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PROYECTOS
Procesos de Aprendizaje y Creación
Aprendizaje y Percepción de la Diferencia
en la Construcción de Autonomía
INCLUIR – Instituto para la Inclusión Social y el Desarrollo Humano Asociación Civil e Instituto Rosario de Investigaciones en Ciencias de la Educación IRICE-CONICET
Reseña del trabajo de Lía Tiriba
“Pedagogía(s) de la producción
asociada: ¿Hacia dónde camina la economía popular?”
Por Jorgelina Flury
Del libro “La Economía social desde la periferia. Contribuciones latinoamericanas”
Coraggio, José Luis (organizador) Editorial Altamira, Buenos Aires, 2007.
Lía Tiriba es docente de la Facultad de Educación de la Universidad Federal Fluminense (UFF, Río de de Janeiro), investigadora del NED-DATE (Núcleo de Estudios, documentación y datos sobre trabajo y educación, UFF). Doctora en Sociología y Ciencias Políticas, por la Universidad Complutense de Madrid. El trabajo que aquí se reseña corresponde a la conclusión del libro “Economía popular e cultura do trabajo: pedagogia(s) da producto associada”, de la misma autora.
se hacen acerca de si la autogestión o las organizaciones económicas populares están funcionando bien, resulta bastante inadecuado pues no existe un criterio unívoco que oriente acerca de lo que sería “funcionar bien” para estas organizaciones. Sin embargo, sí le parece más fructífero preguntarse en la siguiente línea: “para los trabajadores excluidos del mercado formal de trabajo ¿vale la pena buscar; asociativamente, los medios para su subsistencia?” o “¿qué aprehenden los trabajadores en el proceso de producción? ¿qué elementos de una nueva cultura del trabajo se producen en el interior de esas organizaciones?”
Durante el desarrollo de este trabajo destacará los elementos contradictorios que se manifiestan en las formas asociativas de trabajo teniendo en cuenta el contexto económico y político en el que las mismas emergen así como las historias de vida de sus asociados.
Coincidiendo en principio con José Luis Coraggio, Tiriba señala que lo que diferencia radicalmente a estas organizaciones es una lógica de reproducción ampliada de la vida.
Las OEPs serían para la autora “el polo más avanzado de la economía popular” en el sentido de que propiciarían el nacimiento de una nueva cultura del trabajo. Una cultura del trabajo de nuevo tipo presupone relaciones de producción caracterizadas por la perspectiva del valor de uso y no del valor de cambio, por las cuales “el trabajador recupera el sentimiento de productor y sujeto-creador de sí mismo y de la historia y en las cuales tienden a diluirse la propiedad individual de los medios de producción y la jerarquía asegurada por los que saben”.
Sin embargo la potencialidad del cambio es relativa en tanto un cambio en la cultura del trabajo no se limita estrictamente al espacio de producción ya que se amplía al contexto, que abarca otros espacios, redes y a la sociedad en su conjunto. Las OEPs que han emergido en las últimas décadas pueden ser portadoras de elementos nuevos o al menos conflictivos con el capitalismo, sin embargo hay que tener en cuenta que éstas no surgen en un contexto revolucionario, sino que son consecuencia de los procesos de exclusión social.1 Para la autora el desafío entonces consiste en avanzar en el ámbito de la interfase entre la esfera “del cambio a partir del Estado” y la esfera “del cambio a partir de la sociedad”.
Hechas estas salvedades Tiriba se vuelca a describir algunas características de la cultura del trabajo en las OEPs, a la que califica como “fragmentada” porque contiene lo nuevo y lo viejo. Sostiene que lo que mueve en primer lugar a estos emprendimientos es la necesidad y luego, la esperanza de organizar el emprendimiento de modo de que sea económicamente viable.
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En muchos casos se destacan otros valores o beneficios no monetarios derivados de trabajar en los emprendimientos mencionados como: el trabajo de la mujer congeniado con el cuidado y la protección de los niños, la cercanía al hogar, la oportunidad de tomar responsabilidades no habituales en relación a su nivel educativo, la generación de redes familiares y un fuerte liderazgo femenino, entre otros. De manera más general sostiene que al interior de las OEPs se verifican relaciones de donación, cooperación y reciprocidad2, aunque hay diferencias derivadas de las formas de surgimiento de los emprendimientos y además se pueden manifestar diversos grados de solidaridad entre los miembros de un emprendimiento y entre ellos y la comunidad y el resto de la sociedad.
Pero yendo a cuestiones más concretas, la autora se re-pregunta ¿qué elementos nuevos de otra cultura del trabajo aparecen en estas OEPs? Elementos que no se restrinjan a la cultura del “viejo artesano” sino que puedan caracterizar el proceso de construcción de autonomía, “en el que cada trabajador se vuelve sujeto inventor del trabajo, constructor de la vida”.
Para conocer las experiencias en la búsqueda de estos nuevos elementos habrá que indagar acerca de la existencia concreta de dispositivos de participación en la toma de decisiones y la eficacia de los mismos, ya que es muy común que en las organizaciones se presenten viejas relaciones de sumisión, una dicotomía entre dirigentes y dirigidos, el deseo de conquistar el poder y subordinar a los otros.
Otro aspecto distintivo se refiere al tipo de racionalidad que caracteriza los procesos de trabajo. En este sentido, la “calidad total” en las OEPs tiende a buscar garantizar la calidad del producto en sí y de la vida misma del trabajador, repensar el contenido del trabajo, volverlo placentero (la satisfacción de trabajar sin jefe) y socialmente productivo, así como la organización de los tiempos. En esa nueva organización de los tiempos pueden ser decisivos los momentos dedicados a la reflexión, socialización y co-creación de nuevos conocimientos, es decir que estos emprendimientos propiciarían los espacios de aprendizaje en el trabajo.
Sin embargo, la realidad muestra que en las organizaciones de trabajo asociado en el contexto del neoliberalismo usualmente se debe sacrificar el tiempo libre aumentando el tiempo necesario para la producción de la mercancía, si bien la autora destaca el hecho de que esto no sería producto de la mercantilización de la fuerza de trabajo sino de una “auto explotación” intensiva sujeta a un criterio de satisfacción de necesidades básicas acordado por los trabajadores.
Otro elemento destacado por la autora que se piensa más bien como una limitación es el hecho de que usualmente los trabajadores de las OEPs aún siendo poseedores de los medios de producción en algunos casos, carecen de tecnologías de punta como de los fundamentos teórico-metodológicos que les permitan articular teoría y práctica. En este sentido considera que los
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educadores e investigadores tienen el desafío de construir una nueva pedagogía del trabajo junto a los trabajadores, popularizando el conocimiento académico.
Por otra parte, se mencionan los límites de la polivalencia en la formación integral de los trabajadores. El “hacer un poco de todo” que parece ser una práctica utilizada en las OEPs, si bien puede ser un avance en relación con la tecnología fordista y taylorista, no sería suficiente para que los conocimientos de los trabajadores asociados ganen mayor consistencia. En esta línea Luis Razeto advierte que la integración o recomposición social del trabajo no significa un retorno a la comunidad simple e indiferenciada de los orígenes, sino que se manifiesta en la constitución de un sujeto comunitario o social en que participan personas y grupos que cooperan aportando cada uno sus propias capacidades y factores en el grado o nivel en que las hayan desarrollado. Estos serían los aspectos positivos de la división técnica del trabajo para el autor, que permitiría elevados niveles de eficiencia y productividad.3
La autora va a afirmar que la economía se vuelve solidaria cuando el trabajo y la comunidad se vuelven factores determinantes (categorías organizadoras en términos de Razeto) de los demás factores de la producción. Considera que para aprender a materializar una economía popular en lo cotidiano de la producción es necesario propiciar el encuentro/confrontación del saber popular de los trabajadores asociados con el saber sistematizado en las academias. Y apoyándose en una cita de Gramsci4, sostendrá que crear una nueva cultura no significa necesariamente crear conocimientos originales o inéditos, sino poder transformarlos continuamente para dar respuestas a la dinámica de la vida real.
A pesar de que continuamente relativiza la potencialidad de la economía popular para construir una nueva cultura del trabajo, Tiriba destaca el hecho de que la misma puede constituirse como un espacio educativo integral donde “las personas se dan cuenta de la existencia de otra forma de producir: menos violenta, menos jerárquica, más humanizada…Y ese es el embrión de una nueva cultura del trabajo”
En la última parte de su artículo manifiesta su posición (alineada con Coraggio), respecto de que las OEPs presentan su mayor fragilidad en lo económico y en lo político, por lo cual resulta imprescindible continuar luchando por los fondos públicos, para “sacar a los trabajadores de la penuria” y para impulsar un proyecto común que pueda ser presentado a otros sectores como “la economía política de los trabajadores”. Siendo imprescindible además, el acceso a las facilidades proporcionadas por las nuevas tecnologías.
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Razeto, Luis “Los caminos de la solidaridad” Ediciones Lumen-Humanitas, Buenos Aires-Madrid, año 1997, capítulo 4.
4 Cita incluida en el trabajo de Lía Tiriba: crear una nueva cultura no significa sólo hacer hallazgos
Luego reflexiona acerca de las posibilidades de los trabajadores asociados para intervenir significativamente en la transformación de la realidad social a partir de algunas ideas de Marx y de Gramsci. Este último se refiere a los distintos momentos de la conciencia política: el primero, que se reduce al grupo profesional donde los trabajadores sienten que deben ser solidarios con otros trabajadores; el segundo momento en el que los trabajadores adquieren conciencia de solidaridad al interior del grupo social, aunque estrictamente en el plano económico; y por último, la fase más abiertamente política caracterizada por la perspectiva de unir fines económicos y políticos con la posibilidad de construir un proyecto contra-hegemónico. Si bien aclara que estos momentos no se encuentran completamente separados, sino que se confunden y combinan. En lo personal considero que los diferentes orígenes de las formas autogestionadas de producción, podrían dar lugar a diversas trayectorias en la conformación de la conciencia política. De hecho algunas experiencias que se han dado en nuestro país de fábricas tomadas, por ejemplo, partieron o se nutrieron de instancias de construcción netamente políticas como han sido las asambleas, en donde existía de algún modo una conciencia de ir más allá de los intereses del grupo.
Por último la autora deja planteado el interrogante y la necesidad de seguir cuestionando la incidencia que el trabajo por cuenta propia (individual o asociado) puede tener en el deterioro de las relaciones de trabajo, teniendo en cuenta la subcontratación por parte de las empresas de capitales a la que la mayoría de las pequeñas empresas se encuentran sujetas, o su instrumentalización por parte del Estado capitalista. Esto sumado al hecho de que las empresas de trabajadores no necesariamente se organizan con el objetivo de hacerle la contra a la lógica capitalista.