UN ESTUDIO SOBRE LA OBSOLESCENCIA PROGRAMADA
Usar y tirar
UN ESTUDIO SOBRE LA OBSOLESCENCIA PROGRAMADA
Rubén Esteban Chacón
Integrantes del grupo:
López Delgado, Miguel Purón Herreros de Tejada, Álvaro Ruiz Segurado, Álvaro
UN ESTUDIO SOBRE LA OBSOLESCENCIA PROGRAMADA
Director:
Esteban Chacón
Integrantes del grupo:
Resumen
En este trabajo se analizará la obsolescencia programada, tanto desde un punto de vista teórico, como desde un punto de vista más práctico, con el objetivo de desentrañar la relevancia del uso de esta técnica en el mundo actual.
Palabras clave
Obsolescencia programada, producción, vida útil, economía, consumo, residuos.
Abstract
In this paper planned obsolescence will be analyzed, both from a theoretical and practical point of view in order to get to the bottom of the relevance of the use of this technique in today’s world.
Key words
Índice
1. Introducción ... 3
2. Origen y causas de la obsolescencia programada ... 6
3. Impacto y consecuencias de la obsolescencia programada ... 9
3.1 El impacto económico ... 9
3.2 Marketing y responsabilidad social de las empresas ... 10
3.3 Gestión sostenible e impacto medioambiental ... 11
4. Legislación ... 14
5. Medidas y concienciación ... 16
6. Conclusiones ... 18
1. Introducción
"Inventamos una montaña de consumo superfluo y hay que tirar, vivir comprando y tirando. Y lo que estamos gastando es tiempo de vida. Porque cuando yo compro algo... o tú, no lo compras con plata. Lo compras con el tiempo de vida que tuviste que gastar para tener esa plata."
(Mujica, 2015) La entrevista realizada a José Mujica, ahora expresidente de Uruguay, tuvo una repercusión enorme en los medios y sobre los integrantes de nuestro grupo de trabajo en particular. Cuestionó nuestros hábitos de consumo y algunos de nuestros valores. De igual manera lo hizo el documental "Comprar, tirar, comprar" sobre la obsolescencia programada. La profundidad del alegato de Mujica y la situación expuesta en el documental nos llevaron a preguntarnos sobre los distintos efectos de dicha práctica en la sociedad, el medioambiente y la economía.
Nos surgió la duda de si realmente existía la práctica de la obsolescencia como algo generalizado o bien, el documental era sensacionalista y exagerado. Antes de decidirnos finalmente por realizar el trabajo, comprobamos que había datos suficientemente preocupantes para profundizar en ello y decidimos estudiar el concepto y usos de la obsolescencia programada, si había o no legislación al respecto y cuáles eran las consecuencias para poder, finalmente, tomar nosotros una postura propia.
conocida. Por ello, de entre diversas clasificaciones, recogemos algunas distinciones que nos van a ser de utilidad a lo largo del trabajo (Ruiz, 2006).
• La durabilidad artificial: consiste en acortar la vida útil de un producto
antes de ser lanzado al mercado mediante un diseño dirigido a deteriorarse rápidamente. El diseño de los productos incluye una vida media esperada durante todas las etapas de su desarrollo (Orbach, 2004).
•Prevención de las reparaciones: los productos a la venta son versiones
de un solo uso de los bienes duraderos, como cámaras desechables, donde el cliente debe comprar un producto completamente nuevo después de usarlos una sola vez. Tales productos se diseñan a menudo para ser irreparables; por ejemplo, un reloj digital de “usar y tirar” barato puede tener una carcasa que simplemente se sella en la fábrica, anulando al usuario la posibilidad de acceder al interior sin destruir el reloj por completo (Wiens, 2012).
• Obsolescencia estilística: se produce cuando los diseñadores cambian
el estilo de los productos para que los clientes compren productos con mayor frecuencia debido a la disminución de la conveniencia percibida de artículos de moda. Muchos productos son principalmente diseñados por estética en vez de por razones funcionales; el ejemplo más evidente de este tipo de producto es la ropa. Tales productos experimentan un ciclo de conveniencia referido como un ciclo de la moda (Khaleeli, 2015).
• Obsolescencia sistemática: es el intento deliberado de hacer un
2. Origen y causas de la obsolescencia
programada
El inicio de la obsolescencia programada va acompañado de un cambio en la mentalidad frente a la forjada con anterioridad a la Primera Revolución Industrial. La herencia de las actitudes puritanas y rígidas de los Padres Fundadores de los Estados Unidos, las cuales estaban dirigidas a desarrollar productos casi imperecederos, hicieron que los grandes empresarios norteamericanos vieran peligrar la sostenibilidad de la economía por una demanda que no permitía generar nuevos puestos de trabajo. Un bajo consumo podría provocar solamente un mantenimiento de los indicadores económicos, mientras que su aspiración era que éstos fueran subiendo cada año en la economía.
Consecuencia de dicha coyuntura fue la reunión de los grandes fabricantes de bombillas y lámparas de Europa y Estados Unidos de 1924 en Ginebra. Se formó en secreto el cártel Phoebus que pretendía intercambiar patentes de invención y la fabricación con el objetivo de controlar tanto la producción como al consumidor (Marín, 2011). Un año después de su formación se creó el “Comité de las 1000 horas de vida” donde se congregaron, entre otras, Philips de Holanda, Osram de Alemania y Lámparas Zeta de España con la intención de que la vida de las bombillas fuera de 1000 horas. Debido a este acuerdo, las empresas de bombillas y lámparas impusieron un control exhaustivo sobre la vida útil de las mismas. Además, en caso de incumplimiento, se imponía una multa severa por parte del cártel (Dannoritzer, 2010).
terminar con todos los conflictos. Ésta les proporcionó unos suculentos ingresos a modo de créditos e importación industrial y agrícola, que erigió a la nación como la potencia hegemónica de la economía mundial.
Europa observaba como el ciudadano americano estaba cautivado con los nuevos automóviles de gasolina que Henry Ford (1863–1947) había fabricado y los ponía al alcance de la clase media. Simultáneamente, las mujeres habían conseguido el derecho a voto, y se estaban implantando en el mercado nuevas máquinas para facilitar la vida del americano de a pie, como las lavadoras o las aspiradoras. La radio llegó a los hogares, de modo que la difusión de la información pasó de ser solamente escrita a ser accesible a cualquier grupo social. Cada día más casas podían enterarse de lo que ocurría en el país o escuchar música, algo impensable diez años atrás.
Por otro lado, los negocios, las industrias manufactureras, y paralelamente, los precios aumentaron ferozmente durante esta década, hasta que llegó octubre de 1929 y el crecimiento constante que había experimentado el país hasta entonces se truncó (History.com Staff, 2010).
De todo ello hicieron rápidamente eco los medios de comunicación que comenzaron a publicar noticias en los diarios opinando sobre esta práctica, y algunas revistas como “Printer´s Ink” llegaron a declarar que “un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios” (Dans, 2008).
A pesar de las circunstancias previamente expuestas, habría que esperar hasta 1954 para que el término "obsolescencia programada" viera la luz como tal. Su autoría se adjudica tradicionalmente a Brooks Stevens, diseñador industrial estadounidense, quien lo empleó al ofrecer una conferencia sobre lo que suponía la nueva producción en masa y lo que implicaba económicamente una producción más barata con precios más asequibles.
Hasta ahora, una inmensa cantidad de productos se han visto y se ven afectados por la denominada obsolescencia programada. Uno de los ejemplos más comunes de la obsolescencia es una situación en la cual haya un cambio del mercado, como una innovación de un producto que puede llevar a una disminución en la demanda de productos más antiguos. Este efecto ocurre a menudo en aparatos electrónicos por su corta vida útil. También ocurre con frecuencia que una generación de productos novedosa hace que la vieja quede obsoleta. Ejemplo de ello es la industria electrónica o los programas de software. La producción de estas nuevas tecnologías suele ser más barata que la de sus precursoras.
3. Impacto y consecuencias de la obsolescencia
programada
3.1 El impacto económico
La obsolescencia se planteó inicialmente para estimular una economía en depresión. En ese sentido, es cierto que un aumento del consumo tiene repercusiones expansionistas en la economía. Si aumenta el consumo, normalmente aumentará la producción para responder a él y las empresas deberán contratar más trabajadores con el fin de sostener esa producción. Una mayor tasa de empleo significa más personas con rentas disponibles para gastar y se genera así un círculo vicioso expansionista.
Es importante señalar que las economías en expansión se miden principalmente por el indicador del PIB (Producto Interior Bruto). A grandes rasgos, tiene en cuenta dos variables: el nivel de producción de un país y los precios de esos productos. Se puede apostar por la generación de pocos productos que tienen una vida útil muy larga y un coste mayor, o la producción de muchos con una vida útil corta y un coste menor. La primera opción no incluye la obsolescencia, pero la segunda sí y no está tan claro que una suponga mayor crecimiento que la otra, especialmente si se tienen en cuenta los costes de contaminación o gestión de residuos que deberían ir asociados a los costes de producción (Foronda, 2016).
El problema en la actualidad es que el mundo evoluciona hacia una sociedad cada vez más consumista. La gente compra cosas que verdaderamente no necesita o las antepone a las realmente imprescindibles, y las empresas se aprovechan de ello. De hecho, se puede comprobar que las posibilidades de financiación para el consumidor son cada vez más accesibles. Uno puede financiar la compra de un televisor, un móvil o unas vacaciones (productos no muy caros, que no deberían necesitar financiación). Esta tendencia hacia el endeudamiento es altamente peligrosa, pues permite gastar un capital que no se tiene.
Las consecuencias económicas de un sobreendeudamiento pueden ser catastróficas tal como se ha visto en estos últimos años: quiebras, impagos, desconfianza, deflación, proteccionismo, estallido de burbujas, etc. Es probable que si se desarrolla un consumo responsable y verdaderamente necesario pueda darse otra economía más sostenible y otra idea de lo que se considera positivo.
3.2 Marketing y responsabilidad social de las empresas
La publicidad y el marketing son los grandes aliados de la sociedad de consumo. La sociedad ve cómo se crean nuevas necesidades hasta ahora desconocidas a base de productos nuevos sustitutivos de los que ya se tenían, que son desechados. Pero, además de hacer necesario el producto, se consigue mitificarlo, convertirlo en un ídolo (Fernandez Rey, 2014) y consumirlo para identificarse con un grupo social o para adquirir una identidad determinada. Algunos autores hablan por este motivo de un nuevo tipo de obsolescencia: la obsolescencia psicológica, en la que aunque el producto siga siendo útil y de hecho satisfaga la necesidad "real" que tenemos de él, consideramos que ya no sirve.
encargado del diseño y el desarrollo de los productos con ciertos puestos estratégicos de la firma. Los ingenieros de la actualidad, al acabar el grado, hacen un postgrado o máster dirigido a la gerencia y administración de la corporación, o incluso dirigido al marketing y la publicidad. Ello indica el cambio de un personal que se dedicaba exclusivamente a la ciencia aplicada a uno que se encarga al mismo tiempo de impulsar el consumo, requerimiento imprescindible para que una empresa funcione (Roland, 2011).
Más allá de que gracias a este consumismo desmesurado millones de personas encuentran su oportunidad en el mundo laboral, lo anterior nos lleva a plantear hasta qué punto es éticamente correcto que una empresa siga un modelo de producción en el cual los artículos no sean generados con todas las prestaciones que puedan ofrecer y que hagan que su vida útil sea óptima (Mejía Sanchez, 2014).
3.3 Gestión sostenible e impacto medioambiental
Los recursos de los que dispone el planeta son limitados. Una economía que se dirige hacia el gasto de los recursos incontroladamente con el único objetivo de vender y aumentar el consumo de las familias es una economía que no está haciendo una gestión sostenible de los mismos. Esto está provocando un agotamiento de las materias primas y una gran lucha por obtenerlas. Además, el constante conflicto por la explotación de los recursos de países subdesarrollados por parte de las potencias mundiales está provocando conflictos bélicos en muchos países.
A su vez este gasto de recursos y consumo incontrolado trae consigo uno de los grandes problemas del siglo XXI: la contaminación. Una extracción descuidada de las materias primas, el tratamiento de los residuos o la toxicidad de los mismos provocan consecuencias considerables sobre el medio ambiente, de manera que se crea un flujo de remanentes contaminantes que desemboca, especialmente, en países del Tercer Mundo.
Resalta, así, el contraste entre los diferentes países ya que, en cualquier nación occidental que se precie existen diferentes leyes que obligan a cualquier ente empresarial a almacenar de manera segura y lo menos nociva posible los residuos producidos, con penas muy severas en caso de incumplimiento (Ley Nº 13046, 2011). Contrariamente, los países subdesarrollados o en vías de desarrollo presentan una regulación más permisiva y menos contundente que provoca un trato de los mismos de manera menos considerada hacia el medioambiente.
El tratamiento de este último sector productivo, está siendo a la par centro de debate debido a los estudios que apuntan que son enviados a los países tercermundistas, lo cual está en contra de tratados internacionales como el de Basilea o el Protocolo de Kioto, donde terminan, en la denominadas “Ciudades vertedero”. Uno de los casos más sonados últimamente es el de las ciudades de Ghana debido a su aparición en el documental sobre obsolescencia programada “Comprar, tirar, comprar”. Esta exportación de residuos es ilegal en Europa pero EEUU lo considera legítimo, amparándose en una legislación de reciclaje para ‘reducir la brecha digital’, aunque, en realidad, los datos indican que entre un 25% y un 75% de estos equipos son inservibles (Guiltinan, 2009).
4. Legislación
La obsolescencia programada es un problema (o una solución) extendido por todo el mundo. Actualmente no se puede hablar únicamente de las medidas legislativas emprendidas en un solo país, ya que el efecto que produce un caso de obsolescencia ni es aislado ni tiene un impacto únicamente local o nacional. Pese a esto, han sido pocos los países que han tomado o que han tratado de tomar medidas frente a la obsolescencia programada. En la Unión Europea ha sido Francia la pionera en dicho intento. Así, en el artículo 99 de la nueva Ley de transición energética (Loi de transition energetique en francés) se define la
obsolescencia programada como el conjunto de técnicas a través de las cuales se busca acortar deliberadamente la vida útil de un producto y, además, se pena el uso de estas acciones con hasta dos años de cárcel y 300.000 euros de multa(L'Assamblée nationale et le Sénat, 2015).
El problema causado por la obsolescencia programada ha llevado a que ésta haya sido incluso tratada en las Naciones Unidas en diversas ocasiones. Cabe destacar el discurso pronunciado por el ya mencionado expresidente uruguayo José Mujica en la conferencia de desarrollo sostenible de Naciones Unidas celebrada del 20 al 22 de junio de 2012 en Río de Janeiro. En ella, advierte sobre los diversos problemas, tanto sociales como morales, que provoca el actual modelo de mercado. Duda sobre si el hombre es capaz de controlar la economía o si es la economía la que controla al hombre. Además, advierte sobre la obsolescencia programada y es que: “una lamparita eléctrica no puede durar más de mil horas prendida, pero hay lamparitas eléctricas que pueden durar 100 mil, 200 mil horas, pero esas no se pueden hacer porque el problema es el mercado, porque tenemos que trabajar y tenemos que tener una civilización de uso y tire y estamos en un círculo vicioso”(Mujica, 2015).Pese a
con el fin de poner fin al uso de la obsolescencia programada por parte de las empresas y así reducir el gasto de innumerables recursos naturales.
Por otro lado, en España el mayor avance a nivel político y legislativo fue el intento de Ley para la eliminación de la obsolescencia programada presentada en el programa polaco del partido ecologista Recortes Verdes –Els Verts al
parlamento catalán. Pero al no haber obtenido ningún escaño en dicho parlamento, no han podido ser capaces de llevar a cabo un Proyecto de Ley (Cabal, 2015).
5. Medidas y concienciación
Las primeras tesis de la obsolescencia programada pretendían estimular la creación de puestos de trabajo y la economía, pero todo ello desencadenó las consecuencias tan preocupantes que hemos venido detallando durante el trabajo. De este modo, actualmente nos encontramos con una gran cantidad de propuestas que intentan reconducir la situación.
A nivel empresarial, en Septiembre de 1996 se publicaron por primera vez las normas ISO (International Organization for Standarization) 14001 que
constituyen una auténtica guía para el desarrollo de organizaciones amigables con el medio ambiente. Así, progresivamente las compañías han ido adoptando un sistema de gestión medioambiental según la norma anteriormente citada por la que consideran los impactos y aspectos medioambientales de una manera sistemática atendiendo a 5 grandes componentes: Política medioambiental, Planificación, Implementación del plan, Monitorización y Acción correctiva y Revisión de la gestión (Rocha Zavaleta, 2014). Además están surgiendo con fuerza las denominadas empresas de “reparación”, especialmente en el sector electrónico e informático, que permite aumentar la vida útil del producto, a cambio de un menor costo económico y medioambiental, de lo que comportaría la compra de un nuevo artículo.
medidas que ha tomado dicha empresa a fin de aumentar la vida útil de sus productos. Todo ello ayuda, normalmente, a la empresa a mejorar su venta y reputación frente a clientes, proveedores, acreedores, consumidores y sociedad en general, siendo, también, un dato adicional para tener en cuenta por los inversores a la hora en que la empresa, o sus participaciones, deban ser elegidas frente a otros productos alternativos de inversión.
Al igual que las empresas, los consumidores son cada vez más conscientes de las consecuencias de sus compras por lo que progresivamente uno de los factores determinantes en la elección de un producto es su propio proceso de producción y las repercusiones que tiene el mismo. Alguna asociación y clientes en particular llevan cierto tiempo exigiendo a las empresas que estudien la vida útil de aquello que se va a ofertar en el mercado. Una regulación sobre este elemento podría llevar consigo la reducción del efecto de la obsolescencia en el que nos encontramos, puesto que los estudios apuntan a que los usuarios elegirían productos con una esperanza de vida aceptable, lo que por su parte conduciría a la par a una disminución de la contaminación y a la explotación de los recursos.
6. Conclusiones
A lo largo de nuestro trabajo hemos estudiado tanto el origen de la obsolescencia como sus consecuencias. Ha sido importante para nosotros entender que en su comienzo pudo haber sido una idea tomada por ciertos empresarios y economistas, no con el fin de crear un sistema económico dependiente de un consumo infinito, sino porque creían sinceramente que era el método por el cual se debía salir de la gran crisis producida en 1929. Esto se debe entender desde la perspectiva de la época, es decir, la perspectiva de un mundo de recursos ilimitados, y el desconocimiento de que una producción desmesurada produciría unos efectos tan nefastos como los que vemos hoy en día.
Sin embargo, hemos de analizar, como es lógico, la obsolescencia programada a partir del mundo actual y tener en cuenta que ya no puede justificarse de ninguna manera. Mantenerla actualmente es, al fin y al cabo, una estafa, puesto que se vende un producto, el cual tiene un fin previsto por parte de la empresa y no por parte del consumidor.
Así nuestra idea acerca de la obsolescencia programada ha variado puesto que hemos podido constatar cómo en un origen, la obsolescencia tenía un fundamento y una razón de ser, favorecer la economía y el crecimiento en un momento histórico en el cual una gran parte de la población se encontraba en una situación precaria. Esto nos ha hecho entender a economistas como Bernard London que defendían el uso de la obsolescencia y completar nuestra concepción de los problemas, sobretodo medioambientales.
Como hemos venido estudiando durante el trabajo, los modelos económicos expansionistas han priorizado en general la producción de una gran cantidad de artículos con una vida útil corta y un coste menor frente a la producción de pocos que tienen una vida útil muy larga y un coste mayor. Entendemos que hay que apostar por este segundo modelo de crecimiento.
economía que no dependa de la producción y la consumición continua por parte del usuario y que sea más respetuosa con el medioambiente. Por ello, creemos que es rentable promover estudios sobre estos modelos económicos sostenibles y no premiar los que llevan a modelos expansionistas. También se deberían seguir políticas fiscales que refuercen los modelos de producción sostenibles.
Creímos necesario hacer cierta mención a la legislación relativa a la obsolescencia programada previamente a hablar de las medidas que son tomadas actualmente en contra de la obsolescencia programada puesto que una gran parte de esas medidas son jurídicas. Sin embargo, nos encontramos con la dificultad de la ausencia de legislación internacional al respecto. Por ello, fue mencionada tanto la ley francesa aprobada en 2014 como la propuesta, a nivel español, del partido de origen catalán, Recortes Cero. Aunque es cierto que pese a la importancia de la concienciación de los gobernantes sobre los problemas causados por la obsolescencia programada, sólo las medidas jurídicas y legislativas supondrían el freno directo de la obsolescencia programada.
Pero, a pesar de todo ello, mantenemos una visión optimista para el futuro puesto que progresivamente podemos observar más organizaciones sociales, organismos públicos y empresas privadas que piensan que el desarrollo económico no tiene por qué estar reñido con el respeto de los derechos humanos, la conservación del medio ambiente y el cuidado de los intereses de la sociedad en general (Romero González & Ruiz Malbarez, 2011).
Para finalizar y poner de relieve el alcance social y la necesidad de cambio del sistema productivo completamos el texto de José Mujica con el que empezábamos el trabajo:
"...Porque cuando yo compro algo... o tú, no lo compras con plata. Lo compras con el tiempo de vida que tuviste que gastar para tener esa plata. Pero con esta diferencia: la única cosa que no se puede comprar es la vida. La vida se gasta. Y es miserable gastar la vida para perder libertad."
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