6. El teatro español anterior a 1936: tendencias, rasgos principales, autores y obras más significativas. - Tema 7. El teatro del siglo XX anterior a 1936. 2018

Texto completo

(1)

6. El teatro español anterior a 1936: tendencias,

rasgos principales, autores y obras más significativas.

6.1. El teatro comercial: teatro realista (Jacinto Benavente),

teatro cómico (Pedro Muñoz Seca y Carlos Arniches) y teatro

poético (Eduardo Marquina).

La segunda mitad del siglo XIX es la época de la llamada alta comedia, un tipo de teatro realista ambientado en los salones de la alta sociedad y que, con una intención educativa, solía plantear una tesis moral. El autor más significativo de la segunda mitad del siglo XIX fue Echegaray (1832-1916). Es el suyo un teatro neorromántico, escrito en verso, de estilo retórico y de temas trasnochados, completamente alejado de la realidad.

Un intento de teatro renovador, que reflejara los problemas sociales de la época, es el protagonizado por Galdós pero era, quizás, muy elevado para el público y no tuvo éxito.

En los últimos arios del siglo XIX aparece también el género chico: piezas cortas —sainetes, entremeses, zarzuelas— de carácter cómico, ambiente popular y tema costumbrista.

Se produce ya en el siglo XX la división en salas: salas de alta comedia y salas de género chico donde se representaba el teatro por horas.

Los gustos del público —un público burgués que acudía al teatro en busca de diversión exclusivamente— determinan en gran manera la orientación del teatro anterior al 36. Por esta razón, suele hablarse de dos grandes tendencias: el teatro de éxito comercial y el teatro renovador. El primero, destinado a satisfacer las exigencias del público, es, en general, un teatro costumbrista, cómico o melodramático que rehúye los planteamientos ideológicos y continúa con las formas dramáticas tradicionales. El segundo, a contracorriente de los gustos de la época, renovador en las formas y en los temas, hubo de esperar muchos años para ser valorado en su justa medida.

En la línea del teatro comercial pueden distinguirse estas tres corrientes:

• comedia burguesa (Jacinto Benavente)

• teatro poético;

• teatro cómico. De este tema hemos leído La casa de Bernarda Alba.

(2)

El teatro renovador está representado especialmente por las figuras de Valle-Inclán y García Lorca, los dos grandes dramaturgos de este periodo.

6.1.1.- La comedia burguesa de Benavente

Jacinto Benavente (Madrid, 1866-1954), premio Nobel de Literatura en 1922, que escribió —y estrenó— cerca de doscientas obras, fue, sin duda, el autor de mayor éxito de la época. Buen conocedor del oficio teatral, sus obras se caracterizan por el dominio de los recursos escénicos y la habilidad y el ingenio en los diálogos (a él le corresponde el mérito de haber desterrado del teatro el estilo grandilocuente y declamatorio del drama posrromántico). La mayor parte de su producción, que tiene como escenarios los salones y ambientes de la burguesía y la alta sociedad, plantea como tema la crítica amable, irónica y superficial de algunos vicios y defectos de las costumbres burguesas. Sus obras más importantes son:

El nido ajeno (1894), sobre la situación, opresiva y discriminatoria, de la mujer casada en la sociedad española de la época. El tratamiento atrevido y crítico del asunto provocó tales críticas que la obra hubo de ser retirada del local en el que se representaba a los tres días. (Sólo los jóvenes del 98, como Azorín, le aplaudieron; los mismos jóvenes que, luego, ante el giro comercial de sus obras, le retiraron su consideración.)

Los intereses creados (1907), su obra más famosa, que tiene como protagonistas a Crispin y Leandro; Crispín encarna el sentido utilitario e «interesado» de la vida, y Leandro representa el idealismo.

Señora Ama (1909) y La Malquerida (1913), dramas de ambiente rural.

6.1.2.- El teatro en verso

En los primeros arios del siglo obtuvo también gran aceptación el denominado teatro poético. Estaba escrito en verso —al estilo modernista, sonoro y musical— y sus temas eran de carácter histórico: exaltaciones de grandes hechos o personajes del pasado. Los principales cultivadores de este tipo de teatro son: Francisco Villaespesa y Eduardo Marquina (1879-1946), con dramas históricos tales como Las hijas del Cid (1908)

6.1.3.- El teatro cómico

Un gran éxito de público obtuvo también, por esta época, el teatro cómico, basado casi siempre en la presentación de costumbres y tipos populares. Los autores más representativos son los siguientes:

(3)

Posteriormente, Arniches cultivó la llamada tragedia grotesca, en la que se unen lo caricaturesco y lo conmovedor, con una actitud crítica ante las injusticias. A este género pertenece La señorita de Trevélez (1916)

Pedro Muñoz Seca (1881-1936), creador de un subgénero cómico, la astracanada (o el astracán), que se basa en las situaciones disparatadas y en los juegos de palabras con el único fin de provocar la risa del espectador. Su obra más famosa es La venganza de don Mendo (1918), parodia de los dramas históricos neorrománticos y del teatro poético en verso de principios de siglo.

6.2. El teatro renovador: Federico García Lorca

La creación dramática fue también de interés permanente para Lorca. Escribió obras teatrales desde su juventud hasta su muerte. En todas ellas intentó llevar a los textos sus anhelos de renovación del teatro. Ya su primera obra, El maleficio de la mariposa, supone la búsqueda de un nuevo lenguaje directamente emparentado con la poesía lírica. Igualmente, Mariana Pineda, aunque próxima a los esquemas del teatro en verso modernista, también se aparta del modelo tanto por su mayor aliento poético como por el tema, ya que, frente a la ideología conservadora del drama histórico modernista la figura de Mariana Pineda tenía una clara significación progresista.

Pero, en su búsqueda de nuevas formas teatrales, Lorca acaba por separarse de los moldes dramáticos dominantes. Ello ya es notorio en su teatro de marionetas [Tragicomedia de don Cristóbal y la señá Rosita (1922) y el Retablillo de don Cristóbal (1931)]. Estas farsas para guiñol deben entenderse dentro de la extendida revalorización en la época del teatro de marionetas. Las dos farsas lorquianas condenan, desde su aparente ingenuidad, la figura que encarna la autoridad. En cuanto al lenguaje de las marionetas, se eliminan en él los hábitos del disimulo y encubrimiento típicos del diálogo del teatro ordinario.

La influencia del teatro de marionetas llegó al teatro en general (muchos de los personajes de Valle-Inclán y Lorca acaban por gesticular y comportarse ellos mismos como marionetas). Es lo que ocurre en las farsas para personas:

La zapatera prodigiosa (1930) y Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín (1928 pero estrenada en 1933). En ambas, Lorca aborda el tema del viejo y la niña (la desigualdad de edad en el matrimonio). La primera tiene final feliz pero la segunda termina con un desenlace trágico lo que trae a primer plano la obsesiva vinculación en Lorca entre el amor y la muerte.

(4)

En el teatro vanguardista se incluyen El público (1930), Así que pasen cinco años (1931) y Comedia sin título (1935). El público desarrolla un doble problema: el individual del amor homosexual y el social del teatro convencional, teatro que debe ser destruido y sustituido por otro. En ambos conflictos subyace la defensa de que la verdadera humanidad de los individuos reside en su integridad, en su lealtad consigo mismos y con sus propios sentimientos. Los mismos temas aparecen en las otras dos obras aunque al pesimismo de El Público le sustituya una cierta esperanza en la Comedia sin título.

Dentro del teatro “representable” escribe obras de gran éxito comercial: Bodas de sangre (1933), Yerma (1934), Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores (1935) y La casa de Bernarda Alba (1936). Todas ellas tienen en común el protagonismo de las mujeres, cuya situación de marginación social es común en las cuatro. El modelo de drama rural de Jacinto Benavente (La malquerida) es aprovechado por Lorca pero, aunque llega al público como siempre quiso, insiste en innovar mediante el desdibujamiento de los perfiles del espacio y del tiempo dramáticos o con un diferente diseño de los personajes. Lorca se integra con estas obras dentro de la literatura de compromiso: el arte con finalidad social.

La casa de Bernarda Alba es una de las cumbres del teatro de García Lorca. Prescinde del verso con el fin de eliminar todo lo que pueda parecer accesorio: “el poeta advierte que

estos tres actos tienen la intención de un documental fotográfico”, se indica al comienzo del drama. Pero el realismo argumental y la sobriedad escenográfica no impiden la presencia de elementos simbólicos (el caballo, el agua, el blanco y el negro) que llevan la obra al universo temático lorquiano más característico: la libertad frente a la autoridad, las pulsiones eróticas y los instintos naturales enfrentados a las normas sociales y morales, la esterilidad y la fecundidad, la frustración vital, la condición sometida de la mujer, la crítica social, etc.

Pero es, sobre todo, una reflexión sobre el poder, sobre cómo se interiorizan los mecanismos de poder en la vida privada. En este sentido, es una mujer, Bernarda, quien de modo viril asume e impone por la fuerza todo un código de conducta represivo a sus hijas quienes (a excepción de la menor) aceptan esas reglas y están dispuestas a perpetuarlas. Son todas ellas personajes trágicos, víctimas de la sociedad patriarcal que contribuyen a sostener. Adela, compleja y rebelde, se sitúa entre la autoridad y el deseo, el individuo frente a la sociedad, la libertad frente a la autoridad, los impulsos de la naturaleza frente a las leyes sociales.

(5)

cuidada está la estructura del drama, las intervenciones de personajes secundarios a modo del coro de las tragedias griegas, la intercalación de canciones como en Lope de Vega, el carácter simbólico de distintos elementos escénicos, nombres, vestuario de los personajes. Como prueba de la calculada construcción de la pieza, baste señalar su carácter de partitura musical al combinar con precisión numerosas indicaciones de voces, silencio, fuerte, pausa, voz baja..., lo que, junto al empleo de intervenciones muy breves y otras más extensas, va creando un ritmo dramático muy preciso.

Jacinto Grau (1877-1958)

Retoma en sus obras temas bíblicos, del Romancero y del teatro clásico español. Su obra más reconocida es El señor de Pigmalión (1921), que plantea el tema de las criaturas y su relación con el creador.

Alejandro Casona (1903-65)

Firmaba con seudónimo; su nombre real era Alejandro Rodríguez Álvarez. Participó junto con Lorca en las misiones pedagógicas. En sus obras más características introduce elementos fantásticos en una atmósfera realista, como en La sirena varada(1934), que incorpora una sirena y un fantasma junto con personajes humanos, o en La dama del alba (1947), cuyo personaje principal es la Muerte. Al final de su vida escribió la también destacable obra El caballero de las espuelas de oro (1963), sobre Francisco de Quevedo.

6.3. La trayectoria dramática de Ramón María del Valle-Inclán.

. RAMÓN MARÍA DEL VALLE-INCLÁN (Vilanova da Arousa 1866-Santiago de Compostela 1936)

(6)

quevedescos), alardea de su talante aventurero, bohemio y provocador.

Su teatro suele dividirse en cinco ciclos:

1. Ciclo modernista, con obras como El marqués de Bradomín, basada en la estética modernista.

2. Ciclo mítico. Parte de su Galicia natal y crea un mundo mítico e intemporal, cuyos personajes se rigen por sus más bajos instintos, irracionalidad, violencia, lujuria, avaricia y muerte. Comedias bárbaras y Divinas palabras pertenecen a este ciclo.

3. Ciclo de la farsa. Grupo de comedias recogidas en el volumen Tablado de marionetas para educación de príncipes. Presentan un continuo contraste entre lo sentimental y lo grotesco, y sus personajes, marionetas de feria, anuncian la llegada del esperpento.

4. Ciclo del esperpento. Formado por Luces de bohemia y la trilogía Martes de carnaval. El esperpento, más que un género literario, es una forma de ver el mundo, ya que deforma y distorsiona la realidad para hallar la imagen auténtica que se oculta tras ella. Con este fin, utiliza la

parodia (enalteciendo o degradando situaciones) humaniza los objetos y los animales y animaliza o cosifica a los humanos. Presentados así los personajes carecen de humanidad y se muestran como marionetas, fantoches.

5. Ciclo final. Valle-Inclán lleva al extremo las propuestas dramáticas anteriores: presencia de lo irracional e instintivo, personajes esquematizados y guiñolescos, técnica del esperpento. Estos rasgos caracterizan Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte.

La etapa de los esperpentos.

1920 supuso un importante cambio en la literatura del escritor gallego. En las farsas (sobre todo en la Farsa y licencia de la Reina castiza) los personajes son marionetas grotescas, todo vestigio del Modernismo es liquidado; los personajes son fantoches y la España isabelina es caricaturizada al extremo.

(7)

el que un pueblo ignorante y supersticioso es sometido por efecto de unas palabras dichas en una lengua, el latín, que no entiende. En esta obra se produce una acentuación de los rasgos humanos más feos y desagradables. Pero es en Luces de Bohemia (1920) la obra clave en el giro radical de la literatura de Valle-Inclán.

La estética del esperpento se prolonga e intensifica en las restantes obras literarias de Valle. La mezcla de lo cómico y lo serio, lo sublime y lo vulgar, la concepción de los personajes como títeres, la deformación sistemática de la realidad, el tono de farsa y la intención satírica se hacen patentes en la producción posterior: Los cuernos de don Friolera (1921), Las galas del difunto (1926), La hija del capitán (1927).

La actitud distanciada, la estilización estética, la muñequización de los personajes y la parodia de mitos y tópicos literarios (tan característico de la deshumanización del arte que subyace a las vanguardias) no deben hacer olvidar que los esperpentos desarrollan las vidas de sus peleles en un momento histórico concreto, por lo que adquieren todo su significado cuando se les observa en la

situación histórica que les ha tocado vivir. Es más, es rasgo característico del esperpento la permanente oscilación entre mito y realidad

.

La técnica empleada por Valle-Inclán en Luces de bohemia es la que ha caracterizado el estilo del «esperpento», que se manifiesta en:

 el tratamiento de los personajes: que son deformados hasta lo grotesco y caricaturizados. Se resaltan sus rasgos más grotescos, vulgares y ridículos; a menudo, son tratados como muñecos y, en ocasiones, cosificados o animalizados. Por contra, los animales y los objetos son humanizados;

 el uso peculiar de un lenguaje desgarrado y que engloba los más variados registros. En el léxico se combinan vulgarismos, cultismos, expresiones coloquiales, voces de argot, madrileñismos, galicismos, germanismos, referencias literarias, etc. Los diálogos son rápidos y, a menudo, contienen ironías y juegos de palabras;

(8)

 el humor y la ironía, presentes en el lenguaje, en las situaciones, en los personajes y que, frecuentemente, se manifiestan en forma de parodia o mediante contrastes (empleo de un lenguaje culto fuera de contexto, o de un estilo grandilocuente en una situación ridícula). El humor suele ir acompañado de una cierta amargura;

Figure

Actualización...

Referencias

Actualización...