• No se han encontrado resultados

Canal A Canal A

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2018

Share "Canal A Canal A"

Copied!
257
0
0

Texto completo

(1)

W

illiam

F

ernando

T

orres

, a

ida

J

ulieTa

Q

uiñones

,

J

uan

m

anuel

C

asTellanos

, a

rloviCh

C

orrea

, h

ilda

s

oledad

P

aChón

PARA

VENCER

EL

MIEDO

Respuestas a los impactos de la guerra en el

centro y sur de Colombia entre

1980

y

2010

P

ARA

VENCER

EL

MIEDO

Respuestas a los impac

tos de la guerr

a en el c

en

tr

o y sur de C

olombia en

tr

e 1980 y 2010

Universidad del Tolima

L

a agudización del conflicto político militar colombiano entre 1978 y 2010 exigió momentos de tregua y negociación. En ellos, los actores del conflicto hablaron, desde 1984, por medio de comisiones de notables; luego, con el apoyo de países amigos, desde 1989; después, las guerrillas reinsertadas participaron en la Constituyente de 1991 para construir un nuevo pacto social; más tarde, en 1998, se reunieron representantes de la sociedad civil –en realidad, de gremios y políticos de diversas tendencias- con una de las guerrillas en un país extranjero; y, por último, entre 1999 y 2002, hubo un intento de diálogo nacional en el que participaron organizaciones –universidades, cooperativas-, y actores sociales –mujeres, niños, artistas-. Este proceso indica que las negociaciones han ido siendo cada vez más incluyentes, pero poco se ha escuchado en ellas la voz de los habitantes

de las zonas afectadas por el conflicto.

Tales desconocimientos, silencios, estigmas, nos exigieron ocuparnos de los impactos de la guerra colombiana en los tejidos comunicativos cotidianos y de las respuestas que los pobladores dieron a los mismos, en el periodo que va entre el Estatuto de Seguridad del gobierno Turbay y la política de Seguridad Democrática del gobierno Uribe. Pero, también, en unos años en los que las nuevas tecnologías de la comunicación y la información se expandieron en el país y suscitaron nuevos modos de relacionarse.

Para enfrentar estos interrogantes, elegimos territorios estratégicos en la historia del país y no suficientemente investigados: los territorios nasa, la zona de colonización antioqueña, el piedemonte amazónico. Es reconfortante que en la mayoría de las respuestas haya habido una exploración de los más diversos lenguajes, géneros, medios y oportunidades, para conseguir expresar la dimensión de su dolor pero también el reclamo de dignidad. Este narrar en colectivo los eventos traumáticos para intentar sanarse, el crear espacios y monumentos que impidan olvidar, y que sirvan para apostar por democracia local, surgieron –en especial- donde hubo luchas previas por el acceso a tierra, carreteras, créditos, salud, educación, energía. Asimismo, donde hubo organizaciones de base que consolidaron identidades y propusieron políticas de la memoria.

Grupos de investigación:

• Culturas, Conflictos y Subjetividades (Universidad Surcolombiana) • Ciencias de la Información,

Sociedad y Cultura (Universidad Javeriana)

• Comunicación, Cultura y Sociedad (Universidad de Caldas)

• Literatura del Tolima (Universidad del Tolima).

Lea en:

Para vencer el miedo, canal B

Presentación 1. Los mapas

2. Los contextos: el conflicto político militar colombiano en el centro y sur de Colombia entre 1980 y 2010 3. Las respuestas de los pobladores

frente a los impactos del conflicto en sus tejidos comunicativos hoy 4. La propuesta: investigar la

comunicación cotidiana en medio del conflicto político militar Bibliografía

Proyecto de investigación “Impactos del conflicto político militar en la comunicación en la vida cotidiana colombiana”.

Investigadores principales

William Fernando Torres Universidad Surcolombiana

Aida Julieta Quiñones

Pontificia Universidad Javeriana

Coinvestigadores

Hilda Soledad Pachón Universidad Surcolombiana

Juan Manuel Castellanos Universidad de Caldas

Arlovich Correa Manchola Universidad del Tolima

Autores

Simeón Pérez José Castro Antonio Albarracín Stephanie Andrade Porras Clara Elisa Jacanamejoy Juan Pablo Franco Nathalia Gómez Oscar Javier Neira Pau Torres Felipe Pérez

María Rosa Helena del Pilar López

Facultad de Ciencias Humanas y Artes

Canal

A

Canal

(2)
(3)
(4)

Para vencer el miedo

Respuestas a los impactos de la guerra

en el centro y sur de Colombia entre 1980 y 2010

William Fernando Torres Aida Quiñones Juan Manuel Castellanos

Arlovich Correa Hilda Soledad Pachón

Colciencias

Pontificia Universidad Javeriana Universidad Surcolombiana

Universidad del Tolima Universidad de Caldas

2012

(5)

© Sello Editorial Universidad del Tolima, Colciencias, Universidad Javeriana, Universidad Surcolombiana, Universidad de Caldas, 2012

© William Fernando Torres Aida Julieta Quiñones Juan Manuel Castellanos Arlovich Correa Hilda Soledad Pachón

Primera edición: 1000 ejemplares

ISBN: 978-958-8747-03-3 Número de páginas: 256 Ibagué-Tolima

Para vencer el miedo.

Respuestas a los impactos de la guerra en el centro y sur de Colombia entre 1980 y 2010

Impresión, diseño y diagramación por León Gráficas Ltda. Foto portada: Olmo Torres

Corrección de estilo: Andrés Felipe Bernal

Todos los derechos reservados.

Prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio, sin permiso expreso de los autores. Para vencer el miedo: Respuestas a los impactos de la guerra en el centro y sur de Colombia

entre 1980 y 2010 / William Fernando Torres… [et al.]. - 1a. Ed. - Ibagué: Universidad del Tolima, 2012. vii, 256 p.: il. - (Documental anexo: El silencio no perdona)

Contenido: La guerra del Caquetá (1978-1982). - Los efectos de la triple alianza: Narcotraficantes, paramilitares y miembros de las fuerzas armadas. - Las movilizaciones campesinas y los múltiples intereses en juego (1992-1996). - La expansión paramilitar (1993-2005). - Idas y venidas de las farc en el sur (2001-2006). - Resonancias de la guerra en el centro. - Indígenas.

1. Violencia – Colombia 2. Conflicto armado – Colombia 3. Guerrillas – Colombia I. Quiñones, Aida Julieta ii. Castellanos, Juan Manuel iii. Correa, Arlovich iv. Pachón Hilda v. Colciencias vi. Universidad Javeriana vii. Universidad Surcolombiana viii. Universidad de Caldas ix. Universidad del Tolima.

(6)

Agradecimientos

A los pobladores de los municipios y de los territorios indígenas investigados porque nos acogieron sin mayores prevenciones, nos abrieron las puertas de sus casas y de sus talleres, y nos llevaron a sus sitios de encuentro. Ellos nos enseñaron a escucharlos.

A los tesistas de maestría y pregrado que participaron en la investigación porque al encontrarse descubrieron entre sí un país que no conocían, nos re-velaron el que quieren construir y, en especial, nos plantearon nuevos retos pedagógicos.

A Jesús Martín-Barbero por creer en este proyecto cuando apenas era pro-puesta de investigación.

A Amparo Cadavid, Adriana Ordoñez, Hernando Cruz y Antonio Roveda por su acompañamiento en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.

A Angélica Barrantes de colciencias por su paciencia, comprensión y apoyo. Y a las funcionarias y funcionarios de colciencias y nuestras universi-dades que facilitaron realizar esta investigación.

A Iván Arturo Torres Aranguren, de la Fundación Rayuela, por la genero-sidad con que apoyó nuestro trabajo de campo.

A Marco Ceballos por sus sugerencias editoriales.

A Ingrid Gerena, por el rigor y eficacia con el que organizó y mantuvo el archivo de esta investigación.

(7)
(8)

Contenido

Agradecimientos ...v

Presentación ... ix

1. La guerra del Caquetá (1978-1982) ... 1

Un testimonio: las vueltas de mi vida ...3

Simeón Pérez. Líder campesino de El Pato 2. Los efectos de la triple alianza: narcotraficantes, paramilitares y miembros de las fuerzas armadas... 15

El fracaso de lo imaginado: Gramáticas y texturas del pasado de las víctimas de la Unión Patriótica en Manizales, Caldas, desde 1985 ... 17

José A. Castro, Universidad de Caldas Impactos del conflicto político militar en la vida cotidiana de los habitantes de Trujillo, Valle, entre 1990 y 2010 ... 25

Antonio Albarracín, Pontificia Universidad Javeriana, Cali 3. Las movilizaciones campesinas y los múltiples intereses en juego (1992-1996) ..55

Memorias de una pequeña caficultora del Líbano sobre las movilizaciones cafeteras del Tolima desde 1992 ... 57

Stephanie Andrade y Arlovich Correa, Universidad del Tolima 4. La expansión paramilitar (1993-2005) ... 77

“Para el miedo, ningún sastre cose pantalones”. Respuestas ante el temor colectivo creado por el conflicto armado en Puerto Asís, Putumayo entre 1991 y 2007 ... 79

Clara Elisa Jacanamejoy, Universidad de Caldas La memoria espacial del conflicto en Samaná, Caldas entre 1985 y 2010 ... 87

Juan Pablo Franco, Universidad de Caldas Estrategias de adaptación al conflicto en Caldas. El caso de Aguadas ... 106

Juan Manuel Castellanos y Nathalia Gómez, Universidad de Caldas 5. Idas y venidas de las farc en el sur (2001-2006) ... 135

Las fronteras definidas. Apuntes para una comprensión de los impactos del conflicto en San José del Fragua, San Vicente del Caguán y Florencia, Caquetá ...137

(9)

6. Resonancias de la guerra ... 153 Conflicto político militar, memorias y tejidos comunicativos en Neiva

entre 1980 - 2010 ... 155 William Fernando Torres, Universidad Surcolombiana, y Pau Torres, Universidad Nacional Pactos, subjetividad y ciudadanía en las localidades de Ciudad Bolívar y

Sumapaz de Bogotá, d.c., entre 1991 y 2007 ... 173 Felipe Pérez, Pontificia Universidad Javeriana

7. Las respuestas nasa al conflicto ... 185 Territorio nasa: conflicto político militar y tejidos comunicativos... 187

Aida Julieta Quiñones, Pontificia Universidad Javeriana

Con el futuro a cuestas. Construcción cultural de un territorio nasa en Íquira, Huila, después de la avalancha del río Páez en 1994, y en medio del conflicto político militar ... 215

(10)

Presentación

Trazos de brocha gorda

Durante la segunda mitad del siglo xx, los gobiernos colombianos impulsa-ron guerras contra el comunismo y el narcotráfico. En unas ocasiones, ellas se unificaron; en otras, se superpusieron; y en otras más, los narcotraficantes reclutaron (o acogieron) a miembros de las fuerzas públicas para liquidar a opositorxs y críticos de la gestión gubernamental o enfrentar a guerrillas. Las que, por su parte, terminaron vinculadas al tráfico de drogas y compitiendo con los carteles en producirlas.

Con todo, estas confrontaciones no eran nuevas en el país. Ellas continua-ban la batalla que traían desde el siglo xix los partidos hegemónicos tradicio-nales –el conservador y el liberal- por el poder y la tierra. Pero que, en 1958, se convirtió en alianza para compartir el manejo del gobierno hasta 1974, de manera formal; porque de manera informal tuvo continuidad hasta 1986. Con este pacto, los gobiernos intentaron detener el río de sangre desatado por la Violencia desde 1946 y, también, apaciguar la creciente inconformidad de di-versos sectores sociales.

Ella se expresó durante los cincuentas, a través de las protestas universi-tarias, la creación de sindicatos nacionales –como el de los educadores-, y la insurgencia campesina que había emergido en algunos lugares del territorio colombiano -como en los llanos orientales, el sur del Tolima y el piedemonte amazónico-, y alimentó el surgimiento de guerrillas campesinas y nacionalis-tas, en los sesentas. A las anteriores movilizaciones se sumaron las tomas de tierras de los campesinos organizados en la anuc, en los setentas, o los nume-rosos paros cívicos urbanos, en medio de un país que se había vuelto urbano y laico de manera acelerada.

(11)

enfrentó el accionar de las guerrillas y la protesta que creció durante la década. Este Estatuto introdujo en Colombia las pautas de la Doctrina de Seguridad Nacional impulsada por Estados Unidos en América Latina.

Esa doctrina propició la serie de dictaduras impuestas en el sur del con-tinente, entre los setentas y ochentas, que se propusieron liquidar al “enemigo interno”; es decir, a todos aquellos que no compartieran las bondades del ca-pitalismo. Con ese fin, desconocieron los derechos humanos, recurrieron a la desaparición de personas, y permitieron que las fuerzas nacionales de seguri-dad pasaran fronteras y asesinaran a los ciuseguri-dadanos disidentes que se habían refugiado en otros países. Todo este plan tuvo como propósito último el garan-tizar el ascenso del modelo neoliberal. Para mostrar sus logros se experimentó esta propuesta en el Chile de Pinochet a costa de la fragmentación emocional del país por el numeroso exilio de sus ciudadanos y el consiguiente empeora-miento de la salud mental de su población, así lo han explicado el periodista John Dinges, en su libro de 2003 sobre la Operación Cóndor, y el profesor Steve Stern en su trilogía La caja de la memoria del Chile de Pinochet publicada entre 2004 y 2010. El amplio repudio de opinión influyente a estas antidemocráticas prácticas gubernamentales, llevó a los impulsores de este proyecto a profundi-zar la llamada “guerra sucia”.

En ella se aliaron miembros de las fuerzas armadas nacionales, paramili-tares y narcotraficantes -en países como Bolivia y Colombia-, para liquidar a sectores progresistas y de izquierda, e intimidar y silenciar a la mayoría de la población. Estas acciones caracterizan la segunda etapa del conflicto político militar colombiano durante el período en estudio, y a la que conocemos como la de la Triple Alianza (de narcotraficantes, paramilitares y miembros de las Fuerzas Armadas). Ella es la que va entre mediados de los ochentas y media-dos de los noventas y se caracteriza por el genocidio de la Unión Patriótica y otras fuerzas de izquierda, masacres como la de Trujillo, en el Valle, entre 1986 y 1994, y el asesinato de cuatro candidatos a la presidencia de la república en-tre 1986 y 1990. Como se sabe, este río de sangre fue uno de los motivos que exigieron la creación de un nuevo pacto social -mediante Carta de 1991-, y además presionaron al m19, el epl, el prt y el mql para que abandonaran las armas.

(12)

Cons-tituyente. Este ataque supuso el desconocimiento de las conversaciones en las que avanzaban las farc con negociadores de la presidencia para tener cupo en ella; así lo afirmó el excanciller conservador Augusto Ramírez Ocampo en una entrevista que difundió el noticiero Caracol del 16 de junio de 2011, dos días después de su muerte.

Esta agudización del conflicto fue paralela a las movilizaciones campesinas

de los afectados por la ruptura del Pacto Internacional del Café en 1989-, entre 1992 y 1995, en la zona de colonización antioqueña. También fue paralela a las marchas con las que los cultivadores y raspachines de coca en el piedemonte amazónico reaccionaron a las fumigaciones con glifosato a los sembrados. Ta-les acciones se superpusieron al principio con las de las farc o el eln; luego, se entrecruzaron y, en el caso de los cocaleros, se confundieron, después de que la mayoría de los departamentos de la Amazonia occidental colombiana fueran declarados Zonas Especiales de Orden Público por el presidente Samper, en mayo de 1996.

La cuarta etapa fue la de la expansión paramilitar. Ella se dio para integrar a las autodefensas regionales en un ejército nacional bajo las siglas de las Au-todefensas Unidas de Colombia –auc-, y enfrentar a las farc en los territorios bajo su dominio. Esta iniciativa surgió en el primer lustro de los noventa pero se ejecutó a partir del 2 de julio de 1997 (Semana, 1536, 10 a 17/11/2011: 48), cuando los paramilitares partieron de Urabá para tomarse Mapiripán, entre el 12 y 21 de julio de 1997. Después continuó en el Caquetá y en el Putumayo, según las declaraciones de víctimas a la Fiscalía del primer departamento. Pero esta expansión no sólo tocó al sur del país sino a otras localidades de la zona de colonización antioqueña entre las que estuvieron Samaná y Aguadas, en Caldas, donde las FARC también hacían presencia.

La última etapa fue la de los diálogos del Caguán y la de la confrontación

abierta. Esta última se inicia el 22 de febrero de 2002 con la ruptura de las

con-versaciones en el Caguán, decretadas por el presidente Pastrana, y para la que puso en marcha todos los apoyos norteamericanos que había obtenido con la firma del Plan Colombia en 2000. Y que se mantuvo durante los ocho años del gobierno Uribe Vélez.

(13)

1998, se reunieron representantes de la sociedad civil –en realidad, de gremios y políticos de diversas tendencias- con la guerrilla del eln en un país extranje-ro; y, por último, entre 1999 y 2002, hubo un intento de diálogo nacional en el que participaron organizaciones –universidades, cooperativas-, actores socia-les –mujeres, niños, artistas-. Este proceso indica que las negociaciones han ido siendo cada vez más incluyentes, pero poco se ha escuchado en ellas la voz de los

habitantes de las zonas afectadas por el conflicto.

En estos contextos y procesos, quienes han sufrido los impactos del con-flicto de manera constante e implacable son lxs habitantes de pequeñas pobla-ciones y zonas rurales, así lo han demostrado los estudios de caso realizados por la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación desde 2008. Tam-bién, las investigaciones sobre conflicto armado y salud mental revelan que en localidades apartadas la violencia no sólo es directa, y cultural, porque los pobladores son sometidos al silencio y al estigma; si no que además viven una violencia estructural porque suele haber ausencia de reconocimiento a las vícti-mas (MSF, 2010). A lo anterior se añade que estos lugares sólo reciben atención de los medios masivos cuando ocurren hechos de sangre que dejan numerosos muertos; pero al narrarlos, con frecuencia ellos desconocen los antecedentes y las disputas territoriales de los armados, o no se enteran de las respuestas que los habitantes van dando al conflicto político militar degradado en el día a día de sus vidas.

Tales desconocimientos, silencios, estigmas, nos exigieron ocuparnos de los impactos de la guerra colombiana en los tejidos comunicativos cotidianos y de las respuestas que los pobladores dieron a los mismos, en el periodo que va entre el Estatuto de Seguridad del gobierno Turbay (1978-1982) y la política de Seguridad Democrática del gobierno Uribe (2002-2010). Pero, también, en unos años en los que las nuevas tecnologías de la comunicación y la informa-ción se expandieron en el país y suscitaron nuevos modos de relacionarse.

Entre las preguntas que nos planteamos estaban las de cuáles eran los te-jidos que más rápidamente deterioraba o acallaba el conflicto; también la de cuáles tejidos comunicativos reelaboraban las nuevas tecnologías; y la de quié-nes fueron los habitantes con mayor iniciativa para responder. Si eran los de lugares con memorias e identidades más consolidadas, o quienes contaron con prontas solidaridades, o quienes aprendieron a utilizar las nuevas tecnologías para divulgar la situación.

(14)

territorios nasas de Cauca y Huila donde perviven memorias desde la época colonial, como lo han demostrado Joanne Rappaport y Mónica Espinosa (Rap-paport, 1990; Espinosa, 2009); la zona de la colonización antioqueña donde, desde mediados del siglo xix, numerosos grupos de migrantes fueron asen-tando el cultivo del café, tan trascendental en la vida económica colombiana; y la zona del piedemonte amazónico donde, desde mediados del siglo xx, hubo nuevas colonizaciones campesinas e insurgencias guerrilleras, y –desde finales de los setentas- se expandió el cultivo de la coca y el tráfico de cocaína, que cambió de manera acelerada –e, incluso, radical- los imaginarios y valores de lxs colombianxs.

Por consiguiente, los lugares donde trabajamos fueron los de los nasa de Toribío y del resguardo Wila relocalizado en Rionegro, Íquira (Huila). En la zona de la colonización antioqueña, indagamos en Aguadas y Samaná, en Caldas, en Trujillo, Valle, y en Líbano y Chaparral, Tolima. En el piedemonte amazónico, fuimos a San Vicente, Florencia y San José de Fragua, en Caquetá, y a Mocoa y Puerto Asís en el Putumayo. Y para establecer las resonancias de la guerra en zonas próximas y distantes, hicimos trabajo de campo en Neiva, Rivera y Pitalito en Huila, y en las localidades de Sumapaz y Ciudad Bolívar en Bogotá. También compartimos con miembros y parientes de víctimas de la Unión Patriótica, en Manizales, y con maestrxs de Neiva. Como se puede advertir, el territorio estudiado coincide en buena parte con el que los autores del Informe sobre Desarrollo Humano en Colombia llamaron el del mapa de la U (pnud, 2003).

(15)

Para realizar este proyecto, trabajamos entre 2009 y 2011 con graduandxs de pregrado o maestría en comunicación o ciencias sociales de las universida-des públicas Surcolombiana, del Tolima y de Caldas, y de la Pontificia Javeriana de Bogotá. Con ellxs hicimos, en primer lugar, un seguimiento a la vida coti-diana de municipios y comunidades de Caldas, Valle, Cauca, Tolima, Huila, Caquetá y Putumayo a partir de la memoria de los pobladores; en segundo término, establecimos los hostigamientos, las extorsiones, las tomas, los se-cuestros, los asesinatos, que realizaron en ellos los grupos armados; en tercera instancia, inferimos los impactos en los tejidos comunicativos y, por último, analizamos las reacciones de los habitantes a estas intervenciones e intentamos a la creatividad y eficacia de las mismas para enfrentar la guerra. La mayoría de los estudiantes indagó en los sitios donde había nacido, crecido, habitan, o con los que aún tienen afectuosas relaciones. Los productos de la investigación fueron el documental El silencio no perdona, los dos tomos del libro Para

ven-cer el miedo, seis artículos científicos y diecisiete trabajos de grado o tesis de

maestría y doctorado.

El primer tomo que ahora entregamos, Para vencer el miedo, Canal A, si-gue las etapas que ha tenido la confrontación durante los últimos treinta años, esbozadas más arriba. Él parte de un testimonio que refiere los procesos de colonización en el Caguán, la guerra del Caquetá entre 1978 y 1982, y las luchas políticas en el Bajo Caguán. Luego, explora la memoria sobre el genocidio de la Unión Patriótica en Manizales, desde 1985, y sobre la hegemonía narcopa-ramilitar en Trujillo, Valle, entre 1986 y 1994. Continúa con las movilizaciones de campesinxs cafeterxs en el Tolima, en el primer quinquenio de los años no-venta. De ahí pasa al relato de la expansión paramilitar en Caldas, Putumayo y Caquetá, y a su enfrentamiento con las farc desde 1997. Complementa lo pre-cedente con la reacción de las farc en el Caquetá durante la primera década del siglo xxi. Después, indaga las resonancias del conflicto en la cercana Neiva y en el centro del país, en los casos de Sumapaz y Ciudad Bolívar en Bogotá. Por último, se acerca a las actuales luchas de los nasa por la defender la vida y su identidad en medio de la guerra.

(16)

vida propia y creadora.

En Para vencer el miedo, Canal B, exponemos los marcos teórico e

histó-rico de la pesquisa y presentamos las respuestas de lxs habitantes que revelan una ejemplar capacidad de iniciativa y esperanza. A partir del análisis de los resultados obtenidos, hacemos una propuesta para investigar la comunicación en medio de la guerra.

Las respuestas más creativas y eficaces frente a los propósito de los arma-dos -amedrantar y desunir a los habitantes, controlarles sus espacios y tiem-pos cotidianos, y disponer de sus vidas-, surgieron con mayor frecuencia en lugares donde había memorias de luchas previas, se contaba con identidades establecidas, organizaciones de base o fuertes vínculos vecinales. Al lado de ellas, hubo otras iniciativas debidas a la movilización solidaria de personas u organizaciones externas que propiciaron el asumir duelos y exigir reparación, o acompañaron la apertura de espacios simbólicos y artísticos para reclamar sus desaparecidos o conservar la memoria de lxs ausentes. También hay unas localidades donde el conflicto cercenó tanto las confianzas que los dolientes permanecen sumidos en la perplejidad y aún no deciden qué recordar o para qué hacerlo. Hay otras donde algunos no comparten los rituales de la memoria porque los condenan a vivir de la compasión ajena, a permanecer en estado de minusvalía. Y otras en los que los habitantes utilizaron su situación de víctimas para conseguir alivios que durante años les habían sido negados pero que ter-minaron dividiéndolos más.

En la mayoría de las respuestas ha habido una exploración de los más diversos lenguajes, géneros, medios y oportunidades, para conseguir expresar la dimensión de su dolor pero también el reclamo de dignidad. Este narrar los eventos traumáticos para intentar sanarse, el crear espacios y monumentos que impidan olvidar, y que sirvan para apostar por democracia local, surgieron donde hubo luchas previas por el acceso a tierra, carreteras, créditos, salud, educación, energía. Asimismo, donde hubo organizaciones de base que conso-lidaron identidades y propusieron políticas de la memoria.

Hemos recurrido a presentar los resultados escritos en dos canales, para seguir la propuesta de Orlando Fals Borda en su Historia doble de la Costa, de poner el relato de los habitantes en el canal izquierdo, y la interpretación aca-démica en el canal derecho (y a veces integrándolos), pero –en este caso- ha-ciéndolo en dos textos diferentes y acompañados por el documental El silencio

no perdona, donde hablan habitantes de seis de los municipios investigados.

(17)
(18)

Antioquia Santander

Boyacá

Bogotá Caldas

Huila

Caquetá Guaviare

Meta

(19)
(20)
(21)
(22)

Un testimonio: las vueltas de mi vida

Simeón Pérez. Líder campesino de El Pato

Mi papá era del Cesar y se volvió trabajador de los Ferrocarriles Nacionales en Puerto Wilches, en Puerto Liévano, en Cundinamarca. Él estuvo en un paro de los ferrocarriles que apoyó Jorge Eliécer Gaitán. Y contaba que, en las ne-gociaciones, el sindicato hizo que los patronos les dieran treinta días de trans-porte gratis para ir a buscar empleo a cualquier parte del país. Entonces, mi papá aprovechó y se fue a Puerto Leguízamo, en el Putumayo, donde trabajó en la carretera Puerto Leguízamo-La Tagua. Nos dijo que por allá había mucho mosco; que para comer tocaba meterse en el mosquitero; que había tanto mos-co que a algunos ciudadanos los picaba hasta en la pupila de los ojos.

Mi papá regresó a Neiva, se encontró con unos amigos y decidió venirse para la región de El Pato, por la vía Algeciras-Guacamayas... Y se incorporó, se hizo colono en la zona Pato. Quiero decirles que ahí arrancó la vida estable de mi papá. Ahí se conoció con mi mamá y abrieron una finca que todavía existe en San Vicente del Caguán, en la que vivo. Yo soy de San Vicente del Caguán, en la zona de El Pato, neto patuno, y aquí estoy bien; aunque nos estigmaticen por la violencia.

(23)

robaron y nos convirtieron en esclavos. Vean ustedes, señores, si será justo que cuando uno pierde una contienda, lo sometan como esclavo por más de cien años, quitándole todas las garantías. Entonces, no es solamente ahora que vivimos la violencia, sino que la violencia nos la trajeron los españoles en el Descubrimiento. Y a raíz de todos esos genes que tenemos, seguimos siendo genes de violencia.

Porque, según la historia de Colombia, cuando los conservadores manda-ron cuarenta años, nos sometiemanda-ron a que los liberales no podían existir; y para erradicarlos, crearon una figura que se llamaba la chulavita. Esa descomposi-ción se agrandó con la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, en la época que yo nací, y desde ese tiempo soy desplazado de la violencia, por los mismos gérmenes de violencia que están radicados en nuestros ancestros.

Pero eso no es porque nosotros lo queramos así, sino por los gobernan-tes que siempre han querido vivir desconociendo a su perdedor; siempre han querido someterlo a la fuerza. Y yo considero que mientras existamos en esas desigualdades, no es fácil conseguir la paz.

Entonces, con la muerte de Gaitán, yo apenas estaba nacido, se empezó el desplazamiento y todavía a esta época sigue. La primera vez que nos desplaza-mos de El Pato, lo hicidesplaza-mos por órdenes del teniente Cascante. Él ordenó que nos saliéramos todos los campesinos de El Pato porque él iba a invadir esta zona.

A nosotros nos atropelló esta situación. Un sargento Silva se llevó a mi papá amarrado. Entonces, nos tocó irnos con mi papá y los otros campesinos para la Macarena, refugiados. Allá estuvimos en la fundación del municipio de la Macarena. En ese tiempo había allí un chulavita, que se llamaba Hernando Palma; él traía un avión cada mes con víveres; era un personaje al margen de la ley que manejaba helicópteros, aviones y todo. Allí trabajo mi papá por cinco años.

Después, ya con el cambio de presidente, con la caída de la dictadura de Rojas Pinilla, llegó el proceso democrático de Alberto Lleras Camargo, el cual nos permitió volver a la zona de El Pato; volver a trabajar la finca que habíamos dejado abandonada por cinco años. Nos pusimos a trabajar con la conciencia de que la pérdida de trabajo de cinco años en la finca no era porque hubiéra-mos querido, si no por causas de la incomprensión de los mandatarios con los campesinos y el pueblo; pues, siempre los paganos han sido los campesinos, el pueblo.

(24)

el arroz y todos lo que producíamos, y allí nos sosteníamos, trabajábamos bien. Luego, vino otra de las arremetidas del gobierno y nos tocó salir otra vez des-plazados.

Ahí fue cuando dijeron, en el parlamento, que se estaban formando unas

repúblicas independientes, simplemente porque unos campesinos pensaron que

la paz del país no es pensar lo que piensa el Estado, sino pensar otras propues-tas de conciliación. Dijeron que las repúblicas independientes eran unos si-tios donde no podía entrar la fuerza pública. Pero Marquetalia, Riochiquito, El Pato, Guayabero, El Duda, Alto Sumapaz, eran unos sitios de gente desplazada que se había asentado en esas regiones y se había inspirado en la izquierda para formar un nuevo modelo de vida, donde todos luchábamos por la igualdad del hombre. Por eso nos perseguían.

El Congreso de ese tiempo empujó para que en lugar de mandarnos lo que pedíamos los campesinos -vías que todavía estamos peliando por ellas, asistencia técnica que todavía estamos luchando porque la den-, nos mandaran unos gringos a bombardearnos, al Ejército a asediar las poblaciones para que dejáramos de joder, para que no pidiéramos lo que no se debía de pedir.

Por ese motivo tuvimos el segundo desplazamiento que fue más duro, más aguerrido, ya que la fuerza pública no nos avisó que teníamos que salirnos. Nos llegó de sorpresa. A los campesinos los cogió la Fuerza Pública, a casi todos los jóvenes de mi edad, la Fuerza Pública los mató; y a los otros los pusieron a tra-bajar cargándole el equipo, la remesa, a hacerles trocha, a hacerles campamen-to, hacerles de comer y aguantar calamidades, como las que aguanta un militar que no sabe qué es este trabajo. Ahí acabaron su vida porque los trataban como los españoles a los indígenas, cuando no daban más: los mataban, no volvían a salir. Con ese trato a los pocos campesinos que quedamos nos tocó mandarnos a perder; los otros se fueron a la guerrilla como expresión de rebeldía.

El Ejército quemó las casas, las plataneras, se comieron los marranos; es decir, no pudimos vivir, nos tocó salirnos, emigrar. Nosotros hemos sido con-vencidos de que el cambio debemos de hacerlo políticamente, enseñándole a las personas qué son las injusticias y qué es la justicia; por lo tanto, nunca nos ha gustado enfrentar por la fuerza a nadie, no nos ha gustado enguerrillerar-nos, hacer mal a nuestros semejantes. Nosotros nos quedamos en la vía pací-fica. Nos desplazamos y perdimos todo y dejamos la finca botada por quince años. Tratamos de tirarnos a salir a Leticia, pero no fuimos más allá del río Caquetá con el Caguán. En este desplazamiento salimos golpeados muy duro.

(25)

de La Tagua, y por allí trabajé con mi mujer, con mis hijos. Ya habían nacido ahí los mayores, Israel y Fidel, que ya son profesionales y me acompañan. Lue-go, volvimos a trabajar a un pueblito que se llama Remolinos del Caguán, muy conocido, porque allí se organizó un área de reserva forestal con la Universidad Nacional y la Universidad Incca.

Al principio llegamos sabroso porque se trabajaba con agricultura, gana-dería, marranos, y también organizamos la Junta de Acción Comunal y la mili-tancia en células del Partido Comunista. Eso nos permitió organizar muy bien a la comunidad, nos permitió vivir en sana paz porque no había un ladrón, no había un violador, no había desacuerdo entre la comunidad, ni necesitábamos de policía ni Fuerza Pública para vivir, porque la misma comunidad crea sus mecanismos para conservar su integridad económica, física y moral.

Entonces apareció la coca. Apareció la coca y eso nos trajo ya más descon-trol, porque ya vino gente de otros países, otras ciudades, gente aspirando al dinero, gente con muchos resabios, gente con armas. Eso ya exigía otra dimen-sión de organización. También, en ese mismo escenario aparece la guerrilla en el Caguán, detrás del dinero, porque la guerrilla y las Fuerzas Armadas se mueven y funcionan cuando hay plata; cuando no hay plata, los campesinos apenas tienen economía para ellos vivir, no para darle a nadie.

Ahí vino otra dimensión en el estilo legislativo, porque ya era con el arma. Los dueños de fincas y plantes iban con gente armada; la guerrilla también se movía por todas partes con armas. De todas maneras, el arma –puedo expli-car-, mientras esté en buenas manos, no hace daño al ser humano; ya cuando el arma está en malas manos -en esas personas que no tienen conciencia de estimar al ciudadano-, es cuando comienzan los asesinatos, las desapariciones y los desmanes que conocemos en nuestro país. Pero allí nos organizamos en una figura que se llamó Coordinadora de Juntas de Acción Comunal y se orga-nizó la comunidad y fundamos los pueblos de Remolinos, el Caguán, Camelia, Santafé, Santo Domingo y Peñas Rojas.

(26)

y agrícola. Vivíamos integrados en paz, porque la guerrilla estaba involucrada con la comunidad, lo mismo que los líderes comunitarios.

En eso fue la marcha de El Pato, cuando Turbay Ayala, una de las primeras marchas históricas que se hicieron en Colombia después de la gran marcha de José Antonio Galán, la de los Comuneros. La gente de El Pato salió a Neiva y a San Vicente de Caguán. Por ahí unos amigos tienen el acta que se dio entre el gobierno y algunos campesinos de El Pato en ese entonces.

Ahí se hicieron los acuerdos de volver a las tierras en El Pato y seguir organizados, pero yo me quedé en Cartagena del Chairá, porque por allá con mi familia logramos poner una finquita. Siempre he sido agricultor, he sido ganadero, de negocio de ganado o agricultura pero no de tiendas, porque la tienda es una negocio amarrado a unos precios, un negocio de explotación...

En ese tiempo hubo lo electoral. Es cuando se registró la uno -la Unión Nacional de Oposición-. En Cartagena del Chairá nosotros éramos 113 votos -integramos los comunistas en la uno-, y los liberales eran 600 votos, y 300 los conservadores. Esa votación en Cartagena no se me olvida; como cuando aprendí a leer.

En esta compenetración de comunidad y guerrilla y Estado -como cuando se levantó la reserva forestal-, aparece el proceso de paz de Belisario Betan-cur y la guerrilla de la farc. También aparece el movimiento político de la Unión Patriótica. Luego, se da la primera elección de alcaldes y concejales por voto popular. Los líderes comunales más reconocidos nos presentamos para el Concejo; y sacamos un candidato para la alcaldía de Cartagena por la Unión Patriótica de Rionegro, una inspección de policía, donde principia el tráfico por el río. De ahí salimos los concejales; yo salí como candidato al concejo por la vereda de Santo Domingo y, de Remolinos, salieron otros. De 7 concejales sacamos 6. Después de ser 113 votos –cuando la uno-, alcanzamos como 1.500 votos y los liberales quedaron con 600. Es decir, no porque le hubiéramos ga-nado a los liberales, sino porque penetramos el abstencionismo; porque a los que no les había gustado votar, les presentamos una propuesta política contra el abstencionismo y logramos convencerlos. Entonces, eso fue lo que nos llevó a la Alcaldía y al Concejo.

(27)

puerta pusimos el emblema, el escudo de las tres cordilleras. Administramos bien, pasamos los proyectos; sacamos cien familias para regalarles de a millón de pesos y con esa semilla hicimos el fomento ganadero en Cartagena de Chai-rá y el río Caguán.

Que uno trabajando bien, por el pueblo, se disfruta más adelante; pero si lo hace con el mal, entonces uno aprende y le da el castigo a sus líderes.

Pero este impulso no se queda ahí, como decimos nosotros; porque los que siempre han gobernado -la oligarquía, como la llamó Jorge Eliécer Gaitán- se sintieron muy inconformes con la propuesta política de la Unión Patriótica. Nosotros sacamos 5 senadores, no me acuerdo cuántos concejales, cuántos al-caldes, cuántos diputados en el país. Y, en el Departamento de Caquetá, tuvi-mos 2 alcaldes propios; de los 10 diputados, tuvituvi-mos 4, y un representante a la Cámara. El Caquetá tiene para 2 representantes y nosotros cogimos uno. Tuvi-mos un senador en coalición con un sector del Partido Liberal, que encarnaba a revolucionarios como Jorge Eliécer Gaitán, como hoy en día Piedad Córdoba, un sector progresista. Pero que, como siempre, la oligarquía no los ha dejado surgir porque mataron a Jorge Eliécer Gaitán, mataron al liberal Luis Carlos Galán. Después siguieron con nosotros, con la Unión Patriótica.

Este genocidio muestra de nuevo que la extrema derecha, la oligarquía, no quiere dejar el poder, quiere arraigarse en el poder a las buenas o las malas. Está comprobado: a nosotros nos mataron los cinco senadores, los representantes a la Cámara, los concejales, los alcaldes, hasta que la dirección nacional de la Unión Patriótica decidió recoger todo, que renunciáramos. Ahí en Cartagena del Chairá, nos mataron un concejal, a Gabriel Soto. Los otros renunciamos a cualquier orientación nacional y nos refugiamos porque nos exigían el exilio.

A mí me cogieron. El coronel Grijalba me tuvo ocho días amarrado de patas y manos. Me trataron mal por solo el hecho de que era concejal y era comunista. Pero, en el pueblo, el padre Jacinto Franzoi, el inspector de policía, la Junta y toda la comunidad, sabiendo que yo no era guerrillero, no era bando-lero, era concejal con mi credencial, el padre vino y dijo estas palabras: “No me ha tocado hacerlo sino una vez en la vida, pero si me toca hacerlo dos veces lo hago”, dijo, “sólo una vez me tocó hacerle una maldición a alguien, pero si me toca hacerlo otra vez lo hago por usted”. Por eso me dieron libre.

(28)

los demás, no le interesa la gente, no le interesa lo humano. Nosotros, desde aquí de El Pato, conocimos la explotación, las desigualdades sociales, y por eso quisimos explicarle a la comunidad la diferencia de clases. Esta fue una expe-riencia de vida que nos permitió ganar un espacio, porque cuando llegamos al escenario político, la gente nos respetó.

Como fui gestor de ese proceso, pasé después a la dirección departamental del Caquetá. Por ese trabajo, algunos dijeron que de Remolinos salió un par-tido comunista de los mejores porque nació de la nada, porque no nació de la experiencia que llevábamos de San Vicente o de El Pato. Pero esto es como el evangelio, que llega el que es religioso a una parte y, si habla de religión, pues la gente le entiende; pero con la religión se trata del más allá; en cambio, con el marxismo, la gente entiende mejor lo que sucede, lo que estamos viviendo aquí en la tierra. Por eso uno se vuelve de los que no quiere la oligarquía.

Cuando hay uno de los líderes políticos hablando del marxismo, del leni-nismo, de la desigualad social, lo oyen y, enseguida, lo califican de guerrillero y lo mandan a matar. Por eso, mis consejeros -porque los he tenido- me han dicho que me quede quieto. Pero yo me he imaginado y he creado otras estra-tegias para poder trabajar y para poder vivir con la experiencia que he tenido; para abrirme paso aquí y vivir donde otros no han vivido, y volver a mi tierra, aquí a San Vicente del Caguán, donde no pudimos vivir ninguno de los comu-nistas, porque a los líderes de San Vicente que no mataron, nos tocó irnos.

Ah, sí señor, por ser líderes de El Pato nos vinimos de Remolinos, porque como dije al principio, nosotros creamos allá un grupo asociativo para pro-ducción ganadera y estuvimos trabajando en una finca muy buena, con buena casa, con buenas instalaciones. Pero tocó abandonarlo todo, otra vez, porque a raíz de que el gobierno nos dejó desprotegidos, lo que pasaba con la Unión Patriótica, las peleas de los dirigentes políticos y el Coronel Grijalba, las cosas que decía el cura, decidí entonces salirme de la región.

(29)

estaba muy anciano. Me vine a estarme al lado de él durante sus últimos días. En total: como desplazado me fui y como desplazado volví a la tierra de El Pato. Aquí no era desconocido; todavía era un ciudadano de prestigio y con liderazgo; así que me puse a trabajar como campesino, honestamente. Pero ahí me inscribieron en una lista contra el turbayismo y salí concejal aquí, en San Vicente de Caguán; también salí como presidente de la Asociación de Juntas Comunales que es una de las más grandes del país porque integra a doscientas juntas. Tenía todo el respaldo de la comunidad porque mi trabajo con los líde-res se veía, pero me armaron un montaje. Fue uno de los primeros montajes del gobierno de Samper con los testigos sin rostro. Esos testigos sin rostro, que nunca los conocí ni a su abogado tampoco, me mandaron para la cárcel dos años y medio. Me acusaron de rebelión contra el gobierno de Samper.

Hubo muchos montajes contra los dirigentes políticos y como no nos pu-dieron sacar, nos asediaron encarcelándonos. Yo era consciente de que había piquiña, por eso vivía mi vida. Y, vean ustedes, a los dos años y medio, se hizo la audiencia sólo con el juez, sin abogado, porque así era la justicia sin rostro. En la sentencia, que la leí, decía que Simeón Pérez tiene un triple liderazgo porque fue concejal en Cartagena de Chairá con votación auténtica por dos períodos; vino a San Vicente del Caguán donde llegó a ser concejal, presidente de la Aso-ciación de Juntas de Acción Comunal, y un líder político, por lo que hay que ponerlo en libertad inmediatamente, ya que no tienen ninguna credibilidad las declaraciones de los testigos frente a los testigos de Simeón: el padre, el alcalde, la misma comunidad. Me dieron la libertad y me dijeron qué pena por los dos años y medio en la cárcel.

Y de ahí sigue lo que estamos viviendo ahora. A mí me gusta la escuela de escuchar a la gente, de hablar sobre desigualdad social, porque es nece-sario un cambio en nuestro país; pero, por eso, lo matan o si no lo mandan para la cárcel. Por ejemplo, lo que acaban de hacer en Remolinos con uno de mis maestros, con la mayoría de mis amigos, que fueron condenados porque no comparten las políticas del Estado, porque piensan que este país se puede salvar de otra manera, por la vía del diálogo, por la vía de la comprensión, por la vía del proyecto de desarrollo de la comunidad, y no por la vía del agravio, por la vía del terror, por la vía del sometimiento como nos sometieron cuando éramos esclavos. Quieren seguir conduciendo todo de esa misma forma: a la fuerza, desapareciéndonos del mapa.

(30)

Por eso salí con más ganas de seguir trabajando a diario con la comunidad. Claro que no da mucho económicamente, y el prestigio siempre trae mucha responsabilidad. Me puse a trabajar de nuevo en asuntos de la Junta de Acción Comunal y sacamos buenas garantías para las elecciones, para que la gente saliera a votar. Me fui de una vez para Puerto Betania pero allá la guerrilla nos detuvo quince días porque íbamos hacer campaña política.

Como no había espacio para el proselitismo político me quedé quieto, sin participar en nada político. Me fui para la finca y trabajé con la comunidad por medio de la Junta. Lo que quiero resaltar es que durante el gobierno Pastrana se dio un nuevo respiro en nuestro país, se pudieron manifestar las ideas en un escenario de diálogo para ver cómo sacar a este país del atolladero, cómo salir de la explotación porque la constitución dice que debemos trabajar por la equi-dad, por la convivencia política, por la tolerancia ciudadana. Sin embargo, esa tolerancia está apenas en el papel porque los gobiernos no quieren dar espacio a la oposición.

En el gobierno del doctor Pastrana se dio un poco este aspecto que está en la Constitución. Se dieron las audiencias públicas y ahí vimos tolerancia y con-vivencia. Como ya tenía escuela, empecé a trabajar con despeje o sin despeje. Aquí algunos empezaron a irse porque no querían vivir juntos con la guerrilla; pero yo no, yo quería conocer la guerrilla, abrir campo para la convivencia en este país. Pero el despeje pasó. De esa época quiero resaltar sus bondades aun-que a la fuerza pública no le guste. Aquí, en San Vicente del Caguán, se generó empleo, el comercio creció un 100%, las calles se pavimentaron. Y aunque a la fuerza pública no le guste y no quieran saber nada de la guerrilla, ahí andan por las calles que pavimentaron ellos.

Nosotros anduvimos integrados como en Remolinos del Caguán porque estamos acostumbrados a ser buenos ciudadanos con guerrilla o con Fuerza Pública. Cuando uno es buen ciudadano no necesita de grupos armados para vivir; es la misma honestidad de uno la que hace que no se cometan delitos. Durante la Zona de Despeje no hubo un muerto, no hubo un desaparecido; las autoridades sólo tuvieron que atender riñas peatonales, pero no hubo un desaparecido, ni un muerto, que se le pueda culpar a la guerrilla.

(31)

Aquí no necesitamos provocaciones; por eso le pedimos que para guardarles el respeto, ordene borrar esos letreros a la luz del día”. Ellos entendieron y los borraron. Sirvió eso de borrar los letreros.

Pero las cosas se complicaron entonces. Hubo ganaderos que se pusieron a darle plata a la guerrilla. Tuvimos que hacer una reunión del Comité de Ga-naderos para defender nuestras costumbres, porque aquí si queremos comer pescado, comemos todos los días, estamos acostumbrados a vivir con estas costumbres, pero si nos ponemos a revolverle otras costumbres, fracasamos, nos pasa lo del Urabá. Si nos ponemos unos a darle plata a la guerrilla y otros a los paramilitares, nos vamos es muriendo; mejor es entender cómo vivimos. Ese fue el llamado que le hicimos a los ganaderos de aquí, de San Vicente del Caguán. Por eso aquí vivimos tranquilos, en paz, bien con los ganaderos y sin conflictos con guerrilla.

El Pato siempre se ha distinguido por una ser una región que ha resistido a las políticas injustas y de neoliberalismo siempre ha estado ligado a un cambio, a unas transformaciones que nos lleven a vivir en paz, a vivir diferente a lo que vive el capitalismo, siempre ha querido inspirar una política socialista, y por lo tanto salen con ideas de resistencia contra la oligarquía.

Yo me he considerado como uno de los líderes de reserva. Con otros he-mos asesorado a toda la comunidad. Luego, vino el líder Humberto Moncada, él lideró las marchas campesinas hacia el Huila en los ochenta. Su pensamien-to fue inspirado en los mismos contenidos políticos que tengo yo, que tiene Guillermo, de concebir una sociedad más justa. Ese líder tenía una facilidad de expresión y estaba al frente de la comunidad pero lo mataron en Neiva. Entonces iban matando a todos los líderes. Hoy la gente lo recuerda en la Junta de Acción Comunal, en las veredas, porque fue el líder que trajo a la zona del Pato la historia de cómo habían maltratado y masacrado a los campesinos en Colombia. Los lideres de todo el territorio hoy no dejan olvidar las peticiones que se le hicieron al gobierno en los ochenta y la capacidad de liberar que tenía Humberto Moncada, el espíritu creador que dejó en las zonas de paz.

(32)

comunidades. Nosotros no necesitábamos batallones ni Fuerza Pública; lo que necesitábamos era tecnología. Y eso se lo dijimos al gobierno tiempo después de la marcha de Humberto Moncada, después de las protestas en Remolinos del Caguán.

Pero después ya fue el tiempo de Samper y de Horacio Serpa, que era el ministro de gobierno. Por cierto, él nunca podrá llegar a la presidencia porque se portó tan mal con todos que hasta los liberales que trabajaban en la zona dijeron que Serpa nunca salió a defender a su pueblo, nunca salió a defender a los liberales. Se portó muy mal con los campesinos, los cocaleros, los agricul-tores del Caquetá.

Nosotros, por la parte campesina, hicimos esa gestión de protesta de mo-ver el pueblo y dejar un precedente para que la política tenga en cuenta que el pueblo exige cuando ve amenazados sus intereses. Y si nos toca volverlo a ha-cer y estamos en capacidad de volverlo a haha-cer, cuando hayan las condiciones, lo volveremos a hacer.

(33)
(34)

2. Los efectos de la triple

alianza: narcotraficantes,

paramilitares y miembros de

(35)
(36)

El fracaso de lo imaginado: Gramáticas y texturas

del pasado de las víctimas de la Unión Patriótica en

Manizales, Caldas, desde 1985

José A. Castro, Universidad de Caldas

Mímesis III

Ricoeur Cortázar

Este momento de la mímesis corresponde a la etapa de re-figuración del mundo de la acción, por parte de un oyente o un lector.

Como tal, tiene una función de revelación y transformación: “Lo que se comunica, en última instancia, es, más allá del sentido de la obra, el mundo que proyecta y que constituye su horizonte.

En este sentido, el oyente o el lector lo reciben según su propia capacidad de acogida, que se define también por una situación a la vez limitada y abierta sobre el horizonte del mundo” (148)

Jadeando me quedé frente a ellos; no había necesidad de avanzar más, el juego estaba jugado. De la mujer se veía apenas un hombro y algo de pelo, brutalmente cortado por el cuadro de la imagen; pero de frente estaba el hombre, entreabierta la boca donde veía temblar una lengua negra, y levantaba lentamente las manos, acercándolas al primer plano, un instante aun en perfecto foco, y después todo él un bulto que borraba la isla, el árbol y yo cerré los ojos y no quise mirar más, y me tapé la cara y rompí a llorar como un idiota. Ahora pasa una gran nube blanca, como todos estos días, todo este tiempo incontable. Lo que queda por decir es siempre una nube, dos nubes, o largas horas de cielo perfectamente limpio, rectángulo purísimo clavado con alfileres en la pared de mi cuarto. Fue lo que vi al abrir los ojos y secármelos con los dedos: el cielo limpio, y después una nube que entraba por la izquierda, paseaba lentamente su gracia y se perdía por la derecha. Y luego otra, y a veces en cambio todo se pone gris, todo es una enorme nube, y de pronto restallan las salpicaduras de la lluvia, rato largo se ve llover sobre la imagen, y poco a poco el cuadro se aclara, quizá sale el sol, y otra vez entran las nubes, de a dos, de a tres. Y las palomas a veces y uno que otro gorrión”

(37)

Las gramáticas se superponen y coexisten, habitando simultáneamente un mismo lugar. Las gramáticas son una de las formas en que las víctimas articu-lan las experiencias de un pasado violento y un presente de invisibilidad, las gramáticas son una forma de reconstrucción, son la textura y fisionomía del recuerdo.

Las gramáticas buscan responder la forma en que se articulan las texturas del silencio, del olvido y del recuerdo al reconstruir el pasado de las víctimas de la up, ¿De qué forma se articula esta experiencia de dislocación histórica, fractura y discontinuidad?, ¿Cuáles son los lenguajes, olvidos y recuerdos que atraviesan esta experiencia?, ¿De qué forma surge el intersticio, lo indecible, el silencio y su textura en todo este proceso?, ¿De qué forma se ha naturalizado la muerte en medio de la indiferencia de una ciudad que desconoce el rostro del otro?

Toda memoria, como lo plantea Jelin (2002), es más una reconstrucción que un recuerdo. Una reconstrucción en la que se involucran recuerdos y ol-vidos, narrativas y actos, silencios y gestos. Una reconstrucción donde habitan simultáneamente el pasado y el presente, donde los recuerdos y los olvidos se entrecruzan de manera constante y donde el silencio surge como intersticio y posibilidad.

La reconstrucción del pasado no implica una reconstrucción lineal, im-plica hablar de contornos, posibilidades y limitaciones. Imim-plica hablar simul-táneamente de recuerdos, de olvidos, de silencios. ¿Qué implica referirnos a la memoria en estos términos?, implica reconocer que el pasado es profunda-mente maleable, que lo que deja son huellas (Ricoeur, 2000), cuyos contornos pueden ser invisibilizados, negados y silenciados, como lo plantea Jelin (2002).

Al reconstruir el pasado de las víctimas de la UP sin reproducir el olvido impuesto y el silencio evasivo, ni las micropolíticas particulares en las que se ha constituido el silencio histórico, la invisibilidad y la extracción del testimonio, intento acercarme a la forma en que las víctimas han articulado las experien-cias de un pasado violento y a la forma en que se relacionan las gramáticas del recuerdo, del olvido y el silencio al reconstruir un pasado caracterizado por las tensiones que se presentan entre la voz y el silencio, el reconocimiento históri-co y la invisibilidad.

(38)

Una de estas experiencias se refleja en la entrevista realizada a Walter Cas-taño (2009), cuya experiencia se recorta y concuerda con la de su padre, Rubén Castaño, asesinado el 28 de noviembre de 1985, dos semanas después del lan-zamiento del movimiento en la ciudad.

En Caldas y Manizales el proyecto arranca a finales del 84, pero arranca con un golpe mortal, el asesinato de Rubén en noviembre del 85 y una oleada de asesi-natos ese mismo fin de año en todo el país… el día que matan a mi padre, matan a otros dos o tres importantes dirigentes en Urabá, en el oriente antioqueño y en los Llanos (Castaño, 2009).

Las gramáticas del recuerdo de Walter Castaño, su textura y fisionomía, se recrea entre el lanzamiento de la up y el asesinato de su padre, al igual que el de Luis Alberto Cardona, Libardo Rengifo y Josué Giraldo.

También se recrea y reconstruye a partir de las imágenes de la muerte de su padre, del momento en que asesinan a Gonzalo, su hermano, y a partir del silencio de su madre. Imágenes que se interponen y coexisten en el presente, imágenes de los amigos que estuvieron en el exilio, de las amenazas que recibió constantemente contra su vida.

No obstante, entre los intersticios de las imágenes con las que reconstruye su pasado, se encuentra la necesidad de saber la verdad sobre la muerte de su padre y su hermano. Durante la entrevista, se refirió al deseo que tenía de ha-blar o de escribirle a Ernesto Báez para preguntarle si él sabe algo de la muerte de su padre…

Igualmente Macaco, que está en Estados Unidos, él trabajó fue en el sector de Risaralda, básicamente en Dosquebradas… porque él es de Marsella y en los años ochenta cuando comenzó a delinquir en Dosquebradas, se hacía llamar Javier Montañés… él tiene mucho que ver con los asesinatos de acá… estoy comple-tamente seguro que él tiene que ver con los crímenes que se cometieron en el occidente y también en Chinchiná (Castaño, 2009).

Es la misma necesidad que se encuentra en el relato de María Cardona, al referirse a la muerte de su hermano, Luis Alberto Cardona, asesinado en 1989. Siempre en puntos suspensivos, al igual que el relato de Isaías Gil al recrear la muerte de las víctimas de la up. Surge un indecible, un intersticio que se recrea entre los recuerdos, los olvidos y los silencios.

(39)

de Jaime Jurado en Uruguay, el de Isaías Gil en Ecuador… las llamadas intimi-dantes, las listas, los puntos suspensivos de un pasado que ha sido invisibiliza-do, olvidado y silenciado.

Este es el caso de Jaime Jurado, quien fue amenazado constantemente has-ta que tuvo que salir exiliado. Lo mismo ocurrió con Ramón Castillo, exiliado en Suecia después de varios atentados en Manizales, (uno de los cuales le costó la vida) y con María Cardona, quien estuvo exiliada en Asturias.

Yo recuerdo que a él (Jaime Jurado) lo conocía la gente de afuera, (porque él era una persona muy conocida en Manizales), él era abogado litigante (…) por eso lo buscaba mucha gente, pues él también había sido abogado de muchos sindicatos. Y recuerdo que la gente le daba estampitas, que la virgen de no sé qué… y él, bien ateo, me decía: “pero mirá lo que me da la gente, mirá”; yo era muy amiga de él y lo confortaba diciéndole “bueno, las oraciones de algo tenían que servir y por lo menos la gente estaba pensando en él” y pues eso de alguna manera era una conexión que tenían con él y era muy valioso. Eh, él tuvo que salir ¡ya!, lo amena-zaron a él y al escolta de él y tuvo que irse ¡ya! (Parra, 2009).

De esta manera, sobreviviendo al exilio interno, las amenazas y los atenta-dos, continuar con la propuesta de la up, en medio de un contexto de ruptura y discontinuidad, era un riesgo que muy pocos querían correr...

Es que nos sentimos como huérfanos, quedamos todos desconcertados, sentimos pues que se nos había venido el mundo encima, que esto era un previo aviso y que era muy peligroso militar ahí, y entonces estuvimos como quietos, sin volver ni siquiera a reunirnos, todo el mundo quieto, paralizado, pensando que esto se iba a generalizar a todo el mundo, y lentamente la gente se volvió a contactar, porque es que ahí estaba Gonzalo que era muy entusiasta y él no se dejó amedrentar, y él volvió a reunir su gente, volvió a llamarla ahí, y volvimos a hacer reuniones que las sentíamos en ese momento casi clandestinas (Marín, 2011).

En esta parte de la trama, surge la imagen de Jaime Jurado, de Gonzalo Castaño y de Isaías Gil Henao. Cada uno de ellos continuó la coordinación de la up hasta que las amenazas se hacían insostenibles o la muerte, como forma de invisibilizar y de silenciar era utilizada por los grupos paramilitares y las fuerzas oscuras que ya se encontraban en la ciudad.

(40)

siempre fue presentada como un suicidio, invisibilizando de manera directa los responsables de su asesinato el 19 de julio de 1990.

Sí… Se pegaron de ahí los entes investigativos de Policía y Fiscalía, para asegurar que eso fue un suicidio. Nosotros siempre hemos sostenido que un hombre de ese talante y un revolucionario no se suicida, se hace matar, pero no se suicida, de modo que eso es absurdo. Lo que pasa es que Gonzalo le daba mucha confianza a los escoltas, y resulta que le gustaba mucho el traguito, tomaba y estaba con ellos, y a mí esos tipos siempre me parecieron… nunca me gustaron, por el mero hecho de ser escoltas y del das siempre me inspiraron desconfianza y nosotros no los vimos nunca más, se desaparecieron: A los tipos los sacaron de circulación del medio nuestro, no sé para donde se irían. Y eso nunca lo investigaron más, se quedó con la versión de que había sido un suicidio (Marín, 2011).

Si bien la muerte de Gonzalo Castaño fue invisibilizada al anteponer la versión del suicidio, las otras muertes fueron invisibilizadas de una manera más sutil, como la muerte Marlene Rengifo, hermana de Libardo Rengifo, quien fue asesinada cuando empezó a investigar la muerte de su hermano, ase-sinado el 30 de abril de 1989 en Palestina.

Su historia, al igual que la de su hermano ha sido invisibilizada constan-temente, su pasado se ha diluido entre las diferentes intervenciones que se han hecho para recordarlos, como la que se realizó el 13 de abril de 2011 en Chin-chiná, fecha en la que se conmemoraba el nacimiento de Luis Alberto Cardona. De esta forma, al reconstruir el pasado de las víctimas de la UP surgen simultáneamente los recuerdos y su textura, los silencios y los olvidos. Surgen imágenes y entre ellas los intersticios, que trazan nuevos contornos.

Surge, junto al silencio y sus texturas, junto al espacio entre las palabras, el olvido impuesto, que en lugar de posibilitar nuevos trazos, como lo plantea Jelin (2002) elimina sus contornos. Esta forma de olvido, es impuesta por diferentes actores que elaboran estrategias para ocultar y destruir pruebas y rastros, impi-diendo de esta manera su reconstrucción; por lo tanto, retomando nuevamente a Jelin (2002), es el producto de una voluntad o de una política de olvido y silencio.

(41)

para evitar ser encarcelados o asesinados, optamos por desaparecer los archivos de la Unión Patriótica (Gil, 2011).

De esta manera, desaparece la historia, desaparecen las huellas, desapare-cen los contornos, la historia de la víctima es olvidada, su tiempo desaparece y el pasado se vuelve completamente maleable.

Así, representar el pasado, reconstruirlo a partir de imágenes que ya no existen, de contornos que han sido invisibilizados, es una de las formas en que las víctimas del genocidio contra la up han articulado las experiencias de un pasado violento y un presente de invisibilidad.

En todo este proceso de construcción, como lo plantea Jelin (2002) el olvi-do y el silencio ocupan un lugar central: “toda narrativa del pasaolvi-do implica una selección. La memoria es selectiva; la memoria total es imposible. Esto implica un primer tipo de olvido “necesario” para la sobrevivencia y funcionamiento del sujeto individual y de los grupos y comunidades. Pero no hay un único tipo de olvido, sino una multiplicidad de situaciones en las cuales se manifiestan olvidos y silencios, con diversos usos y sentidos” (Jelin, 2002).

Y es precisamente en este contexto donde emerge el silencio, surge la im-posibilidad de darle sentido al acontecimiento pasado y de interiorizarlo narra-tivamente, en medio de un contexto de aislamiento, fragmentación y silencio.

De esta forma, el mundo del confinamiento solitario, del olvido impuesto y del silencio evasivo, también se convirtió en una forma de articular las ex-periencias del pasado violento. En ese momento entendí que era precisamente este silencio, y las formas y fisionomías que tenía, lo que constituía la textura del recuerdo de las víctimas.

Junto al silencio y su textura, también surge el olvido impuesto y la invi-sibilidad…

(42)

En este momento, toman sentido las reflexiones de Marta Tafalla (2007), en su texto “Violencia y Memoria en Milán Kundera”

Someter a otros no es solo someter sus cuerpos, controlar sus acciones, imponer-les lo que deben decir, sino sobre todo someter su tiempo. El dominio del otro alcanza su éxito completo cuando el tiempo del otro es olvidado, porque eso es lo que permite que la violencia sufrida sea olvidada por la sociedad en el presente y en el futuro, y no llegue a aparecer nunca en la historia oficial. Entonces la historia individual de la víctima desaparece en la nada bajo el relato perdurable del ver-dugo, e incluso la misma víctima deja de ser capaz de narrar y contar su historia. Cuando la memoria de la víctima perece, es como si nada hubiera sucedido. Por ello, la forma extrema del dominio no es explotar al otro, torturarlo o matarlo. Es conseguir que su nombre sea borrado de la historia, nadie lo recuerde ni lo añore, ni él mismo pueda ya recordarse y añorarse a sí mismo (Tafalla, 2007).

¿De qué forma desaparece el tiempo de las víctimas de la up?, ¿Cómo se diseña esa compleja red de no-sitios y no-tiempos que impiden que las vícti-mas se reconozcan en un pasado cuyos contornos están siendo invisibilizados? El asesinato literal, las desapariciones, las amenazas, el universo del con-finamiento solitario, fueron las estrategias de los victimarios para invisibilizar los contornos del pasado de las víctimas de la up.

La prensa juega ahí un papel vital… yo creo que la prensa está en el eje central de todo el proceso de construcción de amnesia, porque los relatos de prensa… todos eran hechos aislados, anécdotas sueltas y en todo se asomaba un ligero intento de justificación… eso lo manejaron los medios muy sutilmente, algunos pues más de frente, y con eso se construyó toda esa idea y la gente… pues aparentemente aceptó y olvidó y pues ya después de tanto bombardeo y de ver tantas cosas in-conexas, sencillamente son muchas casualidades amarradas… (Espinosa, 2011)

Una de estas cosas inconexas, es por ejemplo, la propuesta de Jaime Pardo Leal y Braulio Herrera de realizar un paro cívico con los caficultores y el asesi-nato y desaparición de los integrantes del sindicato de la Federación Nacional de Cafeteros, los asesinatos y exilios constantes (Asturias, Suecia, Uruguay) de los coordinadores y representantes de la up y las condenas por rebelión contra Sergio Díaz y Rubén Darío Patiño por su pasado relacionado con la up y las diferencias que aun sostienen con el establecimiento.

(43)

forma, por ejemplo, de hijos que se niegan al olvido y al silencio y reconstruyen la vida de sus padres, de madres que exigen conocer la verdad frente a lo que pasó con sus familiares, de marchas del silencio, de monumentos, de encuen-tros y desencuenencuen-tros, de lugares físicos y simbólicos, en los que se representa de nuevo el pasado, trazando nuevos contornos, como una forma de enfrentar la invisibilidad, el olvido y el silencio.

Al comprender esto, se puede ver la forma en que cada una de estas expe-riencias concuerda y se recorta. Al reconstruirlas, se puede ver la forma en que los recuerdos, los silencios y los olvidos habitan simultáneamente un mismo lugar… entre las imágenes y los contornos que han sido invisibilizados, surgen intersticios que reconstruyen de nuevo el pasado.

Al mirar hacia atrás, pienso en la forma en que he intentado reconstruir el pasado de las víctimas, haciendo lo posible por no reproducir el olvido im-puesto y la invisibilidad, intentando comprender sus silencios y su textura, de-jando otros intactos…

En este momento pienso en cada instante que pude compartir a su lado, cada recuerdo, cada contorno que se trazaba de nuevo… cada imagen que se reconstruía, cada intersticio, cada encuentro en el que pude estar.

Mi intención nunca ha sido llevar a cabo una reconstrucción lineal, como lo planteaba desde un comienzo, quería reconstruir el pasado de las víctimas de la UP a partir de lo que dicen y lo que callan, a partir de sus recuerdos y sus olvidos, del silencio y sus fisionomías… en medio de esta reconstrucción, la sensibilidad, el rostro del otro y los contornos que han sido invisibilizados, me llevaron a comprender la necesidad de reconstruir a partir de lo indecible, del silencio y de la ausencia.

Cada una de estas muertes debe conectarse con lo estructural y en cierto sentido con lo político, pero en medio de esta relación, que es lo que se debe visibilizar, surgen vidas y existencias avasalladas por la imposibilidad… voces acalladas por el temor y el silencio.

(44)

Impactos del conflicto político militar en la vida

cotidiana de los habitantes de Trujillo, Valle, entre

1990 y 2010

1

Antonio Albarracín, Pontificia Universidad Javeriana, Cali

Este capítulo describe los hitos del conflicto político militar en el municipio de Trujillo, departamento del Valle del Cauca, Colombia, entre los años 1991 y 2007; a la vez, examina sus impactos en la vida cotidiana, y explora las respues-tas que les dieron los habitantes del territorio.

Estos resultados fueron producto del cruce entre el trabajo de campo y los referentes teóricos de la investigación: Conflicto militar, tejidos comuni-cativos y vida cotidiana. El trabajo de campo consistió en una serie de visitas al municipio, en las cuales se realizaron entrevistas y diálogos informales con sus habitantes y se accedió a archivos locales escritos, visuales y audiovisuales. Estas tareas se complementaron con observación de actividades cotidianas y festivas del municipio, y con la revisión documental de informes oficiales y do-cumentos de investigación académica, ubicados en universidades y bibliotecas. Esta revisión de los textos escritos producidos por investigadores y acadé-micos externos a Trujillo, permitió advertir que ellos han ido construyendo un

(45)

análisis del contexto social, económico y político del municipio en el período en estudio.

El material recolectado con fuentes primarias, se convirtió en la infor-mación de base (principalmente las entrevistas), para construir un texto que identifica y describe los hitos e impactos del conflicto político militar desde las miradas de los pobladores, una narrativa oral múltiple y compleja desde el saber y experiencia de los habitantes de la localidad de estudio.

A continuación se presentará, primero, la perspectiva de los investigado-res sociales, describiendo sus análisis e interpretaciones sobre el conflicto polí-tico militar a nivel nacional y local, para luego proponer unas inferencias sobre el impacto de ese conflicto en la vida cotidiana del municipio y las respuestas de los habitantes, con base en dichos análisis e interpretaciones. Segundo, se proponen los hitos del conflicto político militar que se infieren de la narrativa oral de los pobladores, para luego presentar sus impactos en la comunicación y la vida cotidiana, así como respuestas de los habitantes a dicho conflicto. Tercero, se muestran las inferencias producto del cruce, complementariedad o divergencia de las dos miradas construidas. Y cuarto, se señalan algunas con-clusiones generales.

El municipio de Trujillo queda ubicado en la parte noroccidental del de-partamento del Valle del Cauca, Colombia, con una extensión de 221 Km2, su

territorio se establece entre la margen oriental de la cordillera occidental y el margen occidental del río Cauca. Su conformación geográfica contiene una zona plana y otra montañosa, lo que permite diversos cultivos debido a la va-riedad de climas.

Trujillo hace parte de los 42 municipios del departamento del Valle del Cauca, limita al norte con el municipio de Bolívar, al oriente, teniendo como límite el río Cauca, con los municipios de Bugalagrande y Andalucía, al sur con el municipio de Riofrío, y al occidente con el departamento del Chocó. Dista 1.241 Km. de la capital del departamento, Cali.

1. La perspectiva de los investigadores sociales: Narrativa escrita

especializada sobre el conflicto político militar en Trujillo en el

período 1991 - 2007

1.1. Temáticas de las investigaciones

a. Procesos históricos de la violencia en el Valle del Cauca y Trujillo

Figure

TABLA 1. Distribución espacial periferia/centro con la Plaza Principal como centro de referencia.
TABLA 2. Espacios afectivos y conactivos
TABLA 3. Sitios municipales de referencia, en línea de tiempo

Referencias

Documento similar

Entre nosotros anda un escritor de cosas de filología, paisano de Costa, que no deja de tener ingenio y garbo; pero cuyas obras tienen de todo menos de ciencia, y aun

Five-step methodology DEA-based * allows us the decompose the differences in the research output of universities in terms of Intra-field inefficiency (inefficiencies of the

– Seeks to assess the contribution of the different types of capital assets: tangible ICT, tangible non-ICT, intangibles (public and private) and public capital (infrastructures). ·

La organización debe establecer las acciones necesarias para aprovisionarse de los recursos necesarios previstos de acuerdo al resultado de la evaluación de riesgos y el

Amb caràcter general, sens perjudici de les mesures de protecció i seguretat establertes en aquesta Resolució i en els plans sectorials a què fa referència l'apartat 1.2, les

Como norma general, todo el personal auxiliar que participe en el evento: azafatas, fotógrafos, intérpretes, etc, tendrán que poner en práctica las medidas de distanciamiento

Desde esa concepción, el Derecho es considerado como algo que puede ser completamente objetivado y observado sin ningún tipo de parti- cipación (puede ser casi «fotografiado»).

El concepto de soberanía, teóricamente independizado de los problemas de fundamen- tación política, sirvió en la teoría jurídica como instrumento adecuado para explicar el derecho