinarlas circ unstancias so-ciales en que puede operar. Sien la obra de Tocquevillehay un modelo democráticoy no unasimpl edescrip ción de los mecanismo sde gobierno quemerecen esenombre,es preci-samente debidoa su preocupación por esta b lecer con minu-ciosidad que debe ocurrir en la estructura socia l para que esos mecanismos adquieranvigencia.Esta preocupaciónle permite abordar la cuestión democráti cade manera mucho más rigurosa que la tradición liberal, pues identifica pre-requisitos de los que ésta se había desent endido.La demo-cracia política no tiene viabilida d históricaen cualquier cir-cunstancia social y,en consecuencia ,un compromiso serio con ella (teórico o político) implica ir más allá del terreno donde se mueveel liberalismo. Noesésteunode los méritos menores de Tocqueville:"el meollodesu investigación con-cierne a problemas planteadospor y resultantes de la desi-gualdad social ysusefectossobrela práct icadela democra-ciapolítica... vio con bastante claridad que ladesigualdad social (y económica)conduce alagota miento de la democra-cia política?".

Teoría e historia de la democracia

El espíritu de la época coloca ba en elprime r plano ,sobre todo en Francia, la conveniencia de reformas económicas y sociales tendentes a procurar un orden más igualitario. La atmósfera intelectual en la que seforma el pensamientode Tocqueville es harto sensible a la relación deeconomía y po-lítica,aunque nadie antesde él haya esta dotan persuadido de que la democracia supone satisfacer cier tos requisitos económicos y sociales. Esa atmósfera es muy propicia para deslizar una confusión en la que Tocquevilleincurre larga-mente y que después se encuentra de manera acentua da en la tradición socialista hasta convertirse en un verdadero lu-gar común.Se trata de la confusión segúnla cual es posible localizar aspectos económicos, socialesypolíticos de la de-mocracia o, lo que es igual,postular la existencia de

democra-ciaeconómica,democracia socialydemocraciapolítica.Si

Tocquevi-lle emplea con frecuencia esa palabra para designar cierto tipo de sociedad más que cierta forma de ejercerelpoder es, precisamente, debido a esa confusión.La tradición socialista posterior se extraviará de manera lamentable en esa confu-sión. Peor aún , se llegará alexceso depretender que la de-mocracia tiene carácter meramente formalen el único plano donde tiene sentido emplearelconcepto, es decir, en el plano político y, por el contrario, donde el vocablo aparece de modo injustificado ocupando el lugar de otros términos,se pretenderá que opera la democracia sustancial.

No sólo es problemática la tesis de Tocqueville según la cual "en la idea de democracia están implicadas al mismo

7. Bradley,p. 482.

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tiempola igualdad socialylatendenciaa launiformidad de los modos ylos nivelesde vida"8,sino que tam biénhay

con-siderabl e sobrestimaciónde lamedid aen laquela

emergen-te sociedadcapitalista daríapasoa laigualaciónde las

con-diciones. Atent o alfin dela desigualdad aristocrática y al

cese delos privilegiosjerárquicos fue pocosen siblea los

peli-gros quenuevas minorías dominant espodríane

ventualmen-tegenerarpar a el funciona miento efectivodel principio de la

soberaníadel pueblo.No obsta nte la lucidez con que

exami-nó diferentesriesgos que traeconsigoel nuevoorden social,

nuncaprevióla capacidad queadq uiriría n minoríaspod

ero-sas para poner en jaquetal soberanía popular.Por ello hay en su discurso unaargumentaci ón sólida alertando respecto

a la amena zade una tiranía dela mayoría,pero no se encuentra nada semej ant e en relación con la posibilidad,que la

expe-riencia histórica posterior mostró mucho más inquietante,

de una tiraníadelaminoría.

Tendencia a la centralización en el nuevo régimen

La equivocidad del vocablo se vuelve quizá aún más des-concert ant epar a loslectore scontemporáneos ,cuando

Toc-quevillelo empleaen un sentido muy amplio parareferir casi

a cualquierrasgo fun da menta l de las nuevas formas de

go-bierno aparecidas a raízdela destrucción delancien régime.

Así,porejemplo, entretejeensu obra tres temasqueaún si

forman par tedel proceso realen mar cha durante la primera

mitad delsigloXIX,nohay motivo para asimilarlosen un conjuntounitario:democr acia,centralización ydespotismo.

Con toda segurida d esválida la descripciónde la hisotoria

decimonón ica como periodode progresivacentralizacióndel

poderenEurop a.Tambiénpuedecaracterizarsedemanera valederaese periodocomo uno de ampliación de la

democra-cía.El hechodequeambas proposiciones sonverdaderas no

8. Aron,p.259.

justifica, sin embargo,la idea de que toda democracia tiende

a la centralización.Nisiquiera su experiencia estadunidense donde la democracia imperabajunto a una descentraliza -ción extrema,pudo evitar que en el discursode Tocquevilleel

concep to democraciacristalizara para hacerreferenciaaproce

-sos fuertemente marc adospor tendenciascentralizadoras.

Desde una ópticaformada en el mundo aristocrático, re-sultaba claro que se estaban perdiendo elementos obstaculi-zadores del centralismo propios del antiguorégimen: " du-rante los siglosaristocrá ticosque precedieronal nuestro,los soberanos de Europa habían estado privados o se habían desprendido de muchos de los derechos inherentes a su po-der. No hace todavíaun sigloque,enla mayor parte de las naciones europeas,había particulares o cuerpos casi inde-pendientes que administraban justicia,levantabany soste-nían tropas,percibían impuestosyaun muchasveces daban leyes o las interpretaban.El Estado ha recobrado por todas partes estos atributos naturales del poder soberano,en todo lo que tiene relacióncon el gobierno;no sufre ese interme-diario entre élylos ciudanos, ylos dirige por sí mismoenlos negocios generales ...en la misma época existía en Europa un gran número de poderes secundarios,que representaban y administraban los intereses y negocios locales. La mayor

parte de estas autoridadeslocales han desaparecido,y todas tienden a desaparecer rápidamente ,o a caer en la más com-pleta dependencia" (DA,624).

Frenteala dispersión del poder característica de las socie-dades aristocráticas,el nuevo régimen político aparece como. altamente centralizador.Desaparecían los cuerposi nterme-dios o secundariosque antañocontrarrestaban la fuerza del poder estatal. Sibien,comoelpropio Tocqueville lo in

vesti-gó en su otra obra excepcional (El AntiguoRégimen y

laRevolu-ción), ya en las sociedades aristocráticas se había desatadoel proceso de centralización,no hayduda de que ésteadquirió máxima intensidadduranteelnuevo régimeny,sin embar-go,¿por qué atribuira la democracia como rasgo esencial esa tendencia a la centralización? ¿No sería más adecuada para la comprensiónde la historiaen curso la hipótesisde que lacentralizaciónocurríaporinsuficienciademocrática o,

mejoraún,que lacentr alización restringía el espacio de la

de-mocra cia ? Si se contrapone,como Tocquevillelo hace en

ocasiones, épocas aristocráticas yépocas democráticas, entonces todo lo que ocurre en estas épocas es producido por la

demo-cracia ,pero tal conceptualizaciónle quita al términosu s

ig-nificado específico.El nuevorégimen fortalece la tendencia secular a la centralización,pero no por democrático sino por serlo de manera insuficiente.

La concentración del poder en el Estado

Ahora bien,másallá de las dificultadesde su con

ceptuali-zación, se muestra el talento genialde Tocqueville en su temprana captación de lo que más tarde se convertiría en plena realidad:la excesiva concentración del poder en los ór-ganos de gobierno.En las últimaspáginas deLademocracia en América señala de manera explíticaelpropósitoteórico fun-damental desu investigación :"terminaré con unaidea muy

genera l, queencierra...la mayorpartede lasque en este libro me he propuesto exponer. En lossiglos de aristocracia que hanprecedidoal nuestro, habíaparticularesmuypoderososy

unaautoridad muy débil...elprincipalesfuerzode los hom

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podersocial,a aumenta ry asegura rsus prerrogativas y,por el

cont ra rio,a encerra r la independenciaindividua l dentrode

lí-mitesmuy estrec hos,subordina ndo el interéspart icula r alge

-neral. Otrospeligrosy otroscuidado s espera n a loshombres denuestro sdías.En lamayorparte de lasnaciones modernas ,

elsobera no,cualquiera queseasu origen,su constitución y su

nombre,se hacepoderoso ylosparticulares caen enel último

gra do dedebilid ad ydependencia (DA,640/64 1).

Dada su convicciónde que uno de los grandes peligros de

la democra cia es la tendencia alacentral izacióndelpoder ,

buena parte de su reflexión estuvo orientada a localizarlas

instituciones capaces de evitar que las naciones democrá

ti-cas se deslizaran de modo inexorable hacialaconcentración

del poder en el Estado.La enorme actualidad de su discurso

en este punto queda apenas empañada por una mala jugada

de su linaje aristocrático. En efecto,es constante la incl

ina-ción de Tocqueville a sobrestimar el peso de cierto tipo de

cuerpos secundariospropio de las sociedades aristocráticas,

lo que obnubila su mirada para advertirla paulatinaf

orma-ción de otro tipo de cuerpos secundarios. Así,por ejemplo,

escribe:"no haynaciones más expuestas a caer bajo elyugo

de la centralización administrativa que aquellas cuyo estado

social es democrático...enuna aristocraciael pueblo está al

abrigo de los excesosdel despotismo,porque se encuentran

siempre fuerzas organizadasdispuestas a resistir al déspota"

(DA,104) . En otro lugardel texto reiterala idea: "el

despo-tismo me parece particularmentetemible en las edades

de-mocráticas...resulta de laconstitución mismade lasna

rra-ciones democráticas y de sus necesidades ,que en ellas el

po-der del soberano debe ser más uniforme,más centralizado,

más extenso ymáspoderoso que en cualquiera otra parte...

no debemos esperar que, en los países democráticos, el

círculo de la independencia individual , se extiendajamás

tanto comoen los aristocráticos" (DA, 636).

Su confianza,pues,en que "en las naciones aristocráticas,

los cuerpos secundarios forman asociaciones naturales que

detienen losabusos del poder " (DA, 210),contrastaconsu

silencio respecto a nuevas formas de asociación que

desem-peñan en el nuevo régimen esa misma tarea y-talvez esto

era difícil de preveren el segundo terciodel siglo

pasado-con mayoreficacia que las"asociaciones naturales"de la

so-ciedad jerárquica.Ya en la época de sus investigaciones

em-pezaban a constituirse los gérmenes de la sociedad civilque

mástarde,al menosen algunospaíses capitalistas, hanpod

i-do evita r la concentraci ónabusiva de poder en el Estado.De todasmaneras,al margen de cómo percibióel embrionar io

tejido social,debe destacarsela claridad con la que su

mode-lo democráticoy su propuesta políticaincluyen el asunto de

la organización social. En numerosos pasajes de su obra

puede encontrarsereiteradala idea de que"las asociaciones

son las que en los pueblos democráticos debenocupar

ellu-gar de los particulares poderosos que laigualdad de cond

i-ciones hahechodesap arec er " (DA,475), ya que"en los pu e-blosdemocrá ticos,sólo pormedio de la asociaciónpueden

re-sistir los ciudada nos al poder central" (DA,629).

Democraciay despotismo

Advertira loshombre s sobre la propensión de la d

emocra-cia al despotismo es,quizá,el motivoúltimo del trabajo inte

-lectual de Tocqueville.Su obra toda puede ser leída como

una lúcida reflexión sobre las formas de evitarque la

detno-cracia cumpla su destinopropi o.Lomás sorprendente para

el lector contemporá neo es esa vinculación dedemocracia y

despotismo. ¿Q ué puede significardemocraciaparaque sej

us-tifiquetal nexo ? Unaapre ta da enumera cióndelos f

enóme-nos designadosconesa palabraincluyepor lomenos:

movi-mientohacialaigualdadde condicione s yloque ello implica en el debilitamiento de los cuerpos secundarios indepen-dientes ; el dogmadela sobera níadel puebloy elprincipiode

la mayoría en la formación del gobierno,conel riesgoque

ello acarreadeabrircauceala tiranía dela mayoría;

centra-lización de la autoridad y establecimient o deun gobierno

unificado ,ubicuo y omnipotente,lo que entrañamultiplica

-ciones de las prerrogati vas gube rnamental escon los

indivi-duos cadavez más frágiles y aislados; concentración del

po-deren el Estado,el cual sinnadaquelo contrarreste llevaen

sí las simientesde laopresiónydelsofocamientode lasl

iber-tades individua les.Así pues,el desplieguedelademocracia,

dejada a su sola inercia, termina por establecerel Estado

centralizadoyburocrático,dond e la libertadsucumbe ante

el despotismo.

El algún casose trat asimplementede que Tocqueville usa

el término para designar fenómenosque en nuestra época

nadie expresaría mediante ese vocab lo como,por ejemplo,

centralizacióndela autorid adyconcentracióndel poder.En

otro caso,parece inacepta ble laideade que la igualación de

las condiciones (requisitodela democracia ) arrojacomo

re-sultadoinevitableel debilitami entode loscuerpos se

cunda-rios.Tocqueville sostiene esta tesis porque vivede cerca la

declinación de esasinstituciones delorden jerárquicoyno

capta el vigor que llegarán a tener organismosequivalentes

de la sociedad capitalista. Por elloescribeen algún

borra-dor: "Las aristocracias son asociaciones naturales que no

necesitan esclarecimient oni plan ificación pararesistir a la

gran asociación nacionala la que llamam os gobierno. A

cau-sa de ello,son másfavorablesa la libertadque la

democra-cia.En una democracia puedentam biénformarse

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-nes,pero sólo mediante el esclarecimiento y el talento, y nuncason duraderas.En genera l,cuando en una democra-cia se ha podido forma r ungobierno opresor,no encuentra ante símás queindividu os aislados,no fuerzas colectivas.De ahí su fuerza irresistible".Sin lasolidez de los cuerpos aris-tocráticos pretendidamente naturales, las asociaciones del nuevorégimen(sindicatos,cám aras,partidos,medios de co-municación,etc.) han mostrado capacidad de constituirse como fuerzascolectivasyderesistirlafuerza opresiva del go-bierno.

En uncasomás,Tocqueville tamp ocotiene razón pues se puede decir quelademocracia conllevael peligro de la tira-nía de lamayoría, sólo si el modelodemocráticonoincluye mecanismos específicos para preservar los derechos de las minorías.No hayincompatibilida d deprincipio en la forma-ciónde ungobierno basadoen lavoluntad de la mayoría yla implantación demedidas einstitucionesindispensables para

impedir queesa mayoría oprimaala minoría.Tiene razón,

sinembargo, alsubrayar lafacilidad de que un elemento a

is-lado dela democracia (voluntad de la mayoría ,por ejemplo)

conduzca al despotismo.

El papel protagónicode las costumbres en la historia

Silalecturade Tocquevillesuscita algún desconcierto por

su uso equívoco de términos clave,en cambiocon las correc-ciones conceptuales pertinentes serevela la profundidad con que advierte enfechamuytempranalastendenciasal despo-tismo propias delnuevorégimen,así como los recursosi dó-neos para enfren tar esas tendencias.Avizorócon exactitud la posibilidad de la dictadura de un Estado centralizado y burocráticoy consideró que el peorpeligro de lasé

pocasdemo-cráticasconsiste enlainclinación estatal a sofocar las liberta-des individua les,cualesquiera fueran las características es-tructurales y las conviccionespolíticas del Estado en

cues-tión."En lostiemposdemocráticosen que nos hallamos,es

en los que los verdaderos amigosde la libertad y de la gran-deza humana deben estar dispuestos a impedir que e! poder social sacrifique los menores derechos particulares de algu-nosindividuos a la ejecución general de sus designios"(DA,

639).Parasalir al paso deésainclinación, Tocqueville sugie-re diversos antídotos: autonomía local,libertad de asocia-ción y de prensa,poder judicialindependienterespecto a los derechos civiles ypolíticosdelindividuo."Tocqueville espe-raba secretamente que los cuerpos constituidos y tradiciona-les -corporaciones,Iglesias,Universidad,parlamentos, no-bleza de toga y de espada- abolidosde un plumazo por la Revolución,podrían resurgir metamorfoseados en ' asocia-ciones voluntarias',haciendo frente al poder -aun si no es con e! mismo título que las antiguasinstituciones,por lo me-nos con una eficacia semejante ... los grupos de interés vo-luntariamente constituidos,ya menudo con un fin preciso y limitado, podrían interponerse entre e! gobierno y los hom-bres e impedir que degenere en despotismo,en un "Estado tutelar?".

Más allá de las expectativas del nuevo régimendibujadas

por Tocqueville y al margen de la discusión sobre su idea de democracia,hay una tesis fundamental sobre el pape! prota-gónico que desempeñan las costumbres en la historia, cuya

importa ncia definitiva para la explicación de los procesos so-ciales jamás podría sobrestimarse.En Tocqueville es obsesi-va la preocupación por localizar las causas de los fenómenos que examina y lo atractivo de su posición es el papel destaca-do que adjudicaa lo que el discurso contemporáneo denomi-na ideología. Al reflexiodenomi-nar, por ejemplo,sobre los motivos de la duración de las instituciones democráticas en Estados Unidos,señala que "las causas físicas contribuyen para eso menos que las leyes,y las leyes infinitamente menos que las costumbres" (DA, 304). Pero,¿qué significa costumbres?Un pasaje deLademocracia en Américaofrece una respuesta níti-da: "He dicho... que consideraba a las costumbres como una de las grandes causas generales a las que se puede atr

i-buir el mantenimien to de la repúblicademocrática en los Estados Unidos. Entiendo aquí la expresiónde costumbres en el sentido que atribuían los antiguos a la palabra mores. No solamente la aplico a las costumbrespropiamente di-chas,que se podrían llamar los hábitos del corazón,sino a las diferentes nocionesque poseen los hombres,a las diver-sas opiniones que tienencréditoentre ellos,y alconjunto de las ideas de que se forman los hábitosdel espíritu. Compren-do,pues, bajoesta palabra todo el estado moral e intelectual de un pueblo" (DA,287).

Explicitado e! significado del término,se adviertesu gran similitud con el sentido sociológicodel concepto ideología.

Vale la pena anotar que cuando se trata de explicarel com-portamiento de los agentes sociales, es en este planoi deoló-gico de las costumbres donde se encuentran los motivos deci-sivos. Frente a excesos economicistasy, sobre todo,frente a la tentación de atribuir a )as clases sociales patrones de con-ducta predeterminados por su lugar en las relaciones de pro-ducción, es preciso recordar que los hombres cobran con-ciencia de la realidad a través de las mediaciones ideológicas

.y es aquí donde habría que buscar la raíz de su conducta. Por ello,el peso conferido a las costumbresen la explicación de los fenómenos socialeses una de las más perdurables con-tribuciones de Tocqueville a la teoría de la historia.

O

Figure

Foto : George S tro ck

Referencias

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