UNIVERSIDAD NACIONAL DE TRUJILLO
FACULTAD DE ENFERMERÍA
ESCUELA ACADÉMICO PROFESIONAL DE ENFERMERÍA
‘‘Conocimiento materno sobre alimentación
complementaria y estado nutricional del niño de 6
a 24 meses’’
TESIS PARA OPTAR EL TÍTULO PROFESIONAL
DE LICENCIADA(O) EN ENFERMERÍA
AUTORAS:
ASESORA:
Br. Díaz Ordoñez, Johamy Jeorgina
Br. Esquivel Luna Victoria, Erika Noriko
Ms. Chunga Medina, Janet Julia
JOHAMY Y NORIKO DEDICATORIA
A Dios porque sin el nada hubiera sido posible. Gracias
padre por darnos fortaleza en todo momento. Por tu
inagotable amor, a pesar de no ser perfectas y
defraudarte.
¡A TI SEA TODA LA HONRA Y LA GLORIA!
A nuestros padres por apoyarnos siempre en nuestras
decisiones, por el sacrificio de día a día y por
motivarnos a ser mejores, queremos que sepan que los
amamos y que le agradecemos a Dios por sus vidas.
JOHAMY Y NORIKO AGRADECIMIENTO
A nuestra asesora Mg. Chunga Medina Janet Julia, por la orientación y ayuda brindada para la realización de esta investigación, por su apoyo y amistad que nos permitió aprender mucho más durante nuestra vida universitaria. Gracias por ser partícipe de este logro, que Dios la colme de bendiciones en su vida.
Con mucho cariño y gratitud a nuestras docentes, todas nos brindaron conocimientos, consejos y confianza a lo largo de nuestra formación profesional y personal. Gracias por enseñarnos la verdadera esencia del cuidado de Enfermería, la humanidad y el amor.
ÍNDICE
Pág.
RESUMEN………... v
ABSTRACT……….. vi
I. INTRODUCCIÓN…………..………. 1
II. MATERIAL Y MÉTODO………. 37
III. RESULTADOS………... 47
IV. ANÁLISIS Y DISCUSIÓN ……… 50
V. CONCLUSIONES………... 77
VI. RECOMENDACIONES……… 78
VII. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS………. 79
Conocimiento materno sobre alimentación complementaria y estado nutricional
del niño de 6 a 24 meses
Díaz Ordoñez, Johamy Jeorgina 1
Esquivel Luna Victoria, Erika Noriko2
Chunga Medina, Janet Julia3
RESUMEN
La investigación se realizó con el propósito de determinar la relación entre el
conocimiento materno sobre alimentación complementaria y estado nutricional del niño.
La muestra estuvo constituida por 86 madres y sus niños. Los instrumentos fueron: Escala
de nivel de conocimiento materno sobre alimentación complementaria y ficha de valoración
del estado nutricional. Los datos obtenidos fueron tabulados, procesados en SPSS y
presentados en tablas de simple y doble entradas con frecuencia numéricas y porcentuales.
El análisis de las variables de estudio, se realizó mediante la prueba Chi Cuadrado (χ²). Se
llegó a las siguientes conclusiones: El 66.3% de las madres presentan un nivel de
conocimiento deficiente, el 30.2% un nivel regular y el 3.5% un nivel bueno. El estado
nutricional del lactante según Peso/Edad el 60.5% tienen estado nutricional normal, el
30.2% sobrepeso y el 9.3% desnutrición. Según Talla/Edad el 73.2% talla normal, el
16.3% talla baja y el 10.5% talla alta. Según Peso/Talla el 51.2% tienen un estado
nutricional normal, el 32.6% sobrepeso, el 10.4% obesidad y el 5.8% desnutrición. Existe
relación entre conocimiento materno sobre alimentación complementaria y el estado
nutricional de los niños según Peso/Edad y Peso/Talla es significativa, mientras que para
la Talla/Edad no es significativa.
PALABRAS CLAVES: Nivel de conocimiento materno, alimentación complementaria y estado nutricional del niño de 6 a 24 meses
1 AUTORA: Bachiller en Enfermería de la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de
Trujillo. Email: [email protected]
2 AUTORA: Bachiller en Enfermería de la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Trujillo. Email: [email protected]
Maternal knowledge of complementary food and nutritional status of the child from 6 to 24 months
Díaz Ordoñez, Johamy Jeorgina 1
Esquivel Luna Victoria, Erika Noriko2
Chunga Medina, Janet Julia3
ABSTRAC
The research was conducted with the purpose of determining the relationship
between maternal knowledge about complementary feeding and nutritional status of the
child. The sample consisted of 86 mothers and their children. The instruments were: Level
of maternal knowledge level on complementary feeding and assessment of nutritional
status. The data obtained were tabulated, processed in SPSS and presented in tables of
single and double entries with numerical and percentage frequency. The analysis of the
study variables was carried out using the Chi Square test (χ²). The following conclusions
were reached: 66.3% of mothers present a deficient level of knowledge, 30.2% a regular
level and 3.5% a good level. The nutritional status of the infant according to Weight / Age
60.5% have normal nutritional status, 30.2% overweight and 9.3% malnutrition. According
to Siz /Age, 73.2% normal size, 16.3% short stature and 10.5% tall stature. According to
Weight/Height 51.2% have a normal nutritional status, 32.6% overweight, 10.4% obesity
and 5.8% malnutrition. There is a relationship between maternal knowledge about
complementary feeding and the nutritional status of children according to Weight/Age and
Weight / Size is significant, while for Size / Age it is not significant.
KEY WORDS: Maternal knowledge level, complementary feeding and nutritional status of the children from 6 to 24 months
1 AUTHOR: Bachelor in Nursing from the Faculty of Nursing of the National University of Trujillo.
Email: [email protected]
2 AUTHOR: Bachelor in Nursing from the Faculty of Nursing of the National University of Trujillo. Email: [email protected]
I. INTRODUCCIÓN
La alimentación complementaria constituye el segundo paso más importante
en la nutrición del niño después de la lactancia materna exclusiva. Cuando la lactancia
materna no es suficiente para satisfacer las necesidades de los niños, es necesario añadir
otros alimentos a la dieta del niño, es decir brindarle alimentación complementaria,
adecuado desde el punto de vista nutricional con todos los nutrientes que el niño
necesita para desarrollarse adecuadamente. Este periodo de inclusión de alimentos
diferentes de la leche materna va de los 6 a 24 meses de edad, intervalo en el que los
niños son vulnerables ya que están expuestos a diferentes enfermedades. (INEI, 2012)
Es por ello que una adecuada nutrición en el lactante, es un elemento
fundamental de la buena salud. Ya que existe una etapa crucial denominada los 1000
días, es decir en los dos primeros años. Estos se consideran como una “ventana de
oportunidad” desde el punto de vista nutricional, pues una adecuada alimentación
durante ese periodo tiene un impacto enorme en la salud, desarrollo físico e intelectual
del niño, así como en su productividad del mañana y en la salud de sus futuros hijos,
generando un impacto positivo a la salud, estabilidad, desarrollo de comunidades y
naciones (OPS, 2011; ONU, 2015).
No obstante hoy en día, unos de los problemas que más aqueja a los países
subdesarrollados como lo es el nuestro, es la malnutrición, afectando principalmente a
niños durante los primeros 2 años. La malnutrición se produce cuando el organismo no
obtiene la cantidad apropiada de energía para que los órganos y tejidos se
mantengan sanos y funcionen correctamente. Esta se clasifica en desnutrición y
Dicha problemática tiene múltiples factores que predisponen al lactante a la
malnutrición, siendo uno de ellos el desconocimiento de las madres sobre la
alimentación complementaria. Debido, en la mayoría de casos: a la baja escolaridad,
inadecuado cuidado o falta de capacidad adquisitiva para la alimentación, las cuales
no proveen los nutrientes adecuados para sus niños; por otro lado, se conjuga también
el hecho que los niños viven en condiciones inadecuadas de salubridad, por ello
comienzan a presentar episodios de Enfermedades Diarreicas Aguas e Infecciones
Respiratorias Agudas que contribuyen a la pérdida de nutrientes y como consecuencia
a la pérdida de peso, iniciándose el proceso de adaptación orgánica, a una velocidad de
crecimiento y desarrollo reducido. (MINSA, 2011)
Según el Instituto Nacional de Salud, la malnutrición tiene un alto impacto
en la sociedad, especialmente la desnutrición infantil con repercusiones no solo físicas
sino también cognitivas, que alcanzan al individuo en todas sus etapas de vida. En ese
sentido, en los últimos años, a nivel del país se han producido mejoras relacionadas con
la desnutrición crónica en menores de cinco años, sin embargo, la desigualdad existe,
hace que aún se reporten prevalencias muy altas, a otros niveles. Por otro lado, el exceso
de peso, comienza a presentar un incremento sostenido, incluso en edades muy
tempranas, con sus repercusiones en la edad adulta, lo cual está relacionado a
enfermedades no transmisibles. (INS, 2013)
La desnutrición infantil viene a ser el resultado de la ingesta insuficiente de
alimentos (en cantidad y calidad), la falta de atención adecuada y la aparición de
enfermedades infecciosas. Detrás de esta causa inmediata, hay otras subyacentes como
sistemas de agua, saneamiento insalubres, y los conocimientos deficientes en el
cuidado y alimentación por parte de los cuidadores. (UNICEF, 2011)
La desnutrición sigue siendo un problema grave que afronta los países
subdesarrollados, afectando principalmente a niños durante los primeros 2 años de
vida, en donde la velocidad del crecimiento es rápida, y donde los requerimientos
nutricionales son más altos. Es por ello que los alimentos complementarios a partir de
los 6 meses de vida son indispensables para un buen crecimiento y desarrollo. Esta
enfermedad se manifiesta en las niñas y los niños al presentar retardo en su
crecimiento, que se expresa en un déficit de la talla para la edad, afectando también el
desarrollo de sus capacidades físicas, intelectuales, emocionales y sociales. (MINSA,
2015)
Las estadísticas de la OMS (2010), demuestran que entre 3 y 5 millones de
niños menores de 5 años mueren por año en el mundo por causas asociadas a la
desnutrición. La desnutrición infantil, más allá de ser una condición patológica,
corresponde a un problema de Salud Pública y es la principal causa de muertes de
lactantes y niños pequeños.
Alrededor del 45% de las muertes de menores de 5 años tienen que ver con la
desnutrición. En su mayoría se registran en los países de ingresos bajos y medianos al
mismo tiempo, en esos países están aumentando las tasas de sobrepeso y obesidad en
la niñez. (OMS, 2017)
Por otro lado existen gran diferencia con respecto a la tasa de mortalidad
infantil en los diferentes estados miembros, como por ejemplo citar a Suecia que tiene
Bolivia que tiene 77 niños fallecidos por cada mil nacidos vivos, Cuba 9 niños
fallecidos por cada mil nacidos vivos y Perú 22 muertes por cada mil nacidos vivos.
Con respecto a América Latina, mueren 7,6 millones a 12 millones de niños antes del
año. (OMS, 2015)
A nivel mundial, casi uno de cada cuatro niños menores de 5 años (155
millones, o el 24% en 2017) sufre desnutrición crónica, la tercera parte de las muertes
de niños menores de 5 años son atribuibles a desnutrición. La desnutrición pone a los
niños en una situación de riesgo de muerte y de enfermedad grave debido a infecciones
comunes en la infancia como neumonía, diarrea, paludismo y sarampión. Los niños
con desnutrición aguda grave tienen nueve veces más probabilidades de morir que los
niños que están nutridos de manera adecuada. Asimismo, la desnutrición crónica, o
baja estatura para la edad, se asocia con un anormal desarrollo del cerebro, lo que es
probable que tenga consecuencias negativas en la vida de un niño a largo plazo. (OMS,
2017)
A nivel nacional, según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (como
se citó en MINSA, 2015), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística, la
desnutrición crónica afectó al 14,4% de niñas y niños menores de cinco años; habiendo
experimentado una disminución con respecto al año 2007 y 2013 donde se obtuvo
21.6% y 17.5% de niños desnutridos respectivamente. Otro dato revelador, manifiesta
que esta enfermedad se presenta principalmente en zonas rurales (21.9%) y en menor
proporción en lugares urbanos (5.8%).
Según el INEI (2017), el porcentaje de desnutrición crónica a nivel nacional
en la población menor de cinco años de edad pasó de 14.4% a 13.1%, disminuyendo
desnutridos. A nivel regional afectó principalmente a los departamentos más pobres
del país como Huancavelica, Cajamarca, Ucayali, Pasco y Loreto, con tasas de
desnutrición crónica superiores al 23%”.
Por otro lado, otra forma de malnutrición es la obesidad y el sobrepeso, las
cuales se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser
perjudicial para la salud. Este problema de sobrenutrición puede provocar diabetes en
la infancia, enfermedades cardiovasculares y otros problemas graves de salud en la
edad adulta. Esto se debe a que los niños muchas veces consumen grandes cantidades
de alimentos altos en energía, como bebidas azucaradas o alimentos fritos y ricos en
almidón, pero pobres en otros nutrientes fundamentales. (OMS, 2015)
La obesidad y sobrepeso infantil en menores de 2 años, es un aspecto
importante ya que de no tener una adecuada alimentación complementaria y de no
controlarse, estos problemas de salud en estos primeros años de vida, repercutirán en
la etapa de la adultez. Es cierto que no se han realizado estudios prospectivos a largo
plazo, sin embargo, estudios retrospectivos y prospectivos a corto plazo, tienden a
sostener la hipótesis de que tanto la desnutrición como la sobrealimentación en la
infancia pueden conducir a una obesidad tardía. En la obesidad existe un mayor riesgo
de enfermedad cardíaca e hipercolesterolemia, por lo cual, es lógico considerarla como
una consecuencia negativa de una alimentación temprana inadecuada. (Castro, 2016)
El Perú presenta un incremento de casos de niños menores de 5 años con
sobrepeso y obesidad. Según el Centro Nacional de Alimentación y Nutrición (como
se citó en INEI, 2017) los niños con sobrepeso han incrementado de 4.3% en el 2012
a un 5.5% en el 2017; mientras que, los niños con obesidad se han mantenido desde el
Según datos obtenidos a través del Sistema de Información del Estado
Nutricional (como se citó en INEI, 2017) nos revela que el estado nutricional de niños
menores de 5 años, durante el periodo de enero a marzo del 2017 a nivel regional el
sobrepeso y la obesidad afecta principalmente a los departamentos como Tacna,
Moquegua, Callao, Lima, Ica, Arequipa y La Libertad con porcentajes mayores de
6.8% y 1.4% respectivamente.
El departamento de La Libertad presenta 9.2% de desnutrición crónica,
donde 0.7% de riesgo de desnutrición crónica y 2% de desnutrición aguda. A nivel
local los establecimientos de salud que tienen mayores cifras de desnutrición crónica
es Poroto (9,6%), Alto Trujillo (9,2%) y Alto Moche (7.4%). También revela que un
6.8% de sobrepeso y 1,7% de Obesidad. Asi mismo a nivel local los establecimientos
de salud que tienen el mayor registro de cifras de sobrepeso y obesidad es El
Porvenir, Florencia de Mora, La Esperanza, Poroto, Salaverry, Trujillo y Moche.
Donde de este último, en el Puesto de Salud Alto Moche presenta obesidad y
sobrepeso de 6.5 % y 6.4% respectivamente. (INEI, 2017)
Frente a esta realidad, en el lactante es de suma importancia una adecuada
alimentación complementaria, es por ello que la ONU (2015) establece los Objetivos
de Desarrollo Sostenible, en donde el objetivo 2 denominado “hambre cero” busca
terminar con todas las formas de hambre y desnutrición para 2030 y velar por el
acceso de todas las personas, en especial los niños, a una alimentación suficiente y
nutritiva durante todo el año. El Plan Hambre Cero incluye el plan la Ventana de los
1000 días, que comprende desde del embarazo hasta los 2 años de vida, como período
crucial de prevención de la desnutrición. Este plan cuenta con 10 pasos, siendo el más
Asimismo se han establecido estándares para el desarrollo de
recomendaciones locales sobre la alimentación. Estos principios brindan una guía
sobre los comportamientos deseables, relacionados con la alimentación, así como
recomendaciones sobre la cantidad, consistencia, frecuencia, densidad energética y
contenido de nutrientes de los alimentos. Los Principios de Orientación, son
explicados con mayor detalle en los siguientes párrafos. (PAHO & WHO, 2013)
El primer principio destaca la importancia de la práctica de la lactancia
materna exclusiva desde el nacimiento hasta los 6 meses de edad, y el porqué de la
introducción de los alimentos complementarios a partir de los 6 meses de edad (180
días) (OMS, 2014).
Este principio refiere que la lactancia materna exclusiva, durante los
primeros 6 meses de vida, brinda varios beneficios al lactante y a la madre. El
principal beneficio es su efecto protector contra las infecciones gastrointestinales, lo
cual ha sido observado no solamente en países en desarrollo, sino también en países
industrializados. Según los nuevos Patrones de Crecimiento de la OMS, los niños que
son alimentados con lactancia materna exclusiva, tienen un crecimiento más rápido
durante los primeros 6 meses de vida, en comparación con otros niños. (WHO,
2008)
Posteriormente cuando el lactante cumple los 6 meses de edad, duplica su
peso y se torna más activo. Por lo que, por sí sola, la lactancia materna ya no es
suficiente para cubrir sus requerimientos de energía y de nutrientes, por ende se deben
introducir los alimentos complementarios para completar la diferencia.
Aproximadamente, a los 6 meses de edad, el lactante también ha alcanzado el
suficientemente maduro para digerir el almidón, proteínas y grasas de una dieta no
láctea. Los lactantes muy pequeños expulsan los alimentos con la lengua pero entre
los 6 a 9 meses, pueden recibir y mantener los alimentos en la boca con más facilidad.
(OMS, 2010)
El segundo principio explica el porqué, sobre continuar con la lactancia
materna frecuente y a libre demanda hasta los dos años de edad o más. Esto debido
a que la lactancia materna puede aportar la mitad o más de los requerimientos de
energía del niño de 6 a 12 meses de edad y un tercio de sus requerimientos de energía,
además de otros nutrientes de elevada calidad para niños de 12 a 24 meses de edad.
La leche materna continúa aportando nutrientes de mejor calidad que los que existen
en los alimentos complementarios, así como factores protectores. (Dewey & Brown,
2003, p.5; OMS, 2014)
El tercer principio consiste en practicar la alimentación perceptiva aplicando
los principios de cuidado psico-social. Esto significa que la alimentación
complementaria óptima depende, no solamente, del con qué se alimenta al niño;
también depende del cómo, cuándo, dónde y quién lo alimenta. En tal sentido esta es
un estilo más activo de alimentación, en el cual hay un equilibrio oscilando "entre el
dejar hacer" al niño y la participación del adulto; animando, asistiendo, ofreciendo
un entorno de amor, cuidado y paciencia al niño para que aprenda a comer así como
crear un ambiente de bienestar y una atención especial en los momentos de la comida.
(Engle, Bentley & Pelto, 2000, p.25)
Lo principios de la alimentación perceptiva son: alimentar a los lactantes
directamente y asistir a los niños mayores cuando comen por sí solos, respondiendo
los niños a comer, pero sin forzarlos; si los niños rechazan varios alimentos,
experimentar con diversas combinaciones, sabores, texturas y métodos para
animarlos a comer; minimizar las distracciones durante las horas de comida si el niño
pierde interés rápidamente; recordar que los momentos de comer son periodos de
aprendizaje y amor – hablar con los niños y mantener el contacto visual. (OMS, 2010)
El cuarto principio consiste en ejercer buenas prácticas de higiene y manejo
de alimentos. Todos los utensilios como: vasos, tazas, platos y cucharas empleados
para alimentar al lactante o niño pequeño, deben ser exhaustivamente lavados. En
muchas culturas, es común el comer con las manos y los niños reciben piezas sólidas
de alimentos para que las sostengan y mastiquen, a veces estas son llamadas ‘comidas
para los dedos’. Es importante que las manos del cuidador y del niño sean
cuidadosamente lavadas antes de comer. (OMS, 2014)
De tal manera que existen cinco claves para la inocuidad de los alimentos
los cuales consisten en: mantener la limpieza, separar alimentos crudos y cocinados,
cocinar completamente dichos alimentos, mantener los alimentos a temperaturas
seguras y usar agua y materia prima seguras. (WHO, 2008)
El quinto principio consiste en comenzar a los seis meses de edad con
cantidades pequeñas de alimentos y aumentar la cantidad conforme crece el niño,
mientras se mantiene la lactancia materna. Por conveniencia, la cantidad total de
alimentos generalmente es medida según la cantidad de energía que aportan; es decir
la cantidad de kilocalorías (kcal) que necesita el niño. También son igualmente
importantes otros nutrientes, los que deben ser parte de los alimentos o deben ser
La energía que se requiere, adicionalmente a la leche materna, es de
aproximadamente 200 kcal por día, para niños de 6–8 meses; 300 kcal por día para
niños de 9–11 meses y 550 kcal por día para niños de 12–23 meses de edad. La
cantidad de alimentos que se requiere para cubrir estas brechas se incrementa a
medida que el niño tiene mayor edad y que la ingesta de leche materna se reduce.
(WHO, 2008)
De 6 a 8 meses de edad, la energía dada por día además de la leche materna
deberá ser de 200 kcal/ día y comenzando la alimentación con papillas espesas y
alimentos bien aplastados. Para la frecuencia se dice que deberá ser de 2 a 3 veces
por día, dependiendo del apetito del niño, ya que se puede ofrecer de 1 a 2 meriendas.
Asimismo en cuanto a la cantidad de alimentos que el niño debe consumir, es de 2 a
3 cucharadas por comida, luego incrementar gradualmente a ½ vaso o taza de 250 ml.
(OMS, 2010)
De 12 a 23 meses de edad, la energía dada por día además de la leche
materna deberá ser de 550 kcal/día y comenzando con alimentos de la familia,
picados o, si es necesario aplastados. Para la frecuencia se dice que deberá ser de 3 a
4 comidas por día y dependiendo del apetito del niño, se pueden ofrecer 1 a 2
meriendas por día. Asimismo en cuanto a la cantidad de alimentos que el niño debe
consumir, ¾ a un vaso o taza o plato, de 250 ml. (WHO, 2008)
La cantidad verdadera (peso o volumen) de comida requerida, depende de la
densidad energética del alimento ofrecido. Esto representa al número de kiloca- lorías
por ml o por gramo. La leche materna contiene aproximadamente 0.7 kcal por ml,
mientras que los alimentos complementarios son más variables y, usualmente,
contienen aproximadamente solo 0.3 kcal por gramo. Para que los alimentos
complementarios tengan 1.0 kcal por gramo, es necesario que sean muy espesos y
que contengan grasa o aceite, lo cual hace que sean alimentos ricos en energía. (OMS,
2010)
Los alimentos complementarios deberían tener mayor densidad energética
que la leche materna; esto es, por lo menos 0.8 kcal por gramo. Las cantidades de
alimentos recomendadas anteriormente asumen que el alimento complementario
contiene 0.8–1.0 kcal por gramo. Si el alimento complementario tiene mayor
densidad energética, entonces se requiere una menor cantidad para cubrir la brecha
de energía. Un alimento complementario que tiene menor densidad energética (es
más diluido) necesita ser administrado en una mayor cantidad, para cubrir la brecha
de energía. (OMS, 2010)
Cuando el alimento complementario es introducido en la dieta del lactante,
este tiende a recibir pecho materno con menor frecuencia y su ingesta de leche
disminuye, de manera que, efectivamente la alimentación complementaria desplaza
a la leche materna. Si los alimentos complementarios tienen una densidad energética
menor que la leche materna, la ingesta de energía del niño será menor que la que
obtenida con la lactancia materna exclusiva. (WHO, 2005)
El sexto principio refiere a aumentar la consistencia de los alimentos
gradualmente conforme crece el niño, adaptándose a los requisitos y habilidades de
los niños. La consistencia más apropiada de la comida del lactante o niño pequeño,
depende de la edad y del desarrollo neuromuscular. (OPS, 2010; OMS, 2014)
La maduración neuromuscular del lactante no le permite pasar directamente
transición, especialmente adaptados para esta primera etapa, hasta que
aproximadamente al año, el niño es capaz de alimentarse en la mesa familiar, con
alimentos de consistencia no muy dura. Por esto se aconseja aumentar gradualmente
la consistencia y variedad de los alimentos a medida que el niño crece, adaptándose
a los requerimientos y habilidades motoras esenciales como el masticado y el
contacto con nuevos sabores. El avance del proceso de alimentación esté asociado al
desarrollo general del niño, al desarrollo de los maxilares y a la evolución de la
dentición. Alrededor del sexto mes los músculos y nervios de la boca se desarrollan
suficientemente para masticar, los niños a esta edad controlan mejor la lengua y
pueden mover mejor la mandíbula hacia arriba y hacia abajo. Todo ello debido a la
madurez para recibir alimentos de consistencia más densa. (OPS, 2010)
Los alimentos complementarios deben ser lo suficientemente espesos para
mantenerse en la cuchara y que no se escurran hacia fuera. Generalmente, los alimen-
tos que son más espesos o más sólidos tienen mayor densidad de energía y nutrientes
que los alimentos aguados o muy blandos. Cuando el niño come alimentos espesos
o sólidos, resulta más fácil el darles mayor suministro de kcal e incluir una variedad
de ingredientes ricos en nutrientes, como los alimentos de origen animal. Existen
pruebas sobre la presencia de una ‘ventana crítica’ para incorporar alimentos
‘grumosos’ (con pedazos de alimentos): si estos son administrados más allá de los
10 meses de edad, se puede incrementar el riesgo posterior de sufrir problemas de
alimentación. Si bien el continuar con alimentos semisólidos puede ahorrar tiempo,
es importante para el crecimiento óptimo del niño que, la consistencia de los
alimentos se incremente de manera gradual y con la edad. (WHO, 2008)
niño tiene mayor edad, necesita una mayor cantidad total de alimentos por día; los
alimentos deben ser divididos, o fraccionados, en una mayor cantidad de comidas.
(OMS, 2014)
El número de comidas que un lactante o niño pequeño necesita, será
condicionado a cuánta energía necesita el niño para de esta forma cubrir la brecha de
energía. Cuanta más energía requiera el niño cada día, necesitará mayor número de
comidas das para asegurar que él o ella tengan la suficiente energía. Así mismo
dependerá de la cantidad de alimentos que el niño pueda comer en una comida. Esto
depende de la capacidad o tamaño de su estómago, la cual usualmente es de 30 ml
por kg de peso. Un niño que pesa 8 kg tendrá una capacidad gástrica de 240 ml,
aproximadamente un vaso o taza lleno de tamaño grande; no se puede esperar que
coma más que esta cantidad durante una comida. (OMS, 2014)
Por otro lado también dependerá de la densidad energética del alimento
ofrecido. La densidad de energía de los alimentos complementarios debe ser mayor
que la de la leche materna: esto es, al menos 0.8 kcal por gramo. Si la densidad
energética es menor, para llenar la brecha de energía se requiere un mayor volumen
de alimentos; estos pueden requerir ser fraccionados en un número mayor de comidas.
(OMS, 2010)
La OPS (2010), refiere que para el niño de 6 meses se debe comenzar con
papillas espesas, 2 comidas por día, de 2 a 3 cucharadas por comida. En el niño de 7
a 8 meses dar alimentos aplastados, 3 comidas por día, de 3 a 5 cucharadas por
comida. De 9 a 11 meses dar alimentos finamente picados en trozos, 4 comidas por
día, de 5 a 7 cucharadas por comida; para el lactante de 12 meses dar alimentos de la
El octavo principio se refiere a dar una variedad de alimentos para asegurarse
de cubrir las necesidades nutricionales. Para ello el alimento complementario deberá
reunir con las siguientes características: rico en energía, proteína y micronutrientes
(particularmente hierro, zinc, calcio, vitamina A y C y fosfato); no es picante ni
salado; el niño puede comerlo con facilidad; es del gusto del niño; está disponible
localmente y es asequible. (OMS, 2010; OMS, 2014)
En el párrafo anterior, cuando hablamos de alimentos ricos en energía,
generalmente, son aquellos alimentos básicos locales con los cuales se prepara el
alimento complementario. Los alimentos básicos pueden ser cereales, legumbres,
verduras o frutas que están constituidos principalmente por hidratos de carbono
(OMS, 2010).
Como ya mencionado anteriormente, un básico local son las verduras. Estas
generalmente son administradas a partir de los 6 meses y se preparan en forma de
puré. De otro lado, las legumbres, tienen mayor contenido proteico que las verduras
y se suelen introducir a los 11 a 12 meses en pequeñas cantidades lo cual hará
favorecer su digestión y evitar flatulencias. (Díaz, Gómez y Ruiz, 2006, p.56)
De distinta manera, encontramos a las frutas como un básico local. Las frutas
son ricas en agua, carbohidratos, vitaminas y minerales, al principio se puede dar en
forma de zumo, después en puré y más tarde cruda, preparada con frutas frescas y
maduras sin añadirle azúcar. Las frutas y verduras de color naranja, como son la
zanahoria, zapallo, mango y papaya; y las hojas de color verde oscuro, por ejemplo,
la espinaca, son ricos en caroteno, un precursor de la vitamina A y también son ricos
en vitamina C. La fruta potencialmente ácida como la naranja se debe introducir
Otros alimentos ricos en energía y que no necesariamente son alimentos
básicos centrales, son las grasas, aceites, y los azucares. Las grasas y aceites son
fuentes concentradas de energía y de ciertas grasas esenciales que son necesarias para
el crecimiento del niño. El consumo de grasas y aceites es importante, debido a que
incrementan la densidad energética de los alimentos y mejoran su sabor. Las grasas
también mejoran la absorción de la vitamina A y de otras vitaminas liposolubles.
Algunos aceites, en especial los de soja o de semilla de colza (nabo), también aportan
ácidos grasos esenciales. La grasa debe representar el 30 a 45% del aporte total de la
energía aportada por la leche materna y la alimentación complementaria juntas.
(OMS, 2010)
El azúcar es una fuente concentrada de energía, pero carece de otros
nutrientes. Puede dañar los dientes de los niños y provocar sobrepeso y obesidad. El
azúcar y las bebidas dulces, como las gaseosas, deben ser evitadas debido a que
reducen el apetito del niño y estos no consumen alimentos más nutritivos. El té y el
café contienen compuestos que interfieren con la absorción de hierro y no se
recomiendan para niños pequeños. (OMS, 2010)
Si bien es cierto que los alimentos básicos locales aportan una gran cantidad
de energía estas deben ser acompañadas de alimentos ricos en proteínas para cubrir
en gran magnitud las necesidades nutricionales del lactante. Los alimentos ricos en
proteínas son las carnes, pescado y huevo además que contienen alto valor biológico,
vitaminas del grupo B y sales minerales, sobre todo hierro, en el caso de la carne y
el huevo. La carne y el pescado deben prepararse cocidos, triturados y sin grasas,
generalmente la carne se introduce después de las verduras, administrando en primer
lugar la carne de pollo sin piel, por ser menos alergénica. (Posada, Gómez y Ramírez,
La yema de huevo por su mayor poder antigénico, se debe introducir a partir
de los 6 meses. La yema de huevo se debe introducir siempre cocida, ya que, el huevo
crudo es más alergénico, se digiere peor y tiene mayor riesgo de contaminación. Sin
embargo la introducción de la clara de huevo se retrasa al año de edad, ya que
contiene ovoalbúmina de gran capacidad alergénica. El aporte del huevo no debe
superar las 2 1a 3 unidades de la semana. (Posada, Gómez y Ramírez, 2005, p.273)
A su vez, la administración de la carne, pescado y huevo, muy aparte de ser
alimentos ricos en proteínas, hoy en día cumplen un papel importante en la
disminución de la mayor brecha que aqueja al niño, la del hierro, de manera que es
de particular importancia que los alimentos complementarios contengan dicho
micronutriente. De igual forma estas deben ser administrados con alimentos ricos en
vitamina C, para favorecer la absorción de hierro. (OMS, 2010)
Por último y no por ello poco importante encontramos a los derivados
lácteos. El yogur favorece la absorción, la asimilación del calcio y aporta lactobacilos
que regeneran la flora intestinal. Asi mismo son buenas fuentes de calcio, proteínas,
energía y vitaminas del complejo B. Se recomienda administración a partir de los 8
a 9 meses de edad. El queso se puede introducir al final del primer año. (OMS, 2010)
El noveno principio consiste en utilizar alimentos complementarios
fortificados o suplementos de vitaminas y minerales para los lactantes de acuerdo a
sus necesidades. Los alimentos complementarios no fortificados, pre-
dominantemente a base de plantas usualmente brindan cantidades insuficientes de
ciertos nutrientes ‘clave’ (particularmente hierro, zinc vitamina B6) para lograr
alcanzar las cantidades recomendadas de ingesta de nutrientes, durante la
La incorporación de alimentos de origen animal, en algunos casos, puede ser
suficiente para llenar la brecha; sin embargo, para poblaciones que viven en la
pobreza, esto incrementa el costo de la alimentación, lo cual puede ser un
inconveniente. Además, la cantidad de alimentos de origen animal que puede ser,
factiblemente, consumida por los lactantes (por ejemplo de 6 a 12 meses de edad),
generalmente es insuficiente para llenar la brecha de hierro. (OMS, 2010)
La dificultad para alcanzar los requerimientos de estos nutrientes, no es
exclusiva de los países en desarrollo. El promedio de la ingesta de hierro en lactantes
de países industrializados, podría ser bastante más bajo si no existiera la amplia
disponibilidad de productos fortificados con hierro. Por lo tanto, en lugares donde los
alimentos de origen animal son escasos o no están disponibles para muchas familias,
es necesario que existan en los sitios de consumo alimentos complementarios
fortificados con hierro o alimentos fortificados con suplementos nutricionales
(micronutrientes en polvo) o con suplementos de base lipídica. (OMS,
2010)
El décimo principio nos recomienda aumentar la ingesta de líquidos durante
las enfermedades incluyendo la leche materna (lactancia más frecuente), y alentar al
niño a comer alimentos suaves, variados, apetecedores y que sean sus favoritos.
Después de la enfermedad, se debe dar alimentos con mayor frecuencia de lo normal
y alentar al niño a que coma más. (OMS, 2014)
Durante la enfermedad, con frecuencia la necesidad de líquidos se
incrementa, de manera que se debería ofrecer y estimular a que el niño beba más;
apetito del niño hacia la comida disminuye, mientras que el deseo de lactar se incre-
menta; la leche materna se convierte en la principal fuente, tanto de líquidos como de
nutrientes. (OMS, 2010)
Se debería estimular a que el niño coma algo de alimentos complementarios,
para mantener el aporte de nutrientes y mejorar su recuperación. Usualmente, la
ingesta es mejor si se ofrece al niño sus alimentos preferidos y si los alimentos son
suaves y apetitosos. Es probable que la cantidad de alimentos que recibe en cualquier
comida sea menor que la usual, de manera que el cuidador debe ofrecer los alimentos
con mayor frecuencia y en pequeñas cantidades. Cuando el lactante o niño pequeño
está en periodo de recuperación y su apetito mejora, el cuidador debe ofrecerle una
porción adicional en cada comida o una comida o ‘merienda’ adicionales cada día.
(OMS, 2010).
En conclusión la alimentación complementaria es el proceso que se inicia
con la introducción gradual y paulatinamente de alimentos diferentes a la leche
humana, para satisfacer las necesidades nutricionales del niño y se recomienda
después de los seis meses de edad. Por tal razón, la importancia que adquieren los
alimentos como tal, la consistencia y el proceso de introducción en la alimentación,
es una característica definitiva en el análisis del estado nutricional de las niñas y
niños. (INEI, 2012; Rodríguez y Larrosa, 2013, p.69)
El estado nutricional es el resultado del balance corporal entre necesidades
y gasto de energía alimentaria y de otros nutrientes esenciales; se logra cuando los
niños y niñas tienen acceso a una alimentación asequible, variada y rica en nutrientes,
apropiados y a un entorno saludable de agua potable que incluya el saneamiento y
unas buenas prácticas de higiene. (UNICEF, 2013)
El estado nutricional se puede clasificar en diferentes grados: cuando
hablamos de los niños que están alimentados normalmente, que tienen un peso y una
talla que para su edad son adecuados; en otro rango están los niños que padecen de
obesidad, son aquellos que tienen el peso alto para la talla que poseen; y en el otro
extremo están los niños que tienen desmedro, es decir que tienen una baja talla y los
niños muy delgados son los que tienen un peso muy bajo para su edad. (OMS, 2006)
La OMS (2006), operacionalizó los Patrones de Crecimiento en base a los
indicadores Peso/Edad, Talla/Edad y Peso/Talla. Clasificándolos de la siguiente
manera: Según Peso/Edad: sobrepeso, cuando la relación P/E es > +2 DE; normal:
cuando la relación la relación P/E varía entre -2 DE y +2 DE; y desnutrición, cuando
la relación P/E varía entre < -2 DE a -3 DE. Según Talla/Edad: talla alta, cuando la
relación T/E es > +2 DE; normal, cuando la relación T/E varía entre -2 DE y +2 DE;
y talla taja, cuando la relación T/E es < -2 DE a -3 DE. Por último de acuerdo al
indicador Peso/Talla: obesidad, cuando la relación P/T es >+3 DE; sobrepeso,
cuando la relación P/T es > +2 DE: normal, cuando la relación P/T varía entre -2 DE
y +2 DE; desnutrición aguda, cuando la relación P/T es < -2 DE a -3 DE; y
desnutrición severa, cuando la relación P/T es < -3 DE.
De tal forma que, para medir el estado nutricional se deben utilizar las curvas
de las cartillas (o cuadros) de crecimiento, las cuales ayudarán a interpretar los puntos
graficados que representan el estado del crecimiento del niño. La curva
‘0’ de cada cuadro representa la mediana, la cual es, hablando de manera general, el
del promedio. Las curvas de puntuación Z, en los cuadros de crecimiento, son
numeradas positiva (1, 2, 3) o negativamente (−1, −2, −3). En general un punto
graficado que se encuentra lejos de la mediana, en cualquier dirección (por ejemplo,
cerca de 3 o a −3 de puntuación Z), representa un problema: aunque es necesario
considerar otros factores, como son la tendencia del crecimiento, la condición de
salud del niño y la talla de los padres. (OMS, 2010)
Es así que, ante lo mencionado, la Norma Técnica de Crecimiento y
Desarrollo del Niño menor de 5 años, clasificó el estado nutricional en base a la
comparación de los indicadores: Peso/Edad (P/E), Talla/Edad (T/E) y Peso/Talla
(P/T) con los valores de los Patrones de Referencia vigente. Los indicadores
antropométricos son: el P/T que es el peso que corresponde a un niño para la talla que
tiene en el momento de la medición y mide la desnutrición aguda; T/E, este índice mide
la desnutrición crónica, el crecimiento en talla es más lento que el peso y las
deficiencias en talla tienden a ser también lentas y a tomar más tiempo para
recuperarse; finalmente el P/E, que es un indicador primario que corresponde a la
relación entre el peso real de un niño y su peso teórico normal expresado en
porcentaje; se utiliza para medir la desnutrición global. (MINSA, 2006)
La desnutrición infantil es el resultado de la ingesta insuficiente de alimentos
(en cantidad y calidad). No obstante detrás de estas causas inmediatas, hay otras
subyacentes como son la falta de acceso a los alimentos, la aparición de enfermedades
infecciosas, la falta de atención sanitaria, la utilización de sistemas de agua y
saneamiento insalubres, y las prácticas deficientes de cuidado y alimentación. En el
origen de todo ello están las causas básicas que incluyen factores sociales,
La desnutrición se manifiesta en el niño de diversas formas: es más pequeño
de lo que le corresponde para su edad, pesa poco para su altura y pesa menos de lo
que le corresponde para su edad. La desnutrición se clasifica en: Desnutrición crónica
y aguda. (OMS, 2006)
Un niño que sufre desnutrición crónica presenta un retraso en su crecimiento.
Se mide comparando la talla del niño con el estándar recomendado para su edad.
Indica una carencia de los nutrientes necesarios durante un tiempo prolongado, por
lo que aumenta el riesgo de que contraiga enfermedades y afecta al desarrollo físico
e intelectual del niño. La desnutrición crónica, siendo un problema de mayor
magnitud en cuanto al número de niños afectados, es a veces invisible y recibe menor
atención. Mientras que la desnutrición aguda o severa es la forma de desnutrición más
grave. El niño tiene un peso muy por debajo del estándar de referencia para su altura.
Se mide también por el perímetro del brazo. Altera todos los procesos vitales del niño
y conlleva un alto riesgo de mortalidad. El riesgo de muerte para un niño con
desnutrición aguda grave es 9 veces superior que para un niño en condiciones
normales. Requiere atención médica urgente. (UNICEF, 2011)
Existen suficientes evidencias científicas y empíricas que demuestran que
la desnutrición en las niñas y niños menores de 3 años tiene un impacto negativo
durante todo su ciclo de vida. Los niños que se desnutren en sus primeros años están
expuestos a mayores riesgos de muerte durante la infancia y de morbilidad y
desnutrición durante todo el ciclo vital. La desnutrición limita su potencial de
desarrollo físico e intelectual, a la vez que restringe su capacidad de aprender y
trabajar en la adultez. La desnutrición también impacta negativamente en la salud, la
educación y la productividad de las personas e impide el desarrollo de los países de
El sobrepeso es la condición de poseer más grasa corporal de la que se
considera saludable en relación con la estatura. Este es el incremento del 10% del
peso en relación con el peso estándar correspondientes. Las consecuencias del
sobrepeso son: cansancio fácil y tendencia excesiva al sueño; trastornos del corazón
e hipertensión arterial; facilidad para infecciones del aparato respiratorio; tendencia
a la diabetes; enfermedades del riñón, hígado y vías biliares; y afecciones de las
articulaciones. (MINSA, 2006)
La obesidad son niños que tienen peso mayor de 20% por encima de la
medida. Esta enfermedad en los lactantes va en aumento en todo el mundo. Si bien
en algunos entornos las tasas se han estabilizado, en cifras absolutas hay más niños
con sobrepeso y obesidad en los países de ingresos bajos y medianos que en los países
de ingresos altos. La obesidad puede afectar a la salud inmediata de los lactantes,
además de generar muchas probabilidades de seguir siendo obesos en la edad adulta
y correr el riesgo de sufrir enfermedades crónicas. (OMS, 2016)
Asi mismo es importante destacar que el estado nutricional que presenta el
niño está relacionado con los conocimientos de la madre, lo cual se vincula con los
hábitos y costumbres que tienen sobre la administración de los alimentos como la
frecuencia, la consistencia, la cantidad y la inclusión oportuna de los alimentos según
la edad. (Zavaleta, 2013)
El conocimiento es un conjunto integrado por información, reglas,
interpretaciones y conexiones puestas dentro de un contexto y de una experiencia, que
ha sucedido dentro de una organización, bien de una forma general o personal. Existen
múltiples definiciones de conocimiento, desde las clásicas y fundamentales como una
experiencia, valores, información, “saber hacer” que sirve como marco para la
incorporación de nuevas experiencias e información, y la cual es útil para la acción.
(Mora, 2009)
El nivel de conocimiento se clasifica en tres categorías: Nivel de
Conocimiento alto es la capacidad de entender correctamente, asimilar y procesar
información, haciéndola útil para el desarrollo personal. Se manifiesta en las distintas
actividades que se desarrollan. El Nivel de Conocimiento medio, capacidad de asimilar
los conocimientos elementales, sin embrago podrían desconocer algunos pues no tienen
un fundamento claro. En tercer lugar el nivel de Conocimiento bajo referidos a la
persona que posee un conocimiento escaso, con una conducta inapropiada. (Díaz,
2009, p.113)
Sin embargo cuando nos referimos al nivel de conocimiento de la madre sobre
alimentación, esta le permite examinar la información base, seleccionar datos
importantes y llevar a cabo la toma de decisiones de una forma consciente y
responsable. Ella adquiere conocimientos científicos y prácticos: el saber científico,
está referido a los conocimientos técnicos adquiridos por medio de los profesionales
de salud, medios televisivos y de comunicación social; y el saber practico, aquel que
las madres adquieren por medio del sentido común o de sus experiencias de vida como
hija o como madre. (Martínez, 2005, p.617)
La madre debe informarse correctamente de cuándo y cómo brindar una
alimentación complementaria correcta, para mantener en condiciones óptimas al
lactante; ya que ella constituye el elemento básico en la protección y la supervivencia
infantil, siendo su participación fundamental en el cuidado del niño durante los
como agente de salud del más alto nivel, por el conocimiento que tiene de su propio
hijo y por el tiempo y amor que le dedica, constituyéndose como parte importante en
el proceso de crecimiento desarrollo del niño. (Behrman, 2006, p.157)
Según Díaz (2009), los factores que determinan el conocimiento de la madre
,son tres: el factor socioeconómico-cultural, que abarca el nivel educativo de la madre,
representa la probabilidad de morbi-mortalidad infantil en los primeros años de vida
del niño .asimismo la procedencia, nivel de ingresos los que limita el acceso a los
alimentos, la experiencia según el número de hijos: madres primíparas o multíparas,
los consejos de la familia que manejan un conjunto de creencias, muchas veces,
erróneas, profundamente arraigadas en nuestra cultura; el factor biológico, como el
deficiente estado nutricional materno, aumenta los riesgos de desnutrición del niño y
bajo peso del recién nacido; y el factor ambiental que abarca aspectos de saneamiento
básico también es una gran influencia. (p.127)
En ese sentido, mediante las definiciones ya mencionadas a cerca del
conocimiento de la madre sobre alimentación complementaria, podemos concluir que
esta es un conjunto de información y recolección de datos, adquirida en muchas
situaciones por las experiencias previas con hijos anteriores, así como también de la
educación recibida por parte de los establecimientos de salud, donde los profesionales
de salud, son los principales responsables de brindar información, y de esa forma
garantizar una óptima salud en los niños.
Es así que el rol de la enfermera como profesional de salud, durante el control
de Crecimiento y Desarrollo del Niño Sano menor de 5 años, detecta de manera
crecimiento y desarrollo y promover prácticas adecuadas de cuidado de la niña y niño.
(Grupo Océano, 2008, p.60)
Así mismo la enfermera desarrolla con habilidad y destreza procedimientos
propios del consultorio de Crecimiento y Desarrollo para la atención del Niño Sano
(examen físico, valoración del crecimiento y desarrollo psicomotor), además orienta a
la madre y resuelve cualquier duda. Se debe considerar que el tiempo de espera para
la consulta no debe durar más de 30 a 60 minutos y el tiempo de duración de la consulta
sea de 45 minutos. (Vílchez y Gorritti, 2007; MINSA, 2010)
De modo que la enfermera cumple un rol trascendental en el quehacer
sanitario en el primer nivel de atención actuando de manera importante en lo que hoy
se conoce como la medicina del futuro, es decir los cuidados de la vida y la salud en
términos de prevención y promoción. (Rojas, 2004, p.43)
En el párrafo anterior cuando se menciona, la prevención de enfermedades y
promoción de la salud, se refiere a un enfoque preventivo donde la consejería de
ejercicio principalmente del profesional de enfermería se usa como herramienta
principal para promover comportamientos saludables de apoyo situacional orientando
al usuario a la solución de problemas. (Rodríguez, 2003)
Según la Norma Técnica de Salud para el Control de Crecimiento del Niño/a
menor de cinco años, consejería es un proceso educativo comunicacional que se
desarrolla de manera participativa entre el prestador de salud y los padres o
responsables del cuidado del niño/a, sin embargo se suele observar que el profesional
de enfermería orienta a los padres, donde le dice lo que debe de hacer omitiendo su
La consejería básicamente está dirigida a establecer una relación entre el
profesional de enfermería y los padres, donde no se les diga lo que deben hacer sino
proporcionarle información y alternativas necesarias para que ellos tomen la mejor
decisión (MINSA, 2011).
Dicha consejería sobre la alimentación del lactante y del niño pequeño, es un
proceso en el cual el personal de salud puede ayudar a que las madres y sus lactantes
practiquen buenas prácticas de alimentación y ayudándoles a superar dificultades. Los
detalles sobre la consejería del lactante y del niño pequeño, dependen de la edad del
niño y de las circunstancias de la madre. (OMS, 2010)
No obstante para que la enfermera pueda brindar una buena consejería debe
tener calor humano, sensibilidad social, vocación por la enseñanza, humildad, actitud
optimista y vital, respeto por la experiencia y conocimientos previos de los padres y
sus resistencias al cambio, honradez y sinceridad, capacidad de auto evaluación,
discreción; también debe escuchar, atender y ser abierta, alentar a los padres a hablar
y ayudarse mutuamente, dar información correcta, actuar con fineza, tacto y paciencia,
llevar el tema con sencillez y animación, hacer que los padres se sientan cómodos en
confianza y alentarlos a que regresen. (Montoya, 2014)
En conclusión, como se ha mencionado en los párrafos anteriores, existe una
gran relación entre el nivel de conocimiento materno y la repercusión en el estado
nutricional de su hijo. Es por ello que la enfermera al cumplir un rol trascendental en
la promoción y prevención de la salud, deberá brindar consejería nutricional sobre
alimentación complementaria a los padres de familia, específicamente la madre. Solo
de esta forma dicha madre podrá sentirse a través de la educación brindada, capacitada
forma finalmente logramos que dicha madre se convierta en un elemento valioso de
apoyo, junto al personal de salud, para la prevención y/o erradicación de la desnutrición
en los lactantes.
Se han realizado investigaciones relacionados con el presente trabajo de
investigación, así tenemos que a nivel mundial, se presentaron algunos estudios, siendo
tales:
Jácome (2013), en Quito realizó un estudio titulado: “Relación entre las
Prácticas de Alimentación Complementaria y el Estado Nutricional de niñas y niños
de 6 a 24 meses de edad que asisten al Centro de Salud N°10 Rumiñahui”. Los
resultados fueron: “Las prácticas de alimentación complementaria (hábitos
alimentarios e ingesta calórica) tiene una influencia en el estado nutricional de una
manera positiva cuando se cumplen las recomendaciones sobre la alimentación del
infante (porciones, cantidad, frecuencia, calorías), y de una manera negativa cuando
no se aplica, pero, su efecto se observa de manera conjunta, es decir, que una conducta
individual no puede determinar la existencia o no de algún tipo de malnutrición”.
Escobar (2013), en Latacunga - Ecuador, realizó un estudio titulado:
“Relación de los Conocimientos, Actitudes y Prácticas de las Madres sobre
Alimentación Complementaria con el Estado Nutricional de los niños y niñas que
acuden a consulta externa de Pediatría en el Hospital del IESS”. Las conclusiones
fueron las siguientes: “Hay una asociación entre el nivel de prácticas de las madres con
el nivel de conocimientos que poseen sobre este tema, sin ser este el único
determinante, ya que las creencias ancestrales y culturales que existen al respecto
juegan un papel importante. La repercusión en el estado nutricional es evidente, siendo
evidenciados en niños y niñas de madres con nivel de conocimientos medio y bajo.
Las prácticas poco favorables se evidencian en todos los estados nutricionales”
A Nivel Nacional, Cárdenas (2005) realizó un estudio en Lima sobre
“Actitudes de las Madres hacia la Alimentación Complementaria y el Estado
Nutricional del Lactante de 6 a 12 meses en el Centro de Salud Chancas de
Andahuaylas, Santa Anita”. Entre sus conclusiones se tiene que: El 70 % de las madres
tiene actitud de indiferencia hacia el inicio de la alimentación complementaria, la
consistencia, tipos de alimentos, finalizando de la lactancia materna exclusiva,
frecuentemente de la alimentación y tiempo en especial para alimentar a sus hijos. El
57% de los lactantes evaluados tienen peso normal de acuerdo a su talla y 43% tienen
alteraciones nutricionales como obesidad, sobrepeso, bajo peso, desnutrición, entre
otras.
Bado, Varas y Medina (2007), en su estudio realizado en Cuzco sobre
“Percepción Materna del Estado Nutricional Infantil de Niños menores de tres años”,
concluyó que el 52% presentan retraso en el crecimiento y el 4.1% presentan
desnutrición aguda (p.57).
Benites (2008), en su estudio realizado en Lima sobre “Relación que existe
entre el Nivel de Conocimientos de la Madre sobre Alimentación Complementaria y
el Estado Nutricional del Niño de 6 a 12 meses de edad que asisten al consultorio de
Control del Desarrollo del Niño, en el C.S. Conde de la Vega Baja”, en una población
de 50 madres con sus lactantes. Concluyó que el nivel de conocimientos de las madres
sobre alimentación complementaria mayoritariamente fluctúa entre medio (42%) y alto
tienen sobrepeso y desnutrición 28%. Existiendo relación significativa entre el nivel
de conocimiento de la madre sobe alimentación complementaria y el estado nutricional
del lactante de 6 a 12 meses de edad.
Unsihuay (2009), en su estudio realizado en Huancayo sobre “Conocimientos
Maternos sobre Alimentación Complementaria y Estado Nutricional en el Lactante
Menor”. La muestra fue de 74 madres con sus lactantes de la comunidad Santa Isabel
Huancayo. Concluyó que el 43.2% de las madres tienen un nivel de conocimiento
regular acerca de la alimentación complementaria, el 37% deficiente y solo el 19%
nivel de conocimiento bueno. Respecto al estado nutricional según Peso/Talla se
obtuvo que el 52.7% tienen desnutrición, el 29,7% tienen un estado nutricional normal
y el 17,6% se encuentran en sobrepeso. Finalmente existe una relación significativa
entre el nivel de conocimiento materno sobre alimentación complementaria y el estado
nutricional del lactante menor.
Cárdenas (2010), en su estudio realizado sobre “Relación entre el Nivel de
Conocimiento en Madres de Niños de 6 meses a 24 meses que acuden al consultorio
de Crecimiento y Desarrollo del Niño en el Centro de Salud Materno Infantil Santa
Anita, 2009”, se encontró que el 58,2% de las madres presentan un nivel medio de
conocimiento sobre alimentación complementaria, el 32,7% un nivel regular y el 9,1%
un nivel bajo.
Zavaleta (2013), en su tesis “Conocimiento de la madre sobre Alimentación
Complementaria y el Estado Nutricional del niño de 6 a 24 meses que asisten al
consultorio CRED, en el P.S. Cono Norte” en Tacna; llegó a las siguientes
conclusiones: Existe relación significativa entre el Nivel de Conocimientos de la madre
meses que asisten al consultorio CRED. Además el 76% de las madres, que asisten al
consultorio tienen un nivel bueno de conocimientos sobre alimentación
complementaria mientras que un menor número de 24% tienen un nivel de
conocimientos regular. De acuerdo al estado nutricional, según el indicador Peso/Talla
el 89% tienen un estado nutricional normal y el 11% sobrepeso.
Vergara (2014), en un estudio realizado en Tacna sobre “Nivel de
Conocimientos de la Madre sobre Alimentación Complementaria y su relación con el
Estado Nutricional del Niño 06 a 12 meses del C.S. Ciudad Nueva”. Los resultados
fueron que el 68% tienen un nivel de conocimiento medio, seguido del 17% con nivel
de conocimiento bajo y el 15% con nivel de conocimiento alto. La mayoría de los niños
evaluados, según el indicador Peso/Talla, el 79% tiene un estado nutricional normal,
mientras que el 13% de niños tienen sobrepeso, 5% obesidad y 3% desnutrición
aguda. Para el indicador Peso/Edad, el 82% tienen estado nutricional normal, 14%
tienen sobrepeso y el 4% desnutrición. Mientras que para el indicador Talla/Edad, el
90% tienen talla normal, el 8% talla alta y talla baja 2%. Finalmente existe una relación
significativa entre el nivel de conocimiento materno sobre alimentación
complementaria y el estado nutricional del lactante.
Mejía, Meza y Morales (2016) realizaron el estudio “Conocimientos Maternos
sobre Alimentación Complementaria y su relación con el Estado Nutricional del Niño
de 6 a 12 meses que asisten al consultorio CRED del Centro Salud Parcona, Ica- Perú”.
En esta investigación se obtuvo que el nivel de conocimiento de las madres de los niños
de 6 a 12 meses de edad posee un nivel bajo de conocimiento representado por el 46.7%,
el 40.3% conocimiento regular y el 13.0 % de conocimiento alto. Por otro lado de
% es normal, el 18.5% presentan sobrepeso y con menor porcentaje desnutrición y
obesidad. Para Talla/Edad, el 41.3% es normal, el 30.4% riesgo de talla baja, el 27.2%
talla alta y talla baja el 15.2%. Por último de acuerdo al diagnóstico nutricional
Peso/Talla, se obtuvo que 22.8% presentó sobrepeso, el 27.2% obesidad, 23.9%
desnutrición y el 12% normal. Finalmente existe una relación significativa entre el
nivel de conocimiento materno sobre alimentación complementaria y el estado
nutricional del lactante.
A Nivel Local, Alfaro y Rodríguez (2008), en su estudio realizado en Trujillo
en el Hospital Belén sobre “Información Materna sobre Alimentación Complementaria
y Estado Nutricional en los Lactantes” se encontró que la información materna sobre
alimentación complementaria es buena en un 74.7%, seguido de un 22.1% que presenta
información regular y el 3.2% información deficiente. El estado nutricional según
indicador Peso/Talla el 76.8% tienen estado nutricional normal, desnutrición aguda el
16.8%, desnutrición crónica el 6.4% y hallando una relación estadística significativa
entre ambas variables.
Arias y Beltrán (2009) realizaron un estudio en Alto Moche, Trujillo titulado:
Efectividad de un programa educativo “Aprendiendo a Alimentar a mi bebe” en el nivel
de información de madres y estado nutricional. Los resultados en el pre-test fueron que
un 77.27% de madres tuvieron una información deficiente; el 18.18% un nivel regular
y solo un 4.55% un nivel bueno. Posteriormente al programa educativo se les aplicó el
post-test y se observaron que el 95% de madres pasaron a un nivel superior respecto
al pre-test y el 5% restante incremento su puntaje. También se encontró lactantes con
inadecuada de los cuales un 86.4% mejoró su estado nutricional en el post-test. Se
concluye que el programa educativo fue efectivo.
Castillo y Goicochea (2010), en su estudio realizado sobre “Nivel de
Información Materna sobre Alimentación Complementaria y su relación en el Estado
Nutricional de Lactantes en el Hospital Leoncio Prado de Huamachuco”, se encontró
que el nivel de información materna sobre alimentación complementaria es alto en un
74.4%, el 25.6% presentó un nivel de información medio, y no se presentó ningún caso
de madres con nivel de información baja. Con respecto al estado nutricional, según
Peso/Edad se tuvo que el 74.4% tienen un estado nutricional normal, el 20.5% de
lactantes están desnutridos y el 5.1% tienen sobrepeso. Según el indicador Talla/Edad
el 53.8% tienen talla normal, el 26.9% tienen tallaba baja, el 14.1% tienen talla baja
severa, y el 5.2% tienen talla alta. Mientras que para el indicador Peso/Talla, el 76.9%
se encuentran en estado nutricional normal, el 11.5% tienen sobrepeso, el 10.3% de
lactantes están desnutridos y el 1.3% tienen obesidad. La relación del nivel de
información materna sobre alimentación complementaria y estado nutricional de
lactante se encontró relación significativa.
Pérez y Polo (2011), realizaron el estudio en Río Seco, distrito del Porvenir,
sobre “Nivel de Conocimiento Materno sobre Alimentación Complementaria y el
Estado Nutricional del Niño de 1 año”. Los resultados fueron: el nivel de conocimiento
materno sobre alimentación complementaria es regular en un 52.8%; es deficiente en
un 35.4% y es bueno en un 11.8%. Según el indicador Peso/Talla, 55.9% tienen un
estado nutricional normal, 29.1% sobrepeso y el 15% desnutrición aguda. Según el
indicador Peso/Edad, el 51.2% tienen un estado nutricional normal, 37% tienen
normal y el 43.3% talla baja. Asimismo existe relación significativa entre el nivel de
conocimiento materno sobre alimentación complementaria y el estado nutricional del
niño de un año.
Siguenza y Valdivia (2012), realizaron un estudio en Laredo titulado:
Efectividad del Programa Educativo “Nutriendo a mi bebe” en el nivel de
conocimientos maternos sobre Alimentación Complementaria. La muestra estuvo
constituido por 31 madres. Los resultados evidencian que un 71% presentó un nivel de
conocimientos maternos bajos y un 29% un nivel medio antes de la ejecución del
programa educativo. Después de la aplicación del programa educativo en el pos-test,
el 87.1% de la madres presentaron un nivel de conocimiento alto, seguido de un 12.9%
con nivel medio y no se obtuvieron casos con niveles de conocimientos bajos. Se
concluye que el programa es efectivo: las madres aumentan su nivel de conocimientos
sobre alimentación complementaria subiendo a un nivel superior con respecto al pre-
test.
Campos y Guerra (2013), realizaron una investigación en Huamachuco
denominada “Conocimiento de Madres Primíparas sobre Alimentación
Complementaria y Estado Nutricional de Lactantes, Puesto de salud Puente Piedra”;
encontrando que el 84% de madres primíparas tienen un nivel de conocimiento medio
sobre alimentación complementaria y el 16%, alto. Con respecto al estado nutricional
del lactante según Talla/Edad: el 61% tienen talla normal y el 39% tienen talla baja;
según el Peso/Talla: el 98% de lactantes se encuentran con un estado nutricional normal
y el 2% con sobrepeso. La relación entre el nivel de conocimiento de madres
primíparas sobre alimentación complementaria y estado nutricional de lactante según