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El lugar del fin de las historias: los mecanismos funcionales del suicidio en una sociedad que administra la vida

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Academic year: 2020

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(3) UNIVERSIDAD DISTRITAL F R A N C I S C O J O S É D E C A L D A S.. FACULTAD DE ARTES ASAB PROYECTO CURRICULAR DE ARTES PLÁSTICAS Y VISUALES. EL LUGARDEL FIN DE LAS H I S T O R I A S. LOS MECANISMOS FUNCIONALES DEL SUICIDIO EN UNA SOCIEDAD QUE ADMINISTRA LA VIDA.. Por: Joan Sebastian Palacios Rivera. Tutor: Miguel Torres Plata. Bogotá, Noviembre 03 del 2017. 3.

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(5) A C a r m e n.. 5.

(6) tomado de: https://www.pinterest.es/pin/440226932305245510/. 6.

(7) EL LUGARDEL FIN DE LAS H I S T O R I A S. LOS MECANISMOS FUNCIONALES DEL SUICIDIO EN UNA SOCIEDAD QUE ADMINISTRA LA VIDA.. 7.

(8) http://blog.yimmyayo.com/post/71204667. 8.

(9) C O N T E N I D O. PRÓLOGO PARTE I.. 11. D I S O L U C I Ó N.. La separación de todas las partículas que construyen una idea sobre suicidio.. 19. La segunda persona que saltó.. 25. La adhesión al f i n de las historias. Antes del f i n de las historias.. 35 45. Segundo acto, el f i n de las historias.. 57. HOJA DE RUTA. 77. FILMOGRAFÍA. 78. 9.

(10) https://www.pinterest.es/pin/505599495658427320/. 10.

(11) P R Ó L O G O. Solo hasta que él se quitara la vida me di cuenta de que, por más que intentara comprender el suicidio, no sabía nada de ese acto (ALvarez, 1991, p. 13) Caminaba una tarde hacia una de las sedes de mi universidad. Un edificio antiguo construido al pie de un cerro, que por su ubicación hace que su arquitectura se despliegue hacia arriba, y, sus solo siete niveles, alcance una altura considerable para cualquier suicida.. Cuando llegué a la entrada del edificio los guardas de seguridad estaban restringiendo el paso. 11.

(12) y permitiendo la evacuación de todos los alumnos que habían asistido a sus clases. Supuse que esa era una acción normal en relación a la suerte de eventos en reacción a los enfrentamiento del grupo antimotines contra los “mamertos”, u organizaciones de movimientos estudiantiles que suelen consolidarse en las universidades públicas. La estrategia siempre es la misma, evacuar a los alumnos de la sede de la universidad para evitar estos enfrentamientos. Pues, sin nadie que levante la piedra no habrá reacción por parte del otro bando. Cuando volví a casa, sin prestarle mucha atención al evento, recibí una llamada por parte de una buena amiga, y dentro del hilo de la conversación ella me contó que la verdadera razón del cierre de la universidad esa tarde fue porque un joven había saltado del último piso del edificio. Andrés, se llamaba, era un buen amigo. Comienzo con el recuerdo de la tarde en que Andrés saltó del último piso del edificio de la universidad. Y como un primer intento por comprender aquella acción, supuse por qué él habría accionado su propia muerte. Luego, casi cinco años después, cuando inicie con este proyecto, decidí alejarme de la 12.

(13) emotividad que evocaba en mí la experiencia de Andrés, y decidí comprender el hecho suicida desde las posturas intelectuales de la sociología, la psiquiatría y el psicoanálisis; asumiendo, como primer error, que estos lugares eran mucho más legítimos por su lugar racional. Debo admitir que entonces, cuando empecé a hacer la revisión, no creí que sobre el suicidio se había escrito mucho, pero me equivoqué. Existe una cantidad bastante grande de autores que han desarrollado teorías sobre esta acción. Sin embargo, la mayoría de la bibliografía es para especialistas, y lo único que pareciera fundamenta todas las posturas es que siempre pretenden evitar el problema común del suicidio, y le atribuyen a este accionar cierta negatividad, como si esa acción solo se pudiese comprender como un mal que aqueja la vida social humana y, con ello, consiguen negarle su significado. Entonces, me di cuenta que abordar el hecho suicida desde estas ciencias no era algo que me cautivara, no sentí que fuera. 13.

(14) la mejor manera. Pues, cinco años después de su muerte, he llegado a comprender que ninguna teoría podría interpretar de una manera correcta una acción tan ambigua y compleja como es el suicidio. Aún así, debo reconocer que estas posturas intelectuales en relación al hecho suicida me ayudaron a reconocer algunos lugares comunes donde, pienso, es importante pensarse el hecho suicida. Así que, motivado a continuar el camino del “Dios salvaje” y como alguien que está. interesado,. pero. no. tiene. mucho. conocimiento en el tema, decidí abordar esta acción desde la perspectiva literaria, hasta el punto en el que pareciera que la misma acción suicida ha pasado a ser parte de toda la materia en la que se construye nuestra sociedad contemporánea. A esta conclusión llegué cuando finalice la revisión de las teorías que retome para construir este proyecto. En ese momento me di cuenta que el camino del Dios salvaje no es más que una evolución histórica de cómo. 14.

(15) se ha desarrollado una idea sobre el hecho suicida, desde la época clásica hasta nuestra sociedad contemporánea. Sin embargo, dentro de esa misma revisión, lo que adquirió una verdadera importancia fue reconocer que todos los prejuicios que se han construido socialmente, en relación a las mismas teorías que se han desarrollado sobre el suicidio, no responden más que a una serie de estrategias para castigar al mismo hecho suicida dentro de unos mecanismo funcionales específicos de poder. Por tanto, me di cuenta que cuando Al Alvares construyó su camino del Dios Salvaje, desde una visión literaria, su análisis sobre el hecho suicida y sus implicaciones dentro de las estructuras sociales y, en especial, en la producciones literarias llegaron hasta el año 1991, el mismo año en el que se publicó su libro. Fue hasta allí dónde me condujo el camino del Dios salvaje y, de alguna manera, me sentí a la intemperie. Pero, veinte años después, habría que reconocer que, antes la televisión, internet ha influido en la producción literaria y en todo lo relacionado al pensamiento, las. 15.

(16) estructuras sociales, políticas, económicas, y toda producción de arte. En otras palabras, me di cuenta que desde ese momento, en el que pareciera que el hecho suicida ha dejado de provocar un interés intelectual para continuar construyendo teorías válidas -el. mismo. momento. donde,. pareciera,. termina el camino del Dios salvaje-. Allí, el. hecho suicida no habría solo desaparecido, sino que de algún modo este accionar habría encontrado la manera de infiltrarse como tema en todo lo que construye a nuestra sociedad contemporánea. Con todo, debo insistir que el fin de este proyecto no es comprender el hecho suicida de una manera lógica, que busca entender el suicidio con el único fin de justificarlo, o, aún peor, desde mi perspectiva, como llegué a sentir en la mayoría de las teorías que revisé, en la odiosa y molesta tarea de retomar las historias de vida de estas personas suicidas con la pretensión de construir historias clínicas que se ajusten a las mismas teorías, como si sobre la acción no hubiese otra forma más que explicar por qué se recurre a ella y no se pudiese, o,. 16.

(17) simplemente, no tuviese sentido hablar de qué y cómo se siente ser una persona suicida. Finalmente, reconozco, siempre existirá una serie de intenciones sobre las formas como se construyen ciertas posturas intelectuales sobre esta y cualquier otra acción, y este proyecto no se salva de tan molesta tarea. Por eso, este accionar, el del hecho suicida, con este proyecto, lo llego a comprender a través de un sentimiento de participación afectiva o desde cierta empatía que evocó en mí esa realidad que afectó a Andrés, y que más tarde reconocería en el intento frustrado de mi madre. El cual, cuando lo recordé, se convirtió en un evento esencial por el que desarrollar este proyecto ahora adquiere cierta importancia en mi vida.. 17.

(18) https://www.pinterest.es/pin/514184482441226807/. 18.

(19) PARTE I. D I S O L U C I Ó N. La separación de todas las partículas que construyen una idea sobre suicidio.. “La secretaria que acaba de acercarse a la entrada de la oficina del director del proyecto curricular de literatura de esta sede universitaria, lleva consigo un pequeño papel en el que está escrito el nombre y fecha de ingreso de un joven matriculado en esta facultad. Ella llega junto a la puerta y, cruzando sus brazos, se recuesta en el marco, con la cabeza ladeada, a la espera que. 19.

(20) el director note su presencia; nunca se toma la molesta tarea de ir hasta allá, solo levanta la bocina del teléfono y le comunica al director el mensaje que dejan con ella en su función de secretaria. Pero, este no es el caso. - Qué sucede esta vez - pregunta el director al ver a su secretaria en la entrada de su oficina. -Es una madre - responde ella- llamó para advertir que su hijo le avisó que va a suicidarse dentro de las instalaciones de la universidad - el director se sorprende, mira a su secretaria con los ojos muy abiertos y, tras unos segundos ordenando sus ideas y medidas a seguir, reacciona, toma el teléfono y avisa al director administrativo encargado de la seguridad para que comiencen con la búsqueda del joven (...) (unos segundo después) El director cuelga el teléfono y la mira (a su secretaria) –No te imaginas la cantidad de problemas que se nos vendría encima si este joven llega a suicidarse aquí dentro- le dice - Espero que lo encontremos a tiempo. Fuera de la oficina donde están la secretaria y el director, escaleras arriba, en el último piso, está el joven suicida, en la azotea, unos metros 20.

(21) frente a los quitamiedos poniendo fin a una llamada que recibió no hace más de veinte minutos en su teléfono celular.” Nunca me atreví a escribir sobre la manera cómo Andres predispuso su propia muerte, ni la manera cómo reaccionó su madre o hermana cuando fue advertida por él sobre lo que estaría a punto de acometer. No creí que fuera la manera de retomar su historia y reconstruirla. Me pareció más importante describir cómo la manera de operar de Andrés, su acción suicida, desestabilizó la normatividad de una institución a tal punto que yo, unos minutos después de su muerte, llegara a creer que todas las medidas a seguir por parte de la administración de seguridad de la institución, y todas las acciones cometidas a continuación de su muerte, que antes describí en el prólogo, fueran las acciones normales en relación a la suerte de eventos en reacción a los enfrentamientos del grupo antimotines contra los de. “mamertos”, u. movimientos. organizaciones. estudiantiles. que. suelen. consolidarse en universidades públicas.. 21.

(22) Es este momento, en el que se acciona la muerte por voluntad propia, el que se convierte en el punto central de este trabajo; no solo por una visión romántica sobre la acción suicida y la muerte,. sino porque es. en este momento donde la persona que lo acomete problematiza la funcionalidad de todo sistema de poder establecido dentro de nuestra sociedad.. 22.

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(24) https://www.pinterest.es/pin/495677502717851249/. 24.

(25) La segunda persona que saltó. La. idea. para. desarrollar. este. proyecto. nació primero de la creación de un cuento, en el que utilicé la misma forma narrativa que José Saramago manejó en “El ensayo sobre la ceguera”, su secuela, “El ensayo sobre la lucidez”, “Todos los nombre”, y “Las intermitencias de la muerte”; como decía, al igual que el autor en estas obras literarias, tome una acción -en mi caso el del hecho suicida- y la repliqué hasta tal punto en el que la acción comienza a ser un problema para todo el sistema de un país.. 25.

(26) El fragmento con el que inicié este capítulo (“disolución”) y el que citaré a continuación hacen parte de esa narración: “ De tener las coordenadas exactas, este joven podría ubicar desde allí, en el momento en que recibió la llamada (de su madre) hace no más de veinte minutos, el lugar donde otros tres personajes en otros tres lugares de la misma ciudad también estarían a punto de saltar” Entonces, para construir la narrativa del cuento decidí conexionar la historia de Andrés con un hecho que ocurrió un año después. Un acontecimiento que señalo como un momento clave en la historia política y social actual en Colombia. El cual, me permitió continuar construyendo mi idea en relación a las acciones suicidas. “Uno (de los otros tres suicidas de la historia) era un joven homosexual que veía su muerte como un símbolo de protesta hacia la sociedad que lo reprochaba. Y dejó una carta en la que denunciaba a una institución en particular de su represión, y por la que habría tomado su decisión, la que hace veinte minutos, cuando 26.

(27) el chico de la universidad recibió la llamada de su madre, estaba a punto de ejercer, y que ahora es un hecho; los otros dos tuvieron motivos diferentes de los que nos enteramos en otro momento dentro de esta historia” Este accionar del joven Sergio Urrego me permitió reconocer en el hecho suicida una acción política, subversiva, alejada de cualquier prejuicio. Y pienso que su acción fue una de las más apropiada, conveniente y lógicas contra el sistema político colombiano en ese momento. Un momento crítico, claro, en el que se desestabiliza los planteamientos de un partido conservador sobre la educación en temas que reconocen la necesidad de integrar a las instituciones una educación sobre sexualidad, y tolerancia respecto al enfoque de género, o sobre “la percepción que tienen las distintas sociedades acerca de la diversidad física, los presupuestos de gustos, preferencias y capacidades entre hombres y mujeres” (Pedrero, 2000, p. 3). Me atrevo a decir que su acción fue una de las más apropiada, porque creo que ninguna otra. 27.

(28) acción hubiese sido más clara, potente y efectiva. Con. ella,. presiento,. entonces,. que. nuestra. sociedad, que aún carga con una serie de culpas y miedos primitivos, que más adelante citaré, está mal acostumbrada a los sacrificios. Con esto, y reconociendo que ambas acciones, el suicidio y el sacrificio, tienen funciones y mecanismos bastante diferentes, encuentro una similitud en la manera cómo ofrecer una vida puede ser puente de un cambio social; para el sistema político colombiano, un joven tuvo que tomar la decisión de morir por voluntad propia, y hacerlo público, para que se evidenciara una serie de falencias en el mecanismo funcional del país sobre la educación. Después de todo, “Después de nosotros el Dios salvaje. En este sentido (todo en cuanto comprende la vida moderna) se ha dedicado a servir a ese Dios terreno que, como el resto de los de su especie, medra con sacrificios de sangre” (Al Alvarez, 1997, p. 230) Tras su decisión de morir por voluntad propia se evidenció la necesidad de integrar en la educación Nacional una educación sobre sexualidad que promoviera el respeto hacia las opiniones, la. 28.

(29) diversidad o prácticas de los demás. La cartilla que propuso el ministerio de Educación y Naciones Unidas fue un intento por enmendar esas falencias del sistema educativo colombiano en relación al tema, para neutralizar el matoneo ( Lemaitre, 2016, p. 3 ) que muchos jóvenes viven, y vivimos, en su paso por los institutos educativos. Esas mismas cartillas fueron uno de los puntos que enmarcaron la clave de éxito de una propaganda política con malas intenciones, que promovió la decisión del No en el plebiscito del día 02 de octubre del 2016. Unas cartillas que fueron acusadas y atribuidas de infundir en las instituciones una ideología de género, “una ideología que se refiere (...) según lo sectores más conservadores del catolicismo (...) a la idea que la identidad sexual de las personas, así como los roles de género, son socialmente construidos y no eternos, esenciales y asignado por Dios ( Lemaitre, 2016, p. 4 ). Y si, es cierto “la identidad sexual es socialmente construida y la libertad humana incluye escoger una identidad sexual (esta última parte de la frase fue la que se les olvidó, convenientemente, decir a quienes constituyen los partidos conservadores. 29.

(30) en nuestro país, dentro de sus propagandas políticas). Para los presupuestos de la rama conservadora (...) es profundamente ofensivo pensar que las característica femeninas son definidas por la sociedad y la historia, y no por Dios, o que las personas pueden nacer en un sexo y decidir ser de otro” (Julieta Lemaitre, 2016, p. 5 ). La clave del éxito de su discurso es que es potentemente cierto, en su sentido más abstracto, y si omitimos la siguiente parte de la frase, esa que habla sobre la libertad humana, que incluye escoger una identidad sexual, o cualquier otro tipo de decisión. Es válido decir que todos construimos una noción de nosotros mismos a través de la interacción con las otras personas, algo así como una intersubjetividad, un producto socialmente inseparable del resto de la cultura y experiencias humanas. Como. decía,. la. clave. del. éxito. de. la. propaganda de uno de los puntos con los que se promovieron la decisión del NO en el plebiscito del 02 de octubre del 2016, es el sentido que le otorgaron a la frase con la que desarrollan toda su idea sobre la ideologia de genero. En otras. 30.

(31) palabras, para quienes constituyen la parte conservadora de nuestro país, las construcciones sociales son algo así como ideologías que se puede infundir, enseñar, y aprender, remidiendo los procesos de construcción y percepción de nosotros mismos de la situación en la cada uno de nosotros tenemos la libertad de decidir qué hace parte. Pues, bien, es en esta libertad humana donde llego a comprender la acción suicida. Pero, de eso hablaremos al final de este proyecto. Por ahora, lo importante, en lo que se convierte citar la historia de vida de Sergio, es que, un año después de la muerte de Andrés, me permitió reconocer con su acción y todas las situaciones que se desarrollan tras su muerte, que el hecho suicida es, también, una acción política que desestabiliza momentáneamente todo sistema de poder. Aunque, como una roca que cae sobre la corriente de un pequeño río, el agua siempre consigue continuar con su curso; y los sistemas de poder siempre han conseguido cumplir con esta misma lógica que responde, al parecer, también, a su naturaleza. Su especial inteligencia recae en una serie de sensatas estrategias que. 31.

(32) logran integrar todas estas acciones que, en un primer momento, logran escapar de su poder y, al tiempo, ponen en una posición crítica su misma funcionalidad, para integrarlas dentro de sus propios mecanismos funcionales y, con ello, redimir su responsabilidad sobre las personas que lo accionan. Con todo, debo reconocer que, cinco años después, cuando intenté comprender el hecho suicida desde las posturas intelectuales de la psicología, la psiquiatría, y el psicoanálisis, supuse de manera distinta a la primera vez, por qué Andrés habría accionado su propia muerte. Fue su manera de operar, la acción de llamar a su madre para advertirle de lo que estaría a punto de accionar y el lugar concreto donde lo iba a acometer, lo que me condujo en el camino hasta llegar al desarrollo teórico del suicidio desde la perspectiva del psicoanálisis Freudiano, para intentar comprender desde ese lugar esta acción tan ambigua.. 32.

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(34) 34 https://www.pinterest.es/pin/718042734308872581/.

(35) La adhesión al f i n de las historias.. Freud se pronuncia acerca del suicidio en abril de 1910 en un debate de la sociedad Psicoanalítica de Viena, y en su intervención señala la equivocación de culpar a la escuela como un factor que motiva el suicidio en los jóvenes y el “deber” que esta institución tiene de llevarlos a querer vivir y experimentar el mundo;. 35.

(36) su intervención termina con una interrogante respecto al tema y en asuntos que competen al psicoanálisis, en ella se pregunta: “cómo es posible que llegue a superarse la pulsión de vivir, de intensidad tan extraordinaria; si sólo puede acontecer con auxilio de la libido desengañada, o bien existe (en ello una) renuncia del yo a. su. afirmación. por. motivos. estrictamente. yoicos”(Freud, 1998, P.232 (citado en Ortega, Falcón, 2014, p. 16)) .finalmente, en su intervención propone otra perspectiva para desarrollar el suicidio asociada a dos conceptos, el Duelo y la Melancolía. Desde una visión psicoanalítica el duelo es una pérdida del objeto consciente y aunque la melancolía supone también una pérdida, en ella no se sabe qué se perdió, se desarrolla de manera inconsciente dentro de la psique de los sujetos. Con esto podríamos definir que el duelo sucede al exterior, mientras la melancolía ocurre en el interior de las persona. Aun así, comprender ambos conceptos presupone una relación aún más compleja. Con todo, lo importante de este postulado es reconocer que en ambos procesos se produce un debilitamiento y rebajamiento del Yo “ El cuadro (clínico) de este delirio de insignificancia -predominantemente moral- se completa con el insomnio,. 36.

(37) la repulsa del alimento y un desfallecimiento, en extremo asombroso psicológicamente, de la pulsión que compete a todos los seres vivos a aferrarse a la vida” (Freud, 1917, P.244 ( citado en Ortega, Falcón, 2014, p. 8) La pretensión de este postulado Freudiano desde la perspectiva del psicoanálisis es hablar sobre una situación que fue atribuida a los pacientes con este delirio de insignificancia. Cuando Freud propone este lugar donde pareciera se desarrolla, también, el suicidio, menciona que sus pacientes con este cuadro clínico, o delirio de insignificancia, no se avergüenzan de ella, y en lugar de callar o pretender ocultarla, la muestran, como si no hablaran de ellos mismos sino de un otro. Esto llevó a Freud a pensar que se hace una identificación con ese objeto de amor que se perdió en el exterior. Aunque, con esa misma acción, la de hablar y exponer su propia vulnerabilidad, esta instancia particular, lo que realmente pretende hacer con ello es juzgar. Con esto, podríamos comprender que, desde una visión psicoanalítica, dentro de la psique de cualquier persona suicida, existe una compleja relación. entre. unas. instancias. particulares,. 37.

(38) donde la conciencia moral, o el Superyó,. es. una de ellas, y es quien es recordada a sí misma y reitera ese desagrado moral sobre el Yo, que termina convirtiéndose en el objeto de castigo. En otras palabras, dentro de la misma mecánica funcional en esta compleja relación entre estas tres instancias, existe un sentimiento de apego, que Freud nombró amor, y funciona como un catalizador. En esa compleja relación, la conciencia moral es quien quiere deshacerse de ese objeto que daña, pero, también desea preservarlo, porque en él ha proyectado un sentimiento de apego, y lo ama “ sólo este sadismo nos revela el enigma de la inclinación al suicidio por la cual la melancolía se vuelve tan interesante y… peligrosa” (Freud, 1917, P. 249) El suicidio, entonces, desde esta perspectiva del psicoanálisis, no es más que la pretensión de querer deshacerse de un otro. Aun así, lo realmente importante de reconocer esta postura que propone un mecanismo funcional del suicidio no es entender ese accionar a través de este mismo mecanismo, que consigue ser válido por su forma abstracta; sino en reconocer y señalar ese lugar donde sucede ese conflicto como. 38.

(39) uno de esos lugares comunes donde, pareciera, también, se desarrolla el mismo hecho suicida, y de lo que hablaremos en el segundo capítulo de este proyecto. Por ahora, luego de citar este postulado, debo confesar que este fue uno de los primeros presupuestos que mal interpreté con la manera de operar de Andrés. Supuse, con ello, que la llamada que había hecho fue el gesto con el que intentaba proyectar esa muerte que estaba a punto a accionar. Mi error, lo reconozco, fue malinterpretar ese mecanismo de proyección. Pero, pienso que fue una mala conclusión inducida por un discurso que, desde el psicoanálisis, consigue parecer ser convincente. Aunque, también, debo confesar que nunca lo he desvirtuado del todo, o, por lo menos, no ese mecanismo funcional totalmente abstracto que propone del suicidio. Pero, como dije antes, eso es algo que retomaré y se desarrollará al final de este capítulo. Por ahora, lo que es pertinente decir recién cito esta postura intelectual del psicoanálisis freudiano es confesar que sí, en un momento creí en estas. 39.

(40) propuestas de manera estúpida. Pues, nunca se me hicieron tan descabelladas en un comienzo. Aún así, he podido asumir de nuevo la responsabilidad que siento al desarrollar este tema, y lo importante, en lo que venía diciendo, es que en el momento en el que terminé de revisar estos postulados, al final de este primer capítulo, fue este mecanismo uno en los que pude reconocer algunas de las intenciones que pudieron dar pie y sentido, según su contexto más próximo, a cierto interés por crear este tipo de posturas sobre el hecho suicida. Por eso, debo reiterar que la pretensión de citar estas posturas no es la de reconocer una verdad sobre el suicidio. Sino reconocer en ellas, en las teorías, ciertos elementos que son reiterativos y terminan convirtiéndose en los lugares comunes donde, pareciera, se desarrolla el mismo hecho suicida. Esto, con el fin de poner esos mismos lugares comunes en un espacio, que para mi, es mucho más legítimo. Un lugar crítico, por supuesto; Pero, y lamento seguir siendo insistente, eso es algo a lo que llegaremos al final del segundo capítulo de este proyecto. Por eso, lo siguiente con lo que. 40.

(41) continuaré en mi revisión sobre el suicidio es un postulado del psicoanálisis que me ayudó a reconocer otro de esos elementos y lugares comunes que antes mencioné. Ese otro lugar común del suicidio, desde la perspectiva del psicoanálisis, es el presupuesto que relaciona esta acción con el acto masturbatorio. En la sesiones presididas por Freud se llega a esta conclusión, en mi opinión, bastantante forzada, por un enlace en el lenguaje con la conducta masturbatoria; utilizaron, convenientemente, la expresión francesa “porter la main sur soi” (levantar la mano contra uno mismo), que tiene una misma asociación con otras lenguas latinas con la misma connotación (como en el Castellano, el Italiano, y el portugués) con la que se hace referencia al acto masturbatorio. Esto hizo que se pensara el suicidio, desde esta metáfora, como un acto en el que se cumple la fantasía de incesto. Supongo, esta no fue la mejor forma de llegar al presupuesto que me interesa mencionar con este postulado del psicoanálisis respecto al tema. El fin de utilizar esta conexión del lenguaje para relacionar el acto masturbatorio con el hecho. 41.

(42) suicidia era proponer que existe algo que impulsa a pasar por encima de las prohibiciones y con ambas acciones ese algo se convierte en acto. Como escribía anteriormente, nuestra sociedad, que aún carga con una serie de culpas y miedos primitivos, ha construido una noción sobre el suicidio, y sobre la muerte, y la han atribuido a las sucesivas prohibiciones ancestrales para el ser humano con el fin de garantizar la sobrevivencia de la especie. El suicidio como el incesto se convierten en un lugar de peligro que la moral del grupo advierte con sus leyes “Existen dos tipos de castigos, uno automático por violaciones a la ley sagrada que tiene que ver directamente con afectar al tótem y el que le sigue de la violación a la prohibición del incesto cuyo castigo proviene de la sociedad o del grupo” ( Ortega, 2004, p.4 (citado en Ortega, Falcón, 2014, p. 42)) En otras palabras, los objetos o personas tabú son quienes faltaron a la ley y a quienes no se les puede tocar, pues, se ha prohibido tener contacto físico con aquellos que hayan infringido la ley.. 42.

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(44) https://www.pinterest.es/pin/315322411389992806/. 44.

(45) Antes del f i n de las historias. La pretensión de retomar estas posturas intelectuales es la de reconocer ciertos elementos constitutivos sobre el hecho suicida. Relacionar esta acción con una práctica masturbatoria para construir una postura en relación a hecho suicida, supongo, termina convirtiéndose en una acción bastante forzada para llegar a reconocer uno de esos lugares. 45.

(46) comunes donde pareciera se desarrolla el mismo hecho suicida. Pero, pienso, consigue su validación en el momento en el que este postulado reconoce las estrategias de los primeros castigos sobre los cuerpos suicidas, que consiguieron su legitimidad a través de las leyes estatales, y otros castigos que lo hicieron a través de ciertas construcciones sociales de una idea específica sobre las acciones suicidas. Supongo, también, este postulado consigue ser, al tiempo, válido, en su sentido más abstracto, dentro de una de las estrategias del psicoanálisis. La de señalar y ubicar un lugar importante para comprender desde allí un poco sobre el mismo hecho suicida, aun cuando el camino que se toma para llegar allí es uno lleno de intrincadas palabras científicas que pretenden mucho y logran descifrar poco. Pienso, que el camino que decidieron tomar para llegar a estos lugares no fue el mejor. Pues, bien, este postulado, que mencioné al final del subtítulo anterior, consigue su validación, como dijimos ya, al reconocer. 46.

(47) ciertos tipos de castigos sobre el hecho suicida, y al ver las historias de atrocidades que se llevaron a cabo sobre los cuerpos de las personas que decidieron morir por voluntad propia. “En un carta. de 1601, el abogado Isabelino. Fulbecke cuenta que se llevaba al suicida a caballo hasta el lugar del castigo y la vergüenza, donde es colgado de una horca, y nadie puede bajar el cuerpo salvo la autoridad de un magistrado ( en aquella época se acusó a los suicidas como)lo más vil de los criminales” ( Alvares, 1991, P. 62) “En francia, con ligeras diferencias según las normas locales, el cadáver era colgado por los pies, arrastrado por las calles, quemado y arrojado al basurero público (...) Hasta en la civilizada Atenas de Platón se enterraba al suicida fuera de la ciudad y lejos de los otros difuntos; la mano ejecutora se le cercenaba para sepultarla aparte” (Al alvares, 1991, P. 62) Esto hacía parte de una serie de venganzas primitivas contra esos miedos primitivos que con el tiempo adquirieron dignidad “Leyes estatales favorecieron su rentabilidad económica (...) en 1670 47.

(48) el Rey Sol incorporó al código legal las prácticas más brutales de degradación del cadáver suicida” (Al Alvares, 1991, P. 63) y solo hasta la Revolución desaparecieron esas prácticas que incluían la confiscación de bienes y la difamación de la memoria. En Inglaterra fue diferente, hasta 1961 el suicida frustrado aún podía ir a dar. a la cárcel, y si. accionaba su muerte por voluntad propia era acusado y sentenciado bajo el veredicto de “felo de se”1 y podía ser privado de entierro religioso y a sus herederos de su herencia. Entonces, los abogados. desarrollaron. una. estrategia. para. evitarlo, desarrollaron la figura de “suicidio bajo alteración del equilibrio mental”. Con estas prácticas de degradación que se consolidaron sobre los cadáveres de quienes accionaba el suicidio se suscitó al tiempo una serie de prejuicios, miedos y tabúes primitivos: “El salvajismo de todo castigo es proporcional al miedo que suscita el acto (...) En las sociedades primitivas, la mecánica de la venganza es simple(...) el fantasma del suicida destruye a su perseguidor, 1. 48. Bajo este veredicto se considera al suicidio como un crimen..

(49) pues, el acto obliga a sus parientes a llevar a cabo la tarea, y las leyes de la tribu fuerzan al enemigo del suicida a matarse de la misma forma” (Al Alvares, 1991, P. 63) con esto, el suicidio se convierte en un acto mágico que inicia con un ritual complejo y finaliza con la muerte del enemigo. Lo cual, consigue la validación del postulado de Freud que desarrolla al suicidio como un asesinato desplazado. Aunque, insisto, este mecanismo de proyección, al verlo superficialmente como la pretensión de querer matar un otro, creo, no es la mejor forma de comprenderlo. En la práctica el suicidio era un asesinato; la palabra suicidio tiene su primer uso en el Oxford English dictionary en 1642, antes de eso se referían a la acción como auto asesinato. Por tanto, aunque, en el antiguo testamento se relata cuatro suicidios en ninguno se comenta nada en relación a esa acción, y lo mismo ocurre en el nuevo testamento. Hasta el siglo VI la iglesia condenó el suicidio y la única autoridad bíblica que se invocó entonces fue San Agustín, con una interpretación especial 49.

(50) del sexto mandamiento: “No matarás”, pero habría que ver, antes, cómo se desarrolla toda su idea en relación al suicidio a través de la idea del suicidio que se había construido con Platón. Para “Aristoteles (...) el suicidio es un delito contra el Estado porque en el plano religioso contamina la ciudad y en el económico la debilita destruyendo a un ciudadano útil. Es, por tanto, un acto de irresponsabilidad social” (Al Alvares, 1997, P. 74) En la grecia clásica, este pensamiento provocativo, lógico, convincente, y distante que se construyó colectivamente sobre la acción suicida como un problema, hizo que el hecho suicida fuese bien visto solo cuando tenia una cualidad común en todos los casos “cierta nobleza en los motivos, por pena, por altos principios patrióticos o para evitar la deshonra (...) El único requerimiento era elevar la causa al Senado y obtener permiso oficial” (Alvares, 1991, P. 75) Platón, en cambio, justificó el suicidio cuando era un hecho necesario bajo alguna circunstancia intolerable. Para los Griegos. 50.

(51) estoicos, que racionalizaron e interiorizaron esta idea sobre el suicidio, la cuestión no era morir por voluntad propia o no, sino “cómo hacerlo con la mayor dignidad, valentía y estilo (...) el logro de los griegos fue vaciar al suicidio de todos los horrores primitivos(...) Los Romanos, por su parte, lo revistieron de emoción, pero invirtiendo las emociones en el proceso. A sus ojos ya no sería moralmente malo; al contrario, la forma de marcharse se convertiría en prueba práctica de excelencia y virtud” (Alvares, 1991, P. 76) En. la. ley. romana. no. había. venganzas,. degradaciones ni muestras de miedo u horror contra las acciones suicidas “no podía castigarse el suicidio de un ciudadano particular si era producto de impaciencia ante el dolor o la enfermedad, u otra causas, o bien el cansancio de la vida… locura o miedo a la deshonra” (Alvares, 1991, P. 78) Cuando no se enmarca bajo ninguna de las anteriores razones, la acción suicida se castigaba y se condenaba como delito,”era delito que se matase un esclavo por la sencilla razón de que su amo había invertido en él capital (...) si alguno se. 51.

(52) mataba o intentaba hacerlo dentro de los seis meses posteriores a la adquisición, se podía devolver -vivo o muerto- al antiguo amo y el trato era declarado inválido. De igual modo los soldados eran propiedad estatal y su suicidio equivalía a deserción (...) para el derecho romano el delito de suicidio era estrictamente económico”(Alvares, 1991, P. 79) Por tanto, la muerte alcanzó una grado de locura y superficialidad, y terminó convirtiendo el hecho suicida en entretenimiento puro “en un solo mes murieron treinta mil hombres en espectáculos de gladiadores (...) la gente llegó a ofrecerse para ejecuciones públicas a un precio de cinco minae a ser pagadas a los herederos (...) tan competitivo era el mercado que los candidatos se ofrecían a morir apaleados, y no decapitado, ya que el apaleamiento era más lento, y por lo tanto más espectacular” (Alvares, 1991, P. 80) “Tal vez fue por eso que la histeria religiosa de los primeros cristianos (lo) asimiló tan fácilmente (...) La persecución de los primeros cristianos fue menos un hecho religioso y político que una perversión de su propia búsqueda” 1991, P. 81). 52. (Alvares,.

(53) Los primeros cristianos no sólo asimilaron las fiestas religiosas paganas, sino que“adoptaron la actitud romana hacia la muerte y el suicidio. La iglesia primitiva incitaba a sus feligreses a creer que la vida era un valle de lágrimas. Entonces, los potenciales suicidas, en lo que se convirtieron los primeros cristianos, fueron catalogados como un problema para quienes ejercían el poder estatal Romano; los mártires proliferaron y se adjudicaron el poder de irrumpir a sus propias vidas, de abstinencias y pecado, para disfrutar de la vida eterna y el paraíso en ella que promete el Dios cristiano a su pueblo. Pues,. si se acelera el final del proceso de vida. pecaminosa que toda persona estaba destinada a llevar se anula la condena y, con esos pecados meritorios aún sin cometer, el cielo debía ser una promesa cumplida.(Shlain, 2000, p. 281) El martirio, o la predisposición de morir, terminó convirtiéndose en un objeto de deseo que sedujo a tantos cristianos que terminó convirtiéndose en una pandemia de extrema locura que la misma iglesia acabó declarando como un acto de herejes.. 53.

(54) El argumento para castigar el hecho suicida, como ya había comentado, se basaba en el sexto mandamiento: No matarás. Quien infrinja esta ley proscrita por el Dios cristiano era declarado asesino “ Además, si alguien se mataba para faltas estaba usurpando la función del Estado y la Iglesia; y, si se mataba para no pecar, se estaba tiñendo las manos con su propia sangre inocente: pecado peor que todos cuantos pudiera cometer, (pues) ya no podía arrepentirse”. (Alvares, 1991, P. 82) San Agustín retoma el discurso Platónico que propone que la vida es un don divino de Dios y “matarnos solo demuestra que no hemos aceptado la voluntad divina.”(Al Alvares, 1991, P. 84) Esto fue un catalizador que liberó, nuevamente, el miedo primitivo sobre el suicidio que había estado reprimido. Aun así, esta idea sobre el suicidio sólo cambió con la contrarrevolución científica “ En 1879, Henry Morsell, profesor Italiano de medicina psicológica (...) escribió: la antigua filosofía individualista le había dado al suicidio un carácter de libertad y espontaneidad, pero ahora es preciso estudiarlo,. 54.

(55) ya no como expresión de facultades individuales e independientes, sino como fenómeno social vinculada a otras fuerzas raciales”(Al Alvares, 1991, P. 87) Entonces los potenciales suicidas dejaron de ser castigados y su destino fue predispuesto a las salas de los hospital psiquiátricos, y no a la prisión. Desde este momento el hecho suicida deja de ser un acto de condena y pasa a ser un problema interesante, puramente intelectual, y la muerte, de nuevo, se reitera como un suceso fascinante, ya no en los coliseos, sino en las instituciones pensadas para tratar esa irregularidad. “La cuestión ya no residía en la moralidad del acto sino en las condiciones sociales que producen semejante desesperación” (Alvarez, 1991, Pag. 94). 55.

(56) https://www.pinterest.es/pin/843650942668608633/. 56.

(57) Segundo acto, el f i n de las h i s t o r i a s. Este momento, la parte final de este capítulo, adquirió cierta importancia dentro de esa revisión histórica sobre esa idea de suicidio que se ha venido construyendo socialmente, e hizo eclosionar una pregunta en relación a todo lo que problematiza la misma acción suicida. Esa pregunta surge ahora cuando se piensa sobre el momento específico donde el hecho suicida. 57.

(58) deja de estar en el lugar que le era legítimo, y que toda la cultura había construido para él; donde el suicidio era reconocido como una expresión de facultades individuales e independientes y, al tiempo, provocaba un interés de control represivo, porque escapaba al mismo poder, a través de una serie de sanciones y castigos que se legitimaban con las leyes estatales; y se vuelve, en ese momento, en una acción que es preciso estudiarla como un fenómeno social, en el que entra a jugar una serie estrategias medico-científicas de desarrollo teórico, tan abstractos, que termina convirtiendo al suicidio en una patología que nos es común a todos. A qué responde, verdaderamente, esa nueva forma cómo se piensa al suicida, y por qué, actualmente, de repente, pareciera, ha dejado de existir como un interés intelectual. La respuesta a esa interrogante podría sugerir que ese momento, en el que el suicidio se convierte en un evento fascinante, puramente intelectual, responde a unas pulsiones culturales concretas. Pero, de eso hablaremos detalladamente en el segundo capítulo. Por ahora, luego de citar estos. 58.

(59) tres postulados de psicoanálisis propuestos por Freud para reconocer tres elementos reiterativos o lugares comunes donde, pareciera, se desarrolla el suicidio, continuaré retomando otras dos propuestas lanzadas al juego por dos ciencias sociales que se desarrollaban en ese mismo momento de la historia. Uno de esos dos presupuestos se desarrolla desde una perspectiva sociológica y otra lo hace desde la psiquiatría, y ambas son un ejemplo claro de cómo, en ese momento concreto, sobre el suicidio se desarrolla todo un sentimiento que incita la curiosidad intelectual. a. tratar. de. comprender. ese. accionar de manera científica, a través de suposiciones presuntuosas, que solo lo intentan -comprenderlo- cuando logran totalizar todo convincentemente. Como se mencionó antes, uno de esos presupuestos es el que propone el sociólogo Ëmile Durkheim, quien, en un intento por desarrollar de forma científica el hecho suicida, propone que la acción suicida podría incluirse en tres tipo o categorías generales:. 59.

(60) El primero es el suicidio altruista, que se acomete cuando existe un grado excesivo de integración de la persona que acciona el suicidio con la sociedad a la que pertenece, hasta el punto en el que este personaje se dispone a sacrificarse a sí mismo por las creencias que se desarrollan en su cultura “es una acción común de las sociedades primitivas (...) de estructura rígida(...) que sobreviven hoy, como el ejército”(Alvarez, 1991 Pag. 106) El suicidio egoísta, en cambio, ocurre cuando el individuo no está integrado adecuadamente a su sociedad, y queda libre a sus propios medios para satisfacer sus necesidades; en su. experiencia. de. desintegración. social,. en el sujeto ocurre una individualización excesiva y esto eclosiona un sentimiento de desamparo que no le permite dar sentido a su vida, quedando a su libre elección lo que él considera necesario, su propia muerte. El suicidio anómico, por otro lado, sucede cuando ocurre un cambio repentino en la posición social del hombre que lo incapacita para enfrentarse con su nueva experiencia.. 60.

(61) Cada uno de esos tres tipos generales de suicido son el producto de una situación social específica; y esas mismas situaciones se convierten en los lugares comunes donde se desarrolla un tipo de conflicto que nos es común a todos dentro de lo que significa vivir, y lo complicado que puede llegar hacerlo. Aun así, al construir estas categorías, en las que todas las personas tiene cabida por algún momento en donde seguramente transcurrirá una de sus experiencias de vida, Durkheim lo hace con un cierto grado de responsabilidad, en. comparación. a. quienes. llevan. sus. propuestas a un extremo bastante crítico, como es el postulado que se desarrolla desde la perspectiva de la psiquiatría. Karl Menniger es un psiquiatra americano, y es quien le atribuyó el nombre de “suicidio crónico” a una nueva categoría del suicidio en el que tiene cabida todos los casos en los que nosotros hacemos cualquier cosa por destruirnos, menos aprobar voluntariamente que lo que estamos buscando es ese fin. Los alcohólicos y drogadictos, explica con su propuesta, entran en esta categoría en la que el suicido se desarrolla. 61.

(62) como una manera de buscar la muerte poco a poco y por partes, sin dejar de justificar que lo que se está haciendo son prácticas necesarias para hacer tolerable la vida.(ALvarez, 2000, p. 122) Estas categorías, que intentan comprender el suicidio de manera científica, son un tipo de postura intelectual en la que entra en cabida un error, y es el de hablar en una sola dirección, como si quien accionará su muerte por voluntad propia no pudiese decir con ello nada más que su insistencia en dramas, frente a lo complicado que puede ser la vida misma. Aun así, esas mismas situaciones sociales específicas en las que, pareciera, se desarrolla cada una de las categorías del hecho suicida pueden insinuar elementos que llegan a hacer comprensible la misma acción suicida, o por lo menos, proponen unos lugares desde donde es importante pensarse las acciones suicida. Esos mismos elementos que, parecieran, hacen comprensible el hecho suicida, hablan mucho de las situaciones que podrían incitar, dentro de la cabeza de un personaje suicida, un tipo de pensamiento por realizar que cabría dentro de esas categorías, pero, hablan poco de las persona que lo accionan. Eso. 62.

(63) demuestra que este interés por desarrollar de forma científica el hecho suicida lo único que logra sobre la misma acción es desarrollar teóricamente esa acción, “como si en vez de seres humanos, ahora solo les preocupara las historias clínicas anónimas y las estadísticas y hechos y aspectos (...) que puedan dar base a las teorías” (Alvares, 2000, P. 107) En otras palabras, el interés que en ese momento se empieza a tener sobre el suicidio se desarrolla la acción como un síntoma de los males de la sociedad, como un hecho que demuestra algo de la naturaleza social humana. Es en esa pretensión, la de comprender el suicidio como un síntoma de los males de la sociedad, donde se abre espacio, dentro de esas posturas, uno de esos lugares comunes dentro de la lógica científica de la naturaleza del hecho suicida. La cual, permite comprender desde esos lugares, que se presuponen legítimos, una mecánica funcional del suicidio; donde se desarrolla esta misma acción en relación a diferentes pulsiones culturales, que podrían inducirlo. Por tanto, aun cuando estas posturas intelectuales acceden a esos lugares de forma bastante forzada, su validación se encuentra en el mismo lugar donde. 63.

(64) ellos reconocen esos elemento que suponen son importantes para entender con ellos un poco sobre las acciones suicidas, y no lo hacen de manera fortuita. Esos elementos los reconocen dentro de ciertas pulsiones culturales que ocurren en su contexto más próximo y que, también, inciden en esas mismas propuestas teóricas y científicas. Por eso, insisto en reconocer, antes de continuar retomando aquel modelo funcional del suicidio que se propone desde la perspectiva del psicoanálisis, el momento en que Freud desarrolla su concepto de duelo y melancolía. Ambos conceptos surgen a comienzos del siglo XIX, en una época donde avanzaba el desarrollo de la psiquiatría y dentro de su campo la depresión había adquirido cierta especificidad. Con estos dos conceptos se propone un mecanismo funcional del suicidio, que nunca se desarrolla de manera concreta. Solo se hace a través de una recopilación de las mismas intervenciones de la sociedad Psicoanalítica de Viena, en las que se tocaba el tema de manera ajena en algún momento dentro del hilo conductor de sus conversaciones y discusiones.. 64.

(65) Luego, Freud desarrolla su concepto de “pulsión de muerte”, en una época al borde de una segunda guerra mundial, y con esa idea propone cómo en la cultura existe una tendencia innata de procurar la destrucción de otros seres, o la propia. Esta pulsión es opuesta a la de la vida, a la del principio del placer, y tiene como fin reducir completamente todas las tensiones del sujeto. Este concepto propuesto por el psicoanálisis plantea que existe en la lógica de la vida una pulsión que busca hacer volver a todo ser vivo hacia el estado inorgánico de quietud. En otras palabras, que existe en todo organismo vivo una tendencia a retornar hacia la muerte; y propone, también, esa relación es mucho más compleja dentro de la cultura. Pero, en eso no entraremos a hablar detalladamente, ahora la importancia de retomar este concepto de “pulsión de muerte” es la de comprender en qué momento y lugar fue pensada y cómo, luego, cuando fue desarrollada, la atribuyen a ese mismo mecanismo funcional del suicidio, que se había propuesto antes, para comprender a esta pulsión dentro de esa relación de conflicto entre esas tres instancias, como una pulsión que funciona como un catalizador que hace mucho más lógico. 65.

(66) y compresivo esa relación conflictiva y sádica en la que, pareciera, se desarrolla el hecho suicida. Esta idea sobre la pulsión de muerte adquiere cierta importancia pensarla dentro de lo que veníamos comprendiendo cómo funciona ese mecanismo, totalmente abstracto, del suicidio, propuesto por Freud. Pues, dentro de la psique de una persona suicida, desde la perspectiva del psicoanálisis y encabezado por este autor en concreto, existe una compleja relación entre el Yo, el Superyó, y el Ello. Esa relación tiene un mecanismo ofensivo de proyección e introyección, escisión, negación e identificación entre los tres agentes en los que se ven implicados ambas pulsiones, la del principio de placer y la de la pulsión de muerte. Las cuales, hacen que se desarrolle en sus relaciones un tipo de sadismo que revela el enigma por el que la melancolía y su producto mal atribuido, el suicidio, consiguen ser tan peligrosas; como productos sociales, por supuesto. Pues, este mecanismo funcional del suicidio, pareciera, responde a una situación específica que, creo, se desarrolla de una mejor forma con la literatura. Pero, insisto, de eso hablaremos en el segundo capítulo de este proyecto. Por ahora, sólo. 66.

(67) intento comprender, desde esos lugares comunes que propone esta postura, por qué Andrés y Sergio tomaron la decisión de morir por voluntad propia y, aún más importante, qué podría significar para ellos ese accionar, y por qué lo hicieron público. Creo que en ambas decisiones hubo más una acción política que una pretensión de querer detener ese momento y hacerse al centro de la escena, aún cuando desde la perspectiva del psicoanálisis ambas pretensiones podrían coexistir en el mismo hecho. Al poner en sobreaviso esas decisiones que, de forma amenazante para el sistema, Sergio y Andrés se dispusieron a ejecutar, con sus actos suicidas, ambos tuvieron la pretensión de poner en un lugar crítico la moral del grupo, al pervertir las respuestas y formas de actuar de todo su entorno social frente a esa misma acción. Sergio y Andrés se convirtieron, con sus acciones suicidas, en la materialización del lugar donde sucede ese conflicto constante entre esas tres instancias, desde una perspectiva psicoanalítica, por supuesto; donde la acción suicida era el acto final con el que pretendían acceder a una liberación.. 67.

(68) Por tanto, se puede señalar que ambas decisiones. pudieron. responder. a. ciertas. situaciones sociales específicas que cabrían dentro de una de esas categorías, antes mencionadas.. Pero,. la. pretensión. de. este. proyecto no es retomar todas esas propuestas que intentan resolver ese, tan extraño, deseo de morir, y de hacerlo comprensible al describirlo con un lenguaje científico. Sino en intentar comprender ese accionar desde cierta participación afectiva. Por eso insisto en reconocer ese mecanismo ofensivo de proyección, que en un comienzo mal interpreté con la manera de operar de Andrés. No creo que fuese fortuito que ambos lo hayan hecho público. En ambos eventos se podría reconocer, en sus decisiones y la materialización de su ejecución, que sus actos podrían ser un producto de ciertas situaciones sociales concretas. Pero, en ello, también, existe una estrategia que funciona en contrapartida, y que intenta anular esa figura victimizada del suicida como alguien que, como un producto de ciertas situaciones sociales específicas, confiesa que ha sido sobrepasado por la vida, y no la comprende.. 68.

(69) Pues, en las acciones suicidas siempre, se ha podido reconocer, existe una serie de expresiones de capacidades individuales, porque a ello solo se puede acceder a través de una decisión personal. Aun cuando todos construimos una noción de nosotros mismos a través de la interacción con otras personas, lo que nos hace inseparables del resto de la cultura y experiencias humanas, cada uno de nosotros tenemos la libertad de decidir qué hace parte. Por tanto, lo que adquiere importancia dentro de este postulado del psicoanálisis respecto al sistema funcional del suicidio es que, aun cuando resulta totalmente abstracto, y por eso consigue ser válido, propone que el suicidio no es solo el acto de realización -una muerte accionada por voluntad propia-, sino que, antes, existe todo un proceso que, desde el psicoanálisis, se comprende como un cuadro clínico causado por un delirio de insignificancia, y en ello es donde se encuentra esa misma estrategia que funciona en contrapartida, si lo vemos alejados de una mirada patológica. Con esto, lo que se pretende exponer es que, bajo esta idea, el hecho suicida no es solo la acción liberatoria en un conflicto constante entre esas tres instancias - una muerte accionada por voluntad. 69.

(70) propia- sino una serie de intentos fallidos en los que se quiere deshacer y castigar a ese objeto que daña, pero también se desea preservarlo porque en él se ha proyectado un sentimiento de apego, y con la muerte se perdería. Lo importante en reconocer este proceso, que sucede antes de la realización misma del acto suicida, es observar cómo dentro de este delirio de insignificancia se desarrolla una estrategia en contrapartida, por parte de esa conciencia moral; quien expone y habla de sus propias vulnerabilidades como si no hablara de las de sí mismo, sino de las de otra persona. Bajo esta idea, quien acciona el acto suicida pone en un lugar crítico la funcionalidad del sistema. Pues, de quién es, realmente, de quien habla sino es de eso que es él mismo, su propio entorno social. Es en ese momento, cuando la persona suicida se reconoce a sí mismo como un producto social, donde quien acciona su muerte por voluntad propia, le atribuye su decisión y la materialización del acto a ciertas situaciones sociales específicas. Las cuales, convierten al hecho suicida en el acto con el que, quien lo acciona, no solo. 70.

(71) busca exponer sus propias vulnerabilidades, sino que con ello lo que pretende es hablar de las vulnerabilidades de todo su entorno social. Por tanto, bajo esta idea, al igual que la manera de operar de la conciencia moral, al hablar de un otro, que termina siendo él mismo, el suicida no solo busca hablar y exponer sus propias vulnerabilidades, en lo que se convierte su propio cuadro clínico, y en lo que el suicidio se vuelve en un producto realizado, sino busca, con ello, juzgar a eso otro que también hacen parte de él. Con esto, la pretensión de retomar este postulado del psicoanálisis es la de un intento de distanciamiento sobre esa mirada patológica en relación a ese cuadro clínico, que sucede con los delirios de insignificancia, para tomarlo como una estrategia en contrapartida con la que, quien acciona su propia muerte, reconoce que con ello accede a ejecutar un acto en el que se descubre un tipo de libertad, en la que no existe sino el desorden, y la confusión por la ausencia y la afirmación misma de la autoridad.dicho de otra forma, quien accede al acto suicida no solo busca expresar con su acción su “incapacidad” para enfrentarse a lo que significa vivir, y lo. 71.

(72) complicado que puede llegar a hacerlo, sino que busca, también, juzgar a eso otro que también hace parte de él. Es en esa figura proyectiva donde intentó comprender el hecho suicida como una acción política, alejada de muchos de los prejuicios que se han construido socialmente alrededor de su idea. Pues, cinco años después de la muerte de Andrés, he reconocido que siempre existirá una buena razón para quitarse la vida, y esas causas siempre serán convincentes para quien desea accionar su muerte por voluntad propia; con todo, he llegado a la conclusión que el suicidio tiene una lógica propia e irresistible, la cual, no permite ser entendida del todo para quienes participamos en ella de manera indirecta. Es una experiencia que quien la vive no podrá describir jamás. Toda teoría que intenta comprender esta acción tan ambigua se desarrolla con suposiciones presuntuosas, y ninguna puede interpretarlo de una manera correcta, solo totalizar todo convincentemente. Pues, dentro de estas posturas intelectuales todos los detalles encajan y cualquier incidente refuerza la decisión; en ello, todo se carga de significación especial.. 72.

(73) Por tanto, todos esos presupuestos que se han citado hasta el momento para mostrar de qué forma se ha desarrollado la idea del suicidio a lo largo de la historia solo hablan de los procesos que llevan a alguien a tomar la decisión de morir por voluntad propia, y ayudan a definir la profunda ambigüedad de este deseo de morir, pero dicen poco de lo que significa ser suicida y de lo que se siente. Pues, bien, tampoco podría dar una respuesta verdadera a estas preguntas; para ello, reconozco, tendría que acceder totalmente a tal experiencia, y nunca ha habitado en mi cabeza un pensamiento dentro de estas categorías; este hecho solo ha evocado en mí cierta participación afectiva, desde donde he intentado comprender la misma acción suicida. Con todo, antes de finalizar con esta revisión histórica, habría que reconocer que desarrollar cualquier postura intelectual sobre esta acción, y cualquier otra, siempre estará cargado de una serie de intenciones determinadas, y cada uno de todos estos desarrollos teóricos que he citado en este capítulo no se salvan de esa mala situación. Cada uno ha tenido una intención determinada. 73.

(74) sobre el hecho suicida en su contexto más próximo. Lo paradójico de todo es que el suicidio siempre ha sido reconocido como una acción de libertad cargada de cinismo, con la que, quien lo acciona, desafía el orden aceptado; y es con esa idea como se ha reconocido al suicida, lo que hace que en ese camino del Dios salvaje sugiera esa pregunta con la que inicié este último subtítulo del primer capítulo de este proyecto, a qué responde, verdaderamente, esa nueva forma cómo se piensa al suicida, y por qué actualmente, de repente, pareciera, ha dejado de existir como un interés intelectual, en este momento particular, donde la libertad es reconocida como una materia inagotable que, al igual que el suicidio, al parecer, no ha desaparecido, solo ha pasado a ser parte de todo lo que construye nuestra sociedad contemporánea. Ha pasado a ser parte de toda su materia. “El fin último de todas las ciencias es hacer la vida vivible pese al paciente mismo, el suicida representa un fracaso para él” (ALvarez, 2000, p. 238). 74.

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(77) HOJA DE RUTA Álvarez, Al (1991). El Dios Salvaje. Un estudio del suicidio. Barcelona, España: Editorial Norma, s.a. Foucault, Michel. (1998). Historia de la sexualidad. La voluntad del saber. Cap. IV EL DISPOSITIVO DE SEXUALIDAD, Cap. V. DERECHO DE MUERTE Y PODER SOBRE LA VIDA. Coyoacán, México D.F. : Siglo veintiuno Editores, s.a. Chuaqui Numan, Laura. (2002). LA SOCIOLOGÍA DE LA LITERATURA O SOCIOLOGÍA DE LA NOVELA. Revista Electrónica Dialogo Educativos, 2002, Año 2 (No 3) Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/servlet/ articulo?codigo=2095643 Camus, Albert. (1953). El mito de Sísifo. Buenos Aires: Editorial Lozada. Rodríguez Pulido, J. L. Glez. de Rivera y Revuelta, R. Gracia Marco y D. Montes de Oca Hernández (1990). El suicidio y sus interpretaciones teóricas. Psiquis. 1990(n 11) 374-380. Recuperado de: https://www.researchgate. net/publication/268338617_El_suicidio_y_sus_interpretaciones_teoricas Ortega Martinez Maria cristina, Pedro Falcón Hugo. (2014). El suicidio para el psicoanálisis. Carta Psicoanalítica. 2014 (No ) Shlain, Leonard. (2000). El alfabeto contra la diosa. El conflicto entre la palabra y la imagen, el poder masculino y el poder femenino. Madrid, España: Editorial Debate, s. a. Saramago, José. (1998). Todos los nombres. Madrid, España: Grupo Santillana de Ediciones, S. A.. 77.

(78) Saramago, José. (2006). Las intermitencias de la muerte. Madrid, España: Santillana Ediciones Generales, S. L. Hang, Byung-Chul. ( 2014). Psicopoliticas, Neoliberalismo y nuevas técnicas del poder. Barcelona, España: Herder Editorial S.L. Pedrero, Mercedes (2000). Censos agropecuarios y Género… Depósitos de documentos de la FAO: Food and Agriculture Organitation of the United Nations. Recuperado de: http://www.fao.org/docrep/004/ x2919s/x2919s01.htm#bm1 Lemaitre, Julieta (2016). ¿Qué es una ideología de género?. La. Silla. Vacía.. Recuperado. de. http://lasillavacia.com/blogs/. que-es-una-ideologia-de-genero-57494. FILMOGRAFÍA Trilogía sobre la depresión: Zentropa Entertainments. Lars von Trier. (2009)Antichrist. Dinamarca: Zentropa. Zentropa Entertainments. Lars von Trier. (2011) Melancholia. Dinamarca: Zentropa. Zentropa Entertainments. Lars von Trier. (2013) Nymphomaniac Vol1 y Vol 2. Dinamarca: Zentropa.. 78.

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Referencias

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