La Juventud de Lord Byron

Texto completo

(1)

REVISTA

SANTIAGO.

FANOR

VEtA^ee

I

AUGUSTO

(MEGO LUCO

DIRECTORES

TOMO

I

1872

SANTIAGO

Ihrenta Nacional calle de la moneda nm. 46

(2)
(3)

NDICE

DEL TOMO I.

1872

HISTORIA

POLTICA,

ECLESISTICA,

LITERARIA

El

Templo

de la

Compaa

de Jesasde

Santiago

de Chile: por

MiguelLuisAmuntegui 49

Los

Apstoles

delDiablo: por id 182

DonGarca Hurtado de Mendoza i don AlonsodeErcilla: por id,.. 248 Orjenesde laimprentaenla Amrica

espaola:

por id 353 Introduccindelas

representaciones

teatrales: por id - 433 El establecimientodel teatroenChile: por id 481 Caroterpolticoisocial delteatroenChile: por id 561 Lasprimeras composicionesdramticas: por id 647 Elprimer

periodista

de Chile: por id 289 El

pueblo

i puertode Quintero:por Francisco Solano

Asta-Bu-RUAGA 518

Don Mariano Torrente: por Diego Babeos Arana 161

LamonjaAlfrez: por id.. 225

ElprimercnsulestraDjeroenChile: por id. 399 Don Juan Manuel Pereira de Silva: por id 460 Apuntespara la historiadelartedeimprimirenAmrioa: por id... 596

Don Jos

Miguel

Carrera: por id 673

CubaiPuertoRico:por Ejenio Mara Hostos 29,97 Las

riquezas

delosantiguos jesuitaa de Chile: por Diego Barros

Arana , 713, 833, 933, 998

(4)

BIBLIOGRAFA I

CRNICA

LITERARIA

LosPrecursores de la

independencia

deChilepor

Miguel

LuisAmu

ntegui:por Gaspar Toro 107, 195

FranciscoBilbao,a

propsito

delas

publicaciones

de don Zoroba-belRodrguezi don E. de laBarra: por Augusto Orrego Luco.. 730 LaSoledad,deAugustoFerran:por Gustavo AdoleoBcquer 884

Historiade la fundacindeBolivia,de donJorjeMallo. Brevere sumen delas lecciones sobrehistoria de Bolivia dadas por donLuisMariano Guzman. Ajuste de Piquiza. El jeneral don PedroBlancoi lossucesos

polticos

de 1828.

Biografa

deljeneralPedro Blanco: por G.til 949

BIOGRAFA

Don Rodulfo Amando

Piillipp;:

por MiguelLuis Amuntegui 121 Untipo

yankee

(Samuel Houston):porJoaqunBlestGana. ..506, 585 SalomndeCaux: porAbraiiamKoenig. 263 DonBenjamn"VicuaMackenna: porMoissVargas... 609 Don Jos

Joaqun

de Mora:por Miguel Luis Amuntegui. 749, 815

857;...

'

-. "2

Plcido: por Eujenio M.Htos 902

Lajuventudde lordBvron:porAuciustoQeregoLuco 919

POESA

ElDeber: por Domingo ArteagaAlempakte 472 El lechodehojasverdes: por Eduardode i.aBarra : 342

Amistad?:

por Jorje Isaacs., 96

Ultiinpsmomentos deCristbalColon: por Guillermo Matta 67 Salmos del librepensador: por id . 071 ElanillodePolcrat'es: porMandel AxtonioMatta 134 Alapoetisaseora Jertrdis Gmezde Avellaneda: porRosario

Orrego de Uriee Vo

Ala noche:por id

~"J

Lamadre:porid *"

Aunajovenloca depesai:por id 53o Insomnio: por id

(5)

V.

Amor:porVctor Torres ._.

Mismujeres:porAdolioValderrama '.! 143, 21 1

Eltrabaj:por id ': .'"6

Aunapoetisa:porRosario RREGodeUribe... 784

Hostia: por Guillermo Matta. 786

Canciones

(Recuerdos

deEnrique

Heine):

porAugusto Ferran S48 El

epitafio

de lania:porRupertoMurillo 882 Siempre contigb:.porJorje Isacs 958 A larazn:porAdolfoValderrama. ,..'.-. 994 El Edndel' corazn:por Julio Arboleda .' 1009 L'Edendel cuor:porGiaccomo Brizzi 1011

ARTES

Unavisitaartstica: por Vicente Grez 448

Antonio Smith: por id 060

LaEstatuadeO'Higgins:por Pedro F.Lira 137 LaEsposicionde1872(Pintura, escultura,

grabado, litografa

idibu

jo):por PedroF. Lira 871

Enel taller de P.F.Lira: porVicenteGrez 988

MEDICINA

Algunosapuntessobre losbaosdeCauqunes (comunicacinalaso

ciedad mdicoquitrjica):por Adolfo Murillo. 963 El dolor:por Adolfo Valderrama 325, 383

MISCELNEA

(novelas, leyendas,tradiciones.)

Latumba de Pizarro: por Eduaido delaBarra. 41

La

Jigantoloja:

porid 81, 146

El Misti: por A.de la E. Delgado 344 El peorenemigode lo buenoeslomejor:por Miouel LusAmun

tegui 32

Prcticasparlamentarias:por DemetrioLastarria 73 Estimulantes: por Eujenio Mara Hstos 243 Apoloja del Asno:porJoaqunLarrAinZ 631

(6)

VI.

Venecia

(novela

de

Disraeli):

estradopor AugustoOrrgLuco2, 70

152, 214, 271, 414, 476,546 692

Puesbonita soi yo, la Castellanos!:por Ricardo Palma 63 ElDemoniode los Andes: por id 453 Elaina

(leyenda

deTennisson):traducidaporM. B. B 766, 798

Ignacio

Pirovano(aos de

juventud):

por Eduardo Wilde 788

Iglesia

mellamo:por Ricardo Palma 877

Palabras: por Eujenio M.Hstos 777

Pepe

Bandos(apuntessobre el vireimarqusde

Castel-Fuerte):

por

Ricardo Palma 966

Latravesa(cuento de

Topffer):

traducido por M.O.L 1014

ACTUALIDADES

NACIONALES-(revistapoltica literaria)

Miradas

retrospectivas:

por Fanor Velasco 36 Revista de la

quincena

por id. 88,

158,

222, 282,348, 428, 554, 852,,

(7)

LA

JUVENTUD DE

LORD RYRON

<«►

Mi vidaes unerial;

Flor quetocosedeshoja; Queenmicamino fatal, AlguienVasembrandoel mal Para que yo lorecoja.

-Bj.cuüiíh

I

A fines del

siglo

pasado-una

multitud

compacta

se

agrupaba

en.

laAbadíade Westminster-' atraída porel proceso,

singular

quese.Se-. ,

guia

aun

jóyen

déla

vieja:

nobleza. .

SeacusabaaLord

Byron

dehabermuertoen unduelo sin

testigos'

aMr.

Chaworth,

su

primo,

i las

peripecias

de

aquel

drama seunían <

alacircunstancia deserel acusado

hijo

de-unmarino cuya

pop-iilaA)

ridad solo ha tenido

rival,

para

despertar

vivamente la curiosidadr;de

bu

época.

:. ,,-,,)

Después

de un

largo

debate absolvió

aquella

cortede

justicia

ial

-acusado,

perola

opinión

pública

menos

induljente

o massevera,

persis*

: . tíoenmirareseduelo como unasesinato i al Lordcomoun-crimi nal. Estolo

obligó

a retirarse a susdominios de:

Netosteadj

donde¿" <

ocupaba

suvidaociosai solitariaenbuscar

pleitos

i provocar dificul*.1 tadesatodossusvecinos.

Oprimido

porel recuerdo desu

desgraciada

-< aventurapocoapocosucaráctersehizomasimas

sombrío,-maniá-'

tico¡violento. Los hábitosrarosdesuvida

principiaron

por.llamarla -atención desusvecinos iacabaronporhacerloaparecercomo unodésí!

(8)

920 REVISTA DESANTIAGO

ranciade los aldeanos se

complace

en adornar contodo

jénero

de

estravaganoias

i

sortilejios.

Allísemurió el

Lord,

enmediodeesavidaestrañai

singular,

dedi candosusúltimosañosal cuidado de los

grillos,

que habia reunido

ensucastilloeninmensa cantidad.

Aquel

personaje singular

que moríasin

dejar sucesión,

cambiaba por

completo

el

porvenir

de una

pequeña

familia enquedesde ha ciaonceañosel heredero del títuloilos dominios de

Newstead,

erala

alegría

oel tormento i que debiaser mas tarde suescándaloisu

gloria.

Aquel

pequeño

herederoeraLord

Byron,

grandiosa personificación

delos viciosilas virtudes desn

raza,queseconcentranal pasarpor

su

espíritu

comolosrayosdelsolalpasar porunlente.

Su

padre,

John

Byron,

llevabaen Londresla vida del libertino queno

respeta

niteme. Belloi

brillante,

paseaba

por todas partes suinsolenciaisu

fortuna,

ocultandosu frentesin

pudor

con los ri zosde sunegra cabellera ilas manchas desunombreconlas caba llerescas tradicionesdesuraza.

La marquesa de Carmarthen feliz i

tranquila

hastaque encontró

ensucaminoa esehéroe del vicioidel

escándalo,

tuvo comotodas las

desgraciadas

que

probaron

la copa fatal desusamores,quepagar untributoala deshonra.

Después

deunproceso

escandaloso,

enqueel

parlamento

la divor ció desu

marido,

sevio

obligada

aunirseenmatrimonioconel aturdi do

seductor,

que dosañosmas tarde la

arrojó

ala tumba haciéndola antes saborear loquehai demasamargoenel abandonoilamiseria.

Esta

desgraciada

fué la madre de

Augusta Byron,

tancélebrepor su

jénio

isuinfluencia sobre el

poeta.

Cansado ya de

perseguir

itriunfarde la

belleza,

John

Byron

aspi

ró avencer la fortuna. Elencantodesu

figura atrajo

aCatalina

Qordon,

brillante

herederaque

fuéa

arrojar

su

porvenir

isus

riquezas

alos

pies

de

aquel

hombre fatal que le dioencambio la

desgracia,

las

lágrimas

i la miseria.

En pocos añossevio solaicon su inmenso

patrimonio

reducidoa ciento cincuenta libras derenta.Sumarido se habia idoa Francia. Ellaapesar de todo irenunciando las comodidades de la vida que

pudiera

encontraren su

familia, siguió

a

Byron

en su

fuga

isudes

gracia,

i

queriendo

nosolo volverlesucariño sino también su honor -—loquees mas

jeneroso

todavía—

pagó

con su ración de hambre las deudas desuesposo.

(9)

enamo-LA JUVENTUD DE LORD BYRON 921

rada,

sin

embargo,

desumaridoa

quien

amabaconla violencia i la locura de una

pasión

irresistible. A

principios

de 88 vivia en Hallesstreet:allí vinoalmundo

Jorje

Gordon

Byron.

Hijo

único de ese matrimonio

desgraciado,

recordando esta cir cunstanciacomo una

particularidad

diceensumanfredo:Soi soloco moel león!

The lion isalone andso amI

La estrechezdesusmódicosrecursosla

obligó

a

dejar

suresiden cia deLondresparairseavivirenAberdeen.

En el diario desu

vida,

que

Byron

titulami diccionario, dice hablandodeesa

poética

aldeaquerodeanlas montañas ilos

bosques

delaEscocia: «He vividoenella durante losaños demi

primera

infancia,

pero no he vueltoaverla desde los diezaños. A la edad

de cinco años fuia una escuela

dirijida

porun Mr. Bowers. Allí

aprendí

poca cosa,a no ser a

repetir

dememoria la

primera lección,

afuerza de

oiría,

sinconocer una letra. Cuandose

quiso juzgar

de

misprogresosyo

repetí

esas

palabras

conlamayor

volubilidad;

pero

alvolver la

pajina

continué

repitiéndolas

de modoque se

apercibie

ronbien

pronto

de losestrechos límites demi saber. Me tiraron las»

orejas,

loqueno

merecían,

porque por ellas habia

adquirido

toda mi

ciencia.Elcuidadode mi

intelijeneia

fué confiado a un nuevopre

ceptor.

Eraun

cleriguito

muidevotoi muihábil llamado

Ross,

que ha

llegado

a ser mas tarde ministro deunade las

iglesias

de Aber deen.

Bajo

sudirección hice progresos asombrososirecuerdo

siempre

la dulzura desus manerasi el

trabajo

quesedaba para enseñarme. Desdeque

pude leer,

mi gran

pasión

fuélahistoriaino sé por

qué

enlahistoriaromana,la

primera

que

pusieron

enmismanos,mella mótantola atenciónla batalla del

lago

Regillius.

Hacecuatroaños,

cuando desdelas alturasde Tuscullum mirabael

pequeño

lago

cir

cular quefuéenotro

tiempo

el

lago

Regillius

i quesoloesahoraun

puntoluminosoenlainmensa

estension,

recordabamientusiasmo in fantili mi

viejo

maestro. Un

joven

llamado

Patterson,

graveitaci

turno,

pero

bueno,

fuésusucesor. Era

hijo

demi

zapatero,

por lo

demás mui instruidocomolo son

jeneralmente

los escoceses. Era un

ríjido

presbiteriano.

Con él

principié

el estudio del latín enla

gramática

de Ruddiman hasta quefuiala escuela de

gramática.

Ahí

seguí

todas mis clases hasta elcuarto

año,

cuandome llama ronpor lamuertede mi tio. Ahí

adquirí

esaescritura que

yo mis

mo

apenas

puedo

leer »

(10)

922 revista de santiago

abnegado

para eldébili altivo con losfuertes. Mas deunadeesas

pequeñashistorias de

colejio

aque vieneadar valor el

tiempo

ilafor

tunahacen

presajiar

eneloscuroestudiante loqueserámastarde el

poetaen susmomentos

ajitados

deioca

popularidad.

Cuenta la anécdota que la

víspera

derecibirsutítuloisu

herencia,

Lord

Byron

habia estado apunto desufrir enel

colejio

un

castigo

inmerecido. Cuandopor

primera

vez,

siguiendo

la aristocráticacos

tumbre

inglesa,

sellamóa

Byron

enla clasecon su nuevo

nombre,

Jorje,

selevantó

pálido,

trémuloi

dirijiéndose

a sus compañerosles

dijo:

«No

tengo

nadaquever conesto.

Ayer

ibaarecibirun

castigo

porqueotrohabia cometido unafaltaihoimehacen lord porqueotro

hamuerto.»

Mas tardeenHarrowtratabade

impedir

que X***

golpeara

al que debiaser enbreve Sir RobertoPeel; suresistencia fué inútil ituvoquepasarporlatorturadepresenciar los sufrimientos desu

amigo.

No

pudiendo

contenerse,

rojo

de

cólera,

conlos

ojos

llenos de

lágrimas

ilavoztrémula por la

indignación preguntó

aX*** cuan tos

golpes pensaba

dar asu

compañero.

«¿Por qué?

replicó

el

eje

cutor.»'—

«Porque,

siaUd. le

agrada,

dijo

Byron,

yorecibiréla mitad.» Elniñoque derramabasus

primeras

lágrimas

defendiendo la debi lidad deun

camaráda,

bien

podia

mastarde derramar las últimas go tasdesusangreluchandopor lalibertad deun

pueblo

esclavizado.

Poresa

época

(1796)

unafiebre violentavinoaalarmar a su ma

dre por la vida desu

hijo,

cuyasaludhasta entonces delicadaamena

zaba convertirse en unaconvalescencia indefinida. Buscandoelaire fuerte de ¡asmontañas fuerona

Ballaster,

cercadel Dee. Allí

prin

cipió

para Lord

Byron

su

perpetuo

vagar, su eternoiri

venir,

si

guiendo

elcursodesu

imajinacion

desordenada enmedio deesa na

turaleza

melancólica,

monótonai

salvaje.

Allí también brillóensualmala

primera

auroradel amor. María Duff cruzócomo unavisión

aérea,

como unade esas Willis vapo

rosasporlossueñosinfantilesdel

poeta.

Dieziseisaños mas tarde

flotabasusombra todavia sobre el

tempestuoso

mardesusrecuerdos. «Su

imájen

encantadora está

gravada

en mi

cabeza,

decia él. Sus cabellos negros,sus

ojos

deuncolor café claroi

dulce,

hasta su ves tido Mi sufrimientoi mi

pasión

por ella fuerontan violentos

que dudo

algunas

veces si realmente he estado enamorado,des

pués »

(11)

embe-LA JUVENTUD DE LORDBYRON 923

Uececonpanoramas encantadoresi

poéticos

el mundoqueaun noco

nocemos;esedulcesueño quevuelve mas tarde al alma descolori da porel

desengaño

el colori lafrescura dela

infancia,

comoel ra yo de sol vuelvea las flores la vidaiel

perfume

que los

primeros

hielos del inviernoamenazanarrancarles.

Perobienprontotuvoqueabandonar sus montañasisus sueños parairaHairowacontinuar susestudios. Saliendo deun círculo estrechoparaentraren

un_colejio

numeroso,sintiónaturalmente des arrollarsesus

pasiones

anteelcampomas vastoque sele presenta ba.La

vista,

elrecuerdo deunode sus compañeros, desde que se

separó

de Harrow bastaba para conmoverloivolvera su semblante melancólico lassonrisas ila

alegría

de lainfancia.

«Siporcasualidad—decia

aLord Clareen

Italia,

poco

tiempo,

antes demorir—

alguna

fisonomía

conocida, algún antiguo

compañero de mis

primeros

años,se me acercairecuerdasu

amistad,

mis

ojos,

mi corazónhacen demíunniñoilaescena

deslumbradora,

los grupos bulliciososquemerodean

desaparecen

ise olvidanante el

amigo

que encuentro.»

Este violento ardor de sus

afectos,

esta

amistad-pasión,

eratal vezlo quemas lo

distinguía

de suscompañeros de Harrow. Mas inclinado al bullicio delos

juegos

queala

tranquilidad

del

estudio,

nollamaba laatencióndesusmaestrospor la

puntualidad

con que llenabasusdeberes. Sin

embargo

eratalvez de todossuscompañerosel

que

poseía

unainstrucciónmasvastai

jeneral.

Sus lecturas desordena daseincoherentes admiranporsuestension ise

llega

hasta poneren duda la verdad de

Byron

cuando se recorrela lista de las obrasque

asegurahaber leido hasta

aquella

época.

Es inmenso ese

catálogo

enque están

comprendidos

casi todos losautoresclásicos de la anti-.

güedad griega

i romana, los filósofosmasnotables de la

época,

los

teólogos,

los

legisladores,

lospoetas,loshistoriadoresi «novelaspor millares»comodice testualmenteal terminar.

Su carácter inclinado desdemui

temprano

ala concentraciónme lancólicalohacia aislarse de todos i buscarconavidez lo quesepu dierallamarlos

placeres agrios

delasoledad. Supaseofavorito,era el

cementerio,

donde

permanecía

horasenterassobreunatumbaque latradiciónrecuerdaconel nombre de «la tumba de

Byrón.»

I así desdeesos

primeros

momentosse

dibuja

elmarcadocontrastedesus gustosqueloarrastranporunapartehacia el

ruido,

la

algazara

iel bullicioi porotrapartecon una fuerza

igual

lo solicitan hacia la

soledad,

el silencioila

contemplación

melancólica del mundo. Doble tendencia

^de

todos los

espíritus ardientes,

(12)

924 REVISTA DE SANTDAGO

aspiraciones

encontradasque loshacen hallar

siempre

incompletos

los

placeres

que lavida lespresentai que

jamas

reúnena lavez el bullicioiel

silencio,

lamultitudiel

aislamiento,

el brilloi la

soledad,

cualidades

incompatibles

quese

escluyen

icuya combinación

impo

sibleesel

quimérico

ideal queatormentaesoscaracteres

inquietos

e

insaciables.

II

Enunodesuspaseos

veraniegos (1803)

sefuéa vivirala Aba día de

Newstead,

donde Lord

Grey Ruthen,

queentonces la arrenda

ba,

lorecibiócomo

huésped.

La escasezde su fortuna

obligaba

a Lord

Byron

aentrarcomoun

estranjero

enel castillo desus

mayo resia

pedir hospitalidad

donde la dabansus

padres.

Poco

tiempo

antes habia conocido en Londresa Miss

Chaworth,

descendiente de

aquel

noble cuyo duelocon Lord

Byron

contamos enla

primera

de estas

pajinas.

Aquel

resentimiento que elcorazón

apasionado

deMiss

Byron

ha bia convertidoen unodio de familiaviene a iluminar esos amores

connosé

qué

luz

pálida

que recuerdavagamente a los inmortales

amantesde Verona.

Todavía señalanal

viajero

el camino

seguido

por Lord

Byron

en susvisitasfurtivas alparquede

Annesley.

Alcaerla

tarde,

alaen trada deeseparque,eradonde la

esperaba

conel corazón

ajitado

por la

inquietud

i lasdudas delamor

quereciennacei ya tiraniza. Todavía señalan la colinaenquelaveía

impaciente aguardar

la lle

gada

deunamante,queno eraél por allílas sombras de los dos

pasaban juntas

allí,enelsenode ese

bosque

sedieron los últimos adioses.

La madre de la

joven protejia

ese amor nosoloconlaesperanza

dever

estinguirse

deesemodo los

viejos odios,

sinotambiénporel deseo deverdenuevounidas lasvastas

propiedades

quelos dos reci

biríancomodote.

PeroMaríano se

preocupaba

de su

dote,

ni recordabasusodios. Habia visto desde las alturas de

Annesley

aun

joven

caballeroatra

vesarel parque

siguiendo

lacaza, lo habia visto brillanteiatrevido desafiar el

peligro

buscando el

placer.

Aquella

visión adornada con ese colorido romántico con que la

imajinacion

deuna

joven

iluminatodolo que

halaga

suexcitada fan

tasía,

convirtióa Mr. Munsterenelideal que acariciabaen sus sue

(13)

apo-LA JUVENTUD DE LORD BYRON 925

deró desu

espíritu

con esa fuerza de reacción que

despierta

enlos

corazones

jóvenes

todos los afectos contrariados.

Ella amói noamóa

Byron,

quetuvoque sentir conel corazón

comprimido

por la

angustia

esa tortura indecible delqueveconce

deraotrolas caricias que ambicionai sele

niegan.

Enesacolina de

Annesley

sintióalavezlos

primeros

arranques desu

jénio

iel

despe

cho deun amor

desesperado. Allí,

refrenandosuspesaresconlamano del

orgullo,

se

despedía

de ella

pálido,

pero

tranquilo

al parecer. «La

primera

vezque lavea, le

decia, ¿será

Ud.ya laseñoraChaworth?—

«Así lo espero,le

respondió

ella.»

Ien

efecto,

unaño

después

secasabaconMunster.

Mas

tarde,

en

1816,

aorillas del

lago Jinebra,

escribió Lord

By

ronlahistoria deese amor.Envolvió su recuerdo conlafantástica bruma de lossueños.

«Vi, dice,

dosseresadornadosconlos suaves colores dela

juventud,

de

pié

sobre la cima deuna

colina,

jentil

co

lina,

verdeidulcemente inclinada. Parecia el cabo de una

larga

ca

dena demontañas,peronohabia.marque bañarasubase;envezde

olaseestendiaasus

pies

un

paisaje movible,

bosques

i

trigos

onde

antes.Lascasasdeloshombresestaban

esparcidas

aqui

i allá:el hu

mo seelevaba

voltijeando

sobre lostechos rústicos. La colina estaba coronada porunadiadema de árbolescolocados encírculonopor el

capricho

de la naturalezasino poreldel hombre. Ahí estabanunani

ña iun

joven.

La

joven

contemplaba

todo lo quese

desplegaba

delan

tedesu

vista,

tanpuro,tanbellocomoellamisma;el

joven

nomira ba nadamasqueaella;los dos brillabanporsu

juventud

Los doseran

jóvenes

i sin

embargo

suedadno erala misma. Como lalu na

plateada

queseeleva sobre el borde del

horizonte,

la niñaestaba ala entrada desu

primavera.

El

joven

era menorque ellaperosu co razónsehabia

anticipado

muchoa susaños;paraél no habia sobre latierramasqueunasola

mujer

adoradai erala que brillabaa sus

ojos.

La habia

contemplado

hastaquenole fué

posible

borrarla desus recuerdos. No

respiraba,

noviviasinoen ella.Erasu voz;nole ha blabapero temblaba de emocióncon cadaunade las

palabras

que ella le decia. Erasu

vista,

sus

ojosseguian

alos de ellainoveiansi noporlos de

ella,

que le dabansucoloratodos los

objetos.

Habia de

jado

de vivirensí mismo. Ellaera suvidaentera, elocéano adonde ibana

perderse

las olas desus

pensamientos,

donde todo iba a

sepul

tarse.El sonido desuvoz,la

impresión

de su mano helabansu san

greola hacian rodar

impetuosa.

Vivos eolores

aparecían

i

desapare

(14)

partici-926 REVISTA DE SANTIAGO

paba

deesasvivas sensaciones;sus

suspiros

no eranparaél;ellaera

para élunahermanai nada mas,esoeramuchoporquenohabiana dieque tuvieraderecho para llevarese

nombre, escepto aquel

a

quien

selohabia dadocomounrecuerdo desuamistad infantil. Ellaerael

único iel último

vastago

deuna razahonrada durante

siglos.

Era un-nombre queaél

leagradabai

que sin

embargo

nole

agradaba.J

por

qué?

El

tiempo

lerevelóunatristei

profunda

respuesta,

cuando, ella amóaotro.

Entonces,

amabaaotroíde

pié

sobre la cima deesa colina mirabaalo

lejos

siel corcel desu amante.secundabasu

impa

cienciaivolaba.» *

Muchosaños

después

deesosadioses de

Annesley,

volvió Lord

By

ron,arecorrer el parque, la

colina,

el

bosque,

todos los

testigos

im

pasibles

de

aquellos

amores

desgraciados.

El

tiempo

h'abia trasfor-mado al estudiante tímidoi

encojido

en un

joven

esbelto i dueño de sí mismo. Su

figura,

acentuadapor los años,tenia ya esa

espresion

particular

iesabelleza

viril,

cuya frescuranohabian todavía marchi-. tadonilospesares nilas

pasiones.

Volvió al castillo de

Annesley

in

vitado por Munster. Todo estabacomoéllohabia visto muchosaños antes.Nada habia cambiado. Losmismos árboles sombreaban elcaí minoenque los dossehabían

paseado; llegaba

a susoídos el ruido delamisma cascadaenquehabia confundidosus

lágrimas

amargas conlasaguas

tempestuosas;

la mismabrisa

cargada

derecuerdosaca riciabasufrente;todoeralo

mismo,

peroella...

.Byron

laha

pintado

talcomola viera eneseinstanteenquetenia «el tinte sombríodel pesar,la sombra

fija

deunalucha interiorien sus

ojos

una

languidez

inquieta,

comosisus

párpados

estuviesen

cargados

con esas

lágrimas

queno sederraman.»

Esa

María,

queél habia amado tanto, que él habia conocidoen

laedadenquelas historiasmastristesacabanporuna

sonrisa,

cu

yavoz

alegre

habia llenadoesosmismossalonesconel eco deican

cionesmas

alegres todavía,

ahora laveía

pálida,

pensativa,

comosi fueralaestatuadel dolor

mudo, revelando,

ensuactitud silenciosa la

resignación

a undestino cruel. Su matrimonio había sido

desgrar¡¡

ciado!

Lord

Byron

pudo

conservarduranteesavisita

singular

su

finjida

calmahasta elmomentoenquevio al

hijo

de María. No

pudo

domi nar suviolentaemocióndelante de

aquel

niño. En la

noche,

recor dandoesos

instantes,

escribia: «Cuando vi tu

hijo

querido

creí que

micorazónibaaromperse; perocuando lainocente criaturaseson-.

rió,

labeséporamora su madre. La beséi retuve mis

suspiros,

al

(15)

LA. JUVENTUD DE LORD BYRON '927

ojos

desu madreieso esbastante para el amori para mí!.

María,

adiós,

esnecesario

partir

Ese fuéelúltimo adiósi desde entonces no-volvieron

a encon

trarse.

III

Pero volvamosa

seguir

a

Byron

en sucarrerade estudiante que

sus amoreshan venidoa

perturbar.

La narración desuvida nos

obliga

a detenernosenun persona

je,

quehemos mantenidoen la sombras hasta

aquí,

pero cuya in fluencia sobre el carácterila vida delpoeta,uniéndolos1 deuna ma

nera

inseparable,

le ha dadounatriste celebridad. El

personaje

de

quehablamoses sumadre.

Por loqueya hemos recordado desu vida

podemos

avanzarsin mas

prueba

queera unadeesas

mujeres

enquese

amalgaman

deuna manera

inesplicable

la fuerza de las

pasiones,

la vehemencia de los afectosconla debilidadi lainconstancia de su sexo. Uno de esos

caracteresviolentos ique sin

embargo

dudan de sí

mismos,

rápidos

para

ajitarse

i

rápidos

tambiénparavolverala calma; Caracteres

queobedecenatodos los

caprichos

de un sistema nervioso que no

obedecea

nada,

enlos.quelas

lágrimas

i la

desesperación

inmotiva

da

siguen

alas

alegrías

sincausa.

Duraa veces con su

hijo,

llegaba

hasta

apelar

alos

golpes,

esetris

terecursode lafuerza quenosabe

dominarse,

ia veces llevabasu

induljencia

masallá deloque sepudiera concebir.

Principiaba

por

arrojarle

ala

cabeza,

ensusmomentosde

cólera,

conlo

primero

que encontrabaa manoiacababa por

arrojarse

a sus

pies

conmovida

llorando,

i

pidiéndole perdón

porsusviolencias.

Elcarácterde

Byron

no eramenos fuerte queel de su madre

peronoteniasusdebilidades:

concentrado,

vehemente,

impresiona

ble,

fácilmentecomoella

llegaba

ala violencia peronovolvía como ellafácilmenteala calma.

La naturaleza de ambos daba

oríjen

aescenas domésticasde una triste frecuencia. Se formaráunaidea de la excitaciónaque los dos

llegaban

enesas

reyertas

consolo recordarque

después

de unade ellaslamadre fuéacasadel boticarioa preguntarsisu

hijo

había

mandadoacomprarvenenoi encargarqueno selo vendiesen

bajo

ninguu

protesto.

Apenas

salía la madre déla

botica,

el

hijo

entrabaa

hacerlamismapreguntaiel mismo

encargo!

En

1806,

estandoen

Southwell,

creyó

Byron

(16)

928 REVISTA DE SANTIAGO

unestado de cosas

incompatible

consu edadera necesario

alejarse

desumadre.

Fugó

desu casaisefuéaLondresconánimo de

alejarse

todavíamassisumadre daba

algún

paso parareunírsele. Pero

luego

sereconciliaronen

Picadilly

donde fuéabuscarlo la ilustrecausade mi súbita

fuga,

como llamaba asumadreen lascartasllenas de

ver-oosidadide sarcasmosqueescribiaa

Pigot

conmotivo deesteinci

dente. Enesas cartas habla ya de la idea de hacer una

primera

colección desusversos.

Ienefectopoco

tiempo

después bajo

el título de Juvenilia dio a luzuna

pequeña

colección destinada solamente a ser leida por

el estrecho círculo desusrelaciones

personales.

Aquel

primer volumen, acojidó

entresus

amigos

con

cariño,

mere

ció sin

embargo

mas deunacrítica severaporlas formas livianas

de

algunos

desuscuadros. Sensible

Byron

ala

justicia

deesascriti

cas,se

apresuró

a

recojer

los

ejemplares

distribuidos resolviéndosea

entregar

al

público

sus

poesías

masseveramente

castigadas.

Fuéeste el

oríjen

del volumen que recibió delarevista escocesa

una censuratanacre como

injusta,

que

provocando

lacólera de

By

ronle revelósus fuerzasi descubrióala

Inglaterra

iasu

siglo

un

jénio

mas.

Detengámonos

unmomentoa

bosquejar

la

figura

deese

joven

que

va a abandonar ahora para

siempre

la oscuridadconsus

tranquilas

sombras,

para

arrojarse

enlos brazos deesa

incógnita

terribleien cantadora quesellama la

publicidad.

Walter

Scott,

ensu

lenguaje

de observadoride

poeta

ha trazado

suretrato. «Sus rasgos, admirablemente modelados para espresarel sentimientoila

pasión,

i que

presentan

el

singular

contrasteentre

los cabellos i las

cejas

muioscuras con

ojos

claros i

vivos,

ofrecían

al fisonomista elasuntomasinteresante.Su

espresion predominante

erala deuna meditación

profunda

i

habitual, reemplazada

porun

juego

rápido

delafisonomía desdequeentrabaen unadiscusión inte resante,por loqueunodesuscompañerosde

poesía

lo

comparaba

con

esosbellosvasosde alabastroquenose

pueden

verbien sino ilumi nándolos por dentro. Los

relámpagos

de

jovialidad,

de

alegría,

dein

dignación

odedesden satírico que animabancon frecuencia las fac ciones de Lord

Byron,

habrían

podido

ser tomadoporun

estranjero

enuna

tertulia,

porsu

espresion habitual,

tan

apropiados parecían

esos

sentimientosa sufisonomía;perolos que hantenido ocasión deestu

diarlo durante

algún tiempo

ien los instantes diversos de la calmai

la

emoción,

convendráncon nosotros en

(17)

LA JUVENTUD DE LORDBYRON 929

momentosmas

alegres

ifelicesi

dejó,

dicen,

escapar de su

pluma

los

versos

siguientes

para escusar una

espresion

pasajera

de melancolía

que habia oscurecido la

alegría jeneral:

«Cuando el dolor, que tienesucetroenmi "corazón,proyectasusombra me-»lanc<51ica,quéflota sóbrelos rasgos movibles de misemblante,oscureoemifrente »i llena mis ojos de lágrimas, que mi tristezanoteinquiete.Desaparecerá

«pronto,mispensamientosconocendemasiadosuprisión; despuésdeuna eseur-Dsionpasajera, toman el camino de micorazóni vuelvenaentrarensucárcel »silenciosa.»

«Era

imposible

observar la interesantefisonomíadeese

joven

que

espresaba

unabatimiento queno

correspondia

nia surango,nia su

edad,

sinsentirunaindefinible curiosidad de

averiguar

sieseabati miento teniauna causamas

profunda

que el hábito o el

tempera

mento.»

Esa

figura

pálida,

enfermiza,

deunabelleza delicada isin

embargo

enérjicai viril,

con sumirada melancólica i

profunda,

con sufrente abultadai

soñadora,

conlasonrisa eterna que

estereotipa

ensus la biossueterno

desden, vagaba

en

aquella

época

entrela Universidad de

Cambridge

i laAbadía de Newstead talcomoWalter

Scott,

la ha

dibujado

en su

lenguaje

pintoresco,

tal como él mismo se

dibujará

mastarde en suChild

Harrold,

suManfredoisuDon Juan. Lleno de

aspiraciones

vagase

incoherentes,

acariciandoyala

glo

riadel

poeta,

elbrillode lasarmas,el

prestijio

i el

poder

del estadis

ta,

vagando

inciertoentreunideali otro

ideal,

se

ajitába

su

espíri

tu

ávido, ansioso, infatigable.

Soñaba peronosabialoque

soñaba, quería

algo

aquesu

espíritu

no

podia

dar las formas acentuadas deun

propósito

i mientras ese

sueño

indeciso,

esaforma flotante dominaban iabsorbían todas sus

facultades,

sesentíacon esemalestar

profundo

que

acompaña

toda

jestacion.

Era

escéptico

isin

embargo

creiaenamuletosi se

dejaba

domi

narpor

preocupaciones incomprensibles;

despreciaba

la humanidad

hasta elpuntode colocar las facultades deunperrosobre las facul tades del hombreisin

embargo

nadie ha sentidocon masfuerzato

dasesas

pasiones

que

ligan

alos hombresentresí;erarevoluciona rio i sin

embargo

sutítulode Lord valiamasparaél que su

gloria

depoeta.Eterna inconsecuencia de carácterquealavez

desprecia

i

(18)

930 REVISTA DE SANTIAGO

énsusactoscomoen su

figura

haiunafusiónde todo lo quees

he-terojéneo,

allí se unificanel

ánjel

i el

demonio,

el sensualismo iel

idealismo,

la

poesía

ielsarcasmo.

IV

En medio deun

paisaje árido, desierto,

frente auna

laguna

tran

quila

i

silenciosa,

levantabasus murallas

destruidas,

cubiertasporla sombría

vejetacion

delasruinas la

vieja

Abadía de Newstead.

El

jardín

abandonado,

la

capilla

en

ruinas,

las

galerías

oscuras, todoesole dabaalaabadíaciertoaspectomelancólicoi

salvaje.

Allí

soloencontraba eco lavozdel

buho,

i de tardeentardese escucha ba el ruido de los goznes mohosos de laspuertasqueseabrian para dar entrada alseñordel castilloisus

alegres

cantaradas.

Entonces todo cambiaba enNewstead. La bulliciosa

esplosion

de

una

alegría

delirante

apagaba

susilencio;las carreras, las

jaurías,

los anímales

salvajes

le dabanuna animaciónestraña.A la luz de

esas

órjías

nocturnastomaba la Abadíaciertoaspectoestraño i fan tástico.Los comensalessedisfrazaban de

frailes,

las

mujeres

dehom

bres,

sebebia la

embriaguez

en uncráneo.

Los

biógrafos

pasan

rápidamente

sobreeste

episodio

de

Newstead,

yo me

deteugo.

Me

detengo

porque ahíveolafórmulamas

comple

tadeesaantítesis cuyos dosestremosencerrabaal mismo

tiempo

el

caráctercontradictorio de Lord

Byron.

Esa antítesisse

personifica,

sehace decarnei

hueso, visible,

palpable.

La Abadía habia sidoenotra

época

unconvento,la sala de las

orjías

habiasidolasaladelas

penitencias. Aquellos

aturdidos iban a

lecebrar los misterios déla Venus afroditaenmedio de las

carcajadas

iel sudor dela

embriaguez,

allí donde

palpitaba

todavía elrecuerdo delasceremoniasascéticas celebradaspor los

monjes

enmedio del sollozoi las

lágrimas

de la

penitencia.

Aquello

era

algo

como un

festínen uncementerio.

Ya hemos dichoquelos

orijinales

reunidosenla sala de las

peni

tencias sedisfrazaban defrailes.

Aquello

era otra

antítesis,

era cu

brir el delirioconel

traje

del

dolor,

era

algo

como una

orjía

de los

muertos,comouncarnaval adentro deunatumba.

Ya hemos dichoqueseescanciabael vinoen uncráneo.Otravez

lamisma

idea,

otravezla muerteenmedio de la

orjía,

otravez un

símbolode la tumbaiel dolor convertidoen un instrumento de la delirante bacanal.

(19)

contradic-LA JUVENTUD DE LORD BTRON 931 cionqueentodasesasescenasse

ponia

de relieve. Era la idea deves

tir dehombresalas

mujeres.

Hai sensaciones que desafian i

desespe

ran al

análisis,

imposibles

de deseribrirauncuando selas

palpe,

imposibles

de mediraun cuandoselasvea.Estaesunade ellas. Hai nosé

qué

violación del

sentimiento,

no sé

qué

desafioalanatura

leza en las caricias hechas de ese modo.

Repugnan

i sublevan.

Atraencon unafascinación estraña,

indignan

con una

indignación

profunda.

Para formarse unaidea mas

completa

deesa antítesis

violenta,

imajinémos

laescenaen su

conjunto.

TrasladémosnosaNewstead.

Esla media

noche,

la hora del sábat.

Sirve de sala la nave

majestuosa

del

templo

medioenruinas.

De las

paredes

desnudas

cuelga aquí

i allá una cruz de made

ra que el viento sacude i

golpea

contra la

muralla,

con unrui

doseco, sordo. El vientopenetra por la

ojiva antigua

que tiene

rotossuscristales de coloresieus

verjas

dehierro;el viento

penetra

zumbando,

con una voz roncaisineco; al entrarsacudeun

manojo

de

parietarias suspendido

de la ventana, como unaloca queentra raal

templo

sacudiendosuscascabeles. En el fondo de lanavehai

unaltarenforma de

tumba,

sobre el altar elcoro.

Allíenelcororeunidos en tornodeuna mesase vencaballerosi

monjes.

Una

ponchera

encendida levantasu

lengua

de

fuego

amarillen

ta,

pálida

ivacilanteenmedio de lamesa.

Esla únicaluz.

Siguiendo

el

impulso

del viento ilumina ya a los unos, yaalos otrosdeesos semblantessudorososcon su amarilla

palidez

iaveces

alumbra también las

figuras

de madera

esculpidas

en las

paredes

delcoro,queparecenfantasmasque se asoman entrelas sombrasa mirarel delirio de los vivos.

Un cráneo pasaensilencio demanoenmano. Es la copa delfes

tín!

Siguiendo

el compás

majestuoso

del Miserere se entonaelcanto

liviano de la

orjía;

con el compás del Veni Creator seinvoca la

lascivia,

la

voluptuosidad

i el sensualismo. Es el canto del festín!

Un ruido

rápido, breve, interrumpe

las sonorasnotasdeese coro

singular;

es elbeso del festín!

La luz de la

ponchera

principia

a

vacilar,

lasvocesllenas de vino

principian

aapagarse;amedida que las sombras

aumentan,

lasvoces

(20)

932 REVISTA DE SANTIAGO

níaala vez

ajitada

i

monótona,

que tienenosé

qué

de los

primeros

vahídos de la vida ino sé

qué

de losroncosestertoresde la

agonía.

La luzmuere.Todoes

oscuridad,

profanación.

Los

monjes

se

tras-formanencaballeros de César

Borgia,

loscaballeros ensacerdoti

sas de

Priapo

Se

profana

un

jenio

ise

profana

un

templo!

Augusto Orrego Luco.

(21)

REVISTA

di;

SANTIAGO

DIRECTORES

FAKOR

FELASCO

I

AUGUSTO OBBEGO LUCO

BIBLIOTECA NACIONAL

BIBLIOTECA AMERICANA

"DIEGO BARROS ARANA"

./1872—

1873

TOMO

II

SANTIAGO

librería central

DE

AUGUSTO

RAYMQNO,

< alie cíe Iiuéifano*.

IMPRENTA NACIONAL

(22)

ÍNDICE

DEL

TOMO

II

ESTÍUDIOS

HIISTORICOS

Diego

Barros Arana:

Proceso de Pedro

de

Valdivia,

365.

Alonso González

de

Najera,

421.

Inés

Suares

i doña

Mariana Ortiz de

Gaete,

según documentos

completamente

inéditos,

533.

El

proyecto

de canonizara

Cristóbal

Colon,

653.

Francisco Martínez

i

Pedro Sancho

de

Hoz,

socios de

Pedro

de

Valdivia,

845.

Miguel

Luis

Amunátegui:

Los

vascongados

i los criollosenla villa

imperial

de

Potosí,

749.

El

presidente

de

Chile

don

Gabriel Cano

de

Aponte,

872.

ESTUDIOS

BIOGRÁFICOS

Eujenio

María

Hostos:

(23)

II

Miguel

Luis

Amnnátcgui

Don José

Joaquin

de

Mora,

47, 66,

145, 205,

325,

395.

453,

547,

612.

Ventura Blanco

Encalada,

720.

Gabriel

Rene

Moreno:

Arcesio

Escobar,

160.

Diego

Barros

.Arana:

Doña Jertrúdis

Gómez

de

Avellaneda, 5Qt>.

Luis Guimaraens

Júnior.-Antonio^árlos

Gómez,

632.

Ricardo Taima:

Dolores Veintimilla

(poetisa ecuatoriana),

801.

CIENCIAS NATURALES

Diego

Barros

Arana:

Abajamiento

gradual

dela

cordillera

de los

Andes,

18.

Federico

Leytool-d:

Escursion

alas

Pampas

Arjentinas,

220,

281,

387, 430,

485.

Carlos Juliet:

Viaje

al

Calbuco^

5.81.

La

espcesion

de

las Emociones

en

el

Hombre

i los

Animales,

409.

DERECHO

CONSTITUCIONAL, CIVIL,

ECLESIÁSTICO.

Derecho

público

eclesiástico

"por

el

presbítero

don

Rafael

Fer

(24)

III.

Augusto

Matte:

Atribuciones

del

presidente

de la

República;

74,

150,

244.

Demetrio Lastarria:

Los discursos

presidenciales,

815.

Fanor Velasco:

El

Estado

i la

Instrucción

Pública,

462.

Benjamín

Lavin Matta:

Del derecho de

propiedad,

863.

SOCI0L0JÍA:

Martina

Barros

Borgoño:

Ensayo

sobre la Esclavitud de la

Mujer

por

J.

StuarttMill,

112.

La Esclavitud

de la

Mujer

« traducción »

,297, 512, 773,

9+ £►. '

Benjamin

Vicuña Macicenna:

La

Esposicion

del

Coloniaje,

341.

Domingo

Arteaga

Alemparte:

El

coloniaje

i el progreso,825.

FISIOLOJIA.

Adolfo Valderrama:

El

placer,

876.

ARTES-Pedro Lira:

Don

Cosme San Martin

i don Nicolás

Guzman,

696.

Eduardo Wilde:

Fisiolojía

de

la música.

Alfredo

(25)

IV.

TRADICIONES

PERUANAS-Ricardo Palma:

Dos

millones,

13.

El

justicia Mayor

de

Laycacota (tradición

de la

época

del

vi--ei

conde de

Lémus),

83.

POESÍA.

Carlos Guido

Spano:

Amira,

58.

Al

pasar, 188.

Jorje

Isaacs:

Soledad,

292.

Lacasa

paterna,

480.

El

primer

beso,

578.

I

Soñé,

596.

El último

arrebol,

652.

En

la noche

callaela,

670.

A. déla

E.

Delgado:

Las campanas de

San

Pedro,

407.

Guillermo 31atta:

La

resurrección

del

bronce,

418

Problemas

científicos,

829

El

rei

Lear,

830.

Santuario,

831

Manuel Antonio Hurtado:

Recuerdos,

695.

Adolfo

Valderrama:

(26)

V.

Arturo Toro i Herrera:

A

tí,

771.

Víctor

Torres Arce:

Un

beso,

876.

Rafael de

Zayas

Enriquez:

Aguarda, aguarda!

892.

Ignacio Montenegro;

A

Ofelia

Plissé,

934.

MISCELÁNEA

Juan

María

Gutiérrez:

Carta sobre Francisco

Bilbao,

26.

Enrique

Wood Arellanr

De mi cartera.—

Notas varias

(bibliografía

í

-José Victorino

Lastarri;

Discurso

inaugural

de la Academia de

Bellas

Gustavo

A.

Bécquer

Los

ojos

verdes,

702.

El

Miserere,

709.

Augusto

Orrego

Luco.

La

juventud

de Lord

Byron,

787,

921.

Diego

Barros Arana.

Diccionario

biográfico

americano,124.

Notas

bibliográficas

sobre

los

poemasa que ha

dado

oríjen

Cris

(27)

VI.

Adolfo M millo

Bibliografía

Médica,

265.

TRADUCCIÓN-La barba de

Sigurd,

642.

ACTUALIDADES

NACIONALES-Fanor

Velasco:

Revista

política,

58, 355,

744,

840.

milOTECA

NACIONAL]

(28)

LA ESCLAVITUD DE LA MUJER

787

pueblo

abandonadoasí mismo si

puede

decirse que está

abando

nadoa sí mismo cuando ha

permanecido

durante

siglos

sometido

a

la influencia

indirecta

deunmal

gobierno,

i a la

educación

directa

deuna

jerarquía

eclesiástica queera

dominada

i

dominaba

merced

alas

preocupaciones

relijiosas.

El carácter de los

irlandeses,

debe pues, considerarse

como un

ejemplo

desfavorable: sin

embargo, siempre

que las

circunstancias

lo han

permitido,

¿qué

pueblo

ha

mostrado

mas

aptitudes

para todo

jénero

de

superioridades?

Como

los

franceses

comparados

con

los

ingleses,

como los irlandeses

conqiarados

conlos

suisos,

como

los

griegos

i los

italianos

comparados

con los

alemanes,

así las

muje-> res

comparadas

conlos hombres harán en suma las mismas cosas,

habiendo solamente entre lo que ambos

hagan

una

diferencia de

grado.

Perono veo lamas

pequeña

razón paracreer que

ellas

no

las

hicieran

tan

bien

como los hombres si su educación

estuviese

destinada

a

correjir

envezde agravar

las debilidades naturales

de

su

temperamento.

Martina

BARROS

BORGOÑO.

( Continuará).

LA JUVENTUD DE LORD BYRON

(1).

v

En

medio

de

esa vida

ajitada

por

el

soplo

febril de

las

orjías

dio

Byron

al

público

la

primera

colección

de

suspoemas. En esas

pajinas

no se

encuentra,

como

pudiera

a

primera

vista

creerse,

ni

unasola

composición

quenos

revele

el

jénero

de

vida

que

hemos

visto llevaban en

Newstead.

Esto,

a

falta

de la

terminante afirma

ción

del mismo

Byron,

seria

prueba

bastante

para

hacernos

ver

queese

desorden

moral,

ese

desriuiciamiento

de

todo

lo que

hai de

noble i

elevado

en la naturaleza humana no eran

el resultado de

una

perversión

de

sucarácter sino

simplemente

de

un estravío

de

su

imajinacion.

(29)

7»» REVISTA DE SANTIAGO

Hai

un momento en la

juventud

de todo hombre eii

qué

bitamente

despiertan

ise concentran las facultades activas de

sU

espíritu

i las

fuerzas físicas

de su

organismo.

Si

la

educación

previendo

ese

instante,

casi

siempre

decisivo ennuestra

vida,

no

ha

despertado

en

el

alma

de

aquel joven

aspiraciones

elevadas,

propósitos

nobles que le

sirvan

de

guía

i

objetivo,

el

joven

deso

rientado

en

medio

de las

fascinaciones

de

la vida

qué

ló atraen i

dominado

por sus

fuerzas

que lo arrastran, se

deja

ir hacia la

corriente de las

pasiones

desordenadas.

Momento

de

locura,

de

fiebre,

de incesante

ajitacion,

eme ya se

evapora

enles ensue ñes

vagos

deun

ideal

o se

materializa

en el

vértigo

de la em

briaguez

i

de la

orjía.

Por

una

especie

de

revelación

interícr,

por

una

misteriosa intuición del

organismo,

que tratade

deshacerse

de

ese exceso

de fuerzas que

lo

abruman,

se

arroja

el

joven

en brazos de todo

aquello

que

maslo

postra

ienquemassé

gasta.

Mientras

mas

viva

es su

imajinacion,

es mas

fecunda

en

buscar medios para

conseguir

esa

profunda

enervación

que

necesita.

Byron

llegó

aesa

edad,

sintió

ese

vértigo,

se

encendió

esa

fiebre

en su

organismo

sin

que se

encendiera

en su

conciencia

esa luz

que nos

guía

hacia lo

grande.

Sentía

un

disgusto profundo

por

aquella

vida i sin

embargo

se

arrojaba

en

ella.

¿Por qué? Porque

ne

sabia

como

emplear

esas

fuerzas

que la

naturaleza

ponía

en sus

manos; porque

faltaban

ensuvida los dos

polos

que

guian

hacia el bien:

el

carácter,

propósito

fijo

de

ser

útil

alos

demás,

i el amor,

vago deseo de serutilizado por losotros.

Pero

tan

pronto

como

el

carácterse

desenvolviera

en su

espíri

tu,

tan

pronto

como elamor

renaciera

ensu corazón,esdecircuan do

aquel joven

tenga

un

guía

i un

estímulo

rompiendo

esa

lápi

dacon que lo

sepulta

el

vicio,

selevantará

grande

comolaconcien

cia

i

noble

como el amor. Así

debia

suceder

i

así sucedió.

Pero

ño

anticipemos

los hechos.

Desde

coro

de

su

abadía

Byron

habia

lanzado

un

libro

en

medio

de

una

sociedad

distraída iuna crítica severa.

La sociedad

no

hizo

caso,

la

crítica

disparó

sus flechas. La

sociedad

i

la

crí

tica fueron

injustas:

ese

libro

no

merecía

ni el

desden

impasible

de

losunos

ni el

sarcasmo

acerado

de losotros.

La

literatura

inglesa

renacía

en

aquella época.

Burns

inspirán

doseen

las

sencillas

baladas

de

las

montañasescosesas

iniciaba,

sin

saberlo acaso

el

mismo,

aquel

renacimiento,

abandonando

la

rebus

(30)

LA JUVENTUD DE LORD BYRON 78&

Crabbe,

en su

poesía

triste i

enérjica, Cowper

en sus

melancólicas

sátiras,

continuaban

aquella

vuelta hacia

la naturaleza i la

realidad

de la vida humana.

Coleridge,

TVordsworth,

Southey,

Lamb,

Ro-gers i muchos otrososcurecidos por los

que

les

sucedieren,

imuer tos con

los

que los

admiraron,

formaban

la

entonces brillante

áureo*-la

de

aquellos jenios

que

nadaoscurece inuncamueren.

Asulado

renació

también esacrítica

estudiosa,

enérjica

i

seve raquenoha sido mastarde

superada

en su

conjunto

en

Inglate

rra.La Revista de

Edimburgo

i la

Revista

Trimestral

*

eranlos dos

órganos

mas autorizados de esa

crítica.

Stnith,

Ma-ckintosh, Malthus,

Lamb

i

otros,

bajo

la elireecion de

Jeíírey

¡pu->

blicaban

la

primera,

la mas

popular

i

leída de

las dos.

En

sus

pajinas

no sé

sabe

a

punto

fijo

si

Jeflrey

o

Lord

Broug-han dio

aluz la Crítica abrumadora

que hirió

tan

.profundamente

la

orgullosa susceptibilidad

del

joven

bardo. Esa

desapiadada

cen sura

está

lejos

de serun modelo

literario,

está

lejos

aun

de

la al

tura a que

alanzaba el volumen

que con tanta

-acritud

despeda

zó.

Pero sisus

hirientes

sarcasmos nomerecen

el

honor

de

-llegar

hasta nosotros, tuvieron el

privilejio

de

llegar-al kiesperto

-corazón

de

Byron.

Se sintió

abatido,

abrumado

bajó

el peso

-de

aquel

ines

perado

i brusco

ataque.

Se

ajitaba

su

espíritu

en las

angustias

de la

incertidumbre,

hasta que

resolviéndose

a encarar

la situación

se

decidió

atomar una venganza.

Byron,

cOmotodos los

hombres

que seencuentran

-delante

de un

instinto,

se

deja

ver en

toda

la

plenitud

dé suser

ahora

que

él

mismo

se coloca

delante del instinto

de la venganza, todose

,ppne

de relieve

ensü

figura

iluminada

con los

sombríos

-resplandores

del

odio que arde en su

alma.

Un

espíritu

elevado Concentrándose

en sí

mismo,

estudiando el

arte i ensanchandosus

aptitudes

conla

contemplación

de

loquehai

demás bello

i mas

grandioso

en la naturaleza i enla

humanidad,

^

habria

buscadoesavenganza en la

producción

de

Una

obra supe

rior que

-obligara

a sUs eríticos a

convertir

en

aplausos

merecidos

los

inmerecidos

ataques.

Un

carácter

vehemente,

dominado

por una

orgullosa

altivez,

inspirándose

ensus

pasiones

heridas i en su

orgullo

humillado,

no

quedaría

satisfecho

sino

después

de hacer

experimentar

a sus con

trarios

aquel

mismo

malestar

que 1p

afectaba,

hiriéndolos

en sus

pasiones,

humillándolos

en su

orgullo,

volviéndoles

sarcasmo por sarcasmo,

injuria

por

injuria.

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