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belleza,reparto de mi drama espiritual y sentimental".La humildad ante las obras de Dios y la solidaridad con el pró-jimo,la afirmación contra los imperialismos,el dominiode la músicadelas palabras, la maravilla de! paisaje y el amor: de aquí brotaron,como incesante manantial, las imágenes de Pellicer.Nunca hubo pose ni histrionismo de mal gusto. Pellicer salvó todos los riesgos -y vaya si se arriesgó. A los veintidós años da a conocer su primer librode poemas: Colo-res enelmaryotros poemas,que es e! principio de un luminoso canto quese enriquecería libro tras libro.Dice OctavioPaz quetodopoetatrae algo nuevo a la poesía; en el caso del Pelli-cer, las grandes novedades son e! sol y e! amor, pero ha-bría que agregar que otro de sus obsequios es la confianza enel mundo,laconfianza,a pesar de todo,en los hombres, queexpresaun homenaje a Dios -iba a decir: un sentido ho-menajea Dios.La crítica lo ha repetido hasta el cansancio:e! sentimiento es una de las piedras angulares de la poesía de Pe-llicer.Sóloen Guillén,en Jorge,por supuesto, he encontrado
,.
una afirmación tan directa y al mismo tiempo tan compleja, tan llena deresonancias:
En medio de ladicha de mi vida
deténgome adecir que el mundo es bueno por ladivina sangre de la herida.
Es una puerta deentrada llena de optimismo que lo ha de llevar adecir después :
¡Elsol! iElsol! ¡El sol!... Detrásdeun arrebol llegóaquel jovensol.
Antesdijeque Pellicerdescubrió la novedad de una patria y de un continente. Lo que más me entusiasma a mí,como lector dePellicer ,es sucapacidad para hacernos novedosoel mundo que nos rodea. El sol,entre lo más antiguo de la creación, provocó la sentencia: "nada hay nuevo bajo el sol" .Y Pellicer se atreve a escribir"e! joven sol".Y e! sol, por lamagia verbal del poeta,se vuelve más luminoso y es recient e.El vuelo aéreo de las imágenes da más encanto al poema. Pellicery Gorostiza adaptan entre nosotros con gran fortunae! empleo de la copla;se ha dicho que la introduc-ción del haikúen la poesía mexicana, por parte de Tablada, iba a ejercer gran influencia en la poesía de Pellicer. Pero hacefalt amatizar esta opinión.De la copla, su música está presente;la composición plástica es herencia del haikú:
y elalba al encender elgran faro del día
Los ejemplospodrían multiplicarse:"Pintadoelcielo enaeul. El marpintadoenarul./ El alma sueltaenarul".Aquí aparece otra característicade su poesía.A la expresión directa,quizás ob-via,Pellicerintroduce un elemento que suscita múltiples lec-turas e interpretaciones. Quisiera destacar las afinidades que se establecenentre Colores enelmar y Canciones paracantar en lasbarcas;no olvido que Reflejos,de Villaurrutia, también participa de las mismas preocupaciones formales; sin em-bargo, entre Pellicer y Gorostiza se establece un punto de contacto más cercano que se encontrará después en Muerte sin fin yHora deJunio.
El segundo libro de Pellicer,publicado apenas tres años después, es saludado elogiosamente por José Vasconcelos. Piedra de sacrificios lleva el subtítulo "poema
iberoamerica-no".Aquí hace por primera vez su aparición e! poeta civil y uno de sus temas más recurrentes:Bollvar,el semidios, no el hombre sino e! mito.Pellicer se adelanta así a Pablo Neruda e impresionado por la'asamblea de montañas'que son los Andes,canta a los ríos y a las montañas,a su insólito paisa-je.El mismo año aparece 6, 7 poemas que incluye el poema "Deseos" al que pertenecen los versos más citados por críti-cos perezosos:
Trópico, para qué me diste las manos llenas de color. Todo lo que yo toque se llenará de color.
Esos versos definen un programa poético y así, por voluntad de muchos,Pellicer será e! poeta de! trópico. Es verdad que cada poeta, por más amplio que sea su registro, por más va-riada que sea la elección de sus temas, siempre estará domi-nado por una constante. Algunas veces son los lectores los que se encargan de señalarla, de pregonarla, de imponerla; otras veces es e! propio poeta el que la expresa como una apostilla, casi siempre en respuesta a quienes le exigen una definición. Surge de este modo el lugar común,sitio para re-correr sin gran esfuerzo, abandonándonos a él, ocultándo-nos en él, haciéndolo responsable de nuestras opiniones. Instaurado así,pocos se molestarán en demolerlo. Ye!lugar común termina por emitir su luz propia:una irradiación que nos oculta otros territorios, algunos trazos insólitos. ¿Acaso hay otro poeta en el que, como en Pellicer,se hayan acumulado con pasmosa frecuencia los mismos adjetivos? Sin duda él mismo contribuyó a crear e! mito del hombre tropical. Viviófascinado por la ferocidad de! trópico y la ma-jestuosidad de los países,rindió culto a los elementos natu-rales y a los grandes espacios;fue antiirnperialista y destacó la figura de Cuauhtémoc. Pero su poesía es algo más. Ga-briel Zaid ha divididoacertadamente la obra de Pellicer en tres etapas.La primera comprende Colores enel mar, 6, 7poe-mas,Horayveintey Camino.Son libros tocados por la gracia, por la espontaneidad,por e! verso rápido y ágil. Todo es ale-gría de vivir, aceptación de los dones, asombro de que el mundo esté bien hecho. La segunda,sobre la que casi nadie se ha detenido, es la del recogimiento, la interrogación y la duda y ocupa sólo tres libros: Hora deJunio, Exágonos y Recin-to.Escritos en la madurez de! poeta,serán los menos citados y, me atrevería a decir, casi los desconocidos. Muchos lecto-res de Pellicer llegari a sentirse incómodos ante la insistencia de los críticos de que el poeta es únicamente sol y mar y tró-pico,y aunque es cierto que sólo brevemente la conciencia y la reflexión hicieron acto de presencia en su poesía, hay que añadir que lo hacen con una intensidad que hace de Hora de Juniouno de los ejemplos más altos y llmpidos de una poesía
que interroga al hombre sobre el amor y su lugar en el mun-do. Por fin,en la tercera de las etapas señaladas por Zaid, Pellicer vuelve sobre su senda, recobraelentusiasmo, se ma-ravilla del mundo y nos entrega uno de sus poemas más vas-tos y memorables, su "Discurso por las flores",y escribe una segunda intención de su "Oda tropical" .
El libro Hora dejunio fue publicado en 1937.No consiste sólo en los sonetos que llevan ese título. Incluye, además, su primera intención de "Esquemas para una oda tropical" y abundantes poemas sobre el mar y el paisaje.Pienso que, en realidad, se trata de dos libros: uno intercalado en el otro y que forman una unidad aparente. Cabría preguntarse por qué e! autor no agrupó los sonetos de tal forma que
d I nlo
Vuelvoa ti,
Sigo la infancia en tu prisión,yelju
que alterna muertesyresurreecicn
de una imagen aotra viveci o.
Claman el viento,el soly el mar delviaj .
Yo devoro mis propios corazon
yjuego con los ojos del pai aje.
En el segundo soneto,eleje centrales la oz,
pero
no del clamor o del tiempodehistoria,sino lasile ipara callar un sentimiento.Dela voz u
toma el amor queesamiga del viento;allíelpoeta
delinútil gozoyla voz es vencida por la d:
Junio me dio la voz,la silenciosa .música de callar unsentimiento.
Junio se lleva ahora como el viento
P I
Junio que no cumpliste el prometido
fruto del sacr ificio, tú caminas
y a lastrein tajornadasavecinas el ave prodig iosa del olvido.
Yo mequedo más soloque tu olvido
en la imagen creciente de tus ruinas.
¡Yo caminara lo que tú caminas!
¡Yo olvida ra el olvidode tu olvido !
Por ti la angustia es llavede la puerta
que no se abrió de noche ni de día.
iAgua de mis imágene s, tan muerta !
¡Noche de la implaca ble poesía !
Por ti la misma sangre, tuya ymía, corre elalma de nadie siempre abierta.
Los centros del siguiente soneto son múltiples. Un cuerpo buscauna somb ra,acaso un cuerpo puedeprescind irde su
corpo reida dcomo la belleza que sin ser poema es poesía ,
que no necesitadelpoem a paraser poesía. Noel cieloceleste ninocturno sinouncielosombrío, territoriode la dudaque lo lleva a interroga rse sobre la inminencia de la muerte.
Aquí surge insólito un lamento.En palabras de amor se va la herm osavida .Hayun destin omás alto que cumplir,
inal-canzable, inabarcable, la rosa mística,el SantoGria l que hace dolorosa la búsqueda.
(Cuálde todas las sombras esla mía? A todo cuer po viene la belleza
y anticipa en losaires la proeza
deser sin el poema poesía.
Junio dos nubes mágicas me fía y ya soyciclo en que la duda empieza. ¿Apoyaré tan pronto la ca beza
en la mano profunda que aún noes mía ?
En pala brasde amor se vala hermosa
vidajunto a la espina y a la rosa
tan alta siemp re que cuando la hallamos
antes sangran losdedo s con la espina ; y la rosa en la altura de sus ramos ya es otra rosa que se indetermina.
Ocup émonos aho ra del siguiente soneto.El tema:el cora-, zón, símil delsent imiento, pas ividad de la piedra del río. En la reflexiónquees momentocontemplativohayun elemento
dinámi co:algocobra movimiento , el río se agita.Y la no
ve-dad de la image n no tiene el tono de una plenitud sino del
claroscuro,de lo sombrío:
Era mi coraz ón piedra de río
que sin saber por qué daba el remanso ,
era el niño del agua, era el descan so
de hojas y nubes ybrillante frío.
Alguienalgo movió, yse alzó el río. iLástima de aq uel hondo siempre manso!
y la piedra lavada y el remanso
liáronse en sombras de esplendor sombrío.
Para mirarel cielo,qué trabajos ruedan los ojos turbios,siempre bajos.
¿Serán estrellas o huellas de estrellas?
Era mi corazón piedra de río, una piedra de río, una de aquellas cosas de un imposibletuyo y mío.
En la pieza siguien te, el poeta nos sumerge en un mot i-vante juego de palabras:el día y la palabra son palomas. Aquí el roce con los elementos naturales no produce gozo. Y nos inquieta la convicción del poeta cuando dice: "si algo hay en mí que valga es la amargura".El agua revierte la densidad del verso,otravez profunda yterr ible. Profunda,
porque lo que expresa cala hondo; inquieta, conduce a lai n-terrogación sobre la validez del ser.Terrible porque el agua gloriosamente oscurecida se abre como un abismo:
En palabras de amor -paloma el día-pone y quita palabras palomares y las pequeñas brisas por los mares viajancon una angustia de alegría.
Riesgo de llamarada que se enfría,
luz que falta en los cuellos a collares,
perdición en los súbitos azares dicha de una virtud que no existía.
Si algo hayen mí que valga es la amargura
de un desdeñado vaso de dulzura que una noche lluviosaestá secando.
Ha de quedar el agua sin virtudes agobiada de horribles juventudes,
gloriosamente oscura,recordando.
La angustia existencial se repite más honda en el próximo soneto.Soy yo,pero esta plenitud no se basta a sí misma. Los místicos hallan en la substancia divinaelmolde que al fin los contiene.Si los sonetos están recorridos por una sutil carga mística ,en éste la chispa se hace incendio :
¿Por qué siya estoylleno de mí mismo quiero de tila brisa,el agua, todo tu ser en mí,profundo,de ta l modo que yo sea el abismo de tu abismo?
Gloria será de mágico cinismo
ir a tus cielos desde el noble lodo. Jerarquía : tu codo con mi codo,
encontrarte ydecir : tú eres yo mismo.
I
Fuerza y fusión en que el amor se ahonda y baja al seno de mayor altura.
Arriba pisa el pie vidas de onda
y abajo,en lo más alto,se enriquece la unidad de los dos en la figura de un árbol submarinoque florece.
De súbito, en el soneto que sigue, el hombre se recobra,
mirahacia dentroyla profundidadlo asombra: la búsqueda de sí mismo encontró la desolación,pero luego de la purifi
-cación que significó interrogarse mira al mundo con ojos
.más puros.Y esetú que nombrael poeta e Di ylaroa n i-licencia de sus obras:
Esta noche misojosno se cierran,
esta noche me enciendo como el día,
toda la noche esrío de alegria, toda la nochetusnoches encierran.
Déjame ser el blanco en que no yerran
las manos habitua lesde tu gufa;
óyeme sin mirarme eneste dfa
en que cien noches sobre mf secierran.
Tú eres la inmensidad, el imposible
amor, el dulceamor,amor terrible, la distancia constante de mf mismo.
y quieroestar en ti,quiero ese vi~e de infinidad,igual a su hero lsmo de ser la luz,la nube y el p is[e,
e mundo:
En un cielo de junio laescondida noche te hace temblar pálido y fuerte; el abismo creciópor conocerte
.robando al riesgo su sorpresa.henchida,
Hiérerne así, dejándome en la herida.
La sangre que no cuaja ni lamuert e
-la llaga con la sangre de la vida- . ¡Cuá nto tar das 111, ca a 1j
Veo y busco tu ( z d m nt
Nivelé elcorazón 1 horizonte
y está en mi manocu 1 un m n
Si de tanto mira r lo qu n miro
cayera de mis ojo 1 bell
como la hoja del árbo l - u piro - .
y la llevaranelviento y la bris con talcuidado que tod tri teza
fuera sólo un comienzo de onri a.
El amor que lo preside todo ab
rcá
vid ymu rtta puede decir que no otro ,quecrea m p raI
bién enarbolamos los pabellones de la muerte.
muerteelamor da testimonio con resonanc' . ti
qufvocas.En el principio el mundo es b nopo I
sangre de la herida.Enesta pieza esel lustral
vida:
Amor así, tan cerca de lavida, amor así,tan cerca de la muerte.
Junto a la estrella de la buena suene