• No se han encontrado resultados

Fenmenos de la programacin in utero: efectos del alto nivel de estrs y de la desnutricin durante el embarazo

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2020

Share "Fenmenos de la programacin in utero: efectos del alto nivel de estrs y de la desnutricin durante el embarazo"

Copied!
10
0
0

Texto completo

(1)

J Martín Maldonado-Durán y col.

F

enómenos de la “programación”

in utero

: efectos del alto nivel de estrés y de la

desnutrición durante el embarazo

J MARTÍN MALDONADO-DURÁN,a TERESA LARTIGUEb

RESUMEN

El artículo revisa la evidencia científica respecto a los “efectos de programación” de la exposición in utero a experiencias adversas. Éstos ocurren en el metabolismo y conducta del feto, el niño y tienen efectos a largo plazo en el adulto. Un nivel elevado de estrés psicosocial en la madre da lugar a resultados obstétricos negativos y efectos adversos en la conducta del niño. Se revisan los efectos de la desnutrición intrauterina y del bebé de bajo peso para su edad gestacional en términos del síndrome X (diabetes, hipertensión, enfermedad isquémica cardiaca y obesidad), así como la posible predisposición a depresión y otros trastornos mentales en la edad adulta. Estos estados son prevenibles y una intervención temprana podría aliviar esos efectos negativos.

PALABRAS GUÍA: Efecto de programación, síndrome X, desnutrición

intrauterina, estrés psicosocial.

a Associate Professor.

Dep. of Psychiatry. School of Medicine. University of Kansas City, Mossouri, USA.

b Co-Chaire para Latinoamérica del Comité de Mujeres y

Psicoanálisis de Asociación Psicoanalítica Internacional,

Correspondencia: Dra. Teresa Lartigue

Bosque de Caoba 67, Col. Bosques de las Lomas,

Del. Miguel Hidalgo, C.P. 11700, México D.F. Tel.: 5596-0009. Correo electrónico: [email protected]

Recibido: 17 de septiembre de 2007. Aceptado: 28 de noviembre de 2007.

Perinatol Reprod Hum 2008; 22: 26-35

I N T R O D U C C I Ó N

El presente trabajo evalúa la información reciente sobre los efectos de un nivel elevado de estrés psicosocial en la madre y los efectos de la desnutrición del bebé in utero. Se examinan los efectos en la embarazada y las consecuencias p a r a e l b e b é , a s í c o m o s u s i m p l i c a c i o n e s a largo plazo.1 El propósito es alertar al clínico sobre la necesidad de implementar estrategias de intervención para evitar o aliviar los efectos n e g a t i v o s d e e s t o s f a c t o r e s d e r i e s g o . E s necesario que el médico familiar, el especialista en ginecoobstetricia, la partera, el personal de

enfermería y el profesional de salud mental estén al tanto de las consecuencias negativas de estas tensiones para que ayuden a las familias a buscar la forma de resolver las tensiones por medio de intervenciones tempranas. Se debe a s i g n a r u n a p r i o r i d a d s o c i a l a l b i e n e s t a r p s i c o l ó g i c o y e m o c i o n a l d e l a m u j e r embarazada y la pareja.

A LT O E S T R É S

P S I C O S O C I A L D U RA N T E

E L E M B A RA Z O

(2)

dificultades en el medio ambiente y una menor o p o r t u n i d a d d e n u t r i r s e . L a p o b r e z a e s u n d e n o m i n a d o r c o m ú n o “ m a r c a d o r ” q u e produce una “programación” del feto a tener trastornos de salud a largo plazo, tales como l o s i n f a r t o s a l m i o c a r d i o e h i p e r t e n s i ó n arterial.7

Asimismo, la falta de apoyo psicosocial tiene efectos negativos, tanto en la salud física como mental.8 Cuando se tiene una menor red de apoyo, hay una reducción inmunológica en la actividad de las células “asesinas” y una peor r e s p u e s t a d e f e n s i v a . S e h a s u g e r i d o q u e e l estrés afecta negativamente el funcionamiento inmunológico de la gestante.9 Algunas de las consecuencias obstétricas que se han asociado con tensión excesiva durante el embarazo se describen a continuación.

A b o r t o e s p o n t á n e o

Varios estudios han mostrado una asociación entre la muerte de algún pariente de la mujer durante su embarazo y mayor riesgo aborto espontáneo. También con tensiones excesivas en el sitio de trabajo.

P r e m a t u r e z

Hay una correlación entre mayor estrés y riesgo de parto prematuro.10 En un estudio con 508 embarazadas en Alemania,1 1 hubo correlación significativa entre mayor tensión, ansiedad, estrés y parto prematuro. Entre los marcadores estuvieron: no contar con una “red de apoyo” de otras mujeres en quienes confiar y un bajo envolvimiento emocional del compañero (novio o esposo), así como tener múltiples síntomas psicosomáticos. Otra investigación, realizada en Carolina del Norte,12 EU con 1,962 gestantes, encontró asociación entre un número de preocupaciones respecto al embarazo y parto prematuro. Otro semejante en Chile,13 con 192 mujeres, encontró que en 56% de ellas el embarazo no era planeado y en 32% era percibido como negativo. Un 62% informó vivir con alto nivel de estrés y 81% estaban insatisfechas con el apoyo psicosocial disponible para ellas. Hubo una correlación entre más estresores y menor duración del embarazo y menor peso al nacer. Además, la El alto nivel de estrés o tensión emocional y

la ansiedad excesiva en la futura madre tienen efectos negativos para ella y su bebé. Éstos no se manifiestan sólo en el presente y a corto p l a z o p u e d e n t e n e r u n i m p a c t o n e g a t i v o y duradero en la vida del niño.

E F E C T O S D E L

E S T R É S P S I C O S O C I A L

Hay pocos estudios sobre los mecanismos nocivos específicos del estrés4 y existen varias preguntas sin esclarecer: ¿En qué etapa del e m b a r a z o t i e n e n e l p e o r e f e c t o n e g a t i v o ? , ¿cuáles son las circunstancias negativas que tienen el peor efecto?, ¿por qué mecanismos actúan?, ¿cuál será la duración de las tensiones y l a a n s i e d a d p a r a a f e c t a r n e g a t i v a m e n t e ? , ¿existen diferencias entre los estresores agudos y crónicos?

Las mujeres que viven en peores condiciones de vida, de habitación, socioeconómicas, en u n m e d i o a m b i e n t e c o n m á s v i o l e n c i a y criminalidad tienen el mayor nivel de estrés y peores resultados obstétricos.4,5 Esto subraya la importancia de los factores socioculturales además de los individuales en la vida de una persona específica. De hecho, lo que en un grupo social es estresante, en otro puede no serlo. En un estudio realizado en el norte de Ru s i a s e e n c o n t r ó e n u n g r u p o d e 1 , 3 9 9 mujeres,6 que vivir en un departamento donde h a b i t a r á m á s d e u n a f a m i l i a y t e n e r u n c o m p a ñ e r o q u e t o m a r a b e b i d a s a l c o h ó l i c a s e n f o r m a e x c e s i v a , s o n l o s p r i n c i p a l e s e s t r e s o r e s : l o s c u a l e s s e a s o c i a n c o n disminución del peso del feto. Por el contrario, vivir con los padres es un factor de protección. Por contraste, en otros grupos culturales puede considerarse como negativo que la mujer viva con sus padres.

(3)

cuarta parte de las gestantes tenía desnutrición. Una investigación multicéntrica en diez hospitales y con 2,596 gestantes, entre la 25 y 29 semanas,1 4 e x p l o r ó la asociación entre baja autoestima, alto nivel de estrés, nacimiento prematuro y peso bajo para la edad gestacional. Las asociaciones fueron significativas.

P r e e c l a m p s i a

E x i s t e u n a r e l a c i ó n e n t r e l a a n s i e d a d y depresión durante el embarazo y preeclampsia. Ésta es más frecuente si estas alteraciones han existido desde el primer trimestre. Es posible q u e l a t e n s i ó n y l a a n s i e d a d a u m e n t e n l a c o n c e n t r a c i ó n d e h o r m o n a l i b e r a d o r a d e c o r t i c o t r o p i n a d e l a p l a c e n t a , l o c u a l s e asociaría con la hipertensión arterial.

¿ A n o m a l í a s c o n g é n i t a s ?

S e h a i n v e s t i g a d o1 5 , 1 6 l a c o r r e l a c i ó n e n t r e factores de estrés y tener un neonato con bajo perímetro cefálico. Esto se debería a un menor c r e c i m i e n t o c e r e b r a l i n u t e r o ( d i s m i n u c i ó n de 5% del tamaño del cerebro). Sin embargo, Obel y cols.17 estudiaron el curso de este mismo fenómeno en 4,211 embarazos en Dinamarca y no encontraron evidencia de tal asociación. Otros autores han sugerido que las peleas con el compañero u otros miembros de la familia pueden causar esos mismos efectos, incluyendo posibles malformaciones craneofaciales.

B a j o p e s o a l n a c e r

Al estar expuesta a un número de tensiones significativas, la gestante está en mayor riesgo de tener no sólo parto prematuro18,19 sino un bebé pequeño para su edad gestacional.14,20

E F E C T O S D E

L A “ P R O G RA M A C I Ó N ”

D E L F E T O I N U T E R O

Hay un creciente interés en la posibilidad de que algunos trastornos que se presentan en el adulto tengan su origen en la etapa fetal. Se cree que lo que ocurre al feto puede tener impacto a largo plazo, cambiando el funcionamiento de algunos órganos o sistemas, causando algunas enfermedades crónicas, muchos años después. A esto se ha llamado como fenómeno de

“pro-gramación”.21 Un posible mecanismo de tal programación sería afectar el funcionamiento de las glándulas: el funcionamiento hormonal del niño y finalmente del adulto.22 También podría ser que los cambios en el feto afecten la expresión genética de algunas células y el funcionamiento de distintos sistemas.

E S T R É S

P S I C O S O C I A L , A N S I E DA D

Y “ P R O G RA M A C I Ó N ” D E L F E T O

Glover y su grupo en el Reino Unido,23 han demostrado que el alto estrés en el embarazo tiene varios efectos negativos en el feto. Han o b s e r v a d o q u e o c u r r e n c o n t r a c c i o n e s d e l a arteria uterina en los momentos en que la ges-t a n ges-t e e s t á e x p u e s t a a l e s t r é s . Ta l e s contracciones causan una reacción de estrés en el producto mismo: menor posibilidad de o x i g e n a c i ó n y a l t e r a c i o n e s f i s i o l ó g i c a s . U n o de los resultados es un peso más bajo al nacer. En un estudio con 100 mujeres en el tercer trimestre del embarazo, 27% de aquellas con e l n i v e l m á s a l t o d e a n s i e d a d p r e s e n t ó u n aumento en el índice de resistencia de la arteria uterina. Sólo 4% de las mujeres sin ansiedad t e n í a t a l a u m e n t o . O t r o s e s t u d i o s h a n encontrado correlación entre ansiedad-tensión en la madre y un aumento en la frecuencia cardiaca del feto.24

Asimismo, existe una asociación23 entre un alto nivel sanguíneo de cortisol en la madre y en el feto. Cuando este nivel es excesivo, podría contribuir a alteraciones en el desarrollo de algunas áreas del cerebro, por ejemplo de las áreas involucradas en la regulación de las emoc i o n e s ( emoc o m o e l h i p o emoc a m p o ) . S e h a d e m o s -t r a d o q u e u n a c o n c e n -t r a c i ó n e x c e s i v a d e c o r t i s o l t i e n e u n e f e c t o n e u r o t ó x i c o e n e l cerebro.2 5

Se ha encontrado que a mayor estrés en la madre hay más actividad física en el feto.26 Sin embargo, otro estudio encontró precisamente l o o p u e s t o .2 7 E n c u a n t o a l e f e c t o e n e l comportamiento del feto, éste tendrá menor capacidad de habituación y mayor reactividad física.2 8

(4)

mujeres) comparando la conducta del recién nacido de madres con alto y con bajo nivel de t e n s i ó n . E n e l p r i m e r g r u p o , t u v i e r o n p e o r funcionamiento conductual usando la escala d e E v a l u a c i ó n C o n d u c t u a l d e B r a z e l t o n , i n d i c a n d o d i f i c u l t a d e s d e r e g u l a c i ó n e n l a s á r e a s d e o r i e n t a c i ó n , m o d u l a c i ó n d e s u s e s t a d o s d e c o n c i e n c i a y p a r a m a n t e n e r u n esfuerzo sostenido.

E F E C T O S A L A R G O P L A Z O

Desde hace quince años, van den Bergh3 0 había notado la asociación entre alto nivel de estrés en el embarazo y cambios conductuales en el bebé, como comportamiento irritable y difícil en el lactante. En efecto, la ansiedad en la futura madre30,31 se relaciona con una mayor frecuencia de dificultades emocionales en el hijo o hija. Un grupo en Suecia encontró que el bebé tenía un temperamento más irritable, se enojaba fácilmente y era más demandante.32 Esto se observa incluso cuando el niño tiene cuatro años: más dificultades de regulación ( p a r a d o r m i r , i r r i t a b i l i d a d , l l a n t o e x c e s i v o , etc.) y temperamento más difícil. El estudio longitudinal de Avon (ALSPAC), en el Reino Unido, evaluó las dificultades en la conducta de los niños (por medio del reporte de sus p a d r e s ) a l o s 4 7 y 8 1 m e s e s d e e d a d . L a s dificultades más frecuentes fueron conducta agresiva e hiperactividad en niños y niñas.

O t r o s i n v e s t i g a d o r e s h a n s e ñ a l a d o l a c o r r e l a c i ó n e n t r e e l e s t r é s i n u t e r o y a l t e r a c i o n e s d e i n t e g r a c i ó n s e n s o r i a l e n e l m e n o r . E s t o s i g n i f i c a q u e e l n i ñ o t i e n e d i f i c u l t a d e s p a r a p r o c e s a r l a i n f o r m a c i ó n visual, auditiva, táctil, además de problemas en su funcionamiento motriz.3 3

Efectos semejantes son los informados por e l g r u p o d e l a U n i v e r s i d a d d e U t r e c h , H o l a n d a .2 0 É s t e e v a l u ó e l g r a d o d e t e n s i ó n e m o c i o n a l a n t e n a t a l y s i h a b í a a l t e r a c i o n e s cognoscitivas más tarde en los hijos e hijas. El estrés se midió con la escala de dificultades de la vida diaria y con la concentración de cortisol e n l a s a l i v a e n 1 7 0 m u j e r e s e n s u p r i m e r embarazo. Cuando había alto grado de tensión h a c i a l a m i t a d d e l e m b a r a z o , f u e p o s i b l e predecir peores calificaciones en el nivel de

desarrollo intelectual y motriz a los ocho meses de vida. La ansiedad que tuvo mayor poder de predicción de un efecto negativo fue el miedo acentuado de ser madre durante el segundo trimestre del embarazo.

Xiao y cols.,34 sugieren que el estrés crónico causa una hipoxia relativa en el feto, el cual ajusta su metabolismo y se “adapta” a este e s t a d o .

Linnet y cols.35 en un estudio de metaanálisis, encontraron una asociación positiva entre el elevado estrés durante el embarazo y trastorno por déficit de atención (TDA). Otro estudio,36 que utilizó la Escala de síntomas conductuales e n e l n i ñ o (C h i l d B e h a v i o r C h e c k l i s t) d e A c h e n b a c h , e n c o n t r ó u n a c o r r e l a c i ó n e n t r e las manifestaciones clínicas de dificultades de aten-c i ó n y a n t e aten-c e d e n t e s d e m a y o r e s t r é s e n l a madre durante el embarazo.

D E S N U T R I C I Ó N I N U T E R O

La desnutrición in utero es de interés por v a r i a s r a z o n e s . E l f e n ó m e n o e s f r e c u e n t e y tiene consecuencias a largo plazo. Es necesario entender sus causas y sus secuelas, además de intentar remediarlos. Se ha descubierto que el bajo peso para la edad gestacional (BPEG), conlleva efectos a largo plazo, tanto en términos del estado de salud física y mental del niño, como del adulto. Es complicado distinguir la desnutrición de los otros factores de riesgo asociados con la pobreza, la cual también tiene a l a r g o p l a z o c o n s e c u e n c i a s n e g a t i v a s .3 7 E s necesario distinguir entre prematurez y bajo p e s o a l n a c e r . E n l a d e s n u t r i c i ó n , e l b e b é puede tener una maduración adecuada, pero es más pequeño de lo esperado.

Una definición operacionalizada de desnu-trición materna es que la mujer pese menos de 50 kg, en la etapa pregestacional, o cuya talla e s m e n o r a 1 5 0 c m . Ta m b i é n a q u e l l a c u y o índice de masa corporal es menor de 19.8 (o sea 19.8 kg por metro cuadrado de superficie c o r p o r a l ) ,3 8 e l t e j i d o a d i p o s o e s d e m e n o r volumen y pesa menos de lo esperado para su e d a d .

(5)

a m b i e n t e i n t r a u t e r i n o ( s u f i c i e n c i a d e l a placenta, nutrición de la madre, tabaquismo de ésta, etc.). Una madre que ha tenido un bebé con pobre crecimiento intrauterino tiene mayor riesgo de que ocurra lo mismo en un e m b a r a z o s u b s e c u e n t e .3 9 L a d e s n u t r i c i ó n m a t e r n a s u e l e a c o m p a ñ a r s e d e o t r a s deficiencias: como de ácido fólico y de hierro; esta última deficiencia puede causar anemia y con ello menor crecimiento del feto.

Otros determinantes menos frecuentes son las anomalías congénitas o cromosómicas (por ejemplo las trisomías), así como la presencia de una infección intrauterina (p. ej. citomega-l o v i r u s ) . O t r a c a u s a , m á s f r e c u e n t e , e s citomega-l a p r e e c l a m p s i a , l a c u a l c a u s a i n s u f i c i e n c i a p l a c e n t a r i a .

Calcular el peso del feto es difícil y existe un a m p l i o m a r g e n d e e r r o r ; a l e v a l u a r s e p o r ultrasonido, puede haber un error de 20%.3 9 Se ha sugerido una distinción entre el bebé “constitucionalmente” pequeño y el que tiene retraso del crecimiento intrauterino. Algunos autores recomiendan sospechar desnutrición in utero cuando el perímetro abdominal del neonato es menor que la percentila 2.5 para su edad gestacional.39 El perímetro abdominal se c o n s i d e r a u n a a p r o x i m a c i ó n a d e c u a d a a l estado nutricional del bebé.

Por desgracia, en los países “en desarrollo” la desnutrición intrauterina es frecuente, ya que afecta entre 13-30% de las mujeres embara-zadas.40,41 El bebé que nace con desnutrición tiene una mortalidad cinco a diez veces mayor que el de peso normal.41

El bajo peso al nacer se determina por el peso del bebé, cuando éste es menor de 2,500 g (en el caso de un neonato de término); otra definición es cuando un bebé tiene un peso al nacer por debajo de la percentila 10 para su edad gestacional. Es común clasificar el retraso d e l c r e c i m i e n t o i n t r a u t e r i n o e n s i m é t r i c o y asimétrico.4 2 En el simétrico, la cabeza y el resto del cuerpo son pequeños. En el asimé-t r i c o , l a c a b e z a e s p r o p o r c i o n a l m e n asimé-t e m á s grande. Se estima que en este caso ha habido un efecto “protector” del cerebro. Por regla general, un neonato con peso menor de 2,000 g (y es de término) tiene retraso simétrico.

E s t a f o r m a e s l a m á s c o m ú n e n l o s p a í s e s pobres. Existe una relación inversa entre el perímetro cefálico al nacimiento y el riesgo de e n f e r m e d a d c e r e b r o v a s c u l a r e n l a e d a d adulta.3 7

Dunger y Ong22 utilizan el término “fenotipo ahorrativo” (thrifty phenotype, en inglés) para d e n o t a r e s t o s p r o b l e m a s , f r a s e q u e s u g i e r e que el cuerpo “ahorra” en crecimiento para adaptarse a la escasez de nutrientes.43

E n l o s p a í s e s i n d u s t r i a l i z a d o s l a c a u s a p r i n c i p a l e s e l c o n s u m o d e t a b a c o . E n l o s países pobres, es la baja ingesta de alimentos por la futura madre.38,44 Cuando la mujer no a u m e n t a s u f i c i e n t e p e s o e s t á e n r i e s g o .4 5 Cuando la futura madre al nacer tuvo cuando nació un peso menor del óptimo para la edad g e s t a c i o n a l , t e n d e r á a t e n e r b e b é s m á s pequeños.46,47 El feto masculino es más vulnera-ble a los efectos de la pobre nutrición in utero.21

E f e c t o s e n e l n i ñ o

E n e l b e b é , s e h a o b s e r v a d o u n temperamento más difícil,32 es más irritable y llora con mayor facilidad. En el niño de edad escolar se ha observado una asociación con síntomas de trastorno por déficit de atención e hiperactividad.4 8

E l S í n d r o m e X

Barker y cols.7 reportaron que las madres q u e h a b í a n s u f r i d o h a m b r u n a d u r a n t e s u e m b a r a z o ( d u r a n t e l a S e g u n d a G u e r r a Mundial en Escocia), y sus hijos habían nacido c o n d e s n u t r i c i ó n i n u t e r o, p r e s e n t a r o n u n mayor riesgo de sufrir infartos de miocardio, h i p e r t e n s i ó n a r t e r i a l y d i a b e t e s e n l a e d a d adulta.4 9 A l g o s e m e j a n t e s e o b s e r v ó e n u n a cohorte de quince mil personas en Suecia.5 0 Los autores proponen la hipótesis de que si la desnutrición ocurre desde el primer trimestre, h a y m a y o r r i e s g o d e t e n e r u n a c c i d e n t e c e r e b r o v a s c u l a r ( h e m o r r a g i a ) e n l a e d a d adulta. Si ocurre en el segundo trimestre, el riesgo es de presentar enfermedad coronaria, p o s i b l e m e n t e a t r a v é s d e u n e f e c t o d e resistencia a la insulina.51

(6)

mani-fiestan en el adulto, sus componentes princi-p a l e s s o n : h i princi-p e r l i princi-p i d e m i a , d i a b e t e s m e l l i t u s tipo II e hipertensión arterial, en enferme-dades cardiovasculares, todos asociados con antece-dente de bajo peso para la edad gestacional.51 De hecho, se ha observado que estas personas desde la infancia tienen mayor actividad del eje hipotálamo-hipofisario-suprarrenal52,53 y eleva-ción del cortisol sanguíneo. Desde luego que el síndrome X está multideterminado y contribuyen factores genéticos, el estilo de vida y la dieta.

La evidencia indica que los efectos negativos de la desnutrición in utero son proporcionales a su gravedad.22 Estudios a largo plazo en Holanda también muestran asociación entre la pobre nutrición in utero y menor tolerancia a la glucosa en la edad adulta,54 obesidad en la adultez temprana55 y bajo peso al nacer en la generación subsecuente. Otras consecuencias son bronquitis crónica, mayor índice de masa corporal y enfermedad cardiaca,56,57 hipertensión arterial e hiperlipidemia. Otros estudios confirman estas asociaciones.4 0

La reducción del crecimiento fetal altera el d e s a r r o l l o d e l t e j i d o a d i p o s o , p u e s é s t e s e reduce en forma importante en el bebé, debido a baja acumulación de grasa en los adipocitos. S i m á s t a r d e e n s u v i d a e s t o s n i ñ o s “compensan” su peso bajo con mayor ingestión de alimentos, tienden a manifestar obesidad central.

D e f i c i e n c i a d e o t r o s n u t r i e n t e s

La deficiencia de zinc en el plasma de la madre se asocia con consecuencias como el r e t r a s o d e l c r e c i m i e n t o d e l f e t o , a n o m a l í a s congénitas, prematurez o aborto espontáneo, así como con preeclampsia.58,59

E l d é f i c i t d e v i t a m i n a A s e o b s e r v a e n mujeres que ingieren pocos productos lácteos y frutas frescas. Se asocia con menor peso al n a c e r , p é r d i d a p e r i n a t a l y d e s p r e n d i m i e n t o prematuro de la placenta.60

C O N S E C U E N C I A S E N L A S A LU D

M E N TA L A L A R G O P L A Z O

L o s t r a s t o r n o s e m o c i o n a l e s c o m o l a depresión y otros tienen múltiples determinantes, incluyendo factores genéticos, experiencia de

l a v i d a t e m p r a n a , e n l a e d a d e s c o l a r , situaciones de estrés, etc.

Thompson y cols.6 1 estudiaron la relación entre depresión en la edad adulta y antecedente de desnutrición in utero. Evaluaron 882 adultos que habían nacido entre 1920 y 1930. Hubo a s o c i a c i ó n s i g n i f i c a t i v a c o n d e p r e s i ó n . E l riesgo más alto ocurrió en varones con peso bajo al nacer y un peso más alto al año de edad ( p e s o c o m p e n s a t o r i o ) . E n F i n l a n d i a6 2 s e encontró que los varones con este antecedente t e n í a n m a y o r p r o b a b i l i d a d d e n o c a s a r s e . Pe r m a n e c e r s o l t e r o s e n s u e t a p a a d u l t a , a l parecer conllevó a una mayor frecuencia de depresión y otros riesgos para la salud: mayor posibilidad de tener enfermedad cardiovascu-lar y menor duración de vida.

La desnutrición in utero también se ha correlacionado con rasgos de personalidad antisocial en el adulto.63 En Holanda se evaluaron los registros de hombres que tuvieron un examen psiquiátrico a los 18 años (100,543 hombres). Aquellos con antecedente de desnutrición in utero tuvieron mayor riesgo de mostrar rasgos de personalidad antisocial. Las madres de estos varones habían padecido por la hambruna de 1944 en Holanda, resultado del bloqueo de provi-siones para esa región por el ejército nazi.

O t r o e s t u d i o s o b r e l o s e f e c t o s d e l a h a m b r u n a e n C h i n a ( e n e l á r e a d e A n h u i , entre 1959 y 1961) reveló que los individuos d e s n u t r i d o s in utero t u v i e r o n u n r i e s g o d o s veces mayor que el de la población general de presentar esquizofrenia.6 4

I m p l i c a c i o n e s

(7)

Urizar y cols.6 5 crearon un programa que enseña a hacer frente a las angustias y tensiones, el cual disminuyó el nivel sanguíneo de cortisol y la percepción del estrés en la mujer misma. Se les pidió que hicieran cosas para sentirse m e j o r y e v i t a r a q u e l l a s s i t u a c i o n e s p r e o c u -pantes. Cada mujer eligió su propia actividad para reducir tensiones.

Hay relación entre mayor apoyo psicosocial y mejor resultado en la salud física del bebé.66

Un estudio de metaanálisis revisó las interven-ciones con mayor éxito. Entre éstas está el dar c o n s e j o s y o r i e n t a c i ó n p s i c o s o c i a l , a y u d a t a n g i b l e a l a s m a d r e s ( e n t é r m i n o s d e transporte, ayuda con trámites, etc.), visitas domiciliarias, proveer información y tranqui-lizar a la futura madre. Maniobras simples, tales como el masaje practicado por el compa-ñero u otra persona,67 resultan en un menor nivel de ansiedad.

ABSTRACT

This article reviews scientific evidence on the “programming effects” of in utero

adverse experiences on the metabolism and behavior of the fetus, the child and the long term effects into adulthood. High level of psychosocial stress in the mother lead to adverse obstetric outcomes and negative behavioral effects in the child. The influences of poor nutrition in utero and the effects of “small for gestational age” babies are reviewed in terms of the “x syndrome” (diabetes, hypertension, ischemic cardiac disease and obesity), as well as possibly higher predisposition to depression and other mental disorders in the adult. These conditions are preventable and early intervention could diminish those negative effects.

KEY WORDS: Programming effects, X syndrome, malnutrition in utero,

psychosocial stress.

R E F E R E N C I A S

1. A l v a r a d o R , M e d i n a E , A r a n d a W. C o m p o n e n t e s p s i c o s o c i a l e s d e l r i e s g o d u r a n t e l a g e s t a c i ó n . Re v i s i ó n bibliográfica. Rev Psiquiatría 1996; 13: 30-41.

2. Kennel JH, McGrath SK. Commentary:

practical and humanistic lessons from the third world for caregivers everywhere. Birth 1999; 26: 9-10.

3. M a l d o n a d o - D u r á n J M , L a r t i g u e T, Feintuch M. Perinatal Psychiatry: Infant m e n t a l h e a l t h i n t e r v e n t i o n s d u r i n g pregnancy. Bull Menninger Clin 2000; 64: 317-43.

4 . H o b e l C , C u l h a n e J . R o l e o f

psychosocial and nutritional stress on

poor pregnancy outcome. J Nutr 2003; 1 3 3 : S 1 7 0 9 - S 1 7 .

5. Z a p a t a B C , Re b o l l e d o A , At a l a h E , Newman B, King, MC. The influence of social and political violence on the risk of pregnancy complications. Am J Pub Health 1992; 82: 685-90.

6 . G r j i b o v s k i A , B y g r e n L O , S v a r t b o B , Magnus P. Housing conditions, perceived s t r e s s , s m o k i n g , a n d a l c o h o l : determinants of fetal growth in Northwest Russia. Acta Obstet Gynecol Scand 2004; 83(12):1159-66.

7. Barker DJP, Forsén T, Uutela A, Osmond

(8)

pregnancy and head circumference at birth. Dev Med Child Neurol 2003; 45: 802-6. 18. Glynn LM, Wadhwa PD, Dunkel-Schetter

C, Chicz-Demet A, Sandman CA. When s t r e s s h a p p e n s m a t t e r s : E f f e c t s o f earthquake timing on stress responsivity in pregnancy. Am J Obstet Gynecol 2001; 184: 637-42.

19. Wa d h w a P D , S a n d m a n C A , Po r t o M , D u n k e l - S c h e t t e r C , G a r i t e T J . T h e association between prenatal stress and infant birth weight and gestational age at birth: a prospective investigation. Am J Obstet Gynecol 1993: 169: 858-65.

20. H u i z i n k AC , Ro b l e s d e M e d i n a P G , Mulder EJH, Visser GHA, BuitelaarJK. Stress during pregnancy is associated with developmental outcome in infancy. J Child Psychol Psychiatry 2003; 44: 810-18. 21. Barker DJP. Mothers, babies and health in

l a t e r l i f e . E d i m b u r g o : C h u r c h i l l Livingston; 1998.

22. D u n g e r D B , O n g K K . E n d o c r i n e a n d metabolic consequences of intrauterine growth retardation. Endocrinol Metab Clin North Am 2005; 34: 597-615.

23. Gitau R, Cameron A, Fisk NM, Glover V. Fetal exposure to maternal cortisol. Lancet 1998; 352: 707.

24. Monk C, Myers MM, Sloan RP, Ellman LM, Fifer WP. Effects of women’s stress-elicited physiological activity and chronic anxiety on fetal heart rate. J Develop Behav

Pediatr 2003; 24: 32-9.

25. Uno H, Eisele S, Sakai A, Shelton S, Baker E, DeJesus O, Holden J. Neurotoxicity of glucocorticoids in the primate brain. Horm Beh 1994: 28, 336-48.

26. DiPietro JA, Hawkins ML, Hilton SC, Costigan KA, Pressman EK. Maternal stress and affect influence fetal neurobehavioral development. Dev Psychol 2002; 38: 659-69. 27. Groome LJ, Swiber MJ, Bentz LS, Holland SB, Atterbury JL. Maternal anxiety during pregnancy: Effect on fetal behavior at 38 to 40 weeks of gestation. J Develop Behav Pediatr 1995; 16: 391-6.

28. S a n d m a n C A , G l y n n L , Wa d h w a P D , C h i c z - D e M e t A , Po r t o M , G a r i t e T.

8. Grammer K, Schreiner S, Artzmuller M,

Dittami J. Die evolutionäre Psychologie d e s K i n d e s : S o z i a l e I n t e l l i g e n z u n d Überleben [La psicología evolutiva del niño. Inteligencia social y supervivencia]. En: A l t KW, K e m k e s - G r o t t e n h a l e r ( e d s . ) . Kinderwelten [Los mundos de los niños]. Colonia: Bohlau Verlag; 2002, p. 6-23.

9. Coussons-Read M, Okun M, Simms S. The

pychoneuroimmunology of pregnancy. J Reproduc Infant Psychol 2003; 21: 103-12 10. Althabe F, Carroli G, Lede R, Belizán JM,

A l t h a b e O H . E l p a r t o p r e t é r m i n o : d e t e c c i ó n d e r i e s g o s y t r a t a m i e n t o s preventivos. Rev Panam Salud Pública 1999; 5: 373-85.

11. Rauchfuss M, Gauger U. Vorzeitige Wehen und Frühgeburt, eine psychosomatische Störung? Ergebnisse einer prospectiven Studie [Trabajo de parto y parto prematuro, ¿es un trastorno psicosomático? Resultados d e u n e s t u d i o p r o s p e c t i v o ] . Z e n t r a l b l Gynakol 2003: 125: 167-78.

12. Dole N, Savits DA, Hertz-Picciotto, Siega-R i z A M , M c M a h o n M J , B u e k e n s P. Maternal stress and preterm birth. Am J Epidemiol 2003; 157(1): 14-24.

13. Alvarado R, Medina E, Aranda W. El efecto de variables psicosociales durante el embarazo, en el peso y la edad gestacional del recién nacido. Rev Med Chil 2002; 130: 561-8.

14. Copper RL, Goldernberg RL, Das A, Elder N, Swain M, et al. The preterm prediction study: maternal stress is associated with spontaneous preterm birth at less than thirty five weeks’ gestation. Am J Obstet Gynecol 1996; 175: 1286-92.

15. Lou HC, Hansen D, Nordentoft M, Pryds O , J e n s e n F, N i m J , H e m m i n g s e n R . Prenatal stressors of human life affect fetal brain development. Dev Med Child Neurol 1994; 36: 826-32.

16. We i n s t o c k M . A l t e r a t i o n s i n d u c e d b y gestational stress in brain morphology and behavior of the offspring. Prog Neurobiol 2001; 65: 427-51.

(9)

Maternal hypothalamic-pituitary-adrenal disregulation during the third trimester influences human fetal responses. Develop Neurosci 2003; 25: 41-9.

29. Rieger M, Pirke KM, Buske-Kirschbaum A, Wurmser H, Papousek M, Hellhammer DH. Influence of stress during pregnancy on HPA activity and neonatal behavior. Ann N Y Acad Sci 2004; 1032: 228-30. 30. Van den Bergh B. The influence of maternal

emotions during pregnancy on fetal and neonatal behavior. Pre Perinatal Psychol 1990: 5: 119-30.

30. O’Connor TG, Heron J, Golding J, Glover V. Maternal antenatal anxiety and behavioral/emotional problems in children: a test of a programming hypothesis. J Child Psychol Psychiatry 2003; 44: 1025-36. 31. O ’ C o n n o r T G , H e r o n J , G o l d i n g J ,

Beveridge M, Glover V. Maternal antenatal a n x i e t y a n d c h i l d r e n ’ s b e h a v i o r a l -e m o t i o n a l p r o b l -e m s a t 4 y -e a r s . B r J Psychiatry 2002; 180: 502-8.

32. Pesonen AK, Raikonen K, Kajantie E, Heinonen K, Strandberg TE, Jarvenpaa AL. Fetal programming of temperamental negative affectivity among children born healthy at term. Dev Psychobiol 2006; 33: 731-40.

33. Foster SM. The effects of maternal stress in p r e g n a n c y o n s e n s o r y i n t e g r a t i o n i n children. Journal of Prenatal and Perinatal Psychology and Health 2006; 21: 83-90. 34. Xiao D, Huan X, Bae S, Cudsay CA, Longo

LD, Zhang L. Cortisol-mediated regulation of uterine artery contractility: effect of chronic hypoxia. Am J Physiol Heart Circ Physiol 2004; 286: H716-22.

35. Linnet KM, Dalsgaard S, Obel C, Wisborg K, Henriksen TB, Rodriguez A, et al. Maternal lifestyle factors in pregnancy risk of attention deficit hyperactivity disorder and associated behaviors. Review of the current evidence. Am J Psychiatry 2003; 160: 1028-40.

36. Laucht M, Esser G, Baving L, Gerhold M, Howsch I, Ihle W, et al. Behavioral sequelae o f p e r i n a t a l i n s u l t s a n d e a r l y f a m i l y adversity at 8 years of age. J Am Acad Child Adol Psychiatry 2002; 39: 1229-37.

37. Rey J, Bresson JL. Consequences à long terme de la nutrition foetale. [Consecuencias a largo plazo de la nutrición fetal]. Arch Pediatr 1997; 4: 359-66.

38. Martins EB, Nuñez Urquiza. Consumo calórico, estado nutricional materno, y retraso del crecimiento intrauterino. Cad Saude Publica 2003; 19: 279-85.

39. Lerner JP. Fetal growth and well-being. Obstet Gynecol Clin North Am 2004; 31: 159-76.

40. Krishnaswamy K, Naidu AN, Prasad MPR, Reddy GA. Fetal malnutrition and adult chronic disease. Nutr Rev 2002; 60: S35-9. 41. Mahajan SD, Singh S, Shah P, Gupta N, K o c h u p i l l a i N . E f f e c t o f m a t e r n a l malnutrition and anemia on the endocrine regulation of fetal growth. Endocr Res 2004; 30: 189-203.

42. Das UG, Sysyn GD. Abnormal fetal growth: intrauterine growth retardation, small for gestational age, large for gestational age. Ped Clin North Am 2004; 51: 639-54. 43. Gluckman PD, Cutfield W, Hofman P, Hanson

MA. The fetal, neonatal and infant environments, the long term consequences for disease risk. Early Hum Dev 2005; 81: 51-9. 44. Kramer MS. Determinant of low birth

weight: methodological assessment and meta-analysis. Bull World Health Organ 1987; 65: 663-737.

45. Strauss RD, Dietz WH. Low maternal weight in the second or third trimester increases the risk of intrauterine growth retardation. J Nutrition 1999; 129: 988-93. 46. Collins JW, David RJ, Prachand NG, Pierce ML. Low birth weight across generations. Matern Child Health J 2003; 7: 229-37. 47. Klebanoff MA, Meirik O, Berendes HW.

Second-generation consequences of small-for-dates birth. Pediatrics 1989; 84: 343-7. 48. L a h t i J , R a i k k o n e n K , K a j a n t i e E , Heinonen K, Pesonen AK, Jarvenpaa AL, Strandberg T. Small body size at birth and b e h a v i o u r a l s y m p t o m s o f A D H D i n children aged five to six years. J Child Adol Psychiatry 2006; 47: 1167-74.

(10)

for maternal and child nutrition. Annu Rev Nutr 2001; 21: 73-95.

50. Leon DA, Lithell HO, Vagero D, Koupilovd I, Mohsen R, et al. Reduced fetal growth rate and increased risk of death from ischaemic heart disease: cohort study of 15,000 Swedish men and women born 1915-29. Br Med J 1998; 317: 241-5.

51. Levy-Marchal C, Jaquet D. Long-term metabolic consequences of being born small for gestational age. Pediatr Diabetes 2004; 5: 147-53.

52. Seckl JR. Prenatal glucocorticoids and long-term programming. Eur J Endocrinol 2004; 151: U49-62.

53. Seckl JR, Meaney MJ. Glucocorticoid programming. Ann N Y Acad Sci 2004; 1032: 63-84.

54. Ravelli GP, Stein ZA, Susser MW. Obesity in young men after famine exposure in utero and early infancy. N Engl J Med 1976; 295: 253.

55. Ravelli ACJ, van der Meulen JHP, Michels RPI, et al. Glucose tolerance in adults after prenatal exposure to famine. Lancet 1998; 351: 173-7.

56. Roseboom TJ, van der Meulen JH, van Montfrans GA, Ravelli ACJ, Osmond C, Barker DJP, Bleker OP. Maternal nutrition during gestation and blood pressure in later life. J Hypertens 2001a; 19: 29-34.

57. Roseboom TJ, van der Meulen JH, Ravelli AC, Osmond C, Barker DJ, Bleker OP. Effects of prenatal exposure to the Dutch famine on adult disease in later life: an overview. Twin Res 2001b; 4: 293-8. 58. Jameson S. Zinc status in pregnancy: the

effect of zinc therapy on perinatal mortality, prematurity and placental ablation. Ann N Y Acad Sci 1993; 678: 178-92.

59. Ladipo O. Nutrition in pregnancy: mineral and vitamin supplements. Am J Clin Nutr 2000; 72(Suppl. 1): 280S-290S.

60. Ramakrishnan U, Manjrekar R, Rivera J, G o n z a l e z - C o s s i o T, M a r t o r e l l R . Micronutrients and pregnancy outcome: a review of the literature. Nutr Res 1999; 19: 103-59.

61. Thompson C, Syddall H, Rodin I, Osmond C, Barker DJP. Birth weight and the risk of depressive disorder in later life. Br J Psychiatry 2001; 179: 450-5.

62. Phillips DIW, Handelsman DJ, Eriksson JG, Forsén T, Osmond C, Barker DJP. Prenatal growth and subsequent marital status: longitudinal study. Br Med J 2001; 322: 771.

63. Neugenhauer R, Hoek HW, Susser E. Prenatal exposure to wartime famine and d e v e l o p m e n t o f a n t i s o c i a l p e r s o n a l i t y disorder in early adulthood. JAMA 1999; 281: 455-62.

64. Atlschuler EL. Schizophrenia and the Chinese famine of 1959-1961. JAMA 2005; 294: 2968.

65. Urizar GG, Milazzo M, Huynh-Nhu L, Delucchi K, Sotelo R, Muñoz RF. Impact of stress reduction instructions on stress and cortisol levels during pregnancy. Biol Psychiatry 2004; 67: 275-82.

66. Hodnett ED, Fredericks S. Support during pregnancy for women at increased risk of low birhtweight babies. Cochrane Database Systems Systematic Reviews 2000. No. 2. CD 000198.

67. Field T. Massage therapy effects. Am Psychol 1998; 53: 1270-81.

68. Ladipo O. Nutrition in pregnancy: mineral and vitamin supplements. Am J Clinical

Referencias

Documento similar