UNIVERSIDAD A ~ ~ ~ N ~ M ~ M E T R O P O L I T A N A

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(1)

UNIVERSIDAD A ~ ~ ~ N ~ M ~ M E T R O P O L I T A N A

DMSIÓN CIENCIAS

SOCIALES

Y

H U M A N I D A D E S

LETRAS

HISPÁNICAS

SEXUALIDAD

Y PODER EN LOS PERSONAJES DE UNO SONABA QUE

ERA

REY,

DE ENRIQUE SERNA

TESIS QUE PRESENTA EL

ALUMNO

ENRIQUE

MONTAÑEZ ORTIZ

94222385

PARA

LA OBTENCIdN DEL GRADO DE

LICENCIADO EN LETRAS HISPÁNICAS

ASESORES

MARINAMARTÍNEZANDRADRE

SANDRA

LORENZANO

SERGIO

RENÉ

LIRA

CORONADO

(2)

INTRODUCCION

CAPITULO

I

CAPITULO

11

CAPíTULO

Ill

CONCLUSION€S

blBLlOGRAl=íA

3

i3

39

68

81

(3)

Los

narradores del fin d e milenio tienen que lidiar con el impacto de los medios

de comunicación e n las personas que serán sus posibles lectores. E n la década de

los ochenta y subsiguientes, la novela de pretensiones cultas y reflexivas libra una

batalla contra las exigencias de un mercado editorial cada vez más feroz y que

“ofrece a este mismo público una literatura coyuntural y de reflejos emotivos

inmediatos; poco propensa, además, a exigirle a

ese

lector atención intelectual y

análisis críticol’.l

La novela de los setenta, Hugo Hiriart, Guillermo Samperio, Bernardo Ruiz, entre

otros, se encargó de cimentar los motivos y tendencias literarias que se trabajarían

en la década siguiente con mayor solidez. La novela mexicana en los últimos veinte

años, pese a

que

se anunció la muerte mundial de la novela por la aparición del

video y del internet, es de

una

abundancia importante, sus estilos -según Abreu-2

temas y enfoques son de lo más variados y considerables. Novela nacional que

bien supo librar una de las crisis “más certeras de la historia de México:

devaluaciones espectaculares, cracks económicos y financieros, derrumbamiento

del esquema del Partido de Gobierno,

L.

./ y, en los últimos años, crímenes políticos

sin precedentes”.3

1

Gabriel Tmjillo Muiroz. “La narrativa mexicana finisecular”., en La Jornada Semanal(México, D.F.),

Alvaro Ruiz Abreu. “Novela de la crisis y crisis de la novela.”, en Nexos(Méxic0, D.F.), niun 241, p. 183-

Ibid., p. 184. núm.252, p.18-23.

192.

2

(4)

La narrativa contemporánea, entonces, será -en

su

mayoría- una vasija en donde

se mezclarán ambos elementos, el de la crisis económica nacional y el d e la

avanzada tecnológ-ica. El propio Abreu señala que uno de los rasgos más

definitorios de esta literatura es la hibridez en sus géneros, donde se entrelazarán

el ensayo, el reportaje , la crónica, el discurso radial, el televisivo, etc.

Y es allí donde se encuentra a un escritor como Enrique Serna, quien

experimenta justamente con los dos aspectos anteriores definitorios para los

escritores finiseculares. Serna hace suya lapo&tica del radio y la televisión, en Uno

soñaba que era rey particularmente, para llevarla al campo de lo literario, en donde

se encargará de subvertirlo satíricamente para desnudarla de su retórica hueca y

deleznable dejándola en la hipocresía que las caracteriza. También toma como

objeto de su pensar narrativo a la realidad mem’cana, denunciando

sus

diversos

infiernos cotidianos mediante el ejercicio magistral del humor y la ironía para ser

más contundente en sus críticas, m* como de lo grotesco:

‘y..]

creo

que

la imagen -

puntualiza Sema- de una época tan dura como la que s e vive actualmente en

M é x h a parhr de los ochenta, requiere d e un manejo de lo grotesco para acercarse

a la descripción d e la realidad”.4

La obra de Enrique Serna (C. de México 1959) ha venido a cimbrar el medio

literario nacional, no sólo por su indiscutible oficio y calidad como narrador, sino

por la posición deliberadamente polémica que asume fiente a los círculos

intelectuales d e la literatura en México. Con este autor, aparece el “acontecer”

literario como un corpus digno de atención y, sobre todo, de feroz m*tica.

A

Serna, le

interesa mucho desenmascarar todo el transfondo hipócrita que, para él, suele

darse alrededor de la creación literaria, es decir, el ejercicio de la crítica, las

4

(5)

presentaciones

de

obras, lo amañado que resultan las becas para la creación

artistica, etc. Lo anterior es llamado por 61 mismo como la canalla literaria ese

“medio que por lo común hacia el exterior es muy diplomático, muy cortés, donde

siempre hay muchas caravanas de un escritor a otro, pero que e n privado es muy

dado a la maledicencia y a hacer una critica verdaderamente lapidaria”. 5

En esto, precisamente, radica el logro literario de Serna, e s decir, llevar al campo

de la literatura los diversos vicios en que caen los miembros que la detentan en

nuestro país; para ello, recurre a la ironía, a la sátira, al humor, elementos que

maneja con destreza y que lo han llevado a encontrar su propio lugar dentro de las

letras mem’canas d e los últimos diez años; aunque no termina siendo d e l todo

aceptado por la m’tica literaria nacional debido a su cardeter, como ya lo hemos

visto, de dinamitero y desnudador de lo

que

él mismo ha llamado “La República de

las Letras”. Era de esperarse que se ganara la antipatia de no más de un

representante oficial de la cultura nacional.

La temática que aborda Serna, en consecuencia, en cada una de sus novelas y

cuentos (Señorita México (I 995), Uno soñaba que era rey (I 990), Amores de

segunda mano (I 996)) El miedo a los animales (I 995)) y Las caricaturas me hacen

llorar (I 998 -ensayos-) es, fundamentalmente, la denuncia social y la crítica hacia

las instituciones y medios de comunicación

que

rigen, de alguna manera, nuestra

realidad; incluso algunos aventurados periodistas o reseñadores de libros, lo han

llegado a comparar con Balzac y Alejandro Dumas6, en cuanto a que es un

excelente radiógrafo de las costumbres nuestras de cada día,

es

decir, escenarios,

personajes, oficios, y la recreación del lenguaje que según se requiera.

5

6 Eduardo Unomásuno, 7 de noviembre de 1995.

Mejía. “Alejandro Dumas y Serna”, en Revista Mexicana d e Cultura, 25 de febrero de

(6)

Ciertamente, estos temas novelescos d e oitica hacia

l a s

instituciones públicas

como las que se encargan del bienestar social, de la justicia, de la cultura, así

como la de la misma iglesia, no son de nueva aparición en la literatura mem’cana,

lógicamente; de hecho, podemos considerar a Serna como el depositario o

continuador indirecto de las preocupaciones narrativas de algunos autores,

también mem’canos, como Jorge Ibargiiengoitia

o

Rosario Castellanos7, sólo por

mencionar a algunos.

Sin embargo, la intención literaria de Enrique Serna, como lo ha señulado en

varios medios periodísticos, no es la d e retratar personajes que tengan su referente

real inmediato; más bien, le interesan las actitudes de este tipo de personajes,

conductas

que sí

son verijicables en la cotidianidad.

Así, pues, su obra narrativa s e perjila hacia el juego del espejo social, esto es,

que nosotros, como parte de la sociedad contemporánea mexicana, nos veamos a

través de la novela serniana tal cual somos: “Trato, entonces,

de

presentarle un

espejo donde pueda ver /la sociedad] su deformidad. Valle Inclán decía que el

esperpento es mostrarles un espejo cóncavo a las personas, y eso es lo que he tratado de huceY.8 El autor tiene la idea de novela como un a&jicio para

posesionarse de la realidad; la novela para Serna debe mostrar “situaciones

Concretas de la existencia”. En pocas palabras tiene que ser realista y no

I

Es innegable que Serna comparte con Castellanos una especial preocupación por la condición social de la mujer. Aunque no asuma Serna una posición muy clara y abierta de defensa hacia el género femenino, es posible notar que en la mayoría de su creación narrativa aparecen mujeres cuya vida oprimida y frustrada se la deben tanto a hombres comunes como a las instituciones que rigen bajo conceptos masculinos. La denuncia es diáfana, no podremos decir que Serna se propone con esto desarrollar un alegato feminista, pero los hechos están ahí.

8

(7)

costumbrista: “El adjetivo costumbrista me parece peyorativo. Yo diría que mi

novela se insm’be dentro del realismo”.g

En la segunda novela de Enrique S e m , Uno sodaba que era rey (obra espeapea

a tratar), hay una visión panorámica -que no totalizadora- de la sociedad mexicana

de los ochentas; a diferencia de Señorita Mexico en donde se cinc3 a la

problemática social y personal de Selene ex participante de

un

concurso

de

belleza.

La oítica social que ejerce el autor en Uno soñuba que era rey abarca dos

franjas muy marcadas y antagónicas de la realidad nacional: una que es la clase

desprotegida e n donde se desempemn los personajes de Carmen Osuna y su hijo

el Tunas, así como D a m i h Pliego; y la otra es la de la clase pudiente, profesional,

representada por Marcos Valladares, su familia y sus amigos. Ambos sectores del

país son presentados por Serna d e una forma esperpéntica, como el propio autor lo

ha señalado, en donde no distan mucho uno del otro en cuanto a las cualidades

h u m a m negativas que los caracterizan; no obstante sólo dos personajes parecen

salvarse a ese cuadro bizarro: Carmen y el Tunas, un tanto por ser víctimas -hasta

cierto punto- de causas ajenas a ellos, como s e verá en el desarrollo del trabajo, y

otro por ser los únicos que muestran tener una moralidad exenta

de

traiciones que

puedan infnngirse hacia ellos mismos.

Ahora bien, lo que nos proponemos investigar en la creación

de

Enrique Serna es

la relación que tienen los personajes de Uno soñaba que era rey con algunas

instituciones representativas de nuestra realidad nacional: la iglesia, la familia, los

medios de comunicaci&n, entre otras. Dichas instituciones ejercen un claro poder

9 Julio Aplar.

(8)

considerando la óptica de Foucault y -por momentos de Freud- sobre la conducta de

los ya mencionados Carmen Osuna, Damián Pliego, y Jorge Osuna, el Tunas.

Estos personajes están inmersos en una situación económica sumamente dificil y

apremiante. Carmen está a expensas de lo que su marido, primeramente, pueda

darle con trabajos eventuales poco remunerados; después, al ser abandonada por

Jorge -padre

d e l

Tunas-, tiene que trabajar como sirvienta en una cantina de mala

muerte en pos de un salario mísero y grande en vejaciones.

Damián, por su parte, labora w m o boletero en el cine Mariscala. Su vida es

similar a su sueldo: rutinario, inmóvil, resquebrajado. Vive tragándose las

injusticias del sindicalismo corrupto que domina a la empresa donde labora, el cual

no puede darle la casa para

su

madre que tanto anhela, y también se halla en

apuros por no poder cubrir los fitu ros gastos que representará la muerte de su

progenitora.

Jorge Osuna, el Tunas, es producto d e l matrimonio desintegrado: vago,

drogadicto, miembro de una bandita de niños en su misma situación. Limpia

parabrisas en los semáforos, y eventualmente asalta a los transeúntes

despistados de su colonia. E s un niño, sin embargo, nunca ha tenido una auténtica

infancia; las necesidades propias de su marginalidad no le han dado tiempo de

conocerla.

Los tres sujetos narrativos enumerados no tienen una conciencia social que los

haga reflexionar sobre

su

realidad económica. Se analizará si en Damián -como

parece en una primera lectura- hay un poco de inconformidad con respecto a su

condición de clasemediero bajo, o sólo se queda en visos. E n realidad, el asunto no

(9)

El verdadero dramatismo de los tres personajes enumerados no se hulla

en

su

dificultad socioeconómica, sino en el aspecto sexual de cada uno. De hecho son los

iinicos en los que el narrador ahonda profisamente e n su individualidad sexual,

incluso podríamos decir -quid d e la tesis-

que

su problematización en ese rubro de

la conducta humana se sobrepone a su tremendismo social, acarreándoles

verdaderas desgracias y llevándolos hasta el límite de poder considerarlos como

caracteres trágicos.

Las instituciones que ya hemos mencionado juegan un papel importante en

l a s

actitudes sexuales que asumen los personajes tratados; por ello nos detendremos a

analizar de qué manera, tales micropoderes influyen en sus conciencias

normativizando o dominando el accionar personal en ese campo biológico que debe

ser, supuestamente, libre y autónomo, así como identificar qué consecuencias trae

consigo la injerencia de dichos poderes en la vida de Carmen, Damián y el Tunas.

El estudio que procede estará dividido en tres capítulos. E n el primero que lleva

por título: "Carmen Osuna: Entre el pecado y el deseo" se estudiarán las relaciones

de Carmen con las dos figuras masculinas que son determinantes en su vida.

Primeramente se verá la relación religiosa que mantiene con el padre Gervasio, que

hemos identificado como la de un panoptismo espiritual siguiendo los principios

teóricos que sobre esa estructura represora elabora Foucault. También se

analizarán los problemas de conciencia que le trae consigo su vida sexual

conflictuada por el acto de la confesión católica y la moral patriarcal que le es

introyectada en esta relación a Carmen Osuna, y que la afectará en toda su

individualidad.

Después pasaremos a tratar la relación marital de ese personaje con Jorge

(10)

religiosos, y a la serie de irresponsabilidades y conductas agresivas que tiene

Jorge para con Carmen. Así como los rasgos personales de ella que la llevan a la

histeria y a una especie d e prostitución; ambos aspectos, como haremos notar,

terminan llevándola a experimentar un odio delirante hacia su cuerpo.

En el segundo capítulo llamado “Damián Pliego: entre el ser y el deber ser” se

identificará la homosexualidad reprimida del personaje, a qué puede corresponder

y de qué manera se manifiesta; de paso, haremos notar, brevemente, la

repercusión histórica del homosexualismo y el momento justo de su condenación

cultural y social. Asimismo se tocarán los elementos extraños

que

hay en la

relación amorosa de Damián y Carmen, donde nunca hay un deseo fisiw mutuo ni

emocional; también su excesivo apego con su madre, razón familiar por la que

creemos

que

no se atreve a asumir su inclinación sexual, y la implicación que tiene

su represión sexual en la manera e n que silencia a los demonios de la culpa que lo

atormentan una vez que experimenta placer como voyeur de escarceos

homosexuales en su lugar de trabajo.

En lo concerniente a Jorge Osuna hijo, alias el Tunas, escudriñaremos la

frustración sexual que siente por no alcanzar todavía la madurez corporal para

ejercer su sexualidad. Veremos, entonces, la incongruencia que se

du

en 61 siendo

que mentalmente y a se siente apto para practicar las relaciones sexuales, pero a h

no hay respuesta biológica de su cuerpo infantil. Frustración que representa la

mayor preocupación del niño y le será de suma importancia acabar con ella, m

obstante que se enfrenta a condiciones más apremiantes, podríamos pensar, como

lo son

su

precariedad económica y la marginalidad social que le rodea.

La angustia sexual d e l Tunas se ve aumentada por una realidad cargada de

(11)

capitulo, titulado: “Jorge Osuna el Tunas: L a s incongruencias entre desarrollomco

y mentalidad sexual.”, será el d e evidenciar el papel del medio social en el

desarrollo sexual infantil. A su vez, estudiaremos la problemática que tiene el hijo

de Carmen con las figuras paternas que se le van presentando, primero la de su

padre que lo atormenta imaginariamente -en sueños- y después la del amante de

su

madre -Damián-. Figuras que, por supuesto, están estrechamente ligadas con el

orden, la autoridad, la estabilidad, etc.; el Tunas intentará rehuir de ambas al

hacerse creer q u e m creado por sí mismo, reniega violentamente

de

su padre y de

su madre, se dirá que es producto de una uausencia sangrante” y “padre de si

mismo”. Este último punto será tratado desde la perspech’va d e l psidlogo Otto

Rank, sus teorías acerca de la emancipación, de la “voluntad”, etc., que no están

muy alejadas de los deseos d e destruir todo uínculo familiar por parte de Jorge

osuruz.

Y será bajo las teorías de Michel Foucault, principalmente, expresadas

especialmente en Historia de la sexualidad y Microfisica del poder, en que se

desarrollará nuestra investigacibn; consideramos que las teorías vertidas

en

esos

estudios se adecuan perfectamente a los fines por nosotros buscados. Foucault

habla de una diversidad d e micropoderes, entre ellos están la escuela, la familia, el

estado y la iglesia, que coinciden

en

la necesidad d e someter a la sexualidad

humana, desean que ese aspecto sea normatiuizado de acuerdo con principios

socialmente legalizados, econbmicamente rentables y políticamente manipulables.

Por consiguiente, el sexo se convierte en un espectro dominado por una serie

infinita de vigilancias, prohibiciones, reglamentaciones, y patrones de conducta que

(12)

entonces, d e qué manera las instituciones señaladas por Foucault inciden en el

accionar sexual de los personajes elegidos de la narrativa d e Enrique Serna.

Asimismo, Sigmund Freud ”entre otros muchos teóricos de la psicología que

veremos- también reconoce la severa vigilancia social que existe sobre el ejercicio

de la sexualidad; por ello, también nos vemos en la necesidad d e considerar sus

estudios para nuestra tesis. El psicoanalista vienés dice: “No es arriesgado

suponer que bajo el imperio de una moral sexual cultural pueden quedar expuestas

a ciertos daños la salud y la energía vital individuales”. Los ensayos que se

tomarán d e la extensa teoría fieudiana serán La moral sexual <<cultural>> y la

nerviosidad moderna, de la que hemos extraído la cita, y Las perversiones

sexuales. Finalmente, también se empleará material teórico concerniente al estudio

estructural literario, se tomará a Oscar Tacca y Roland Barthes como principales

teóricos de la fenomenolog-ia de los personajes literarios; esto, para no descuidar el

aspecto fundamental d e l estudio que nos proponemos desarrollar; la riqueza y el

interés literario de una obra que comienza a ser importante como la de Enrique

(13)

GfDFlTUlO

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DESEO

(14)

Desde los orígenes del universo narrativo de Enrique Serna, es decir, Sefwrita

México (1995), ya se comienza a entrever una preocupación por la sexualidad de

sus personajes, sexualidad que siempre acarreará dificultades; incluso se

desarrolla una teoría sexual de transgresión y acatamiento respecto a la

normalidad que presupone este ámbito humano, como veremos adelante, que

seguirá a lo largo de casi toda la obra del autor que nos ocupa. Algunos de los

personajes de Serna, generalmente los protagonistas, se distinguen por vivir una

sexualidad llena de conflictos y ciertas veces poco ortodoxa, como ya desde la

novela primera se pone de manifiesto.

Tal es el caso de Selene Sepúlveda, mujer producto del adulterio entre su

madre y su tío paterno, quien sólo consigue el placer sexual pleno con su primo

Muro. Ambos se aman pero saben que su relación es tabú, anormal; y de ahí se

desprenderá la gran tragedia amorosa de la protagonista que la sigue hasta su

muerte; de hecho Selene era consciente de su transgresión sexual gozosa y “sabía

por experiencia que los amores de verdad, las pasiones arrebatadoras, tomaban

un cauce muy distinto al de la melcocha legalizada”.l

Lo anterior será el sendero tortuoso por donde andarán la mayoría de los

personajes de Serna, es decir, el conflicto psicológico y moral de su sexualidad

enfrentada a lo introyectado como “socialmente aceptable”. Los personajes, por

consiguiente, se internarán en un remolino feroz de culpas y remordimientos, en

el cual saldrán siempre derrotados.

Con respecto a la problematización sexual que significa el ajustar el mandato

sexual natural del cuerpo a lo correcto social y moralmente, el propio Enrique

Serna ha escrito: “Según Bataille, el día que desaparezcan las prohibiciones,

(15)

también morirá el erotismo. Probablemente el sexo se volvería un desahogo

mecánico si los escrúpulos y las culpas desaparecieran de la noche a la mañana

por arte de magia.”z

Lo

dicho por Serna ya comienza a perfilarnos directamente hacia los temas que

nos proponemos analizar, es decir, la coerción de las instituciones sociales sobre

la conducta de los personajes seleccionados; además del gozo extraño que

experimentan éstos al ser víctimas de la culpa y el remordimiento que les

imponen ideológicamente esas organizaciones sociales (la iglesia, la familia, los

medios de comunicación, entre otros) que innegablemente son portadores de

poder, en mayor o menor medida, sobre todas las conciencias.

En la historia de Carmen Osuna, uno de los personajes centrales de Uno

soñaba que era rey, hay dos figuras masculinas que tendrán una completa y

decisiva injerencia a lo largo de su vida. Tanto con el padre Gervasio como con

Jorge Osuna, hombre con el que vive, mantiene relaciones sumamente

conflictivas que al final representan su total desgracia moral, fisica y emocional.

Ambas relaciones de la madre del Tunas no son independientes, más bien a

una le corresponde la otra, es decir, la vida conyugal que lleva con Jorge

(específicamente el lado sexual) es la que propiciará el encuentro problemático

con el padre Gervasio. Problemático en el sentido de que Carmen Osuna, por vía

del cura de su pueblo, constantemente se está cuestionando su actividad sexual

de pareja marital. El punto nodal del “desajuste” entre Carmen y el dogma

religioso, representado evidentemente por Gervasio, es el placer; aspecto

puntilloso que le acarrea severos transtornos emocionales al personaje femenino.

(16)

La iglesia, por obra del padre Gervasio, como es históricamente sabido se encarga

de vigilar estrechamente el ejercicio sexual de su grey. Aspecto que a Michel

Foucault le parece totalmente paradójico debido a que, como él mismo declara,

¿Cómo podemos explicarnos que una institución que a lo largo del tiempo se ha

encargado de tratar de anular la sexualidad fuera de un fin reproductivo, sea la

principal promotora de que se hable de ello en su liturgia confesional? “La

pastoral cristiana -apunta Foucault- ha inscrito como deber fundamental llevar

todo lo tocante al sexo al molino sin fin de la palabra”.3

Esa “intromisión” eclesiástica es la que motivará la lucha entre el goce sexual,

que irremediablemente acompaña al acto carnal, y el deber religioso de

reprimirlo. Entre Carmen y el padre Gervasio, se desarrolla un vinculo de

vig-ilante y vigilada, aproximándose este lazo a una especie de “panoptismo

espiritual”. Debemos entender por panoptismo esa creación arquitectónica

carcelaria inventada por Bentham que consistía en:

[...]una construcción en forma de d o ; en el centro, una torre, ésta, con anchas

ventanas que se abren en la cara interior del anillo. La construcción periférica está dividida en celdas, cada una de las cuales atraviesa toda la anchura de la construcción. Tienen dos ventanas, una que da al interior, correspondiente a l a s

ventanas de la torre, y la otra, que da al exterior, permite que la luz atraviese la

celda de una parte a otra.4

El vigilante se sitúa en la torre teniendo un total control de las personas que se

encuentran en las celdas periféricas, esto gracias al efecto de contraluz que

Michel Foucault. Historiade la sexualidad, t. 1, Siglo XXI, México, 1998, p.29.

(17)

sobradamente permite tener bien observados a los reclusos por medio de su

silueta. El control es total, no hay actividad humana de los convictos que el

vigilante no pueda verificar. Foucault piensa que ese tipo de celdas permite

“inducir en el detenido un estado consciente y permanente de visibilidad

(vigilancia) que garantiza el funcionamiento automático del poder”.5

El paralelismo entre la relación de Carmen y el padre Gervasio se sostiene en

cuanto a que el propio Foucault cree que esa maquinaria panóptica se ha

extendido a todas las relaciones humanas, y que todos nosotros somos uno de

sus múltiples engranajes, en donde una de las partes siempre ejerce poder sobre

la otra; por ejemplo, en este caso, iglesia-feligreses.

No se antoja descabellado, por consiguiente, imaginar al sacerdote en la torre

vigía y a Carmen en una de las celdas; no siendo otra la actividad a vigilar sin

compasión, por parte del cura, que la que ya hemos mencionado: su sexualidad.

Dicho sistema panóptico tiene como razón la de introyectar en el recluso un

sistema de vigilancia desmedido, incluso se puede prescindir de la figura del

vigilante y el sujeto seguirá sintiendo su presencia rectora; logrando con esto que

ellos mismos, en su mente, sean los portadores de esa mirada represora

inextinguible.

En Cannen sucede algo análogo. El padre confesor funciona como la imagen

rectora enclavada en su psique, dispuesta a surgir en el momento en que la

madre del Tunas mantiene relaciones sexuales con su marido para no permitirle

que extraiga goce alguno del acto:

[...]Por dentro quería que me tirara (Jorge) y por eso me dejaba jalonear

hasta que nos caíamos al suelo, a un suelo que ardía como si tuviera

(18)

carbones encendidos y yo le gritaba suéltame, nos v a a ver el niño y 11 cree que tú estás muerto, suéltame, pero entre grito y grito más me abrazaba con 11 y entonces se aparecía usted, padre. ¿Yo? Sí, usted, pero no así como se viste, iba de sotana, llevaba una biblia en la mano y me gritaba: Carmen tienes debajo de ti una cama de gusanos, levántate pecadora, levántate perdida, el suelo es una gusanera, el suelo es sucio, el suelo es fango y putrefacción, pero yo no quería levantarme[.

.

.p

Carmen siempre vivirá a la sombra del padre Gervasio, el poder que detenta

sobre su conciencia es demasiado fuerte como para hacerlo a un lado; penetra

todo su cuerpo y llega a modificar su conducta para todos sus días.

El medio histórico para que la iglesia domine la conciencia de sus practicantes

es la confesión. Este sistema medular de la institución cristiana es el principal

medio de represión sobre los instintos naturales de los individuos que profesan

tal religión. El pecado al que más le dedica atención y seguimiento celoso es al de

la carne; la actividad sexual de los feligreses será regulada a través de esta parte

de la liturgia.

Una de las tesis importantes de la obra de Foucault dice que el sexo para poder

ser controlado tuvo que convertirse en discurso:

Este proyecto de una "puesta en discurso" del sexo se había formado hace mucho

tiempo, en una tradición ascética y monktica. ( s i n embargo) El siglo XVII lo

convirtió en una regla para todos. Se dirá que, en realidad, no podia aplicarse sino a una reducidísima élite (...) Pero lo importante, sin duda, es que esa obligación

haya sido fijada a l menos como punto ideal para todo buen cristiano7

Enrique Sema. 1Jno soñaba que era rey, Plaza y Valdés, México, 1990, p.63. Las citas que haré en el desarrollo de este trabajo acerca de esta novela, son de esta edición; de aquí en adelante, dichas citas i d n acompañadas del número de la página entre paréntesis.

(19)

Entonces, el sexo más que estar censurado en los últimos tres siglos, está

codificado mediante un lenguaje “depurado y moralmente aceptable; y en este

sentido la práctica sexual se convierte en “el secreto”, en lo más sagrado, en tabú

social del cual todo mundo conoce, sospecha, aduce, pero del que nadie debe

revelar

,

manifestar o ejercer su práctica en forma escandalosa y pública.

El punto de encuentro entre el Padre Gervasio y Carmen no puede ser otro que

el de la confesión. Por medio de esa comunicación, el sacerdote le transmite toda

una serie de valores morales que siempre se dirigen a la represión del placer

natural del sexo que tiene con su pareja: “Nuestra cultura -dice Freud- descansa

totalmente en la coerción de los instintos”.8

Carmen está atrapada en la irracionalidad de la moral patriarcal que le exige,

no importando a qué costo, disociar el placer de la relación sexual:

Carmen era feliz y estaba en paz con su conciencia. Cumplía en la cama de una

manera indolente y marcial, se resignaba a que Jorge “hiciera uso de ella” como lo

había recomendado el padre Gervasio; con la luz apagada y reprimiendo sus

exclamaciones de placer para no manchar el “sagrado vínculo espiritual que debía

prevalecer siempre sobre la unión de los cuerpos”. (p.68)

Los encuentros que tiene en el confesionario son como los ha teorizado

Foucault, es decir, la utilización del “discurso del placer“ por medio de

“estrategias discursivas”, esta vez por parte del cura, que no hablen directamente

del acto.

El guía espiritual de la madre del Tunas la interroga concienzudamente,

práctica ese juego hipócrita de la moral cristiana que, por una parte, desea

(20)

silenciar y anular todo lo que se refiera a sexo9, y por otra, extraer hasta el más

mínimo detalle del contacto carnal: “[...]no le bastaron (al padre Gervasio)

descripciones eufemísticas de sus pecados; pidió detalles (¿Gozabas más

bocarriba o bocabajo?), aclaraciones (¿Ayudaste a endurecer el miembro viril?),

cifras (¿Cuántas veces recibiste su líquido?)”.lO

Lo anterior, por otra parte, que puede parecer serio y grave, por el hecho de

que puede conflictúar a no más de una persona en la vida real, es tratado por

Enrique Serna con gran dosis de humor (aspecto estilístico de suma importancia

en la obra del autor que por razones de interés teórico para este trabajo no

tocaremos) y que le ayuda a evitar la moralización tendenciosa y absurda o en

“[...]discursos que por su reiterada aparición caerían en lo absurdo e

inverosími1”;ll a la par que le permite sondear actitudes humanas perfectamente

reconocibles.

La moral femenina que pervive hasta nuestros días, perpetuada por lo que

llama Foucault como mimopoderes (la iglesia, la familia, etc.), se basa en el

reforzamiento de conductas de abnegación y sacrificio, así como la de reprimir el

derecho al goce de su sexualidad -como ya lo hemos visto-.

Las instituciones o poderes sociales como mecanismos represivos de los

sujetos a su alcance, por tanto, coinciden en la urgencia de someter la sexualidad

a una normatividad socialmente aceptable y legalizada, de acuerdo con el

contexto históricamente dado.

Es bajo el mandato de un lenguaje depurado -nos dice Foucault- que el sexo ya no puede ser nombrado de manera directa, pero sí es tomado a cargo y acosado, por la iglesia, mediante ese discurso que pretende no dejarle ni oscuridad ni respiro.

10

11 Ibid.,p.69.

(21)

Y a vimos cómo el padre Gervasio se refería a que no se debe experimentar goce

en el c a m p o del sexo para no ensuciar el vinculo espiritual del matrimonio. De

aquí podemos inferir cuál es la función que la sociedad le atribuye a dicha unión,

e s decir, un nulo valor sexual debido a que su fin -obligatoriamente- será el de la

procreación y afianzamiento de bienes materiales. Su valor, por consiguiente, sólo

e s social.12

L a iglesia le impone a la mujer, dentro del matrimonio, la figura de madre

antes que de amante de su pareja sexual y sentimental. L a maternidad es el

Único asidero que debe tener el instinto sexual femenino, más que eso, es el

Único sentido socialmente legítimo y bien visto:

Recordemos, ante todo, que nuestra moral sexual cultural restringe también el comercio sexual aun dentro del matrimonio mismo, obligando a los cónyuges a satisfacerse con un número por lo general muy limitado de concepciones. Por esta circunstancia no existe tampoco en el matrimonio un comercio sexual satisfactorio más que durante algunos años, de los cuales habrá de deducir, además, aquellos periodos en los que la mujer debe ser respetada por razones higiénicas13

Este tipo de sexualidad, en las sociedades capitalistas, e s a lo que Foucault le

llama “maquinaria reglamentada del placer“; es pues, una “tecnología de poder“

que no exclusivamente e s represiva sino que funciona en forma “positiva y

productiva”:

La familia conyugal la confisca [a la sexualidad de fin placentero, digamos]. Y la absorbe por entero en la seriedad de la función reproductora. En torno al sexo, silencio. Dicta la ley la pareja legítima y procreadora. [...I Del hecho mismo parte un principio de explicación: si el sexo es reprimido con tanto rigor, se debe a que

12 13

(22)

es incompatible con una dedicación al trabajo general e intensiva [para el capitalismo]; en la época en que se explotaba sistemáticamente la fuerza de trabajo, ¿Se podía tolerar que fuera a dispersarse en los placeres, salvo aquellos, reducidos a un mínimo, que le permitiesen reproducirse?l4

Todo lo anterior e s precisamente lo que hace mella en la conciencia de Carmen

Osuna; la atormenta constantemente sin respiro. Tal es el poder que el padre

Gervasio, como sinécdoque de la iglesia, cierne sobre s u personalidad que,

incluso, adquiere tintes desquiciantes y grotescos:

“Al

quedar preñada Carmen

pisó el segundo peldaño de la culpa. Había engendrado a espaldas de Dios [es

decir, con u n a participación sexual placentera y activa], llevaba u n soplo de la

tierra metido en el vientre y s u castigo sería parir u n gusano”(p.98).

El conflicto que Carmen experimenta con el ejercicio de su sexualidad e s tan

grave que inclusive trasciende s u condición social también problemática y dificil;

llena de necesidades económicas apremiantes. En u n principio tiene que

sobrevivir con los sueldos que su marido, Jorge Osuna, puede darle producto de

trabajos eventuales y mal remunerados. Una vez que es abandonada por él,

consigue u n trabajo de limpieza en una cantina del centro de la ciudad,

Cervecería Neptuno; el trabajo e s miserable y de múltiples vejaciones “[...]su

trasero fue u n territorio asediado por los pellizcos de la clientela”(p.65). Nunca se

manifiesta en Carmen alguna queja de s u realidad social adversa y marginal; el

personaje carece de conciencia de clase, está más preocupada por evadir las

insinuaciones de los hombres y por s u limpieza espiritual de acuerdo con la

moral impuesta por s u fe; terriblemente aprendida del cura de su pueblo, siempre

vigilante.

14

(23)

El acto confesional entre los dos personajes llega a un punto en que a Carmen

le causa severos daños emocionales. El padre Gervasio no cesa en su ob2igaciÓ.n

de inculcarle a la madre del Tunas, que no sólo en la relación sexual ella no debe

dejarse sentir placer, sino que, también, debe estar encaminada al acto de la

perpetuación de la especie exclusivamente. Esta finalidad sexual religiosa es, sin

duda, la máxima norma dogmática que la Institución eclesiástica, católica en este

caso, les obliga a sus feligreses.

En relación a dicha norma ideológica Freud señala, con mucho sentido común:

"[...]atender el hecho de que el instinto sexual del hombre no tiene

originariamente como fin la reproducción, sino determinadas formas de la

consecución del placer".l5

Carmen se halla en esa encrucijada; entre la culpa y el placer. Por un lado

están las exigencias sexuales de un marido que la desea todas las noches, y por

otro, la figura autoritaria del confesor que ella lleva introducida en su conciencia,

quien le pide continencia.

Este conflicto de los individuos o lastre de culpa y represión sexual, nos dice

Foucaultl6, es resultado de la herencia cultural judeo-cristiana. Aunque esta idea

de que la naturaleza del sexo se dirija exclusivamente a la procreación, para ello

utilizando una serie infinita de vigilancias, prohibiciones, reglamentaciones y

normas de conducta que se impone a los hombres y mujeres desde la infancia, no

es inicialmente un tema cristiano sino estoico. El cristianismo -como señala

Foucault- se vio obligado ha retomarla al querer integrarse a las estructuras

sociales del imperio romano donde se practicaba la filosofía estoica.

15

16 Michel. Foucault. S. Freud. Op.Cit., p.1253.

(24)

Pero ¿También se le impone al hombre esta clase de reglamentación sexual

vista hacia Carmen?

En ningún momento del capítulo dedicado a la historia de Carmen y su

matrimonio notamos que el cura Gervasio le sugiera a ella que le aconseje a

Jorge no tener placer sexual para no condenarse; es más, ni siquiera éste se

somete alguna vez al proceso confesional.

Y es aquí donde aterrizamos en otra de las investigaciones de Michel Foucault;

los problemas de la moral a lo largo de la historia, que será el requisito

indispensable para poder vislumbrar el funcionamiento de la sexualidad, el deseo

y el placer. Categóricamente señala que la moral imperante en cualquier contexto

socio-histórico, nunca se ha dirigido a favor de las mujeres:

Se trata de una moral de hombres: una moral pensada, escrita, y enseñada por hombres y dirigida a los hombres, evidentemente libres. Por consiguiente, moral

viril en la que las mujeres sólo aparecen a título de objetos o cuando mucho de compañeras a las que hay que formar, educar y vigilar, mientras están bajo el

poder propio[.

.

.] 17

Carmen no es libre de ejercer plenamente su sexualidad, recaen sobre ella toda

una serie de valores sexistas patriarcales que terminarán por dominarla e

impedirle su realización como ser humano integro.

La lucha entre las dos Cármenes se da con mucha frecuencia. Una desea

atrincherarse en la pulcritud espiritual que le imponía su creencia religiosa,

entregarse a las solicitaciones venéreas de su marido con la mayor continencia

posible.

(25)

La otra pugna por deshacerse de todo complejo moral a la hora de la práctica

carnal, dudando, así, de toda la verborrea religiosa:

[...]se amaban mansamente sobre la cama, pero en medio de toda esa felicidad iba creciendo la semilla de la lujuria.. .] ahora en el cuerpo de Carmen. ¡Qué ganas

tenía de un revolcón en el suelo! Era justo y necesario, era su deber y salvación revolcarse siempre y en todo lugar pero ¿Cómo decírselo a Jorge? Dando vueltas a ese dilema perdió el sueño y el apetito [...I Una noche de verano, harta de arder a solas, recibió a su marido en pantaletas y mientras le servía la cena ensayó las poses más provocadoras, sin conseguir siquiera un piropo. Se fueron a dormir a

la tediosa cama y al poco tiempo Jorge roncaba. Entonces Carmen cometió la locura de tirarlo a l suelo[ ...I en un movimiento brusco y sorpresivo al que Jorge [...]respondió por acto reflejo con una erección fulminante. (p.70)

Esta parte de la novela es sumamente importante porque e s u n a de las pocas

ocasiones en que Carmen valientemente transgrede la carga ideológica de

pasividad sexual que le confieren la iglesia como institución social de mayor

poder de penetración, aun actualmente, en nuestra sociedad mexicana.

Y esto es precisamente lo que hemos tomado como una de las tesis sexuales

más importantes que desarrolla Serna en s u obra; es decir, el verdadero placer se

encuentra en la transgresión

a lo normal”, a lo sexualmente establecido. Así lo

demuestra el resto de s u creación literaria: la ya mencionada Sefiorita Méxko,

Amores d e segunda manola, en donde en cuentos como “El alimento del artista”,

“La extremaunción”, “La gloria de la repetición”, entre otros, queda demostrado. O

en El miedo a 20s animales19

,

la vida sexual de Maytorena, por ejemplo.

Serna, no sabemos hasta qué punto es consciente de ello al escribir s u obra,

18

I? Enrique Enrique Sema. Amores de segunda mano, Cal y arena, México. 1996.

(26)

desarrolla con lo anterior, lo que Foucault también teoriza: “[...]la represión ha

sido, por cierto, el modo fundamental de relación entre poder, saber y sexualidad,

no es posible liberarse sino a un precio considerable: haría falta nada menos que

una transgresión de las leyes, una anulación de las prohibiciones[ ...]”20

Sin embargo, Carmen es un personaje tan complejo, de acuerdo con la

clasificación literaria que plantea Tacca21 en cuanto a no ser un carácter unívoco,

de una misma linealidad psicológica durante toda la obra, pues una vez

terminado su breve acto de libertad sexual se embrolla en un torrente de

culpabilidad y remordimiento que la abate: “Al despertar Carmen tuvo el primer

conocimiento de lo que para ella sería un fenómeno recurrente: a mayor gozo en

el suelo, mayores eran sus crudas morales[ ...]”(p. 70). De hecho, la mayoría de los

personajes de Serna “a menudo están carcomidos por la culpa, por el desfase

entre sus sentimientos y el medio putrefacto donde se desenvuelven”.22

Carmen, por tanto, obtiene mayor placer al hacerlo en el suelo (suelo como

símbolo de la caída espiritual, de lo infernal; del pecado). Hay una

sobreexcitación al saber que está incurriendo en lo que su confesor tanto ha

intentado prohibirle, es decir, la práctica activa y -sobre todo- placentera de su

sexualidad

.

Casi puede decirse que a mayor control y prohibición en el aspecto

sexual hay mayor incidencia hacia tales represiones sociales; incluso el propio

Foucault lo menciona: “Respecto al sexo [no obstante la inmensa necesidad de

vigilancia y coerción institucional sobre ill, la sociedad más inagotable e

impaciente bien podría ser la nuestran.23

Foucault. Historia de la ... , t. 1, p. 1 O.

Frédenc-Yves Jeannet. “Sarcasmo y compasión de Sema”, en Sábado (México, D.F.) núm.963.

M. Foucault, Historia de ..., t. 1, p.44.

?’ Oscar Tacca. “Los personajes”, en Las voces de la novela, Gredos, Madnd, 1973.

22

(27)

Pero de esa momentánea liberación de prejuicios por parte de Carmen surge

otro nuevo problema. Al dejar de creer que peca, que tiene por fin la tranquilidad

de conciencia requerida por ella para el acto carnal sin culpa, sus relaciones se

enfrian; a Jorge ya no le excita que s u mujer esté libre de conflictos de culpa: “Un

día (Jorge) sorprendió a Carmen levantándose del suelo a la mitad del festin.

<<¿Qué te pasa? ¿Qué tienes?>>. <<Es que ya no te pones dura>>(p.70)

Al confesarle esto al cura casi la excomulga por s u comportamiento sexual, “el

insulto más grande a Dios”; Carmen j u r a no volver a gozar, el miedo al castigo

divino es más poderoso.

Por consiguiente, ella, en esta lucha interna de deseos, no e s capaz de salir

avante; triunfa esa Carmen dominada completamente por el dogma cristiano. Los

personajes de Serna, como ya lo vimos, se atreven a subvertir la reglamentación

institucionalizada de la sexualidad, pero otros la acatan y ahí se cifra s u tragedia

sexual; tal es la suerte de Carmen. Escuchemos a Freud sobre este punto:

Más tarde, cuando la mujer vence ya la demora artificialmente impuesta a su

desarrollo sexual, llega a la cima de su existencia femenina y siente despertar en ella la plena capacidad de a m a r , se encuentra con que las relaciones conyugales se han enfriado hace ya tiempo, y, como premio a su docilidad anterior, le queda la elección entre el deseo insatisfecho, la infidelidad o la neurosis.24

L a manera en que Serna trabaja literariamente la historia de Carmen Osuna es

por demás interesante. El autor siempre busca la recreación de conductas

identificables en la sociedad que retrata; incluso se compara a Serna como u n

nuevo Dumas o u n Balzac de la realidad mexicana.25

24

25 Sigmund Freud. Op.Cit., p. 1258.

(28)

Cierto es que se nota en Serna una profunda preocupación social en su

temática narrativa, pero su reflexión sobre el acontecer social de nuestro país va

más allá de ser una moderna picaresca o un costumbrismo ramplón como lo han

querido simplonamente encasillar algunos reseñistas de sus libros.

Su quehacer literario se acampa en lo común, pero dentro de un realismo

sin cortapisas, sin metáforas edulcoradas, con todo lo grotesco que siempre

resultamos ser en nuestra diario vivir nacional:

El adjetivo costumbrista [-a Serna] me parece peyorativo. Yo diría que mi novela se inscribe dentro del realismo, pero como vivo en un país avergonzado de su realidad, cualquier acercamiento a ella está mal visto por el estubzishment cultural, que en este caso imita a las élites económicas. En las novelas costumbristas sólo hay tipos. Para caracterizar a un personaje, yo no puedo prescindir de lo que en é1 es típico, pero trato de ir más allá.26

La novela, entonces, será el artificio que el autor utiliza para posesionarse de la

realidad, una suerte de “espejo” social que mostrará las situaciones cotidianas lo

más fiel posible; “Serna reivindica para la literatura un valor ante todo práctico,

concreto; vigoriza la práctica literaria con el criterio de un nuevo decir que debe

permanecer en el aquí y en el ahora”.27

El narrador del que hecha mano Serna en Uno sofiaba que era reg, es un

narrador heterodiegético o extradiegético, como señalaría Tacca28, es decir, fiera

de la acción dramática de los personajes. Y esta técnica le sirve, según la teoría

de Tacca, para dramatizar el conflicto entre un individuo y la sociedad, artilugio

26 Julio Aguilar. “La realidad rebasa las fabulaciones m á s absurdas”, entrevista a E. Serna en Sábado (México.

D.F.), núm.948.

27

28 Antonio Marquet. “Enrique Serna y la figura del lector”, en Sábado (México, D.F.), núm. 1022, p.5.

(29)

eficaz que ha sido eficaz a lo largo de la literatura, y que vemos cumplirse en el

asunto entre Carmen y la religión.

El personaje de Serna hasta ahora tratado, Carmen, nos es presentado por ese

narrador heterodiegético por una r&n muy importante. No es capricho literario

del autor el trabajar la novela por medio de ese contador de las acciones, sino que

cumple con la finalidad de obtener la mayor veracidad en la vida de los

personajes. De paso este mismo curúcter , utilizado como técnica o como medio,

le posibilita a Serna la fiscalización de ese complejo social que está tratando y,

desde luego, crearse a raíz de él su muy particular visión de mundo.

Existe un recurso narrativo al que Tacca llama el “doble registro”29, y consiste

en un “verdadero desdoblamiento entre narrador y per-sonaje”, donde &te último

rememora situaciones importantes de su pasado que siempre son

importantísimas para la configuración de su “yo” actual. Sin embargo, este no es

el caso de la novela de Serna, él no lo emplea por la simple razón de que puede

prestarse a ‘intereses oscuros por parte del propio personaje; se pueden

enmascarar u omitir hechos “comprometedores” por los propios sujetos

narrativos: “El conocimiento de uno mismo (trasladándolo a los personajes de

cualquier obra dada) es tan dificil porque, en primer lugar, el hombre, encerrado

en los límites estrechos de su subjetividad, no puede salir de mismo para

juzgarse”.30

Por tal motivo el narrador de Serna no le da la voz a sus personajes para que

cuenten su propio pasado, intentando con ello la tan deseada autonomía del

sujeto narrativo de la obra. Es el sujeto de la enunciación el que nos informa

29

30 Ibid., Ibid, p. 138.

(30)

sobre los años anteriores de los personajes al momento presente de la narración.

Cabe mencionar aquí que el manejo de los tiempos dota de una estructura, a la

obra literaria que nos ocupa, más o menos compleja. Desde luego el recurso

estilístico empleado por Serna no es innovador, pero algo complejo y, sobre

todo, atractivo.

Al

menos en este caso de la historia de la madre del í%nus, los tiempos de la

narración están fragmentados, discurren no de manera lineal y convencional. Se

mezcla el pasado de Carmen con su presente y viceversa. El capítulo dedicado

mayoritariamente a ella, “Gruñidos”, comienza con una analepsis que nos

permitirá entrar de lleno en la situación conflictiva y tensa del cura Gervasio y su

confesora; casi podríamos decir que arranca el capítulo in medias res:

¿Qué

clase de sueño? Explícate hija. Es que me da pena, padre. Habla ya que tengo

mucha gente en la cola. Era Jorge, padre, soñé que se metía en mi

cama[ ...]”(p. 63).

Posteriormente, un párrafo adelante, la narración se sitúa en el presente de la

acción literaria: “ L a húmeda melena del trapeador se arrastraba como un pulpo

entre las mesas de la cervecería Neptuno.”(p.64). Y así durante todo el capítulo

IV, aunque no siempre corre ese mismo orden, también sucede que del presente

se imbrique hacia el pasado.

La

narración, por tanto, no resulta tediosa y exige

una reconstrucción receptora por parte del lector potencial.

Volviendo a lo que Freud planteaba, acerca de los daños irreversibles de las

mujeres después de haber visto sometido su instinto sexual a cualquier clase de

represión fisica o mental, veremos cómo en Carmen (una vez que se imponen

sobre ella, ya totalmente, los dogmas y “consejos” del padre Gervasio) se reflejan

(31)

Así,

una extraña obsesión se observa en Carmen, mientras realiza s u trabajo

en la cervecería. Hay una fijación irracional por mantener el piso del lugar

extremadamente limpio, neurosis que bien puede ser el efecto colateral más

palpable en su personalidad después del influjo ideológico determinante de la

iglesia: “[...]cada mosaico irradiaba un halo de pureza celestial pero Carmen veía

manchas, cientos de manchas pequeñas y necias que la obligaban a pandear

como una pértiga el palo del trapeador.”(p.64). Pareciera que la madre del Tunas

canalizara su idea religiosa de suciedad espiritual al piso, es decir, el piso de la

cantina ensuciado constantemente por los hombres como s u alma manchada -

también por u n individuo masculino- que debe ser, a toda costa, limpiada hasta

la brillantez.

En Carmen, se alberga u n rencor poderoso hacia todo lo que represente sexo

u

hombres. Prácticamente el desmedido trabajo que se impone y s u austeridad

fisica la convierte en un güiñapo humano que ya sólo es capaz de expresar

“gruñidos”:

A veces gruñía porque la proximidad de los hombres, su transpiración y su

insolencia vulneraba la zona más réproba de sí misma.[..

.]

Su lucha por afearse y

avejentarse había sido tan exitosa que nadie recordaba ya la época en que su

trasero fue un territorio asediado por los pellizcas de la clientela.[.

.

.]

L a cara se le

había hecho pétrea de tanto apretar las mandíbulas. [,..]Avergonzada de tener

cuerpo, se enconchaba como un caracol dentro de la bata azul marino que usaba

en horas de trabajo. [...]La constante inclinación de la espalda le había torcido el

cuerpo hacia delante y ella exageraba esa postura como si quisiera besar el suelo.

(p.65, 66).

Tales actitudes de Carmen la aproximan a las características más importantes

(32)

aceptar pasivamente las valoraciones sociales de la masculinidad, en este caso,

las que tienen que ver con la sexualidad, representados aquí -evidentemente- por

el padre Gervasio; en lugar de asumir libremente toda su naturaleza sensual.

Pero más allá de parafrasear a Otto Weininger, atendamos lo que él entiende

como histerismo:

La mujer mediante la educación y el trato, se ha apropiado de todo un sistema de

representaciones y valoraciones que es ajeno a ella, o por mejor decir, ha obedecido mansamente a l a s influencias del hombre; entonces se precisa una

enorme sacudida para que pueda ser desalojado el gran complejo psíquico aferrado fuertemente a su espíritu, y llegue a ser sustituido por ese estado de apatía intelectual, de <<abulia>> característico del histerismo.31

Carmen, como ya lo dijimos, manifiesta una completa repulsión hacia los

hombres y hacia todo lo que implique carnalidad, contacto fisico. Pero eso no es

más que una treta psicológica muy propia de su estado histérico; es decir, ella

quiere hacerse creer que aborrece el acto sexual, aunque en el fondo sabe muy

bien que lo desea, esto como consecuencia -diría Weininger- de su naturaleza

original: “De nada le habían valido penitencias, oraciones y actos de contrición.

Seguía extrañando la dulzura, el vértigo, la turbia calidez de sus noches en el

suelo[ ...]“(p. 66)

Un síntoma más de las mujeres bajo el estado del histerismo es que suelen

dirigir su rabia de insatisfacción sexual hacia mismas. Ya comentamos de qué

manera Carmen atenta contra su cuerpo, reniega de él y Io somete a un régimen

de abstención en todos los niveles. No sólo ya no se permite cuidado personal

alguno: “[...]Carmen parecía la negación del mar, un bloque de tierra próximo a

31

(33)

desmoronarse[ ...]"(p. 66), sino que llega a la anulación sexual de por vida; incluso

cuando conoce y va a vivir con otro hombre, Damian, no existe ni la más mínima

referencia en la novela de contacto fisico entre ambos, aspecto al que nos

referiremos en el capítulo destinado al propio Damian Pliego.

Los problemas de Carmen se ven agravados por la clase de vida que le da su

primera pareja, Jorge Osuna; de hecho el propio narrador lo califica

lapidariamente como el "que sería su marido y torturador"(p.67).

Mientras que Carmen allá en su pueblo y con la ayuda de su confesor lucha

con los demonios de su cuerpo en pos de salvar su alma manchada por el pecado,

su marido se entretiene con otra mujer, la Coralillo, a la que incluso lleva a vivir a

la casa de Carmen. Posteriormente Jorge los abandona, a ella y al hijo de ambos,

desaparece todo un año, tiempo en que Carmen no hace sino extrañarlo y dolerse

de su ingratitud.

El abandono que sufre Carmen provoca que se le agrave el problema de

conciencia que ya venía acarreando desde las confesiones con el padre Gervasio,

es decir, la diaria fluctuación tormentosa de estar entre la maternidad y la

prostitución; línea divisoria que cada vez se le hace más invisible y la sumirá, sin

remedio, en el estigma moral de puta.

Estigma que parece intrínseco a la naturaleza femenina de Carmen, debido a

que jamás vemos que el cura de su pueblo le aseste directa o indirectamente tal

adjetivo. Todo parece indicar que esa división femenina, madre-puta, ya le viene

introducida desde sus primeros años en el inconsciente:

(34)

balance condenatorio de su vida y bajó del camión convencida de que sí era una

puta, y aún peor, puta reincidente, pues había tenido la oportunidad de corregirse

y sin embargo seguía empantanada en los deleites carnales, faltándose el respeto a

si misma y al niño que llevaba en una canasta. ( p.70,7 1)

Justamente, en el personaje de Carmen, se pone de manifiesto el problema

cultural de la división femenina de la que hablábamos anteriormente: si ya se

sabe madre, <Es correcto que goce de la sexualidad sin culpas por no cumplir con

la función reproductora del acto?; de ser así ¿Esto la convierte automáticamente

en una puta?

Y a desde los griegos existían consideraciones morales en torno al “buen

funcionamiento” de la sexualidad dentro del matrimonio. Foucault pone como

prueba de lo anterior el “alegato” atribuido a Demóstenes llamado Contra Neem,

en donde se nos dice que “Las cortesanas existen para el placer; las concubinas,

para los cuidados cotidianos; las esposas, para tener una descendencia legítima y

una fiel guardiana del hogar“. 32

Consecuentemente, a la mujer dentro del matrimonio le está vedada la práctica

sexual que no lleve consigo la finalidad reproductiva; por tanto, el placer del acto

carnal está disociado del matrimonio. La problematización de este hecho se

complica con la llegada de la iglesia cristiana, o la pastoral cristiana para

Foucault, puesto que el matrimonio, a diferencia de como lo percibían los griegos,

tiene como principal regla la de la monogamia. L a situación, entonces, se le

complica también al otro miembro de esa unión sacra porque:

32 M. Foucault. Historia de la.. . .

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