Crítica de la razón corrupta (Tema central)

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ECUADOR

DEBATE

Quito-cuador, diciembre de 14

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Coyuntura Intenacional: esequilibrios intenacionales profundiados a cincuenta años del FMI. 1 6-19

Coyuntura Nacional: Para un balance del ajuste. 1 20-33

Reforma constitucional y consolidación olítica del ajuste. 1 34-43 EQUIPO DE COYUNTURA, "CAAP"

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: > Crítica de la razón conupta. 1 6-63

JOSE SANCHZ PARGA

Adiós Señor Presidente: Anlisis del prceso olítico de la renuncia de Collor de Mello. 1 4-85

EUMAR PINHEIRO O NASCIMENTO a conución, parte vital de la economía. 1 86-9 MILTON MAYA

Conución: Una agenda necesaria impuesta a los medios or la teología neolieral. 1 10-107

SIMON ESPINOSA

a macondiana legalidad del conrol. 1 18-124 VICENTE SALZAR PINO

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Políticas agrarias en los países ricos: sus efectos en el mercado intenacional y en las economís obres. 1 130-142

LUIS J. PAZ SILVA

Políticas frente a la mujer como prductora de alimentos en el cuador. 1 143-151 ROSA JORDAN

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MICHL VAN ARDE

a vida escandalosa de Daniel Santos. 1 159-16 HERNAN IBARRA

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CRITICA DE LA RAZON CORRUPTA

José Sánchez Parga

Es la reación con las cosas, el volumen de riqueza y la propiedad lo que condicio­ na la relación con ls persons. Tal contexto coniere a cualquier activiad de corrupción no sólo un alto grado de impunidad ante el juicio de la ética, sino también la mejor coartada con la compliciad entre una opinión pública y los actores y sectores corruptos.

PREAMBULOS EXPLICATIVS Y PARAOJAS DE LA CORRUPCION

L

a extensión del fenómeno y sus antiguas raices históricas parcen hacer de él algo inherente al ejercicio del der, lo cual obliga a interrogarse si es osible hacer olítica sin ensuciarse las manos. Y de ahí la paradoja de una suerte de acepta­ ción latente de la coución; legitima­ ción que cexistiría con profundos sen­ timientos de su reprobación sial. De esta manera el ciudadano mantiene el der de los olíticos sosechosos o cul­ pables de coución con a cierta y tácita complicidad simólica.

Esto explia que n tdos los países y regímenes la corrución quede co reprimida, sea endémica en tdos los ni­ veles olíticos-administrativos, a esar

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de sus bienes concidos efectos erver­ sos: fraudes fiscales y desfalcos al teso­ ro público, desvíos de fondos, trico de inluencias, neotismos, degradación de los servicios públicos y del civismo.

Ante la corrución surgen las pre­ guntas del or qué y del cómo y para qué, y tdas sus osibles definiciones, ya sea en relación al derecho y a la le­ galidad, ya sea sciológicamente en re­ ferencia a los valores y nomas scio culturales, ya sea olíticamente en cuan­ to a fomas de ejerciio del der o res­ ecto a determinados comortamientos olíticos (clientelismo).

Explicaci6n funcionalista

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scidad, les omo lubriar los engra­ najes de las elaciones sciales, econó­ micas y olíicas; prducir un efecto re­ distributivo entre sectores siales; ade­ más ctuaría como un sustitutivo fun­ cional de la participaión directa en el der, y mienras que or a pate ci­ mienta las élites y los partidos, or otra condiciona las mismas eiacias del o­ der.

a red o sistema de relaciones en y conlosaparatosolítico-administrativos, otorga otencialmente coruptores un medio de reapropiación de der or parte de aquellos que se encuenran des­ provistos de él, o de quienes ambicio­ nan mayor der. a "red" de relacio­ nes llega a consituir así un capital acu­ mulativo, que asegura ventajas a quie­ nes ya disonen de bases de aoyo; re­ conforta y recomensa las desigualda­ des del pder, sirviéndose de él, aunque sea colcndose en los límites de la le­ giimidad y la leglidad. Adicionlmen­ te, las "redes" de relaciones articulan la sciedad civil al mundo olítico-admi­ nistrativo, y vinculan vericalmente ni­ veles de der y niveles de riqueza. l clientelismo y la maquinaria olítica son sus expresiones particulares, funcionan­ do como un sistema de intercmbios in­ mdiatos o diferidos.

a corruin olítica es una forma esecíia de cácter secreto, de una red nacional; esta sí osee sus visibilidades esecífias. l secreto ermite desviar arbitraiamne el monoolio e la vio­ lencia legítima ligada al der, en pro­ vecho de intereses cuya satisfcción hu­ biea io blqua sin tal intervención;

y según la aeptación de Durbeim la coución sera "normal", ya que ga­ rania un juego '1ibre", necesario para el buen funionamieno de la sciedad.

n referencia conreta, y como ejem­ plo, en un stado tan entralista y es­ tucturalmente ineiciente como el ecua­ toriano, sólo los clientelismos, las coi­ mas, los desvíos de fondos y otras for­ mas de coruión ermitirían la ejecu­ ción de no cas olítias públicas y programas, y una lieralización de zo­ nas y sectores para el eficaz juego olí­ tico.

Se puede muy bien objetar que esta 'justiicación funcional" de la corrup­ ción confunde las "necesidades del sis­ tema" con los intereses privados y de algunos gruos. n efecto, situa en un mismo plano la nción abstracta de sis­ tema scial y los intereses concretos en favor de tal o cual decisión, ero ignora la estratiicación scioolítia y las di­ ferencias de der entre los actores, al­ gunos de los cuales pueden 'jugar" en el sistema y otros no.

a orrución olítica tendría ade­ más otra función imortante: redistribuir los recursos públicos or vías paralelas acesibles a sectores excluidos ero vin­ culados al esquema del der: orcenta­ jes oiciosos de los mercados y nego­ cios públicos sirven para inanciar los partidos y las ampañas electorales; nu­ meosos negcios nacionales e intea­ cionales se pactan y aseguran a gole de coución en complicidad con el fis­ co.

&ta función de rdstribuci6n pa­

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que las sumas en juego resultan consi­ derables or la dición de miles de e­ queñs fugas a tdos los niveles.

a interpretación de la coución como "sustitutivo funcional" de la par­ ticipación directa en el der considera que quienes están apartados del der conseguirán or esa vía, un acceso a re­ cursos prohibidos.

Enfque relacional

La corrución se basa sobre una es­ tuctura relacional asimétrica a causa de las desiguales osiciones de los diferen­ tes sectores económicos y olíticos. La asimetría ermite negciar el poder, abu­ sar de él para obtener un eneficio. n

el proceso de corrución olítica quien disone de la "cosa públia" (fondos, decisiones, informaciones, autoriacio­ nes ... ) está en osición de fuerza, aun cuando sea la contraparte quien aparece como "corruptor" activo y visible.

l enfque funcionalista y relacio­ nal no consideran más que a los actores que se eneician de la corrución: los corruptores y corrompidos; ero no tie­ nen en cuenta un actor esencial y deci­ sivo: la víctima. Aunque por difusa no aparezca a primera vista, el análisis de la corrupción dee buscr la víctima ol­ vidada o erdida.

Cae emezar preguntándose si el hecho de obtener algo mejor y más rá­ pido or prcedimientos desviados, dis­ ensa de reformr las rigideces y defor­ maciones del sistma, o bien si éstas son precisamente mantenidas como una fuente de ventajas discretas ó secretas

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y selectivas. eir obstáculos a gol­ e de oución, eneicia a aquellos que ya disonen de una ierta capaci­ dad relaional, que les ermite "enchu­ farse" en el circuito o subsistema de la corrución, para obtener un contrato, un puesto, una decisión o autoriación ven­ tajosas. as redes de la corrupción o­ seen sus eneiciarios y sus excluidos, y la solidaridad que reforzaría, se res­ tringe a determinadas conexiones.

La corrución se presenta al mismo tiemo como un impuesto paralelo, que contribuye a engorr los flujos mone­ tarios, que transitan por el Estado, a costa de la sciedad civil, de los contribuyen­ tes, de los consumidores de servicios pú­ blicos. De ahí que el actor de la corrup­ ción sea al mismo tiemo una de las víctimas en tanto que corruptor contri­ buyente; y que las redes de corrución se inserten en los lujos de bienes, de servicios y de dinero que circulan entre el sector público y el sector privado de la sciedad civil.

Por ser esencialmente discretas ó se­ cretas estas redes de corrución, la úni­ ca manera de contrarrestarlas es comen­ zar provcando la visibilidad del siste­ ma. Y en esta empresa de hacer público un sistema corrupto naa más eicaz en las sciedades mdenas que el trabajo de la prensa. Aun cuando frecuentemen­ te, la revelación de negcios corruptos resonda menos a un objeivo de sanea­ miento público que a la finalidad de des­ truir a un adversrio olítico.

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sus osibilidades de desarrollar un e­ ridismo investigativo; b) las caracte­ rísticas de la clase olítica más o menos estable, instalada en el der, profesio­ nalmente y distanciada de la siedad civil; e) la separación de deres del Estado ermite el juego de los contra­ deres de las élites; d) la mayor o me­ nos deendencia del der judicial res­ ecto del olítico.

Anomía y contradicción de normas

Según el análisis estuctural, consis­ tente en aordar un conjunto de relacio­ nes sciales más o menos contradicto­ rias o complementarias, y en disceir los intereses y estrategias de las fueras impliadas, la corución olíica apa­ rece como un exonente de tda la com­ plejidad de la estructura scial, y de las normas de los diversos gruos que la comnen.

Esta nción de osición estructural conduce a algunos autores (Heidenhei­ mer, Political Corruption, New York,

1970) a prooner una tiología de la co­ rrución: la negra suscita una severa re­ probación tnto de las élites olíticas como del conjunto de los ciudadanos; la blanca, la cual consiste en sortear las prohibiciones y ontravenciones, y que prova una indulgencia ampliamente compartida; la grs, en cambio, suscita reaccioneconradictorias reprobaciones y tolerancias, enre los ciudadanos y las élites.

Esto obliga a replantear la cuestión de fondo: ¿or qué la corrución es l mismoiemoreprobada y tolerda? ¿e

dónde le viene este carácter contradic­ torio de converirse en un signo de ano­ mía y desafío a las normas, a la vez que ejerce un efcto constringente y noma­ tivo?

Por un efecto de engranaje, el actor se encuenra atrapado en el sistema, y no puede evadirse sin una enaliación exesiva. n seguida, el contagio crea un ulterior efecto de espiral, y el engra­ naje se generalia. Por ejemplo, el em­ presario que no "coima" pronto se verá condenado a quedarse sin ofertas, las cuales serán dirigidas hacia otros cole­ gas y concurrentes menos rigoistas. Y lo mismo cure con el partido olítico que se contenta con las cotizaciones de sus aftliados y rechaa los recursos no oficiales de finaniamiento. e esta ma­ nera la corrución se imone como "he­ cho scial" a los actores, y se institucio­ nalia, ervirtiendo el mismo sistema. De ahí la paradoja que un hecho scial como la coución sea a la vez ilegal y constriñente or su doble efecto de en­ granaje y espiral. Estas paradojas clari­ fian la hiótesis, si no la teoría, de la

doble structura normativa en la que

se inserta la corrución.

Explicación estructuralista

l sistema cultural de tdo gruo so­ cial comprende esta doble estructura nor­ mativa, compuesta de dos órdenes de interacción más o menos segmentados ó disciados enre sí: el orden simólico y el orden estratégico.

La structura normativa en su d­

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visión idealiada y óptima que la scie­

dad se e de sí misma. s este mito

scial" lo que se encuentra cdiicado en la constitución y leyes o reglas del gruo; y or nalogía on los conceptos de "suer-ego" o "ideal del yo" del psi­ conálisis, esta dimensión normativa se­ ría relativa al "suer-gruo" o "suer­ ego" colectivo.

n cambio, la estructura normati­

va es su dimensión oeracional regula

las prácicas concretas de los actores confrontados con la realidad scial, on sus exigencias y las estrategias de los otros actores. Dicha nomaividad estra­

tégica se constituye en función del prin­

cipio de realidad, y omprende las re­ glas del juego efectivamente aplicadas, los cdigos implícitos y las tácicas acep­ tadas, aun cuando el gruo sial tienda a ignorarlas, y evita tomar conciencia de ellas a in de proteger su propio ideal de sí mismo, su "suer-ego" colectivo.

Amos órdenes normativos interac­

tún de muchas maneras. n unos casos

la dimensión simólica culta la ali­

dad or un efecto de camuflaje; l efecto

de ilusión óptica aumentría tdavía más la distancia entre la norma idel y la norma estratégica, provcando una suer­

te de esquizofrenia scial. n otros ca­

sos las dos órdenes actúan el uno sobre el otro or un ajustamiento, que se tra­ duce tanto or una rápida evolución del erecho, si este se encuentra demasia­ do desfasado de las prácticas, como or un conrol scial difuso o estáico, cuan­ do los comortamientos se desvían ex­ cesivamente de la normatividad idal.

0

a frontera entre la nomatividad

simólica y la normatividad oeracio­

nal es a distancia más o menos fluc­

tunte según los gruos, sectores y cul­

turas sciales. a distancia es ancha si

la estructura normativa está muy diso­ ciada; y es estrecha, cuando las dos di­ mensiones tienden a acercarse y fundir­ se.

Tal frontera, sin embrgo, no resulta la isma para los simples ciudadanos y

para las élites. Tnto Platón La Repú­

blica, III 389) como Maquiavelo El

Príncie, 11) sostienen que los goer­

nantes tienen el privilegio y a veces el deer de mentir a los ciudadanos. Se­ gún esto, los goenantes se encontra­ rín investidos del deer de aplicar de­ terminados prcedimientos tácticos a fin de realizar los objetivos del gruo so­ cial y mantener su identidad, preservan­ do otro cdigo ideal y disciado del oe­ racional. las desviaciones resecto de la nomatividad simólica no son san­ cionadas y castigadas, a no ser que sien­ do reveladas públicamente provquen una reacción de indignación coleciva; de lo contrario, serán aceptadas como parte de un mdo oeracional de go­ bieno.

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la dimensión simólica de la normativi­ dad. Por ora rte, una enseñana del erecho y una discursividad ética, se­ paradas de las realidades siológicas y olítias, y de las ciencias sciales, con­

tribuyen a mantener una normaividad ideal disciada de las prácicas reales.

Etica estratgica de las clases domi­ nants

a ética práctica es compartida pre­ ferentemente or las élites económicas y olíico-administrativas, que hacen de ella su ideología dominante; y la adhe­ sión a los cdigos de esta normatividad oeracional aparece como un signo de lealtad y de solidaridad entre ellas. Sus corolarios son: a) gratiiaciones para los miembros de las redes; b) una creciente distancia entre las élites y los ciudada­ nos, ya que las técnicas de compromiso terminan or convertirse en una norma del gruo, que al mismo tiemo que lo cimienta se eleva como una barrera que restringe su aceso; e) una culpabilidad inconsciente y difusa se cristalia a ve­ ces en chivos expiatorios, que pagarán con su ersona la corrución de tdo el sistema; d) una ley del silencio compar­ tida or tdos, y necesaria pra preser­ var dicho sistema.

a ética utilitarista de la corrución puede incluir prácticas ilegales, que se sitúan en los lmites de la legitimidad con coerturas o apariencias legales y camuflajes justifiativos. Por lo general están relacionadas con actividades er­ fectamente justiicables o resetables (li­ citaiones públias, construcciones,

pro-yectos industriales ó programas scia­ les), y no tanto con actividades ilegales (droga, tráico de divisas o armas, ro­ os). a oución olítia se insea en las actividades públicas y normales, de las que sólo las prácicas insertadas, se encontrarán sometidas a la ley del silencio.

Esto plantea la cuestión sobre si se trata de corrupción o de anomía. r­ kheim deine la anomía como una au­ sencia de normas, que desorienta a los ciudadanos (pudiéndolos conducir al sui­ cidio) o bien a una sciedad en su con­ junto (pudiéndola llevar a su total de­ sesucturación).

Ahora bien, no parece que las redes de la corrución se caractericen en ge­ neral or una situación de anomía en sentido estricto, sino más bien or a contradicción enre los ines y los me­ dios, o entre dos estructuras normativas, una orientada hacia el orden de los va­ lores y símolos, de tio ideal, y otra más práctica y utilitaria orientada hacia el eneficio y la eficiencia.

n este senido, la monía del siste­ ma quedaría asegurada or una suerte de consenso ambiguo, una ignorancia in­ tencionada, una ilusión semi-consciente de los ciudadanos, y or los compromi­ sos que cimientan las élites dominantes.

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eonó-mica transita or el stado, haciendo vi­ viruna clase olítico-administrativa cada vez más esada. Según esto, el Estado aparece como un parásito corrupto y o­ rruptor de la siedad civil, y la corrup­ ción se presenta entonces como la apro­ piación ilegal o ilegítima de un exce­ dente de los flujos económicos, que cir­ culan or la sciedad civil. Según esto, se trata de una forma económica de alie­ naión olítica, en la que entran en con­ tradicción erversa la esfera económica y la esfera olítica, la sciedad civil y el Estado, los intereses públicos y los inte­ reses privados.

LGICAS SCI-CULTURALES DE LA CORRUPCION

A la corrución le acecha el mismo malentendido que a la violencia, el te­ rrorismo o cualquier otro fenómeno que nos parece contrario a la sciedad y des­ tructor de la sciabilidad. mezar cali­ ficando a la corución como ascial o anti-olítica, o conraria a la sciedad, constituye un obsáculo para compren­ der y explicar las "scio-lógicas" y ló­ gias olíticas, que n cuenta del fenó­ meno de la corrución en las scieda­ des mdenas.

Por ello, y tras la intrducción de las

distintas corrientes interpretativas de la corrución, proonemos en este capítulo

analiar los que nos parecen aquellos fac­

tores princiales, que inciden en el hecho de la corrución, particularmente en el

cuador, y caracteizan su mdernidad.

a corrución, ¿siempre existió ero nunca como en la ctualidd fue n

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neraliada? ¿Siempre se encontró de ma­ nera más o menos difusa u casional en tdas las sciedades, ero nunca como ahora adquirió tales prooriones, fre­ cuencias e intensidades? ¿Siempre huo corruptos, coruptores y fenómenos de corrupión ero nuna como hoy se lle­ gó a ensar que el mismo sistema olí­ tico se hubiera corrompido?

Comenar resondiendo a estas n­

terrogaciones, y argumentando las res­ puestas, suone intrducir otra cuestión previa: acaso ha cambiado de tal mane­ ra el contexto scio-cultural y olítico del mundo mdeno, que hace más trans­ parente y también más censurable la co­ rrución y or consiguiente más enali­ zable? a contestación a esta pregunta one en consideración ese nuevo fenó­ meno y concepto de "escándalo olíti­ co", que proorciona una centralidad y visibilidad scial nuevas a la corrución. (Cfr. F. Jimenez Sánchez, "Cruados o faiseos? a complejidad de los escán­ dalos olíticos", en Claves N° 45, Sept. 14).

Resumiendo este preámbulo, el fe­ nómeno actual de la corrución se pre­ senta simultáneamente como un prisma en el que se refractan los más diferentes asectos scio-económicos, olíticos y culturales de la sciedad mdena, y como una radiografía para su análisis.

Si en términos generales cae soste­ ner que la corrución es tan antigua como el contrabando y la prositución, en su ceptación más técnica y preisa, como ls mals manejs de ls fu­ cionaris públics en la apropiación

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se puede sostener que la corrución mo­ dena nace con el mismo Estado mder­ no, de lo cual tesúmonia Boaistuau en

su Teatro del Mundo (160), al refe­

rirse a "un siglo cono el nuestro tan corrupto, tan depravado ... " (J.-Cl. Wa­ quet, Corruption, Ethics and Power

un Florence, 1600-1770 Cambridge,

1991, 8-0). Y en el siglo XIX la pre­ gunta obligada de los ingleses a quien regresaba de los EEUU era "No es cier­ to que allá tdo el mundo es corrupto?" (G. R. Searle, Corruption in British

politics 1895-1930, Oxford, 1987, p.

418-422). Aunque la tendencia irresisti­ ble fue siempre idenúficar la corrución en los otros países y no en el propio. Así para los euroeos Francia, "la úerra del afaire" era el país clásico de los escándalos de corrución olíúca. O bien los países del Tercer Mundo, América aúna y Africa, donde (en Nigeria) tuvo lugar en 1982 la Conferencia Mundial sobre corución.

Pero hoy la corrución se ha vuelto indiscriminada, sin latitudes ni fronteras su torellino envuelve todo tio de so­ ciedades y regímenes olíúcos, de Ru­ sia a Jaón atraviesa toda Europa de arri­ ba a bajo, pasando or el conúnente ame­ riano. Enumerar nombres de escánda­ los es ya suerluo, y la corupción in­ volucra desde la olicía hasta Presiden­ tes de la nación.

Antes, una conspiración del silencio rdeaba los hechos corruptos, y ya en los años 70 el Premio Noel de Econo­ mía Gunnar Myrdal denunciaba la exis­ tencia de un tabú que impedía el trata­ miento de la corupción. En el

transfon-do del problema encontramos una cues­ úón clásica y no plenamente resuelta desde Maquiavelo: la críúca relación en­ re ética y olíúca. De hecho, aun hoy la opinión pública más fácilmente dis­ culpa las acú vidades corruptas del olí­ úco si este es eficiente y eficaz.

Esta misma osición había sido sus­ tentada or Henry Ford en 14, para quien "la ereza y la decadencia son más eligrosas que la corrución"; y üadía en términos casi aologéticos: "la co­ rrución abre nuevas puertas a los gru­ os sociales en ascenso y, or tanto, sir­ ve a la estabilidad e integración de la sociedad americana" (Searl, 1987:417s). Idénúco elogio de la corrución co­ menzó a apliarse más rde al Tercer Mundo, cuando en 194 Nathaniel Leff argumentaba que la corrución era fuen­ te de desrrollo económico (cfr. E. Po­ sada, "Corrución y Demcracia. a re­ belión del ciudadano indignado", en Cla­ ves, n.45, sept. 1994: 17). Y aún a fina­ les de la década de los 80 un sciólogo cono Robín Theobal se repite intrigado el tradicional interrogante de si la co­ rrupción es realmente un problema, para resonder que no lo es ( 1990: 1 07).

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intelec-tual y moral, parece sonar la mala hora para a clase olítia, la principal res­ onsable de actividades oruptas.

Si, como sostiene el eridista ar­ genino Mario Dmient, '1a corrución en ainoaméria no es sólo a desvia­ ción scial sino a foma de vida" He­

misphere, 191), no cae objetarle di­

ciendo (como hizo Carlos Menen) que tdos los sistemas están corruptos, pues la contestación puede ser drástia: "la corrución existe dentro del sistema, mientras que en l caso de Argentina la corrución es el sistema". Y según el informe de Oxford Analytica de 191,

Ecuador es con México, Panamá, Vene­ zuela, Colombia, Perú, Paraguay, Argen­ tina y Brasil, donde la corución se in­ crementó con mayor notoriedad en los últimos años.

a amplitud tan generaliada del fe­ nómeno de la corrución, las proorcio­ nes, frecuencias e intensidades que a

alcanado en la actualidad obligan a comprender tanto el arácter "mdeno" que la deine como los factores y lógi­ cas sciales que la explican. ntre estos últimos nos proonemos identiicar aquellos que se presentan como sus prin­ cipales analiadores: las trnsformacio­ nes del Estado y del sector público, es­ pacio privilegiado de la corución, la ética on sus también actuales cambios y siempre problemáicas relaciones con la olíica, y ariclando amos fenó­ menos una nueva idología y cultura mrcadas or la lógia dominante del mercado y lo que se ha convenido en denominar el "no-individualismo ose­ sivo" (McPherson). Asectos tdos

es-tos que en el Ecuador acual presentan fisonomas muy particulares, las cuales obligan a incluir los factores adiciona­ les de un sistema jurídico muy o ei­ ciente y eficaz paa controlar la corrup­ ción, y de una opinión pública tan o

sensible al "escándalo público" como in­ capaz de prducir un sistema de censu­ ras sciales.

El Estado de la corrupción

a) La corrupción del Estado

4

n la actual transformaión del Es­ tado, implementada or el imerativo neolieral de menos Estado y más ­

ciedad civil, se ha sostenido que "la ten­ tación de soonar es directamente pro­ orcional al tamaño del Estado" (D. Ga­ llager), y se argumenta que el Estado menos corupto es l que tiene menos injerencias en la economía. Tal afima­ ción puede tener veracidad en sus refe­ rencias cuantitativas, ero no explica i ermite comprender la cualidad del fe­ nómeno de la corrución públia,la cual estaría más relacionada con la misma transformación cualitativa del Estado ac­ tual (y no tanto con su volumen), y que resonde a una nueva racionalidad so­ cio-olítica con varios ingredientes: la privatiación del Estado y su efecto er­ verso en la privatiación de lo público; la sustituión de la lógica olítico-esta­ tal or la lógica del mercdo; la transfe­ rencia de lo estatal hacia la sciedad ci­ vil.

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más que en los omortamientos a los que pueden r lugar y en los usos o abusos que se hacen de ellos. Pero antes de pasar el análisis de la eiología y mor­ fologa de la corrupción estatal es nece­ sario aclarar una cuestión preliminar; ¿Por qué el Estado mdeno se muestra tan corrompible?

a mdeiación del stado ha su­ puesto un doble prceso de desarrollo de sus aparatos eseialmente olíticos y de sus aparatos técnico-burcráicos.

Tl transformación del Estado mdeno ha signiicado una separación cada vez mayor de la gestión estatal resecto de las clases y gruos dominantes de la so­ ciedad, y en consecuencia de una tam­ bién mayor diferencia y distania entre los adminisradores públicos o actores olíticos y los actores económicos.

Esta brecha y distancia entre el ám­ bito de lo olítico-público, cada vez más institucionalmente autónomo, y el ám­ bito de lo económico que ha logrado también una mayor autonomía, ha im­ plicado una doble crisis or parte de cada uno de los dos ámbitos. Ya que si de un lado el sector olítico y tecnoburcráti­ co carece de suficiente poder económi­ co, las fuerzas económicas, de oro lado, adolecen or sí mismas de der olíti­ co; y sin embargo cada uno de estos dos sectores necesita del der del otro para fortalecerse e incluso pra ser eficaces en su propio ámbito.

Más aún, al creciente separación en­ tre lo olítico-burcrático estatal y las fueras económicas ha generado a su vez conlictos de interés or parte de dichos sectores. Sería esta situación de

tensio-nes y confronaiotensio-nes lo que provaría la coruptibilidad del sector olítico es­ tatal y las disosiciones corruptoas de los agentes o fueras económicas de la sciedad.

A dicha situación resondería la ile­ gítima e ilegal monetariación de la o­ lítica y del Estado, que afecta principal­ mente a los paridos olíticos y a la tec­ noburcracia del sector público, y una erversión olítica de los sectores y agentes económicos cada vez más nece­ sitados del aoyo y las iluencias olí­ ticas para desarrollar sus cometencias inancieras y sus cometitividades co­ merciales.

Según esto, el fenómeno de la co­ rrución más allá de su necdótica y de sus asectos ético-morales, representa una suerte de depravación de la clásica "economía olítica" (inaugurada en 1776

or Am Smith con su obra La rique­

a de ls naciones), cuando la econo­

mía comiena a ser ensada y tratada desde la olítica, y cuando los hechos y objetos económicos eran medios para desarrollar el der olítico y del Esta­ do. n esta erspectiva la corrución aparece como el emblema o síntoma de un ambio sustancial, al invertirse la clá­ sica relación de la economía olítica, y haer de lo olítico un medio para el der económico, con la consiguiente suordinaión de la olítica a la econo­ mía.

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o-lítia empieza a emanciparse de la mo­ ral, con la suordinación de la olítia, la economía no sólo complea dicha au­ tonomía de la olítica resecto de la mo­ ral, sino también se reduplica o refuerza la emancipación de la economía resec­ to de la moral. Es dcir anto la con­ mía como la política se volverán cada

vez más independientes y ajenas a la

moral.

Es en este transfondo, donde tienen lugar los cambios más recientes de la modeización del Estado - el paso de un Estado Keynesiano a un Estado neo­ lieral -, que los nuevos prcesos scio­ políticos, económicos y culturales pare­ cen haer propiciado el fenómeno de la corrución. En este nuevo contexto, y bajo la dominante ideología neoliberal, la declinación del stado en sociedad civil con la forma de su "privatiación", se abre un acoso privatizador de los re­ cursos públicos. Y si todo lo estatal y público se vuelve privatizable, una legi­ timación implícita desencadenaría la es­ trategia generalizada de corrupciones y complicidades corruptas.

En al sentido, la corrución apare­ cería, or un lado, como una forma en­ tre oortunista y cometitiva de acele­ rar y completar la privatiación del Es­ ado, y de tdo el ámbito olíico; y or otro lado, como una forma y prcedi­ miento legítimos o legitimables para so­ meter el poder olítico al económico.

Precisamente este sentido define la idea general de. "corrupci6n", cuya aceción más amplia significa "cambiar la naturaleza de una cosa volviéndola mala", "ervertir una realidad al

privar-6

la de su propia naturalea". Tal es la aplicación más apropiada del signiica­ do de orrución a la economía ó rique­ a que ervierte la olíica, y su aplica­ ción inversa a la polítia que ervierte la economía.

Son las nuevas morfologías que en las sciedades mdenas adoptan las re­ laciones entre oder económico y poder olítico lo que abre un campo desregu­ lado y por ello propicio pra una per­ versión recíprca entre la economía y la política. Con toda su variedad de moda­ lidades: del cohecho al eculado, pasan­ do or el fraude, el neotismo y tráfico de inluencias.

En tales condiciones la complicidad entre olítia y economía se expresará cada vez más en una mercantiliación de la olítica, cuya amplia toología abarca tanto el marketing electoral has­ ta la compra y venta de servicios públi­ cos. a lógica del mercado ermea así laracionalidadpolíticoestatal,propician­ do la práctica de la corrución. Al reba­ sar la esfera esecíficamente económica y extenderse al ámbito scio-olítico, el principio comercial de maximizar las ga­ nancias y minimizar las pérdidas se tra­ duce en una transformación de los com­ ortamientos y relaciones sciales, al so­ cializarse las érdidas, cargando los cos­ tos y saldos al sector público, y privati­ zar los eneficios.

(14)

úl-timo e irrductible, representa el clima cultral de la mdena corución.

a representaión del &ado como "ogro ilantrópico" su imagen de obstá­ culo pra el desarollo de la siedad civil, de la iniciativa pivada y aun de la misma demcracia, contribuyendo a mi­ nar las bases de un mdelo de Estado nacional, que pierde soeranía tanto a parir de los prcesos de regionaliación y de autonomía intranacionales, como a partir de la intemacionaliación econó­ mica, olítica y cultural, y de los prce­ sos de integración regionales. Tal Esta­ do se convierte en presa fácil de todas las formas de privatiación incluso frau­ dulentas. Y simultáneamente el olítico y el servidor público, al erder legiimi­ dad se vuelven a su vez también presa de la privaiación de sus servicios. Ya que si el servidor público vive de los impuestos del contribuyente es al con­ tribuyente que se encuentra suordina­ do, y del contribuyente que puede ese­ rar cualquier gratiicación adicional or serviios adicionales.

n consecuenia la corrupción m­

derna rsponde a una lógica estatal, y

a a racionalidad que regula la nueva

suordinación de la política a la ec­ nomía.

b) La olítica y el dinero

l mundo del dinero y el de la olí­ tica en los países desarrollados presenta muchos asectos comunes. Amos en cierto mdo y ada uno a su manera conribuyen a la distensión de los vn­ culos sciales: el Estado asumiendo cada

vez más compromisos y servicios ofre­ cidos a los individuos en detrimento o susituión de las esructuras familiares, comunitarias, sciales (eduación,salud, cio, etc.); el mercado monetariando el intercmbio, de l manera que "la co­ munidad e mercao en cuanto tal es a más impersonal de las relaciones de a vida práctica .... encontrándose en com­ pleta oposición con todas las otras for­ mas e comunalizción, ls cuales pre­ suponen siempre una raternalización ó socialización personal" (M. Weer,

Economía y sociedad, 634).

Pero el &tado y el Mercado, olíti­ ca y dinero, no llevan existencias para­ lelas. Por el contrario, los valores de constreñimiento y de redistribución que enna el Estado entran en conlicto fre­ cuentemente con los valores del inter­ cambio, que caracterian el mercado, y de los cuales el dinero es el vehículo or excelencia.

n las formas pre-mdemas de Es­ tado el dinero y el oder reanudan vn­ culos nuevos y más estrechos. l der se arroga el derecho de prelevar impues­ tos y "diezmos" sin más límite que sus propias necesidades, y sin más justiica­ ción que el derecho del más fuerte; de la misma manera que se reserva el dere­ cho de distribuir, de vender argos y pri­ vilegios, de expropiar o de restituir.

(15)

igual-dad de tdos los ciuddanos ante la ley y el der, al margen de sus riqueas o diferencias econóoúcas.

Pero esta separaión de la olíica y el dinero es más un prinipio y progra­ ma demráticos que una constatación y expresión de la realidad. s un hecho que la riquea facilita y amplía el acce­ so l der, aunque se considera corrupta la relación inversa: cuando el oder se convierte en vía de acceso a la riquea.

l dinero desemeña también una fun­ ción corruptora cuando oera como cri­ terio de selección de dirigentes olíticos o de expresión de los ciudadanos, cuan­ do se vuelve un elemento indisensable del funcionaoúento de los partidos, de los gruos de presión y de la comunica­ ción o relaciones olíticas.

a amplitud que alcanzan las inter­ venciones del Estado como empresario, proveedor de servicios, como distribui­ dor de bienes y regulador económico, tdo ello hace que el mismo stado se inserte en el mercado y en un complejo y diversiicado sistema de intercambios monetarios. n tal sentido, a ravés de sus olítias, el stado prduciendo ren­ tas y plus-valía, haciendo y deshacien­ do riqueas colectivas e individuales, se involucra con el dinero, articulando éste al mismo sistema de la olítia.

Tl situación ha dado lugar a lo que se ha llamado '1a útología olítica del dinero" (J. -N. Jeanney, L'argent ca­ ché. Milieux d' afairs et ouvoirs

olitiqus daos la France du XX si­

cle, Fayard, París, 181), según la cual el sistema olítio y los olíticos han esquivado el problema de afrontar el

di-8

lma del dinero y del der, ignorando o simulando ignoar las relaciones e im­ plicaciones concres entre el dinro y la olíica. como si ambas esferas mn­ tuvieran una autonomía separada, y como si la olítia erteneciera al mun­ do ideal úentras que el dinero fuera, como decía Shakeseare, "la puta co­ mún de tda la humaiad".

Esta actitud esquizofrénica no en­ cuentra más débil justificación que la de establecer una distinción maquiavé­ lica entre los ins (de la honorabilidad olítia) y los medios necesarios pra la obtención de tales fines, muy a des­ echo de su carácter reprensible o con­ denable. Dicha situación ermite justii­ car las prácticas fraudulentas, o delicti­ vas en nombre de los intereses del parti­ do, de la razón de stado o de la misma demcracia.

n conclusión, no cae ignorar la erceción ciudadana ante el enriqueci­ miento ilícito de sus goenantes o olí­ ticos. Habra que explicar a qué se dee el cambio oerado en las indignaciones y repudios escandliados resecto de los nuevos comortamientos de resig­ nación, de indiferencia y aun de tole­ rancia, como si la coución de los o­ líticos al oúsmo tiemo que es ercibi­ da como un eneicio de la misma olí­ tica, fuera tmbién considerada como un ejemplo y justiicaión para cualquier otra forma de actividades corruptas.

Las encrucijads de a ética

(16)

profun-da risis moral en las scieprofun-dades mo­ denas y una crítica emergenia de la ética no sólo como programa imerati­ vo para el rordenamiento de la scie­ dad y la cultura sino también como un nuevo disositivo para reensar y com­ prender el mismo mundo mdeno.

a historia de la étia ha atravesado tres grandes fases a lo largo del prceso civilizatorio ccidental. Una primera, dominada or la moral religiosa, y que tenía su fundamento en una "justicia e­ nal divina" según las expresivas pala­ bras del maduro Kant La meafísica

de las costumbrs, VI, 89, Tecnos,

Madrid, 1989). Desde inicios de la Edad Mdena, siglo XVI, hasta la Ilustración (s. XVIII), pasando or la Reforma, que en gran medida contribuyó también a una seculariación de los fundamentos de la moral, el destino de ésta fue desa­ rrollarse como una Etica sin religión

(según el título de la obra de E. Guison, Santiago de Comostela, 1983).

Al disolverse su forma religiosa, la antigua religión del deer se ha trans­ formado en un deber sin religión, y si­ multáneamente los deeres hacia los hombre han tomado la delantera y su­ plantado a los deeres hacia Dios. Al rechazar los modenos la sujeción de la moral a la religión, se ha comenado a ensar y practiar una étia de los dere­ chos individuales.

Pero también el intento interpretado or Kant de refundamentar metafísica­ mente la ética en una suerte de "deer ser", de imerativo categórico, interior al hombre se ha revelado un insuicien­ te fracaso, y hoy nos enconramos

tam-bién con a Etica sin metafísia (G. Patig, Ethik ohne Metaphysik, Van­ denhek und Ruert, Gottingen, 1971).

n esta ersectiva que lejos nos queda ya no sólo esa abstracción sacriiial del

deber sino también el mismo programa

ético de E. Durkheim, para quien "ac­ tuar moralmente, es actuar con miras a un interés colectivo", ya que la verda­ dera moral empieza más allá de la ene­ icencia altuista, exige adhesión a los gruos sociales.

l eclipse total de esta última pro­ puesta éica ya seculariada ha comple­ tado la plena desfundamentalizaión re­ ligiosa de la moral, y or consiguiente un deinitivo divorcio entre ética y reli­ gión. Esto hace que hoy sea posible encontrar la más inescrupulosa inm­ ralidad con una religiosidad práctica.

a era ostmoralista coincide con la des­ legitimación de las obligaciones hacia la colectividad y la redigniicación so­ cial de la esfera estrictamente interindi­ vidual de la vida ética amputada, sin em­ bargo, de su carácter imerativo.

n consecuencia, tamco los nue­ vos intentos de refundación de una éti­

ca comunicativa o diagonal (Haer­

mas), o de un "individulismo solida­ rio" (A. Cortina), parecen suficientes para garantizar ni un nuevo reordena­ miento de las costumbres ni una regula­ ción ética de las relaciones sciales.

(17)

si-tuaci6n con sus dos orientaciones: la que se remonta a Aristóteles, para quien tda ación se situa siempre en un "ethos" ya vivido, un determinado ca­ rácter individual y comunitario, con sus valores y regulaciones; y otra que We­ er llama moral de las esponsabilida­ des concretas en lugar de la moral de

las convicciones o de los principios abs­

tactos.

Se trata la primera de una ética inte­ ligente y aplicada, menos precupada or las intenciones puras que or los resultados enéicos para el hombre, menos idealista que reformadora, me­ nos adepta a lo absoluto que a los cam­ bios realistas, menos conminatoria que resonsabilizadora.

Otro aorte pra la refundación de una nueva ética prcede de la propuesta demcráica, con el reseto a los dere­ chos ciudadanos y a la dimensión públi­ ca de la sciedad. Se traa de una ética civico-olítica, que articula el deber ser

con lo que s posible (según la fórmula

de Aristóteles); ya que l mismo princi­ pio que funda los derechos de los ciuda­ danos fundamenta también sus obliga­ ciones entre ellos.

Aún contando con un tácito y uni­ versal reconcimiento, esta éica se pre­ senta tan frágil como contingente. De un lado, orque el sistema de antino­ mias constituivo de la misma demcra­ cia no logra cordinar sus otencialida­ des e imerativos éticos, ya que "la e­ mocracia

moralmente deseabe

y

ei­

a no se reduce a un mero mecanismo, sino que consste en un modelo de or­ ganización social, bsao en el

recono-0

cimiento de la

autonoma de los

idiv­

duos

y e cuantos

derechos

lleva apa­ rejado ... " (A. Cortina, Etica sin m­

al, Tecnos, Madrid, 10, p.257).

e otro lado, el exacerbamiento de los derechos subjetivos, unido a la cul­ tura del esímulo de las necesidades in­ di vi duales han generaliado "la idea ge­ neral (es) que se puede hacer cualquier cosa y que nada está mal con tal de salir bien parados de ello" (C. Casto­ riadis, Capitalisme moderne et rev­ lution, UGE, París, t. 11, 1979, p.296).

Según esto, el bastión de una ética

demcática fundada en la igualdad y

en el reseto de lo público y en los de­ rechos del "otro" tamco parece hoy irreducitible, cuando el individualismo mdeno se define cada vez menos en relación a "los otros" y cada vez más en relación a las cosas; cuando la propie­ dad y la riqueza predominan sobre los criterios de honestidad y prestigio, y cuando la opinión pública se debilita ante lo que se puede poseer. l juicio de los otros imorta menos que el interés per­ sonal.

(18)

co-rución evade la jusicia, los couptos lejos de erder su prestigio drán se­ guir goando del reconcimiento de la opinión públia olvidadia. Olvido que nunca es una érdida de la memoria sino una negciación con el pasado.

n el aso de la corución se veri­ iaría la sentencia de Benjamín Franklin: el cdigo de la honestidad cede el puesto al cdigo de la resetabilidad; el corrupto no será honesto ero será resetado.

Arraigos culturals y mdernidad

de a corrupción

Aunque particie de los rasgos co­ munes que el fenómeno de la coup­ ción presenta en s las sciedades mdnas, y aunque también ciertas rT­ s culturales sean compartidas con otras sciedades latinoamerianas, hay un araigo colonial de la cultura de la co­ rución, que el imaginario económico olítico sigue arrastrndo en nuestros países.

s burcracias del Antiguo Régi­ men no distinguían la función adminis­ trativa propiamente dicha de la propie­ dad de los medios e instrumentos admi­ nistrativos, ya que los funcionarios es­ taban legalmente provistos de la misma propiedad o tenencia de los cargos pú­ blicos. Estos medios (regidurías, corre­ gidurías, alguacilazgos, tesorerías, al­ caldías, prcuradorías, defensorías ... ) a falta de pautas y mecanismos acionali­ ados de comortamiento, eran a suer­ te de on, para colar a los miembros

de un squito o de un ejército, la venta o comensación or srvicios.

Para algunos historiadores la coup­ ción institucionaliada era una suerte de válvula de esae para el colonialismo español, al incremenr la participación olítia de las apas criollas y al ayudar a mantener el equilibrio del der, esen­ cial para la unidad de las colonias con la metróoli. as prácticas couptas no eran implementadas sólo or quienes go­ enaban para impulsar a determina­ da olítica econóica o meros objeti­ vos ersonales, sino también or quie­ nes se sirvieron de ellas pra volar el equilibrio del oder en eneficio de in­ tereses de clases lcales y, en última ins­ tancia, en favor de un prceso de emn­ cipación olítica, que se conretó a ini­ cios del siglo XX.

Más allá de la corución heredita­ ria del stado y adminisración colonia­ les, y que sería achacable a las mismas erversiones del mdelo colonial de do­ minación, una mercantiliación de las estrategias sciales de sciedades que no han desarrollado un imortante siste­ ma económico prductivo, pudo haer contribuido or su parte a generar una cultura muy mercanil y prclive a ex­ tender los prcedimientos de compra y vena a las mismas relaiones siales y serviios públicos.

(19)

cndo se ompra un bien o serviio, que convencionalmente se susrae a di­ chas quivalencias económics, tal bin o tal servicio se orome, al micr la compra y venta su propia naturalea y función. l principio de que tdo es negiable puede tenr alanes extre­ mos, y ser llevado a los lúnites de la éica y la misma legalidad.

sto sucede con la coruión públi­ ca y olítia, la cual ha enontrado en la mda sciedad de servicios un am­ biente muy idóneo pra desarrollarse. Hoy, los servicios intelectuales, el co­ ncimiento, la información n entrado plenamente en la economía de merado, y aun denro de ella se n convertido en una mercancía de tan elevdo valor de uso como de cambio. Nada tiene de exraño, or ello, que esta economía de los servicios baya adquirido costos y pre­ cios mucho mayores para los intereses privados de los que osee en el sector público-estatal, dando lugar así a una difusa y generaliada corrución o co­ uptibilidad de dichos sectores.

Habría que r también cuena de aquellos factores que hacen de la "co­ ución a la ecuatoriana" un aso parti­ cu1ar, muy ligado a los prcesos de mo­ deiación de nuestra sciedad en las úlimas dos décadas. l cmbio scial y económico aceleado one en cuestión valores y pautas de omortamiento vi­ gentes, qe on frcuencia n lugar a oladas e corución. n ciertas cir­ cunsncis, esta couiD puede de­ semr n pael ositivo en l prce­ so ar, ermiiedo que u­

s nvos y dinámios ongan en

prc-62

tia cosas que habrín sido blqueadas or el sisema de valores y la esuctura scial existentes. No obsante, la orrup­ ción a la autonoma y coherencia de las insituiones olíticas e imprime a cualquier foma de desarrollo una orien­ ción erversa y en deinitiva injusta (Cfr. R.E. Wraith. & E. Simpkins, C­ rrupción in Developing Countries,

Londres, 13: 14; S. Huntington, e­

sarrollo olítico y deterioro olítio" en

T. nero (edit) Modernización, de­

sarrollo político y cambio scial, A­

lianza, Madrid, 192).

n pimer lugar, ha sido en el breve trnscurso de una década que l Estado y el sector público han pasado de un crecimiento acelerado y de un mdelo desarrollista entre keynesiano y ene­ factor a una abrupta risis de recimien­ to económico y a la transformación no­ lieral. Acostumbrada a un enriqueci­ miento fácil y rápido, una mayoría de la oblación no se resignó a la eonomía de la esasez, y más que resonsabili­ zarse como sujeto de la nueva crisis se consideró su víctima, siempre dispuesta a reivindicar un nivel de enriquecimien­ to aún or medios ilícitos ero justiica­ do en su condición de víctimas de dicha crisis; como si ciertos derechos adquiri­ dos aolieran el cigo de las obliga­ ciones.

n segundo lugar, los imeraivos neolieralesinstalados comonuevaideo­ logía dominante emean y erviertn el ercilismo de las ocs. Y a la misma lierad demcrátia tiende a realie a vez menos en l o

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-rrución evade la jusicia, los corruptos lejos de erder su prestigio drán se­ guir goando del reconcimiento de la oinión públia olvidadia. Olvido que nunca es una érdida de la memoria sino una negciación con el pasado.

n el aso de la coución se veri­ ficaría la sentencia de Benjamín Franklin: el cdigo de la honestidad cede el puesto al digo de la resetabilidad; el oupto no será honesto ero será resetado.

Arraigos culturals y modernidad

de a corrupción

Aunque particie de los rasgos co­ munes que el fenómeno de la corup­ ción presenta en tdas las sciedades mdeas, y aunque también ciertas rí­ ces culturales sean compartidas con otras sciedades lainoamerianas, hay un araigo colonial de la cultura de la co­ rución, que el imaginio económico olítico sigue arrastrando n nuestros países.

s burcracias del Antiguo Régi­ men no distinguían la función adminis­ trativa propiamente dicha de la propie­ dad de los medios e instrumentos admi­ nistrativos, ya que los funcionios es­ taban legalmente provistos de la misma propiedad o tenencia de los cargos pú­ blicos. stos medios (regidurías, core­ gidurías, alguacilazgos, tesoreras, al­ caldías, prcuradorías, defensorías ... ) a falta de pautas y mecanismos acionali­ ados de comortamiento, eran una suer­ te de on, para colar a los miembros

de un squito o de un ejército, la venta o comensación or servicios.

Para algunos histoiadores la corup­ ción institucionaliada a a sute de válvula de esae para el colonialismo español, al incrementar la paricipación olítia de las capas iollas y al ayudar a mantener el equilibrio del der, esen­ cial para la unidad de las olonias on la metróoli. as prácticas oruptas no eran implementadas sólo or quienes go­ enaban para impulsar una determina­ da olítica económica o meros objeti­ vos ersonles, sino también or quie­ nes se sirvieron de ellas para volar el equilibrio del oder en enefiio de in­ treses de clases lcales y, en última ins­ tancia, en favor de un prceso de eman­ cipación olítica, que se concretó a ini­ cios del siglo XX.

Más allá de la corrución heredita­ ria del stado y adminisración olonia­ les, y que sería achacable a las mismas ervrsiones del mdelo colonial de do­ minación, una mercantiliación de las estrategias sciales de siedades que no han desarrollado un imortante siste­ ma económico prductivo, pudo haer contribuido or su parte a generar una cultura muy mercanil y prclive a ex­ tender los prcedimientos de compra y venta a las mismas relaiones siales y servicios públicos.

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cundo se compra un bien o servicio, que convencionalmente se susrae a di­ chas quivalencias económics, l bien o tal sevicio se orrome, al micr la compra y venta su propia naturalea y función. l prinipio de que tdo es negiable puede tener alances extre­ mos, y ser llevado a los lúnites de la éica y la misma legalidad.

sto sucede con la corrución públi­ ca y olítica, la cual ha encontrado en la mdea sciedad de servicios un am­ biente muy idóneo para desarrollarse. Hoy, los servicios intelectuales, el co­ ncimiento, la información hn entrado plenamente en la economía de mercado, y aun denro de ella se n convertido en una mercancía de tan elevado valor de uso como de cambio. Nada tine de exraño, or ello, que esta economía de los srvicios haya adquirido costos y pre­ cios mucho mayores para los intereses privados de los que osee en el sector público-estatal, dando lugar así a una difusa y generaliada coución o co­ rruptibilidad de dichos sectores.

Habría que r también cuena de aquellos factores que hacen de la "co­ rución a la ecuatoriana" un aso pi­ cular, muy ligado a los prcesos de mo­ deiaión de nuesra scidad en las úlimas dos décads. l cambio scial y económico acelerado one en cuestión valores y pautas de omortamiento vi­ gentes, e n frcuencia n lugar a olas e rucin. 1 ciertas cir­ cunsais, esta rió• puede de­ semr un ael oitivo n el prce­

so z-, eiieo que u­

os nuvos y inmios ongan en

prc-62

tica cosas que habrían sido blqueadas or el sistema de valores y la esucura scial existentes. No obstnte, la oup­ ción mina la autonomía y coherencia de las insituiones olíticas e imprime a cualquier foma de desarrollo una orien­ tción erversa y en deinitiva injusta (Cfr. R.E. Wraith. & E. Simpkins, C­ rrución in Developing Countries,

Londres, 163: 14; S. Huntington, e­

sarrollo olíico y deterioro olítico" en

T. nero (edit) Modernización, de­

sarrollo político y cambio social, A­

lianza, Madrid, 192).

n pimer lugar, ha sido en el breve transcurso de una década que el Estado y el sector público han pasado de un crecimiento acelerado y de un mdelo desarrollista entre keynesino y ene­ factor a una abrupta crisis de crecimien­ to económico y a la transformación neo­ lieral. Acostumbrada a un enriqueci­ miento fácil y rápido, una mayoría de la oblación no se resignó a la economía de la escasez, y más que resonsabili­ zarse como sujeto de la nueva crisis se consideró su víctima, siempre dispuesta a reivindicar un nivel de enriquecimien­ to aún or medios ilícitos ero justiica­ do en su condiión de víctimas de dicha crisis; como si ciertos derechos adquiri­ dos aoliern el cdigo de las obliga­ ciones.

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li-ertad de n consumo, incentivdo or el "individualismo osesivo" y hedois­

a. Y n na sciedad, que no había de­

saollado a culura de "lo público"

como espacio (y sistema de bienes) com­ parido or tdos los ci udadanos, los pro­ gramas de privatiación se convierten en un estímulo para tda foma y tdo prcedimiento de apropiaciones incluso

ilícitas. sí e cea un clima de conni­

vencias y complicidads muy popi­

cio no sólo paa el contagio de la ­

ución sino también paa las com­ etitividads corupts.

l elogio de la cometencia, de la

"agresividad empresarial" empiea a ser valorado mucho más que los conven­ cionales cdigos éticos, y el éxito es siempre suficiente para justiicar cual­ quier tio de trnsgresión. Más aún, la precupación ética aparece entonces como un obstáculo o un freno para la eicacia económica; ya que la empresa tiene como vcación lograr eneicios, no interrogarse sobre los ines y la mo­ ralidad de los medios.

Con el mdelo empresarial emean­ do la sciedad olítica y civil, la prohi­ bición del roo pierde su pder de cen­ sura, scavado or el desgaramiento del tejido scial, la culura del estmulo de las neesidades y d< los derechos subje­ tivos.

n terer lugar, la mdeidad intro­

duce a tdos los niveles sciales e inte­ lctuales una nueva foma de ensar, que araviesa los comoramientos y iene

consecuencias éticas: la acionalidad

instumental ("Zweckraionalitat").

a lógica de la eficiencia, la eficacia

de los resultados, la ondad establcida de los fines tdo justiica los medios y suedita su clidad ética a la de los ob­

jetivos logrados. ita des-moraliación

de los prcedimientos como medios ge­ nera una "buena conciencia" en cual­

quier tio de práctica coupta. Y esta

ideología dominante se convierte ya no

en coartada sino n un nuevo cdigo

ético n difuso como sancionado or la

misma opinión pública. Más aún, hasta la psicología corrupa encuentra en las actividades corruptas o corompidas de los otros la ncesaia justiicación de las propias.

Para una sociedad como la ecuat­ riana, que vive en la actualidad una cultura de ''tiemos mixtos", atrapada entre las inercias de antigus babitus (según el concepto de P. Bourdieu) y las aceleraciones de ls cambis, ests imerativs de la "razón eficaz" (cfr.

J. Le Mouel, Crítica de la eicaci. E ti­ ca, verdad y utopía de un mito con­

temporáneo, Paidos, Barcelona, 1992)

o de una "ética sin moral" (A. Corti­ na), o simplemente el prurito de la pstmodernidad, se prestan a una des­

regulación generalizada de s conduc­

s y comortamients, donde ls lí­

mites enre a legalidad y legitimidad

e vuelven n sinus u opacs como

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