UNIVERSIDAD AUTóNOMA METROPOLITANA IZTAPALAPA DlVlSlÓN DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES

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(1)

UNIVERSIDAD AUTóNOMA METROPOLITANA

IZTAPALAPA

DlVlSlÓN DE CIENCIAS SOCIALES

Y

HUMANIDADES

“EL ENTENADO DE JUAN JOSÉ SAER Y LA ELUSIÓN DE LA

HISTORIA”

TESIS

QUE PRESENTA

JUAN ANTONIO LINCOLN STRANGE MATEU (91328128)

PARA ACREDITAR

LA

LICENCIATURA EN LETRAS

HISPANICAS

DIRECTORA DRA. ANA ROSA DOMENELLA

(2)

AGRADECIMIENTOS

A mis maestros

en

la

carrera

que

lograron

convertir

un

vicio

en

un

oficio, en especial

a la profesora Ana

Rosa Domenella por

su

activa paciencia,

por su generosidad

intelectual,

su

sentido del humor

y

su amable di1 igencia

en la dirección de

este trabajo.

A

los profesores

Hernán

S i l va

Bahamonde

Y

Alejandro

Higashi

Por

su

atenta

1

ectura

del

manuscrito,

sus

comentarios

Y

(3)

DEDICATORIAS

A

Lupita; por su apoyo

en este trabajo

y

por

todo

fo

demás que

ella sabe.

A

Stephen

y Alberto:

una disculpa por

el

tiempo perdido.

con mucho amor

y

A

José

Luis y

Juan

(4)

Los puntos de vista de este

trabajo no reflejan

(5)

Puede ser que nuestra sociedad sea destruida o se extinga al final de una lenta decadencia, y que la historia vuelva a caer en la teología -es decir en e l estudio, no de los logros humanos, sino del designió divino-, o en la literatura -es decir, en la narración de cuentos y leyendas sin propósito ni significado-. Pero esto no será historia en e l sentido en que la venimos conociendo en los últimos doscientos años.

E. H. Carr.

A la Filosofía se l e hace

[...I

el reproche de que va con ciertos pensamientos a la historia y de que considera a ésta según esos

pensamientos. Pero e l Único pensamiento que aporta es el simple pensamiento de la razón, de que la razón rige e l mundo y de que, por tanto, también la historia universal ha transcurrido racionalmente.

J.

G. F. Hegel

La filosofía parece ocuparse sólo de la verdad, pero quizá no diga más que fantasías, y la literatura parece ocuparse sólo de fantasías, pero quizá diga la verdad.

Antonio Tabucchi.

Sin un amigo, lejos del pago.

(6)

I N D I C E

Pág

.

INTRODUCCI~N

...

3

CAPíTULO I 1.1 La novela: un problema de género

...

7

1

.

1. 1 La novela histórica. un género problemático

...

9

1.1.2 La novela histórica en América Latina

...

11

1.1.3 La Nueva Novela Histórica

...

13

2

.

La Epistemología de La Historia

...

16

3

.

La novela como conocimiento

...

28

3.1 La novela histórica como conocimiento histórico

...

30

3.2 E l pensamiento históricamente determinado

...

31

3.3 Reconstrucción del pasado

...

33

4 Anacronismo y ucronismo

...

34

4.1 El entenado, novela ucrónica

...

39

CAPíTULO I I 1 Referente histórico de El entenado

...

42

2 Referencias literarias: Modelos y Paradigmas

...

46

2.1 Naufragios

...

46

2.2 “El informe de Brodie“

...

49

2.3 Zama

...

52

3.Estrategias narrativas

...

57

3.1 La primera persona

...

58

3.2 Tiempo ficcionai y punto de vista

...

59

3.3 Tiempo gramatical

...

62

3.4 Esquemas narrativos: la picaresca

...

65

3.5 “Ciencia“ del narrador: omisión y reticencia

...

69

CAPITULO 111 1

.

Construcción del referido.

...

75

3

.

Atipicidad etnológica

...

87

4

.

Singularidad antropológica

...

92

2

.

Etnología. antropología y antropología filosófica en El entenado

...

80

5

.

Realidad, conocimiento y existencia

.

Del escepticismo al existencialismo

....

96

CONCLUSIONES.,

...

118

(7)
(8)

En las décadas de los sesentas y setentas una de las polémicas que fatigaban a la crítica y a sus lectores era aquélla famosa de la

“muerte de la novela”. Las novelas totalizantes y muralísticas del

Boom que incorporaban técnicas narrativas “vanguardistas” y que,

por ello, exigían un mayor esfuerzo y compromiso del lector medio,

dieron paso a otras -en el llamado Pos-boom- que parecían

sustentarse en la impenetrabilidad de los contenidos, característica muy apreciada por los estudiosos pero que obraba como repelente

eficaz para los lectores comunes que, al mismo tiempo, se veían

solicitados por formatos narrativos mediáticos, cada vez más

obscenamente apremiantes en sus reclamos: el cine y la televisión

cubrian, con creces, el vouyeaurismo psicológico y social del

consumidor de novelas. Sin embargo, calladamente y sin

pretensiones mesiánicas o escatológicas, surge una corriente

narrativa que produce un corpus minimalista en el tono,

reduccionista en la técnica, de temática cotidiana y, muchas veces, naif en la voz: la literatura femenina, que consigue reconquistar al escamado receptor. Paralelamente a la emergencia de la literatura

también llamada de género, van apareciendo obras -también

premiadas con el éxito mercantil- de autores reconocidos en las

letras latinoamericanas que recurren a temas históricos como asunto central de sus novelas, lo que, ciertamente, marca un rompimiento con la novelística anterior, preocupada por explorar la realidad

politica, social y cultural contemporánea en nuestros países. Estas obras, escasas en los afios setentas, se multiplican en las siguientes

décadas, hasta convertirse en un fenómeno evidente de

predominancia temática, del cual es necesario y pertinente

ocuparse.

La novela histórica es un género presente en nuestras letras desde

sus orígenes y que nunca fue abandonado del todo. Sin embargo, en

las novelas de reciente data se aprecian desviaciones evidentes con respecto a la novela histórica tradicional. Esto ha dado origen a una

clasificación, que si bien pretende ser analítica, tal vez no

represente algo más que una mera etiqueta descriptiva, útil a pesar de sus limitaciones y fértil a pesar de sus defectos: me refiero a la Nueva Novela Histórica (NNH), que entiendo como concepto

(9)

estudiosos. En el improvisado nicho de la NNH se han acomodado, a veces forzadamente, a veces con liviandad, a veces por pura inercia,

novelas de reciente aparición y otras publicadas con anterioridad a la

actual boga, que presentan alguno de los rasgos que se han reputado

como esenciales de esta tendencia de la literatura latinoamericana: es el caso de El entenado de Juan

José

Suer.

No pretendemos con este trabajo descalificar el concepto de NNH; tampoco es nuestra intención proponer una nueva categoría que dé cuenta analíticamente de un fenómeno real en nuestras letras y que no muestra, ni mucho menos, estar agotado. Nuestro propósito es resaltar un hecho que parece ser desatendido por algunos críticos y

estudiosos de la NNH: la naturaleza y esencia de la historia, que es

un elemento estructurante y, digámoslo, limitante de la novela

histórica. Así, en el primer capítulo de esta tesis tratamos de

exponer la especificidad del conocimiento histórico y cómo entra en

relación con la ficción. No es de nuestro interés en esta

investigación, y seguramente rebasaría nuestras capacidades,

establecer una preceptiva que permitiera calificar la reciente

narrativa latinoamericana de tema histórico como perteneciente o

no a determinada taxonomía; lo que nos propusimos, el lector

juzgará el resultado, es demostrar que El entenado no puede ser

considerada como novela histórica. Para nuestro análisis utilizamos,

como punto de partida, los conceptos de “referente” y “referido” de

Noé Jitrik. En el segundo capítulo de este trabajo recordamos cuál es

el referente histórico de la novela; tratamos de identificar sus

antecedentes literarios y cómo son utilizadas diversas estrategias narrativas por el autor para disolver una referencia ya de por sí vaga. También en ese apartado analizamos ciertos recursos estilisticos como son los tiempos gramaticales y las caracteristicas del narrador, entre otros, procedimientos que inciden en la creación

de una atmósfera espacio-temporal en la cual han sido desleídas

todas y cada una de las coordenadas históricas.

En el tercer capítulo analizamos cómo el autor ha construido un

universo ficcional que niega o contradice las nociones vigentes sobre

la sociedad y (a cultura como productos del devenir histórico, y

tratamos de demostrar cómo esta creación se convierte en una

parábola o metáfora de una condición esencial del ser humano que

(10)

En ese mismo lugar seiialamos cómo la intertextualidad con el

discurso filosófico no sólo sirve para introducir un grave

anacronismo, sino para reforzar esa concepción fundamental.

La pertenencia a un género no se traduce, automáticamente, en

mérito estético. La libertad de un autor, en el tratamiento de

cualquier asunto, es absoluta. Nadie está obligado a escribir novela

histórica, pero no se puede hacer novela histórica prescindiendo de

la historia y mucho menos negándola sistemática y

consistentemente. Establecer y demostrar estos supuestos es el

(11)
(12)
(13)
(14)

1.1 LA NOVELA: UN PROBLEMA DE GENERO.

La novela es una manifestación literaria que surge con posterioridad a la aparición del concepto de género, debido a Aristóteles y e l cual sigue gravitando sobre nuestro sistema taxonómico en la literatura. Como se sabe, la división original de la Poética considera “la poesía heroica (elogio de los héroes y los dioses) y la poesía satírica (censura de los vicios); la tragedia, construida sobre e l principio de su función purificadora o catártica

[...I

,

y la epopeya”’. Para Alfonso Reyes, “la literatura procede mediante la ficción” que se “expresa a través del lenguaje puesto en valor estético”; las funciones formales de la literatura, sus principales manifestaciones, son: “drama (comedia, tragedia), novela (que envuelve la épica) y poesía (identificada con la lírica)”2. La novela habría absorbido a su venerable pero inoperante (en un mundo degradado) progenitora. Para Bajtin, “la novela es e l Único género en proceso de f ~ r m a c i ó n ” ~ ; o, según, R. Caillois, “la novela es un género poco determinable y su dominio es el de la ‘ l i ~ e n c i a ” ~ ; o, de acuerdo a la célebre frase de Camilo

José

Cela: “es novela el libro que así

lo

haga constar a l comienzo”5. Sin embargo, diríamos, dejando de lado la aproximación formal a l género, que e l elemento que anima a la novela es la ficción:

En cuanto a esta noción, hay que decir que para muchos es algo así como eterna, equivalente a

invención no sometida a modulaciones históricas ni producto de determinadas condiciones históricas; yo creo, por el contrario, que es un sistema de procedimientos por medio del cual se trata de dar una forma más precisa a la verosimilitud; por esta razón, al triunfar como idea-instrumento se

I

Helena Beristáin.. Diccionario de retdricu poética, 3” ed. Porrúa, México, 1992, p.237.

Alfonso Reyes. El deslinde en El deslinde. Proleghenos u la teoría literaria. nota preliminar de Ernesto Mejía Sánchez, F.C.E.. México, 1980, Tomo XV de Obras Cornpletas de Alfonso Reyes, p. 115.

Citado por María del Carmen Boves Naves. L c r rlovela, Editorial Síntesis, Madrid. 1993, p.7.

Citado por Roland Bourneauf y Réal Ouellet. L c r novela, tr. del francés y notas de Enric Sulla, Ariel, Barcelona. 1975, p.33.

(15)

sobrepone a la novela misma y la designa.6

También Reyes,

lo

decíamos arriba, señala que el instrumento de la literatura es la ficción y María del Carmen Boves, después de pasar revista a las definiciones del género’ producidas por críticos y novelistas, concluye que “la novela es un texto narrativo de carácter ficcional, de cierta extensión”8. Ahora bien, e l

Diccionario

de

fa

Real

Academia EspaAofa consigna como primera acepción de

ficción

“la

acción y efecto de fingir” y define

fingir

como “dar a entender lo que no es cierto”. Como apunta Jitrik, la mentira parece explicar, metonimicamente, a la ficción’. Sin embargo, la ficción se presenta como respuesta a un problema de necesidad estética:

Es claro que a partir del mecanismo de la semejanza, la ficción satisface relaciones con la realidad, mediadas por la imaginación, mientras que la imagen puede desprenderse de la realidad. No es posible descubrir todos los procedimientos tendientes a

producir ficción; solo puede decirse de ella que su concepto es propio de un modo histórico y particular de encarar la literatura, en especial la narrativa que, ciertamente, siempre estuvo asediada por la exigencia, incluso ética, de la verosimilitud.”

La verdad es que la novela está ligada a estructuras profundas de nuestra cultura: “La novela es una forma particular del relato. Este es un fenómeno que rebasa considerablemente el terreno de la literatura; es uno de los elementos esenciales de nuestra aprehensión de l a realidad”11. La novela cumple entonces una finalidad social, asociada siempre a una cierta formación histórica, el modo capitalista de producción y l a sociedad burguesa; como dice Barthes:

La finalidad común de la Novela y de la Historia

~~~ ~ ~

b

Noé Jitrik. Historia e imaginución literrwia. Lcls posibilidades de L(t1 género, Biblos, Buenos Aires, 1995,

p.10. Jitrik precisa el concepto en un sistema jerarquizado: inteligencia, imaginación, invención, ficción. (p. 12).

Vid. op.cit., pp.7-27.

Vid. Noé Jitrik. 0p.cit. , p. 12.

Michel Butor. Sobre la literatura, citado por Andrés Amorós. Op. cit., p. 1 1

x Ibidem, p.28. Para Bourneauf (op.cit. p.35) Novela es “la narración de una historia ficticia”. ‘ O Ibidem, p. 13

Y

(16)

narrada es alienar los hechos: el pretérito indefinido es el acta de posesión de la sociedad sobre su pasado y su posible.[sic] Instituye un continuo creíble, pero su ilusión es mostrada

[...I

Esto debe ser puesto en relación con cierta mitología de lo universal, propia de la sociedad burguesa, cuyo producto característico es la Novela: dar a lo imaginario la caución formal de

lo real, pero dejarle a ese signo la ambigüedad de un objeto doble, a la vez verosímil y falso, es una constante operación en todo el arte occidental para quien lo falso se iguala con lo verdadero, no por agnosticismo o por duplicidad poética, sino porque lo

verdadero supone un germen de lo universal, o si se prefiere, una esencia capaz de fecundar, por simple reproducción, órdenes diferentes por alejamiento o por ficción. Por medio de un procedimiento

semejante, la burguesía triunfante del siglo pasado pudo considerar sus propios valores como valores universales e imponer a zonas absolutamente heterogéneas de su sociedad todos los nombres de su moral. Lo que es propiamente el mecanismo del mito, y la Novela -y en la Novela el pretérito indefinido- son objetos mitológicos que superponen a una intención inmediata, una apelación segunda a una dogmática, o mejor aún, a una pedagogía, ya que se trata de ofrecer una esencia bajo el poder de un artificio

[...I;

la escritura novelística [ ] tiene como misión colocar la máscara y a l mismo tiempo designarla.12

1.1.1. La Novela Histórica,

un

género problemático.

La novela da, así, la caución de lo real a lo imaginario. Sin embargo, lo “real” estaría representado por la historial3; este término deriva del libro de Herodoto, y designa, fundamentalmente, dos cosas: “En primer lugar, lo pasado, los hechos

ocurridos,

lo que más precisamente podríamos llamar lo histórico. En segundo lugar, entendemos también como historia e l relato de esos hechos, [.

.

.]

~

’’

Barthes Roland. El grado cero de la e~critura.3~. ed., Siglo XXI, México, 1978, pp. 39-40.

Voltaire decía que “la historia es el relato de hechos representados como verdaderos. La fábula, por el contrario, es el relato de hechos representados como ficción”. Citado en Hayden White. Metahisroria.Lu

irnagirlacidn histdrica en la Europa del Siglo XIX, tr. del inglés de Stella Mastrangelo, F.C.E., México, 1992,

p. 57.

(17)

historiografía, es decir, historia escrita”14. La relación entre

la

creación poética y l a historia, y l a confrontación de ambas con la verdad es de vieja y prestigiada datal5; apoyándose en ella, se suele reivindicar a l arte en general, y la literatura en particular, como portador de una verdad esencial: es “una afirmación muy corriente, según la cual la literatura proporciona más verdad que la ciencia o, dicho de otro modo, que se sabe más gracias a la literatura que a la ciencia; y s i bien la afirmación es simpática se diría que deja incólume la pregunta puesto que se trata de modos diferentes de

sa ber”I6.

Cuando los términos se funden, uno como sustantivo denotativo “ n ~ v e l a ” ’ ~ y otro con su derivado de función adjetiva “histórica”, producen, de acuerdo a Jitrik, un oximoron:

El término “novela”, en una primera aproximación, remite directamente, en la tradición occidental, a un orden de invención; “historia”, en la misma tradición, parece situarse en el orden de los hechos; la imagen, en consecuencia se construye con dos elementos semánticos opuestos. 18

Esta reunión de términos contradictorios se resuelve, “sin que haya escándalo”, por la existencia de un sistema de pensamiento que

14

Josefina Vazquez de Knauth. Historia de l a historiograjk, 2“. ed., SEP. México, 1973, p. 9.

l 5 “valiosas y todo las enseñanzas de l a historia, su valor está limitada por la ininteligibilidad de su contenido. Por eso Aristóteles dijo que l a poesía es más científica que la historia, ya que la historia no pasa de ser una simple colección de hechos empíricos, mientras que la poesía saca de tales hechos un juicio universal. [...I Para Aristóteles l a poesía es l a esencia destilada de l a enseñanza de la historia. En la poesía las lecciones de l a

historia no se hacen más inteligibles y siguen siendo indemostrables y, por lo tanto, puramente probables; pero se hacen mucho más compendiosas y por eso mismo más útiles”.R. G. Collingwood. Idea de la historia,

tr. del inglés de Edmundo O’Gorman y Jorge Hernández Campos, F. C. E., México, 1972,p.32. 16

17 Noé Jitrik.

Op. cir., p. 81.

“Lukács no está muy equivocado al aseverar que desde el punto de vista del género ‘Novela’, l a novela histórica no presenta ninguna diferencia respecto de otro tipo de novelas. Pero habría que tener en cuenta que cuando Lukács hace esta observación se está refiriendo a la novela realista, en cuanto que ésta tiende a reflejar ‘facts oflife’ (los hechos de l a vida real), y en este sentido todas las novelas realistas serían históricas, y todas

las novelas históricas pertenecen al género novela. En definitiva, lo que está diciendo Lukács es que la novela histórica es una nove1a”María Cristina Pons. Memoria del olvido, Del Paso. Garcia Márquez. Suer y la novela histórica de fines del siglo XX, Siglo XXI, México, 1996, p. 43. Coincidentemente, “en 1985, José Emilio Pacheco, en el prólogo a u n tomo de cuatro novelas mexicanas del siglo XIX, escribió: ‘la novela ha sido desde sus orígenes l a privatización de l a historia [...I historia de la vida privada, historia de la gente que no tiene historia [...I En este sentido todas las novelas son novelas históricas” en Seymour Menton. La Nueva Novelu Histórica de la América Latina. 1979-1992, F. C. E., México, 1993, nota4, p. 32.

(18)

otorga “autorización filosófica” a tal función; la autorización parte del historicism0 desde la filosofía y de la ficción desde la literatura 19. Sin embargo, “la formula [novela histórica] es audaz porque implica la ruptura de los límites semánticos de cada término”20. Sin llegar a ser una contrudictio in

udjecto

“uno de los principales problemas a

los

que se enfrenta todo intento de definir la novela histórica se desprende de una de sus características obvias: su hibridez que resulta de la incorporación de materiales históricos en su mundo ficticio”21.

1 .I

.2.

La novela histórica en América Latina

La novela histórica fue un género rápida y tempranamente adoptado por los novelistas de las nacientes repúblicas latinoamericanas. Vargas Llosa caracteriza a todo e l periodo novelístico en

Latinoamérica durante e l siglo XIX como “reflejo”22, lo que no basta para explicar la pronta naturalización de esta forma, que se manifestó tan longeva en nuestras tierras:

La novela histórica tradicional se remonta al siglo XIX

y se identifica principalmente con el romanticismo, aunque evolucionó en el siglo XX dentro de la

estética del modernismo, del criollismo y aún dentro

“) em. p. IO.

‘O bid em, p. I I .

‘ I María Cristina Pons. Op. cit., p. 48. En el apartado donde analizamos el referente de Ef entenado,

volveremos sobre este asunto. V i d infra Cap. 11.

l 2 La eclosión de la novela en América Latina en l a década de los sesenta tenía orígenes bastante humildes, pues “además de maldita y tardía, l a novela latinoamericana fue, hasta finales del siglo pasado, un género reflejo, y luego, hasta hace poco, primitivo”. Para Vargas Llosa, la novela de creación -según su propia terminología- es contemporánea de l a novela primitiva, en una de tantas convivencias heteroclíticas que aún persisten en América Latina y que muchos ven como parte del folklore: “La novela de creación no es posterior a la novela primitiva. Apareció discretamente cuando ésta se hallaba en pleno apogeo, y desde .ntonces ambas coexisten, como los rascacielos y las tribus, l a miseria y la opulencia, en América Latina [...I

usto es fijar su nacimiento en 1939, cuando aparece El pozo de Juan Carlos Onetti [quien] [...I es quizás, cronológicamente, el primer novelista de América Latina que en una serie de obras [...I crea un mundo riguroso y coherente, que importa por sí mismo y no por el material informativo que contiene”. En Mario

(19)

del existencialismo en la obra sui generis de Antonio

Di Benedetto, Zama (1956). La novela histórico romántica en América Latina, inspirada no solo por Walter Scott sino también por los cronistas coloniales y en algunos casos por el teatro del Siglo de Oro, comienza con Jicotencatl (1 826).

[...l.

No fue sin embargo, hasta dos décadas después que la novela histórica dio origen a l desarrollo de la novela nacional, pero sólo en pocos países: México, La hija del judio (1 848-1 850) de Justo Sierra; Argentina, La novia del hereje (1 845-1 850) de Vicente Fidel López; Colombia, lngermina (1 844) de Juan José Nieto y N oidor Cortés de Mesa (1 845)de Juan Francisco Ortiz, y Cuba Guatimósin de Gertrudiz Gómez de Avellaneda

[...I

Aunque la novela romántica fue reemplazada en Europa por las novelas realistas de Dickens y Balzac en las décadas de 1830 y 1840

[...I,

la novela histórica romántica siguió cultivándose [en América Latina] hasta fines del siglo e incluso en la primera década del siglo XX 23

Jitrik sugiere que un estudio sobre el tiempo que tardan las formas extranjeras en aclimatarse en nuestros países no sería del todo inútil24. Si la novela histórica fue adoptada en América Latina, tan cercanamente a su vigencia en Europa, significa que en su momento satisfizo una necesidad, no

solo

literaria -dadas las características del proceso generador de nuestras literaturas nacionales-, sino social:

Además de divertir a varias generaciones de lectores con sus episodios espeluznantes y la rivalidad entre

los protagonistas heroicos y angelicales y sus enemigos diabólicos, la finalidad de la mayoría de estos novelistas [del siglo XIX] fue contribuir a la creación de una conciencia nacional familiarizando a sus lectores con los personajes y los sucesos del pasado; y a respaldar la causa política de los liberales contra los conservadores, quienes se identificaban con las instituciones olíticas, económica y religiosas del periodo colonial.’

P

23

Seymour Menton. Op. cit., pp.35-6.

Seymour Menton. Op. cit., p. 36.

(20)

Durante e l modernismo (1 882-191

5),

la novela histórica abandona su encomienda de germinar en los lectores una conciencia nacional, así como su partidismo liberal; en ese periodo, representa una alternativa al “realismo costumbrista, al naturalism0 positivista y al materialismo burgués y, en e l caso de México, a la turbulencia revolucionaria. El fin principal de estas novelas La gloria de don

Ramiro, de Enrique Larreta; El Madrigal de Cetina, de Francisco

Monterde fue la recreación fidedigna, a la vez que embellecida, de ciertas épocas del pasado en plan de escapismo”26.

1 .I

. 3 .

La nueva novela histórica.

Para Seymour Menton, la definición más apropiada para la novela histórica es l a de Anderson lmbert que data de 1951 y reza “llamamos ‘novelas históricas’ a las que cuentan una acción ocurrida en una época anterior a la del noveli~ta”~’. Sin embargo, e l referente obligado para este género es La novela histórica de Georg Lukács, “el texto teórico más famoso de todos los que se han escrito

[.

.

.I,

1936- 1937, pero publicada por primera vez en 1954, en alemán” 28. Lukács

se ubica a la cabeza del grupo de teóricos que “han abordado el estudio de l a novela histórica a partir del concepto y visión de Historia que presenta la novela histórica en cuanto su principal elemento d i ~ t i n t i v o ” ~ ~ . Para el filósofo húngaro la historia representa un proceso de cambio, dialéctico y teleológico, a fuer de marxista, y Scott “epitomiza e l género porque ha logrado producir un reflejo artístico de l a Historia, pero no como mero pasado sino como una

prehistoria concreta del pre~ente”~’. Para Lukács, la novela histórica no es la transcripción de eventos históricos, sino el plasmar las tendencias sociales y las fuerzas históricas “re resentadas en e l destino y l a vida de un héroe ‘mediocre’ y pasivo”

’.

Sin embargo, los parámetros de Lukács parecen corresponder tan sólo a la novela

P

l6 Ibidem, p. 37. l7 Ibidem, p. 33. Ibidetn,p. 32.

l9 María Cristina Pons. Op. cit.. p. 48. Ibidem. p. 49.

3‘ Idem.

(21)

histórica clásica, “su conceptualización es limitada y limitante [.

.

.]

y descalifica como novelas históricas a un sinnúmero de novelas” 32. E l

problema reside, finalmente en que e l filósofo húngaro termina por establecer una preceptiva a la que la realidad (¿peor para ella?) no se digna plegarse.

La novela histórica, como arriba vimos, se encuentra ligada a la práctica novelística en América Latina. E l imaginario social que posibilita el surgimiento y la aceptación de la novela histórica está marcado por dos tendencias: “el deseo de reconocerse en un proceso cuya racionalidad no es clara” y la segunda que “persigue una definición de identidad”33. Estas dos condiciones parecen estar presentes en el imaginario social de nuestros pueblos en el fin del milenio, y explicarían el resurgimiento del género:

Pese a los que teoricen sobre la novela del posbomm, los datos empíricos atestiguan el predominio, desde 1979, de la Nueva Novela Histórica, muchos de los cuales comparten con las novelas claves del Boom el afán muralístico, totalizante; el erotismo exuberante; y la experimentación estructural y lingüística (aunque menos h e r m é t i ~ a ) . ~ ~

Si el censo que representa a l profesor Menton, que presumimos escrupuloso, permite postular la suficiente evidencia como para constituir una categoría, no todos parecen estar de acuerdo al respecto. Jitrik habla de la novela histórica a secas, lo mismo que María Cristina Pons. Para Miguel Correa MÚjica3’ “la nueva novela histórica es más bien un trend literario, todavía joven prácticamente inédita, y también diferente de lo que hasta ahora se ha considerado canónico dentro de la literatura no sólo hispanoamericana sino

también universal”. Por su parte, Fernando Ainsa parece querer

32 Ibidem, p. 50. Siempre se recuerda con gusto malicioso el veto a Salambd. Noé Jitrik Op. cir, p. 17.

Seymour Menton. Op. cit. pp. 29-30. “Que yo sepa, los primeros críticos que percibieron la tendencia y utilizaron el término fueron el uruguaya Angel Rama en I98 I , un humilde servidor en 1982, el mexicano Juan José Barrientos a partir de 1983, el venezolano Alexis Márquez Rodriguez en 1984, y el mexicano José Emilio Pacheco en 198Y.p. 29.

” Miguel Correa Mújica. “El mar de las lentejas y de la imaginación” en Espéculo, Revista de estudios

literarios. Num. 1 o, Universidad Complutense de Madrid, URL:

http:Nwww.ucm.eslintlespeculotnumeroI0/lentejas3.html.,p.2.

(22)

introducir soslayadamente el término “ficción histórica latin~americana”~~. Para Alexis Márquez Rodriguez, novela histórica es:

Un simple rótulo para identificar lo que se va a analizar, Se busca establecer que el autor no construyó su relato con personajes y acontecimientos imaginarios, sino a partir de hechos históricos reales, a los cuales les dio un tratamiento adecuado para hacer con ellos una novela, y no una crónica o un libro de historia. Este tratamiento supone el entrecruce de sucesos y personajes históricos con otros ficticios, inventados por el novelista. Es el esquema básico de la novela histórica, la del pasado y

la de hoy.37

Una vez que se ha establecido una nueva clasificación genérica, ésta exige que se explicite su anatomía y su fisiología, así como sus

subespecie~~~, Negándose a l caso de que algunas divisiones violenten la clasificación original o que el género mismo pierda su especificidad:

En el afán de abarcar todas las novelas que ficcionalizan material histórico bajo el rótulo de

“novela histórica” y/o bajo una tipología que las comprenda a todas, se corre el riesgo de llegar a violentar la naturaleza de una obra imponiéndole (retrospectivamente) una lectura y un canon que el texto desconoció o evitó. O, de manera alternativa, se pueden llegar a seguir produciendo listas interminables de variaciones, convenciones, categorías y tipos de novela histórica que intentan

“La nueva ficción histórica latinoamericana se ha embarcado así en l a aventura de releer la historia del continente” (p. 14); “puede hablarse de una auténticas y vigorosa corriente de ficción histórica

latinoamericana”. (p. 15). Fernando Ainsa. “La reescritura de la historia es la nueva narrativa latinoamericana” en Cuadernos Americanos. Nueva Epoca, Año V, Vol. 4, Num. 28. Julio-Agosto 1991. UNAM, México, 1991

Alexis Márquez Rodriguez. “Raíces de l a novela histórica” en Cuadernos Americanos. Nueva Epoca, Año

V, Vol. 4, Num. 28, Julio-Agosto 1991. UNAM, México, 1991, p. 33.

‘‘son varios los estudiosos del género histórico que agrupan las novelas históricas baje ‘tipos’ o les asignan categorías empíricas [...I Estas aproximaciones resultan en una interminable producción de tipologías y categorías de novelas históricas como l a paródica (Sklodowska); l a Metahistorica (Hutcheon), l a cómica (Turner); la hibrida, l a disfrazada y l a inventada (Turner); la utópica y la ucrónica (Wesseling); la que aspira a

l a verosimilitud histórica, l a del futuro, l a que marca un aspecto prominente de l a era moderna y l a que proyecta el presente en el pasado (Cowatt), etcétera”. María Cristina Pons, op. cit., nota 28, p. 7 1.

37

(23)

dar cuenta de todas y cada una de las posibilidades que puede ofrecer la novela histórica.39

E l material histórico no puede ser simplemente un conjunto de hechos o anécdotas, asumidas como “reales” u “objetivas” para constituir, en sí, historia, e incorporadas a la ficción transformar una novela en novela histórica, o ser un soporte a la verosimilitud: “la historia es una reunión orgánica del pasado y se le atribuye

[.

.

.]determinada racionalidad;

[.

.

.] la racionalidad histórica va a entrar en la novela como su fundamento mismo, no como

nutriente.”40 De otra manera, toda novela que se refiera a una realidad externa, históricamente determinable, sería considerada novela histórica, y aunque ésta “admite un sinnúmero de

posibilidades y variantes, [es] al mismo tiempo un modo particular de ficcionalización de la H i ~ t o r i a ” ~ ’ ; o, de otra manera, “la verdad histórica constituye la razón de ser de la novela histórica que, en consecuencia, no se limitará a mostrar sino que intentará explicar”42.

2. La epistemología de la Historia.

Es aceptado universalmente que la historia como ciencia -objetiva, racional, metódica- nace con Herodoto (485-420 A.C.). La Historia nace como salvaguarda, a través de la memoria, del pasado c.,

merece

ser

rescatado del olvido por los hechos gloriosos que

presenció; como dice el prólogo de Los

nueve

libros de

la

historia

La publicación que Herodoto de Halicarnaso va a presentar de su historia, se dirige principalmente a que no llegue a desconocerse en el tiempo la memoria de los hechos públicos de los hombres, ni menos a oscurecer las grandes y maravillosas hazañas, así de los griegos como de los bárbaros. Con este objeto refiere una infinidad de sucesos varios e interesantes, y expone con esmero las causas y

39 Ibidem, p.

7 l.

‘O Noé Jitrik. Op. cit., p. 82.

“ María Cristina Pons. Op. cit., p. 72.

Noé Jitrik. Op. cir., p. 12.

(24)

motivos de las guerras que se hicieron los unos a los otros.43

Es origen de la historia la admiración ante las “grandes y maravillosas hazañas”, pero también la inestabilidad de las cosas y en esto Herodoto reflejaría simpáticamente las preocupaciones expresadas por la filosofía griega en el llamado período cosmológico 45

; estas preocupaciones darán origen al pensamiento ontológico, que dominará e l pensamiento griego y que, sin embargo, parece ser ajeno al primer historiador:

La grandeza de Herodoto resalta en el más alto relieve cuando, como padre de la historia, se le sitúa contra el fondo de las tendencias generales del pensamiento griego. De estas

[...I

la predominante era la tendencia anti-histórica en cuanto que implicaba la noción de sólo ser cognoscible lo inmutable.”46

E l método de Herodoto para rescatar la memoria del pasado seguramente era limitado47 al depender de

los

testigos presenciales, pero de ninguna manera ingenuo o Pero l a empresa de

Herodoto era inútil, a l fin y a l cabo, desde la óptica del pensamiento

43

Herodoto. Los nueve libros de I n hisroria. tr. del griego de P. Bartolomé Pou. intr. de Edmund O’Gorman.

Porrúa. México, 1974. Libro I. “Prologo“. p. 1.

“Lo que si haré, puesto que según noticias he indicado yo quién fue el primero que injurió a los griegos, será llevar adelante mi historia. y discurrir del mismo modo por los sucesos de los Estados grandes y pequeños. visto que muchos. que antiguamente fueron grandes. han venido después a ser pequeños, y que, al

contrario. fueron antes pequeños los que se han elevado en nuestros días a la mayor grandeza. Persuadido. pues, de la inestabilidad del poder humano, y de que las cosas de los hombres nunca permanecen constantes en el mismo ser, próspero ni adverso”. Ibidem. Libro I. Capítulo V. p. 3.

“No parece aventurado pensar que, reflejando la gran preocupación -punto de partida de las especulaciones de los científicos y filósofos del siglo VI-, suscitada por l a observación y el temor de que en la naturaleza nada permanece en un mismo ser. Herodoto l a hizo extensiva al mundo humano”. Edmundo O’Gorman. “Introducción” en ibidem, p. XX.

R. C. Collingwood. Op. cit., p. 36.

” Sólo podían ser historiados los sucesos contemporáneos, o presenciados por testigos vivos.

Al recoger versiones de los hechos no significa que les dé crédito inmediato. como se puede ejemplificar con estos pasajes: “Así pasaron las cosas, según refieren los persas”; “sea de esto lo que se quiera, así nos lo cuentan los mismos persas y fenicios, y no me meteré yo a decidir entre ellos, inquiriendo si l a cosa pasó de este o de otro modo”. Herodoto. Op. cir, Libro I, Capítulo V. p. 3.

J-l

J?

46

(25)

griego, “porque consistía en conocer algo que, transitorio, era imposible conocer. ”49

Generalmente se acepta a Tucidides como el continuador de la empresa del de Halicarnaso. Tucidides, con similares limitaciones metodológicas que su antecesorSo, señala como su objetivo la verdad, distanciándose de los historiadores crédulos y de

los

poetas:

Tan perezosas y negligentes son muchas personas para inquirir la verdad de las cosas. Mas el que quiera examinar las conjeturas que yo he traído

[...I

no podrá errar en modo alguno. No dará crédito del todo a los poetas que, por sus ficciones, hacen las cosas más Srandes de lo que son, ni a los

historiadores que mezclan las poesías en sus historias, y procuran antes decir cosas deleitables y apacibles a los oídos del que escucha que verdaderas.

Sin embargo, Tucidides tiene un propósito ulterior, acorde con el ambiente espiritual de su época52, y dirige su Historia a “quienes tengan interés, no sólo en saber la verdad de lo sucedido, sino la verdad de

lo

que, semejante a lo ya acontecido, habrá de suceder en e l futuro”; afirma Tucidides [que] lo uno y lo otro obedecen a “una ley que gobierna el suceder No sólo busca descubrir las leyes del devenir histórico, sino que cree que este movimiento tiene una dirección precisa; “ha reconstruido el pasado griego como un proceso encaminado hacia una meta”54.

-19

50 R. G. Collingwood. Op. cir., p. 36.

“No he querido escribir l o que oí decir a todos. aunque me pareciese verdadero. sino solamente lo que yo vi

por mis ojos, y supe y entendí por personas dignas de fe, que tenían verdadera noticia y conocimientos de ellos,. Aunque también en esto, no sin mucho trabajo, se puede hallar la verdad. Porque los mismos que están presentes a los hechos. hablan de diversa manera, cada cual según su particular afición o según se acuerda”. Tucidides. Historia de la guerra del Peloponeso. 2a. ed.. intr. de Edmundo O’Gorman, Porrúa, México, 1980.

Ibident. p. 9.

’‘

“En cuanto reconstrucción de la historia griega, [es] [...I un ‘proceso fenoménico’, porque se atiene a los acontecimientos como meros fenómenos. es decir, como sucesos que pertenecen a l a esfera de l a realidad sensible del devenir histórico. Pero para u n griego culto contemporáneo de Tucidides, ese orden de la realidad era ininteligible mientras no se penetrará más allá de sus manifestaciones y se discerniera, a través de ellas, el proceso conceptual subyacente que pertenece ;Ila esfera de la realidad ideológica del devenir universal”.

Edrnundo O’Gorman. “Introducción” en ibidem, p. XXI.

’’

Idem.

(26)

En otras palabras, “después de Herodoto l a búsqueda de objetos de conocimientos, inmutables y eternos, ahogo poco a poco la conciencia histórica [.

.

.] [En] Tucidides la atención no se concentra plenamente a los hechos mismos, sino que

[..

.] deriva hacia el sentido que puede estar agazapado detrás de ellas, alguna verdad inmutable o eterna”55 de lo que los hechos solo serían un reflejo y aquélla un paradigma, en términos platónicos.

La historia desde su origen como conocimiento objetivo y sistematizado surge como recuperación o reconstrucción del pasado y como interpretación del mismo. Sin embargo, también desde su origen aparece acompañando a la historia la duda sobre la validez del tipo de conocimiento que produce:

La historia

[...I

es una ciencia del obrar humano; el objeto que el historiador considera es cuanto han hecho los hombres en el pasado, actos que pertenecen a un mundo cambiante, a un mundo en que las cosas llegan a su fin y dejan de existir. Ahora bien, según el parecer de la metafísica griega predominante, las cosas de esa indole no debían poderse conocer y, por lo tanto, la historia tenía que ser imposible.

[...I

S i una cosa era cognoscible es porque era determinable; pero para ser determinable precisaba que fuera tan cabal y exclusivamente misma que ningún cambio interno ni ninguna fuerza exterior pudiera convertirla en otra cosa. El

pensamiento griego alcanzó su primer triunfo cuando descubrió en los objetos propios del conocimiento matemático algo que satisfacía esas

condicione^.^^

Más acá de las objeciones metafísicas (sobre las que, sin embargo,

habremos de volver), el problema liminar de la historia lo constituye su materia prima: los hechos5’. “Los hechos de la historia nunca nos llegan en estado ‘puro’, ya que ni existen ni pueden existir en forma

’. i 5 R. G. Collinpwood. Op. cit., pp, 37-39.

Ibidem., p. 29.

“En verdad l a historia, entendida a l a manera clásica justifica la despectiva sentencia de Macaulay: ‘novela fundada en hechos’. por el recurso a las ficciones externas: retratos, discursos, diálogos, etcétera”. Alfonso Reyes. Op. cit., p. 126.

(27)

pura: siempre hay una refracción al pasar por la mente de quien los recoge”58; de ahí que antes de preguntarnos si algo realmente aconteció, debemos preguntarnos quién lo dice. Los hechos y su interpretación son indisolubles; rescatar un hecho es ya interpretarlo, a l menos como especialmente significativo de entre un cúmulo de sucesos y datos considerados, para su exclusión, como irrelevantes: “En general puede decirse que el historiador encontrará la clase de hechos que busca. Historiar significa interpretar” 59

E l optimismo positivista hacia pensable que la Historia como ciencia, trabajando metódicamente, alcanzará la certidumbre “objetiva” en el conocimiento del pasado; así expresaba esa convicción Lord Acton en 1907: “ahora que toda la información es asequible y que todo problema es susceptible de solución”6o. Sesenta años después, Sir George Clark no manifestaba la misma confianza

El conocimiento del pasado ha llegado a nosotros por mediación de una o más mentes humanas, ha sido

“elaborado” por estas, y

[...I

no puede, por tanto, consistir en átomos elementales e impersonales que nada puede alterar

...

La exploración no parece tener límites y hay investigadores impacientes que se refugian en el escepticismo, o cuando menos en la doctrina de que, puesto que todo juicio histórico implica personas y puntos de vista, todos son igual de válidos y no hay verdad histórica “objetiva”.61

Este mismo historiador “no obstante su desacuerdo con el enfoque de Acton, contraponía ‘el sólido núcleo de los hechos ‘en la historia a’ la pulpa de las interpretaciones controvertibles que lo rodea”62. Sin embargo, como sostiene E. H. Carr “si, volviendo a Sir George Clark del revés, yo definiera la historia como ‘un sólido núcleo interpretativo rodeado de l a pulpa de los hechos controvertibles’, mi

5U E.

H. Carr. i Q u P es /u historia?., tr. del inglés de Joaquín Romero, IO”. ed., Planeta- Seix Barra], México,

Ibidem., p. 32.

Citado en ibidem, p. IO.

I98 1, p. 30.

‘O Citado en ibidem, p. 9.

‘’

Ibidem, p. 13.

59

61

(28)

frase resultaría a no dudarlo, parcial y equívoca; pero con todo me atrevo a pensar que no lo seria mas que la frase original”63.

La Historia se ostenta y es reivindicada como una ciencia, “y una ciencia difiere de otra en que averigua cosas de diferente clase”; lo que averigua la Historia es la

res

gestae, “actos de seres humanos que han sido realizados en el pasado”. Ese es su objeto de estudio y como ciencia intenta dar respuesta a “cuestiones acerca de las acciones humanas realizadas en el Así, la primera característica de la Historia es su carácter científico, precisamente por hacerse preguntas y no relatar lo revelado. La segunda

característica es e l ser humanística, ya que esas preguntas se refieren a las acciones de los hombres en el pasado; también es racional, ya que sus respuestas se fundamentan -en su caso-, en testimoniales; y, finalmente, “es una instancia de autorevelación, es decir, que existe con el fin de decirle a l hombre lo que es el hombre, diciéndole lo que el hombre ha sido”65. Sin embargo, hay muchos tipos de explicaciones posibles sobre los acontecimientos del pasado, desde las místicas o sustancialistas, producidos generalmente en las

“historias patrias”, hasta las fatalistas o individualistas, que, finalmente, no explican nada. Como dice E. H. Carr: “el estudio de l a historia es un estudio de causas”. 66 A l identificar las causas en un

número suficiente de casos, toda ciencia esta en posibilidad de postular, como hipótesis, una relación causal que, comprobada

empíricamente, nos lleve a postular la relación necesaria entre variables, lo que se conoce como ley. No obstante, y a l parecer, la

Historia no ha sido capaz, aún, de establecer siquiera un corpus teórico aceptado universalmente, como sucede con los conceptos de las ciencias naturales

La historia difiere de las ciencias precisamente porque los historiadores están en desacuerdo no sólo sobre cuáles son las leyes de la causalidad social que podrían invocar para explicar determinada secuencia de hechos, sino también sobre la cuestión de la forma que debe tener una explicación científica. Hay una larga historia de disputa sobre sí las explicaciones de

61

64

Il~ident, p. 32.

R. C. Collingwood. Op. cit.. p. 19.

(” Ibidem, p. 27.

E. H. Cam. Op. cit., p. 1 17.

(29)

las ciencias naturales y las de la historia deben tener las mismas características formales. Esa disputa gira en torno del problema de s i los tipos de leyes que se pueden invocar en las explicaciones científicas tienen una contraportada en el reino de las ciencias llamadas humanas o espirituales, como la sociología y la historia. Las ciencias físicas parecen progresar en virtud de los acuerdos a que se llega de tanto en tanto entre los miembros de las comunidades establecidas de científicos, acerca de lo que calificará como problema científico, la forma que debe adoptar una explicación científica, y el tipo de datos que podrán contar como prueba en una descripción debidamente científica de la realidad. Entre los

historiadores no hay ni nunca ha habido acuerdos de ese tipo. Es posible que esto refleje meramente la naturaleza protocientífica de la empresa historiográfica, pero es importante tener presente este desacuerdo (o falta de acuerdo) congénito sobre qué califica como explicación específicamente histórica de cualquier conjunto de fenómenos

históricos. Porque esto significa que las explicaciones históricas tienen que basarse en distintos

presupuestos metahistóricos sobre la naturaleza del campo histórico, presupuestos que generan distintas concepciones del tipo de explicaciones que pueden utilizarse en el análisis hi~toriográfico.~’

Arriba señalábamos la discrepancia entre Lord Acton y Sir George Clark, con la mediación de Carr, sobre el valor de

los

hechos y el de l a interpretación en la obra histórica, pero “las disputas historiográficas sobre el nivel de ‘interpretación’ son en realidad disputas sobre la ‘verdadera’ naturaleza de la empresa del historiador”68. Esta falta de consenso hace que l a historia permanezca “en el estado de anarquía conceptual en que estaban la ciencias durante el siglo XVI, cuando había tantas concepciones diferentes de l a ‘empresa científica’ como posiciones metafísicas 69

.

E l culto empirista de los hechos, propio del positivismo, había reducido el problema al descubrimiento de

los

hechos; una vez

67

68 69

Hayden White. Of. cit, p 23.

Idem.

(30)

realizado esto, se podrían establecer las conclusiones,

lo

que presupone la tesis fundamental del empirismo: una total separación entre el sujeto y e l objeto, pero esta separación es impensable en e l quehacer del historiador:

El historiador empieza por una selección provisional de los hechos y por una interpretación provisional a la luz de la cual se ha llevado a cabo dicha selección, sea ésta obra suya o de otros. Conforme va trabajando, tanto la interpretación como la selección y ordenación de los datos van sufriendo cambios sutiles y acaso parcialmente inconscientes, consecuencia de la acción recíproca entre ambos. Y

esta misma acción recíproca entraña reciprocidad entre el pasado y el presente, porque el historiador es parte del presente, en tanto que sus hechos pertenecen a l pasado. El historiador y los hechos de la historia se son mutuamente necesarios. Sin sus

hechos, el historiador carece de raíces y es huero; y los hechos, sin el historiador, muertos y falta de sentido. Mi primera contestación de qué es la Historia, será pues la siguiente: un proceso continuo de interacción entre el historiador y sus hechos, un diálogo sin fin entre el presente y el pasado.”

La relación entre el presente del historiador y e l pasado de los hechos se da por descontada, sometida a controversias metodológicas e interpretaciones cuestionables si se quiere, pero siempre posible. No obstante, la objeción radical del quehacer del historiador esta contenida en l a posición cartesiana frente a la Historia. E l padre del racionalismo divide el campo del saber en: poesía, teología, filosofía e h i ~ t o r i a . ~ ’ . E l conocimiento seguro e indubitable sólo provenía de la filosofía, y fue donde aplicó su método; “la historia, por más interesante, más instructiva y más valiosa que fuera para la formación de una actitud práctica en l a vida, no podía

[..

.]

aspirar a la verdad, porque los acontecimientos que relataba jamas

’ O E. H. C m . Op. cif. p. 40.

” “La poesía es el campo de la imaginación. L a teología el saber de las verdades. pero como es materia de fe

(31)

acontecieron exactamente de la manera en que los relataba” 72 o sea

que, estrictamente, la historia no es, para Renato Descartes, una rama d e l c o n ~ c i m i e n t o ~ ~ .

La filosofía de Descartes en lo general y, en su descalificación de la historia como conocimiento, en lo particular, fueron controvertidas por varios filósofos. Juan Bautista Vico “atacó e l principio cartesiano que postulaba la idea clara y distinta como criterio de verdad. Indicó que sólo se trataba, en realidad, de un criterio subjetivo o psic01Ógico”~~

.

Para Vico, coincidiendo con Hume -el otro gran opositor del racionalismo- “creer no es sino percibir con especial ~ i v a c i d a d ” ~ ~ . Juan Bautista se desentiende, por impertinente, del problema filosófico generador del sistema cartesiano sobre la existencia de la res

extensa;

“la búsqueda de la cosa en es para

él

una inquisición tan sin sentido como Sin embargo, el

72 R. C. Collingwood. Op. cit., p. 65.

” Descartes insiste en que, en primer lugar, la historia es como u n viaje a un país extranjero, y “en cuanto se emplea demasiado tiempo en viajar, se llega al fin a ser extranjero en el propio país; y cuando se es demasiado curioso por las cosas que se practicaban en los siglos pasados se permanece ordinariamente en extremo ignorante de las que se practican en éste. Además de que las fábulas hacen imaginar como posibles muchos acontecimientos que no lo son en absoluto, y que incluso las historias más fieles, si no cambian ni aumentan el valor de las cosas para hacerlas más dignas de ser leidas, al menos omiten casi siempre las circunstancias más bajas, y menos ilustres, de donde viene que el resto no parece tal como es.” El juicio de Descartes es absolutamente negativo, ya que niega la misma posibilidad de poder relatar el pasado. Josefina Vázquez de Kanauth. Op. cit.. p. 79. Collingwood analiza así esta posición (Op. cit. p., 66): Descartes hace cuatro afirmaciones[...]: I ) Evasión histórica, es decir. que el historiador es un viajero que de tanto vivir alejado de lo

suyo se convierte en un extranjero para su propia época. 2)Pirronismo histórico. es decir, que los relatos históricos no son narraciones fidedignas del pasado. 3) Idea anti-utilitaria de la historia, es decir, que los relatos que no son fidedignos [...I no nos sirven de guías para nuestros actos en el presente. 4) La historia provoca la creación de castillos en el aire, es decir, que los historiadores, aún en el mejor de los casos, desfiguran el pasado al presentarlo como algo más digno y espléndido de l o que fue en realidad.

’’

Idem.

7 6 “[Para Vico], el historiador es capaz de reconstruir en su propia mente el proceso por medio del cual esas

cosas han sido humanamente creadas en el pasado. Hay una especie de armonía pre-establecida entre la mente del historiador y el objeto que se propone estudiar. [...I Esta nueva actitud hacia la historia es profundamente anticartesiana. porque l a estructura entera del sistema cartesiano esta condicionada por un problema que no aparece en el mundo de lo histórico, el problema del escepticismo, el problema de l a relación entre ideas y las

cosas. Descartes [...I desde el punto de vista escéptico I...] tuvo que empezar asegurándose de que, en realidad, había un mundo de la materia. Para la historia, según l a concebía Vico, ese problema no podía existir. El punto de vista escéptico, en efecto, es imposible. Para Vico, la historia no se ocupa del pasado en

cuanto a pasado; se ocupa, en primera instancia, con la estructura actual de l a sociedad en que vivimos; con

los modos y con las costumbres en que comulgamos con la gente que nos rodea, y para estudiar estas cosas no hace falta preguntar si realmente existen. L a pregunta carece de sentido. [...I Para el historiador, el punto de vista humano es lo definitivo L...] La búsqueda de l a cosa en sí es, para éI, una inquisición tan sin sentido como inútil”. Ihidern, p. 72.

7-1

(32)

problema esencial persistiría: no la existencia del objeto, sino su cognoscibilidad:

Lo que necesitamos afirma Vico es un principio que nos permita distinguir lo que puede conocerse de aquello que no puede conocerse

[...I;

encuentra el principio que busca en la doctrina de que verum e t factum convertuntur, es decir, que la condición para que se pueda conocer algo en verdad, o sea, para que se le pueda entender y no solamente percibir, consiste en que el sujeto que conoce haya fabricado aquello que se conoce. Según este principio la naturaleza sólo es inteligible para Dios; pero las matemáticas son inteligibles para el hombre.

[...I

Se sigue del principio verum-factum que la historia, que muy marcadamente es algo hechos por la mente humana, es algo especialmente propio para ser objeto del conocimiento humano.

[...I

Vico piensa la historia como historia de la génesis y desarrollo de las sociedades humanas y sus instituciones. Aquí tenemos por primera vez una idea completamente moderna acerca de lo que constituye la materia de la ciencia histórica.

[...I

El hombre crea de la nada aquello de que está constituida la sociedad humana, y por eso ese material es en todos sus detalles un factum humano, algo, pues, eminentemente cognoscible por la mente del hombre en cuanto

En l a historia, las ideas sobre los hechos y los hechos mismos son inseparables y la filosofía cartesiana hace una tajante distinción entre res extensa y res cogitans. La aportación de Vico convierte a la historia en una forma de conocimiento filosóficamente justificable y permitió un amplio desarrollo del conocimiento histórico. 78 Incluso la posición de Hume, que parecería en su escepticismo negar la posibilidad del conocimiento, establece que el conocimiento histórico es "un sistema de creencias razonables fundada en la autoridad de los testimonios", pero

los

otros conocimientos tendrían e l mismo carácter, por lo que "la pretensión de l a historia a ser incluida en e l

77

78 Ibidem, Vid. ibidem. pp. 70- p. 1.

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